Este documento discute la organización cerebral y los sistemas talámico-corticales. Se describe la anatomía y función de varias áreas cerebrales involucradas en el procesamiento sensorial y motor, incluyendo los sistemas visual, auditivo, somatosensorial y motor. También analiza conceptos de patología cerebral y las consecuencias de lesiones en diferentes regiones del cerebro sobre el comportamiento.
Copyright:
Attribution Non-Commercial (BY-NC)
Formatos disponibles
Descargue como PDF, TXT o lea en línea desde Scribd
0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos)
2K vistas356 páginas
Este documento discute la organización cerebral y los sistemas talámico-corticales. Se describe la anatomía y función de varias áreas cerebrales involucradas en el procesamiento sensorial y motor, incluyendo los sistemas visual, auditivo, somatosensorial y motor. También analiza conceptos de patología cerebral y las consecuencias de lesiones en diferentes regiones del cerebro sobre el comportamiento.
Este documento discute la organización cerebral y los sistemas talámico-corticales. Se describe la anatomía y función de varias áreas cerebrales involucradas en el procesamiento sensorial y motor, incluyendo los sistemas visual, auditivo, somatosensorial y motor. También analiza conceptos de patología cerebral y las consecuencias de lesiones en diferentes regiones del cerebro sobre el comportamiento.
Copyright:
Attribution Non-Commercial (BY-NC)
Formatos disponibles
Descargue como PDF, TXT o lea en línea desde Scribd
Descargar como pdf o txt
0 calificaciones0% encontró este documento útil (0 votos)
Este documento discute la organización cerebral y los sistemas talámico-corticales. Se describe la anatomía y función de varias áreas cerebrales involucradas en el procesamiento sensorial y motor, incluyendo los sistemas visual, auditivo, somatosensorial y motor. También analiza conceptos de patología cerebral y las consecuencias de lesiones en diferentes regiones del cerebro sobre el comportamiento.
Copyright:
Attribution Non-Commercial (BY-NC)
Formatos disponibles
Descargue como PDF, TXT o lea en línea desde Scribd
Descargar como pdf o txt
Está en la página 1de 356
a. ...
A -i--r-JJ; ,'o _ ...
EUGENIA GUZMAN e EUGENIA GUZMAN e INDICE PROLOGO ..... INTRODUCCION. ."- ... -...,. .... ,.. ,i' 'aL - .... CAPITUW L LA ORGANlZAOON CEREBRAL . ...... , "!" .. JI" '. 'f-. JI .... "" ,. ,. .. ,., ........ ,. "J" 1. n. ASPECTOS H ISTORICOS. . . . . . . . . . . ... , ' . ',_ ." " .... .... ' .. ., . , .. ESTADO ACTUAL DEL PROBLEMA. . . 'iI .c , ...... .; ... .,. '" , ... ,., .. A. Modelos evolutivos del SNC ......... _ .,.. , .. ,o ,- ... B. Modelo& funcionale& del sistema nervioso primale .... , ... '.' d' , . ' '.'., .. , .:, ., .. '" 1. Principio de la orgll1lizncin jerrquica _ .... ... .. " , 2. Principio de los gradientes de especializacin . , ... .. l 3. Principio de la lateralizacin de funciones . ,. , ,-:- .. M .. , ,:,,, 4. Principio de las heterarquas ....... O" ,_ ... ' .' : .. .... _ C. Modelos estl'uctwales del SNC . , . , .' "' ... _ , . ' 1. ':',:: :.::_:.;;;:::,:':: b4 Estado esqueltico .. 4-1" =!o- l1li i ... 11 . .- ........ '" .'.1'" -!II I. ... j .,t.-I c. Estado cortical ... ..... 4.;p. .. I ._ '"I,"'!- J. ........ '\11 ! t*' ..... .., ... - ,. 2. Nivel imbioo presentacionaL ..l.: " , ..... " ..... ' ... ,, .. ' .. 3, Nivel cortico-representacionaL "' , . , "" _ _. 4. Nivel simblico asimtdco I j . ' .......... . COMENTARIO ........ _ ...................... , .. , CAPITULO U. SISfEMAS T ALAMICO-CORTICALES . , ....... lNTRODUCCION. . . . . . . . . . . , ., ..... . , I. SISTEMA VISUAL ..... . A. Sistema geruculo-estriado 1. Retina . . . . . . . . . .. t .. ti ....... " '"' 2, Cuerpos geniclllados iB.terales 3. Coli culos s"perio fes . 4. Corteza estrillda. . . . B. Sistema ooli culo-elrtriado. . , t. .' ........ fI., f'" 't'-.,. , .... n. SISTEMA AUDITIVO. . Acitica general. . t ........ It .. lit .... ti .. " ............ .. iIII .... iIII ,. 11 15 19 19 26 26 21 28 28 29 29 30 31 32 32 32 32 33 35 36 39 39 40 40 40 41 42 42 43 4S 45 111. lV. v. B. Sistema auditivo perifrico. __ L Anatoma del odo _ .... 2 . Drumica del du cto coclear ....... if io;: .. .., ..... .. " '!'o! '. It .... 41_" .1J t , t" Ir': ., . .,.",., , ........ , . !' 1. I',.J' ... r , C. Sistemas auditivos centrales . .. ..:. t. ... .a . 1,: ,'-..... : :. "',' 1, ....... ,1: " . ,,- ,( ....1 ..... .,, L Vas auditiva;; ...... 2. Ncleo codear ......... 3. Oliva superior y colculos inferiores 4. Cuerpos geniculados mediales . 5. Corteza auditiva ... SISTEMA SOMESTESICO, A. Introduccin ...... . B. Sistema lemniscal. , . , l. Ncleo del cordn posterior (NCP) . 2. Complejo ventrobasal del tlamo (CVB) . 3. Al eas corticales somi ti cas . C. Sistema extra-Iemniscales , D. Componentes no-pariewes SISTEMA MOTOR ...... , A. IntrDduccin. . . . . . . . .. B. Organizacin del Cl)ntro! motor. 1. Retro-alimentacin. 2. Pre-alimentacin C. Control pefrico ... 1. Arcos re f1ej os . . . D. Control motor central l. Sistema piramidal o cortico-espinal .. 2. Sistemas extra-piramidales. , . , , . , .. ,. ... i .-''. <1" ..... , l . .. ......... 11' "111 .. , . ... .., 1 .... -.. i. ..... 3. Sistema motOI Visceral. T -, , E. Conclusiones. , ..... . , ...... _'! .... lO '!: '!,._'! ...... >1' ......... JI' '!. !' ...... -t-; "#" AREAS DE INTEGRACION ...... :+ .. t -.i:. .1,.1"0 ,( ......... ,. -'.. .... ..., . A. Introduccin ....... . B. Neurollllatoma . . . . . . .1' "" .. , ., .... ffr L Aferentes cortico-corticales 2. Aferentes talmicos ..... 3. Eferentes cortico-corticales 4. Eferentes corti CQ--1ubcorticale$ C. Ne uro tisi olog a. . \1 .. r .! ,.11 D. Neuropsicologa ... >"-; 't'";": ': ';':' ,." ; l''' '0 oo"'; '; ,,;,., '. '1: , . .') CAPlTUW UL LOS WBUWS FRONTALES. i -. 'iII !lo ............ -.. INTRODUCCION ........ . l. ASPECTOS HISTORICOS. ..., " ... ,,. A. clnicos .... 11. PROBLEMAS ACTUALES ..... . lo .... 1: .... 1 .. .,. "" A. Aspectos neuroanatmicos. (dnde) . . , B. Gradien de especia.liz.a cin . . . . . . ... L Eje antero-posterior. . . . . . . .. a. Parte dorsal y operaciones conceptuales . b. Parte dorsal y control inhibitorio, . . . . c. Parte dorsal y procesos viso-perceptivos . d. Parte dorsal posterior y operaciones espaciales e. Parte rostral implicaciones temporales. 2. Eje dorso-ventral . _ . _ .. _ ........... . 3. Eje cortico-subcortical . , ...... , ...... . a. Sistema dorso-caudado e implicaciones conceptuales. "1, ,".1 .. b. Eje frontocaudado e implicaciones viso-perceptiV1lS . 45 45 46 46 46 46 47 47 47 49 49 SO 50 So 51 51 52 ,SS 53 54 54 54 SS 55 56 56 57 S,8 58 58 58 59 59 S9 60 60 60
65 6S 67 67 72 73- 74 75 75 16 76 71 79 81 82 B2 83 111 . e. Sistema orbito palidaJ . . . . . . .... ..... . <1 derechail.qulellla . a. Implicadones 1emporales y espaciales. . . C. Pl:lnleamienlOti aocrc3. de la o[;aniultin \1.1.' las unidades pte- [rontall"s y significado de los en trminos de la flsioloSIlJ. normal rcomo) CONCLUSIONES ... ..... , .. CAPITULO IV. ASIME.TRIAS INTERIIEMISFERICAS . ASPECTOS HIS!ORICOS. . . __ ... ... . 1. 11. 111. ESTUDIOS . _ , . ' ... ASIMETRIAS NTERHEMISFERICAS EN CEIU. BROS DIVIDIDOS , ... A. Nelltolnatomia . . . . . . . . .. .. B. Est udios en animales con cerebros 1, Transferencia visual. 2. Transfcrencra . 3. llu<J itiv!I . 4. Transferencm motoa. S. Transferencia de sei1a.les cm()don3.l .. . . .. , C. Estudios de desconexin en divididos" hU01al1os . l . Operaciones mtegJativ:n en "l"erebros divididos" . . . 2. Funcio1le! hemisfricas en "cerebros diY1dldos" .. D. Op.!f1lctoncs . . . b. Operaciones visuales 5I;Imnticas .. . c. Opetaciones visu,1les no seminticas . . d. Operaciones uo scmntkas somestsi.::;s _ . e. Operadones malOCas. . . . ..... . D. Estudios de deseo'flexin en agenCsioos del cuerpo calloso . E. Comenrari o . ... , , _ . . . . . . ... , , IV. ASIMETRIAS INTER HEMISFERICAS EN NORMALES . A. Funciones auditivas unihemisfric:u . B. Funciones visU3les uni-hemisfricas . C .. Fundonl.'uomcstsicas en am\x)s hemisferios . . . D. Funcionl.'5 motoru uni-hcmisfricas . .. E.. Efectos de melnoria unihemisfrica . .. .. , . .. V. ORGANIZACION ItEMISFERICA SEGUN LA PREFERENCIA MANUAL Y ELSEXQ .... . . . .. . A. Preferencia m:JJluaJ .. . B. Desarrollo de l u preferencia mlUlual . C_ Naturaleza de la prefe rencia manual l . Zurdera . D. OifertndaJi mter-hemisfricas segn la hutona ramiliar dl' zurdera y 1.'1 ... . COMENTARIO, " .... . .... . CAPITULO V. CONSECUENCIAS GENERALES DE LESIONES CEREBRALES SOBRE EL COMPORTAMIENTO ... 1. CONCEPTOS GEN JIRA LES DE PATOLOGIA .. . A. Tipo de lesin . .. l . Tumores . . , . . .. . .. ... ... , ... .... . , .... . ,., .. . . ... . 2. Patologia va,scular . . . . ....... .. .... 3. Traumatismos .. .. 4. Reacoiones infeccioJaS e inflam4lonas . S. Procesos degenurativo$ .. 6. Anoxi; e hipoxi:l 1. Edema . . . 8, A;ude:a de la lesin ,. 85 85 86 " " 91 " " " 96 96 91 98 98 98 99 100 101 \01 103 104 lOS 107 107 lO' lO' 1]3 117 119 11' 120 121 121 121 124 124 \2S 12' \31 132 132 132 13J '" 134 \3' m '" llS 11 . C. EJad . . ... D. Sit io de la lesin. l . difusas . 2. Lesiones 3. Lesiones focafu.adas E. Tamao de la lesin .. F. Capacidad ilIll'lect ua.l preva. G. Tiempo de retlUPCf3ciOIl . . . IMPLI CACIONES CONCEPTUALES A. Probkmas de dcfmicin . 1. Estado de conciencia . , . 2. E.5lado mental .... .. _ . 3. Sindrome mental orpnioo. 4. Demencia . .. . . .. . ... 5. Cambios emocionaJ6S pOI lesioncs ccrebl1l1es 8. I'roblems de cva[l1lIcin . 1. Requisitos . .. 2. Esoogencia de pruebas a. Dalas c!WitatiVl)s. .. b. cuanti tat ivos . 3. Interpretacin de pruebas . ......... ... . '. . .... - .. . . . . . . .. . . . . . . . , ... .. ... ' .. ... . -... CAPITULO VI, LAS AFASIAS ... 1. 11 . l NTRQDUCCION. , . A. Nivd0.5 de anlisis del lenguaje. l . Nivel fontico . 2. Nivel sintctico . .. . .. B. Consideraciones $Obre lu unidades lingsticu . C. Relacin enuc pensamiento y lenguaje . . IiVALUAC10N DEL PACIENTE Ar-ASlCO A. Lenguaje Ctpont3neo. . . . .. . n. Ennlen estandari.l.ado . . . . e, OciICripcin de las afasias mJ frecuentes. . . ... ... " \. Ananria, disamia corti c:aJ, !!praxill del lcnguajc afasia. mOIOI!! sub- (:oticaJ, afasia motor:l pura. sindlome de du integracn fonmica . 2. Afs.s.ia de Broca, afasia molora, afasia explcsi l'll. . 3. Tiaslorno$ sensoriales dellengu.:je . a. ()esrdene.s corticaJes auditivos . . , b. Sordel'4 pura para las pw.bn.s ... . c. Afasias de predomini o comprensi vo d. stmantica, sordera pura para. el ligni ficado o afasia de tltegoriUlci6n . . . . . ,.. .. . . , . . . e. AfHia de Wernieke, afasia sensorial, a.fasia receptiva, afasia de comprensiOn . , .. ., . .. , . . . .. .. 4. Afasia de conduccin, Ili'asia central o afasia ronmica , S. Afasia anmica, afasia nominal , afasia amnsica . . 6. Afasias transcorticalcJ y de aislamiento. 7. AfaN global , . 8. Afasi!ls plUox isticas . . ... 9. Lenguaje' en demencias .. , .. ... .. 10. Trastornos del obdigo eserito 1, Alexia visual. . ... . . . . , . b. Alexia de superficie. a1exia pum, c. Alexia de prorundidad . ... , , d. Alexia concomitante con diversos cuadro! af3.$ioos. ... 11. Trast ornos de la escritura . ...... . .. .. .. . .. .. 137 13' 13' 13' 1" , .. "" '" 141 1<2 142 143 147 '" "2 1" ", '" '" "" "1 16.5 16.5 168 lO' 171 172 l7J l7J 176 178 1U 182 184 186 lO' "7 "7 ". 188 "1 192 194 1" '" '" 198 198 19. 199 "" 200 a, Defectos de formacin de letnu o apraxin de la escriturs .. b. Desrdenes en el o rde n de las le tru. . . . . . . , , c. Desrdenes en la seleccin de las letras, . . . . . . . . '" ... " ._ .... lu, AFASIAS ATlPICAS ..... , ............ , . o '- 'y' .... o" A. Afasia cruzada (en diestros pOI lesin derecha) .. - > '.' , " .. , ; , .; B.. Afasia en zurdos. .... . + .. ,. -'! ..... , "p ;t"", " ..... '"'! 1 11 Y C. Afasia. en mujeres. .,',,. :',.. .. hli .. ... .. .. l;.li "i " ......... 4 , ..... j,,/ .. .... D. Afasa .. ... . .. ..... 1. __ :..-:- .... t . E. Afasia en polglotas. .,. ,. . . . . . . . ,. <, , . ,', , . ,w .. .,.. ..... IV. CORRELATOS ANATOMICOS DE LA AFASIA , .... ;, ." ,.- -. ' f. ' . A. lateralizacin + I + I Y "' .. .... '" ... , ... k,. ,..-t ..... B. Focaliz.acin cortkal . :. .......... .IA C. Aspectos sub-corticales subyacentes al lenguaje ....... ; . , ... L Estructuras tilimi.;;as. . . . . . . . . . . . . " . . 2. Estimulaciones ta1l.mJca8 ........... , . .. -=: ... , i%.. 3. Lesiones espontneas de tlamo y ganglios basales ... i COMENTARIO. , .. ' . . . . .. ., ............ . CAPITULO VU. LAS AMNESIAS. 1. H. m. rv. CONCEPTOS GENERALES . CLASIFICACION ... . ... " ... Ji. .a .. .,, ............... ............ EVALUACION ... """,.' ' .. .,. .... r '. " ' . -.,., .. 'l'} ,.,."" ...... !' DESCRIPCION ... , . . . . .. ,- !-- .... .... " i .. Ar Amnesias generalizadas. .. I j j ... ",. ! JI ...... l1li' ..... IJI. ti! .... -TI .... l. Amnesia posttraumtica, . , . . . . ; .; .... :., . _.,:< ,-. " " ... .. 2. Amnesia por di!funci6n hemJsfrica . , .... - ,., ' ' .. , "- 3. Antnesia. de Korsakoff + .... t , .. "t _ ......... ' ....... "':""" ........... .. "1., 4. }\mnesi.as. globales + .:.. , .. ' l ..... ....... .t 'A JI ., .,i ............ ... ,.6'1 ,. ,. ,.. 5. PiLrllmnesia reduplicativa : , , " ' J B, Amnesias especficas ....... , . . ... '" ... .. ,;, .. ... 1. Amnema anterOgrada por Ipocampectoma bilateral .... 2. Trastornos de la memoria por hipocampectomas izquierdas 3. Trastornos de la memoria pOI hipocampectomas derechas 4. Trutornos de la memoria por temporales, S. Trastornos de la memoria por lobectomas unilaterales C. Anotaciones anatmiC3.'l ... , _ .. , ........... t .,,- ,." .... j .. " CAPOULO VID. LAS APRAXIAS . , ....... lNTRODUCClON. . _ . . . , ..... " ..... '1" ... 1. DEFINICION....... i, _" ',,. .-" A. Tipologa. _ , ' . . . . . . ......... -- '. _ -"" L Gestos transitivos. . . . . "",' . 2. Gestos intransitivos. . ,o ' '.o ... , B. Desompcin de las apraxias, .-. _ " l. Apnudas relacionadas con lesiones izquierdas ... ,", .. : "'., .,-' , ,. a. Apraxia del habla .......... , . . '. ..- b. Apraxill oral, apraxia buc-Irlingo-facial c. Apraxia deaciona.! e ideomotora . , .. 2. Apraxia Y afasia ............... . 3. Apraxias relacionadas con lesiones unihemilifricas a. Apraxia constructiva . . . . . . - .. , . . . . . . b. Tlastornos de la es...ntura por lesiones derechas, c. Apraxia del vestir. . . . . 4. ApraxW POI lllllones difuw COMENTARIO. . . . . . , . . . . .. i." .. -... 200 200 200 lO! 202 10l 204 2M '.' 208 208 209 211 212. lU. 214' ZUi 219 2f9 221 222 224 224 224 226 227 230 231 232 232 234 23S 235 236 236 239 240 24S 246 246 246 246 247 2-47 248 248 2S1 2S3 2S3 lSS
257 257 CAPITULO IX. LAS AGNOSIAS jo 410:'" J.. .... t 4 INTRODUCCION. . . ...... . l. HlSTORIA. ......... . 111 ..) U. PLANTEAMIENTOS CONCEPTUALES. A. El problema de la$ jerarqu as perceptualcs. . . B. El problema de la$ asimetras hemisfricas perceptuales . C. El problema de la delimitacin entre desrdenes de 111 percepcin, de la accin y del lenguaje .... . III. LAS AGNOSIAS VISUALES ........... . , .. . A. Agnosia visual de objetos, dibujos y colores .. ... . 4 , l. Examen . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. ... j." 2. Catacter sticas de la agnosia de objetos y dibujos. . . . ...... 3. Agnosia de objetos y visin . . . . .. '. _ .. , .... , . . . ...... 4. Agnosia del objetos y afasia ................................ . 5. Agnosia de objetos y pensamiento abstracto ............ , , B. i\.gno.s.ia de colores + I - I ......... I ....... It "" ". ........ w-L'" l. Agnosia de colores y visin Grom tica .. ,' .. .. , " t", . "l 'r i t. 2. AgnosiH de colores y afasia. . ............ _ .... ; ...... .. <.. , o 3. Agnosia de colores y pensamiento abstracto. , ... , .. , , .......... ,. C. Si.multagnosia ........................... , t , ... . D. visuales de objetos, dibujo& y colores y cooclacin a.nato rno-pa lolgica. . . . . . . . . . . . . . . . .. ., . . . . . , .- ,; E, Agnosia de caras o prosopoagnosia ........................ , ".!.' 1. Prosa po agnoSla , percepcin y memoria visual .................. . F. Agnosia5 viw-espaciales . . . . . . . . . . _ . . . . . . . ... , . . . . . . . .. L Pertubracioncs de la localizacin visual de objetos . . . . . . . ........ a. Trastornos en la visin de profunilidad. _ ............... " b. Trastornos en la apreciacion de la localizacin y direcci6n ............. . c. Perturbaciones en la orientacin y memoria topogrf:a . '. ,., ; . 2. Sindrome de B ilin t o piUl.lisi.s de la mirada ; . 3. Defectos viso-espaL'i.a1es unilaterales (negligencia visual unilateral) ....... . COMENTARIO. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . "'o'. ,." '"" N. PERTURBACIONES EN EL RECONOCIMIENTO SOMESTESICO .. , , , A. Examen ....... ' ..................................... . B. [mplicaciones hemisfricas ........................... , . C. Conoomitantes somestsicos espa:3ales y lo propioeeptivos . . . . . . . . . . ..... D. Prdida cor tical sensorial. .................................... . V. AGNOSIAS AUDITrv AS , . ' t __ ,; .... '. , l l' .... ",' J';;' .' A. A..gnosia . . . , . . + ....... ! ! _ ...... -!! ... ,., It .!.. .... ..... !!.. ... ,, '\JI 'o ... Amusias . . . . . . + & + . ' .:- 1-"; ..; '1 I l:' c. Desr den es llnila ternles d e la audicin , . . . . , : . ; cAPITUW X. TRASTORNOS EN EL CONOCIMIENTO DEL ESQUEMA CORPORAL. APRACTOGNOSlAS lNTRODUCCION. , .............. , ... , . , .. 1. DESORDENES DEL ESQUEMA CORPORAL ..... , .. A. Examen ...... , ..................... , "'"'i: .... .... , ., 1, Conocimiento verbal y conceptual de las diversa5 partes del cuerpo . . . ........... , . . . . , . . , ...... 2. Autotopoagnom ...... , . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . , ,_ . 3 . As pectos . .'iales y pr..cticos no-ver bales. _ . . . . . . , . . B. De8cr)pcion de los trastornos apractogns.i.cos ....... , .... , . L Sindrome de negli,gencla contralateraJ . . . . . . . . . . . . "" ,', 1 "P \ a. Negligencia unilateral del cuerpo ..... r' .; .... b . N egligencia espacial unilateral. . . . . . . _ . . . . . . , . . . . 259 ::u9 :260 261 261 262 263 264 26S 26S 267 268 269 269 271 172 Zt .m 273 214- 2'15 275 278 279 219 2iQ 281 281 282 285 28.5 28fi 286 288 289 29() 290 292 193 295, m 297 298 298 29B 299 300 300 301 301 c. Anosognos'ia ... . . . ........ , ...... . COME.NTARIO ...... . .. ... ..... . ... .. . . . . .. ...... . 2. Autotopo.agnosia, du onentacin derecltai1.qult.,tda. ll8fIosU. de dedos .. .., .. ....... . . .... a. Determinantes somatosensoriol. . . . . . . . . . . . . ... b. ........ . ... .. . .. . .. . c. Autotopoagnosia, agnosia digital, desorientacin derecha..iz.quierda y b.tera1iz.acin de la le:dn . 3 . .El sindrome de Gerstmann. ..... . .. . ... . ... .. . .. .. 302 '" 30S lOS JOS '06 lOO BIBLIOGRAFIA .. , . , , ... . 31 1 PROLOGO Este libro es el resultado de cuatro atlas de trabajo y tres de guerra, comprendidos entre la terminacin del post-grado de la autora en la Universidad de fowa con el profesor Arthur L. Benton en 1976 y el afio de gracia de 1983. Comenz como una idea un tanto prfida de mi buen amigo Leonidas Castro quien deseaba protegerme de mis instintos (irerarios en una poca en la que en Colombia apenas si se conaela la palabra neuropsicologfa. Se trataba de confeccionar fa primero introducci6n tcnico en castellano a esre campo que, a pesar del inters que suscita entre mdicos y psiclogos, ha tenido pocos cultivadores en Colombia. Ello en porte porque, hasta 1980, los texros de Neuropsicologfa en ingls o francs se contaban con Jos dedos de una mano, y en parte por la pronunciada parquedad de nuestras bibliotecas universitarias en revistas y peridicos especializados. La idea prosigui hasta 1980 como una tarea enteramente privada de la autora. Es una poca "de intenso trabajo, estudjo y desvelos. de inters ante cada nuevo paciente en el hospital y de espectativa por la Ifegadp del correo con novedades bibliogrficas. De ella guardo un buen reCt/erdo. incluyendo algunas divertidas escaramuzas con quienes pretendian extirpar mediante la censura de prensa, algunas posiciones asumidas en el teXfo, escaramuzas que me llevaron a vincularme a la Universidad Nacional de Colombia. La idea comenz a materializarse cuando, en 1980. fui la primera sorprendida 01 saber que la Academia Nacional de Medicina, encontrndole algn mrito a la obro, le otorg el Segundo Premio Nacional de Medicina, A pesar de 101 alta distincin el texto sigui sin materializarse por no prometer convertirse en un best-seller comercial. Es entonces, y despus de casi seis meses de espera de la respuesta editorial que nunca lleg, cuando e/libro-ideo entra en su segundo fase que iba a II durar tres aftas y durante la cual aprendl mucha psicologla popular, y de sl iluciones. Disponiendo por la poca de una sustancial y prollla ayuda financiera de COL e/ENC/A S, y luchando contra /0 tnica oficia/-ambiente, el entonces reCTor de la Universidad Nacional, DoclOr Eduardo Brieva, dispuso lo edicin del fibro con aporres parciales. Desafortunadamente, en nuestros pa(ses, muchas instituciones oficiales carecen de un mlnimo de constancia de comporramienro en el tiempo lo que Jas hace vulnerables en ex/remo a los vaivenes del gobierno de turno e insensibles al mximo a las decisiones ejecutivas. Esto hizo que, por raZOnes hasta el momento inexplicables. no fuera posible obtener la colaboracin ofrecida en un principio por otras instiTuciones de fomento educativo, Cuando finalmente se supo que no se dispondrla del aporre ofrecido, habla transcurrido un aifo; el libro iba ya por 5U segunda revisin indita. As{ las cosas, la rectorla de la Universidad Nacional decidi cubrir Jas sumas faltan/es para garantizar la edicin. No obstanle esta decisin, la orden ejecutivo tardada un ao ms en seracarada, Tamo va para el extralfa sentido del tiempo que nos aqueja en estas fa/itudes y que nos hace dignos representantes de las cu/luras del "maana ser". No serlo !'iino hasta 19B3 cuando el yo en su tercera revisin indita, pudo malerializarse gracias a la insistencia de rectorla y vice-rectorla y a los buenos oficios de la Empresa Editorial Universidad Nacional de Colombia. Este refato puede contener cierto "suspense" Que espero. ayude Q tomar nota del valor suplementario de textos que, como el presente, se editan dentro de contextos oficiales leFfidos por el sabor local de los poli/icos del momento, Valor suplementario apenas morol. pues el costo en eficiencia, conocimientos, actualizacin y precisin se revela en una merma considerable cuando nos comparamos con autores de pases menos meridionales. El subdesarrollo no se acompaa de mariposas amarillas. Hay algo en l de encanladoramente medioeval, ms afn a fa Guerra del Fin del Mundo y los romances de Roberto el Diablo, Promete s un gran futuro, Pero a la vez, se resiste en sus fundamentos a Que nos invada el mundo moderno con su escuela tecnolagia e impersonalidad y erradique las complejas n ter-acciones basadas ms en relaciones de vasallaje que de leyes escritas coherentes. que van siempre a la zaga de la ley consuetudinaria no escrita y variable, Es/os avatres no slo a m me han sucedido. Es ms, sucedieron a pesar de los organismos inteligentes que respaldan el proyeclO. El libro editado demuestro que nuestra herencia medioevo' ve un rlmido renacimiento, Pero al respecto, y no careciendo de veleidades literarias rengo un segundo volumen sobre el tema. Deseo terminar con anotaciones agradables. Expreso mi especial agradecimiento y aprecio a( Doctor Arturo Morillo por su sustancial y paciente revisin de /os originales y por sus apuntes siempre criticas y acertados. Sin el apoyo conjunto de los Doctores Nicols Buendla y Eduardo Vallejo este libro nunca hubiera podido estructurarse como se hizo. Me es por dems grafo recordar /0 cordialidad e inters de COLCIENCIAS, en las personas de su director y sub-director Doctores EfruEm Otero y Jorge Ahumado Quienes, adems de lo financiacin, me prestaron su gran caUdod humano JI exquisito sentido del humor en los momentos diflei/es. En la Universidad Nacional, los dos personas con quienes se libr esta batallo codo a codo fueron el ex-rector Doctor Eduardo Briel/Q y mi exce/eme amigo y ex-slndico de la Universidad, Doctor Arcesio Consta(n con quienes se ciment aquello especial relacin de "camaradas de armas". Las personas con quienes se gan la batalla fueron el actual rector de (a Universidud Ncional, Doctor Fernando Snchez y el vice-rector Doctor Antonio Ramlrez. Para ellos, la expresin de mis ms sinceros agradecimientos osI como para el Doclor Guillermo Pramo por su estricto sentido de la equidad y del manejo acadmico y por su paciencia y serenidad frente a mis crisis neuropsicolgicas casi diarias. De particular apoyo fueron los doctores Csar Augusto Pontojo de la Academia Nocional de Medicina y el doctor Antonio Ordoflez Piojo con su gil y graciosa comprensin de fa gestin oficial, asl como los directivos de fa Empresa Editorial Universidad NaC'ilJnal, Doctores Adolfo Irogorn y Germn Durn. El arquitecto Jaime Guzmn Cervantes prest su ingenio y buen humor para el disefw de la cartula y dibujos artsticos. Pinolmente, deseo manifestar mi agradecimiento por lo generosidad de todos los que colaboraron en lo tedioso tarea de corregir originales y pruebas, entre elfos a las profesionales Lola de Br;eva y Clemencia Lombono y o (os estudiantes Jlionito Duque, Margarita Osorio l . Cristina Silvestre, MarIa Eugenia Navarro. Fernando Pocheco, Emmo Rivera)' Luz. Marina Dloz-Graf1udos. Por ltimo, aJas sefloros Belfy Castellanos, Cecilia Ospina. Lucilo de Carrera y Guilfermina de Tellez. de Ja administracin de lo Universidad. quienes en todo momento se mostraron afables, comprensivos y diligentes en los trmites oficiales y extra-oficiales que efectuaron para mI, osi como para el personal de talleres de lo Editorial por su gentileza y excelente trabojo. E.G.C. Bogot. 1983 13 INTRODUCCION La neuropsicologlo es un rea relativamente nueva de las ciencias de la conducta que estudia las relaciones entre el comportamiento y la funcin cerebral. A nivel terico pertenece a las ciencias bsicas de neuroJisiologfa y psicologla fisiolgica y experimental. Acadmicamente, pertenece ms a la psicologla. puesto que su mtodo de observacin es eminentemente comportamental. Prcticamente es un terreno en el que confluyen el neurlogo eI/nico y el psiclogo. En el terreno de la teenolagio profesional parece confundirse con la neurologfa (su especialidad requiere de extensos conocimientos en esto rea) pero no es neurolog/a propiamenfe dicha. El diagnstico es comportamental (referente a reas cognitivas, perceptuales, prctico-motoras y semnricas). Ocasionalmente pueden injerirse deducciones acerca de la causa cerebral (o psicgena) que origina los tri1;slornos, pero a sabiendas de que, en ltimo trmino, es el neurlogo o e/ internista quien, basado en su propio examen mdico, en el informe comportamental y en ayudas para-clfnicas el que determina la eli%gla y diagnstico mdico. Es/a rama de la ciencia ha cobrado auge en paIses anglosajones desde lu Segunda Guerra Mundial. En vista del inters demostrado por estudiantes de diversos campos, de la carencia de textos en castellano al respecto y de cierta pobreza de nuestras bibliotecas universitarias en peridicos especializados, se decidi elaborar el presente texto. Se trola de presentar de mado coherente. comprensible e ntegral, los avances ms recientes en este compo, conservando un nivel de metado/agia y conceptualizacin cientfica actualizado y fundamentul, de modo que cOl/Slituya un instrumento para la prctica cflnica del psiclogo y del mdico sin olvidar las premisas experimentales y conceptuales subyacentes a los modelos prcticos. Este no es un compromiso fcil de cumplir ya que los conocimientos bsicos de una y otra 15 rea no son comunes y cada profesional supone que el otro domina determinados principios para l elementales pero que para el otro son desconocidos, lo que obliga a presentar incisos ocasionales para aciarar conceptos. El libro es(d dividido en dos secciones. La primera introduce los conceptos fundamentales de la evolucin y organizacin de dNersos sistemas nerviosos cenlrales y se apoya principalmente en la experimentacin animal o humana. La segunda parte frota de los grandes cuadros comportamenlaies por trastornos cerebrales. La breve historia del desarrollo del pensamiento en n ellropsico lag fa aclara que muchos conceptos pop!lIores toda vio pertenecen a pocas pasadas y se jusl/Jican a ia luz de la tecnologa imperante en un momento dado pero revaluados por fa experime,tacin moderna. Los sistemas talrimico-corricales se conciben como apara/os integrados unos en aIras e interrelacionados con sistemas subcortico/es por 10 que la desorganizacin de funciones por lesiones cerebrales no corresponde al viejo concepro de "desconectar centros" Q "reas de representacin" de funciones sumamente complejas. Se presenlan modelos hipotticos acerca de las reas parietales y de los lbulos frontales como integradores y programadores "a priori" de las actividades cognitivas. semnticas, emocionales y viscerales, recurriendo a un modelo expuesto por neurofisi6/ogos y lingsticos que recuerda las premisas a-priorlsticas platnicas. Los lbu.losfron/ales se tratan como los aparatos eminentemente preparadores de la accin y de la percepcin, que anticipan errores molares o percepruales )' que aseguran la il/varianza de los estimulas fisicos. La primera parte del texto finaliza con un captulo dedicado a las asimetras in terhemisfiricas; es critico para comprender varios de los cuadros mentales discutidos posteriormente y esl basado en experimentacin con animales y humanos comisurolomizados y en datos experimenfales con normales. Las asimerras hemisfricas probablemente no son nicas en el hombre, pero adquieren una prominencia enorme en ste, tnto que ya se estn encontrando serias el'idencias de diferencias anatmicas y neurofisiofgicas el1fre los dos hemisferios; desde la gestacin misma del embrin, los experimentos animales indican posibles modos de interaccin entre ambos hemisferios y suministran informacin valiosa acerca de los sistemas comisurales y reticulados a lendo n ales. Ambos hemisferios funcionan interdependienremenfe pero no exactamenre del mismo modo, ya que muestran campos diferenciales de actividad generadas por el encefalo en su totalidad. Por (anro no son dominio de una pare especifica del cerebro. Las asimetrfasfuncionafes inter-hemisfricas parecen ser ms cuestin de gradientes que de diversificacin absoluta de funciones (parecen ser ms marcadas en hombres que en mujeres, en adultos Que en nafas y en ciertos :.:urdos). Se intenflJ dar nociones slidas )' exponer las contradicciones e incgnitas prevalen tes hoy en dla, evitando las sobre-simplificaciones que no corresponden a la realidad y que llevan a posferiores errores en la prctica. La segunda parte del libro Ira/a de cuadros mentales por lesiones cerebrales. El capf/u/o introductorio aclara ciertas nociones bsicas de patologia cerebral para el psicfogo, y de psicometria y conceptos de aprendizaje para el mdico. Define trminos (estados mentales y de conciencia) y se aclaran conceplOs acerca de la significacin y pronstico de diversos signos mentales cerebrales. Asimismo se discute la validez de algunas "pruebas" de fcil empleo en psicologa pero de dificil interpretacin. Esto, no con el deseo de complicar un panorama sino de dar a conocer las limitaciones de los instrumentos y modelos conceptuales que prevalecen en la prctica actual. Seguidamente se discuten en cierto detalle los trastornos afsicos. Por tratarse de una desorganizacin del cdigo biolgico lingstico, se introduce un breve esbozo de neurofingstica para familiarizar al lector. El examen del afsico se presenta en cierto detalle por ser un aspecto un tanto descuidado en la prctica neurolgica y casi desconocido en psicologla. De momento, con frecuencia, se deja en manos de tcnicos que no siempre disponen de la formacin universitaria que los capacite para abordar ran complejos problemas mdico-psicolgi('os. l.a filosofia subyacente a este capitulo es la de que las afasias corresponden a estadios de reorganizacin cerebral y que no son entidades estticas. Un cuadro afsico puede convertirse, con la eyolucin de la enfermedad, en otrO cuadro. ASf, se abandona un poco la nocin de que cada' 'afasia" corresponde a cierta localizacin lesional. Se discuten tambin los ejes (antero-posterior, COrliCO-sub-cortcal) que originan trastornos comunes. Es posible que esros procesos subcorticales sean los responsables de la generacin snu/tnea y diferencial del pensamiento y del lenguaje a lo largo del eje an tero-posterior cortical. Los trastornos de la memoria subsiguientes a patologa cerearal se enfocan considerando la memoria como un conjunto de funciones diversificadas tanto estructural como funcionalmente. El resultado final de estas mltiples funciones se refleja en registros diferenciales para el tiempo (memoria a corto plazo, memoria a largo plazo), para el modo de entrada en memoria (por aprendizaje o por eventos personales "incidentales"), para el cdigo (semntico, espaCial, topolgico) asl co- mo para el tipo de algoritmo de solucin de diversos tipos de problemas. Normal- mente, 'cada una de estasfunciones debe tener un tiempo altamente especlfico de lla- mada y de cierre de la b(squeda. Segn la localizacin y lateralizacin de 10 lesin, alguna o todas estas funciones se perturban, por lo cual es posible observar "amne- sias especificas" para cierto tipo de datos u operaciones, Se subraya el papel genera- tivo )' recreacional de 10 memoria por oposicin al modelo de un registro esttico e in variable de retribucin. Sigue el capitulo sobre apraxias o desrdenes de la ordenacin del movimiento deliberado. Se discuten las diferencias y relaciones entre movimiento y accin, asE como las premisas lgicas del desarrollo ontogentico del gesto irnico y del gesto simblico. Se actualizan las concepciones acerca del papel del hemisferio izquierdo como aparato semtintico y como ordenador y ejecutor de secuencias complejas de 17 movimientos (manuales o io na torios). Tambin se discufe el valor localzante de los divers()s cuadros aprcticos que pueden revelar lateralizacin lesional en cuanfo a la organizacin de la accin pero que, en otras ocasiones, $lo ponen de manifiesto u,. empobrecimienlO cognitivo y motivacional por demencia o estado confusional. A continuacin se discuten en corto detalle las agnosias o defectos en el' reconocimiento sensorial. Tal como con ei lenguaje y gesto, la percepcin se concibe como un proceso continuo y dinmico, en constante cambio y que, en ltimo trmino, depende de lo que el cerebro "haga" con los datos de entrada. El mundo externo se percibe subjetivamente en la medida en que se le "reconstruye" internamente; los mltiples y complejos procesos que inrervienen en esta reconstruccin visual, somestsica, oudifivo o supra-modal, al desintegrarse en algn punto de las jerarquas anatmicas y funcionales que los sustentan. producen las ognosias. Es/os cuadros se conciben, mas que como meros desrdenes de la percepcin. como una desintegracin cognitiva de las relaciones establecidas (J partir de los datos primarios sensoriales. Desintegracin de relaciones verbales, semnticas o caregriras por lesiones izquierdas y de relaciones analgicas. topolgicas y no verbales por lesiones derechas. Finalmente se introducen algunas premisas de modelos lgicos evolutivos acerca de la estructuracin progresiva de lo accin con referencia al espacio, tiles para comprender Certos desrdenes del "esquema corporal", el cual, hasta hace poco, se conceba corno uno memoria esttl.:a, almacenada en determinadas reas de corteza. El concepto de 'esquema corporal" es en extremo complejo y corresponde a procesos neurofisiolgicos en confinua cambio y renovacin, los cuales permiten una evolucin consranre y predecible del cuerpo y de los miembros como objetos y como sujetos en el espacio circundante. Se discuten cuadros asociados tradiConalmente a trastornos del esquema corporal como la hemi-anosognosia y hemi-inatendn, los cuales parecen depender ms de Irastornos arencionales rmi-hemisfricos que de desintegracin en las operaciones subyacenres a la configuracin del esquema corporal. As(. se intenta replantear la interpretacin tradicional atribuida a ciertos signos. La neuropsicologfa en el momento actual. constituye un campo apasionanre para neurlogos, psiclogos J' psiquiatras. Son formidables los incgnitos respecto de la ordenacin de los operaciones sub-yacentes a los comportamienlos "superiores". Esras mismas incgnitas hacen que sea un campo abierto a la exploracin y a la especulacin sana y no dogm6tico a 10 vez que constiruyen un constante llamado de atencin hacia la modestia y parsimonia en las conclusiones por lo muy poco que s"e sabe a pesar de lo mUloho que se ha avanzado. l8 LA ORGANIZACION CEREBRAL "Cuando el saber se crece el volumen l otol de lo cultura. Esta es fa ilusin y el ('onsuelo de los especialistas. Lo Que sobemos entre lodos. ,Oh! eslO es lo Que nadie sabe! ". Antonio Machado Un tema tan complejo como el de las consecuencias comportamemales de las lesioneJoS cerebrales requiere de un conocimiento bsico acerca de la organizacin cerebral y de la evol ucin de la ciencia neurofisiolgi ca hasta principios de siglo, asl como de una nocin de conj unto del Sistema Nervioso Cent ral (SNC) y de sus principios funcionales; por fuerza la informacin que sigue ser abreviada y simplificada, pero s610 se nata de hacer explicito cierto marco terico general y un vocabulario comn. l . ASPECTOS HISTORlCOS Parte de los datos a continuacin son tomados de la Historia de las Ciencias del Cerebro de Stevens (1974) y de la Historia de la Neurologia recopilada por Haymaker y coJ., (1970) . 19 En un comienzo fue necesario descubrir que el6rgano regulador de la conducta era el cerebro (Hipcrates) y no el corazn (Aristteles). En el siglo II de nuestra era, Galeno enunci un sistema nervioso consistente en tubos vados que transffitlan "espritus animales" desde los ventriculos cerebrales al cuerpo. Vino el oscurantismo de la Edad Media y, (excepto entre los rabes y Judos), la cienda empirica cay en manos de barberos, charlatanes, y, a lo sumo, brujos merecedores de la hoguera. El Renacimiento vio surgir gigantes como Leonardo da Vinci que se atrevieron a practicar autopsias y a "escrutar los misterios" del cuerpo humano, considerado como sagrado y ajeno al dominio del conocimiento humano. Ya en el siglo XVI se haban descrito fas principales estructuras microscpicas del cerebro (cerebelo, tallo. ventrculos, tlamo, pineal, hemisferios y pares craneales). Willis (1664) propuso los mecanismos bsicos de irrigacin sangunea carotdeo-vertebral y describa el intercambio entre una red de vasos y otra, tanastomosis) sin abandonar el dogma de Galeno. Por la misma poca, Descartes bas su modelo de conduccin en un mecanismo de "compuertas" que dejaban pasar ciertos estimulos hasta el cerebro, y que parece ser vlido contemporneamen- te. Su sistema de movimientos renejos recuerda la inervacin recproca de Sherringlon; Descartes avanz adems la nocin de las ideas Innatas, relacionadas hoy en da con la programacin filogentica de los cdigos del Sistema Nervioso Central (SNC). Aqu la teologia entr en conflicto con la ciencia y Descartes detuvo sus pesquisas. Los descubrimientos en electricidad y q ui mica del siglo XV] II permttleron concebir que los organismos estaban dotados de caracteristicas elctricas. Al conectar un msculo de rana a dos placas de metales diferentes, ste se contrae, de dnde Galvani dedujo una electricidad inherente a todo organismo vivo cuyo origen podria ser el cerebro. Pero Volla, el inventor de la pila, demostr que la contraccin muscular se deba a la descarga elctrica generada por la pila. En el siglo XIX Johannes Mller propuso que cada nervio conduca cierto tipo de sensacin especifica (que recuerda las "vas marcadas" modernas con cdigos altamente desarrollados y especficos). Su discpulo, Dubois-Reymond, en 1850 registr por primera vez un impulso nervioso al insertar en una fibra nerviosa dos electrodos finos conectados al galvanmetro. Cuando se estimulaba el nervio, la corriente se invertia, fenmeno que Dubois-Reymond, llam "variacin negativa" y que no era sino el impulso nervioso. Pens pues que la velocidad de transmisin di!l nervio era comparable a [a del rayo. Helmholtz registr sistemticamente las di ferencias en el tiempo que el msculo tardaba en contraerse segun la distancia de la estimulacin y estim una velocidad de conduccin de unos 40 a 60 metros por segundo, lo que descartaba la naturaleza elctrica del impulso. Los avances en fisiologa y bioqumica de este siglo explicaron la naturaleza de la transmisin nerviosa. A linajes del siglo XVIII se hablan descrito las eSlrUClUras macroscpicas, pero no se habia establecido todavla la diferencia entre un sislema sensori o y uno mOtor. El cerebro se concebla como un sensorio comn. ms o menos indiferenciado. En 1811 el gran anatomista' ingls BeU, propuso la existencia de nervios motores y sensoriales. Independienlemente de Dell , el francs Magendie (1822) descubri el mismo hecho y ademas. observ que las races posteriores o dorales de la medula espinal son sensorias y que las anteriores o 1/entrales son motoras. Dicha ley de Bell-Mngendie. sent las bases para diferenciar estructural y funcionalmente el sistema espinal. Faltaba descubrir esto mismo para el cerebro. A comienzos del siglo XIX se produjo un hecho que Irascenderia hasta nuestros das en cl pensamiento cientlfico. Un fino neuroanatomista, Gall. radicado en Inglaterra, describi la decusacin piramidal en lallo, el origen de pares craneales asi como la sustancia gris como "asiemo del pensamiento". Paradjicamente. nadie recuerda a Cal! por sus mri tos, por haber puesto de moda la frenologa. Propuso que di1/ersas regiones cerebrales "represellfaban" facultades y cualidades humanas detectables segun los del crnco. La posibilidad de Que. con una inspeccin del craneo se lograra conocer 10 "m:b Intimo" de la persona 1UVO tantO exito comercial que la frenol oga cay en dcs;rdito cientlfico. Debe reconocerse. sin embargo, que aunque ni el metodo ni las hiptesis de GaU eran adecuadas o cie.ntificas, la intuicin era correcta al anticipar reas de especializacin en el cerebro La reaccin conservadora por parte de cientificos tradici onalistas no se hi zo esperar. f la ureas , clebre mdico francts, fue el primno en reali"zar ablaciones sistemticas dedjversas partes del cerebro a partir de Jo cual rebate la frenologja y la especializacin del cerebro, y llega a la idea del SNC como un "sensorib comn". Sus ideas persistieron hasla la segunda mitad del siglo XIX cuando volvi a 'imperar el "'ocalizacionismo" no ya a la manera especulativa de Gall, sino con pruebas ellperimentales. En 1870 Fritsch y Hitg (t rabajando en el locador de la sef'lora Hitzig porque 00 disponian de laboratorio) insertaron rlectrod05 epidurale" .rn el A.rea pre-rolndic3 e perroS e hicieron pasar una corriente, lo que producla movimientos musculares determinados. Era el rea motora. Posterlormenle Hilzig deJimil61a corteza mOlora Ouego el cerebro no era "comn" ), y aclar los principios de inervacin contra1a teral. A partir de esto, se desarroll elaJ.n por buscar zonas del cerebro diferendables por su activi dad elctrica. Por 1879 el alcalde ingls, Catan, insert intracorticalmeme dos electrodos concctados a un galvan6metro sin necesidad de pasar corrieme y observ61a misma inversin de potencial registrada por su antecesor Du Bois-Reyrnond. Posteriormente Calon registr en cuero cabelludo un tipo de actividad espontnea eltctrica diferente de la reg'istrada intracranealmente. Poco despus Beck descubri que la actividad espontnea se interrumpia al introducir una "distraccin" sbita al animal (efecto de lo que posteriormente se conocera como formacin reiculada) . Beck divulg ms rpidamente que Catan sus hallazgos, pero el mrito de sentar las bases de la elect roencefalograna recae sobre Catan. 11 Paralelamente '8 la investigacin neurofisiolgica, la anatomla intentaba " localizar" funciones mentales. Desde la Edad Media se hablan descrito numerosos cuadros mentales por lesiones en el cerebro, entre cUas diversos tipos de lo Que hoy st conoce como afasia. Hacia ]825, CrigMan, propuso que la dificultad para emitir correctamente una palabra se debla a una desconexin entre la idea y el signo expresivo lingUistica que transmite la idea. Poco despus Bouillaud y Lordal postularon la existencia de un "centro motor" del habla, comn con el de la deglucin. Hasta 1860 no se habia relacionado el t rastorno del lenguaje con la parlisis en el hemicuerpo derecho. En pleno auge de la escuela francesa de medicina, Paul Broca practic la autopsia de un paciente que se creJa, comprenda pero no hablaba (sino las silabas TanTan}. A partir de la lesin izqUIerda anterior que presentaba en la autopsia, Broca coocluy que "hablamos con el hemisferio uquierdo" . Juma con Frilsch y Hitzig, Broca se considera como el fundador del " Iocalizacionismo". o sea, de la relacin entre reas corticales especificas y determinada funcin. En la misma dcada (1860-1870), Munk termin de levantar los "mapas" corticales correspondientes a funciones somestsicas, visuales y acsticas y prepar un perro con los lbulos occipitales extirpados que vela pero no re<:onocla los objetos (agnsico), y que era hemianpsico y no ciego de un ojo. como se creyera hasta entonces, Con esto defini la decusacin de las vlas visuales en el quiasma. Por la misma poca (1873) Sir David Ferrier describi los campos visuaJes frontaJes y el "CenlIO auditivo" para sonidos hablados. A veces menos acertado que Munk, Ferrier era ms bJillante y cosa importante, an para nuestros dfas. trabajaba al amparo de la escuela neurol6gica anglo-sajona que estaba tomando la ventaja que todavla hoy prevalece sobre las escuelas del continente. Estudios como 105 de Munk y Feroer iniciaron la era de la neuroanatoRa exper imental. Hada fines del sigJo, Charles Btt"'or y Victor Horslcy inventaron el mtodo de coordenas cerebrales tri-dimensionales (esterotwUs) que pe.mtite locali':ar externamente con bastante precisin reas profundas del cerebro. El "Zellgclsf lO o esplriltl de los tiempos impuesto por las condiciones ideolgicas, tecnolgicas (y hasta polticas) se revela en toda poca. Enlre 1860 y 1890, el afn de localizar anatmicamente las funciones mentales superiores invadi la clnica y comenzaron a proliferar las especulaciones sobre "centros de representacin". En 1869 Bastian propuso cuatro centros cerebrales para el lenguaje a saber: visual -verbal, 3udil'ivoverbal, g1oso-kinestsico e "ideatorio-manuat". Charcot se bas en las ideas de Bastian para levamat uo diagrama de los "centros nteJe ctuaJes", que. explicaba prcticamente todos los fenmenos afAsicos aprcticos y agnsicos (Fig. 1-1). Lissauer (1890-1892) describi enfermos COIl visin intacta pero con deficiencias en reconocer objetos (como los perros de Munk). Freud llam este fenmeno 8(1: 0 0518 . Entre 1875 y 1900 Wernicke y Dejrine se adelantaron a su poca por lo que (Uvieron mas resonancia anos despues de su muerte. Wernicke propuso que slo 22 /, ....... .. .. 100>1 _ PlaURA J.J. DiIIgrama. de CbllT' coL El cerebro 1M! concibe eomq un eis tema pUramen te lIlecanico de " p!llMtcu". aquellas funciones psicolgicas ms elementales pueden asignarse a arcas corticaJes definidas 'i estableci un modelo terico para diversos s ndromes cerebrales (particularmente para las afasias). Diferenci los efectos sensorio-motores de destruir un rea cortical o de interrumpi r las "las aferentes a tal regin. Basndose en los modelos de Wernicke, Dejrine (1890-1900), volvi al concepto de dos tipos de arasia: motora y receptiva . Con evidencias anatomopatolgicas claras. simetiz las causas de los diversos en funciones superiores tras delerminadas lesiones cerebrales (sindromes corticales y sndromes de "desconexin"), Hace aflos surgi una es<.: uela en Boston di rigida por Geschwi nd que ha gozado de considerable prestigio y que tom610s esquemas de Wemicke y Dejrine. Hacia 1900 surgi61a misma reaccin contra ellocalizacionismo que se produjo en el siglo XIX;Pierre Marie en 1906. Pick en 191 J Y AJajouanine posteriormente, decidieron no reconocer sino Un ti po de desrdenes " intelectivos" causados por danos en el hemisferio izquierdo. Esta coment!: predomin durant!: algIl tiempo en Francia 'i degener en elucubraciones mas filosficas Que cientlficas sobre la naturaleza del O/pensamiento" y de slmbolos, aunque lti mamente parte de dichas intuiciones se han revelado acertadas. Ya entrado el !ligio, las ciencias bsicas del cerebro ven avances eo neuroanatomia, electrofisiolog.fa, bioquimica y bionsica. Los trabajos encaminados hacia el estudio de funciones corticales son menos brillantes, Por un lado est Von Gudden a final del siglo, Qui!:n descubri las proyecciones especificas talmico-corticalcs, Fleschsig, quien propuso la divisin de la coneza en zonas primarias, secundarias y de asociacin, y Ramn y Cajal, premio Nobet de 1906 por sus trabajos en histologa del sistema nervioso y su teoria de la neurona como entidad anat6rrca y funcional separada. Por el aIro lado las figuras son de menor brillo como Manc, Lepmann, 'i Kleist quien. a pesar de un trabajo dedicado, propuso un mapa como el de la figura que no se diferencia mucho de la concepcin de Oall. En la primera mitad de este siglo pocos seguidores de la escuela hollstica tuvieron en cuenta la especificidad de los sistemas talmico-corucales. Los pocos Que 23 P1GURA / 2. Mapll de " represen- taciones corticaJ@l'I" segUn Kleiat. Esta con.cepcln no difiere mucho de la Chllteot. trabajaron con este modelo se apoyaban en las brillantes proposiciones de John HughJins Jackson hacia 1870. Integrando sus observaciones cUnicas con los datos de sus colegas ingleses y alemanes, describi la organizacin de la corteza motora y fue el primero en eslablecer una jerarqua enceflica, segn la que los niveles inferiores, bsicos para manlener la vida, estaan bajo cont rol de los niveles superiores (corticales) bsicos para funciones inteleclUales , Para la idea de un conuol inverso (tallo a corteza) tendrian que esperarse los trabajos de Dremer (1933) y Moruzz.i y Magoun (1949) sobre el papel de la formacin reticulada y proyecciones talmico-corticales nespecificas. Jackson tambin observ que las funciones ms refinadas y dependientes del aprendizaje son las primeras en alterarse tras lesiones cerebrales, cosa que llam desintegracin progresh'. de runclones. En cuanto ms severa la lesin. ms primitiva (ontogenticamente) seria la conducta remanente. Fue el primero en seflalar la predominancia del hemisferio derecho para ciertas funcione.o; (cantar. inte.rpretar musical y emiti r lenguaje "emocional", as! como el valor pron6stico de Que [a lesin fuera Itnta (con pocas secuelas) o aguda (con severas secuelas). En la misma lnea de pensamiento, Van Monakow (1914) anot que las partes sanAS del cerebro pueden alterarse u-ansitoriamente por una lesin determinada (fenmeno de dlasqulsis). Si bien estas anotaciones clnicas fueron altamente consideradas entonces, la conceptualizacin del Sistema Nervioso Central como un aparato jerrquico era tal vez demasiado filosfica y compleja para ulla poca en la cual resultaba mas reforzaRte investigar en neurofisiologla y cUruca los efectos de lesiones ~ r e b r a r e s . En plena reaccin behaviorista Watsoniana, (modelo estricto estimulo-respues- ta) hacia la dcada de los 20 y 30. pocos investigadores norteamericanos se atrevlan a aparlarse de los datos observables "puros" o se permitlan hacer inferencias sobre los prOcesos intermediarios que suceden en la "caja negra". De aqul que el campo de la neuropsicologia fue absorbido por la medicina. El proponer una accin global del cerebro se confundla filcilmente con la adhesin ms o menos tacita a la leoria de la Gesta!!!. lan impregnada de mosorla y cuyos trmi nos en general no se prestaban a la operacionalizacin clara. Uno de los innovadores fue Karl Lashley quien, en su famosa monografla Brain Mechanisms and Behavior (1929), trataba de demostrar que la accin del cerebro es equipotendal (o sea que todas las reas son equivalentes desde el punto de vista funcional), y que el dficit comportamental subsiguiente a una extirpacin correlaciona ms con la extensin que con la localizacin de la lesin. Los experimentos de LashIey extrapolaban del cerebro de la rata (mamfero, con pobre dotacin cortical primaria) al cerebro del hombre, lo que no es enteramente vlido. Sin embargo, Lashley aport una corriente fresca a la rgida psicologia conductista al sefl.alar que el modelo respuesta-refuerzo o estimulo respuesta no siempre es vlido y que existen diferentes niveles de anlisis del comportamiento. En The Problem of Serial Order in Behavior (1950) expone que el modelo operante no tiene cabida como explicacin de conductas (abiertas o encubiertas) con caractersticas de ser pre-programadas a nivel central (movimientos de alcance, hablar, escribir). V no de los neurlogos norteamericanos de mayor peso y quien contribuy a instaurar una visin cUnica halstica del cerebro fue
Un investigador paralelo a Lashley fue Goldstein, neurlogo interesado en las funciones mentales superiores y con una clsica formacin gestlltica. Excelente observador clnico, configur un esquema de la organizacin del cerebro como un rgano nter-actuante. Junto con Gelb, el primer psiclogo neurol6gico, Goldstein proponla una accin de masa del cerebro humano. equivalente a la propuesta por Lashley en los Estados Unidos y por Head en Inglaterra. Contribuy con varios conceptos que, aunque vagos y poco operacionables en la poca, son de suma utilidad para la observacin clnica tales como la prdida de la actitud abstracta o categorial tras lesiones cerebrales en general. Replante conceptos propuestos por Jackson de signos por exceso o por defecto (subsiguientes a la desinhibicin o inhibicin de otros sistemas) y subray la interaccin de factores "orgnicos" y "psicgenos" en la conformacin de cuadros mentales neurolgicos. Por su lenguaje ambiguo y poco operacionable (particularmente en Estados Unidos, en la poca de mximo auge del pragmatismo), slo hasta poco antes de su muerte (1969), fue cuando los estudiosos contemporneos del rea descubrieron el valor de las obras de Goldstein, de Lashley y de Head. Fueron los datos de la neurofisiologa de los afias posteriores los que vinieron a confIrmar la correcta orientacin de las intuiciones de estos autores. Por ejemplo, Rassmussen y Penfietd (1947) CDD estimuladones sucesivas de las reas pre y observaron que no todas las clulas de la corteza son motoras y que no todas las de la corteza post-rolndica son sensorias. Hasta la segunda mitad de este siglo priman las escuelas asociacionistas del cerebro. Excepto unas pocas figuras de estatura cientfica como LashJey. Goldstein, Gelb y Head, la mayora de los investigadores trabajan con un marco terico localizaciorusta estrecho y elemental. Aunque a menudo se pretenda lo contrario, todava hoy en dia se tiende a trabajar con este punto de referencia. Esta confusin provendta de que, actualmente se sabe que el modelo localizacionista puro no 2' corresponde a la organizacin cerebral pero no se dispone de un modelo estructurado que de cuenta de la generacin de operaciones complejas. Una cosa es saber lo que es la organizacin del cerebro y otra cosa es saber lo que no es, Es posible que la mayorfa de los grandes investigadores en esta rea, a pesar de recha- zar los modelos localizacionistas, en final de cuentas echan mano de los recursos de estos esquemas. Desde hace unos 20 aftas se est trabajando en este sentido la inter- relacin bioqumica-anatoma-fisiologla y comportamiento y es de esperarse a que finales de siglo se haya llegado a la operacionalizacin del tipo de preguntas plantea- das en terminos generales por Goldstein y Lashley. n. ESTADO ACl'UAL DEL PROBLEMA En el momento existe una brecha entre la neurologa y la neurofisiologa. En la prctica clnica se tiende a concebir el sistema nervioso central en trminos de "centros de representacin" (incluso para funciones tan complejas como hablar o calcular) pero a nivel de ciencias bsicas se sabe que el cerebro no es tan sencillo. La mayorla de los cuadros cUnicas humanos se han descrito desde hace aftas, pero es este el momento en que todava se desconoce gran parte de su significado. Sin dejar de estudiar la patoiogla (que no se puede controlar experimentalmente), la corriente cientfica intenta especificar las condiciones ptimas de activacin de ciertos sistemas cerebrales en condiciones normales, lo que requiere de tcnicas muy refinadas neurofisiolgicas y neuropsicolgicas. Entre ellas se cuentan la electroencefalografa por computador, los potenciales evocados, el registro de unidades aisladas, los programas de refuerzo automatizados, los estudios de flujo regional sanguneo con istopos, y los instrumentos psicofsicos tales como el taquistoscopio, los equipos de sonido adaptados al laboratorio, etc. Par al elamente al estudio en pro fundidad de sistemas especl ricos, la paleoneurologa y neuroanalornJa comparada han contribuido sustancialmente a la concepcin unitaria del sistema nervioso central. En cuanto ms evolucionado un organismo, ms grados de libertad adquiere el animal respecto de sus necesidades internas y externas y queda ms libre, en el sentido de que sus comportafientos son ms adaptables, flexibles y modificables con la experiencia. A. MODELOS EVOLUTIVOS DEL SISTEMA NERVIOSO CENTRAL Cada especie dispone de un repertorio de respuestas garantizado por la programaci6n filogenticamente determinada del sistema nervioso central (SNC). Los "temas" centrales de conformacin de protenas nuclicas y citoplasmticas parecen ser basicamente simiJiares a lo largo y ancho del fenmeno biolgico. La informacin externa que incide en eJ ncleo altera de diversas formas las protenas que, por cambios conjugados con el citoplasma y la membrana conformarn la 'memoria" y sobre sta, el resto de operaciones codificadas (Llinas 'J col., 1977). Herrick, uno de los: ms importantes neuroanatomistas de este siglo desarroU6 un modelo de evolucin de la cortua o manto cortical (paHio) que se advierte ya en reptiJes y anfibios. Por crecer de sistemas corlico-subcorticaJes diferenciados, Jos receptores perifricos de los vertebrados "inferiores" son muy especiaHz.ados y 00 requieren mayor procesamiento central. Estos animales por tanto tienen poco poder de comparacin y resolucin integrada de memorias de) exterior, En las especies ms derivadas, subsisten remanentes de estos sistemas sensoriales que llegan a diversos niveles de tallo cerebral. Se setJala eslO pata disipar la idea de que en el hombre, loda funcin superior se realiza en corteza, como si sta actuara excluyendo el resto del cerebro. Los procesos corticales no son disociables de los subcorticales, y no se equiparan 3 funciones "concientes" e <' nconcientes" . En las tonugas la contz.,a olfativa se separa de la hipocmpica y sUrge un tipo de "coneza genera'" penetrada por proyecciones somestsicas. En los mamlferos primitiyos se aprecia el imporlan/e manto neocortical Que empuja la corteza olfativa hacia la parte rostral y el hipocampo hacia la medial del cerebro. La corteza es invadida por poderosas proyecciones talmico-conicares altamente mielinizadas y de senlidos a distancia (visin y audicin). En los primates y panicularmente en el hombre se hacen prominentes las reas de lDlq:racloo como corolario en el refinamient o ea la capacidad receptiva de todo el sistema. El trmino corolario no implica una relacin de causa-efecto o de prioridad en el tiempo. Las leyes de la evolucin se conocen de modo muy fragmentario pero carecen de nO. teleolgico y siguen una linea de variaciones al azar de las cuajes privar una solucin biol6gica (no necesariamente la mejor posible). Para Que exista un aparato asociativo, se requieren elementos por asociar, y stos se dan a medjda que los recepeores y sistemas sensoriales y motores se refinan. (Herrick, 1933). Un sistema nervioso central que dispone de vas antiguas filogenticamente (con empalmes en ncleos sub-tal.micos) y de vlas recientes muy rpidas y directas, resuJt en la combinacin de procesos multisensoriales en forma tan complej a y tan procesada que en ltimo trmino se Ueg a operar con conceptos en lugfr de operar con pert:epCos. B. MODELOS FUNCIONALES DEL SISTEMA NERVIOSO PRIMATE El sistema nervioso central se concibe hoy como un complejo unitario formado por diversos aparatos diferenciados y especializados que actan en un concierto temporal filogentica y onlogenticamente determinado. A pesar de la simplificacin de los esquemas propuestos, que subdividen el SNC en sistemas aislados, son tiles como punto de referencia franjlorio. A conllnuacin se enuncian algunos supuestos Que parecen regir la organizacin cerebral y sistematizados por Nauta (1960) Brown (1977) y Kelso y cols., (1981). Ninguno d.e ellos es explicativo por si solo pero cada principio enunciado tiene va'!idel., al menos en un momento dado de la interaccin organismo-conleJtto significativo. 27 1. Principio de la Organ1r:acin J errq uiCIil Se basa en la premisa ja<;:ksoniana de que en el SNC se dan varios niveles de uesarrollo filo y ontogentico, del ms primilivo al ms evolucionado y que mantienen relaciones recprocas de autoregulacin mutua. Estas relaciones parecen ser jerrquicas tanto anatmica como funcionalmente. En venebrados primitivos se dan sistemas relativamente "difusos' e indiferenciados, capaces de acciones inmediatas, centradas en torno del eje axial corporal y sin relaciones recprocas (o sea, mas o menos autnomos e independientes del contexto externo e interno). En cuanto ms evolucionado el animal, aparecen sistemas sensoriales con vas mielinizadas y rpidas, dispuestas en panlelo con los sistemas ms antiguos (Uins, 1974; Nauta, 1960) y que confluyen en ciertas zonas de proyeccin del SNC. La disposicin en paralelo se complementa con la serial segn la cual el mismo tipo de datos se analiza progresivamente a traves de varias sinapsis. Los sistemas en paralela aseguran cierta redundancia necesaria de funciones! A nivel de corteza es raro que la confluenda de operadores en serie y en paralelo confluya slo en una regin. Este desarrollo permite acciones des"centradas del cuerpo y percepciones estables a la vez que una gran flexibilidad operativa, puest() que cada zona puede operar diferencialmente segn el contex[Q. Al hablar de jeJarqua, no se implica que los niveles "superiores" controlen unilateralmente a los "inferiores". Como los diversos niveles parecen operar sobre datos diferentes (de uno o de diversos estimulas) el controlo interaccin es mutuo. Asimismo, las funciones mentales "superiores" y las "primarias" se hallan en estrecha interrelacin. La jerarqula se concibe ms como el ni ve! de anlisis e datos en el cual opera un sistema dado. La organizacin jerrquica garantiza los mximos y mnimos necesarios de redundancia gracias a los sistemas codificados en serie yen paralelo que permiten un alto grado de fidelidad en la transmisin de auto-control y de capacidad de comparar datos, lo cual aumenta la precisin y estabilidad del medio interno y externo. 2. Principio de los Gradientes de Especializacin Un gradiente se define como la relacin entre el cambio de una magnitud en funcin de otra magnitud (vgr: la luminosidad de una fuente de luz d-isminuye logartmicamente con el cuadrado de la distancia de la fuente). En neurofisiologa, este principio se refiere al incremento o decremento en el umbral de respuesta de una clula ante determinada caracterstica de estimulo, en fundn de las interconexiones anatmicas de dicha clula y de su propio cdigo gentico, La "especificidad" en el cerebro es casi siempre relativa, incluso cuando se habla a nivel celular. Las clulas no responden ante los estlmulos conocidos en nuestro mundo psicolgico. sino ante c:aractersticas o dimensiones flsicas muy especificas. Por ejemplo, del aviso de "proteja su ambiente" visto desde el autobus, algunas clulas del sistema visual pueden responder a la luminosidad, otras a los ngulos, otras a los colores, etc. Para 28 cada uno de los parmelfos enunciados existen clulas que responden ptimamente. o sea, con mayor eficiencia. La encienda de respuesta de una clula se define, entre OllaS, por los siguientes parmetros: corta latencia, de respuesta, alto nmero de pulsos por segundo (o sea, alta frecuencia) y mlnimo requisito de intensidad del estmulo (o sea, menor umbral) . Dichas unidades especificas tienden a agruparse en ncleos o poblaciones con caracrerlsticas ruslolgicas y funcionales similares. En la COrtC7..3, son imponantes las "reas de proyecdo" Lalmico-conicales primariIU y secundarias en las cuales la mayora de las clulas (pero no todas) responden mejor a una o varias caracterlsticas de una modalidad dada (visual, auditi va, etc.). Sin embargo, cualquier clula es capu de responder ame un estimulo "inespecfico" (elel.'tricidad. agente qulmico, elc.) si su intensidad es lo suficienlemente alta como para activarla. La probabilidad de bailar c,lulas especificas para una modalidad dada disminuye en funcin de la distancia de las reas de proyeccin talmico-C'ort icales. En cambio, aumenta la probabilidad de hallar clulas qU!! respondan si multnea e integradamente ante varias caractersticas de impulsos o ante condiciones internas (rdenes) muy especificadas. Segn investigaciones sobre potenciales d: calcio (LUnAs, 1980) se cree quo cada tipo de neurona cerebelar tiene su propio "lenguaje" (cdigo de pulsos), altamente especifico en condiciones fisiolgicas. Pero esta especificidad se refiere a Jos microcdigos de cada clula. El neurlogo o el psiclogo observa conductas glObales que son productos emergentes de los micrOCdigos individuales bajo condiciones fisiolgicas . Por tanto. no necesariamente se observar "espt1:ificidad" para reas muy amplias ante macroestimulos Que llevan informacin muy diversificada. 3. Principio de la laterallzacln proartSfn de runciones La lateralizacin progresiva de funciones (o diferencias hemisfricas) parece ser un fenmeno eminente pero no exclusivamente humano (Nottebohm, 1973; Eulinger y col., 1969). Una vez realizado el analisis diferencial en uno u otro hemisferio, los datos se intercambian y comparan por conexiones nter-hemisfricas llamadas comlsu.ras. Esto permite una respuesta integrada ante un estimulo procesado en diversos niveles, con diversos grados de precisin y en "lenguajes" diferentes. Hoy se sabe que, por disponer de diferentes operadores, cada hemisferio es dominante para determinadas funciones. En la mayorla de la gente (diestra y zurda) el hemisferio izquierdo es dominante (aunque no de modo absoluto) para el lenguaje, y el derecho lo es para el anAlisis topolgico de tipo no semntico y no fonolgico. 4_ Principio de las He'erarquias Los principios enunciados anteriormente no implican una uni-direccionalidad del flujo de info[macin (del ms "inferior" al ms "superior") aun cuando, tradicionalmente, asl se ha aceptado. De lo contrario, si los "centros de funciones superiores" se lesionan, los de "funciones inferiores" Quedarlan operando al azar , 10 cual no es correcto. y no deben concebirse los centros telencef3.licos como 29 "controles" absolutos de los centros meduJares o bulbares, La relacin de control es mutua. lo Que garantiza una enorme plasticidad funcional al SNC. Esto es lo que se denomina hererarquJa o reciprocidad de funcin (Kelso y col.. 1981), Mediante esta disposicin, una misma estructura puede asumir diversas funciones segn las demandas de la tarea, las demandas internas (cogni tivas o viscerales) del sujeto, y segn las imerrelaciones con Olfas estrucruras Que en ese momento dado inter-acten caD la primera estructura. Como esto creara una capacidad ilimitada de operatividad que no sera adaptativa. el SNC tiene limitaciones '1 auto-cont roles derivados de la filogenie. As! , incluso en el humano, la coalicJn (ver Kelso y col., 1981) de condiciones organismicas '1 de condiciones e)(lernas asigna valores altameme especficos a los patrones de disparos y a los tiempos diferenciales de excitacin e inhibicin de conj untos limitados de estructuras nler-relacionadas. El punto de vista coalldoDaI considera pues. las acciones dentro de un contexto dado. lo cual permite un ajuste muy refinado entre el valor del estimul o y el valor de la respuesta (aunque la respuesta muscular sea la misma. el procesamiento central no lo es, si las demandas de la tarea son diferentes), A lo largo de este texto, se harA mencin a eSle modelo jerrquico-heterArquico con sus aplicaciones a la patologia. C. MODELOS ESTRUCTURALES DEL SISTEMA NERVIOSO CENTRAL Un sistema se define como un conjunto de vari ables seleccionadaS' por el observador dentro del conjunto infinito de variables presentes (Hobson, 1979). La nocin de sistema es pues, relativa y limitada por la arbi trariedad del observador. Puede cambiar a medida Que la tecnologa avanza. Es lo que ba sucedido con la concepcin del SNC. El Sistema Nervioso Central de todo organismo obedece a un conjunto limitado de leyes generales_ Segn L1ins (1974) htodos los cerebros constituyen bsicamenle una elaboracin progresiva de temas viejos (primitivos)", A part ir de una clula ideal , el complejo de membranas externas recogen la informacin del medio '1, por cambios transitorios (o permanentes) estructurales en las protenas. comparan las seflales emitidas por el interior de la clula, o sea, por los programas genticamente determinados e impresos en el ncleo. Cuando los cambios transitorios generados par la comparacin de los programas internos con (os externos resulta en una conformacin molecular diferente que " protruye" de la membrana externa, ~ dice que estas protenas llevan ciertas memorias (Llinis, 1977). El medio atemo. a t r a v ~ de: la membrana, suministrarla. al nucleo la informacin Que le recuerda a ste cuando '1 Qu parte de su mensaje geneuco debe expresar. En trmino.!! "platni cos", segn LUnas '1 col. . (1977). seria el ncleo el que "verla" indirectamente 13. realidad y que expresara su mensaje genticamente transmitido segn las circunstancias exter,nas. A partir de estos temas centraJes moleculares, se han desarrollado divenos modelos de SNC con las ventajas y desventajas del momeOlO tecnolgico en que se les describe. Teoiendo en mente Que por su misma definicin. el "sistema" es variable a travs de los tiempos y de los observadores. se tomar un modelo rorico-estructural esbozado por Mac Lean (1972) '1 8rown (1971). El SNC primate lO conSlSuna en cuatro niveles: a) nivel sub-cortical sensorio-motor; b) lmbico presentacionaJ; e) cortico-representacional; d) simblico asimtrico (cuyo desarrollo es ms prominente en el humano). Estos cuatro ruveles (arbitrarios) no son temas aislados. Segn la especie, emergen con diversas interrelaciones unos de otros y se entrelazan unos en otros. l. Nivel sub-corucal sensorio-motor Se concibe como el conjunto de estructuras de tallo, hipotlamo y diencfalo que regulan la constancia del medio interno y que dirigen la actividad del organismo en relacin con el medio ambiente en general, y con las actividades de auto- abastecimiento. Las principales estructuras de que consta son: estructuras de tallo con los ncleos de los pares craneanos y nucleos de clulas que regulan el sistema autnomo (corazn, pulmn, temperatura, etc.) as como los que originan aferentes y eferentes somticos (voluntarios o concientes) que inervan cabeza y cara, la sustancia gris periacueductal con sus proyecciones hipotalmicas y la formacin reticulada (FR). la cual va desde la parte inferior del tallo hasta los nlideos intralaminares del tlamo, Hasta hace poco se conceba la FR como un sistema "difuso" e "inespecfico" pero parece tratarse de un sistema altamente diferenciado y especificado histolgica, neuroqumica y funcionalmente. La FR constituye un integrador sensorio-motor y un controlador del estado neurofisioJgico y comportamental (Hobson, 1979). Por integracin se entiende "el conjunto de procesos neuronales mediante los que la especificidad espacio-temporal de las diversas entradas sensoriales se compara y se unifica para emitir una respuesta motora organizada" (Hobson, 1979). En este aspecto, la FR acta como comparador que "vigila" lo que entra (sensaciones) y lo que sale (rdenes de movimientos) y coordina una accin coherente. No tiene directo control sobre sensacin o movimiento en s, puesto que consta de neuronas de segundo y tercer orden, pero modula el efecto de aferentes y eferentes. Esta regulacin en general se realiza en conjuncin con estructuras de tlamo (FR telenceflica) y es su duracin del orden de milisegundos (coordinacin de movimientos de ojos al perseguir un objeto visual con movimientos de ajuste de cuello y tronco para equilibrar el cuerpo) por lo que se dice que es fsica. La modulacin del estado neurofisioJgico y comportamentaJ se refiere a la "asignacin de valores de facilitacin e inhibicin de conjuntos de poblaciones neuronales "(Hobson, 1979)" cuya actividad global se revela en un conjunto de propiedades medibles e identificables (suei\o, vigilia, atencin dirigida, etc.). La FR puede desviar los valores de circuitos especificos alterando sus caracteristicas sensorio-motoras (vgr: el "filtro" o barrera sensorial durante el suel1o, la velocidad de descarga de otros sistemas, el orden de prioridades de llegada o salida de diversos circuitos O la direccin del flujo de informacin). Rewstribuye pues, impide o facilita la transmisin de informacin segn el estado y segn las 31 contingencias externas (fijadas por los sistemas sensoriales especifiCas). Los estados regulados por la FR son, segn Nauta (1960, 1971): a) Estado visceral o valores fijados al medio interno (homeostasis) tanto autnomo, visceral como neuroendocrino. Regula vgr .. temperatura, osmolaridad. ritmo cardiaco. niveles de ca 2 ,ciclos hormonales. etc. b) Estado esqueltico, que se refiere al control por parte del tallo de patrones mOlores, (re flej os de locomocin, respiraci n, etc., independientes del servomecanismo del exterior). A este nivel tambin se regulan las motoneuronas alfa que deben facilitarse o inhibirse en medula espinal para generar determinado movimiento especfico y armnico, cuya orden general fue lanzada por los centros ., superiores". Brown (1977) supone que se trata de un nivel de motilidad re fl ej a en la cual no hay meta o nocin del espado externo. Por esto, no se considera como accin (la cual requiere de mayor integracin sensorio-motora de primer orden). e) Estado cortical. La FR de tallo controla los niveles de actividad enceflica y acta como filtro de entrada de los estimulas que suben desde medula espinal hasta diencfalo (Moruzzi y Magoun, 1949). Por alteracin selectiva de Jos umbrales de disparo de tlamo y corteza, la FR puede imponer barreras funcionales sensorio-motoras (como en el sueno) o facilitar estos sistemas (como en la atencin). 2. Nivellmbico presentaclooal Su nombre supone que, a este nivel, las percepciones y reacciones son en su mayora inmediatas, No existira una representacin interna de los estimulos, a menos que se hallen presentes o se necesiten vitalmente. Este complejo comprende el sistema lmbico telenceflico que emerge 'i se al subcorticaL Involucra paleocorteza y supone cierta especializacin sensorial de pri mer orden, El alambrado bsico de tal complejo conforma la corteza rinenceflica (olfativa o piriforme), rea septal, corteza amigdiUar. hipocampo y sistema fornical, junto con corteza cingulada y sistemas motores extrapiramidales originados en ncleos sub-corticales y cerebelo, habnula, cuerpos mamilares y estructuras sub-talmicas, A este nivel se analizan bsicamente estimulas posicionales, olfativos y qumicos (feromonas, humedad, etc.), y orientacin selectiva a estmulos relevantes de la tarea (Papez, 1937). El sistema "traduciria" en sensaciones para el resto del cerebro, los datos detectados por los sistemas de hipotlamo y tallo. Por ejemplo, el hipotlamo lateral y regi()nes aledaflas detectan niveles de presin osmtica en sangre, impulsos Que son enviados al sistema Iimbico telenceflico, el cual traducira para el resto del cerebro el dato de presin osmtica en la "sensacin" de sed, con lo que se integra un comportamiento ordenado y coherente hacia una meta (constancia de la presin osmtica). Estos estimulos son de una altisima especificidad (hambre, sed, fro) y requieren por tanto, de circuitos finamente acoplados a las del estimulo. 32 Estos mtemas establ lizarlan comportamientos filogentticameme determinados Que requieren cierta elaboracin espacio-temporal con principios de control de la accin (cuidado y cdanza, de la prole, construccin de nidos, reservas de comida. rituales sexuales, lucha o caza, elc.). A pesar de la anticipacin temporal que imprican. estos comportamiemos se basan poco en la experiencia individual pasada ya que se presenlan en forma casi perfecta desde la primera vez (Timbergen, 1951). Se dese ncadenan anle un patrn especfico de estmulos si n un anlisis integrado del significado contexto, lo cual puede llevar a errores Catales. Por ejemplo, un pez eyacular ame cualquier esllmulo visual siempre y cuando ste sea redondo y con rayas horizontales azules y rojas: normalmente tal patrn visual responde al vientre de su hembra, pero puede ser un artefacto prfidamente introducido por un psiclogo. Afortunadamente los psiclogos no abundan en la naruraleza y tales son raros. A este nivel. simplemente las combinaciones de bsqueda de objetos son inmediatas y se acompa"an de manifestaciones emocjonales inmediatamente desencadenadas ante la situacin. Existcll cuatro grandes fuerzas mOli vacionales que mantienen eu el uempo "emociones" ya ciladas a saber: alimentacin, reproduccin, rabra y miedo y permiten llegar a la mela predeterminada. Con esto no se implica que exista una "conciencia" del tiempo o de su duracin pero el SNC perme ya interacciones basadas en patrones de respuestas guiados por relojes biolgicos internos (ritmo$ drcadianos, ul tradianos, bianuales, etc.). Sobre esta programacin filogcnlica pueden introducirse. haSla cierto puma, variaciones por aprendizaje (Hados, 1976). Incl uso animales decorticados a nivel lalamico pueden establecer respuestas condicionadas clasicas. 3. Nivel cortico represenlacfonal A este nivel se supone que el mundo externo adquiere cierta estabilidad e nvarianza para el organismo, que permite trazas estables con representaciones ms o menos pri mitivas e isomorfas del objeto ausente. Anatmicamente se desarrolla y emerge de paleocorteza. Implica el refinamiento de [os sistemas talamico-corricales que son: a) los Qcleys tal6.mlcos de rele"o especifico (extrinsecos) se desarrollan concomitantemenle con los sistemas corticales "primarios" y "secundarios". Reciben proyecciones de sistemas sensoriales filogenticamen le muy recientes y proyectan a zonas corticales primarias. Adems, inlegran la salida cortical de los sistemas mOlOres piramidales; b) los ncleos talmicos de asodacln (intrnsecos) con sus proyecciones cortas intra-talmcas y sus cooexiones a grandes areas corticales de asociacin que, j unto con los sistemas de relevo especificas, contribuyen a configurar imgenes estables. con UD almacenamiento en memoria permanente; e) los sistemas integradores de lbulos prielales, frontales '1 corteza para-Limbica mediante los cuales se estructura un modelo estable e iovari anle de la realidad externa (en conJinuo II cambio). siempre 'Y cuando se disponga de la mutua relacin de los sistemas mOlivacionales, atencionaJes 'i viscerales subcorticales. El contexto externo. aunque no liene valor definido para una sola ac:t ivi dad, liene un \'alor muy especifico (semnlico o no) segn el cual el SNC se activa o se inhibe. Allnque a nivel humano no pareeen ex.istir "desencadenadares" especificas de acciones-, cada inter-accin momentnea del exterior (y oda su significado) con el SNC (y su ruido de fondo) , crea una serie de operaciones delimitadas, especificas, diferentes entre si (aunque la respuesta global sea la misma) y cuyo substrato fisiol6gico radkaria en [os patrones de ti empos de activacin de las estructuras implicadas en una operacin ante un contex\o, Se trata pues, de ver al animal respondiendo ante una situacin dada; no nicamente respondiendo. El contexto externO configura la percepcin del movimiento deliberado (acc.i6n) por lo que el ani mal no depende exclusivamente d,e "descncadenadores" especificas, desligados del resto del medio ambiente. Un aparato asl dispuesto permi te aplazar t on cierto margen de liberlad la respuesta, 10 que conlleva un aumento en la capacidad de aprendizaje. Por tanto, las expresiones emocionales y la actividad en general son mas ne/(ibles, menos es tereotipadas y permiten una nleraccin muy versril con el mundo exterior. Tal refinamiento operativo se logra en virtud de una compleja organizacin ciloarquitectnica, estrucmral y funcionalmente jerarquica, especfica e lnt egral iva a la \'ez; la neo-coneza muestra una organizacin laminada en seis capas: segun la funcin preponderante de la regin, algunas capas estarn ms desarrolladas que otras (\lgr" la capa V de clulas piramidales en corteza motora es muy gruesa, a expensas del desarrollo de otras capas) sin una demarcacin fija, Simplemcnle se observa una diferenciacin gradual de la arquitectura celular y de la relativa importancia que adquieren cienos tipos de clulas y conexiones segn la funcin predominante. La ciloarquitectura de los hemisfeos, fue delimitada por Brodman en 1910 (Fig. r o ) ~ y se tomar repetidamente como referencia con fines puramente geogrficos, y no para especificar funciooes, , PlGURA 1-3. M,pe; citoe.rquitectOnico de BrodJn.en (tomado de Buateml.Dte. 1978). 34 La especificidad de las reas corticales es telaliva y se refiere a funciones prtponderanfes peru no absolutas que dependen de la probabilidad de hallar clulas plimas para determinadas caractersticas de estimul o . En lonas somestsicas, por ejemplo, aproximadamente un 80010 de las clulas responden a estimuladn sotlestsica primar ia pero un 20070 &on celulas motoras . Tal superposicin dI! funcione; motoras y sensorias recuerda la anotacin de Jacksoo (1898): " ... la unidad constituyente del sistema nervioso ceotral en su totalidad es sensorio-motora y _ .. al menos en los niveles intermedios y superiores. lasoprovincias llamadas motoras o sensorias en realidad no son sino principalm{'ntt mototJIs o principalmente se.nsoritls". 4. Niyel A este nivel se opera con smbolos o representaciones lgicas de los objetos y sus relaciones. Utiliza un !>istema articulado de smbolos que permite toda una estructuracio y cognicin interna, reversi ble a voluntad e independiente del exterior . El humano es la especie en la que este ni vel se distingue claramente. El substrato anatmico consiste en tendencias a leves asimetras en extensin y en profundidad de ciertas reas. El hemjsferi o izquierdo parece tener mayor super Ocie en el plano temporal y el derecho parece tener mayor volumen de masa en regiones (Cap. IV). Cada hemisferio proce.sa difereocialmenle aspecfos de la infor macin sensorial eXlerna (y posiblemenle de la interna o vi sceral ) e implica u03. orga nizacin dual de operaciones que permite un Continuo pr oceso de comprobacin y comparacin de los dalaS. Los hemisrerios se comunican enlfe si mediante conexiones nter-hemisfricas llamadas comIsura!. En cuanto ms distancia de las reas primarias, mA.s parece difel ir el runcionamiento de [os dos hemisferios .. Cada hemisferio "escogerla" aquellas caracterlsticas del estimulo que procesa con mayor eficiencia y, una vez analizado)' procesado el dato, lo integra con las operaciones realizadas en el hemis rerio ,ontralateraL Hablando muy esquemticamente. por ejempl o. de una frase oda, el hemisferi o izquierdo operara sobre las caracteristicas fonticas espedficamente verbales (pausas muy cortas, transiciones abruptas de frecuencia, y "carcter simblico") mientras que el derecho operaria sobre atribut()6 tales como melodia, lipa de voz., "musicalidad" y probablemente otras caraclersticas si mblicas Que hoy por hoy no se t13n podido identificar satisracloriamente. Este doble aparato pennilt una di versidad y simult aneidad de operaciones tal que result en un cerebro capaz de un lenguaje. En ausencia de la realidad fisica externa, el lenguaje la representa, no de modo isomorfo (como podra sucedc en el nivel cortico-representaciona:J, probablemente comn a ven ebrados diferenciados) si no de modo simblico y reversible a voluntad, con lo Que aparece, entre altos, la mentira y el arte. Mediante este sistema, la especie humana es capaz de analizar su propio estado de conciencia as! corno la estructuracin misma que hace del medio lS lntcmo. Extrapolando metafisicamente, podria pensarse que el hombre, adems de "estar candente", "es eoncieote" de dicho es!ado Y por tanlO puede tomarse como objeto de estudio. O sea, puede "descentrarse" 'i analizar el exterior desde su propio pUntO de vista 'i desde puntos de vist a externos 'i ajenos a su persona, cosa que otros primat es no parecen hacer sino a nivel muy elemental. COMENTARfO El ni vel neo-cortical rcpresentacional 'i asimtrico simblico il1)plica la reorganizacin en el modo de percibir 'i los dalaS externos, de almacenat; dalas en memoria, de retribuirlos y de emplearlos de modo deliberado. La Rcci6n se individuali za segn metas especffieas y teniendo en cuenta el contexto. Aparece el empleo de herramientas para usos inmediatos (praxis) . La percepcin es mas dinamica, menos isomorfa e 'implica una reorganizacin muy refinada de los datos lo que permite dispooer de un " modeto interno" del exterior altamente confiable y establ.e para las necesidades del animal. Por esto se habla de que es rcprescnlacional . En el nivel asimetrico simblico, emerge la sub-especializacin hemisfrica que permite UII siSlema simblit:o. Ademas de ser un poderoso medio de comunicacin , permite manipular el "mundo interior" a volumad. La accin a este ni ve! es del iberada 'i "libre" . El empleo sistemtico de herramientas conlleva objelivos a muy largo plazo. Tant o la percepcin como la acci n co-dererminan la organizacin de la memoria, por lo que sta parece ser sustancialmente diferente en el hombre. Finalmente. como sinopsis, se presenta el esquema general esbozado por Srown (1977) acerca de la organizacin en niveles del SNC y de sus filogeneticas, anatmicas y proyectivas en relacin con el exterior. En la realidad, lodos Jos-niveles- interactuan en todo comportamiento elaborado. 36 Humano t"leo-mami fero Paleo-mamifero Reptil MODELO ESTRUCTURAL Simblico focal (asi m. mtrico. neocortical). RcpresentacionaJ (neo- cortical). Presentacional (Iimbico) Sensori o-mOlor (sub- conicaJ). DESARROLLO Ontogentico Fi]ogenticO Filogentico Filogentico PROVECCION HACIA EL EXTERIOR Accin volicional , altamen te diferenciada y asimtrica; modifica defi nitivamente el medio. Accin con objetivo distal; modifica el medio en un ra- dio inmediato. Accin rest ringida, segmen- tada: acta sobre el medio para satisfacer necesidades biolgicas. Accin somtica de tipo in- tra-corporal o centrada en el cuerpo. (de Brown, 1977) LOS SISTEMAS TALAMICO - CORTICALES INTRODucaON "'Lef us be proud of our being vertebrales, for we ore vertebrales tipped al/he head wilh O divineflome", V!adimir Nobokof A continuacin se presentan los rudimentos ms bsicos de los sistemas perceptomotores y el constante control cortico-fugal que ejercen. Se subrayar que las funciones del cerebro no se pueden "antropomorfizar"; o sea, la percepcin a nivel fisiolgico no es isomorfa con la realidad y la funcin no parece corresponder a los datos de la conciencia tal y como stos se presentan intuitivamente en la conciencia. Adems de los sistemas talmico corticales y de las regiones de asociacin, la corteza recibe importantes proyecciones de sistemas Jmbico y reticulado mesenceflico y talamico los cuales procesan seales sensoriales y motoras y en ciertos casos (ncleo centro-mediano, ncleos anteriores) se relacionan con procesos especficios de memoria, emisin de lenguaje y otras actividades que hasta hace poco se consideraban como "superiores" y privativas de la corteza. Las conexiones corticales se han dividido en: a) fibras de asociacin que conectan diversas partes de un mismo hemisferio y establecen vinculos corticales 39 entre regiones' con diversas funciones. Estas pueden ser (dentro de una misma zona) o extrnsecas zonas a distancia); b) fibras comisurales Que conectan una parte del hemisfeTo con el hemisferio opuesto y que son erilicas en la integracin de fundones hemisfricas y; e) fibras de proyeccin que conectan la corteza con centros Las proyecciones corticales de los ncleos talmicos o especficos conforman las reas primarias (extrinsecas) corticales (Crosby, 1962). En cuanto mayor la distancia de las regiones de proyeccin lalmico cortical. aumenta la integracin con otros sistemas especficos o inespecificos y disminuye la "especializacin" celular para determinada caracterslica sensorial (corteza secundaria o intrnseca). Los sistemas sensoriales toman: a) una va rpida talmico-cortical y; b) una vla con mayor nmero de sinapsis y de conexiones con el sistema alertante que llega a la corteza mediada por ncleos talmicos de asociacin e intralaminares. Las proyecciones corticofugas desde corteza hacia tallo (con influencia inhibitoria) garantizan una completa integracin y filtro de los estimulos de entrada. Difcilmente se concibe pues, que en el SNC existan aparatos exclusivamente sensorios o motores. La actividad auditiva no se desliga de la vestibular y sta de la somestsica. Incluso la actividad mOlora depende de y modifica la actividad sensorial. 1. SISTEMA VISUAL Los dos grandes sub-sistemas originados eolos receptores retineanos toman la via y la colculo-tegmento-estriada. La primera se relacionara con el procesamiento de forma, tamao y caractersticas especiales del movimiento, direccin y color. La segunda ajusta los movimientos oculares conjugados para localizar los estmulos y se relaciona con complejas operaciones de seleccin atendonal visual y de reflejos oCJ.Ilomotores. Estas funciones subcorticales y de tallo son crticas para determinar la parte ms importante del contexto externo y de los ajustes corporales ame el contexto visual. A. SISTEMA GENICULO-ESTRIADO l. Retina La retina recibe una imagen invertida del objeto externo. Los fotoreceptores (transductores de energa luminosa en impulso nervioso) se clasifican en conos y bastoncillos segn su sensibilidad e intensidades altas o bajas de energla lumnica. Su hiperpolarizacin hace disparar la clula bipolar la cual activa la clula ganglio- nar cuyo axn conforma el nemo ptico. Existen dos tipos de conexiones retineanas horizontales que modulan la actividad de clulas situadas a distancia y permiten contrastes y mayor capacidad de informacin: las clulas borizontales hacen sinapsis con los fotoreceptores y envan largos axones a distancia, y las clulas amllcrinas, sin ax6n y con relaciones a distancia con clulas ganglionares. Las clulas de la retina primate detectan caractersticas visuales bastante cillas. Hartline (] 940) describi cl u las con campos receptores concntricos "on-off" u "off-on". El centro del campo receptor de las primeras dispara ame la luz, y la periferia se silencia; a su vez, sta dispara ante la oscuridad mientras que el centro se inhibe. Posteriormente, Hubel y Wiesel (1968) y Michael (1969) establecieron las caractersticas especificas del estimulo que activan ptimamente los detectores visullles y que son: bordes (contraste luz-oscuridad, o sea "raya"); movimiento, direccin del movimiento o del contraste, convejidlld, tamao e iluminllcipn. Segn la respuesta del detector ante una o varias caracteristicas de estmulo y segn la inhibicin de! campo perifrico sobre la actividad del centro, se clasifican como simples, complejas e hipercomplejas. En la retina humana slo se encuenlran clulas simples con bordes conceutriws inhibitorios que responden a la direccin y posicin del contraste O colores (Hubel y coL, 1 %8). Como el concepto de I!specificidRd de respuesta ante macroestmulos es relativo, las caracteristicas de disparo seran en realidad determinadas por los umbra.les diferenciales de cada neurona ante diversos atributos del estmulo. Segn la combinacin de atributos, los patrones de disparo diferiran e indicaran cmo responde o cmo se fatiga la clula (Blakemore, 1975) cosa que sucede rpidamente con la mayora de los receptores sensoriales. Parte de la estabilidad de las percepciones se debe a la "renovacin" de los receptores que intervienen en una percepcin dada, que se monitorea a nivel de calculos superiores y ateas pre-tectales. Por el sistema del cristalino, la retina tiene una organizacin topogrfica: lo que se halla arriba del observador incide en la retina inferior y viceversa; lo que se halla a la derecha del observador, incide en la retina izquierda y viceversa. 