Libro Salmos
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Los Salmos
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Y lo mismo podemos decir de la persona que se lamenta por las desgracias que hay en el mundo, o de
la persona que se siente agobiada por preocupaciones o temores. Cuando se dirige a Dios en la oracin
para desahogar sus sentimientos ante el Seor, se emocionar profundamente al descubrir cmo el Salterio
los expresa tan adecuadamente. En cambio el que no est habitado por estos sentimientos encontrar los
Salmos aburridos e irrelevantes.
La comunidad de los primeros cristianos saba cantar con ganas. Pablo incluye los cantos inspirados y
los salmos dentro de los componentes de una vida en el Espritu, y considera que son una expresin de
alegra semejante a la alegra que produce el vino y que incita a la gente a cantar despus de beber unas
copas. No os embriaguis con vino que es causa de libertinaje, sino llenaos ms bien del Espritu y cantad
entre vosotros salmos, himnos y cnticos inspirados. Cantad y salmodiad a Dios en vuestro corazn (Ef
5,18-19). Lo mismo repite en la carta a los Colosenses: Cantad agradecidos a Dios en vuestros corazones
con salmos, himnos y cnticos inspirados (Col 3.16).
Un ejemplo de este canto inspirado es el de Pablo y Silas en la crcel de Filipos. Despus de haber
sido azotados con varas, con sus espaldas desgarradas y sus pies en el cepo, uno pensara que pasaran la
noche lamentndose. Pero no fue as. Hacia la medianoche Pablo y Silas estaban en oracin cantando
himnos a Dios y los presos les escuchaban (Hch 16,25). En aquel momento se produjo un terremoto tan
fuerte que se conmovieron hasta los cimientos de la crcel y las cadenas saltaron rotas. Esta conmocin
expresa metafricamente la profunda sacudida que experimenta la persona que canta los salmos y
experimenta una liberacin interior tan fuerte, que sus cadenas caen rotas en ese momento.
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salmos a nuevas circunstancias histricas. Fueron escritos para ser utilizados en mltiples situaciones
semejantes.
2. Sitz im Leben: Medio de vida
El lugar existencial de los salmos hay que encontrarlo en la vida de la gente, en sus instituciones,
en la comunidad ms bien que en el individuo. Hace falta comprender cul era su destino para comprender
su origen. Cul era la finalidad de este salmo concreto? En qu circunstancias se utilizaba en el templo?
El medio de vida de los salmos era el culto. Cuando el pueblo obtena una resonante victoria, iban al
templo para celebrar una liturgia de accin de gracias y necesitaban formularios. Me acuerdo del tiempo
en que haba libros que contenan formularios de cartas de amor, de cartas de psame... Estos formularios
dejaban espacios en blanco que cada uno debera llenar con sus datos especficos.
Un suceso particular se expresaba en el marco de un formulario ms bien estereotipado. Los salmos
no eran escritos primero por un poeta particular y despus empleados en el culto del templo, sino al revs.
La mayor parte de los salmos fueron cantados y orados mucho tiempo antes de que fueran redactados. Los
que los escribieron ms tarde no fueron las mismas personas que los compusieron, sino que los escritores
se limitaron a recopilar la tradicin oral.
El procedimiento de recopilar redactar los salmos fue en s mismo una etapa importante y
significativa, pero tuvo lugar en una fase ms bien tarda del proceso. Antes hubo una vida rica y variada
de los salmos en la tradicin oral.
En los salmos Gunkel aisl las formas diferentes que se utilizaban en el templo para las
necesidades religiosas del culto. En cada una de estas formas hay que considerar el contenido, la forma
literaria y el contexto existencial en el cual esa forma creci y se desarroll. Hay modelos literarios fijos y
definidos que se utilizan siempre para expresar una determinada experiencia en un determinado medio.
Fueron compuestos para servir a hombres de generaciones diversas.
3. Historia de las formas
Pero Gunkel no tuvo slo la intencin de aislar, describir y catalogar estas formas literarias, sino de
rastrear el desarrollo de estas formas a lo largo de la historia bblica. Establece las lneas de evolucin de
la siguiente manera:
-de lo corto a lo largo. Al comienzo la forma literaria tena slo algunas palabras:
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Lamento comunitario
lamento individual
Alabanza comunitaria narrativa
Alabanza comunitaria descriptiva: Himno
Alabanza del individuo
salmo
salmo
salmo
salmo
salmo
80
13
124
113
30
El salmo de alabanza narrativa se llama habitualmente salmo de Accin de gracias. Es el eco de una
accin concreta de Dios que acaba de suceder. Es el suspiro de alivio alegre y libre, de una persona que ha
sido salvada y dice: Gracias, Seor por tu salvacin. Un ejemplo de alabanza narrativa individual es la
coleccin de cuatro salmos de alabanza reunidos en el salmo 107, 4-32. En l hablan uno tras otro
individuos que han sido salvados de un viaje peligroso, de la crcel, de la enfermedad y de los peligros del
mar.
Como alabanza narrativa comunitaria citaremos el brevsimo canto de Myriam en Ex 15,21,
probablemente el ms antiguo salmo de Israel, o el salmo 24.
Los salmos de alabanza descriptiva o himnos no son el resultado de una accin concreta puntual de
Dios. En ellos se alaba a Dios por la plenitud de su existencia y de su actividad. Su estructura bsica es:
Dios es...; Dios hace... En tanto que gnero este salmo es siempre comunitario.
Cada forma puede subdividirse. La alabanza de la majestad de Dios puede aplicarse a Dios en
cuanto Creador (Sal 8) o en cuanto Seor de la historia (Sal 105). La alabanza narrativa puede tomar la
forma de un canto de victoria como en Jc 5..
Ms tarde los lmites entre los gneros se hicieron ms elsticos. La forma fue perdiendo importancia
y se retir a un segundo plano a medida que el culto en el templo se convirti en un mundo autnomo.
Nos queda an por mencionar otros dos tipos importantes: las liturgias y los salmos sapienciales.
Designamos con el nombre de liturgia aquellos salmos en los que las palabras se combinan con una
accin, una procesin... As sucede por ejemplo en los salmos 24 o 118. Los salmos sapienciales
representan un gnero nico, una transicin entre el salmo y la enseanza sapiencial. Tpico de este
gnero es el salmo 73 sobre el contraste entre justos y malvados. All podemos observar la transicin entre
la plegaria y la meditacin piadosa.
Otro tipo de salmos que podran agruparse segn el tema seran los salmos reales, pero en realidad
no representan un gnero independiente.
2. Salmos y Culto
Los salmos nacen de la experiencia del culto en Israel, pero cmo debemos entender este culto?
Se trataba de algo radicalmente diverso del culto que conocemos hoy en nuestro mundo. Porque entonces
el culto era el centro indiscutible de toda vida social, de toda la vida comunitaria. El culto no era el lugar
donde se reunan las personas interesadas por la religin, sino el corazn a travs del cual vibraba la vida
de todos. Todo lo que suceda en la vida de la gente en su conjunto, o de los individuos en particular,
entraba en contacto obligatoriamente con el culto y desembocaba en la oracin.
Haba que llevar a la presencia de Dios mediante la splica todas las grandes crisis nacionales, la
sequa, la amenaza de una invasin, la derrota, cualquier desastre... A partir de estas situaciones se
desarroll el salmo de lamento comunitario LC. Pero si por el contrario el pueblo lograba la victoria, o
alejaba el peligro, o lograba una buena cosecha, tambin haba que ir al templo, esta vez para alabar a
Dios. De esta situacin naci el canto de accin de gracias que hemos llamado salmo de alabanza
narrativa AC
Lo mismo ocurre en la vida del individuo. Todos los altos y bajos, la angustia y la salvacin se
experimentaban en su relacin con Dios y desembocaban en un lamento o en una alabanza: LI o AI.
Los acontecimientos de los que nos hablan los salmos no tuvieron lugar en el culto, sino ms bien en
los trigales, en los campos de batalla, a la cabecera de los enfermos. Pero fue en el culto donde los salmos
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nacieron. Lo que se viva fuera del templo era llevado posteriormente al culto por personas que queran
expresar delante de Dios (1 Sm 1)
En la escena conmovedora de Isaas 37,14-15, el rey Ezequas recibe un anuncio amenazante y va a
orar delante de Dios. La oracin comienza ya en la vida cotidiana, pero hay que ir al templo a llevar ante
Dios esta amenaza. Los enfermos oran en sus lechos y los enfermos en el calabozo. Los cantos de victoria
brotan espontneamente en el campo de batalla (Sal 118). Pero ya entonces el templo se hace presente de
una forma imaginativa. Incluso en el fondo del mar, en el vientre de la ballena Jons levanta sus ojos hacia
el Templo. Cmo volver a encontrar tu santo templo? (Jon 2,5). Mi oracin se elev hacia ti en tu
templo. El poder y el significado del culto radican en su capacidad para irradiar hasta cualquier rincn del
pas.
Igualmente no podemos comprender el tiempo de la oracin segn nuestras concepciones modernas.
Los grandes festivales, las fechas cumbres del ao, no eran los nicos tiempos reservados a la oracin.
Eran el signo de que el tiempo en su totalidad vena de Dios e iba a Dios, y no hay das en el ao que no
sean significativos para la oracin. Toda la vida estaba impregnada de oracin.
Podemos comprender la plegaria de Israel si la vemos como el centro en el tiempo y el espacio de
toda una variada actividad cltica, multiforme y sin restricciones. En esa sociedad han nacido los salmos.
En ellos el abanico de mltiples voces se convierte en una meloda al unsono que acoge las profundas
corrientes de varias generaciones. Lo salmos han sido por tanto sensibles a la evolucin de las formas de
pensar, de las formas sociales, del lenguaje... Esta versatilidad es la que hace posible que los salmos
puedan seguir siendo utilizados hoy en un mundo radicalmente cambiado.
C. COLECCIONES DE SALMOS
1. Los cinco libros del Salterio
En su presente edicin
Libro 1
Libro 2
Libro 3
Libro 4
Libro 5
Cada uno de los cinco libros acaba con una doxologa final. sta pudo haber sido aadida por el
recopilador, que es quien dio a los salmos su forma final. O quizs tambin cabe pensar que estas
doxologas estaban ya presentes en las diferentes colecciones que fueron incorporadas por el ltimo
redactor.
Pueden verse las doxologas al final de los salmos 41,14; 72,18-20; 89,53; 106,48; 150. El salmo 150
es todo l una doxologa, el acorde final del Salterio. Algunas de esas doxologas han sido ciertamente
aadidas ms tarde y no parecen encajar en la naturaleza del salmo en cuestin. Por ejemplo la doxologa
al final del salmo 41 no entona con la oracin de un hombre enfermo y solitario. En cambio la cuarta
doxologa s encaja perfectamente en el salmo 106, y no podemos simplemente considerarla una adicin
tarda para marcar el final del cuarto libro.
Segn Briggs las doxologas aparecen ahora slo al final de cada libro, pero se repetan despus de
cada salmo, de la misma manera que hacemos ahora con el Gloria al Padre al final del Oficio Romano.
La divisin en cinco libros es anterior a la Septuaginta, que contiene ya las doxologas. Con toda
seguridad hubo tambin colecciones de salmos anteriores a nuestras cinco antologas de la edicin
cannica. El hecho de que haya un salmo repetido en el Salterio (14 y 53) sugiere que este salmo estaba
presente en dos antologas anteriores y que no se recopilaron salmos sueltos, sino colecciones diversas en
las que podra aparecer dos veces un mismo texto. El salmo 40,14-18 se repite en el salmo 70. El salmo
108 es una fusin de 57,8-12 y 60,7-14).
Es difcil encontrar una secuencia lgica en el orden actual de los salmos. Parecen estar ordenados
puramente al azar, sin ningn principio lgico. La falta de orden interior y de estructura revela el desarrollo
que ha tenido el Salterio a lo largo de los siglos. Es imposible rastrear en detalle cmo se ha elaborado la
antologa actual, por eso el resultado final nos parece tan desorganizado.
Al principio quizs las primeras colecciones estuvieron organizadas segn el tema, como vemos que
sucede en las Lamentaciones. Pero las trazas de este orden inicial han desaparecido casi completamente a
medida que otras pequeas colecciones se iban incorporando.
Kissane intent analizar la estructura de tres primeras colecciones originales.
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1.- Salterio Yavista (3-41): Aqu el nombre de YHWH se utiliza regularmente (352 veces contra slo
15 para Elohim) El nombre de David est presente en todos los salmos menos en el 33.
2.- Salterio Elohista (42-83): El nombre de Elohim se usa cinco veces ms que el de YHWH. El
nombre de YHWH ha sido cambiado por un escriba. Otros en cambio piensan que la frecuencia de uno u
otro nombre es arbitraria y no tiene ninguna razn aparente.
3.- Coleccin Yavista tarda (90-150): En ella se utiliza siempre el nombre de YHWH salvo en los
salmos 108 y 144,9.
Siempre es posible encontrar dentro del Salterio pequeas unidades que comparten un rasgo comn.
As por ejemplo la seccin de cantos de peregrinos o Salmos de las subidas (120-134), o los salmos del
Aleluya o Hallel (113-118). Los salmos de la realeza de YHWH (91, 93, 96-99) forman una subcategora,
como ya hemos visto. Los salmos alfabticos (9-10, 25,34, 37, 117, 119, 135) provienen quizs de una
coleccin independiente. Los salmos 42-49 son todos ellos atribuidos a los hijos de Kore, que ejercan su
ministerio en el Templo.
Vemos pues que la disposicin del salterio en cinco libros marca el final de una larga evolucin
durante la cual el orden primitivo de las pequeas colecciones anteriores ha quedado oscurecido por la
adicin de apndices, separaciones y agrupamientos.
En cuanto a la fecha de la edicin definitiva del Salterio es difcil pronunciarse. Depende de si
algunos salmos tales como el 44,74, 79 y 83 son datados al principio del perodo Macabeo (1 mitad del
s.II). Los que niegan tal datacin macabea piensan que el salterio pudo haberse cerrado ya en el s. IV a.C.
En cualquier caso el Salterio estaba ya cerrado al final del siglo II. El libro I Macabeos, escrito alrededor del
ao 100 a.C., cita ya un salmo como Escritura (Sal 79,2). Esto indica que para aquella poca el libro de los
Salmos estaba ya canonizado y por tanto definitivamente cerrado
2. Cabeceras y anotaciones
Las cabeceras de los salmos pertenecen a un perodo posterior en la historia del libro. No datan de
los orgenes, sino de la poca de las recopilaciones. Son semejantes a las notas sobre la composicin y la
manera de cantar que han sido aadidas por los recopiladores a los cancioneros litrgicos de hoy. En la
poca de la Septuaginta ya se conocan, aunque los traductores no entendan lo que significaban. Hoy es
muy difcil entender algunas de las rbricas.
Todos los salmos han existido en la comunidad litrgica sin rbricas. Algunas de ellas reflejan
posteriormente la naturaleza del poema: salmo, Canto de alabanza, Canto, Oracin. La expresin miktam
del Salmo 16 y 56-60 no est clara. Lutero la tradujo como joya de oro. Los Setenta la interpretan como
Poema a grabar en una estela.
En el Hebreo original slo el salmo 92 est sealado especialmente para un da de la semana, el
sbado. En cambio en los Setenta muchos otros salmos estn asignados a das especiales de la semana.
A menudo encontramos anotaciones musicales. La expresin ms comn es ,
lamenatseah, traducida normalmente como Al Maestro de coro. Otras traducciones posibles son Para el
vencedor, o Para obtener perdn. Las traducciones griega y latina dicen Ad finem. Este ttulo aparece
sobre todo en los salmos que tienen un autor determinado. Podemos pensar que el nombre designa al
maestro de canto a quien perteneca esta recopilacin.
Frecuentemente encontramos indicaciones sobre los instrumentos a utilizar en cada salmo: de
cuerda (4, 6, 54, 55...); de viento (5); el arpa (8, 81, 84), el arpa de 8 cuerdas (6, 12).
Otra categora de rbricas aluden a los aires populares que se utilizaban para cantar el salmo. No
destruyas
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gnmico. En la poesa lrica el autor expresa sus emociones y experiencias, mientras que en la poesa
gnmica comunica sus propias observaciones sobre la sociedad, la conducta y la persona.
Aunque casi toda la literatura hebrea que se nos ha conservado tiene un carcter religioso, en
ocasiones encontramos ejemplos de poesa profana como el inventario de armas metlicas de Gn 4,23-29,
o las dos elegas de David por la muerte de Sal y de Abner (1 S 1,19-27; 1 S 3,33), u otros cantos para ser
usados en banquetes y fiestas.
La poesa se distingue de la prosa por el tipo de pensamientos comunicados, pero sobre todo por el
ritmo. La dinmica de la emocin en la poesa se ve continuamente frenada y controlada por esas
interrupciones que llamamos versos.
La poesa occidental, casi sin excepcin, tiene una medida definida, un nmero fijo de slabas o pies.
En la poesa occidental encontramos tambin la rima o asonancia al final del verso. En la antigua poesa
hebrea haba un cierto ritmo, pero no una medida en el sentido estricto de la palabra. Cada lnea puede
tener un nmero desigual de slabas. La longitud de las lneas es poco ms o menos la misma. No se da
ningn tipo de rima al final de los versos.
Estas lneas de longitud aproximada se agrupan normalmente de dos en dos para formar un verso.
La segunda lnea repite, refuerza o completa el pensamiento de la primera. Esta estructura se llama
paralelismo. El verso hebreo no siempre incluye dos lneas. A veces una tercer lnea puede introducir un
elemento de irregularidad.
Hay tres tipos de paralelismo
a) el paralelismo sinnimo: las dos lneas expresan exactamente la misma idea. Por ejemplo en el
salmo 72: Dios mo da tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes.
b) El paralelismo sinttico: la segunda frase completa el sentido de la primera. En el salmo 103,2
encontramos Bendice alma ma al Seor, no olvides ninguno de sus beneficios.
c) El paralelismo antittico: la segunda frase expone una contraposicin que viene a reforzar el
sentido de la primera. Un buen ejemplo sera el salmo 1,6: El Seor conoce el camino de los justos, pero
el camino de los impos acaba mal.
Podramos hablar de un cuarto tipo de paralelismo llamado climtico, que aparece en pocas
ocasione. En el salmo 29,1-2 se dice: Dadle a Dios, hijos de Dios, dadle a Dios gloria y poder, dadle a Dios
la gloria de su nombre.
Con mucho la mayor parte de las estrofas de la poesa hebrea se componen de dsticos (conjunto de
dos lneas). Pero vamos a dar ejemplos de otras posibilidades.
-monostiquios: "Gurdame, oh Dios, mi refugio est en ti (Sal 16,1. Cf. 18,1; 23,1; 66:1).
-tristiquios: Gcense todos aquellos a quienes amparas,
que se gocen siempre porque t los proteges;
exulten en ti cuantos aman tu nombre" (Sal 5,10).
Levantan los ros, Seor,
levantan los ros su voz,
los ros levantan su fragor (Sal 93,3).
-tetrastiquios; a y b son paralelos, y tambin c y d. Pero el pensamiento no est completo hasta que
las cuatro frases han sido pronunciadas.
"Mientras que yo me deca: En vano me he fatigado,
para nada he gastado mis fuerzas';
en realidad mi derecho subsista junto a YHWH
mi recompensa estaba junto a Dios (Is 49,4)
O bien a y c son paralelos por una parte y b y d por la otra:
Ms untuosa que la crema es su boca
y su corazn hace la guerra
sus discursos son ms suaves que el aceite
y en realidad son espadas desnudas (Sal 55,22).
Podemos encontrar tambin otras posibles combinaciones de estos cuatro elementos. Por ejemplo a
b c paralelos, mientras que d es independiente, o bien a independiente y b c d paralelos
2. Ritmo y medida
Por trmino medio las lneas de la poesa hebrea se componen de 7 u 8 slabas, pero no hay una
regla fija. Pueden ser ms o menos largas, segn el capricho del poeta. Cuando la lnea tiene ms de 8
slabas se divide en dos mediante una cesura.
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No slo el nmero de slabas, sino tambin los acentos pueden variar de una lnea a la otra. Eso
depende de la naturaleza de cada frase. Podemos reconocer ritmos de 3 o 4 acentos. Podemos encontrar
tambin ritmos muy desiguales 3+3, 4+3. Las lamentaciones tienen un ritmo particular de 3+2, como
tambin en Ams 5,2ss. Pero todos estos detalles slo se pueden apreciar en el texto hebreo original y es
muy difcil que las traducciones reflejen estas caractersticas.
3. Salmo 29
Como ejemplo de las tcnicas literarias estudiadas haremos la exgesis del salmo 29, cuya forma es
casi tan importante como su contenido.
a.- Salmo cananeo?
Se suele reconocer que el salmo 29 es la adaptacin de un antiguo salmo cananeo del tipo que suele
encontrarse en la literatura ugartica. La semejanza con ellos es notable, incluso desde el punto de vista
formal. Los hijos de Elim recuerdan los dioses menores tradicionales del panten cananeo, bajo la forma
ms ortodoxa de ngeles o adoradores. La presencia de estos
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Tanto al principio como al fin se nos invita a hacernos presentes, como en una composicin de lugar
ignaciana, el templo celeste que se concibe conforme a la imagen de un templo terreno, en el que los
ngeles son los sacerdotes.
Continuamente encontramos un paralelismo expansivo. Dando marcha atrs volvemos a la palabra
a la que llegamos en el primer impulso, pero esta vez con ms carrerilla, de forma que el segundo salto nos
lleve an ms lejos.
A B C - B C D: verso 3
A B C D - C B D E: versos 5 , 8
A B C - C A D E: verso 10.
El nombre de YHWH se repite cuatro veces seguidas, en el segundo lugar de cada lnea del
invitatorio. Se repite tambin en el primer lugar de cada lnea de la estrofa final, y 10 veces a lo largo del
cuerpo del salmo.
e.- Mensaje espiritual
El Salmo 29 transmite un mensaje de confianza en la proteccin de Dios todopoderoso, que controla
las fuerzas de la naturaleza, y puede transformarlas en fuente de bendicin para su pueblo.
El contraste entre la tempestad desencadenada y la estabilidad de Dios sobre su santo trono por
encima de las aguas nos trae un mensaje de confianza. Por encima de los nubarrones, el cielo est
siempre azul.
Sabemos que la finalidad de la tormenta no es destruir el mundo, sino traer la bendicin de la lluvia.
Por eso muchos piensan que este salmo se usaba para la liturgia de la Fiesta de los Tabernculos, en la
que se peda el don de la lluvia. Dios es el Rey de los siete truenos. Como en la sexta sinfona de
Beethoven, despus de la tormenta hay un movimiento final que refleja la paz que inunda la tierra como
secuela de la lluvia.
Dios da sus bendiciones a los que alaban su gloria. Delitzsch fue el primero en caer en la cuenta de
la relacin entre gloria y paz ( ,
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San Jernimo prepar una primera traduccin de los salmos al latn a partir del texto griego. Esta
traduccin recibi posteriormente el nombre de Salterio galicano y fue el texto oficial de la Iglesia latina
hasta la reforma de Po XII. Ms tarde San Jernimo hizo una segunda traduccin de los Salmos al latn
directamente desde el texto hebreo, llamada Psalterium iuxta Hebraeos, que forma parte de la Biblia
Vulgata. Desgraciadamente esta traduccin, mucho mejor que le primera, no consigui suplantar a la otra,
que para entonces haba sido ya recibida en la Iglesia de Occidente.
Por eso el salterio galicano sigui usndose en la liturgia romana, y este texto, muchas veces
incomprensible, ha sido una rmora de la Iglesia de Occidente, que no ha podido comprender y gustar las
cualidades espirituales y literarias de su principal libro de oracin. Las nuevas traducciones de los salmos a
las lenguas modernas hacen su lectura mucho ms agradable y fructfera para los lectores de hoy, de lo
que fue la lectura de aqul latn crptico a los largo de casi diecisis siglos.
La numeracin de los salmos no es exactamente igual en hebreo y en las traducciones griega
(Septuaginta) y latina (Vulgata). Esto se debe a que el griego combina en un solo poema dos salmos
distintos del texto masortico (9 Gr. = 9-10 MT; 113 Gr. = 114-115 MT), y divide en dos un salmo hebreo
(114-115 Gr. = 116 MT; 146-147 Gr. = 147 MT ).
La siguiente tabla muestra la correspondencia entre ambas numeraciones
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encontrars en l con antiguos conocidos, y poco a poco puedes ir teniendo un buen repertorio de
versculos. Si adems los aprendes con msica, o los musicalizas t mismo, el efecto se multiplicar,
porque, como ya hemos dicho, los salmos se compusieron para ser cantados y es slo con msica cuando
despiden todo su aroma. En Taiz se utilizan versos de salmos musicalizados y repetidos a veces durante
horas para crear un clima de oracin muy profundo y contagioso.
Esta repeticin podra parecer tediosa o montona. Pero sorprendentemente, a medida que las
palabras y la msica van calando, se relaja el cuerpo y el alma y alcanzamos los umbrales de la
contemplacin. Esta forma de cantar recuerda el oleaje del mar. contemplar cmo las olas van y vienen no
es algo aburrido. Uno se deja mecer por ese vaivn y se abandona serenamente a la contemplacin.
La rumia de los salmos era ya corriente entre los israelitas. Precisamente el salmo 1 dice: Dichoso el
hombre que se complace en la instruccin de YHWH y su instruccin susurra da y noche; es como un rbol
plantado junto a la corriente de las aguas, que da a su tiempo su fruto (Sal 1,2). El verbo empleado es
(hagh, susurrar, mascullar). Se aplica al arrullo de la trtola (Is 59,11), al gruido del len (Is 31,4),
al gemir del hombre (Jr 48,31). La meditacin es siempre vocal, va acompaada de un movimiento de
labios, como en el rezo del rosario.
En la catequesis sobre los salmos, un ejercicio muy prctico puede ser buscar versculos aplicables a
distintas finalidades o aplicaciones. Con qu verso felicitaras la Navidad, o a un amigo que se casa?
Con cul daras el psame a un amigo por una prdida familiar? Qu versculo pondras a la puerta de tu
casa, en un sagrario, en la sala de estar? Qu versculos podras utilizar para bendecir la mesa o dar
gracias por la comida?
Tambin en la oracin comunitaria hay grupos que al terminar el rezo del salmo dan lugar para un
tiempo de silencio tras el cual cada uno puede repetir el verso o palabras que mas le han impresionado, o
incluso glosar con palabras espontneas el sentido de ese verso en la realidad de su vida.
3. Rezar los salmos en comunin
Una intuicin muy fecunda en el rezo de los salmos, sobre todo cuando se hace en comunidad, o en
el rezo litrgico del breviario, es sentirse en comunin con todos los que estn orando ese salmo, o con
todos los que estn viviendo lo que ese salmo trata de expresar.
Primera y principalmente es sentirse en comunin con Cristo, lo que Raguer llama cristificar los
salmos desde arriba o desde abajo. A esto dedicaremos un largo apartado cuando tratemos de los salmos y
Cristo. La Ordenacin de las Horas lo explicita: Cristo est presente en la asamblea congregada, en la
palabra de Dios que se proclama y cuando la Iglesia suplica y canta salmos (SC 7).
No es slo de la Iglesia esta voz, sino tambin de Cristo, ya que las splicas se profieren en nombre
de Cristo, es decir por nuestro Seor Jesucristo. As la Iglesia contina las plegarias y splicas que Cristo
present al Padre durante su vida mortal (Hb 5,7) y que por lo mismo poseen singular eficacia. Tomando
los salmos en las manos, y sabiendo que Cristo los utiliz para su oracin en la tierra, podemos realizar el
deseo de tener en nosotros los mismos sentimientos de Cristo (Flp 2,5). Con nuestras bocas que son
miembros de su cuerpo, le damos la oportunidad a Cristo para seguir diciendo los salmos al Padre, y seguir
siendo vox Christi ad Patrem.
Pero tambin podemos entrar en comunin con la Iglesia: Sentire cum Ecclesia. Dice la Ordenacin
general de la Liturgia de las Horas: Quien recita los salmos en la Liturgia de las Horas no lo hace tanto en
nombre propio como en nombre de todo el cuerpo de Cristo. Teniendo esto presente se desvanecen las
dificultades que surgen cuando alguien, al recitar el salmo, advierte tal vez que los sentimientos de su
corazn difieren de los expresados en aqul, por ejemplo, si el que est triste y afligido se encuentra con un
salmo de jbilo, o, por el contrario, si sintindose alegre se encuentra con un salmo de lamentacin.
Esto se evita fcilmente cuando se trata simplemente de la oracin privada en la que se da la
posibilidad de elegir el salmo ms adaptado al propio estado de nimo. Pero en el Oficio Divino se recorre
toda la cadena de los salmos, no a ttulo privado, sino en nombre de la Iglesia, incluso cuando alguien
tuviera que recitar las Horas individualmente. Sin embargo, quien recita los salmos en nombre de la Iglesia
siempre puede encontrar un motivo de alegra o de tristeza, porque tambin aqu tiene su aplicacin aquel
dicho del Apstol: Con los que ren estad alegres; con los que lloran, llorad (Rm 12,15), y as la fragilidad
humana, indispuesta por el amor propio, se sana por la caridad, que hace que concuerden el corazn y la
voz del que recita el salmo (cf. Texto 12).
El rezo de los salmos lo hacemos no slo en comunin con la Iglesia militante, sino tambin con la
Iglesia triunfante. Dice la Ordenacin general: Con la alabanza que a Dios se ofrece en las Horas, la
Iglesia canta asocindose al himno de alabanza que resuena en las moradas celestiales, y siente ya el
sabor de esa alabanza celestial que resuena de continuo ante el trono de Dios y del Cordero, como Juan la
describe en el Apocalipsis. Porque la estrecha unin que se da entre nosotros y la Iglesia celestial se lleva a
12
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cabo cuando celebramos juntos, con fraterna alegra, la alabanza de la divina majestad, y todos los
redimidos por la sangre de Cristo ensalzamos con un mismo canto de alabanza al Dios uno y trino (n. 16;
LG 50).
