Yo Pase Un Dia en Sing Sing
Yo Pase Un Dia en Sing Sing
Yo Pase Un Dia en Sing Sing
ROSA MALDONADO
OCTUBRE 2021
INTRODUCCIÓN
Del libro en cuestión está dividido en 26 subtemas, de los cuales abordamos 25 y dejamos
el ultimo sin examinar ya que consideramos que no era apto para esto debido a que hablamos de
un manual de entrenamiento para el personal que trabaja en una penitenciaría, y los otros subtemas
intentan temas individuales del creador involucrados con la vida penitenciaria y el delito
generalmente en la vida de los dominicanos de inicios del siglo pasado.
Sin embargo, realmente una vez que vamos profundizando nuestra lectura del libro nos
percatamos que más bien el creador nos habla de sus vivencias particulares con interacción a la
vida de los presos, las cárceles dominicanas y como era tratado el delito generalmente,
primordialmente en la era de la primera participación norteamericana a nuestro estado, la cual
coincidía con sus inicios como licenciado en derecho y sus tareas en los estrados dominicanos.
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ÍNDICE
Introducción .................................................................................................................................... 0
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Conecto de justicia y de su dignidad............................................................................................. 15
Conclusión .................................................................................................................................... 16
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ESTAMPAS DEL PASADO
En este capítulo del libro el autor, Leoncio Ramos cuenta la razón que lleva a visitar las
cárceles más famosas del mundo, nos cuenta una historia de cuando era niño, a la sazón de sus 9
años de edad, donde nos explica que su padre fue sacado de su casa por “los bolos” en plena
balacera y por ese motivo a esa corta edad visito su primera cárcel para visitar a su padre. Cuenta
que todavía lleva en el alma con amargura su deseo de ver que los presidios dominicanos sirvan
para que el preso pueda aprovechar su temporal eliminación del medio social en bien suyo y para
la utilidad de la sociedad, y que con la ayuda de esta última puedan reparar el daño que han causado
y tanto les tortura.
Recuerda como era esa cárcel denigrante a la que iba a visitar a su padre, los presos los
tenían en grilletes y el hedor le rompía las narices a todo el que entraba en ese lugar tan nefasto.
Era un lugar donde la sociedad realizaba en esos presos una venganza cruel, y los mismos eran
tildados de criminales. Fue una aterradora imagen para el autor que nunca la pudo olvidar.
En este capítulo el autor nos cuenta la historia de don Crescencio. Este último era un señor
que se había robado unos puercos. A él lo llevaban a la alcaldía con unos grilletes puestos para que
el alcalde escuchara su caso y dictara sentencia. Por el robo de unos puercos fue condenado a 20
años en la cárcel de la victoria, pero don Crescencio no estaba por pagarlos. Aprovechando que el
benevolente alcalde Don Rincón les había ordenado a los custodios quitarle los grilletes este
emprendió la huida. Los custodios y todos aquellos en el pueblo que tenían un arma le dispararon,
pero no le pegaron ni un solo tiro, por lo que Don Crescencio se fugó.
Esta fue la primera experiencia del autor sobre una fuga ya que pudo observar casi todo
desde su escuela que quedaba a pocos metros de la alcaldía.
Con esta historia él nos cuenta por qué siempre los presos odian a sus verdugos, obviando
que son condenados por el crimen que han cometido y siempre pensando que las penas son siempre
injustas.
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“UNIVERSIDAD NO; AGENCIA DE EXÁMENES”
En el año 1915, el autor nos cuenta como el 2 de diciembre de ese ano llego a la ciudad
capital con 38 pesos en el bolsillo, pero con una decisión inquebrantable de estudiar y convertirse
en un abogado. Nos cuenta que no tiene recuerdos ni buenos ni malos de su tiempo por su Alma
Mater, más bien la considera una “agencia de exámenes”.
Nos cuenta que aprendió que en el código de procedimiento penal de la época se ordenaba
que cada distrito judicial debía de tener dos prisiones, una para condenados y otra para preventivos,
muy distintas una de la otra y cada una debía de contar con dos departamentos, uno para hombres
y otro para mujeres. Que los hombres condenados a trabajos públicos debían de hacer los más
penosos de la sociedad, encadenados unos de otros por medida de seguridad y que las mujeres
condenadas a las mismas penas debían realizar los trabajos de mantenimiento de la prisión.