2. Cuerpos geoicuJlldos Illterales la disposicin topogrfica de la retina se mantiene a lo largo del tracto ptico y obedece a una disposicin punto a punto con el arreglo celular de la retina tanto en CGL y coJiculos superiores como en reas primarias y secundarias corticales. En CGL se han registrado clulas simples y complejas. Las clulas comPlejas son menos especficas que las simples, responden ante determinada combinacin de atributos (por ejemplo, raya oblcua en movimiento hacia la derecha), y responden siempre y cuando la posicin y la direccin sean apropiadas. Blakemore (1975) propone que las clulas complejas serian colectoras de estimulas procesados por varias clulas simples. Lo anterior indica que, a nivel geniculado, se da un procesamiento bastante complejo en cuanlo a discriminacin de patrones visuales, luminancia, forma y color, pero no en cuanto a binocularidad, profundidad o localizacin. Como todos los ncleos especificas talmicos, los COL mantienen conexiones topogrficas circunscritas a reas 17 y 18. Las radiaciones eniculo-estriadas se 41 dividen en ndiacln opUea superior con una trayectoria por lbulo parietal superior desde CGL hasta corteza est riada, La radiacin ptJca Inferior describe una curva hacia la parte laleral del hemisferio, por lo cual al canza a atravesar partes mediales temporales y parietales. Por taOlo una lesin parietal superior ocasiona un defecto en el campo vi sual cont ralateral inferior (cuadrantanopsia) y una lesin temporoparietal inferi or ocasiona un defecto del campo visual eontrruateral superior. 3. sUPf:riores El 30070 de las fibras del tracto ptico llega directamente a coUeulos superiores. las senales all generadas acti van movimientos finament e acoplados de los globos oculares y del cristalino para enfocar los objetos de modo que queden en el centro de fi jacin . Los calculos detectan principalmente estlmulos en movimiento y pueden Inhibi r patrones Constantes de pulsos (para resallar la actividad de ciertas clulas y excluir e! " ruido de fondo" de la actividad espontnea del resto de unidades) . Esto resuha en una altsima precisin operat oria con la consiguiente exactitud de movimientos salla torios y de seguimiento de los ojos. Probablemente en asocio con sistemas preteclales, los caliculos intervienen en la "supresin" de la visi6n foveal durante los movimientos sacdicos de ojos, lo cual conltibuye a estabili zar la imagen (Blz.z.i, 1975). El rnorUlorOO oculomotor realizado en conjuncin con tallo impide Que las imgenes "desaparezcan" de la retina y a su vez, aumenta los contrastes entre caracterlsticas de esti mulo. 4. Corteza tslrl.d. o proyeccin ptlca primaria El rea 17 recibe fibra.s procedeme5 de ambos campos visuales. Consta de clulas simples y complejas a lgunas de las cuales son especi ficas para binocularidad. Con base en la disparidad origi nada por posicin diferencial de las dos reunas, estas ..:l ul as extraen la diferencia de ngulo a partir de la cual, a ni vel ms elaborado, se descodificarn cualidades como prorundidad o estereopsis (Blakemore, Fiorenti ni, Marfei, 1912), Este sistema organiza las operacionCi mediante las cuales se discriminan patrones visuales complejos con atributos inherentes tales como forma. tamallo y prorundidad , En este sentido se considera corno el aparato que genera scftales respecto de lo que se "e. la organi zacin topogrfica de los COL se mantiene en corteza primaria visual lo que hace que. lees lesiones circunscritas a Afeas visuales. se observen dereelos de. campo vIsual. o eSCOfomas correspondientes al rea lesionada. Por ejemplo, una lesin occipital derecha conlleva una bom/mlma izquierda, o sea, una prdida M visin de lo que. se sita en la parte izquierda del sujeto (campo visual izquierdo) , En corteu calcarina o estriada (17), aumenta la tlroporcin de clulas complejas. El rea "isual sccunduia (18) alrededor de la 17 1 recibe unas pocas libras de los COL y una inmensa mayorla de aferentes cortos; de rea 11, Consta de c.lulas complejas t cuya caracterl'sLica es la de poseer una poderosa lona inhibitoria 42 adyacente al campo receptivo exctatorio, 00 que resalta el contraste y la actividad del centro). Tajes unidades seran capaces a la vez de extraer mltiples caracteristicas de estimulo y de mantener cierta especificidad para determinado estimulo. La corteza visual vertebrada est arreglada en columnas funcionales (Hubel y Wiesel, 1969; Blakemore, 1975), dispuestas en direccin vertical. lo que determina la caracterstica de estimulo ptima para cada columna y en direccin horizontal que determina su histologa y localizacin por capas conkales (Szemgolhai, 1978). Parece que las columnas de clulas simples proyectan a las de clulas complejas y stas a las clulas hipercomplejas, en una organizacin jerrquica. Las columnas inhiben lateralmente la actividad espontnea de clulas que no responden a estmulos. especificas, lo cual sincroniza finamente las cluJas ante determinados atributos visuales. Tal arreglo facilitaria la creciente extraccin de caractersticas hasta llegar a clulas "abstractas", alejadas del rea 17 que no responderan a caractersticas elementales sino a patrones de impuJsos generados por la actividad de poblaciones celulares con diversas funciones. Probablemente la discriminadn de configuraciones complejas se efectuara a este nivel. B. SISTEMA COLICULO ESTRJADO La jerarqua estructural y funcional se relaciona con la localizacin del eslmulo. El rea 18 recibe fibras procedentes de COL y de calicuJos superiores (Blakemore, 1975), to que corro borada la jerarqua de fu ociones en cuanto a q uc las reas secundarias (18 y parte posterior de 19) nlegran seBales complejas extraidas sucesivamente por las clulas simples, por las complejas y finalmente por las hiper- complejas. Los eferentes de reas 17 y 18 conservan cierta jerarqua ya que las reas primarias proyectan casi exclusivamente a reas secundarias; stas en cambio. envan densas proyecciones a regiones anteriores de "asociacin" y origi nan los aferentes oter-hemisfricos que toman la va del esplenio del cuerpo calloso. Se perfila pues, la nocin de dos sistemas visuales independientes pero complementarios, en los primates a saber: el sistema colicuJo-tegmental (de orientacin y localizacin de estmulos) y el sistema genlculo-estriado de discriminacin de palrones (Schneider, 1969). El primero determina dnde se ve y el segundo qu se ve (Teuber, 1970). Para ilustrar la diferenciacin funcional de tales: sistemas, en el caso de una persona con una hemianopsia homnima de origen cortical a quien se le presente de sbito un estmulo en su campo ciego, sta dirige "involuntariamente" los ojos hacia el eslimulo, aunque no lo est viendo. En cambio tras lesin calicular, los patrones visuales se discriminan bien pero se manifiestan serias dificultades para rastrear y localizar eficientemente los objetos. Siempre y cuando el sistema calicular se halle intacto y con sus aferentes ntegros, la localizacin sera acertada. Ambos sistemas estn autoregulados por circuitos cortico-fugos originados en reas 18 y 19 Y que proyectan a ncleos talmkos de asociacin tales como el 43 pulvinar y el dorsal y a ncleos pretectales de tallo. Todava no se conoce bien la anatoma o funcin de estos sistemas a tlamo y formacin reticulada, pero actuaran como monitores de la atencin visual. Al modular los aparatos de atencin. fijacin y localizacin, de hecho se impone cierto orden en la seleccin de sel'lales yen el procesamiento preferencial de ciertas caractersticas del estmulo. O sea, que la corteza no es enteramente ajena a la seleccin del contexto y puede modificar la actividad de los sistemas alertantes y de los aparatos sensoriales mesenceflicos y lmbicos. Los modelos neurofisiolgicos mencionados se basan en regisnos de unidades de gatos o monos. Ms all de esta jerarqua terica, no se dispone de mayores datos acerca del procesamiento visual en el hombre. Como dice Teuber. el estudio de los efectos de lesiones al aparato visual central humano debe abordarse con un mono que tiene un lbulo occipital extirpado y un electrodo en un hemicampo vi.suaL En cuanto al banano, como entidad simiesca significativa, no sabemos cmo lo ve! Las lesiones parciales de reas 17 y 18 en el humano dejan escotomas o ddeclos de campo visual (reas en que no hay discriminacin de Lesiones completas y bilaterales conllevan "ceguera cortical" la que no parece ser del todo equivalente a la enucleacin bilateral ocular; aunque subjetivamente no se "ve". existen reacciones de movimientos oculares que indican remanentes de visin (Pasik y col. 1968). A1rededor de las reas 17 y 18, en lbulos occipitales anteriores (reas de integracin "visuales") los procesos son ms complejos y es dificil determinar a qu responden estas clulas. La escuela rusa llama las clulas de estas regiones "analizadores gnsicos" y supolle que al11 se le confiere significado a la percepcin "pura", (Luria. 1973). La escuela de Boston propone un modelo anlogo al localizar el rea de asociaciones visuales en la circunvolucin angular (Geschwind, 1965). Pero la percepcin y la atribucin de significado a las percepciones va ms all de la mera confluencia de caractersticas elementales de estmulos. En los y primates, la corteza inferotemporal es crtica para aprendizaje discriminativo de patrones visuales complejos (Mishkin, 1979). La corteza inrero-temporal parece critica para establecer las invarianzas percepto-visuales como el reconocimiento de la clasificacin de Jos objetos independientemente de su localizacin en el espacio (Gross y cols., 1979), Ultimamente Mishkin ha propuesto que estas zonas conectan con lbulos temporales mediales y con sistema Iimbico ventromedial lo que contribuida a conformar el valor de la "asociacin" respuesta-refuerzo (premio o castigo). En el humano no se ha encontrado un anlogo a la corteza del mono pero se ha sugerido que el lbulo fusiforme (parte occipital ventral) en conjuncin con partes anteriores del sistema limbico-frontal contribuira crticamente a la adjudi..:acin de significado emocional o instrumental a una percepcin visual (Mishkin. J979; BeBman, 1978; Mac Lean, 1972). Lesiones a este nivel originnran algunas de las "agnosias" en las Que, en presencia de una percepcin adecuada, no se reconoce lo que se ve (formas, objetos. 44 caras, CIC.). A este ni vel, las zonas .... isuales humanas son asimt ricas funcionalmente (capitulas l Vy VIII). 11. EL SISTEMA AUDITIVO A. ACUSTICA GENERAL El sistema audi tivo es ms. complejo estructuralmente Que el visual y ms dificil de estudiar, por eJ ruido procedente de la actividad espontnea del sistema y la inestabilidad del sonido a su paso por la cclea. Hoy en da se sabe bastante acere.'!. de la codificacin de frecuencia (o sea el tono) pero poco acerca de la codificacin cortical de imensidad, rorma de la onda o caracterIsticas especificas del habla. Las caractersticas del sonido son: longitud dE' ooda que depende de la densidad del medio, por lo que en acstica prefiere usarse la IrecUE' oda o nmero de ciclos completados en unidad de tiempo, (ciclos por segundo o hert.ios). SubjeLivamente la rrecuencia se percibe como eJ tono (agudo o gra .... e). La ampUtud de la onda se refiere a energia y subjetivamente se percibe como ~ o l u m e o . Las ondas sonoras de la naturaleza en general se componen de varias rrecuencia superpuestas, lo que confiere la rorma de la onda; sta le presta al sonido la calidad o timbrt (lo que distingue a un do de piano de un do de violin) . Toda onda compleja se descompone en arm6nicos o mlti plos de la fundamental que es la frecuencia con mayor amplitud. Los arm6nicos tienen rrecuencias ms altas pera intensidades menOres que la rundamental. Probablemente el sistema auditivo responde a los componentes individuaJes de la onda, efecluando algo as! como una transrormacin de Fourier (Mountcast le, 1968). B. SISTEMA AUDITIVO PERIFERICO 1. Analomla del oldo El odo externo '1 medio COnducen la energla mecanica en fonna pasiva. El oldo interno comprende el canal coclear separado de los do! canales vestibulares por las membranas basil ar y la de Reissner. Los rganos transductores especializados ~ localizan sobre la membrana tecforial rirmemente sujeta a las cilias del rgano de Corti. Al moverse el liquido dentro del duelO coclear, la membrana basilar oscila de arriba hacia abajo y origina un movimiento horiu;mtal en la membrana tectorial, fuerza sta que hace "doblarse" las tilias de modo que la clula produce el pri mer cambio flsico-quJmico. Este genera un polencial de accin de la clula nerviosa bipolar, primera neurona del ner .... io auditivo. Hacia el pice de la cclea, el hueso ~ estrecha perp la membrana basilar se ensancha y se hace ms elstica por lo que las rrecuencias bajas hacen resonar prererencialmente esta zona y no la parte basal . tensa }' esrrecha, ideal para frecuencias altas. 4l 2. Didmica del dueto coden Dos mecanismos hacen resonar la membrana coclear en si n{onia con determi nada frecuencia . El primero se basarla en el nmero de fibra..; que descargan a cada ciclo de la onda. La mbima frecuencia de conduccin de una sola fibra es de 1000 pulsos por segundo pero en audicin deben tra nsmitirse frecuencias de 18.000 Ht, por lo Que se recurre al concepto de nteracdn neuroDal sincronizada Que permite Que a cada ciclo de la onda, diversas fibras se activen (Van Bkrssy, 1960) . Como este mecanismo no explica la reproduccin de frecuencias altas, se cree Que la mrmbrana coclear tiene " sitios" preferenciales: la parte basal para las frecuencias altas y la apical para las La intensidad se transduciria con base eo la frecuencia de- disparos y en el tipo de fibras que responden. Se han regimado clulas muy sensibles cuya actividad indica un t.ono levc,y unidades poco sensibles cuya res puesta indica un lona intenso. El nervio audilivo transporta pues, informacin relativa ala intensidad, la frttuencia, la forma de la onda asi como a la disparidad entre la llegada de un estfmulo a ambos oldos. Todavla se ignora cmo transmite caractersticas muy complejas propias de los sonidos "naturales" . C. SISTEMAS A UDITI VOS CENTRA LES Vlas ludIU,,&s Las principales estaciones dcl sistema auditivo son los ncleos cocleares (ventral y dorsal), los cuerpos trapezoidales, el complejo olivar, el ncleo del lemnisco lateral. los coll e,ulos inferiores, [os cuerpos geniculados mediales '1 la corteza auditi va . La decusaci6n anatmica es prcticamente simtrica 'j se rfecta a diversos niveles. desde el ncleo coclear hasta los col icuJos inferiores. 2. Nc(eo coclear Los axones del ganglio de Corti llegan a los nucIeos cocleares en una distribucin tonotpica segOn la cual las clulas sensibles a tonos de frecuencias altas se encuentran en la part e dorsaJ y las que disparan ante frecuencias bajas se hallan en la parte ventral. La organizacin tonotpica se conserva en todos los ncleos a uditi vos hasta la corteza. Las caractersticas de disparo de las clulas cocleares recuerdan las de la retina. Algunas de ellas responden Con patrones sostenidos de disparo durante la duracin del tono; otras lo hacen a la manera de un " pausador", con un tren inicial de acti vidad seguido por un cono silencio (5 msg,) el cual se interrumpe con un nuevo tren de actividad sostenida, Otras "pican" los estlmulos y responden y se silencian por periodos similares (5 a 1 msg.) y otras disparan a la manera de las clulas "on-off" (Ai tkin, 1973). En niveles ms altos, adems de estas mismas respuestas. los patrones intn ncados de actividad sugieren clulas In tegradoras (hipercomplejas) , Volviendo otra vez sobre el conceplo de la relatividad de la " especializacin' ; las clulas del sistema auditivo son ms inestables 46 que las vi suales. Si, a guaJ frecuencia. se cambia la intensidad del estimulo. la respuesta de una clula pausadora puede con.vertirse en la de una clula "on" . o el1 practicamentecuaJquier otro patrn de respuesta. Las proyeccioneS del nueleo coclear son muy ramificadas y se cree que originan dos siste.mas auditivos independientes pero complementarios. El primero dara lugar a la proyeccin talAmicocortical especifica bilateral. Esta vla tomarla la ruta coclear-otiva superior-col1culo inferior (parte central)-cuerpo geniculado medial (parte ventral) y corteza auditiva primaria. Analizarla la forma, intensidad y localizaci6n de los estimulas. El segundo sistema tomara la via coclearncleo del lemnisco lateral-formacin reticulada-collculo inferior (parte medial) y corteza auditiva primaria y secundaria. Tal sistema proce!>arla estJmulos relacionados con inleracciones acnlco-nwtoras y Jaberlnticas y con atencin acustka selectiva, (Graybiel, 1973) . 3. Oliva suPtrior Y ealleutas Inrtr'orts La oUva superior origina un tracto ererente hacia la cclea (Rasmussen. 1947), cuya principal funcin seria la de inhibir ciertas regiones cocleares cuando stao responden al limite de su capacidad. Estas "asas" inhibilorias sao muy frecuentes a 10 largo de lodo el sistema sensono-mol0r. El ncleo cojjcuJar mi1s importante para la percepci6n y discriminaci6n audi tiva es eJ cutral con una organizacin clarament e tonotpica. Los dems ncleos caliculares se relacionadan con el "segundo" sistema auditivo y constarlan de integradores de atencin selectiva y localizacin binaural. En general , se trata de unidades que disparan con dos o tres andanadas de pulsos y se silencian posteriormente (Graybiel. 1973). Los collculos infenores proyectan principalmente a cuerpos geniculados mediales. pero tambin envlan densas prorecciones a nucleos sub-cort icales visuales (coJlculos superiores). 4. Cuerpos gcalculados mediales La parte ventral parece ser clave pata la dlscrimlnacln auditiva. Recibe fibras de coliculos inferiores (parte central) y proyecia a beas auditivas primarias y secundar ias en fiel arreglo tonot6pico. En los COM laterales se recogen respuestas a tonos baj os yen los mcdiaJes a tonos altos y a sonidos binaurales, o sea, clulas que procesan diferencias de tiempo en la Uegada del impulso o en la intensidad entre dos esJnu!os simultneos eu ambos oldos. En audicin el proceso binsural comienza a nivtl mesenceflico (cuerpo t rapezoidaJ), contina en collculos inferiores y se refina en COM. Las diferencias del orden de 1. 5 msg. entre la llegada de UD estImulo por ambos ofdos se traducirla espacialmente en un Angul a de orientacin. Este "ngulo" procesado en CGM permitira localizar el estimulo en el espado. S. Corteza auditi va La corteza auditiva ocupa la circunvol ucin de Heschl o rea 41. En el gato se ha demostrado una organizacin tonotpica segun la cual las cluJas anteriores 47 respopden a tonos altos y las posteron:s a tonos bajos, pero en el hombre no ha sido posible establecer el "mapa" relativo a las frecuencias ptimas, A pesar de las complejas interacciones inhibilorias que dificultan el ' rabajo, se han logrado regis trar de'etlOres conicales similares en su funcionamiento a los de la corteza visual. Whirfield y coL, l1965) registraron en el gato clulas '-'on", " off" y Otras unidades disparan.anle un estimulo constante pero no al inicio o terminacin de ste; otras lo hacen ante el cambio en el patrn de frecuencia, o sea, cuando la frecuencia aumenta o disminuye, 'i se consideran detectoras de estimulas de frecuencia modulada (FM) o de a mplitud modulada (AM); otras cl ulas son espec ficas para la di reccin del cambio de la frecuencia o amplitud o slo responden, por ejemplo, cuando la rrecuencia aumenta, pero no cuando disminuye, La impresin de lo anterior es que, en audicin como en las dems modalidades, es importante el concepto de " forma del estimulo". dada por mltiples caracleristicas (frecuencia, modulacin de frecuencia o de ampli tud, pausas, etc.). Bn uJtimo trmino. el procesamiento de los atribulos lo realizan unidades hipercomplejas que responden ante patrones muy elaborados de eslfmulos, como por ejemplo, ante vocali zaciones de la misma especie (NoHebohm, 1973) , Se ha visto que si d estimulo se instrurnentaliza, o sea, si el sujeto debe responder ante l, la respuesta de la unidad varia radicalmente, lo cual implica, una vez ms, Que la especificidad celular se refiere a un contexto limitado, Por lt imo debe menciooarsc la extensa red de sistemas corticofugales que se dirigen al ncleo coclear , y a FR. con sinapsis en CGM y n6c1eo del lemnisco lateral. Este filtr o sensorial ' <desde arriba" implica que no slo el sistema reticular activanle tiene ingerencia en los procesos de atencin. Las influencias cortico-fugas contribuirian a sintonizar y "(esaltar" las diferencias entre estlmulos , aumentando asi el poder de resolucin y de discriminacin, Volviendo a la psicologia, parece ser que a nivel cortical se descodificarla principalmente el timbre, aunque todavla no se ha desentranado el cdigo mediante el cual esto se realiza. Tanto la rrt<:uencia como la intensidad se han procesado varias veces en ncleos subcorticales, pero d hecho de que en reas primarias audili vas se d una organizacin claramente tonOlpica indica que sta inlerviene directamente en el proceso. lo anterior se sabe porque tras lesiones eorticales en reas 41 y 42 del hombre. no se pierde la capacidad de discriminar tono, duracin o ritmo {Milner. 1962) . A pesar de la simetrfa anatmica gruesa de las vias audi tivas. fisiolgicamente la va cruzada genera respuestas de igual latencia pero de mayor amplitud en la corteza cOnlraJateral Que en la ipsilateral (Rosensweig, 195J: Tunturi, 1946) , De hecho, bajo condiciones de simultaneidad de llegada a ambos oldos, adems de ser ms prominente, [a vla cruzada posiblemente inhibe a la via no cruzada, realzando asl el predominio contralateraJ. ED el bumano este efecto es asimtrico y se ma.nifiesta en u na preferencia verbal del hemisferio izquierdo y musical de hemisferio derecho. 48 Tal como en visin, en cuanto ms lejos de las reas auditivas primarias , ms 'se oyen" los sonidos. la respuesta auditiva del gato de laboralOrio anestesiado, coo una cclea conectada a un sintetizador de sonidos y un electrodo en canela audiliva, probablemente es una burda simulacin de la del galO Que dormila junto a la chimenea y "oye" la carrera del ratn en la coci na. III . SISTEMA SOMESTESICO A. l NTRODUCC10N Se entiende por somesles;s el conjunto de sensaciones provocadas por estmulos corporales que no se incluyen dentro de visin , audicin o sentidos Qulmicos. las sensaciones cut neas se han agrupado bajo los sentidos de tacto ligero, presin, textura, dolor y temperatura, y las sensaciones hprofundas" o propioceptivas agrupan el sentido de kinestesis (movimiento articulatorio) y posicin de los miembros. Hasta 1950 se pensaba que cada receptor cutneo alrededor del tenninal nervioso, Iranroucla cierto lipa de energfa y Que por lo tanlO, determinaba la calidad de la sc-o,saci6n. Sin embargo, los diversos receptores cutneos varian seaun la edad, la ocupacin y la regin corporal y adems, cualquier terminal nervioso no encapsulado. si se estimula adecuadamente. desencadena todo tipo de sensaciones someslsicas. Las cpsulas, pues, no son determinantes en s de la sensacin. Ms bien fijaran umbrales o "compuenas" de disparo para que ste no se efectue sino rebasado cieno lmite de excitabilidad de la cpsula (Weddell y col .. 1955). La mayorfa de los receptores de los rganos perifricos se habitan fcilmente. De no ser por el movimiento del miembro, la transmisin de sel'lales somestsicas se inhibe rpidamente. Los terminales de las fibras que inervan la piel son ramificados y se entrecruzan entre s. lo cual crea una abundante inervacin superpuesta. Segn la importancia somestsica de un rea (por ejemplo, yemas digilales en primates o lrompa en el elefante). se encuentran regiones de la piel ms inervadas que otras; la " representaci6n" cortical de cada rea depende de la densidad inervatoria perifrica. Una sola clula de la medula espinal puede ramificarse en colaterales aumentando las sinapsis en el siguiente empalme. lo cual origina una gran divergencia de informacin; pero a la vez, cada clula del nivel superior puede recibir colaterales de muchas cl ulas espinales. as( una red intrincada de convergencia y divergencia (Mountcastle. 1961). La discriminacin de texturas o la lectura de BraiUe requiere del concepto de pobh,do neurooal y de Inhibicin periftrtca. Una poblacin neuronal dentro de un ncleo constaria de clulas capaces de extraer las caracteristicas de los disparos de vfas especficas perirricas par lo que se dice Que "leen" perfiles de actividad y descodifican los pulsos de modalidades separadas (Mountcastle y PoweU. 1959). Poderosos campos inhibitorios alrededor del punto estimulado hacen resaltar el estmulo importante del cent ro '1 borrar estimulas irrelevantes de la periferia del punto estimulado. 49 La informacin somestesica se transmite por un doble sistema de fibras; a) et sistema lemniscal originado en el cordn posterior (o dorsal) de la medula espinal rpido y mielinizado: b) el sistema extralemnise81 que por sus numerosas sinapsis en tallo y cerebelo parece modular y canalizar la actividad del sistema somestsico en su totalidad. B. SISTEMA LEMNISCAL Se trata de un poderoso conjunto de haces que corren sin decusar desde el segmento de entrada hasta el ncleo del cordn posterior en tallo enceflico. Las fibras que lo conforman son gruesas, muy mieJinizadas y de alta fidelidad de transmisin. El sistema lemniscal es ipsilateral hasta el talJo y luego c8s1 completamente cruzado hasta corteza; al salir del ncleo del tordn posterior en tallo. las fibras cruzan aliado opuesto, se unen al poderoso haz. del lemnisco medio y empalman en el complejo ventrohasal del tlamo. 1. N6cleo del cordn posterior (NCP) Los campos perifricos de estas clulas son bastante restring.idos (responden a estmulos en reas muy circunscritas de piel). En cua.nto mas pequei\a sea el rea de piel capaz de activar una clula del NCP. mayor nmero de aferentes sensoriales inervarn dicha regin perifrica, con lo que se realza la "claridad" del estmulo, Adems de mostrar preferencia por uno o dos puntos localizados dentro del campo receptivo, estas celulas localizan ptimamente el sitio de estimulacin en virtud de la inhibicin perifrica. El arreglo de las clulas del NCP es topogrfico y depende de las clulas perifricas inervadas y de la modalidad de los receptores perifricos correspondientes a las fibras que ilegan al NCP, Las clulas de la parte caudal responden mejor al tacto superficial y presin leve, y las de la parte rostral prefieren la estimulacin de tejidos "profundos" (peristeo, articulaciones). Este arreglo topogrfico se mantiene hasta la corteza. Las fibras eferentes del NCP proyectan al complejo ventrobasaJ del tlamo. Antes de empalmar alIJ, ellemrnsco medio se ve engrosado por las fibras del ncleo del trigmino. (cara y parte inLra-oral). 2. Complejo "entro basal del t"amo (CVB) Este ncleo recibe fibras del lemnisco medio y proyecta primordialmente a reas somestsicas primaria y secundaria. El arreglo somatotpico de las clulas es ms definido que las del NCP y de alll se deriva el concepto de "homnculo", concepto estadlstico, basado en la probabilidad de Que determinadas clulas respondan segn la localizacin del estimulo. Las sensaciones de posicin y articulacin se procesan mej or en partes anteriores mientras que la presin, tacto superficial, etc., se reciben mejor en partes posteriores (Mountcaslle. 1968), Los campos inhibitorios de las clulas ventrobasales son ms amplios Que los del NCP. Esto indica que cuando se activa una clula ventrobasal. se "excita" un so campo receptivo en piel mAs delimitado y con mayor contraste lo \.':ual .resulta en mayor fineza discriminaliva y loealizadora. Si se estimula el anillo inhibitorio Que rodea al area estimulada, inmediatamente se silencia la primera clula (Powell y col. . 1959). l os detectores del CVB responden a localizacin, desplazamiento del vello. deformacin en profundidad de la piel (presin) , frecuencia e intensidad, y direccin y velocidad del movimienlo articulatorio. Areas corticales som4tlcas de proyec::cl6n lemnlsc:al El rea primaria de proyeccin somests-ica en corteza se halla en la circunvolucin post-central (reas 2. 3 Y 1, figura La representacin somalO- tpica est ms claramente definida que la del eVB. La regin poslcenlral se organiza segn las Jeas del cuerpo Que la activan y segn la modalidad ante la cual responden (kincstesis en la parle anterior y tacto superficial en la parte posterior). Sus clulas pueden responder a jntensidad, fr ecuencia, localizacin, conlinuidlld o discontinuidad del estmulo, duracin de las pausas nter-estimulo, angulo de rotacin de: una aniculacin y direccin y velocidad del movimiento (powell '/ colo, 1959; Mountcastle y col. , 19:59). En corteza post-central parece darse una organizacin columnar .similar a la del sistema visual. Mountcastle 0968) registr clulas dispuestas en columnas verticales Que responden con latencias semejantes a una misma modalidad y atributo de esllmulo y cuyos campos perifricos son prcticamente idnticos. El area somestsica secundaria (5 JI ), constit uida por aferentes del complejo ventrobasal y del Atea somestsica primaria (5 I ) responde de modo similar a SI ' Para extraer conclusiones acerca de las senales lemniscales. el sistema nervioso central requiere del innujo constante de las vias somestsicas De hecho, Wall (J975) ha demostrado que si se sectionan a nivd espinal los cordones somestsicos, dejando inlacto slo el cord6n posterior, d animal es incapaz. de discriminar estimulos muy elememales. y adems sus movimientos se ven obstaculizados. C. SISTEMAS EXTRA-LEMNISCALES Comprenden los aferentes del sistema espinotalmico. tracto de lissauer '1 dems cordone$ de fibras delgadas, poco mielinZadas. Mantienen relaciones con el sistema de alertamjento reticulo-talmico. Las fibras originadas en la sinapsis del segmento espinal correspondient e a la regin perifrica inervada, decusan uno o dos segmentos ms arriba o mas abajo)' conforman un sistema ipsi y contr.latertJ. Algunas fibras no Ucgan al cerebro y se cree que forman un sistema ntra-espinal que modulara. por servomecanismos. procesos tajes como los de inhibicin perifrrica. Las \'Ias ext ra-Ie.miniscales se di viden en tres ramas que corren por el cordn aLlteroTateral de medula espinaJ: el hu espino-cerebe1oso ton densa proyeccin al cerebelo; el haz espino reticular con numerosas sinapsis en formacin reticulada y ncleos intralaminares del tlamo; el haz neo-espino-talamito que proyecta ipsi '1 conuaJateralmente a nucleos posteri ores del tA/amo y comparte las caracteristicas ,) del sistema lemniscal en cuanto a rapidez y precisin en operaciones. Este cordn transmite primordialmente sensaciones de temperatura y dolor. los sistemas y lemniscal difieren en el sitio de llegada al tAlamo, en la organizacin somatotpica no definida y en los campos receptivos de sus clulas que son tan extensos que a veces responden indistintamente a modalidades ajenas a la somestsica. En virtud de las multiples sinapsis (en tallo y tlamo) y de las caracterlsticas nespecificas de respuesta, el sistema extralemnsical parece informar acerca de la naturaleza cualitativa (pero no cuantitativa) del estmulo e integrar respuestas somestsicas con las de otros sistemas. Por ejemplo, el complejo talmico posterior recibe aferentes auditivos y vestibulares de modo Que las proyeccIOnes enviadas desde el complejo posterior a areas somesesicas corticales llevan una amalgama de sensaciones' 'difusas" que probablemente modulan la excitabilidad de las regiones nervadas por el sistema lemniscal (Mountcastle, 1968). Las proyecciones de corteza somestsica al resto del cerebro se clasifican en fibras: a) intrinsecas; b) extrnsecas; e) nter-hemisfricas. La circunvolucin post-central mantiene importantes eferentes cortico-fugaJes con accin inhibidora sobre el ncleo de la columna dorsal y sobre el sistema antero dorsal. Tal como en visin y audicin, la inhibicin procedente de corteza sobre la eOlrada de estmulos especficos sensdriales operaria como un mecanismo de realce de la actividad neura! ascendente (Mountcastle, 1968). Esto garantiza un mayor contraste en los campos de actividad que se ordenaria segn el contexto situacionaJ ("see" perceptuaJ o cognitivo). Ultimamente se ha propuesto que el sistema somestsico se organizada jerrquicamente como los dems sistemas Por ablaciones sistemticas se sabe que las reas S 1 Y S II aisladas no bastan para mantener patrones complejos de discriminacin tctil. El rea crtica junto con SIl parece ser la parte venlromedial de lbulos temporales y de corteza orbfO-fromal. La jerarquia parece ser pues de S 1 a S II a insula y corteza orbito-fromal. En este sentido, Su ' como la corteza inferotemporal para visin, mantendra la "equivalencia" de los estmulos, independientemente de las variaciones comexwales (Mishkin, 1979). D. COMPONENTES NO PARIETALES Existen otros sistemas que contribuyen a "leer" perfiles de disparos de diversas lineas somestesicas. Uno de ellos es el cerebelo, en el cual existe la representacin somestesica y dinmica (momento a momento) del cuerpo (Adrian, 194) Y el otro es la corteza pre-central (motora) que interconecta con reas somestesicas 1 y 11. Estas reas parecen generar, en la zona motora, una actividad relacionada con informacin somtica. originada por probables aferentes somestsicos del tlamo a corteza motora. La extirpacin de corteza post-central y/o de cerebelo hace que estas respuestas en corteza mOlOra desaparezcan ante estimulacin sornestsica (Mountcastle, 1968). A su vez el sistema sornata-sensorial parece controlado, hasta cierto punto, por la actividad motora. La eSlimulacin tIe 52 corteza piramidal bien puede decrecer el umbral de respuesta del NCP, lo que indica una modulacin corticofuga sobre la emrada sensorial o bien puede facilitar las respuestas del NCP. Parece que la corteza cerebral en general, ejerce una influencia inhihitoria sobre la actividad del NCP. A su vez la formacin reticulada facilha la inhibicin cortical central (Guzmn-Flrez y cOIs., 1962). En corteza somestsica, como en los dems sistemas, se da una diferenciacin progresiva inter-hemisfrica de funciones. Probablemente SI y S Il son funcional- mente equivalentes en ambos hemisferios (Cor kin. 1977). Pero las regiones parietales derechas de "integracin" reconocen mejor patrones somestsicos basados en relaciones espaciales complejas (vgr. lectura BrailJe) y las izquierdas operaran mejor sobre datos conformados por patrones temporales (nmero de por unidad de tiempo, etc.,). IV. SISTEMA MOTOR A. INTRODUCCION Ya sea que se trate de la organizacin cognoscitiva, emocional o social, en ultimo trmino 10 que se estudia en psicologa ser una respuesta motora (verbalizacin, presin de la palanca, grafismo, respuesta visceral). Aunque con frecuencia el movimiento no es importante en si, es la nica manera de evaluar las llamadas "respuestas intermediarias" que suceden dentro del cerebro (vgr., la solucin de un problema). A excepcin de los ms primitivos, una de las caractersticas elementales de los animales es Que st mueven. El control motor es funcin tan importante que Hughllns Jackson lJeg a proponer que la funcin primordial del sistema nervioso central es el movimiento. El sistema motor se compone de dos tipos de !lneas: una de conduccin rpida, pocas sinapsis y la otra lenta, y con muchas sinapsis. Las neuronas motoras orIginadas en encfalo se denominan neuronas motoras superiores, y las que toman su origen en el asta ventral espinal e inervan una fibra muscular son neuronas motoras inferiores. Una fibra nerviosa puede inervar varios grupos de msculos. El conjunto de la motoneurona inferior y fibras musculares inervadas se conoce como la unidad molora. Pero como un msculo rara vez est inervado por una sola fibra, se concibe al conjunto de motoneuronas y msculo afectado por ellas como el complejo motor muscular. En el sistema nervioso central existen tres niveles de control, a saber: 1) el segmenlal que involucra un solo segmento espinal; 2) el multisegmeotal que involucra clulas de varios segmentos espinales y 3) el supra-l'spioal que involucra neuronas enceflicas. " B. ORGANlZACION DEL CONTROL MOTOR El estudio del sistema motor implica muchos ms aspectos que la mera organizacin de los reflejos. Si bien el modelo del arco reflejo es senciBo y contiene los elementos bsicos para la contraccin muscular, no es del todo adecuado. puesto que ni siquiera la respuesta es desencadenada centralmente (al contrario de la mayorla de los actos motores biolgicos). Adems, el sistema motor se halla inextricablemente enlazado con los sistemas sensoriales, especialmente con el somestsico. En ausencia de informacin propioceptiva. los movimientos se obstaculizan en extremo, incluso si los eferentes motores se hallan intactos. I , Relroalimenfadn Un servomecanismo (o circuito retroalimentanteJ suministra al aparato productor informacin acerca de la produccin. Es un sislema cuya emisin esta controlada por la produccin, y que asegura asl una funcin constante en presencia de condiciones cambiantes. Las caractersticas de un servomecanismo seran las de disponer de: una seal de control que emite una orden, un sensor de entrada de la orden, un sensor de salida del producto y un transductor que conecte con un detector de error situado antes de la entrada (Mountcastle, (968). Transponiendo lo anterior al aparato motor renejo (nivel espina!), la seal de salida corresponderia al primer impulso motor descargado por la motoneurona alfa. El sensor de salida estara constituido por los rganos anuloespirales y tendinosos del musculo, los cuales "estiman" la produccin, o sea.la cantidad y calidad del cambio en el estado muscular. Esta informacin se traduce a impulso nervioso y se devuelve a medula por fibras eferentes. En cuamo al detector de error, puede concebirsele como el conjunto de sistemas receptores espinales y enceflicos cuya actividad depende en parte del tipo de informacin aferente enviada por los rganos sensoriales del musculo. Bien sea a nivel espinal o enceflico, el SNC (detector de errores) compara la orden de salida con el estado real del msculo y efecta las correcciones necesarias para que ambas sei'lales correspondan. 2. PreaUmeotacin Mediante los sistemas de cerebelo-corticales, las seflales retroalimentames (referentes a rdenes ya emitidas) se comparan con las sei'lales que se estn programando para un futuro inmediato, de modo que toda la postura esqueltica se aliste para la accin prxima a la vez que prosiga efectuando los movimientos en curso. Bizzi (1975) y Hini y col., (1979) subrayan la importancia de las rdenes anticipatorias emitidas centralmente. Por ejemplo, cuando se mueven los ojos en busca de un blanco, tambin se mueve el cuello, para lo cual es necesario activar los msculos agonistas que operan en la direccin deseada e inhibir los antagonistas. Por registros de unidades, se sabe que antes de que los agonistas se activen. Jos amagonistas ya han sido inhibidos por orden central. De hecho, los movimientos 54 Intencionales o instrumentales soo balisticos y tienen una especificacin a priori de las curvas finales de longitud y tensin de agonistas y antagonistas. c. CONTROL MOTOR PERIFERICO El modelo ms sencillo y elemental de un circuito mO[or es el reflejo de estiramiento. Se menciona por contener los elementos ms primitivos y basicos para el movimiento que son: una motoneurona y un msculo. Los msculos se componen de; a) nbra esqueltkas exlrafusales Que controlan directamente la contraccin y cuyas fibras nerviosas inervatorias son mu)' gruesas y mielini.zadas y pertenecen al sistema alfa espinal. Estas dlulas se hallan bajo control predominantemente espinal (1a de-aferenciacin de la entrada sensorial al asta posterior conlleva ai silenciamiento de la mOloneurona alfa); b) fibras mUS<!ulllJ'es ltrafusaJes inervadas por motoneuronas gamma de peQuei'lO calibre, Que se hallaD bajo poderoso control supra-espinal (Eldred. Merton y cols., 19S3) y contribuyen sustancialmente a la preparacin muscuJar del movimiento. El control sensorial sobre el estado muscular es esencial para el ajuste de la postura. Dos tipos de receptores sensoriales Intervienen en la regulacin reneJa del movimiento. a saber: 1) los rganos anloesplraJes Que se hallan a lo largo de dos fibras musculares inuarusales a manera de un resorte entre dos ganchos. Si los ganchos se alejan uno del ol:ro, el resorte SI: estira. En el msculo, si las fibras int.rafusales se contraen, aumenta la distancia entre ellas y el rgano anulo-espiral se estira 2) los rgaDos de Gol" Que se hallan a lo largo del tendn y en serie con el m(scuJo y disparan cuando el msculo se halla muy estirado y en estado de tensin. L ArroHcneJos a. Arco monosln4ptlco: el arco renejo monosinptico se desencadena con el estiramiento pasivo del msculo. A medida que se produce la distensin. los eferentes gamma facilitan la contraccin de las fibras imrafusales. Los receptores anuloespirales detectan entonces los cambios en la longitud y tensin del msculo (Kuf{Jer y col. , J952) y envlan informacin a medula espinaJ mediante aferentes de grueso calibre (tjpo la '1 lb) que establecen contacto con las mOtODeuronas correspondicotes al musculo en cuestin. Al activarse stas, se registra la cont raccin muscular y entonces las fibra.s intrafusales se relajan y cesan de tensionar el rgano anuloespiral, lo cual silencia los aferentes la y lb e indica un nuevo cambio en la longitud del msculo. b. A rcos polJstndprlco!: se diferencian del reflejo monosinplico en que, entre la fibra aferente y la motoneurona hay una o varias mlerneuronas. En caso de contraccin y de alta tensin (como cuando se hace un "pulso" con Olra persona) , los receptores de Golgi registran la tensin y la transducen en impulso nervioso Que se dirige a la medula mediante aferentes de medJano calibre (tipo 11) . A travs de una nter-neurona se forma un arco disinptico que disminuye la actividad de. la 5S motoneurona alfa y entonces el msculo se relaja. A la vez, se establecen contactos poJisinpticos con ffiotoneuronas de los antagonistas de modo que los inhiben (Mattews.1964). La actividad alfa adems, se modula mediante la inhibicin recurrente, La motoneurona alfa enva su axn a la placa mioneuronal; pero algunos de sus colaterales axnicos se devuelven a la medula por la misma asta ventral y afectan la motoneurona alfa inicial mediante una clula conocida como la neurona de Renshaw cuyo papel principal es el de inhibir parcialmente la motoneurona alfa de suerte que se asegure un movimiento suave y sostenido. D, CONTROL MOTOR CENTRAL Hasta el momento se ha aludido a movimientos iniciados o sostenidos por fuerzas externas, muy diferentes de los actos motores que se inician y mantienen centralmente. Las combinaciones y permutaciones de seales originadas en encfalo se revelan en la facilitacin o inhibicin de las interneuronas alfa, A nivel central operan "compuertas" que graduan el trnsito de informacin a las neuronas motoras. El aparato motor enceflico se divide en sistema plramidal y sistemas exlrapiramidales , l. Sistema piramidal o cortico-espinal La corteza motora primaria y secundaria (reas 4 y 6 de la figura I1-9) contribuye slo con un 50-600/0 del total de las fibras que conforman los tractos piramidales. El resto se origina en lbulo parietal, lbulo temporal y occipital y lbulo frontal (WaJberg y Brodal, 1953; Denny-Brown, 1951), Parece que las clulas corticales que originan haces piramidales se disponen en columnas perpendiculares a la superficie, y estn constituidas de clulas con una misma funcin sobre determinado grupo de fibras musculares (Asanuma y Rosn, 1973), La probabilidad de hallar clulas que sirvan determinados msculos se representa en el homnculo motor cortical, determinado mediante estimulaciones sucesivas en corteza y observando los movimientos musculares (Penfield y Boldrey, 1937). Slo un 200/0 de las fibras piramidales se originan en las clulas gigantes de Betz y un 800/0 decusan en las pirmides bulbares. El resto desciende por vas piramidales ipsi/aterares. El 20070 de las fibras cortico-espinales establecen sinapsis con la motoneurona infer or (Phillips y Porter, 1964) Y el resto empalma con interneuronas espinales, Las motoneuronas inferiores, inervadas por fibras piramidales, slo ocurren en el humano y sirven musculatura distal independiente, como labios y dedos. La estimulacin de corteza piramidal siempre origina un patrn de movimiento (nunca una respuesta muscular aislada) y como se vi, modula la entrada sensorial somestsica, de lo que se infiere que la corteza piramidal modifica su propia elltrada aferente. El sistema pirarn.jdal constituye pues una linea rpida facilitador a o illhibidora de las interneuronas espinales y de algunas motoneuronas S6 alfa. La pre!ieleccin directa de las unidades inferi ores aumenta exponencialmente la rapidez y las posibilidades de independencia de un grupo muscular respecto del otro. Scgun LashJey(195 1), el sistema piramidal qur es bsico para el aprendizaje motor refinado, controlana movimjentos diestros. Estos requieren de palrones integrados y probablemente aprendidos que involucran grupos musculares independientes. 2. Sistemas extrapiramidalcs Se dividen en dos grandes aparalOs: 1) el vestlbulo.c:erebelar y su denssima salida a formaci6n reticulada de tallo; 2) el cortlco-escriado que incluye., adems de las fibras de origen cortical, los gangl ios basales y las proyecciones enceflicas de stos, (sustancia nigra y el ncleo rojo) y sus proyecciones a formaci6n reciculada. La formacin reticulada constituye un canal de llegada y distribuci6n de todas las eferencias motoras del encfalo, incluyendo los colaterales del sistema piramidal, y se le considera como el ordenador inmediatamente superior de los sistemas espinales. En general la esLlnulaci6n rostral reticulada aumenta la actividad gamma, y por ende, facilita la canlracci6n muscular. mientras gue la estimulaci6n caudada acta en srntido inverso (Hobson. Granit '1 col., 19S2). Las fibras extra piramidales originadas en corteza proyectan en su mayorla a ganglios basales (ncleo caudado '1 putamen) , a ncleo rojo, cerebelo '1 formacin reticulada de lallo. El sistema cortico-estriado (que incluye globus pallidus, putamen, sustancia nigra y ncleo rojo) establece un circuito cerrado con el sistema nespeclfico del tlamo mediante el cual se devuelve la informacin a la corteza. Asl, los impulsos originados en corteza no "salen" a la periferia sin el " visto bueno" y confrontacin de los demas sistemas motores y sensoriales. El sistema vesl1bulo-cerebelar cone<:ta con corteza y con el sistema basal que mantiene una salida a ncleo rojo y a ncleo ventral anterior talamico. Tal sistema ordena y aj usta el equilibrio del cuerpo a la vez. que programa la coordinacin de los mltiples sistemas motores. A medida que el cuerpo se desplaza, el sistema vestibulo-cerebelar anticipa los movimientos compensatorios de cuerpo, cabeza y ojos. En todo momento la corteza dispone de un nlljo de informaci6n respecto de las sei'lales que suceden en el resto del encHalo y a su vez, sta es capaz de onuir sobre otros sistemas. Por ejemplo, se sabr que la estimulaci6n de corteza somestsica aumenta la acti vi dad de los aferentes la y lb (Lundbt rg y col., 1962), lo que subraya el carcter indisolublemente ligado de los sistemas sensoriales y motores. Una parlisis podria interpretarse como la interrupcin de determinantes esenciales para la iniciaci6n o programacin espaciotemporal de ciertos aspectos del movimiento. En ausencia de ellos, se desorganiza por el complejo sistema de "compuertas" facilitadoras o inhibidoras que afectan directamente la motoneurona al fa, y que se manifiesta en espasticidad o nacidez. Es entonces cuando dementos bsicos para un movimiento armnico. S7 l. Sistema motor visceral Aunque no es de directa relevancia en neuropsicologa, debe mencionarse la existencia del aparato que inerva la musculaLUra lisa e integra movimientos autnomos y respuestas "involuntarias" tales como ritmo cardaco, sudoracin, piloereccin, contracciones inrestinales y dems. E. CONCLUSIONES Se trata de un doble sistema en paralelo qUe dirige, regula y decide en ltima instancia en Qu secuencia deben activarse ciertas neuronas espinales. Controla el cambio del estado muscular y, mediante comparaciones a priori, calcula las consecuencias de determinado movimiento y estima las curvas finales de los msculos agonistas y antagonistas (Jeannerod, 1979). A nivel central (cerebelar y reticular) existe un poderoso filtro inhlbidor que impide que los mecanismos activos "salgan" a la periferia antes de que la musculatura se "halle lista" para efectuar la orden. Con su habituaJ intuicin, Lashley (1951), propuso una "organizacin mentaJ" para el movimiento, que ordenara la secuencia de las interacciones facilitadoras e inhibidoras y la deteccin y seleccin de los grupos musculares ptimos para determinado movimiento. En realidad muy rara vez. UD movimiento es identico a otro pasado, puesto que las relaciones postura1es del cuerpo respecto del exterior varian en forma casi infiruta. Sin embargo, el resultado de determinada secuencia de respueHas musculares es siempre el mismo, por lo cual debe existir un sistema central que asegure la "equivalencia de los actos motores". Esto quiere decir que, aunque se activen diversos grupos musculares en diferentes formas, con diversas relaciones de fuerza. direccin, etc., el resultado del movimiento finaJ ser, en wtimo trmino, invariable (abrir la puerta, decir "caf", escribir "casa"). Esta organizacin toma dos canales de emisin: uno de ellos pre--seleccona y facilita los diversos movimientos intencionales y operara gracias al sistema piramidal. El sistema extra-piramidal decidira los msculos que deben pre-seleccionarse para que disparen en derta secuencia. Hasta aqu los detalles ms bsicos de esta compleja organizacin comn a todos los primates. En el hombre, se ailade el hecho de que la organizacin es asimtrica. El 90"10 de la gente es diestra y el resto es ms o menos zurda. (Ver captulo IV). V. AREASDEtNTEGRACION A. INTRODUCCJON En las secciones anteriores se vio que cada irea de proyeccin cortical comprende: a) el "rea primaria" (corteza extrlnseca) cuyas aferencias constan en 58 su inmensa mayora de proyecciones talmico-corticales especificas; b) el "rea sel'undaria" (corteza intrnseca) que rodea a la primaria. constiluda por aferencias talmicas de ncleos de relevo y de asociadn. de aferencias muy cortas en U que se originan en el rea primaria correspondiente, y de aferendas de los "segundos sistemas sensoriales" (relacionados con el alertamiento para cada modalidad). Alrededor de las reas secundarias correspondientes a audicin, visin o someste sis, se encuentra un "cinturn perisensorial" que delimita lo Que arbitrariamente se conoce como "reas de asociacin" (Graybiel, 1973). Tal regin abarca las reas 5, 7. 19.37, 39 Y 40 (Ver Fig. 1-3). Clsicamente, estas regiones fueron consideradas como los lugares donde los impulsos sensoriales de varias modalidades se amalgaman y en donde se establecen las "asociaciones" que originarian los "conceptos". Hoy se sabe que la divisin no es radical entre el aspecto sensorial y el motor. Ya se vi que la actividad del sistema piramidal influye directamente en el umbral de las clulas del cordn de la columna dorsal, en medula espinal y que la actividad somestsica influye en la motora. A continuacin se revisa la compleja neuroanatom!a de las reas parietales de integracin con el objeto de comprender mejor su funcin. B. NEUROANA TOMIA l. Aferentes cortico-conicales Los lbulos parietales reciben densa inervacin de axones originados en reas primarias y secundarias sensoriales asi como de reas pre-centrales (PoweH, 1973). Probablemente muestran una organizacin funcional en mdulos columnares como la de corteza de proyeccin primaria talmico-c:ortical (Szentgothai, 1978; Mountcastle, 1975). El que las zonas primarias enven informacin direcla a corteza parietal indica el papel predominante de sta en la transformacin entre la entrada de seales y la salida. 2. Aferentes tal6.micos Ya se vi que las fibras de los ncleos especificos del tlamo se dirigen casi exc1usivameme a las zonas primarias y secundarias de corteza. Las reas parietales de imegraci6n en cambio, mantienen una poderosa entrada de ncleos de asociacin, los cuales se distinguen por recibir proyecciones de corteza, de nlicleos especficos y de vas sensoriales "secundarias", menos rpidas Que las primarias y que en general conforman los sistemas extralemniscales, extrageniculados y reticulares mesenceflicos (Graybiel, 1972). Los ncleos de asociacin reciben adems, aferencias de sistemas Hmbicos por lo cual se relacionan bsicamente con la El no hacer mencionado los ,entidos qulmicos obedece tn parte a que se trata de un campo poco estudiado en neuropsicologia. 59 orientacin y atencin mo[j\la;ional de un sistema modal hacia determinado tipo de estimulos en determinado momento. 3. Eferentes corticocorlicales En general las zonas posteriores parietales establecen conexiones proXImales con areas parietales anteriores y stas a su vez envian largos axones a las partes anteriores de los hemisferios. Algunas zonas circunstancias parietales envan conexiones directas a las reas pre-centrales que inervan musculatura distal de brazo y mano as como a los campos frontales de control aculo-motor (Zarzecki y (ols., 1978; Cha\lis y col., 1976) lo que subraya el papel coordinador entre manos y ojos. Otras reas parietales conectan con circunvolucin dngulada, lo cual indica la posible existencia de un arco entre el sistema limbico y la corteza parietal el cual sera mediado por los ncleos intrnsecos del tlamo. Este arco se relacionara con la aIencin y significacin Que determinado movimiento del cuerpo puede adquirir en un momento dado, y es de vital importancia para comprender ciertos "sindromes" que se originan como secuela de lesiones parietales. 4. Eferencias cortico-subcorticales Las reas. parietales originan un buen nmero de las fibras piramidales y envan importantes conexiones motoras a ganglios basales y al sistema pntico-cerebeloso, de lo cual puede inferirse la principal imponancia de dichas regiones en la modulacin y control (directo o indirecto) del movimiento. Tambin parecen enviar axones a coliculos y pre-tecta (Kawamura y cols_, 1974) lo que sugiere el control integrativo sensorio-motor a nivel canico-sub-cortical, C. NEUROFISIOLOGIA La investigacin neurofisiolgica de las reas parietales ofrece la dificultad de que las clulas no responden a estimulas sensoriales "puros" (Sakata y cols., 1980; Zarzecki y cok, 1978). Tampoco parecen generar movimiento alguno, excepto las fibras piramidales. Pero su destruccin, adems de la hemiparesis, origina una desorientacin ms o menos severa de la posicin y movimientos de las distintas partes del cuerpo y, en el humano, desrdenes en orientacin, espacio y en el "esquema corporal". Cual es pues, la funcin de las poblaciones celulares que conforman tales reas? Para dilucidar la pregunta, se ha recurrido a la combinacin del registro de unidades aisladas mientras el animal ejecuta una tarea que haya sido sobreaprendida con el fin de evitar [os efectos de fondo del' 'alertamiento". De este modo se ha podido determinar que numerosas celulas de! rea 5 descargan cuando el animal inicia un movimiento de brazo en bsqueda de un blanco (visual, auditivo o somestesico), Mountcastle (1975) encontr clulas que descargan a altas frecuencias justo antes de iniciarse el movimiento, llegan al mximo de frecuencia de disparos al tiempo que el brazo comienza a moverse y declinan antes de alcanzar el blanco. 60 Cada clula tiene un maximo de actividad diferente del de sus compai'teras, lo cual sugiere Que cada una de dichas neuronas es especfica ante determinada combinacin de estmulo-movimiento dada en ciertas posiciones. Junto con la sensibilidad de ciertas unidades de esta rea ante cambios y rotaciones activas de los receptores en las coyonturas, lo anterior hace pensar a Mountcastle que, en el rea 5 existe una "imagen constantemente renovada" de la posicin de los miembros en el espacio, la cual sera muy sensible a los cambios del cuerpo en el espacio. Dicho en otras palabras, seria una imagen dinmica que informara acerca de la posicin pre'sentey de la inmediatamente futura. Zarzecki y cols., (1978) demostraron Que el rea 5 proyecta directamente a la regin pre-central que inerva mano y dedos: a partir de esto deducen que el rea 5 contiene algn tipo de "aparato motor" que controla lo que la .:orteza motora propiamente dicha va a ejecutar. particularmente lo que se relaciona con las operaciones de mano y brazo en el espacio inmediatamente extrapersonal. Por su parte, el area 7 se asocia con la anticipacin o ejecucin de diversos movimientos oculares (ballsticos, sacdicos, de seguimiento suave, etc.) ante objetos "interesantes", as como con movimientos de fijacin y acomodacin (Sakata. 1980). Otro tipo especial de unidades responde ptimamente slo ante movimientos conjugados de ojo y mano (Bizzi 1975), lo que lleva a Mountcastle a concluir que ca les u ni dades son au tn tica men te sensori o-motoras y q Uf' adems, son "volicionales", o al menos, preparatorias de la programacin motora, por cuanto su respuesta depende del valor motivacional del estimulo en un momento dado. Existe una evidencia adicional en favor de que estas reas se relacionaran con la preparacin activa de acciones motoras. Proviene del poderoso efecto observado anles de Que se den movimientos sacdicos de ojos ante objetos interesantes. Se sabe Que los ojos. permanecen en puntos de fijacin solo durante 200-300 msg., y es en este lapso cuando la agudeza visual alcanza su mximo. Al comenzar el movimiento ocular saltatorio, la agudeza decrece. La "supresin" de la agudeza se ha as.ociado con algn mecanismo (central y /0 perifrico) que garantice la constancia de! objero, ya que si durante el movimiento de ojos los objetos se visualizaran con precisin, el mundo se veria saltando. Mountcastle (1975) propone que las reas parietales contribuyen al aparato que efecta lo anterior ya que unos 60 msg. antes de que se inicie el movimiento sacdico, las neuronas parietales que descargan cuando los ojos estn fijos, se silencian; la supresin de la actividad de dichas celulas es casi total cuando el ojo comienza la excursin sacdica. Esta anticipacin de la actividad parietal previa a la efeccin de un movimiento brusco, indicarla que poblaciones ordenadoras centrales ms que recibir, imparten rdenes. Los primates, y en particular el hombre, han desarrollado soberbiamente el control combinado de los ojos y de la mano dentro del espacio inmediaramente circundante, probablemente relacionado con la fineza de movimientos requeridos para utilizar herramientas asi como para ajustar la mirada. Mountcastle propone 61 que un ajuste sensorio-motor de tal preCIsin requiere de un aparato que hrefresque" constantemenre la informacin respecto de la posicin y cambios del cuerpo con referencia al espacio circunvecino. Por el tipo de aferencias que reciben los lbulos parietales de [as reas de proyeccin talmico-corticales (occipitales, mOloras y prefrontales) y de los ncleos intrlnsecos, y por sus conexiones directas con corleza malora (particularmente zonas de mano y brazo), las reas parietales de integracin parecen dealmenresiluadas para conformar un mecanismo que iniciaria la actividad motora, controlndola en lodo momento y, en cierto sentido. suministrando al apa.rato efector motor el "plano espacial" del cuerpo en el espacio circundante (en especial en el espacio cubierto por visin roveal), Segn Szentgothai (1978) se supone Que, al igual que las dems regiones corticales, estas reas de confluencia y de transformacin de dalas eslarian tambin en mdulos columnares. cuyo producto emergente dependecla del imer-juego de influencias inhibilorias y exC'italOrias sobre ciertas capas (en particolar las capas 6, S y J). Segn las demandas externas e interoas, intervendrian estas capas en los fenmenos de grabacin y retribucin de datos as como en los de recombinacin e integracin (pensamiento) . Ahora bien, cada "C'Z Que se e"oca una memoria u operacin, sta se "re-<rea" (o sea, debe produci rse ya que no se hallara grabada como tal en el SNC). mediame una serie de convergencias y divergencias en las excitaciones e inhibiciones dentro de los mdulos celulares mismos o entre ell os, muy a la manera de los microcomputadores actuales. De este modo, la informacin evocada no es mas que, pero tampoco menos, que la necesaria. Adems, los hemisferios actllan en estrecha inter-relaci6n anatmica y fisiolgica. La cOrleza visual ejerce uoa importante modulacin sobre la actividad de la corteza visual contralateral, e impone un filt ro a las aferencias sensoriales. subiendo o bajando el umbral de respuesta de la corteza contralateraJ (Ajmone-Marsan y col., 1962). O. NEUROPS1COLOG1A Es probable que el funcionamienlO de las circunvoluciones angular y supramarginal (reas 39 y 40) sea anJogo al de las reas 5 y 1. Como slo el hombre dispone de dichas circunvoluciones na existe la evidencia experime_ntal de combi nacin de registro de unidades con ereccin de "funciones superiores" , (lenguaje hablado, escrito o visto, el dibujo y la integracin de sei'!.ales visa.-espaciales) , excepto observaciones duranle ci rugias con anestesia local. Adems de la hemiparesis conualalttal (a veces acompaflada de cuadranlanopsia inferior) Que se explica por el dal'lo a la salida malora y/o a la radiacin ptica superior, las lesiones en zonas aledanas o correspondientes a las circunvoluciones 39 y 40 del hombre se acompailan de desrdenes en movim.ientos oculomotores y del conocido sndrome de negligencia de un lado del cuerpo y del espacio cirCndante correspondiel1te, con desorientacin espacial, y prdida de las sel'lales topogrficas. En el hombre, adem!s. los sin tomas varlan segn la lateralizacin hemisfrica del 62 dai1o, Tras lesiones derechas, por lo general se observa un sindrome de negligencia del lado contralateraJ del cuerpo y del espacio, con desorientacin topogrfica. dificultades para efectuar construcciones, dibujos y seguir mapas. A este nivel itttegrali\'o. una de las funciones ms importantes de los 16bulos parietales es la de procesar claves sensoriales externas con objeto de orientar al sujeto. Permiten asi tener puntos de referencia externos para efecluar giros en el espacio sin desorielllarse respeclo del exterior (Semmes y cols .. 1963). Tras lesiones izquierdas. se observll una severa afasia que por lo general involucra tanto la emiSIn como la comprensin del lenguaje hablado y en muchos casos, del e,(crilo (alexia). Adems, se observan defecros espectaculares en la coordinacin y conocimiento de las diversas dd cuerpo. Lo anterior recuerda las proposiciones de Moumcastle de las "imgenes constantemente refrescadas" ante posiciones cambiantes de los miembros. Tales reas se han denominado "zonas de asociacin de asociaciones" porque se crea que alli se amalgamaban las asociaciones modales realizadas en areas sensoriales secundarias. A la lu1. de lo visto en esta seccin. se deduce que la fu ncin de dichas reas no slo consiste en asociar asociaciOlles sino que probablemente lielte importante y muy papel programador y motor que en ltimo trmino, configura parte de las decisiones cognitivas. Risberg y cols., (1977) midieron el nujo sangulneo por captacin de radioistopos. En la primera presentacin de un problema (del tipo de los dibujos de las matrices de Raven). el nujo sanguneo aumenta en lbulos parietales y froOlales. pero en presentaciones subsiguientcs slo aumenta en reas parielales. lo que indica que las regiones frontaJes serian "aclivadoras" pero que las parietales entra,rian en la solucin propiamente dicha del problema. Algunos autores se basan en los datos anteriores para decir que la inteligencia estara "represemada" en taleS regiones (por ejemplo, ver y coL ... , 1981; 1973). En prim,er lugar, de cualquier modo cmo Se' defina "inteligencia", es evidente que se trata de tantos y lan complejos tipos de respueSlas inlegradas que- el resultado final no puede ser sino una manifestacin de las operaciones del encfalo en su totalidad j incluyendo los sistemas act ivadores )1 cort ico-fugos_ En segundo lugar. el que tales regiones sean ms crit icas para ciertas cadenas comportamentales complejas puede interpretarse mts parsimoniosamente en el senl ido de que, por contener grandes poblaciones sensori o-mOloras y ordenadoras de la iniciacin o supresin de ciertos movimielll05. ona lesin en ellas desorganiza mayor nmero de operaciones. Finalmente, In pregunta esencial que debe plantearse se refiere a cmo ionuye la interrupcin de cien as vas cortico-talmicas, cortito-fugas y de asOCiacin sobre la funcin de innumerables poblaciones celulares de las zonas integrativas. Aunque ocasionalmente una lesin se restrinja a un rea cortical o a un tipo de fibras, originando asi un verdadero sindrome de desconexin (ver Geschwind. 1965), lo mas probable es que tambin interrumpa vias cortico-fugas. vias ascendentes y vias inlta e imer-hemisfricas, as como conexiones Umbicas y nigro-estriadas. El re.suJtado de la lesin no ser. nicamente consecuencia de haber "desconectado" un rea con otra. si no de haber interrumpido el concieno entre mltiples vas ascendentes y descendentes, las cuales en ltimo trmino son cruciales para moduJar la respuesta de las reas conicales directamente afectadas. 63 INTRODUCC10N LOS LOBULOS FRONTALES En t 947, Bailey escribla as!: " , .. La si tuaci n es muy dif eren te cuando el tu mor se origina en el lbulo frontal. La perrurbacin mental es precoz y persistente, incluso en ausencia de hipertensin endocraneana. A menudo el primer sntoma se manifiesta por olvidos. Si se tratare de una mujer, olvida los detalles del trabajo hogareo. o de [as compras por hacer. .. El paciente puede ser consciente de estas dificultades y deprimirse, pero lo ms frecuente es que no lOme nota de ellas y que, si se le sealan, permanezca ms o menos indiferente a las observaciones de los dems. Una joven esposa, por ejemplo, se quejaba de que si bien su marido siempre haba sido c a r i ~ o s o y considerado con ella, ayudndole en la casa y jugando asiduamente con los nios, ltimamente, de regreso del trabajo, se sentaba en un rincn sin hacer nada. Caso de que ella le reclamara o le pidiera hacer algo, l obedeca, pero sin mostrar ningn inters por ella o la familia. Como su trabajo era manual, no haba quejas por parre de su patrn, pero sus compafteros observaron que se habia tornado solitario y taciturno. Se le encontr un tumor meningeo que comprima la extremidad anterior del lbulo frontal del cerebro. Al comienzo, la mayora de las fallas de tales pacientes consisten en omisiones, pero pronto el defecto mental puede traducirse en acciones que demuestran una evidente carencia de juicio, Un pacieme a Quien recuerdo bien. habia llegado a ser el mejor vendedor de ropa de una elegante tienda, Su patrn se vio obligado a despedirlo porque, cuando un cliente encontraba el precio elevado, (mi paciente) le rebajaba la mercanca hasta satisfacer al cliente. 65 Cuando el patrn lo llam al orden, se defendi6 con roda ciase de peregrinos argumenros. "Lo ms frecuente son lapsos en la esrers social. El paciente cesa de observar a q u e J l a ~ pequei\as sutilezas que distinguen a las personaS de buena crianza. Puede presentarse a reuniones sodales vestido inadecuadamente y en general manifiesta una evidente falta de inters por su apariencia personal. Sus intervenciones se tornan inapropiadas e incluso llegan a la indecencia. Son frecuentes las aberraciones sexua- les como en el caso de la joven esposa, modelo de honestidad, leal a su marido y atenta con los nios, quien fuera sorprendida en la cama con otro hombre, al regre- so de su marido. Fue repudiada y se convirti en prostituta callejera. Posteriormen- te fue llevada al hospital en un alaque epilptico y se descubri que padeca de un tu- mor cerebral frontal izquierdo. Una vez extirpado ste, volvi a su hogar y a pesar de seguir sufriendo de ataques de epilepsia, su conducta subsiguiente fue muy co- rrecta. Esta joven tena un sin loma caracterstico. Normalmente el paciente hospita- lizado se muestra bastante respetuoso y deferente con el mdico, as no sea sino por- que sabe que se halla a merced de este ltimo. Pero la mujer en cuestin era rotal mente desconsiderada, no colaboraba para nada y hada las bromas ms indecentes acerca de los mdicos y enfermeras. Esta actitud indiferente, desconsiderada e irres- petuosa no es rara en el paciente con un tumor de los lbulos frontales. "A menudo resulta difcil hacer que tajes pacientes respondan con seriedad. Con frecuencia contestan a cualquier pregunta con despropsitos y desatinos. El vendedor ya mencionado, al preguntrsele qu pensaba de que se le diera de alta, manifest Que l era el mejor vendedor, que incluso era capaz de venderle a una viu- da un traje COn dos parv.; de pantalones para que, en uno de ellos, enterrase a su mardo ... La desorientacin en cuanto a lugar puede ser muy prominente. Generalmente estos pacientes son indiferentes y aceptan noticias tales como la de una ciruga delicada alzando los hombros, aunque en ocasiones pueden tener crisis sbitas e inexplicables de clera; a veces, aunque menos frecuentemente, ataques de risa o de llanto espasmdicos. Son incapaces de atencin activa y por lo tanto no pueden trabaj ar. F osteriormen te el defecto mental puede progresar hasta la im becilidad. El paciente se descuida completamente, y se orina y defeca en la cama, conducindose de modo completamente demente. Se torna incoherente, desorientado e inconsciente de sus perturbaciones. Desastres mentales de esta magnitud, en ausencia de otros signos de localizacin o de hipertensin endocraneana, slo los he visto en tumores de los lbulos frontales O del cuerpo calloso en su porcin anterior. "Ocasionalmente se lee la opinin de que los lbulos frontales del cerebro pueden extirparse sin que resulte de ello defecto mental alguno. Lo antenor proviene de confundir el conocimiento didctico con el intelecto ... "El otro sntoma prominente que muestran estos pacientes es el de prensin forzada. Parece asociarse con lesiones de la parte posterior e interior del lbulo frontal, cerca del origen del tracto f'ronto-p6ntico. Otro sntoma muy corriente consiste en movimientos forzados de prensin de la mano y de los dedos al colocar un objeto en la mano. Cuando esta se ha cerrado con el objetO adentro, cualquier intento de retirar el objeto tendr como coruecuencia aumentar la presin, Adems, el paciente es incapaz de soltar el objeto voluntariamenle. El fenmeno varia en intensidad segn los casos. Los pacientes pueden DO percatarse de ello. pero tambin pueden perfectamente darse cuenta. Una mujer tuvo que aprender a abrir las puertas con la mano izquierda porque si las abria con la derecha, se vea obligada a permanecer en la puerta ya que no podla desprender la mano de la manija. "Si el paciente no intenta abrir la mano cerrada, la fuerza de la prensin disminuye hasta que finalmente se relaja. Al rt:;lirar el objeto de la mano es posible observar subsigu ien tes movimientos incompletos de prensin . " . 1. ASPECTOS HlSTORICOS Tomado de P. Bailey Intracranial Turnors, Oxford, 1974 (Traduccin de la autora). "Sachez donc que ce merveiJ/eux esf grande melhade de diriger I'inlention don! l'importance est (el/e dans morale que j'oserai quosi la comparer ii la doctrine de la probabilit". Pascal, Vilo. Provincial. "Sabed pues que este principio maravillo- so es nuestro gran mtodo de dirigir la intencin cuya importancia es tal en nuestra moral que casi me atreveria a compararlo con la doctrina de la probabilidad' '. Fritsch y Hitzig fueron los primeros en estimular y delimitar la banda motora en perros, pero la ausencia de respuestas en regiones anteriores a la banda motora llev a Hitzig a concluir que los lbulos frontales, o sea, las regiones anteriores fuera de la banda pre-central eran "regiones silenciosas". Con ablaciones sistemtica5, Ferder (1880) descubri una amplia zona prefrontal (rea 8 de la figura J3), sin la cual no coordinaba!"). adecuadamente los movimientos de ojos y ai'ladi que los animales pre-frontales ..... se comportan con estupidez y carecen de las facultades de atendo, con todo lo que esto implica en cuanto a operaciones intelectuales" (cita Jacobsen, 1935). Era el primer indido experimental de que los lbulos frontales median procesos "superiores" y de que el resto de la corteza se halla bajo algn tipo de influencia por parte de los lbulos frontales. Hacia 1905 Bet chterev vislumbr que la falta de control sobre las acciones "provienen de una incapacidad para evaluar las acciones y para relacionar nuevas trazas de memoria con experiencias pasadas" (cita Luria y Homskaya, 19(4). Posteriormente. se demostraron deficiencias en di scri minaciones biolgicamente importantes (reconocer a un indiv.iduo de la misma especie o cuidar de la prole y criarla) . Como factor constante se observaba una notable indiferencia aote el castigo, el doJor o la recompensa. Gelb y Goldstein (1924) especulaban que el defecto primordial de una lesin frontal en humanos se manifestaba en la prdida de la "al.!lillld abstracta", (capacidad para obrar fuera de contexto, evaluar hechos desde diversos puntos de vista y emplea[ una lgica reversible) , Las pacientes pre fromaJes paredan muy concretos, incapaces de desligarse de la sit uacin inmedjata y con severas dificultades para clasificar y categorizar conjUntos. Pero stos no son defectos exclusivos de lesiones frontales y aunque parte de la intuicin era corrtcta (lo referente al contexto). el lenguaje de los autores era poco operacionable. Jacobsell (1935) determin sistemtica y eJl:perimentalmente que los defectos pre-frootaJes efan especlficos y difereote5 de los producidos por cualquier otra lesi.n cerebral. Esto se conoce como "doble disociacin", consiste'nle en que una lesin origina determinados signos en determinada regin pero no en otras regiones; a su vez, los signQs originados por una lesin a estas otras reas son diferentes de los primeros. Se emplearon tres tareas Que medan respectivamente: asociacin discrintinacinvisual y respuesta diferida. En las dos primeras pruebas todas las se\ales necesarias para la soludn del problema se hallan a la vista del sujeto. En cambio, en la respuesta diferida, la clave se halla en la memoria del sujeto. Se mues tran al animal dos posiciones (lazas), se coloca bajo una de eJlas un refuerzo (comida), se oculta mediante un teln la escena por unos cinco segundos y finalmente se descubren las posiciones para Que el animal busque el rerueno bajo una de ellas. Aunque incapaces de realizar los problemas diferidos, los animales pre-frontales resuelven problemas muy complejos (usar una barra para alcanzar la rrula fuera de su alcancc. CIC.). siempre y cuando las senaJes claVe estn bajo su vista en el filomento mismo de-la respuesta. Del trabajo de Jacobsen (193S) y Fulton (1951), Fuhon sel'tala los graves dficits emocionales de estos animales, subrayando su placidez, indiferencia e inatencin y coochlye: ". ,.1 05 animales se hablan sumado al culto a la felicidad ... y habian dejado en manos del Sel'tot todas sus cuitas .. " . 68 o sea. los defectos no se presenlaban despus de lesiones eo otroS lbulos y los defectos por lesiones en o ~ r o s lbulos no se presentaban por lesin frontal . Eran relativamente independientes de la "intel igencia" ya que slo se manifestaban sj el animal debia guardar en memoria las seMles para la solucin de problemas. En cuanro mayor la extensi6n del dallo, menor el tiempo de retencin de las claves. Incluso 5(' propuso como hiptesis expli cativa un dficit de memoria consislente en una exagerada inhibicin retroacliva (i merferencia de lo que sucede entre la presentacin del problema y su sol ucin .. Malmo, (1942). Posteriormente se pens en un dficit atencional pues los errores aumentaban proporcionalmeOle con la estimulaci6n visual o auditiva y estos animales se mostraban dstrables y sin meta remota. Aunque condi cionabl es a nuevos aprendizajes, per severaban en componamiemos adquiridos de vi eja data, lo que se explic como una falla en borrar previas preferencias o aversiones en la emisin de una respuesta conocida en un contexto nuevo. Habia pues inestabilidad de respuestas con pcrseveracin e innexibilidad de estrategias. Esto se presentaba de modo parti c:ularmcnle obvio si la latea implicaba memorias kinestesicas, lo que ha llevado a Kornorski (1967) y Stanlm (1970) a pensar en una agnosia kinestsica. o sea, un desconocimienl O de las seil.ales espacio-kioeslesicas en relacin con el espacio externo, en ausencia de defectos primarios sensoriales. En condusin . parece que laS' lesioncs pre-front ales en animales conllevan en mayor o menor grado, varios de los siguientes componentes: dficits emocionales con pobre respuesta ante los reforzamientos positivos o negativos; dficits en res pues ta diferida , parti cul armeJlle si sta involucra seil.ales kinestslcas: perseveraciones; hiper-acti vidad por dfici LS atcncionales, y deficiente Inregracin sensori o-molOra)" visceral. _En los humanos, las lesiones fr ontales tambin son caraclerlslicas. aunque no acarrean dficits en respuesla diferida (lal vez porque el lenguaje hace su solucin obvia). El informe de Pulloo y Jacobsen de 193.5 sobre los deficiLS emocionales en monos pre-frontales impuso 'la prctica de lao; lobotomas pre-rrontaJes para diver- .$os cuadros de ansiedad y estados psiqui Atricos. La leucolomia implica seccin de las conexiones del resto del c ~ r e b r o con los lbulos frootal es (la lobotomla conlleva extirpacin de los mi smos). La leucotoma se convini casi en una ciruga menor a taiz del Premio Nobel a Ega? Mona en 1948 por su descri pcin de la tecn'ica (y no por su invenl o de la arteriografa) . Es menos mutilame pero produce los mismos efectos que la lobotomia: placidez, indiferencia y desimer$, debidos probablemente a una defi d ente integracin cognoscitiva de las senaJes viscerales de angustia (Nauta. 1971). Adems. se presentan perseveraciones y fallas atencionales especificas. Curi osamente. algunos leucotomizados vuelven al ci rujano con quejas de " anguslia" a pesar de que notoriamente no estn angustiados. Esto puede revelar la tendencia perseverativa de un tema vital como es la angustia crnica, intratable y que amerita una neurociruga. 69 Tal vez, el ultimo gran terico cllnico fue Denny-Brown (1951), quien concluy que los lbulos frontales primordialmente corregirian errores de orden perceptual, emocional, mnsico, postural, etc. La hiptesis supone una deficiencia para asumir una expectativa, (o para anticipar la respuesta con base en el contexto global). Denny Brown intent desentraar los sub-sistemas anatmicos y funcionales fromales, idea que se desarroll con bases experimentales en los afias 60. El autor proponla que las deficiencias cognoscitivas motoras, emocionales y viscerales, provenan de una alteracin genuinamente sensorio-motora en los mecanismos regulatorios volu ntari os. Con asombrosa in tuicin clinica, Denny Brown (1951) escriba que: "Los lbulos frontales constituyen rganos ejecutorios del comportamiento visualmente guiado y comparten as, en cierta medida las funciones del polo temporal (.:on un factor prominente de expectativa. En cuanto a la clasificacin de la simomatologia, los efectos casi uniformes de la destruccin de sus diversas partes reflejan la uniformidad del aspecto general de la funcin cerebral. En las zonas frontales, se encuentran evidencias de algn tipo de sub-especializacin, pero esto implica ms una elaboracin de calidades diferenciales de los estimulas, que una parcelacin especial de funciones ... ". La nocin de que un aparato sirva un mismo tipo de operaciones pero que procese diferentes "materiales" o tipos de sei'lales vinO a confirmarse COIl elaboradJ- simas datos neurofisolgicos y ci bemticos (Bechtereva y cols,. 1979). . ASPECTOS CLINICOS Cuando las lesiones no son muy extensas, el "sndrome frontal" en el hombre se manifiesta por signos ms sutiles que los descritos por Bailey. lo ms frecuente es que el afecto se torne "romo" y primario y que pierda los matices idlosincrtico5, E5 posible observar caractersticas tales como una irritante apata y desmotivacin, una actitud "irresponsable" ante los problemas de la vida, incapacidad y ausencia de inters por mantener un trabajo y cierta independencia, junto con continuas verbalizaciones de que "deben y quieren" buscar un trabajo estable. En conversacin cotidiana parecen enteramente normales y, a nivel verbal, relatan sus planes para mejorar la calidad de su vida. Sin embargo, en la prctica nunca llegan a hacerlo. A menos que la lesin haya destruido mucho tejido es usual que estos pacientes conserven los cdigos de cortesa, aunque de un modo un tanto perseverativo y estereotipado. Con poco que se les interroge, pueden surgir rasgos de megalomana, tendencia a la grandiosidad y a la indiscrecin acerca de su vida privada, aunque en un gran numero de casos, es comun una total prdida de inters sexual. Pueden presentar motia (aunque no siempre) la cual consiste en un falso tono emocional eufrico; en ocasiones, se comportan adecuadamente pero presentan reacciones emocionales napropiadas e inesperadas (como sbitos y prolongados ataques de risa, por los cuales se disculpan en medio de sus carcajadas). 70 De no ser porque su comportamiento carece casi por completo de metas, la irrtsponsabilidad, desconsidl"racin y tr8S1ornos afeetivos podran confundi rse con rasgos psicopticos. A veces presentan apatia y desmotivaci6n que puede confundirse con depresiones endgenas o con ' hi!oleria" . Pueden presentar signos neurolgicos ms o menos leves, tales como cierta espasticidad o respuestas de prensln foruda y marcha magnUca. la prensin forzada parece ser una "respuesta al contacto someslsico extrallo aplicado en la palma de la mano o del pie, Que desencadena una respuesta de traccin de los flexores de los dedos " (Denny.Brown, 19.51) , No necesariamente se manifiesta (an espectacularmenle como en la paciente de Bailey Que se quedaba "agarrada" a la manija de la puerta; puede revelarse en suti les movimienlos de flexin y relajacin involuntaria de los dedos con la estimuJacin en la palma de la mano. La marcha magntica es un fenmeno supuestamente similar al anterior. consistente en que el sujeto no inicia el paso y, si lo hace, es con el pie arrastrando sobre el suelo, Semeja la marcha de alguien sin visi6n caminando sobre un terreno desigual (D('nny Brown, 1951). En este caso, adems del desencadenante propioceptivo sobre la planta del pie, el paciente frontal parece no emplear la informacin visual acerca de las posiciones relativas de pies y suelo con los dalaS de sent ido de la posicin. Tambin pueden pre.sentarse defectos oculomotores con dificultades para coordinar los movimientos de los ojos segn los movimientos del cuello as como tendt'ncia a la perseveracin, a la disociacin entre lo planeado y lo ejecutado y una pobre respuesta de habituacin a la tarea. Los signos anteriores pueden presentarse aisladamente o, si las lesiones son muy anteriores. pueden no manifestarse 'i , ..:omo no son exclusivos de si ndromes frontales, no son diagnsticos absolutos. De todo lo anterior y del hecho de que los signos mencionados arriba pueden presentarse aisladamente o en diversas combinaciones. se conduye Que no elste un conglomeradO de signos y caracterstico de lesin pre-froDtal (sin embargo, ver el texto de Fuste-r. 1980 para una leorla global). Adems de la localizacin de la lesin prefrontal que se discute en el resto del capitulo, debe-n tenerse en cuenta factores tales como la agudeza de la la edad de su inicio, y las caractersticas vasculares y tisulares de la misma (vgr., si bubo hidrocefalia, edema, compromiso vascular. robo de sangre o infiltracin glial a otras estructuras). Por tanto, a menos de poseer una slida evidencia neurolgica y neuropsicolgica, no es prudente confiar en ;' pruebas" psicolgicas para "lesi6n (rontal". Caso de aplicar tales pruebas, es posible que, adems de los pacientes frontales, los pacientes deteriorados, confusos, dementes, eZQuizofrnicos e, incluso, pacientes iletrados. fallen buena parte de estas baterlas, con lo cual su poder predict ivo se anula. Conviene repetir Que, para llegar a un diagnstico de lesin pre-frontal (o de cualquier otra lesin neurolgica), lo ms prudente es atenerse a la evidencia mdica, a la historia cllnica y evolucin de la enfermedad. asl como a las evidencias radiolgicas y neuropsicolgicas. 71 Las lesiones frontales restringidas y no malignas o irritativas, prcticamente no conllevan deterioro segn pruebas tradicionales de inteligencia. En la Tabla 1 se aprecia el deterioro post-traumtico revelado por pruebas de induccin al ejrcito norteamericano durante las guerras Mundial y de Corea. Los lmicos heridos con un deterioro importante son los paridotemporales izquierdos. El mayor porcentaje de heridos laboralmente activos 10 aos despus, se encuentra justamente entre los frontales (Teuber, 1972; Teuber y col.. 1954). Si se considera la capacidad lahoral como prueba" natural" de supervivencia, entonces las heridas frontales "estables" se cuentan eolre las menos dainas para la inteligencia global. ESlos resultados no indican que la inteligencia sea independiente de la fundn pre-frontal. Citando a Teuber, "es muy mala lgica confundir la ausencia de evidencia con evidencia de ausencia". Aunque comprenden y verbaJizan correctamente las instrucciones de una tarea, estos pacientes perseveran en el mismo error, contrarlo a las rdenes. Normalmente, el lenguaje, propio o ajeno, es un poderoso modificador del comportamiento (trtese por caso de vocalizar una palabra mientras se escribe otra diferente). Tras lesiones pre-frontales aflora una disociacin entre lo hablado y lo efectuado, la cual se revela en funciones cognoscitivas y viscerales. Por ejemplo, el reflejo de orientacin normalmente desaparece en sucesivas presentaciones,o sea, se habilla y pierde m significado de novedad. Pero si debe emitirse una respuesta (vgr: "ante luz verde, cuente hasta tres" o "apriete la palan,a") siguen presentandose indefinidamente los componentes viscerales del reflejo de orienta- cin, a saber: bloqueo del ritmo alfa, vasoconstricdn en cuerpo y vasodilatadn en cabeza, aumento de la respuesta galvnica de piel. etc. Al operadonalizar el estmulo, los componentes viscerales presentes ante alguna novedad siguen manifestndose. En los sujetos pre-frontales los componentes viscerales se pre- sentan muy irregularmente a pesat de sobrecondicionarios (Luria y Homskaya, 1964). De lo anterior se ha especulado que los lbulos frontales son crticos para efectuar los ajustes segn [o que el individuo haya programado previamente (verbalmente o no). Caso de lesin frontal, no se anticipan los cambios necesarios. lo que obstaculiza una integracin entre la respuesta aprendida, la atencin y el signifkado que se le confiera. Los defectos cognitivos (deficiente control anticipatorio, disociacin entre el lenguaje, la accin y la emocin) y emocionales se evidencian con tcnicas especiales que se di';cuten a continuacin. 11. PROBLEMAS ACTUALES Aunque segn Eccles, todava somos unos absolutos primitivos en [o referente a lbulos frontales. constituye un avance considerable haber planteado preguntas precisas y operacionalizables respecto de los lbulos frontales Que se refieren a: a) dnde suceden estos procesos; b) romo se ordenan temporal y espacialmente, y e) cmo se explican con base en dalaS neurofisiolgicos, . toffTltCll.D" ..... . LU'OlOU t:tJIllIIUIlU ..... eos "
., .,. .. ,., , ,- ,
M , .sWET05 ,
"
III"'lO!l IJI< IIfTUIoONO TABLA 1/1 / . lkter ioro 1inificath'o de . inttliet1tia (por encima de la IInc.) y de preservacin Ik bta (por lkbajQ de la Unea) en l,unllJcs tT\ IIruebll de incelilencla de induccin ,1 cjtlcico t'fI netesu efectuadO! OI:ho anos de5l1uts dC' la lesl61\ en uerra. lopreda que el de. erolo 5iJluncativo I UCCQc en Jos heridl iuuierdos. Modificado dc Wci lUlrin y Teuber. 1951). A. ASPECTOS NEUROANA TOMlCOS (dnde) Los 16bulos frontales abarcan un tercio de los hemisferios cerebrales. desde el polo frontal hasta el surco cenual o de Rolando. En el hombre se distinguen cuatro cisuras laterales que forman las ci rcunvol uciones superior. ml'dlll e n'trior. En la circunvolucin prt-Centrat se ori ginan los poderosos traciaS motores pi ramidales y extrapiramidales. La base de los lbulos frontales constituye la denominada corteza orbitofronhd. El gran desarrollo de las capas celulares, l. IV Y V en las partes anteriores a la banda morara, indica la naturaleza eminentemente integradora de los lbulos frontales. Aftrtntes co,t1co-co,tlcalts Las a los 16bulos (rontales proceden de reas stnsoriales secundarias y de zonas de integracin. En el hombre, la visual ms importante es el sistema calCarlDo.parielal.'ronllll originado en reas 18 y 19 y parte posterior de rea 39; la rq:in auditiva proyecta a los lbulos frontales desde el rea 22 a LravCs 13 del fascculo arcuado o fasdcu)o superiur longitudinal. El fascculo uncinado corre desde la circunvolucin temporal media a partes dorsolaterales de los lbulos frontales (Crosby, 1962), Las reas sorneslsicas y las de integracin proyectan a corteza motora (ver capitulo 2) y, mediante largas fibras, envan conexiones al polo frontal. Aferentes COl rico..subconicales Las aferencias corticales y sub-corticales a los lbulos frontales permiten una red en paralelo entre el sistema lmbko telenceflico y el sistema especfico talmico, cortical. Las partes mediales del lbulo temporal y el sistema limbico en general establecen sinapsis en el ncleo lalmico dorso-medial (n-DM), Del n-DM se origina la denssima aferenca hada los lbulos frontales llamada radiacin Ialmica anterior, Si se recuerda que el tlamo mantiene conexiones extensas recprocas con reas parietales y motoras, lo amerior indica que los lbulos frontales recben informacin indirecta a travs del tlamo procedente de zonas integrativas posteriores as como de zonas de integracin "emocional". Esto ltimo distingue a los lbulos frontales del resto de corteza ya que es la nica lona que recibe aferen- cias lmhicas directas (Nauta, 1975). Eferentes y fronto-subcorticoles Los lbulos frontales envian eferentes prcticamente a todas las estructuras de donde reciben afe-rencias: proyectan desde el polo frontal (rea 10) hasta el lbulo temporal; desde la parte pastero-dorsal hasta el lbulo parietal, y desde la parte dorso-fromal hasta los lbulos occipitales (Crosby, 1962), Tal disposicin permite imuir el papel eminentemente regulador que ejercen los lbulos frontales sobre la corteza sensorial y motora, Adems algunas vas se originan en lbulos frontales y, a travs de una sinapsis en lbulos parietales, siguen a amgdala, hipocampo y cngulum, Este sistema proyecta a su vez a n-DM talmico el cual garantiza una completa retroalimentacin entre corteza sensorial y motora, sistema lmbico y lbulo frontal. Los lbulos frontales tambin proyectan a la regin pre-ptica anterior, hipotlamo y ncleos reticulados y mesenceflicos. La propiedad de cubrir tanto los sistemas Ifmbico-mesenceflicos y telenceflicos, como los sistemas espec ficos talmico-corticales lleva a Nauta (1971) a decir que, "la caracteristica propia de los lbulos frontales radica especficamente en sus mltiples asociaciones con el sistema IImbico, y en particular en sus conexiones directas con el hipotlamo, al punto que se justifica considerar la corteza frontal como el principal (aunque no el nico) representante del sistema limbico". B. GRADIENTES DE ESPECJALlZACION Igual que el resto de la corteza, las zonas prefrontales parecen obedecer a gradientes de diferenciacin, con operadores comunes que se especifican ms a medida que se alejan de las regiones de superposicin, La Fig. I1I-1 ilustra el eje neuroanatmico anteroposterior (polo frontal bacia reas 4, 6, 8) Y el eje 74 dorso-lateral, as! como el eje dorso-ventral; adems existe una dj ferenciacin derecha-izquierda)' Olra cortico-subcortical que corre desde cone.za frontal hasta ganglios basaJes. Las regiones fronto-dorsales parecen servir una gran diversidad de operaciones. Esta regin "comn" est marcada en la Flg. 111-1 con el nmero 3. Las panes anteriores a (3) proyectan al uncus, en lbulo temporal, y las parles. posteriores proyectan a lbulos parietales.