Aunque cantemos mal, aunque nuestra voz sea dbil, la fe nos ensea a sumarnos a esa coral
maravillosa, y dejar que nuestra voz se pierda, se funda con todas aquellas voces para cantar al que es
Tres veces Santo.
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Dentro ya del Salterio podemos considerar como himnos los salmos 8, 19, 29, 33, 100, 103, 104, 111,
113, 117, 135, 136, 145, 146, 147, 148, 149, 150. Hay otros salmos que tambin podran ser incluidos en
este epgrafe, pero que no corresponden exactamente a la estructura que hemos dado aqu. Tambin los
salmos reales (47, 93, 96-99) pueden ser incluidos en esta seccin
3. Un ejemplo: El salmo 113
Veamos un ejemplo de Himno en el salmo 113.
Verso 1-3. Invitatorio o convocatoria. El convocante experimenta la realidad de Dios de una forma
irresistible, conmocionante. Su llamada a la alabanza no es una forma litrgica muerta, sino que se hace
eco de esta experiencia interior. No guardis silencio (Sal 30,12). Hay un deseo de extender la alabanza
hasta las extremidades del tiempo y del espacio. La creacin misma, todas las criaturas animadas e
inanimadas son convocadas para alabar a Dios. El ms pequeo insecto es un testigo de la gloria divina no
menos elocuente que la grandeza del sol. El microscopio revela tanto de su grandeza como el telescopio.
La alabanza no se confina al reducto del Templo, desborda sus muros para llegar a los confines del tiempo
y del espacio. Desde la salida del sol hasta su ocaso, mi nombre ser grande entre los Gentiles (Mal
1,11). A un extremo del cielo es su salida, y su rbita llega al otro extremo, y nada escapa de su ardor (Sal
19,7).
Este intenso deseo de alabanza, tan presente en el Salterio, es recogido en la oracin cristiana:
Santificado sea tu nombre.
Verso 4-9. Estos versos nos dan los motivos para la alabanza, son como el desarrollo de la
alabanza. En los himnos en general esta parte enumera uno detrs de otro los distintos aspectos de la
realidad divina o se fijan slo en un punto concreto con todos sus detalles.
En el caso del salmo 113, omos el eco sorprendente de una experiencia de Dios bsica. Dios es
sublime en su grandeza, y sin embargo nos mira hasta lo ms hondo que hay en nosotros. Oye los gritos de
sus hijos bajo el yugo de la esclavitud y viene a librarlos. Para el Dios de Ana, estos dos enunciados se
pertenecen mutuamente, son como los dos polos de un mismo campo magntico Los versos 4-6 describen
en detalle la majestad de Dios que se hace presente en la profunda miseria de los que sufren y los levanta
para acercarlos a s.
La intervencin divina cambia el curso de los acontecimientos. El sufrimiento no es simplemente un
sufrimiento material, sino que est situado en su contexto social. La persona que sufre se ve arrastrada a
una marginacin de soledad y vergenza. El salmo escoge dos ejemplos de entre la gran masa de los
sufrientes: un hombre y una mujer, el indigente y la mujer estril. Esas personas que haban sido excluidas
del clan de la gente decente y honorable, van a ser establecidas en un puesto de honor. La alabanza de
Dios en el cielo acaba proyectndose sobre una pequea habitacin donde una madre se alegra con su
nio pequeo en sus brazos. Qu es el hombre para que te acuerdes de l?. La sorpresa se desborda al
descubrir por una parte qu admirable es su nombre en toda la tierra, y por otra el que se incline sobre el
hombre para coronarlo de gloria y esplendor (Sal 8,6).
El enunciado de que Dios mira desde arriba y se compadece hasta el fondo de los que viven en la
miseria, se repite en los salmos 33,13; 136,23; 147, 6. Fuera del salterio podemos encontrarlo tambin en
el Magnificat de Lucas.
B. LA ALABANZA NARRATIVA DE LA COMUNIDAD
La alabanza comunal de Israel a Dios a lo largo de su historia debi jugar un papel importante, pero
quedan muy pocos salmos en el salterio que pertenecen a este gnero literario de AC.
Westermann lo atribuye al hecho de que las colecciones de los salmos son postexlicas, y han dejado
fuera muchos cantos de la poca del primer Templo, porque ya no eran relevantes en los ltimos tiempos
en que la nacin, en cuanto tal, no experimentaba los actos de liberacin divina, ya que haban perdido su
independencia poltica.
Para buscar ejemplos de este tipo de cantos debemos acudir a otros textos pre-exlicos. La forma ms
pura y ms sencilla la encontramos en el cntico de Miriam de Ex 15,21: Cantad a YHWH pues se cubri
de gloria, arrojando en el mar caballo y carro. Slo dos frases, una para el invitatorio, y la otra para la
accin concreta que motiva la alabanza. Cantos semejantes encontramos en Sal 66,8-12; 81,6-7; 85; 2-4;
93.3-4; 126,2-3. Se trata slo de fragmentos incrustados en otro Salmo ms complejo, de forma
contaminada. Los dos nicos salmos que responden a esta estructura en su totalidad son los Salmos 124 y
129. Fuera del Salterio encontramos Dt 32;43, Is 25,1-5... En el Nuevo Testamento tenemos el Benedictus
de Lc 1,68-75.
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Gunkel distingui en este apartado dos subespecies. Una, la que acabamos de citar, Cantos de Accin
de gracias de Israel. La otra son los Cantos de victoria. Ambos estn llenos del gozo de la liberacin. En
ambos grupos la estructura es comn
1.-Alabado sea Dios, que nos ha liberado!
2.- La alabanza es respuesta directa a la accin divina.
3.- La alabanza se expresa con gozo.
La diferencia est en que en el primer grupo no hay ninguna alusin a batallas, mientras que en canto
de victoria el relato de la batalla ocupa un lugar importante
1. Cantos de Accin de gracias de Israel: Salmo 124
Su Sitz im Leben es una celebracin litrgica en el templo (1 Mc 4,54; 13,51; 2 Mc 10,7). Estas fiestas
de accin de gracias no correspondan a un calendario cclico fijo, como tampoco las celebraciones
comunitarias. Estaban ms bien provocada por circunstancias histricas puntuales e imprevisibles, como el
hecho de la lluvia despus de una larga sequa, o la retirada de los enemigos que sitiaban una ciudad.
Cada vez que el pueblo se senta liberado celebraba una fiesta de accin de gracias en el templo. Las
pocas indicaciones que tenemos sobre este tipo de fiestas hablan de alegra y jbilo desbordante (Is 12,36;
25,9; Sal 67,5; 1 Mc 5,54; 2 Mc 10,6) acompaado de ctaras y trompetas (1 Mc 13,51).
La forma ms desarrollada de este canto lo encontramos en los salmos 124 y 129. Ambos salmos
empiezan con un yusivo: Que lo diga ahora Israel (124,1; 129,1; cfr. tambin 118,2-4). Muy
probablemente al principio del gnero haba imperativos de invitacin, tal como sucede en los himnos.
En el salmo 124 Israel acaba de librarse de un terrible peligro. Como siempre, dado el carcter formal
de los salmos, no es posible saber de qu se trataba. Slo nos dan frases generales: Nos habran tragado
vivos, las aguas nos habran anegado, habra pasado sobre nosotros un torrente..., presa de sus
dientes, lazo de cazadores.
Analicemos brevemente el Salmo 124. El salmo tiene dos partes principales y una conclusin
v. 1-5: En la primera se expresa lo que hubiera podido pasar, de no haberse dado una circunstancia
histrica concreta. Se enuncia una condicin irreal, y se imagina uno como hubiera sido todo si esta
condicin irreal se hubiera dado. El yusivo en 3 persona: "Que lo diga Israel", reemplaza al imperativo de
2 persona que era propio del invitatorio de los Himnos (alabanza comunitaria descriptiva). Pero con una
forma literaria nueva reencontramos as el invitatorio en la alabanza comunitaria narrativa
v. 6-7: En la segunda parte se afirma la situacin positiva del presente, una vez que la condicin irreal
no se dio, y se alaba al Seor que ha conducido el desarrollo de ese episodio por cauces de liberacin.
v. 8: Conclusin: El ltimo verso es como una moraleja, que condensa la experiencia vivida, y la saca
de su contexto histrico para enunciarla como verdad permanente, que es vlida en el pasado, presente y
futuro, y se convierte en el ancla de la esperanza para el futuro.
Esta divisin queda substanciada por el hecho de que las dos partes principales comienzan con el
nombre de YHWH en segunda posicin, y contienen la palabra naphshenu, nuestra alma, en el
segundo hemistiquio.
La repeticin de la oracin condicional, con el yusivo "Que lo diga Israel" intercalado, puede sugerir
que el salmo se recitaba de un modo antifonal, y haba un recitado a dos coros entre lector y comunidad.
La estructura del salmo depende toda ella de esa oracin condicional irreal repetida dos veces al
principio: "Si el Seor no hubiera estado de nuestra parte". Se menciona al Seor no como protagonista de
una accin salvfica concreta, sino de una presencia. Segn Schkel esta es una frmula clsica de los
orculos de salvacin que se condensa en el nombre de Emmanuel, el Dios presente, el Dios con nosotros
(Is 43,2).
A) Lo que hubiera podido suceder se enuncia en dos imgenes: a) "Nos habra devorado vivos el
incendio de su ira", b) "Nos habran arrollado las aguas (imagen repetida dos veces). El fuego y el agua son
los agentes de destruccin. Podemos recordar como ambos agentes aparecen en Is 43,2: "Si pasas por las
aguas, yo estoy contigo, si por los ros, no te anegarn; si andas por el fuego, no te quemars, ni la llama te
abrasar". (Cfr. tambin Si 51,3-5). En Mt 17,15, cuando el padre describe la penosa situacin del
muchacho endemoniado, dice: "Muchas veces se cae en el fuego y muchas en el agua". Fuego y agua se
han convertido en una bina clsica para expresar las situaciones de peligro. Junto con esta bina explcita,
tenemos la presencia de otra imagen de peligro: el Hades que traga vivos, el abismo en el que podemos
hundirnos. Este abismo puede reflejarse con las dos imgenes clsicas del mar que traga, y de la fiera que
traga.
B) En la descripcin hay dos imgenes opuestas o correlativas: el cazador que caza y la fiera que
traga. El conjunto de imgenes amenazantes es resumido as por Schkel: "el enemigo es fuego, es agua
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que arrolla, devora como la tierra, es fiera que descuartiza y es cazador que caza en la trampa. Dada la
brevedad y la rapidez del poema, esta concentracin de imgenes, condensa una gran energa e intensidad
emocional
Delitzsch seala que dada la naturaleza tarda de este salmo, est todo l cuajado de reminiscencias
de otros salmos anteriores, citados implcitamente. Comenta Schkel; "El estilo de reminiscencias produce
el efecto de sentirse uno en casa, lo contrario de la sorpresa.
-aguas amenazadoras
18,5.7; 69,2-3
-tragar vivos
55,16; Pr 1,12
-bendito el Seor
28,6; 31,22
-la trampa del cazador
91,3
-insolencia
86,14; 119,51.78
-invocar el nombre de Dios
20,8
2. Cantos de Victoria
Otro tipo de salmo comunitario de alabanza narrativa es el canto de victoria. Parece ser que exista
una coleccin separada de cnticos en el libro llamado "Libro de las Guerras del Seor" (Nm 21,14). La
mayor parte de estas canciones no fue recogida en el salterio, porque en la poca postexlica Israel no
experiment victorias militares, hasta el tiempo de los Macabeos.
No tenemos ningn ejemplo completo de estos cantos de victoria. Slo existen algunos fragmentos
que, al parecer de Gunkel, son bastante tardos (Sal 46,9-10; 48,13-14; 76,4-7; 118,15; Jdt 16,4-6).
Normalmente este canto era interpretado en el mismo campo de batalla o en la tienda del rey
victorioso, aunque tambin poda repetirse cuando el ejrcito regresaba a la ciudad en triunfo, y entonces
todo el pueblo participaba tambin en el canto. Los textos no relacionan estos cantos con el templo ni con
ningn contexto cltico.
En el desarrollo del canto, la victoria es siempre atribuida a Dios, que ha participado personalmente
en la batalla, aun sirvindose de hombres dbiles. En el canto se describe el resultado de la batalla,
mostrando las armas enemigas desparramadas por el campo, los cadveres, el botn...
El gnero es narrativo. YHWH aparece en 3 persona. A menudo hay un invitatorio en el que se invita
al pueblo a acudir al campo de batalla para ver el resultado de la victoria (46,9; 66,5), o a contemplar desde
fuera la altura de los baluartes que han impedido la conquista enemiga (48,13-14a).
La cancin de victoria en su estadio ms primitivo la encontramos en la cancin de Miriam de Ex
15,21, o la cancin de los filisteos tras la victoria sobre Sansn en Jc. 16,24. Podemos compararla con
otros cantos plenamente desarrollados como el canto de Dbora en Jc 5.
Los cantos de victoria son cantos litrgicos, que tienen un puesto en el desarrollo de la guerra santa,
que comienza con un orculo, consultando a YHWH, y termina con un canto de victoria al final de la
guerra. Adems del canto de Dbora tenemos otros fragmentos de cantos de victoria en textos bblicos
tales como Jos 10,12-13; Sal 126,3; 118,15-16. Judit 16 es una imitacin tarda.
La parte principal del canto de victoria es la descripcin de la epifana divina (Jc 5,4-5; Sal 18,7-15;
68,7-8; Jdt 16,15) La descripcin de Dios que sacude cielo y tierra cuando llega a salvar a su pueblo. Esta
teofana tambin est descrita fuera de los cantos de victoria (Hb 3,3-15; Dt 33; Is 30,27-33), y muy a
menudo se inspira en el acontecimiento del Mar Rojo.
Veamos el esquema de la cancin de Dbora como paradigma de los cantos de victoria. Podemos
estructurar el salmo de la siguiente manera
Jc 5, 2-3:
Invitatorio a bendecir y a escuchar
4-5:
Descripcin de la epifana divina
6-8:
Retrospectiva de la situacin de peligro
9-11:
Invitacin renovada a la alabanza
12-30: Relato de la victoria
31
Conclusin y splica
C. LA ALABANZA DEL INDIVIDUO
El salmo de accin de gracias individual hay que estudiarlo en relacin con la lamentacin del
individuo. Ambos se articulan como los dos actos de un mismo drama. Al final de la lamentacin se
escucha un voto o promesa de alabar a Dios: Cantar al Seor que ha hecho maravillas conmigo (Sal
13,6). Este voto se cumple ahora en el salmo de accin de gracias. La conclusin de muchos
lamentaciones individuales es la misma que el principio de los salmos de alabanza individual. El voto de
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alabar a Dios con el que terminaba la lamentacin se ve cumplido en el anuncio con el que se abre el
salmos de alabanza.
Podemos comparar el final del salmo 13: A YHWH cantar por el bien que me ha hecho;
salmodiar al nombre de YHWH, el Altsimo, con el comienzo del salmo 30,1: Yo te ensalzo, YHWH,
porque me has levantado, y no dejaste rerse de m a mis enemigos.
Algunos de los salmos de alabanza narrativa por parte del individuo los tenemos en 9; 18; 30; 31,78. 19-24; 40,1-12; 66,13-20; 92; 116; 138; Jons 2; Lm 3;25-58; Job 33:26-28; Sir 51 o tambin en las
conclusiones de alabanza de algunas lamentaciones (7,18; 56,13; 57,9-12; 63,4-6). En los Hodayot de
Qumrn encontramos otros textos paralelos.
1. La accin litrgica
En el interior del salmo es posible descubrir algunos rasgos del tipo de accin litrgica en la que se
recitaban estos salmos. La palabra hebrea que designa esta alabanza es todah, , palabra que
designa tanto la alabanza en general como el sacrificio de alabanza (Sal 116,17). De ah podemos
concluir que esos salmos se recitaban mientras tena lugar el sacrificio de alabanza, que era uno de los
gneros del sacrificio de comunin (Lv 3,1-17; 22,29-30).
Por ejemplo el salmo 66,13-14 expresa esta conexin: Con holocaustos entrar en tu Casa, te
cumplir mis votos, los que abrieron mis labios, los que en la angustia pronunci mi boca. Te ofrecer
pinges holocaustos, con el sahumerio de carneros, sacrificar bueyes y cabritos. Y a partir de ah sigue un
texto de alabanza narrativa, en la que se narra la liberacin experimentada. El salmo 22,26-27 se refiere a
una comida ritual que se tena en dicha ocasin o a danzas en corro (cfr. 30,12). Segn el salmo 116,19
estas celebraciones litrgicas tenan lugar en el patio del templo (cfr. 27,6; 56,13; Jon 2,10).
Pero poco a poco se fue debilitando la conexin de este tipo de salmos con el sacrificio de alabanza,
como puede verse en los salmos 34 y 92 que combinan temas sapienciales y que por tanto difcilmente
pueden asociarse con una accin cltica.
2. Estructura de la alabanza individual
A. Proclamacin de intenciones. El orante manifiesta su voluntad de alabar a Dios mediante el modo
voluntativo en primera persona. Quiero alabarte..., Quiero ensalzarte, Bendecir al Seor en todo
tiempo... El nombre de YHWH debe ser mencionado expresamente, porque hay que explicitar en todas las
religiones cananeas a qu dios va dirigido el canto.
Aqu vemos la diferencia con el himno, que empezaba con un invitatorio en imperativo. La alabanza
del individuo comienza con la declaracin de la decisin de alabar a Dios, que es expresada mediante el
voluntativo del verbo.
B. Breve resumen de la accin divina que motiva la alabanza.
A continuacin de esta declaracin de intenciones, se explicitan los motivos que han llevado a este
deseo de alabar a Dios Porque ha odo la voz de mi splica (116,1), En el da en que te invoqu me
escuchaste (Sal 138,3). Sigue un breve resumen de la accin divina que ser narrada en detalle ms
adelante en la parte E.
C. Invitacin a la alabanza.
Este resumen lleva a una invitacin a los circunstantes, exhortndoles a escuchar y a compartir la
alabanza. Os contar lo que el Seor ha hecho conmigo (Sal 66,16; 30,56; 34,6). En este momento se
habla de Dios en 3. persona.
D. Descripcin de la crisis, y de la splica que se elev a Dios en ese momento.
E. Narracin del rescate. Por ejemplo en el salmo 40: Me sac de la fosa fatal, del charco cenagoso.
Puso en mi boca un cntico nuevo, un himno a nuestro Dios. Se narra el profundo cambio que ha tenido
lugar. La alabanza no es algo que tiene lugar despus del rescate, sino que el rescate consiste
precisamente en haber pasado desde el abatimiento a la alabanza (cf. Is 61,3).
Por eso este tipo de salmos nunca termina con la narracin del rescate, sino con la alabanza que su
consumacin ms lograda. La vida del que ha sido rescatado del sheol es precisamente la alabanza. Slo
los vivos alaban a Dios (Is 38,18).
Pero en este momento la alabanza narrativa da paso a la alabanza descriptiva, que ya no se fija en un
beneficio concreto, sino que se convierte en un modo de vida. Una vez que nuestros ojos y nuestra boca se
han abierto, uno es capaz de instalarse en la alabanza permanente a Dios, por ser l quien es, y por el
modo habitual que tiene de comportarse.
Una ltima nota de estos salmos es que la alabanza es expresada siempre con alegra. No se trata
simplemente de una alegra cltica, sino de la alegra de la salvacin (92,5; 107,30; 66,20; 30,12).
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3. Un ejemplo: Salmo 30
A. Declaracin de intenciones: verso 2a
Yo te ensalzo, YHWH, porque me has levantado. Dios es ensalzado cuando los hombres confiesan
pblicamente las grandes acciones que realiz en su favor.
B. Breve resumen de la accin divina: versos 2b - 4
YHWH, Dios mo, clam a ti y t me sanaste. T has sacado YHWH mi alma del sheol, me has
recobrado de entre los que bajan a la fosa.
En este salmo el breve resumen de la accin divina es ms largo que lo habitual. No consiste en una
nica frase. El orante se ve impulsado a contar todo lo que pas. Hubiera bastado la primera frase: Porque
no dejaste que mis enemigos se rieran de m, pero el autor quiere dar ms detalles: a) todo sucedi en
presencia de los mismos enemigos b) y sucedi como respuesta al grito de peticin de ayuda c) la
liberacin fue nada menos que un rescate de la muerte, porque en realidad una vida miserable no puede
ser llamada verdadera vida. En el sufrimiento y angustia operan las fuerzas de la muerte, y es de la muerte
de lo que Dios nos libera.
C. Invitacin a la alabanza: versos 5-6
Salmodiad a YHWH los que le amis, alabad su memoria sagrada.
En este momento el relato se interrumpe para invitar a todos los circunstantes a unirse a la alabanza,
teniendo en cuenta que la liberacin del orante es slo un caso ms de algo que tiene una significacin
universal. Su pequea ancdota se convierte en testimonio de un poder de vida que puede extenderse a
todos cuantos se encuentran en las garras de la muerte.
Cuando hizo el voto de alabar a Dios, el salmista estaba solo en su angustia. Pero ahora cuando viene
al templo a cumplir su voto, est rodeado de sus amigos que le acom paan, y que festejan con l su
liberacin. Antes, desde su soledad prometa alabar a Dios en medio de la asamblea. Ahora ya se
encuentra en medio de esa asamblea (cf. 34,3). El salmo era recitado por un solista acompaado de una
comunidad cltica, los piadosos, justos, santos, humildes... (22,24; 30,5; 32,11; 34,10; 66,16), o incluso de
una gran asamblea (40,10). El arpa y la ctara eran empleadas para acompaar el canto (Sal 34,4; 71,22).
La presencia de estos invitados a los sacrificios votivos est atestiguada en la Escritura (1 S 9,13.22.24; 2
S 15,11; So 1,7).
La experiencia de liberacin le autoriza al orante para dirigirse a los dems y arrastrarles a la
alabanza. El salmista sabe que la liberacin es posible, y puede probarlo. Su caso no es sino un una
instancia ms de una regla general que puede ser perfectamente enunciada y tiene validez universal De
un instante es su clera, de toda una vida su favor; por la tarde visita de lgrimas, por la maana, gritos de
alborozo.
D. Exposicin de la crisis: versos 7-11
Es la parte ms detallada. El salmista comienza narrando la situacin que condujo al momento crtico.
Se volvi demasiado seguro de s mismo y no comprendi que su prosperidad dependa sola y
exclusivamente de Dios. Y pas lo que tena que pasar. Vino la catstrofe.
Pero esta fue la oportunidad para conocer mejor quin era Dios verdaderamente. El orante se volvi
hacia l desde su profunda turbacin, y le pidi que le salvase. La oracin es reproducida en detalle; se
aducen los motivos (Qu ganancia...?), y se transcribe la peticin misma que se hizo en aquel momento:
(Escucha, YHWH, y ten piedad de m! S t, YHWH, mi auxilio!).
E. Realidad de la liberacin: versos 12 -13.
La narracin es muy breve y reviste una forma potica: Has trocado mi lamento en una danza, me
has quitado el sayal y me has ceido de alegra.
Concluye el salmo con una intencin renovada de seguir alabando a Dios. El salmista no se limita a
decir gracias una vez, y ah queda todo. Muestra su voluntad de que la alabanza a Dios siga retiendo
hasta la eternidad. Quiere que su alabanza siga siempre viva en su corazn,
De este modo, desde la alabanza narrativa, ligada a un incidente concreto, llegamos a la alabanza
descriptiva que no necesita ocasiones especiales, porque Dios es siempre grande, siempre digno de
alabanza. A travs del reconocimiento de una accin concreta, el creyente es llevado a instalarse
permanentemente en la alabanza como modo de vida.
Es curioso notar que en la alabanza narrativa no se nos dice nada nunca de lo que les pas a los
enemigos, ni si fueron castigados o no. Aqu el autor se limita a mencionarlos cuando describe la crisis.
Pero con el gozo de su salvacin no se recrea en la desgracia de sus enemigos. Lo importante es la
liberacin personal, no la venganza. La accin divina va mucho ms all de una simple retribucin.
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Es un nmero enorme para un salmo tan breve. En todos los ejemplos hay una bina generatriz, se
trata de la polaridad vida/muerte. Esa es la contraposicin radical. El salmista haba tocado las fronteras de
la muerte, y ahora se encuentra instalado en el pas de la vida. Dos ejes del poema son bajada/subida y
silencio/canto. La muerte est abajo, y la vida arriba. La muerte es silencio, y la vida es canto (Sir 17,27).
D. LA LAMENTACIN INDIVIDUAL
1. Medio de vida de la lamentacin individual
El salmo individual de lamento es una oracin para ser utilizada en el culto. La historia de la madre de
Samuel nos muestra el lugar que ocupaba este tipo de salmo en el culto del antiguo Israel. Una persona
profundamente acongojada viene al santuario para descargar all toda la amargura de su corazn. Ana or
con su alma llena de amargura, con lgrimas abundantes, muy afligida, desde lo profundo de su pena
y su despecho. Pero en el templo, por la mediacin del sacerdote, Ana va a recibir una nueva seguridad
que produce en ella un cambio total: Se march, comi y se le cambi el rostro (1 Sm 1,10).
Podemos encontrar un caso semejante en Isaas 38. El rey Ezequas estaba gravemente enfermo.
Desde su lecho pidi a Dios que lo curase. El profeta Isaas fue enviado por Dios para decirle que haba
escuchado su oracin y que no morira. Se nos incluye un texto muy breve con la oracin que Ezequas
dirigi a Dios durante la enfermedad (LI: Is 38,3) y un largo cntico de accin de gracias despus de haber
recobrado la salud (AI: Is 38, 9-20).
Habitualmente los salmos de lamentacin reproducen slo la oracin de la persona afligida y no su
accin de gracias posterior. La respuesta que Dios da no se consigna dentro del salmo mismo; sin embargo
en la mayor parte de estos salmos hay una inflexin en la queja. En un momento dado parece como si la
persona recibiera una palabra de nimo que viene de fuera de s misma, ese nimo que la oracin siempre
da a todos los que derraman su corazn en la presencia de Dios. Este consuelo recibido es seal de que la
oracin ha sido escuchada.
Los salmos individuales de lamento son con mucho la oracin ms frecuente en el Salterio. Hay unos
50 (un tercio) que pertenecen a este gnero
Salmos: 3-17 (excepto 8, 9, 15); 22-28 (excepto 24); 31; 35-43 (excepto 37); 51-64 (excepto 60); 69,
71, 73, 86, 88, 102, 109, 130.
Fuera del libro de los Salmos encontramos bonitos ejemplos de lamentos personales en Jr 11; 15; 1718; 20. Este gnero aparece continuamente en el libro de Job. En cuanto a los tipos de lamentos
individuales, en muy pocos casos llega uno a enterarse cul era el problema que afliga al salmista. Se nos
da una descripcin muy genrica de los motivos de su sufrimiento. Por eso no podemos agrupar los salmos
segn la naturaleza de los problemas concretos que afligen a sus distintos autores. Muchos salmos (22, 38,
39, 41, 71, 88, 102) hablan mucho de enfermedad, pero raramente la enfermedad es la nica causa del
lamento.
Otro conjunto de salmos puede ser considerado la oracin de una persona injustamente acusada (3, 4,
7, 11, 17, 26, 27, 35, 69). pero incluso aqu encontramos la injusticia unida a un sufrimiento de otro tipo. Por
eso todas las tentativas de atribuir los salmos a situaciones individuales han fracasado.
2. Estructura del salmo individual de lamento
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En su conjunto la LI se adapta al modelo de los salmos de la LC. Ambos consisten en quejas y splicas
para salir de la prueba, dirigidas a Dios. Esto explica por qu este gnero posee muchos de los mismos
componentes del salmo de lamentacin comunitaria (LC)
1. Apelacin: a menudo con un vocativo introductorio en 2 persona
2. Queja:
dirigida contra Dios: Queja en 2 persona
a propsito de la accin del enemigo: queja en 3 persona
descripcin del sufrimiento personal: Queja en 1 persona
3. Splica: para ser liberado de la miseria profunda.
Sin embargo hay algunas diferencias entre el salmo individual y el comunitario. La liberacin que se
pide en la LI se describe de una forma ms clara y presente que en la LC. El tiempo de un individuo es ms
corto que el tiempo de una comunidad, y por eso la liberacin tiene que aparecer en un horizonte ms
inmediato.
El recuerdo de las ayudas de Dios en el pasado es un rasgo tpico de la LC (Sal 77,12-21; 80,9-12),
mientras que slo se produce raramente en los salmos LI (22,10-11; 143,5). Todo el nfasis en la
lamentacin individual est en la profesin de confianza, con la adicin de palabras para expresar la
certeza de haber sido escuchado. En sus conclusiones numerosos salmos LI se transforman en palabras de
alabanza a Dios (13; 22; 35; 37), cosa que se produce raramente en los salmos LC. Examinemos ahora
cada uno de los componentes de esta forma literaria.
1. Apelacin
La oracin se dirige a Dios por su nombre: YHWH. En esta interpelacin se establece el primer
contacto que nos permite hablar con Dios. La mayor parte de las veces se le llama a Dios por su nombre,
sin aadir ninguno de sus atributos. Esta manera de acercarse a Dios contrasta con la abundancia de
atributos doxolgicos tpicos de los salterios babilonios y egipcios.
Cuando nos dirigimos a una persona llamndole por su ttulo oficial, presuponemos una cierta
distancia con relacin a ella. Es un tratamiento protocolario, formal. En cambio cuando nos dirigimos a una
persona llamndole por su nombre, se da una relacin ms ntima.
A menudo a continuacin de esta apelacin encontramos una breve peticin intro ductoria, anterior a la
lamentacin, peticin que se repetir ms extensamente despus de la lamentacin. En este caso vemos
que la splica ocupa dos lugares diversos dentro del mismo salmo
2. Queja
Como ya hemos dicho, la queja se expresa en las tres relaciones que constituyen a una persona: la
existencia en s misma, la existencia en comn con otros, y la existencia frente a Dios. No hace falta que
estas tres dimensiones aparezcan siempre en el mismo salmo. La posibilidad de poner el nfasis en una u
otra permite una gran variedad de matices.