El Dr. Leoncio Ramos nos cuenta que fue a la universidad no en busca de un título, sino
más bien en busca de la Gloria, nos cuenta que no cree en esos estudiantes que se valen de cualquier
artimaña para conseguir un título y que al final cuando lo consiguen terminan desacreditando la
profesión.
Nos cuenta que uno de los motivos por los que decidió ser maestro en Derecho en sus años
de adulto fue porque no pudo conseguir su gloria en la universidad en sus tiempos de estudiante.
En el año 1918 se emite la Orden Ejecutiva No. 246, esta orden vino a caer como un milagro
para todos los presos de la Republica Dominicana, ya que disponía el abono de una carta parte de
la pena cumplida para los mismos si estos mantenían una buena conducta. Con esta ordenanza
empieza el cambio del modelo de prisión en nuestro país, pasa de ser un modelo de venganza social
a uno que le da la oportunidad al preso, por sus propios méritos, alcanzar esa libertad tanta
anhelada.
El autor observa que los precintos carcelarios aún se encuentran dentro de los cuarteles
militares, lugar menos propicio para los mismos, ya que cada vez que venía una revolución y se
tenía que abandonar el cuartel, los insurgentes liberaban a los mismos. Además, también porque
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los gobernantes aprovechaban el lugar para utilizar a los presos en trabajos para la conveniencia
personal de los mismos. Tal vez fue por esto que en fecha 15 de febrero de 1919, se declaró de
utilidad pública el establecimiento de una penitenciaría nacional, que estaría bajo la dirección de
la Secretaria de Justicia e Instrucción Pública. Esta Penitenciaria Nacional fue edificada en Nigua.
El legislador al ver que la mayor parte de la población estaba en contra de los grilletes,
Cepos y otros instrumentos de castigos en las cárceles aprobó la Orden Ejecutiva No. 258 de fecha
17 de febrero del año 1919. Donde entre otros puntos prohibía en toda la Republica el uso de
barras, cepos y otros instrumentos de castigos que impidan al preso andar; los grilletes y esposas
solo podrán ser usados en casos especiales por los empleados públicos y para la seguridad del
preso y por ultimo todo empleado público que utilizare estos instrumentos violando las directrices
mencionadas anteriormente seria condenado a una pena correccional no menor a 15 días y no
mayor a 6 meses además de que sería separado del cargo.
Se había emprendido la marcha hacia más amplios y nobles horizontes, y no era posible
detenerse. La legislación puesta en vigor relativa a los presidiarios no era bastante para realizar el
fin de dotar al país de modernas instituciones y a ese fin estaba destinada la Orden No. 435
promulgada el 24 de marzo del año 1920. Esta ordenanza traía dos instituciones creadas: una, la
rebaja de la cuarta parte de la pena; y la segunda de poner al condenado en libertad, tan pronto
como haya cumplido la cuarta parte de la pena. Para que tal beneficio se pudiese obtener, era
necesaria una buena conducta aprobada mediante las formas legales.
Cuando era perdonada la cuarta parte de la pena como un premio a la buena conducta, el
preso quedaba absolutamente libre; pero cuando, cumplía una cuarta parte de la pena se le ponía
en libertad, esa libertad era “bajo palabra”, esto es, condicional, y sujeta a que el condenado que
había llenado el requisito de conseguir, con esas condiciones, a una persona que le sirviese de
amigo y consejero, observase buena conducta fuera del presidio, porque, de no ser así, era reducido
a prisión de nuevo, y el tiempo pasado fuera, se consideraba como no discurrido.
De esta última institución nacieron los presos vestidos de azul y que fueron llamados presos
de confianza. Estos presos de confianza, muchas veces, tenían como hogar el presidio, y podían
salir a la calle a trabajar y regresar en la noche.
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Las conquistas del Derecho Penal no han sido de súbito, esto quiere decir, que la ley debe
ser la expresión de una necesidad sentida por la sociedad, y como las necesidades evolucionan,
cosa igual debe ocurrir con la ley. Y esta ordenanza antes mencionada fue la que nos llevó desde
la barbarie a la civilización en materia de la ejecución de la pena.