.'fGURA 11M. loe "ndlea'- da twpee:ia.liud6o." frontales. 112): eje antero-postenor; (3-4): eje d<JnlO.vtllltuJ. Se indican tu proyecciones dOnlO-parietll.li!!ll y rOlltro-temporalas. Loa ej. y derecha lzquierd. no .parecen en este corte laten!. A partir decirugias ci rcunscritas (en humaDOS) se sabe Que existen "tendencias" a la diferenciacin funcional segn estos ejes las cuales se revisan a continuacin. l. Eje Antero_Posterior a. Parte dOl'sal y opel'aciones conceptuales: todo lesionado cerebral tiene dfjculta- pre-frontales, a pesar de descubrir "el juego" son incapaces de cambiar de estrategia dos frontales se caracterizan porque, una vez que escogen Iln criterio de clasifica- dn, no lo abandonan y perseveran con l, an sabiendo que estn en un error y que esl!n infringiendo las instrucciones. La prueba de clasificacin de Wisconsin te en clasificar cartas segUn cuatro criterios co"espondiemes al modelo de la figura 111 -2. Despus de clasificar diez cartas (a cada respuesta por color, el examinador dice "bien"). el pacieme debe descubrir que. si se le dice: "incorrecto" . esto implica que debe cambiar de criterio y clasificar por n.umero o forma . Los pacientes pre-frontales, a pesar de descubrir "el juego" son incapaces de cambiar de estrategia y perseveran en el primer criterio Que descubrieran, a pesar de manifestar que saben que " el juego no es as" (Milner, 1965), cosa que no sucede con los demcis lesionados cerebrales. La ausencia de correspolldencia entre lo que se hace y lo Que 75 se verbaliza (en ausencia de todo signo afsico) sei\alada por Luria y Homskaya (1964) y por Milner (1968; 1965) corrobora el efecto directivo del lenguaje sobre las acciones, fenmeno Que parece reali zarse principalmente a travs de los lbulos fromales. Los defec[Os parecen asociarse con una falla en el control y en la capacidad de tomar eo cuenla propia las experiencias y aprendizaje para reorientar las acciones. <> 90 O O 6 O <> O O PIG URA 1112. Prueba deCllt.egori%acin de Wbconsin. Las C8J't.IIl5 tienl'n " formaa. " nOmeros y ~ c:ol.0'5 que son loe c:riterioe &egO.n 1011 cualll9 el individuo debe d.aaificar W catUla. b. Par-rt dorsal y cOntrol inhibitorio: las regiones dorso. laterales (Milner. 1965) Y las dorso-mediales (Drewe. 1974) son crlicas adems para integrar procesos inhibi- torios (molores y visCC'rales) . La desinhibici6n frontal se revela en tareas de "o-no. go" en las cuales la misma respuesta se emite o se inhibe segln el estimul o. Por ejemplo, si el paciente o animal prefrontal debe apretar un botn ante la IUl roja y soltarl o ante la luz verde, probablemente emitir frecuentes fal sos positivos o sea, errores por haber efectuado la respuesta cuando deberla haberse inhibido. (Drewe, 1974), Lo anteri or puede interpretarse como una deficiente obliteracin por parte de coneza de llU sei'lales irrelevantes. Parece como si el mamo cortical no se pusiera en "ceros". o sea, no borrara la traza anterior para emitir una respuesta nueva sin arrastrar programas previos. Esto se manifiesta en Que tales pacientes muestran una respuesta de habituacin Que no es estable (Luria y Homskaya, 1964). c. Parte dorsal y procesos lI;so8perceptlllos, Descargas corolarios: en la parle ante ri or adyacente a la banda motora, se define una extensa rea conocida como "cam- 76 pos visuales frontales" (Area 6). crWca p"ra regular movimiemos conjugados de ojos_ "Parecen adems basicas para prealimcnlar las reas sensori ales y de integra cin con base cm las decisiones del momemo (Que todavla no se han efectuado), re nmeno hipottico denominado como descargas corolarlas (Sperry, 1950). En au- sencia de tal preparacin habrla cominuos errores perceptuales originados por los movimientos de ojos, cabeza y tronco que conllevan cambios sbitos en la perspectl. ya risita. En el experimento de la f'igura por falta de extraer las nvarianzas de! medio externo, los pacienles pre-fronlales no pueden colocar la manivela en posi- cin horizontal (Teuber, 1959). Los pacientes frontales se desorieman principalmen- te cuando el cuerpo de ellos es oblicuo respecto del exterior. pero no cuando el fondo es obUcuo pero su cabeza se halla en posicin vertical . De aqulla dicotoma entre "orientacin extrapersonal" que depende tanto de lbulos parietales como rrontales y la orientacin ' <personal" Que parece depender principalmente de los lbul os {rontales (Brody ycoL. 1978). Es como si hubieran perdido la estructuracin inlerna de las se'laJes espaciales y como si los procesos Que evalan la entrada sensorial fue ran deficientes , Estos defectos se observan invariablemente en asocio de acciones de liberadas. Bizzi ycol., (1979) y Bizzi (19'75) creen Que las descargas corolarias pre- alimentantes se dan junto con mOl'lmlcnlos voluntarios de exploracin. La preparacin de la corteza sensoria1 estara subordinada a la "yoluntariedad" de la accin (o sea, a que sta sea prevista a ni vel central). De hecho, al inducir pasivamente movimientos oculares. se experimentan serias distorsiones perceplua- les. Si, mientras se fija un objelo, se mueven Jos ojos con los dedos, el objeto parece moverse de modo desagradable. El mismo desplazamiento ocular practicado voluntariamente con los ojos y cabeza 00 conlleya alteracin perceptual alsuna. Las respuestas de los lbulos frontales podrlan transmi tir informacin acerca del estado y postura interoceptiva del cuerpo de modo que se mantenga una 6ptima nvarianza de estimulo. Debe tenerse en cuenta que la pre-alimentacin no es nica de los lbulos {rontales ya Que las neuronas parietales tambin preparan la COrteza motora previamente a un movimiento. d. Parte dorsal posterior y operaciones espaciales: se seftaJ6 qUe las partes fronla- les posteriores proyectan hacia (ucas parietales, de dnde se infieren tentativamente las espadaJeslras estas lesiones. los monos con el surco arcuado lesio- nado (correspondiente a la regin frontal dorso-posterior humana), son incapaces de aprender basados en giros respeclo del eje corporal (por ejemplo. girar siempre 45 hacia la derecha) . Esto probablemente correspovde a la "agnosia kinestsica" de Konorski y cols., (l964). A partir decsto, Teuber (1971) sugiri que, como base de la orientacin en el espacia, existiria una consideraci6n previa de la "posicin egocntrica" para la cual los lbulos fronlales son criticas. Brody y col., (1978) sei'lalan la imponancia de la cortez.a arcuada en respuestas de discriminacin visual en las cuales hay un estimuJomvil ante el que se debe responder. Comparando los lbulos parietales y fronlales. Brody y col.. (1978) encontraron que' los monos parietales slo fallaban en orientacin extrapersonal; en cambio los monos frontales fallaban en orientacin personal y extra personal.. La parte 77 FIGURA I/J.:!I. T.,... jwfede .. buft 8IIJKMic16a obllcuovwticaloCOD 111 fODdo ,.y.do o en blanco. Loe pacienu. fraotIJ_ tieodflo, r.uar .. pruebt. cuando se h.n&n ea poIIkiD per80DaI obUcua. indepondieatemente del fondo sobre el que eate colocada lB barril. Los lesionado! parietale! o de gaDgUoe bsnles tienen invlII'Ne lel fondo rBy.do les hace cometer erTore&. Independientemente de su posicin personal). Tomlldo de Teuber y col.. (19M). dorso-lateral frontal seria critica para imponer orden '1 organizacin. cuando los aspectos espaciales de la informacin sensorial no son coostantes, '1 tambien parece esencial para orientar el cuerpo en un espacio extrapersonal. El factor espacial subyacente a estas tareas seria la capacidad de orientarse en un contexto Que varia y de descartar las sei'la)es espaciales exgerutli que, en ciertlls tareas, pueden ser irrelevantes. Una vez que el animal se orienta seglin esuategias " internas" o cognoscitivas y cesa de depender del contexto externo, la tarea se hace posible. Esto concuerda con el haUazgo de que las neuronas frontales parecen disparar mejor cuando, antes de responder, debe almacenarse en memoria informacin relevante en paradigmas de respuesta diferida (Stamm y col.. 1972). Asi pues, la parte dorso-lateraJ frontal sera cril ica para imJOner orden y organizacin cuando los 78 aspectos espaciales de la informacin sensorial son variables. as como para la adecuada orientacin extrapersonal. Los humanos con lesiones pTe-frontales muestran deficiencias en el aprendizaje de recorridos en el suelo, o de laberintos como el de la figura 111-4 en el que no hay seales visuales que guen al sujeto. Los puntos sealan los agujeros en los cuales se debe introducir un punzn, tras lo cual se informa al sujeto si "la movida" corresponde al recorrido (que no est a su vista), o si se halla fuera de l, caso en el cual debe volverse a la posicin previa correcta. Estos pacientes recuerdan las instrucciones pero perseveran en las mismas infracciones a las reglas, reconociendo empero, que "estn haciendo trampa" (Mitner. 1965). Los pacientes parietales cometen errores completamente distintos a los de los frontales. Los lesionados posteriores no efectan bien los cruces. pero acatan las instrucciones de volver siempre al punto previo correcto. Los frontales efectan los giros pero no obedecen las reglas. Este ejemplo ilustra la combinacin de perturbaciones causadas por un deficiente tratamiento central de espacios DO marcados con claves eXlernas, y por la disociacin entre lenguaje y aIras actos motores (Luria y coL, 1964). Personalmente se han observado defectos en pacientes frontales en seguimiento de rutas de mapas con marcas en el suelo, lo cual, hasta el momento, se habia asociado pri nci palmente con lesiones parietales (Semmes y co1s.. 1963). Pero ltimamente, Brody y col.. (1978) sealan que los monos frontales decaen en ejecuciones espacia- les extra-personales y personajes. lo que concuerda con la observacin personal en seis pacientes pre-frontales con lesiones circunscritas. fl"A
e-.
.-e-e e
e
I
e
I
e I
I
.-e-.....
I .. ,
-... -e -.-___ e e I J j
e e-e-.-. e co"",, .. m , FIGURA IlI-4. Laberinto!! de Milner. Cada punt.o un agujero. El recorrido an la rnalidad no est indicado y el aujeto debe aprenderla por ensayo y error Milnet. 196M . Ptute rostnJI e Implkoclones temporales: la parte rostral-frontal conecta densa- mente con los lbulos temporales (uncus e hipocampo, estruClUra sta crtica para la consolidacin de ciertas trazas de memoria y orientacin en tareas de aprendizaje). La destruccin de la regin rostral resulta en dficits en tareas que requieren que el siljeto mismo introduzca un orden temporal en las senales discriminati vas. Por ejemplo, los monos Rhesus con lesiones frontaJes anleriores son incapaces de responder ante problemas cuya clave de solucin es "el ltimo sitio" o " la ltima vez" ! Estas tareas de respuesta diferida aherna consislen en que el reruerzo no se hallar nunca dnde (o cundo) se hall la hima vez. Aunque mas rciles que las de respuesta direrida simple, los monos pre-froiltales anteriores son incapaces de realizarlas, En el hombre, las lesiones rroolales anteriores tienen consecuencias si milares sobre la organizacin de los eventos. No se evidencian perturbaci ones mnesicas en si, y los evenl os se recuerdan bien, pero la discriminacin de la prioridad de los hechos en el tiempo se ve comprometida, Carsi (1972) comprob esta hi plesis en una tarea en la cual, entre numerosos pares de estmul os, se intercalsl! parejas recurrentes (ver Fig. LU- S) '1 el suj eto debe decir cul vio antes de cul. Los pacienles pre-rrontaJes recuerdan los est mulos, pero no pueden asignarles un orden de pri oridad de aparicin. La hiptesis de Ynlema y Trask (1963) acerca de la memoria merece mencionarse: 10$ dalos de memoria normalmente conll evaran etiquetas o marcadores temporales que permiten discriminar los ms recientes de los ms amiguos. De ser cierla, la hiptesis indicarla que los dalOS en memoria poseen un discriminante en cuanto al orden de llegada y mediante este, se sabe, por ejemplo, que Juan ... ino de visita el domingo despus de comida y anles de Que empezara a ll over. Segun los resultados de Milner los sujetos pre-fronlales perderlan gran parte de su capacidad para asignar a los eventos una relativa prioridad en elliempo. FIGURA n [..$. Tarea de Coz-sl. con I"9CUJTente9. Despus de 5 6 tarjet.u con palabras Due ... apuec:e una tll.r]eta con UD.Il p&l'\!ja de palabras ya prwentadas. El lIujeto debe decir cut ... io primero y tuil despus. Otra evidencia indirecta de los discriminantes f romales de "prioridad" es el componaniienl o en di ... ersas modalidades de tartas de \'go-no-go" ("ante la luz ro- ja, aprietC' palanca: ante luz verde, inhiba la respuesla"). Los monos Ilre-frontales no inhiben la respuesla "no-go" y perseveran respondiendo ante estlmulos que debieran inhibir la respuesta (Drewe, 1975); pero si la s:n:a1 "&0" se asocia con un intervalo de oscuridad de 5", Y 13 sellal "no-go" con uno de 1:5" el aprendizaje es normal a pesar de. que el intervalo entre el estmulo y la respuesta incrementa la dificultad (Pribram y ca!., 1977). Tales intervaJos constiluirlan los marcadores externos "temporales" y actuarlan como estimulos discri minati ... os. En ausencia de la organizacin de prioridades dada por los lbulos frontales, las sei'\ales eXlemas adicionales contribuirlan a erectuar la respuesta. De no existir inlervalos 80 e,,:Ogenos o artificiales, los programas internos de respuestas se leeran como la siguiente (rase: "LacasademiabuelaesrojaconehechoamarilJoylasparedesverdes" . Resultaran tan confusos como la frase en la que se omiliuon los marcadores espaciales. El substrato comn fundonal de los lbulos frontales seria estructurar supra-modal menle (o sea, independientemente de Que se trate de visin, someslesis y/o audicin), los intervalos y sel'lales de secuencias que configuran un conteJcto espacial o (emporal significativo para la especie. CllnicamCllIe. las perturbaciones amnsicas de los pacientes prefrontales se manifestaran en las conocidas "contaminaciones" (mezclar en la conversacin hechos irrelevantes y responder indiscriminadamente a preguntas ya contestadas como si se tratara de la pregunta del momento). Seria interesante estudiar si la ausencia de marcadores de prioridad temporal abarca las memorias personales o si no afecta sino las senes verbales aprelldidas. Por Otro tado, las lesiones hacia el extremo dorsal lateral del LF no conllevan tan agudos deJicils emocionales como los citados al comieozo del capitulo. Estos se observan patentemente hacia rI extremo orbita-basal. 2. eje dorso"totnll El eje "arriba-abajo" o dorsal-ventral. lambien parece organizarse segn un gradiente de diferenciacin. Las regiones ven,trates son parte de corteza "olfati ... a" y conforman, junto con otras estructuras, el sistema IImbico telencefalico. Adem:\s parecen mantener una relacin ntims con las partes frontales superiores y las estructuras que controlan el medio interno. De hecho, las implicaciones viscerales, emocionales y sociales de tales lesiones son severas. En cambio, la implicaciones cognitivas son de menor importancia, Medianle observaciones muy sistemticas y en grupos de monos euyas hembras haban sufrido lesiones pre-frontales, se logr6 una descripci6n ms detallada de estos comportamientos (franzen y Myers, 1973) Que las descripciones globales de Jacobsen (1935). Se revelan cambios severos y deletreos en conductas de t:vasin ante el pdigfO, de defensa, cuidado y crianza de la prole y de rituales sexuales. Estas hembras perdlsn agresividad y capacidad de responder a los dems. Ademas, 105 miembros del grupo identificaban inmediatamente a los individuos prefrontales entre otros operados . Posteriormenle, ia condUCla social de 105 sujetos pre-frontales era tan desviante que el grupo entero se desintegraba socialmente. El estudio del comportamiento sodal y emocional del paciente se dificulta por la heterogeneidad de la etiologia y tamafo de las lesiones. Las leucQ[omas. frecuentes en los afos 50, se haclan mediante incisiones orbitales o dorsales o laterales, por lo euaJ los resuhados no eran comparables. Hoy en dia, los raros pacientes sometidos a leucotomla son casos "desesperados" de angustia o irritabilidad descontrolada que han sido tratados por ot ros medios teraputicos casi Ian agresivos como la cirugia crEe, como insulini co, etc.). Segan Nauta (.1971), los 16bulos frontales prepararlan el sistema Llmbico para que emita respuestas viscerales 81 previas segn lo que, se anticipe, va a seguir. Los lesionados prefrontales carecen de la "expectativa autnoma" (reflejo de orientacin) concomitante con respuestas instrumentales, lo cual explicara parcialmente la indiferencia ante el dolor y la frustracin. Los humanos, adems, manifiestan la sealada disociacin entre lenguaje y respuesta afectiva. y entre 10 que dicen estar haciendo y 10 que hacen en realidad. La disociacin clsicamente se describe como una indiferencia y ausencia de signos viscerales de malestar, dolor o angustia en presencia del informe plcido del paciente de que "le duele". Como ya se dijo, una fuente de perplejidad para el cirujano son los operados por angustia crnica incontrolable quienes, semanas despus de la intervencin vuelven con la misma queja de "angustia" pero sin que sta se manifieste. Este estado se perpeta de la ciruga y para su solucin se requerira de una re-habilitacin drstica familiar e individual que generalmente no es factible. Personalmente, se han examinado dos pacientes que presentan este cu adro de queja post -qu irrgica de ., angustia" s in signos de ella, pero con todos los aprendizajes indeseables que tal estado de cosas ha creado. Parece pues que, una vez asegurada la constancia del medio interno, los lbulos frontales facilitan de antemano los cambios viscerales necesarios para que las funciones viscerales bsicas no se desequilibren. 3. eje corticosubcortical Los lbulos frontales parecen conformar sistemas anatmicos y funcionales con algunos sectores de los ganglios basales. La estimulacin del ncleo caudado afecta, tanto como la destruccin frontal, la capacidad de respuesta diferida (Rosvold y col., 1956). Yahr (1976) propone dos sub-sistemas en este eje: uno que conectara la parte dorso-frontal con la anterior caudada y el segundo, que conectara la parte orbitofrontal con globus palUdus y eaudado ventro-lateraL 6. Sistema dOl'so-caudado e implicaciones conceptuales: lesiones de ncleo cauda- do anterior pueden interferir sustancialmente con pruebas de categorizacin (como las de Wisconsin) en humanos, y con pruebas de respuesta diferida en animales. En ,este sentido, la corteza dorso-frontal y el ncleo caudado operarian sobre un mismo tipo de datos. Lo anterior constituye una evidencia ms de que las "funciones superiores" en el hombre no slo son servidas por corteza. Brody y cols., (1978) proponen que cualquier plan lleva impresas etapas, al final de las cuales presenta una "seal" de finalizacin de la etapa previa y de decisin acerca del programa ulterior. Tales marcadores que indiquen la completacin del subprograma sern defectuosos en ausencia del eje fronto-caudado, En el caso de un paciente pre-frontal. que trata de ejecutar la orden de "dibuje un cuadrado, dos cruces, y tres tringulos" y quien persevera dibujando indefinidamente no se ernltirlan las se'laJes indicativas del final de una etapa y del comienzo de la siguiente. independientemente de la anterior. Este proceso se efectuara por ejemplo, de la siguiente manera: "ya termin de dibujar el cuadrado. OK. Stop. Pase a programar cruz. Stop. Dibuje vertical... etc.". En ausencia de la seal de terminacin, el paciente persevera en la primera figura (Luria, 1975). Se han descrito ocasionales 82 pacientes con lesiones en ganglios basales quienes, a pesar de no padecer de defectos visuales, extinguen el henticampo visual contralateral a la lesin y "olvidan" mover el hemicuerpo correspondiente (Damasio y co1s., 1980). El componente sensorial yel motor recuerdan la hiptesis de Stamm de una agnosia kinestsica e indican que las neuronas fronto-basales controlan estrechamente las neuronas parietales descritas por Mountcastle (ver Capitulo 11). Existen algunas evidencias experimentales que apoyan esta suposicin. Se mencion que los intervalos diferenciales de oscuridad ayudan a los sujetos prefrontales dorsales en la ejecucin de respuesta diferida alter- na. Animales con lesiones prefrontales o de ncleo caudado que no hablan podido aprender las tareas en mil ensayos, pudieron aprenderlas en cosa de ensayos. Prlbram (1977) especula que en el primer caso el programa se leera en el cerebro asl: 5"-0-15" -D-5" -0-15" -D-5" -0-15"-D, etc. En ausencia de un sistema que describa pautas, se reqUIeren sertaJes externas (los 5 segundos y 15 segundos segn la posicin) que suministren el orden que no se realiza por la lesin frontal o caudada. b. EjeJronro-caudado e implictlCiones viso-perceptivas: ya se vi que las lesiones dorso-frontales conllevan errores perceptuales y desajustes pticos. La idea de que parte dorso-frontal forma un continuo con ganglios basales proviene, entre otras evidencias, de la particular merma en la capacidad de ajustar la vertical tras lesiones caudadas anteriores. Otro dficit prominente tras lesiones a lo largo del eje dorso-frOnlo-caudado anterior se manifiesta en una deficiente adaptacin al iaput visual distorsionado. Para ello se colocan prismas que desplazan y transforman la distancia de los objetos y ngulos de perspectiva. Normalmente los humanos se adaptan a la distorsin en cuestin de una hora y los monos Rhesus en unas 8 10 horas. Los pacientes (y los monos) lesionados a lo largo de dicho eje son incapaces de adaptar sus movimientos para alcanzar los objetos o para caminar cuando llevan puestos estos prismas distorsionantes (Held y Sosom, 1960. Teuber (1975) propone que la dificultad para adaptarse al input visual nuevo provendrla de la deficiente preparacin y anticipacin de la corteza sensorial ante los cambios originados por los movimientos voluntarios de ojos y cabeza. El requisito de movimiento "voluntario" se evidencia en que los sujetos normales con prismas distorsionantes sometidos a exploracin pasiva del medio (cabeza fija y guiados por otro en silla de ruedas) tampoco se adaptan a la distorsin perceptual. Es probable que la hemi-inatencin frontal ya referida se deba a una deficiente preparacin de corteza parietal (neuronas de fijacin. vgr.) por parte de lbulos fromales, lo que creara un defecto sistemtico en "la inatencin" motora del lado opuesto a la lesin. Este modelo de un sistema que "marque" la voluntariedad de UD movimiento a la vez que prediga qu va a suceder como consecuencia de l. se manifestara a travs de descargas corolarias generadas, segn el momento de la tarea, en corteza pre-frontal o en ncleo caudado anterior. En ausencia de tal sistema, la corteza sensorial se hallar a merced de las distorsiones ftsicas producidas por los cambios abruptos en los rganos sensoriales. El defecto de los pacientes tras lesin fronto-caudada o bajo restriccin de movimientos exploratorios es sensorio-motor, o sea, es un defecto para integrar datos exteroceptivos con set!.ales imeroceptivas relacionadas con la posicin dd cuerpo (Biui. 1975). En el caso del humano normal con prismas distorsionantes y sin control volunlario del cuerpo, no se daran descargas corolarias a corteza visual y somest.sica (Teuber, 1972). El nuevo valor de los ngulos y distancias no se aprende eficientemente y el programa anterior de percepcin seria el que privarla y "arrastrara" las respuestas en la nueva situacin. Este caso es un poco particular puesto que se trata de anticipar una situacin perceptual. Contra lo que el sentido comn dicta, una percepcin no es un conjunto esttico de datos, sino que se le concibe como un tren contnuo de set!.ales que valan segn los movimientos del sujeto o segn los movimiemos de los objetos con respeclo del sujeto. Para que un tren de impulsos se convierta en verdadera percepcin, con invarianza de estimulo y constancia perceptual, se requiere de un sistema que analice y corrija las sefiales ya generadas (por retroalimentacin) y que prediga (por pre-alimentacin) las seales subsiguientes. Los sistemas serian los mas probables candidatos para realizar estas correcciones y anticipaciones sensorio-motoras y para suministrar, por tanto, un conjunto de "expectativas se nsori ajes " basado en el contexto inmediatamente anterior a la respuesta motora. Ultimamente se ha propuesto que las descargas eorolarias no intervendrlan tanto en la cancelacin de errores perceptuales que se realizaran a nivel retineano. Su papel seria mas bien el de evaluar la infonnacin de llegada y efectuar los ajustes sensorios que ocurren en fases tardlas de la percepcin (Jeannerod y cols., 1979). Este modelo, que excluira los lbulos fromales como originado res de las descargas corolarias, no se ha estructurado tanto como el de Teuber por lo cual es demasiado pronto para inferir conclusiones en favor de una u otra hiptesis. Como ya se dijo, las partes basales y sub-frontales (rodilla del cuerpo calloso) forman un sub-sistema que sirve funciones verbales probablemente involucradas en la iniciacin del habla (Bogen, 1977), De este modo la corteza, incluyendo el sistema tmbico frontal, "est lista" para responder y para no errar en sus decisiones debido a cambios externos irrelevantes para la solucin del problema perceptual, ti ocasionados por los continuos movimientos "voluntarios", esto es previsibles y programados por el organismo. Clnicamente, lo anterior se manifiesta en la conocida reaccin de prensin forzada descrita en el comienzo del captulo o en el mutismo sin akinesia por lesin fronto-cingulada. En este caso, el paciente carece de la capacidad para regular la iniciacin o terminacin de los movimientos fonatorios, probablemente por inadecuada integracin somestsico-motora y/o emocional. c. Sistema orbilo-palidal: el segundO sistema fromo-subcortical incluye corteza orbital, ncleo caudado globus pallidus medial, y algunos ncleos 84 talmicos de la lnea media. Las lesiones en este sistema alteran la relacin de comportamientos de hambre y sed asi como la inhibicin de ciertas respuestas. 4. eje derecha-izquierda La especializacin reciproca que caracteriza los hemisferios cerebrales del hombre se demuestra tambin en los lbulos frontales del cerebro humano. Se ha encontrado persistentememe que las deficiencias conceptuales lal como se miden por pruebas de clasificacin (tipo Wisconsin) son mayores despus de lesiones frontales izquierdas que derechas (Mimer, 1974). Se sabe que lesiones pre-frontaJes izquierdas sin afasia o confusin, afectan la fluidez emisiva del lenguaje que se mide por el volumen de emisiones verbales en un lapso controlado (nmero de palabras que principian con determinada letra o de animales que se conozcan, por unidad de tiempo), Adems, parece ser que las lesiones frontales derechas conllevan mayor dficit emocional Que las izquierdas (Damasio y cols., 1979). La funcin unitaria y complementaria de ambas partes frontales se revela en que, al seccionar la parte anterior del cuerpo calloso, (lo que impide la transmisin de sei'iales entre parte derecha e izquierda frontal), se observa ocasionalmente un c:uadro de mutismo no afsico con relativa capacidad de escribir y comprender. No existe una buena explicacin para este fenmeno, pero Bogen (1977) especula que para iniciar el lenguaje serian necesarias descargas coratarias entre ambos hemisferios. El lbulo frontal izquierdo inhibiria normalmente las seales fonatorias programadas por el lbulo frontal derecho (que se dirigiran a ncleos motores), En su ausencia. ninguno de los lbulos se pondra en "ceros" y habrla un conflicra de seales que resultara en inhibicin de la respuesta. Sin embargo, tambin podra tratarse de un dficit en la motivacin para iniciar la serie de anicu ladones, las lesiones derechas merman en cambio la fluidez "no verbal". Jones-Gotman y M.ilner (1977) evalan la fluidez no verbal segn el nmero de figuras "sin sentido" (que no se pueden nombrar) dibujadas en determinado lapso. Las perseveraciones (tras lesiones izquierdas en tareas de fluidez verbal y tras lesiones derechas en las de fluidez no verbal) se deberan a una deficiente retroalimentacin y obliteracin de las impresiones previas innecesarias (poner en "ceros" la corteza para la accin futura, Jones-Gotman y coL, 1977). Q. Implicaciones temporales y espaciales: la parte izquierda de los lbulos frontales procesa aspectos temporales semnticas y verbalizables. Si, entre numerosas palabras distintas, se presentan recurrentemente ocho o diez intercaladas entre las palabras nuevas, se observa que los pacientes fromales izquierdos no pueden decir cul palabra vino antes de cul. Usualmente otros lesionados cerebrales no discriminan entre las palabras vislas y las no vistas y esto parece ser un problema mnsico. Se trata de que los pacientes frontales no recuerdan la prioridad de lo que vieron (M ilner, J 964). 85 Las lesiones derechas (pero no asilas izquierdas) afectan espectficamente la dis- criminacin de novedad o antigedad de aspectos no verbales. M'i1ner y coL, (I96S) demostraron que los pacientes pre-fronlales derechos fallan especificamente pruebas anlogas a la mencionada en el prrafo anlerior. Pero en lugar de lJevar impresas palabras, llevan dibujos abstractos como los de la figura Ul-6. Aqui tampoco se (rata de un defecto mnsico general sino de una deficiente organizaci6n de la memoria respecto del tiempo relativo de la grabacin del evento. Es posible que exista otra dimensin en este mismo aspecto de la organizacin del material y que seria la dimensin afectiva. que permitida tener en cuenta la novedad o antigedad de los aspectos viscerales y emocionales de las experiencias. Se perfila pues la nocin de que los lbulos frontales izquierdo y derecho actan complementariamente como mlrcldorfS temporales de diversos tipos de senales exteriores que perceptualmente no tienen ningn ndice de secuencia. ,Ir =t- , ~
FIGURA l/Ni T..,. d. Con!, .DlJop ... d. w pe.t.bru recwTelIteI pera oon dibujos abatnct.oe. El pl.dente debe decir cu61 de lo.doe dilmjos vio antee y cuAl deepu&. En cuanto a los aspectos espaciales tambin parece exislir una diferencia operacional entre lbulo frontal izquierdo y derecho_ Milner, ( 1964) observ que las lesiones derechas son ms delelreas que las izquierdas sobre estas funciones. C. PLANTEAMIENTOS ACERCA DE LA ORGANIZACION DE LAS UNIDADES PRE-FRONTALES y SIGNIFICADO DE LOS SIGNOS EN TERMlNOS DE LA FlSIOLOGIA NORMAL (cmo) Durante mucho ti empo los fisilogos se han enconuado maniatados anle la djversidad de signos cUnicos pre-Irontales, incluso despus de lesiones restringidas y circunscritas. En la bsqueda por un denominador comn de funcin frontal, se ha visto un enorme desarrollo de tcnicas neuroanatmicas y neuropsicolgicas que incluyen estudios de elecuoencefalograffa, potenciales evocados, estimulacin ntracralleal y estudio del nujo regional sanguineo con radiois610pOS . Si tras una 86 sen.al preparatoria, el sujeto difiere una respuesta, se difunde por todo el cerebro una onda de "expectancia" o "variacin contingente negativa" (Grey Walter, 1916), registrada hasta unos 200 msgs antes de efectuarse la respuesta motora. Lo mismo sucede en tareas operantes en las que se da una seal preparatoria y luego se presenta el problema por resolYl!"f. Se han identificado difusos en corteza frontal y temporal anterior originados inmediatamente despus de la sel'1al preparatoria. Estos potenciales se asocian con la expectativa de premio o castigo y se han denominado "potenciales de refuerzo" (Stamm y col., 1972). I ndicarlan el grado de control de partes pre-frontales sobre las operaciones de espera y ejecucin operante de una respuesta, yen este sentido, se relacionaran con la significacin de los errores y con la inhibicin de respuestas castigadas. Los cdigos de "aprendizaje" se basarlan parcialmeme en las respeclivas secuencias de actvadn e inhibicin de los sistemas pre-frontaJes que intervienen en determinada operacin. Stamm (1969) observ que la estimulacin de corteza dorso-frontal o del sistema caudado anterior de monos aumentaba los errores en respuesta diferida slo si se aplicaba al comienzo del Intervalo de espera y despus de la sei\al. En cambio, la estimulacin de la parte posterior caudada o de corteza iofero-temporal aumentaba el nmero de errores slo si se aplicaba al comienzo de la seal y anles del intervalo de espera. La interpretacin general de lo anterior es la de que diversas operaciones cerebrales (como ver una seflal o ajustar un conjunto de expectativas para responder) activan muy especlficamente y en tiempos muy determinados diversos subsistemas. Parte de la especificidad funcional estara dada por los tiempos de activacin de varias estructuras, de modo que un mismo conjunto estructural podra servir operaciones diferentes segn los tiempos de comienzo y terminacin de su actividad en relacin con los tiempos de otras estructuras involucradas en la operacin. En cuanto a la actividad neuronal, se ban identificado unidades "E" (excitadoras) que descargan inmediatamenle antes de iniciarse la respuesta motora; olras neuronas empiezan a responder cuando comienza un lapso de espera entre la sel1al preparatoria y el estimulo y se conocen como unidades "O" (diferidas). Este tipo de clulas no se han registrado sino en corteza prefrontal y ncleo caudado ano taior y su actividad corresponde muy precisamente a los periodos en que estos dos subMsistemas son efectivos para inhibir o facilitar una orden (Bizzi y Schiller, 1970). Las neuronas "E" y "O" son altamente especficas aOle situaciones sensorio-motoras. Hay unidades que solamente responden ante un movimiento ocular rpido y sacdico (pero no ante uno lento) en direccin 15 o hacia la derecha y 25 hacia arriba. Otras nicamente descargan cuando se generan movimientos oculares lentos (pero no sacdicos) en determinada direccin y combinados con determinada rotacin del cuello (Biui, J975). Se han registrado tambin clulas especificas para movimientos activos conjugados de ojo-mano. Slo responden cuando el animal "mira" un objeto y lo "alcanza". Si se inmoviliza la mano o se tapan los ojos mientras el animal busca el objeto, estas clulas se silencian. Si las neuronas frontales fueran motoras, descargaran antes y durante la accin muscular 87 perifrica; si fueran sensorias descargarlan despus de la respuesta muscular. Parecen, adems, ser unidades especificas para respuestas centrales, ya que permanecen sil enciosas en presencia de movimientos pasi"os inducidos exgenamente (Bluj y Schiller. 1970: Stamm, 1969) lo cual senala, una vez mAs. la calidad de marcapasos voluntario de 105 lbulos fronta les. Su relacin con las unidades analogas parietales es uno de los tampOS de estudio en el momento. Existen orras dos evidencias de que las unidades prefronlales son sensoriomotoras y concomitantes con decisiones deliberadas: se cri a monos en sil las especiales que les impedlan verse sus manos, Al descubrlrselas unas semanas despus , los animales las miraban y exploraban como objetos desconocidos y eran incapaces de dirigirlas conjugando la mirada y el movimiento. Al ocultarle de nuevo las manOS de la visra, el mono controlaba adecuadamente sus exploraciones: de ojos y manos. Bajo visin libre los movimientos armnicos ojo-mano tom .. ban una semana para normalizarse. probablemente el tiempo para "enlazar" unidades sensorio--motoras ojomano con el reslo del sistema anlicip8torio prerronra! (He1d y Hein. 1963). En el segundo experimento con monos, se seccionaron los ne.:-,,os oculomolores tras lo cual se observaron movimientos manuales al azar. Tericamente, al darse la orden de mover el ojo, pero al fallar la ejecucin del movimiento, se producirla una descarga corolaria "en el vaclo" (Teuber 1972). Aunque no se dispone de datos experimentales que comprueben esta parte del modelo, las observaciones de personas con parlisis eXlfaocular confirman dicha suposicin. Al mover la cabeza, tales pacientes rienen la lmpresin de que son los objetos los que se estan moviendo y no ellos. Normalmente, antes de girar la cabeza, se imparten rdenes a los ojos, de modo que el centro de fijacin sea siempre el mismo; las descargas corolarias a corteza visual mantendrian en tal caso la constancia de la posicin del objeto en el espacio. Si hay parlisis ocular se reazarla una preparacin y ajuste innecesario, caus? probable de que Jos objetos se perciban en mo"imienlo. Finalmente. Risberg (1980) refiere una extensa serie de estudios comparativos entre normales y pacientes seniles con atrofia frontal en los Que se media el nujo regional sangulneo (FRS) mediante inhalacin de Xe m y demarcacin posterior del flujo de istopos. Se supone que el incremento en afluencia sanguinea correlaciona con la actividad regional . Todos los sujetos muestran un incremento de FRS frontal y parietal en el aprendizaje de un problema nuevo. Pero en sllbsiguientes presentaciones, los sujetos normales slo muestran activacin en las regiones parietales, mientras que tos frontales mueSl1an aCtivacin frontal y parietal, como en la primera presentacin. O sea. en los pacientes frontales parece que no hay una buena respuesta de habituacin a situaciones no"edosas y de organizacin de los lbulos parietales. EsIOS estudios concuerdan con las obser"aciones de una respuesta Inestable de los componentes viscerales del reflejo de orientacin cuando el estimulo se hace repetitivo o cuando se instrumentaliza (Luna y HOhlskaya, 1964): los pacientes frontales parecen no habituarse y no integrar cognitivamente las respuestas operantes. 88 lll, CONCLUSIONES Para detectar deficiencias comportamentales ocasionadas por lesiones pre-frontales restringidas y no masivas se imponen ms requisitos de los del mero examen clnico, E n primer lugar, es necesaria u na c1asificaci n cuidadosa del sitio. tamano y tipo aproximado de la lesin, as! como refinadas tcnicas de laboratorio, La "sintomatologia frontal" puede consistir en muchos signos (o en ninguno, aparentemente) , Parecen existir cuatro gradientes funcionales repartidos a lo largo de los ejes dorso-ventral, antero-posterior, cartico-su bcortical y derecho-izquierdo, Como pasible denominadl>r comn a los diversos signos y deficiencias de sujetos pre-frontales, se ha postulado una funcin de marca pasos y ajuste de los dems sistemas mediante descargas corolarias. La integridad de las estructuras pre-frontales parece crtica para tomar en cuenta los propios movimientos y la postura, con el fin de evaluar y mantener constante el exterior. Dicha constancia e nvarianza "interna" de estmulos externos en continua variacin se logra en parte por ajustes de la corteza sensorial ante los "errores" perceptuales producidos por los movimientos corporales. En cierto sentido, 10$ lbulos parietales y frontales compartiran la misma funcin de "estabilizar" las percepciones y las respuestas cognitivas, pero cada uno de ellos intervendrla diferencialmente en estos procesos, Adems de efectuar aula-correcciones retroalimenlantes, los lbulos frontales serian crticos para anticipar y preparar la corteza parietal a lo que va a suceder, as como para comparar [a precisin de la ejecucin con la orden de salida. Otra supuesta funcin de estas regiones parece ser la de imponer orden espadal y temporal a patrones complejos de estimulas que, por si solos, carecen de discriminantes que los distingan entre s. Todo organismo (animal y hombre) debe estructurar internamente la significacin espacial y temporal de los estmulos. En el primer orden de suposiciones, los lbulos frontales anticiparan la posicin del cuerpo respecto del espacio antes de efectuar un movimiento (Teuber, 1964) o podran aumentar el flujo sanguneo a un msculo antes de que se mueva (Fulton, 1949); en el segundo orden, permitiran conocer la secuencia de eventos y determinar cognoscitivamente qu sucedi antes de qu. Siguiendo el modelo de Teuber trabaj durante la ultima parte de su vida el con;epto de "descargas corolllrias". trmino acuado por Sperry (1950), Se trata de hipotticos disparos de los lbulos frontales, generados milisegundos antes de efectuarse un movimiento y que se dirigiran hacia partes posteriores de la corteza, particularmente hacia zonas secundarias. Esto permitirla preparar los sistemas sensoriales para las consecuencias de los movimientos de cuerpo y de ojos de modo que, estimulas en continuo cambio (originados por los movimientos del cuerpo respecto de ellos) se procesen como estables e invariantes. A continuacin se discutir el valor de esle modelo que explicara, entre otras cosas, los ajustes "voluntarios" del cuerpo respecto del medio interno (cambios autonmicos) y del medio externo. Este marcador de ajustes previos al estimulo 89 seria un denominador comn a muchas, aunque no a todas las funciones pre-fronrales. Tambin se ha propuesto la existencia de procesos que estabilizan la percepcin una vez recibido el estimulo y que evalan la entrada sensorial teniendo en cuenta los movimientos y ajustes del SNC durante dicha entrada y en los milisegundos subsiguientes a ella. (Jeannerod y cols., 1979). Al operar como un marcapasos de las acciones voluntarias. los lbulos frontales suministran las sei\ales temporales y posiblemente espaciales que le permiten al SNC una ';Iectura" coherente de la amalgama densamente codificada de seales que recibe por via de los diversos sistemas. En ausencia de estos marcadores, el organismo se hallara desprovisto de secuencias significativas y no se habituara, En tales casos, los programas conjugados sensorio-motores se leeran como unafrasesinespaciosentrepalabras, producindose una descoordinadn entre percepcin y movimiento o entre cadenas de movimientos alternos (como agarrar, saltar O caminar), Se ha demostrado repetidamente que la funcin de los lbulos frontales no es ni motora ni sensorial, sino estrictamente sensorio-motora. Ya sea en funciones espaciales. temporaJes. cognitivas o emocionales, los lbulos frontales aparecen como un marcador de las anticipaciones que debe efectuar el organismo para adaptarse a lo que va a suceder inmediatamente despus. Esto se ilustra muy Claramente en la "puesta en ceros" y preparacin de la corteza visual justo antes de los movimientos rpidos de OJOS, lo cual probablemente se realiza mediante descargas corolarias enviadas a la corteza visual paralela y concomitantemente con las descargas motoras eferentes. Aunque no existen trabajos respecto de un proceso anlogo con el sistema auditivo, es muy probable que los lbulos frontales acten de modo similar sobre ste as como sobre los dems canales sensoriales, Sin embargo, el punto dbil de este modelo es que no se han demostrado vas pre-frontales- occipitales mediante las cuajes se enviaran las descargas corolarias (Jeannerod y cols" 1979), Las observaciones anteriores no deben tomarse como hechos cumplidos sino simplemenle como campos de trabajo Que esperan nuevos aportes y nuevos interrogantes, 90 ASIMETRIAS INTER- HEMISFERICAS L ASPECTOS HJSTORlCOS El hombre parece ser el niea animal que presenta una clara preferencia en el empleo de las manos. El 89OJo de la poblacin es diestra, yel 11OJo prefiere en grado mayor o menor la mano izquierda. A pesar de tan dara evidencia de que los hemisferios no son equivalemes, no fue sino hasta hace 120 al\os cuando vino a posTularse el concepto de "dominancia hemisfrica". En 1861, Paul Pierre Broca present la evidencia anatomopatolgica de un paciente quien hubiera perdido la facultad del habla y presentara una extensa esion en el pie de la tercera circunvolucin frontal. Cuatro al10s ms tarde, Broca dispona de ocho casos adicionales de "afemias" (o sea afasia), con lesiones en la misma regin frontal (cita, Joyot, 1964). Por la misma poca, Gustavo Dax, joven mdico, present a la Academia de Medicina de Francia un manuscrito de su difunto padre, Marc Dax, escrito en 1836 (pero jams publicado o dado a conocer), el cual proponia una asociacin entre lesiones del hemisferio izquierdo y la prdida de la facultad del habla. Revisando la acrimoniosa correspondencia entre Broca y Dax hijo, Joynt y Benton (1964) concluyen que, si bien la prioridad del descubrimiento puede acreditarse aMare Dax, la responsabilidad eientifica y pblica recae sobre Broca. El hallazgo del "centro de! habla", junto con las publicaciones posteriores de Fritsch y Hitzig cerr por muchos anos la corriente globalista iniciada por Flourens. Sin embargo, por oposicin a la laboriosidad de los hallazgos de Hitzig, la aparente facilidad con que se crey "localizar" una funcin tan compleja como el lenguaje pareci abrir posibiJi dades inesperadas. 91 El concepto de dominancia hemisfrica implicaba que el rea descrita por Broca era dominante en el hemisferi o izquierdo para diestros y en el hemisferio derecho para zurdos , grave error inferencial que tardara unos 80 aft os en disi parse. Con el paso de los aflos, el concepto de dominancia abarc reas temporales, cuya lesin, segun Wernicke (cita Geschwind. 1967), conllevaba una af.sia sensorial o f Kepti YII . Dejrine, hacia 1880, extendi la nocin tanto a reas posteriores (circunvolucin) angular y lbulo occipital) cuya destruccin acarreaba una deficiencia en el reconocimiento visual de slmbolos grficos (aJexilr. ) como a areas frontales, cuya lesin implicaba una prdida de la facultad para escribir (Ilgrartll). Hacia principios de siglo, Uepmann (1905) propuso que la dominancia del hemisferio izquierdo fambin implicaba acciones motoras simblicas (praxis) cuyos "centrOS" fueron colocados cerca de la banda motora izquierda. la extensin del concept o de dominancia hemisfrica a actividades motoras y simblicas. conllev lina \'erdadera explosin numrica de " centros de representacin" de fundones superiores que daban la impresin de que la corteza fuera un enorme casillero sin mayores relaciones con estructuras sub-corticales. Tal vez el tinico en (J amar la atencin sobre la relatividad del concepto de domi nancia cerebral rue Hughlins Jackson (1874) quien seftal6 algunos principios bsicos sobre la funcin complementaria de los hemisrerios y sobre las capacidades li ngsti cas y musicales del bemi.sreri o derecho: tambin sugiri que 00 todo zurdo presentaba arasia tras lesiones derechas, lo cual impUcaba que. la prererencia manual no necesariamente revelaba la dominancia hemisrrica. El concepto de dominancia del hemisferio derecho tard ms en desarrollarse. segun las revisiones de Hcaen (J914), Benton (1969) y Teuber (1967). Por los anos 20, comenzaron a describirse perturbaciones en la orienlacin, en la habilidad para vesti rse y para manipular el espacio tras lesiones derechas. Potzl (1928) subray el papel del hemisferio derecho en la apreciacin de las relaciones espaciales y ritmicas as! como en el conocimienlo de las sensaciones evocadas en el cuerpo. Comenzaroo a ingeniarse "pruebas" Que ponJan en evidencia defectos no obvios en la vida cotidiana, tales como construir con cubos, copiar dibujos, elC, Desde hace unos 30 anos, se dispone de evidencias que confirman las nociones de Jackson de que los hemisferios son sustancialment e diferentes y de que la organizacin c;erebral de Jos zurdos no es un espejo de la de los diestros ya que en la mayoMa de los zurdos, el hemisferio izquierdo es el dominante para lenguaje (Zangwill. 1960) , y ya que ambos son complementarios en sus funciones (Milner, j 974). El concepto de domi na ncia ha perdido pues , su acepcin absoluta y hoy en dia implicasolamente mayor eficiencia para determinadas operaciones. El predomini o o la tendencia a un mejar procesamiento dependen de la preferencia manual, de los antecedemes familiares de zurdera, del sexo y probablemente de la edad. 11. ESTUDIOS NEUROANATOMl COS En un comienzo se imentaron demos trar difere ncias inler hemisfricas en cuanto a peso, volumen. tamailo y gravedad especifica, moguna de. las cuaJes result 92 sigrufic3tiva a lo largo de 80 ai'iOs de estudios (Van Bonin, 1962). La base de estudios neuroanatmicos ms recientes radica en que, en cuanto ms larga . profunda o bifurcada una cisura, mayor superficie cortical involucra a su alrededor. En cambio. en cuanto mayor un vent rculo, menos sustancia cerebral hay en las regiones circunvecinas. Geschwind (1974), revis los resultados de estudios previos y concluy que, en la mayorla deelJos, se encuentra una diferencia leve pero constame en favor dela cisura izquierda de Silvia y de la superficie comprendida entre la parl e poster ior de la circonvolucin izquierda de Heschl y el borde posterior de la cisura de Silvio, rea conocida como plano temporal (Fig, IY I). Se han realizado tre$ estudios independientes pero concordantes, dos con 100 cerebros y uno con 200 (Geschwind y cols., 1968; Tezsner y col., 1972; Wada y 0015., 1975). Demu.estran que el plano temporal izquierdo es mayor que el derecho en el 60'10 de los casos. menor que el derecho en el 100/11 Y en el 30a0. Los cerebros de mujeres presentan una alta frecuencia de equivalencias morfolgicas en dichas regiones. Por neumoencefalografia se observa un mayor volumen en el 570]11 de los cuernos occipitales izquierdos, en el 13% de los cuernos occipitales derechos y una equivalencia t!Il el 30arD de los. casos (McRae y cols. , 1964), lo que sugiere que la asimetra en favor del cuerno occipital derecho correlaciona con la dominancia hemisfri ca para lenguaje. Rubens (1977) seJ'a1a que la mayor angulacin de la cisura sil viana derecha permite mayor extensin de las regiones posteriores , incluyendo la circunvolucin angular derecha. Comparando datos de laterali z.acin de lenguaje por la prueba de Wada (ver ms adelante) con las respectivus angiografias, Ratcliff y cols . (1980) demuestran que esta asimetria silviana correlaciona en aho grado con el hemisferio dominante para lenguaje. Po. P. T. Polo oecipitol P.T PL.ANO TEMPOFtAL.. FIGURA lV.1. Plano tempot'aJ derecho e i:qwl4l"do. El plano temporal va de&de t. circunvolucin de Hesehl h&8ta 18 punta de le confluencia t.emporo-parietal {aegUn Geschwind. l. Las asi metras morfolgicas de ambos hemisferios, relacionadas con el modo peculiar de operar cada uno, son genticamente determinadas pues to Que se encuenlran desde la 24-30 semana de gestacin (Wada, 1975) . Sin emba(go, el alto nmero de equivalencias morfolgicas (30070) o de ventaja para el hemisferio dere- cho ( 10070) no corresponde a las estimaciones de dominancia para lenguaje. Si los da- 93 tos anatmicos reflejaran fielmente la organizacin fundonal, al menos un 10'lv de todos los individuos presentarlan dominancia derecha para lenguaje, la cual no parece exceder. en realidad. un 2,6% de la poblacin, a lo sumo (levy, 1974). Por esto. en ausencia de dat.os de microscopia y de bioquimica. resulta aventurado sacar conclusiones definitivas a partir de las diferencias morfol$icas. La ttica tcnica conocida para evaluar con precisin (95Ofo de aciertos) las asi metras funcionales hemisfricas, implica riesgo para el paciente y s610 se utiliza en candidatos a cirugias (generalmeote para excisin de focos epilept6genos) en las teme invadir quirrgicamente reas crhicas para el lenguaje. Se trata de la prueba de Wada consistente en inytctar anestsico (amital sdico) en ambas car6t'das. con unos dlas de intervalo. Ello bloquea fllfl cionalmente el hemis fer io correspondiente a la inyeccin. El tratamiento izquierdo conlleva, adems de una parlisis transitoria en el lado derecho del cuerpo, un bloqueo en la emisin o comprensin del lenguaje. Tras la inyeC"cin dereC"ha sobreviene Ilna parlisis izquierda. con severos trastornos en razonamiento y memoria no verbal y espacial. Pero la poblacin sometida al ami tal sdico es anmala en cuanto a organizacin cerebral pues en general presenta un dailo cerebral mu)' temprano. que redunda en una altfsima incidencia de dominancia hemisfrica derecha tanto en diestros (7 1r /o) como en zurdos (39%), asl corno de biJalenllidad de fllnciones (40f'0) segn Rasmussen y col. , (197S) y MHner y col., (1962) . la organizacin interhemisferica de sujetos sin dai'lo cerebral temprano no corresponde a estas cifras. Las estimaciones basadas en muestras muy amplias de, lesionados cerebrales, con o sin afasia, indican que el 99.S% de los diestros y el 70Ofo de 105 zurdos presenta predominio de.! hemisferio izquierdo para lenguaje. Existen tcnicas no invasivas utilizadas ampliamente para fines investigativos pero cuya utilidad diagnstica es escasa por el alto nmero de errores que conllevan . Por ejemplo, las asimelrl as en el bloqueo del ritmo alfa son ms notonas en el he- misferio izquierdo al. escribir que al copiar y al copiar Que al hablar o leer (Galio y cols. , 1982). El eSlUdio de coherencias o anlisis de la semejanza en la rorma y fase de las ondas evocadas en cada hemisferio por ciertos estmulos correlaciona en alto grado con los datos del amital s6dico, pero no se ha validado para efectos diagnsti- cos (DavJs y Wada. 1977). Tambin hay evidencias de que el flujo regional sangul- neo medido por istopos radioactivos se incrementa preferendalmente en reas izquierdas temporoparietales ante estimulacin auditiva (Maximian. 1982). Final- mente, para todas las modalidades, existen numerosas tcnicas psicoflsicas que revelan procesos perceptuales cuyo significado en relacin con las asimetrias hemisfricas se mencionar en detalle mas adelante. Las evidencias neuroanatmicas y comportamentales (segn el amital sdico, tcnicas electroencdalogrficas y procedimientos psicofisicosl indican que los patrones de asimclria son bastante estables en hombres diestros. pero no asi en mujeres o en zurdos quienes parecen revelar asimetrfas que difieren de las de los hombres diestros. Puede conclui rse sin embargo. que en la mayorla de la gente, la 94 laleralizaci6n del lenguaje se basa en un programa genlicameme detenninado el cual debe desarrolhuSf: y RClualzare con las experiencias naturales del humano, 111. ASIMETRlAS INTERIIEMISfERlCAS EN CEREBROS DIVIDIDOS "Mas cuando t hagas /imOSlla no sepa f tl mano izquierda lo que hace tu derecha, para que fu limosna quede en secreto O', MATEO 6,3 La seccin de las principales comisuras cerebrales se conoce como certbro dh' idido y se practica con el fin de evitar la irradiacin de la actividad paroxstica producida por un foco epilptico localiu.do en un hemisferio cerebral. La aparente ausencia de sntomas cllnic;os pofil-operatonos (f\.kelaitis, 1944), origin bromas respecto del cuerpo calloso, como la de que su nica funcin era uansmilir convulsiones o impedir que los hemi sferios "colgaran" (ver Ettlinger y col., 1969). A. NEUROANA TOMIA Las comisuras leJenceflicas son haces definidos de fibras corUcaJes o sub-corticales que interconectan los hemisferios. La cortical ms importante es el cuerpo calloso cuyas principales regiones son la rodilla, la parle media y el esplenio. La rodilla enlaza los sistemas frontales; la parte media, los lbulos temporales y parietales; el esplenio une regiones occipitales y parietales. La comisura anterior es un sistema de unin cortical menos voluminoso que el cuerpo calloso y conecla regiones homlogas de corteza entorrinal y temporal. Las comisuras sub-corticales ms imponantes son el quillSma pllco y la comisura hlpod.mpca crilica en la integracin de sei'lales viscerales y emocionales, Existen adems, Otras comisuras a nivel dienceftico y mesencefli co, a saber: masa intermedia (entre el tlamo) no siempre presente en el hombre, la comisura habenular y la posterior, lntimamente relacionadas con la regulacin endocrina y visceral. Finalmente, las comisuras inter-coli culares cuyas funciones parecen ser crticas en la olegracin de seflales ex:trageoiculadas auditivas y visuales (Pasik )' coL, 1968), La integracin nter-hemisfrica se logra mediante tres sistemas:' el primero est constituido por los sistemas sensoriaJes y motores perifrico.s psi y contralateraJes. gracias a los cuales un mismo lugar de estimuJacin puede desencadenar actividad en uno o en ambos hemisferios o hemicuerpos (segn que se trate de un sistema aferente o eferente) . 2. La llegada sensorial uro-hemisfrica 00 solo implica que se evoquen sei'lales alll , ya que por el sistema comisural tambin se producen,seflales en el hemisrerio opuestO, Se cree que la funcin del cuerpo calloso seria la de generar reas de inhibicin o excitacin alrededor de las pOblaciones cel ul ares del hemisferi o 95 contralatera! de modo de realzar o borrar selectivamente la actividad de ciertas unidades en un hemisferio (Asanuma y col., 1962). Adems, cada da se confirma ms la nocin de que el sistema comisura! contribuye poderosameme a la integracin bilateral de la atencin as como al mantenimiento de la orientacin simtrica en ambos hemisferios (Bowers y cols., 1981; Bowers. 1980). Caso de requerirse de operaciones complejas, cada hemisferio interviene segun su propia "especializacin" y se activa diferendalmente. 3. La integracin imer-hemisfrica se completa rnediame los apararas redculo-talmicos y mutuas relaciones de sistemas corticofugos y mesenceflicos. B. ESTUDIOS EN ANIMA LES CON "CEREBROS DIVIDIDOS" Myers y Sperry (1953) estudiaron por primera vez la funcin hemisferica animaJ seccionando las :omisuras en lugar de lesionar uno de los hemisferios, como se hada tradicionalmente. En animales se extirpa el quiasma ptico, el cuerpo calloso, las comisuras anteriores, hipocmpica y posterior yen ocasiones la masa intermedia y comisuras intercoliculares. As, las el\aIes recibidas por un hemisferio, "se quedan" en l sin cruzar al hemisferio opuesto por falta de conexiones corticales. De esto se infiere que, en ausencia de comisuras, la transferencia de seales discriminativas es mnima y el animal slo se beneficia de cierto efecto inespecfico del contexto general o del nivel de activacin (Ettlinger y col., 1969). l. Transrerencia "Isual Al seccionar el quiasrna se destruyen las fibras procedentes de la hemi-retina nasal (campo visual temparan, por lo cual el sujeto no ve sino los 0bjetos situados en el campo visual nasal (reflejados en las hemi-retinas temporales que proyectan al hemisferio ipsilateral). La mera seccin del quiasma no garantiza Que los estimulos visuales se procesen slo en el hemisferio de llegada porque las se'lales en cada lbulo occipital se transfieren al hemisferio opuesto por el esplenio del cuerpo calloso. Si adems del quiasma, se secciona el esplenio, entonces el estmulo visual Queda confinado al hemisferio de llegada, siempre y cuando el objeto no se refleje sino en una retina, para lo cual sencillamente se le tapa un ojo al sujeto (pig, IV -2). Este animal efecta ciertas discriminaciones con el ojo descubierto que slo conecta con el hemisferio ipsilateral y responde con la mano opuesta al hemisferio cuyo ojo est destapado y que se halla bajo control motor de este mismo hemisferio. El control uni"hemisfrico se manifiesta en la imposibilidad de estos animales para responder, posteriormente, con la mano Ipsilateral alojo descubierto, la cual es controlada por el hemisferio que "no vio" el estmulo; para realizar la cin con la mano ipsilateral es preciso descubrir el segundo ojo (a la vez que se tapa el primero) pero entonces, no se observa mayor "ahorro" en el nmero de ensayos para alcanzar el cri terio de aprendizaj e (Myers y Sperry. 1950) cosa que si sucede en animales intactos. ,.' / GURA Diagrama de unu pl1! parad6n COIl seccin de comisu- r ... y Quiama ptiCIl. Al tapar el ojo dencho. el animal ur..iJWi la mllno derecha para obtener rfueno ante un circuJo grande y rayas horiollta- In testlmulll! .. ... isl oll " con el hemisferio derecho). Con el OJO LIIpado. aprende a utilli.ar- \11 mano izquierda tuHe un d rculn pequeo y \18 rll)'II' verticll lu ("viatas" con el hemisferio dere- eho). hbito eonfilctivo no M de en animales intactcs. Otra evidenda de que en especies sub-humanas. el hemisferio comralateral " ignora" lo que hace su contraparte. viene dada por la capacidad. inusitada en attimaJes intactos, de los corrusurotomizados para aprender hbitos opuestos o connictivos con las dos manos respecti .... amente. Por ejemplo, el refuerzo fe suministra cuando el mono escoge una raya horizontal con el par ojo derechomano izquierda y una raya verlical con el par ojo izquierdo-mano derecha. Con slo que el esplenio es t intacto la transferencia de aprendizajes visuales es adecuada y hbitos conflictivos con ambas manos como la tarea ya citada, resultan imposibles de apreoder (Myers. 1961). Lo anterior parrce indkar que las seft ales visuales relacionadas con patrones complejos. slo generarian ac tlvidad en las clulas Que por el espleni o. y en este sentido. lendran "rulas" especficas, El espleniO seria pues, una vi a necesaria y suficiente para generar actiVIdad telacionada con la visin de formas, tamanos y patrones en el hemisferio contralateral. Sin embargo. no todas las sei\ales .... isuales se transfieren por vas corlicales-. Incluso en ausencia de comisuras corticales, en algunos carnfvoros, las comisuras inter-coliculares parecen bastar para una adecuada transferencia de atributos como color y luminosidad (Voneida, (963) . 2. Transferencia somesCsica Resulta ms dificil demostrar el sndrome de desconexin comisural con la modalidad somestsica en razn de la extensa bifurcacin psi y contralateral de las vlas extralemniscales. El ahorro en el nmero de ensayos requeridos con la mano no enlrenada para una discriminacin somestsica depende c:n parte de la, o de. las sub-modalidades implicadas en la tarea (EUlinger y cols. , 1969), as como del entrenamiento previo con ambas manos en discriminaciones somestsicas (Semmes y cols., 1%9). Por ejemplo, la discriminacin de tamai'lo o forma activa sistemas propioceptivos Ic:mruscales cltti nentemente cont ralaterales; en condiciones de comisurotomia no se observa "ahorro" en el aprendizaje con la segunda mano. Pero la discriminacin de rugosidad activa vas c:xtralemniscales cruzadas y no cruzadas, lo cual pennite un ahorro sustancial con la mano no enfrenada. Cuando la 97 llegada del estimulo perifrico es bilateral, el sistema comisural nq es indispensable, ya que cada hemisferio recibe informacin por las proyecciones no cruzadas acerca de 10 que sucede en la mano ipsilateral. Controlando el que la llegada sea uni-hemisfrica, parece que, en ausencia de la parte media del cuerpo calloso, la transferencia somestsica es TTnima pero su mera presencia (aun si el resto del cuerpo calloso se ha seccionado) garantiza que las se\aJes originadas en regiones somestesicas generen actividad en el hemisferio opuesto (Myers, 1961). 3. Transferencia auditiva La bllateralidad anatmica de as vas auditivas desde tallo hasta corteza no ha permitido investigar este aspecto en sujetos comisurotomizados. Sobre ello se volver. en la seccin con estudios de humanos normales. 4. Transferencia motora Dado que las proyecciones motoras son ipsilaterales en lo referente a muscula- tura proximal, y contralaterales en lo referente a movimientos independientes dista- les no es de extraar cierto ahorro en el nmero de ensayos requeridos para efectuar, con la mano no entrenada, un hbito motor que involucre slo musculatura de codo y hombro (Gazzaniga, 1968). Pero si el hbito implica movimientos independientes de dedos, prcticamente no hay transferencia y el movimiento observado es torpe, como si fuera controlado por vlas ipsilaterales (Brinkman y Kuypers, 1973). 5. Tnmsferencia de seRales "emocionales" En aprendizaje, la tasa de respuestas depende de la activacin general y del "estado emocional" provocado por el contexto. Los efectos diferenciales sobre el aprendizaje segn que se utilice refuerzo o castigo son tal vez ms espectaculares en animales con lesiones cerebrales que en animales intactos (Gazzaniga, 1975), pero tambin son evidentes en el humano (McKeever y cols., 1981). El ahorro con el hemisferio no entrenado no es significativo con de refuerzo y extincin pero es obvio un gran ahorro con el hemisferio-mano no entrenados en la tarea bajo condiciones de castigo (Sechzer, 1964). Es probable que el choque desencadene mayor activacin general, por lo que se facilitarla tanto la transferencia inter-hemisfrica extra-comisural (por sistemas activadores difusos) como el aprendizaje con el hemisferio no entrenado. La mayora de los estudios 'al respecto han confundido y tratado como si fueran uno solo. los efectos de transferencia y aprendizaje, lo cual dificulta extraer generalizaciones prudentes. El alertamiento general, difundido a partir de la formacin reticulada, puede provenir de un solo hemisferio que activarla el sistema alertante por vias cortico-fugas. Si a un mono comisurotomizado total que realiza una tarea de 98 discriminacin visual con un solo ojo, sorpresivamente. se le proyecta la imagen de una serpiente en el ojo descubieno, y su reaccin no es muy intensa, slo se niega a proseguir la tarea con el ojo-hemisferio con que vi la serpieote. Pero si su reaccin es intensa, puede negarse a responder de cualqwer manera. Esto hace suponer que cada hemisferio tendria un umbral de aJertamiento el cual, caso de rebasarse, ocasionaria indirectamente un incremenlo en la actividad general cerebraf, Sperry (1961) prepar gatos o perros con "hemi-sindromes" caracterlsticos de lesiones cerebrales bilaterales. Si a un gato se le extirpan bilateralmente los lbulos temporales, incluyendo amigdala, polo temporal y corteza nfero-temporal, se observan severos defectos en la inlegracin sensorio-emocional. Estos animales no parecen adscribirle significado a sus percepciones visuales y adolecen de un defceto tencional consistente en que reaccionan ante cualquier estimulo de modo pasajero, No discriminan estmulos nocivos o peligrosos, ni lo que es comestible de lo que no Jo es, y se muestran anormalmente plcidos e hipersexuales (Klver '1 Buey, J939), El gato de la figura rV-3 tiene extirpadas las comjsuras (Incluyendo el quiasma 6ptico) y ell6bulo temporal derecho. Su reaccin a estimulas peligrosos es normal cuando stos se le presentan en el ojo izquierdo (hemisferio izquierdo imacto) pero es anormalmente placida y carente de orientacin cuando se presenlan en el ojo derecho (lbulo temporal extirpado). Esta preparacin conforma un verdadero "hemi-sindrome" de Klver-Bucy. Sperry (1961) prepar un hemi-sindrome fronfal en el qut . con el ojo-!bulo frontal intacto, las respuestas de ordenacin interna son nonnales, y con el ojo-lbulo frontal lesionado, se configuran respuestas anlogas a los de los animales con lesiones frontales. Con el ojo correspondiente al hemisferio intacto, el animal aprende normalmente tareas de respuesta diferida, pero es incapaz de establecerlas con el ojo correspondiente a la extirpacin. Es sta una buena evidencia de la relati va independencia de tos hemisferios en ausencia de las interconexiones Que los unen. FlGURA /V-3. Hemi-aindrome de KlUver.Bucy. Prepft1acin con eomi- lurutomla completa (incluyendo collc:uloel y uc:isic:in de lbulo temporal derecbo. Al Ve1' un estimu lo amenatltnte COI! el par ojo i.z.quierdo, el animal rtIIIccioll.ll normalmente con rabia (1 miedo. Al verlo c:on el par ojo dereebo-bemieerjo derec:ho, reacciona I:On la placidez deacrit. en tu preparaciones bHnnpora!ea Ide. Sperry,1961). C. ESTUDIOS DE DESCONEXION EN "CEREBROS DIVIDIDOS" HUMANOS Durante mucho tiempo, la callosOlomfa se consider inocua por la aparente ausencia de s!nlomas (Akelaitis. 1944) pero las series de comisurotomias iniciadas en 99 los ano:; 60 demoslraron la presencia de "sindJ"Omes de desconexin" lan sorprendentes como los de los animales, slo que para ponerlos de rt:lit:ve. a vect:s se requiere de un montaje lcnico elaborado. Las comisurOlomias humanas no inlerrumpen el Quiasma ptico por la hemianopsia bi-Iemporal innecesaria Que esto conUevarta; a veces son incompletas bien sea por ahorro en tiempo de cirugla n por la localizacin misma del foco epilptico que hace innecesaria una excisin radkal. En la siguiente revisin se escogieron slo los experimentos con comisurOlomizados diestros. l . iOlrgraUnas ro "f'Uebros divididos" El coeficieOle intelectual post-operatorio de los comisurolomizados no parece decrecer sustaqcialmente tr.as la ciruga, lo cuaJ no sgnifica que conserven un nivel normal de adaptacin. Se han mencionado defectos de memoria inmediala, particularmente en la fase de adquisicin de dalos (Huppert. 1981; Bogen y callO., -g71) asl mismo se observa tendencia a olvidar hechos y a repetir i.ndefinidamente las mismas narraciones (ZaideJ y col.. J 974), as[ como defectos atencionaJes (Trevarlhen, 1974). Ocasionalmente se presenta un mutismo absolulO gue se prolonga durante pero que no parece acompanarse de perturbaciones en la comprensin del lenguaje y que se interpreta como un deficiente monitoreo para iniciar acciones deliberadas (Bogen, 1977). Estos casos de mutismo prolongado se han presentado todos por comisurotomfa anteriOr (con probable daf\o a lbulos frontales o dngulum) junIO con extensas lesiones pre-quirrgicas. lo Que potencializaria el defecto emocional y "amori vacional" . La comisurotoma adems, implica graves deficiencias para altern;u- rpidamente de larea o de movimiento manual y para dirigir selectivamente la atencin en favor de I1no u otro hemisferio asi como un decremento general en la capacidad de solucionar problemas y en el nivel de alertamiento (Trevanhen, 1974). Pelo tambin puede facilitar la ejecucin biroanu3.1 simultnea y con 6rdenes opuestas para cada mano, lo que se Interpreta como evidencia de la activacin independiente de un doble sistema atencional que no se inhibe mutuamente, sucederia en un nonnal. Los controles, con sobre-entrenamiento llegan a realizar eStas tareas contradictorias, probablemente por un efecto de automatizacin del sistema motor implicado. En este caso, sin sobre-entrenamiento, la diversificacin bilateral de la tarea impide a los normales realizar estas secuencias opuestas tEllenberg y col.. 1980). En condiciones de estimulacin el rendimiento y procesamiento lIngWstico es inferior' (incluso con eJ hemisrerio izqUierdo) al obtenido con ambos hemJsferios en condici ones normales. Esto sugiere que, independientememe de las comisuras, el procesamiento semAntico se: realiza integradamente en ambos hemisferios tZaidel, 1974). Probablemente lo anterior se realiza a travs de los sslemas a1ertanles reticulares y talArmcos. En cuanto a la transrerencia de seriales sensoriales, algunas de eJlas pasarlan al hemisrerio cOn[ralateral por comisuras 100 alternas, sub-conicales o por efectos de la activacin de la formacin reticulada. Olras se'ales mAs elaboradas necesitadan de vas comisura les especificas originadu en reas circunvecinas al procesamiento en cuestin. La presencia del esplenio asegura una adecuada 'integracin visual inter-hemisfrica (Gazzaniga y coL. 1975; 1963) pero no somestesica o motora . Si se respeta la pane media. sucede lo contrario: adecuada integracin somestsica pero muy deficiente integracin \'sual. Las partes anteriores del cuerpo call oso parecen comunicar sei'lales de tipo multi o supramodal pues su a blaci n no produce dficits es pectficos (alldilivos, somestsicos u olfativos). Al respeclo, se cree que cualquier sistema Oler-hemisfrico sub.cortical o inespecitico puede lransferir se)ales olfativas (Gordon, 1975), pero no as informacin especifica. Cmo se efecta este proceso en los callosotomiados e ~ un interrogante de momento inexplicable. ya que la mera presencia de la comisura anterior (tras collosotomla tata!) no Unpide que se presente un tlpicosndrome de desconexin (Mc}(ee'lcr y cols. , 1981), Lo amerior es de particular inters a la luz de un redente caso descrito por Gazzaniga y cols .. (1979) de un paciente con comisurotoma completa quien, en un lapso de dos afias despus de la cirugia, ha adquirido una notable capacidad semnt ica para leer y denominar objetos vistos o palpados en el hml isferio derecho. s in demoslracin de rncremento en la transrerencia interhemisrrica (o sea, por tcnicas psicollsicas, al pasarle a eSle p a c i e n ~ e estimulas al hemisferio izquierdo, no se presen'ta comunicacin de Slos al hemisferio derecho). Por ot ro lado es un tanto dificil aceptar que el hemisferio derecho de un adulto "desarrolle" habilidades complejas lingstkas, ya que se sabe que ell o no sucede sino hasta los do!; o tres aflos de edad . Es posible que este paciente, por su mismo dai'lo cerebral que le ocasion el lrastoroo convulsi vo, tuviera una organizacin hemisfri ca bien diferente de la de los normales y que, simplemente, el hemisferio derecho siempre hubiera intervenido acti vamente en la solucin de estos problemas. Porqu, ante tareas psicofl sicas muy especiales este paciente lard un ao en demostrar- sus habilidades del hemisferio derecho. es cosa que queda por investigar, pero que muy posiblememe se explique con base en efectos de enlrenamienlo en dichas tareas especiaUzadas, de atencin selectiva con uno u airo hemi sferio y de variables inheremes a las tareas mismas. 2. Funciones hemisfricas en "cerebros di vididos" a. Operaciones semnticas; siendo el HI dominante para lenguaje en la mayorta de la gente, los comisuroromizados escriben y ejecutan euanta orden verbal se les pida con la mano derecha. Ya se mencion que el signo de "aprada con la mano Izquier- da" puede presentarse ms o menos indefinidamente Iras una call osotomla (Zaidel y Sperry 1977; Gazzani ga 'Y coL, 1%7; Akelaitis, 1944). Esto parece deberse a que el .hemisferio izquierdo recibe Y comprende la instruccin verbal, al contrario del he- mis ferio derecho, cuya capacidad lingistica es muy ti milada. Para realizar la orden con la mano izquierda (bajo conlrol motor directo del hemisfer fo derecho) se necesi taria que el hemisferio izquierdo enviara algn lipa de sena! ya descodificada a nivel 101 Como el l}emisferio derecho por su parte, no las descodifica adecuada- mente por si solo, no gula la mano izquierda de modo consisrente con la instruccin. Los l>indromes de desconexin ya citados llevaron a Geschwind (t962) a deducir que el hemisferio derecho es un "hemisferio ciego y sordo para las palabras" (o sea que recibe pero no comprende lo que ve y oye), "agrfico y astereognsico". Es esta opinin djscutible, por cuanto se explican funciones complejas del hemisferio derecbo con base en conceptos patol6gicos y en lo que no procesa en lugar de basarse en lo que procesa. Adems, el hemisferio derecho no carece por completo de capacidad para lenguaje. Si bien la mayoria de los comisurotomilados son incapaces de transcribir con la mano izquierda un dictado oral, pueden arreglar con la mano izquierda palabras sencillas con letras de madera (por, si, ac) . La habilidad para hacer arreglos elemenlales de palabras juntO con incapacidad para vocalizar lo que "escribieron" hace pensar que los canales de expresin verbal del hemisferio derecho operen siempre y cuando no se requiera de una respuesta vocal (Levy y col., 1974). Por ejemplo se pidi a un comisurotomizado que palpara a ciegas una pipa con la mano izquierda: no supo decir qu era, pero dibujo la representacin. AJ escri bir lo palpado, (con la izquierda), deline PI . (Fig. lV-4). se det uvo y escribi sin vacilar PENCll (lpiz). Luego borr y manifes t ignorar lo Que habia tocado, pero dijo que 00 era un lapiz {Le,-'}' ools. , 1970). Para que el sujeto denomine verbalmente los objetos palpados con la izquierda, necesariamente el hemisferio izquierdo debe haber recibido las senales al respeclO (por las proyecciones ext ralemniscales ipsilaterales). Con base en los datos kinestsicos generados al palpar el objeto, el hemisferio izquierdo " eena", un lanto a ciegas, parte del mensaje que. si es corto y familiar, puede descifrarse. Si es complejo el hemisferio izquierdo "confabularla" una respuesta verbal basada en seflales incompletas y vagas (por ejemplo, la P de 'pipa"). En est Os casos parece como si los sistemas atencionales se plegaran ante las operaciones reali zadas por el hemisferio dominante para la func in emisora (hemisferio izquierdo) e ignoraran las se'tales generadas en el hemisferio que recibe la llegada sensorial ms importante (sefiales lemniscaJes comralaterales). Es posible pensar que parte del " arrastre" ejercido por las respuestas al azar del hemisferio izquierdo (que se difunde a la mano izquierda), sea resultado de [al proceso selectivo de la a tencin sobre la res puesta verbal (Kiosboume, 1973). 102 FIGURA 1V-4. Efecto de " IlITII- tl'e" del hero.i$ferio !obre la percep cin del hemisferio derecho. El eujeUl comisurotomizado palp una pipa con la mano Izquierda y U. dibuj abajol. Al escribir el nombre de lo palpado. comenm el segmento PI y continu escribiendo "Penci1" ftomadode Levy y cols., 1972). b. Operaciones vlsuaks semnricas: siempre y cuando el hemisferio izquierdo reci- ba la sei'lal, cualquier estimulo grafico simblico se descifrar adecuadamente. Pero si el hemisferio derecho es el que "ve" la palabra, entonces el sujeto no sabe responder. La llegada uni-hemisfrica de un estJmull1 visual se logra controlando el tiempo de exposicin (con un taquisroscopio) de modo que Jos ojos no tengan tiempo de rastrear el campo, y el estimulo no se proyecte sino en una hemlfetina. En ausencia del esplenio, los estmulos visuales que llegan a un solo lbulo occipital no generan actividad directa en el hemisferio opuesto, el cual "ignora" lo que vio. La seccin del esplertio (respetando la parte media del cuerpo calloso) deja la posibili- dad de identificar semejanzas y diferencias entre objetos percibidos principalmente por el hemisferio derecho. En un experimento, el sujeto comisurotomizado ve en el hemicampo izquierdo (hemisferio derecha) el dibujo de un objeto. Posteriormente, tras una pantalla, debe palpar con la mano izquierda varios objetos y decir cul era igual al que vio en la proyeccin, cosa que estos sujetos hacen sin dificullad; en cambio. no pueden denominar verbalmente ni lo visto, ni 10 palpado (Gazzaniga, 1966). Siempre y cuando la respuesta se emita en trminos consonantes con el modo de operar del hemisferio activado, no parecen existir dificultades. Si el hemisferio derecho percibi un estimulo y la respuesta debe hacerse en trminos de "igual", "anlogo", "diferente", las tareas se realizan adecuadamente, pero si se pide el nombre, ste no es retribuible por el hemisferio derecho. Con la mano izquierda se reconocen objetos incluidos en la clase a la cual pertenece el estmulo proyectado visualmente al hemisferio derecho, aunque formalmente no sean idnticos (por ejemplo, una llave de candado y una llave de automvil). Sin embargo, debe recordarse el paciente de Gazzaniga y cols., (1979) que parece haber desarrollado una buena capacidad de procesamiento semntico con el hemisferio derecho en ausencia de transferencia significativa. Levy y cols., (1970) sugieren que el hemisferio derecho responderla ms por analogla que por semejanza formal. la capacidad de "razonamiento analgico" del hemisferio derecho est limitada por la dificultad impllcita en la categorizacin por realizar. La identificacin de "igual a" o de "diferente de" implica establecer relaciones lgicas entre clases de objetos. Las relaciones de clases lejanas e inclusivas requieren de niveles de codificacin semntica muy altos, y no parecen realizarse sino mediando el hemisferio izquierdo. Sin ser capaces de denominar lo palpada con la izquierda, los comisurotomizados sefialan nombres impresos de los objetos relacionados con el estmulo: habiendo palpado un lpiz con la izquierda, entre cien palabras impresas reconocan la relacin entre "tinta", "papel" o "instrumento para escribir" con lo que hablan palpado. pero no asociaban "comurricacin" con lpiz (Sugishita, 1978). Asimismo es posible obtener que el paciente, al ver una palabra impresa en su campo visual izquierdo (hemisferio derecho), encuentre otra palabra que rime con la que vio en el HD, aunque no la hubiera podido leer (Zaidel y coL, 1981). El hemisferio derecho operara pues, sobre relaciones directas que no impliquen permutaciones conceptuales, semnticas o fonolgicas (aunque si ideogrficas) de los datos originales. Esto explicarla porqu los comisurotomizados pueden escribir con la izquierda palabras concretas, pero no as! verbos o palabras 103 abmactas '1 que puedan hallar asonancias y efectuar una especie de reconocimiemo ideogrfico de palabras familiares. c. Operadones v;sUQles no resulta difci l describir procesos eminente me.nte no-verbales como los del hemisferio derecho en trminos verbales, por 10 cual se proceder a una descripcin de comportamientos ms Que a una explicacin leri ca taxonmica. En general. el hemisferio derecho es dominante para discrimlnar formas irregulares o de carcter poco estruct urado. El numero de pumos en un muestrario se caJcula mejor en el campo visual izquierdo (CVI-hemisferio derecho) en lapsos cortos, pero en lapsos ms largos, surge la ventaja del campo visual derecho (eVO-hemisferio izquerdo). Parece que el hemisferio derecho procederla de modo global "calculando" rpidamente los elementos centelleados en el campo visual izquierdo, sin contarlos. Esto lleva a pensar que el hemisferio derecho es incapaz de sumar o restar ms de dos drgitos (Teng y col.. 1974). El hemisferio izquierdo es mas lento porque "cuellta" uno por uno los elementos y si en el experimento anlerior, se permite suficiente liempo,se observa la 5upremacfa esperada para operaciones semanticas o de clculo. Paradjicamente, si se ployectan dos muestrarios simullneamente a ambos hemicampos, entonces slo se informa lo viSlo en el hemicampo deretho (hemisferio izquierdo), como si lo proyectado al hemisferio derecho se ignorara (Teng y coL, 1973). En este caso los datOS susceptibles de anlisis verbal parecen ocupar toda la ah:ncin, por lo cual se descarla 10 visto en el hemisferio menos dominante. Dicho efecto de " oclusin" del hemisferio no dominante por parte del hemisferio dominante s610 se observa bajo condiciones de simultaneidad de ll egada del estmulo a ambos hemisferios. La ocl usin de un hemisferio por su contraparte depende del tipo de larca impllcil8 en el problema. Si el malerial involucra operaciones no verbales, entonce.\ el hemisferio derecho ocluye al hemisferio izquierdo y se niega lo visto en el evo (hemisferio izquierdo) . Al presentar rpidamente en el centro de fijacin una serie de fJguras quimricas (Fig. IV-5), el hemisferio izquierdo "ve" la parte derecha de la foto y el hemisferio derecho "ve" la parte izquierda de la foto. El suj eto debia identificar entre tres caras completas presentadas en visin libre, cul habia visto en la proyeccin. Sorprendentemente estos sujetos siempre indicaban la cara completa correspondiente a la mitad izquierda de la composicin y no manifestaban haber obseT'lado nada anmalo, como si el estimulo en el hemicampo derecho (h.emisferio izquierdo) no se hubiera visto (Levy 'i cols. , 1972). Siendo el hemisferio derecho dominante para discriminar caras, ser el estimulo dirigido a dicho hemili ferio el que se procese preferencialmente}' el que se complete a expensas de sel'lales, probablemente dbiles y mal conformadas, generadas en el hemisferio izquierdo por )a parle derecha de la foto. Pero, si habiendo aprendido previamente los nombres de as caras, se le pedla al sujeto r,1 nombre de la persona de la falO, en general se tenda a mencionar el nombre correspondiente a la mitad derecha de la composicin (bemisferio O sea, el tipo de respuesta exigida "arrastra" la percepcin del hemisferio izquierdo aunque tSta haya .sido ocl uIda e incompletamente procesada. Por la escasa eficiencia izquierda para tales 104 operaciones, habla un alto nmero de errores '1 de respuestas dobles (decir haber visto a Maria :r a Pepe) 3compai'ladas degran perplejidad por parte del paciente .
