Este documento discute el realismo fuerte en la narrativa hispánica actual. Explora cómo varias novelas construyen su realismo a través del punto de vista del narrador. También analiza las preguntas que los narradores realistas deberían hacerse sobre el tipo de realismo a adoptar y cómo encarnar las emociones de los personajes a través del lenguaje narrativo. El documento sugiere que el mejor realismo actual logra una armonía polifónica entre los distintos lenguajes en la novela.
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Este documento discute el realismo fuerte en la narrativa hispánica actual. Explora cómo varias novelas construyen su realismo a través del punto de vista del narrador. También analiza las preguntas que los narradores realistas deberían hacerse sobre el tipo de realismo a adoptar y cómo encarnar las emociones de los personajes a través del lenguaje narrativo. El documento sugiere que el mejor realismo actual logra una armonía polifónica entre los distintos lenguajes en la novela.
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La construccin del realismo fuerte en algunos libros de narrativa hispnica actual
Vicente Luis Mora
Nicols Cabral, Catlogo de formas; Perifrica, Cceres, 2014. Elvira Navarro, La trabajadora; Literatura Random House, Barcelona, 2014. Javier Sez de Ibarra, Bulevar; Pginas de Espuma, Madrid, 2013. Ray Loriga, Za Za, emperador de Ibiza; Alfaguara, Madrid, 2014. Blanca Riestra, Pregntale al bosque; Pre-Textos, Valencia, 2013. Rodrigo Fresn, La parte inventada; Random House, Barcelona, 2014. Jos de Montfort, Fin de fiestas; Suburbano Ediciones, edicin digital, 2014 Claudia Salazar, La sangre de la aurora; Estacin la cultura / Animal de invierno, Lima, 2013. Domnico Chiappe, Tiempo de encierro; Lengua de Trapo, Madrid, 2013. Edmundo Paz Soldn, Iris; Alfaguara, Madrid, 2014. Miguel Serrano Larraz, Autopsia; Candaya, Barcelona, 2014. Luis Rodrguez, Novienvre; KRK, Oviedo, 2013. Elvira Navarro, La ciudad feliz; Literatura Random House, Barcelona, 2009. Federico Guzmn Ser maana; Lengua de Trapo, Madrid, 2012. Coradino Vega, Escarnio; Caballo de Troya, Madrid, 2014. Esther Garca Llovet, Mamut; Malpaso, Madrid, 2014.
Hay dos tipos de realistas; el que cocina su patata con tierra y porquera para demostrar que verdaderamente es un realista, y el que la sacude y la deja bien limpia. Yo pertenezco a estos ltimos. Robert Frost
La realidad a la que me refiero es la misma que describi Hobbes, pero un poco ms pequea. Woody Allen, Cmo acabar de una vez por todas con la cultura
En varios textos anteriores hemos ido avanzando la existencia de dos realismos narrativos perfectamente distinguibles: un realismo ingenuo, que considera que la realidad puede recogerse, desproblematizada, en la narracin, y un realismo fuerte, que entiende que para hablar de la realidad hay que procesarla primero, hay que someterla a un contraste esttico e ideolgico y, en consecuencia, debe ser artificial si pretende parecer natural. En este post abordaremos una serie de novelas actuales y la construccin de su realismo (en principio, fuerte en todos los casos citados salvo donde se precise) a partir del asunto del punto de vista, esto es, examinando los narradores que utilizan esas novelas para contar la historia.
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El realismo est de moda. El documental tiene tanto prestigio y atencin como el cine de ficcin, y la gente acude en masa a ver las exposiciones de Ron Mueck o las plastinaciones de von Hagens. La televisin nocturna sobrevive gracias al reality-show. Vivimos el apogeo de gneros que tiran de la escritura literaria hacia la realidad: la autoficcin, la crnica, la memoria novelada, la novela histrica, la autobiografa, los libros de viajes, etctera. La fbula, la ficcin, la invencin, cortan sus alas y los personajes se cien a los eventos consuetudinarios que acontecen en la ra, o a lo que pasa en la calle, segn determinen Juan de Mairena o su alumno Prez. Se considera equivocadamente escapista a lo fantstico. Se tolera ms a la ciencia ficcin, porque al menos tiene algn sustrato cientista. Los personajes narrativos se parecen mucho a sus autores, y tienen ms o menos la misma edad. Se escribe sobre el barrio propio o alrededores. Los escritores protagonizan demasiadas novelas actuales. Demasiadas. Este escabroso tema lo dejamos para otro da. Escribe David Shields en Reality Hunger (2010) que, paradjicamente, mientras los relatos de no ficcin los telediarios, por ejemplo son, cada vez ms irreales, la ficcin se nos presenta cada vez ms como real, como realista, como basada en hechos reales 1 . Y el modelo de relato realista es la novela decimonnica, que tenda a imponer la imagen de un universo estable, coherente, continuo, inequvoco, por completo descifrable (p. 17). Es un poco el modelo del telediario, no?
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Explorando los realismos existentes en la tercera dcada del XX, escriba Cyril Conolly que a veces era mejor utilizar una primera persona que una tercera al narrar, pues la primera permita poniendo un ejemplo de Isherwood superar las trabas impuestas por las convicciones de la ficcin, aadiendo que en la novela realista el escritor debe amoldarse al lenguaje que comprende el mayor nmero de personas, al vernculo, pero su talento como novelista aparecer en la exactitud de su observacin, la justicia de sus situaciones y la construccin de su libro () Es la construccin lo que convierte en sobresalientes obras como The Memorial, Passage to India y Cakes and Ale 2 . Con independencia de la opinin que uno tenga sobre las novelas de Isherwood, Forster o Maughan, creo que el criterio de Conolly es ms que acertado. A estas pautas aadira otra, sealada por Bordieu: la estructura que organiza la ficcin, y que fundamenta la ilusin de realidad que produce, se oculta, como en la realidad, bajo las interacciones entre personas que estructura 3 . Distinguir los malos realismos de los buenos es tarea fcil desde esos parmetros, que aluden a la necesidad de cierta complejidad constructiva que, si me permiten, podra entenderse como complejidad armnica de la narrativa. Armnica no slo en un sentido esttico, sino de coherencia con la realidad cientfica sobre la que trabaja el autor, concepto este cientfico sobre el que se ahonda al final de este trabajo. La novela realista, en consecuencia, no plantea menos problemas ni demanda menos responsabilidad que una de cualquier otro modelo esttico. El narrador realista debera hacerse, en 2014, varias preguntas antes de comenzar a escribir una novela: 1. Es necesario que sea realista? (esto lo digo medio en broma, medio en serio). 2. Qu tipo de realismo, dentro de los que me ofrece la tradicin, debo escoger? O acaso debo inventar un nuevo tipo de realismo? S? No? Por qu s? Por qu no? 3. Qu punto de vista sobre la historia va a adoptar el narrador (o narradores)? 4. En qu persona/s verbal/es se expresar/n mi/s narrador/es y por qu? 5. Qu tipo de lenguaje utilizar el narrador, y qu tipo de lenguaje usarn los personajes? (pregunta inoperante en los casos de homodiegesis narrativa, obviamente, cuando el narrador es a la vez uno de los personajes). 6. Teniendo en cuenta la cantidad de novelas realistas que se han publicado ya, incluso la semana pasada, qu va a aportar la ma, qu trae de nuevo al mundo, amn de una realimentacin de mi propio ego como autor?