En cierta época de la humanidad, el hombre se hacía justicia por sus manos, por medio de
la venganza privada. Muchas personas murieron de forma muy cruel por medio de este tipo de
justicia. Las disposiciones del Código Penal han venido a cambiar eso, sus sanciones, son sino un
medio; que no están encaminadas solo a ser sufrir, sino a regenerar, a ser más buenos y útiles a los
que sufren, sin olvidar que una injusticia, provenga de donde proviniese, engendra otra injusticia,
porque cuando en el dolor no hay, no se ha provocado el arrepentimiento, y las penas enfocadas
en la venganza solo deja una huella sangrienta a través del conglomerado social.
UN APÓSTOL Y UN MONUMENTO
En 1555 se funda en Londres la primera cárcel que tiene por objeto, mediante disciplina
severa, preparar al detenido para el trabajo, para una vida honesta.
La defensa de los presidiarios tuvo sus apóstoles. Uno de ellos, quizás el más notable, fue
aquel célebre filántropo ingles Jhon Howard nacido en 1726, quien consagro la mayor parte de su
vida y su fortuna al socorro de los presos. Fue el instigador de las primeras reformas en el régimen
carcelario en Inglaterra. Howard murió en Rusia, pero sus ideas no murieron con él, estaban
prendidas y brillantes en otras mentes: Benjamín Franklin atraviesa con ellas el Atlántico, y funda
en tierras de la América virgen, en 1776 la sociedad de Filadelfia para la enmienda de los
prisioneros y prepara las bases de una reforma que la legislación de Pensilvana va a organizar. Es
en Estados Unidos donde se irán a poner en prácticas esas ideas que luego serán regadas por el
mundo en otras mentes, como lo hizo en nuestro país con la Ordenanza Ejecutiva 435 mencionada
anteriormente.
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SILENCIO A FUERZA DE LÁTIGO
Fue tan grande el auge alcanzado por las nuevas ideas tendientes al mejoramiento que se
daba a los delincuentes en las prisiones, que la mayor parte de los códigos penales fueron
modificados. Nacieron, pues, los llamados sistemas penitenciarios, y comenzaron los mismos a
dar frutos.
El primero de ellos fue el auburniano, porque fue Auburn el nombre de la primera prisión
donde se aplicó, prisión ubicada en el Estado de New York. Su instauración fue en el año 1820 y
fueron sus características las siguientes: los presos, durante la noche, permanecían en celdas
separadas y una para cada uno; pasaban el día reunidos en común y durante el día se los obligaba
a trabajar, guardando el más absoluto y riguroso silencio.
Este sistema tenía sus ventajas, pero no le faltaban grandes inconvenientes. En cuanto a las
primeras, es indudable que nada hay más peligroso que la vida en común de los reclusos: los presos
se hablan, se conocen, se tratan, se refieren sus fechorías y sus planes, y conciertan para los días
de la liberación crímenes más audaces, con la propia y ajena experiencia que allí lograron. Por eso
el aislamiento durante la noche, porque al estar solos en horas donde acostumbraban a realizar sus
fechorías les podría poner a pensar en sus errores y lograr un arrepentimiento.
En cuanto al trabajo, nada mejor, porque bien es sabido que el ocio es el padre de todos los
vicios. El trabajo educa, corrige, entretiene, y es raro que delincan los que se dedican a él. Pero el
trabajo en común durante el día, ofrecía el peligro de la reciproca comunicación, por eso es que
era obligatorio el silencio durante el día. Y el que lo violaba era castigado con dolor, con el azote.
Este sistema, era muy difícil de llevar porque además de ser muy costoso, porque requería
la reclusión celular, era casi imposible impedir que los hombres no se comunicaran unos con otros.
Por lo dicho, y siendo tantas las desventajas comparada con sus pocos beneficios, los cuales
por si solos no eran bastantes para satisfacer las aspiraciones de la humanidad, fue que se le
abandono y sustituyo por otros sistemas.
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TUBERCULOSIS, LOCURA Y SUCIDIO FUE LA COSECHA
Visto el fracaso parcial del sistema penitenciario auburniano, los reformadores siguieron
empeñadas en aniquilar las causas del delito, en la búsqueda de nuevas soluciones y nuevos
sistemas, y encontraron otro: el llamado pensilvivaniano o fideladelfiano, por el nombre de la
ciudad de los Estados Unidos donde primero fue aplicado.
En este se encerraba al detenido en una cárcel dividida en celdas individuales, en las cuales
el delincuente estaba obligado a trabajar y leer, y separado del mundo exterior del modo más
absoluto, sin que le fuese permitido comunicarse, ni aun con los empleados del penal.