- , - FIGURA lV-6.. Figuras quimrkaul, Al m08trar taquistoKpicamente la figure 2-3, el suj eUl comisurol.omizado indica heber vis to le cara 2 cnmpleta. Al pedirle el nombre de la per!lOna vi9ta. seconfuudeeindica 8 Pedro y 11 Juanll segUll Levy y cds .. J9721. As[ pues , segn la operacin y la respuesta exigida, el cerebro llama a memoria los datos confinados en uno u otro bemisfeo. Cuando el hemisferio derecho predomina en la operacin (como en discriminacin de caras), pero se exige una respuesta verbal. aparecen las mencionadas "i ntrusiones" por parte del hemis ferio izquierdo as( como el supuesto viraje de la atencin hacia los datos en l almacenados. La busqueda de datos hacia citado ms consonante con las premisas de las preguntas se_ iluslra en el experimento del diagrama IY6. Cada dibujo es simtrico y se relaciona con los objetos presentados en visin Ubre taOlo desde el puntO de vista formal como conceptual. Si se pide "seftalar el objelo pareddo al de la proyeccin", la respuesta se refiere al objelo conjugable con el eSlmulo de la izquierda (hemisferio derecho). Pero cuando la premisa implica clasificar conceptualmente el estmulo proyectado y el objeto visto, mediante preguntas tales como: "se'iale el objeto que se emplearla con el que vio en la pantalla" t entonces se escogen objetos relacionados conceptualmente con el estimulo proyectado en el hemkampo derecho (hemisferio izquierdo), (levy, 1974). Ante el apareamiento por semej anza espadal del primer caso, se llamaban a memoria los datos conimados de modo no semntico en el hemisferio derecho; ante el juicio conceptual (inclusi(1O de clases) del segundo ejemplo, se invertla el llamado a memoria, y se evocaba una set'Jal en el hemisferio izquierdo codificada en trminos simblicos, d. Operaciones no-semdnlicar somestslcas: en general los comisurotomizados muestran niveles normales para fundones somestsicas elementales. Las respuestas a sensibilidad superficial y profunda, senti do de la vi bracin y posicin, discriminaci6n de dos puntos y localizacin de un estlmuJo son normales (Corkin 'i cols., J970), En cuamo a la capacidad de locaJizar estmulos aplicados en una parte lOS FIGURA IV-6. Oibuj O!! percep' rua.lmonte almtricolJ y anAlogOll . Segn las cllracterlsticaR de la demanda. el sujeto Icomi'ttrowmi. zado) re!lpDnde en t.mlino!l coo grurunes con el lenguaje de \lIlO o de otro hemislerio. Si tIe le pide que indiqUl!. en un muestrario, ettt1mulo que "va eoo" lo que vio. &eala la parte cOrTellpondiente al urnvo villUal UQuierdo / HOI. o 8e'. &eiiala el queso, as gafa8 y La cuchara . Si l!e le pide el oombre o el UaO de lo qUI! vio, indicli lo que nclde en 111 campo vialllll derecho I H I J, o sea, indica el sombrero, el ca"...,lai y el tenedor (aegl n Levy, 1974). del cuerpo con la mano opuesta, ello depende del tipo de estimulacin y del paciente (Gauaniga y col., 1968; 1963). Sin embargo, las asimetrlas somestsicas inter- hemisfricas se ponen de relieve cuando se trata de tareas complejas. Milner y Tay- lor(1972) demostraron la relativa especializacin del hemisferio derecho para recor dar estimul as hpticos complejos (Fig. IV-7) que se debian tocar tras una pantalla. Luego de. cierto lapso (hasta dos minutos), se de.ba reconocer la primera figura eOlre las dems figuras paJpadas. Los aciertos eran significativamente superiores con la mano izquierda (hemisferio derecho) que con la derecha (hemisferio izquierdo). uallltroedor PIGURA IV. ? Figura! de bre de Jwesz. Se pre!lenta una. de eUaa 1783 de Wl. pantalla y luego de un lapso 116 90 56g\ludoa), el sujeto debe rflCOnocerl. lIIllre 1.118 dernh . La ventaja de l. mano izquierdat HO) es prominente en 101 comisurotomiudos. Levy-Agresti y coL, (1968) demostraban asimismo una marcada superioridad del hemisferio derecho (mano izquierda) para ident ificar la representacin bi dimensional desdoblada de una estructura tri-dimensional que se palpaba con la mano. La tarea se realizaba mejor con la mano izquierda que con la derecha. Es mas, la estrategia variaba radicalmente segun que se empleara una u otra mano! con la mano izquierda (hemisferio derecho) no se observaban verbalizaciones y el individuo proceda silenciosamente, mienlras que con la derecha (hemisferio izquierdo), trataba de describir en voz baja las caracteristicas de los modelos y de "t raducirlas" al plano bldimensionaJ , lo cual dificultaba la tarea e incrementaba los 106 errores. Esta aprehensin "jntuitiva" de forma!; no estructuradas se ilunra en el procesamiento hemisfrico selectivo de diferentes tipos de eometrla (euclidiana, ann. proyectiva. y topolgica). Con una mano detrs de la pantalla, el sujeto comjsurotomizado debla reconocer la figura que llenara los requisitos de los disenos vistos en el muestrario. Cuando las figuras eran "abiertas" y poco estruc- turadas, las puntuaciones eran superiores con la mano izquierda que con la derecha. Pero en cuamo mas requisitos de geometrla euclidi.ana eJUgiera el problema, mejor la ejecucin con la mano deretba (Franco y coL, 1 977). As! mismo, Nebes (1971) demostr una definida superioridad de la mano izquierda (hemisferio derecho) para inferir el lamano de un circulo a partir de un fragmento de circunferencia palpado. De momento es dificil dictaminar sobre la constelacin de condiciones tanto de la tarea como del individuo mismo, las cuales hacen que en un momento y en un contexto dado, se active preferencialmente un hemisferio. Se ha especulado que las figuras estructuradas (basadas en geometna euclidiana) se prestan a una inspeccin analhica y que las figuras irregularcs y poco estructuradas se prestan ms a un anWsis global, menos de detalle y menos "secuencial". La dicotOlllja "analiticogestlltico" para referirse a las operaciones respectivas del hemisferio izquierdo y derecho es cuanto ms ineompleta, como se discute a lo largo de este capitulo. Es evidente que, en el momento, faltan datos acerca de cules son las caracteristicas de estimulo a las cuales responde mejor cada hemisferio. c. Operaciones motoras: desde las primeras comisurotomias, se describi la apru.ia con la mano izquierda para rdenes verbales (Akelaitis. 1944). Tambin es posible observar dificultades para escribir y denominar objetos palpados con la mano izquierda, en presenda de una buen.a habilidad para efectuar gestos y mfmica (o sea, defectos de escritura con la izquierda si n apraxia con la izquierda) . Este fenmeno parece darse en callosotomlas Que respetan la parte anterior del cuerpo calloso (Gcrsch y col., 1981) lo cual sugiere la neta disociacin de funciones entre corteza prerolndca y retro-rolndica. Posteriormente, se estudi un fenmeno similar con la mano derecha ante premisas que sc codifican mejor con el hemisferio derecho asf como el cunoso fenmeno de la " mano ajena". Este ltimo consiste en que, tras lesiones en el hemisferio izquierdo (partes anteriores), adc-mils de penurbaciones afsicas, la mano derecha ejecuta gestos '1 movimientos independientes de la programacin conciente o deliberada del sujeto (Goldberg y cols., 1981), lo que puede llevar a sensaciones de extrafteza, sorpresa o frustracin, como en la pelieula del doctor Strangelove. Adems, los comisurotomizados copian mejor con la mano izquierda representaciones tri-dimensionales y son ms eficientes para calcular la longit ud de segmentos y posiciones (Gaz.zaniga, 1967). Lo Ilnterior sugiere la dominancia del hemisferio derecho y la ausencia de comunicacin con el hemisferio izquierdo caso de lesin en el cuerpo calloso o en el hemisferio derecho mismo. O, ESTUD/OS DE DESCONEXION EN AGENES/ COS DEL CUERPO CALLOSO El deficiente desarrollo (parcial o tOtal) del cuerpo calloso se conoce como agenesia del mismo. La enorme ~ de tejido cerebral que no se gesta al ser 101 atrfica dicha comisura y los concomitantes patolgicos (quistes, hidrocefalia) que pueden acompai\ar o resultar de esta condicin ocasionan a veces retardo mental y/o trastornos convulsivos. Los agensicos se han estudiado como modelos "naturales" de cerebros divididm. Solamente un estudio ha equiparado la etiologa y extensin de la agenesia (rara vez t!s total), la inteligencia y edad, factores stos que inciden en el desempel10 en las tareas neuIOpsicolgicas y que resulta en hallazgos contradictorios o negativos (Chiarelto, 1980). El reconocimiento y discriminacin sensorial unilateral, la fuerza y coordinacin unimanual, la ventaja del campo visual derecho (hemisferio izquierdo) para reconocer letras, y las pruebas de amita) sdico y de preferencia del hemisferio izquierdo por ciertos estmulos verbales indican que. en Jos agensicos se da un gra- do considerable de transferencia y lateralizacin inter-hemisfrica (Chiarello. 1980; Ferris y col., 1975), pero no as una funcin nter-hemisfrica completamente normal. Se han encontrado defectos de coordinacin digital bi-manual (Dennis, )974; Saverwein, 1981), en discriminacin somestsica bilateral simultnea (Field y cols., 1978) Y en localizacin con tralateral de la estiln ulacin tctil aplicada en un hemicuerpo. Ferris y Dorsen (1975) sugieren una pobre programacin sobre el interjuego de inhibiciones y excitaciones de las partes homlogas hemisfricas, pero es dificil saber si ello se debe a la ausencia del cuerpo calloso en si, o a la presencia de las condiciones patolgicas asociadas. Como el cuerpo calloso evocarla contornos de inhibicin en el punto contralateral a una estimulacin hemisfrica (Asanuma, 1962) Kinsbourne (1973) sugiere que el cuerpo calloso inhibira la salida motora ipsilateral; caso de faltar esta comisura, las rdenes saldrlan indiscriminadamente por ambos hemi-cuerpos. Asimismo, los estmulos lIegarlan ipsiJateralmente a ambos con lo que surgiria cierta competencia anormal de estimulos ya que faltaran los contornos inhibitorios alrededor del punto de excitacin. Esto sobrecargarla el hemisferio izquierdo, ya de por si deficiente en aspectos lingsti- cos con lo que sobrevendrla una deficiencia marcada en los agenesicos del cuerpo calloso para procesar aspectos complejos de retribucin contnua de datos, de comprensin de elementos sutiles de la sintaxis y del contenido semntico y de capacidad para establecer relaciones slntagmticas y paradigmA ticas (Dennis, 1981), Probablemente la integracin inter-hemisfrica de los agensicos se realice por comisuras sub-corticales y por remanentes del cuerpo calloso as como por una mayor elaboracin de las vas ipsilaterales y de sistemas corticofugales que permiten hacer el mejor uso posible de un sistema comisural diferente del de los normales. E. COMENTARIO La dominancia izquierda para lenguaje no es absoluta y el hemisferio derecho parece jugar cierto papel, de menor importancia, pero probablemente indispensable para una funcin Iingustica e intelectual normal. Gentica y embriolgicamente existen evidencias de asimetras anatmicas que favorecen el desarrollo de ciertas zonas del hemisferio izquierdo las cuales, grosso modo, corresponden a las regiones 108 clsIcamente asociadas con el control del lenguaje as como el de ciertas regiones parietooccipitales derechas, probablemente involucradas en el procesamieJ)to de conglomerados no verbales. El hemisferio derecho puede efectuar juicios semnt icos Oler-modales y desarrollar cierras funciones no verbales, bsicas para la super- vivencia. Por alfO lado, ambos hemisferios contribuyen paralela e integra- damente en la solucin de problemas y ambos conforman lo que se denomina "inteligencia". De hecho, ambos son necesarios para resolver pruebas intelecwales que no exigeo una respuesta verbal explicita, lipa matrices de Raven (Zaidel y cols., 1981), En todo problema, la mxima eficiencia se logra cuando ambos hemisferios uabajan en hlo suyo" y no se sobrecargan con operaciones para las cuales no son dominantes (Franco y col., 1977). SIn embargo, en los comisurOlomizados, el exito final de la respuesta parece depender ms del lenguaje en el cual se hayan plameado las premisas dd problema que del procesamicnlo preferencial de los dalas perceptuales. La hiptesis de que las premisas del problema determinan en gran pa.ree el hemisferio activado concordara con el madeja de Kinsbourne (1973). y de Heilman (1977) y Bowers y cols., (1981) segun quienes el procesamiento prererencial de un hemisrerio no est dado tallto por c.aracterislicas hemisfricas diferenciales sino por los diversos n'veles de activacin ante cienos estimulas. Que los hemisferi os funcionan a manera de c.ompuertas para ciertas condiciones se sustenta con el hallazgo de que, bajo sugerencia hipntica a sujetos comisurOlOmizados en d semi do de experimentardiricultad para hablar (instruccin que, se supone, aumentarla la activacin del hemisferio dereeho por hinptica del izquierdo), estos sujetos en realidad, momaban una notable mejoria eo la diricultad que tenan normalmente para ejecutar rdenes verbales y para denominar objelOs palpados con la mano izquierda (HO) (McKeever y cols., 1-981), Como se dijo, la integracin ioterhemisfrica se efecta tanto por sistemas comi sura les como por sistemas cor t icofugales y alena nles. La fundn neurofisiolgica del cuerpo calloso de crear contornos inhibitorios alrededor de los puntos de excitacin ocurridos en el hemisferio opuesto contribuye a re,aI7.ar y aclarar las se"lales alll generadas. Por e510. los agenesicos del cuerpo calloso no tendrlan un buen control sobre sus emisiones motoras , con el re:sultado de. un pobre control de musculatura distal bilateral (Saverwein y cols., /981). Sin embargo. la unidad imegrativa humana se manifiesta incluso en c;omisurotomlas totales. Un bellisimo ejemplo del concierto operalivo lo da la pacenta comisurotomizada a quien se le proyect en el CVI un dibujo de una mujer " sexy" , Esta senora se ruboriz. y con obvios signos de perturbacin se ri disculpndose sin poder decir . empero, de que se rela ni de qu se disculpaba. IV. A SIMETRIA S INTER HEMISFERICAS EN NORMALES Con base en los hallazgos cllnicos en pacientes con Ie:siones unihemisfricas y en pacientes comisurotomizados se ha intentado hace: r modelos generales que expliquen (y que detecten por medio de experimentos) las asimelrias hemisfri cas en normales. Desgraciadamente la experimentacin psicofsica con normales es tao 109 variable segn la tarea impuesta, segn el sujeto y segn el sexo, Que las respuestas obtenidas en muchos casos, aunque indiquen una asimetrla de respuesta, no pueden interpretarse directamente como una funcin preferencial de un hemisferio sobre otro. En muchos casos delatan efectos de cooperacin inlerhemisfrica ms que de diferencias o de atencin y no necesariamente revelan diferencias funcionales. Por otro lado. en la bsqueda de una dicotomia clara que discrimine a ambos hemisferios, en muchos experimentos se han pasado por alto variables importantes de tarea que pueden alterar radicalmente la direccin de la asimetra en las respuestas. Por ejemplo, si un mismo estmulo difiere de otro en una caracterstica, los juicios de igualdad son ms rpidos con el hemisferio derecho que con el izquierdo, pero si difiere de otro en dos caracteristicas, no hay diferencias en los tiempos de reaccin con ningn hemisferio (Fairweather y cols., 1982). Entre las variables Que deben considerarse en los estudios citados ms adelante y Que se prestan a interpretaciones erradas se encuentran: J) variables de tarea. Por ejemplo, si la carga de informacin del estmulo excede cierto limite, se tiende a codificarla verbalmente. por lo Que surge el efecto de ventaja del hemisferio izquierdo. Esto e:s tanto ms probable cuanto Que la gran mayorfa de experimentos con "normales" se realizan con estudiantes universitarios acostumbrados a resolver diversos problemas por J gi ca formal y verbal. As mismo, si la carga de memoria implcita en la tarea es alta (por ejemplo, alargando el lapso entre ia presentacin del estmulo y la respuesta), mayor la tendencia a recurrir a estrategias verbales (Hannay, 1979). Ante un mismo estimulo, por otra parte, pueden observarse netas asimetras en favor del hemisferio izquierdo si la respuesta es vocal, y en favor del hemisferio derecho si la respuesta es manual, en experimenlOs de tiempo de reaccin (Bashore y cols., 1982), Otras variables de tarea que pueden hacer cambiar la direccin de las asimetras perceplUales son: el nivel criterio, el nmero de ensayos de prctica preexperimental y el nmero de ensayos en el experimento mismo, el Que la respuesta sea de semejanza, de diferencia o de igualdad y la rapidez y precisin exigida en una tarea. Por ejemplo, el hemisferio derecho es superior al izquierdo pa fa discriminar caras (Suberi y coL, 1977; HilIiard, 1973); pero si el sujeto se ha familiaritado previamente con los rostros estmulo, las respuestas son ms rpidas en el evo (HIl (Marzi y cols .. 1977). Entre [as variables inherentes al mal erial de la tarea, se cuentan las de modalidad, grado de susceptibilidad a ser verbalizadas, dificultad. y presentacin espadal. La ventaja de un hemisferio se amplifica si la por resolver y los trminos de las respuestas dehen darse en un lenguaje congruente con el procesamiento preferencial de dicho hemisferio. Si a iguales demandas perceptuales se exigen tareas semnticas o de anlisis de detalles. "ur,'!:!; ta .'enta5a del izquierdo, pero si se exigen tareas espaciales. no vetbalizables, surge la ventaja del hemisferio derecho. finalmente. entre las variables organsmicas que pueden afectar radicalmente la direccin de la asimetrla en una tarea se cuentan: el grado ele zurdera o de destreza; los antecedentes familiares de wrder.l; el sexo; la edad; el nivel intelectual; la 110 educacin, asi como las habilidades especficas personales verbales y espaciales 'i el "estilo cognitivo" de cada sujeto. T oda lo an terior ha llevado a Que hoy comiencen a buscarse 'constelaciones" de condiciones sujeto-contexto que determinen una tendencia general hacia cierta asimetria. Ya no se buscan lanto "marcadores" de lateralidad como hace diez aos ya que tales marcadores, si bien pueden ser estables en re-test o en diversos sujetos (lo cual no siempre se cumple, particularmente en la modalidad auditiva segun Sidtis. 1982), no necesariamente correlacionan con otros "marcadores" Que, a prjori, parecieran semejantes. En razn de las variables de material, de tarea y de sujeto ya mencionadas, son frecuentes las discrepancias y los resultados paradji- cos, cuando no contradictorios. Simplemente, hoy se sabe Que no es posible inferir, con base en un solo experimento, Que un hemisferio es superior al Otro para toda una categora de operaciones complejas las cuales no necesariamente comparten las mismas caracteristicas. Por tanto, como sugieren Fairweather y cols., (1982) se impone una revisin de las tendencias generales de los experimentos y la bsqueda de constelaciones de condiciones sujeto-contexto que resulten en constantes asimtricas. Para orientar al lector sobre la interpretacin de los estudios mencionados a continuacin, se exponen sumariamente las dos hiptesis mas conocidas que intentan explicar las asimetras inter-hemisfricas. La primera de ellas se basa particularmente en los hallazgos con comisurotomizados y con lesionados cerebrales y es, basicamente. una elaboracin de las formulaciones Que se vienen haciendo al respecto desde comienzos de este siglo. Supone que el hemisferio izquierdo es dominante para tareas analiticas, lineales o secuenciales, discretas. que exigen una alta resolucin temporal y con demandas sobre la categorizacin y la verbalizacin. El hemisferio derecho sera dominante para tareas globales, holisticas (de tipo gestlltioo), que exigen un procesamiento en paralelo simultneo, viso-espacial y topolgico, Que implican una lgica no verbal y de momento mal conocida y mal analizada cientficamente. De becho, estos ntentos de dicotomizar las funciones hemisfricas no son totalmente vlidos ya que un procesamiento en paralelo no necesariamente implica ausencia de detalle y de secuencia en el procesamiento. Por otro lado, el bautizar una serie de fUnciones como analllicas, y otra serie como simultneas o gestlhicas, en realidad no presta mucho servicio a la experimentacin ya que no deja expllcitos los trminos y caractersticas de los estlmulos que, se supone, sern procesados segun dichas funciones, Sin embargo, a falta de ms datos neurof'isiolgicos y psicofsicos, de momento es necesario recurrir a tales constructos, sabiendo que no son realidades confirmadas ni generalizadas. Segn dicho modelo, la mxima eficiencia se obtiene cuando el sujeto es muy lateralizado (o sea, muy asimtrico hemisfericamente) y las funciones de un hemisferio no "intruyen" en las del otro. Las mujeres y los zurdos tendran una organizacin hemisfrica menos asimtrica, con mayor capacidad semntica por parte del hemisferio derecho, lo cual se lograria a expensas de las habilidades propias del hemisferio izquierdo. In Aunque lt imamenle numerosos estudios comradicen la generalizacin absoluta de este modelo para todos los individuos y para todas las modalidades. se trata de una serie de postulados basndos en e;w: pcrimentaciOn fuerte cuyos result ados parecen consistentes como explif.:acin a muchos, pero a no todos, los renmenos asimtricos. los proponenies de este modelo han sido muy numerosos, y entre los ms nOlables se cuentan la escuela de Bastan a cuya ,cabeza se halla Geschwind, la escuela de Sperry (ganador del Premio Nobel de Medicina de 1981) y Levy y la escuela de Mont real, con Brenda Milner. El segundo modelo, propuesto por las escuelas de Kinsbourne y de Ht'ilman supone una asimetra atencional. La prererencia hemisfrica provendria de una acti vaci6n selectiva. atribuida a un fillro atencional reticular y que orienta y activa selecuvamente un hemisferio e inhibe el otro, cuando ste no es dominante para las de la tarea. Bowers y Heilman ( 1980) y Bowers y cols., (1981) amplian este modelo atencional al demostrar gue los- estimulos verbales y los no-verbales activan diferencialmente (preparan para la accin) los hemisferios y conliguran la unidad de la conciencia y de voUeJn. El resultado se manifieSta en pafwnes asimtricos de respuestas. O sea, estos modelos supone-n la existencia de dos circuitos reticulo-corlicales , uno en cada hemisferio, relacionados con procesos decisorios y ejecutivos los cuales sedan relati vamente Independientes en lo referente al procesamiento hemisfri co y a la duracin de la actividad (1eV'emente mayor para el bcmisferio derecho). Bowers y cols. , ( 1981) proponen adems, que cada hemisferio tendrla su propio sistema de coordenadas para deli mitar el hemi-espacio exterior conualateral. por lo cual anotan la importancia de no confundIr hemi-campo sensorial (subjetivo) y hemi-espacio (exterior). De hecho, los sujetos normales son ms eficientes para tareas espaciales cuando trabajan con la mano Izquierda en el hemi-campo izquierdo y vice-versa. Lo amerior se asocia con los conocidos signos de lesiones derechas en los Que se presenta negli gencia del hemi-campo contralaterat y probablemente revela la funcin especfica de las clulas parietales de fijacin visual y de programacin motora inStrumental ya discutida en el capItulo 11. la ejecucin dependena en parte, de la pre-acDvaci6n del hemisferio involucrado la cual parece covariar [anta con la tarea en si como con la acti vacin motora unilateral. Por ejemplo1 el mantener los ojos y la cabeza orientados' hacia Ja derecha faci lita el aprendizaje de ciertas tareas verbales por supuesta ac.liv3ci6n del hemisferio conlralateral . en este caso. el izquierdo (Lempert y Kinsbourne. 1982) . Asimismo, el mirar hacta la izquierda facilita algunas, pero no todas las tareas viso-espaciales (Casey, 1981). Ninguno de los modelos anleriores parece suficiente y completo como eJtPlicacin de los fenmenos imer-hemi sfricos. Es probable Que ambos modelos sean complWlemarios y que a ambos les falten elementos eJCplicatvos de fenmenos particulares. Los est udios aJ respecloson complejos y dificiles de instrumentar , partkularmeme en normales. TarnbicII son djficiles de interpretar, puesto que es 112 inevitable, en el momento actual de la hacer extrapolaciones basadas en macrorespuestas y en procesos globales. resuJ tantes de los procesos microgeollcos que se cree. son los nicos inscritos en el alambrado bemisftrlco. Lo demas, o sea, las macrorespuestas que el psiclogo observa, parece corresponder al "software" del cerebro. O sea, que en el momento, se toman como realidades fisiolgicas, procesos epgenticos y molares qu.c probablemente no estn inscritos en ninguna parTe 'i que resul tan de ta cOI)j uncin de condidones externas. A. FUNCJONES A UDITlVAS UN-HEMISFERICAS Por la aparente bilateralidad 31l3tmiCl\ de las proyecciones auditivas. resultaba difici l establecer diferencias fu ncionales como no fueran las resuJ!antes de leSiones en lbUl os lemponth:s (Milner, 1963). Se sabe que la via auditi ... a contralateral acti va un mayOr numero de ct lulas en coneza audin ... a e inhibe la "fa ipsilateral : con base en los eSlUdios de Tuntur (1946) y de Rosensweig (1951), KimurB (1961) propuso que, bajo condi ciones de simullaneidad de llegada de un estimulo auditivo a ambos odos (paradigma de estimulaci6n dictica de Droadbent (1954) ). la via fuerte contralateral ocluida a la dbil ipsitateraL Por esto, los est mulos "'erbales que llegan al odo opuesto (hemisferio domi nant.e) se perciben y recuerdan coo mayor claridad que los que llegan al odo ipslateral. Asl, el "cinco" recibido en el odo derecho predomina y se informa primero Que el "cuatro" recibi do simultneamente en el odo izquierdO, las senaIes generadas por el "cuatro" , a la vez que ocluidas por la vla dominante, se procesan en primera instancia eo t!1 hemisferi o derecho el cual opera dericientemente sobre este tipo de informadQn y debe transmitirla al hemisferio izquierdo (Fig. En general los diestros normales y muchos zurdos repten y recuerdan preferencalmente los digiLOs recibidos en el oldo derech.o, lo que ..s e rf'ConOce como efecto de nrnaja del oido derecbo (VOD) y se ha empleado en ceotenares de experimentos de neuropsicologia. Ent re sus principaJes apli caciones se cuenta la investis.adn sobre el desarrollo de la dominancia cerebral para el lenguaje en ninos, las asimelrias en el procesamiento hemisfrico ame di versos enimulos auditivos (de tipo verbal o no-verbal), las diferencias en la organizacin hemisfril'a en nombres y mujeres, [a educacin, el idioma y, en panicular, la busQueda de un instrumento no invasivo que pennil8 predecir la dominancia hemisfrica para el lenguaje. Como ya se indic aotcriormenl e, el grado de asi metria en una rt3put'5t. ante una tarea perceptual no debe lomarse al pie de la letra como una medida di recta y absoluta de asi metra funcional o fi siolgica . Ms adelan\e se discutirn las variables Que pueden !.!onlribuir a patrones asimt ricos de respueStas y Que no neccsariamenle revelan diferencias funcionales a nivel cortical. Por su parle, el hemisferio derecho puede ocluir al hemisferi o izquierdo. Con estimll lacin dictica de notas musicales y tonos armnicos complejos, se manifiesta una notaj. de' oido IlquJerdo (VOl), lo Que se ha inlerpretado como erecto de la dominancia del hemisferio derecho para procesar caracterlsticas meldicas no art iculadas (Shank.wener, 1966). No todos los aspecto.! relacionados con el lenguaje 11l o.
0"'" 00 nGURA IV-8. Ellquema de esu mu)acin die6tiea. El wnplifitador e.uv:lll una seal simultanea! "cinco" Y "tres" l 11. amboll oidoa. Por tratarse de sedales articuladas verbales, se. informa primero la eeal que va &l oIdo derecho tRI ) y deapus 18 9etial Que VIl al oJdo i!.qUierdoIHDI. hablado se preferencialmentt: el hemisfe,rio izquierdo. Bajo paradigmas de rivalidad dlc61ica, las caraclerlslicas relacionadas con (a enlOnaciOn (exclamativo. interrogativo. imperatjvo, etc.), se informan mejor con el odo izquierdo Que con el derecho, lo Que sugiere que el hemisferio derecho opera preferencialmenle sobre los contornos psicoflsicos de las ondas del lenguaje (Blumstein y coL, 1974). Adems, si bien la ventaja del oldo derecho (VOD) es relalivamente estable en diestros para emisiones de consonantes, no lo es para vocales aisladas, las que se informan indi stintamente en ambos oldos (SlUddertMKennedy y coI5., 1972). Esto, porque las frecuencias que conforman las vocales 00 varian sustancialmente a lo largo de la emisin; en cambio, las consonantes implican frecuencias muy transitorias, con cambios abruptos de menos de 40 milisegundos. Dichas transi ciones cortas y la a/[a carga de informacin fontica de cada segmento parecen ser exclusivas del lenguaje humano y su discrimmacin diferencial es. en parte, lo que lleva a Lenneberg (1967) a pensar en una "programacin biolgica del leoguajc". La von es aparente, adems, en series de lenguaje no natural, grabado hacia atrs (Kimura y co!., 1968). tonos y Cdigo y cols., 1972), de dnde se ha inferido que el hemisrerio izquierdo seria dominante para elementos codificados, con alta carga de infonnaci6n acstica y con requisitos de una rpida resolucin temporal. De hecho las excisiones qui rrgicas de focos lemporaJes izquierdos conllevan una disminucin en la preferencia por informar los dlgitos enviados al oido derecho (Kimura. 1961). Asimismo, los lesionados izquierdos (pero no los derechos) mueslran un desmesurado aumenl o en el umbral de fusin de clcks, o sea la frecuellcia necesaria para que un sujeto informe haber percibido un solo lono en lugar de dos (Lackner y col., 1973). Tambin denotan los pacienle5 izquierdos marcadas dificultades para procesar secuencias cortas de lonos y c;aracteristicas de secuencias rltmicas (Milner, J962) . El hemisferio izquierdo. adems. capta preferencial mente cienas caracterlsticas de lenguajes no naturales y de la msica, tales como el orden y la duracin de los lonas y la sucesividad de sonidos que confiere el efecto de ritmo (Robinson y coL, 1974). Todos los estudios 114 ya citados concuerdan con el hecho de que la voz humana (en condiciones nalUrales o dk6tic3S) aumenta el niJjo regional sanguneo medido por istopos marcados t'n arcas posteriores izquierdas (Maximilian 1982) y con los cent enares de estudios con lesionados cerebrales uni-hemis fricos. En cambio. la VOl (hemisferi o derecho) es eonspiclJa para caracteristi cas sostenidas de la mtska, como son los acordes (KeI!ar )' col!)., 1980). y el lOna de la emisin (Sidtis. 1980). Tras excisiones temporales derechas sobreviene Una merma significativa pata discriminar la cualidad del sonido (ti mbre) y pata recordar patrones musicales (Milner. 1962). Los comisurotomizados en general slo informan los dgitos recibidos en el oi::19 derecho lo cual indi.::a que los d gi tos de la vla dbil, ipsilateral, no son transferidos al W (Gazzaniga y col. , 1967). Estos hallazgos ndican tendencias generales, pero en ningn caso son constaOles y estables en di ferentes grupos o incluso, en un mismo sujeto en diferentes sesiones (Teng, 1981). Aunque hay quien .) ugiere que las )cries dicticas predicen adec uadamente la dominancia cerebral izqui er da , (Wale y col., 198 1) , repetidamente se ha encontrado que las respuestas ante eslimulaei6n dic6lka son muy variables y poco estables. Segun Teng (1981), el 75'/Q de los individuos con dominancia derecha para el lenguaje mueSlra una VOD en series dic6ticas verbales. Adems, la mayoria de los autores dan por demostrado Que las asimeirlas en favor dcl odo derecho para series verbaJes y en favor dd odo izquierdo para series musicales son equiparables en grado, cuando en realidad, slo el46OJo de los di estros normales muestran igual grado de asimetria hacia uno u Otro hemisferio ante series verbales 'i tonales (Sidlis, 1982). EnLIe las variables Que afectan el grado de asimetra en la respuesta y su direccin se encuentran: los efectos de prclica, de que el sujeto -informe o no, cual estrategia uti liza para recordar la serie, los erectOs de las condiciones de atencin diferencial impuest as por la tarea y por las instrucciones y los efectos de sexo y educacin (Bi rkett y coL, 1982) . Por ejemplo, el entrenamient o en lectura hace variar la magnitud de la VOD (HI) ante series dc6ticas verbales , ya que los analfabetos muestran una mayor VOD ante estos estfmulos, probablemente por efectos atencionales que di fieren entre letrados e iletrados (Tzavaras y cols. , 1981). Asimismo, Tsunoda (1976) encontr que los japoneses muesu-an mayor grado de van que los angloparl antes, 10 Que se atribuye a que el japons es un idioma altamente que impone an ms requisitos acsticos que el ingls. El efecto de entrenamiento en una tarea ha sido ampliamente controvertido en lo referente a la "lateralizacin" de la msica_ htidalmenle, se encOntr una definida asimetrla en favor del hemisferio derecho (Von para la musica (Spreen y cou., 1970; Kimura, 19M). Al dividi r los sujetos entre aquellos Que sablan teorta musical y aquellos que la ignoraban, se observaron resultados discrepan tes. En general. se ha encont rado una tendencia hacia la VOl (HO) para tODOS complejos y secuenciales entre los msicos pero no asl entre los no msicos (Kellat y coL. 1980; Goodglau y col., 1918). Sin embargo, otros estudios demuestran que liS independientemente del entrenamiento en teorla musical, todos los sujetos tienden a pre .... emar dicha VOl (Bryden y coI5., 11}82; Zatorre, 1979; Gaede 'j (ols., 1978) y, simplemente, el mayor entrenamiento musical aumenta la VOl (Mazzucchi y cols., 1981). Pm lo dems, otros estudios (con diferentes tareas que los anteriores, obviamente) indican Que, por el contrario, los mlisicos tienden a procesar la musica en el hemisferio izquierdo mientras que los no. msicos la procesarian preferencialmeme en el hemisferio derecho (lohnson, 1977; Gordon y coL, 1974; Bever y col., 1974). Estos resultados paret:an corroborarse con estudios electroencefalogrficos como el de Hirshkowitz (1978) en el cual la estimulacin musical aumentaba el bloqueo del ritmo alfa (o sea, activaba) en el hemisferio izquierdo ms que en el derecho. O sea, parecerla como si los msicos trataran la secuencia meldica como un sistema lingillstico y como si los no msicos la recibieran de modo gesllltico 'j sin anlisis de detalle, por lo cual se procesara mejor en el HD. Esta serie de resultados un tanto disparatados se explica en parte con base en que raros estudios utilizan exactamente el mismo tipo de tarea y de instrucciones. Cambios alencionales mnimos pueden hacer variar el grado e incluso la direccin de la asimetra en la respuesta. Adems, el procesamiento auditivo no es funcin nica cortical, ya que comienza en tallo, sigue en diencfalo y termina en hemisferios (ganglios basales y corteza). As, de momento, no es posible saber si determinada asimetra perceptual auditiva corresponde a un procesamiento diferencial cortical o sub-cortical. Revisando los estudim electroencefalogrficos con potenciales auditivos evocados, Sidtis (1982) concluye que stos son altamenle variables en el humano, ya que, s610 a nivel de tallo, se han encontrado seis tipos diferentes de patrones normales de respuestas. Probablemente. la variabilidad en las respuestas y en las asimetras percepruales aumenta en niveles superiores a tallo. Por experiencias diclicas con lesionados cerebrales corticales y de ganglios basales. se sabe que el umbral de fusin de sonidos se efecta en corteza para series dictcas y en sub-corteza para serie .... monoaurales (Hosokawa y cols., 1981). Sidtis (1982) anota que la variabilidad nter-sujetos e jntra sujeto (en repetidas experiencias) es muy atta, tanto para una misma tarea como para el grado de asimetra del HI para series verbales y del HD para series no verbales. O sea, el modelo de Kimura es incompleto puesto que supone que todos los sujetos poseen un sistema bilateral y asimtrico en igual grado, cosa que no es cierta. Esta variabilidad cortico-subcortical en las asimetras de diferentes sujetos, y la variabilidad en los estilos cognitivos y en las estructuras sub-corticales hace que fcilmente ~ e encuentren resultados discordantes y contradictorios. Como la mayoria de los procesos complejos, tanto la msica como el lenguaje se descodifican en ambos hemisferios de modo complementario. En condiciones naturales, los hemisferios serian complementarios: de un segmento del discurso, el hemisferio izquierdo operara preferencialmente sobre caracterlsticas temporales de carcter ca-articulado y de transiciones muy rapidas, y el hemisferio derecho operaria sobre caractersticas armnicas complejas y sostenidas, asl como sobre 116 ciertos elementos expresivos y emod onales. Esta conj uncin operati va resulta en un ptimo procesamiento de las seales acst.:as significativas, con una mxima capacidad de almacenamiento y retribucin por parte de cada hemisferio. Debe tenerse en cuenta, .. in embargo, que los pe90S especificos funcionales comribudos por cada hemisferio varian de persona a persona, varan segn el sexo, la zurdera y los antecedentes familiares de zurdera, y no necesesariamente son detectados por tareas de tipo perceptual, las cuales, como ya se dijo, no constituyen marcadores perfectos de asimetrias corticales. B. FUNCIONES VrSUALES Los modelos del hemisFerio izquierdo como "analizador temporal" y del hemisferio derecho come "sintetizador espacial", adems de no ser enteramente satisFactorios como explicacin para muchos fenmenos. parecen no ser generalizables a todas las modalidades. Al igual que con las series dicticas, las asimetras visuales son lbiles y varan considerablemente con mnimas variaciones en el material po r analizar. en las instruccione,<;, en el modo de respuesta (v gr. , manual o vocal) y tambin varan segn el sexo, los antecedentes Familiares de zurdera y la educacin y familiaridad previa con los estimulas. La instrumentacin experimental por excelencia, .para detectar asimetrlas visuales en normales es la presentacin taquistoscpica ya mencionada. Si un estmulo se reconoce ms rpido o con menor nmero de errores cuando se presenta en un campo visual, usualmente se dice que hay una preFerencia hemisFrica para dicho estmulo, extrapolacin sta que no debe tomarse al pie de la letra puesto que est sujeta al mismo tipo de criticas ya expuestas a propsito de la interpretacin de Jas series dicticas. Esto se discutir ms adelante. No tan espectacularmente como los cornisurotomizados, pero los normales tambin muestran una superioridad del campo visual derecbo (eVD) para palabras o smbolos proyectados taquistosc6picamente. superioridad evidenciada en un menor tiempo de reaccin o en un menor nmero de errores (Young y cols., 1980: Hines, 1978; Dimond y cols" 1974). Los sujetos con educacin musical revelan una clara ventaja para el eVD (HI) en la identificacin de notas musicales en el pentagrama; en general, el eVD de los diestros es superior para decidir si una combinacin de letras es "posible" en un idioma, independientemente de que signifique algo (vgr . "prilO" por oposicin a "phritwo" en espal'lol). Este eFecto de la familiaridad y de la experiencia previa con un estmulo se revela en que, si la tarea es demasiado fcil o muy conocida, no se observan diferencias de campo visual o incluso pueden revelarse tendencias a una superioridad del campo visual izquierdo (CVl). Tanto en el eVD como en eVI se reconocen por igual palabras cortas, concretas y muy Familiares (Bradshaw, 1980; Bradshaw y cols., 1978) as como dgitos arbigos. Para stos y para las letras aisladas se ha propuestO incluso. cierta asimetra en Favor del hemisferio derecho, supuestamente por su carcter altamente grfico que permi te procesarlos como signos ms que como smbolos, para lo cual el 117 HD es ms eficiente (Bashore y cols., 1982; Bezoer y coL, 1979). En general parece que en cuanto ms dificil una tarea verbal, ms asimetra en favor del evo es de esperar. Suberi y coL, (1977) proponen que los juicios de semejanza son ms fciles que lo.'> de diferencia por lo cual, ante estimulas verbales)' juicios de diferencia, hay una alta eficiencia del evo, y ante estimulas no verbales y juicios de diferencia hay una alta superioridad del CVI. Ante juicios de semejanza, las asimetras en favor de uno u otro hemicampo son menos notonas. Sin embargo, ltimamente esta generalizacin se ha discutido ya que, analizando el tipo de tarea, de material y de respuesta, se presentan netos cambios en la direccin de las asimetrias debidos a variaciones mnimas en cualquiera de estos factores (Fairweather y cols., 1982). Por ejemplo, se mencion una ventaja del hemisferio derecbo para tiempos de reaccin para denominar una letra verbalmente, pero no as para emitir una respuesta manual (Bashore y cols., 1982). Asimismo, este tipo de asimetras (o, al menos, la magnitud en que se dan) depende de caracteristicas semnticas del estimulo tales como: la familiaridad de la palabra; el que sea altamente predecible (probabilidad de que, en un idioma dado, una letra siga a otra); el nmero de alternativas perceptuales y semanticas (bebo es una alternativa perceptual de dedo en espaJ)ol y tambin es una allernativa semntica de tumo); el grado de abstraccin y el tiempo de su adquisicin. Este efecto de falta de familiaridad con un estimulo verbal se demostrarla en las simetrias en las respuestas en ambos hemicampos ante letras en sujetos con dificultades de lectura (Pirozzolo y coL, 1979; Marcel, 1974), quienes tratan indistintamente las letras y las palabras y no acr-ivan de preferencia ningn hemisferio puesto que los estmulos no les son significativos. La superioridad del hemisferio derecho en tareas visuales se manifiesta en la precisin para calcular el nmero de elementos de un muestrario (Kimura, 1969). La presentacin en el CVI favorece la discriminacin de (Levy, 1974; Trevarthen, 1974) as como de efeclOs estereoscpicos de percepcin de profundidad en dibuj os mensionales (Carmon y col. t 1969). Los juicios de profundidad relativa de varios objetos, los de localizacin de un punto en el espacio y de dirC1:cin e inclinacin de lineas oblicuas son ms acertados bajo presentacin en el CVI-HD (Klmura, 1969). Ahora bien, el hecho de aparear un dibujo (para el cual el CVI es ms eficiente) con un nombre arbitrario, hace que la ventaja del CVl desaparezca y se den mejores respuestas con el CVDHI. Lo ms interesante es que la mera familiaridad con los dibuj os atena el efecto de CV l (Hannay y cols., 1981). De los estimulas ms trabajados y ms.controvertidos en taquistoscopta tal vez se cuentan las caras. Como en los dems casos de respuestas perceptuales, inicialmente se pens que la asimetria en favor de un hemisferio era absoluta. As!, se obtuveron netas asimetrias en favor del CVJ en la percepcin, discriminacin y memoria de ca ras (Hilliard, 1973), particularmente si stas llevaban expresiones emod anales (Su beri y col., 1977). Lo anteri or se explic con base en que, siendo el HD superior al izquierdo tanto para caras como para expresiones emocionales, al unir ambos factores, la asimetra se potencializara. Sin embargo, la ventaja del CVI para caras puede disminuir e incluso virar hacia el CVD segn las instrucciones y el 118 material, segn los efectos previos de orientacin a la tarea (Galper y col.,1980) '1 segn la familiaridad con las caras presentadas. De hecho, si los rostros son altamente familiares, se observa una superioridad con el evo (HI) segn Umilt y cok, (1978) y Marzi y cols., (1977). Adems, se han observado poderosos efectos de nter-accin de sexo por preferencia manual, siendo los hombres ms precisos en ciertas y determinadas tareas de discriminacin d.e caras (Y oung y col., 1981). La mayorla de estos estudios se confIrman por hallazgos con lesionados uni-hemisfricos; muchas de las tareas experimemales se han inspirado en observaciones clnicas con lesionados. En numerosos pacientes unihemisfricos derechos se encuentra una marcada dificultad para resolver tareas de reconocimiento o de discriminacin y memoria de caras. C. FUNCIONES SOMESTESICAS EN AMBOS HEMISFERIOS Es una observacin antigua que muchos ciegos leen Braille ms eficientemente con la mano izquierda que con la derecha. Probablemente la presentacin de configuraciones espaciales de patrones de puntos y de depresiones facilite el procesamiento inicial del hemisferio derecho. Obviamente. las seflales somestsicas all descodificadas en primera instancia en cuanto a su organizacin espaciill, tendrlan que generar seales pertinentes en el hemisferio izquierdo para su adecuada descodificaci6n semntica. Varney y col., (l975) describieron un efecto relacionado con lo anterior: resulta ms fcil discriminar el nmero de puntos aplicados a la palma de la mano derecha; pero la direccin de la presin ejercida por una barra metlica es ms precisa en la mano izquierda. Los resultados son vlidos tanto si la respuesta debe hacerse por visin, escogiendo una de varias lneas dibujadas en una tarjeta, como por tacto, palpando barras en diferentes orientaciones tBenton y col., 1978). Los patrones somestsicos con estimulacin sucesiva en dedos diferentes se discriminan mejor con la mano derecha; con la izquierda se determina mejor la configuracin espacial de 2 3 estimulas aplicados simultneamente a varios dedos (Nachson y col., 1975). Todos estos resultados concuerdan con la nocin bsica de que las funciones somestsicas primarias y los umbrales sensoriales se procesan por iguaJ en ambos hemisferios. En cambio el hemisferio derecho parece preferir el anlisis de vecindades y conglomerados de estimulacin simultnea en general, y el hemisferio izquierdo prefiere el de patrones temporales de sucesividad (no necesariamente simblicos). D. FUNCIONES MOTORAS UNIHEMISFERICAS Bajo ciertas condiciones es posible poner de relieve la superioridad motora del hemisferio derecho (mano izquierda). Los experimentos que tratan de detectar esto crean interferencia motora de tareas cognoscitivas simultneas con la actividad manual y se han equiparado a los de competencia auditiva bajo estimulaci6n dic6tica .. La mejor ejecucin manual se obtiene cuando la carga de demandas simultaneas se reparte enlre ambos hemisferios. Si uno de ellos se sobrecarga COD 119 vanas operaciones simultneas, la ejecllcin decrece (Dimond y coL, 1974). Siguiendo el modelo atencional de Kinsbourne. Lempert y col., (1982) proponen que la distribucin de la activacin en ambos hemisferios varia segn el tipo de material (verbal O no verbal) y tambin segn el campo sensorial estimulado. Si se realiza una tarea verbal, el efecto de hemisferio izquierdo se realza al mover la cabeza o los ojos hacia la derecha (activaci6n izquierda). Mientras se habla. por otro lado, se genera cierta actividad motora "difusa" revelada en un incremento en los movimientos expresivos de la mano derecha as como en los movimientos direccionales complejos yen el nmero de oscilaciones musculares del brazo izquierdo (Kimura y coL, ] 981; Kimura, 1973). Segn el modelo de Kinsbourne, lo anterior se explica con base en la capacidad de activaci6n hemisfrica, la cual, caso de rebasarse, hace decrecer la ejecuci6n" El hemisferio izquierdo puede sobrecargarse exigindole soluciones semnticas a la vez que con la lTIano derecha. Es{o se obliene bien sea cbntando, vocalizando (pero no tarareando) y, a la vez, efectuando alguna tarea distal como golpear ritmicamente con los dedos de la mano derecha; entonces una de las dos ejecuciones se deteriora segn la atenn que se imprima a uno de los dos problemas (Lomas y co[s., 1976). La interferencia de la actividad manual sobre las rimas que recita el paciente no se presenta si el sujeto ve sus manos o si no habla en voz alta (Lomas, 1980): pero en cambio si la la rea consiste en ha blar en prosa en vez de rimar, la interferencia de la ejecucin manual se presenta con ambas manos yen condiciones tanto de visin como de no visin de stas (Thornton y col., 1982). En un estudio anlogo se comprob que cuando dos tareas son incompatibles (como realizar construcciones mn cubos, actividad sta que parece activar igualmente ambos hemisforios y golpear rtmicamente con los dedos de la otra mano), la ejecucin decrece bajo cualquier combinacin de mano-cubos y mano-ritmo (Hellige y col., 1981). E. EFECTOS DE MEMORiA UNI-HEMISFERICA El tratamiento mas eficiente de ciertas seflales probablemente conlleva un almacenamiento selectivo con mejor acceso a la memoria segn el hemisferio involucrado en la tarea. En el captulo sobre lbulos frontales. se vi que los "marcadores" temporales operan diferencialmente segn que se trate del LF derecho o izquierdo. La terapia eJectroconvulsiva (TEC) unilateral en el hemisferio izquierdo (a pacientes psiquitricos) conlleva prdida selectiva de memoria verbal (Warrington y col., 1973) mientras que la terapia electroconvulsiva en el hemisferio derecho merma la memoria para dibujos y caras (Ben:nl, 1977), para grficas (Berent, 1976) as como para localizar sonidos en el espacio (Altman y cots., 1979). Algunas diferencias de memoria parecen ser ms efecto de la atencin sostenida que de almacenamiento en s. Dimond. (1980) sugiere que la atencin a corto trmino (5-10 segundos) seria mediada por el hemisferio izquierdo y que la atencin 120 sostenida seria mediada por el hemisferio derecho, lo cual puede explicar algunos resuhados interpretados previamente como fenmenos de memoria (Luria, I 977). Es difcil determinar si la superioridad mnesica de un hemisferio respecto del otro imptica una preferencia en la grabacin. en la codificacin o en la retribucin de dalos incidentales o aprendidos. Como de momento la cuestin de los engramas y su nalUralez.a no est resuelta, es difcil inferir cul o cules de los procesos citados se efedan preferencialmente en un hemisferio. En resumen, de la seccin anterior, puede concluirse Que los hemisferios son diferentes pero complementarios y que cada cual acta sobre caractersticas especiales de los segmentos de informacin sensorial aferente. El procesamiento diferencial parece relacionarse en parte con la experiencia que se tenga con la informacin, segn que se haya aprendido a tratarla como cdigo o como palrn no sintctico, y en parte, con las asociaciones lingiiistcas y fonolgcas de las seales Las asimetrias observadas durante la percepcin de estimulas complejos puede ser runcin tanto de las diferencias inter-hemisfricas com0 de los diversos niveles de procesamiemo requeridos en cada u no de ellos. Por ejemplo, un estmulo complejo puede constar de una parte lingstica, procesable por el hemisferio izquierdo y de una parte meldica compleja, montada sobre caractersticas armnicas que eXjjan una participacin especial del hemisferio derecho. Segn el peso del anlisis exigido por la informacin, se revelar el papel de cada hemisferio o de ambos (caso en el cual, a pesar de que los dos entren en juego de modo crtico, nO se revelarn diferencias generales puesto que sus efecros se "promedian"). V. ORGANIZACION HEMISFERICA SEGUN LA PREFERENCIA MANUAL y EL SEXO A. PREFERENCIA MANUAL Por preferencial manual se entiende la mano con la cual se es ms hbiL El trmino se prefiere al de la lateralidad, para evitar confusiones con la lateralizacin hemisfrica, o sea, con el concepto de asimetras nter-hemisfricas que no necesariamente se reflejan en la preferen;:ia manual. La preferencia manual no es sino un aspecto de la asimetra C'erebraL la preferencia manual se define por; a) auto-evaluacin dictoma (soy diestro o zurdo); b) acerca de la preferencia manual para diversas actividades, los cuales pueden sel dictomos ("uso las tijeras con la derecha o con la izquierda") o graduados ("uso las tijeras siempre con la derecha, a veces, rara vez, nunca"); el observando la relativa eficiencia de cada mano en rapidez, fuerza o precisin. Segn el tipo de cueslionario, los ndices de zurdera-destreza varan entre hombres y mujeres y entre zurdos y diestros (Birkett, 1977; Bryden, 1977). Para efectos de estudios de funcin hemisfrica. ha suscitado mucho inters el saber cul de estas medidas se asocia con la preferencia cerebral para el lenguaje. En realidad ninguna de ellas es buena predicrora de funcin he mis frica. La preferencia manual predice acertada, pero no perfectamente, la asimetria izquierda para lenguaje en hombres diestros, pero su 121 confiabilidad es menor en mujeres. en zurdos y en individuos con historia familiar de zurdera. Rara vez los zurdos son tan consistentes como los diestros en el empleo de la mano preferida (Senton, 1959), siendo la zurdera un continuum (al contrario de la preferencia por la mano derecha que tiende a ser general y absoluta). El no tener en (uenta la heterogeneidad de los zurdos, los antecedentes familiares de zurdera (tanto en diestros como en rurdos) y el .modo particular de respuesta a cuestionarios dictomos o mltiples, he llevado a un buen nmero de contradic- ciones espreas (Bryden. 1977). En cuanto a su prevalencia, a comienzos de siglo. tanto en los Estados Unidos como en Australia, el porcentaje de zurdos (sujetos que escriban con la izquierda) era de un 2 31170. ya que la zurdera se contrariaba sistemticamente pero hoy en da, eSle porcemaje se ha estabilizado alrededor de un 1I 13070 de la poblacin en dichos pases (Brackenridge, 1981; Levy. 1974). En paises subdesarrollados en los que la ~ u r d e r a se contrara. el porcentaje de gente que escribe con la izquierda es bajo (alrededor de un 4.50741 segun estimaciones globales de remisiones hospitalarias en Bogot, Colombia). B. DESARROLLO DE LA PREFERENCIA MANUAL Desde las primeras horas de vida, se manifiestan asimetrias motoras tales como una mayor frecuencia de movimientos de cabeza hacia la derecha y marcadas preferencias en el reflejo de la marcha con el pie derecho (Melekian, 1981; Turkewitz, 1977). A pesar de oscilaciones y variaciones normales durante el desarrollo, hacia los dos aBas, el 11OJo de los nios emplea preferencialmente la izquierda, lo cual concuerda con las estimaciones de zurdera en adultos; hacia esta epoca se establecen tambin daras preferencias en cuanto a frecuencia de gesticulaciones. fuerza, sincesias y ritmo con la mano derecha (Ingram, 1970). La mxima velocidad de lateralizacin manual, particulannente en lo que se refiere a movimientos distales finos coincide con el periodo de mximo desarrollo cognitivo. (1 sea, lo que va hasta los 5 aftas de edad. Sin embargo, la direccin de la lateralidad (el que sea zurdo o diestro) no se relaciona con la inteligencia o con el desarrollo de habilidades particulares (MiIler, 1982). Pero no es sino hasta los 7 ~ 8 anos cuando se establece una definida preferencia manual (un poco antes en las nias y bastante despues en grupos econmicos desfavorecidos, segn Wolff y col., 1976). Por otro lado, el hecho de mostrar preferencia. manual discordante de la preferencia ocular o de pierna no parece revestir significacin cHnica o patolgica, al menos en muestras de 4145 y 2321 sujetos normales respectivamente (Teng y cols., 1979; Annett. 1970), La relacin de estos signos con la organizacin cerebral es muy dudosa ya que debe tenerse en cuenta si hay antecedentes de zurdera familiar, la cual parece asociarse ms con la dominancia ocular que con la manual (Birkett, 1979)! Por otro lado la preferencia manual tiende a correlacionar ms con la del pie que con la ocular de dnde se concluye que la relacin de estos ndices con la funcin hemisfrica es, cuanto ms, muy tenue. 122 La posici6n de la mano al escribir (invertida o no segn la figura IV-9) asl como las asimetrlas musculares en certas expresiones facial es parecen relacionarse de modo incierto con la organizacin inter-hemisrrica. Los zurdos con posicin in venida al escribir muestran una superioridad de campos visuales que indica cierta asimetra verbal en favor del hemisferio izquierdo y, en esto, se asemejan a los diestros , aunque dicha asimetrla iZQuit!rda no es demoStrable en la modalidad auditi va (Beaumont y col. , 1981 ), ni en el dcsempc\o en tareas viso-espaciales (Bashore y cols. , 1982). Sin embargo, el modelo de Levy (1976) de posicin invertida-dominancia ipsilateral para lenguaje y posicin ordinaria-dominancia contraIatcral , no es generalizable a todos los sujetos (particularmente a los diestros) , ni a las mujeres, ni a todas las modalidade.s y no ha sido replicado de modo confiable (Galin y col., 1982; Volpe y cols., 1981 : McKeever y col.. 1980). Si bien la posicin manual para escribir definitivamente parece renejar algu.n tipo de relacin compleja con la organizacin hemisfrica, no basta por sl50la para avanzar inferencias acerca de las funciones complejas nter-hemisfricas (Volpe y cols. , 1981), Adems de las precauciones ya anotadas para las seri es dicticas y para las experiencias con taquistoscopla, debe tenerse en cuenla que la organizacin inter-hemi.sfttica depende de la edad, sexo, preferencia manual y anlecedentes ramiliares de zurdera, y que e.stos factores nler-actan con la posicin para escribir . FIGURA IV9: Posicin iO\'f;rtida al escribir en dintro. y lUIdo, . Igual cosa sucede con la reciente linea de investigacin sobre el significado de las asi melrlas en la expresin facial. Con fotograflas compuestas, elaboradas pegando d Oi lados izquierdos o derechos de un roslro, se ha enconlrado que la he mi-cara izquierda de varones diestros posee mayor grado de asimetria en la expresin emocional, panicularmente de ita o tristeza (Moscovitch y col. , 1982; Koff y cols .. 1981). Adems, Con el mi6mo proctdimiemo de fOlografas compuestas se observa que los lesionados derechos (pero no los izquierdos) mueslran una reduccin en $U asi mettla facial. Sabiendo que ta inervacin facial inferior es contfalateral, calx: concluir de lo anl erior que la impl icacin del hemisferio derecho en ciertas expresiones Caciales es prevalente. Pero como sucede con la posicin manual para escribir, las asimetrlas faciales dependen de muchos factores y se dan a lo largo de un contlnuum cuya graduacin es muy variable segn el sexo, los de zurdera en la familia )' la emocin expresada. Por ejemplo. las emociones negativas se expresan con mayor intensidad en la hemi-cara izquierda en los diestros, pero no en los zurdos quienes no muestran asimetras al respecto (Heller y col., 1981). Asimismo, Alford y colo, (l981) sugjeren que los varones son ms asimtricos racialmente que las mujeres, hallazgo que est por confirmarse con estudios subsiguientes. Una vez mas , se repite que, para hacer inferencias acerca de la organizaci6n hemisfrica, es necesario eSluwar el conjunlo de coodiciones bajo las cuaJes, en un momento dado, diversos sujetos tienden a emitir un patrn consistente y significativo de respuestas. No es un s610 signo el que puede dar la clave de las asimetrfas hemi.sftricas sino loda una consrelacin de comportamientos. C. NATURALEZA DELA PREFERENCIA MANUAL En un bueo porceOlaje de casos, la zurdera "se da" en familias. Existen dos modelos elaborados sobre complejas premisas gent ucas los cuales, a pesar de ciertas contradicciones, dan cuenta del modo de transmisin de la preferencia manual eD diestros y zurdos (Annett , 1978; Levy, 1972). origen de la manualidad y las asimet ras hemisfri cas de los zurdos normales sin historia familiar de zurdera no se ha dil ucidado lodavla. Se dice que algunos de ellos serian producto aleatorio de apareamientos y que el resto seria ocasionado por traumatismos tempranos en el hemisferio izquierdo, con el resullado de una prevalencia malora (y ocasionalmente fingslica) del hemisferio derecho. 1. Zurdera palolglcll AJ lesionarse el hemisferio izquierdo, el derecho puede desarrollar capacidades Iingfs ticas y motoras que, normalmente, son inhibidas ms o menos defi nitivamen- te por el hemisferio izquierdo en la infancia (Moscovitch, 1976). La zurdera parece ser dos veces ms frecuente entre retardos mentales, mellizos. anoxias necnalales y lesiones cerebrales tempranas que entre nonnales (Salz, 1973). Sin embargo, para un estudio matemlico que desdice la mayor incidencia de zurdera en meUi zos, ver McManus (1980) . Pero. cul es la naturaleza de la zurdera en personas de inteligencia normal y si n antecedentes neurolgicos o de zurdera familiar ? Hay quien sostiene que la zurdera no familiar sera una mJni ma manifestacin de dafto 124 cerebral en t;1 hemisferio izquierdo (Bakli:an. 1977) o en ambos hemisferios (Satz y cols., 1979). Estos autores citan estadisticas de correlacin entre porcentajes de zurdos y frecuencia de " riesgo perinalal" como ser el primero, cuano o quinto par- to (que ofrecen mayor riesgo obsttrico) o haber presentado pan os muy conos o muy 1arsos. Dichas estadfs ticas no siempre se han replicado. De dos muestras rcs- pectivas de 263 I Y 237 sujetos normales no se obtuvieron ci fras diferenciales de stress neonatal entre zurdos y diestros (Leiber y col. , 1981; Annett, 1980; Hicks y cols . 1979). Finalmente, atgunos estudios sugieren que el riesgo perinatal aumenta la probabilidad de zurdera en varones solamente (Levitoo y col., 1976). Por tanto, la hiptesis de riesgo perinalal como explicacio de la zurdera en todos los no-diestros es cuanto ms dudosa. Es evidente Que cieno porcentaje de zurdos puede o b e d ~ e r a un dano tempnno, pero esto no es en niogun caso generalizable a todos los zur- dos. En aquellos sujetos de inteligencia normal con dano cerebral temprano en el hemisferio izquierdo se ha tratado de demostrar que el coeficiente intelectual verbal se lograrla a expensas de un coeficiente de ejecucin disminuido, incluso en zurdos muy inteligentes (Lev)', 1974). Esto corresponde al modelo de competencia n ter-hemisfrica segn el cual, si un hemisferio se sobrecarga con dos tipos de ta- reas, el rendimiento global decrece. En este caso, el HD se sobrecargarla al asumir funciones ngsticas adems de las que le son propias. Pero existen numerosos estudios y revisiones que desdicen esta observacin en el sentido de que los pesos de los coeficientes verbal y de ejecucin. asl como el coeficiente general no difieren en zurdos y' diestros (Bradshaw, 1980; Beaumont y col., 1975; Newcombe y col., 1973). Tal vez estas contradicciones provengan en parte de la disparidad de tareas que utilizan los diversos investigadores y de que, en muchos casos, no se toma en cuenla, el sexo ni la variabilidad e inestabilidad de los zurdos en retests de tareas percepluales o motoras (Hines y cols . 1980). D. DIFERENCIASINTER-HEMISFERICAS SEGUN LA HISTORIA FAMILIAR DE ZURDERA Y EL SEXO El que un individuo lenga o no anlecedentes famili ares de zurdera define implicaciones en cuanto a su organiz.acin nter- hemisfrica segun su propia preferencia manual y su sexo. El modeJo ms directo y sencillo suJX)ne Que la presencia de historia familiar de zurdera (Hf'''') disminui ra el grado de preferencia izquierda para e/lenguaje tanto en diestros como en zurdos. Segn esto. la mayor asimetra para el lenguaje en favor del hemisferio izquierdo se darla en los diestros sin historia familiar de z.urdera (HF - ) y la menor asimetra imer-bcmisfrica se darla en los zurdos con historia familiar positiva de zurdera (HF +). Los zurdos sio historia familiar y los diestros con historia familiar se asemejarlan en su organizacin inter+hemisfrica (Kraft, 1981 ; Piazza, 1980; Bradshaw y col., 1978). Sio embargo, este modelo es incompleto ya Que no considera ni el sexo, ni la heterogeneidad dc los zurdos, ni la variabilidad eo las iotercorrelaciones enlre las diversas modaJidades examinadas. Bn numerosos estudios con taquistoscopia. Se demuestra que los zurdos con HF+ revelan un patr6n asimelrico. similar en grado 'Y direccin al de los varones dl el:trol 125 sin HF. El sencillo modelo expuesto antes, parece no ser vlido sino para los varones diestros, de los cuales, aquellos Que no tienen historia familiar son ms asimtricos que los que tienen historia positiva (McKeever y col., 1982; Shmizu 1981; Nilsson y cals,. 1980; Lake y col., 1976; McGlone, 1977; McGlone y co1., 1973). Despus de terapia electroconvulsiva izquierda, los individuos ms afectados en su memoria verbal son justamente los lurdos con HF+, o sea, aquellos cuya dominancia hemisfrica para lenguaje supuestamente se halla en el HI (Warrington y col., 1973). La hiptesis que emerge de estos datos (sin considerar el sexo) es pues, la de que la asimetrla verbal en favor del HI sera un rasgo ms acentuado y ms probable en los zurdos con HF+ La relativa simetra atpica de los zurdos sin historia familiar se debera a que, entre stos, cabe encontrar cierto nmero de "zurdos patolgicos", suposicin sta ms coherente puesto que en los zurdos con HF+, tanto la zurdera -.:omo la dominancia izquierda para lenguaje, serian rasgos gentiCOS asociados. Sin embargo, al controlar la variable de sexo, el cuadro que se observa es mAs complejo, [nicialmente se propuso que las mujeres en general serian menos asimtricas que los hombres, Aunque no es desventajoso en s ser ms simtrico (o ser mujer), los estudios iniciales mostraban una tendencia de las mujeres a obtener menores puntajes en tareas viso-espaciales y en coeficiente intelectual de ejecucin (Levy. 1974), hallazgos stos que no han sido replicados con estadsticas extensas las cuales muestran iguales pumajes en ambos sexos (MarshaU, 1973; Newcombe y col" 1973), Sin embargo, en pruebas perceptuales especificas, evidentemente existen diferencias en los patrones de asimetra de respuestas de los varones y de las mujeres. Estas, en efecto, no muestran diferencias tan significativas en favor del hemicampo visuaJ izquierdo como las que muestran los hombres ante tareas de discriminacin, memoria o reconocimiento de caras O expresiones faciales (Alford y col.. 1981; Young'J col.. 1981; McKeever 'J coL, 198\; Ladavas y cols., 1980). Lo mismo sucede con las formas geomtricas (Kimura y col., 1967); asmismo la superioridad del campo visual derecho ante letras es menos pronunciada en mujeres (Bradshaw y cols., 1977), La terapia electroconvulsiva izquierda conlleva mayor prdida de memoria verbal en hombres que en mujeres (Warrington y col., 1973) Y la ventaja de la mano izquierda para identificar la direccin de la estimulacin aplicada en la palma de la mano es significativa slo en los varones (Varney y col., 1975). Adems, los hombres parecen ser sensibles a la interferencia verbal sobre la ejecucin rtmica digital simultAnea con ciertas verbalizaciones (Botkin y col.. 1977). La significacin de lo anterior no es totalmente clara ya que no puede deducirse directamente que las diferencias observadas correspondan a reales asimetras lingsticas en los hemisferios; las hiptesis propuestas al respecto, como las de los zurdos. son a posteriori, Por otro lado. la mayor simema de las mujeres no seria un fenmeno general ya que, en ciertos casos y para determinadas tareas y modalida- des, las mujeres parecen ms asimtricas que los hombres, Por otro lado pueden rea- zar decisiones lxicas complejas con el hemisferio derecho (Bradshaw y col., 1978) lo que indicarla un HD ms cargado de factor verbal en las mujeres que en los hombres, 126 Ahora bien, al subdividir los grupos en varones 'i mujeres, diestros y zurll OS COtl )' sin HF de zurdera. el cuadro observado es bastante confuso. Si bien los resultados son consistentes para los varones diestros (con y sin HF), no lo son para zurdos ni para mujeres. Por ejemplo. s610 los hombres con HF-muestran una superioridad de evo para discriminar caras (Hannay. 1976). Para estas tareas de denominacin. los hombres sin Hf SOI1 superiores a IQS hombres con HF ten el campo visual de.recho, pero en las mujeres esta relacin se invierte! O sea, las mujeres con HF+ son superiores a las mujeres sin HF para discriminaciones verbales. Como si fuera poco. no se hallaron diferencias por sexo en una tarea amUoga de discriminacin semamica (McKeever y coJ. , 1982). La supuesla tendencia a la simetra en mujeres, clJnicamente. se basa en la menor frecuencia de afasia en stas (tras lesiones izquierdas) y la ma)'or incidencia de dificultades en tareas constructivas en afsicas, probablemente porque las. mujeres tienden a resolver ms problemas recurriendo a estrategias verbales (Birk.,ett. 1981; Me GJone, 1977). Sin embargo, ITas lesiones izquierdas, Jos varones denotan una ca!da su coeficiente verbal y tras lesiones derechas, una merma en su coeficiente de ejecucin, mient ras Que, tras lesiones izquierdas, las mujeres revelan una calda tanlo en eJ coeficiente verbal como en el de ejecucin, y tras lesiones derechas, una merma mucho menor que la de los varones en ambas tareas (lnglis y cols., 1982). O sea. que las mujeres pueden ser muy asimtricas en su funcin hemisfrica pero el grado y direccin de la asimetrla serf.a diferente de los varones. Esto se confirma con el hallazgo de Hcaen y col. , (1981) en el sentido de Que la HF- de zurdera en los hombres se asocia con menores ndices de afasia tras lesiones izquierdas. y en las mujeres con mayores ndices de afasia. De este disparatado mosaico, caben algunas conclusiones tentativas. La primera es que, mientras no se repliquen los estudios con los mismos controles de tipo de zwdera, sexo y tipo de material e instrucciones, difcilmente podr llegarse a un consenso sobre cuales son realmente las condiciones experimentaJes ante las que se observan diferencias consiSlentes en grupas homogneos de sujetos. Otra cosa es Que, una vez determinados los patrones de asimetras, llegue a cual es su signi ficado real. Por ejemplo, es obvio Que existen diferencias en la merma rellpecliva de coeficientes verbal y de ejecucin entre hombres y mujeres. Sin embargo, es sabido que las sub-escalas complejas de inteligencia dO son medidas hpuras" (solamente verbales o solamente viso-espaciales) y Que no corresponden a ninguna funcin uni-hcmisfrica. Sin embargo, no deja de sorprender el hecho de una disociacin bastante clara en muestras extensas de sujetos en estas dos tareas ante dos lesiones diferentes y que las dj ferencias tengan distintos grados y direcciones en hombres y en mujeres. Tal vez realizando UD tipo de anlisis rnultifac,torial con tareas ms especificas para determinada funcin hemisfrica y con grupos homogneos de sujetos se Uegara a desentrai'lar parle de la red de factores ajenos a las diferencias mer-hemisfricas Que contribuyen a la varianza y a la variabilidad en estos estudios. 127 Uno de tales puede ser la dependencia o independencia de campo sensorial, la cual marca la tendencia individual a recurrir a referentes externos o inlernos para solucionar ciertas tareas. Usualmente los hombres muestran mayor independencia de campo que las mujeres. Al estudiar el reconocimiento de letras y de caras, agrupando a los sujetos scgn su sexo y su estilo cognitivo (dcpendientes e independientes), Pizzamiglio y col., (1981) obsNvaron que los sujet os independientes (hombres y mujeres) emitian ms respuestas asimtricas que los dependientes de ambos sexos. Sin embargo, como entre los independientes habia ms hombres que mujeres, parte de la varianza atribuida en estudios previos a diferencias inler-hemisfericas est dada por el estilo cognitivo en la presente iuvestigadn. E COMENTARIO GENERAL Para desentraTlar las fundones de cada hemisferio, debe recurtirse a elaboradas tecnicas psicofisicas. El hemisferio iz.q uierdo procesa mejor Que el derecho datos de origen semmico y probablememe de alta resolucin temporal en la modalidad auditiva. Sin embargo, el grado de asimenla en las respuestas no necesariamente relleja de modo una asimetda hemisrrica ya que pueden intervenir multiples factores ajenos a ella. Adems, la asi melTia hemisfrica parece variar de mudo complejo y de momeijlo mal definido, con la activacin selectiva umhemls{rica, con el sexo. la historia familiar de zurdera, el tipo del.urdera y con el estilo cognitivo -indi vidual. Estos factores interactan Y. aunque no determinan cambios en la direccin de s innuyen en el grado de stas. En los hombres zurdos es probable que la HF+de zurdera se asocie con una mayor diferenciacin hemisfrica (si milar a la de los diesuos); en cambio en los hombres diestros , la HF'+de zurdt,ra se ha asociado con patrones menos asimtricos que los de hombres diestros sin HF- No se conoce la explicacin de esta hiptesis tentativa. En las mujeres, la HF+de zurdera se relaciona con desempenos indicativos de una mayor difusin nler-hemisfrica para lenguaje asi como con patrones diferenciales de asimetrla. las mujeres diestras por su parte, parecen poseer menores asimetras para lenguaje mayor factor semntico en el hemjsferio deretho. fjnalmente, los datos referentes a zurdos pueden eSlar contaminados en la mayor!a de los casos puesto que estos individuos son ahamente variables en sus re$puestas (Hines y cols .. 1980). la signifkacin funcional de lo anterior ha sido controvertida. Por ejemplo, las menores asimetrias de los zurdos sc interprci.a n de modos opuestos y I.'onlradictorios: o bien indicaran en hombres zurdos una desvcmaja de factor viso-espacial y no verbal porque el lenguaje compite con las rundones propias del hemisferio derecho (lo que concuerda con el modelo de Levy) o bien indicarlan una mayor eficieucia verbal porque Jos hemisferios no "compiten" ; por OIro lado. en las mujeres el mismo patrn de re.lpueslas se interpreta como una mayor dj fusin de operaciones montadas sobre el cdigo verbal en ambos hemisferios a expensas de las 128 habilidades visoespaciales del HO y de las verbales en el Hl pero estO no parece suStenla m: experimental mente. Existen pues diferencias en la organizacin ;nterhemis frica de los hombres y de mujeres. de diversos tipos de zurdos y de sujetos con y sin HF de zurdera. Existen diferencias entre los hemisferios, algunas de las cuales parecen basarse en la organizacin hemisfrica en 51 , y otras en el grado de activacin selectivo de cada herrtisferio. En general. el hemisferio izquierdo trata mejor (pero no tiene la prerrogativa exclusiva) cdigos y caracterlsticas definibles verbalmente. El dere<:ho opera mejor sobre caracteristicas perceptuales Que no se definen fcil mentc, si no que se "intuyen", como la msica o ciertas formas no verbales, pe. ro tambin muestra cierta capacidad verbal concreta. Caso de que por aprendizaje, se adscriba un cdigo a ciert o tipo de situacin, entonces predomina el hemisferio especial izado en dicho cdigo. 