La queja contra Dios (Queja en 2 persona) puede tomar la forma de un por qu? o de un hasta
cundo?. En el por qu expresamos nuestra falta de comprensin de esta situacin terrible. En el hasta
cundo? decimos que ya no podemos aguantar ms, que hemos llegado al lmite de nuestras fuerzas.
Estas quejas muestran que quienes las formulan se toman a Dios en serio, y son capaces de interpelarle
seriamente.
La queja a propsito de mi sufrimiento (queja en 1 persona) manifiesta a la vez mi sufrimiento y la
vergenza que este sufrimiento me causa. Aun la lamentacin ms individual siempre tiene lugar en el
contexto de una comunidad. Normalmente esta queja se expresa de manera viva y dramtica y puede
ocupar muchos versculos en el salmo.
La queja contra mis enemigos (queja en 3 persona) est casi siempre presente, aun en el caso de un
sufrimiento personal causado por una enfermedad o por otra causa natural. La reaccin hostil y el
ostracismo de los dems hacen el sufrimiento de nuestra enfermedad ms intolerable a nuestros propios
ojos.
3. Peticin
Se trata de una splica nacida de una profunda angustia. No encontramos nunca en los salmos ese
tipo de oracin de los fieles, o de oracin litnica, en la que se expresa una larga lista de problemas o
necesidades humanas. La peticin en los salmos es siempre monocorde: ser liberado de la profunda
angustia.
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La peticin tiene dos partes: una llamada a Dios para que nos oiga, para que nos preste atencin
(Ven!, Escucha!, Inclnate hacia m!). Y otra llamada en la que se le pide a Dios que intervenga. Ninguna
oracin ser escuchada a menos que en ella se haya producido un encuentro con el Dios vivo.
Previamente a la solucin de nuestros problemas, establecemos un contacto con l.
Como ya hemos mencionado, solemos encontrar al final de la LI una alabanza a Dios, como si la
liberacin demandada ya hubiera tenido lugar. Nos recuerda el consejo evanglico: Todo lo que pidis en
la oracin, creed que ya os ha sido concedido, y lo obtendris (Mc 11,24). La queja original se transforma
en alabanza y ste es ya el primer fruto de la oracin.
3. Un ejemplo: El Salmo 13
En su brevedad y su simplicidad, este salmo ejemplifica muy bien la estructura bsica de la forma
literaria en la LI.
1. Apelacin.
Encontramos en ella el nombre de YHWH, tal como nos lo podamos esperar en un salmo que
pertenece al salterio Yavista (3-41). Es de notar la ausencia de atributos doxolgicos o de ttulos oficiales.
Aparece slo el nombre de YHWH.
2. Queja
Se expresa a travs de unas frases interrogativas paralelas que comienzan con Hasta cundo?.
Los dos primeros Hasta cundo? expresan una queja en 2 persona, dirigida a Dios. Van juntas
como parte de un mismo verso. La idea de abandono est expresada por dos verbos paralelos: =
olvidar y
dolor en mi corazn.
El cuarto Hasta cundo? es la queja en 3 persona. Se trata de un enunciado simple, sin estructura
paralela. El triunfo del enemigo refuerza la impresin de que Dios est ausente. Con el refuerzo de esta
Hasta cundo? el orante muestra que ya no puede sufrir ms con este dolor continuo, sin falta de
perspectivas de una mejora. Sin embargo nunca llegamos a saber qu es lo que le aflige. La triple queja
no nos da ningn indicio. Slo se mencionan los sntomas, pero no las causas. Lo que cuenta sobre todo es
el malestar en s mismo, en tanto en cuanto afecta la triple relacin que caracteriza la vida del hombre:
Dios, los dems y l mismo.
3. Peticin
Tambin encontramos las frmulas tpicas de la peticin. Primeramente el orante se vuelve a Dios
pidindole que le ayude. Se siente cortado de Dios, de un Dios que se percibe lejano. Por encima de todo
est el deseo de acercarse a l de nuevo y restablecer la relacin con l: Mira y responde.
Podemos tambin ver cmo la muerte se menciona en un esfuerzo por exorcizar su amenaza
inminente. La muerte no se ve slo como el final de la vida fsica del hombre, sino como una fuerza que se
proyecta ya ahora en nuestro presente. Se anuncia, se anticipa en cada uno de los sufrimientos por los que
tenemos que pasar.
Pero al final del salmo vemos cmo el afligido avanza sobre su queja inicial, en la lnea de una
intensificada confianza en Dios. Penetra en el dominio donde la queja puede ser silenciada: cuento con tu
fidelidad.
La primera frase se presenta como un deseo, pero es algo ms que wishful thinking. En su confianza
renovada, el orante da un paso en su proceso de liberacin y puede alegrarse en el Seor y comenzar a
cantar.
Se ha dado un giro radical respecto al momento en que se inici la queja. En un breve tiempo de
oracin el orante ha pasado del lamento a la confianza, a la certeza de que su oracin ha sido escuchada,
a una jubilacin anticipada que sienten todos aquellos que confan en que la liberacin ya est en marcha.
E. LA LAMENTACIN COMUNITARIA
1. Medio de vida de la lamentacin comunitaria
A travs del AT se alude a menudo a situaciones que dan lugar a una lamentacin colectiva. Algunas
veces como en Jl 1-2 el ritual se describe lentamente, pero ms a menudo se expresa con una sola frase :
Entonces los hijos de Israel clamaron a Dios (Jc 20, 23-26; 1 Re 8, 33ss; Jr 36, 6-9).
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Por los ejemplos mencionados y por otros textos podemos saber exactamente cmo era el proceso de
una lamentacin. De hecho lo que mejor conocemos de toda la tradicin de Israel es esa institucin que se
denomina ayuno. Los das de ayuno y lamento no venan de forma previsible segn el calendario. Se
observaban espontneamente en tiempo de crisis tales como las langostas o la sequa, el ataque de un
enemigo o una derrota catastrfica, o la destruccin de una ciudad o de un santuario.
Sin embargo durante el exilio haba conmemoraciones especiales de la destruccin del Templo y
cuatro das de ayuno fijos. No estamos seguros de si esas conmemoraciones continuaron durante el
segundo Templo, pero los salmos que hacen referencia a esta destruccin nos lo hacen suponer. Fuera de
este caso, o de la lamentacin de Joel a propsito de las langostas, es casi imposible determinar con
exactitud las circunstancias histricas a las que alude un salmo, porque nos faltan muchos detalles
concretos.
Hay que distinguir claramente las lamentaciones comunitarias de los cantos fnebres. Estos ltimos no
estn situados en un contexto religioso, ni guardan ningn lazo espiritual con YHWH; son por eso cantos
profanos. Ver el canto de David por Sal y Jonatn (2 Sm 1, 19-27), o el de la muerte de Abner (2 Sm 3,
34).
Dado que el da de ayuno estaba motivado por una crisis y no perteneca a un ciclo del calendario,
haba que proclamarlo para que la gente se preparase. Haba que convocar a la comunidad entera,
incluidas mujeres y nios. Podemos ver una convocatoria en Joel 2,14; Jon 3,5; Ez 21,12.
La purificacin y el el uso de vestidos de luto por parte de los fieles, formaban parte de la observancia
del ayuno (Jl 1,14). El vestirse de saco (Is 22,12; Jr 4,8), el esparcirse ceniza en el pelo (Jos 7,6; Ne 9,1), y
los gestos de humillacin y de splica delante del Seor (Jc 20,23-26; Jr 14,12) formaban parte de estas
prcticas. Los salmos de lamentacin eran utilizados durante la liturgia del Templo.
El carcter democrtico original de las tribus de Israel se preserva en la lamentacin comunitaria.
Efectivamente vemos que incluso en el culto oficial del Templo, el pueblo mismo sigue siendo el sujeto de
la lamentacin, mientras que en Babilonia era el rey el protagonista, el orante en nombre del pueblo en
primera persona del singular. En Israel el rey no era el orante, sino todo lo ms el objeto de intercesin del
pueblo (Sal 84,10;21)
No se nos han preservado muchos salmos de LC en el Salterio: 44, 60, 74 (77). 79, 80, 83, 89. Fuera
del libro de los salmos encontramos varias plegarias de este gnero en los libros profticos. A veces
captulos (Jr 14, Ha 1, Lm 5), o tambin a veces slo fragmentos.
Algunas veces encontramos fragmentos de lamentaciones en mitad de un salmo de alabanza. Esto se
debe a que con frecuencia en los salmos de accin de gracias se describe la afliccin de la que el fiel se ha
visto librado. Esta descripcin de la angustia pasada puede ser reemplazada por una cita de la lamentacin
que se hizo en mitad de la tribulacin, para mostrar as la grandeza de la salvacin del Dios que escuch
aquel lamento.
2. Estructura de la lamentacin comunitaria
Ya hemos explicado la naturaleza y las estructura de las lamentaciones al hablar de la splica
individual. Apelacin, queja y demanda. Podemos observar que en el lamento comunitario hay adems
otros elementos, como el recuerdo de las acciones pasadas de Dios en contraste con la realidad actual
decepcionante. Vemos tambin como elemento nuevo la presencia de un orculo divino, transmitido por
los profetas o los levitas del templo. Daremos una breve explicacin de cada parte.
a.- Invocacin
El recurso a Dios establece un contacto que hace posible hablar con l. Es como si se abriera una
puerta. Es un contacto que pone en comunicacin al que invoca y al que es invocado. Casi siempre se
invoca a Dios sin ningn calificativo (Sal 44,1; 74,1; 79,1; 83,1; Lm 5,1). Ya hemos explicado el sentido de
esta invocacin breve y sobria.
A veces hay una peticin preliminar en demanda de auxilio, aunque en realidad la peticin detenida
vendr al final del salmo. Pero desde el principio el fiel desea encontrar a Dios. Este encuentro es ms
importante que la solucin del problema que le aflige.
Durante toda oracin hay una teofana. La lamentacin se desgrana ante un rostro. El hecho de que
Dios contemple, de que haga brillar su rostro, es la evidencia que es misericordioso y escucha nuestras
oraciones.
Haz brillar tu rostro sobre tu siervo, slvame por tu amor (Sal 31, 17). "Haz brillar sobre nosotros la
luz de tu rostro" (Sal 4,7). "Haznos volver, haz brillar tu rostro y seremos salvos" (Sal 80,4). Buscar el rostro
del Seor es la obsesin del salmista, que pide ante todo que Dios no vuelva su rostro, y no lo oculte. "De ti
dice mi corazn: Busca su rostro. Tu rostro busco, no me escondas tu rostro" (Sal 27, 8-9).
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Contemplar el rostro de Dios es tambin el objetivo final de los que peregrinan al templo. El salmista
desea vivir en la presencia de Dios todos los das Los corazones rectos contemplarn su rostro (Sal 11,7).
"Yo en mi justicia contemplar tu rostro y al despertarme me saciar de tu semblante (Sal 17,15). "Cundo
entrar a ver el rostro de Dios?" (Sal 42,3). "T salvas mi alma de la muerte para que camine delante de tu
rostro en la tierra de los vivos" (Sal 56,14; 116,9). "Delante de tu rostro, plenitud de gozo (Sal 16,11).
Como ya hemos mencionado al hablar de la lamentacin individual, primero se le pide a Dios que
preste atencin. El uso del imperativo es muy eficaz. He aqu la lista de los imperativo ms comunes:
Mustrate: : 94,1
lzate: :
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"El Seor ha rechazado su altar, su santuario ha desdeado, ha dejado a merced del enemigo los muros de
los palacios. Por los gritos que se daban en la casa de YHWH se hubiera dicho que era un da de fiesta
(Lm 2,7)
-Sufrimiento que no remite: "Esperbamos la paz, y no viene nada bueno; el tiempo de la cura, y viene
la turbacin" (Jr 14,19).
-Vulnerabilidad: Por qu has destrozado sus defensas y todos los que pasan por el camino la
vendimian, y el jabal del monte la saquea y la bestia del campo la devora? (Sal 80,13-14). Esclavos
dominan sobre nosotros y nadie nos libra de su mano (Lm 5,8).
Ausencia de Dios: "El Seor ha sido como un enemigo. Ha destruido a Israel" (Lm 2,5). Es que no
est el Seor en Sin? Su rey no mora en ella? (Jr 8,19). Ya no vemos nuestros signos ni hay profetas.
Ninguno de nosotros puede decir: Hasta cundo? (74,9).
. VERGENZA E IRRISIN DE NUESTROS ENEMIGOS
Por encima de todos los sufrimientos fsicos, las lamentaciones insisten en el hecho de que los
fieles han perdido su honra y se han convertido en la irrisin de sus enemigos.
"Por tu causa los enemigos nos insultan. Nos haces la irrisin de nuestros vecinos, burla y escarnio
de nuestros circundantes. Mote nos haces entre las naciones, meneo de cabeza entre los pueblos" (Sal 44,
14-15; 79,4). "Todos los que me ven de m se mofan, tuercen los labios, menean la cabeza..." (22,8).
Lo que deploran no es su afrenta personal, sino la burla hacia todo lo que es ms sagrado para
ellos, el rey, el templo, Dios mismo. El celo de tu casa me devora, y los insultos de los que te insultan
recaen sobre m (Sal 69,10).
"Acurdate, Seor, de los insultos a tu servidor (el rey). Llevo en mi seno los ultrajes de los
pueblos. As ultrajan tus enemigos, YHWH, as ultrajan las huellas de tu ungido" (Sal 89,51-52). "Has
desechado la alianza con tu servidor, has profanado por tierra su diadema... A sus adversarios la diestra
has exaltado. a todos sus enemigos has llenado de gozo. Has embotado el filo de su espada y no les has
sostenido en el combate (89, 39-45).
El salmista contina insistiendo en que esos insultos van dirigidos hacia Dios y le pide que tome
esa ofensa como ofensa personal, como su problema personal, ya que todo ocurre por causa de tu
nombre. Di algo en tu favor. Es tu trono de gloria lo que deshonran. Me dicen todo el da: Dnde est
tu Dios? (Sal 42,4).
"Acurdate del insensato que blasfema contra ti todo el da. No olvides el tumulto de los
adversarios, el clamor de los enemigos que crece sin cesar (Sal 74,18). "No nos rechaces ms, por el
honor de tu nombre. No profanes el trono de tu gloria" (Jr 14,21). "Por qu has de ser como un extranjero
en este pas, como uno que va de paso y slo se detiene por la noche? Por qu has de ser como un
pasmado, como un guerrero incapaz de librar? (Jr 14,8-9).
c.- Recuerdo de las acciones pasadas de Dios
El contraste entre las maravillas pasadas que Dios ha realizado y la situacin de angustia presente es
tpica de estos salmos de LC. No se trata meramente de la nostalgia de tiempos mejores. Se traen al
recuerdo las acciones pasadas de Dios bajo la presin de una fuerte crisis. Al comparar el pasado con el
presente, el pueblo toma conciencia de la coherencia que hay en su historia, y trata de integrar dentro de
ella los nuevos sucesos incomprensibles.
Hay una tendencia en la gente que se encuentra pasando por duras pruebas a consolarse pensando en
los momentos felices del pasado, en el recuerdo de un paraso original que le da seguridad y renueva su
confianza en Dios. Eres t el que me ha sacado del vientre, y me has confiado a los pechos de mi madre;
a ti fui confiado al salir de sus entraas. Desde el vientre de mi madre t eres mi Dios (22, 10-11). En el
exilio el pueblo se acuerda de las grandes fiestas y ceremonias cuando tomaba parte en la liturgia del
templo. Lo recuerdo y mi alma se expansiona. Cmo caminaba hacia la tienda admirable, hasta la casa de
Dios, en medio de gritos de algazara de la multitud jubilosa (Sal 42,5).
Estos recuerdos nos consuelan en el momento en que somos los ms pequeos de todas las naciones
y estamos humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. Ya no hay jefe ni profeta, ni prncipe,
holocausto, sacrificio, oblacin o incienso, o un lugar donde ofrecer primicias y encontrar gracia delante de
tus ojos (Dn 3, 37-39). "Dnde estn las primicias de tu amor, Seor?" (Sal 89,50). "Me acuerdo de los
das de antiguo, me repito todas tus obras, medito sobre la obra de tus manos (143,5).
Es para siempre que Dios nos rechaza? Ya no nos mostrar ms su favor? Se ha agotado su
palabra para siempre? Es que Dios se ha olvidado de compadecerse, o la clera cierra sus entraas? Y
me digo: Mi pena es que ha cambiado la diestra del Altsimo (Sal 77,8-11).
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Entre estas maravillas est el relato detallado de las obras de Dios en la creacin y en la historia.
Se le recuerda a Dios su creacin, su lucha contra el caos inicial con matices mticos: T quebrantaste la
cabeza del Leviatn y se la diste como pasto a las bestias salvajes. T haces brotar torrentes y
manantiales, t desecas ro inagotables. Tuyo es el da, tuya es la noche; t colocaste la luz y el sol; t has
puesto los linderos del orbe, el verano y el invierno eres t el que los has creados (Sal 74, 14-17; Is 51,910).
Pero sobre todo se le recuerda a Dios su obra de salvacin. Las relaciones de Dios con su pueblo son
un tesoro de recuerdos transmitidos de generacin en generacin. Oh Dios, lo hemos odo con nuestras
propias orejas, nuestros padres nos han contado la obra que hiciste en sus das, los das de antao, por su
mano (Sal 44, 2). El salmo 80 resume toda esa historia con la parbola del agricultor que planta y cuida
una via. Otros salmos contienen tambin pequeos resmenes de historia de salvacin ( 44,3-4; 77,1521).
Tambin se recuerdan las palabras que Dios pronunci y las promesas que hizo en el templo por
medio de orculos profticos. Algunas veces estos orculos son reproducidos palabra por palabra dentro de
la lamentacin misma. Dios prometi una vez en su santuario: Victorioso parcelar Siqun..." (60,8-10).
"Una vez hablaste en visin y dijiste a tus amigos... (sigue a continuacin la cita de promesas hechas a los
reyes de Israel, y al final hay una dramtica descripcin del presente tan distinto de aquellas promesas
hechas). T has rechazado, y despreciado a tu ungido y te has encolerizado contra l. Has desechado la
alianza con tu siervo, has profanado por tierra su diadema." (89,20-38).
d.- Peticin
Cuando hablamos de la LI explicbamos ya la naturaleza de la peticin en las lamentaciones. Alude
siempre a la liberacin deseada, sin aadir una letana de otro tipo de peticiones. Utilizan la forma de
splica con un lenguaje profundamente emotivo. No entregues a las aves de rapia la vida de tu trtola, ni
olvides sin remedio la vida de los pobres " (Sal 74,20). "Piensa en la alianza" (74,21).
A menudo una peticin viene razonada con motivos convincentes: A causa de tu nombre (Sal 79,9).
"Por qu han de decir las naciones: Dnde est su Dios?" (79,10). "Estamos saciados de desprecios
(123,3-4). "Ya no podemos ms (79,8). "Redmenos por tu amor" (44,27).
Tal como era de esperar, algunas veces la peticin se centra en una splica por el rey: Que tu mano
proteja al hombre que est a tu derecha, al hijo del hombre a quien has fortalecido (80,18). A menudo
encontramos splicas de venganza contra los enemigos, Hablaremos de ellas despacio cuando nos
refiramos a los salmos imprecatorios.
e.- La respuesta divina
La parte ms importante de la celebracin litrgica era la respuesta divina. El pueblo se reuna para
exponer ante Dios la prueba por la que estaba pasando y pedir ser liberado de ella. En ese momento,
despus de la peticin, la asamblea esperaba que Dios hablase de una u otra forma. Por ejemplo, en el
salmo 85, despus de la peticin: Haznos volver, se oye una voz en off, en forma de solo, que comienza
a decir: Yo escucho. Qu dice el Seor? El Seor habla de paz para su pueblo y sus amigos... (85,9).
Esta respuesta divina llega a travs del ministerio de los profetas del primer Templo, y de los
sacerdotes y levitas en el segundo Templo. En el pasaje de 2 Cr 20,3-17 vemos cmo el rey Josafat,
amenazado por los moabitas y amonitas decide recurrir a YHWH y proclama un ayuno. El texto bblico nos
conserva la oracin del rey en trminos detallados. Y despus, en medio de la asamblea, el Espritu de
Dios vino sobre Yehaziel. Este grit: Prestad odo... No temis, no os asustis ante esa horda inmensa. El
combate no es vuestro. Es el de Dios.
En los salmos se conserva raramente el orculo que era pronunciado en ese momento, o se hace
alusin a l (60,8-10; 81,7; 85,9-10). Sin embargo este orculo aparece a menudo en los textos profticos
(Is 33,10-13; Jr 4,1-2). Los salmos de lamentacin dejan tambin abierta la posibilidad de que Dios guarde
silencio (Hb 1,13b) o se envuelva en una nube que ninguna plegaria puede penetrar" (Lm 3,44).
F. SALMOS DIDCTICOS
1. Los Salmos didcticos como gnero literario
Hay una familia de salmos diversos que tienen un rasgo comn: reflexiones sapienciales, lecciones de
la historia, exhortaciones profticas, instrucciones litrgicas. Podramos llamarlos "Salmos didcticos".
En estos salmos lo didctico predomina sobre lo lrico. Ms que la transmisin de vivencias o
sentimientos, se trata de comunicar reflexiones y enseanzas. El maestro se dirige al discpulo, el padre al
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hijo, para impartir una enseanza que viene de la historia, o que viene de la observacin o del sentido
comn.
Dentro de esta familia incluimos los Salmos histricos, o narrativas hmnicas que describen los
acontecimientos decisivos de la Historia de salvacin, las "magnalia Dei" que se nos han conservado
tradicionalmente en el Credo histrico de Dt 26,5ss. Estos salmos no son meramente una narrativa
hmnica. sino que tratan tambin de sacar lecciones de la historia, haciendo de Israel y sus actitudes el
sujeto de una meditacin. La historia es la epifana de Dios y de su designio. Hay muchos fragmentos que
responden a este enfoque didctico de la historia, pero slo dos salmos ofrecen este gnero en de modo
totalmente desarrollado: 78 y 105.
2. Salmos sapienciales
Queremos estudiar ahora un tipo de salmos didcticos denominado "Salmos Sapienciales". Estos
salmos nos presentan un tipo nico de literatura, que supone el puente entre los poemas para el culto, y las
instrucciones sapienciales.
Los salmos sapienciales no tienen una estructura literaria fija. Algunos de ellos son alfabticos: 37, 112
y 119. El "mashal", (proverbio, dicho o sentencia), representa la forma ms antigua y simple de la literatura
sapiencial. La forma proverbial aparece frecuentemente en el Salterio, as como otras expresiones tpicas
de Sabidura tales como los macarismos, normalmente al principio del salmo (Felices los que... (Sal 1,1;
32,1; 112,1; 119,1; 128, 1...)
En los textos de la Sabidura se suele distinguir entre "dichos sapienciales" y "canciones sapienciales".
Ambos tipos aparecen en los salmos. En la pequea coleccin de cantos de peregrinacin, encontramos
unos cuantos dichos sapienciales, que no tiene relacin con el culto, tal como por ejemplo: "Si el Seor no
construye la casa en vano fatigan los albailes..." (Sal 127,1) o "Dichosos los que temen al Seor y siguen
su camino" (Sal 128,1). Estos salmos podran incluirse en el Libro de los Proverbios tal como estn sin
cambiar una palabra. Su presencia en el salterio es una prueba de que en los ltimos tiempos los Salmos y
la Sabidura llegaron a ser campos interrelacionados.
Segn Gunkel los salmos sapienciales carecen de "forma", y su medio de vida no es el culto. Estas
son dos caractersticas que los diferencian de los otros salmos. Tampoco los autores subsiguientes han
conseguido ofrecer una descripcin consensuada de las caractersticas comunes de estos salmos que nos
permiten identificarlos o catalogarlos como tales. Von Rad habla de "una cierta erudicin y cualidad
didctica, una preponderancia de pensamientos teolgicos..." El salmo ms caracterstico de este grupo
sera el salmo 1. Otros candidatos seran los salmos 32, 34, 37, 49, 112, 119 y 128. Muchos incluyen
tambin el salmo 73.
Recientemente muchos han protestado contra la tendencia a separar demasiado lo didctico de lo
cltico. Textos como Ex 12,25-27 (valor catequtico del Seder de Pascua para los nios) muestran cmo
los textos litrgicos tenan tambin una finalidad didctica. Las confesiones litrgicas de la fe sirven para
que los orantes se autoinstruyan en los artculos de su fe.
Adems no todo el culto en Israel tena lugar en el Templo. Tardamente se va generalizando un tipo de
culto privado. Daniel oraba y alababa a Dios tres veces diarias (Dn 6,10-11). El autor del salmo 119
presume de hacerlo siete veces al da (v. 164). La costumbre de repetir las palabras de la Ley da y noche
es a la vez meditativa y orante.
El salmo 1 parece haber sido puesto al principio del salterio intencionadamente como prefacio,
indicando al lector el modo como el salterio debera ser utilizado. El salmo 1 en s mismo no es una
oracin, no est dirigida a Dios. Opone el camino del malvado al del justo. Lo que caracteriza al justo es su
modo de meditar, recitar y deleitarse en la ley ("Ley" aqu tiene un sentido amplio, que no se reduce al
Pentateuco, y que de hecho incluye el Salterio mismo). Por supuesto este uso meditativo privado del
Salterio no excluye su otra finalidad de libro litrgico para el templo. Ambas finalidades no son in compatibles.
El deseo de utilizar el Salterio para este fin didctico-meditativo privado ha producido importantes
cambios en la edicin tarda del libro. Por una parte todo el conjunto ha sido precedido por un Salmo
sapiencial, el salmo 1, quizs compuesto especialmente para cumplir esta tarea. La presencia del salmo 1
al inicio da la tnica para una lectura meditativa del salterio, bien distinta de la aplicacin litrgica
tradicional. Esta misma tnica ha podido producir otros cambios en la edicin final del Salterio a) Ha
llevado a reordenar algunos salmos, para que sean ledos uno a continuacin de otro. b) Ha hecho
pequeas adaptaciones en algunos para que cumplan mejor su nuevo rol. c) Ha llevado incluso a incluir en
el Salterio salmos totalmente nuevos de carcter sapiencial.
a) Se pueden distinguir pequeos grupos de salmos que ledos consecutivamente tienen una unidad.
Whybray cita los salmos 90 a 92, 105 y 106.
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b) Pequeas adiciones tardas han podido favorecer esta actitud meditativa. Whybray cita el caso del
verso final del Sal 107, que es un canto de accin de gracias. El ltimo verso dice" "Hay algn sabio? Que
guarde estas cosas y comprenda el amor de YHWH". En el salmo 32 la accin de gracias es interrumpida
por una voz en off en los versos 8 y 9: "Voy a instruirte, a ensearte el camino a seguir..." El salmo 94, una
lamentacin, est interrumpido por una consideracin sapiencial en los versos 8-14: "com prended
estpidos del pueblo..."
c) Los salmos nuevos que quizs hayan sido introducidos en el salterio tardamente, seran los salmos
exclusivamente sapienciales 1, 32, 34, 37, 49, 112 y 128, as como el largusimo salmo 119 alfabtico (al
igual que el 37 y el 112). (Cf. R.N. Whybray, "The Wisdom Psalms", en J. Day ed., Wisdom in ancient
Israel, (Cambridge 1995).
3. El problema sapiencial de la retribucin
El gran problema que Israel lucha por resolver es el problema de la retribucin. Por qu si Dios es
justo, parece muchas veces que a los buenos les va mal en esta vida, y a los malos les va bien?
La respuesta tradicional es repetir la ideologa dominante: No es verdad; Dios premia a los buenos y
castiga a los malos. El sufrimiento es siempre un castigo por el pecado. El justo tendr riquezas y
abundancia. Supuesto que en la poca de redaccin del Salterio no existe todava una fe clara en el ms
all, los premios o retribuciones tienen que ocurrir ya en esta vida.
Cuando uno muere, "ya no existe ms" (Sal 39,14). Los difuntos bajan al sheol donde no se puede
decir que signa viviendo. Son sombras, sueos. En la muerte ya no hay recuerdo ni alabanza de Dios. "En
la muerte nadie de ti se acuerda; en el sheol quin te puede alabar?" (Sal 6,6).
El pensamiento hebreo no es muy filosfico, y no interesa demasiado por el tipo de existencias de
esas sombras. Aun suponiendo que se diera esa existencia, lo cierto es que a eso no se le puede llamar
"vida". Vivir es amar, es rer, es comer, es sentarse en el porche bajo la parra, es contemplar a los nietos
jugando, es or cantar a los pjaros, y por encima de todo es alabar a Dios. Ciertamente no hay nada de
eso en el sheol, sino polvo, tinieblas, silencio, olvido, sombras y sueo.
Por tanto los premios o castigos de YHWH no pueden aplazarse a la "otra vida", por no hay otra "vida".
Por eso la mayor desgracia es morir joven, y la mayor bendicin morir como Abraham "en buena
ancianidad, viejo y lleno de das" (Gn 25,8). Llegar a ver a los hijos de los hijos (Sal 128,6). "El temor de
YHWH prolonga los das; los aos de los malos son acortados" (Pr 10,27). Amando al Seor est tu vida y
la prolongacin de tus das" (Dt 30,20). De aqu la legendaria longevidad de los patriarcas. A medida que el
pecado va echando races en el mundo, la vida media de la humanidad se va acortando.
Por tanto Dios premia a los buenos aqu. Veamos cmo lo enuncia uno de los Salmos sapienciales:
"Dichoso el hombre que teme al Seor... Fuerte ser en la tierra su estirpe... Hacienda y riquezas en su
casa... No tiene que temer noticias malas... (Sal 112).
En el libro del Deuteronomio la promulgacin de la ley va acompaada de una serie de bendiciones y
maldiciones. Bendiciones materiales para los que cumplan la ley (Dt. 28,1-14), y maldiciones tambin
materiales para los que la incumplan (Dt 28,15-68).
Sin embargo con el paso de los aos, esta ideologa no supera la prueba de una confrontacin con la
realidad. La realidad es distinta. Hay justos que mueren jvenes, y malvados que vive muchsimos aos. La
contestacin de la ideologa tradicional vino a Israel en un momento clave de su historia. El peor de sus
reyes, Manass (2 R, 21, 2.11.17), fue el que rein ms aos, 55, y muri con 65 aos. Mientras que uno de
los mejores reyes, su nieto Josas, muri joven, a la edad de 39 aos.