Abandonando de esta manera al sujeto al silencio y al aislamiento. Así se pensó que el delincuente
se arrojaría al arrepentimiento frente a su acción y su pena y de esta manera lograr su regeneración.
Que equivocados estaban, de esta manera se vio que los seres así tratados, eran víctimas de
la tuberculosis, del atontamiento, del embrutecimiento, de la locura y al suicidio.
Por lo antes descrito este sistema tuvo que ser modificado, dulcificándose por así decirse,
permitiendo que el recluso al menos se comunicara con el personal del penal y poder tener
administración religiosa. Con este sistema no se hace mejores a los reclusos, pero no se les
devuelve más malo a la sociedad. Pero igual este sistema tiene errores capitales, porque no se le
enseña ninguna profesión al recluso y cuando salga a la sociedad vera cerrada sus oportunidades
de trabajo.
Como el Filadelfia no fue considerado el sistema penitenciario perfecto, había que idear
otro, y así sucedió. A este nuevo sistema se le llamo Irlandés Progresivo, porque nació en Irlanda
y era progresivo porque son varias las etapas establecidas para su realización.
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la ley del silencio, pudiéndosele aislar de nuevo si rompe esta reglamentación. Y por último si
durante esta última etapa el recluso observa buena conducta durante cierto tiempo se le pone en
libertad provisional mediante tickets de salida, los cuales pueden serle retirados hasta el
vencimiento del término de la pena fijada en la sentencia.
En este sistema, durante la prisión celular, como en el de Filadelfia, el detenido, sino tiene
comunicación con los otros, vive la misma vida de trabajo, de estudio y de relación, e impulsado
hacia la regeneración, pero se advierte, por un término que no será tan largo que cause en su ser
físico y moral, las tragedias de que ya se mencionaron anteriormente.
También este sistema cuenta con un taller, por el cual el recluso tiene derecho a pasar
tiempo en el trabajando y percibir un salario acortando de esta manera su tiempo en reclusión y
esto atado a su buen comportamiento.
Se ve con claridad, la eficacia de este sistema, pero no faltan los críticos, por lo que han
surgidos otros sistemas. Pero podemos observar que ya la sociedad no se empeña, como antes, en
vengarse contra el delincuente; no se propone como fin hacerle sufrir, aunque es natural que la
prisión, sea cual fuere el nombre que se le dé, produce este efecto; si no se entiende mas bien,
procediendo humanamente, a hacerle bueno, a desterrar de él las inclinaciones u ocasiones de
delinquir.
Hay muchos que consideran que gastar todo ese dinero en regenerar al delincuente es una
tontería. Son estas personas que creen que “muerto el perro se acaba la rabia”. En fin, la venganza,
ya sea ejercida por el individuo o por la sociedad, y por tanto la pena, tenía que ser intimidatoria y
ejemplarizadora, y así en el inculpado no pasaría adelante en sus fechorías o no las repetiría.
Hay personas que dicen que todos los delitos se cometen por paciones, pero las estadísticas
demuestran lo contrario.
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¿ESCLAVOS DE LA CARNE O DE LA SOCIEDAD?
Se pensó que el hombre que ha llegado a mayor edad penal, adquiría, con ello, un desarrollo
de sus facultades mentales suficiente para obrar con voluntad libre y consiente; que poseía un libre
albedrio que le permitía escoger con absoluta conciencia, entre cometer o no un delito.
Hubo sin embargo que otros, por observadores, que opinaban que el crimen como se creía,
no era de voluntad libre, un acto independiente del individuo y de su medio ambiente, sino el
producto de la individualidad del agente en el momento de la acción, y de las circunstancias que
forman el medio.
Se vino a saber, tiempo después, que las causas del crimen residían en factores físicos o
naturales, tales como el clima y la naturaleza del terreno; en factores individuales, tales como el
carácter innato ha adquirido del criminal; y finalmente en factores sociales, tales como las
condiciones económicas, morales, etc.
En fin, después de tanto discutir, se vino a estar más o menos de acuerdo en que, para
conocer las causas del crimen, medio e individuo, eran dos elementos de los cuales no se podía
prescindir, porque si en unos casos predominaba la personalidad de la gente, en otros el elemento
decisivo era el medio.