129 CONSECUENCIAS GENERALES DE LESIONES CEREBRALES Nlrine: Dans I4n si grand revers, q u ~ vous res/e-HI? Medea: Moi.Moi, disje, el e'esl ossez. Corneille. Medea, l. 5. NIr"e: En (01 desgracia, que os res/a? Medea: Yo. Yo repito, yeso bosta. En este capitulo se estudiarn las consecuencias comportamenlaJes de lesiones enceflicas. El inters central se alejar de la leorla en si para focali zarse en el individuo con lesin cerebral . Es obvio el cambio en el nivel metodolgico respeclo del capitulo anterior. La mayora de los datos del presente capitulo se basan en estudios clnicos, producto de "experimentos de la naturaleza" , o sea, de enfermedades .. Adems de ocasionar un dficit primario ms o menos especifico y severo segun los sistemas que afecte (parlisis, escotomas visuales , etc.), cualquier lesin cerebral puede ocasionar traslOrnos generales del comport amiento, cogni cin y emocin Que no son adscribi bJes al sitio en si del dai\o. Entre los factores agravantes ms importantes se consideran: 1) el tipo de la lesin; 2) la agudeza de la lesin; 3) el sitio y tamano de la lesin; 4) la edad del paciente; 5) la capacidad intelectual previa. III CONCEPTOS GENERALES DE PATO LOG lA Esta introduccin se dirige al lector poco familiarizado con algunos trminos y principios que se trajinan frecuentemente en todo estudio sobre dinmica cerebral y no son gua patolgica. El tej ido cerebral consta de: neuronas, oligodendrocitos, astroci tos y microglia. Las neuronas tienen una capacidad de reproduccin nula, por lo cual no se regeneran al morir. El tejido glial, cuyas funciones estan mal delimitadas en el momento, se reproduce y consta de clulas de sostn y nutricin con probables e importantes propiedades conductivas. Tras una lesin infecciosa, hemorragica o traumtica, el tejido cerebral produce una reaccin inflamatoria con proliferacin de clulas gliales y de elementos sanguineos que colaboran en la reabsorcin de la noxa. Posteriormente se forma una cicatriz que consta bsicamente de gUa. La proliferaci TI glial hien podda contrib uir a desencadenar las epilepsias post-traumticas y post-Quirrgicas. No siempre una lesin conlleva muerte celular. Despus de sufrir un proceso de hinchamiento con retraccin del axn, las neuronas pueden volver a su estado normal, aunque no necesariamente crecen en la direccin original. A, EL TIPO DE LESION Las lesiones cerebrales pueden ser difusas (encefalopatias por virus), localizadas (procesos tumorales), diseminadas (focos bacteriales o procesos metastsicos) o sistmicas (ciertos procesos degenerativos que afectan selectivamen- te algunas vas). Mdicamente, importan ambos aspectos: establecer la etiologa y la localizacin del dao. Las principales causas. de enfermedades cerebrales son grosso- modo: l. Tumores Consisten en la proliferacin anormaJ de elementos celulares de un rgano (Es- couroll e y Poirier, 197 I). Pueden provenir de: a) clulas normalmente presentes dentro de la bveda craneana como astrocitos, oligodendroctos. etc. Se dice de ellos que son tumores primarios (menos malignos); b) elementos tisulares como meninges. microg!ia y otros; c) clulas ajenas al cerebro llevadas a ste por va sangulnea (metstasis). Estos son tumo(es secundarios, ms malignos. Las propiedades celulares de los tumores los hacen benignos o malignos. Independientemente de la clasificacin citolgica (basada en el tipo de mitosis celular y en la reaccin necrtica y hemorrgica), la "malignidad" de un tumor depende de su localizacin. Una masa benigna en tallo cerebral, de hecho es falal puesto que es inoperable y con poco Que crezca afectar estructuras vitales. Por su crecimiento lento y menor reaccin hemorrgica, los tumores benignos conllevan sntomas neurolgicos y comportamentales menos severos. Es ms frecuente que los tumores benignos sin smtomatologia neurolgka motora o sensorial clara, se diagnostiquen en un comienzo como trastornos psiquitricos. Aunque no existen pautas fijas para un diagnstico diferencial, el clnico (psiclogo o mdico) debe tener en mente siempre varios parmetros gua tales como la historia pre-mrbida social, em oci anal y labor al del paciente, su edad, los antecedentes familiares y psiquitricos, asl como el tipo y curso de las alteraciones comportamentaJes que est desarrollando. Caso de duda, se remite el paciente al neurlogo. 2. Pal%gfa vascular Son los llamados accidentes cerebro-vasculares (ACV) que se deben fundamentalmente a: a) efusin de sangre (aneurismas y malrormaclones vasculares y hemorragias); b) carencia de sangre (trombosis o embolias cerebrales). Un aneurisma es un abultamiento en el volumen de un recodo o de una bifurcacin arterial. Por la presin sangunea, el abultamiento aumenta y las paredes del ensanchamiento se debilitan hasta que se presenta un sangrado ms o menos profuso segn la importancia de la arteria. Los aneusismas parecen ser congnitos y pueden ser mltiples. Cuando son muy voluminosos llegan a comportarse como una masa tumoral, desplazando estructuras vecinas y aumentando la presin endocraneana. Las malformaciones se presentan como una extraordinaria bifurcacin de vasos extremadamente tortuosos. Los sangrados se presentan como una hemorragia externa o interna. En este ltimo caso, son posibles los: a) hematomas extradurales (entre el hueso y las meninges) compuestos por sangre. que ocas ionan compresin del tej ido nervioso su byacente; b) hematomas subdurales (entre la duramadre y la aracnoides), que producen un exudado compuesto por sangre y liquido cefalorraqudeo,. menos denso Que el anterior y que a veces se infiltra hacia el tejido nervioso subyacente; c) hematomas Intracerebrsles que causan una mayor destruccin neuronal as como mayor edema y reaccin glial de cicatrizacin por la necrosis. De especial importancia para las alteraciones comportamemaJes es la clasificacin de los he;natomas segn la rapidez de evolucin. Los que desarrollan sntomas entre las 24 horas y los 6 das subsiguientes a la lesin son aKudos Y dan manifestaciones neurolgicas obvias. De lo contrario son sub-agudos (desarrollo de sntomas entre la primera semana y el primer mes) o crnicos (sintomas a partir del primer mes). Tal como con los tumores benignos, sucede con demasiada frecuencia que los hematomas crnicos se diagnostiquen como enfermedades psiquitricas y acudan a tratamiento o evaluacin psicolgica con sospecha de desorden emocional. El segundo lipa de patologla vascular prod\.:ce daf'o tisular por inadecuada suplencia de sangre (isquemia). Puede obedecer a obstruccin de una arteria por un trombo, a.aumento en la resistencia vascular debida a estrechamiento de las paredes de los vasos, o a insuficiente bombeo por parte del corazn (como en infartos 133 cardiacos severos). La severidad de las lesiones ocasionadas por oc-Iusin arterial dependen de la extensin y de las ramificaciones de los sistemas de circulacin colateral. La circulacin colateral de suplencia a nivel de cspiJares y vasos peque'los es menor en jvenes y aumenta con la edad. 3. Traumatismos Un traumatismo se manifiesta a lo largo de las Uneas de falla del crneo as como en la parte opuesta at vector de fuerzas formado por el golpe y por la posicin de la cabeza en el momento del impacto, Este es el efecto de rebolt debido al contragolpe de la masa enceflica al chocat mas o menos violentamente conlra el hueso, Esta combinacin de fuerzas conlleva consecuencias imponantes segn la fuerza y el sitio del contragolpe. Por ejemplo. el choque contra las aristas del hueso temporal es ms grave que contra una superficie lisa como la del hueso occipital superior. Segn el edema y el grado de compromiso de estructuras de la lnea media (tlamo o cerebelo y tallo) habra mayores o menores consecuencias. Una de las causas ms frecuentes de lesin cerebral es el traumatismo crAneo-encefalico cerrado (,pico en accidentes de automvil o motocicleta). Despus de un traumatismo cerrado puede sobrevenir un periodo mas o menos prolongado de coma que correlaciona con la duracin de la amnesia post-traumtica (perfodo de onfusin y de defectuoso registro continuo de memorias despus del accidente y COI) el dlicil intelectual posterior. Las secuelas mas importantes del traumatismo craneo-encefali'co son defectos ms o menos permanentes de memotia. deterioro intelectual general de mayor cuantfa Que el de los heridos por arma penetrante (Benton. 1979; Weinstein y col. , 1957). enlentecimiento general y defectos de integracin viso-perceptuaJ tales como discriminar defectuosamente caras y figuras sobre fondos (Levin y col.. 1977). Tambin se observan importantes cambios de personalidad Que ameritan seguimiento psiquialrico (ver ms adelante). 4. Reacciones infecciosas e inflamalorw Pueden involucrar meninges. espacios ventri'culares o tejido cerebral en si y se presentan en uno solo o en mltiples sitios, Si el agente es un virus, sobreviene una reaccin inflamatoria ms o menos severa. con edema y en ocasiones con proliferacin glial y destruccin neuronal extensa. Cualquier lesin del tejido nervioso ocasiona desmieHnizacin de las ylas circunvecinas. En ciertos casos la mietina se desdobla y se reabsorbe con los productos de deshecho. A veces no se metaboliza y se deposita en placas. con lo cual aumenta el daDo neuronal. S. Procesas degtmerativos Cualquiera de los procesos mencionados anteriormente es susceptible de causar muerte neuronal exlensa. Que resulta en atronll rtbrlll. o sea degeneracin y disminucin de la masa enceflica. Existen enfermedades en las la atrofia es 134 primaria y cuya principal mani festacin es la prdida de sustancia gris. Enl re ellas se cuentan las conocidas demencias pre-seniles del lipo Alzheimer, Una de las causas ms frecuentes de atrofia se debe a la obstruccin de la circulacin del lit.uido ceralorraquideo; al acumularse en los ventriculos y piejos coroides, stos aumentan de tamano, lo que incrementa I.a presin endocraneana, comprime el encfalo y origina atrofia del tejido (por comprensin contra las meninges). 6. A"Oxia e hipoxla Estos dos trminos se refieren a la disminucin de oxigeno a un tejido, En la ano xia, la 'disminucin desciende por debajo de los niveles tolerables para las clulas , Se considera que stas no sufren dalia irreversi ble si la anoxia no sobrepasa cinco minutos (los recien nacidos toleran hasta ocho minutos de anoxia). la anoxia es el resultado del paro respiratorio o de la imposibilidad para respirar, como en la inmersin, o de la obstruccin de las vtas areas (asfixia). la hipoxia tiene como causas primordiales la disminucin en el aporte de oxfgeno dentro de limiles lolerables, bien sea por disminucin de los elementos transponadores del mismo o por disntinucin del volumen sangulneo (hemorragia, anemia, inrarto) o como consecuencia de respirar aire enrarecido o pobre en O 2 7. Edema Por edema se entiende la impregnacin del tejido de agua, lo que desencadena un aumento en el volumen de las estructuras con una serie de consecuencias que perturban la circulacin arterial y venosa, que al mismo tiempo obstaculizan o impiden el oormal funcionamiento celular . El edema puede deberse a la ingurgitacin de las'clulas o del espacio Puede desencadenarse como consecuencia de casi todos 105 procesos patolgicos que afectan el sistema nervioso. Es la constante cuando hay anoxia, innamacin, infeccin o destruCcin y es la causa ms prevalente de alleraciones en la funcin nerviosa. El aumento de volumen producido por eJ edema puede ocasionar un crecimiento desmesurado de la masa enctfAlica, lo que la obliga a buscar salida por Uneas de menor resistencia (hernias) con posible compresin de tallo. En definitiva, la mayora de las lesiones intracraeanas producen edema y es ste el que lleva al paciente a la muerte o al dan.o cerebral irreversible. B. AGUDEZA DE LA LESION Por agudeza de la lesin se enti ende la rapidez de su iniciacin y su malignidad. la implantacin lenta produce sntomas menos severos que la iniciacin abrupta. En parte por esto, las lesiones lentas se manifiestan en primera instancia en alteraciones en el comportamiento y no eu signos neurolgicos , Las consecuencias de lesiones subitas y masivas como los ACV o uaumatismos son de mayor severidad en los dias o semanas subsiguientes a su iniciacin, y los signos neurolgicos son obvios en tales casos. Dax en 1836 (cita Finger, 1978), )'8 habla anotado que lesiones leves o de crecimiento lema podan no conllevar slntomas usualmente asociados a lesiones hemisfricas, lo que fue corroborado por lacleson (1870) . A goal focalizacin, en cuanto ms gradual y lemo sea el proceso patol6gico, menos severos sern los st ntomas y signos. Los comportamientos ms susceptibles de desorganizarse, segn Jackson. serian los de mas recjeme adquisicin y cuya ejecucin requiere de operaciones ms integrativas. En cambio tenderlan a conservarse conductas mAs automatizadas y de adquisicin remota. Aunque no constituye una ley general, esra proposicin tiene validez en cli nica. El inicio de una lesin subila se acampana por un bloqueo ms o menos severo de Jas funciones enceflicas, fenmeno acunada por Van Manakaw (1914) bajo el rtulo de diasqulsls. Se refiere al efecto de una lesin sobre las partes sanas no afectadas del cerebro. se ha relacionado con el conocido shock espinal (Teuber, 1975), para el cual tampOCo se dispone de una buena explicacin. Parece que el substrato comn es una desorganizacin trans-neuronal (cambios probablemente bioqumicos de las neuronas no afectadas directamente por la lesin) . Clinicamente, se sabe que en cuanto ms sbito y violento el agente nocivo, mayor el bloqueo inicial del tejido sano nervioso. Los efectos de la diasquisis (a nivel central) serian an!\logos a los del shock espinal. pero probablemente su duracin sera mucho ms larga lo cual daria cuenta de las " recuperaciones" de funcin meses)' hasta aftos despues de una lesin. Los experimenros, en una gran mayorfa, apoyan la nocin de que las lesiones lentas o en etapas, producen menos signos oeurolgicos y mayor probabilidad de recuperacin que las masivas y sbitas (Fnger, 1918). Los efectos de una lesin masiva son ms severos Que la suma de los efectos de lesiones pequei\as consecutivas . Adametz (1959) demostr Que, si se extirpan regiones de formacin reticulada en sucesivas etapas, las consecuencias sobre el estado de vigilia son mucho menos deletreas Que si se realiza la misma lesin en una sola etl.\p8, caso en el cual sobreviene un coma severo e irreversible. La recuperacin depende de factores como: a) la duracin del i",e(valo entre las lesiones; b) la masa exlirpada en cada lesin; e) eJ orden y la localizacin de las lesiones. La mayorla de los experimentos clsicos extirpan bilateralmente reas homlogas, pero tos erectos son diferentes si se extirpan bilateralmente reas no homlogas y en la segunda o tercera etapa se completan las lesiones de modo Que la abladn result e igual en ambos lados; d) el entrenamiento entre cada lesin; e) edad en el momento de cada ciruga; f) sexo. En animales ste es un factor de suma importancia ya que los dficits y e! patrn de ret:uperaci6n varlan considerablemente segn el sexo. En humanos hay indicios de Que, por presentarse sutiles diferencias hemisfric.as en la organj1.acin del lenguaje, (y muy importantes direrencias neuro-endocrinas), los efectos de cienas lesiones difieren ligeramente entre hombres y mujeres. Riese (1948), basndose en su propia casustica y en la de Van Monakow (1914) compar lesiones de diferente etiologa que invadlan regiones similares (principalmente pie de F 3 ). Encontr una correlacin significativa entre la 136 presencia de afasia y la rapidez de expansin del tumo,. Escribia: " las lesiono sbitas, al menos las de mayor agudeu. tienen mayor probabilidad de producir afasia, aunque en los casos que no se complican, esta puede ser transitoria. En lesiones de menor agudeza, el habla puede preservarse bien sea durante toda la enfermedad o al menos duranle largo No obstante ser el anterior un fenmeno muy co.nocido. no pocos mdicos y psiclogos se sorprenden ante un es tado mental muy preservado en ancia nos con evidencias paracllnl cas (determinadas Po[ mtodos neuro-radiolgicos o electroencefalogrfieos) de severa atrofia cerebraL Anecd6ticamenle, de 514 aduhos con todo tipo de lesiones vistos por la autora, el sujeto con mayor coeficiente ime1eclUaJ es on delincuente de 60 ailos con moderada altofia cerebral y un e.! . de 140. C. EDAD Kennard. / 938. "Si Ud. puede programarlo. en cuanfO afiles (enga su lesin cerebral, Este principio se ha generalizado lal vez demasiado sin cuali ficaciones subsiguientes. Kennard (1938) fue la primera en sustentar experimcmalment e que el organismo se recupera mej'or cuanto ms joven es. Extirp diversas reas primarias corticales de gatos y monos. Las excisiones en neonatos conllevaban dfi cits neurol6gicos mlnimos de menor severidad que en te la reaccin inflamatoria ante heridas penerranfes es menor que la del adulto, puesto que seccionan menos colaterales axnicos y dendrticos. Sin embargo, se desconoce la respuesta inmunol6gica y bioqumica del sistema inmaduro ante una noxa. Adems, la escasa arborizacin del cerebro inmaduro es un factor determinante en la aparicin de ciertos dfici ts ante un dano neurol6gico: si bien la probabilidad de rearborizacin es mayor tras una seccin, la regeneracin axnica y dendrItica no necesariamente se hace en la direccin correcta (Schneider 1979) ya Que. en et organismo neonato, los periodos criticos hormonales de orientacin celular pueden haber cesado. En los sistemas motores. por ejemplo, una regeneracin axonal incorrecta ocasionarla torpeza o anomalias de movimienlos; )' en los sistemas sensorios originara reas perifricas de disminucin de la ag,udeza sensorial; algunas veces se encuentran reas de hiperestesia en ni nos con traumatismos hemisfericos muy tempranos, probablemeote por crecimiento axonal aumentado bacia zonas no programadas para recibir dichas proyecciones, El cerebro inmaduro indudablemente muestra mayor potencialidad de zadn cerebral la cual no necesariamente es ms adaptativa por lo mencio nado arriba. las consecuencias de lesiones cerebrales en nmos y adullos son diferentes tanto en sus manifestaciones como en ei perodo en el cual se manifiestan. En l adulto, los efectos son inmedialos y ms o menos predecibles en su evoluci6n, Ene! niflo pueden no ser inmediatos y, en general. son ms " difusos" y ms di Ociles 137 de relacionar con un dao especfico. Se manifiestan en dficits atencionales, cognitivos y motores ms generalizados que en el aduho. Experimentalmente, Goldman (1976) encuentra Que los efectos de ablaciones frontales y caudadas en monos jvenes pueden aparecer meses o aftas despus de la lesin. Esto se deberla a que los sistemas lesionados no serian funcionales en el momento mismo del dai\o, pero al madurar y "enlazarse" (volverse funcionales), aparecen los dficits comportamentales. Si los sistemas se hallan enlazados en el momento de la lesin, las consecuencias son inmediatas, como en el adulto. Adems, Goldman (1976) encontr marcadas diferencias en la respuesta de machos y hembras mmaduros ante una lesin frontaL Finalmente. la suposicin de que el cerebro inmaduro es ms resistente a los traumas debe cualificarse. Es posible que la respuesta cortical a heridas traumticas, infecciones e hipoxia se manifieste en menores dficits especficos sensorio-motores (Schneider, 1979) aunque, como ya se dijo, sus consecuencias pueden ser ms generales y difusas y seran de orden aleudonal, emocional y cognitivo. Por otro lado, el cerebro inmaduro es mucho ms susceptible que el adulto a ciertos agentes patgenos como las deficiencias nutridonales, hormonales y hasta ambientales (Brazier, 1975). Woods y col., (1978) proponen un principio ms general que el de Kennard: "el cerebro inmaduro tiene mayor probabilidad de reorganizacin". Finalmente, si bien el cerebro inmaduro muestra mayor reorganizacin neuronal, sta no necesariamente se hace en la direccin correcta ya que los perodos crticos pueden haber pasado. El principio de recuperacin en cerebros jvenes vara segn los ndices diferenciales de miellnilacin y desarrollo neuronal en diferentes regiones. La recuperacin de comportamientos por sistemas. talmC'o- corticales. se extiende hasta bien entrada la edad adulta, cosa que hasta hace poco se ignoraba. En un estudio, practicado con veteranos de guerra, se mostr que si la herida se habla infligido entre los 17 y los 19 aos de edad, la recuperacin visual, motoru y sensitiva era, en promedio, de un 50070 sobre el dficit inidal, mientras que si se habia recibido despus de los 25 aos, prcticamente no se observaba mejora (Teuber, 1975). Por otro lado, ltimamente se han demostrado efectos de deterioro en memoria y capacidad de aprendizaje dos y tres aos despus de lesiones cerebrales en jvenes (Lezak, 1975), En el momento se carece de una explicacin para la plasticidad del cerebro joven ante lesiones hemisfricas. De llegar a comprender bien los mecanismos subyacentes a recuperaciones tardas (posteriores a la puberLad), se dispondria de alguna pista sobre la manera de controlar procesos de reorganizacin tras una perdida inicial. Existen varias hiptesis para explicar la "recuperacin" de a) la funcin vicaria, que se refiere a que sistemas secundarios redundantes serian capaces de asumir las funciones desempeadas por el rea lesionada. Lo anterior no se ha demostrado y de hecho, no tiene mayor apoyo en vista de la alta especializacin neuronal del cerebro vertebrado. Sin embargo, es probable que el cerebro disponga de cierta redundancia y de sistemas en paralelo que, sin sobreponerse totalmente en sus funciones, pueden cubrir parcialmente operaciones comunes (Uins, 1974). Esto 138 permitira, una vez terminados los efectos de diasquisis, cierta reorganizacin, Por otro lado, como en el joven los efectos de diasquisis podrlan manifestarse a plazos muy largos, la supuesta "recuperacin de funcin" no vendra a ser sino regresin de un proceso nocivo coadyuvada por el aprendizaje posterior a la lesin; b) b o t o ~ namiento axonal que explicarla que unidades desconectadas se enlazaran de nuevo (l ynch Y co Is" 197!i); c) hipersensi bi lidad por denervacin que se clern ues tra a nivel perifrico y en preparaciones agudas y consiste en una respuesta aumentada al neurotransmisor normal por parte de las clulas que ya no estn normalmente inervadas (Cannon y coi., 1949), La edad, sexo y entrenamiento previo del sujeto (animaJ o humano) son pues factores cruciales en la recuperacin de funciones, Se supone que, con el paso de la edad, los programas cerebrales aumentan en especializacin y focalizacin y disminuyen en plasticidad (Johnson y col., 1978). Esta especializacin cortical parece extenderse hasta la senectud, tal como lo demuestran los diferentes tipos de "sindromes" corticales afsicos y agnsicos de la infancia, juventud y vejez (Brown y coL, 1975). Las controversias respecto del papel de la edad en la recuperacin provienen de sobre-simplificar el problema y de agruparlo bajo la dicotomia "recuperacin versus no-recuperacin" (Johnson y col., 1978). En realidad, todava estan por definirse las vari ables que intervienen en la recuperacin de "qu" (tipo de comportamiento), "cundo", y despus de "qu lesin" (localizacin etiologla, etc.). D, EL SITIO DE LA LESION Las lesiones enceflicas se clasifican segn su localizacin, que puede ser difusa, lateralizada o focal. l. Lesiones difusas Sus efectos se distribuyen de modo relativamente equiparable en toda la masa enceflica. La severidad y generalizacin de las secuelas dependen de la violencia del ataque y de la cantidad de edema subsiguiente al dao, Algunos txicos y virus tienen una afinidad especifica por determinados sistemas cerebrales y Jos destruyen selectivamente. En general, las lesiones difusas tipo encefalopatas por virus, procesos bacterianos y traumatismos crneo-enceflicos cerrados, producen un deterioro intelectual ms o menos severo, adems de frecuentes desrdenes neurolgicos tales como convUlsiones o trastornos de la personalidad. 2. Lesiones lateralizadas Este tipo de localizacin se refiere a las lesiones circunscritas a una mitad del enc- falo, pero que pueden afectar ambos hemisferios. Por ejemplo, los tumores, al cre- cer, desplazan los ventrculos y estructuras mediales y comprimen el hemisferio opuesto. Las secuelas inflamatorias pueden generar focos irritativos en "espejo" en las reas homlogas comralaterales. Los traumatismos agudos causan a veces ms dan.o en el sitio del contragolpe que en el del impacto mismo. Smith (1974) hall que 139 los mayores dHicits verbales. semnticos y cognoscitivos por leslolll:S crneo- enceflicas cerradas se hallaban en pacientes con golpes en el hemisferio derecho. 8sto indica que un trauma en la pane derecha del crneo. hace "rebotar" la masa enceflica hacia la izquierda con el consiguiente dai"lo al chocar contra la pared craneal de ese lado. Paa efeclos de evaluacin del aj uste laboral o iolelectuaJ post-m6rbido. se considera que los efeClOS de una lesi6n enceflica dependen ms de su eXlensi6n que de su lateralizacin. Es comn la creencia de Que las lesiones izquierdas conllevan una caida en pruebas verbal es y que las derechas merman los puntajes de pruebas de "ejecucin" (dibujos. reconocimiento de direccones. etc.). Las pruebas de i"teJigencia no son pruebas de " organicidad" y las llamadas pruebas no-verbales en ningn caso excluyen la mediacin de procesos semnticos. 3. Lt.slones rocaHzadas Los efectos nocivos de estas lesiones dependen de su lamMO y de su ubicacin. Si el daflo se restringe a reas primarias de proyeccin, seguirn defectos sensoriales o mOlores primarios. Algunas lesiones pequei'las, por su localizacin, acarrean devastadores efeclos sobre funciones vitales. Las dest rucciones ms deletreas sobre la cognicin y la ideacin son las que afectan reas parietotemporales izquierdas, probablemente porque lesiones en regiones imegrativas posteriores desorganizan un mayor nmero de sistemas y de programas complejos. Por ejemplo, los puntajes de inteligencia general en jvenes decrecen primordialmente despus de lesiones parietotemporales izquierdas (Teuber. 1959). E. TAMARODELA LESION Lashley (19S1) fue el principal abogado de la "accin de masa" del cerebro, posicin sustentada con sus experimentos en ratas que demostraban mayor correlacin entre el dficit en aprendizaje de laberintos con la cantidad de tejido extirpado que con la localizacin de la ablaci6n. Por la mayor capacidad de los sistemas talmico-cort icales en primates. esta ley es discutible en el humano. La dicotomia entre efeclOs especificas y efectos generales puede conciliarse con base en un modelo de " gradientes de especializacin". En trminos muy generales (y en igualdad de condiciones de edad y naturaleza de la lesin) los defectos en niveles superiores de integracin y de adaptacin en humanos dependen ms de la cantidad de tej ido lesionado y dellipo de lesi6n que de su localizacin. F, LA CAPACIDAD INTELECTUAL PREVIA La recuperacin de comportamientos tras una lesin cerebral correlaciona positivamente con el status intelectual premrbido. Se lrala de recuperacin comportameotaJ y no cerebral. No se conoce ninguna razn por la cual los mecanismos neuronales difieran en cerebros sanos: pero los indivi duos muy inteligentes y con un amplio repertorio de estrategias mentales les ll evan ventaja a 140 aquellos individuos poco recursivos intelectualmente, en la recuperaci6n de funcio nes "superiores". Las consecuencias comporta mentales del dano cerebral no consis- ten en una adici6n de defectos especificas y aislados sino en una nueva organizacin y modo de operar . Tal reorganizaci6n seria ms articulada y eficiente en cuanto ms versalil el organismo, que es j ustamente lo que sucede en personas muy inteUgentes. Finger (978) propone Que las lesiones cerebrales en sujetos (animales o humanos) procedentes de ambientes enriquecidos tienen mayores recursos disponibles y estrategias para solucionar problemas complejos. Lo anterior se ha demoslrado experimentalmente con ratas lesionadas. Las que provienen de ambientes enriquecidos (que tienen mayoe nmero de espinas sinpticas) muestran menor hiper-reactividad y mayor filtro atencional '1 discriminativo ante estimulas nOVedosos que las ratas lesionadas de ambientes deprivados. Aunque esto no necesariamente se extrapola al humano, puede tener analoglas con una mejor utilizacin y versatilidad de las estrategias remanentes tras una lesin cerebral. G. TlEMPODERECUPERACION Ya se mencion el efecto de la edad del sujeto en el momento dela lesin y de la agudeza de sta, variables relacionadas con el tiempo, Otro factor de importancia es el del tiempo transcurrido entre la lesin y la evaluacin, el cual se refiere en parle aJ efecto de diasquisis o cambios neuronales a largo trmino. En humanos, la recuperaci6n de funciones tras una lesin cerebral depende de factores fi siolgicos y psicolgicos. Es posible que el aprendizaje cotidiano aunque no haya sido tcnicamente guiado mediante IehabiUtaciones coherentes, de cuenta de cierta "mejorla" del paciente neurol6gico a travs de los anos. En muchos casos se dende a confundir "el tiempo" que de por si no afecta ni altera nada, con la experiencia Que el sujeto haya adquirido durante dichos atios. Por otro lado, al evaluar comportamientos ms especificos se ha demostrado que, tras un incremento inicial en funciones de memoria y aprendizaje verbal , puede presentarse un decremento progresho en estas capacidades tanto en aduJtosjvenes como en adultos avanzados (24 a 49 afiaS). Este decremento era constante a t r a v ~ s de tres ailos de evaluaciones a 24 pacientes uni-hemisfricos '1 difusos (Lezak, 1915). Lo anterior indica que ninguno d ~ los efectos asociados a los cambios que suceden en el tiempo .son unidireccionales. As! como se cuali fic el papel de la edad, debe cualificarse el de los eventos asociados al tiempo transcurrido tras la lesin. Si bien aJgunas capacidades se recuperan en funcin de la edad, de la recursividad '1 del tiempo tras la lesi6n. otfas en cambio se deterioran. En ocasiones. lo anterior se observa de modo patente en humanos, lo cual da no poco que cavilar a neur61ogos y neurocirujanos, quienes tras haber agotado los recursos mdicos, siguen sin explicarse porqu su paciente se muestra progresivamente deteriorado y enlentecido a Travs de los meses. 11 . IMPLICACIONES CONCEPTUALES El examen de las runciones cerebrales del paciente con lesi6n neurolgica abarca tres aspectos diferentes que son: a) el estado neurolgico; b) el estado de 141 conciencia; e) el estado menlal. A pesar de constituir uno de los .,i1ares del examen Ileurolgico y psicolgico, el examen mental del paciente con lesin cerebral ha sido lema mas O menos ignorado, que se deja al buen (o mal) j uicio de cada cHnico. Excepluando Onos pocos centros privilegiados, este aspeCIO se trata de modo incidental y anecdtico en facultades de medicina y de psicologfa. Aparte de la falta de disciplina fO'rmal al respecto, esta evaluacin adolece de dos tipos de negligencia. El primero se refiere al empleo personal, indiscriminado y ad hoc: de al gunos trntinos vagos, mal definidos '1 acerca de cuya significacin no se ha llegado a UD acuerdo comn, yel segundo a la ignorancia u olvido entre mdicos y psiclogos de las relaciones entre dficits generales o especificas subsiguientes a lesiones cerebrales con la ",eligeada. Es inadrrusible lanzar diagnsticos sin poseer. por 10 menos, la Informacin bsica respecto de los problemas que suponen los conceptos de " funciones superiores" en el hombre. La cuestin no es mera sutileza acadmica ya Que Incide en el pronstico social del paciente Que es ms importante aln que la mera evaluacin mdica. Detallando las fuentes de error: A. PROBLEMAS DE DEFINICION La lileralura neurolgica y psicolgica se halla invadida de terminas generales poco descriptivos o inadecuados, plagados de vaguedades en su conceptualiZacin y definicin. Las funciones de vigilia. atencin y relacin con el medio se desarrollan y emergen gradualmente unas de otras a tra vs de la filogenie y onlogenie pero conservan su identidad funcional y anatmica (Capitulo 1) . Son aspectos bien diferenciados e Independientes lanto funcional como anatmicamerllc. aunque obviamente existe un puntO de connuencia que es dificil de delimitar comportamen- talmente. l. Estado de conc:lenc:la o de v:lglU. Se refiere a la relacin bsica y primitiva del organismo con su medio interno y seria la capacidad primitiva fundamental del SNC para recibir sensaciones del medio exgeno y endgeno. Anatmicamente se reguJa principalmente a travs de estruclUras de for macin reticulada del tallo, rnesencfalo y ncleos inlfinsocos del talamo (Moruzzi y MagouD, 1949). NeurofisiolOgicamentl: corresponde al grado de acti va.cin y correlaciona con los parmetros bsico!. electtoencefatogrficos. Comportamentalmente se determina por la intensidad necesaria para que Un estimulo "alerte" al sujeto. por su latencia para respondrr o pOr la magnitud de su respuesta. En este sentido se relaciona cao los umbrales de alertamienlo. En condiciones normaJt's existen divenos grados de conciencia que abarcan desde el mximo alertamiento haSTa el suei\o profundo (dtlrlhte el \'u.11 el individuo es insensible excepto a t'stimulos muy intensos). Estados de alerla disminUidos se t'ncuent ran bajo condiciones de extrema fatiga o i;isomnio rorudo en las que, aunque lenLas, la funciones mentales superi ores se hallan preservadas . En intoxicaciones se\' eras o ciertas lesiones cerebrales, el 142 "estado de concien ci a disminuido" (que generalme nte se asocia a un umbral elevado de alenamiento) se observa jumo con desorieolacin, respuestas desatinadas y valores sociales discrepantes de los del estado nOrmal de vigilia. Con frecuencia hay olvido de los hechos bsicos Que identifican al sujeto como persona, tales como ubicacin en el tiempo, espacio, et", Ocasionalmente lesiones circunscritas en tallo originan trastornos de conciencia (el paciente se duerme fcilmente) sin defectos en el juicio (Plum y Posner, 1973). Una cosa es la tendencia a desconectarse y Olra es cambiar los valores de los hechos. Pero lo ms frecuente son lesiones en tallo que ocasionan cierta somnolencia, indiferencia y apata, acompai\ada por desorienta M ci6n, confusin, signos amnsicos y defectos de integracin perceptual (Levin y col., 1977), En espaol se emplean'tres vocablos relacionados con los estados de conciencia: somo olencia. estupor y coma. La somnolencia se defi ne como "una d ismin uci n de las actividades intelectuales que pueden acompafarse o no de desorientacin, asombro, e indiferencia", Es un estado de "semi-inconcicncia" con despertar difcil y capacidad de abstraccin reducida a un mlnimo. El despertar yel sueo en tales sujetos ene cara,:teristicas electroencefalogrJicas patolgicas. El estupor es un estado de conciencia en el cual no hay reaccin sino a estimulas muy dolorosos, pero no se observa un franco despertar (Plum y Posner, 1973). El coma es una ausencia total de respuestas a los estmulos sensoriales con inconciencia, La somnolencia, el estupor y el coma no son un continuo de los estados normales de sueo (ver, por ejemplo, Ey, 1969). Son estados patolgicos, disociados de los estados normales de alertamieot. La lucidez se utiliza ocasionalmente como sinnimo de Hdespierto". Pero el diccionario de la Real Academia Espaola la define como: "claridad en el razonamiento, en las expresiones y en el estilo" . Por lo lanto, no tiene nada qu ver con los estados de conciencia, puesto que de hecho, supone un estado de vigilia alerta. 2. Estado Menlal Por estado mental puede entenderse el complejo de relaciones efeclUadas en primera instancia sobre los datos sensorio-motores. Tmese por caso un paciente quieo, tras un accidente, "despierta" en un hospital. Puede hallarse consciente, ver gente, ver que van de blanco, saludarlos y quejarse. Hasta aqu se concluye que est "consciente" (o sea, despierto), Su estado mental intervendrla al efectuar operaciones conceptuales abstractas sobre los datos primarios percibidos, tajes como: "si batas blancas, entonces mdicos y enfermeras; dado lo anterior y si cuarto y cama no ma, entonces estoy en hospital; si dolor, puedo estar grave, alertar a la familia", COIl todo lo que esto implica de prospeccin futura. La conclusin "si batas blancas, hospital" no da la medida intelectual de un astrofsico pero es lo minimo que un humano puede hacer en determinada cultura. Si no lo hace, se dice que est desorientado o confuso. 143 El presente capitulo slo trala los aspectoS mas elementales que se evalan en un sujeTo acerca de cuyas facultades mentales surgen dudas. Lo primero que se examina en neurologla en cuanto al estado mental es el conocimiento que el individuo liene de l como emidad y de las circunstancias que 10 rodean y que lo identifican como ser social. Esto se conoce vagamente como "orientacin" y "conlaclO con la realidad". La tabl a V I luma algunas: de las preguntas c:lavcs para el examen mental bsico (y minimo) de un individuo. La valoracin de la orientacin no debe limi tarse a estas preguntas rutinarias que no miden sino un aspecto elemental de lo que un individuo debe saber acerca de el (que es Jo que define [a orientacin personal). El no responder a las preguntas chadas implica desorientacin, pero el responderlas no la excluye. TABLA Y_l CUEST10NARJOBREYEDELESTADOMENTAL J) Qulechaeshoy? 2) Qui dia de la semana es? J) C6mo se llama este silio? 4) Culel'Su. telfono? 5) Cul es su direcc/fI? (ClUO de que no tenga telllono). 6. Qu edad tlen#!? 7) lEn qu ano naci? 8) Qulin es el actual presidente de la Repblica? 9) Quiin fue el pruidente anterior? /0, Cudl era el apellido de soltera de su madre? 11) Cuente de Jal0ydel0a /-. - El cutstionario origina/Incluye testar suces[v(Jmente J (J partir de 10. pero este es un test muy complicado para Individuos de IHJja escolaridad. (Tomado de Haglund ySchuck/t, 1976). En cUnica diaria, es muy importante que el clnico disponga de un protocolo estandarizado para llevar un registro ~ c r i l o de las preguntas y respuestas de un individuo durante la evoluciD de su enfermedad. Muchos mdicos '1 no pocos psiclogos son un tanto laxos en el modo de plantear las preguntas, cambiando, sin percatarse, su ni vel de dificultad. Si eJ paciente no comprende un problema del tipo de: "cuntas cosas hay en media docena?" cambian la rremisa, dkieodo: "si Ud. desea comprar media docena de caramelos. cuntos caramelos comprar? Es[O. obviamente, es lci to hacerlo siempre y cuando se ll eve un registro cualitativo de las preguntas y respuestas. Si di as despus, el paciente responde a la primera pregunta, 144 puede decirse que ha habido una mejoria al respecto. Ms adelante se hablara sobre la evaluacin del paciente confuso. Aunque es posible un estado de conciencia disminuido en presencia de juicio y lgica adecuados, es ms ftecueme un estado de conciencia disminuido j unto con un estado mental obnubila.do y oscurecido. Pero lo ms frecuente en enfermos t.Tnic05 es un estado de conciencia normal (al menos clnicamente) en presencia de un estado menLal patolgico, en el cual el sujeto se halla alerta y despierlo pero se percata inadecuadamente de las circunstancias y relaciones que lo identifican como persona nica. Entre IO!\lrminos para describir estlldos me:otll:les IInormales se tienen : Conju.ridn: la Real Academia Espa'l.ola de la Lensua define confusin como: "falta de orden. de concierto y claridad, a veces acompai'lada de perplejidad" . Implica prdida de contaclo con la realidad y, a veces, con la identidad personal . Definiendo la identidad personal con base en el cUmulo de experiencias pasadas y de situaciones presentes que han troquelado una identidad determinada, .se deduce que UD paciente confuso se halla desorientado en cuanto a esas circunstancias. Ha perdido el sentido de las relaciones entre sus valores y los del exterior y puede haber perdido la informacin bsica al respecto (memoria). Ser un individuo con un juicio desatinado y con una capacidad de rdacionar hechos presentes o pasados muy mermada. que no sabe la fecha ni los evenlos claves de su vida (como nmero de hijos) y qui en no relaciona Que se halla en un hospital o en su casa. Estos signos se presentan por dficit rel acional y no por dficit de memoria, pero es frecuente que clnicos principiantes confundan estas dos entidades. En tales estados, mal pueden evaluarse funciones intelectuales superiores. (capacidad de relacin de segundo orden). La confusin se observa comunmente en los periodos post-quirrgicos, post-traumticos '1 en enfermedades cerebrales progresivas y, aunque tiende a ceder, dejando como secuelas un deterioro intelectual ms o menos marcado, puede persistir durante alias. En el examen de primera instancia, es importante no confundir la desorientacin y confusin con la amnesia. El paciente amnsico no inventa ni fabula respuestas o despropsitos. Vn paciente de 67 allos enteramente alerta, con alrofia cortical difusa por parlisis general progresiva tuvo el siguiente djlogo: Ex.: Sr. M. : Ex.: Sr.M.l Ex.: Sr. M.: Siga, S r ~ M. Buenos das senara, sintese Vd., COI) confianza ... Sr. M. cuntos ailos tiene Vd.? Veintidos anos senara. Cuntos dice Ud.'! Veintidos ... increlble no? Peto aJ fin de cueOlas. eso es perrcctameOle 14S Ex.: Sr.M.: Ex.: Sr M.: Ex.: Sr. M.: normal, mucha gente tiene 22 aHos, verdad senara? Es una edad muy adecuada. Sr. M, cmo se llaman sus hijos? Una e Ivonne. Cuntos aos tienen? Una dene 16 aos e Ivonne 16 afias. Son gemelas? No sei\ora, cmo se le ocurre, no ve que (vonne es un hombre hecho y derecho. Tiene, veamos, por los catlogos de la fbrica, tiene 23 aos ... Tales desatinos y prolijidad no se observan sino en pacientes confusos y demenciados pero no en pacientes amnsicos o afsicos. quienes conservan un juicio adecuado y reconocen sus defectos, no sin angustia. En casos menos severos es necesario un interrogatorio ms detallado de la vida y conocimientos del paciente, confrontando su informe con el de los familiares. Valga el caso de un mecnico con cuatro anos de educacin quien tras un ACV y un episodio de confusin marcada que se pens, era un cuadro afsico, conteslaba acertadamente a las pregumas respecto de su orientacin personal y conocimientos acadmicos elementales. La segunda entrevista fue como sigue! Ex.: Marcos, q u le pasa a un a u tomvil que se queda sin aceite? M.: (tiempo) ... se le daa la batera. Ex.: Cmo se le dafla la baterla? M.: Deja de repartir electricidad Ex.: Marcos, ex.pllq ueme qu es lo que hace la bateria de un auto. M.: Reparte electricidad a las placas de metal, a los bornes digo. Ex.: Marcos, si un auto no arranca, ni tiene luces, ni pilO, qu debe hacer usted? M.: Reviso el aceite, pueden ser las vielas y estar fundido todo. Este paciente iba a ser dado de alta y reintegrado a su trabajo con un diagnstico de cuadro afasico en remisin! El error parece haber radicado en que, en la fase .agu da, el paciente mostraba severas dificultades para denominar y calcular, cosa usual en enfermos confusos. como ya se mencion. En resumen, los cuadros de confusin pueden equiparse a aquellos estados en los cuales el paciente se halla desorientado y ha perdido parte de los dalaS esenciales que conforman su identidad particular. La confusin implica, adems, cierta falta de conciencia de los defectos mentales y. en esto, se diferencia en parte, de los eSlados amnsicos. desorientacin: bajo este rtulo se examinan tres aspectos diflciles de concep- tualizar y delimitar: a) orientacin personal; b) orientacin en el espacio; e) orientacin en el tiempo (Tabla Vol). La desorientacin no se diferencia claramente de la confusin ya que todo esto depende de la dificultad de las preguntas tradicionales que, se supone, miden "orienta'Cin". Por ejemplo, es ms 146 fcil decir dnde se est (en parte, porque hay claves sensoriales para ello) que la fecha o aspectos relacionales de tiempo. Usualmente parecen darse en conjuncin la desorientaci6n en el tiempo y la desoriemacin en lugar, aunque se han descrito casos de lesiones parietales en las cuales hay una marcada desorientacin en el espacio con excelente orientacin personal y en tiempo. (Fisher, 1981). Sin embargo, esto es excepcional ya que, con grados mnimos de deterioro intelectual, ante la pregunta tradicional del dia, fecha y hora. si bien 10 normal es no equivocarse en la fecha y no errar en la hora por mas de 30 minutos, solamente el 27fT/o de los lesionados cerebrales (contra el 77ao de los controles) tuvieron ejecuciones perfectas (Bentan y col., 1964). Es mas difcil evaluar grados mnimos de desorientacin en el espacio, pero sera imeresante valorar este aspecto, junto con la norma para sujetos colombianos ante las preguntas de orientacin en el tiempo. Este tipo de estudio es de suma utilidad en la practica clnica tanto mdica como psicolgica ya que con frecuencia los mismos neurlogos ignoran qu es "normal" o "anormal" en respuestas a este tipo de preguntas, a menos que se cometan errores crasos. Es posible que lo mismo suceda con la orientacin en el espacio. A menos que se trate de aspectos muy elementales (direccin del hospital o de la casa, sitios claves de la ciudad) se ignoran los procesos lgicos de orientacin espacial cercana o distante del cuerpo, as como la relacin entre tiempo y espacio. Por ejemplo, cuando alguien dice vivir a 15 kilmetros del hospital, que clase de clculo realiz? Relacion el tiempo que gasta en autobus y calcul la velocidad? o calcul el nmero de manzanas, teniendo en cuenta lo que cada manzana mide? Estos son aspectos que deben defmirse antes de separar categricamente los conceptos de orientacin en el tiempo y el espacio. l, Sindrome meDial orgliolco U... y asl de vaguedad en vaguedad se llega Q una especie de ataxia semntica en la que se va de tumbo en tumbo hasta la confusinfina/" (Goody, 1969). A Jaime Gmez-Gonzlez. Este es un trmino muy empleado en psiquiatrla (Freedman y Kaplan. 1977: Ey y cols., 1969) y en medicina general, algo menos empleado en neurologa y prcticamente desconocido en psicologa y neuropsico1oga. Bender (1952) lo acuf1.6 y defini como: "un complejC1 de sntomas caracterizados por trastornos de la ideacin, de la memoria y de la atencin, de la afectividad y de la personalidad, que produce aberraciones de la conducta y, en ocasiones, alteraciones de la percepcin". Lo anterior, con la idea implicita de una lesin "estructural" como causa del trastorno. Webster (1975) define sindrome como "un grupo de signos y sntomas que ocurren juntos y que se caracterizan por una anormalidad particular". A partir 147 de esta defnicin, designar cuadros tan diversos en su etiologia y en sus manifestaciones bajo el rtulo de SMO es, por lo menos, infortunado ya que, de hecho, viola la definicin de sindrome. Sin embargo, como el trmino ya se ha introducido, hay que convivir con l, ojal, definindolo y delimitndolo para no perjudicar al paciente. Ante todo debe tenerse en cuenta que se trata de un estado meDtal y que carece de impticaciones diagnsticas o etiolgicas. Recientemente Bender (1979) defini y gradu el concepto de sindrome mental orgnico. Desafortunadamente sigue imperando la definicin de 1952. De menor a mayor severidad segUn la clasificacin de 1979, se distingue: grado 1: presencia de defectos de memoria y clculo simple Que pueden pasar por 'normales" en petsonas de edad, Grado 1I: disminucin en el estado de alertamiento, desorientacin en tiempo y espacio e incapacidad p(lra efectuar operaciones mentales invertidas (deletrear al revs una palabra sencilla). Grado III: presencia de lo anterior junto con reduccin marcada en el alertamiento, cambios en el afecto, perturbaciones en el lenguaje (dificultad para encontrar palabras, perseveraciones) y anomalas en la discriminacin de la doble estimulacin simultnea (prueba cara-mano), Grado IV: aparicin de ilusiones, alucinaciones, delusiones y un comportamiento global social anormal que los hace cJasificables como dementes. Aunque ms expl1cita, graduada y delimitada comportamentalmente, esta definicin tampoco se ajusta al significado de sindrome. A riesgo de caer en la necedad, cabe preguntarse si existe algn sindrome mental que no sea "orgnico". Incluso los desrdenes componamentales que a todas luces se desencadenan por contingencias ambientales, se originan y generan en el cerebro. Es lcito concluir que el trmino de sindrome mental orgnico se justificaria si existiera un sndrome mental no orgnico. Algunos autores (Pfeiffer, 1975) hacen la salvedad de que el sindrome mental orgnico se aplica a alteraciones estructurales por oposicin a los des6rdenes funcionales. Hoy en dla estas dvisiones no resultan tan claras a la luz de los resultados de microscopia electrnica y de determinaciones bioqulmicas de neurotransmisores en desrdenes psiquitricos y/o neurolgicos. Adems de los datos neurolgicos y mdicos es necesario conocer si el paciente se halla confuso o no, afsico o no, amnsico o no, etc. Con la definicin de 1953 es dificil concluir si el paciente est confuso, afasico o s.implemente deteriorado. Adhiriendo estrictamente a la definicin de Bender, tal vez el sindrome mental orgnico se justifique como diagnstico, si la mayorla de las esferas de conciencia y de funcionamiento se hallan igualmente alteradas, con lo cual se limitarla nicamente a aquellos pacientes confusos y con un nivel de concien- cia menoscabado. Ver al respecto los cuestionarios de HasJund y col.. (1976) para vaJorar SMO (Tabla V-l). Algunos autores dejan muy explicito que el sindrome mental orgAnico no necesariamente es irreversible (Bender, 1979; Emst y cols., 1977), pero otros consideran el sindrome mental orgnico como equivalente a un deterioro intelectual progresivo (ver Freemon, 1976). El slndrome mental orgnico en general se equipara a demencia y ante tal diagnstico se tiende a "cerrar el caso". Pero los hematomas, las hidrocefalias o cienos estados crnicos de deficiencia endocrina pueden originar 148 un deterioro intelectual progresivo pero reversible si se subsana el origen del dallo. El sindrome mental orgnico (como y junto con el diagnstico de 'arteriosclerosis") se aplica con mayor frecuencia en el grupo de edad de los ancianos, con cuadros mentales agudos, con alteraciones severas del comportamiento (estados de profunda apatia, con deterioro flsico, indiferencia 'i confusi6n) . No siempre es fci l delermioar si estas conslelaciones de signos en la senectud se deben a factores sociales (deprivaci6n emocional, desnutricin, aislamiento. soledad y mirwsvaUa) o a factores cerebrales. El equilibrio intelectual 'i emocional del anciano es frgil y se menoscaba fcilmente ante circunstancias ambientales, en parte porque flsicamente depende ms de estas que el adulto medio, Pero estos cuadros de deprivaci6n no necesariamente son irreversibles. Es elemental, adems, aclarar si la causa es cerebraJ o extracerebral. De 116 ancianos hospitalizados en Bellevue-Hospital por trastornos agudos del comportamiento y diagnosticados como "sindrome mental orgnico" por "arteriosclerosis". el 6OOJo eran casos de medicina generaJ o de conruciones sociales devastadoras. Con tratamiento mdico indicado (cuidados respiratorios. cardiolgicos y de enfermerla), estos ancianos fueran dados de alta. Solamente el 30% del grupo total padecla de lesiones neurol6gicas que justificaran el desorden mental (parker 'J cols., 1976). Adems, despus de terapias domici Uarias especializadas, ciertos s ignos neurol6gicos lales como la famosa prueba "cara-mano" desaparecenl (Ernsly cols" 1977), La autora conoce de una anciana de 92 aftas y dos ACV y a cuya familia se le recomend internarla en un hospital para crnicos, pues se negaba a caminar, ballarse o comer. Con el solo cuidado de enfermerla a domicili o, en un mes, la paciente estaba caminando por el jardJn, y, si bien no se haUaba totalmente lucida. su estado mental le permit.ia una inter-accin elemenlal pero adecuada con la ramilia. En resumen, cuando se trata de la evolucin.social del recomendable la minucia en el examen flsico y mentaJ 'i la cautela en el empleo de los ttrminos, sobre lodo cuando stos no significan lo mismo para todo el mundo y cuando pueden conllevar consecuencias gravfsimas para el paciente y para la estabilidad emocional y econmka de la familia, Terminando con una nota de Goldstein (1942) lan vigente hoy como eOlonces: " ... existe la opinin general izada de que es posible diferenciar l os slntomas producidos por agentes psicgenos de los orgnicos. Sin embargo, esto es muy dificil y requiere de un examen muy cuidadoso. Las experiencias con soldados lesionados cerebrales nos han ensenado que mas de un sintoma considerado como psic6geno puede deberse a una causa orgnica .. . La dicotoma, en su totalidad, probablememe adolece de una falla, pues, como ya se dijo, el paciente orgnico puede reaccionar a su condicin con stntomas fundonales que pueden resultarle tanto o ms molestos an (que los estructurale.s). La decisin de si un slntoma perturbador es funcional u orgnico no deberla buscarse en la evidencia de fenmenOs flsicos demostrables. La ausencia de signos orgnicos no excluye la posibilidad del carcter orgnico de los sntomas. Por otro lado, los hallazgos objetivos, por ejemplo. dcsviacione.s pneumoencefalogrficas. no 149 deberlan constituir razn para considerar que todos los sntomas presentados por el paciente son de naturaleza orgnica". 4. DemeDda En general, este trmino se utiliza con dos acepciones diferentes. La primera implica una serie de enfermedades cerebrales generalmente de tipo degenerativo. que se presentan en la senectud o presenectud y que se caracterizan, comportamental mente, por una prdida global p irreversible de funciones neurolgicas y mentales. Por otro lado, demencia se emplea tambin con una implicacin puramente comportamental para indicar un tipo de alteracin menla], independien temente de su etiologa. As, el diccionario de 1" Real Academia Espaftola. define demencia como "un estado de debilitamiento progresivo y fatal de las funciones mentales". Esta definicin implicara casos en los cuales la prdida de capacidad intelectual global, de habitos sociales y de respuestas emocionales sena tan severa que impedira al individuo sobrevivir independientemente en sociedad. Sin embargo, como las demencias pueden ser de inicio muy lento o de inicio sbito (subsiguiente, por ejemplo. a anoxia prolongada debida a infarto masivo cardaco con paro cardiaco), deben especificarse los determinantes de estos mltiples es:tados. Tal como sucede con el sindrome mental orgnico, la demencia es un motoms de muchos desrdenes y no es una entidad diagnstica. Sus manifestaciones dependen ms del lugar primordialmente afectado, de la agudeza de la lesin y de los dems factores mencionados al comienzo de este caplulo. Segn su localizacin, pueden comprometer principalmente estructuras corticales, sub-corticales (ganglios basales y partes laterales de tlamo) o axiales (estructuras mediales 11mbicas como hipocampo, frnix, amgdala y partes mediales de tlamo). Joynt y Shouldon (1979) agrupan bajo las demencias corticales, las siguientes enfermedades: Alzheimer, demencia por infarto mltiple, enfermedad de CreutzfeldtJacob, demencias por traumatismos crneo-enceflicos extensos o por neoplasias extensas y las demencias metablicas e infe<:ciosas. Entre las demencias sub-corticales figuran la enfermedad de Hunrington, de Parkinson, la parlisis progresiva supranuclear y los traumatismos o' neoplasias extensas que afecten inicialmente dichas estructuras. Como ejemplo de demencias axiales se tienen: el sindrome de Wernicke-Korsakoff (ver captulO de amnesias), la hidrocefalia de presin normal, y la encefalitis por herpes y rabia. Psicolgicamente no siempre es fcil establecer un diagnstico diferencial enLte estos tres tipos de demencias. Sin embargo, al menos en estados iniciales, en lineas generales, las demencias corticales alteran primordialmente la funcin intelectual, relacional y el lenguaje. Las demencias sub-corticales atacan la funcin motora y ciertos aspectos volicionales (con preservacin relativa del lenguaje a pesar de \Ina funcin intelectual muy empobrecida) y las demencias axiales se manifiestan inicialmente por defectos espectaculares en memoria. 150 Tal ve:z las mAs dincile:s de: diagnosticar son las de:mencias corticales (enJe:rmedad de: Alzheimer y deme:ncias seniles, cuyo curso es similar, aunque ms Ie:nto y de inicio mAs tal dio en las ltimas) . Pueden comenzar insidiosamente por cambios componamentales tales como ace:ntuacin de rasgos de personalidad pre-mrbidos, acti tud egocntrica) aptica ante sucesos mayore:s, e incapacidad de operar con smbolos complejos, con prdida del sentido del humor pre:vio, fatigabilidad. irascibilidad inmotivada '1 afecto inapropiado. A menudo se observan cambios en el humor que de:penden de alte:raciones ambientale:s nimias y un empobrecimie:nto de la auto-crHica y Rruspeccin social que hace que el paciente no se: percate de sus dHicits y los atribuya a "nervios", " mala memoria" o a alguna droga. Los defectos de: memoria reciente cotidiana son el preludio de una fundn atencional y cognitiva en progresivo deterioro. En estados intermedios y avanzados. son obvias las deficiencias linulsticas (dificultad para denominar y recordar nombres de: cosas o de personas, pobre:za semntica con relativa preservacin sintctica y tendencia a la incoherencia). Los aspectos pragmticos del lenguaje son los prime:ros en desinte:grarse: (hablar a gritos, rindose, interrumpir al inte:rlocutor, etc.) y los aspc=ct os compre:nsivos son los ultimas e:n afc=ctarse:. pero una "ez que el pacie:nte: comi enza a manife:star dificultades comprensivas , el de:terioco general se: nivela prontamente:. quedando e:l sujeto reducido al mutismo con e:colaJia. En las demencias sub-cort icales se encuentra una relativa preservacin de: las habilidades ve:rbale:s y un rpido de:te:rioro de: funcione:s percepto-eja:utivas como la escala de ejecucin de la prueba de Wc=chsler y pruebas de: rc=conocimiemo y discri minacin vis ual (Be: lltin y cols. , 1981), Las dificultades verbales, menos notorias, se manifiestan particularmente en el e:mpleo oportuno del conocimiento faclUal de: datos almacenados en memoria. asi como en el grado de ampli tud de los conceptos (Xoune:r y cols., 1981). Sin e:mbargo, es dificil separar lar, dficls 100e:lectuale:s de los motores. e:ntte otras cosas porque. la clasificacin de estas enfermedades todavla no se ha c:s tablecido claramente:. Por eje:mplo. cHnicamente: exlste:n diversos tipos de Parldnson que di fieren tanto e:n la respuesta cUruca a la medicacin como en su evolucin . Uno de dIos tie:nde a cursar sin mayores signos confusionales y sin anormalidade:s e: scanogrficas rnle:ntras que e:1 otro tipo tiende: a progresar con confusin, de:me:ncia y con e:videncias de: dilatacin ve:ntri'cular. Si bien la atrofia corti cal en si no es causa de la confusin (muchos ancianos sanos muestran estoS signos escanogrficos) la prese:ncia de atrofia en un Parkinson sugiere un tipo diferente: de: e:nIe:rmedad (Sroka y cols., 1981). Cuando el paciente con de:mencia progresiva a c u d ~ al psiquiatra (a quie:n los familiares consultan guiados por los signos emocionale:s del paciente). con demasiada frc=cuencia ste: lo t.rata con psicofrmaeos y psicoterapia. Como [a sene:ctud es una edad de rie: sgo de duelo y de: prdidas (ftsicas. e: mocionale:s O ambiemales, como puede se:r para un anciano un me:ro cambio de residencia) . e:stos sntomas pue:den aLribuirse a dichas causas externas que: en re:ali dad slo han 151 desem:adenado una situacin latente de insidioso deterioro emocional e intelectual, la cual se hizo manifiesta en el momento del duelo o del cambio. Finalmente, si estos cuadros no son remediables mdicameote llevan a un estado de confusi6n. desorientacin y obnubilacin mental con invalidez fisica y mental completa. " Cambios emocionales en lesionados cerebrales Pese a su importancia, esle campo 00 se ha estudiado sistemticamente. Jackson y posteriormente Goldstein (1948), clasificaron los sintomas cerebrales en respuestas por inhibicin (o por defect6) y por desinbibicin (O por exceso) sin que estos trminos tengan implicaciones neurofisiolgicas. Los signos por inhibicin (des.de reflejos o respuestas emocionales hasta comportamientos cognoscitivos complejos) se caracterizan por un decremento cuantitativo o cualitativo en la respuesta, y los signos por desinhibici6n corresponden a respuestas aumentadas, en cualquier nivel neurolgico. Sin embargo, es probable que cuando una respuesta humana compleja se desorganiza, se encuentre una combinacin imbricada de respuestas aumentadas e inhibidas que resulta en los trastornos cognoscitivos que se estudian en este texto y en trastornos de la personalidad que, de momento, no se han sistematizado ni clasificado adecuadamente. En lo referenle a los comportamientos emocionales, tos cuadros de apata, falta de inters y afecto empobrecido (con o sin depresin), serian signos por defecto y los estados de euforia, agitacin o angustia serian signos por exceso. Entre los primeros se ha llamado la atencin sobre la frecuencia de tras lesiones izquierdas (con afasia) y de cuadros de euforia, desinhibicin y desinters por lesiones derechas. Lo anterior no es una regla ya que las afasias con jerga tienden a dar un cuadro emocional de placidez, indiferencia ante el defecto y hasta euforia; por el contrario, no son infrecuentes los signos de depresin o afecto plano por lesiones derechas, La evaluacin de los cuadros anteriores se complica por el hecho de que, tras lesiones derechas son frecuentes los trastornos en la entonacin del lenguaje (aprosodlas) lo cual puede imprimir una caracterlstica poco acentuada o hiperacentuada al discurso, fcil de confundir con un estado de nimo (Ross y cols., 1981). Asimismo, recordando lo dicho sobre el desinters de los pacientes frontales, debe anotarse que sta DO es una caracterstica que defina y que sea exclusiva de dao frontal. Es probable que el tipo y severidad del t.rastorno emocional dependan de la profundidad de la lesin y de la implicacin a sistemas sub-corticales y talmicos, La autora ha visto numerosos pacientes jvenes quienes, tras extensas ciruglas o !esiones cerebrales cerradas, presentan de modo permanente (ms de 6 aftos) un cuadro de apatla y desinters muy severo con relativa preservacin intelectual, 10 cual no deja de ser un problema neurolgico y psicolgico y debe considerarse como un dficit ms. Este diagnstCo obviamente se hace cuando la evolucin del paciente y su historia premrbida permiten descartar una reaccin 152 depresiva que predomine el cuadro neurolgico. Por otro lado, debe sef\aJarse la altsima frecuencia de: "cuadros mixtos" en los cuales se observa aJguna reaccin neurtica spe:rimpuesta aJ dHici( neurolgico. Goldslein (1948) describi6 la conocida reacclo catastrfica consistente en una re:acx::i6n desproporcionada de frustracin, con llanto y/ o rabia ante un fracaso mAs o menos inconsecuente. Estas r:eacciones (que ocasionalmente pueden ser peligrosas para el paciente o para los circunstantes) tienden a ser labiles y transitorias. Un abogado que habla sufrido un traumatismo cerrado aftas atrs, y quien most raba m nimas se-cuelas moraras unilaterales y excelente recuperacin intelectual ($t:guia trabajando de modo muy productivo), en una reunin social derram un vaso. Sbitamente dej de sostener la cQnversaci6n y con signos de gran agitacin, se dirigi al cuarto de los anfitriones donde tuVO un largo acceso de llanto y rabia incontenible que ceS mfts o menos sbitamenle. Tras esto volvi a la reunin como si nada hubiera sucedido y esperalldo que los dems invi tados reaccionaran del mismo modo. En este caso. dada la pe:r$onaUdad pre-mrbida del pacienle, eJ calificativo de reaccin cafasu6fica era acertado. En Olra pacicmc, de un nivel socio-cultural mnimo. y acostumbrada a un ambiente de violencia, el primer indicio de mejora tras dos meses de profunda apatia y desinterhi subsiguientes a Ufl traumatismo craneo-enceflico cerrado. fueron las rabietas y accesos de Llanto (ms acordes con su personalidad anterior) , 01t0 ranto puede decirse de los pacieoles epilpticos. Se ha especulado mucho acerca de la " personalidad epilptica". Segn inventarios de hbitos, actitudes, gUStos y actividades cotidianas, los pacientes con focos irrilativos izquierdos lienden a manifestar que su pensamiento -y actividades son de lipa y que su tono emocional es depresivo-i ntroversivo. En cambio, los epilpticos por focos derechos manifiestan intereses cent rados en los dems, fluidez deativa y cierta inestabilidad en el curso de su pensamiento (Sear y cols . 1979). En otro estudio, de 18 rasgos comunes a pacientes Con trastornos convulsivos. Herman y col .. (1981) encontraron cuauo caracteristicas que diferenciaban a los epilpticos con focos lemporaJes y que eran: sentido del deslino, dependencia, paranoia e intereses filosficos . Es dificil. sin embargo, valorar hasta qu punto se trata de rasgos "end6genos" de personalidad o de actitudes y comportamientos generados por el exterior. Al respecto. es importante hacer nfasis en el manC!jo educativo y emocional del nino con trastorno convulsjvo y de sus padres. Es fcil concebir que un nii'lo cuya familia no se atreve a contrariarlo por miedo a una crisis (cosa posible y basta (recuente, y Que debe recibir tratamiento psicolgico junto con el tratamiento mdico), llegue a ser un adul to irascible, poco tolerante a la frustracin y con cuadros muy atlpicos de personalidad, usualmente salpicados de violencia. Sin embargo, Ramani y coL, (198J) monitorearon con electrodos a UD grupo de epilpticos con historia de violencia incontrolada durante varios dias. Solame.nte en dos casos coincidieron los ataques de ira con una anormalidad elecuoencefalogrfica de dnde se concluye que la mayorla de estos desrdenes no son de origen ictaJ. 153 B. PROBLEMAS DE EVALUACJON La neuropslcologa ha heredado un problema del siglo pasado que es la identificacin de signos componamentales de lesin cerebral 'i la determinacin de su poder predictivo en cuanto a lateralizacin y localizacin. Pero neuropscol6gca- mente, impona ms efectuar una valoracin de comportamientos, que intentar predecir la presencia de una lesin (lo cual es competencia del mdico; el psiclogo no hace sino desacreditarse al dictaminar oficialmente en estas reas). Tal vez la diversidad de publicaciones de neuropsicologa en que se correlacionan ejecucin en alguna prueba y lesin cerebral en determinada ubicacin, contribuye a cierta confusin de roles profesionales. En efecto, el clnico no muy experimentado en metodologa puede tomar dichos resultados como evidencia para demostrar que todo sujeto que falle dicha prueba padece de una lesin en el lugar !omado por los Para acudir a tal razonamiento, habria que demostrar el principio de la "doble disociacin" propuesto por Teuber (1959): una lesin en el sitio X conlleva un defecto en la ejecucin A, y ninguna otra lesin conlleva un defecto en dicha prueba A; en cambio una lesin en el sitio Y conlleva una mala ejecucin en la prueba B (pero no en la A) y a su vez, la lesin en X no conlleva una menna en la prueba B. Adems de lo anterior, en la practica hospitalaria son mas frecuentes los pacientes deteriorados por lesiones difusas que los pacientes focales, y los primeros obtienen puntajes muy modestos en prcticamente cualquier prueba aplicada. En tal caso, sta, cualquiera que ella sea, s6lo es sensible al deterioro general. Tericamente es interesante correlacionar ejecucin con lugar de la lesin y, gracias a este tipo de estudios hoy se conoce bastante acerca de la funcin de ciertas areas del cerebro. Pero debe tenerse en cuenta que, en la literatura experimental, el lugar de la lesin es conocido y comprobado por medios radiolgicos. El utilizar las pruebas psicolgicas con el objeto contrario conlleva un grave error metodolgico y profesional que es el de confundir la evaluacin de la expresin comportamenlaJ de una lesin cerebral con el diagnstico neurolgico. La evaluacin neuropsicolgica conlleva pues, dos aspectos: a) te6rico experimental que estudia las manifestaciones comportamentales de la funcin cerebral y; b) c1inico-aplicado que estudia las manifestaciones comportamentales de la lesin cerebral. En este ltimo campo, la evaluacin se dirige primordialmente al diagnstico y al pronstico comportamental y social. Desgraciadamente la rehabilitacin se efecta todava a nivel muy empirico. El neuropsiclogo debe conocer muy bien las preguntas a las que puede responder y a las que no puede (o no debe) responder. Entre las primeras, las mas frecuentes se refieren a: 1) conocer el status mental e intelectual del 2) identificar la mejoria o empeoramiento (que en muchos tiene valor diagnstico medico en s o representa el nico testimonio vlido en peritazgos legales; 3) especificar signos y sindromes como afasia, apraxia. etc.; 4) identificar los componentes de angustia o de ajuste neurtico del paciente o de sus familiares en torno de la enfermedad. Entre las segundas, el psiclogo prudente debe abstenerse de responder a preguntas que surgan en torno de la IS4 etiologia y/o localizacin de la lesin y/o presencia o ausencia de sta (una prueba psicolgica puede confirmar su presencia pero jams descartarla). Estos son problemas de entera competencia medica. 1. Requisitos Como en cualquier otra evaluacin tcnica, en neuropsicologa cllruca se parle de hiptesis generales iniciales (basadas en el motivo de remisin del paciente, en su historia mdica o en el informt de parientes). Estas hiptesis iniciales se confirmarn o descartarn por medio de entrevistas, averiguaciones con enfermerla, parientes, patronos, historia pre-mrbida y pruebas. A partir de estos datos iniciales, se exploran dos o tres aspectos importantes; seria iotil aplicar cantidades indiscriminadas de pruebas o de bateras enteras, como si no se tuviera ninguna formulacin propia de enuada. La valoracin global nemopsicolgica comprende Ins siguiente" a"pecto:<;: 1) estado de conciencia y orlentaci6n general 2) babilldad Intelectual: formacin de conceptos, planeacin y ejecucin de problemas, secuenciacin, integracin de relaciones en el aspecto verbal y no verbal . .3) funciones verbales: expresin, comprensin, competencia en la planeacin y ejecucin fontica, sintctica y semntica. 4) fundones perceptuales: funciones visuales, auditivas, tctiles tanto en identificacin como discriminacin, reconocimiento y organizacin. 5} funciones prcticas: percepcin, planeacin y ejecudn del gesto y comprensin del mismo. 6) memoria: en lapsos inmediatos, a carla plazo ya largo plazo y en los aspectos verbal y no verbal, asi como en las supuestas funciones de registro, almacena- miento, retribucin yen las diversas modalidades sensoriales o motoras. 7) integracin percepto.motor.: tiempo de reaccin, persistencia motora, laberin- tos, etc. 8) orientacin geogrfica, topogrfica, tanto motora como perceptual y mnsica. 9) personalidad y adecuacin social. El texto de Lezak (1976) ofrece un excelente compendio de las pruebas existentes para valorar los aspectos citados. junto con las bases tericas y su validez y confiabilidad. lSS Como [Oda instrumento, las pruebas neuropsicolgicas deben satisfacer ciertos requisitos entre los que se cuentan: a) normas de poblacin, subdivididas por edad, educacin y sexo; todo maDual de e o n s tr u cci 6 n especifica la s con dci o n es de v alid aci n y es t andari zaci n, determinando las circunstancias socio-econmicas, tnicas, geogrficas y educativas de la muestra. Las escalas de inteligencia y memoria de Wechsler se estandarizaron en poblaciones norteamericanas con, por lo menos seis aos de escolaridad. El porcentaje con menos aos de eSl,;uela es tan bajo que no contribuye al peso total de los puntajes. A pesar de esto, el enfoque psicomtrico presta una enorme ventaja para la poblacin urbana de clase media, lo que indica que, en cuanto ms difiera la poblacin blanco de la poblacin original con la que se construy la prueba, ms "ruido" tendr y menor ser su validez. El problema es tanto ms agudo en Latinoamrica por cuanto, con demasiada frecuencia se aplican directamente sin adaptacin o estandarizacin, pruebas construidas en otro idioma y para poblaciones diferentes. Lo anterior es igualmente cierto para el arsenal de pruebas neuropsicolgicas como las de las bateras de Luria-Nebraska (McKay, 1981; Lewis y cols., 1979; Christensen, 1974) tan difundidas en nuestro medio. Sus mritos son indudables en cuanto a sistematizacin terica con pacientes cuyas lesiones son conocidas a priori, pero la valoracin neuropsicolgica clinica es algo ms que la mera aplicacin rudimentaria de ejercicios discretos cuya lgica interna y validez con crilerios externos no se ha establecido. Adems, por sencillas Que parezcan dichas pruebas, es indispensable estandarizarlas con poblaciones cuya educacin es mnima ya que, de lo contrario, ms de un conductor de autobs o una empleada de mantenimiento de Bogot ~ e diagnosticara como" orgnico" , afsico o cualquier otro sindrome Deu rolgico. Al respecto, la autora adapt y estandariz una serie de pruebas neuropsicoJgi- cas para afasia, inlegracin visual y memoria. En los Estados Unidos, los controles con 8 o ms afias de escolaridad obtuvieron puntajes perfectos en el 9511'Jo de los casos. En poblacin control hospitalaria de Bogot, las normas para grupos con 6 o ms afias de escolaridad son ajustables a las norteamericanas, pero por debajo de tal escolaridad, particularmente en mujeres, estas pruebas no miden mayor cosa, ya que a veces se observa hasta un 60010 de errores. Hubo de modificarse pues, el contenido de estas pruebas y adaptarlas de nuevo (Guzmn, 1981). Otro trabajo importante que se realiza en el momento es el de investigar qu saben los analfabetos normales adultos. Sin un conocimienlo de lo que es normlll que este tipo de gente responda, es muy dificil aventurar diagnsticos acerca de su presunto estado mental. b) normas de especie. que son caracterlsticas del humano y que se aplican bsicamente a los hallazgo$ mdicos y neuro[gicos. Por sencillas que se supongan ciertas tareas, en psicologa casi siempre deben adaptarse a la cultura y sexo, e) proporcin de falsos negativos y falsos positivos. Este aspecto se refiere a la vaHdez y COQflBbitidad de las pruebas o sea, hasta que punto el instrumento mide lo 156 que dice medir y solamente eso, y hasta qu punto es Clitable en las mismas condiciones de aplicacin. Las mediciones adems, pueden hacerse directamente, observando la ejecucin del individuo. Al respecto, la American Association foc Mental Deficiency (1977) public un foueto de observacin (cuantificable o no, segun las necesidades) de conductas tales como autosuficiencia cotidiana, auto-cuidado, hbitos de comida, de higiene, actividades econmicas, responsabilidad hacia s mismo y hacia los dems, comportamiento social en restaurantes, almacenes, etc. La Tabla V-2 ilustra algunos puntos de este extenso cuestionario que se \lena observando al paciente directamente y con ayuda de familiares y de personal de enfermera. Adems de que este tipo de observadones correlaciona mejor que las pruebas de inteligencia con el grado de atrofia en ancianos dementes (Blessed y cols., 1968), el empleo minucioso es de extrema utilidad como entrenamiento para familiares y enfermeras. De este modo se sensibiliza a los dems a signos indicativos de la evolucin del paciente y que.se dan en la yida cotidiana, TABLA 11-1 INVENTA RIO DE HABITOS PA RA EV AL liAR CAPA CIDAD DE SOCIALIZA CION YAJUSTE SOCIAL INDEPENDIENTE FUNCIONAMIENTO INDEPENDIENTE Comer en pblico (marcar puntaje dentro del parintesisj: Pide men completo en el restaurante ( j; pide mens sencillos como sandwichs ( J; pide gaseosas o bebidas solamente ( j; no puede hacer pedido por si solo ( J, Beber: Bebe solo sin derramar, tomando el vaso con una mano ( raza o vuso sin derramGf ( J; bebe solo pero de"antando ( solo ( j, Higiene personal: ji bebe solo de una j,' no puede beber Presenta fuerre olor en axila ( j; no se combJ ropa interior regular y espontneamente ( j; la piel luce mcia si no le ayudan a limpiarse ( j; no se cuida por si solo ( ji ninguno. l'S7 ,4CTl YIDADES ECONOMICAS Empleo del dinero: Puede hacer uso de facilidades bancarioj' ( ); cambia dinero o consigna pero no hace uso de facilidades bancarias por s{ mismo ( J: adiciona monedas de diferentes denominaciones hasta un peso ( ): emplea dinero. pero no haCl! ni recibe el cambio correctamente ( jj nn emplea dinero ( j. RESPONSABILIDAD Objetos personajes; J) Muy responsable. Cuida sus objetos perf/onales ( )j 2) En general responsable ( ji 3) No es responsable. Rara cuida sus objetos personales ( ),. 4) No es responsable, No cuida objetos personales ( ). Objetos ajenos: 1) No dlvuelve cosas prestadas ( ),. 1) Emplea objetos ajenos sin autorizacin ( ): 3) Pierdl objetos ajenos ( )i 4) Daa objetos ajenos ( J; 5) No reconoce lo propio de lo ajeno. SOCJAUZA CION Consideracitl hQcia los dems: 1) Muestra [nter/s en los asuntos de los dems ( J; 2) Cuida objetos ajenos ( Ji 3) Cuida objetos ajenos slo si es necesario ( ),. 