La ideologa que postula premios y castigos en este vida se ve rebatida por los hechos. El que no
quiere comulgar con ruedas de molino tiene que reconocer que muchos justos mueren prematuramente y
muchos malvados mueren muy ancianos, en pleno disfrute de sus riquezas.
Job an a riesgo de escandalizar dio un vigoroso ments a la doctrina tradicional: El ha conocido
malvados "que mueren en pleno vigor, en el colmo de la dicha y de la paz, repletos de grasa sus ijares,
bien empapado el meollo de sus huesos" (Job 21,23-24; 21,30). Esto es lo que dice a Job la voz de la
experiencia, lo que cuentan los "viandantes". "No habis interrogado a los viandantes?No os han
pasmado los casos que os refieren?" (21, 29). "Cmo pues me consolis tan en vano? Pura falacia son
vuestras respuestas...!" (v.34).
Este escndalo est recogido patticamente en otro salmo sapiencial, el 73. El autor se siente tentado
a envidiar a los malvados. "Celoso estaba de ellos... No hay congojas para ellos, su cuerpo est sano y
rollizo, no comparten la pena de los hombres... Siempre tranquilos, aumentan sus riquezas" (73,3-5.12). El
salmista est a punto de escandalizarse como Job "Por poco mis pies se extravan. Poco falt para que mis
pasos resbalaran" (v.2). "Me puse a pensar para entenderlo, ardua tarea ante mis ojos!" (v.16). Pero no
tiene la valenta de Job, de rebelarse contra los consejos de sus amigos. La resistencia de Job a aceptar
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que sus sufrimientos tengan que ser necesariamente resultado de un pecado, parece una blasfemia a sus
amigos. Pero Job sabe que es mucho ms blasfemia creer que todo sufrimiento sea necesariamente un
castigo. El que piensa que Dios est de acuerdo con las injusticias que caracterizan el mundo presente, el
que se resigna piadosamente a esta situacin, est blasfemando de Dios.
La rebelda de Job contra Dios, es la afirmacin de una justicia divina superior, que no entendemos,
pero que no debemos explicar facilonamente con frases piadosas que no convencen a nadie. Por supuesto
el problema no encontrar una solucin hasta que en contacto con la filosofa griega el pueblo de Israel
venga a creer en la otra vida.
Esta creencia en la otra vida, donde se dar la verdadera retribucin, es muy tarda en Israel, y slo
aparece en la literatura de la poca helenstica, en los Macabeos, en Sabidura, en Daniel...
Por eso el autor del Salmo 73, falto todava de una verdadera respuesta al problema, despus de
haber sido tentado a rechazar la teora tradicional acaba aceptndola de forma no crtica, y dice: "Aunque
veces parece que a los malvados les va bien, al final son rechazados, empujados a la ruina... Pronto
quedan hechos un horror, desaparecen sumidos en pavores" (v.18-19). La presencia de esta teora
tradicional sera una prueba de la antigedad de estos salmos sapienciales, que contienen una sabidura
antigua, que todava no ha sido purificada por la prueba. La verdadera solucin no puede ser diferir la
justicia divina simplemente a un futuro dentro de nuestra realidad de hoy, sino a un futuro transcendente, a
otra vida ms all de nuestra vida y de nuestro tiempo
4. Un ejemplo de Salmo sapiencial: Salmo 37
Este es el caso del salmo 37. Desde el punto de vista temtico y formal tiene mucho en comn con la
literatura sapiencial. Pensemos por ejemplo en la exhortacin a no exasperarse por los malvados
(37,1) y a no envidiarlos
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rectos en su camino: 14; varn: 23. En un total de 21 designaciones se usan 11 trminos; el trmino "justos"
aparece 9 veces.
La mayor parte de las veces estos trminos aparecen contrapuestos de la siguiente manera:
a) los que esperan en YHWH / los inicuos (9)
b) humildes / malvados (10-11)
c) justos / malvados (12, 16, 17, 21, 32, 39-40)
d) pobres, indigentes, rectos en sus caminos / malvados (14)
e) ntegros / malvados, enemigos de YHWH (18-20)
f) benditos / malditos (22)
g) piadosos / estirpe de malvados (28).
2. Poseer la tierra o ser excluido:
La segunda contraposicin es entre el lexema "poseer la tierra"
Intuiciones espirituales
A. EL GRITO DE GUERRA
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M.L. King deca: El miedo llam a la puerta. La fe sali a abrir. No haba nadie. Y el libro de Judit:
Entonces mis humildes gritaron y sus enemigos se acobardaron. Mis dbiles clamaron y ellos quedaron
aterrados. Alzaron su voz y sus enemigos se dieron a la fuga (Jdt 16,11).
2. El grito de guerra y el arca de la alianza
Este grito de guerra estaba asociado a la presencia de Dios que se haca visible en el arca de la
alianza. Cuando el arca de la alianza lleg al campamento, todos los israelitas lanzaron un clamor que
hizo estremecer la tierra. Los filisteos oyeron este grito de aclamacin y dijeron: Qu significa esta gran
aclamacin en el campo de los hebreos? Y se enteraron de que el arca de YHWH haba llegado al
campamento. Temieron entonces los filisteos porque se decan: Dios ha venido al campamento. Ay de
nosotros! Nunca haba sucedido tal cosa Quin nos librar de la mano de ese Dios poderoso? (1 S 4,5-6).
Cuando el arca de la alianza estaba guardada en el templo de Jerusaln, el grito de guerra se utilizaba
tambin en las fiestas religiosas. Las fiestas se convertan as en un nuevo medio de vida para este grito
que haba tenido sus orgenes en el campamento militar.
Podemos ver este motivo en el evangelio de S. Lucas. Mara se nos presenta como la nueva arca de
la alianza. El Espritu Santo vendr sobre ti, y el poder del Altsimo te cubrir con su sombra" (Lc 1,35). Es
la nube que cubra la tienda de la reunin (Ex 40,34-35), y ms adelante el templo de Salomn (1 R 8,911).
Cuando Isabel vio que Mara vena a visitarla, dijo las mismas palabras que haba dicho David cuando
se enter de que el arca de Dios vena hacia l: Cmo es que el arca de Dios va a entrar en mi casas?
(2 S 6,9; Lc 1,43). Isabel celebr la llegada de Mara dando un gran grito" (Lc 1,42). "Mara se qued con
Isabel unos tres meses" (Lc 1,56). Es exactamente el mismo tiempo que el arca de la alianza permaneci
en casa de Obededom de Gat. (2 S 6,11).
3. La aclamacin y la liturgia del Templo
Como ya hemos dicho, el grito de guerra se lanzaba tambin en la liturgia del Templo. Encontramos el
verbo en los siguientes contextos:
"Todos los pueblos batid palmas (
),
aclamad ( a Dios con gritos de jbilo!" (Sal 47,2)
"Aclamad () a Dios toda la tierra,
cantad () a la gloria de su nombre
tributadle una alabanza a su gloria!" (Sal 66,1-2).
"Gritad de gozo () para Dios nuestra fuerza
aclamad () al Dios de Jacob!
Sonad la msica, tocad la pandereta,
el arpa y tambin la lira;
tocad el cuerno en la luna nueva
en la luna llena que es nuestra fiesta!" (Sal 81,2-4)
Aclamad () a Dios toda la tierra,
estallad () en gritos de gozo!
Cantad () a YHWH con la ctara, al son de instrumentos
al son de la trompeta y el cuerno
aclamad () ante la faz del rey YHWH!
Brame () el mar y cuanto encierra,
el orbe y los que lo habitan!
Aplaudan los ros (
),
que los montes griten de gozo ()!" (Sal 98, 4-8).
"Aclamad () a YHWH toda la tierra,
servid a YHWH con alegra!" (Sal 100,1-2)
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); cantadle un canto nuevo , tocad la msica ms bella en la aclamacin" (Sal 33,1-3). "Es
bueno dar gracias a YHWH, y tocar para tu nombre oh Altsimo, anunciar por la maana tu misericordia, tu
fidelidad por la noche, con la lira de diez cuerdas y la ctara, con arpegios del arpa " (Sal 92,2-4).
Esta es la razn por la que los judos queran ir al Templo en peregrinacin para participar en
aquellos momentos gloriosos de alabanza colectiva "Slo una cosa pido a YHWH, eso buscar, habitar en
la casa de YHWH todos los das de mi vida, saborear la dulzura del Seor y contemplar su templo" (Sal
27,4).
La msica era uno de los elementos ms importantes de aquella alabanza. Hemos visto ya hasta qu
punto los salmos fueron compuestos para ser cantados y acompaados por instrumentos. Nada menos que
19 instrumentos son mencionados en la Biblia. Entre los instrumentos de cuerda tenemos el arpa
(), la lira de doce cuerdas (), la lira de diez cuerdas (
), el lad
(). Entre los instrumentos de viento, la doble flauta ( ), el cuerno ( ), la trompeta
(), y el (flauta?). Haba tambin una gran cantidad de instrumentos de percusin,
como los cmbalos (), castauelas (), panderetas ().
El cuerpo, el alma, el espritu, el hombre entero en todas sus dimensiones, es invitado a participar en
la liturgia. Nuestro cuerpo, en tanto que sacramento de nuestro ser interior, debe expresarse en la oracin.
Si la oracin es una elevacin del espritu (A ti levanto mi alma": Sal 25,1), podemos expresar esta
elevacin alzando nuestros ojos como haca Jess (Jn 17,1). "A ti levanto mis ojos, a ti que habitas en el
cielo" (Sal 123,1).
Elevar nuestras manos es otra manera sugerente de dar expresin corporal a este movimiento
ascensional caracterstico de toda oracin. "As quiero bendecirte en mi vida y levantar las manos a tu
nombre" (Sal 63,5). Levantar las manos es un gesto paralelo al de la nubecita de incienso que sube hasta
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el cielo" (Sal 141,2). La palabra hebrea para la elevacin de manos es "palmas", indicando que las palmas
de las manos estaban dirigidas hacia el cielo.
Arrodillarse para adorar, incluso prosternarse, es la posicin caracterstica de la adoracin, hasta el
punto en convertirse en trmino tcnico para designar el culto dado a Dios (Gn 24,52; 2 Cr 7,3). La
prosternacin exige que la nariz llegue a estar en contacto con el suelo (Gn 18,22; Nm 22,31).
Danzar era tambin una expresin cultual. Dos veces en los salmos se nos invita a alabar a Dios con
la danza (Sal 149,3; 150,4). El libro de Samuel nos relata como David danzaba con todas sus fuerzas
delante del arca (2 S 6,14). Hay al menos diez races en hebreo que describen distintos tipos de danzas,
aunque no podamos identificar algunas de ellas: danza ordinaria ( ), rotativa ( ), a saltos
sobre el suelo (), a brincos (), hacia adelante (), saltar con los dos pies ( ),
girando (), a la pata coja (), en corro ().
3. La alabanza como don
La alabanza no brota de nuestros labios espontneamente. Es un don que recibimos del Seor. Por
esta razn es un don que tenemos que pedir con humildad. "Seor, abre mis labios y mi boca proclamar tu
alabanza" (Sal 51,17). Es el Seor mismo quien pode su alabanza en nuestros labios como un don "Puso
en mi boca un cntico nuevo, un himno a nuestro Dios" (Sal 40,4).
El mejor comentador de los salmos, San Agustn, ha dado una gran importancia a este tema del canto
nuevo (Texto 22). Y se pregunta varias veces en qu consiste este canto nuevo. Su respuesta es que slo
un hombre nuevo puede cantar el canto nuevo. La renovacin de nuestra liturgia y de nuestra msica
religiosa slo vendr como consecuencia de una renovacin del corazn del hombre por la gracia del
Espritu (Comentario al salmo 32, y 149).
Ms de una vez el salmista parece chantajear a Dios dicindole: "Te gusta la alabanza, haz esto por m
y te alabar". Pero esto hay que entenderlo ms profundamente con san Ireneo. Este nos dice que "gloria
Dei homo vivens". La gloria de Dios se produce cuando el hombre vive, consiste en que el hombre viva.
Cuanto ms abundante es la vida de Dios en nosotros, en mayor medida podremos alabar a Dios.
La alabanza es el desbordamiento de la vida que hay en nosotros, el resplandor del ser. El rey
Ezequas declara en su canto: "El sheol no te alaba, la muerte no te glorifica. El vivo, slo el vivo te canta,
como yo ahora, el padre ensea a sus hijos tu fidelidad" (Is 38, 18-19; Sal 6,6).
4. Un ejemplo de Alabanza: el Salmo 84
Hemos escogido como ejemplo de una himno de alabanza el salmo 84 que aparece en los laudes del
lunes de la tercera semana. Este salmo es un notable ejemplo de la devocin juda hacia el santuario de
Jerusaln. Lo hemos escogido para mostrar lo excitante que poda llegar a ser la experiencia de
peregrinacin que se anticipaba gozosamente antes de ponerse en camino, y culminaba al llegar a la vista
del Templo, donde tendran la oportunidad de participar en los cantos, en los sacrificios y en la plegaria.
A) NATURALEZA DEL SALMO
Aunque no forme parte explcitamente del grupo de "salmos de peregrinacin" o graduales (120-130),
en el fondo, en el contenido y en el estilo, encontramos aqu la oracin de un peregrino que expresa su
delectacin en el Seor. La alegra comienza en el momento en que se decide a partir (Cfr. Sal 122: "Qu
alegra cuando me dijeron vamos a la casa del Seor!"). Acompaa al peregrino a travs de las dificultades
del viaje y llega a su cumbre cuando visita el templo y puede tomar parte en la liturgia de alabanza.
Una manera de alabar a Dios indirectamente es alabando todo lo que le pertenece, el templo, la
ciudad santa, las bendiciones que emanan de ese lugar. El contexto podra ser la Fiesta de los
Tabernculos, si tenemos en cuenta la mencin de la primera lluvia. En esta fiesta se peda el don de la
lluvia, se celebraba la realeza de Dios y se ofrecan oraciones por el rey davdico.
2. ANLISIS LITERARIO DEL SALMO
En tres estrofas el poema va cantando el deseo del peregrino (2-5), el viaje (7-8) y su estancia en el
Templo con la plegaria por el rey (9-11). Todo termina con un canto de gozo por las bendiciones que
provienen de esa experiencia (12-13).
a.- Deseo y nostalgia de Dios
v.3.- Este salmo nos recuerda el 42-43, en el que el poeta exiliado aora los atrios del Seor, y se
identifica con la cierva que corre hacia las aguas. El salmo 84 utiliza la imagen del gorrin que es
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equivalente y est cargada de afectividad positiva. Es frecuente en la lrica el identificarse con los animales
que uno contempla, proyectando sobre ellos los propios sentimientos del poeta.
Ms adelante hablaremos de la experiencia del desterrado entre paganos que recuerda las fiestas
gozosas del templo y desea intensamente poder viajar a Jerusaln para poder participar en ellas de nuevo.
Esta nostalgia de la cierva est expresada en el salmo 84 mediante dos verbos: (nikhsaf) aorar y
(kalah) languidecer. Estos sentimientos afectan al hombre entero: alma, cuerpo y carne.
b.- El nido del gorrin
v.4.- El salmista envidia la suerte del gorrin que ha hecho su nido junto al altar. El nido expresa la idea de
residencia permanente (Nm 24,21, Abd 4, Hab 2,9), en contraste con la fugacidad de la visita del peregrino
que slo puede pasar unos das en el templo y debe regresar a vivir entre hombres malvados. "Dichosos
los que viven en tu casa alabndote siempre". Pero tambin, aunque menos, dichosos los peregrinos que
preparan sus viajes.
Encontramos en el salmo tres macarismos o bienaventuranzas, dos al principio y uno al final. Uno de
los macarismos se refiere a los que viven permanentemente en el templo (sacerdotes y levitas), el segundo
al peregrino que se pone en camino. Y sin duda que la mejor parte es la del que reside permanentemente
en el templo (Sal 65,5).
c.- La puesta en camino
v.6-. "Dichoso el hombre que encuentra en ti su fuerza al planear en su corazn una ascensin". El texto
hebreo tiene la palabra "ponerse en camino", pero los LXX y la Vulgata traducen por "ascensin", anbasis;
palabra tcnica para designar la peregrinacin. Preparar una ascensin es una expresin sugerente en la
vida espiritual, para unos ejercicios, un retiro, un tiempo de silencio... Desde el momento en que se
proyecta esta aventura espiritual, el alma se llena de gozo.
d.- El valle
v.7.- Este verso contiene 3 palabras que se pueden leer diferentemente: el valle de Baka' puede ser
el valle del terebinto o el valle de las lagrimas. Moreh puede significar "maestro" (LXX, Vulgata), o
"primeras lluvias". Hay finalmente un juego de palabras con las consonantes de , que pueden
leerse como berakah (bendicin) o berekah (alberca).
La idea general es que en mitad de un rido valle, o valle de sufrimientos, las primeras lluvias son un
signo de bendicin que el peregrino sediento encuentra a lo largo de su viaje. La transformacin del valle
seco en lugar de aguas nos recuerda el texto de Os 2.17, donde el valle de Akor (infortunio) se transforma
en Petah Tiqwah :
la puerta de la esperanza.
El segundo Isaas tambin ha contemplado el regreso del exilio como un camino a travs del desierto
en el que brota el agua, la tierra abrasada se torna en estanque y el suelo seco en aguas vivas (Is 35,6-7).
e.- Los baluartes
v.8a. "De baluarte en baluarte". Tambin aqu encontramos un juego de palabras. El verso se refiere quizs
a las diversas fortalezas por las que haba que pasar a lo largo del viaje, o a los baluartes de la ciudad que
el peregrino circundaba en el momento de llegar. Pero tambin se puede traducir "de altura en altura", de
fuerza en fuerza, , en el sentido de que el peregrino renueva sus fuerzas, porque no se fatiga. Su deseo
pone alas a sus pies (Cfr. Is 40,29-31). Cuando uno est muy ilusionado por algo parece que no siente en
absoluto la fatiga.
f.- Ver a Dios
v. 8b. "ser visto delante de Dios". Es una antigua variante para evitar la expresin "ver a Dios". El sentido
original guardaba semejanzas con la peregrinacin pagana en la que el peregrino al llegar al santuario vea
la estatua del dios. "Ver a Dios" se convirti en un sinnimo de visitar un santuario (Sal 42,3). La expresin
pertenece al mundo de los santuarios cananeos. Ms tarde los judos la consideraron teolgicamente
impropia, porque en Jerusaln no haba estatua de dios, y los escribas censuraron el texto simplemente
cambiando las vocales en el texto masortico, y poniendo "ser visto" en lugar de "ver": en vez
de ver, ser visto, se presentar.
g. La oracin por el rey
vv. 9-10.- Era corriente orar por el rey en el templo. El bienestar del rey era la garanta del bienestar del
pas. La palabra "nuestro escudo" puede ser leda como vocativo, referida a Dios; "Oh Dios, nuestro
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escudo, mira al rey!" (3,4; 18,3; 28,7), o como acusativo referido al rey: "Oh Dos, mira al rey, nuestro
escudo!". (Lm 4,20). En una lectura mesinica el cristiano de hoy invoca a Dios Padre y le pide que se fije
en el rostro de Cristo y derrame su gracia sobre su cuerpo mstico que es la Iglesia y la comunidad concreta
que est orando.
h.- Un da en tus moradas
v.11.- "Un da en tus moradas vale ms que mil". La palabra hebrea : he escogido, puede ir
unida a la lnea siguiente: "He escogido vivir en el umbral de la casa de Dios..." Pero quizs es un texto
corrompido, y habra que leer behadri: en mi habitacin. "Un da en tus moradas vale ms que mil en mi
habitacin. El contraste entre 1 y 1000 es convencional (Dt 34,20; Jos 23,10; Sal 90,4). La idea es que el
peregrino slo se puede quedar unos das en Jerusaln en contraste con los mil das que tiene que pasar
en su casa, junto a las tiendas de los malvados.
i. El umbral
v.11b. "Quedarse en el umbral", histofef Se trata de un hapax, derivado de la palabra : umbral. Esto
aade un contraste ms a la oposicin entre el Templo y la casa del peregrino. Es mejor vivir un solo da en
el umbral del templo (en el ltimo rincn), que mil das en el interior de mi casa, cmodamente arrellanado
junto a los malvados.
j. Sol y escudo
v.12. Dios es sol y escudo, segn el TM. Es el nico texto donde Dios recibe el nombre de sol. La versin
de los LXX es muy diversa. "El Seor ama la gracia y la verdad" y supone la traduccin de un texto hebreo
totalmente diverso del texto masortico actual.
k. ltima bienaventuranza
Termina el poema con la tercera de las bienaventuranzas aplicada al hombre que confa en el Seor.
La confianza en Dios es la fuente de la verdadera alegra. El peregrino est seguro de que su viaje
transcurrir sin percances, y esta seguridad es la causa de su alegra.
3. LA PEREGRINACIN TICA
Segn Schkel el ltimo verso introduce la idea de una peregrinacin tica. Los que marchan en la
honradez reciben del Seor favores, honor y bienestar. La estancia en el templo no es slo una vivencia
cltica, sino que tiene como consecuencia una vida tica ms exigente para el creyente. De nada servira
corretear por lugares santos si de hecho nuestra vida no se hace ms santa. El camino hacia Jerusaln
designa una vida de ascensin espiritual.
San Agustn ha escrito uno de sus comentarios ms inspirados a este salmo, describiendo la tensin
entre presencia y ausencia, posesin y nostalgia. San Juan de la Cruz en su "Subida al Monte Carmelo"
aplica estos trminos a la peregrinacin espiritual de todo cristiano. Por eso este salmo resulta muy
adecuado a la hora de comenzar alguna experiencia fuerte de oracin, como pueden ser unos ejercicios
espirituales y por supuesto podra ser un magnfico punto de partida para los que de hehcho emprenden
una peregrinacin a Tierra Santa o a visitar algn otro Santuario especial donde uno espera tener un
encuentro fuerte con Dios.
C) SALMOS Y SUFRIMIENTO HUMANO
1. Estereotipos y simbolismos
Uno podra esperarse que en los salmos de lamentacin las personas estn dispuestas a desahogarse
y expresar todo lo que estn viviendo sin freno ni inhibicin. Y sin embargo los salmos de lamentacin son
ms estereotipados que ningn otro tipo de salmo, sobre todo a la hora de describir el sufrimiento. Es difcil
saber a qu tipo de sufrimiento se refieren de hecho. En muchos casos el suplicante se queja a la vez de
enfermedades y de enemigos.
La mejor manera de comprender la naturaleza de la lamentacin es alcanzar una comprensin ms
profunda del sufrimiento humano. De cualquier forma como el sufrimiento pueda presentarse en nuestra
vida, enfermedad, catstrofe natural, guerras, persecuciones, soledad, el orden normal de las cosas es roto
y el desorden gobierna la vida del hombre. Este se siente tan turbado que no es capaz de reconocer la
causa de esta desgracia y no consigue definirla.
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Lo primero que hay que hacer es recurrir a un esquema de comportamiento religioso para cambiar
este peligro desconocido en una realidad conocida. Esto evita una angustia global que podra dominar su
inteligencia y paralizar su voluntad.
As este esquema comportamental, esta "forma", tiene una funcin creativa. Reconoce la situacin
imponiendo sobre ella una forma eficaz de reaccionar y al mismo tiempo adapta la situacin a nuestra
forma de reaccionar. Por consiguiente hay una laguna, una ausencia total de detalles concretos en la
descripcin del problema del suplicante. No se hace sino clasificar la situacin, para responder a la
interpretacin que parece sugerir el esquema general de comportamiento. Hay por tanto un movimiento en
dos direcciones. Por una parte a nivel de la conciencia es el esquema el que aparece, y por otra parte es el
esquema el que proporciona a la crisis sus caractersticas concretas.
Peter Berger ha descrito bien este caos que comienza a abrirse en nuestra vida. Pone el ejemplo de
una pesadilla. Terribles monstruos atacan la vida de un nio. Este horrorizado ante este caos incipiente,
invoca a su madre como sacerdotisa del orden que hay que salvaguardar. Toma al nio en los brazos, e
intenta que se vuelva a dormir con el eterno gesto de la Magna Mater o de nuestra Madona. Al hablarle, sus
palabras son invariablemente las mismas. "No tengas miedo. Todo est bien. Todo est en orden. El nio
recobra la confianza en el ser y se duerme de nuevo.
Recobrar la confianza en el ser, exorcizar el desorden con formas estereotipadas, es precisamente lo
que nos hace falta. Lo que nos amenaza no es un peligro que podamos designar con el dedo. Lo que nos
amenaza es la nada, el caos, la muerte que se anticipa en toda forma de enfermedad o de situacin de
debilitamiento.
Las enfermedades y los enemigos son manifestaciones de un mundo trascendente, que est habitado
por el mal con las caractersticas del sheol o el dominio de la muerte. Este es el esquema comn que se
presenta a las personas que se encuentran en una profunda angustia.
El dominio de la muerte se va imponiendo con autoridad sobre la persona que sufre. No se presta
atencin a los aspectos que nos permitiran describir la situacin desde nuestro punto de vista moderno. La
idea de una unidad rota o de una armona perturbada lo domina todo y cubre con su sombra las verdaderas
causas del mundo inmanente.
As toda enfermedad es considerada como signo de una muerte amenazante A nivel del simbolismo no
hay deferencia radical entre enfermedad grave y leve. Toda enfermedad es un anticipo de una muerte
cercana. En nuestro mundo reprimimos el miedo a la muerte evitando hablar de su posibilidad. El hombre
bblico mira cara a cara a la muerte cercana, reconoce su amenaza, anticipa su intervencin de modo que
pueda exorcizar as el poder de la muerte.
2. La Amenaza del Caos
El caos en el libro del Gnesis se describe como "tohu wabohu" (Gn 1,2). Un abismo profundo de
aguas revueltas que abre su garganta para tragarnos. El diluvio se describe en la narracin sacerdotal
como el retorno del mundo al caos primordial. Este caos que se inicia en nuestra vida se designa como
"Aguas turbulentas". "El abismo llama al abismo con el estrpito de su cascada. Todas tus olas han pasado
encima de m" (Sal 42,8). "Slvame, oh Dios porque las aguas me han entrado hasta mi garganta. Me
hundo en la cinaga, y no tengo ningn asidero. He entrado en el abismo de las aguas y las olas me
sumergen" (Sal 69, 1-2). "Las aguas me haban rodeado hasta la garganta. El abismo se abra a mis pies.
Un alga estaba enredada alrededor de mi cabeza, en la raz de las montaas" (Jon 2,6-7). Para un vista de
conjunto de la referencias bblicas sobre este tema, ver la nota del Salmo 18, verso 5, en la Biblia de
Jerusaln.
El abismo que se abre a mis pies se llama "sheol" o "pozo". "Mi alma est repleta de males y mi vida
est al borde del sheol; ya me cuento entre los que descienden a la fosa, soy un hombre acabado... Me
has rechazado al fondo de la fosa, en las tinieblas, en los abismos..." (Sal 88, 4. 7). "Me envolvan los lazos
del sheol, delante de m las trampas de la muerte" (Sal 18,5). La boca de los enemigos es tambin como
una tumba abierta (Sal 5,10). La boca del mentiroso es como la garganta de un animal salvaje que quiere
devorarnos (Sal 14,4). Y detrs de todos estos enemigos, el mar que siempre est presto a tragarse la
creacin entera (Sal 104,9).
El sheol est situado en alguna parte del interior de la tierra. La tierra es como un disco plano que flota
sobre las aguas. Por eso las aguas pertenecen tambin al dominio de la muerte, y estn habitadas por
Leviatn y toda clase de monstruos como los que intervienen en nuestras pesadillas. Emergen desde un
abismo profundo por debajo de nuestros pies que chapotean y vienen a tragarnos enteros.
Leviatn est ya presente en la literatura ugartica. Se le describe como la serpiente fugitiva, el dragn
marino (Is 27,1). No es de extraar que en el libro del Apocalipsis, cuando se nos describe el cielo nuevo y
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la tierra nueva, se nos dice que el reino del dragn ha sido abatido para siempre y que "ya no hay mar" (Ap
21,2).
El pozo se nos describe como una trampa. "Nuestra alma ha escapado como un pjaro de las redes
del cazador. La red se ha roto y hemos podido escapar" (Sal 124,7). Otra imagen favorita para la amenaza
de la muerte es la de la cinaga" (Sal 69,3), las arenas movedizas. "Me sac de la fosa fatal, de las aguas
cenagosas" (Sal 40,3). Estas dos imgenes tienen algo en comn. Son situaciones en las cuales yo no me
puedo librar a m mismo. Es solamente otra persona la que me puede librar de la red o de la cinaga. Mis
esfuerzos por salir slo sirven para enredarme ms en la tela de araa. Mis chapoteos para salir de la
cinaga no hacen sino hundirme ms an. La salvacin es una realidad trascendente. Es Dios quien debe
desenredarme y romper la red. "Nuestro auxilio es el nombre del Seor que hizo el cielo y la tierra" (Sal
124,8).
Esto no quiere decir que el hombre no pueda recurrir a toda clase de medios humanos para salir de la
situacin. Combate con los enemigos, se somete a un tratamiento mdico. Pero slo Dios puede salvarle
de esa dimensin trascendente del mal que ha hecho su aparicin en mi vida a travs de las mediaciones
de la enfermedad o de la persecucin.
3. Descripcin del sufrimiento
Es cierto que el salmista no nos da ningn indicio sobre la naturaleza y las causas de su sufrimiento.
Slo a grandes rasgos describe los sntomas, y la manera de sentirse. Podemos recordar la descripcin que
San Ignacio nos da sobre la desolacin, incluyendo todo tipo de matices. Veamos algunas de las
caractersticas ms dramticas:
"Estoy en el abismo de las aguas y las olas me sumergen" (Sal. 69,2).
"Me canso de llorar, mi garganta arde, mis ojos se consumen de esperar a mi Dios" (Sal 69,3).