1 D. Shields, Reality Hunger. A manifesto; Penguin, New York, 2010, p. 63. 2 Cyril Conolly, Enemigos de la promesa (1938), Obra selecta; Lumen, Barcelona, 2005, p. 133. 3 Pierre Bordieu, Las reglas del arte; Anagrama, Barcelona, 1995, p. 35.
Respondiendo a estas cuestiones con rigor y autoexigencia bastara.
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Si la novela a finales del XIX dio un cambio radical por su pretensin de describir las emociones en un entorno espacial concreto, segn defiende Fredric Jameson en The Antinomies of Realism (2013), a principios del siglo 21 lo que persigue la mejor narrativa actual a mi personal y discutible juicio, es la encarnacin de esas emociones en un cuerpo y un entorno, pero aadindoles un lenguaje narrativo que trasluce un lenguaje psicolgico, esto es: dotando al texto de la encarnacin lingstica singular de un(os) modo(s) de pensar concreto(s), no slo alusivo(s) al lenguaje utilizado por los personajes, sino tambin a la forma compositiva o estructural con que se cuenta la historia, a su lenguaje narrativo. El narrador entiende que la novela tiene un discurso y que sus personajes poseen el suyo propio, y que todos deben ser distinguibles entre s y nicos (salvo que la identificacin diga cosas, como veremos luego en un ejemplo), y que esos lenguajes deben cohonestarse con la psique de los caracteres, y que debe existir una armona o una coherencia polifnica entre ellos (a menos que la distorsin y la inarmona sean objetivos deliberadamente buscados por el autor). Y entiendo que esta encarnacin lingstica sera, por supuesto, una especie de evolucin natural del rastro que han dejado el monlogo interior de Artaud, Joyce y Woolf, el giro lingstico del pensamiento durante el XX y la herencia de Beckett. Esto es algo que sucede en los mejores casos, es decir, en la mejor novela actual, sea cual sea su adscripcin esttica (tardomoderna, posmoderna, pangeica, etc.), y sea cual sea su aproximacin estructural o tcnica a la narracin (esteticista, autoficcional, formalista, fantstica, realista, etc.).
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El realismo literario es un concepto que a todo el mundo le parece muy claro pero, como el tiempo, segn la imagen de Agustn de Hipona, basta con que nos demanden una definicin para entender su dificultad. A juicio de Daro Villanueva, que dedic a este tema su monografa Teoras del realismo literario (2004), el realismo es ni ms ni menos que el elemento central de la Teora de la Literatura, ya que, a su juicio, determina el resultado de todos los dems (Terry Eagleton, desde un punto de vista similar, dice que muchos movimientos narrativos posteriores nacieron, precisamente, para solucionar los problemas que el realismo era incapaz de solucionar). El estudio de Villanueva parte de la Pragmtica, rama semitica dedicada al estudio de la creacin literaria en lo tocante a su relacin con los lectores; para el autor, en consecuencia, el concepto de lo que entendamos por realismo del texto est estrechamente imbricado con la recepcin de lo que los lectores entiendan como tal, y el modo en que dirijan, intencionalmente, el sentido de lo presentado.
Los dos primeros captulos del libro de Villanueva incluyen el examen de las categoras aceptadas de realismo literario, el gentico y el formal. El captulo central es una elaboracin terica del concepto de realismo para el autor, quien dedica los dos ltimos a elaborar su teora del realismo intencional, realismo que va calando, poco a poco, en los estudios literarios contemporneos. La falacia conocida como realismo formal o esttico es aquella que considera que la obra de arte est cerrada en s misma y no hay realidad fuera de su realidad; el realismo gentico o mimtico sera el que considera el arte como mero reflejo de la realidad 4 . Para los realistas genticos el arte es consecuencia de su tiempo y debe reflejarlo (teora marxista del reflejo, de Lukcs). Para los formales, el artista ocupa el lugar de Dios frente a su creacin (Flaubert), compite por tanto con l (Steiner, Presencias reales), es la Naturaleza quien imita al arte (Wilde), y sus leyes no reproducen la realidad, sino que participan (Gombrich, Goodman) de la ilusin de la realidad. Frente a estos extremos, y buscando un punto de equilibrio, Villanueva defiende lo que llama el realismo intencional. No se trata de algo opuesto a los dos realismos superiores, sino que los engloba (cf. p. 139), teniendo en cuenta las relaciones entre los mundos externos de referencia de autor y lector, la intencin de ambos, y el campo de referencia del mundo posible de la obra. Tiene esta construccin una clara deuda de las teoras de Iser, Gadamer y Scheleiermacher, en cuanto a la posicin activa del lector en la creacin de la obra de arte (un captulo de The Implied Reader de Iser se titula The reader and the realistic novel). En todo momento intenta Villanueva encontrar alguna solucin de consenso entre los esteticistas y los realistas ms radicales, porque ser infrecuente hallar gran literatura en los extremos. Si, a juicio de algunos, el formalismo puro es un arte desustanciado y hueco, no lo es menos que el realismo como mera reproduccin fotogrfica slo produce, segn Villanueva y con razn, productos deleznables (p. 59). Como dice ngel Zapata en su estudio sobre Medardo Fraile, cuando la literatura realista se arrima al fuego de lo testimonial acercndose demasiado al documento, su nico destino es chamuscarse 5 . Si el objetivo es representar una situacin social exclusivamente como denuncia, sus valores sern sociales o ticos, pero no estticos.
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La trabajadora (2014), de Elvira Navarro, pone sobre la mesa numerosas cuestiones. En cuanto a su esttica, podra denominarse realismo problemtico, no en el sentido en que utiliza el trmino Fernando Castro Flrez para el arte contemporneo (donde se mezcla el sociologismo con las formulaciones casi hegemnicas de lo abyecto 6 , que nos pondra ms bien en la rbita de un Bret Easton Ellis o de una serie como Dexter), sino de un realismo que, en todo momento, se cuestiona como tal, combatiendo esa voluntaria suspensin del descreimiento que Villanueva (p. 159), basndose en Coleridge, sita como base del realismo intencional del lector que desea sumergirse en el mundo ficcional. Navarro, ms bien, desea despertar al lector, alertarle de su singladura por el mar ficcional, y por ello La trabajadora confronta, mediante una tcnica realista muy artificial (en tanto construida y visible) los problemas de la abyeccin social, la abyeccin personal, y la opaca relacin entre ambas abyecciones, expresndose mediante un artefacto narrativo muy consciente de serlo.