4) Muestra comideracln por los sentimien.tos de los derruh ( J. Adecuacin social: 1) Es demasiado abierto con los extraos ( ): 2; Le teme a los dems ( J; 3) Hace cualquier cosa por enlabIar amistad ( ); 4) A braz.a y da liJ mano a t6do$ ( ); 5) Toma por el constantemente a cualquiera: 6) Ninguno ( J. LENGUAJE Hdbitos sociales inaceptables: 1) Se rle histricamente ( ); 1) Habla demasiado alto. grita ( ): J) Habla slo en alta 'vot,' 4) Se ,fe inapropladamente; 5) Emite sonidos desagradables (canturreos, chasquido,,, u otros) ( ); 6) Repite pilIabras. o frases indeflnidamm te; 7) Remedo el hablado de los demds ( J. 1S8 Un segundo tipo de medicione5 se obtiene indirecllI.menle a partir de algn dato u observacin e infiriendo otro dalO. Uno de los mej ores indcios de deterioro intelectual se obtiene infiriendo la discrepancia COI re el coeficiente int electual hallado (directo) y el coefici enle intelecl ual premrbido e,llmado. La direrencia entre escala vcrbal y de ejecucin identifica slo a un 57G'!0 de los lesionadolt cerebrales. y los signos de "organicidad" de Wechsler (l946) no son confiables o '<I tidos eSpreen y Bemon, 1965), Como el potencial pre m6rbido casi siempre se desconoce, se recurri al concepto de C,1. estimado que infiere la capacidad previa segun la educacin (para 9, 11. 12 Y ms de doce aMs de escolaridad. el C.I . total en el Wt"Chsler fue respectivameme de 95, 102, 108, Y 11 S en promedio). Una diferencia de ms de 30070 entre estos dos parmetros identificaba al 10'10 de los lesionados cerebrales (fogel, 1964) . Desgraciadamente. estos datos no san aplicables en Colombia. 2. Es.coKcncla de pruebas No exisle un formato o una batena que pueda aplicarse a todos los casos. Cada paciente erige una evaluacin diferente segn su estado, su educacin, sexo y tipo y moti vo de remisin, la cual se hace con base en datos cualitativos y cuantitativos. a. datos cualitativos: se basan en la historia medica y familiar , yen una muy buena encues ta sobre aspectos prenlrbidos emoci onales e intelectuales, incluyendo apariencia f1 sica, corlesa, actitudes, sentido del humor, etc. : conviene disponer de algun formato comportamental como el de la Tabla V ~ 2 para evaluar la C'ficiencia social con ayuda de familiares y enfermeras. Es posible tener que entrar en contacto con patrn o colegas de trabajo ya que a veces. en niveles profesionales medios o altos, la eficiencia laboral es la medida de su recuperacin {particularmente en ind.ividuos br illaOlcs que pUllluan en el techo de las pruebas neuropsicolgjcas}. Estos son los casos en los ql1e se impone una cuidadosa encuesta acerca de su personali dad pre-m6rbida para determinar si se trata, al menos parcialmentc, de un ajuste neurtico o de un dficit emocional O int.electual (faligabilidad, deterioro leve no d.ctectado por las pruebas, etc.) di rectamente adscribible al problema neurol6gico. Con pacientes agudos se valora en primer trmino d estado de concienda y de orientacin; caso de hallarse muy confusos u obnubilados, obviamente se postpone la '<Ialoradn de " runciones superiores". Adems de las preguntas acerca de su identidad personal, nmero de hijos, lugar de residencia, datos de infancia, eIC" es bsico interrogar a los familiares y a la enrermera para corroborar la inrormacin suministrada por el pacienle y para evaluar su comporta'miento dentr o del hospital. La enfermera es la unica que conoce bien las oscilaciones de humor o de conciencia durante la noche, la reaccin ante los visitantes, los hbitos de auto-cuidado que realiza ele., y en este sentido la colaboracin psicologa-enferme:rla es clave, Pero la autora sabe de colegas que, IS9 hacerlos aceplar sus limitaciones. De la serie de 514 pacient es cerebra.les de la autora, en sei!! ai\os SI;: han informado 6 sUicidios de profesionales y ejecutivos. lo que consti tuye un porcentaje aldsi mo_ Es necesaria pues, una gran cautela ro la interpretacin de los C. I. post- mrbidos de profesionales altamente calificados o de individuos muy sobresalientes. Un eJ. de I JO en uo ingeniero promi.nente lodlca deterioro int electual. pero un C. I. de 130. ms congruente con su probable potencial pre-mrbido, no C''lc\uye cierta merma intelectual. Hay quien utiliza la prueba. de Raven para valorar pacientes con baja escolaridad o con dificultades liogSlicas (afasia), bajo la falsa suposicin de que, por no sc:r "verbales", no tienen de cultura. Sin embargo, esta est sujeta a las mi smas limitaciones de los dems tests. No es cierto que una ralla en el Raven (como en la escala de ejecucin del WAIS) indique lesin I.:erebral per-se (y mucho menos, lesin cerebral en el hemisfr rio derecho, idea sta que s urgi, a priori, por considerar estas pruebas dr ejecucin como sub-yacentes a rondones deJ hemisferi o derecho) . Por estudios con pacientes comisurotomizados, se ha demostrado que el Raven es una prueba de inteligencia general para cuya solucin es necesaria la integridad de ambos hemisferios , ya que tanto el derecho como el izquierdo contribuyen de modos di versos complementarios {Zaidel y cols., 198 1}. En cuanto a las dems prurbas menciooadas, cada una de eUas puede indicar- varios aspectos o dficits_ Por ejemplo. n el caso de las baterlas de afasia, la sub-prueba de nuidez ideari va (pag. 180) adems de ser especifica para medir ciertos de lenguaje y/o de lbulos frontales (sin afasia), es sensible a dano en estructuras que implican alertamiemo y conciencia. De tal modo, incluso meses despus de un coma prolongado, es posible ,ter dficits en tales tareas, sin dficit li nglsti co o pre-frontal especlrico (le,,;n y cols., 1977). Las pruebas dr denominacin y reconoc>imiento dr objelos por su parte, 0 0 son de fenmenos afsicos (ver capitulo VI) . los estados confus.ionales y demenciales casi Itl variablernente se acampanan de empobrecimiento del lxico y de dificultades para reconocel )' denominar, secUndarios a lentificacin, inatencin o distorsin percep!ual. Asi mismo, como secuelas de dichos estados, una de las cons tantes es la de pobreza lxica y dificultades para denominar asi como para asoc,iar palabras, (Levi n y I,;:ols . 1981). Tampoco es inrrecuente observar signos de "desconexin" como anomia tactil tras traumalismos craneo-enceflicos cerrados, lo cual probablemente indica la fragilidad del cuerpo calloso ante este tipo de conmociones (Levin y cols., 1981). La prueba de reconocimiento visual de caras (Benton y cols . 1.,973) es sensible a defectos perceptuales por lesiones hemisfricas derechas pero rambin lo es a lesiones Que hayan interesado el tallo (probablemente porque detectan ractores atencionaIes). Por otro lado, bien la escala de memoa de Wechsler tiene una alta carga de lareas mnsicas y atencionaJes. tambi.n parece correlacionar en al to grado con inteligencia, ya que es rallada por pacieotes moderadamente deteriorados cuyo signo principal no es una dificultad mnsica. Puede decirse que, en general, cualquier paciente moderadamente deteriorado puedr ralJar cualquier prueba que no sea elemental. Asim;smo, 162 3. de laJl pruebas Una vez apUcadas cienas pruebas, qu conclusiones cabe deducir de ellas'? Este es un pUnlO en el cual los conceptos de "Mlldez y conflablUd.d cobran una importancia prctica crucial. En trminos gencrales, puede decirse que el nivel general de competencia en el momento de la prueba representa la medida ms cercana a la capacidad previa del paciente. En lesionados cerebrales en particul ar, la habilidad menos deprimida es la que mejor refleja su potencial de competencia previo; asimismo, en cuanlo mayor la discrepancia entre puntajes en diversas pruebas, mayor la probabilidad de que existan condiciones que alteren su eficiencia, aunque- estas condiciones no necesariamente son de origen neurol gico estructural (podrea ser una psicosis o un estado de angustia). Tomando por caso la evaluacin del deterioro: la mayorla de las pruebas de inteUgencia se basan en la premisa de un factor intelectual "g" (general) de factores parciales independientes entre st. El factor general sumi nistrado por escalas corno la del Wechsler (y las preguntas miscelneas de la bateria l uriaNebraska que, en su mayorla son tomadu de pruebas como la anterior), se di stribuye de modo normal entre la poblacin, a la manera de la taHa o peso. El coeficienle imelectual es una medida de desviacin respecto de la media 'i no es una medida de desarrollo. Su norma se halla entre 90 y 110 puntos. Sin embargo, estas cifras deben cualificarse con base en la educacin y sexo del paciente (ver pago 156). Como se mencion, a menor educacin, menor la noma en los puntaJes de inteligencia, electo ste que, en nuestro medio, interacta pooerosamcnle con el de sexo: las mujeres con baja escolaridad obtienen pu!ltajes muy inferi ores a los de los varones can niveles educacionales iguales. ESte efecto deja de observarse a partir de ercer o cuarto ano de bachillerato. Al otro lado de la escala social, es dificil evaluar el deterioro en individuos anormalmente inteligentes, y con largas trayectorias de trabajo imeJcctual riguroso. Es instructivo el caso de Brodal, clebre neuroanatomista quien escribiera un bellsimo artkulo de auto-ob;:ervaci6n tras un A.C. V. derecho (Brodal, 1973) . Tres meses despus del A.C. V., su CJ . era de 144. A pesar de dicha cifra tan 'J de la insistencia de colegas, Brodal sostena que experimentaba serias dificultades para llegar a un concepto preciso. Conferencias que antai\o le hubieran llevado una hora, despus del A.C.V. le llevaban el doble de tiempo debido a los rodeos conceptuales para expresar una idea, (lo cual no le impidi hacer una fenomenal revisin de su Anatomla Neurolgica, 1981). No es ste un caso excepcional entre. ;\"ltelectos privilegiados. Simplemente las pruebas no alcanzan a identificar una merma ligera en individuos brillantes. Brodal conslituye una excepcin en el sentido de que, tal va por su auto-critica y modestia cientfica, no ti ene reparos en admitir sus En rculos profesionales menos sofisticados, una falla intelectual tiende a considerarse como algo vergonzoso y vejante. Son innumerables las neurosis y tragedias personales de profesionales quienes insisten en retomar a sus labores tras una afeccin cerebral y a quienes ni mdicos ni familiares se atreven a 161 hacerlos aceptar sus lirnaciones. De la serte de 514 pacientes cerebrales de la autora, en seis aBas se han informado 6 suicidios de profesionales y ejecutivos. lo que constituye un porcentaje altlsimo. Es necesaria puC's, na gran caut ela en la interpretacin de los eJ. post-mrbidos de profesionalQ; altamente calificados o de individuos muy sobresalientes. Un CI. de J 10 en UD ingeniero prominente Indica deterioro intelectual. pero un C.l . de 130. ms congruente con su probable polencial pre-mrbido, no excluye cierta merma intelectual. Hay quien ulili.2a la prueba de Raven para valorar pacientes con baja escolaridad o con diricuhades Iing!sticas (afasia), bajo la falsa suposicin de que. por no ser " verbales", no tienen carga de cultura. Sin embargo. esta prueba est sujeta a las mismas limitaciones de los dems tests. No es cierto que una falla en el Raven (como en la de ejecucin del WAIS) indique lesin cerebral per-sc (y mucho menos, lesin cerebral en el hemisferi o derecho, idea sta que surgi, a priori, por considerar estas pruebas de ejecucin como sub-yacentes a funciones del hemisferio derecho). Por estudios con pacientes comisurotomizados, se ha demostrado Que id Raven es una prueba de inteligencia general para cuya solucin es necesaria la integridad de ambos hemisferios, ya que tamo el derecbo como el Izquierdo comribuyen de modos di versos pero complementarios (Zaidel y cols., 1981) . En cuanto a las dems pruebas mencionadas, cada una de eUas puede indicar varios aspectos o dHicits. Por ejemplo, en el caso de las baterlas de afasia, la sub-prueba de nuidez ideativa (pag. 180) adems de ser especifica pata medir ciertos desrdenes de lenguaje y/o de lbulos frontales (sin afasia), es sensible a dano en estructuras Que implican alertamiento y conciencia. De tal modo, incluso meses despus de un coma prolongado, es posible ver dtficits en tareas, sin dfic.il li ngstico o pre-frontal especifico (Levin y eols,. 19'17). Las pruebas de denominacin y reconocimiento de objetos por su parte, no SOIl exclusivas de fenmenos afsicos (ver capitulo VI). Los estados confusionales y demenciales casi invariablemeOlc se acompa'lan de empobrecimiento del lxico y de dificultades para reconocer y denominar, secundarios a lentificaci6n, inatencin o distorsin pcrceptuaL Asimismo, como secuelas de dichos estados, Una de las constantes es la de pobreza Ihica y dificultades para. denominar asl como para asociar palabras, (Levin y cols., 198J). Tampoco es infrecueme observar signos de " desconex.in" como anomia tctil tras traumatismos craneo-enceflicos cerrados, lo cual probablemente indica la fragilidad del cuerpo calloso anle este tipo de conmociones (Lev'in y cols. , 1981 ). La prueba de reconocimiento visual de caras (Benton y ools., 1973) es sensible a defectos percepluales por leslones hemisfricas derechas pero tambien lo es a lesiones que hayan interesado el tallo (probablemente porque detectan faclores atencionales). Por OtrO lado, s.i bien la escala de memoria de Wechs ler tjene una alta carga de tareas mnsicas y atencionales, parece correlacionar en al to gradO con inteligencia, ya que es rallada por pacientes moderadamente deteriorados cuyo signo principal DO es una dificultad mnsica. Puede decirse pues que, en genera1, eualquier paciente moderadamente deteriorarlo puede fallar cualquier prueba que no sea elemental . Asimismo, 162 habiendo trabajado en hospitales durante aflos. jams han socitado informacin' a enfermeria! b, dolOS cuanrIIOli\ios: tambin es posble cuantificar algunas. de las ejecuciones del paciente confuso y deteriorado, en parte para graduar la severidad de los slntomas y en pane para valorar con precisin el curso de la enfermedad. Un valioso cuestionario es del de Artiola y cols" (Tabla VII O que mide cuantitativamente la evolucin de estados confusionales o amnsicos. Otras pruebas utiles para tales efectos incluyen las de: nuidez ideativa (denominar todas las nores. animales o frutas en tres minutos); pruebas de denominacin y reconocimiento de dibujos Que, adems de ser sensibles a perturbaciones afsicas, son altamente sensibles a estados confusionales; pruebas cortas de aprendizaje de listas de palabras o de dJbujos y que se valoran de acuerdo con el reconociniienlo con una segunda lista de palabras; pruebas de cancelacin de ciena letra eo una pAgina impresa con diversas letras, que son valiosas para valorar la atencin. Con pacieOl es ms orientados. se procede a evaluar el estado mental ("funciones superiores") y los dficits especificas sospechados. Tampoco exiSle una rutina fija para estos casos ya que la valoracin depende lanlO del estado del paciente y de las hiptesis iniciales como de su edad, educacin y de su historia mdica. Seria intil valorar a5pectos lingiifsticos en un paciente cuyo signo principal es desmotivacin por lesin frontal derecha, por ejemplo. Sin que sea una regla general , lo primero por valorar en estos paciemes es su status intelectual (presencia de deterioro y' evolucin del mismo) , El pronstico laboral y social del paciente cerebral se basa con frecuencia en el potencial que le resla tras la lesin. Dicha estimacin depende de la concepcin que se tenga de la inteligencia, pero, para su valoracin es indispensable algn Lipo de cuantificacin. Con pacientes de niveles educacionales medios o altos. la autora usualmente aplica la siguiente combinacin de pruebas (aunque no necesariamente todas ellas) : 1) versin corta del WAIS o las matrices progresivas de Raven: 2) balea Mul tili nge de Afasia de Spreen y Belllon (1969) estandarizada para Colombia (Guzmn, 1981); 3) escala de memoria del Wechsler y reproduccin de memoria de la figura de Rey o memoria para secuencias de cubos como las de Corsi o de Knoll (Milner, 1978); 4) discrimi nacin de caras de Benton (Benton, 1973); 5) orien t acin de lineas y discriminacin vis ual de formas de Benton. estandarizadas para Colombia (Guzmn, 1981); 6) prceba de praxis tridimeusi(1 nal. copia de la figura de Rey y cuestionarios de praxjs ideomotora e ideacionaL Obviamente, la escogencia entre estas pruebas deptnde, .. ... no se dijo, ( ) ~ las hiptesis iniciales y de los resultados hallados en las primeras pruebas aplicadas. Por otro lado, la mayorla de las pruebas neuropsicolgicas son equivalentes. pero necesitan de una estandarizacin previa. 160 Un segundo tipo de mediciones se obtiene indirectamente a partir de algn dato u observacin e infiriendo otro dato. Uno de los mejores indicios de deterioro intelectual se obtiene infiriendo [a discrepancia entre el coeficiente intelectual ha1lado (directo) y el coeficiente intelectual premrbido estimlldo. La diferencia entre escala verbal y de ejecucin identifica slo a un 571t'o de los lesionados cerebrales, y los signos de "organicidad" de Wechsler (1946) no son confiables ni vlidos (Spreen y Bentan, 1965). Como el potencial pre-mrbido casi siempre se desconoce, se recurri al concepto de C.L estimado que infiere la capacidad previa segn la educacin (para 9, 11, 12 Y ms de doce aftos de esco laridad, el C. I, total en el Wechsler fue respectivamente de 95, 102, 108, Y 115 en promedio). Una diferencia de ms de 30070 entre estos dos parmetros identificaba al 700/0 de los lesionados cerebrales (Fogel, 1964). Desgraciadamente, estos datos no son aplicables en Colombia. 2. Escogenclll de pruebu No existe un formato o una baterla que pueda aplicarse a todos los casos. Cada paciente exige una evaluacin diferente segn su estado, su educacin, sexo y tipo y motivo de remisin, la cual se hace con base en datos cualitativos y cuantitativos. a. datos cua/itat/l'os; se basan en la rusLOria mdica y familiar, yen una muy buena encuesta sobre aspectos premrbidos emocionales e intelectuales, incluyendo apariencia fsica, cortesa, acritudes, sentido del humor, etc.; conviene disponer de algn formato comportamental como el de la Tabla V2 para evaluar la eficiencia social con ayuda de familiares y enfermeras. Es posible tener que entrar en contacto con patrn o colegas de trabajo ya que a veces, en niveles profesionales medios o altos, la eficiencia laboral es la medida de su recuperacin (particularmente en individuos brillantes que puntan en el techo de las pruebas neuropsicolgicas). Estos son los casos en los que se impone una cuidadosa encuesta acerca de su personalidad pre-mrbida para determinar si se trata, al menos parcialmente, de un ajuste neurtico o de un dficit emocional o intelectual (fatigabilidad, deterioro leve no detectado por las pruebas, etc.) directamente adscribible al problema neurol gico. Con pacientes agudos se valora en primer trmino el estado de conciencia y de orientacin; caso de hallarse muy confusos u obnubilados, obviamente se postpone la valoracin de ., funciones superiores" Adems de las preguntas acerca de su identidad personal, nmero de hijos, lugar de residencia, datos de infancia, etc., es bsico interrogar a [os familiares y a la enfermera para corroborar la informacin suministrada por el paciente y para evaluar su comportamiento dentro del hospital. La enfermera es la nica que conoce bien las oscilaciones de nwnor o de conciencia durante la noche, la reaccin ante lo!> visitantes, los hbitos de au to-cuidado que realiza etc., y en este sentido la colaboracin psicologia+enfermerla es clave. Pero la autora sabe de colegas que, 159 cualquier persona UD. con un nivel educacional bajo podri ranar cualquiera de CStas pruebas por sencillas que parezcan. De ahlla urgencia de adaptar y normaliz.ar las diversas pruebas que se desea aplicar para las diversas poblaciones. parliculannente para las poblaciones marginadas y sociaJmente deprimidas de nuesuos paises. Sin ello. nunca podremos hacer diagnsticos sutiles de su estado mental y tendremos que atenemos a sus manirestaciones mAs burdas. 163 INTRODUCCION LAS AFASIAS " , .. En J886, estando en BllgicQ, 8oude laire sufre un ataque de par6/isis cerebral . . . Lo enfermedad se agrava rdpidomente. Lo que sigue es uno lenta y dolorosQ agon(o. Paralizado. mudo. medio imblcil, sobre'tl;'J an varios meses. 8oudefoire mudo hace pensor en Beethoven sordo. En 1867 muere osi, tristemente .. " el que fue /01 vel, el ms grande poeta de Francia", Andrs Ho/gu/n. Poesta Francesa. Despuis de Jo que A lojouanine piensa, fue un accidente cerebro vascular que lo dej 6 hemipljico de! lado derecho y afsico. el nico repertorio l'erbol que le quedara o Quien escribi la dedicatoria: " Q quincoflque a perou ce Qui ne se relrouve jomois " , ero el fragmento de blasfemia: "crbtom ", Por afasia se entiende \Jna perturbacin en la expresin o comprensin de sei'lales verbales en ausencia de deficiencias en los instrumentos perifricos de ejecucin 16S (musculatura y tracto fonatorio) o en los de recepcin (sordera. demenda), frecuentemente acompaada de deficiencias intelectuales primarias o secundarias a la perturbacin lingstica. El lenguaje psictico no es normal pero las perturbaciones radicarian en la intencin comunicativa; el lenguaje del demente tambin es anmalo por la aparente vacuidad ideatoria que da la impresin de que ste no tiene que comunicar. El afsico desea comunicar y tiene qu comunicar, pero no puede hacerlo eficientemente. Es importante pues, diferenciar la afasia de las enfermedades difusas y demenciales y de las lesiones perifricas o cereberales que alteran el lenguaje a otros ,uveJes (parlisis o paresis de los musculos, disartria, mal control respiratorio durante el habla, etc.). El lenguaje es un sistema de comunicacin basado en simbolos. Se supone que el cerebro humano est dotado genticamente de la capacidad para generar las reglas universales (gramticas) subyacentes a todo sistema comunicativo humano (Chomsky, 1968; Lenneberg, 1961), que sea vocal, gestual u otro (Teodorsson, 1980). Segun eSla escuela, el lenguaje no se aprende; se aprenden las reglas locales de uso de cada idioma con el respectivo lxico o vocabulario as como las formas de emplearlo (inflexiones, concordancias, conjugaciones particulares, etc.). El estudio de las alteraciones de lenguaje por lesiones del SNC se conoce como neurolingUistica. En toda expresin hablada i.ntervienen procesos: a) sintilgmiUcos que determinan la secuencia de elementos Que siguen y que le dan valor a cada fragmento de la expresin en tanto que partes de un conjunto (palabra o frase). Al decir" ... no creo que ... " el profesor de lenguas y el analfabeto tienen programado un subjuntivo en la clusula subordinada en castellano; b) Procesos pllrlldJgmlicos o asociativos que rigen las relaciones implicitas en una expresin y que permiten el juego de analogas, sustituciones y parafasias, o sea, capacidad de decir algo en palabras diferentes a las odas (Buckingham, 1977). En general, las lesiones anteriores, peri o pre-rolndicas conllevan disolucin de los procesos sintagmticos y las posteriores de los procesos paradigmticos. El conocimiento intuitivo perfecto que tiene todo nativo de las reglas de su idioma se cono;:e como competencia. Permite generar un nmero ilimitado de combinaciones linglsticas del idioma, reconocer lo que es y no es correcto idiomttcamente y diferenciarlo de expresiones ajenas al idioma en cuestin (Slobin, 1971). No se trata aqu de perfeccin lingstica acadmica, sino de perfeccin en el empleo de un lenguaje por parte de cualquier parlante normal, tal y como este lenguaje ocurre en la realidad. La ejecucin o desempeo se refiere a los aspectos observables de la comunicacin. En la medida en que lo que se intenta comunicar difiere de lo que se comunic, hay discrepancia entre la competencia y el desempeo. En ciertas afasias, la competencia es indudablemente mayor que el desempei'iO; otras veces el desempeo es mayor a la competencia ngistica. En todo caso, la afasia conlleva una merma tanlO en el desempei'lo como en la competencia no s610 de operadores lingisticos, sino de aquellos de clasificacin conceptual y perceptua! 166 (Keller. J 981). En estos casos el lxico y la sintaxis gramatical son correctos, pero no se emiten o se comprenden sino aspectos muy elememales del lenguaje, reducindose en general a una ecolalia marcada. Hipotticamente se han postulado procesos psicolgicos intermediarios que dan cuenta de la produccin lingstica. Se enumeran en serie por claridad. pero a nivel nellrofisiolgico pueden ser o antkipatorios y no necesariamente se\:uenciales_ J _ Ideacin Se trata de la generacin del lenguaje interior. 2. Almacenamlento. Se trata del vocabulario o diccionario personal de las reglas gramaticales que generan la articulacin de las palabras a nivel fonolgco y la articulacin a nivel sintctico o de fraile. Neurofisiolgicamente hoy se estudia qu. cmo y dnde se generan y almacenan estas sefiales. Respecto de dnde, se sabe que es predom inan temen te en el hemisferio jzq uierdo. La escuela asociacionista (L uria. 1973; Gesch wind. 196.5) proponen que se trata de reas discretas en las que se operan ciertos procesos que conectan por "'as de asociacin con otra!> areas, Otras escuelas (Bechtereva 1979; Ojemann, 1978; Brown, 1977) proponen que el hemisferio izquierdo y partes subcorticales izquierdas producen sei'tales Iinglisticas emisivas o receptivas basadas en cdigos sincrnicos de disparos y de pausas, De este modo. un solo "circuito" cortico sub-cortical efecta diversas operaciones segn el cdigo que emita en un momenlO dado. 3. Planeacln del programa Seria la obra negra ideatoria. Cualesquiera que sean las operaciones subyacentes a la generacin Iing'tilstica, a nivel molar se requieren varios lipos de llamadas a memoria: llamadas fonolgicas (retribuir "hogar" y no "hallar" J, y llamadas semnticas (retribuir "hogar" como famiJia excluyendo los dems significados de "hogar"). Adems, deben llamarse a memoria las reglas de articulacin entre palabras (sintaxis) para que la comunicacin cobre significado. As, se deben recordar las inflexiones (conjugaciones, concordancias, reglas de orden entre adjetivos. nombres y verbos, etc.). Cualquier alteracin en estos niveles resulta en diferentes tipos de trastornos del lenguaje. 4. Articulacin Al respecto, la preparacin motora de una expresin verbal se programa a priori, balsticamente y de modo ca-articulado. Es decir, en un segmentO de una palabra (vgr. el fragmento /tis/ de "jesuitismo"), el aparato fonatorio todavla est emitiendo sonidos de las silabas anteriores y ya est en posicin para emitir los sonidos que siguen. Las emisiones del tracto \local llevan informacin acerca de 167 varias caractersticas a la vez, y ademAs, contienen elementos fsicos de segmentos posteriores no perceptibles por el o do, pero detectables fis camen te (Li berman, 1973). Para esta programacin y preparacin, se necesita que las seales neurales (disparadas por el SNC teniendo en cuenta los dimetros y longitudes diferenciales de los nervios que inervan la musculatura) se truduzcan en seales mio-motoras. Como en todo acto motor diferenciado. estas seales se re-estructuran segu.n el estado momentneo y las posiciones relativas de lengua, mandbula, etc., de modo que, independientemente de la situacin inicial. el resultado sea equivalente (decir "casa" con la boca llena, cantando, en tono alto, gritando, o decir "casaca", en cuyo caso, el fragmento S8 es fsicamente diferente al de casa. pero se percibe como igual). Esto recuerda la eq uiv ale ocia de IlIs Ilctos motores de Lashley (1951) y supone un alto grado de control motor. A nivel receptivo, los sonidos articulados deben descodificarse en el SNC. Se supone que existen operaciones de orden "superior" que establecen corresponden- cias entre lo odo y el lxico interno de vocabulario y de sintaxis. De este modo lo odo se reconoce y se comprende. La produccin y comprensin del habla son procesos lnrimamente relacionados y cuasi simultneos. Cuando se escucha, los rganos fonoarticulatorios no estn en completo reposo y cuando se habla, interviene la propia retroalimentacin auditiva y kinestsica. En el adulto parlanle de su lengua materna, la retroalimentacin perifrica no parece ser muy importante. El factor decisivo sera la generacin anticipatoria de un' 'plan general" u "obra negra", a priori, de lo Que se va a realizar mediante los rganos articulatorios (pre-alimentacin a varios niveles). En cambio. en el nio y en el adulto que aprende una nueva lengua. la retroalimentadn perifrica auditiva y kinestsica parece ser dedsiva pero en cambio disminuye la fluidez. Existen otros modelos marckovianos no anticipalOrios de "derecha a izquierda", basados enteramente en una retroalimentacin perifrica de lo ultimo que se produjo como determinante de la siguiente secuencia (ver Fry, 1970). Como modelos del lenguaje humano, no son los ms adecuados ya que. de aplicarse tales cuales, resultara un lenguaje caracterlstico de ciertas afasias y esquizofrenias en las que no existe un plan generativo previo de la frase y en las que la ltima palabra determina la s.iguiente: se conservan asi las relaciones gramaticales, pero obviamente se pierde el sentido (vgr., "el Jaime que fluye la envidia perdida por el solfeo' '). A. NIVELES DE A NA LISIS DEL LENGUAJE Arbitrariamente se han determinado tres niveles de estudio que en la realidad no pueden desligarse pero que, tericamente, constituyen disciplinas aisladas. Ni sus reglas ni sus gramticas particulares pueden dividirse. Tampoco puede considerarse Que sean diferentes estos dos niveles en 105 canales emisivos y receptivos (o sea, Que exista una gramtica fontica emisiva, y otra receptiva). Lingulsticameme rigen las mismas constricciones aunque, obviamente los procesos neurofisiolgicos que implementan la comprensin y la emisin son dif eren tes (Sloan y cols., 1981). 168 l. Nivel foulico y fonmico Se trata de niveles de anlis.is. El fonema se define como la minima parte reconocible de un sonido articulado que confiere significado a tina emisin. Se compone de las caractersticas vocales que hacen distintivos dos sonidos que pueden Uevar significado (vgr., "pu" y "bu "), El anlisis fonolgico descri be las relaciones dinmicas elltre los diversos aspectos articulatorios (Lyons, 1970). La implementacin fsica de las inslrumentalidades que implementan estos programas (abstractos) se estudia en la fontica. Existen 93 fonos o sonidos elementales articulados universales. En espaol se emplean 24 y en ingls 28. El fono es determinado por: el punto de la artkulacin (alveolar, labial, dental); la voz (lapso entre el comienzo de la vibracin larngea y la expulsin del aire); modo de articulacin (nasal, lateral, oclusivo, ele .). Eu fontica. adems de las caracteristicas anteriores, se tiene en cuenta, para el anlisis de un segmento vocal, la acentuacin o nfasis y la en tonacin. En ingls se comprenden hasta 400 por minuto, lo que implica un poder de resolucin del aparato acstico de 30 fonemas por segundo. Si la generacin del discurso hablado fuera un proceso enteramente secuencial (markoviano y programado nicamente de derecha a izquierda, sin plano II "obra negra" de la emisin, por corta que sta sea). la duracin de los movimientos musculares tendra que ser del orden de menos de .50 msg., lo que excede la mxima capacidad del sistema nervioso vertebrado (motor y receptivo). Por tanto, la emisin hablada debe condensarse para que, sin prdida de elementos. informativos, se emitan simultneamenfe varias caractersticas. La unica forma de comprimir la emisin sin prdida de informacin es cudificando la emisin articulada, de modo que los 30 fonemas que se emitirn en un segundo, se generen en paralelo (simultneamente/, condensando la informacin en el tiempo. De este modo, cada gesto arliculatorio (combinacione5 dinmicas de musculatura fonatoria y respiratoria para emitir fragmentos). se compone de movimientos com1:1inauos de segmentos anferiores y posteriores. De no ser asi. ni el odo humano. ni el aparalO fonatorio podran resolver un dbito tan alto. La codificacin parece basarse en la sobreposicin articulada de dos o ms soni- dos adyacentes, con la consiguiente economia en tiempo. As. segn el contexto articulalOtio. la conformacin fsica de un mismo fonema difiere. Un parmetro importante que el sistema nerviuso ufiliza es la concentracin de energa que coincide con cierta emisin vocal y que se conoce como rormante. Al variar las forman tes, la conformacin acstica de la emisin cambia radicalmente. El reconocimiento de consonantes parece en el nter-juego de la segunda formanle o segunda concentracin de energi a e n orden de magnitud. En la Fig. VI-l se esquematizan los espectogramas de /di/ y /du/ en ingls. La Id/ perceptualmente es igual, pero el registro fsico marca diferencias sustanciales segun la vocal que sigue. En /di! las frecuencias de la segunda formante (segunda concenuacin de energa que coincide con la vibracin vocal) cambian de 2000 Hz a 2600 Hz y en 169 / du/ cambian de 1200 Hz a 700 Hz (Liberman, 1913). Asi, y en todo momtnto, SI! t=ncuentfao caracterulicas acslicas IIsicas que pertenecen a segmentOS anteriores y posledores.pero que perceplualmente no se discriminan. " :r
PIGURA VI,l , Esquemas de e!l'
,----
,--- pecLOgramas de diver8llll flrticula- , ' = = cione!l en ingl9. La blinda inferior ! " N .. 1= COTnlaponde a la frecuem:: u. funda, , mental 'y la superior 11 111 segunde fOl'1llsnWl , cl ... p". discriminar
consonantes. Segn la vocal que i
,
siga. el e3pectOgrflrlUl es compleUl- , = mente diferente, an , la primera
..
, consonante no varia Icomparar, por r-- ejemplo, la formante ne I di / ,lda/ , y I du/ l. Tomado dI! '------ Libennllny eol., , 1966,. ,--- '--- = " .. " '- El sistema auditivo adems. debe reconocer las articulaciones para lo cual desecha innumerables variaciones fisicas que no son ind.ispensables para la aprehens in de la articulacin en si. Por ejemplo. las diferentes longil udes del tracto vocal (voz de hombre. mujer y njno) producen emisiones bsicamente muy diferentes, pero que St perciben del mismo modo; se deben descodificar las pausas entre clusulas, indispensables para la ulterior codificacin semntica (Reich, 1980). Otra fuent( de variacin f1si ca (que no se percibe) es que la energla no se concentra nicamente (n las formantcs criticas para reconocer consonantes y vocales (stgunda tercera respectivamente) sino que se rtparte a lo largo de toda la emisin, creando un " ruido de fondo" que tiende a opacar las formantes. Sin embargo, el sistema auditi vo extrae las formanles y 'borra" el ruido de fondo (Liberman y cols., 1967). En resumeu, la djscrimi nacin fontica y (anmica requiere: a) reestructurar sonidos en calegarias, e.'(traer las caraclerlsticas transmitidas en paral elo y antiC1Pa,r lo que seguir 5 6 6 segmentos ms tarde; b) extraer nvarianzas de est imulos f sicos diferentes, o sea, equipararlos; c) "limpiar" las expresiones de anificlos que opa- can la pureza de las (ormaotes; d) introducir pausas donde fsicamente no las hay, El hemisferio izquierdo sera dominante para estos procesos. De hecho, fonemas generados por computador y no co-artlculados se procesan por igual en ambos hemisferios y no muestran 13 vemaja de odo derecho del lenguaje natural. Fallas en la extraccin de estas caracteristi cas no determinan por si una afasia. peJ"O probablemente contribuyen a dichas perturbaciooC!S. 170 2. Nivel sintclko. En este nivel, la sobrevida de la codificacin fontic.a en memoria a corto plazo (MCP) es muy transi\oria (aproximadamente 10 seg.). Pata recordar lo que se oy es necesario hacer transformaciones para almacenar el material en memoria a largo pluo (MLP). En este proceso, las seflales se resumen, las redundancias e irrelevancias se obliteran con i nevitable distorsin del mensaje inicial (Liberman, 1973). La reproduccin de lo que se oy horas o das anles se basa en un buen empleo de procesos paradigmticos (sustituciones, analogfas. etc.) y sintagmlcas (re-estructuracin) que implica un conocimiemo perfeclo del idioma (competencia). Segun McCawlwy (1968) ,; ... Hay slidas evidencias de que las relaciones semnticas entre palabras neurolgicamente ms importantes y prominentes que las de semej anza fonti ca 1 lo que sugiere que el lxico organizado semnt icamente es un mejor modelo (ms sencillo y ms eficientc)" , Se han propuesto los siguientes tipos de transformaciones que ocurren en el proceso del paso de memoria a corto plazo a memoria a largo plazo: "conocer la superficial del idioma o sea, la forma aparente de lo oido. Para ello. deben identificarse las palabras eo eategorlas gramaticales de modo que su orden mismo confiera significado; y debe hacerse uso adecuado de los morfemas gramati'cales (preposiciones, adverbios, conj unciones) para subdjviclir la oracin en emisiones lgicas (Sloan y col. , 1981). As, de [a frase: . , Juan se comi el pernil" , el sentido que se desdobla en Jtimo ttrmino e5: "quien comi Qu" , concepfo Que puede traducirse en varias formas gramaticales (de superficie), o sea se traduce en tstructurll profundll (o signincado): a) "El pernl fue comido por Juan" o, b) "Juan comi un pernil". Reconocer ambigedades y hacerse preguntas al respecto: "Mientras atacaba a Juan se le ocurri una idea" . Cualquier parlante competente pregunta: "quin atac?" con lo que surge n dos estructuras profundas de una sola estructura de superficie: a) "Mientras atacaba a Juan I se le ocurn una idea": b) "Mientras atacaba / a Juan se le ocurri una idea" . En las afasias, la flexibilidad en el manej o de estas relaciones se altera tanto en la produccin como en la percepcin del lenguaje. Codensar o expandir ti Idioma. Conociendo las relaciones de gramaticaldad (de lo que pertenece al idioma o de lo Que no es de dicho idioma). de sujeto-objetoagente. y de orden. e.s posible hacer variaciones indefinidas sobre una misma secuencia, con gran economla de informacin. En lugar del lenguaje expandido de la frase a se Li ene la frase comprimida de b. mucho ms fcil de memorizar: a) El hombre es joven. El hombre tiene novia. El hombre se casa en la iglesia. La iglesia es protestante. Se conviene en: b) El hombre joven se.casa con su novia en la iglesia protestante. En las afasias anteriores, de predominio expresivo, se pierde la capacidad de operar con rel3dones si ntagmticas que condensan el idioma y por consiguiente, la produccin no es gramatical 'i se da en lenguaje expandido (Goodglass )' cols" 111 1979). En estos casos, se ha suprimido buena parle de la En las afasias posteriores, a ve.;es se hace una emalada gramalical en la cual se insertan clusulas unas dentro de otras, indefinidamente, en detrimento de la idea central. O sea, la sintaxis est presente pero mal escogida y desordenada. Anticipar A nivel sintctico, este proceso es anlogo al de la coarticulacin. lmplica que desde el comienzo de una frase, se dispone del plano o copia de la idea original. Este esqueleto "inlerno" (ms o menos inconcienle puesto que se est verbalizando), hace posible que durante la expresin se considere lanto la idea central como la sintaxis, "Cmo se escap, nadie lo entiende"; "Como hagan ruido, los castigo". "S Que hay petrleo en Colombia"; "No dudo de que haya petrleo en Colombia". La primera palabra determina el modo del verbo de la clausula subordinada Que puede '!coir incluso dos o tres clausulas despus. Aqu es irrelevame que el parlante analfabeto conjuge "no dudo de que haiga" y que el parlante educado diga "haya". El punto es que en ambos casos rige un subjuntivo y, para el psJcolingista, ninguna forma es ms correCla que otra. Una incorreccin a este nivel sera decir: "no dudo de Que hay" cosa poco frecuente entre hispano-parlames. En todos los casos citados, rige la constriccin impuesta por la primera palabra. El procesamiento paradigmtico de elementos del lenguaje Que todava no han aparecido se altera particularmente en afasias posteriores. Entonces se observa un lenguaje sintctkamente correcto, al cual le hace falta el plano de la idea original, lo que resulta en jergas y ensaladas de palabras. B. CONSIDERACIONES SOBRE LAS UNIDADES LlNGUISTlCAS Se dijo que el fonema, la palabra y la frase son las unidades de anlisis de los nive1es fonemico, morfmico y Como toda divisin arbitraria, esta clasificacin dificulta delimitar los parmetros Que definen una y otra unidad. El anlisis semntico se aplica a la palabra y a la frasco Se supone que en el lxico memo, cada palabra tiene un campo semntico de palabras relacionadas (homnimos, sinnimos, antnimos. superordinados, subordinados, atributos, funcin, y en general, todos los agrupamientos lgicos en torno de un percepto acstico con significado). La comuoalidad de los campos semmicos entre los diversos parlantes es requisito indispensable para la comunicacin y es uno de los aspectos ms vulnerables en las afasias en las que stos se reducen y tienden a ser anmalos con asociaciones irrelevantes (Goodglass 'y cols., 1976). Finalmente, el verdadero significado depende del interjuego de los campos semnticos dentro de un contexto gramatical y social dado. Adems. la palabra sola, a nivel semntico, no lleva 1>ioo una mnima parte de la informacin cuando se la analiza a la luz de la frase entera (como el fonema analizado a la luz de la palabra entera). El interjuego de pausas (Klima y col., 1966) entonaciones y arquitectura general de la frase (Reich, 1980) as como los concomitantes gest uales no verb ales (Teodorsson, 1980) son 172 criticas para, la comprensin del mensaje. As. en la rrase: "iba a coger el avin pero era demasiado pesado", no es sino al oir "pesado" cuando la frase se aclara. C. RELAC/ONENTRE PENSAMIENTO y LENGUAJE "co bien asl cmo el cntaro quebrado se conoce por su sueno olfosf el seso del hOmhre es conocido por lo polabra ' : A (fonso X El Sabio. Partida 11. I V. I -J.I2JO DC. El tema se ha tratado por filsofos. ciemificos y poetas. IntuitivamentC' rC'sulta obvio que son diferentes, aunque ni neurofisiolgica ni conceptuaJmente se han desentraflado las diferencias, SI punto clave es qu tan correctamente puede pensar un afsico.Jackson (1873) postul que el af.sico es "cojo" en su pensamiento, lo cual se confi rma hasta cierto punto con base en eswdos de categorizacin, abstraccin y razonamieOlo. Los cognitivistas (Chomsky, (967) suponen que el lenguaje es un logro de la cognicin y que trasciende la representacin anloga o isomorfa con la realidad. En el humano. ellenguajC' se ha tornado en el " vehlculo de la conciencia" (Brown, 1977). El lenguaje: en s no es pensami emo (como lo atestigua el lenguaje vacio o ecollico de afasias severas o demencias), Pero, evolutivamente, el pensamiento se hace posible:- a travs del lenguaje y a travs de la memoria. El lenguaje tampoco es lgica, pero supone una "lgica" impresa en los conglomerados celulares que lo generan, tan lgica como la " lgica" subyacente a los procesos que, exgenamente. los psiclogos y filsofos llaman "lgica" . Una alteracin en el sistema simblico altera el lenguaje (como en ciertas esquizofrenias), pero, puede una perturbacin lingstica dejar relativament e intacto el sistema simblico, dado que pensamiento, cognicin, memoria y lenguaje son procesos tan ndisociables a nivel de productos finales? Es pregunta a la que se ha respondido afirmativa o negativamente pero casi siempre, apasionadamente. En el mornenl O, parece quedar sin respuesta, pero tendencialmente, la balanza parece inclinarse hacia una negativa. Por anlisis factorial es de las respuestas de los af.skos. se demuestra una merma general en todos los procesos cognitivos, linglsticos, y supra-Jing($Ii cos ya que todas las ejecuciones linglsticas nter-correlacionan entre si y tambin Jo hacen con un factor super-ordinante cognitivo (Crockclt y 0015., 1981). Sin embargo, pueden existir trastornos del pensamiento y del lenguaje con buena visualizacin interna, lo cual impide que el paciente sea un demente (Levi ne 'Y c o l s . ~ 1982). 11. EVALUACION DELPACIENTEAFASICO El tipo de exmenes y pruebas escogidos para valorar al pacient e afsico depende bl\.sicamtnte del estado del paciente y del objetivo de la valoracin. Cuando la afasia es muy severa, y la valoracin debe realizarse al pie de la cama, lo meojor es 173 una investigacin sumaria y elemental de los aspectos lingsticos ms bsicos. En genera1, los neurlogos disponen de formatos muy cortos, que para tal fin son 105 ms adecuados. Con afsicos cuyo repertorio es mas amplio, el examinador debe tener presente el objetivo de la valoracin, la cual puede dirigirse a: a) valoracin descriptiva para fines acadmicos y de investigacin; b) valoracin diagnstica para efectos de rehabilitacin y de consejera al paciente y/o familiares; e) seguimiento y evolucin del curso del trastorno. Excepto cuando la valoracin es sumaria por la gravedad del paciente, es preciso escoger pruebas que cumplan con los requisitos mlnimos de los instrumentos de medicin. Es decir, deben haber sido adaptados y estandarizados para la poblacin con la que se emplean, con normas y ajustes por edad, educacin y sexo; deben poseer validez. de criterio externo y validez predictiva. Particularmente en el caso de las pruebas de afasia, deben tener el menor peso posible de factores intelectuales o educativos (por lo cual las pruebas de razonamiento, sintaxis y aritmtica deben calibrarse finamente a la poblacin blanco), Como de todas formas hay una aJta correlacin entre estos dos tipos de factores, Spreen y col., (1981) sugieren la utilidad de disponer de algn estimativo de la inteligencia pre-mrbida del individuo. Asimismo. sugieren que el tipo y cantidad de exmenes se subordine a la informacin extraclinica disponible acerca del paciente. Esto es tanto mas vlido en pases como Colombia en el cual muchos hospitales, incluyendo algunos Que se dicen "especializados" en realidad funcionan como hospitales de guerra. En estas condiciones, es dificil hablar con los parientes del paciente, los servicios de en fermena estn sobrecar gados y diflcilmente pueden contribuir con informacin de las conductas del paciente en el pabelln y, a veces, ni siquiera se dispone de una historia clnica coherente y mucho menos de un diagnstico neurol6gico con tecnologa moderna. Resulta entonces un tanto bizantino aplicar balerias extensas como la de Bastan o Luria-Nebraska, cuya lgica intrnseca es, en parte, la correlacin con los hallazgos neuroradiolgicos. En tales casos, es ms razonable realizar una valoracin cualitativa de los dficits y areas preservadas (enae ellos, de la capacidad de re-aprendizaje verbal del paciente) y sugerir lineas generales de tratamiento o de conductas en el hogar. Es daro que si se trata de conducir investigaciones de tipo lingstico o acadmico, sin que la condicin mdica interese. el psiclogo puede aplicar las pruebas que crea convenientes para sus intereses (pero no para los del paciente). Cuando se dispone de un contexto mdico y familiar ms desahogado, se procede a aplicar bateras de pruebas de afasia cuya escogenda depende del marco lerico y de la orientacin particular del examinador, de su pericia y de su experiencia en el manej o de estos problemas. En co n tex tos emi nentemen te pr agm ticos y operacionales, lo ms lti! es recurrir a las escalas de comunicacin pragmtica que valoran la capacidad del paciente para comunicarse en contextos cotidianos, tajes como hablar por telfono, pedir cambio de moneda, hacerse comprender por se6as. etc. Entre estas escalas se hallan el "Functional Communication Prome (Sarna, J969) y el perfil de Communicative Abilities in Oaily Living (CADL), <Holland, 114 1969) que subrayan la capacidad de comunicacin no oral del sujeto. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que la afasia en s, conlleva un dficit general en la interpretacin y emisin de gestos y de pantomima facial y corporal (Feyereisen y col., 1982: V arney, 1982). Es im ponante valorar estos aspectos por la posible interferencia que pueden lener con rehabilitaciones basadas en lenguajes no orales y en gestos cnicos, como las que propone, para algunos afasicos solamente, Peterson (1981), Entre las bateras cuya lgica imerna se basa en postulados neurolingisticos, las ms empleadas y apreciadas por su esmerada construccin, validacin y estandarizacin son: a) Muttilingual Aphasia Examination (Spreeo y Bemon, 1969) cuya ventaja radica en disponer de versiones paralelas y graduadas en otros idiomas; b) Bastan Diagnostic Aphasia Examination (Goodglass y Kapian, 1972), con traduccin al espailol, pero sin adaptacin ni estandarizacin ad hoc; e) Western Aphasia Battery (Kertesl, 1979). Estas tres bateras se basan en la clasificacin tradicional de sindromes afsicos segn la localizacin de la lesin cerebral subyacente. Son equivalentes tanto en el tipo de pruebas que contienen como en su poder predictivo y en su lgica interna. Por otro lado, se tiene la prueba de Minnesota Test for Differential Diagnosis of Aphasia (Schuell, 1973) tambin traducida al espaol, tambin carente de normas y cuyo objetivo es la rehabilitacin global ya que su lgica imema supone que el afsico padece de un dficit cognitivo global. Finalmente, se tiene el Porch Inde.'\( of Communication Abilities (PICA) basado en un modelo Iingsrico anlogo al de Osgood (1963) y validado mediante complejos anlisis multifacroriales que no han terminado todavia (Clark y cols., 1979). Consta de 18 pruebas (bsicamente las mismas de las baterlas ya mencionadas) Que se evalan segn el puntaje total y la precisin, cooperacin para responder, rapidez, eficiencia y completamiento de las respuestas. Su estructura se que correlaciona ahamente con los otros tres), Este factor super-ordinante y supra-lingUistica indica que, al menos en pacientes de edad, se encuentra un deterioro cognitivo general subyacente al dficit particular afsico (Crockeu y cals., 1981). Antes de entrar a describir la evaluacin bsica del afsico, una palabra sobre la clasificacin de los trastornos del no existe, en el momento, una taxonomfa verdadera de las afasias, en parte porque ignoramos cmo genera el cerebro el lenguaje. Los sindromes y entidades descritas a continuacin son meras observaciones de ejecuciones en ciertas y determinadas pruebas (muchas veces hijas de la ingeniosidad del autor) y frecuentemente se sobreponen lunglstica y cognitivamente (tal como lo demuestra el analisis multfactorial del PICA), Estas macrorespuestas no corresponden a los microprocesos neuronales cuya epignesis es un aspecto del lenguaje; por tanto, no siempre corresponden a la lesin aducida por los autores, en parte por la variabilidad en la conformacin de los cerebros individuales y en parte, como ya se ha dicho, porque muchos de estos comportamientos no estn inscritos en el alambrado del cerebro sino que son el resultado de un "software" altamente flexible. Si bien la correlacin 17.5 anaromopatolg.ica tiene inters acadmico, en clnica hospitalaria, es mas importante valorar tos puntos fuertes y dbi les del paciente, tanto en sus aspectos linglsticos como cognitivos y emocionales, preferencialmente con algn tipo de estimacin cuantitati va. Como no se trata de aplicar pruebas a ciegas, sino de valorar una condicin, deben tenerse presentes las condiciones neurolgicas del paciente que pueden incidir en su ejecUCin en pruebas (aspectos. mOlares o sensoriales que pueden impedir que realice una tarea por motivos ajenos a la afasia) asf como las condiciones emocionales que tambin pueden ser definitivas en la valoracin y tratamiento . <\ continuacin se describen los aspectos bsicos del examen de afasia (Examen Multilinge de Afasia de Spreen y Benton, 1969 y Batcria de Afasia de 80ston de Goodglass y Kaplan, 1972), que introducen el vocabulario bsico y sensibilizan al est udiante a detectar los mhiples factores que entran en juego en el lenguaje. Por norma, se observa: A) el lenguaje. espontAneo (expresivo) y S) el lenguaje bajo condiciones slsltmatlzadasde rdenes y preguntas (referencial). A. LENGUAJEESpONTANEO Senson (1971) propone una cuidadosa evaluacin de Jos siguientes parmetros del discurso ame preguntas abiertas (vgr: "cunteme de sus hijos " o "cmo es su trabajo"). Ftuldt1.: dbito de emisiones articuladas por minuto, Las afasias por lesin anterior ocasionan lenguaje poco fluido y las posteriores. por un dbito aumentado, excepto la anomia o dificultad para encontrar palabras. que puede no ser fluida y es posterior. Sin embargo, debe tenerse en CUenta el factor de severidad de la afasia, ya que Jos trastornos muy severos se asocian con lenguaje poco fluido independientemente de la localizacin de la lesin (Karis y coi . "1916) . Contmldo: las expresiones se clasifican gramaticalmente en: a) palabras de (sustantivos, verbos y adjetivos) y b) plIlabns KnllmaOcaJt!J o marcadores (preposiciones, conjuncioneS', anlculos, algunos adverbios, etc.). Las afasias expresivas anteriores preservan el ndice de palabras de contenido pero reducen a ms del 50070 los marcadores (Goodglass, 1966), Las afasias fluidas, posteriores, se manifiestan en predominio de marcadores y detrimento de palabras de contenido. El anlisis del tipo de palabras permite una pri'mera aproximacin clasificatoria de la lesin responsable de la afasia. En orden de mayor a menor preservacin de Jos porcentajes normales. en las afasias anteriores se observa predominio de: sustantivos, verbos, adjetivos y en las posteriores predominio de: marcadores, adjetivos. verbos (Brown, 1977). AsI. el discurso del afsico anterior es agramtico y telegrfico pero muy significativo, y el del afsico posterior es gramatical, fluido, pero vacio de significado. 176 Prosodia: definida por el rilOlo. inflexin y limbre que conforman el "acento" peculiar regional y el lona emocional , Fonolgicamente. se basa C'n caractersticas combi nadas supra-segmetales, con una calda en la frecuencia fundamental (lona) en el ult imo segmeOl O de la emisi6n (Coopcr y ca\., 1980). Algunas afasias son disprosdicas, con lenguaje montono o con simulacin de acentos extranjeros. Una paciente de la autora, con secuela afsica por lesin anterior y sin oua educac,in que la primaria. era tomada por angloparlante porque la entonacin de las frases y la pronunciaci6n de las I rl simulaba la prosodia anglosajona. Articulacin: no se trata de deficiencias motoras primarias (disartria). las dificultades articulatorias afsicas son variables y afectan generalmente el punto y modo de la articuJacin pero no siempre en la misma palabra. La dificultad mayor en las afasias anteriores es en las primeras silabas; en las afasias posteriores es en las ltimas slabas (Burns y col., 1977:: Tras! y c.ol.. 1974) . Esfuerto: dificultad para iniciar o proseguir la expresin. Regulacin del nmero de emisiones por unidod de tiempo (dtbilo): en las afasias fluidas, el dbito va "i n crescendo" de modo que las ltimas silabas y palabras de una frase son irreconocibles y forman una jerga fonmica . En las afasias anteriores el dbito puede dismi nuir y conformar un discurso montono, lento y dificil. En casos leves, el dbito es inconstan!e por las adiciones o complicaciones {onmicas u omisiones otroducidas. LOlIgitud d, la frQSe: agrupando las expresiones que formaD una idea segn la I 6 grupos de+5 palabras. 1 ' 6 I n d re ael n grupos de 1-2 palabras se encontr una corre aCl n entre a UI el. y longitud de la frast: y cols . 1964). Anatmica y lingsticamente. hay una asociacin entre el bajo comenido de sustantivos. el alto dbito, la longitud de la frase y las lesiones posteriores. Poro!asias: son distorsiones o sustiluciones de palabras (en discurso normal equivale al sinnimo). Pueden ser: a) parara.slils ront mtcas o lllerales consiSte.nles en trasposiciones , omisiones o sustituciones de sonidos. predominantes en afasias expresivas anteriores. Si ocurren en las posteriores ti enden a darse al final de la palabra; b) par.faslas stmintkas o vtrbales: son susti luciones de una palabra por otra, en general relacionada semnticamente con la primera (gafas por microscopio). La parafasia semntica C3 error casi exclusivo de las afasias posteriores, as como la circumlocucio o rodeo semntico para Uegar a un concepto ("ellablero para poder ver el tiempo de la hora" por "reloj"); e) neologismos: son mezclas irreconocibles de parafasias fonmicas y semnticas (vgr. "onfsicauden"). y son frecuentes en las afasias severas nudas. Gramddco; se refiere aJ contenido y sintaxis, El afsico anterior viola las reglas .sintagmticas con su lenguaje telegrfico, sin marcadores y sin inflexiones. pero 177 respeta la semntica: "casa ... no sola ... sobrina" . En cambio d posterior 110 dice mucho con su lenguaj e prolijo, vado y a lJCi:es neologistico: '105 cosinfilos de all arriba ... liD se pueden, esto .. . no \:as. como dke ... ' , Las jergas fanmicas y semntica5 tlenden a respetar la simaxis (Brawn. 1976; Hcaen , 1972). AUlOcorrtcc;onts: la gran mayoda de los arsicos intentan corregir sus errores. Las autocorrecclones pueden ser exitosas o no (lo cual es importante de considerar para el pronstico y valoracin de la severldad de la afasia) y se dividen en: inmediatas y emitidas sjn esfuerzo; lentas y laboriosas con muchas aproximaciones a la emisin deseada; insinuadas por el examinador e intentadas por el paciente; no corregidas en si, pero con conciencia de haber comet ido va ri os errores; no corregidas en s . pero con conciencia de haber cometido slo un error. En cuanto mas severa la afasia. menos frec uentes son las autocorrecciones. puesto que stas, por indicar una insatisfaccin general con la calidad de la produccin, cierta conciencia de la discrepancia entre la competencia y la ejetucn. En cuanto mayor la competencia li ngs tica del afsico, mayores las autocorrCi:ciones (Marshall y col . . 1982). ASptC(Qf emocionalts: finalmenrc. como en toda evaluadn cUni ca, I!S preciso considerar el cuadro emocional presentado. Es sabido que los afsicos por lesiones posteriores tienden a presentar caraclerlslcas de desinhibicin, euforia O despreocupacin por sus dC'fectos, a con actitudes ralsamente jocosas. Esto no impide Queocasionalrnenle presenten crisis de angustia. ansiedad y frustrllcin cuyo desenlace puede ser fatal. En cambio, lOs arsicos por lesiones medias y los af:\sicos globales (por lesiones e;lC tensas) tienden a mostrar, o bien un cuadro de indiferencia y apata, o bien agudas depresiones . En cuanto mayor la lesin de Jos afsicos flu.idos posteriores, menor la depresin, mientras que en cuanto mayor la lesin de los afsicos globales, mayor la depresin. En estos ltimos. adems. el momento de mxima recuperacin en la terapia coincide con el momento de rnfl.x..ima depresjo, lo que probablemente revela un aumento en la claridad del juicio acerca de su propia si tuacin (Sarno y ('015., 1981). En cambio, no se hall correlacin eotre la extensin del dailo y la presencia o grado de depresin en afsicos por lesiones anteriores_ Probablemente, la proximidad de reas prefrontales ocasionaria cierta inercia e indiferencia al dficit (Rabinson y col., 1981). Desde el punto de vista diagnstico. la presencia de depresi[\ scria pues. un signo positivo en ciertos afsicos. ':J negativo en otros. B. EXAMEN ESTANDARIZADO. Ame tareas y rdenes cerradas surgen dificultades no aparentes en conversacin espontnea (y viceversa). Denomlnaci6n: evocacin del nombre de. un objeto dibujado o real. Como todo afsico tiene dificultades al respecto. es ms importante evaluar la cualidad del defecto. Los afsicos anteriores se bloquean ("no .. . no s ... ti ) o emiten una parafasia fonmica (lata por mata) . Los posteriores recurren a ci rcumJocuciones o 178 parafasias semnticas (rbol por flor) . Un error o bloqueo no implica olvido de la palabra. la retribUcin de un vocablo puede variar sorprendcOlemen(C segn Que se evale en discurso libre (expresivo) o en tareas cerradas. referenciales. Un pademe relat q, ue acababa de hablar por telfono. Confrontado ame el dibujo de un telfono se bloque ("no, no. no s ... " ) entreg la lmina y termin diciendo: "es que no me acuerdo Cmo se dice telfono". Los bloqueos, autocorreccion,es y esfuerzo para retrIbuir palabras de los afsicos anteriores comraSlan con la facilidad para emitir parafasias de los posteriores, a menudo sin conc-ieQ.cta de error y sin autocotreccin. Los afsicos annimos y algunos anteriores se benefician de que se les indique la o las primeras snabas; en cambio, los de conduccin no pueden repetir la palabra entera (aunque sepan Que es). Los errores son variables y no debe esperarse Que un afsico se bloquee siempre ante la misma palabra o emita la misma parafasia. Luda (l973) especula Que para evocar una palabra, se activarlan campos neurofisiolgicos o " matrices multidimensionales" correspondiemes 3 la palabra, y que se inhibirlan los "campos de otras palabras" . Si la acti vacin no es diferencial. sc evocan con igual "intensidad" varias palabras y el paciente se bloquea. Adems de ser muy especulativo (realmente los procesos de equilibrio racilitatorio e inhibilo ri ose conocen a nivel celular, pero no molar), este modelo no explica las parafasias. De ser correcto, los errores serlan al azar, sin resprto por la si ntaxis o semntica (Buckingham, 1917). Pero las parafasias, a pesar de su en un mismo sujeto se relacionan con el campo semntico y/ o con la fanmica de- la palabra buscada. los errores fontmkos conslan de substituciones eb por d), adiciones (dredo por dedo), omisjones o combinaciones y complicaciones. El punto y modo de la articulacin se distorsionan ms que la voz o nasalidad (Buros 'f cot., 1977), lo que indica una jerarquia en la generacin [anmica (Shewan . 1980). Asimismo, la duracin de los segmentos ti ende a alargarse desmesuradamente (Ryalls., 1981). Sin embargo. la afasia no es una mera alteracin en la ejecucin fonmica, como lo demuestra la organizacin anmala de los campos semnticos de los afsicos (Rinnert y col.. 1973). Raonocimlemo de objetos pQ/pados o "Jslos por su uso. Rtpttlci6n de pawbras o frases: la mayorla de los afsicos tienen defectos al respeclo. Si bien todo afsico tiene una disminucin en memoria verbal a corto plazo (Loc.ke y col., 1978), la diricuhad para repetir no se reduce a un problema mnsico ya que con frecuencia recuerdan las palabras pero no su orden (Strub y col .. 1974) . Los errores en repeticin pueden ser , en afasias anleriores: fonmicos (al comienzo de la palabra) y sintacticos (va por fue). En afasias posteriore:; son fonmicos (en la mitad de la palabra) y semnticos (plaza por caJl e). Esto obviamente no es regla absoluta y se refiere a la prevalencia de errores en ciertos 179 cuadros. En las afasias muy bloqueadas se comienza el examen por slabas y palabras carlas. Construccin de frases: a partir de palabras aisladas en orden, se construye una oracin (vgr. el ___ gan ---=-- pesos), Detecta empleo predominante de marcadores o de palabras de contenido y relaciones sintagmticas y paradigmticas (vgr. "el fue gan apuestas pesos", secuencia en la que cada palabra determina nicamente la siguiente y no conforma una frase en si). Fluidez: denominacin, en unidad de tiempo, de palabras categorizadas (animales o palabras que comiencen con cierta letra). El dbito espontneo mencionado (fluidez) evala aspectos cognitivos y perceptuales. El dbito se refiere ms al control fonoaniculalorio. Todos los afsicos faIJan esta prueba por deficultades en evocar sustantivos y adjetivos, por perseveraciones o por dificultades en asociar (configurar agrupaciones lgicas bajo una condicin). Normalmente, las palabras (vgr. naranja) asociadas se cJasifian por relaciones de (fruta) subordinacin (cscara), atributo (dulce), contraste (manzana), funcin (comer), contexto funcional (desayuno), o asonancia (alhaja). El afsico no hace converger todas las asociaciones pertinentes a un concepto por lo que sus campos semnticos son anmalos, reducidos, y su desempe"o en fluidez es pobre y perseverativo (Goodglass y col.. 1976). Comprensin de palabras o frases IMblo.das: mediante dibujos (almanaque, reloj, perro, plancha), se pide sei'i.alar "el que marca la fecha". Evala comprensin y laxitud de los campos semnticos y permite graduar aproximaciones (sellalar "re- loj" para indicar "fecha", es mejor que sellalar perro), Al respecto, la comprensin no es un fenmeno todo o nada y se compone de mltiples factores auditivos aten- cionales y de descodificacin fanmica y semntica, (Hcaen, 1972), por lo Que lodo afsico manifiesta defectos en comprensin, a menudo desapercibidos en el examen neurolgico rutinario y hace que la evaluacin comprensiva sea ms dificil que la emisiva. Si el defecto en comprensin es severo, se tiende a minusvalorar la capacidad del enfermo con base en que no respondi preguntas sencillas; si es leve se tiende a sobrevalorar la comprensin porque respondi preguntas igualmente sencillas. Ultimamente se ha subrayado la importancia de graduar los diversos aspectos comprensivos (Boller, 1978, 1977). En casos severos, las preguntas deben ser de respuesta "si-no". con el cuerpo ("levante el brazo", "mire hacia arriba"), o de movimientos de asentimiento. Se califican segn la correccin, aproximacin (mirarse las manos y no hacia arriba), inadecuacin (sonreir en vez de mirar) y omisin (Green y col., 1974). El seguimiento minucioso de las respuestas durante la primera etapa de la evolucin permite apreciar mejor los cambios en el paciente. De momento se ignora en qu radican las diferencias en comprensirr de las diversas afasias. La rapidez del discurso, el intervalo entre palabras y el tiempo para procesar lo oldo son claves en todo afsico (Gardner y cols., 1975). Tallal y cols., (1980, 1978) y Lackner y Teuber (1973), subrayan el bajo poder de resolucin tem- 180 poral tras una lesin hemisfrica izquierda (con o sin afasia) pero no tras las dere- chas. El lenguaje lento, redundante (' 'sefl.ale el gato negro peludo' ') es ms fcil que el no redundante ("sefl.ale el gato") o que el irrelevante, ("sei'lale el dibujo que muestra un gato") segn Gardner y cols., (1975). Las dificultades comprensivas aumentan con la complejidad sintctica (el activo es ms fcil que el pasivo) y con la implausibilidad ("el caballo pateado por el nio"). La comprensin es multifactorial y no se determina nicamente por el nmero de tems aprehendidos de una oracin ya que la comprensin de relaciones lgico-gramaticales diferencia las diversas afasias, (Goodglass y cols., 1979). Por ejemplo, slo los afsicos anteriores se benefic jan de u na s in taxis expandida (" la mesa es red onda; la mesa es pequea" , en lugar de "una pequea mesa redonda"). Aunque es evidente una interaccin en tre complejidad semntica y carga de memoria, los afsicos son extremadamente sensibles a este ltimo elemento. Todos l o ~ factores anteriores, (afirmativo, activo, relativa redundancia, plausibilidad. etc.) benefician a los afsicos con dificultades comprensivas leves pero no cambian en nada a los de comprensin severa. Ni siquiera mltiples repetidones de la misma tarea ayudan al de muy baja comprensin, lo cual indica desde un comie.llLO un pronstico recuperativo malo (Lomas y cols., 1978). Todo lesionado cerebral minusvalora la expresin emocional de las frases, pero el afsico muestra una merma significativa en la apreciacin del tono emocionaJ (SchJanger y cols., 1976) y, en la mayoda de los casos, en la expresin de la mmica y del significado del gesto y de la pantomima (Varney, 1982), A pesar de que la discriminacin de contornos de entonacin en series dicticas, filtrados y desprovistos de la articulacin, es superior en el hemisferio derecho (B1umstein y col., 1974, ver captulo V), las lesiones izquierdas merman la discriminacin del tono e intencin de la frase as como la ausencia de sel'lales visuales como el discurso en cinta O dicho de espaldas {Green y coL, 1974). Sin embargo, an en afasias severas siguen siendo ayudas criticas para incrementar la comprensin. Comprensin de palilbras y frases lerdas: es una prueba anloga a la verbal pero con lminas o letras impresas que deben aparearse con uno de los cuatro estmulos a la vista. Prueba de las fichas (Token Test): deben cumplirse rdenes poco redundantes y comprimi das con fichas de dos formas, dos tamaos y cuatro colores (vgr " ,. toque el crculo grande amaril! o y cuadrado pequeo negro"). No es una prueba es ped fica de comprensin, sino un excelente calibrador de la severidad de la afasia en general (Orgass y col., 1966), probablememe porque sobrecarga la capacidad de mem oria a corto plazo en lenguaje no redundante y abstracto, lo cual revela dificultades lingisticas comunes a todo afsico, y porque es muy sensible a cualquier alteracin en el sistema conceptual de articular los atributos inherentes a la materia (Birchmeier y cols., 1980). l81 Algunos modelos probabilsticos apoyan las anotaciones anteriores ya que mediante ellos, se sabe que las diferentes partes de esta prueba son sensibles a diferentes factores lingsticos (Willmes, 1981). Por ello, en parte, la prueba de las fichas ofrece una gama suficientemente amplia de comportamientos lingsticos como para ser sensible a cualquier alteracin del lenguaje. Escritura dI! letral, palabral y frases.- se evala al dictado yen copia, ya que, a veces, se encuentra una disociacin entre ambas ejecuciones. Tambin se toma una muestra de la escritura espontnea del paciente (un relato, una oracin o poesa). Es de toda evidencia que estas muestras deben cOlejarse con muestras de escritura pre-mrbidas, particularmente en paciente cuya educacin ha sido muy elementaL Las pruebas mencionadas sOn slo algunas de las que ms frecuentemente se emplean en la valoracin rutinaria del paciente afsico. Todo manual contiene numel'Osas pruebas que el examinador aplicar segn las necesidades del paciente y su buen criterio. e" DESCRIPCION DE L.ASAFASIAS MAS FRECUENTES (Los ejemplos mencionados en la siguiente seccin son observaciones personales de la autora). Los "cuadros puros" son muy raros y cuando se les describe. se refieren a una deficiencia prominente sobre un trasfondo Imgi.istico deteriorado, evaluado a veces de modo incompleto. Las diversas afasias obedecen tanto a la localizacin de la lesin como a los estadios de recuperacin y la edad del paciente (Brown, 1976). Lo anterior, porque la circulacin de suplencia y la reorganizacin cerebral varlan idiosincrtica y evolutivamente. En los jvenes, los cuadros regresan rpidamente y se confunden unos en Otros en cuestin de das (de globales, pueden convertirse en afasias de conduccin cuya secuela es una leve anomia), En los viejos, tienden a estabilizarse por lo que se describen ms fcilmente como' 'absolulOs". 1. anartria, djsartrill cortical, apnxia del lenguaje, afasia motora sub-cortical, arasia molora pura, sndrome de desintegracin fonmica La historia de la anartria es la de un maysculo error perpetuado con los anos y con los numerosos sinnimos no siempre bien aplicados. Broca estipul que Tan era afrnico (no afsico) por la lesin en F J ,Pero hoy se sabe, por escanografa y patologa, que lesiones en F 3 no conllevan sino defectos articulatorios transitorio!. y disprosodia (Hcaen. 1973). Mane (1906) cuestion la lesin y el cuadro cliruco de Tan. Por los protocolos de examen del mismo Broca, parece que Tan era un afsico global y por su cerebro (conservado pero jams cortado), la lesin interesaba ncleo lenticular, cpsula interna y externa, insula y oprculo frontal, localizacin a la cual Made atribua [a facultad del "lenguaje articulado". Recientemente, este cerebro fue sometido a una escanografia que confirm la descripcin inicial de Broca, pero 182 la cual muestra, adems, alrofia generalizada del hemisferio izquierdo, con gran destruccin del nucleo lenticular y partes del tlamo. O sea, se trataba de una lesin ms extensa y ms profunda de lo que pens Broca, la cual produce un tipo de afasia global, con psima recuperacin a travs de los aBos (Mohr, 1977). Broca err en haberle adscrito ms importancia a la lesin superficial de F 2 Y F 3 que al resto de las estructuras lesin. De hecho, la mayoria de los pacienles con cuadros como el de Tan presentan extensas lesiones peri y de la cisura de Silvio, primera circunvolucin tcmp oral, sustancia blanca subyacenle y I o insula anterior, seg n datos escanogrficos (Tognola y col., 1980) y patolgicos (Hcaen, 1973). El sindrome "puro" es muy infrecuente y cuando se da, se preserva totalmente la capacidad de y de comprender. Pero lo frecuente son cuadros afsicos con dficits expresivos y comprensivos y elementos de anartria, causa de [a confusin con la mal denominada afasia de Broca (y ocasionalmente, con cuadros psiquitricos). La anartria (desorden deongen cortical o subcorucal. no explicable por parlisis perifrica de musculatura fonoarticulatoria). se caracteriza por una discrepancia entre el buen empleo de la musculatura facial y [onataria para actos "no deliberados" como exclamar. reirse. deglutir, y la incapacidad para programar deliberadamente un fragmento hablado toarley y cals., 1975). La comprensin fonmica y lingistica (como hacer rimas) se preserva intacta (Itoh y coh., 1980; Roch Lecours y col., 1980; Nebes, 1975). Al hablar, tratan de controlar "voluntariamente" los articuladores fonatorios (lengua, paladar, etc .), incluso ayudndose con las manos. La articulacin es laboriosa, lenta, disprosdica, 'j con constantes correcciones en la mitad de las palabras. El deficiente control de flujo de aire (Sands y cols" 1978), adems de una posicin velar neutra e napropiada (lloh y cols. 1980) y de una asignacin incorrecta a los tempos de activacin de cada articulador resultan en complicaciones del fonema inicial, con perseveraciones, sobreproducciones, anticipaciones y adiciones (Shankweiler y col., 1966). Al contrario de la disartria (parlisis. perifrica), ningn grupo muscular est ms afectado que arra y todos los movimientos fonatorios son posibles, lo que se corrobora por anlisis fonmico (Tros t y col., 1974) Y electromiogrfico (Shank weiler y cols" 1966). Los errores son ms frecuentes al inicio de la emisin y radicaran en la secuencia de los gestos fonarorios, con incapacidad para establecer "equivalencia de los actos motores". Estos defectos en la coordinacin y programacin de los articuladores, los cuales son casi exclusivos, hace que se trate a la anartna como un desorden eminentemente fontico. La anartria tiene un mal pronstico recuperatorio. Diez aBos despus, con terapia j n tensi va, roda va se observan incoordinadon es la bj ove] ares, deslateralizacin (d por 1 ), desnasalizaci6n (b por m), defricativizacin (d por s ), as! como aumento en la duracin de los fonemas y anomallas coarticulatorias (Itoh y cols . 1980; Shank- J83 weiler y cols" 1976). La discriminacin kinestsica y tctil otra-oral (relacionada con la adecuacin de las posiciones y dinamica de lengua, mandlbulas y velo palatar) pa(Ci:e anormal (Rosenbeck y cols., 1973). pero las deficiencias, si las hay, no explican el trastorno. 