"Me siento sin fuerza, mis huesos estn dislocados" (Sal 22,15).
"Mis pecados me sobrepasan la cabeza, como un fardo demasiado pesado para m. Mis llagas hieden y
estn podridas a causa de mi locura: encorvado, abatido totalmente, sombro ando todo el da" (Sal 38,5-7).
"El corazn me traquetea, mis fuerzas me abandonan, me falta la luz misma de mis ojos" (Sal 38,11).
"Estoy cerrado y sin salida, mis ojos se consumen por la desdicha" (Sal 88,9).
"Has alejado de m amigos y compaeros, y me has hecho un espanto ante sus ojos" (Sal 88,9).
Mencionemos los distintos rasgos que se han utilizado en este cuadro tan sombro:
1.- Sin punto de apoyo, si estabilidad, cinaga, no hacer pie...
2.- El agua me llega a la garganta, me encuentro ahogado.
3.- Asfixia, respiracin difcil, angina de pecho ...
4.- Debilidad, falta de nimos.
5.- Un fardo sobre mis espaldas que me dobla en dos.
6.- Oscuridad, falta de luz en mis ojos. Imposible ver el camino.
7.- Desmoronamiento, deterioro progresivo.
8.- Culpabilidad, desprecio propio, echar de s mal olor, peste.
9.- Soledad. Estar arrancado de entre los hombres, marginalidad.
10.- Miedo del futuro, traqueteo del corazn, temblor de rodillas.
11.- Estar cerrado y sin salida.
4. Enfermedades y enemigos
A menudo en el mismo salmo el orante se queja de dos cosas distintas, enfermedades y enemigos
(Sal 22,13-19; 38,6.8.12.20; 41,4.6-8; 102,4-9). Cmo podemos explicarnos la aparicin simultnea de
estos dos males en la misma oracin?
Puede ser que los dos se usen en sentido simblico, como dos juegos de imgenes para describir el
sufrimiento. Pero podemos intentar buscar una relacin ms profunda entre la enfermedad fsica y el odio.
Son nuestras relaciones deterioradas las que nos hacen enfermarnos, y son nuestras enfermedades las que
nos llevan a un deterioro de nuestras relaciones.
Hay un lazo profundo entre enfermedad y hostilidad. El odio que los otros nos tienen puede
enfermarnos, incluso sin necesidad de recurrir a la magia negra y a clavar alfileres en un muequito. Por
otra parte es tambin cierto que "una persona enferma se va progresivamente separando de la sociedad,
de su familia y de sus amigos. "Una desgracia nunca viene sola". Enfermedad, soledad, pobreza, mala
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conciencia... "Amigos y compaeros se alejan de mis llagas, hasta los ms prximos se quedan a distancia;
maquinan los que buscan mi alma, y los que traman mi mal hablan de ruina" (Sal 38,12-13). "De todos mis
opresores me he hecho el oprobio, asco soy de mis vecinos, espanto de mis familiares. Los que me ven en
la calle huyen lejos de m; dejado estoy de la memoria como un muerto, como un objeto de desecho" (Sal
31,12-13). "Alejas de m amigos y compaeros. Mi compaa son las tinieblas. (Sal 88,19). "Me parezco al
bho del yermo, igual que la lechuza en las ruinas. Insomne estoy y gimo como el pjaro solitario en el
tejado" (Sal 102, 7-8).
La descripcin de la enfermedad fsica en los salmos alude siempre a un estigma social o psicolgico
que lleva consigo la enfermedad. La marginacin es su consecuencia. El boicot de la sociedad contra los
enfermos aumenta enormemente el sufrimiento. El enfermo debe soportar los dolores fsicos l solo. En las
descripciones de los salmos podemos a veces encontrar rasgos de sntomas tales como la fiebre, dolor de
piernas, inflamacin de ojos. Pero no olvidemos que estos rasgos pueden tener un significado meramente
simblico, las piernas sufren a causa de la tensin, y los ojos sufren a causa de las lgrimas sin que ellos
mismos estn enfermos.
"Soy como agua derramada, todos mis huesos se dislocan, mi corazn es como cera en el fondo de
mis entraas, mi paladar est seco como una teja, y mi lengua se me pega al maxilar" (Sal 22,15-16). "Mis
riones arden de fiebre, no hay nada intacto en mi carne; roto, aplastado, acabado; me hace rugir la
convulsin del corazn" (Sal 38, 8-9).
Las lgrimas son la expresin ms frecuente del sufrimiento, y llenan el libro de los Salmos. "Estoy
extenuado de gemir, bao mi lecho cada noche, inundo de lgrimas mi cama. Mi ojo est corrodo por el
tedio, ha envejecido entre opresores" (Sal 6, 7-8). "Estoy exhausto de gritar, arden mis fauces, mis ojos se
consumen de esperar a Dios" (Sal 69,4). Pero el orante siempre derrama su corazn delante de un Dios
que "recoge las lgrimas en su odre" (Sal 56,9).
Inconscientemente tendemos a referir siempre la desgracia al pecado, aunque conscientemente
reprimamos esta referencia. El sufrimiento fsico desencadena en nosotros un proceso de acusacin y
pecado. La acusacin de mismo, de los otros, y para acabar la acusacin contra Dios. El sufrimiento me
lleva a condenarme a m mismo y a justificarme condenado a los otros. Deberamos negarnos a entrar en
este proceso, lo mismo que Job se negaba a aceptar las razones de sus "amigos".
"Despreciable y desecho de hombres, varn de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien
se oculta el rostro, despreciable y no le tuvimos en cuenta... Nosotros le tuvimos por azotado, herido de
Dios y humillado (Is 53, 3.5).
En la teologa del Antiguo Testamento sufrimiento, enfermedad y pecado estn siempre estrechamente
ligados. El pecador es castigado con la enfermedad, y todo enfermo debe de haber pecado. Un pecador no
es digno de relacionarse con otros miembros de la comunidad. Por consiguiente el que sufre es
abandonado por sus amigos y compaeros de culto. A sus ojos parece que incluso se hubieran convertido
en sus enemigos. Y lo que es ms, se siente abandonado por Dios. La enfermedad es como el sacramento,
la manifestacin visible del pecado en nuestras vidas. Un camino de salida para esta situacin es la
confesin de los pecados. La confesin abre al pecador para que pueda tener "el son del gozo y la alegra,
y se alegren los huesos quebrantados" (Sal 51,10). Es lo que sucede en los siete salmos penitenciales.
O bien hay otra alternativa. Insistir sobre la inocencia como Job, y abrirse a la nueva interpretacin de
un sufrimiento redentor. Esta interpretacin nos lleva ya al umbral del Nuevo Testamento.
D. EVITAR LA CONNIVENCIA
1. Los textos bblicos
Un fenmeno comn en los salmos es la afirmacin del salmista de que no tiene nada que ver con los
malvados y se esfuerza siempre por evitar tener contactos con ellos.
"Hazme justicia, YHWH, pues yo camino en mi entereza...
No voy a sentarme con los falsos,
no ando con hipcritas,
odio la asamblea de los malhechores,
y al lado de los impos no me siento.
Mis manos lavo en la inocencia,
y ando en torno a tu altar." (Sal 26,1.4-6).
"No dejes que tienda mi corazn a cosa mala
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esfuerzos por frecuentar su compaa, por conseguir entrar en su crculo. Desean comprar su peridico o
ser presentados en el curso de una recepcin.
El hecho de ser un canalla no incurre ningn castigo social. No debera ser la sociedad ms
coherente condenado a estas personas al ostracismo, como el verdugo en la Edad Media, abandonado por
sus conocidos, y rechazado si se atreva a acercarse a una mujer respetable?
No es deseable que la misma persona disfrute a la vez de las ventajas de la tirana y de las ventajas
de ser bien considerado entre sus iguales. Los pecadores que Jess frecuentaba eran personas excluidas
de la sociedad. Las gentes honradas evitaban su compaa. No podemos poner en el mismo nivel la
situacin del Evangelio con la de los pecadores de hoy que son a menudo personas respetables,
influyentes. Los pecados de los publicanos y de las prostitutas incurran un estigma social, y este no es el
caso de nuestros pecadores pblicos y polticos corrompidos, estrellas de cine que tramitan su quinto
divorcio y periodistas deshonestos.
Cmo debemos comportarnos frente a gente perversa que son poderosos y se enriquecen
impunemente? Si son personas marginadas, pobres y miserables, cuyas transgresiones evidentemente no
han pagado, entonces Jess ya nos ha mostrado cmo comportarnos con ellos. El mdico no ha venido
para los sanos sino para los enfermos. Esos publicanos cuya mesa frecuentaba Jess eran como el
verdugo, gente fuera de todos los crculos sociales decentes. Jess no frecuentaba su compaa para
obtener de ellos contribuciones substanciales para los pobres, o fondos para una asociacin caritativa.
Es diferente nuestra situacin de hoy? Mucha gente tiene un deseo irresistible de encontrarse por
curiosidad o por vanidad con gente famosa o importante, incluidos aquellos cuya conducta desaprueban.
Eso les da tema de conversacin, o un tema para escribir a propsito. Piensan que ser saludado por la
calle por esta gente clebre, aunque infame, es una nota de distincin.
Un cristiano debera ser prudente y evitar todo lo posible el encuentro con personas brutales, lascivas,
crueles, deshonestas. No porque nosotros seamos demasiado buenos para ellos, sino porque no somos
suficientemente buenos para enfrentarnos con todas las tentaciones, ni suficientemente astutos para
encarar todos los problemas que una velada en su compaa puede plantear.
La tentacin es la connivencia con ellos. Por nuestras palabras, nuestra manera de sonrer,
aprobamos. Escuchamos historias odiosas como si fuesen divertidas. Calumnias infames sobre personas
ausentes disfrazadas de un humor condescendiente. Las cosas que tenemos por ms sagradas se
convierten en sus labios en temas ridculos. La crueldad es abiertamente preconizada bajo la excusa de
que su contrario es sentimentalismo. La posibilidad de una vida honrada no es que se excluya propiamente
-esto la hara al menos objeto de un debate-, sino que se tiene por algo inverosmil, idiota y creble slo por
los nios.
Qu hay que hacer? Una participacin acrtica refuerza el poder del enemigo. Renegamos de nuestro
Maestro, y nos comportamos como si no creyramos en sus sistema de valores.
Hay que mostrarse agresivos, interrumpiendo el hilo de la conversacin mostrando continuamente
nuestro desacuerdo? Este tipo de reacciones nuestras vendra a confirmar su sospecha de que somos unos
beatos escandalizables y maleducados.
El silencio podra ser un buen refugio. En ocasiones podremos mostrar nuestro desacuerdo sin que
parezca suficiencia, dando razones y argumentos sin aire dictatorial. Quizs obtengamos el apoyo de
alguno de los miembros del grupo en quien menos se nos ocurrira pensar y surja una discusin
interesante. Quizs la misma persona que nos contradice en este momento puede haber sido influenciada
por lo que hemos dicho, aunque en ese momento no lo quiera reconocer.
En cualquier caso hay situaciones tan graves que exigen de nosotros una protesta formal en toda
regla, aunque podamos parecer autosuficientes. Si lo furamos disfrutaramos oponindonos. Si nos cuesta
tener que llevar la contraria es una buena prueba de que en realidad no somos suficientes, sino
simplemente amamos la verdad.
Lo que hace nuestro contacto con este tipo de gente tan difcil es que requiere no slo buenas
intenciones, humildad y valenta, sino tambin cualidades sociales que qui zs Dios no nos haya dado. No
es por autojustificacin sino por simple prudencia por lo que deberamos evitar su compaa todo lo ms
posible. Y lo hacemos no porque seamos demasiado buenos para ellos, sino porque no lo somos
suficientemente. Porque nos sentimos dbiles en su presencia, y tenemos el peligro de caer en las trampas
que nos tienden.
Cuando al rezar el Padrenuestro digo: No nos dejes caer en la tentacin, lo que estoy diciendo es:
Lbrame de esas invitaciones gratificantes, de esos contactos interesantes, de esa participacin que tanto
deseo, pero con tanto riesgo.
Espero que estas reflexiones que he tomado casi literalmente de Lewis nos ayuden a leer los textos de
los salmos en la perspectiva apropiada, como algo que no hay que despreciar ni rechazar como si fuese
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una reliquia del Antiguo Testamento desfasada hoy despus de la revelacin del amor de Jess por los
pecadores.
E. RETRIBUCIN Y JUICIO
1. El problema de la retribucin
Otro problema importante en el que coinciden los salmos y la literatura sapiencial es el tema de la
oposicin entre el justo y los pecadores. El salmo 37, que hemos estudiado anteriormente, es en su
conjunto la enseanza que un sabio dirige a su auditores que no dejan de atormentarse a causa de los
malvados. El autor hace ver claro que finalmente Dios castigar a los malvados y salvar a los justos.
Sin cambiar una sola palabra este salmo podra haber aparecido en el libro de los Proverbios. El hecho
de que haya sido incluido aqu en el Salterio muestra cmo en un periodo tardo la frontera entre salmos y
sabidura se ha hecho muy fluida.
El contraste entre los buenos y los malvados ha ocasionado la aparicin de un grupo de salmos
especiales: 1, 37, 73, 112, 128, de los que ya hemos hablado. Insistiremos en este tema sapiencial que es
importante para la comprensin de los Salmos y de la Sabidura, recordando que en aquel tiempo no haba
una espera definida de una vida despus de la muerte en la que el destino del justo y del impo habran de
ser invertidos. Premios y castigos deban ser otorgados en vida. Despus de la muerte, no queda nada de
m (Sal 39,14). Los difuntos descienden al Sheol donde propiamente no se puede decir que vivan (Is
38,18). En la muerte no hay ya recuerdo de ti, en el Sheol quin te alabar? (Sal 6,6).
La teora tradicional de que recompensas y castigos se dan aqu abajo no aguanta una encuesta
crtica. Es evidente que en esta vida no hay relacin ninguna entre pecado y sufrimiento. Los justos mueren
jvenes mientras que nos pecadores alcanzan los cien aos- Job se niega a aceptar la doctrina tradicional.
Los hechos la desmienten continuamente. Los impos acaban su vida felices y se van al Sheol en paz"
(Job 21,13).
Pero hemos visto que los salmos reflejan generalmente la visin tradicional sobre la retribucin. Era
joven ahora soy viejo, nunca he visto que el justo haya sido abandonado, ni a su descendencia en busca de
pan (Sal 37,25).
Sin embargo ciertos salmistas, a la vista de la prosperidad evidente de numerosos impos, se
muestran escandalizados y ofendidos. El salmo 73 es uno de los afectados por el escndalo. Por poco mis
pies se extravan, nada falt para que mis pasos se resbalaran, celoso como estaba de los arrogantes, al
ver la paz de los impos (Sal 73,2-3). Miradlos, esos son los impos, y siempre tranquilos aumentan su
riqueza. As que en vano guard el corazn puro, mis manos lavando en la inocencia! (Sal 73, 12-14).
No es fcil responder al problema que plantean estos salmos: Me puse a pensar para entenderlo,
ardua tarea ante mis ojos! (Sal 73,16). Envidiar la suerte de los impos? Esta tentacin nos recuerda las
palabras del hijo mayor en la parbola del Hijo prdigo. El hijo mayor tiene envidia de su hermano
pequeo, que se lo ha pasado tan bien, malgastando el dinero con mujeres, mientras que l trabajaba cada
da en la casa. Las palabras de su padre intentan hacerle consciente del hecho de que vivir con el Padre es
una vida mucho ms dichosa que la del hijo pequeo. Hijo t siempre has estado conmigo, y todo lo mo
es tuyo... Valoras ms el cabrito que el haber vivido siempre conmigo en mi presencia?
El Padre de la parbola parece citar la respuesta que da el autor del salmo 73 cuando resolviendo su
problema acaba diciendo a Dios: Yo estoy siempre contigo. Me has tomado de la mano derecha... Quin
hay para m en el cielo? Estando contigo no encuentro gusto en la tierra. Mi carne y mi corazn se
consumen. Roca de mi corazn, mi porcin, Dios por siempre (Sal 73 23-26). El Seor es la parte de mi
herencia y mi copa. T mi suerte aseguras. La cuerda me asigna un recinto de delicias, mi heredad es
preciosa para m (Sal 16,5-6). "Hartura de goces delante de tu rostro, a tu derecha delicias para siempre"
(Sal 16,11).
Cmo puede ser que quien ha gozado de delicias eternas envidie la suerte del miserable hijo prdigo,
por ms que haya gozado con los placeres que le produjo malgastar su herencia? La alegra de llevar una
vida honesta debera ser en s misma una recompensa suficiente, y nos debera llevar a compadecer a
aquellos que nos han tenido la gracia de gustar la plenitud de vida que nosotros mismos gustamos.
2. El justo y el impo
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En numerosos salmos hay una neta distincin entre el justo y el impo. El salmo 1 nos da las
caractersticas de ambos e insiste en la diferencia de sus destinos. En otro salmo un justo que sufre se
queja de las agresiones del impo... Quines son los justos y quines son los impos?
Para los justos tenemos el trmino tsadiq, y muchos otros sinnimos o palabras relacionadas: hasid,
piadoso, yir'e Adonai, temerosos de Dios. En el contexto de los Macabeos, los hasidim o piadosos eran los
pre-fariseos que se oponan a cualquier componenda con la cultura griega y constituan una secta radical
en el interior del pueblo. Antes del exilio representaban la comunidad fiel, que haba puesto su confianza en
el Seor. No pueden ser identificados con una secta o con un partido, sino que representan a toda la
comunidad orante. Ese nombre parece aludir tambin a la humildad o abajamiento ante Dios. Son los
= anawim, pobres de espritu que en la necesidad y la angustia ponen su confianza en Dios.
Se les suele describir como oprimidos por los impos.
Paralelamente, los impos o aparecen como enemigos de los justos y son evidentemente
extranjeros hostiles a YHWH y a su pueblo. No se preocupan por Dios, y basan su fuerza en su propio
poder (Sal 28,5). En algunas ocasiones pueden representar casos en los que la solidaridad religiosa ha sido
rota en el interior del propio pueblo, como resultado de la contaminacin de cultos cananeos o helensticos.
En este caso los impos no son ya extranjeros, sino miembros de Israel.
Los justos proclaman su inocencia. Sus atestaciones a veces pueden escandalizar los odos modernos.
Jzgame, oh Dios, segn mi inocencia (Sal 7,9). "Me pruebas en el crisol sin hallar nada malo en m, mi
boca no claudica al modo de los hombres (Sal 17,3). Yo marcho en mi perfeccin... mi pie se mantiene en
el camino recto (Sal 26,11-12).
Esto nos puede recordar la oracin del fariseo del evangelio de Lucas: Te doy gracias, Seor, porque
no soy como los dems hombres... (Lc 18,11). Pero la situacin del salmista y la del fariseo no son
idnticas. Al fariseo no lo acusaba nadie. Su proclama de inocencia es gratuita, mientras que en el contexto
de los salmos se trata de un tribunal ante el cual el justo ha sido injustamente acusado. Aqu no se trata de
reconocerse humilde, sino de proclamar la propia inocencia.
Es importante distinguir entre la conviccin de ser inocente, de tener razn, y la conviccin de ser
justo. Ninguno de nosotros es justo ("ningn viviente es justo ante ti" Sal 143,2). Pensar que uno es justo es
slo una ilusin. Pero probablemente todos, en algn momento u otro hemos tenido la conviccin de tener
la razn en algn pleito determinado. Aun el peor de los hombres puede llevar la razn en un litigio con la
persona ms santa. En ese litigio concreto la calidad de la persona no tiene nada que ver con la justicia del
caso.
Consiguientemente no debemos suponer que el salmista se equivoca o miente cuando declara que
contra ese enemigo concreto, y en ese caso concreto, tiene toda la razn. El que se expresen del modo
como lo hacen puede dar la impresin de que son personas malhumoradas, amargadas... Pero cuando uno
ha sufrido una gran injusticia no podemos exigirle que sea amable y risueo.
Es curioso que no solemos hacer protestaciones de inocencia en nuestras oraciones. Incluso nos
escandalizamos de que alguien se declare inocente, pero no somos ms humildes que l. Nos adelantamos
a confesar que somos pecadores pero no solemos entrar en detalles. Decir que se ama a todo el mundo
puede ser una excusa para no amar a nadie en concreto. Decir que uno es un gran pecador puede ser una
excusa para no reconocer ningn pecado en concreto.
Si soy capaz de decir: No he actuado bien en esta circunstancia concreta y particular, debo poder
decir tambin: Esta vez he hecho lo que tena que hacer en esta otra circunstancia. El salmista es capaz
de confesar sus pecados y su inocencia. Nos estimula a evaluar nuestras propias acciones en concreto y a
no quedarnos en vaguedades, en sensaciones generales de inocencia o culpabilidad que no distinguen
entre los diversos juicios morales que merecen nuestras diversas acciones. Debo ser capaz de distinguir
siempre cuando me he portado mal con otros y cuando son ellos los que se han portado mal conmigo.
3. El juicio en los salmos
"El da del Juicio es normalmente para el cristiano un da de clera, un da terrible. La literatura y el
arte cristiano nos han descrito este terror a lo largo de los siglos. Esta actitud remonta a la enseanza del
Seor, sobre todo a la terrible parbola de las ovejas y los cabritos.
Y sin embargo vemos cmo el Salmista habla del juicio de Dios como una ocasin de gozo. Que las
naciones canten de alegra porque juzgas al mundo con justicia (Sal 67,5). Que exulte la tierra ante la faz
de YHWH, porque viene, porque viene a juzgar la tierra, juzgar al mundo con justicia y a los pueblos con
verdad (Sal 96,12-13). Jzgame segn tu justicia, YHWH mi Dios (Sal 35,24).
La razn de esto es muy simple. Tanto el cristiano como el judo presentan el juicio de Dios como un
juicio en un tribunal de este mundo. La diferencia est en que el cristiano se imagina que l es el acusado,
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mientras que el judo se ve a s mismo como el demandante. Uno espera ser absuelto o mejor an, ser
perdonado, mientras que el otro espera un triunfo resonante con abundantes compensaciones.
Como verdadero judo que era, el Seor ha contado la parbola del juez inicuo en los trminos tpicos.
El juez es injusto porque retrasa indefinidamente el proceso. No es como esos otros jueces malvados que
presionan a los testigos o al jurado para condenar y castigar a los inocentes. La parbola del evangelio es
claramente una demanda civil. La pobre mujer ha visto como su propiedad ha sido arrebatada por un
vecino ms rico y poderoso. Ella sabe que su caso es clarsimo, con tal que pudiera presentarlo ante el
tribunal para ser juzgada segn las leyes del pas. Pero nadie la escucha. No consigue que empiece el
proceso. No es de extraar que quiera ser juzgada. Pero por desgracia hay que pagar al juez, o si no el
caso nunca llegar a ser visto en el tribunal.
No hay que extraarse de que los salmos y los profetas expresen el deseo ardiente del juicio, y que el
anuncio de que por fin llega el juicio sea una buena noticia. Millares de gentes despojadas de todo lo que
posean, no tienen miedo del juicio. Saben que su caso es inapelable con slo que fuesen escuchados.
Cuando Dios venga a juzgar, llegar la hora en que se les escuche.
Dios es el vengador de la sangre, se acuerda de ellos, no olvida el grito de los pobres (Sal 9,13). T
escuchas el deseo de los humildes, YHWH , t fortaleces su corazn, tiendes a ellos tu odo, para juzgar al
hurfano y al oprimido (Sal 10,17-18). Dios se alza para juzgar y salvar a todos los humildes de la tierra
(Sal 76,10).
El juez justo nos es presentado ante todo como el que devuelve los derechos en un tribunal civil. Los
cristianos imploran la misericordia de Dios en vez de su justicia. El salmista pide la justicia en vez de la
injusticia. El juez divino es el defensor, el salvador, el caballero de las novelas de caballera que salva a
doncellas y viudas de las manos de gigantes y engendros.
C.S. Lewis en quien nos estamos inspirando en todo este captulo dice que la imagen cristiana del
juicio es ms profunda y segura para nuestras almas, pero la visin juda viene a completarla en un punto
importante.
Lo que nos hace temblar en la visin cristiana del juicio es la infinita pureza de las normas que van a
ser utilizadas para juzgarnos. Nadie obtendr nunca esta extrema pureza por mucho que se esfuerce, y por
eso tenemos que implorar la misericordia divina, y poner nuestra esperanza en los mritos de Cristo y no
en nuestras obras.
Pero la visin juda de un proceso civil nos recuerda que a menudo no slo pecamos contra la norma
divina, sino tambin contra las normas humanas de lo que es justo e injusto, la que todo ser razonable
acepta y la que nosotros mismo queremos imponer a los otros. Casi seguro que hay demandas humanas
insatisfechas de unos contra otros. Hemos alcanzado siempre no digamos ya la caridad y generosidad,
sino la honradez y la equidad en nuestras relaciones patrono-empleado, marido-mujer, padre-hijo?
Naturalmente tendemos a olvidar la mayor parte de las ofensas que hemos infligido pero las personas
heridas no las olvidan, incluso aunque las perdonen. Pocos de entre nosotros habrn dado siempre a sus
clientes, alumnos, pacientes, la plena medida de aquello por lo que nos han pagado.
Como cristianos deberamos arrepentirnos de toda la clera y la malicia que han causado nuestra
disputas y querellas. La cuestin importante es sta. Si ha habido una disputa, has disputado de un modo
leal, honesto? Has sido manipulador? Has pretendido que estabas herido en tu sensibilidad y en tus
sentimientos ntimos, para enmascarar los celos, la vanidad y la ambicin?
A veces ganamos con trampas. Pero esta falta de nobleza duele profundamente a los otros. Nunca
seremos capaces de enfrentarnos con el juicio de Dios segn las normas divinas, pero seremos capaces de
ser juzgados segn las normas humanas, cuando el demandante no es Dios sino las personas con quienes
nos hemos portado mal? Esta manera de encarar el juicio me da miedo, o por el contrario espero con gozo
de Dios porque estoy convencido de que yo llevaba la razn y que se han aprovechado de m y por eso
espero el momento en que mi inocencia sea puesta de manifiesto, y mi rectitud sea demostrada por Dios?
F. LAS IMPRECACIONES
1. Algunos Textos
El espritu de odio que a veces brota de algunos salmos es como la llamarada que sale del horno. En
algunos casos es tan extremoso que deja de meter miedo para resultar ridculo para el hombre moderno
(C.S. Lewis).
Pasemos revista a algunos de los textos ms chocantes de los salmos de imprecacin. En la Biblia de
Jerusaln hay una nota al salmo 5,10 que da una lista completa de referencias. El salmo 109 es sin duda el
mejor repertorio de maldiciones contra los enemigos.
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Encontramos dos tipos de imprecaciones las individuales y las colectivas. En el primer caso un
individuo impreca a las personas que le han causado dao a l o a su familia. En el segundo caso es Israel
entero quien impreca a sus enemigos, los pueblos hostiles. En el salmo 83, imprecacin colectiva, se citan
nada menos que diez pueblos enemigos. Evidentemente no se refiere a ninguna crisis concreta en la
historia del pueblo. La lista contiene los enemigos tradicionales de Israel que en una u otra ocasin han sido
opresores. El salmista cree que sus enemigos son tambin enemigos de Dios.
Veamos algn ejemplo de imprecacin individual: Suscita un impo contra l, y que un fiscal est a
su diestra; que en el juicio resulte culpable, y su oracin sea tenida por pecado (Sal 109 6-7). Sean pocos
sus das, que otro ocupe su cargo, queden sus hijos hurfanos y viuda su mujer. Anden sus hijos errantes
mendigando, y sean expulsados de sus ruinas; el acreedor le atrape todo lo que tiene, y saqueen su fruto
los extraos! Ni uno solo tenga con l amor, nadie se compadezca de sus hurfanos, sea dada al
exterminio su posteridad, en una generacin sea borrado su nombre! (vv.8-13).
Confusin slo para los impos! Que bajen en silencio al Sheol, enmudezcan los labios mentirosos!
(Sal 31, 18-19). Que recaiga el mal sobre ellos, YHWH, por tu bondad, destryeles! (Sal 54,7).
Que su mesa ante ellos se convierta en un lazo, y su abundancia en una trampa; anblense sus ojos
y no vean, haz que sus fuerzas sin cesar les fallen! Derrama tu enojo sobre ellos, les alcance el ardor de tu
clera; su recinto quede hecho un desierto, en sus tiendas no haya quien habite [...]Culpa aade a sus
culpa; no tengan ms acceso a tu justicia; del libro de la vida sean borrados, no sean inscritos con los
justos! (Sal 69,23-29). Persguelos con tu tormenta, con tu huracn llnalos de terror (Sal 83,16). Sean
avergonzados y aterrados para siempre, queden confusos y perezcan! (Sal 83,18). Lluevan sobre ellos
carbones encendidos, en el abismo hundidos no se levanten ms! No arraigue ms en la tierra el
deslenguado, al violento lo atrape de golpe la desgracia (Sal 140,11).
Sera fcil ignorar estos fragmentos de los salmos y no utilizarnos en nuestra liturgia. Pero
desgraciadamente no es fcil desgajar las partes que no nos gustan. A veces estn mezclados con los ms
finos sentimientos. El salmo 137 pronuncia una bendicin sobre quienquiera que agarre a un beb babilonio
y lo estrelle contra las piedras (v.9). Y en el salmo 143, despus de un verso maravilloso que nos mueve
profundamente hasta las lgrimas, el verso siguiente dice: Por tu amor mata a mis enemigos y destruye a
mis opresores! (v.12).
En medio de un hermoso himno de alabanza, el poeta dice: Oh Dios! si quisieras matar al impo!
(Sal 139,19). Como si fuese algo sorprendente que este simple remedio para los males humanos no se le
hubiera ocurrido a la Inteligencia suprema. Incluso en el salmo del Buen Pastor, despus de la hierba fresca
y las aguas tranquilas, encontramos un verso que dice: Preparas para mi una mesa, de modo que mis
adversarios lo vean (Sal 23,5). Como si la prosperidad no fuese completa hasta que mis enemigos la vean
y se chinchen. La mezquindad y vulgaridad de este pensamiento es difcil de soportar en un salmo tan bello
como este.