En algunas reseas o menciones a La trabajadora he ledo comentarios acerca de la provocativa primera frase de esta novela. Incluso la he visto reproducida como primera frase, cuando lo que se cita en realidad el segundo prrafo de la novela (el del cunnilingus con regla, etc.). Algo que me parece muy significativo, porque la primera frase real de la novela que para algunos, en cuanto marca autorial de la misma, parece estar curiosamente fuera de ella, dice as: Este relato recoge lo que Susana me cont sobre su locura (p. 11). Es decir: se oblitera el lugar donde se establece la estrategia
4 D. Villanueva, Teoras del realismo literario; Biblioteca Nueva, Madrid, 2004, p. 41. 5 ngel Zapata, La ternura del nmada (Una introduccin a la potica de Medardo Fraile), en Medardo Fraile, Cuentos completos, p. 11. 6 Fernando Castro Flrez, Mierda y catstrofe; Frcola Ediciones, Madrid, 2014, p. 175. retrica, que alude a la propia narracin. Esta frase de apertura, simple en apariencia, esconde una vasta complejidad estructural: nos dice quin habla, configura como relato lo narrado, presenta a quien ser el personaje central de la primera parte y secundario de la segunda, establece el tiempo narrativo (un presente, el del narrador, que remite a un pasado, el pasado de la confesin) y parece presentar una intencin de verosimilitud, de transmitir documental o testimonialmente unos hechos. Nada menos. En una frase se levantan los mimbres de la realidad especial en que consiste, segn el narrador de Plido fuego, la operacin literaria 7 . Como digo, es muy significativo que para algunos lectores no sea la primera frase de la novela, cuando debe ser una de las ms importantes, por cuanto ensea los hilos. Qu son los hilos? Lo dice Jos Mara Mic: Aun en las genialidades de Unamuno o Pirandello, todo personaje literario es un ttere, y el arte de un autor est en la mayor longitud de la suelta o en la pericia con que disimula los hilos 8 , y lo deca Mallarm a partir de Poe: ningn vestigio de una filosofa, tica o metafsica, se traslucir; aado que la necesita implcita o latente 9 . No hablamos del autor implcito de Wayne Booth, sino de las decisiones estticas y estructurales del autor sobre su obra; ste decide si las muestra o si las oculta, pero el desidertum es que hay que tenerlas siempre; no tenerlas, no tomarlas, es condenarse a la banalidad o al plagio involuntario.
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La ciudad feliz (2009), de la propia Navarro, compuesta por dos novelas complementarias, no fue de mi agrado por los insalvables problemas de voz y tono que le vi a la primera de ellas. En ningn momento me resultaban crebles los chinos protagonistas, y las breves pginas en China estaban descritas de una forma que la localizacin poda ser cualquier lugar del mundo, y los personajes (ste era el mayor problema) se expresaban de forma canjeable por cualquier otra cultura, algo inapropiado al abordar un pueblo tan ancestral y caracterstico. Cuando le despus los relatos agrupados en Muchacho de oro, muchacha esmeralda (Galaxia Gutenberg, 2013), de la estadounidense Yiyun Li, encontr la ambientacin creble y la construccin verosmil de personajes chinos que haba aorado en la parte primera de La ciudad feliz. Sin embargo, su segunda parte, narrada en primera persona por Sara, era mucho ms interesante y redonda porque enlazaba con las mejores cualidades de La ciudad en invierno (2006), de la propia Navarro: la construccin de una psique femenina infantil extremadamente compleja y polidrica, que choca de frente con el mundo adulto despus de conocer a un vagabundo.
No es casual que en La trabajadora Navarro haya escogido ese modelo, y su Elisa Nez (lejano trasunto de la autora, sin llegar a lo autoficcional) hable en una convincente primera persona (tambin lo hace la Susana de la primera parte), construyendo uno de los personajes ms crebles y verosmiles de la narrativa creciente, precisamente porque en varios momentos duda sobre el estatuto de su voz (p. 95) y se revela al final el modo de creacin de la misma. Ms que metareferencialidad, que
7 Esta estratagema cuyo objetivo aparente era realzar el efecto de sus valores tctiles y tonales tena, sin embargo, algo de innoble y revelaba no slo una falla esencial en el talento de Eystein, sino el hecho bsico de que la realidad no es ni el sujeto ni el objeto del arte verdadero, el cual crea su propia realidad especial que nada tiene que ver con la realidad media percibida por el ojo del comn de los mortales; V. Nabokov, Plido fuego; Anagrama, Barcelona, 2009, p. 132; traduccin de Aurora Bernrdez. 8 Jos Mara Mic, Clsicos vividos; Acantilado, Barcelona, 2013, p. 33. 9 Stphane Mallarm, Fragmentos sobre el libro; Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Tcnicos de la Regin de Murcia, Murcia, 2002, p. 88. tambin la hay, lo que vemos es una reflexin metatica sobre la escritura. Damin Tabarovsky ha visto bien ese ejercicio de reflexin sobre el propio gnero: La trabajadora es una novela que repiensa el realismo para subvertirlo, para expandir sus posibilidades expresivas, para llevarlas a un extremo. Entremezclando, con maestra, la historia ntima de dos personajes femeninos en la mediana edad, y los cambios urbanos, sociales y econmicos de Madrid, termina siendo una poderosa reflexin sobre qu significa narrar en la crisis. Crisis moral y econmica, por supuesto, pero tambin la crisis del gnero novela, el agotamiento de una forma que se ha vuelvo, casi, anacrnica (aqu). Otro extremo interesante del libro de Navarro es que no ha cado en una de las aporas ticas en que cae, de cuando en cuando, el realismo que intenta ser adems novela social, y que podramos describir utilizando la frase de Walter Benjamin sobre cierta fotografa: al transformar todo lo que la pobreza tiene de abyecto, lo ha convertido, a su vez, en un objeto de placer (El autor como productor, 1934). Eso no sucede nunca en La trabajadora, novela que, como las de Beln Gopegui o de Isaac Rosa, es profundamente incmoda.