Aquí el autor no muestra como la herencia es considerada por muchos un factor para que
se produzca el delincuente. Nos concluye diciendo que todo individuo nace con tendencias
afectivas y activas que desarrolla bajo la influencia de una particular educación, y que herencia y
experiencia son factores tan significativos en la formación de nuestros modos de sentir y obrar,
como los son nuestros modos de pensar.
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SOMOS TRES EN UNO
Los psicoanalistas opinan que las medidas que el juez debe tomar frente a las diferentes
categorías de delincuencia no han de consistir en penas de prisión, fijadas en años arbitrarios, sino
en medidas educativas y de seguridad, previo diagnóstico de su categoría, en el correspondiente
laboratorio de Psicología Criminal, porque como dicen el delito es un fenómeno patológico como
todos los otros. Una enfermedad que sufre el hombre que se puede estudiar, investigar y curar.
Aquí el psicoanálisis piensa que el delito se concibe como expresión en el autor, del
complejo de inferioridad y de la lucha por superarle. Que el delincuente muestra con claridad el
estilo de vida de una persona provista de gran actividad, pero poco propicia de vivir en común;
que al parecer superar el sentimiento de minusvalía, la acción delictiva se produce como protesta
del ordenamiento social.
El autor nos cuenta que el día 20 de mayo del 1920 se gradúa como abogado y poco después
parte hacia la vega. Y fue allí en la vega donde hizo su próxima visita a una cárcel. Pero esta vez
para ejercer la profesión. Se dio cuenta que la Ordenanza Ejecutiva No. 435 no hacia efecto en las
regulaciones de esa fortaleza, igual seguían los barrotes y las dos grandes celdas con sus rótulos
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de “Correccional” y Criminal”, y en cada una de ellas había un abarrote de hombres, asinados y
con muy poca higiene en el lugar.
Para aquellos tiempos nació la figura del preboste en las cárceles, la función que era
ejercido por el más fuerte o por el preso más bravo y era el encargado de mantener el orden en las
cárceles.
El hecho le pareció al autor que tenía grandes discrepancias entre la ley y la realidad. Los
encargados de hacer cumplir la ley eran ignorantes de la legislación misma. Los ejecutores tenían,
acerca de la delincuencia, un concepto que bien se puede situar en una época aun anterior al año
1810; esto es anterior al Código Penal Francés que sirvió de molde al nuestro. De modo que,
aunque si cambio la legislación en nuestro país, pero el concepto público no había cambiado.
Aquí el autor nos cuenta su primera visita a una cárcel de mujeres, por allá en los años
1920, la cárcel era en la Vega, era una fortaleza y la cárcel fue construida principalmente para
hombres y custodiada por un pelotón de la Policía Nacional. Hayan pasado o no por juicio, las
detenidas se entraban en una sola habitación sin divisiones; sin un mísero catre con que descansar
su pobre humanidad durante la noche, todas expuestas a un inminente contagio; sin atenciones
médicas; sin medicinas; viviendo toda una vida de vagancia y en condiciones, que les haría perder
el poco pudor que les quedaba en prisión. Y por último se les permitía tener ahí mismo a sus hijos.
Aquí el autor nos pone como ejemplo el delito de la prostitución y como este fue penalizado
en nuestro país a partir de la implementación del Código Sanitario de los años 1919 durante la
intervención, con esta legislación, que condenaba a las prostitutas al pago de 25 días de cárcel y
25 pesos de multa, una imposición que ni tenía la dureza necesaria para ejemplarizar, ni mucho
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menos la potencia correctora para hacer rectificar hacia el bien a la prostituta. Le parece al autor,
como uno de esos casos, en el cual, ciertas personas de por si débiles de carácter, quieren resolver
problemas o situaciones espinosas, poniendo un dedo en el sol.
Aquí el autor nos plasma en su libro, que existen unos hombres que estudian los problemas,
presentan al público sus distintos aspectos, ventajas y desventajas, y hasta sugieren la forma de
resolverlos. Y hay otros hombres de acción, los que tomas sus propias ideas o de los idealistas, las
estudian, las resumen y un día, las traducen en formulas finales, en leyes, y ordenes que dejan
satisfechas las aspiraciones sociales. Estos últimos deben tener una voluntad firme, enérgica y,
sobre todo, la dosis de responsabilidad necesaria para afrontar las dificultades sin vacilación, y
romper con todos los intereses creados por siempre.