2. Afasia de Broca, afasia motora, afasia upre!il n. Irnicamente, la afasia de Broca no tiene de ste ni la descripcin clnica ni la localizacin anatmica; as!, al hablar de " afasia motora" o "expresiva", se indica solamente un dficit ms aparente pero 00 nico en ti "area de Broca" (pie de F 3 ), Hcaen y col . , (1973) deducen que las lesiones exlensas en rea prerolndica, con compromiso de fibras subyacentes, altera n la comprensin, repeticin , denominacin y escritura y pueden acompai'l.arse de signos anAmicos. Moh( (1977) ai'lade que el tipo de lenguaje de Tan (afasia global) se presenta por lesiones (vasculares o ex.pansivas) en el territorio suplido por la divisin superior de la arteria cerebral media (Fig. VI2). FIGURA V12. Territorio suplido por 1M divisin luperlor de la arteria eerebral media. LesionH en fIlIte terrir.orio originan el cuadro inicial de afas;a global que se NllIuBlve en " aflllia de BrOCll" o "aindrome de . divi sin lIuperior de la centbral medi. ". Tomado de Mohr. (1911). Cuando la afasia "motora" se produce por ACV, comienza por un mutismo severo, seguido de bloqueo, escasa fluidez, gran esfuerz.o para iniciar el discurso, particularmente cuando la palabra es un marcador. ocasional disprosodia y lenguaje (vgr: "a la hija". Dije: "qiero irme" . Dijo: "porqu". "A la" ... " Dije: estoy mala". Dijo: le pasa". ele., lodo ello sin inflex.iones ni interrogativos). Este lenguaje telegrfico de los afsicos ameriores con un 50'10 de reduccin en la gramtica se interpret como un inlento de "economia" por la dificultad fonoarticulaloria que "hara ahorrar esfuerz.o". En realidad, se trata de una deficiencia emisiva y receptiva en las relaciones sintagmticas, sin otro intemo que el de comunicar algo, como bien se pueda. La mayoria de las parafasias conslan de complicaciones fonmicas (poco econmicas), 'i aproximaciones a la palabra blanco que en general cada vez son ms correctas (l ves y co1s., 1980), lo que indica cierta preservacin de la traza interna del fonema. Generalmente los errores fonmicos consisten en sustit uciones o transposiciones de una sola caracterl stica fonat oria (voz o articulacin) ms que en errores que 184 afecten todas las caracterisucas del fonema (Trost y col., 1914). Estos afsicos, adems, ticnden a alargar la duracin del ultimo segmento de las vocales (RyaUs, 1981) aunque son mucho ms frecuentes tos errores e-n las consonantes. Iloh y co1s., ( 198 1) sugieren que estas dificultades se darlan principalmente por una inadecuada coordinacin en los tiempos de activacin de los articuladores. Sin embargo, el anlisis fonmico aslado no e'lplica todas las dificultades del afsico de predominio expresivo (como si explica la anartria pura), puesto que los errores mencionados son comunes a todos los afsicos. Parece que una de las caracterfsticas Que distinguen al afsico de Broca es la alta tasa de errores fonticos (no slo fonmicos), consistentes en movimientos aniculatorios leOl os, hipotnicos y descoordinados asl como de errores en la nasalidad. particularmente al iniciar un segmento acent uado (de ah! el esfuerzo observado). Este tipo de emisin hace que sea la sil aba en lera la que se percibe distorsionada y no s610 un fragmento fonmico (Bl umstein y cols . 1971). O sea, en el afsico anteri or se combinan los errores fonmicos (comunes a otros afsicos) y los errores fonticos (particulares de stos). Adems, por anlisis espectrogrficos de las emisiones, se ha demostrado que estos aJsicos de predominio expresivo presentan di ficultades suprasegmenlales que afectan la prosodia. As, en lugar de alargar el !timo'Segmento de ulla oracin que termina, el afsico anterior ti ende a aconarlo; tos mximos de fr eCuencias a lo largo de la frase no son normales y, al iniciar una nueva frase, comienzan con la o las ultimas frecuencias de la frase anterior. mientras que [os normales comienzan una nueva oracin con una frecuencia estaodard, completamente diferente de las que hubieran emitido antes. Este "arrastre" del tono de la frase anterior resulta en una entona- cin extrafta, a veces con visos de otro idioma (Daruy y col., 1982). Sin embargo, la afasia de predomini o expresivo no consiste slo en dificultades fonmicas y fonticas. El agramalismo laII notorio resulta en la omisin (no s610 distorsin) de palabras enteras , particularmente de la categora de preposiciones y adverbios, de la categorfa de adjetivos, intltxiones (terminaciones verbaJes, plurales. femeninos, etc.) asl como en errores en el orden para que una frase sea intenogativa o negati va (Gleason, 1980). De hecho, la gramtica de estos afsicos es muy primiti- va y se limita a construcciones de una o de dos palabras, y en el mejor de los casos, de un suj eto, un verbo y un complemento (Saffran y cols., 1980). Es d:.ir, las li mi taciones del afsico motor se manifiestan en la asignacin de elementos fonemicos, fonticos y sintcticos que imponen orden en una emisin (palabra o frase) y estas limitaciones subyacen tanto las reglas de emisi6n como las de comprensin. Junto con las dificultades para iniciar la emisin de una palabra que lleva el acento oral de la frase, los a(sicos expresivos tambin presenlan dificultades para percibir y analizar dichas oraciones (vgr" " no toque esas .sillas" por oposicin a " esas sillas estn rotas"). Tambin tienen dificul tades para detectar el significado de las preposiciones y de las pausas y silencios sobre los Que reposa la estructura informativa de la frase (Baum y cols., 1982) . 185 LQS afsicos anteriores> no reconocen ni reproducen no lingsticas basadas en un orden jerrqwco y simtrico, pero no tienen dificultades para procesar estructuras asimtricas y ajerrquicas (Grossman, 19RO). Parece como si, al nQ tener que descodificar a nivel profundo la eslrut.1.ura slmullnea y jerrquica de un orden externo, la larea se facilitara. De hecho, si las frases no contienen estas limitaciones jerrquicas, estos afsic03 reconocen bien la plausibilidad o implausibidad de una frase como hCaperucita se comi6 aliaba" (Deloche y col.. 1981). GoodgJass y cols . (1976) encuentran campos semanticos desviantes, irrelevantes, idiosincrticos, restringidos e incompletos (desechar de "animales" a las "aves" ), Parte de las dificultades semnticas parecen basarse eo deficiencias en la categorizacin, lo que demuestra la importante perturbacin cognitiva adems del problema lingstico en si (Burger y col., 1980). De hecbo, los afsicos anteriores no comprenden relaciones lransitvas reversibles (vgr., "el cuadrado eSl encima del circulo" igual a "el circulo est. debajo del cuadrado") probablemente por deficiencias en la jerarquizacin de secuencias internas (tanto semnticas como relacionales) de aspectos supralingisticos (Schwartz y ools., 1980). Adem.s de lo anterior, existen defectos severos de memoria a corto t rmino asi como una mayor susceptibilidad a la inhibicin proactiva, o sea, a lo que sucede entre el aprendizaje y el recuerdo (De Renz.i y cols" 1978). Sin embargo, aunque todo afsico tiene mermada su capacidad de memoria verbal, si la dificultad fuera puramente mnsico-verbal, se beneficiarian de claves externas o de tealislas. cosa que no siempre sucede (Burger y col., 1980; Hatfield y cols. , 1977). 1. Traslornos sensoriales delledguaJe A nivel de recepcin se han clasificado trCS tipos de desrdenes, el pri mero de los cuales no se considera estrictamente como una afasia. a. des6TdtntS corticales tludirlvos: comprenden a su vez dos entidades: la primera es la "sordera ('totra'" debida a un dallo bilateral en las radiaciones auditivas primarias de corteza. El paciente se siente y se comporta como si fuera sordo. Aunque la audiomelrla tonal demuestra audicin, los potenciales evocados verbales pueden ser nulos (Michel y cols., 1980). El lenguaje expresivo es bsicamente normal, pero con gran renuencia a iniciar el discurso y preferencia a comunicarse por escrito o por mlmica (Leices[er, 1980). La segunda es la agnosta audJtlva (ver capitulo IX), caracterizada por severa incapacidad para reconocer sonidos no verbales en ausencia de sordera perifrica, y con proJunda inatencin auditiva que hace que el paciente se comport e como si fuera sordo (Hcaen y col., 1978). Reccptivamente, presentan dificultades en discriminacin fonmka (Blumslein y cols .. 1977) con particular dificultad para procesar el lugar de la articulacin y relativa preservacin de la discriminacin de la voz de la articulacin (Miceli, ]982). Se observan adems profundas alteradones en el procesamiento de relaciones complejas y condensadas (Ooodglass y cols. , 1979) o improbables \86 (Saffran, 1980), asl como perturbaciones para asignar el sujeto verdadero de una frase, ya que invariablemente indentifican al sujeto con el agente animado a expensas del inanfnado (vgr. "la tontera perdi al filsofo" es interpretada como "el filsofo perdi la tonteria"). No pare\Cen disponer de algoritmos mentales para transformar estas frases en "quin hizo qu a quin", Es obvio que estas dificultades trascienden las perturbacionlls en la recepcin fonmica y no se explican con base en stas, como adujera Luna (1970). b. sordera pura para palabras: no afecta sino la comprensin del lenguaje hablado, en ausencia de defectos auditivos, con incapacidad para escribir al dictado. pero no en copia o espont!meamente. No comprenden, no repiten}' no escriben (Hcaen y col., 1978). La expresin es basicamente normal, algo nuda, con parafasias semnticas y ocasionales neologismos. Puede acompanarse de pobre discriminacin de ruidos no verbales significativos (pito, motor de auto, etc.). La repeticin es prcticamente nula, pero mejora si las palabras por repetir son conocidas o tes han sido leidas previamente A nivel de procesos elementales. parecen existir dos procesos: a) procesamiento pre-fonmico, con acrvacin de supuestos receptores acsticos especficos para caractersticas del lenguaje hablado, como [as transiciones de menos de 40 msg., (Tallal y col., 1978) y los intervalos cortos (Efron, 1963) etc.; b) procesamiento lingstico que implica recodificacin de seales fonemicas (estructuras de superficie) en estructura profunda o semantica, El que los pacientes con sordera para palabras reconozcan mejor palabras conocidas que logatomos, que discrimen el sexo del parlante y el idioma en que se les habla (si es el propio u otro) y el que no sean los ms mermados en discriminacin fanmica, indica que se trata de una desintegracin lingstica general muy profunda y extensa, predominante pero no exclusiva en la modalidad acstica y que no se trata de una simple "impercepcin" auditiva. Generalmente hay IIDOSOgDosill, euforia y desinhibicin. ean cierta inadecuacin social (observaciones personales) aunque, ocasionalmente, en los cuadros muy "puros" puede haber una clara conciencia de los defectos (Saffran y coL, 1976). Anatmicamente, se relacionan con lesiones subcorticales unilaterales en TI Y por debajo de sta, as! como con una destruccin bilateral de las radiaciones de las reas acsticas primarias al rea de Wernicke (Hcaen y col., 1978). Paree..- consti- tuir un cuadro transitorio entre la afasia global y las formas ms leves de afasias de comprensin. c. ajas/tu de predominio comp,ensitlO; '''Si inclinares (u o/do te instruirs", Eclesiasts, 6-33. Este grupo de trastornos se caracteriza por defectos predominantes en la comprensin, los que no excluyen importantes dficits expresivos. Bsicamente, el problema radica en dificultades paradigmticas (desorden en la selC1:ci6n de tems), 187 al COnlrano de los errores predominames en las afasias anteriores que radi can en ausencia de orden en las combinaciones de tems. Wernicke (1874) sistematiz las descripciones ya de estos sindromes y propuso un modelo correlativo entre. lipo de afasia y lesin, atribuida entonces a la primera circunvolucin temporal izquierda (T, ) donde convergen las radiaciones auditivas primarias. Este modelo ha seguido perpetundose caD diferentes nombres hasta nuestros das, a pesar de sus limitaciones. Hoy se sabe que las lesiones responsables pueden ser intratemporales, temporo-parietales, temporo-occipitales o parielo-occipitalcs. La edad es un factor crucial en la aparicin de estas afasias "fluidas", y es significativamente ms frecuenleen mayores de 60 (Harasymiw y co1s. , 1981). De hecho, Obler y col., (l98J) sugirieron que en ancianos se conjugan renmenos afsicos propia"mente dichos con desinhibici6n rrontal, usual en la senilidad, lo que resulta en trastornos en jerga. Existen dos tipos de afasias comprensivas: d. a/asl semdnllca, sorderQ pQJ"Q ti significado o tiftulll de Cllltlorir.ac/dn; yama- dori y col., (1973) Ja describen como uoa incapacidad pata asociar o extraer el signi- ficado de lo oldo con preservacin fonmica y repetitiva, Es muy rara )' parece corresponder o bien a la transicin entre sordera pura para palabrru y afasia anrnica o bien a la afasia semntica descrita por Head (1926) y elaborada por Luria (1 973): en presencia de una leve tendencia a olvidar nombres. los pacientes comprenden los elementos bsicos de la conversacin rutinaria, pero sin aprehender la estructura lgica del lenguaje (preposiciones y relaciones). En general se acampana de dficits espaciales (esquema corporal) y dificultades para comprender palabras que implican eSlructuras espaciales (abstractas o concretas). O sea, comprenden el lxico pero no la sintaxis (Hier y cols., 1980). e. afasia de Wunlckl, afasia StllSOrial. afasia r"tptlj)Q, a/tulD de comprerul6n: en presencia de severas dificultades comprensivas (para palabras y frases .habladas o leidas), la eOl isjn se caracteriza por un lenguaje nuIdo, incontrolado, plagado de parafasias semnticas (irbol por "lechuga" ), a veces Hin crescendo", hasta ll egar a la mezcla de palabra.s anteri ores (perseveraciones), y posteriores (anticipaciones), con jerga, estereotipias, asonancias)' aliteraciones (Buckingham, '1 col., 1979). Estas alteraciones y parafasias fonemicas se presenlan mAs frecuentemente en la mitad o al final de la palabra. al contrari o de los afsicos anteriores (Bums y col., 1977). En cambio. la sintaxis, las concordancias verbo-sujeto y las relaciones si ntagmticas se mantienen, a(1O en ausencia de significado (vgr.: "shwandiolo en pstos que anden achucantemente") . En la jerga semantica, las palabras no se emplean de acuerdo con su significado y, en ella, predominan las parafasias semanti cas sobre las fonmicas, aunque no de modo exclusivo: "(vgr.: "el mayor tiene uno, un afto, no, ella, ella es mu, ella vale, es vale, vade, cuarentai ... varn, no , tien, el varn muri6 de 35 aftos, tena 22 por todo", para indicar que un hijo muri a los 22 anos y que su esposa "es muerta"). Se observan las parafasias semnticas (tiene por tenia, ]S por 22) y las fonmicas, con preservacin de las primeras slabas (vade. vaJe. varn) . La sintaxis se respeta aunque con tendencia a insertar clusulas sin terminar la idea. La dificultad para denominar puede.obviarse, como en el paciente citado, por el recurso 188 a las circumlocuciones (rodeos para negar a la idea tales como: "las cosas esas que sirven para lo de la televisin, que tiene la televisin enfrente, para Que se pueda ver"). La jerga oeologistica es una mezcla de las dos anteriores. A continuacin se transcribe un ejemplo personal: "dnde ser. yo no s, onde se QausL .. donde queracoler ... que la. ya lesl, dnde que lar, laro, veve, coversijauria ... (universidad javeriana?) seflalando el edificio de una compaftia multinacional situado frente a su ventana" . Posteriormente al reparar en la grabadora, dijo ..... coveglar (conversar), pero dado, hoy yo estoy guegar, guegor (mejor), Qu bruto, eh, ben, porque posible, nOQuest, bien, neqtambien, y estas baln (botn) uh, bal, esta es, ay bruto, si se llama, claro ques, SONY ... pony, jambre s ... " con trenes de tres o cuatro palabras articuladas con gran teatralidad insertadas entre los neologismos. Se trataba de un paciente de 63 afios con hematoma intracerebral temporal, incapaz de responder aproximadamente o de ejecutar rdenes muy sencillas, y con psima re<;uperacin en cuatro meses. A veces la sintaxis y/o la fontica no se preservan ("estas baln" por estos botones). Los casos menos severos, revelan una defectuosa discriminacin de matices sintcticos como "le abrf la puerta a Juan" o "la abrf la puerta a Juan". Hay una correlacin entre la comprensin y la emisin de estas com bi nado nes anmalas (Goodglass, 1968). En un comienzo se pens Que las dificultades comprensivas se deban a un defectuoso anlisis fan mico y fontico (Luria, 1970). Posteriormente, se someti a diversos afsicos a tareas de discriminacin fonmica y, como ya se dijo, los afsicos de Wernicke no resultaron los ms mermados en estas pruebas, como tampoco resultaron los nicos en producir confusiones fonmicas en pruebas habladas de comprensin. Solamente cuando las pruebas fonolgicas conllevan informacin semnlica, Jos afsicos de Wernicke se distnguen por sus ejecuciones inferiores (Baker y cols . 1981). Por otro lado, se ha establecido una correlacin tendencial entre el sitio de la lesin y el predominio de parafasias en los afsicos fluidos. Cuando la lesin es temporo-parietal anterior, alrededor del plano temporal, predominan las parafasias fonmicas y cuando la lesin es posterior (parieto-ocdpital) tienden a predominar las parafasias semnticas (Cappa y cols., 1981). As, la asociacin ms clara que emerge es la de un defecto en el procesamiento de relaciones semnticas (potencializado por los dficits fonol6gicos) y una merma en la comprensin de dichas relaciones. El dficit cognitivo subyacente parece radicar en un defecto de categorizacin y de diferenciacin de los campos semanticos y perceptuales ya que, adems de los problemas puramente lingsticos, muestran fallas cognitivas para clasificar conceptualmente lo que ven (recipiente ancho y corto con una oreja es taza y recipiente ancho y largo con una oreja es jarra). En pruebas de denominacin de series continuas de dibujos en los que gradualmente la taza se alarga hasta convertirse en jarra, estos afsicos denominan guindose solamente por una caracterfstka perceptual, sin tener en cuenta el reslO (por ejemplo, si tiene oreja. 189 siempre es laza) (Caramazza y cols., 1982; Surger y col., 1980). La relacin entre la dificullad para comprender cierl as palabras y para emitirlas es inversa. Asi, en orden de creciente dificultad para denominar, se encuentran los nombres de letras. nmeros, colores y nombres de objelOs; pero en orden creciente de dificuhad para reconocer y comprender se encuentran los nombres de objetos. de colores, de nmeros y de letras. El d ~ l i c i l semntico y categorial se: reneja tambin en la incapacidad de asignar la fuente de sonido al agente que la emiti (oir una locomotora y sena1ada en un dibujo con varias alternativas) . Asimismo, presentan una merma en la capacidad para aparear la informacin prosdica correspondiente a una escena adecuada y estas dificultades correlacionan con [a severidad de la afasia. Paradjicamente. en COnleXIOS diarios (que no les exige una "actitud abstracta" de examen) Jos afsicos de Wernicke responden mucho ms fcil y prestamente a preguntas cuyo contenido es a]lamente emodona1 de a preguntas neutras (vgr . " c!.lAndo muri su madre?" por oposicin a "cmo se siente hoy?"). Estos dficits cognitivos lan generales y supcrordinaotes de taotas funciones lingisticas y supralingisticas ha ll evado a algunos autores al concepto de Pierre Marie (1926) de Que la afasia de Wernicke es la afasia por excelencia, puesto que consistira en una falla proposicional (dtado en Cohell y <:ols .. 1980). Para Marie en cambio, la afasia descrita por su colega Broca no era sino una afasia de Wernicke, ms una anartria por el compromiso de ncleo lenticular y oprculo fronta] . Sin embargo, ya se ha visto que el dficit para "proposicionar" no es privativo del af$.sico comprensivo. la alexia correlaciona con la deficiencia comprensiva y expresiva. En casos severos no reconocen let ras, aunque con frecuen cia pueden di scriminar super fi cialmente y deletrear sin extraer significado. La escrilura es paralela a la leclura y al discurso, con paragrafias fonmicas y semnticas, inversiones, sustituciones, transposiciones y tendencia a la macrografla. Por lo general, se observa anosognosia con euforia. El primer aspecto que mejora es la comprensin (como en las dems afasias), pero paradjicamente en cuanto mayor el compromiso comprensivo, peor el pronstico. La afasia de predominio comprensivo remitida, con defectos fonmicos (que, segun Lomas y col., 1978, perduran indefinjdamente) seconvierte en afasia de conduccin. Como se dijo, se supone que lesiones lemporales. sobre. y alrededor de T 1 ocasionan este cuadro. Esto es valedero en ancianos, ya Que en cuanto mas joven la _persona, mas extensa debe ser la lesin (lbulo tempora1 posterior y lbulo parietal) para producir el cuadro en jerga Que, de hecho, es muy raro en jvenes (Brown, 1978), Brusl (1980) describe una joven de 21 anos con arasia inicial en jerga y la aUlora tambin dispone de un caso de atrofia progresiva muy extensa en el hemi!.ferioizQuierdo en una joven de 16 al'los y afasia en jerga con anosognosia. 190 4. Arasla de conduccin, afasia central o afasia fonmica Wernicke supuso que una desconexin entre el "centro receptivo" (T 1 ) yel 'centro articulatorio" (F :.\ ) que respetarla la comprensin pero alterarla la emisin expresiva en forma similar a la del afsico de Wernicke (por desinhibidn de las reas anteriores). Posteriormente, se implic el fasCculo arcuado Que conecta estas dos reas (Benson y col., 1971) o una lesin supramarginal (Acevedo y Medilaharsu. 1958), pero una extensiva revisin de casos con anatomJa patolgica Heva a Green y col.. (1977) a conduir Que este cuadro es producido por lesiones extensas y profundas temparo-parietales y/o temparo-occipitales. As mismo, Damasio y col., (1980), con base en cu idadosas revisiones escanogrficas, proponen un compromiso de la insula y claustrum, del plano temporal y de la sustancia blanca subyacente (cpsula externa), lesiones Que interrumpen el fasclculo arcuado pero que tambin interesan zonas de amplificacin fonatoria como se supone que son ganglios basales e insula. Como muchas afasias de comprensin evolucionan hacia afasias de conduccin (cuando la comprensin mejora), el modelo de desconexin de Benson no se aplicarla sino a ciertos casos (Brown, 1977). ClInicamente, se trata de una a fasa posterior, flu ida, de predomi nio expresivo, con abundantes parafasias fonmicas, a veces semanticas y relativa preservacin de la comprensin. La repeticin de palabras y lectura en Val alta es casi imposible. Las agudas dificultades para denominar se deben en parte a una deficiente retribucin del lxico y en parte a las parafasias fanmicas (que correlacionan con la dificultad para denominar). Dubois y cols . (1964) proponen un defecto central en la programacin del lenguaje que impide la realizacin fonmica, incluso cuando acaban de oir la palabra (de ahl la incapacidad para repetir palabras induso si stas se dicen por silabas). Como se comienzan las palabras con tanteos y aproximaciones de los primeros segmentos (vgr. "jia. jiva, figa, jiga, jigarra" , por jirafa), se piensa que la palabra no se emitiera balsticamente sino que el individuo se basara slo en una inefidente retroalimentacin periferica acstCa. La dificultad para repetir y denominar depende de la complejidad semantica y fonolgica de la secuencia (Burns y col., 1971). Los defectos en repeticin se deberan a defectos en memoria a corto plazo ya trazas "inestables acsticas" (Shallice y col., 1977; Lucia. 1973). La hiptesis del trastorno de memoria a corto plazo como la Que proponen Shallice y coL, no explica todos los ~ i g n o s de la afasia de conduccin ya Que el defecto no correlaciona tanto con la longitud de la secuencia sino con la complejidad del orden y con la redundancia de la frase (Hcaen, 1972). De hecho, los afsicos de conduccin recuerdan los elementos, pero no el orden de lo que deben repetir ITzortzis y col., 1974) lo cual indica una defectuosa impresin de las secuencias temporales verbales. Asl, mantendran intacto el plano general fonolgico y semntico de la palabra buscada, pero el monitor ea y programacin secuencial fallaran, particularmente si la orden es exgena (repetir lo que otro dice) y no emitida centralmente (lves y cols., 1980). Yamadori y coL, (197S) seftalanque los afsicos de conduccin japoneses leen y escriben mejor en Kanji (ideograma no 191 fonolgico) Que en Kana (escritura fonmica alfabtica). Esto indica Que realmente la transcodHcacin de estructura de superficie a estructura de profundidad y la descodificacin de las secuencias (importante en escritura alfabtica pero litO en ideogramas) es panicularmente deficiente. o sea, las explicaciones alternativas para la afasia de conduccin se basan en dos supuestos! a) o bien se trata de un defecto a nivel de descodificacin del estimulo Iinglstico (oral o visual) en presencia de un adecuado sistema de recepcin o; b) se t rata de un defecto en los procesos de codificacin por lo cual la comprensin se halla preservada pero no as la emisin (particularmente la repetido) de lo oIdo (Caramazza, 1981). Estas dos biptesls, no del todo compati bles, subyacen al problema de Quien considera y define la afasia de conduccin. Para 8rown ( 1977), la afasia de conduccin se trata simplemente de una afasia posterior fluida con gran predominio de parafasias fonmicas, cosa excepcional en dichas afasias, excepto cuando interesan partes perisilvianas (Cappa y 0015., 1981) Y aduce, no sin razn, que los defectos en repeticin no son esenciales para la reorganizacin Ungistica na- lural. puesto que la repeticin es solamente una tarta y no una funcin natural del lenguaje. Shallice y Warrington aducen por su parte un defecto en memoria 3. corto plazo Que impide grabar en memada a largo pJazo lo oldo, pero Que no impide el acceso a una estructura Iinglstica de profundidad grabada anteriormente. Sjn embargo, este modelo no explica bien las parafasias fonmicas. Caramaua ( t98l) sugiere subdividir la afasia de conduccin en dos sub-sindromes: a) un trastorno de localizacin ms anterior (perisilviana) en el que predominan las parafasias fonmicassin defectos en la repeticin, Que seril:lla verdadera afasia de conduccin, y b} un trastorno en el cual las parafasias fonmicas son escasas, pero en cambio predominan las parafasias semAnticas y aparecen los defectos en la repeticin. Este sindrome corresponderla a un trastorno de memoria a cono plazo y correlacionarla con localizaciones temporo-parietalc:s posteriores (Oandour ycols., J982) . $. Afasla.nrdlca. arasla nominal. afula amoska Se caracteriza por dificultad para denominar objetos adecuadamente. percibi- dos, en ausencia de otras dificultades Ling(sticas predominantes. No se trata de la mera dificultad para hallar palabras, signo comn a todas las afasias y otros estados confusional c:s o demenciales en la anomia, la capacidad intelectual y lingUIstica se haJla relativamente preservada. Tampoco se trata de un deficiente reconocimiento del objelo (que pudiera clasificarse entonces como una agnosia) . Estos pacientes manipulan el objelo adecuadamente Y. en la mayoria de las veces, describen verbal y mlmicamente su empleo. Desde comienzos de siglo se describieron anomias " disociadas" (vgr., incapacidad para denominar objetos palpados pero buena denominacin de objelos vistos o viceversa), cuya existencia es muy rara ya Que con exmenes detaUados, por lo general surgen otras deficiencias supra-Iinglslicas. En las desconexiones o lumoces del cuerpo caUoso hay ocasionales anomias lattiles con la mano izquierda 192 que en general evolucionan rpidamente (Landis y cols.. 1980). Asimismo, no es infrecuente encontrar trastornos en la denominacin por tacto tras traumatismos craneo-enceflicos cerrados. lo que corrobora la fragilidad de tal estructura ante este tipo de dano (Levin y cols., 1981). A1 tratar de denominar un objeto, abundan las parafasias semnticas. Clnicamente, en la anomia se da un lenguaje yacio, con clichs (H ... es que ... como si dijramos ... digamos ... ") con predominio de verbos y adverbios y gran detrimento de sustantivos tanto en el lenguaje espontneo, como en confrontacin. As, cuando una afasia es nominal, la diferencia entre la afasia anterior y la posterior (particularmente si ambas son bloqueadas como puede suceder al comienzo de la lesin o en estadios agudos), se establece por el predominio de palabras: sustantivos, verbos, adjetivos en las afasias expresivas anteriores y marcadores, verbos, adverbios en las anmicas (Brown, 1977). AJ contrario del afsico de conduccin, el anmico se beneficia de que le indiquen la o las primeras slabas de las palabras. En cuantas ms silabas requiera y en cuanlo m ~ fluido y parafsico el discurso, ms se acerca la anomia a la afasia de conduccin. La dificultad para denominar objetos percibidos correlaciona con la frecuencia de empleo de la palabra (Newcombe y cols., 1964) y con el realismo. familiaridad y concretizacin (Bu eger y col., 1980). El problema del an6mico reside en que "conoce" el objeto pero no "sabe" de el, o sea, no lo tiene bien definido, con todas su s entradas en el lxico (Goodglass y coL, 1976) y, en pruebas de categorizacin perceptual ('W ay land y coL, 1982; Ca ramazza y coL, 1982), es obvio que no subdivide adecuadamente sus percepciones en categortas conceptuales lgicas. Esto ltimo explicara la razn de la discrepancia tan notoria entre una psima denominacn en exmenes por confrontacin y un discurso relativamente fluido, con muchos menos defectos para hallar nombres (puesto que no estn sujetos a las limitaciones lgicas de categorizacin perceptual) (Caramazza, 1982). De ah que los campos semnticos del anmico sean casi tan desviantes como los del afsico de comprensin, con ocasionales parafasias sobresimplifcadas y concretas (llamar cualquier tono que vaya de rosado a rojo, "rojo"). Ocasionalmente se observa cierta pedanterla en las circumlocuciones (vgr., "el tablero que seala, digamos, el tiempo, o mejor dicho, las horas" por reloj). Este problema de categorizacin trasciende la lingstica y. dado que tambin afecta la categorizacin perceptual, se interpreta como un desorden cognitivo que afecta el procesamiento de las imgenes mentales y su cotejo con la memoria a largo plazo. Dado que la circunvolucin angular se considera como "zona de asociacin de asociaciones", la anomia se atribuy a una lesin alli, lo cual no corresponde a la supuesta fisiologla de los lbulos parietales. En realidad, se da por lesiones extensas, desde T 2 hasta giro angular, A pesar de ser una afasia posterior. se dan formas de anomia no fluidas y bloqueadas que se asocian a lesiones pequei'las parieto-temporales; las formas anmicas fluIdas se encuentran en lesiones difusas 193 del hemisferio izquierdo. en general fuera de las Areas "especficas" de lenguaje, o tambin en el lenguaje del demente. 6. Afasias y slndrome de aislamiento En estos slntomas, ya descritos por Wernicke. subsiste cierta capacidad para re- petir (que puede rayar en la ecolalia) con considerable merma lingstica general. en la cual puede predominar el defecto expresivo (afasia transcortical "motora") o el comprensivo (afasia transcortical "sensorial") o ambos (sindrome de aislamiento). El esquema asociacionista propone que la afasia transcortical motora se dara por una extensa lesin anterior que respetara pie de F 3 lo que harra posible la repeti- cin (en ausencia de un lenguaje interior adecuado). La afasia transcortical "senso- rial" se darla por una lesin extensa parieto-temporal que respetara T 2 por lo cual tambin se podria repetir, pero no comprender o hablar espontneamente. El sindrome de aislamiento se deberla a una extensa lesin hemisfrica que respetara F,3 : el padente (cuya ideacin es muy pobre) se limita a repetir ecollcamente (Benson y cols .. 1971). Ya se selJal que, en si, F 3 Y T 2 ,no tienen mayor papel en la produccin general del lenguaje. De hecho, los cuadros transcarticales severos se ven en lesiones anteriores o posteriores extensas aunque por escanografa, los cuadros leves motores corresponden al sindrome de oclusin de la arteria cerebral anterior (Alexander, 1980). con hemiparesis flcida asociada, que interesa ms la pierna que el brazo, apraxia ideomotora de la mano izquierda con ocasionales movimientos involuntarios de la mano derecha (anlogo al sindrome de cerebro dividido anterior). La afasia franscorticaJ motora severa se caracteriza por mutismo casi completo, con respuestas monosilbicas y a veces ecolJicas (vgr . cmo est usted? R: "cmo estoy yo?") con respeto por el sujeto-objeto y correccin de errores introducidos por el examinador. lo cual sugiere cierta preservacin de la comprensin. Ocasionalmente escriben, copian o leen sin comprensin. dicen series verbales (oraciones. alfabeto, etc.) y pueden ser frecuentes en demencias (Whitaker, 1977; Brown, 1976; Hcaen y coL, 1965). En casos ms leves. el defecto puede confundirse con una afasia de predominio eKpresivo (Broca), en la cual hay relativa preservacin de la comprensin, de la repeticin y de la lecto-escritura, con leves dificultades para recordar palabras y un exagerado dficit en la iniciacl6n del discurso (que recuerda el mutismo de las etapas severas). La fluidez espontnea es casi nula y en general, el discurso es en extremo escaso, al punto que requieren continuas indicaciones para que prosigan. En estos casos leves, el pronstico es bueno y la rehabilitacin debe centrarse en la iniciacin y prosecucin del discurso (Alexander, 1980). Los casos severos no deben confundirse con el ro u [ismo aki ntico del paciente frontal o con lesin en el clngulo (Jrgens y col.. 1982) Que no habla por un defecto motivacional, pero cuyo sistema lingstico no se halla mayormente alterado, ni tampoco con los cuadros de mutismo por lesiones en tallo, los cuales, una vez recuperados, se caracterizan por trastornos motores (disartria, disfonia) pero no por al teraciones ling!sticas (V on Cramon, 1981). 194, La afula transcortical sensorial s(: caracteriza por un lenguaje fluido en jerga semntica, con combinaciones extratlas de palabras, circumlocuciones y deficiente denominacin y comprensin hablada o leida, pero con relativa preservacin de la repeticin (con ocasionales neologismos), lo que los diferencia del afsico glabaJ y del comprensivo. Las lesiones en estos casos son extensas e interesan regiones parielales que respetan zona perisilviana. El slndrome de aislamiento es una combinacin de ambas afasias transcorticales. Resulta en un remanente lingstico de ecolalia con ocasional capacidad de hacer rimas sencillas y completar frases muy predecibles ("hoy hace buen ... "). La comprensin es minima y en general se presenta anosognosia para la hemiparesis, con frecuente negligencia derecha (Rass, 1980). Por escanografla se sabe que puede deberse a oclusin de las ramas de la cerebral anterior que irrigan partes superiores de lbulos frontales y parietales y que respetan el oprculo frontal pero que implican las zonas sensoriales secundarias (Ross, 1980). En favor de que no se trata de lesiones especificas, se tiene la frecuente regresin de estQS cuadros hada formas: ms benignas (de conduccin o de expresin) O la evolucin hacia un deterioro ms general. Esto sefl.a1a la importancia de reas mediales parietales en la generacin del lenguaje. 7. Afasia globa] En este tipo de afasia, se bloquean todas las funciones lingsticas (comprensin y emisin). Rara vez hay mutismo completo (al menos en lesiones uni-hemisfricas): la comunicacin se reduce a estereotipias (como la de Baudelaire "crnom "), clichs o intentos de vocalizacin. Grosso-modo, se diferencia de estados con compromiso de condencia por el intento comunicativo obvio de es lOS pacientes y por remanentes comprensh'os en cuanto a la entonacin de la VOl y rdenes muy senciUas. Siguiendo la hiplesis de Kimura de que el hemisferio iZQuierdo es dominante para emitir y procesar secuencias complejas de movimientos, un dai'lo hemisfrico tan severo co- mo para producir una afasia global necesariamente tiene que perturbar la base mis- ma de la comprensin y emisin de gestos. Por esto Schwartz (1978) sugiere que en los primeros estadios de estos cuadros, es preferible intentar la rehabilitacin por apareamiento visual y no por mlmica. Las afasias globales son frecuentes al comienzo de lesiones sbitas severas independientemente de la localizacin y regresan hacia otros tipos de afasia segn la lesin y la edad del paciente. En general, la mxima recuperacin se observa entre los seis meses y el afta despus de iniciado el trastorno y coincide con la poca en la cuaJ el paciente comienza a lOmar conciencia de las implicaciones de su defecto, por lo cual coincide tambin a menudo con la poca de mAxima depresin (cosa que debe considerarse como un aspecto crucial en la motivacin durante la rehabilitacin) (Sarno y col., 1981). 8. Afufas paro:dsdcu Son desrdenes que corresponden a manifestaciones de trastornos convulsivos o epiJeptgenos (descargas elctricas rpidas y excesivas., generadas en la sustancia gris 195 del encfalo). Estas descargas pueden ser elementales, si, en coneza., se generan en las reas primarias, o complejas si se generan en las areas secundarias o de asociacin. Las eriss elementales, en lenguaje, se manifestarn en palilalia, bloqueo, 'localizaciones y perseveraciones involuntarias no articuladas y tirutus. Las crisis complejas se manifestaran en trastornos episdicos de renmenos afsicos. Segn Lhermitte (1969) la afasia paroxistica en general, se presenta despus de una prdida de conciencia y coexis!e con otros signos neurolgicos. En ausencia de Signos concomitantes, estos trastornos son muy raros y hacen pensar en un cuadro psiquitrico. Lo ms frecuente en afasias paroxisticas es la anomia con preservacin de la lectoescritura. Roch Lecou rs y coI5., (1980) describen u n caso excepcional por la preservacin de conciencia del paciente y las observaciones duranle los episodios Que duran de una a diez horas y recapitulan la eVQluci6n de las afasias posteriores. Comienzan pOi una afasia global, con bloqueo y falta de comprensin hablada o leda, seguidos por un periodo de desorden disrtrico. con jerga y vocalizaciones ininteligibles. Durante esta fase el paciente presenta una seria deficiencia de pensamiento en cuanto que es incapaz de resolver problemas mnimos. Sigue un cuadro de afasia de conduccin, con jerga, incapacidad de repetir, pero adecuada comprensin y escritura, y finalmente, queda un remanente de algunas horas de duracin de afasia anmica. Se sabe que, durante los ataques de migralla, no es infrecuente el informe de dificultades sbitas para hablar coherentemente en alta voz (en general sin compromiso de [ecto-escritura). En general estos pacientes tienen focos epileptognicos muy obvios en el hemisferio izquierdo (Riley y cols . 1979). 9. Lenguaje en las demenclas En la edad avanzada no es infrecuente que coincidan dos entidades que pue. dan inter-actuar en ocasiones, pero que no siempre se presentan juntas y no siempre son fciles de distinguir (al menos neuropsicolg.icameme. ya Que mdicamente el diagnstico se facilita). Son ellas las enfermedades demenciales y los accidentes cerebro-vasculares. En personas mayores de 60 afios son ms frecuentes los ACV de la arteria cerebral posterior o de las ramas posteriores de la cerebral media, lo cual conlleva un dafio posterior con posible afasia fluida, de Wernicke (Kertesz y cols.. 1981). Coincidencialmente, en estadios intermedios de las demencias, el lenguaje se asemeja bastante al del afsico de Werrucke (con multitud de parafasias semnticas, lenguaje vaclo y prolijo). Lingisticamente se presentan algunas diferencias tendendales tales como: mayor gama de preposiciones y conjunciones en el demente, mayor vocabulario y empleo de palabras poco familiares, y buena preservacin de la sintaxis. Por otro lado, el demente tiende rpidamente a perder las reglas pragmticas de interaccin (interrumpir, hablar sin contacto de ojos, emplear inadecuadamente la prosodia como informar de una mala nueva con tono eufrico). En cambio, ya se sabe que el afsico de Werrucke conserva las reglas pragmticas pero Que su sintaxis y semntica es ms aberrante y Urntada que la del demente (Obler y col. 1981). 196 A pesar de la preservacin de la sintaxis y fonmica (al contrario de [os We.rnickes), estos pacienles muestran crudos defe<:los en su organizacin semntica (AppeU y col., 1982; 8ayles, 1982). Asimismo, a pesar de que, en lenguaje espontneo. pueden recurrir a palabras rebuscadas (CUYO significado no aprehenden muy bien), en tareas de confrontacin, los dementes conica1es muestran dfkirs en la Uamada a memoria ya Que no recuerdan el nombre de los objetos y buscan con rodeos o responden autoreferencialmeme (al mostrarle una pipa a un respondi6 que como no fumaba, no imporlaba el nombre) . En estO se diferencia de la afasia anmica, en la cual hay un claro y lgico inlento de bsqueda de la palabra. La aclilUd concreta del demente (que no la tiene en tan alto grado el afsico) se delata muy pronto en los estadios intennedios, en su lenguaje vado, en el \:ual sustituyen sin intemo de bsqueda la palabra: "el coso. cosinfllo, eso" o, cuando estn ms desinhibidos, por palabras como Ia vaina" revelndose asf una incapacidad creciente para categorizar o subordinar elementos. Usualmente, el primer signo que aparece en las demencias corticales es la dificultad para bailar palabras (a la cual subyacen los defectos ya mencionados); la comprensin comienza a aJtera.rse en etapas bastante posteriores (dos o tres afias despus). Sin embargo, una vaque aparecen signos de defectuosa comprensi6n. las perturbaciones cognitivas son ya de tal magnitud Que en poco tiempo. el lenguaje se hallar igualmente afectado en todas sus esferas. En las ultimas etapas, el lenguaje se torna escaso (pueden llegar al mutismo completo) y las verbalizaciones son muy elementales y concretas de eso!> para indicar comida), lo que puede desembocar en mutismo completo o en ecolalia perseverativa. Las demencias sub-corticales no producen signos cognitivos y lingisticos tan manifiestos, al menos en las etapas iniciales y medias. Usualmente se observan desrdenes rtricos. articulatorios, con lentilUd y dificultades para manejar y relacionar dos o res conceptos a la vez, pero sin mayores signos afasoides (ObJer. 1981). Claro que en exmenes cogniti vo-verbales ms refinados. se delatan dHicits relacionales. particularmente en la capacidad para emplear el conocimiento factua l que tienen acerca de algo, dentro de un contexto (Kouner y cols. , 1981). Es interesante que uno de los signos de alarma en las demencias por dilisis y que preludian la muerte del paciente es la aparicin de trastornos severos del lenguaje (que pueden oscilar de dla a da o de la manaoa a la tarde, segn observaciones personaleli) w Estos trastornos se ca racteri zan por probl emas articulatorios (disprosodia, anartria), seguidos por des nhibici6n, parafasias (onmicas y semnticas y neologismos. En los ltmos dlas, el lenguaje se reduce, bay grao esfuerzo para iniciar el discurso y finaJmente se pierde la capacidad de emitir sonidos (Baratz.ycol.. 1980). 197 Al comienzo de las demencias corticales, la distribucin de flujo regional sanguineo (DFrS) por captacin de Xe 133, se reduce sustancialmente en el hemisferio izquierdo, particularmente en reas temparo-paneto-occipitales (Risberg, 1980). Al confrontar a estos pacientes con tareas verbales sencillas, en lugar del aumento normal, se observa un decremento en el flujo sangulneo a dichas reas. por lo que se supone una distribucin anmala que refleja una activacin al azar de la corteza. 10. Trastornos del cdigo escrilo Los trastornos del grafismo consisten en dificultades prominentes para procesar cdigos escritos, concomitantes o no con afasia. Se Dama alexla (o dislexia en literatura britnica) la dificultad para leer y sKrafia (o disgrafla) la dificultad para escribir. Rara vez se encuentran aJexias puras sin otros signos afsicos o afasias en la las que se preserve intacto el cdigo escrito. En gran parte. la perturbacin depende deJ tipo y etapa de la afasia y de la educacin del sujeto. Rothi y col., (198 t) proponen tres operadores fundamentales para leer: el primero es un comparador visual que analiza el cdigo grfico. Este analizador multiplica en paralelo las cadenas grficas para ordenarlas y categorizarlas visualmente (Shallice y coL, 1980). El segundo es un operador que integra los elementos grficos en patrones globales y el tercero opera sobre la conversin de grafema a fonema para "oir" internamente 10 que se est leyendo. Para ello existira un sistema superordinado de seleccin de letras que dirige los programas motores apropiados para deletrear oralmente, (Kinsbourne y col., 1964). Estos dos iJ timos comparadores serian los que preslarian acceso al cdigo semntico. El hecho de que se presenten casos de alexias "visuales" o "auditiyas" muy claramente disociadas (Warrington y col.. 1979) indica que estos "comparadores" no son in Lerdependientes. Clnicamente. las alexias forman un continuo desde la alexia "pura" hasta la afasia con trastornos profundos en la lectura, pasando por la alexia con agrafia y signos afsicos menores. Parecen sI, ser sistemas relativamente disociables en los que se puede perder mayor capacidad de transf 01 mar el cdigo escrito que el acstico y viceversa, aunque lo ms frecuente es la alexia como signo secundario de la afasia. Mars hall y col., (l977) analizan tres niveles lingisticos de disolucin del cdigo escrito: a) alexlo visual sin identificacin de grafemas Oetras). con omisiones y transposiciones y Que seria eminentemente un trastorno gnsico-visual (la alexia literal de Hcaen y col., 1978), con leve anomia, ocasional agnosia de colores y que- se ha asociado a lesiones occipitales. b) La alexia de "supe,j1c/4" o akxJ" "pura" en la que se lee letra por letra y, a partir de lo oido. se reconstruye la palabra (sin hacer la correspondencia grafema-morfema), la cual es plagada de paralexias y confusiones de palabras 198 asonantes ("lee" por "le". "faro" por "taro"). La escritura cursiva resulta casi imposible y en general, se acampana de leve anomia y agnosia de colores (Hcaen y col., 1978). La memoria visual a corto plazo es muy deficiente y por tanto, la capacidad para respuestas por taquistoscopio es casi nula (WarringLOn y coL, 1980). El deletreo sobrecarga la memoria auditiva a corto plazo, por lo que, al final de la palabra, ya no se recuerda el comienzo. Por lanto, segUn Saffran (1980) y Zurif y coL, (1976), la longitud (pero no la dificultad, la familiaridad o abstraccin) correlaciona con Jos errores. En parte por eUo, leen ms fcilmente palabras grama- ticales "diflciles" como preposiciones y conjunciones que palabras concretas largas. Aunque los potenciales evocados por letras en el hemisferio izquierdo son claramente asimtricos, es evidente que la transcodificacin grafema-morfema no se realiza con el nivel de especializacin requerido (Fried y col., 1981). Por esta razn la lectura de nmeros ("l" en lugar de "uno") se facilita en el hemisferio derecho (y en estos pacientes en particular), y la lectura ideogrfIca Kanji es posible, pero no as ta alfabtica o Kana (Bezner y cols .. 1979; Schnitzer, 1976; Sasanuma, 1975; Yamadori y coL, 1975), ni la lectura Kanji de palabras abstractas, proceso para el cual el hemisferio derecho est mal dotado (Elman y cols., 1981). La escritura espontnea es adecuada, pero no se reconoce ni se lee, una vez ejecutada. Siguiendo el modelo asociacionista de OeJ erine. Geschwind y col., (1965, 1962) proponen una lesin en lbulo occipital izquierdo y en esplenio del cuerpo calloso, que interrumpe toda aferenda visual a la circunvolucin angular donde se procesaran los "aspectos grficos" del lenguaje. Sin negar la existencia de la alexia pura y de la lesin (rara por dems), un anlisis neurolingstico exhaustivo revela otras deficiencias de reconocimiento verbal. Adems, el fenmeno puede aparecer por lesiones occipitales, parieto-occipita1cs o parietales (Aaron y cols., 1980; Mohr, 1976; Gardner, ]974). c. alexia de profundidad: en este desorden coinciden cuatro signos prominentes segn Nolan y col., (1982): a) un dficit para derivar las series fonolgicas a partir de lo impreso; b) produccin de errores semnticos y visuales en la lectura en alta voz; e) mayor dJficultad para leer nombres poco concretos y no visualizables; d} relativa preservacin de la lectura de nombres Que de adjetivos y verbos. Las paralexias son semnticas (' 'planta" por' 'lechuga ") como si la descodificaci6n en el lxico interno se realizara hasta niveles cercanos a la palabra leda, pero, por probables deficiencias en la retribucin y codificacin semntica, no se aparea el estmulo con el 'blanco" interno, sino con algun item relacionado dentro del campo semntico. Por ejemplo, un paciente de la autora, con sucesivas indicaciones ante la palabra "militar", dijo: "no, no es animal; es persona (inicio de categorizacin aproximativa); "no es cura", "no es bueno", "no me gustarla ser", "no, no Quisiera ser porque me tuvieron en el cuartel dos aftas" y enseguida: "ah, sI, es "militar". En este caso, la lectura taquistoscpica no se diferencia de [a lectura libre, lo que indica que los operadores visuales estn ntegros (al contrario de la alexia de superficie), segn Warrington y col., (1979). Curiosamente, cuando los 199 aJxicos de profundidad comienzan a transcodificar morfema-grafema, pierden la capacidad de "adivinar" ideogrMicamente el significado aproximado de la palabra (Landis, 1980), ya que entonces recurren mas a estrategias perceptuales y a la ruta ordinaria viso-verbal. d. JIu/a concomitante con dlversO$ cuadros afdsicl's: la severidad de la afasia correlaciona con la de la aJexia (Gardner y cols., 197.5). En general, resultan ms legibles las palabras familiares, concretas, operacionalizables y cortas o internamen- te visualizables (Gardner y cols., 1975; Saffran y cols., 1976). E' contexto reiterativo tambin los ayuda. En general, los afsicos anteriores tienden a presentar alexJas profundas, con disgrafia severa (no justificables por la paresis, si la hay), errores semanticos y de categorizacin. Leen mejor nombres, y palabras de contenido concretas, verbos y palabras gramaticales y reconocen mejor los grafemas cuando significan palabras de contenido ("el poder del rey" versus "no creo poder hacerlo"). En cambio, los afsicos posteriores leen y reconocen mejor el contexto de las palabras gramaticales (Friederici y coL, 1980). De aqui, Saffran (1980) deduce que existe un cdigo de letras, tal vez bilateral, que reconoce ciertos patrones grficos como entidades semnticas. Este cdigo operarla tambin de modo categrico sobre otras percepciones visuales que conllevan algn significado (no necesariamente verbal). Es el caso que los desrdenes afsicos de lectura correlacionan en alto grado con pronunciados defectos para descifrar el significado de la pantomima realizada por otra persona (Varney. 1982). Es decir, parece que el alxico tampoco "leyera" con significado ciertas secuencias visuales no lingsticas pero simblicamente significativas (ver el captulo IX). En cambio los afsicos posteriores omiten la mediacin auditiva lo que indica una descodificacin adecuada fontica pero no una transcodificacin viso fontica (Aaron y cols., 1980), debido a la nvolueracin de sistemas visuales in tegrativ os . 11. Trastornos de la escritura Rothi y col., (1981) revisan la literatura existente. De un anlisis cualitativo de los errores afsicos de escritura surgen tres patrones de desrdenes; a) defectos de formacin de letras o apraxw de la escritu.ra, en estas alteraciones, la secuencia de movimientos y de trazos, as! como la disposicin espacial de un texto se trastornan y pueden deberse a lesiones del hemisferio izquierdo y/o derecho (Brodal, 1973; Kinsbourne y col., 1964). Ver Hg. VI-3. b) desrdenes en el orden de las letras. que serian un problema de secuencia semntica del cdigo escrito y de generacin simultnea de las reglas que ordenan varios elementos a la vez. Se presentan con frecuencia con traslornos espaciales y de conocimiento del propio cuerpo (Sindrome de Gerstmann) yen general se deben a lesiones izquierdas. e) chsrdenes en la setecc/M de las temu, que son trastornos eminentemente afsicos a nivel fonolgico o semntico. 200 d) Ocasionalmente se presentan "sindromes de descone..<in" por oclusin de la cerebral anterior y lesi6n subsiguiente del cuerpo calloso en los que el paciente no puede escribir o denominar objetos tocados con la mano izquierda (anomia tctil) en presencia de funci n normal con la mano derecha. En estos casos, la escritura ideogrfica japonesa (pero no la alfabetica) es posible con la mano izquierda (Yamadori )1 cols., )980) . C. a cJ e , v1 fa V( FI GURA vr..:J. AgTafia en nn abogado da4!i MOS de edad con aruia. 12, Trastornos del clculo y de la matemillca Existen acalculias secundarias a la arasia, obviamente con defectos viso-espaciales, mnsicos y perseveraciones, pero en Jos Que habrla: a) una aca/culla alix;cD por prdida de la habilidad computacional, anloga a la dificultad sint.clica. Se emiten parafas ias (vgr: 25 por 52); y. sobre la base de la parafasia. es frecuente que hagan clculos mentales correctos. El dfici t predominante radicaria en una pohrediscriminacin de graremas (ferro y col., 1980). La dificultad para calcular es exagerada respeclo de la difi cultad lingstica (anomia verbal y lclil , agnosia de colores. etC.); b) una Dcalculia slmbllcll en la la dificultad radicarla en la manipulacin de los diferentes simbolos y operadores matemticos. Se trata de una deficiencia profunda semntico-matemtica. anloga a las deficiencias semnticas de las lesiones ret ro-.folndicas. En estos casos, las operaciones de clculo pueden realizarse adecuadamente pero las operaciones reversibles, "paradigmticas" resultan imposibles. Un ingeniero :le 33 ai"Jos, pacient e de la aut ora, recuperado de un extenso y profundo traumatismo parieto-temporal , cuya nica deficiencia afasica era un leve tartamudeo y muy leve anomia. con un C. l. general 120. no pedla resolver reglas de tTes sencillas y mucho menos an. problemas espaciales tajes 201 como, con base en la altura y longitud de una habitacin, hallar la diagonal que la cruza; e) una acalculla espacial en la cual la dificultad principal radica en trastornos para asignar significado a los espacios en blanco. Los afsicos de Wernicke son par- ticularmente sensibles tanto al aspecto simblico de la operacin como al aspecto es- pacial. En cambio, los afsicos anteriores fallan ms en la lectura propiamente dicha de nmeros, pero no tanto en las operaciones requeridas (Dahmen y col.. 1982; Grafman y cols.) 1982), 11J. AF AStAS A TlPICA S A. AFASIA CRUZADA (EN DIESTROS POR LESION DERECHA) A pesar de algunas descripcionei> de afasias cruzadas fluidas (Carr y cols" 198\), estas afasias parecen conformar cuadros atipicos, con tendencia a presentar bloqueo, escasa fluidez. agramatismo, notorios defectos articulatorios y denominativos, leves defectos comprensivos y ausencia de jerga, todo ello independientemente de la lesin (Hcaen y coL, 1978; Urbain y cols., 1978: Brown y col-, 1973). Aunque los indices son dispares, ninguno de ellos excede el 2G7o y varan desde un 3.81Jfo hasta 1.81170 (Hcaen y col.. 1981; Brown y col., 1976; ZangwiU, 1967; Hcaen y col., 1963). El problema no parece radicar tamo en la disparidad de porcentajes sino en la disparidad de criterios para evaluar afasia y para localizar le lesin, adems de la tendencia a presentar datos positivos (lesin derecha con afasia) y no datos negativos (lesin izquierda sin afasia). Al respecto, la autora vio una mujer de 31 aftos, con extenso tumor intratemporal izquierdo, ninguna historia de zurdera y to tal ausencia de afasia. Yarnell (1981) seala otros casos anlogos, Los dems casos de afasia cruzada son descripciones aisladas (Trojanowski, 1980; Barraquer-Bords y cols., 1975; Brown, 1973; Mendilaharsu y cols., 1966). Esta tendencia a presentar cuadros no nudos independientemente de la localizacin antero-posterior (basada, como se dijo, en estadsticas y criterios componamentales y diagnsticos muy dispares) ha llevado a suponer una menor asimetra inter-hemisfrica y menor polarizacin antero-posleri or en estos ndi viduos (Brown, 1977). S n ero bargo, segn Yarnell (1981) y Carr y cols., (1981), con una buena localizacin de la lesin como la que suministra la escanografa, pueden diferenciarse, igual que en los dies.tros con lesin izquierda, los cuadros de afasia, con base en el eje anteroposterior. Yarnell ad uce que los dems da tos pueden reflej ar sirn plemen te tendencias de localizacin (anterior), Que, en porcentajes tan bajos, no se distribuyen normalmente, B. AFASIA EN ZURDOS Ms del 990/0 de los diestros y del 70% de los zurdos tiene predominio izquierdo para el lenguaje, Los zurdos lesionados izquierdos tienden a presentar una 'afasia 202 predominsmemente bloQueada, pOCO fluida, dispros6diea, agramtica }' sin mayor defecto comprensivo, por lo Que se supone una menor asimetria, menor polarizacin y menor foealindn para el lenguaje q\Je en los diestros (Hammond y col., 1982: Hecaen y col., (916) . estO se confirma por la alta incidencia de signos afasoides leves tras lesiones derechas en los zurdos, asf como por ocasionales afasias leves tras una lesin izquierda, con severa afasia tras una segunda lesin derecha (Brown y col.,1913). En cuamo a la historia familiar de zurdera (HF+), ya se .... io que su significado no es claro. La HFtse ha asociado con ambilaleralidad hemisfrica y mayor severidad e incidencia de afasia tras derechas Que izquierdas, CHcaen y col., 1971 : luna, 1970, J947: Russell y Espir, 1961: Subirana, 1950). Pero Newcombe y colo, (973) encuentran igual porcentaje de afasia permanente lras lesiones izquierdas solamente, en poblaciones de diest'TOS y zurdos familiares . los zurdos no fami liares se comportaban de modo atipico (mayores signos afsicos tras lesin derecha) . Por la disparidad de criterios para evaluar la afasia y la localizacin, es dificil en este momento lomar decisiones al respeclo, excepto la de tener en consideracin el que la HF+parece covariar de algn modo con la organizacin para lenguaje. La autora vio una paciente diestra, de 47 anos de edad, con historia familiar de zurdera. y un antiguo ACV derecho muy extenso, y con un cuadro de severo defecto articulatorio, con disprosodia, anartria, lenguaje "staccallo", discalculia }' disgrafia, pero excelente comprensin. En cuanlO al papel del hemisferio derecho en general , cuando se presentan lesiones de infancia (ames de los dos anos) en el hemisferio izquierdo. parece Que el hemisferio derecho desarrolla capacidades lingsticas. Despus de los dos silos, el hemisferio izquierdo inhibira mAs o menos pcrmsnentemenle al hemisferio derecho en cuanto allenguaje (Moscovitch, 1976). Es dscuubte si, tras un dailo extenso en el Hl en adultos, el HD podrla "desinhibirse" y demostrar mJnmas potencialidades de lenguaje, remanentes de la primera infancia. En lo referente a los trastornos en la prosodia ya mencionados. desde 1874 Jackson habia sedalado la importancia del hemisferio derecho en estas funciones Que contribuyen de modo lan crucial en la emisin Oral significativa. Los cuadros de disprosadia ocasionados por lesiones hemisfricas derechas no constituyen trastornos afsicos, pero obviamente alteran buena parte de lo que, a de eUa, se transmite en el lenguaje. En general, las caractersticas del discurso aprosdico del lesionado derecho (y del parkinsoniano) consisten en una reduccin en la energia acusuca de la segunda y tercera formaRtes de las vocalizaciones, con alteraciones en los picos de frecuencias y en la duracin de dichos picos (Kent y cols., 1982). Ell o ocasiona un discurso mOntono, cuya articulacin es mal direrenciada y con tendencia a la hipemasalidad. Se ha propuesto la existencia de cuadros disociados de disprosodias: as, habrla trastornos de predominio expresivo, otros de predominio comprensivo del significado de la entonacin, muy a la manera de la clasificacin de las afasias propuesta por la C$cuela de 80ston (Ross. 1981). Aunque estas 203 elucubraciones anatmicas son un tanto anecdticas, es l mportante tener en cuenta que, en la evaluacin clinica subjetiva del estado de Animo de UI'1 paciente, el examinador recurre a numerosas claves e.xtraverbaJes, entre ell as, el tono ele voz y la entonacin del discurso. Es asi cmo un trastorno en la prosodia puede tomarse fcilmente por una depresin o por un estado hipomanJaco; por el contrario, una disprosodia de. tipo fluido puede acullar una real depresin. Por esta run, una vez ms, se subraya la necesidad de consullar mltiples fuentes de informacin para emitir Un diagnstico neuropsicolgico articulado. El hemisferio izquierdo contribuye adems, al lenguaje, con otros elementos de orden supralingUfstico. Parece que buena parle de la infannacin Que se ve, oye o lee se almacena en forma de "imgenes mentales" no verbales; lras lesiolles hemisfricas derechas, esta fonna de codificacin y de retribucin de la informacin se considerablemente (Wttitehouse. 1981). Asimismo, el hemisferio derecho parece contribuir en forma sustancial a la descodificacin del significado de las secuencias vistas (como son las vi l\etasde peridicos o anuocios, o una escena en la que no se oyen voces) (Huber y col. , 1982). As! pues, el hemisferio derecho es crucial para una buena emisin y comprensin del lenguaje, no tanto porque opere directamente sobre elementos linglsllcos en si, sino por su ingerencia en los aspectos paraJingisricos y pragmaticos del lenguaje. C. AFASIA ENMWERES Las series de mlJjcres no son comparables ni en nmero ni en etiologra a las de los hombres ya que las grandes estadsticas se han levantado con vlctimas de guerra. Existen sugerendas (por confirmar) de que la afasia en mujeres es menos frecuente y ms leve tras lesiones izquierdas. Solamente los varones se deterioran, tras lesiones izquierdas. en lareas verbales, y tras lesiones derecha:;, en tareas viso--espaciales. Las mujeres. en cambio. tras lesiones izquierdas muestran menos merma verbal pero, tras lesiones derechas, tambin pierden puntaje en pruebas verbales, al menos en el estudio crucial de (McGlone, 1977). O sea. en las mujeres. las perturbaciones linglsticas serian mas frecuentes tras lesiones derechas, con disortograna, merma en fluidez. verbal y en c.J . verbal, por oposicin a los varones que s610 decaen en punt'\ies verbales tras lesiones izquierdas, lo Que se ha interpretado como una mayor tendencia de las mujeres a procesar con el hemisferio derecho elementos verbales. Un reciente anlisis. paralelo al de McGlone, realizado por II'1g1is y cols., (1982) muestra que, si bien los datos de McGJone se confirman para los varones, para las mujeres difieren un tanto: stas mueslfan una merma verbal y viso-espacial sustancial tras lesiones izquierdas, pero en cambio, las lesiones derechas no parecen afectarlas tanto como a los varones en ninguoa de las Ilabilidades anteriores. Estos daws tienden a corroborarse por un extenso estudio realizado por Kertesz y coL, (1981), en el que se encuentra que la mayor frecuencia de afasia en varones se explica por una mayor fruencia de accidentes cerebrovasculares en stos, entre los 69 y 79 aflos de edad. De hecho. la relacin entre ACV en hombres y "lUjeres en dicho rango de edad es de t .34, relacin que coincide bien con las estimaciones de incidencia de 204 afasia en hombres y mujeres. que es de 1.57/1.07. En edades avanzadas (ms de 80 aos), la incidencia de ACV aumenta en la mujer y asimismo aumenta la incidencia de afasia, la cual se equipara entonces, con la de los varones. Por otro lado. debe considerarse que estos datos se refieren slo a una etiologia (ACV) en el rango mencionado de edades. La variacin entre afasias en ambos sexos por alfas etiologas no ha sido estudiada, como tampoco lo ha sido en pacientes ms jvenes. Como en edades muy avanzadas tienden a confundirse los efectos de deterioro senil con [os de afasia, estos estudios deben replicarse separando cuidadosamente las etiologas. edades y factores que contribuye-n al dficit linglstico. D. AFASIA EN SORDOS En la literatura existen ocasionales descripciones de caso (siete segn zner, 1976). El lenguaje (competencia y ejecucin) del sordo depende de intrincados factores, entre ellos: a) la edad en que se instaur la hipoacusia; o sea, si de trata de un defecto congnito, de la primera infancia. de antes, o de despus de la emergencia del habla; b) la severidad de la hipoacusia; la mayorla de las sorderas son parciales y permiten reconocer ciertos sonidos y rangos de frecuencias y, aunque la audicin no sea funcional para captar mensajes hablados, puede demarcar la diferencia entre un individuo que conoce las caractersticas relevantes de la modalidad acstica con la posibilidad natural de establecer las correspondencias lingsticas, yel individuo que desconoce dicha modalidad sensorial: e) el modo de rehabilitacin. En Colombia, por alguna antigua tradicin, se rehabilita al sordo invariablemente con lectura de labios y vocalizacin, lo que resulta en el lenguaje agramtico, a veces telegrfico, con tendencia a regularizar las formas irregulares ("had" por blzo) , con una marcada pobreza e incompetencia sintctica y limitaciones en el vocabulario. En pases industrializados se ensei'lan, dems de la lectura labial, dos tipos de lenguaje manual: a) el deletreo con los dedos en el que cada figura digital corresponde, a una letra o silaba; b) los sistemas ideogrficos en los que la figura digital (en general bimanual) se acompal'l.a de un movimiento, lo cual representa una palabra o concepto ("ir hacia". "venir de", "hablar a" o "hablar de"), lo que permite mayor rapidez y eficienda comunicativa ya que simula la "coarticulacin". Tambin permite mayor vaca bu lario y obvia ciertas di ficuItades sintcticas ante las cuales los sordos parecen fallar invariablemente. Por esta razn, en pases con verdaderas escuelas de rehabilitacin, se prefiere combinar el lenguaje vocal con el de signos, de modo que, ante la poblacin general, el sordo se comunique vocalmente a nivel funcional y que disponga adems, de un lenguaje eficiente. rpido (ms "natural" para el que carece de audicin) para que lo emplee con sus semejantes.- Existe incluso la Universidad de GalJagher para sordos en la cual toda la enscnauza se basa en el. '\mcrican Sign Language. 205 En cuanto ms tardo el inido de la sordera, se presentan ms parafasias fOnt!mh:as las cuajes se delatan en lenguaje vocal y/o digital (Schnitzer, 1976) desviando el gesto articulatorio de modo que la emisin consiguiente es una translocacin de sonidos fonolgicamente similares como (v por f. I por r, etc,). Esto sucede preferendalmente en el punto de la articulacin. tal como en los oyentes (Buros, 1977); mecnicamente consisten en flejar la articulacin incorrecta o la articulacin correcta de un dedo incorrecto. El resultado final, en general, se explica con base en reglas fonolgicas, lo que indica que estos afsicos, incluso en su lenguaje digital, conservan cierta competencia "fonolgica" sobre la cuar se basan para emitir los signos digitales. En sordos congnitos rehabilitados de diversas formas, la mediacin fonolgica parece irrelevante. Douglas y col., (1959) describen una paciente que haba aprendido signos alfabticos y quien, en el episodio afsico, inverta, oruita, transpona y adicionaba elementos a las figuras digitales, sin relacin \.'on ninguna regla fonolgica sino ms bien con la apariencia visual (y probablemente con seflales ::rradas kinestsicas) de la figura digital. Adems de lo anterior, Klmura y coL, (1976) proponen la existencia de una desintegracin an ms bsica en los sistemas de comunicacin manual de estos pacientes. Conviene recordar que, a pesar del lenguaje hablado, el humano no deja de ser un primate ahamenre dependiente de la comunicacin no verbal (gestual, nmica facial, etc.). Al igual que muchos afsicos oyentes, los sordos afsicos tienen dificultades para imitar signos conocidos (lo que equivale a la repeticin de vocalizaciones y/o palabras para el afsico oyente) o de gestos manuales complejos y carentes de significado (que equivale, en el oyente. a la repeticin de los 10gatomos, la cual generalmente es defectuosa). La ejecucin parece igualmente deficiente con ambas manos lo que indica que no se trata de un defecto motor explicable por la lesin izquierda: parece tratarse, en cambio, de un mal control por parte del sistema motor que gobierna los movimientos deliberados y combinados entre el ojo y la mano. Asi, lo ms probable es que existan programas combinados en el humano para deli berados f onatario-manuales y kinestsico-fonatorios. E. AFASIA EN POLIGLOTAS Basndose esta seccin en la revisin histrica de Paradis (1977), se sabe que, con base en casos reales, Ribot (1884) adujo que en la afasia, los idiomas se recupe- raban segun su orden de adquisicin. Basbase en la regla jacksoniaoa de que las trazas de memoria ms recientes tienden a desintegrarse ms fcilmente que las anti. guas en favor de las ms recientes. Pirres. (1885) aclar que, por regla, los idiomas se recuperan simultneamente segn la profidencia en cada uno de eilos, Existen casos excepcionales en que la recuperacin es diferencial, en general ms rpida para el idioma mejor conocido y ms lenta y tarda para los menos L:onoddos. La "regla de Pitret;" no era sino un inciso de excepciones a la regla general de una recuperacin paralela y equivalente (paradis, 1977), Las evaluaciones de comienzos del siglo de casos espectaculares de preservacin del latn o griego con olvido del idioma materno se basan en general en valoraciones muy sumarias realizadas por examinadores que frecuentemente desconocan el idioma examinado. La presencia o 206 ausencia de "afasia" se declaraba con base en dos o tres preguntas mal planteadas (como la citada por Paradis de "who are you born?" o algo equh'alente a "quien nace usted?") o ante dos o tres expresiones de empleo muy comn y Que podrian a sl!ries automticas aprendidas. Los bilinges han recibido mucho inters al respecto. Debe aclararse la definici6n misma del bilingism o: P aradis (1977) disti ngue tres ti pos q u e probab lemente determinan estructuras cognitivas y lingsficas que, al desintegrarse. producen cuadros afsicos diferenciales: al coordenado en el que la competencia es perfecta e independiente en cada idioma y en el que los lxicos y sinta;",js gramaticales se generan independientemente. Se darla en sujetos que aprenden tempranamenle dos idiomas diferentes en diferentes contextos; b) compuesto en el que se emplean ambos idiomas indistintamente, mezclando el lxico de uno con la produccin gramatical del otro y en el que, a de la alta efidencia en ambos idiomas. la competencia no es perfecta en ninguno de ellos. Se dara cuando el nino aprende simultneamente y en el mismo contexto dos lenguas maternas; el bUingismo subordinado en el que un idioma (el materno) es dominanLe y el o los dems, son subordinados. La competencia no es perfecta sino en el materno. En este ltimo caso, se tiende a "traducir" del idioma dominante a los no dominantes. En el bilingismo compuesto la "traduccin" es en ambas direcciones puesto que la competencia es similar en ambos. Una exhaustiva revisin de informes de afsicos poliglotas y su considerable serie personal de afasias en bilinges lleva a Paradis (1977) y Paradis y cols., (982) a concluir. con Pitres. que los polglotas recuperan mejor los idiomas segun la competencia previa respectiva. Sin embargo, la cuestin no es tan sencilla ya que existen cuadros disociados en los que: al se recupera un idioma sin mejora en los dems (recuperacin selectiva); b) a medida que se recupera una lengua, sta interfiere con la ejecucin en otra (recuperacin antagnica). Este tipo de reorganizacin puede expresarse de formas tan paradjicas como aquella en la cual de da a da, cambia espectacularmente la ejecucin en una u otra lengua esto parece suceder en bilinges coordenados o compuestos. pero siempre muy eficientes en ambas lenguas). En lodos estos casos, si bien la emisin de una lengua interfiere con la de la otra un da, y viceversa al da siguiente, la comprensin y lectura se conservan a un mismo nivel (Paradis y cols., 1982); e) recuperaciones paralelas en las que el progreso es equiparable en ambas lenguas. Como explicacin de las recuperaciones no paralelas, Bay (1964) y Goldstein (1948) sugieren que la recuperacin del afsico depende en gran medida del conlexto lingstico en que se realice la rehabilitacin. El hecho de moverse en ambientes ajenos a la lengua materna, (aunque no se tenga competencia perfecta en ellos), indudablemente debe considerarse en la rapidez selectiva, al menos en ciertos casos de recu peracin de una lengua, con aparen te '. olvido" de la lengua materna. Sera el caso del hispanoparJante radicado en pais anglosajn y que no est en contacto con su grupo tnico. Puede no ser muy eficiente en ingls, pero es el idioma "obligado" y por tanto, puede tener cierta competencia preferencial para la recuperacin. Sin embargo, los factores que inter-actuan en el tiempo de recuperacin as como en el idioma que se recupera primero (o mejor), o que interfiere con otros, no estn todava claramente delimitados. Por ejemplo, faltan estudios respecto de la comprensin de estos afsicos en los distintos idiomas que hablan. Asimismo, estn por realizarse estudios que controlen el factor de severidad y tipo de la afasia asl como el proceso de recuperacin de la misma. Parece ser que en afasias muy severas tienden a producirse emisiones en el idioma mejor conocido previamente, sin mezcla de otros idiomas. Por otro lado, hay indicios en el sentido de que el bilingismo mismo (y su modo de adquisicin que puede haber sido oral o visual), determina ciertas diferencias en las asimetrias perceptuales (visuales y auditivas), 10 cual definitivamente incide en el "modo" cognitivo del bilinge. Este factor, ms la edad. el sexo y la educacin inciden de modo complejo en la recuperacin del afsico bili ng e (Obler y cols., 1982). Respecto del factor de visualizacin, ste parece tener cierto papel de importancia en los cuadros de afasias "disociadas". Consiste en conocer un idioma en sus formas escrita y hablada, o solamente hablada (como en ciertos idiomas que no se escriben) o escrjta (como el latn y el griego). La posibilidad de visualizar las palabras puede facilitar o dificultar la retribucin en mem aria segn la localizacin de la lesin. Adems, las caractersticas del idioma y su escritura (homfona o no homfona) y su modo y edad de aprendizaje (acadmico, informal, solamente hablado, solareente ledo) probablemente determinan la estructura cognitiva que, al desintegrarse, resultar en cuadros diferenciales de afasia, que no necesariamente corresponden a las de los monoli nges. De momento no puede predecirse con seguridad, en un bilinge coordenado, qu idioma se recuperar ms pronto, aunque probablemente, comienzan a emerger simultneamente lodos. Tampoco es posible determinar el grado de "olvido" de ldiom<ls secundarios, por lo cual este campo est abierto a la investigacin. IV. CORRELATOS ANATOMICQS DE LA AFASIA A. LATERAL1ZACION Los pioneros en neurocirugias con anestesia loca! (Que permitan levantar ma- pas corticales de funciones motoras, sensoriales y conceptuales) fueron Penfield y Roberts (1959). Tras excisiones focales izquierdas 115/157 diestros y 13/18 zurdos presenlaron sgnos afsicos y l/196 diestros y 1!15 zurdos lo hicieron tras excisiones derechas. Slo los zurdos con lesiones izquierdas de [('cien nacidos presentaban aparente equivalencia Oler-hemisfrica, datos confirmados paralelamente con las series de amita! ~ 6 d i c o de Milner (1974). De un grupo de 262 sujetos con trastorno convulsivo, el 96!IJo de los diestros y el 70010 de los zurdos teman el lenguaje 108 lateralizado en el Hl (15070 lo tenlan en ambos hemisferi os y 150711 en el HO), Pero SI la lesin haba ocurrido antes de los dos anos, el 81 % de lo., diestros tema lenguaje en el HI , el 13"10 en el HI 'i e160'J0 en ambos hemisferios. De los zurdos con lesi6n temprana, el 300/0 tenja dominancia en el Hl, 510711 en el HD y 190/0 en a mbos hemisferios. B. FOCALlZACIONCORTICAL "En cado nivel es necesaria una simulta- neidad operatilJa en/re partes anteriores y posteriores, mantenIda por las vlas largos de asociacin que unificarlan desarrollos paraleJu$ y que no actuarlan como meras ([neas de trasmisin de un lado al ofro", (Brown, 1976). Penfield y Roberts (1 959) levantaron " mapas" de fenmenos Ung!sticos con estimulaciones corti cales. Antes de extirpar el foco epilptico, el c.i rujano elitimula elctricamente toda el rea para delimitar el (ejido sano. La estimulacin puede manifestarse en inhibicin o desinhibicin. En la Fig. VI-4 se resumen los resultados de diversas estimulaciones mientras el sujeto vocalizaba alguna palabra. En ningn caso la estmulacin focal "generaba" lenguaje espontneo o desarticulaba el tren general de la tarea. Se producen .... ocali zaciones, (pero no palabras), perseveraciones, bloqueos en la denominacin, dubitaciones o abolicin lransitoria del habla, perturbaciones que se presentan por igual en la amplia zona del lenguaje y no diferendan entre regi ones anteriores y posteriores. Slo indican que las reas marcadas juegan un papel directo en la produccin lingstica.