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Como incmoda y desasosegante es Escarnio (Caballo de Troya, 2014) de Coradino Vega, un remonte temporal a los comienzos de la crisis: no a 2007, sino a principios de los aos 90, que es cuando se generaron las lluvias de las que han venido estos lodos. Descarnada, quiz demasiado despojada de estilo, la novela de Vega compensa su falta de complejidad literaria con una profunda complejidad sociolgica, construyendo a la perfeccin un estrato social, sus opacos mecanismos de interrelacin y creando el espacio simblico para que el lector entienda su efecto posterior en la vida colectiva. Es la encarnacin pura del conflicto, contada desde el punto de vista de un testigo privilegiado, que sufre en sus carnes las consecuencias de lidiar con los poderes ms o menos visibles. *
La realidad no es verosmil. Observemos lo que sucede en Tiempo de encierro (2013), la ltima novela del peruano afincado en Espaa Domnico Chiappe. Es una novela con detalles excelentes, estructurada con tino y bien pensada, con personajes crebles y construidos con carcter. Pero puede reprochrsele una tacha o tara en varias pginas, cual es, precisamente, la parte ms realista de la novela, aquella donde Tiempo de encierro retrata o deja constancia de las graves desigualdades sociales que acucian a Espaa a raz de la crisis econmica. Tema que no es ni malo ni bueno, ni va a mejorar o empeorar ninguna novela de por s, pero que implica justo por su actualidad y por su trascendencia tica, que debe rehuir tratamientos superficiales o apresurados, graves decisiones a la hora de plantear el esqueleto novelesco. El personaje de la editora me parece magistralmente creado; las primeras pginas de esta novela deberan ser utilizadas en los talleres narrativos como ejemplo de introduccin de un personaje femenino desde su corporalidad fsica. Hasta ah, bien. El problema viene cuando Chiappe intenta embutir la realidad con calzador, cuando la editora convirtindose de sbito en uno de esos narradores del XIX que opinaban moralmente sobre lo que contaban, de forma censurable 10 comienza a hablar con el concepturus del que est
10 Omniscience is objectionable, W. J. Harvey wrote of George Eliot, in a comment we may take as representative, when the author intrudes directly into her fiction either by way of stage directions or of moral commentaryin other words, we might add, in the nineteenth century; Audrey Jaffe, Vanishing Points: Dickens, Narrative, and the Subject of Omniscience; University of California Press, Berkeley, 1991, s/p. embarazada de diecisis semanas, y lo hace en voz alta (para que el lector pueda escuchar su pensamiento) de esta manera:
El peridico no dir nada sobre Lucas. Solo leer la misma histeria financiera que ha logrado convencernos de que no hay ms alternativa que la que imponen quienes se dedican a multiplicar el capital con la complicidad de quienes estn en la administracin de lo pblico. Traidores que imponen la resignacin. 11
A m esta brusca, inoportuna y casi panfletaria aparicin de lo real en la novela me sac por completo de ella. Lo real la volvi inverosmil. La narracin, el personaje, temblaron y amenazaron con deshacerse. Por qu? Siguiendo la ptica de tienne Balibar, Pierre Macherey y Fredric Jameson, Eagleton explica que el modo de acoger en una obra los problemas ideolgicos y sociales es a partir de cierto desplazamiento dirigido a procurar un mbito controlable de conflicto: se puede hablar () de este tipo de problemas en la medida en que estn formados en la materialidad del texto literario; solo en la forma en la que el texto los organiza en un subtexto que, adems, es tambin objeto de sus operaciones 12 . Pero en varias pginas de Tiempo de encierro los problemas no estn enunciados, sino denunciados. El contexto ha sustituido al texto. Queda claro, incluso por la nota final, que la de Chiappe es una novela de tesis, de combate; la opcin es legtima, aunque tambin es legtimo que el lector prefiera otra cosa. Por ejemplo, me gust ms el modo de hacer literatura poltica de Chiappe en una novela anterior, Entrevista a Mailer Daemon (2007), donde lo poltico que tambin era el ncleo de la narracin se integraba perfectamente en una forma narrativa: la distopa, que es la forma poltica por excelencia de la narrativa (en el sentido de que la distopa es poltica siempre, no puede no ser archipolitizada). Hay, pues, formas de hablar de los mismos temas esquivando ese peligroso filo; hay muchas tcnicas para hacerlo, la ms esencial es encarnar la realidad en vez de abrirle la puerta. Chiappe usa alguna de ellas ms adelante: remitir a un cuento alojado en Storify, hacer la cfrasis del vdeo de un desahucio, incardinar historias dentro de la historia al modo cervantino. Creo que lo que me choca de su ltima novela es que Chiappe ha utilizado, a la vez, los dos realismos descritos por Robert Frost: casi siempre encuentras la patata limpia pero, de cuando en cuando, comes algo de tierra. Tiempo de encierro es una novela valiosa y valiente, que hubiera ganado mucho conteniendo ese empuje hiperrealista, justamente indignado, para no hacer olvidar al lector en algunas pginas que, amn de una denuncia, est leyendo, ante y sobre todo, una ficcin.
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De hecho, se suelen confundir novela realista y novela social, como si el tratamiento de una cuestin social, o sea de una plaga social, como la violencia de gnero por ejemplo, garantizara el realismo de una obra; explica con acierto Amlie Florenchie, en la introduccin a un interesante monogrfico sobre el realismo espaol. La novela de Chiappe comienza con el 15M y la novela del mexicano Federico Guzmn Ser maana (2012) termina con el 15M; ambas abordan temas sociales y recogen el sentimiento latente de frustracin de la ciudadana. Ambos lo hacen con trminos explcitos y cargados de dureza. Sin embargo, la novela de Chiappe es realista y social, mientras que la de Guzmn, que es pura literatura fantstica donde el personaje puede crecer 30 aos durante una sola noche y es inmortal mientras se dedique a la
11 Domnico Chiappe, Tiempo de encierro; Lengua de Trapo, Madrid, 2013, p. 18. 12 Terry Eagleton, El acontecimiento de la literatura; Pennsula, Barcelona, 2013, p. 271. revolucin, es una novela social, pero no realista. Un viaje de estudios (autoedicin, 2014), del joven Carlos Gonzlez Fuertes, que tambin toca el 15M, sera una novela realista de corte conductista que tambin es, adems, novela social.
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En su ltimo volumen de relatos, Bulevar (Pginas de Espuma, 2013), el habilidoso Javier Sez de Ibarra lleva a cabo una compleja operacin de reduccin esttica que ambiciona algo parecido a lo que comenta Jameson en cuanto a la reconstruccin emocional de los personajes, y tambin algo similar a lo que pretende Navarro en cuanto forma intelectualizada por autoconsciente de realismo. Es un ejercicio carveriano de menos es ms que acaba descubriendo que menos slo es ms cuando es ms. En el relato Manda aqu, irnica y brillante reflexin sobre el bastimento del estilo literario para que flote a travs de la galerna de los juegos de poder textual, se observa a la perfeccin que, pese a lo advertido en el prlogo del libro, Sez de Ibarra no desea eliminar la retrica literaria de sus relatos sino, ms bien, explicitarla para poder desmontarla a gusto, mostrar el juego para desactivarlo, adjetivo por adjetivo y metfora por metfora, hasta lograr una especie de grado cero barthesiano de la literatura en el que las emociones se muestren por s mismas. Es fcil rastrear la honda tensin que ha sufrido Sez de Ibarra al renunciar a lo literario, su terreno natural, y algunos puntos de rotura de Bulevar evidencian que su pulsin es la inversa, dando la razn a Piglia cuando dice que la literatura es un trabajo con la restriccin, se avanza a partir de lo que se supone que no se puede hacer 13 . Es un intento atrevido el de Sez de Ibarra y no todos los relatos tienen la misma eficacia, cayendo algunos en lo convencional (Sacar al perro) y otros en lo naif (No se acaba nunca), aunque dentro de un conjunto radical, valiente y valioso que recuerda aunque no llegue a su altura al notable Mirar al agua (2009), al que nos hemos referido en La literatura egdica.
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En ese mismo ensayo disclpenme las citas propias, pero uno escribe libros de teora literaria precisamente para tener un sistema desde el que analizar otros libros describo lo que llamo autonovela, unin de autoficcin y metanovela. A ese subgnero, que tambin cuestiona los lmites del realismo, se unen ahora las ltimas obras de Blanca Riestra, Pregntale al bosque (2013), y Miguel Serrano Larraz, Autopsia (2014).