Aquí el autor nos narra en varias historias como ciudades ancestrales como la antigua Roma
reglamentaba la prostitución y creaba zonas exclusivas que permitían este tipo de actividad sin
ninguna prohibición, y como más adelante estas legislaciones fueron agregadas a nuestro derecho
positivo. El autor nos cuenta que hasta la fecha no tienen una respuesta a la pregunta que inicia
este subtitulo.
¿PROSTITUTAS O VICTIMAS?
Aquí el autor nos explica su creencia personal de que las causas de la prostitución residen
en la actual organización social que nos rige; en la miseria a que están condenadas las mujeres; en
lo imperfecta y corruptora de la educación que se da a la mujer, a quien, dicho sea de paso, no se
le ha asignado el alto y noble puesto que debe ocupar en la sociedad.
El día 4 de octubre del año 1924 el autor fue nombrado por el Senado como Juez titular de
la Corte de Apelación de La Vega. Antes de esa fecha, la justicia de La Vega había tenido un grado
muy alto de nobleza y majestad. Era servida por hombres de gran dedicación y valimiento, quienes
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se desempeñaban en mostrarse dignos de ella. Y cuando fue desempeñada por hombres sin otra
preparación y otra credencial que su buen sentido y su honradez, asumió en ocasiones caracteres
tales, que bien pudo llamársela salomónica.
Nuestros tribunales en cuanto a las leyes adjetivas que los rigen, están organizados y
funcionan siguiendo las pautas de las legislaciones francesas, porque esos orígenes tienen nuestras
legislaciones, con las naturales diferencias que toda legislación sufre al ser trasplantada a un medio
diferente al que fue destinada su creación.
Sin embargo, hay una profunda diferencia entre nuestras instituciones judiciales y las
francesas. En Francia la función judicial se encuentra incluida dentro de las funciones de
administrar, en el poder Ejecutivo. En nuestro país constituye un tercer poder del Estado nuestros
tribunales.
El autor está de acuerdo con las palabras sabias de Trujillo cuando dijo que la justicia es la
que comunica rectitud a las operaciones humanas. Es uno de los tres poderes que conforman al
Estado. E investida por una elevada función social. Y cuando esta imparte justicia sobre los
hombres se asemeja a Dios como conciencia universal.
LA POLÍTICA EN LA JUSTICIA
Aquí continúa el autor citando el discurso de Trujillo de 1933, donde decía que nada ni
nadie, ni su gobierno ni sus familiares, ni sus allegados podrán invitar a los magistrados a
desnaturalizar su calidad de magistrados ni a tratar que mancillen su honor ni virtud. El autor
explica que dicho discurso estuvo motivado porque en ese entonces la justicia se encontraba
invadida por la política. En esa época los políticos tenían mucha incidencia en la justicia civil y
penal. Y aunque el autor apunta que en la Corte de la Vega no se actuaba con ese comportamiento,
este no podía decir lo mismo de los demás aguantes de la Justicia dominicana.
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CONCLUSIÓN
Aunque el autor nunca plasmo su visita a la cárcel de Sing Sing en su libro, si podemos
concluir, al igual que el Dr. Leoncio Ramos en su libro, que bien se pueden tener los mejores
edificios carcelarios, las instalaciones más modernas, y aun disponer de talleres, escuelas, y dinero
suficiente para cubrir los gastos, pero si no se cuenta con un personal técnicamente preparado para
el trato de los reclusos en un país como el nuestro, no se podría conseguir el fin primordial que se
persigue con un buen sistema penitenciario.
El autor pudo comprobar en sus viajes por diferentes cárceles del mundo, que no obstante
los inconvenientes de ciertas infraestructuras en las cárceles, todo el personal tenía una preparación
apropiada y naturalmente, era visible el éxito que se obtenía.
En nuestro país hubo una vez un buen sistema penitenciario, que poca tenía que envidiarle
a los de su época en cuanto a sus previsiones, estamos hablando a la Orden Ejecutiva No. 435; sin
embargo, fracaso debido mayormente, a la falta de un personal técnico apropiado. Como se pudo
observar en nuestro análisis, quedaron instituidos en esta Orden: 1) el perdón de una parte de la
pena, obtenido a base de buena conducta, 2) la libertad condicional y 3) el patronato, todo ello con
bastante acierto.
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