2. Cmo orar estos Salmos?
Cmo reaccionar ante estos textos de terror y de desprecio que aparecen en los salmos tan a
menudo? La manera ms simple es evitar su uso. De hecho la liturgia romana nunca usa los salmos 58, 83
y 109, que son con mucho los salmos ms vengativos.
En otros casos la liturgia censura algunos salmos quitando los versculos que pueden resultar ms
chocantes a los odos del cristiano. El verso sobre los bebs babilonios estrellados contra la roca ha sido
cuidadosamente omitido en el salmo 137 durante las Vsperas. Al bello salmo que describe nuestra alma
sedienta de Dios y que se reza en los Laudes del Domingo de la Primera Semana le han quitado los ltimos
versos: Caigan en las honduras de la tierra los que tratan de perder mi alma! Sean pasados al filo de la
espada, sirven de presa a los chacales! (Sal 63, 10-11).
Muchos exegetas se oponen a esta practica de censura por motivos literarios, o alegando que la
Iglesia no tiene autoridad para censurar la palabra de Dios, porque es la Palabra la que juzga a la Iglesia, y
no la Iglesia la que juzga a la Palabra. Hablan de un barbarismo artstico, de una amputacin textual
Otra solucin sera alegorizar estas amenazas contra los enemigos, viendo en ellos no personas
humanas, sino un smbolo de las fuerzas de las tinieblas, del poder de Satans o del pecado del mundo. No
negamos que puedan tener un sentido simblico oculto. Pero mientras esta solucin se acomoda a ciertos
lectores, a otros muchos les parece pueril e ingenua, y despierta una profunda desconfianza en los espritus
modernos.
Algunos han hecho ver que muchas de estas imprecaciones no siempre son palabras del salmista. En
muchos casos l no hace sino citar las maldiciones que sus enemigos decan contra l. El salmista le
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cuenta ahora a Dios estas imprecaciones tan crueles, para mostrar su vulnerabilidad. Algunos casos en los
que el salmista cita las palabras de sus enemigos son 3,3; 10,4.6.11.13; 12,5; 71,11; 73,11.
En el salmo 109, las palabras ms ofensivas de los versculos 6-15, probablemente son las palabras
del acusador injusto que puso pleito para despojar al justo inocente. Su tono es bien diferente del de las
palabras del salmista al principio (1-5) y al final del salmo (20,31), que representan sus propios
sentimientos y revelan otra actitud mucho ms delicada.
En el caso de las imprecaciones comunitarias que piden la destruccin de los pueblos enemigos,
podramos acusar a los judos por el hecho de que en sus oraciones pidiesen la derrota total de Hitler en
la segunda guerra mundial? Es verdad que la respuesta cristiana ms refinada sera pedir su conversin y
no su aniquilamiento.
Pero en los casos de autntico pecado contra el Espritu Santo la conversin aparece fuera del
horizonte, y no queda otra solucin sino pedir la aniquilacin, la destruccin de los que destruyen la tierra,
como dice el libro del Apocalipsis, que por cierto pertenece ya al Nuevo Testamento (Ap 11,18). El deseo
del salmista no es simplemente vengarse, sino vindicar a Dios. Toda esa maldad y violencia no puede ser
que agraden a Dios; Dios no puede pactar con ella, ni tampoco nosotros. Hay un grito que demanda que la
justicia divina se deje ver y los violentos desaparezcan de la faz de la tierra.
CS. Lewis, a quien citamos continuamente, ha tratado este tema detenidamente. Expondremos a
continuacin cules son las pistas que nos da para solucionar este problema. En primer lugar no
intentemos justificar estos textos imprecatorios, sobre todo cuanto se plantean en el campo de las
relaciones personales, ni sucumbamos a la idea de que esta idea, ya que se encuentra en la Biblia, tiene
que ser piadosa y buena. El odio se nos presenta sin mscara alguna, y no podemos ignorarlo ni aprobarlo
ni, peor an, utilizarlo para justificar en nosotros pasiones semejantes.
Estas maldiciones expresan un sentimiento que conocemos muy bien. Se trata de un resentimiento
que se expresa con total libertad, sin disfraces, sin vergenza alguna. Hoy da slo los nios se expresaran
de esta forma..
Vivimos hoy en una poca moderada. Los odios con los que nos las tenemos que ver no nos impulsan
a una venganza truculenta. Los autores de la Biblia vivan en un mundo de castigos brutales, de masacres
y violencias. Nosotros somos mucho ms hbiles para enmascarar ante nosotros y ante los dems nuestro
rencor. Podemos reconocer ms fcilmente en nosotros mismos la tendencia a rumiar la ofensa, a evaluar
cada circunstancia agravante, a torturarnos a nosotros mismos. Despus de todo somos hermanos de
sangre de aquellos brbaros feroces
Pero cuando leo esas expresiones brutales, hay una cosa que puedo aprender sobre el odio. Veo el
resultado natural de la destruccin de un ser humano. La palabra natural es importante aqu. Este
resultado podr ser remediado por la gracia, suprimido por la prudencia o por la convencin social, o
totalmente disfrazado. Pero lo cierto es que cuando humillamos o maltratamos a una persona, le estamos
poniendo en el disparadero de llegar a ser como esos salmistas que escribieron los pasajes imprecatorios.
Al provocar el odio de mi vctima, adems de la herida primera, le estoy causando algo mucho peor. El
odio que he suscitado en l puede llegar a corromperle totalmente. Y entonces no slo he destruido su
vida , sino que le he llevado a la degradacin humana. Si nos horripila la falta de caridad del salmista y
sus sentimientos, debemos pensar en las personas que los provocaron. Esto es lo que significa corromper.
Qutale a una persona su libertad o sus bienes o su buena reputacin, y simul tneamente le has quitado
tambin su inocencia y su humanidad!
El perdn es difcil. Hay que renovarlo sin cesar. Hay una historieta de una persona que pensaba que
era tan fcil dejar de fumar, que l haba dejado ya una docena de veces. De la misma manera nos
podemos encontrar en una situacin en la que haya que perdonar la misma herida ms veces de las que
uno puede contar. El esfuerzo de perdonar nos remite a la herida original y descubrimos que el viejo
resentimiento se reaviva como si nada hubiese pasado. Debemos perdonar 70 veces 7 no ofensas
diversas, sino la misma ofensa.
Las ofensas nutren en nosotros un sentimiento de agresividad del que hay que liberarse. Si no
volcamos la agresividad contra las personas que nos han ofendido puede suceder que lo volvamos contra
nosotros mismos, y caigamos en la depresin o en el autodesprecio. Muchos nios maltratados pueden
llegar a sentirse culpables de los malos tratos que han recibido. Animarles a perdonar a los adultos puede
equivaler para ellos a decir que no ha habido ofensa, que no hay nada que perdonar.
En un momento dado debemos dejarles expresar su clera, su frustracin, su resentimiento ante lo
que les han hecho. Debe quedar absolutamente claro que la ofensa cometida contra ellos ha sido algo atroz
y que son inocentes. Si no, corren el riesgo de sentirse culpables y responsabilizarse por lo que les ha
sucedido. Exprimir la clera y el resentimiento es un paso en el proceso de curacin interior que no
podemos omitir, aunque por supuesto no es bueno quedarse paralizado en este estadio.
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Podemos leer algunos textos de los salmos de venganza para expresar esta etapa en el proceso global
del perdn que nos conducir naturalmente mucho ms lejos. Se nos habla de que hay que odiar el
pecado, pero amar al pecador. Es curioso que entre los paganos encontramos como cosa normal la
sensualidad, la insensibilidad, las ofensas crueles hechas framente, pero no encontramos el odio que
aparece entre los judos.
A primera vista parece que los judos son ms vengativos y vitrilicos que los paganos. Pero la falta de
venganza de los paganos no es un buen sntoma de humanismo, sino ms bien una seal de que falta una
conciencia del bien y del mal. En ellos no hay odio ni hacia el pecador ni hacia el pecado. La ausencia de
esa clera que llamamos indignacin, puede ser un sntoma muy alarmante. La presencia de la indignacin
muestra que las vctimas no han llegado a esa degradacin en la que la tentacin de venganza
desaparece.
Si los judos maldicen ms y mejor que sus contemporneos, es en parte porque toman el bien y el
mal ms en serio. Un Dios que sea justo debe odiar esas acciones tanto como yo. El mayor escndalo es
ver que los pecadores salen bien parados. Esto puede incluso llevar a dudar de la existencia de un Dios
justo. El deseo de venganza y de restauracin de los derechos de las personas agraviadas, defendiendo su
causa, resulta bien evidente que hay un Dios que juzga sobre la tierra (Sal 58, 12), y por eso la alegra
del justo es ver la venganza, sus pies baar en la sangre del impo (Sal 58,11).
Nuestro mundo de hoy tiene el peligro de olvidar que la maldad existe en nuestra sociedad y que
desagrada profundamente a Dios. Dios no quiere la muerte del pecador. Pero sin duda guarda para con el
pecado esa hostilidad implacable que los poetas bblicos expresan. Implacable, s, no hacia el pecador, sino
hacia el pecado. No ser tolerado ni excusado. Con l no hay componendas. La severidad del salmista est
ms prxima a una parte de la verdad que muchas de las actitudes modernas de indiferencia moral o de
tolerancia pseudocientfica que reduce la maldad a neurosis.
Naturalmente esta es slo una parte de la verdad. Los textos imprecatorios no han asimilado an la
otra parte de la medalla: el amor de Dios hacia los pecadores. Debemos aguardar a que Jess de Nazaret
muera en la cruz rogando por sus verdugos, y pidindonos que amemos a nuestros enemigos y oremos por
aquellos que nos persiguen. Jess presenta una imagen nueva de Dios que hace brillar su sol sobre justos
e injustos y muestra una ternura y una compasin especial por los pecadores.
En un cierto sentido podemos ya encontrar en el Antiguo Testamento algunas semillas de esta actitud
evanglica. Cometeramos una injusticia si slo recordsemos del AT el ojo por ojo y diente por diente. El
Levtico nos dice tambin: No te vengars ni guardars rencor alguno a los hijos de tu pueblo. Amars a tu
prjimo como a ti mismo (Lv 19,17-18). Y leemos en el xodo: Cuando te encuentres con el buey o el
asno de tu enemigo que andan perdidos, debes llevrselos. Cuando veas el asno de la persona que te odia
cado en tierra bajo su fardo, deja de mantenerte lejos de l. Debes acudir en ayuda del animal junto con su
dueo (Ex 23,4-5). Si tu enemigo se cae, no te alegres. Que tu corazn no exulte cuando se hunde" (Pr
24,17).
Cuando Pablo en la carta a los Romanos intenta justificar su exhortacin: Vence el mal con el bien
(Rm 12,20-21), cita el libro de los Proverbios: Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer, y si tiene sed,
dale de beber. As amontonars ascuas sobre su cabeza, y YHWH te recompensar" (Pr 25,22).
Pero no podemos siempre esperar que el salmista trascienda sus resentimientos y alcance la plenitud
de compasin que encontramos en el Nuevo Testamento.
G. CRISTO Y LOS SALMOS
Si examinamos estadsticamente las citas de los salmos en los escritos del Nuevo Testamento, nos
llevaremos una sorpresa. En la edicin de Nestl del Nuevo Testamento en griego hay una lista de pasajes
en letra bastardilla que son citas del Antiguo Testamento. Esta lista muestra que el NT contiene 224 citas
distintas de 103 Salmos, y contando los mismos pasajes repetidos en diversos lugares, el total de citas de
los Salmos en el NT es 280. Unas 50 tratan sobre los sufrimientos, la resurreccin y la ascensin de Cristo.
1. Cristo, el protagonista de los Salmos en el NT
Jess mismo declar a los judos: Vosotros escrutis las Escrituras... Pues bien, son ellas las que dan
testimonio de m" (Jn 5,39). Despus de su resurreccin dijo a sus discpulos: Estas son las palabras que
os he hablado mientras estaba todava con vosotros. Es necesario que se cumpla todos lo que est escrito
sobre m en la ley de Moiss, en los Profetas y en los Salmos " (Lc 24,44).
Durante una de sus discusiones con los fariseos, Jess les dio una verdadera leccin de exgesis
mesinica de los salmos, citando uno de los textos ms tpicos. Estando reunidos los fariseos, Jess les
hizo esta pregunta: Qu pensis sobre el Mesas? De quin es Hijo? Le respondieron: De David.
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Respondi: Cmo pues, David hablando inspiradamente le llama su Seor en el texto: Dijo el Seor a mi
Seor: Sintate a mi derecha y har de tus enemigos estrado de mis pies? (Sal 110,1). Si David le llama
Seor, cmo puede ser su hijo?" (Mt 22,41-45).
En los Salmos encontramos dos figuras mesinicas, la del rey conquistador y liberador, y la del Mesas
sufriente. En los salmos 13, 22, 55 o 102 encontramos el Mesas sufriente, mientras que en los salmos 2,
45 o 72, encontramos el Rey conquistador.
En aquella poca se identificaba al servidor sufriente con la nacin entera, con Israel. El Rey era ante
todo el sucesor de David, el Mesas. Nuestro Seor se identific a s mismo con ambos personajes.
El Nuevo Testamento de hecho expone toda la historia de salvacin a la luz de los salmos. Cristo fue
despreciado (22,6; 69,19-22). Fue rechazado (118,22). Estuvo devorado por el celo de la casa del Seor
(69,9). Fue objeto de burlas (22,1-2; 89,51-52). Fue flagelado (129,3), crucificado (22,1-2.14-17). Tuvo sed
(22,16) y le dieron vino mezclado con hiel (69,20-22). Echaron suertes sobre su tnica (22,28-19). No
rompieron sus huesos (34,21). Resucit de entre los muertos (16,10), subi al cielo (68,19). Est a la
derecha de Dios (110,1; 80,18). Es el gran sacerdote (110,4), el rey por siempre (89,4-5). Es el Hijo de Dios
(2,7). Domina la tormenta (89,10; 29,3). El pueblo le cant Hosanna (118,25-26) y vendr el ltimo da en
su gloria (102,16-23).
La carta a los Hebreos pone nfasis en presentar a Jess como sacerdote segn Melquisedec,
interpretando el salmo 110: "T eres sacerdote para siempre segn el rito de Melquisedec" (Sal 110,4, ver
Hb 5,1-10; 7,1-28).
Melquisedec aparece en Gnesis 14 como alguien sin genealoga, sin principio ni fin. A nosotros nos
resulta difcil seguir este tipo de razonamiento de la carta a los Hebreos. Pero tenemos que abrir nuestros
ojos a esta aparicin inexplicable que sita a Melquisedec totalmente aparte del contexto del captulo.
Llega de no se sabe dnde, bendice en nombre del Dios Altsimo, creador del cielo y de la tierra, y
desaparece totalmente. Pertenece si no al otro mundo, al menos a un mundo diferente del de Abraham.
Asume una superioridad sobre Abraham que este ltimo acepta. Es una personalidad imponente.
Con l tomamos conciencia de un sacerdocio no pagano, sino de un sacerdocio del Dios nico,
anterior al sacerdocio judo que desciende de Aarn, independiente de l, y en cierta manera con una
vocacin superior a la de Abraham.
Y este antiguo sacerdocio pre-judaico est unido a la realeza. Melquisedec es Rey y Sacerdote,
mientras que en Israel realeza y sacerdocio estaban separados, porque pertenecan a dos tribus distintas
(Lev y Jud). Melquisedec es el nico personaje que puede representar a Cristo mismo. Cristo era sucesor
de David, pero no de Aarn. Su sacerdocio implica el reconocimiento de un sacerdocio independiente y
superior al de Aarn. El salmo 110 abre el camino para este enfoque exegtico del Nuevo Testamento.
a.- El Mesas sufriente en el Salmo 22
Las profecas bblicas de Cristo se parecen a un gran puzzle. La persona del Redentor sufriente
emerge gradualmente a medida que se juntan las piezas. Pero es sobre todo el salmo 22 el que subraya sin
ambigedad lo que ha sucedido en Cristo. No hablamos ante todo de predicciones que puedan encontrarse
en determinadas frases sacadas de contexto, sino de una manera ms profunda y completa.
En el salmo 113 Dios se eleva en su trono, pero desciende para ver el cielo y la tierra. Este verso
seala directamente la obra de Cristo, la accin de Dios que enva a su Hijo, el Verbo de Dios que se ha
abajado tomando la forma del siervo en favor de cuantos estn sentados en las tinieblas y sombras de
muerte. Los que estn sentados en las tinieblas son aquellos cuyos lamentos llenan la parte ms grande del
libro de los Salmos. La mirada profunda de Dios se ha hecho realidad en Cristo. Dios se ha convertido en
alguien que sufre y este sufrimiento se ha expresado en una lamentacin.
Las citas repetidas del salmo 22 en el relato de la Pasin muestran que la Iglesia primitiva ha visto la
relacin. y ha hecho suya la lamentacin del salmo 22. J.R. Scheiffer da una lista de paralelismos (aquellos
que son dudosos estn entre parntesis).
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Cmo ha debido vivir los salmos Jess, y ste en especial! En lo profundo de su afliccin, su
tentacin de desesperacin y el espectculo de cmo su sufrimiento y su transformacin adquieren una
expresin nica. Cristo ha querido compartir la experiencia amarga de todos los que se sienten
abandonados por Dios despus de haberse abandonado totalmente a su providencia.
Asumiendo esta ltima prueba de ser abandonado por Dios, Cristo ha descendido a las profundidades
del aislamiento humano, y ha hechos suyos nuestros sufrimientos. Las cuestiones desesperadas de por
qu? y hasta cundo? eran conocidas para aqul en quien la bondad de Dios se ha hecho humana.
Todos los salmos de lamentacin han llegado a su cumbre en el sufrimiento y la muerte de Jess. Pero el
salmo 22 es el ms adecuado para describir el sufrimiento de Cristo porque no alude a ningn pecado
propio, y no menciona los derechos del afligido. Aunque se hable de los enemigos, no hay ninguna
imprecacin contra ellos. En el relato de la pasin, en el lugar en que habitualmente solemos hallar las
peticiones contra los enemigos, no existe aqu sino una intercesin por ellos (Lc 23,34).
Visto en su totalidad el salmo 22 es una lamentacin que ha encontrado su punto de inflexin. Si Jess
ha orado este salmo en la cruz, lo ha debido recitar hasta el final y no slo el primer verso. La segunda
parte es la alabanza de una persona que ha sido librada. Dios responde al grito dado sobre la cruz. Es
posible que la frase del relato de la Pascua en Mt 28,10, Id y avisad a mis hermanos, sea una alusin al
comienzo de la segunda parte del salmo 22,23. Lo mismo se podra decir de Jn 20,17.
b.- Cristo el hroe de los Salmos en la literatura rabnica
Los judos vean al Mesas en los salmos en lo mismos contextos en los que lo ven los cristianos.
Recojamos algunos ejemplos de la manera como los Sabios de Israel entendan la espera mesinica.
Salmo 21
El mundo cristiano no considera habitualmente que el salmo 21 es un salmo mesinico, pero el
Midrash ve una referencia al Mesas Rey en los versos 2 y 4. Rashi interpreta del mismo modo el verso 7, y
el Targum el 8.
Seor, rey se alegra en tu fuerza. Pues le precedes de venturosas bendiciones y pones una corona
de oro puro en su cabeza. Te pidi la vida y se la otorgaste, largo curso de das para siempre jams. Gran
gloria le da tu salvacin, le circundas de esplendor y majestad.
El Midrash se pregunta: Quin es ese rey? Dios no va a coronar a un rey de carne y sangre, pero el
Santo, bendito sea! dar su propia corona al Rey Mesas porque de l se ha dicho: T has puesto una
corona de oro puro en su cabeza. Dios no revestir a un rey terrestre de su propio vestido de prpura, pero
se la ha dado al Mesas, pues est escrito Lo has revestido de gloria y majestad.
Y el Midrash sobre el xodo dice: Dios no revestir a un rey terrestre con su corona. Pero el Santo,
bendito sea! colocar su corona en la cabeza del Rey Mesas. El vestido de prpura y la corona eran parte
de los atributos del Mesas. El Mesas no es un rey de la tierra, ni un rey de carne y sangre. Lo que los
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rabinos nunca hubieran podido prever es qu tipo de vestido y de corona le iba a sed dado al rabino de
Nazaret para humillarlo y despreciarlo.
Salmo 72
El Targum y el Midrash entienden que todo el salmo es un salmo mesinico. El rey que librar a los
que estn afligidos y necesitados es el Mesas, porque est escrito: Un renuevo nacer del tronco de Jes
y juzgar con derecho a todos los desvalidos Todo el salmo es un canto al Rey Mesas. El verso 17 en
hebreo dice: Antes de que existiese el sol, su nombre era Yinnon, o sea el que florece. Es una de las
ocho palabras del Antiguo Testamento que significan brote, renuevo. El Midrash entiende que este nombre
le ha sido dado al Mesas desde la creacin del mundo.
Hablando de la profeca de Miqueas, segn la cual el Mesas nacer en Beln, Rashi hace alusin al
salmo 72: el Mesas, el Hijo de Dios, como dice el salmo 118, es la piedra que han rechazado los
constructores, se remonta a los tiempos antiguos, porque antes del sol se llamaba Yinnon. El rabino David
Quimhi dice de una manera sorprendente: En los tiempos mesinicos se dir que sus orgenes se
remontan a tiempos antiguos. De Beln significa que ser de la Casa de David, porque hay un largo lapso
de tiempo entre David y el Mesas-Rey, y es El (Dios), lo cual explica cmo exista en los tiempos
antiguos.
Salmo 2
El salmo se refiere al ungido, en hebreo, Mesas. Dos veces se le menciona como El Hijo. Recibir
en herencia todas las naciones paganas. Se le acoger con un beso, como rey y maestro. Comentando las
palabras del salmo Yo proclamar el decreto del Seor, el Midrash trae algunos de los pasajes asociados
a esta frase.
"Es el decreto de los profetas, porque Isaas 52,13 dice: He aqu que mi servidor prosperar. Is 42,1
aade: He aqu mi servidor a quien yo sostengo. Es el decreto de los salmos, como declara el salmo
110,1: Orculo del Seor a mi Seor: Sintate a mi derecha. El salmo 2,7 declara: Me ha dicho: T eres
mi Hijo, y en otra parte est escrito: He aqu que viene sobre las nubes del cielo como un Hijo de Hombre
(Dn 7,13). Los decretos son los del rey, el Rey de reyes, diciendo que esto le suceder al Rey-Mesas.
La tradicin del Zohar asocia esta palabra con el verso 12 del salmo 2: besad al hijo (nashqu bar). En
Gematra BAR = "hijo tiene un valor numrico de 202 y las letras de av qal: son tambin 202. Estas
comparaciones no tienen ningn valor en s mismas, pero nos ayudan a comprender la manera de razonar
de los cabalistas y las consecuencias que sacan.
Cuando el Zohar describe al Hijo - BAR, propone su afirmacin de una forma trinitaria: T eres el
buen pastor, de ti se ha dicho: Besad al hijo. T eres grande aqu abajo, maestro de Israel, Seor de los
ngeles que sirven, Hijo del Altsimo, Hijo del Santo cuyo nombre sea bendito y su Espritu Santo.
Salmo 110
El Midrash sobre los Salmos dice del verso: Sintate a mi derecha: Esto lo dice al Mesas, y su trono
est preparado segn la gracia y se sentar sobre l- Cuando el Talmud habla de los dos ungidos de
Zacaras 4,14, aplica este verso a Aarn y al Mesas y aade: Yo no s a cul de los dos yo debera
preferir. Cuando est escrito: El Seor ha jurado y no se arrepiente. T eres sacerdote para siempre,
sabemos que el Mesas Rey es ms agradable que el Sacerdote de Justicia.
El Rabino Simn el Predicador (s. XII) dice: "El Santo colocar al esperado rey Mesas a su derecha y
a Abraham a su izquierda. El rostro de Abraham palidecer de envidia y dir: El hijo de mi hijo se sienta a
tu derecha, y yo me tengo que sentar a tu izquierda?' Entonces el Santo le tranquilizar diciendo: Tu hijo
est a tu derecha, y yo estoy a tu derecha.
Salmo 118
En este salmo los Sabios aplican al Mesas las palabras de acogida: Bendito el que viene en nombre
del Seor y los Hosannas. El Zohar explica: Se refiere aqu a aqul que va a venir... Pues Israel debe
cantar esto al que ha de venir. Dios extender su brazo una vez ms para salvar al resto de su pueblo. Este
canto es un canto real y habla de la comunidad de fe y de la venida del Mesas.
Pero las palabras a propsito de la piedra rechazada que se ha convertido en piedra angular son las
que ms a menudo se contemplan a la luz mesinica. Los rabinos piensan que es posible que el pueblo
elegido no acepte al Mesas. El rabino Samuel Ben Yitshaq dice que Jeremas llorando en secreto a causa
de su orgullo, quiere hablar del orgullo de Israel que es la razn por la que la Torah les ser quitada para
ser dada a las naciones paganas".
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El salmo 118 habla sin equvocos del hecho de que el Mesas ser rechazado, pero un da ser
exaltado a su estatuto real legtimo.
(Esta seccin es un resumen de Ribte Santana, El Mesas en el Antiguo Testamento a la luz de los
escritos rabnicos, Jerusalem 1992. Sobre este tema se puede consultar I. Egnell, The Messiah in the Old
Testament and Judaism: Critical Essays on the Old Testament, Nashville 1969, y J. Klausner, The Messianic
idea in Isral from its beginning to the completion of the Mishnah, London 1956.
2. Cristo cantor de los Salmos
Entre los evangelistas, Lucas es el que se fija ms en la oracin de Jess y en la oracin en general.
Trae nueve oraciones de Jess. Solo dos son comunes con otros evangelios, mientras que siete son
exclusivas de l. Lucas asocia la oracin a los momentos ms importantes de la vida de Jess: el
bautismo, una jornada de milagros, antes de la eleccin de los doce, antes de la confesin de fe de Pedro,
en la Transfiguracin, despus de la misin de los 72 discpulos, durante su agona en el huerto y en la
cruz.
Todas las oraciones de Jess en Lucas comienzan con la palabra Padre. Su oracin no slo nos
revela la relacin nica que existe entre Cristo y su Padre, sino su capacidad de extender a nosotros esta
relacin. Expresa en su plegaria un sentimiento de confianza y abandono absoluto en su Padre. Su oracin
es como su respiracin, una fuente de gozo.
Cuando Jess oraba los salmos, proyectaba sobre ellos una luz nueva que los haca brillar con un
nuevo resplandor. San Agustn llama a Jess iste cantator psalmorum. La palabra iste contiene un
sentido de admiracin. Podemos traducir esta expresin como este admirable cantor de los salmos.
Lucas presenta la plegaria de Mara en el Magnificat como un potpourri de textos bblicos. De ah
podemos deducir que la plegaria de Jess estara tambin muy influenciada por las oraciones del AT.
Cuando subi a Jerusaln a la edad de 12 aos como peregrino de la Pascua, cantara gozosamente
junto con su pueblo los Cantos de las Subidas, y especialmente el salmo 122. Jess guardaba fielmente
todas las fiestas judas que marcan el ao litrgico. Cada ao al final de la Cena pascual recitara el gran
Hallel (Sal 136) y el pequeo Hallel que incluye salmos como el 114 que recuerda la salida de Egipto, la
travesa del Mar Rojo y del Jordn.
El da de Ao Nuevo Jess habr sin duda tocado el cuerno o shofar, y cantado los 3 salmos (105, 19 y
34) que exaltan la majestad divina en la creacin. Durante los das santos entre el Ao Nuevo y el Yom
Kippur cantara los salmos escogidos para cada da: 24, 48, 82 ,94, 81, 93, 92...
Durante sus visitas semanales a la sinagoga se aplic a s mismo los salmos que cantaba la liturgia,
de la misma forma que ms tarde se aplic la profeca de Isaas que acababan de leer (Lc 4,16.21).
Jess encontr en los salmos una fuente de inspiracin para expresar sus vivencias profundas, o para
aclarar los sucesos de su ministerio. Podemos imaginar cmo leera todas las frases slmicas sobre los
pobres, los anawim que profesan en los salmos su confianza ilimitada en Dios. Yo soy un anaw, manso y
humilde de corazn (Mt 11,29). Que los humildes lo escuchen y se alegren (Sal 34,3). Los humildes
poseern la tierra y gozarn de una gran paz (Sal 37, 11).
Sabiendo que Jess hizo de los salmos su oracin favorita y que los recitaba a menudo, un mtodo
provechoso de rezar los salmos sera leerlos tratando de imaginar el eco que tuvieron en la oracin de
Jess. T no quisiste sacrificio ni ofrenda, y en cambio me abriste el odo. No exigiste sacrificio ni vctima
y entonces dije: Yo vengo (Sal 40,7-8).
Durante las tres largas horas de Getseman en que Jess repiti la oracin Hgase tu voluntad!, es
difcil pensar que Jess no se haya apropiado de las palabras de este salmo para expresar su oracin.
El hecho de que Jess se presenta a s mismo como el esposo cuya presencia es causa de alegra (Mc
2,19),y la parbola del rey que da un banquete de bodas para su hijo, no nos revela que ley el canto de
las bodas reales (Sal 45) y se lo aplic a s mismo? El salmo 72 que describe al rey que viene a gobernar a
los pobres con justicia y se apiada del humilde e indigente, no habr sido su fuente de inspiracin cuando
proclam el Reino como un cambio radical en el destino de los pobres?
Probablemente todos los judos cultos del siglo I vieron referencias mesinicas en esos mismos
salmos donde el Seor tambin las descubri. Todas las Escrituras tienen un sentido espiritual o sentido
pleno. Este enfoque era general en aquella poca. Incluso un gentil como el etope de la reina de Candaces
saba que los libros sagrados de Israel no podan ser ledos sin un gua formado en la tradicin juda que
poda descubrir los sentidos ocultos. De hecho la aplicacin de las referencias bblicas al Mesas en los
textos rabnicos es an ms imaginativa que la que encontramos en los Evangelios.