Escrito, segn partes, en primera, segunda y tercera persona, Pregntale al bosque es una variante de la auto-escritura o escritura del s, muy tamizado por la aparicin de la experiencia literaria en la adolescencia de la narradora y transido por la presencia autoconsciente de lo literario a lo largo de todo el libro. En cierto momento se explicita la forma autonovelesca de Pregntale al bosque: Haba prometido no escribir nunca sobre s misma o hacerlo, pero slo mientras hablaba de los otros. () Y ahora, sin embargo, qu le ocurre? Ella piensa que lo peor de lo autobiogrfico es que revela la ruindad, la persistencia del deseo incumplido, terco, que se estrella contra la superficie de las cosas hasta romperlas en mil pedazos. () En el fondo es la historia de lo que no pudo contar () el cuento que ella se cuenta a s misma, cuando trata de explicarse lo que es 14 . Por supuesto, esta confesin a s misma va dirigida en realidad al lector, o al menos tiene en cuenta al destinatario, de forma que traiciona lo confesional al
13 Ricardo Piglia, Crtica y ficcin; Anagrama, Barcelona, 2001, p. 18. 14 B. Riestra, Pregntale al bosque; Pre-Textos, Valencia, 2013, p. 117. publicitarlo dentro de una tradicin que se remonta a las Confesiones de Agustn de Hipona o las de Rousseau, en tanto que explicita lo que tiene de no-confesional, de revelacin entregada a cualquiera (a cualquier lector). Esa traicin genera de inmediato las dudas sobre la verosimilitud de lo narrado, sobre su realidad: qu otra cosa dejaba caer el narrador de la novela de Mann Confesiones del aventurero Flix Krull?: Por otra parte, estoy decidido a redactar mis confesiones con entera sinceridad, sin temor a que se me reproche vanidad o descaro. Pues qu valor y sentido moral podran atribuirse unas memorias que no hubieran sido narradas con la ms estricta veracidad? 15 . Y despus de recordarse/recordarnos tal arenga acerca de la sinceridad debida, el narrador contina con su fbula completamente inventada.
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Uno escribe lo falso, oyendo skateboards, y lo pega en un sticker amarillo sobre el zumbido del refrigerador. El otro de dos espera lo verdadero en las puertas de un parque temtico. (Rafael Espinosa 16 )
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En Autopsia, la narracin autoficcional se encuentra con la metaficcin, pues el libro hace referencia a s mismo y a su construccin en varios momentos. El realismo de Serrano Larraz se analiza a s mismo y se hace la diseccin, usando el estilo forense autonovelesco al que aludamos en La literatura egdica, y no duda en mostrar sus tripas al lector: ahora me veo intentndolo otra vez, trazando un argumento, imaginando la estructura, eligiendo la voz narrativa y seleccionando detalles que doten a la historia de verosimilitud, definiendo personajes y epifanas () veo o imagino a un personaje haciendo algo, y el personaje siempre soy yo, y me encuentro pensando qu hora es en el relato, qu tiempo hace, pormenores que hay que introducir 17 . Las mejores autonovelas, ya lo decamos en el mismo lugar, son aquellas que demuestran crtica y dureza ante el personaje-escritor y frente a la misma narracin, evitando el melanclico engolamiento auto-progagandstico (egolamento, podra llamarse) en que suele caer la autoficcin peor entendida. Serrano Larraz evita con elegancia ese peligro, al mantener una mirada inclemente sobre ese Miguel Serrano que tiene elementos suyos y elementos de ficcin, y escribe una obra generacional pero poltica, realista pero consciente de los lmites de su representacin, y nostlgica pero escrita con buen estilo y brillantez reflexiva. Por eso su autor ha podido declarar recientemente en una entrevista que la novela no ha muerto, sino que la que ha muerto es la novela decimonnica, y ha demostrado que se puede hacer un realismo fuerte del siglo 21.
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() habr algo ms irreal que el llamado realismo? Esos cuentos y esas novelas con un tempo dramtico y un orden de los acontecimientos perfectamente calculados y administrados. Como Madame Bovary. O el orden prolijo y el tempo preciso de casi
15 Thomas Mann, Confesiones del aventurero Flix Krull; Planeta, Barcelona, 1957, p. 31. 16 Rafael Espinosa, El matrimonio, La regata de las comisuras; Kriller71, Madrid, 2014, p. 35. 17 M. Serrano Larraz, Autopsia; Candaya, Barcelona, 2014, p. 358. todas las novelas policiales. Pero la realidad no es as. La realidad es indisciplinada e imprevisible. La realidad es autnticamente irreal De hecho, cada vez que decido sumergirme en esas grandes trilogas o cuartetos o quintetos o septetos decimonnicos, lo que yo hago es socavar ese falso realismo como el de esos cuadros cuyo nico objetivo es, en vano, ser lo ms parecido que se pueda a una fotografa leyendo los diferentes volmenes fuera de orden 18 ; escribe Rodrigo Fresn en su monumental La parte inventada (2014). Fresn recoge aqu un argumento similar al del filsofo Jacques Rancire: el realismo provoca la indistincin de las cosas, al hacerlas todas representables por igual, y ese igualmente representable es la ruina del sistema representativo 19 . Sin embargo, el propio Fresn utiliza un rescoldo decimonnico, esa aparicin de un narrador divino y omnisciente, encarnado en El Escritor, capaz de decir: Dios soy yo. El Dios particular de todos ustedes. T incluido. Y seguro que ya lo notaste un poco. Yo dentro de ti. En tus pensamientos. () Radiohead en tu cabeza que ahora no es otra cosa que una radio que yo sintonizo a voluntad y en la que intervengo (p. 407). Como el Unamuno que confiesa en Niebla: yo soy el Dios de estos dos pobres diablos nivolescos 20 . A pesar de que Flaubert, Valry y T. S. Eliot recomendasen al autor disolverse detrs de la obra como Dios tras su creacin, Fresn utiliza la ms singular y primersima de las terceras personas (p. 546). Pero pese a estas y otras numerosas contradicciones de El Escritor, es obligatorio leer la vasta y por momentos magnfica novela de Fresn.
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Eloy Fernndez Porta seal, justo antes de que la crisis comenzase, que el realismo tiene un tema (la pica de la clase media) 21 . Propuesta de trabajo: preguntarse si la clase media espaola de 2007 se ha convertido, tras siete aos de pertinaz recesin, en el bajoproletariado o cuasilumpenproletariado rescrito y retratado por Elvira Navarro en el 2014. Material complementario: Nuestro apartamento en Benicssim es un noveno, con terraza a la zona comunal, donde la piscina. Est en tercera lnea de playa. Lo compr mi padre en los aos noventa (cuando todava la gente normal, trabajadora y decente de Castelln poda comprarse apartamentos en la playa); J. S. de Monfort, Fin de fiestas; Suburbano Ediciones, edicin digital, 2014, s/p.
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Una de las novelas realistas que ms me ha gustado ltimamente es Iris (2014), del boliviano Edmundo Paz Soldn. Imagino la sorpresa en algunos rostros lectores: Iris es una novela de ciencia ficcin que sucede en un futuro lejano, me dicen. Exacto, as es. Una distopa de ciencia ficcin, para ser exactos, como Limbo (1952) de Bernard Wolfe, novela con la que guarda varios puntos en comn. A pesar de describir un territorio imaginario, un tiempo futuro y un idioma o neolengua propia, me parece que algunos conflictos armados donde est involucrado el ejrcito estadounidense estn contados a la perfeccin, y as lo ha revelado el autor en alguna entrevista. Iris describe un conjunto de soldados que acaban perdiendo el norte de su misin y se convierten prcticamente en mquinas sistemticas de matar. Gracias a la distancia puesta por Paz
18 Rodrigo Fresn, La parte inventada; Random House, Barcelona, 2014, p. 74. 19 Jacques Rancire, Si existe lo irrepresentable, El destino de las imgenes; Politopas, Pontevedra, 2011, p. 124-25. 20 Miguel de Unamuno, Niebla; Ctedra, Madrid, 1978, p. 131. 21 E. Fernndez Porta, Afterpop. La literatura de la implosin meditica; Berenice, Crdoba, 2007, p. 41. Soldn frente al conflicto real o histrico podemos entrar en l con toda eficacia, y se nos permite entender lo que sienten los soldados con mucha ms precisin y acierto que un documental o que una pelcula realista como The Hurt Locker (2008) de Kathryn Bigelow. La guerra no est descrita ni recreada, por Paz Soldn, est construida para que el lector se sienta tan brutalmente dentro de ella como si se tratase de un recuerdo propio, que deja su proporcionado shock post-traumtico. Hay una cita del narrador Junot Daz sobre el realismo que viene aqu ms a cuento que nunca:
La llamada literatura realista es muy limitada a la hora de explorar ciertos problemas. En mi opinin, el realismo, como estrategia narrativa, falla miserablemente a la hora de explicar circunstancias como, pongamos por caso, una guerra civil, situacin en la que se destruye el tejido cvico de la sociedad. Por la herida que deja abierta una guerra civil se escapan emanaciones fantasmagricas muy difciles de atrapar. El realismo no sabe qu hacer con eso. Es incapaz de captar las dimensiones ms sutiles de todo un entramado de emociones fugitivas, sentimientos espectrales que se producen en situaciones histricas extremas. Lo mismo ocurre con las novelas de dictadores. Si se escriben en clave realista, no logran atrapar el fondo de terror, lo ms problemtico de las heridas que abren las dictaduras. 22
Esas emanaciones fantasmagricas sobre las que el realismo no puede trabajar son el centro cabal de Iris y constituyen su parte ms rica y acertada. El terror puro de los soldados por no saber si una bomba los despedazar en las prximas horas 23 deja abiertas las puertas a la supersticin: los espectros de Xltt, ese dios subterrneo y cruel al que temen los habitantes de Iris; las promesas del Advenimiento y su efecto sobre los ciudadanos y sobre los soldados invasores, las oscuras dudas de stos respecto a su misin y su fidelidad a SaintRei, su tierra, se adhieren al lector e impregnan de sustrato mtico su experiencia de lectura, logrando que la brutalidad militar se entienda como parte de un sentido: el del sinsentido como propsito, el de la ausencia de finalidad tica como mvil buscado por los superiores para quitar toda humanidad al guerrero, dejndolo devastado y a merced de las rdenes. Paz Soldn muestra cmo en esas condiciones el soldado queda pasto del pavor (el vaco nos desbarataba. Nos vena el susto, p. 137) y del temor reverencial a cualquier extrao (de inmediato considerado hostil), y comienza a eliminar a los irisinos a la menor provocacin primero y ya sin contencin alguna despus. [Curiosamente, ya redactada esta nota, Paz Soldn dice en una entrevista que la ciencia ficcin ser un nuevo realismo, en sintona con el ltimo captulo de The Antinomies of Realism de Jameson].
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El realismo desnudo de explicaciones conduce a la abstraccin; resulta ambiguo igual que la vida humana [Javier Sez de Ibarra, Bulevar, op. cit., p. 203]. Si es verdad social o conocimiento lo que queremos del realismo, pronto encontraremos que lo que conseguimos es ideologa; si es belleza o satisfaccin esttica lo que estamos buscando, pronto hallaremos que debemos vrnoslas con estilos desfasados o mera decoracin (si no distraccin) [F. Jameson, The Antinomies of Realism, p. 6]. Construir una novela realista ingenua, que no se cuestiona debidamente su acercamiento al fenmeno que
22 Junot Daz en El Pas Semanal, http://elpais.com/elpais/2013/04/29/eps/1367237169_171617.html. 3/04/2013. 23 Cf. E. Paz Soldn, Iris; Alfaguara, Madrid, 2014, p. 194. observa, puede llevar al mismo lugar en el que se encontr el doctor Pablo Barreto (un personaje secundario de Ximnez, del colombiano Andrs Ospina), quien renunci a la medicina al dedicarse de lleno a construir un avin, utilizando como taller el patio de su casona, encerrado entre paredes, por lo que nunca pudo probar si su invencin se elevaba 24 .
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Para entender de un vistazo el brutal choque de tiempos, el insuperable y bochornoso kitsch que supone aplicar sin el debido ajuste en un siglo las tcnicas artsticas de siglos ya lejanos, puede ponerse un ejemplo artstico que viene como anillo al dedo:
Eso s, sancionado por el mercado, porque los nostlgicos sin gusto ni informacin pero con poder adquisitivo abundan.
El realismo decimonnico es la infancia de la novela moderna, y volver a esas lecturas, como apunta Fresn en la segunda pgina de La parte inventada, es volver al pasado, a nuestra infancia tarda de lectores, a la pubertad de la novela, a la inmadurez de la narrativa, antes de que llegasen la adolescencia de Woolf, Proust, Musil y Joyce, o la madurez de Faulkner, Murdoch, Beckett, Gadda o Pynchon. Por eso cabra decir, como el Rousseau de La nueva Elosa (1761, V, 1), en memorable frase que retomaron el Schopenhauer de El mundo como voluntad y representacin y el Kant de Contestacin a la pregunta: qu es la ilustracin?: Sors de l'enfance, ami, rveille-to. O rveille-toi, se dira hoy. Pues eso. Amigo, sal de la infancia y despierta.