La presencia de Judas sentado a la mesa trajo sin duda a la memoria de Jess el salmo 41: Incluso
mi amigo y confidente que coma mi pan, levanta contra m su calcaar (Sal 41,10). A la hora de la muerte
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los evangelistas ponen en sus labios dos citas distintas de los salmos. Segn Marcos y Mateo el salmo
22,2: Dios mo, Dios mo por qu me has abandonado? Segn Lucas, el salmo 31, 6: En tus manos
encomiendo mi espritu.
Este procedimiento se llama cristificar los salmos, poner a Jesucristo como yo del salmo, como
salmista. Es muy til en el conjunto de Salmos de los pobres de YHWH, que proceden de aquel ambiente
privilegiado de los pobres llamados Anawim. Piadosos y msticos, clientes de Dios, cuyo comportamiento
espiritual preparaba de antemano el del Seor. El anaw est en la presencia de Dios, tiembla ante su
palabra, obedece a sus rdenes, acoge sus dones... Son estos salmos los que dieron a Cristo sus
expresiones y su vocabulario. (A. Gelin).
Tambin podemos poner en labios de Jess los salmos en los que se expresa el justo sufriente,
perseguido y calumniado, que confa su causa en las manos de Dios, pidiendo justicia.
3. Los Salmos dirigidos a Cristo
Otro modo de cristificar los salmos es hacerlo desde arriba, poniendo a Cristo en el t del salmo,
dirigiendo a Jess de Nazaret las plegarias que eran dirigidas a YHWH en el Salterio. Esto slo es lcito
desde una profunda fe en la divinidad de Cristo, que ha heredado el ttulo de Kyrios.
Plinio en su carta a Trajano alude al hecho de que los Cristianos acostumbraban a dirigir himnos a
Cristo como Dios: "carmina Christo tamquam Deo". Jess mismo nos ha abierto este camino cuando
acept la alabanza de homenaje que le dirigieron los nios con gran escndalo de los fariseos. Ha
justificado estas alabanzas citando el salmo 8 sobre la alabanza que Dios recibe de labios de los nios (Sal
8,3).
La carta a los Hebreos para acentuar la superioridad de Jess sobre los ngeles, le aplica las palabras
de los salmos dirigidas a Dios: A cul de los ngeles se le ha dicho: 'Eres t, Seor, quien en los orgenes
fundaste la tierra y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecern, pero t permaneces, todos ellos
envejecern como un vestido..?" (Hb 1,10; Sal 102,26-28).
Las palabras del salmo 68,19 que hablan del Dios que se eleva sobre las alturas, captura prisioneros y
hace dones a los hombres, se aplican a Jess en la carta a los Efesios (4,7-10). Cuando el salmo 34,9 nos
invita a gustar qu bueno es el Seor, la primera de Pedro nos dice que gustemos la bondad del Seor que
es la piedra viva rechazada por los hombres y escogida por Dios (1 P 2,3-4).
En el momento de su muerte Esteban el dicono dirige a Jess las mismas palabras que Jess haba
dirigido a su Padre celestial confindole su espritu (Hechos 7,59). As Jess puede ser a la vez el que
canta con nosotros al Padre utilizando las palabras de los salmos, o aqul a quienes esas palabras se
dirigen, Rey de reyes y Seor de seores.
4. Otros sentidos en los salmos
Adems de lo que los autores de los salmos han querido decir creemos que hay un sentido oculto,
escondido, un sentido alegrico relativo a las verdades bsicas del Cristianismo. El sentido superior slo se
descubre a la luz de los acontecimientos que tuvieron lugar despus de su muerte.
Esta afirmacin provoca una gran desconfianza en el mundo moderno. Cualquiera puede leer en un
libro lo que le apetezca slo con que verdaderamente lo desee. Los crticos pueden leer en los libros toda
clase de sentidos alegricos que los autores nunca pretendieron. Las posibilidades de equivocarse son
enormes. Y sin embargo los cristianos no podemos totalmente abandonar este mtodo al leer la Biblia.
La verdadera cuestin es si algo que est ya escrito o dicho puede tomar un sentido nuevo a la luz de
acontecimientos posteriores. En algunos casos puede ser que el sentido nuevo sea puramente accidental.
Cualquier cosa que yo haya podido decir justo antes de la muerte imprevista de mi madre, puede adquirir
un sentido nuevo que yo no pretenda, pero que ahora en el presente me puede alegrar o entristecer. Un
suceso posterior da un sentido nuevo a palabras que haban sido pronunciadas antes. Pero en este caso es
una coincidencia de la que yo no soy responsable.
Pero puede suceder que un hombre diga algo ms verdadero y ms importante de lo que conoce,
sin que esto suceda por pura casualidad.
No hablamos ahora de profeca en el sentido milagroso de la palabra. Hay casos en que una
verdad posterior que el autor no conoca, est ntimamente ligada a lo que s conoca. Su afirmacin est
enraizada en una realidad objetiva ms plena que el autor no lleg a explicitar. Pero nosotros podemos leer
un texto a la luz de esta verdad ms plena, viendo en l como un plus, un sentido segundo, sin que por ello
introduzcamos en el texto un sentido extrao a l o totalmente arbitrario. Se trata de prolongar el sentido en
52
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la direccin que le es propia. Tras las palabras del autor y tras el sentido descubierto, comprendemos que
no hay ms que una sola y nica verdad.
C.S. Lewis nos da un ejemplo: En la Repblica de Platn, se nos pide imaginar a un hombre
perfectamente recto, tratado por su entorno como un monstruo de maldad. Es encadenado, castigado y
empalado. Este texto causa sorpresa a un lector cristiano. Es una pura coincidencia? Es una conjetura
afortunada de lo que iba a suceder cuatro siglos ms tarde?
Platn habla conscientemente de la suerte que le est reservada a la bondad en un mundo malvado
incapaz de comprenderla. Es precisamente lo que ha ocurrido en la pasin de Cristo. Quizs Platn tena
en mente la muerte de Scrates, cuya bondad le conduzco al martirio, porque la bondad es siempre
bondad, y el mundo corrompido ser siempre el mismo.
Si Platn, partiendo del ejemplo de Scrates y de su clara visin del bien y del mal, pudo entrever la
posibilidad de un ejemplo perfecto y describir algo tan parecido a la pasin de Cristo, no es por casualidad,
sino porque era un hombre que comprenda bien la naturaleza del mundo. El no supo que el ejemplo
perfecto de bondad crucificada que l haba pintado llegara a ser real en la historia. Pero de haberlo
descubierto, su reaccin no hubiera sido decir: Qu casualidad!, sino ms bien: No os lo haba dicho
yo?
Cuando medito en la pasin de Cristo leyendo el retrato que hace Platn del justo, puedo leerlo
provechosamente viendo a Cristo como un segundo sentido del texto, ya que el parecido no es una simple
coincidencia. Hay un lazo real entre lo que Platn quera decir y lo la verdad en la que yo creo. Lo que pasa
es que yo conozco ese lazo y l no lo conoca. Pero existe realmente. No es una fantasa arbitraria de mi
parte que yo est proyectando sobre textos distintos del ayer.
H. JERUSALN EN LOS SALMOS
1. Jerusaln en la Biblia hebrea
En los 24 libros de la Biblia hebrea el nombre de Jerusaln es mencionado unas 750 veces, sin contar
trminos equivalentes tales como Sin (180 veces) u otros nombres tales como Monte Moria, Monte del
Seor, Ciudad Santa, Monte del Templo, ciudad de David, Ariel, Shalem, Jebs...
La distribucin de estas citas entre los diversos libros bblicos es muy desigual. En el Pentateuco slo
hay dos posibles referencias a Jerusaln (Gn 14,18; cf. Sal 76,3 y Gn 22,14; 2 Cr 3,1). En los libros de
Josu y Jueces, aparece slo una docena de veces, lo cual no es de extraar teniendo en cuenta de que
todava la ciudad en esta poca estaba bajo control jebuseo.
Tampoco es de extraar que el nombre de Jerusaln no aparezca en otros libros, como el de Ester, o
en libros sapienciales como el de Job o Proverbios. La naturaleza de los libros sapienciales es ahistrica y
refleja verdades de carcter universal, no vinculadas al tiempo o a la geografa.
Sin embargo dos de los poemas ms bellos dedicados a Jerusaln estn contenidos en libros
sapienciales deuterocannicos de la poca helenstica. El texto de Tobas 13,7-18 es un canto a Jerusaln
desde el exilio y una visin proftica de la futura gloria que brillar sobre ella, despus de haber sido
castigada por sus crmenes. Especialmente en la parte central de este cntico el autor interpela a Jerusaln
en 2 persona y le dice entre otras cosas: Malditos los que te maldigan! Benditos los que te bendigan!
Dichosos los que te aman. Dichosos los que lloran por tus desventuras. Y sigue una descripcin
apocalptica de la gloria de la futura Jerusaln que ha servido sin duda de inspiracin al autor del
Apocalipsis. El segundo texto deuterocannico es el de Baruc 4,39-5,9 que es un empedrado de citas del
profeta Isaas.
Pero fuera de estos textos tardos, Jerusaln en la Biblia hebrea ms que un smbolo, o una referencia
espiritual, es una ciudad concreta, bien localizable en el mapa. La mayor parte de las alusiones a Jerusaln
en el Salterio estn motivadas por el hecho de que la ciudad y el templo son el lugar donde se realiza el
culto, y los Salmos tienen en el culto su principal contexto de vida. Al mismo tiempo la importancia de
Jerusaln en los salmos hay que buscarla en el carcter davdico de la ciudad, capital de la dinasta
fundada por David. Debido a ello el significado bsico de Jerusaln en la Biblia hay que buscarlo en los
libros histricos o en los salmos, ms bien que en los textos profticos donde Jerusaln ha pasado a ser
ms un smbolo o una cifra espiritualista.
El peligro de la tendencia espiritualista es arrancar Jerusaln de sus coordenadas histricogeogrficas, para transplantarla al terreno de la espiritualidad. Y por supuesto es legtima la lectura
proftica del significado transcendente de Jerusaln, y de todos sus referentes histricos, con tal que no
pierda su encarnacin real en el tiempo y el espacio. En ese sentido la ciudad material de Jerusaln sigue
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teniendo un puesto en la historia de Salvacin de Dios para Israel y para todos los pueblos, y no slo como
una metfora para designar a la Iglesia.
Es con la conquista de David cuando Jerusaln empieza a ocupar el puesto central en el pueblo de
Israel, y sobre todo con el traslado del Arca de la alianza.
2. Los cantos de Sin
Uno de los pequeos gneros del salterio es el que ha sido definido como Cnticos de Sin, y estn
incluidos dentro del rubro ms general de himnos de alabanza, aunque carecen de invitatorio, que es una
de las caractersticas de los himnos. Hacen el elogio de la ciudad santa y a la presencia de Dios en ella.
Una manera de alabar a Dios es alabar todo lo que est relacionado con l, todo aquello que est cercano
a l.
Se canta normalmente la seguridad de la ciudad que est bien asentada y protegida por Dios contra
todos sus enemigos. Los cnticos de Sin en el salterio son cuatro: Salmo 46, 48, 76 y 87. Fuera del
Salterio hay en la Biblia preciosos himnos a Sin, como por ejemplo en Is 2,1-5.
Fuera del gnero encontramos otros muchos salmos en los que Jerusaln juega un papel importante,
como los salmos de peregrinacin 122 y 84, o el canto de los exiliados junto a los ros de Babilonia (137).
Veremos algunos de los rasgos principales que los salmos desarrollan en su teologa sobre Jerusaln.
a) Belleza de Jerusaln
Un midrash antiguo dice: El Creador asign al mundo diez porciones de belleza y Jerusaln recibi
nueve. El Creador asign al mundo diez porciones de sabidura y Jerusaln recibi nueve. El Creador
asign al mundo diez porciones de sufrimiento, y Jerusaln recibi nueve.
Su monte santo, altura hermosa, alegra de toda la tierra (Sal 48,2). El salmo 48 nos invita a una
visita turstica de la ciudad, contemplando admirativamente todos sus palacios, sus monumentos, sus
murallas. Dad la vuelta en torno a Sin, girad en torno a ella, contad sus torres, grabad en vuestros
corazones sus murallas. recorred sus palacios (Sal 48,13-14). El salmo 46 se fija en sus canales y jardines:
Un ro! Sus brazos recrean la ciudad de Dios, santificando la morada del Altsimo (46,5).
b) Eleccin y predileccin de Dios por Jerusaln
Ama YHWH las puertas de Sin ms que todas las moradas de Jacob (Sal 87,2). YHWH ha
escogido a Sin, la ha querido como sede para s. Aqu estar mi reposo para siempre, en l me sentar
pues lo he querido (Sal 132,13-14). Por qu miris celosos, oh montes escarpados, al monte que Dios
escogi como mansin? Oh, s, YHWH morar all por siempre! (Sal 68,17). El nombre de la elegida
durar para siempre (Tb 13,11).
De hecho Sin es una colina rodeada toda ella por montes mucho ms altos. El motivo de la eleccin
de Sin es coherente con la visin bblica de que Dios escoge a los pequeos, a los que no se ensalzan a
s mismos. La ciudad del pequeo David que fue escogido por Dios de entre sus hermanos mayores (1 Sm
16,11), o Israel de quien Dios se prend no porque seis el ms numeroso de todos los pueblos, sino por el
amor que os tiene (Dt 7.7).
Dios ha escogido a Sin para morar en ella. Vista desde lejos, entre todos sus palacios, descuella el
palacio de Dios, el Templo, que siempre ocup un rea inmensa en comparacin con el rea habitada del
resto de la ciudad. El monte Sin, vrtice del cielo, ciudad del gran rey. Entre sus palacios Dios descuella
como alczar. (Sal 46,3-4).
c) Solidez de Jerusaln
Est fundada sobre los montes (87,1). Dios est en medio de ella, no ser conmovida. Dios la
socorre al llegar la maana (46,6). Los que confan en el Seor son como el monte Sin, que es
inconmovible, estable para siempre. Jerusaln. de montes rodeada! As YHWH rodea a su pueblo desde
ahora para siempre (Sal 125,1-2).
La repetida experiencia de los reyes que fracasaron en sus intentos por conquistarla lleg a crear el
dogma de su carcter inviolable. Podemos recordar histricamente los coaligados en la guerra siroefraimita
del 735 (Is 7,1), pero sobre todo las temibles huestes de Senaquerib unos pocos aos ms tarde (2 R
18,13-19,37). Jerusaln resisti apoyada en su total confianza en la inviolabilidad de la ciudad, reforzada
por el orculo de Isaas: Ella te desprecia, te hace burla, la virgen hija de Sin... No entrar en esta ciudad,
orculo de YHWH. Proteger a esta ciudad para salvarla por quien soy y por mi siervo David (2 R 19,2134).
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Y efectivamente la Biblia subraya que Senaquerib no pudo tomar la ciudad de Jerusaln. Una plaga
hizo estragos en las filas asirias (2 R 19,35), informacin confirmada por Herodoto que habla de una
invasin de ratas (la peste?). La Biblia nos dice que "el ngel de YHWH vino y golpe el campamento
asirio matando a 85.000 hombres. Por la maana al despertarse, no haba ms que cadveres" (2 R 19,35).
Esta desbandada de los reyes que queran conquistar Jerusaln est tambin recogida en los Salmos:
He aqu que los reyes se haban aliado, irrumpan a una; apenas vieron, de golpe estupefactos, aterrados,
huyeron en tropel. All un temor les invadi, espasmos como mujer en parto, tal el viento del este que
destroza los navos de Tarsis (Sal 46,5-8). All quebr las rfagas del arco, el escudo, la espada y la
guerra (Sal 76,4).
El fracaso de Senaquerib confirm la inviolabilidad de la ciudad segn la teologa poltica de David y
de la alianza con su dinasta. Cuando ms de cien aos despus los babilonios pongan sitio a Jerusaln,
los judos recordarn el fracaso de Senaquerib y esta memoria histrica ser uno de los motivos ms
fuertes para resistir hasta el final.
Por eso podemos imaginar el tremendo desconcierto que se dio cuando finalmente la ciudad cay en
manos de los babilonios, tal como Jeremas haba profetizado.
d) Capitalidad y centralidad de Jerusaln
Los profetas y los textos post-exlicos representan a Jerusaln como el centro, el ombligo del mundo.
Jerusaln comienza siendo el centro geomtrico de los montes que la rodean (Sal 125,2). Pero Jerusaln
acaba por ser el centro, el vrtice del mundo entero. Jerusaln es el ncleo de cristalizacin, el foco de
atraccin hacia donde todos los pueblos concentran sus miradas. Jerusaln tiene una misin universal.
La eleccin de Dios, no supone una discriminacin, ni un rechazo de las dems ciudades, ni de los
dems pueblos, sino la vocacin de ser bandern de enganche, punto de encuentro para todos los pueblos.
Jerusaln est llamada a convertirse en capital espiritual y madre de todos los pueblos. Todos han nacido
en ella (Sal 87,5). Confluirn hacia l (el monte de la Casa de YHWH) todas las naciones y acudirn
pueblos numerosos, y dirn: Venid, subamos al monte de YHWH, a la casa del Dios de Jacob, para que l
nos ensee sus caminos y nosotros sigamos sus senderos. Porque de Sin saldr la ley, y de Jerusaln la
palabra de YHWH (Is 2,2-3; cf. Is 56,6-8; Za 8,22-23).
Vendrn a ti de lejos muchos pueblos, y los habitantes del confn de la tierra vendrn a visitar al
Seor, tu Dios, con ofrendas para el rey del cielo... ...Saldrs entonces con jbilo al encuentro del pueblo
justo, porque todos se reunirn para bendecir al Seor del mundo. (Tb 13, 11.13). El templo ser llamado
casa de oracin para todos los pueblos (Is 56,7). En esta visin proftica de Isaas, se contempla la
posibilidad de que incluso los extranjeros sean sacerdotes, y puedan ofrecer sacrificios en el Templo de
Jerusaln.
e) Jerusaln y Babilonia
A lo largo de toda la Biblia hay una oposicin entre Jerusaln y Babilonia. Babilonia entra por primera
vez en la Biblia en el relato de la torre de Babel, intentona de los hombres por hacerse un nombre sobre
la tierra.
El pecado de Babilonia es conseguir la unidad del gnero humano mediante el imperialismo, la
imposicin a todos de una lengua comn, la falta de respeto a las diferencias. El resultado es simplemente
confusin de lenguas, y dispersin por toda la tierra. Los hombres no se entienden.
Babel fue siempre el smbolo de ciudad pervertida. Los profetas han dedicado tremendas invectivas
contra esta encarnacin del orgullo humano (Is 13,1; 21,1-10; 47,1-5; Jr 50-51... En el NT Roma ser la
nueva versin de Babilonia. All fecha Pedro su primera carta (1 P 5,13). El Apocalipsis usa a menudo esta
denominacin (Ap 18).
El contraste con el proyecto Babel, proyecto de insolencia humana, est el proyecto de Dios:
Jerusaln. All por medio del Espritu cada uno habla su lengua, pero todos se entienden. Es el amor el que
congrega y no el imperialismo. La unidad se nos da de arriba, no la construimos nosotros. La ciudad no la
construyen los hombres, la construye Dios. Sin es proyecto divino y no humano.
Desde el destierro de Babilonia, el cautivo se acuerda de Jerusaln. No se trata slo de recordar la
patria perdida, sino de constatar dos concepciones diversas del mundo y del hombre, dos sabiduras
diversas. Lo mismo que no se poda dar culto al verdadero Dios en Egipto (Ex 3,18; 5:1,3; 7,16.26), es
imposible cantar los cantos de Sin en una tierra extranjera (Sal 137,3).
El recuerdo de Sin ha de mantenerse vivo en medio de Babilonia, como bandera de esperanza. Si
me olvido de ti, Jerusaln, que se me paralice la mano derecha; que se me pegue la lengua al paladar si no
me acuerdo de ti, si no pongo a Jerusaln en la cumbre de mis alegras (Sal 137,5-6).
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No hay ecumenismo posible entre Babilonia y Jerusaln. No es posible amar a Dios y al mundo
simultneamente. El que quiera ser amigo del mundo se constituye en enemigo de Dios (Stg 4,4). San
Ignacio en su meditacin de las Dos Banderas, ha radicalizado la opcin que hay que tomar por una u otra
concepcin del mundo.
f) La Jerusaln de abajo y la de arriba
El libro del Apocalipsis nos habla de la Jerusaln celestial que bajaba del cielo de junto a Dios,
engalanada como una novia ataviada para su esposo (Ap 21,2), la Esposa, la novia del cordero (21,10).
Y tena la gloria de Dios. Su resplandor era como el de una piedra muy preciosa, como el jaspe cristalino
(21,12). Sigue una preciosa descripcin de la ciudad en sus detalles, sus muros, sus puertas, sus
cimientos...
El tema de una Jerusaln de arriba y una Jerusaln de abajo no es slo un tema cristiano. El
cristianismo lo ha recibido del judasmo. La tentacin es traer de separar ambas ciudades, como si se
tratase de realidades diversas. La Jerusaln que viene de arriba no anula la ciudad histrica, sino que se
encarna en ella, lo mismo que el cuerpo espiritual es la permanencia del cuerpo carnal, segn la teologa
de San Pablo. No se puede celebrar lo celeste a costa de lo que es terreno e histrico. La ciudad material
de Jerusaln no ha quedado orillada en la historia de salvacin como una realidad del pasado, sustituida
hoy por un concepto espiritual de Iglesia. La Jerusaln de abajo contina teniendo una importancia capital
no slo para los judos, sino tambin para los cristianos.
Si el cristiano olvida Jerusaln, se le seca la mano derecha y se le pega la lengua al paladar. Por eso
las cruzadas, aunque con mtodos equivocados, venan a poner de relieve que la Iglesia no puede nunca
olvidar a la Jerusaln de la tierra. La presencia cristiana en los Santos lugares no es algo anecdtico. El da
que la Iglesia diese la espalda a Jerusaln considerndola una pieza de museo irrelevante, que slo vale
como smbolo de realidades espirituales, pero que ya no ofrece inters ninguno para el Cristianismo se da
perderamos la dimensin encarnatoria de nuestra fe. No slo Jerusaln sera slo un recuerdo histrico
sino que tambin Jess de Nazaret sera alguien irrelevante, a olvidar, porque ahora ya slo nos interesa
un desencarnado Cristo csmico de la fe.
3. Un ejemplo de Canto de Sin: Salmo 87
a. Estructura
Empieza bruscamente con una frase sin verbo, que constata el hecho de la fundacin divina de
Jerusaln y que es en el fondo la base de todos los dems privilegios que se van a enumerar despus. Se
trata de un poema muy breve que nos sirve de ejemplo para estudiar los Cantos de Sin. Tres estrofas,
cada una con tres dsticos breves de cadencia 3+2.. Tres estrofas rpidas y concisas, sin partculas de
transicin.
La primera estrofa (v. 2-3) es una aclamacin a Jerusaln al amor que Dios le tiene y a las nuevas
glorias que el Seor va a concederle.
La estrofa segunda contiene un orculo divino (v. 4-5), en el que YHWH habla en primera persona.
La tercera estrofa (v. 6-7) es una visin proftica del propio salmista, a la luz del orculo, en la que se
predice el futuro de Jerusaln como madre de todos los pueblos.
b. Tema
Se trata del texto ms revolucionario del Antiguo Testamento, hasta el punto de que muchos han
querido forzar una interpretacin en lneas ms tradicionales. Pero el mensaje es transparente. En el futuro
afluirn los gentiles a Jerusaln para rendir homenaje a Dios y participar en el culto. Precisamente los
gentiles que han sido ms hostiles hasta ahora a Israel y al yavismo, se convertirn al Dios de Israel, y se
sometern a l, con lo cual sern considerados ciudadanos legtimos de Jerusaln
Se ofrece en esta visin la solucin a la dispersin babilnica, causada por el deseo humano de
construir una ciudad, y conseguir un nombre. Slo en Jerusaln, fundada por Dios y no por hombres,
pueden reunirse todos los pueblos nuevamente. Lo curioso es que en este texto no se habla de una victoria
militar de Israel sobre las naciones. Sin no impone a los otros la sumisin a Dios, sino que despierta el
deseo de las naciones. La conversin se realiza por persuasin, no por fuerza.
Como decamos algunos se han resistido a admitir este mensaje y han intentado aguarlo. Siguiendo a
Gunkel algunos piensan que no se refiere a los paganos, sino a los israelitas de la dispora (y todo lo ms a
los proslitos -Kittel). El mensaje se reducira a afirmar que tambin los judos de la Dispora seguirn
considerando a Jerusaln como madre, seguirn siendo ciudadanos de Jerusaln y peregrinarn a ella con
motivo de las fiestas principales para dar culto en el Templo.
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Esta interpretacin que no tiene ninguna base en el texto mismo, da la espalda a todo lo que de
novedoso y revolucionario tiene el Salmo, el ms universalista de todos los textos del Antiguo Testamento.
c.- Notas exegticas:
El texto est mal conservado y tiene dificultades de lectura.
v.1.- Las montaas santas. El plural puede referirse a las dos colinas sobre las que est edificada
Jerusaln, o un plural de amplificacin para designar la colina ms antigua de la ciudad de David.
Su fundacin, Dios la ha fundado sobre sus santos montes. Su se refiere a Dios, y no a Jerusaln.
v.2.- El Seor ama las puertas de Sin. Las puertas designan a la ciudad entera por sincdoque (cf. Gn
22,19; 24,60; Dt 5,14; 16.18)
Ms que todas las moradas de Jacob: se refiere a todas las otras ciudades israelitas, y no meramente a
las ciudades del Reino del Norte (Dan, Betel, Silo) como algunos han interpretado.
v.3.- Qu glorioso pregn para ti, ciudad de Dios! Lit. Gloriosas cosas son dichas de ti, o Gloriosas
cosas dice l de ti. En cualquier caso -activo o pasivo- se trata de Dios quien proclama estas glorias de
Jerusaln, refirindose al nuevo privilegio que se va a explicitar ms adelante en el salmo, el de ser capital
espiritual de todos los pueblos. Esto es mayor gloria que ser simplemente la capital de una sola nacin..
v. 4.- Enumeracin de las naciones paganas en dos grupos. Babilonia y Rahab, de una parte, Filistea, Tiro y
Etiopa de otra. Rahab designa al monstruo mitolgico del caos primitivo (Sal 89,11), pero en este caso
designa a Egipto (cf. Is 30,7; 51,9). Por tanto en el primer grupo tenemos a los dos enemigos ms violentos
y poderosos de Israel a lo largo de la historia, que fundaron grandes imperios. En el segundo grupo hay tres
pueblos menos poderosos, dos de ellos vecinos (Fenicia -Sal 60,10; 83,8; 108,10; Ez 26,12-, y Filistea ), y
otro lejano (Etiopa: Is 18,7; Sal 68,32). Con la mencin de estos pueblos el salmo se abre a un
universalismo total en la lnea de Is 19,23-25; Sal 102,23; y Za 2,15. Los reconocer entre los que me
reconocen.
Han nacido all. Sin es su segunda patria, es la madre de su nueva actitud con respecto a Dios, de su
nueva religiosidad. En otros textos bblicos se hablaba de otros pueblos que venan a Sin con la frente
curvada, humillados, derrotados (Is 60,14); por no hablar de los orculos contra las naciones, llenos de
amenazas de destruccin (Is 13; 15; 21; Ez 25-32; Am 1,3-2,3) En cambio aqu se les ofrece una
acogida de hijos, de iguales.
v. 5.- La traduccin griega y latina dicen aqu: el hombre dir de ella Madre Sin. Nosotros con el texto
hebreo preferimos repetir De Sin se dir todo hombre ha nacido all.
Uno por uno, es decir, todo hombre, todos los pueblos, gran cantidad de pueblos, pueblos diverssimos.
Esta expresin subraya el futuro cosmopolitismo de Sin.
v. 6.- Tras el orculo divino, puesto en primera persona en boca de Dios, el salmista habla ya por cuenta
propia y profetiza una visin ecumnica, en la que el Seor escribir en el registro de los pueblos que todos
son nacidos en Jerusaln. Podemos imaginar la escena. El escribano pregunta; Cul es tu nombre?
Dnde has nacido
Contestan: En Babilonia, en Egipto. Y el escribano les corrige: no, has nacido en Jerusaln. Reciben
su libreta de ciudadana. A partir de ahora se pueden considerar en Jerusaln en su casa. Ya somos todos
no huspedes ni peregrinos, sino conciudadanos de los santos (Ef. 2,19).
v.7.- Este verso ha sido traducido de forma muy diversa. El griego dice: Los prncipes de los que
nazcan en ella alegres ponen en ti su mansin. Otros en lugar de prncipes leen cantores. El Texto
masortico ha vocalizado leyendo: Y cantan y danzan (o tocan la flauta) diciendo: todas mis fuentes estn
en ti. El texto parece reflejar una fiesta popular en honor a la maternidad de Jerusaln, en la que los
pueblos danzan y bailan celebrando el hecho de que sus fuentes, orgenes, estn en Jerusaln..
Salmos escogidos
A. UN SALMO DE CONFIANZA: EL SALMO 23
1. Gnero literario del salmo
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Segn Gunkel el salmo 23 pertenece al subgnero llamado Cantos de confianza, en los que se
celebra el total abandono del orante en manos de Dios Salvador. Al mismo tiempo cantan la felicidad y la
seguridad que supone vivir junto al Seor. Algunos autores llaman a estos poemas: Salmos del husped
de YHWH.
En segundo trmino aparecen los enemigos que amenazan, y personifican quizs el ltimo enemigo,
la muerte. Pero la referencia a los enemigos no tiene el tono angustiado de los lamentos individuales.
Este tipo de salmos comienza con una declaracin de confianza o de felicidad, y alaba la solicitud
divina para con el orante, la confusin de los enemigos, para terminar cantando la felicidad eterna que hay
junto a Dios.
Dentro de esta categora podemos incluir algunos de los salmos ms bellos: 4, 11, 16, 23, 27, 31, 61,
62 y 63. Otros autores, como Begrich, no tratan esta categora como gnero autnomo, sino que la incluyen
en los salmos de splica.