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Las formas de evitar el realismo ingenuo pueden ser, como estamos viendo, numerosas y van creciendo conforme los practicantes del realismo fuerte afinan sus procedimientos. Y aqu es donde resulta capital la construccin del narrador, el enfoque intencional y la eleccin del punto de vista y su altavoz narrativo. Lo habitual es dar la voz narrativa a un personaje que cuenta la historia desde dentro (que Genette llama homodiegtico), cual sera el caso del Joan-Marc de Divorcio en el aire (2013) de Gonzalo Torn, el protagonista de Escarnio, de Vega, o del hbil nosotros que utiliza Isaac Rosa en La habitacin oscura (2013), caracterizados por un lmite de conocimiento sobre la historia que no tiene el narrador omnisciente decimonnico, amn de prear de saludable subjetividad la del personaje, no la del autor la obra. Otra posibilidad es dejar zonas de enigma o de penumbra en la historia, partes sin resolver, como hace Sara Mesa en Cuatro por cuatro (2012), con el fin de materializar la evidencia de que el narrador no puede llegar a conocer toda la historia, ni la psique entera de varias personas. Una tercera es el recurso a lo distpico o a la ciencia ficcin; una cuarta sera el apoyo en gneros que ya reconocen su acceso parcial e interesado a la realidad, como el reportaje gonzo que practica Robert-Juan Cantavella en algunos cuentos de Proust Fiction (2005) o en El dorado (2011). La quinta vendra constituida por la autoficcin, que, a pesar de su tendencia a constituirse en plaga, sigue siendo interesante como limitacin de la omnisciencia cuando hay autocrtica, segn el modelo
24 Andrs Ospina, Ximnez; Laguna Libros, Bogot, 2013, p. 224. de Miguel Serrano Larraz en Autopsia (2014), que ronda el modelo tambin autocrtico de Summertime (2009) de John M. Coetzee. La sexta posibilidad atenuadora de la omnisciencia realista es una de las ms antiguas y elegantes: presentar al narrador como no fiable, como alguien consciente de que su testimonio o relato puede no ser del todo veraz, como el Cide Hamete Benengeli cervantino, el narrador del Ulysses a juicio de Seymour Chatman, o el narrador de La invencin de Morel (1940), convenientemente puesto en tela de juicio por una nota al pie del falso editor del libro (Elvira Navarro utiliza este tipo de argucia, vase La trabajadora, p. 14). La sptima sera un narrador omnisciente limitado mediante el modo cmara, narrando lo que pasa sin entrar apenas en la psique de los personajes, dejando que sus actos y palabras expresen su personalidad; este modelo conductista es utilizado por Esther Garca Llovet en su cinematogrfica y eficaz novela Mamut (Malpaso, 2014), una historia plstica y demoledora que gustar a los amantes de Cormac McCarthy y Bolao o del cine de Nicholas Winding Refn. La octava sera la construccin mediante narradores diversos, que dan una perspectiva polifnica (si son adems protagonistas de la historia) o poliperspectivista a la narracin, como hace Nicols Cabral en Catlogo de formas (2014) o la peruana Claudia Salazar en La sangre de la aurora (Animal de invierno, Lima, 2013), una nouvelle diestra y contundente sobre la terrible violencia en Per de los aos ochenta. Me ha gustado mucho el juego de narradores de esta obra de Salazar, que a veces alterna diversos puntos de vista sobre ciertos hechos, en vez de privilegiar uno, y a veces cuenta tres veces el mismo hecho, con tres protagonistas distintas, para recalcar su abyeccin. Tambin es hbil el juego de narradores utilizado en La sangre de la aurora para ampliar las perspectivas: varios monlogos alucinados, un relato en segunda persona sobre una campesina, otro en primera persona sobre una revolucionaria, y una crnica en tercera sobre la trama militar, dndonos la impresin de que el poder no merece una mirada humanizada sino el distanciamiento despectivo de la crnica.
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Escribe el mexicano de origen argentino Nicols Cabral: Mi padre, el Arquitecto, como se le conoce, comenz, al regreso de uno de esos viajes, uno de los ltimos, ahora recuerdo, a esbozar una idea de vivienda, un ensayo original de realismo en la arquitectura, segn deca, donde establecera, aada, una relacin dinmica entre ejes y proporciones, y que le ocupaba largas noches, de las que emergan planos para m incomprensibles que, sencillamente, mostraban una caverna. 25
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La excelente novela de Nicols Cabral no es realista del todo, ni irracional por completo: hay una sabia mezcla de elementos, races y lenguajes. La historia del Arquitecto (inspirada en Juan OGorman, autor de la Biblioteca de la UNAM) es tambin una lucha de contrarios y opuestos como los murales de OGorman donde la esttica realista y lineal de Le Corbusier se opone a la de Frank Lloyd Wright, y en la que el lenguaje encarna la divisin psquica del protagonista. La novela no lineal, polifnica se vuelve irracional cuando el Arquitecto pierde la cordura, momento que Cabral representa gracias al agudo empleo de un monlogo interior beckettiano, descompuesto, alucinado. Es uno de los ejemplos ms claros de esa encarnacin lingstica singular de la que hablbamos al comienzo del texto, como indicio de
25 Nicols Cabral, Catlogo de formas; Perifrica, Cceres, 2014, p. 24. realismo contemporneo fuerte. Desde otro punto de vista, la estructura de Catlogo de formas responde al demencial rigor cartesiano del Arquitecto y su pulsin matemtica: toda la novela est compuesta por breves captulos de 310 a 333 palabras de extensin. De modo que la obra es estructural y lingsticamentem, una trasposicin de la psique (p. 58) del Arquitecto, y como ella terrible, oscura, contradictoria, fascinante.
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Casi al final de su amena autobiografa, significativamente llamada Autorretrato, el brillante y verstil Man Ray (1890-1976) relata su incapacidad para responder al requerimiento de una nia, que, tras mostrarle un cuadro donde reproduca con la equvoca exactitud de un trampantojo una naturaleza muerta, le espet que le gustaba mucho, pero que deseaba saber por qu quera tener dos cosas iguales 26 .
Quiz era una Girl with curious hair, una nia con el pelo raro. Yo era una nia de siete aos, se titula una obra de 2005 de Csar Aira.
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Si alguien quiere ensear en un taller literario cmo hacer realismo literario fuerte en el siglo 21, le recomiendo que utilice como manual la portentosa novela de Luis Rodrguez, Novienvre (KRK, 2013), una leccin en s misma de posibilidades y variedades narrativas que, pese a su vocacin metanoica, mantiene un estilo medio perfectamente reconocible. Comentando aqu la primera novela del autor, La soledad del cometa (2009), decamos que era antimoderna, no en el sentido de Compagnon, sino en el de Cioran. Su posicin es la de la duda y la destruccin. Tiene razn el editor cuando apunta que esto no es realismo sucio ni novela social actualizada. Yo hablara de realismo nihilista. Ese realismo nihilista sigue rezumando xido en Novienvre, ttulo que habla de la errata de la existencia, como apunta Ricardo Menndez Salmn en su prlogo (una errata metafsica la Steiner), pero tambin de la errata que es la palabra exacta, le mot juste, en un mundo de discurso desarticulado y mal escrito. Luis Rodrguez es una especie aparte de escritor, una exquisita rareza que no se parece escribiendo a nadie, ni siquiera a s mismo, porque Novienvre es muy diferente a La soledad del cometa, ms juguetona dentro del horror, ms imprevisible dentro de lo fatdico, y derrocha vida en el centro de la muerte, como un nio jugando en un sepelio.
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Esto lo expres hace tiempo, pero lo mantengo, palabra por palabra, aadiendo alguna acotacin porque es una cita descontextualizada: una literatura realista [ingenua, no fuerte] implica un modo determinista y newtoniano de contemplacin del mundo que est desfasado desde hace un siglo y medio. Pero no hablamos de una moda que haya devenido anacrnica y pueda volver en el futuro (a lo que quiz podran aferrarse para continuar en la esttica que genera). Hablamos de un sistema que ha sido revocado, destrozado, anulado, y cuyas consecuencias epistemolgicas ya no pueden sostenerse, del mismo modo que son inaplicables ya el sistema cosmolgico geocntrico o el antiguo adagio, anterior a Servet, de que la sangre no circula por el cuerpo. El sistema determinista, que siguen sin saberlo los poetas realistas [ingenuos], implica: 1. Que hay una realidad exterior (y, por tanto, opuesta o diferente a la interior). 2. Que esa realidad
26 Francisco Calvo Serraller, Extravos; Fondo de Cultura Econmica de Espaa, Madrid, 2011, p. 82. puede ser conocida por un observador cualquiera. 3. Que por tanto, ese observador puede comunicarla mediante el poema. 4. Que el lector va a entenderla de la misma manera que ha sido expresada y, por tanto, el conjunto fenomnico de 1 va a permanecer inalterado e idntico a s mismo en 4. [Lo cual movera a risa si no moviese antes a estupefaccin] () Intento decir que no podemos dar por autntica o nica una lnea clara en la poesa cuando nos encontramos dentro de un mundo casi impenetrable de puro ambiguo, al que nos enfrentamos desde un ncleo personal deslavazado, antagnico, contradictorio, lo que tiene una indudable influencia sobre nuestro sistema de conocimiento, sustentado sobre bases especulativas que estn en crisis, como ha sealado Michel de Certeau, y que ponen en tela de juicio el paradigma parmenideano de identidad entre pensamiento y ser, por el que tantos siglos se ha regido la filosofa 27 . No son pocos quienes piensan que el lenguaje tiene exacta correspondencia con lo real, o que el sujeto cartesiano es an firme e inequvoco, sin tener en cuenta que del cartesianismo como estructurador de la ecuacin consciencia / inconsciencia humanas, slo pueden derivarse errores, como demostr John Searle 28 .
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Es verdad lo que digo, cada palabra, dice del poema la lgica del poema. Condicin de real al margen de lo real. Lo real dice yo siempre en el poema, miente nunca, as la lgica. (Olvido Garca Valds 29 )
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Una novela que no escapa a los peligros de la visin omnisciente convencional, a pesar de pretenderse disparatada, es la ltima obra de Ray Loriga, Za Za, emperador de Ibiza (2014), muy conservadora desde el punto de vista esttico, a pesar del bao posmoderno de drogas felices y decadente brillantina ibicenca. La historia, que recuerda bastante a la pelcula de los hermanos Coen The Big Lebowski (1998), pues ambas muestran a un alelado envuelto en una historia conspiranoica que le supera y le utiliza como mero instrumento, es puro pasatiempo contado con un estilo desconcertante. Loriga deja el relato en manos de un narrador en tercera persona tan predecible en su autoconciencia (nada jocosa, by the way) como condescendiente con la historia, salpimentada constantemente de chistes sin gracia y digresiones sin chispa. La novela mejora un poco hacia el final, cuando una vuelta de tuerca inesperada obliga al personaje a replantearse lo que ha vivido pero, por desgracia, no obliga al lector a cuestionar lo ledo. Plasticidad, imaginacin y ritmo no le faltan a Loriga, porque quien tuvo retuvo; pero nos da la impresin de haber accedido a una historia contada desganadamente por un narrador omnisciente emporrado, que se re cuando no debe, algo muy molesto para quienes escuchan sin tener el mismo cuelgue.
27 Cf. la inteligente lectura de las Heterologas (1986) de Certeau llevada a cabo por Wlad Godzich, en Las nuevas posibilidades del conocimiento, Teora literaria y crtica de la cultura; Ctedra / Universidad de Valencia, col. Frnesis, Valencia, 1998, p. 302ss. 28 Vicente Luis Mora, Singularidades. tica y potica en la literatura espaola actual; Bartleby, Madrid, 2006, pp. 64-68. 29 Olvido Garca Valds, Caza nocturna; Ave del Paraso, Madrid, 1997.
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Salen a lo que hay ah fuera: la noche polar. El cielo silvestre y prpura, tanta oscuridad en lo negro que es como si Junot la viera por primera vez y fuera consciente de la materia del mundo, de las cosas precisas, enteras, hechas una detrs de otra. La realidad.; Esther Garca Llovet 30 .
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Por si se necesitaba algn elemento ms contra el realismo ingenuo como planteamiento narrativo, ah tienen el interesantsimo y a la vez terrible estudio de los neurocientficos del MIT Jason Fischer y David Whitney, que en el ltimo nmero de Nature explican cmo el cerebro crea un campo de continuidad para percibir el entorno. Esto implica que el cerebro establece un retraso de 10-15 segundos desde que el estmulo es percibido, tiempo durante el cual elabora una imagen media de lo visto durante ese lapso temporal. Los neurocientficos utilizan deliberadamente expresiones como montaje y filtros para explicar cmo el cerebro trabaja como una especie de mesa de mezclas con lo que percibe para luego crear la pelcula de lo que vemos. This is surprising because it means the visual system sacrifices accuracy for the sake of the continuous, stable perception of objects, dicen Fischer y Whitney. Algo que haban sostenido tambin el neuroqumico Pierre Changeux: No hay, pues, percepcin absoluta, sino una reconstruccin del color, como, de manera general, del mundo exterior, por el cerebro 31 y el fsico cuntico David Deutsch: hasta la ltima brizna de nuestro conocimiento incluyendo nuestro conocimiento de los mundos no fsicos de la lgica, las matemticas y la filosofa, as como de la imaginacin, el arte, la ficcin y la fantasa est codificado en forma de programas para la representacin de esos mundos en el generador de realidad virtual que es nuestro cerebro 32 . En estas condiciones, si nuestro propio modo de razonar como seres humanos inteligentes evita estructural y biolgicamente la precisin, si debemos programar nuestra percepcin, qu sentido tiene intentar recuperarla mediante una operacin narrativa falsaria, mediante la burda y arbitraria reconstruccin de algo que nunca ha existido de la forma ingenuamente retratada?
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Con todo esto no atacamos lo real, ojo, ni negamos que exista, pues no somos posmodernos. Slo decimos que el tratamiento de lo real requiere de elementos correctores, de herramientas literarias dirigidas a la verosimilitud, que partan de la base filosfica de que quien las utiliza es consciente de esa dificultad de reconstruccin. Y de que es una construccin, claro. No la realidad, sino la literatura:
Empiezo a entrever lo que yo llamara el tema profundo de mi libro. Es, ser, indudablemente, la rivalidad entre el mundo real y la representacin que de l nos hacemos. () La resistencia de los hechos nos invita a trasladar nuestra construccin ideal al sueo, a la esperanza, a la vida futura, en la cual nuestra
30 Esther Garca Llovet, Mamut; Malpaso, Barcelona, 2014, p. 114. 31 Jean-Pierre Changeux, Sobre lo verdadero, lo bello y el bien. Un nuevo enfoque neuronal; Katz, Buenos Aires, 2010, pp. 98-99. 32 David Deutsch, La estructura de la realidad; Barcelona, Anagrama, 2002, p. 128. creencia se nutre de todos nuestros sinsabores en sta. Los realistas parten de los hechos, acomodan sus ideas a los hechos. Bernardo es un realista. Temo no poder entenderme con l; Andr Gide, Los monederos falsos. 33
33 Andr Gide, Los monederos falsos (1925); Seix Barral, Barcelona, 1984, p. 205, traduccin de Julio Gmez de la Serna.