Alonso Schkel, a quien seguiremos de cerca en la exgesis de este salmo, postula dos imgenes
bsicas, la de pastor y la de anfitrin, que, aunque tengan puntos en comn, no pueden reducirse a un
nico tema. La mejor titulacin del salmo es la de Delitzsch: Hirt und Wirt, Pastor y husped. La primera
parte habla del Dios en tercera persona (v. 1-3), y la ltima en segunda persona (v. 4-5). El verso final
vuelve a la 3 persona.
El verso central (4b) todava sigue desarrollando la imagen del pastor, sin embargo introduce ya la
segunda persona, como transicin a la imagen del husped. Algunos toman este verso como el tema
central del salmo: T ests conmigo.
Ravasi divide as el poema:
A. El canto del pastor (v. 1-4)
- Declaracin temtica: el Seor es mi pastor (1a)
- Descripcin pastoril de reposo (1b-3a)
- Descripcin pastoril de camino (3b-4c)
- Declaracin temtica: apoyo (4d)
B. El canto del Anfitrin (v. 5-6)
- Declaracin temtica: la mesa preparada (5a)
- Descripcin de la hospitalidad genrica (5b-5d)
- Descripcin de hospitalidad especfica y sagrada (6)
En cuanto al Sitz im Leben del salmo resulta difcil localizarlo. Para Von Rad se trataba del testimonio
gozoso de un levita sobre su llamada al servicio del templo, que protesta contra los que quieren separarle
de su vocacin.
Para otros se trata de un salmo de peregrinacin. El peregrino ha sido protegido por Dios en su viaje a
Jerusaln, ha disfrutado de la hospitalidad del Seor en el templo, y ahora emprende el viaje de regreso e
implora la proteccin divina.
Segn Vogt se trata de un sacrificio de accin de gracias de alguien que ha pasado por la dura prueba
de un juicio en el que sus enemigos le han calumniado. Da gracias porque el Seor le ha protegido en el
sendero de la justicia, y ahora puede celebrar el sacrificio frente a los enemigos que lo amenazaban. En
cualquier caso hay ciertamente un contexto cltico y litrgico, de un sacrificio de accin de gracias,
acompaado de un banquete dentro del recinto del templo.
Ha sido tema tambin debatido si el salmo alude a una experiencia religiosa individual o colectiva.
Wellhausen quera ver en el salmo un canto conmemorativo del xodo y del camino por el desierto.
Beaucamp pensaba en el Israel del exilio que espera volver a los buenos pastos de Sin.
Con la mayora de los autores nosotros pensamos que se trata evidentemente de una experiencia de
piedad individual, y no hay nada en el salmo que permita ver en el orante una comunidad de personas.
Esto no excluye, que despus, en un sentido traslaticio, el salmo pueda ser orado por una comunidad, y
aplicado a sus propias vivencias colectivas.
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Jeremas la aplica a los reyes de Israel para reprocharles sus pecados como lderes del pueblo (Jr 2,8;
10,21; 23,1-3) y anuncia que Dios va a dar a su pueblo buenos pastores (Jr 3,15; 23,4-6) Esta imagen de
Jeremas fue reelaborada por Ezequiel en el captulo 34, hasta llegar a afirmar simultneamente que el
buen pastor que ser enviado no es otro que David (v.23-24), y Dios mismo Yo mismo velar por mi
rebao (v. 11-22. 31). Esta bipolaridad de la promesa queda comprendida en la figura de Jess Mesas,
que es simultneamente David y Emmanuel. Juan ha desarrollado la parbola del buen pastor (cf. Jn 10),
mientras que Lucas y Mateo han desarrollado el tema de la oveja perdida (Mt 18,12-14; Lc 15,4-7).
La descripcin de Dios como pastor se hace por medio de rasgos breves, pinceladas sugerentes, que
pertenecen al campo del reposo y del camino; el csped verde, las aguas tranquilas, el recostarse, el
recobrar el aliento, las rodadas del camino, el golpe seco del cayado golpeando contra las piedras, la niebla
baja que deja el valle en oscuridad. Veamos la parfrasis de Schkel:
En medio del desierto verdea un oasis con su manantial. Las ovejas se tumban en el verde tierno,
beben agua y sienten cmo recuperan las fuerzas. Despus se ponen en camino. El pastor, haciendo honor
a su ttulo gua el rebao por el sendero justo, que l conoce perfectamente y evita que se extraven.
Caminando por una caada se echa encima la oscuridad; las ovejas con su poco sentido de orientacin e
incapaces de ver al pastor, obedecen a seales de sonido y tacto; un golpe ligero de la vara endereza a las
que se desvan, incita a las que se retrasan; mientras que el golpe rtmico del cayado sobre las piedras
certifica una presencia conocida y tranquilizadora.
Slo si disfrutamos en todo su valor la imagen pastoril, podremos ms tarde humanizar la escena.
Varias palabras del texto ya apuntan a una cierta humanizacin, como la palabra nephesh (alma), la
palabra tsedeq (justicia), o la palabra nihem (consolar).
Aunque el tema de la oveja, y el hecho de comparar al hombre con un animal en su relacin con Dios,
pertenezca a una cultura muy concreta, sin embargo las imgenes del agua para el que est sudoroso, la
parada para descansar, la oscuridad y sus miedos, el camino acertado y el miedo a perderse, el revolcarse
sobre el csped, son imgenes transculturales, y pueden ser fcilmente entendidas en cualquier cultura.
3. La imagen del anfitrin
La hospitalidad es una virtud bsica en las culturas de los nmadas. Segn Schkel el salmo narrara
la vivencia de un fugitivo en el desierto, perseguido por sus enemigos, que se acoge a la hospitalidad de un
jeque beduino que le recibe en su tienda, le ofrece de comer y beber y le unge con perfume. Pero ms
importante que los manjares es la proteccin que se le brinda, el asilo. Los enemigos se retiran
avergonzados; su presa se les ha escapado de las manos. Segn Schkel, despus de haber comido y
bebido, el jeque le asigna una escolta para acompaarle en el resto del camino; esa escolta sera la
bondad y la lealtad. Pueden integrarse en la lnea anterior en segunda persona, y entonces habra que
traducirlas: tu bondad y lealtad, o en la lnea siguiente en tercera persona, y entonces habra que
traducirlas su bondad y lealtad. Pero el sentido fundamental no cambia.
El ungir con perfume al husped era parte de la cultura bblica (Sal 92,12; 133,2; 141,5; Pr 21,17; Si
10,1; Qo 9,8); no es corriente en nuestra cultura. Pero las otras imgenes de hospitalidad no necesitan
explicacin: una mesa bien preparada, comida y bebida, compaa, casa.
Tambin el tema de Dios como anfitrin tiene mucha solera bblica. Har YHWH Sebaot a todos los
pueblos en este monte un convite de manjares frescos, convite de buenos vinos; manjares de tutanos,
vinos depurados (Is 26,6). Venid y comed de mi pan. Bebed del vino que he mezclado (Pr 9,5).
Este tema ha sido abundantsimamente utilizado en el Nuevo Testamento, sobre todo en Lucas, y
procede sin duda de las mismsimas palabras de Jess, que repetidamente tom este imagen del banquete
para designar el Reino escatolgico, en la parbola de la gran cena (Lc 14,16-24). En el evangelio de san
Lucas hay 19 menciones a comidas en comn, de las cuales 13 son exclusivamente lucanas. El Seor se
ceir, les har sentarse a la mesas y uno a uno les servir (Lc 12,37). Bienaventurados los invitados al
banquete de las bodas del Cordero (Ap 3,20).
La cena es signo de intimidad. San Juan de la Cruz se refiere a la cena que recrea y enamora, en
una alusin al texto del Apocalipsis: Entrar y cenar con l y l conmigo (Ap 3,20). Pero el Nuevo
Testamento va mucho ms all al presentarnos al Pastor y Cordero, que nos alimenta con su cuerpo y su
sangre. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida (Jn 6,55).
El tema de la copa que rebosa es tambin una imagen llena de posibilidades diversas y
complementarias en el Nuevo Testamento: "Esta copa es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada
por vosotros (Lc 22,20). Padre, si quieres aparta de m esta copa! (Lc 22,42). Podis beber la copa
que yo voy a beber? (Mc 10,38).
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Finalmente tambin el tema del perfume y el husped es recogido en el Nuevo Testamento cuando
nos habla de la pecadora que unge a Jess con su perfume, y de Mara de Betania.
4. La unidad del salmo
Para Schkel la unin de las dos imgenes del pastor y del anfitrin se puede encontrar en la
experiencia del xodo, en la cual el Seor gua a su pueblo por el camino, y al final los recibe como
husped en la tierra prometida Guiaste en tu bondad al pueblo rescatado. Tu poder los condujo a tu santa
morada (Ex 15,13). Mientras guiabas a tu pueblo como un rebao (Sal 77,21). Y tu rebao habit en la
tierra que tu bondad, oh Dios, prepar para los pobres (Sal 68,11).
Dos veces a lo largo del salmo se reemprende la marcha. Una, despus de la parada en el csped
junto al agua. La segunda, despus de la comida abundantemente servida en la mesa. El reposo precede al
camino, nos dice Schkel. Tras cada parada hay que seguir caminando hasta llegar a habitar para siempre
en la casa de Dios. Hay una tensin no resuelta entre camino y morada.
Con facilidad la Iglesia ha reinterpretado los smbolos del salmo en clave de sacramentos de
iniciacin; el agua del bautismo, el perfume de la confirmacin, la copa de la Eucarista. En realidad tanto
en el salmo como en el uso eclesial, agua, aceite y vino tienen una virtualidad para designar realidades
espirituales, y en concreto el don de la gracia que se nos da sacramentalmente encarnada en los dones
materiales.
Pero el mensaje fundamental, el que hace que este salmo sea tan sugerente en la vida espiritual del
cristiano o del judo, es la confianza y seguridad que inspiran en los momentos ms difciles de crisis, en
los valles oscuros de la vida por donde tenemos que atravesar muchas veces. No en vano el salmo es
utilizado frecuentemente en el momento ms dramtico de todos, cuando el creyente emprende su ltimo
viaje a travs de ese valle de la muerte, las sombras de muerte, tomadas esta vez ya no en sentido
metafrico sino realsimo.
5. Notas exegticas
v.1.- El Seor es mi pastor, mejor que un vocativo T eres, Seor, mi pastor.
v.2.- Las aguas del descanso. Algunos han querido ver en este verso las aguas mansas, no agitadas.
Pero preferimos ver el agua que da descanso, ms bien que el agua mansa.
v.3.- El buen camino. Lit. La rodera de justicia. Rodera es la rodada del carro. La palabra justicia en una
primera lectura no tiene que ver con una cualidad moral, sino ms bien sirve para distinguir el buen camino
del camino malo, peligroso, accidentado.
Haciendo honor a su nombre. La palabra nombre la interpretamos como el ttulo de pastor propio de Dios.
En calidad de verdadero pastor, l me gua, etc...
v.4.- El valle de las sombras de muerte. En su diccionario Schkel da las distintas posibilidades al trmino
; Oscuridad, tiniebla, calgine, lobreguez, sombra. Habra pues que traducirlo muy
acertadamente como el valle de tinieblas, o el valle tenebroso.
v.5.- La mesa -- era primeramente una tela que se tenda sobre el suelo para colocar encima las
cosas de comer, como todava hacemos hoy cuando merendamos en el campo. Slo despus se usarn
mesas elevadas. El texto parece responder a la pregunta del salmo 78: Podr Dios preparar una mesa en
el desierto?, aludiendo a la comida milagrosa que Dios dio al pueblo con el man y las codornices.
v.6.- Y habitar, tomando el verbo como un infinitivo de Tambin puede interpretarse como
perfecto de y entonces habra que traducir: Y volver.
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De qu justicia se trata? Algunos han pensado en la justicia paulina, que es la justicia salvfica de
Dios, justo y salvador. Ms bien nosotros pensamos que se trata de la justicia punitiva de Dios, la que se
defiende aqu en esta primera parte del salmo. Un texto paralelo que nos ayudar mucho a comprender el
razonamiento es la plegaria de Azaras: Eres justo en cuanto has hecho con nosotros, y todas tus obras
son verdad, y rectos tus caminos y justos tus juicios. Porque hemos pecado y cometido iniquidad...
Pecamos, obramos inicuamente alejndonos de ti, s mucho, en todo pecamos, no dimos odo a tus
mandamientos, no los observamos... S todo lo que has trado sobre nosotros, todo lo que nos has hecho,
con juicio fiel lo has hecho... No podemos abrir la boca... (Dn 3,28-33).
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La confesin de la culpa y no su represin es el camino para librarse del pecado, como afirman otros
salmos penitenciales, sobre todo el salmo 32. Cuando callaba -es decir, cuando no confesaba mi culpa- se
suman mis huesos en mi rugir de cada da pesaba sobre m tu mano da y noche... (Sal 32.3-4). Sin
embargo la situacin va a cambiar desde el momento que el pecador abre su boca para confesar: Mi
pecado te reconoc, y no ocult mi culpa; dije: Me confesar a YHWH de mis rebeldas?. Y t absolviste mi
culpa, perdonaste mi pecado (Sal 32,5)
La confesin de la justicia divina deja abierto el cauce de la misericordia, que se va a expresar en la
triple splica al final del cuadro: limpia, lava, borra. Parafraseando el hilo del discurso, el autor viene a
decir: Hablando en estricta justicia, eres justo en lo que has hecho, y verdaderamente me he merecido
todo lo que me ha sucedido, pero por tu misericordia perdname. Incluso despus de haberse reconocido
culpable cabe presentar ciertos atenuantes delante de Dios, sobre todo el hecho de haber sido concebido
pecador. No he sido yo el que inventado el pecado. Vine a un mundo en pecado, antes de pecar yo contra
otros, pecaron contra m. Me ensearon a pecar. Pecador me concibi mi madre.
La teologa cristiana ha visto aqu una afirmacin del dogma del pecado original. La Biblia
repetidamente da testimonio de esta inclinacin profunda e instintiva hacia el mal que hay en el corazn del
hombre (Sal 143,2; Gn 8,21; 1 R 8,46; Jb 4,17-19; 14,4; 15,14-16; 25,4-6; Pr 20,9; Jr 5,23; 13,23; 17,1-9).
Estas fragilidad connatural al hombre tiene que ser tenida en cuenta por Dios. Slo l puede regenerar el
corazn, porque quin puede sacar lo puro de lo impuro? (Jb 14,4).
El rabinismo ha credo siempre en esta tendencia innata del hombre al pecado. Pero no la atribuye tan
claramente como San Pablo al efecto del pecado de Adn, como si ste hubiese sido causa de una cada
universal. Dice Schechter que en el pensamiento rabnico: en el caso de la gran mayora de la Humanidad,
hay en cada individuo suficiente pecado para llevar a la muerte, sin recurrir para ello al pecado de Adn.
3. Segundo cuadro: el reino de la gracia (v. 12-19)
El segundo cuadro comienza con la splica de un nuevo corazn. El perdn de Dios no se limita a
borrar el pecado, sino que va a crear algo totalmente nuevo. Entramos en el reino de la gracia.
El contexto es el de una nueva creacin, con el verbo tcnico bara, que designa la accin
exclusivamente divina, cuando Dios sac la creacin del tohu wabohu de las aguas. El regreso de Babilonia
se describe por los profetas como un nuevo acto creador de Dios. En Is 65,17 con el trmino se
describe la restauracin de la comunidad como "creacin de cielos y tierra". Tambin se refiere al "pueblo
que yo me he creado" (Is 43,21). Jeremas usa el mismo lenguaje para describir la restauracin dela
comunidad postexlica ( Jr 31,22). Slo la accin divina puede crear un corazn nuevo en el hombre
pecador. Para esta creacin del corazn nuevo es necesaria la presencia del Espritu primordial que
revoloteaba sobre las aguas (Gn 1).
En este segundo cuadro existe tambin una inclusin quistica muy significativa. Las palabras espritu
y corazn se repiten al principio y al final. Al principio, corazn puro, espritu firme (v. 12), al final espritu
quebrantado y corazn quebrantado y humillado. El ltimo verso, 19, contiene una recapitulacin verbal
de todo el salmo, con el elenco de los trminos principales: sacrificio, Dios, espritu, quebrantado,
corazn.
Comienza con una epiclesis o triple invocacin al espritu: renuvame con espritu firme, no me quites
tu santo espritu, afinzame con espritu generoso.
El espritu recibe tres adjetivos nakhon, qodshekha, nedibah que traduce Schkel como espritu firme,
santo y generoso. Estos adjetivos hay que entenderlos como causativos. El espritu nos hace ser firmes y
no como Sal, que recibi un espritu que no fue duradero; despus de la cada en el pecado, el espritu
nos hace entrar en la esfera de la santidad de Dios; y nos da un dinamismo magnnimo que impulsa
nuestras acciones desde dentro, no por legalismo.
Entre los frutos del Espritu est la alegra, la que da un tono de fiesta y de msica al retorno del hijo
prdigo. Frente a la visin ttrica del Miserere que, como decamos, ha podido dominar en ciertas prcticas
medievales, el salmo insiste en la alegra como el fruto ms consumado del perdn. Devulveme el son
del gozo y la alegra. Que exulten los huesos quebrantados (v.10). Devulveme la alegra de tu salvacin
(v. 14).
Como fruto del corazn nuevo y de la alegra de la salvacin. viene la exteriorizacin de esta vida
nueva de una forma vocal, primero mediante la alabanza. Seor abrirs mis labios y mi boca proclamar
tu alabanza, y luego en el testimonio a los pecadores. Anunciar a los malvados tus caminos, los
pecadores volvern a ti.
El pecador convertido se convierte en predicador de los pecadores, a quienes comprende por su
propia experiencia personal. Su conciencia de pecado no le lleva a desear el exterminio de los pecadores
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como tantos otros salmos (Sal 54,7; 83,18; 140,11; 139,19), sino su conversin. Porque Yo no quiero la
muerte del pecador, sino que se convierta y viva (Ez 18,23).
Este canto de alabanza adquiere una dimensin litrgica. El hombre regenerado y recreado por la
gracia quiere alabar a Dios, y quiere ofrecer sus sacrificios por el pecado, pero el templo no existe.
Entonces el salmo se hace eco de toda la doctrina proftica sobre la alianza nueva y el culto nuevo,
aplicndola al corazn quebrantado, de un modo muy parecido a como lo hace el canto de Azaras. Acepta
nuestro corazn contrito, y nuestro espritu humilde, como un holocausto de carneros y toros, o una multitud
de corderos cebados. Que ste sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia (Dn 3,3940).
El itinerario espiritual empieza por la conversin personal y desemboca en las estructuras renovadas.
Como dice Raguel, primero el corazn, y al final las murallas. Nosotros fcilmente tendemos a un camino
opuesto: preocuparnos ante todo por los problemas estructurales o institucionales y descuidar la reforma
personal.
C TEXTOS ESCOGIDOS SOBRE LOS SALMOS
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los salmos aprendemos qu hay que decir al huir, y qu debemos decir a Dios cuando nos hemos salvado de
la persecucin. Se nos manda bendecir al Seor, alabar al Seor; en los salmos encontramos el modelo para
bendecir a Dios y las palabras para alabarlo debidamente. En fin, en cualquier campo cada cual podr
encontrar cnticos divinos acomodados a l, a sus sentimientos ya su moderacin (...).
Porque tambin esto es admirable en los salmos: que lo que en los dems libros los santos autores dicen de
otras personas, quienes lo leen entienden que se dice de aquellos de quienes se escribi, y quienes lo
escuchan saben que ellos son personas distintas de aquellos de quienes se est hablando, de modo que lo que
se narra slo mueve a admiracin e invita a imitacin.
En cambio, quien toma este libro, si se trata de salmos profticos referentes al Salvador, s, los recorre del
mismo modo que las dems Escrituras, con sentimientos de admiracin y de adoracin; pero los dems
salmos los lee como si fueran palabras suyas propias, y quien los escucha, lo hace como si l mismo los
cantara, y le conmueven y se siente afectado por las palabras de estos cnticos como si fuesen sus propias
palabras [...].
Nadie se atrevi nunca a decir como suyas las palabras de los patriarcas, ni lleg a imitar o proferir como
propias las palabras de Moiss, ni las de Abraham acerca de la esclava, o de Ismael, o del gran Isaac, aunque
se hallara en una situacin parecida [...].
En cambio quien lee los salmos -cosa admirable!-, exceptuando las profecas acerca del Salvador y de las
naciones, dice las dems palabras como si fueran suyas, y las salmodia como si de l mismo se hubieran
escrito, y no las recibe y la recorre como si las dijera otro o se dijeran de otro, sino que le afectan como si las
dijera l mismo de s mismo; y todo lo que se refiere lo dice a Dios como si l mismo lo hubiera hecho y
hablando de s mismo (...).
Me parece, pues, que, para el que salmodia, los salmos son como un espejo en el que puede contemplarse a
s mismo y ver los impulsos de su alma, y recibidos con tales sentimientos. Pues quien escucha a otro que lee
un cntico, lo recibe como si se dijera de l, y, o bien argido por su propia conciencia y compungido se
convierte, o bien al or hablar de la esperanza en Dios o de la ayuda que reciben los que en l creen, como si
la recibiera l mismo, exulta de gozo y se pone a dar gracias a Dios (...).
Y si alguien necesita ms argumentos para convencerse, dir que ciertamente toda la Sagrada Escritura es
maestra de virtud y de la fe verdadera, pero el libro de los Salmos ofrece adems el modelo [icono] para la
direccin de las almas.
San Atanasio de Alejandra, Epstola a Marcelino sobre la interpretacin de los salmos. PG 27, nms. 2, 10, 11,
12 y 14.
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descansando en la quinta los salmos de David --cnticos de fe, sonidos de piedad, que excluyen todo espritu
hinchado- en compaa de Alipio, tambin catecmeno, y de mi madre, que se nos haba juntado con traje de
mujer, fe de varn, seguridad de anciana, caridad de madre y piedad cristiana! Qu voces, s, te daba en
aquellos salmos y cmo me inflamaba en ti con ellos y me encenda en deseos de recitados, si me fuera
posible, al mundo entero, contra la soberbia del gnero humano!
San Agustn, Confesiones, IX, 4, 8 (B.A.C, Editorial Catlica, Madrid 1946), p. 667.
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30).
(...) En ninguna parte he hallado palabras ms poderosas que las de los salmos. Su frvida poesa lo
purifica a uno, le da a uno fuerzas, infunde esperanza en momentos de oscuridad. Le hace a uno
examinarse crticamente, quedar uno mismo convicto y lavarse el corazn con lgrimas propias. Es el
inextinguible fuego del amor, la gratitud, la humildad y la verdad (...).
Te ensalzar, Seor, porque me has librado y no has dejado que mis enemigos se ran de m. Seor,
Dios mo, a ti grit y t me sanaste. Seor, sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando
bajaba a la fosa. Cambiaste mi luto en danzas, me desataste el sayal y me has vestido de fiesta; te
cantar mi alma sin callarse, Seor, Dios mo. Te dar gracias por siempre! (Salmo 29).
Svetlana Alliluyeva, hija de Stalin. Tomado de Cultura Bblica, n. 237, marzo-abril de 1971.
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del monte Sina, engendra para la servidumbre. Esta es Agar. El monte Sina se halla en Arabia, y
corresponde a la de Jerusaln actual, que es, en efecto, esclava con sus hijos (Ga 4,2425).
La anagoga se eleva de los misterios espirituales a los secretos del cielo, ms augustos y sublimes.
Se halla expresada en lo que san Pablo agrega inmediatamente: Pero la Jerusaln de arriba es libre,
sa es nuestra madre, pues est escrito: Algrate, estril, que no pares; prorrumpe en gritos, t que
no conoces los dolores de parto, porque ms sern los hijos de la abandonada que los hijos de la que
tiene marido (Ga 4,26-27).
En cuanto a la tropologa, es una explicacin moral, en orden a enmendar la vida y corregir los
principios de conducta personal. Como si por medio de estos dos testamentos entendisemos la
prctica y la teora; o si por Jerusaln o el monte Sin queremos entender el alma humana, segn
aquello: Alaba, Jerusaln, al Seor; alaba, Sin, a tu Dios (Salmo 147,12).
Las cuatro figuras pueden hallarse reunidas. As, la misma y nica Jerusaln revestir, si queremos,
cuatro acepciones distintas: en el sentido histrico ser la ciudad o metrpoli de los judos; en el
alegrico, la Iglesia de Cristo; en el anaggico, la ciudad celeste que es la madre de todos nosotros,
segn la creencia paulina; en el sentido tropolgico, ser el alma humana, a quien vemos que alaba o
reprende al Seor ton este mismo nombre de Jerusaln.
Juan Casiano, Colaciones, Conferencia XIV, sobre la ciencia espiritual (Rialp, Madrid 1962),1. 11, pp.
95-97.
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una alegra del alma que sobrepuja todo encarecimiento. Arrebatada de los sentidos y de todo lo
visible, el alma se engolfa en Dios con gemidos y suspiros que el lenguaje no puede traducir.
Juan Casiano, Colaciones, Conferencia IX sobre la oracin (Rialp, Madrid 1958), t. I, pp. 496-498.
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cantidad de obras que hicieron y no se pueden imitar. Ms an: cuentan obras ms cuantiosas an
que son numerosas de imitar y que engendran ordinariamente sectas y partidos, desvindonos y
separndonos de la comunin de los santos. En cambio el Salterio te preserva de los partidos y te
conduce a la comunin de los santos, porque te ensea a pensar y a hablar con la alegra, el respeto,
la esperanza y la tristeza, tal como todos los santos pensaron y hablaron.
En resumen, si quieres ver a la Iglesia catlica en un cuadro lleno de vida, de color y de relieve, en
una pequea miniatura, toma y estudia el Salterio. En l tienes un excelente espejo, claro y puro, que
te mostrar qu es la cristiandad. Verdaderamente, te descubrirs a ti mismo; encontrars en l el
verdadero gnothi seauton ("concete a ti mismo"), y tambin al mismo Dios y a todas las criaturas.
Martn Lutero, Prefacio al Salterio (trad. francesa) Oeuvres, Labor et Fides, Ginebra 1963, pp. 263264.
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52. El Seor aniquila a Satn y a los suyos, y hace habitar en su casa a los justos.
53. Oracin al Juez eterno, para ser librado de los impos.
54. Cristo y el cristiano, arrancados del peligro.
55. Cristo y su Cuerpo, perseguidos por el enemigo, traicionados por el amigo.
56. Peligro mortal y resurreccin de Cristo y del cristiano.
57. Aparece en tu esplendor sobre los cielos, Seor Jess!
58. Cristo juzga a los jueces injustos.
59. Cristo, fuente de nuestra fuerza en el combate contra la maldad humana.
60. Cristo, nuestra seguridad hasta en la derrota.
61. Bajo las alas de Cristo.
62. Descanso en Cristo, que nos salva y recompensa.
63. Deseo de ampararse bajo las alas de Cristo.
64. Invocacin a Cristo contra las asechanzas del enemigo.
65. Cristo da la fecundidad.
66. El universo alaba a Cristo por la vida nueva.
67. Oracin por la luz de Cristo.
68. Cristo, que ha subido al cielo, distribuye sus gracias.
69. Lamentacin de Cristo y de su Iglesia durante la Pasin.
70. "Seor, date prisa en socorrerme.
71. De la infancia a la vejez, nuestro refugio es Cristo.
72. Cristo, rey y salvador del mundo.
73. Cristo, "roca de mi corazn y mi lote siempre.
81. Al que escucha a Cristo, Cristo lo alimentar.
82."Levntate, Seor, y juzga la tierra.
83. Seor, no te quedes en silencio: tu Iglesia est rodeada de enemigos.
84. El altar de Cristo es nuestra patria.
85. Consuelo y esperanza de los prisioneros repatriados.
86. "Eres bueno y dulce, Seor.
87. Todas las fuentes de la humanidad estn en la Iglesia de Cristo.
88. Oracin en una gran necesidad.
89. Cristo, verdadero David
90. La misericordia de Cristo sobre nuestra vida pasada.
91. Refugiado junto al Seor.
92. Cristo hace que los suyos den fruto.
93. Gloria real del Resucitado.
94. "Ven, Seor, a juzgar y a recompensar.
95. Canto de jbilo a Cristo, pastor de su pueblo.
96. El Seor exaltado en la cruz, rey y Seor del universo.
97. Poder y gloria de Cristo en su venida gloriosa.
98. Alabanza a Cristo, rey del universo
99. El Seor es un rey santo.
100. Cristo, pastor de su pueblo.
101. Buenos propsitos matutinos.
102. Cristo, nuestro consuelo en la enfermedad y la miseria.
103. La misericordia del Seor dura de eternidad en eternidad.
104. Sabidura del Seor en la primera creacin y en la segunda.
105. Fidelidad del Seor al pueblo de la Alianza.
106. Fidelidad del Seor a su pueblo infiel.
107. Rescatados, dad gracias al Seor por su misericordia.
108. Confianza victoriosa en el rey del universo.
109. Cristo Y sus miembros se quejan de enemigos malvados.
110. Cristo, rey, sacerdote y vencedor.
111. Alabanza a Cristo, que siempre rescata y perdona.
112. Cristo, nuestra luz en las tinieblas.
113. El Salvador y Esposo de la Iglesia.
114. Canto de accin de gracias por el bautismo.
115. Canto de accin de gracias por la liberacin de la muerte eterna.
116. Queremos ofrecer a Dios un sacrificio de accin de gracias.
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Salmos, mis queridos salmos, pan cotidiano de mi esperanza, voz de mi servicio y de mi amor a Dios,
alcanzad en mis labios vuestra plenitud! Queridos salmos, no envejecis. Sois la oracin que no se
desgasta. Asums en la fe toda la experiencia humana. Si ocupis ese lugar en mi vida es porque la
expresis ante Dios. Como la verdad, refrescis los labios y el corazn de quienes os cantan. Aceptad que
se os resuma en dos palabras de las cuales la segunda solo se puede pronunciar en verdad cuando se ha
dicho la primera: Amn. Aleluya. Y. J. Congar, Los salmos en mi vida(Y. Congar.
.
Autor:
Juan Manuel Martn-Moreno, S.J.
[email protected]
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