FIGURA VI-". Mapa de lu regio- nes lateralell de 1 .. corteu. relaciona dos eon lenguaje. LOII d rtuLolI numerados Indican aproximada- mente \05 punt0,8 en 108 cuatE!!! la estimul adn etctrka al lera la emisin del lenguaje. \ 11: int.eJTUp' dn del habla. ~ 2 1 : errores en denominacin. (3\ : eonrusin en d&llomih .. cin de nmer()!! al con tar. (41: lenguaie escandido. (5); distor- sin y repetk i6n de palabras y de siJ .. bas, 16): empleu de einnUnM. (modifi cedo de Penfield y col" 19&9). Asimismo, los si tios de eslimulaci6n cruciales para interferir con el deletreo dgital l on similares a los del lenguaje. perO no coinciden totalmente (sin considerar los 209 sitios motores, obviamente direrentes), 10 ... ual sugiere que la generacin de uno y Olro lenguaje es diferente (Mateer y col., 1982). Controlando el voltaje para evitar la propagacin elctrica a reas circunveCinas, y con anestesia local, Ojemann (1978), esti mu 16 corteza anterior y posterior, al t em- po Que presentaba un objeto para denominar, seguido de una actividad dstractora (contar hacia atrs); posteriormente deba recordarse el nombre, o en su defecto, idem i ricar l o ent re va ras alterna tiv as. La estim ulaci n posterior in terfera COIl el recuerdo si se efectuaba duran le [a presentacin del estimulo. En cambio, la estimulacin anterior interferla con la respuesta slo en el momento de la evocacin. Las diferencias en los tiemp05 de activacin (por estimulacin durante la ciruga y. en condiciones normales, por los procesos de entrada sensorial y llamadas de memoria) imprimiran los cdigos relativo:;. a las decisione:;. por tomarse tales como buscar en memoria. retribuir, omitir, almacenar a corto plazo. transferir a memoria a largo plazo, etc. Los procesos lingsticos no parecen sucederse linealmente (pri- mero en reas posteriores y luego en reas anteriores) sino simultneamente en ambos polos, (Brown, 1977). Los cdigos de de actividad en una y otra parte determinarlan el conjunto de operaciones para cierta toma de decisin. Los polos anterior y posterior y su correlacin con afasias bloqueadas y fludas respectivamente se demuestran por escanografia, as como la correlacin entre tamai'lo de la lesin y severidad de la afasia (Damasio y col., 1979; Guz.mn y col.. 1979; Barat y cols., J978; Karis y col., 1976). Computando el numero de elemenlos patolgicos en el escanograma ("pixel" o "piclure element"), Naeser y cols., (198 J) encuentran, junto con Guzmn y col., (1979) que en general, la principal variable es el tamao de la lesin, relacionada con la severidad de la afasia; sin embargo, para predecir el tipo de afasia con base en el escanograma, se necesita, por lo menos, ha- cer covarlar el nmero de "pixels" por corte, con el nmero de cortes en los cuales se demuestra la lesin. Adems, Naeser y coL, 0981 b) encuentran que, en cuanto mayor dilatacin ventricular derecha haya, ms severo el cuadro de afasia y peor el diagnstico. Otro mtodo moderno para valorar la dinmica intracerebral es la distribucin de flujo regional sanguneo o (DFrS) mediante captacin de istopos marcados ( Xe 133 ). A mayor captacin, se ded uce mayor afluencia de sangre focal cortical. Esta tcnica es muy superior al EEG en cuanto a resolucin espacial, pero no en cuanto a resolucin temporal (Wood, 1980). La captacin durante tareas ex- plicitas (lectura en alta voz) aumenta en las regiones anteriores occipitales y de Bro ca, adems de lbulo temporal izquierdo y rea motora de la boca; y duram; tareas implh::ilas slo aumenta en corteza visual, en campos visuales frontales y rea de Broca (Lassen y co[s., 1978). Recientemente Hagberg, (1978) y Risberg (1980) demuestran una merma en el DFrS en pacientes con problemas de comprensin, y en reas anteriores en aquellos con problemas de expresin. Al exigirles tareas verbales, )05 afsicos no )a asimetra normal hemisfrica (aumento en [a DFrS en el HI y ligero decremento en el HD respecto de los valores de "reposo" del sujeto). Los aHlsicos tienden, si acaso, a mostrar bilateralidad en el aumento de DFrS (Halsey. 1980). 210 Para comprender la especializacin y polarizacin otra-hemisfrica. deben consi- derarse: a) la secuencia evolutiva del sujeto y de la lesin y; b) la organizacin en profundidad del eje taJmico-cortical Que es el que marca los "(empos" de las secuencias generadas en corleza. Una misma lesin ocasiona diferenles cuadros segn la edad y segn el perodo evolutivo de la lesin. En el ni'l.o hasta los ocho anos, se produce invariablemente una afasia de tipo expresivo, sin compromiso de la comprensin, ante cualquier dafto izquierdo. Hacia la pubertad. comienzan a diferenciarse los "polos" anterior (expresivo) y "posterior" (comprensivo), proceso Que parece desarrollarse durante loda la vida, ya que. como se dijo. la afasia de Wernicke es mucho ms frecuente en mayores de 60 anos que en adultos medios. En la figura VI-S se ilustra la tendencia general de las lesiones que perturban la comprensin. El1los jve-nes (a) . la lesin es muy eXlensa; eJl el adulto medio (b). la "lona de peligro se restringe Y. en el andana, basta una lesin (cJ para afectar la comprensrn y desencadenar una afasia de Wemicke (Brown. 1976). Sin embargo, es probable que la tendencia central de los datos anleriores sea correcta, pero Que su magnitud se haya sobre-estimado. Al menos en lo que respecta la etiologla vascular, las lesiones que ocasionan infartos cerebrales en regi ones frontales o (romo-parictales (y que causan afasias de predominio expresivo) , son prevalenles entre los 50 y los 10 aflos. En cambio. los infarlos que lesionan areas parieto-temporales (por trombosis de las ramas posteriores de la arteria cerebral media), se dan en edades muy avanzadas, lo que coincide, parcialmente, con la mayor prevalencia de afasia de Wernickc= en ancianos (Kertesz y cols., 198 1). Pero una vez ms, se llama la atencin sobre el hecho de que este importante estudio de Kerlesz s610 considera Jos trastornos vasculares y no explica las afasias bloqueadas en niilos o en jvenes (poblacin en la cual los ACV son muy raros). Adems. los rangos de edad estn un tanto desviados hacia la vejez en el estudio de Kertesz, )'8 que los dems autores senalan un comienzo de prevalencia de afasia de Werncke hacia los 50 afias, mientras Que la patologia vascular explica la prevalencia de estos cuadros a partir de los 70 alias (edad en la cual coincide el riesgo de demencia) . F1GURA V/5. Diagrama de 188 ngiones en lIS que una lesin puede ocasionar una arasia en Jerga .segn la edad. En jvene8. !le requiere de una eltl.ensa lesin en a. En adultos medloa, ge restringe 8 b. 'En vncianOl , basta una tl!Sion en c. (,eg\1 n Brown, 19761. C. ASPECTOS SUBCORTICALES SUBYACENTES AL LENGUAJE La mayora de los modelos de afasia se basan eo los ejes corticosubcorticales. pero es ta visin es parcial, ya que tanto el tlamo. como estructuras IImbicas y 211 mesen ceflicas intervienen crucial mente en la generacin de este complejo proceso. La sustancia gris periacueductal es crtica para la coordinacin articulatoria (y para la fonacin en perros y gatos, segn Kelly y cols., 1946) Y puede ser la base de ciertas anartrias y mutismos traumticos por lesiones de tallo (van Cramon, (981), Asimismo, se ha sei'lalado la importancia de la corteza anterior cingulada en el control voticional de la fonacin, lo cual no es de extraar sabiendo que esta COrteza tiene conexiones directas con la sustancia gris periacueductal. Las lesiones en esta parte ocasionan un "mutismo akintico" semejante al del paciente frontal, pero con recuperacin ms rpida, con secuelas fonatorias, y con aprosodia, en el sentido de omitir la entonacin emocional del discurso (Jrgens y col., 1982), stos hallazgos explican parcialmente los casos de mutismo (con preservacin del lenguaje "interior") de ciertos pacientes callosolomizados ya descritos en el captulo [V, 1. Es'rue'uras taJmieas "(odo tiene su tiempo)' su momenlO cada cosa bajo el cielo: su hora el callar y su hora el hablar, .. " Eclesiasts, ]7. Conociendo bien el valor del lenguaje, el poeta del Eclesiasts tuvo razn en darle prioridad al tiempo de callar. Sin las pausas y silencios, no seria posible la emisin de ningn producto del cerebro. El tlamo parece imprimir los tempos generales de actividad a la corteza y acta como marcador e!ipecfico y de iniciacin, duracin y cese de la actividad cortical. Para la generacin del lenguaje son criticas las lesiones espontaneas subcorticales izquierdas y las estimuladones y lesiones estereotxicas (para alivio de diskinesias) en las que se introduce un electrodo en el cerebro guiado por un sistema de coordenadas tridimensionales al cual va fija la cabeza del sujeto. Jurko y coL, (1964) encontraron que la talamotomia y palidectoma izquierdas disminuyen ms que las derechas los punta- jes de inteligencia y memoria verbal. Con muestras ms homogneas de pacientes en cuanto a edad y etiologa de la enfermedad, Darley y cols., (1975) ob5ervaron mayores defectos verbales en eJ., fluidez, precisin y complementacin conceptual tras talamotomas izquierdas que derechas. Se han descrito leves defectos articulatorios (Guiot y cols., 1961) tras talamotomas izquierdas sin que la expresin y comprensin sintctica o semntica se alteren (Ojemann, 1976), 2. Estimulaclooes talmicas En estos. experimentos Schaltebrand (1975) estimul ncleo ventro-oral y posterior izquierdo, y observ interrupcin en las verbalizaciones, dificultad para iniciar vocalizaciones, anomia para objetos vistos, repeticiones y emisiones "compulsivas" estereotipadas. que eran sintcticamente correctas pero carentes de significado y que recurrian reverberatoriamente siempre que se estimulara el mismo sitio (vgr.; "es que no me acuerdo de que es que no me acuerdo"). Tambin se presentaba interrupcin de vocalizaciones tras estimulacin en rodilla del cue-rpo calloso y en corteza aledai"J.a, lo que concuerda con los casos de mutismo por lesin anterior callosa y la renuencia a iniciar el discurso en afasias transcortkales mOloras, Con voltajes aun ms bajos que no causan propagacin elctrica. Ojemann. (1977, 1969) emple la misma tarea de la pago 210 en cirugas de ncleos ventrolateral. la estimulacin durante la fase de recuerdo aumentaba la omisin de respuestas ante el objeto, pero ello no se deba a interrupcin del lenguaje ya que el paciente maniJestaba en voz alta "no recordar" el nombre. En cuanto cesaba la estimulacin, la palabra se retribuia prontamente. La eslimulacin durante la presemacin disminua levemente los de recuerdo. De aqu se concluy que el tlamo es esencial para los procesos Que intervienen entre la llegada visual y el almacenamiento a corto plazo. Si las trazas se intensifican durante la presentacin (estimulando o ensayando la larea endgenamente). se facilita la retribucin posterior al incrementar la atencin hacia aspectos verbales, lo que "borra" inconsistencias, redundancias e irrelevancias. En este sentido, el ncleo ventrolateral jzquierdo del tlamo actuara cmo un filtro de "ruido lingstico" y facilitara la bsqueda y retribucin en memoria segn los tiempos de activacin y de ennada s e nso ri al. Un reciente resumen de los trabajos de la profesora Bechtereva sobre los cdigos neurofisiolgicos de estructuras subcorticales seala cmo operara este marcapasos de iniciacin, duracin y terminacin de sub-programas lingsticos. Con finos electrodos multipolares implantados (para tratamiento de diskinesias), se analizaron los patrones de disparos de unidades o de grupos celulares pequeflos. Esta tcnica tiene la ventaja de que siempre se estimula o se recogen disparos de un mismo grupo de neuronas. Un complejsimo programa ciberntico identificaba las caracteristicas especificas de los potenciales y secuencias de disparos durante diversas fases de actividad lingstica y cognitiva (denominacin, recuerdo, generalizacin), yextraia "componentes elementales de los patrones neurofisiolgicos de los cdigos verbales" (Bechtereva y cols., 1979), segn los cuales un mismo grupo neuronal tiene secuencias m u y especificas ante di versas actividades. As, la palabra "manzano" evocaba en tres neuronas del ncleo centromediano, intervalos de paros de msg.; y "ciruelo". en las mismas neuronas, evocaba in- tervalos de 4.0-4.0-1.0 msg. Estos nombres generaban secuencias diferentes en otros lugares subcorticales como el globus pallidus, tegmento central y nuc1eo caudada pero eran constantes ante la misma palabra en una estructura dada. Sorprendentemente, se extrajeron patrones simultneos y con componentes comunes en diversas estrUClUras subcorticales siempre Que un nuevo estimulo perteneciera a la misma caregorla de la palabra o lmina original. Ante una foto de invierno, los patrones de disparos en diversas estructuras tenlan caractersticas comunes con los que se evocaban ante palabras como .. fro ", "nieve". etc., lo que preludiara la "gestacin" de la generalizacin semntica. Bechtereva concluye: " ... el carcter dinmico de la organizacin de marcapasos es extremadamente 2)] ventajOSO para mantener adecuadamente los procesos mentales. le, este carcter dinmico resulta muy econmico porque de lo contrario, el nmero de marcapasos estructurales especficos para diversos procesos mentales sera ast ronmico . " (Bechrereva y cols., 1979 pp. ) 6 J), 3. Lesiones espontneas lalmJcas y de gangUos hasales Se trata por lo general de ACV o de tumores. Tras lesiones espontneas lalmicas, si no hay coma, el estado de conciencia es semi-estuporoso, con lapsos de vigilia muy cortos por lo que el examen mental se dificulta. Oemios (1970) ya seal la lateralizacin de signos talmicos izquierdos; adems del estado oscilante atencional y de la distractibilidad, se observa jerga perseverativa ante preguntas, pero una tendencia espontnea al mutismo con volumen decreciente de la VOl. duranre la expresin. La comprensin, repeticin y leclUra de palabras es correcta. J unto con los caracteristicos defectos sensorios del lado derecho (anestesia sin defectos motores y parlisis supranudear de la mirada), lo anterior conforma el "sindrome talmico". El lenguaje se considera "cuasi-afsico" (Reynolds y cols., 1979; Luria, 1977) porque no reside en una faJla linglstica sino en un defecto en el filtro atencional para el lenguaje. Mohr y Mohr }' cols., (1979, 1975) informan siete hemorragias talrnicas izquierdas con lapsos de atencin muy cortos, adecuada comprensin, marcada jerga, anomia, parafasias sin relacin semntica o [anmica con la palabra buscada, tendencia a la ecolalia y al mutismo y desvanecimiento progresivo de la voz. (En traduccin del ingls transcribe un fragmen to del interrogatorio: "Qu edad tiene usted? "59 afios" Dnde vive usted? ... "59"; Dnde vive usted? ... "aqu en Boston, hace 39 afias". En qu calle vive? en la 39 ... "). Estas afasias tienen elementos de predominio expresivo (defectuosa articulacin, errores sintcticos, apraxia oral) junto con cierta preservacin de la lectura. Al mismo tiempo tienen elementos de afasias posteriores (lenguaje fludo, neologismos, perseveraciones), lo que no permite clasificarlas dentro de las categorias tradicionalmente descritas (Glosser y cols., 1982). Apoya estas observaciones, la idea de una generacin simultnea del lenguaje, marcada a partir de estructuras profundas como el tlamo y ganglios basales, y no solamente generada secuencialmente en corteza, sin un marcador central, Luria (1977) describe una ingeniera CaD una hemorragia tatmica y perturbaciones "cuasi-afsicas" que se atribuyeron a defectos en atencin verbal para lenguaje: "ESTUVO USTED ENFERMA MUCHO TIEMPO? "no, no, no tnto". DURANTE CUANTO TIEMPO ESTUVO ENFERMA? "desde 1963. oh DO! qu digo, desde el 70, no desde el segundo ... "EN QUE FECHA ESTAMOS? "ahora, ahora, 1974, 1978, 1980, 1980, 1983" , ESTA USTED SEGURA? 1984 ... 1984." 1984. No. No es 1984 ... esto es una pesadilla". QUE EDAD.TIENE US- TED? "ahora 1984avo." CUANTOS AAOS TIENE USTED? Me lo dijo hace un afio, un afta, 19 .. 24 anos" , CU ANTQS AOS TIENE SU H 1 J A? "24, no, no,.," 214 CUANTOS? "ella tiene 24 anos". Y CUANTOS AOS TIENE USTED? "ella tiene 3 aos, J aftas 7 meses". La extremada distraclibilidad e irrelevancias del estmulo verbal emitido por los demas y por ella misma y el arrastre de respuestas anteriores se interpreta como una incapacidad para establecer internamente un marco de referencia conceptual que depende, en ltimo [ermino. de la activacin adecuada de cierto "set" mental que determna el conjunto de decisiones lingsticas y depende de la integridad de estructuras talmicas, particularmente de Jas. izquierdas. En cuanto a los ganglios basales, adems de su papel en el control y modulacin motora del aparato fonoarticulatorio, se sabe que su papel e.\. crucial en la emisin y programacin del lenguaje. Ya se vieron algunos de los resultados de Bechtereva (1979) en los cuales se encontr que la estimuladn en unidades de ganglios basales puede interferir crucialmente con tareas supralingsticas y que, asimismo, la generacin espontnea del lenguaje activa de modo muy especfico trenes de acfividad de e ~ t a s clulas. Como se vio, estos lrenes de actividad y de pausas dependen del contex.to y del tipo de palabra o generalizacin que se efecte, por lo cual se piensa que actan como multiprocesadores en miniatura. Ultimamente, las lesiones en gangHos basales han recibido cierta atencin ya que pueden producir cuadros atipicos de lenguaje. Estas lesiones en general ocasionan trastornos en la sintaxis, con perseveraciones, ausencia de significado de las emisiones. ocasional ecolalia y estereotipias y clichs, de lo cual Brunner y cols., (1982) deducen que stos actuaran como generadores de los programas de las emisiones lingsticas (no solamente vocales). Al correlacionar el sitio de la lesin en ganglios basales con el tipo de perturbacin cognitiva, se vio que pueden presentarse afasias atpicas, similares a las talmicas, pero tal vez con mayores variaciones. En lesiones anteriores, se observa una afasia Oulda pero similar a la de Broca en su sintaxis, su dificultad para hal1ar nombres y su lectura. En lesiones posteriores. el trastorno es similar, pero con grandes dificultades para denominar, yen lesiones de putamen que interesan panes anteriores y posteriores de cpsula interna, se observa un cuadro similar al de la afasia de aislamiento, pero sin capacidad de repeticin. Asimismo, estas lesiones ocasionan un lenguaje lento, disrtrico, al contrario de las afasias talmicas que tienden a producir una "disartria rpida" (Naeser y cols., 1982). Damasio y cols., (1982) revisan una pequena serie de pacientes (N - 6) con lesiones en ganglios basales y con combinaciones afasicas similares a las descritas por Naeser y cols., (afasia de Broca pero iluda); observan adems la ausencia invariable de apnuia, la disartria que siempre se presenta (junto con la hemiparesis por la lesin en cpsula interna) y la rpida recuperacin. Lo anterior subraya, una vez ms, el importante papel que juegan estas estructuras en la cognjcin y en la generacin de programas de lbulos fronta- les y de corteza lateral. As pues, el modelo de generacin de lenguaje es ms complejo que el propueslo por Wernicke hace ms de cien anos y al cual han adherido la mayora de los 21S afasilogos. Arden y cols., (J979) basan su modelo talmico-cortical del lenguaje en dos ejes. El primero sera el talmico lateral-corteza posterior y actuara como compuerta para el filtro y modulacin de las trazas de memoria verbal a corto plaLo. El segundo seria el talmico posterior-corteza anterior, que modularla la evocacin al facilitar el nujo de seales durante la retribucin en memoria. A este modelo habria que aadir el eje ganglios basales-tlamo y ganglios basales-corteza. De todos modos, parece que solamente lesiones corticales con degeneracin talmica y de ganglios basales ocasionaran afasias severas y permanentes (Brunner y cols., 1982; Mohr y cols . 1975). Las lesiones superficiales de corteza (o las circunscritas a ganglios basales) ocasionaran cuadros leves y transitorios. lo que concuerda con la cuanti11cacin escanogrfica de Naeser y cols., (1981 b). COMENTARIO Las afasias en general se caracterizan por errores emisivos y comprensIvos que delatan una desintegracin cognitiva de base. Parte de (a configuracin y estructuracin normal del lenguaje se asienta sobre la accin (manual, gestual. fonatoria), idea sustentada por los experimentos en los Que la actividad verbal interfiere con la actividad malora de la mano derecha. A su vez, las tareas motoras bimanuales merman la ejecucin de la mano izquierda en favor de la derecha. El hemisferio izquierdo, dominante para tareas motoras secuenciales, en tal caso, se "sobrecarga" al programar dos actividades independientes (mano derecha-tracto fonalOrio). Como los afasicos en general nejan bien los dedos y reproducen articulaciones estticas, pero fallan en la mmica de secuencias motoras complejas, cabria considerar el lenguaje como "una funcin motora particularmente compleja" (Kimura 1977). Aunque importante, este modelo no es suficiente para explicar los errores afsicos, que no parecen radicar en una mera desintegracin de las secuencias complejas mOloras (con o sin significado). En el captulo II se vio que existe un constante monitoreo de movimientos deliberados ojo-mano, basico para coordinar los miembros en el espacio inmediato. En especies altamente vocales y en especial, en el hombre, los lbulos parietales intervendran en la programacin motora-kinestsico-fonatoria. Si ciertos programas anticipan secuencias motoras complejas ojo-mano, es plausible pensar que la programacin lingstica tambin sea conjunta y paralela entre dos aparatos altamente involucrados en la comunicacin primate: mano-tracto fonatorio. En la afasia, la prealimentacin a los sistemas motores (fonatorios o manuales) no seria enteramente funcional por defectos mltiples e imbricados en la recepcin O en la emisin de los programas de accin. Estas son las razones Que impiden explicar la afasia slo como un fenmeno de los niveles "superiores" (descodificacin, memoria, retribucin, codificacin, etc.), o s6lo como un fenmeno en la ordenacin de secuencias motoras o en la recepcin fonmica. En la afasia se encuentran defectos diversos y mltiples en la emisin de secuencias de movimientos, a1gunas de las cuales representan algo (no,nbre), asi como defectos en 216 auditi vas y kines{eskas complejas, pero tambin se encuentran defectos cognitivos en la estructura lgica del lenguaje que pareten configurar una desintegracin sistemtica y paralela de los diversos sistemas sensorios, motores y cogniliv'Os. De momento estos intenlos explicativos de la arasia resullao un tanto torpes, y, a menos de poseer evidencias neurofi siolgicas ms directas, deben tomarse slo como sanas que algun dl a conducirn a hiptesis artcul adas 'i experimentales. Son tiles para comprender porqu algunas arasias desafian todo intenlo clasificatorio segn ciertos criterios. pero caben dentro de clasificaciones diferentes. Simplemente. no se ha logrado una buena taxonoma de la afasia porque no se dispone de un modelo fuerte que explique el fenmeno lingstico en si. 217 LAS AMNESIAS "Ma's avE'C lanl d' oubli, comment!o;re une rose? A ve" tOn! de dparls. commentfaire un retour? Mf moire soeur obscure el queje vois de lace Aulon[ que lepermet une muge gui passe 0', Ju/es Supen,jeif/e. /949 "Pero con tanlo olvido, cmo hacer una rOSa? Cmo hacer un regreso, con lonla despedida ? Memoria, hermano oscura, m.iro de/ rente tu semblanft. En cualJlO lo perme una imagen errante. Traduccin de A ndrs Ha/guln l . CONCEPTOS GENERALES Amnesia se refiere en general a "prdida de memoria" no secundaria a un defecto menlal general, demencia o confusin, a un defecto atencional o perceptual o a sndromes especificas (afasia, agnosia. etc. ). Ya se vio que en confusiones hay graves lagunas de memoria. con emprobreci miento mnsico. lingstico e intelectual paralelos. La memoria es ndisociable del pensamient o, lenguaje o cualquier funci n transformacional 'i se engrana en lo ms esencial de la vida (cdigo de DNA). Para la discusin a/ respecto ver L/ inAs 'i col., (1977), pago 26. 219 Como procesadora de inrormacin significativa, el problema de la memoria es el de interpretar y extrerle significado conte;{ual a la informacin ex6gena y endgena (o sea. para efectuar los ajustes coaJicionales organi smo-medio ambient e) . Pensamienlo y memoria son "dos modos descriptivos del empleo de la cognicin y dos direcciones de sta" (cita Brown, 1977). Si el resultado final es novedoso, la runcin se acerca al pensamiento. Si es reproductivo, se acerca a la "memoria". Esta abarca ms que el mero cotejo con Una "tarjeta" de archivo almacenada en el SNC, ya que, siempre que se solicita (se pide al recuerdo), la tarjeta debe reimprimirse (re.;rearse). por lo que rara vez Un recuerdo es igual a si mismo. La memoria no es un programa Unitario y consta de varios registros diferentes estructural y funcionalmente: a) el reglslro sensorial (milisegundos de duracin) que transduce la energla nsica en impulso neurofisolgico y Que deja trazas muy inestables: b) estas trazas se acunan en memoria 11 corto plato (MCP) en la misma modalidad recibida por el transductor. Caso de no obterarse del registro a corto plazo, los datos pasan a tnemorill a largo plazo (MLP) donde se consolidan, reorganizan, oblileran y codifican en lenguajes C(:onmicos , inter-rclacionados y significativos conrextualmenlc, lo Que es m!s eficienle Que la codificacin discreta, unidad por unidad, de la MCP (Kintsch. 1970). La MCP se direrencia de la MLP por : 1) su lirrutada capacidad de almacenamiento (mximo 7 + 2 flems visuales o auditivos, que sc deterioran rpidamente si se sobrepasa eSte nmero; 2) su corta duracin (mximo 20 segundos) y; 3) su almacenamiento sin u anscodificacin de un lenguaje a aI ro. el cual es cnico (reproduce un calco perceptual de lo rcdbido). Por su parte, la capacidad de la MLP es prcticamente il imitada para fines humanos. debido a la versatilidad, comprensin y transcodificacin que sufre ti material en ella (Ausubel. 1963). Estos cambios dependen de los eventos anteriores )' posteriores que rclacionan y consolidan los elementOs en grupos lgicos. El material redundante. irrelevante o superfluo se descarta parcial o totalmente (Herriot . 1974). Los canales de retribucin de los Cdigos ya Impresos tambin forman parte del proceso mnsico y deben ser adecuados. lo Que implica un alto refinamiento en las em31egias y planes de generacin de determinada informacin especfica y relevante en un moment o, '} de descarte por otro lado. La informacin retribuida debe seguir un plan de " petici6n" en memoria con una duracin mu'} es pecifica para que la bsqueda no se cierre antes de tiempo o no se demore demasiado, como sucede en ciertos cuadros patolgicos. Por ejemplo, al responder cmo se llama el autor del Quijote, se desearla que se le representa con gorgera. Que es de Alcal de Henares y que tuVo qu ver con los turcos. Ya Se vio Que la formacin reticulada y el tlamo determinan en gran parte los elementos del mensaje por fillrarse y el modo de descodificarse (modalidad, lenguaje inter-hemisferico, etc.), lo Que relaciona la memoria, indisociablemenre, con la direccin atencional hemisfrica y con la funcin atencionaJ e intelectuaJ . En cuamo mayor la inteligencia y el refinamiento lgi co cerebral , las relaciones en memoria sern ms (uertes, puesto que se fundamentan en agrupaciones significativas (inclusin, super-ordinacin, contexto lgico semntico o lgico topolgico, etc.). 220 El cerebro ms eficiente (inteligente?) tiene una funcin afendonal equilibrada que filtra lo irrelevante y acuna jerrquica, heterrquica y organizadamente lo imponame. La funcin relacional (inleligencia) agrupa, condensa y liga elementos aparentemente dispares pero relacionados entre si (Herriot 1974). Adems de reducir a pocas frases un capitulo ledo, se recuerda dnde se ley, en qu idioma, y probablemente la impresin. tipo y papel del libro. Los trastornos mnsicos son muy dispares y, segn la lesin, afectan uno o varios sub-programas que, combinados, resultan en "memoria" o capacidad de recuerdo (o rapidez de olvido, que no es enteramente igual). En neurologa y neuropsicologa, es importante identificar los problemas de memoria y separarlos de los dficits generales confusionales o demenciales, de los dficits lingsticos o perceptivos y de los trastornos emocionales (partiCUlarmente de las depresiones). Esto es tanto ms importante cuanto que la mayora de los pacientes o familiares de pacientes cerebrales informan "prdida de memoria" la cual no siempre es un cuadro mnsico (en muchas ocasiones se trata de deterioro y de merma en la capacidad relacional por lo curulos datos se acuflan, pero en desorden y sin anclajes y por tanto se olvidan rpidamente). La prdida de memoria tambin puede ser, en realidad, inatencin. remanentes afsicos. o desorientacin. La amnesia consisle en una merma desproporcionada de alguno de los registros de memoria respecto del dficit concomitante intelectual, perceptivo o atenional que se presente. La memoria comprende registros disociables estructural y funcionalmente y por ello, no siempre se altera el mhmo aspecto. Esto hace Que su evaluacin sea compleja y un tanto dispendiosa. 11. CLASIFICACION Es necesaria cierta cautela en el empleo de los trminos de amnesia y memoria en contextos hospitalarios y mdicos, ya que la terminologa psiquitrica no coincide con la psicolgica para efectos de descripcin de "memoria". En psiquiatra, memoria reciente y remota se refieren a la escala de tiempo de la vida del paciente (minutos o aos). La psicologla experimental y la neurologa suponen procesos subyacentes ms complejos los cuales median diversos aspectos de la adquisicin. retencin, almacenamiento, aglutinacin y retribucin de datos. Asi, uno de los parmetros de subdivisin del registro de memoria se basa en el tiempo. Memoria a corto plazo (MCP) se refiere al almacenamiento dentro de los veinte segundos subsiguientes a la presentacin de un estimulo; y memoria a largo plazo (MLP) al procesamiento subsiguiente a dicha etapa. Estos registros de memoria parecen diferenciarse por modalidades (auditiva, visual, tctil, motora). as como por el tipo de material (verbal y no verbal). Asimismo, hay slidas indicaciones de Que existen registros diferentes para los datos acui'lados "incidentalmente" (o sea, la memoria personal basada en experiencias, emociones y sensaciones personales e idiosincrti cas) y para los datos acuftados por "aprendizaje" (Warrington y col., 1982: Schachter y cols . 1982; Warrington, 1979). En general, se considera que la memoria HincidentaJ" o personal se basa en las experiencias nicas del sujeto, mientras Que la memoria "semntica" (acuftada por aprendizaje), incluso la de larga data de un paciente, se basa en un fondo comn de conocimientos compartidos por determinado grupo social. Adems, es bien posible que en algunos casos, las memorias se diferencien en el tono afectivo que las acompaftan 00 que hace que, segn los casos, ciertos recuerdos particularmente vividos o agradables se recuerden incluso en episodios de amnesia total) (Schachter y cols., 1982). Adems de lo anterior, la memoria se ha subdividido en proceso!, los cuales subyacen a la fase de adquisicin (registro en MCP), asl como a la fase de codificacin en MLP. Adems, existen los procesos de consolidacin de datos en MLP as como de almacenamiento y aglutinamiento gradual (con obliteracin gradual) y los procesos, bien diferentes psicolgica y neurolgicamente, de retribucin y acceso a los datos Que se hallan en memoria (Warrington, 1979; Milner, t 978). Herri Ol, 1974; Asi pues, una evaluacin de memoria debe cubrir los aspectos bsicos de registro en MCP, codificacin en MLP. memoria remota (experiencias de juventud) y esto debe evaluarse por modalidades y por procesos. Al menos, se debe diferenciar si el posible dficit se halla en el proceso de registro, de almacenamiento o de retribucin (Lezack, 1976). Ahora bien, si la ejecucin de memoria remota es igualmente deficiente a la de memoria a corto plazo, no se considera la presencia de una amnesia propiamente dicha sino la de un cuadro mental generalizado. Las amnesias se clasifican grosso-modo en: 1) defectos &eoerales de memoria en presencia de relatlvlI integridad intelectual (de lo contrario rayan en la confusin o demencia); 2) deftos especiflcos de memoria en los que slo se afecta cierta parte del registro y se preservan (comparativamente) los dems registros mnsicos. Como la memoria se define con relacin al tiempo, los defectos pueden clasificarse segn el punto de referencia de inido de la enfermedad y/o la poca afectada por el "olvido" (incapacidad de retribucin en MCP o en MLP o real obliteracin de trazas). Asi, se dividen en: 1) amnesia aotergrada (AA), o prdida de la memoria de lo sucedido despus de la lesin y; 2) amnesia retrgrada (AR) o prdida de memoria de los sucedido antes de la lesin. Debe aclararse Que estos son modos clasificatorios de los dficits y Que no constituyen sindromes ni dependen de etiologas particulares. IIl. EV ALUACJON Existen diversos paradigmas para evaluar los mltiples aspectos de memoria ya mencionados. Bsicamente se evahian mediante tcnicas de: a) recurrdo, el cual puede ser seriado (el sujeto debe ejecutar la tarea en el orden en que se le present); puede ser libre (el sujeto reproduce lo Que recuerde); y puede contener claves e indicadores de lo que sigue; b) aborro, el cual mide la diferencia entre el nmero de ensayos o el tiempo requerido para aprender una tarea y para volverla a aprender tiempo despus (cuando, aparentemente, el suj eto 'no la recuerda". pero muestra ahorro en el e) reconoclmlento. en el cual se le puede mostrSI al sujeto un item de alguna lista previamente conocida ante el cual debe indicar si el item es, o no es, conocido; tambin el reconocimiento puede evaluarse con rnlliples alternativas de las cuales el sujeto debe escoger la que ya conOce, vio o aprendi, Obviamente, la tcnica de reconocimiento suministra mejores puntajes que la de recuerdo libre. pero debe considerarse que no son tcnicas totalmente equiparables en dificultad o en tipo de registro mnsico, En neuropsicologla se utiliza con gran frecuenda la modalidad de aprendizaje seriado para evaluar los efectos de "primacy" '.1 "recency" o sea, el que, de una lista de 12 items o palabras, se recuerdan mejor las primeras y las ltimas. Las curvas de memoria son muy importantes ya que mediante ellas, puede determinarse si se trata de un acut\amiento deprimido pero normal o si el acui'\arniento mismo es anonnal (vgr., caso de que no se presente el efecto de "primacy" o de "recency"). Asimismo, las curvas son importantes para evaluar la susceptibilidad a la interferenda (administrando una lista A de items y posteriormente una lista B, es posible determinar qu tipo de interferencia se ha dado. vgr .. de la A a la B o viceversa, as! como el tipo de confusiones), Concretamente, en la evaluacin neuropsicolgica rutinaria. se valora en primer trmino la memoria a corto plazo (verbal y no verbal; esto ltimo se realiza generalmente con series de cu60s por set\alar despus de que el examinador los ha sei'lalado). Se evalua capacidad de aprendizaje (verbal y no verbal), bien sea presentando repetidamente una misma lista de tems (nmeros, palabras o dibujos) hasta que el paciente obtenga un nivel criterio de ejecucin. Tambin se evala memoria a largo plazo, Este aspecto conlleva la delerminacin de la estabilidad y consolidacin de las trazas de memoria en un lapso relativamente corto (cinco a veinte minutos), as como los anclajes y estabilidad de las trazas de memoria muy remotas, para lo cual, en general, se realiza una entrevista personal cei\ida, confrontando al paciente con datos de su infancia, edades de sus hijos. direcciones, etc. Asimismo. la informacin general que pueda tener es un buen indicador de la capacidad de acui\amiento incidental de datos (en ausencia de confusin, obviamente). En investigaciones ms especializadas de memoria. se recurre a pruebas ms refinadas de interferencia o de tiempo de reaccin, con materiales especificos, Por ejemplo, entre 24 caras, indicar doce que le hubieran sido presentadas al sujeto tres minutos antes, o retener series recurrentes presentadas entre otras que no han sido presentadas. Asimismo, existen numerosas pruebas de ahorro en ejecuciones tcti les: sin ver, el sujeto debe colocar figuras geomtricas de madera dentro de los patrones ad hac; tiempo despus repite la tarea y se mide el tiempo que tard en las dos ejecuciones. Finalmente, existen bateras de memoria, de las cuales, la Escala de MemOria de Wechsler es un buen ejemplo (W echsler , 1945). Caos ta de seis sub-escalas: a) preguntas de orientacin en tiempo y espacio: b) pregunta de "automatismos" o sea, series como el alfabeto que cualquier sujeto debe repetir sin dificultad; e) memoria lgica (recordar episodios leidos por el examinador) Que evala la .;apacidad de aglutinar y condensar datos con una lgica semntica interna; d) memoria j nmediata de digitos; e) reproduccin de figu ras geometn.::as; f) aprendizaje de pares asociados. El promedio es anlogo al de la escala de inteligencia de Wechsler o sea, que un Coeficiente de Memoria de 100 10, es normal. Estas pruebas en general, estn contaminadas por efectos de coeficiente intelectual general, por educacin, por efectos de angustia, as como por efectos de merma especfica en algn aspecto lingstico o viso-espacial el cual, sin ser en si un defecto de memoria, incide sobre las ejecuciones mnsicas. Por eHo, para un primer abordaje, este tipo de bateras es adecuado, pero cuando se presentan otros dficits, debe recurrirse a sub-pruebas ms especificas. IV. DESCRlPCION A, AMNESIA S GENERALIZADAS l.. Amnesia post-traumtica Por este trmino se hace referencia a la fase de confusin y de dificultades generales para recordar eventos; es casi una constante despus de coma o traumatismos craneo-enceflicos cerrados, con o sin prdida de conocimientos. Su duracin se define desde que el paciente se confunde (dos o tres segundos despus del traumatismo, como lo atestiguan jugadores de rugby en el campo de batalla) o desde que recobra la concienda, estando confuso todava, hasta el momento en que pueda llevar un registro contnuo de memorias. En este sentido, la amnesia post-traumtica (APT) seria ndice de confusin ms que de trastorno mnsico en si (Russel y col., 1946). Los tres componentes de la A TP seran justamente: al desorIentacin; b) amnesia retrgrada (AR); e) a.mnesla antergrada (AA), (Sisler y coL, 1975). La inclusin del elemento confusionallleva a muchos clnicos no neurolgicos a diagnosticar como amnesia lo que son cuadros claramente confusionales (ver cap. IV), Se cree que la amnesia post-traumtica no es un meTO cuadro de dficit de memoria puesto que, incluso en pacientes con APT y sin signos obvos de confusin, se delata un dficit cognitivo-mnsico en el sentido de que, si bien conservan ciertos conocimientos factuales intactos. estos pacientes son incapaces de aplicarlos ante un contexto dado (Kouner y co!s" 1981). Esto podria indicar un bloqueo en la bsqueda en memoria de ciertos elementos existentes en memoria a largo plazo ante un context o limitado. El valor pronstico de la APT es similar al de la prdida de conciencia, al menos en adultos medios (mayores de 32 aBas) ya que en jvenes, esta correlacin no es vlida (Brooks, 1976; Teu ber, 1959). Por su valor pronstico, importa delim i tar su curso y duracin. La amnesia retrgrada (AR) es densa para los dlas, ya veces, me- ses anteriores a la lesin y se aclara en cuanto ms lejano el recuerdo del inicio del dano. Con la recuperacin, la AR "se encoje" (Sisle! y Penner. 1975)y se recobran memorias "olvidadas", las cuales, durante la APTsimplemente serian inaccesibles a la retribucin hasta !legar a unos segundos antes del accidente (cuando hay una recuperacin total, obviamente). Artiola y cols., (1980) elaboraron un cuestionario prospectivo para evaluar la duracin de la APT, el cual concuerda en alto grado con el criterio clnico de neurocirujanos, con la ventaja de que grada la recl1peracin cuantitativamente. Se trata de que, en sucesivos das, el paciente demuestre no estar confuso, reconocer a Jos entrevistadores}' recordar una [ista de tres palabras (Tabla Vll-I). Durante la mejorla, hay "lagunas" o parches de olvido discontinuos e inconstantes (las trazas no siempre se recuerdan, siendo a veces accesibles y a veces inaccesibles). Por esto, rara vez los APT pueden decir cundo comienzan a recordar claramente los hechos. Para ello, se ha recurrido a cuestionarios histricos (fechas, guerras, catastrofes, campeonatos), Crovitz y ca\., (1979) disearon una tarea en la que presentan palabras y, ante cada una de ellas, el paciente debe emitir un recuerdo personal y situarlo en el tiempo. Se cree que el APT no evoca recuerdos de/lapso comprendido en uno de los "parches de olvido". Sin embargo, es dificil comprobar la precisin del paciente cuando situa un recuerdo en el tiempo. por lo cual esta tcnica est en experimentacin. TABLA CUESTIONARlO PARA EVALUAR LA DURACION DE LA AMNESIA POST-TRAUMATlCA 1) PREGUNTAS INTRODUCTORIAS: a) edad b) estado eMI e) hijos d) ocu- pacin d) or;entacilI en tiempo f) orientacin en espacio. Si no responden adecuadamente, se les ofrecen mltiples alternativas (vgr: "est Vd. en su casa, en un hospilaJ o en cuartel?"). 1) MEMORIAS PREVIAS AL ACCIDENTE: a) lugar del b) hora e) de- talles d) lo ltimo que recuerda antes del accidente d) lo primero que recuerda despus del accidente. 3) RECONOCIMIENTO DE FOTOS: se presentan rres falOS en colores de un pe"o. un abrigo y un silln. Debe memorizarlos al tiempo que los denomina. 1) RECONOCIMIENTO DE PERSONA.S: se le dice el nombre del entrevistador y se le pide que recuerde l'U nombre j' cara. Al dio siguiente se somete al paciente al mismo interrogatorio. Si falla alguna de /as preguntas o si no recuerda las Jotos: a) Se le presentan 8 fotos que Incluyen las tres del dio anterior y 5 nuevas y se le pide que diga cules vio la v[spera. Si falla de al dio siguiente se le vuelven a presentar las tres fotos iniciales y cinco lJdicionlJles 225 b) Si no recuerda el nombre del entrevistador se le suministran dos nombres adicionales simiklres fonoldgkamente (vgr: "Parmenia. Eugenia, lfige. nia'j. Si el entrevistador ha cambiado, le muestra una foto del primer entrevistador y le pregunta quin es. Se (:onsidero que lo APT hll cedido si, treJ.' dlas responde perfectamente a este cuestiofUlrlO. Los dficits mnsicos durante la APT muestran que la MCP es bsicamente normaL Si, en una lista D, aprendida despus de una lista A de palabras. se presentan fenmenos de intrusin de la A a la B. ello indica que la lista A se codific; si las intrusiones son fonolgicas (mrmol por rbol), se supone que el registro qued en Mep y que no se codific semnticamente; si los errores son semnticos (planta por rbol), se supone una agrupacin semntica, o sea, un registro en MLP. Si no hay intrusiones, o bien ambas listas se aprendieron bien, o tal vez. la lista A se olvid por completo. Los APT cometen ms intrusiones fonolgicas de la lista A a la B lo que indica buena retentiva de A en MCP con deficiencias en la evocacin diferida con mas omisiones y menos intrusiones. Para llegar al nivel de criterio de aprendizaje, los APT requieren ms presentaciones que los normales, pero cometen menos falsos negativos que stos, :omo si DO respondieran a menos de estar completamente seguros (Schachter y col., 1977), Por otra parte, los APT delatan otra disociacin en los registros de memoria, consistente en que la memoria autobiogrfica, personal, se deteriora, mientras que la perceptual se presen'a. Al [amar el tiempo de reaccin para identificar una figura "escondida" en un fondo, en sucesivas sesiones, era evidente que los APT reducian gradualmente su tiempo de reaccin a las figuras ya identificadas; sin embargo, no podan discriminar si ya las haban visto antes o no (Crovlz y cors., 1981). 2. Amnesias por disfuncin hemisfrica Son defectos de memoria por lesin uni.hemisferica y por terapia electroconvulsiva (TEC) unilateral. Despus de TEC generalizada. se presenta una amnesia ms corta pero de curso similar a la de la APT, con prdida sustancial de memoria verbal. La TEC unihemisfrica es comparable, teraputicamente, a la bilateral, pero produce s610 defectos especificas, sin disfasia posterior. Con TEC izquierda, la amnesia retrgrada es especfica para series verbales, frases y material aprendido minutos u horas antes del choque elctrico. Si es derecha, se olvidan selectivamente tareas y aspectos viso-espaciales no verbales (Warrington y cols_, 1973). Las lesiones uni-hemisfricas derechas demuestran un decremento en el aprendizaje de secuencias a largo, pero no a corto plazo (Cremonini y cols" 1980). Esto sugiere que el hemisferio izquierdo es esencial para codificar analgicamente los estmulos y aglutinarlos en MLP (probablemente con rtulos verbales), ya que los afsicos fallan la prueba en Mep y en MLP y tambin fallan pruebas de 226 retencin visual a corto trmino. Se piensa que esto sucederia por un dficit en la asignacin de un cdigo verbal a la secuencia que, inicialmente, no es significativa (De Renzi y cols., 1981). En tareas audiLivas los pacientes izquierdos son inferiores a tos normales en decidir cul de dos estimulas oyeron primero, como si hubieran perdido la memoria de las prioridades de entrada (Efron, 1963). Los lesionados derechos en cambio, muestran dficits para Ustas de palabras vistas si, en la segunda presentacin, la lista tiene un arreglo espacial diferente al de la primera presentacin (De Renzi y cols., 1981; Kim y cols., 1980), hallazgo que es consonante con la hiptesis de una predominancia de "memoria es,pacial" del hemisfrico derecho. 3. Amnesia de Korsakoff En 1887 Korsakoff describi este trastorno como un cuadro perifrico y central y, con Von Gudden (1896), la atribuy a una degeneracin de los lbulos temporales, f6rnix, cuerpos marnilares y gliosis conical, por alcoholismo crnico (en realidad, por deficiencia de tiamina). Korsakoff sin embargo, hizo notar que no siempre dicho estado es exclusivo de los alcohlicos y que puede tener otras etiologas. Uno de los problemas que presentan los estudios neuropsicolgicos al respecto radica en que no siempre se estipulan explcitamente los criterios de inclusin de ciertos pacientes como amnsicos de Korsakoff. A veces, un alcohlico que confabule se incluye como Korsakoff; otras veces un alcohlico desnutrido se considera como amnsico de Korsakoff (AK); otras veces, se incluyen como AK pacientes claramente dementes. Esto ha llevado a que, si bien antes de Korsakoff la "demencia alcohlica" era ampliamente diagnosticada, despus de Korsakoff, cualquier signo mental en un aJcohlico tiende a clasificarse como Korsakoff, a menos que, adems, presente ataxia, oftalmoplega y severa confusin con alteraciones en el estado de conciencia, caso en el que se incluye como una encefalopatla de Werncke. Sin embargo, segn Lisbman (198 1), se dem uestra que la epidemiologa de los alcohlicos "no dementes" no siempre es correctamente establecida. Con controles escanogrficos. se observa Que estos alcohlicos "normales" sin signos mentales. en realidad muestran una atrofia cortical desde muy jvenes. As. la amnesia de Korsakoff. en muchos casos, podra componerse de signos especificas a los que subyacen las lesiones mencionadas por Korsakoff, adems de una atrofia cortical de larga data que podra contribuir de modo no especfico a los signos cognitivos. Adems, Lshman (1981) aduce que las demencias por alcohol son tan frecuentes como las producidas por infartos mltiples, lo Que impone una nota de cautela al revisar los estudios sobre AK. Como se dijo, el diagnstico y clasificacin comportarnental y neuropalolgico no siempre es claro. Se trata de una espectacular amnesia para hechos recientes con conservacin vaga y a parches de memorias diferidas y preservacin de memorias de infancia y de jtlventud. Esto, al contrario de las demencias corticales en las que se observa una merma aproximadamente equivalente de memorias muy remotas o muy recientes (Albert y cols., 1981). Se diferencia de los estados confusionales por la relativa integridad de la percepcin y del estado de conciencia, y de las demencias, por una Telativa integridad de las capacidades intelectuales. AdemAs de la amnesia, inicialmente se pens6 que la confabulacin (invento de hechos irreales o pasados como si fueran del prt:senle) seria caractenstica de! cuadro, cosa desmentida posteriormente. La confabulacin se presenta en c: ualquirr cuadro menlaJ confusiooa! y es ms bien un sub-producto del tipo dr interrogatorio. Se divide en: a) conf.bulacln rutistlc.a, en la que los hechos son patentemente irreales y perrgrinos; b) confabulacin momeotAnea, en la que. no bay desorientacin ni Invenc.in fabulosa, sino olvido de hechos recientes quese "rellenan" a medida qur el interrogatorio es ms cei\ido. En casos leves de confusin, o de lesiones front.ales y/ o temporales , se presenta slo confabulacin momentnea (Narinder y ools., 1980). En la amnesia de Korsakoff (AK) , la MCP (bsicamente normal) es espectacularmente superior a la MlP. Aunque las experiencias recienles se olvidan, el condicionamiento clsico es ('.:'l:iIOSO, (sin recuerdo, empero de las sesiones). segn Weiskrant:t. y col. . (1979) y Winokur y col., (1979). Ya en 1911, Clapartde observ que, despues de habCT pinchado con un alfiler a una paciente, esta no quena darle la mano al doctor, por temor infundado segn la misma paciente, de que este la pudiera pinchar. En cambio ya se vi que en la APT, las memorias personales son las que tienden a decaer; sin embargo, la m.emoria perceptual, no verbal, se preserva hasta cietlo punto (Crovitz y cols., 1981). E,n la A1<, por otro lado, hay remanentes de experiencias personales, como lo demuestra un brUo estudio de Zola-Morgan y col., (1980) quienes acompai\aron a un AK alcohlico a pasear y comer enel barrio de su juventud, registrando sus comentarios acerca de su vida de JO ailos atrs. Bn interrogatorios subsiguientes hasta 6 meses despues, el paciente recordaba la salida, aunque contaminaba recuerdos de su juventud con los dc la salida y, a lo Ultimo recordaba pasajes especificas de la visita con los investigadores aunque negaba haber estado con ellos en dicho barrio. la Mep es normal, porque las intrusiones de los AK son fonol gicas y no semnticas y, a los 20 segundos, los errores son comparables a 105 de los controles; en cambio, a los dos minutos, el decremento en recuerdo es de un 50010 (contra un lOore aproximado en los normales). O sea, que los AK analizan el material fonolgica pero no semnticamente y no lo transcodifican y agrupan lgi camente (Cermak, 1980, 1975). Si la deficiencia radicara s610 en la transcodificacin, los AK deberian mejorar cuando se les indican modos de agrupacin y tcnicas mnemnicas asociativas (semnticas o visualrs), cosa que sucede hasta cierto punto, siempre y cuando las claves para memori7.8C se hallen presentes en el aprendizaje y en la retribucin. Se benefician levemente de tcnicas de "visualizacin interna" o sea l de claves icnicas (vgr., de la lista: "elefante-gafas-avin" debe consl.ru.ir una imagen de un elefante con gafas tomando el avin) segn Cermak y col., (1975, 1971) y Cermak y cols., (1980). Por otro lado, los AK sufren de defectos cognitivos de tipo no mnesico, cosa obvia puesto que las lesiones son generalizadas e interesan tlamo, sistema limbico, y lbulos temporales y frontales. Como ya se vi, tanto los AK como los APT sufren de defectos en el acceso a informacin existente para aplicarla y generalizarla' dentro de un contCJCto (Kouner y 228 cols., 1981). Ad ems. por teoria de deteccin de seales, se sabe que los AK son mucho ms cautelosos en sus respuestas que los pacientes dementes o confusos. y muestran una desviacin en favor de respuestas falso negativo. Una vez que deciden haber visto un tem, es altamente probable que la respuesta sea correcta (Cutting, 1981). Sin embargo, parece Que en esto, los AK se asemejan a los normales puesto que, segn Mayes y col., (1981). el ser cau teloso simplemente refleja una traza dbil de memoria, situacin ante la cual, tanto d normal como el AK adoptan un criterio ms estricto de respuesta. Sencillamente, en el AK, ello sucedera con mayor frecuenda. Algunos de los defectos de los AK se asemejan a los de los lesionados frontales y se manifiestan en un decremento en la capacidad de cambiar de clave de recuerdo ante contingencias diferentes de refuerzo. Segn Kinsbourne y col., (1980) y Heilman y cols., (1974) ello se deberla a un defecto en la activacin especifica para ciertas operaciones mentales que podria consistir en una deficiente codificacin de claves contexlUales. con el resultado de un olvido mas rpido (puesto que no disponen de anclajes efectivos); tambin podra deberse a una dbil impresin en memoria. Este decremento en la activacin especfica se demuestra en la inflexibilidad de los AK para cambiar de criterios de memorizacin. Persisten en utilizar el primer criterio de recuerdo suministrado por el experimentador, y desechan las indicaciones de otras tcnicas mnemnicas ms recientes dentro de una misma tarea. Los AK adems, se muestran menos sensibles a contigencias variables de refuerzo. Asi, las intrusiones de la primera categoria de recuerdo son abun- dantes. pero escasean las de claves dadas ulteriormente (Kinsbourne y col., 1980). Junto con la irreversibilidad de pensamiento delatada por la incapacidad para efectuar reversos visuales o viso-espaciales (Osear Berman y cols., 1980), lo anterior es anlogo a la distractibilidad de los pacientes frontales. quienes muestran una paradjica perseveracin e nllexibilidad para cambiar de crilerio de clasificacin (y que, en el AK se da, no en la solucin de problemas. sino en el acunamiento de datos). Por airo lado, los AK se basan ms en las caractersticas d.: superficie (perceptuales) que en las de profundidad (contenido) para recordar eventos. Ante falos de personas ata yiadas cada una con diferentes disfraces, los AK clasifican por el disfraz y no por la cara (Dricker y cols., 1978). O sea, categorizan el recuerdo, no por el rostro, sino por atributos irrelevantes a la persona por recordar. Surgen pues varias hiptesis, la primera de las cuales supone que el defecto principal de los AK radicara en la transformacin de MCP a MLP (de superficie, perceptual, a profundidad, semntica y/o topolgica). Esto les impide almacenar el material en grupos lgicos y econmicos en cuanto a cantidad e nter-relacin. Parece tambin que, por la lesin misma (eje mamilo-frnico-hipocmpico- amigdalar-ncleo dorsomedial del tlamo y por consiguiente, partes basales fromales), los AK padecen de dficits emocionales. y cognitivos. Mishkin (1979, 1978) propone que no formaran lazos de relaciones entre reas de asociacin (apreciacin de la cualidad del estmulo) yel sistema lmbico (apreciacin del valor de refuerzo del lazo estimulo-respuesta). Si las proyecciones a amigdala se 229 interrumpen, el valor motivacional y de alertamiento disminuye. hallazgo repetido en animales con lesiones en corteza inferotemporaJ que, en los monos, es critica para asignarle valor de refuerzo discriminante a estmulos visuales. Los AK presentan signos comparables: ante condiciones constantes de tarea (claves mnemnicas) y ambientales (modo de presentacin del estmulo), los AK muestran cierto aprendizaje, pero en cuanto vara el contexto (externo o endgeno), se desorientan, 00 reconocen estmulos sobre-aprendidos y su ejecucin es nula. Adems, si se les administran tareas reversibles (respuestas diferida alterna; ver capitulo lJI), son incapaces de cambiar las contingencias de refuerzo y de ajustarse a las nuevas estrategias de aprendizaje (ordenar claves temporales) segn Oscar-Bennan y cols., 0982, 1980}. Estos autores pusieron a prueba dicha hiptesis al demostrar que los AK son inferiores a los controles en pruebas de respuestas alternas, a menos que se introduzcan pausas de tonos o luces o de tiempo diferencial que indiquen el final de una secuencia y el comienzo de la otra. Ya se vi que estas pruebas son particularmente sensibles a dano orbito-frontal, de ncleo caudado, de partes frontales dorsolaterales as como de hipotlamo. As pues, parece que 105 dficits mnsicos y cognitivos de los AK se refieren primordialmente a uo inadecuado funcionamiento de las estructuras que median el sistema Umbico y su relacin con la corteza lateral. Adems, padeceran de un alertamiento defectuoso para llamar en memoria los algoritmos de resolucin de problemas y de inhibicin de respuestas, caracterlstica comn a los lesionados frontales. 4, Amnesias globales Estos trastornos consisten en episodios de inicio sbito de prdida total de me- moria (con o sin confusin), con frecuencia de caractersticas paroxsticas (a veces, por isquemias talmicas y/o corticales), La recuperacin puede ser sbita Oas menos de las veces, y siempre quedan reas de olvido), o gradual, yen tal caso se habla de amnesias globales transitorias; cuando no hay recuperacin apreciable de la. memoria, se trata de amnesias globales permanentes, en las que quedan imponantes islas de olvido retrgrado. Despus del episodio, estos pacientes parecen totalmente normales y, a menos que la enfermedad sea evolutiva, clnicamente no se demuestran defectos mentales. En los raros casos de amnesia global permanente, la funcin lingstica, cognitiva e intelectual es bsicamente normal y muy superior a la funcin mnsica (incluso cuando hay leve deterioro). AJ contrario de los AK y de los APT, estos pacientes no recuerdan prcticamente nada del episodio de "Laguna", Es probable que exista un defecto a nivel de estrategias mnsicas particularmente en las operaciones de bsqueda en memoria, con un cierre prematuro de las rutinas de retribucin de datos, las cuales serian mediadas por estructuras del tlamo (Talland, 1969). De hecho, una de las lesiones criticas para este sindrome parece ser un dai\o en tlamo dorsal. El item. en tal caso, estara en memoria, y se haria la llamada, pero antes de reconstruir el dato para "imprimirlo" y retribuirlo a la "conciencia" , se cierra la operacin de bsqueda. Al correlacionar la funcin mnsica con la distribucin de flujo regional sangulneo, se observa un constante aumento frontal, que no se inhibe en sucesivas presentaciones (Wood y cols., 1980), lo que, en 230 ausencia de demencia, sugiere Que el problema no se " reconoce" y siempre se resuelve de nuevo (no se llama a memoria el "algoritmo" del problema) , Lo ms comn en las amnesias globales transitorias es una recuperacin gmdual (en dos o tres horas) seguida de un periodo de de memoria "retrgrada" y amnesia para los hechos ocurridos durante el episodio. Las "lagunas" hIst.ricas se diferencian en Que, en la amnesia global, la recuperacin es gradual yen la histrica es subita y con absoluta claridad para lo que ocurri durante el episodio (Schachter y cols .. 1982; Heathfield, 1973), Se ha asociado la amnesia global con dallo a estrucruras temporaJes mediales (hipocampo, amfgdala y tlamo dorsomedial, en general por oclusin de la arteria cerebraJ posterior). Sin embargo, un paciente de la autora, alto ejecutivo de S5 ailos. c.o; tando en pleno trabajo, subitamentc tom su abrigo y se march. inlerrumpiendo un dictado. Lo prximo que se supo de fue en la tarde. cuando llam a su despacho desde otra dudad; segn la secretaria, ettaba un tanto incoherente (o sea, probablemente el episodio estaba cediendo, pero 00 se habla aclarado totalment e). De regreso a 80gOlo\, relataba que lo primero que recordaba despus del dictado a la secretaria era haber senlido el calor al bajarse del avin en una ciudad de la costa. Nunca logr recordar cmo ni porqu lleg al aeropuerto y tom dicho avin. En el momento del examen no se observa- ban lagunas aunque un obvio deterioro. Surria de un g.l ioma temporal izquierdo y muri en unos meses. Si las lesiones no 500 evolutivas, una preservacin casi lOlal de las funciones intelecruales se ha considera:do como la norma. Pero Mauuccbi y cols., (1980) encuentran Iras un solo episodio de amnesia global uansitoria, una calda significativa en el C.l. verbal y en MlP verbal, aunque sin rranco deterioro intelectual general. Esta muestra de 31 pacientes sugiere que las oclusiones de. la cerebral posterior. por a1guna razn, arectan ms la regin de irrigacin izquierda . Tras inyeccin de amila! sdico intracarodeo unilateral, el 12G'Jo de los sujetos presentaba amnesia global transitoria, de inyeccin comralateral en cual- quier hemisferio (MHner, 1978), con prdida de memoria Verbal. Parece pues, que el bloqueo sbito de un hemisferio tiende a afectar las fuociones mnskas verbales de modo nespeclfico y generalizado . .s. Partmotsla ,"upUcad ... Este curioso fenmeno fUf:: descrito inicialmente por Picle en 1903 como una sensacin de que t80[0 los familiares como la propia persona. los Jugares, pocas y los eventos se duplican (o sea, que la paciente reconoce. por ejemplo, a1 marido, pero dice que su verdadero marido es "otro" ). Sucede ocasionalmente dopus de traumatismos craneo-enceflicos cerrados severos y se acompana de trastornos en la integracin perceptual (di ficultades para discriminar caras y lugares) y en la integracin emocional (apatia semejante a la de ciertos pacientes frontaJes) as! como desorientacin en el tiempo. El paciente relata que todo le parece irreal y que sus 23\ experiencias act uales sao un duplicado de algo que ya le .sucedi en otra epoca. O sea, parece un fenmeno generalizado de diJ. VD. Statoo y cals., (1982) interpretan eae cuadro como un "sindrome de desconexin" especifico de la memoria. En este caso, el paciente registra y recuerda nueva informacin. Asimismo, expresa buen recuerdo de memorias y eventos pasados, pero es incapaz de unir ambos dal aS, cOlejarlos y diferenciarlos en el tiempo. La desorientacin observada seria efecto, justamente, de una defectuosa discriminaci6n temporal de la prioridad de ent rada en memoria de los eventos, lo cual tambin es comn en los lesionados frontales. B. AMNESIAS ESPECmCAS Estos trastornos han sido objeto de estudios neuropsicol6gicos intensos por tratarse de pacientes Integras intelectualmente y con alteraciones sutiles y muy espe<:Jficas de memoria Que 5610 surgen con tecoicas especiales. 1. Amnesia ilDler&r.d. por hJpocampectomfa bO"era! Este fenmeno se presenta por ciruglas para epilepsia. La extirpacin del hi pocampo para alivio de epilepsias focales intratables mdicamente conlleva un defecto severo y generalizado de la memoria, con amnesia antergrada casi total para los eventos post-quir rgicos. y cierta amnesia rctrgada. ScoviJ le y col., (19!i7) y MHner (1963) describen una hipocampectomia bilateral a un paciente inteligente (tal vez el paciente ms famoso de la neuropsicologia puesto Que ya ha sufrido ms de 30 eSl udiosl) conocido imernaci onaJmentecomo H .M. El pacieme mejor de sus convulsiones repetidas, y tiene un eJ. general de 112 en el Wechsler, con buena capacidad de resolver problemas cognitivos y perceptuales y excelente categorizacin pero ausencia total de perseveraciones en el criterio escogido. Muestra una casi total incapacidad para hacer nuevos registlos, incluso cuando se trata de experiencias repc-tidas centenares de veces. Hace unos abos, cambi de residencia, Y. hasta el momento, no ha podido orientarse en su nueva casa y vecindario (donde ya ll eva ms de 10 aftosO En cambio recuerda bien la casa y el vecindario de su antigua vivienda. Paradjicamente, su MCP es enteramente normal y, si se le evitan distractores. HM repite incesamente la tarea durante el intervalo y la recuerda bien hasta media hora despus de aprendida. Pero el mismo hecho de responder constituye en si un distractor Y. al volver sobre el material. la traza ha desaparecido y HM niega haber a prendido nada ni baber ensayado nada en el Jtimo rato (Milner, 1972). Su memoria para t rigramas a corto plazo se extiende hasta 40 segundos, siempre y cuando se le permita ensayarlos liubvocalmente, pero en cambio no memoriza figuras palpadas si n sentido. por prObable imposibilidad de ensayo durante el jmernlo, y tampoco memoriza Setuenclas recurrentes de dgitos o de cubos intercalados con dos secuencias nuevas (Corsi , 1972). Ver la figura VII- !. Su memoria para fotos de personaj es famosos es casi normal para el periodo pre-quirrgico. Como ocasionalmente reconoce figuras post-quirrgicas, se cree que su AA no es total y que, con claves en indicaciones externas, puede retribujr hechos recientes mejor Que los AK (Marslen-Wilson y 232 0015., 1975). Incluso con prctica masiva, es incapaz de aprender laberintos visuales o tctiles (Milner, 1965), pero en cambio, muestra una retentiva significativamente superior al azar en hbitos motores (persecucin de blancos), Dos afias despus, HM muestra considerable ahorro en el nmero de ensayos para Uegar al criterio, aunque no recuerda haber visto jams el aparato de persecucin de blancos (Milner, 1972; Corkin, 1968), Existen otros dos pacientes extraordinarios que son NA (Teuber y cals., 1968) y el que describen Speedie y col., (1982), ambos con una lesin primordial en ncJeo dorsomedial del tlamo. NA, adems, presenta una lesin en panes basales de lbulos frontales por penetracin a presin de una lmina de aluminio por la nariz. En el primer caso, el coeficiente intelectual es superior a la media 'j en el segundo caso, se halla en la media; pero los coeficientes de memoria de ambos sujetos son muy inferiores a sus coeficientes intelectuales. Las f u n c i o n ~ mnsicas ms alteradas son las verbales y, en general, el efecto es antergrado, con preservacin de las memorias pre-mrbidas. Tal como los AK y al contrario de HM, tanto el paciente NA como el de Speedie pueden beneficiarse de claves de visualizacin interna, y, en tareas de reconocimiento mltiple, su ejecucin es normal. Son pues, capaces de almacenar cierto grado de material post-mrbido, con un dficit selectivo de retribucin de las memorias registradas despus de la lesin, particularmente si son de tipo verbal, lo cual probablemente sucede por bloqueo del acceso a los canales de retribucin. Estos tres pacientes, con un dficit prcticamente constrertido al perodo postMmrbido, con un buen C.L general y con IJnirna AR constituyen casos excepcionales de AA pura. De hecho. en clinica cotidiana, lo usual es observar parches de AR junto con AA y cierto deterioro intelectual. Bajo la hiptesis tradicional de que ambos hipocampos son criticas en la conso lidacin de trazas, Mil nef, (1972) inicialmente supuso que esta lesin era suficiente y necesaria para explicar el sindrome amnsico puro de AA. Sin embargo, la hiptesis del hipocampo como parte critica en la consolidacin de memorias es parcial, puesto que los AK, por alcoholismo u otras causas, asl como los dos pacientes descritos con AA pura, no han sufrido lesiones en el hipocampo y sn embargo, no consolidan memorias. Se ha propuesto que el ncleo dorsomedial del tlamo con sus proyecciones tanto a amgdala como al circuito 11mbico basal frontal son las partes criticas para ocasionar este tipo de sndromes (Warnngton y col., 1982; Majr y cols., 1919; Horel, 1918; Vctor y cols., 1971). De hecho, las conex.io M Des del ncleo dorsomedial con los lbulos frontales sugieren que esta estructura ta- lrnica pueda ser esencial para activar ciertas operaciones de alto nivel de categoriza- cin y subordinacin de material. De aqul que tanto los AK como los pacientes con lesiones dorsomediales talmicas presenten defectos cognitivos y emocionales que recuerdan los de los frontales (Speedie y col., 1982). Ahora bien, tanto los AK como HM demuestran dficits mnsicos y cognitivos muy severos, mientras que NA yel paciente de Speedie muestran un status neuropsicolgico mucho ms preservado, lo cual parece explicarse porque sus lesiones seran unilaterales, al contrario de las de los AK y las de HM que son bilaterales. Al respecto, Mishkin (1978) demuestra que la magnitud del defecto mnsico en monos, depende de que se hayan lesionado ambos sistemas8.ll'liidalares-talmicos o solamente uno. 233 7 5 8 I 1 1 6
S J I I 1 9
9 7 6 I 3 I 1 9 5 1
S 3 I 8 1 9 PIGURA VIl-L DlgltDII recurTOl'lte8 de Hebb. En Mt. euo,l.a primer.. eeeuenci.a de MOl dl&iW8 COITMpoIIde-. 1& ClIp.&cidad de retencin inmediata del individuo. Se preet>nta a ClOntlnulci6n una serie 8UperiOf e.o 11110,. dclu cap8-ddad. Ellta misma serie de Mis dgito! !kI pt"886Dl,a rep6tidanlen te, lten;alada con dos .!Ieriee cambiantes de lItlia dfgitoe. Por eprendlr..aje acumulati vo. fIl lJQjeto aprende le serie rec:urnml.e. Cubos d eCorai. E8to11 c:ubollae utilir.an t.e,Qw para det.erminar la eapacidad de mamona inmediata no verbal corno para defAlmlinar 111 capacidad de aprendiuje recurrente no verbal, tal como 8Il la tIl1"6a de Hebb. El mueetraOo que el 811;81.0 jane 8 811 mUl 1'11'1 Deva 108 euboa man-.ados. (ModiFlCItdo de M.ilner, 1913). 2. Trulomos de bI memod. por blpocamptdoDas Izqulerdu Despus de cirugias que incluyen la excisin de amlgdala, hipocampo, y neoconex adyacente, las pruebas convencionales de MCP y MLP son normales y slo se observa un dficit en aprendizaje acumulativo, Se les toma a tos pacientes la capacidad de MCP auditiva que es el nmero de d{gitos que retienen inmediatamente despus de la presentacin. Posteriormente se aumenta la serie en un nmero Y. sin ningn aviso. esta misma serie se: presenta intercalada entre dos series diferentes y nuevas. Los controles graban acumulativamente la serie recurrente y no son susceptibles a inhibicin proactiva de las series intercaladas. Los hipocampec.tomizados izquierdos no logran registrar los dlgitos recurrentes (Milner. 1978; 1971; 1969), Y el dficit es proporcional a la extensin de la excisin (Milner, 1978). En recuerdo libre de lisras de palabras, normalmente se evocan mejor las primeras y las ultimas palabras de la lista. Con hipocampcctomJas resr..ringidwi, slo se observa un mejor recuerdo de las ltimas palabras (MCP) pero no de las primeras (MLP). Con cirugias muy Qtensas. las curvas son "planas" e indican que no se registr ningn tipo preferencia! de cdigo. Los hipocampectomizados izquierdos tampoco muestran la ventaja de oido derecho en senes dicticas, por registro inadecuado de MCP auditiva bajo condiciones de competencia de Uegada (Kimura. 1963). ya que si la llegada es uni-auraJ, ya se dijo que la MCP es normal . 234 3. Trastorno, de memoria por blpMampectomiu derecbas ClInicamente se demuestran aun menos defectos que en los pacientes izquierdos. La u.cisin derecha merma la capacidad de reproduccin diferida de dibujos geomtricos asi como de recordar ocho Items no verbales recUJTentes intercalados enlee 40 !tems nuevos. como en la figl1ra Vll-2 (Kimura, 1963). Se observan dficits en las secuencias de figuras no familiares visuales o sornest6icas, en el recuerdo dellugac de un punto sobre una raya, o de la lon,gitud de un segmento previamenTe visto (Milner. 1978). En aprendizaje de digitos recurrentes, sus ejecuciones soo normales. peco no asl en los cubos de Corsi (Ag. VII-I). La magnilud de la excisin correlaciona con la magnitud del defecto paca recordar la localizacin de objetos previamente vistos en un ml.l eslrano (Smith 'J col . 1981). FIGURA Vl1-2. FIguru I"tIC\.UTlIDteI de Kimun.. El njeto c:WMt obervar 1. primIIn ..arjet .. e indlmtWcuL. otnll diferet)t8!I que .. '" preoM!ntaD .MQleDdal.alllllte. Ea t.. tu. origUla!, loa 1III t1m1ll08 recUrTeQtes !011 bo tMjeLe. intercalad ... roo 81 tarjeta! con dibujo. ablu-acto.!J y 110 repetidQII . 4, "rastomos de la memoria por lobutootlas temporales Se traTa de pacientes con focos temporales, sometidos a ciruga. Se estudiaron funciones de memoria en estos pacientes controlando la edad, medicacin, foco. acti vi dad elctrica"i C.I., mediaote el WAIS, pane del Wechsler de memoria, tareas de reproduccin visual en MCP (10 seg.) y en MLP (30 mio.), listas de palabras conocidas con diversos grados de nitidez visual y con las figu.cas de Kimura (Fig. VU-2). Se hall que los pacientes lemporales izquierdos son inferiores a los derechos y a los controles en memoria semntica y recuerdo de las listas, lo Que indica segun Delaney y cols . (1980) un dficit en la codi ficacin de MCP a MLP. Tambin puede interpretarse este dficit como un simple empobrecimiento lingUIstica debido a leve anomia, resultado de las crisis convulsivas (Mayeux y coh . 1980). Los pacientes temporales derecbos son inferiores a los izquierdos para recordar las figuras recurrentes. los cubos de Corsi y en memoria lgica verbal (recordar historias). El defecto verbal poda atribuirse a deficiencias atencionales Que les impiden codificar adecuadamen te e1 material , a pesar de la preservacin del hemis ferio correspondiente (en los epilpticos dt:rechos, el Hl est supuestamente intacto) . En muestras quirrgicas de pacientes temporales unilaterales, se encuentran severos dficits en ordenamiento temporal de tonos o esdmulos visuales (decir cul de dos estimulas percibieron primero), y dichos dficits correlacionan con la extensin de la lesin en el sentido de que lesiones pequenas afectan slo el oldo 235 contralateral y lesiones extensas afeclan ambos odos (Shetwin y col., 1980). los pacientes temporales tienen una MCP normal, pero son altamente susceptibles a la inhibicin proactiva, o al transcurso del tiempo entre la presentacin y la evocacin con lo que se observa un decaimiento abrupto de la MLP. los temporales izquierdos cometen ms falsos positivos en palabras nuevas de la lista B solamente si stas se relad onan de alg n modo tangencial con las de la lista A; si no son relacionadas, no cometen intrusiones ni falsos positivos (al contrario de los AK). Esto sugiere que los temporales izquierdos codifican semnticamente, pero el acceso a sus memorias es super-ordinado, no particular y por lamo vago. En cambio, los temporales derechos tienen una MCP auditiva normal, con menos falsos reconocimientos visuales semnticos, lo Que confirma que el HI, intacto en estos individuos, codifica los atributos verbales y los agrupa semanticamente (Rausch, 1980). Por su parte, los temporales derechos se benefician menos que los izquierdos de estrategias mnmnicas de visualizacin interna (1ones-Glman y coL, 1978). Los temporales iz.quierdos compensaran las fallas semnticas con visualizacin interna, Por otro lado, si. en lugar de memoria secuencial, se estudian problemas deductivos (vgr: "A es ms alto que B; B es ms alto que C; cul es el ms aho1"), entonces los tempora- les izquierdos son inferiores a los derechos, incluso cuando se les indica que "visualicen" las estaturas de A,B y C. Curiosamente, ambos grupos de pacientes informan recurrir a dicha tcnica pero los derechos lo hacen ms exitosamente (Read, (981). La contradicci6n con el estudio de Jones-Gotman provendria de que la "visualizacin interna" en problema.) deductivos seria de tipo ms abstracto y ms semntico que la requerida en el aprendizaje de listas de paJabras concretas de Jones-Gotman y por tanto, [os temporales derechos se beneficiarian del procesamiento semantico del H1. 5. Trastornos de la memoria por lobectomias (rontales unilaterales derecbas e izquierdas Repetidamente se ha sei'lalado que las lobectomias frontales merman el recuerdo de las prioridades en el tiempo y que se observa una clara disociacin entre el tipo de material olvidado fras lobeclomas izquierdas o derechas. En el Cap, III se discuten los dficits para recordar verbalmente que tem vieron primero o qu dibujo vieron antes de otro. Asimismo, debe relacionarse la hiptesis repetidamente expuesta de que el eje reticular-talmico-Ilmbico, particularmente el que involucra partes basales de los hemisferios y de los lbulos frontales, controla las operaciones de admisin de ciertos materiales en uno u otro hemisferio. As, este eje, mediado por el ncleo dorsomedial del tlamo y su densa proycx:cin a los lbulos frontales, es critico para emplear adecuadamente y en el momento necesario los algoritmos mnsicos. Por ello, aunque el dato se halle en memoria, tras lesiones en el ncleo dorsomedial ta1mico y en partes basales de lbulos frontales (o amigdala e hipocampo), los pademes no recuerdan ciertas tareas sencillas. C. ANOTACIONESANATOMICAS Hasta el momento se ha subrayado la importancia de los lbulos temporales en el registro y/o consolidaci6n de trazas de memoria, asl como en la disociacin entre 236 los di versas registros (MC?, MLP, memoria personal y aprendida. memoria verbal y no verbal). Clsicamente se considera al eje mami lo-f6rnico-hipocmpico crhco para la consolidacin y/ o reuibucin de datos (Mil ner. 1978). Esto. por las AA tras hipocampedomias bilaterales y en las AK. lo cual se atribuJa a degeneracin de los cuerpos mamilares y del hipocampo por deficiencia de tiarnina. As pues, el primer eje considerado como critico en e.J paso de MCP a MLP fue el hpocampo-neocortica1 (la neo-corteza "solicitarla" la informacin y parles mediales de lbulos temporales la retribuirlan), con una doble codificacin complementaria entre e! lbulo temporal izquierdo y el derecho. Se supuso Que el papel del hipocampo era el de mantener "activa" la memoria solicitada (Milner. 1972). Esta hiptesis pre$t ora un problema intrigante Que es la total imposibilidad de reproduci r el sndrome de AA en animales hipocampe(;tomiz.ados bil ateralmente; pero en cambio se ha en,:ontrado cierta semejanza con la AA tras lesiones en el tall o temporal (eferemes que conectan lbulos temporales. amigdala y ncleo dorsome- dial del tlamo) asf como en ablaciones de corteza nfero-temporal en tareas visuales (M'ishkin, 1978). Cll n1camente, es raro disponer de pacientes con estudio neuropsicol6gico completo y anatoma patolgica post-mortem. De: 82 pacientes coo Al< y anatomia patolgica, todos tenian degeneracin en partes dor$orncdiales del tlamo y en cuerpos mamilares, pero slo un porcentaje tenia el hipocampo lesionado, (ViCiar y ools .. 197 1) . Por otro lado. hay ocasionales informes patolgicos que presentan lesiones correspondientes a una encefalop3tia de Wernick.e o a una amnesia de Korsakoff, sin signos mentales concomitantes (Lishman. 1981). Poco despus del estudi o de Victor. se perfi l la nocin de que. en toda operacin de ret ribucin, la atencin interviene de modo crucial a travs de un complejo eje filtrado por el ncleo reticular del tlamo Que es el Que dej a pasar la informaci6n especifica. Ju010 con el ncleo reticular. este eje comprenderla cuerpos mamilares, base de lbulos fronlales,. ncleo dorsomcdial del tlamo y partes mediales de lbulos lemporales (Warrington y col. . 1982; Heilman, 1917: McEntee. y col., 1976). Ver diagrama VlI-3. De hecho, el mismo Korsakorr sefal6 Que no todo Al< era alcohlico y que no todos los alcohlicos presentaban degeneracin hipocmpica. Horel (1 978) subraya la alta frecuenda de trastornos de memona ae tipo Korsakoff tras oclusin de la arteria cerebral posterior. La autora ha visto ... arios cuadros semejantes por infarto masivo cardiaco con coma subsiguiente y recuperacin de ciertas funciones intelectuales, pero no de memoria. Se han descrilo otras amnesias s610 por lesin en el f6rnix (que conC!:(:ta cuerpos mamilares con hipocampo). Horel (1978) concluye que la lesin ms probable para producir una amnesia anter6grada o que simule las amnesias "hipocampicas" seria la destruccin del n- cleo dorsomedial del tAlamo. que es la ms frecuentemente atrofiada en amnsicos de Korsakoff, Independientemente de su etiologia (alcoholismo, ACV. tumor) . Recientemente, Mair y cO\s;" (1979) revisan de nuevo los datos, y presentan dos casos de alcohlicos con AK. extensamente estudiados neuropsicolgica y patolgicamente en autopsia. Durante las evaluaciones ninsUDo de los dos mostraba deterioro nteTectuaJ considerable (excepto uno de ellos, al final de so vida), pero con un gran periodo de AR (30 aftos). Ninguno mostraba mayor susceptibilidad a interferencias en MLP y se beneficiaban igualmente de" claves mntmnicu de vi sualizacin o de categoritacln dadas por el experimentador. En ambos casos , la lesin afectaba el nlcleo dorsomtdial lalmico y los cuerpos mamilares, con cierta atrofia en lbulos temporales med..iaJes y algunas estructuras de Concluyen Que la lesin mlnima para causar una AK t3 1a destruccin de los cuerpOs mamilares y la drl nlcleo dorsomedial, 10 que concuerda con el estudio de Victar y col5., (1971) y de Horel (1978) y con el hallazgo dela amnesia anter6grada de N,A. y del pa,;ieote de Speedie (1982) que probablemente afecta partes basales de lbwos frontales y ncleo dorsomedialta\l\m1co, sin afectar neocorteza. La hiptesis del n- cleo dorsomediaJ como parte critica en la AK yen parte, de las AA, se sustenta con las hiptesis de Mishkin con animales y de Heilmao y Kinsboume con bumanos: la consolidacin y retribucin se darla mediando rl eje reticulo-te.lencefA1ico ya mencionado (Fig. Vil-3). De at. la semejall7.a eoue muchos de los defectos cognitivos de los pacientes rrontales ydr los AK en sus perseveraciones para alterna,. de "set" mental (ante diferentes algoritmos), asf como en su exllemada distracLibili- dad ante esmulos irrelevantes y su dificultad para mantener la constancia de una operacin mental en si tuaciones cambiantes (externas o endgenas) . { VIs, Slslrm.s Aud. ---.--t----+ SOm,,--+-t----+ SIstt:ma /umbiCO N. Ret. CVUCGM 1 1 1 N,D,M. H Corteza sensorlaJ ) Cor'na '---.' corttu primarl. asocla\'J pre.rrontaJ FIGURA VII-;: Diagnma de memoria. ICV8: IXJIbp1ejo venlrobasal: CGM: genkuladOll medi8.les: COL: c:uerpoe geniculados IatelaJe!; N. Ret: noden retieulado; N. DM.: nO deo dOl1lo-m!'!dial; F .R. m..encel'.; formacin ntieu1fr,da meseneeftuea), Este diagrama in\.4!gMI 101 componenllS cortieaJeII primarios y asociativos de engranlljti de. la memoria y loo! CGPlpolll'lOt.ell eub-c.OTtieales de aJertamieotO. ftl lro y a'nplifieacin de lna 8lltunuIN. El nw.Joo reticular ta14mico acwl como un flro de lo que el talamo dflja pBsar B corteu. y t U VN. te 'halla r1!gulado por . actividad eorticofuga por via da l. rormacin reticulada mOM!nc:ef'lice l. El nOcleo reticular conrorma , base de la atend6n t8Jlto pan; esdmulg, nu.wo!t CGmo pua Uamada., de memoria. ,os sistemu Umbico y pre-frontal , 1 travs de IIIl3 conwoDflS rodprocaa coo d oucleo reticulado, la formacin reticulada meet!l1c:efliliCII. y el nuclen d<mlomedial del tAlamo (crucial en la c:onaolidacin y/ o r.!O"ibucin de datos de rneroon.. l. son c:1aves pua alertar al bacia Jo que "" ",levante: y debe codiJiar o ha,cia loqu. debe Aalrnialno, 1a llamada a memo"" eetarla Qled!lId, wnbin por est08 IImbicoa motivaci(J1laJM y ntticul.adoa .enantes. I Modificado de Heilman y col .. , 1914 Y Wataon y cola.. 19811. 238 LAS APRAXIAS "" y avail un aUite aUlil dOn! on avoit besoin. Un mflier (f (mer . .. Bob; aVDit dil qu'il savoit de quefle c'ila;' agem: ... Marlhe se souvenaic des gesles, el a Cause des gestes, elle se sQu'oIenait de " outil ... /o1arthe ne se souvenait ni de la place de la (ravene ni de la posifion du (ouet. Elle i toirl Q imiter Qvec ses pieds el ses maiTU celle qui fUse un mrier d'ombre el elle s'embrouillait f't a la fin les deux hommes avoient el saoufs de (out ce mouvement embrvuill .. , Alors. ils tlaient reparlis du principe premier. lis avoient di': "Fois nous va;' le geste. Qu'esr-ce-que fU tires? O san' pendus les fils? . . Ainsi. d'une piece j J'Qurre. el loujours rommands par fes ncssits de C>lte toile de ume que Marthe rissoit en souvenir, itsjuren' mentso plan ter commeun bloc le mlier vertical, la maisorr el lo (erre" lean Giorro. Que Ma Joie Demeure. 19J5 ''Necesitaban adem6s otra herramienta. Un telar. 80bi diJo que sabEo cmo montarlo . .. _Marra recordaba algunos gestos y por esos gestos, se acordaba de la herramienta. Marta no recordaba ni el sitio del peine. ni la posieln del lomo . ... Se puso a imitar con pies y manos Q una que tejiera una lela de sombras. y se enredaba entre tdnto mOllimiento. hasta que los dos hombres se cansaron de lodo ese mOllimiento espeso . . . Entonces. lIo1vieron 01 primer principio. Dijeron: "Dijanos lIer el gesto. Qu er lo que halas? De d6nde cuelgan los hilos?, . Yasf. de en 239 pie:o y siempre guiados por fa necesidad de aquetta teJa de humo que Marro lejfo en su memoria, llegaron u plantar como un bloque, el te/ar vertkal, lo caso y lo tierra". Traducrin de la uutOra INTRODUCCION Antes dede(allar los trastornos del gestO (apraxias), y de la percepcin (agnosias), conviene esbozar conceptos bsicos de hu leorlas ms articuladas al respecto. La teorla de Piagel. aunque carece de operacionalidad. suministra valiosas sugerencias para analizar la desintegracin del gesto en estados patolgicos. Para Piaget. un esquema es un patrn organizado y eficiente de accin (coordjnacin "deliberada" de movimientos aislados)1 de creciente complejidad (llevarse el chupo a la boca, mirar hacia donde el objeto desapareci6. etc). A este ni vel (2-3 meses), se establen relaciones elemenrales enlre objeto y accin que son centradas sobre el eje corporal (chupa, toca, acerca hacia l). ProgresivameOle, el SNC inlegra esquemas ya desarrollados pero aislados (alcance de manos y pies, evolucin de movimientos distales coordinados. cambio de un obj eto de lugar para regresarlo a su posicin inicial) y emergen esquemas ms estruclUrados que permiten una relacin ms fuerte y deliberadasobree1 objeto (es cuaodo ';descubre" que puede actuar sobre el objelo 'J' ti ra indefinidamente la pelota o haJa la sbana). Experimenta ya con los limites de su cuerpo a traves de la percepcin y de la accin y aprende a diferenciarlo del medio externo y a [elacionar el movimiento propio con el objeto desplazado. Estos esqutmas primitivos sensorio-motores conformarn, a nivel cogniti vo en el adullo la "percepcin espaciaJ periftrica" (Fredericks, 1969) y las morfo-sintesis de Denny-Brown. Mientras no disponga del lenguaje como sistema, el esquema sensorio-malar es sincrtico (abarca indiferentemente cuerpo y espacio inmediato) y no distingue bien el cuerpo del objeto. Depende mfls de la apariencia momentnea del objeto que del objeto en si (lo que se ver en ciertas agnosias). Por este sincreti smo la accin del r.uerpo sobre el medio es isomorfa con el resultado deseado (al abrir una caja, abre la boca). Pueden efectuarsr reversos fi sicos sobre los objetos presentes (tapar y descubrir alternativ3.mente un juguete) pero no se realizan reversos mcntaJes coo el propio cuerpo (Jo que se ver' en ciertas aprax'ias). No est todava des..:entrado o independizado de su eje corporal y no asume altos puntos de referencia que 00 sean el propio (vgr. , al jugar " escondidas" , le basta taparse la cara; como l no ve, es suficiente para que no lo vean). Una niAa tom6 una caja abierta con la mano derecha y con la izquierda la tap, prensndose l!Js dedos de la derecha. En cuanto ms apretaba con la izquierda. mas s( prensaba los dedos de la derec.ha y lloraba sin mirar Qu sucedia . El esquema malluai bilateral en conjuncin con los ojos no estaba inlernalizado )' no resolvi6 el problema . Mas tarde, los esquemas se estructuran, se integran y se acercan a la nocin de morfoslntesis sensorio- motoras . Con la emergencia del lenguaje, las claves sensoriales inmediatas }'8 no son indispensables para "conocer" (predecir el comportamiento) y para Que el objeto exista en la mente del jndlviduo, i.ldependiente.mente de su presencia. Comienza enlonces la "interioriz<\ci6n" del espacio y de los esquemas sensorio-motores, mediante los cuales el niilo afecta su cuerpo como sujeto (que emite la accin) y como objeto que la recibe (cuan.do hace algo malo, se pega l mismo). Podra pensarse ya en cierta "conciencia" de los limites de los miembros unos respecto de otros, del eje corporal y del exterior, limites que se "re-crean" internamente, se revisualizan y, ya a los 6-8 afl.os de edad, se revierten, invierten o borran a discrecin, en ausencia del espacio y del objeto contertido. Esto constituirla la base de la anticipacin de los efectos de las acciones sobre el medio. En el capitulo JI se vi que el conocimiento del propio cuerpo y de las posiciones relatvas de los miembros unos respecto de otros y del espacio circundante requiere de una constante "renovacin de imgenes" dinmicas (propioceptivas, visuales y Iabermicas principalmente), que nunca son iguales a ellas mismas y que se generan por pre-alimentaciones parietales a reas motoras. A travs de ellas, se configura un cuadro dinmico del cuerpo-en-el-espacio al alcance de la mano. En ltimo trmino, la imagen imerna (mundo externo-cuerpo) se estructura con base en la accin deliberada. Sin libertad de movimientos, no es posible ajustar el alcance ojo-mano (Cap. III) Y no se relaciona la posicin del cuerpo y de sus diversos miembros independiente pero simultneamente, respecto del espacio visual, somestsico y auditivo que rodea al sujeto. Justamente entre los 3 a los 14 aos, esto es lo que construye el nido y lo que parece desintegrarse en ciertas apraxias y agnosias. En cuanto a la relacin entre accin y percepcin, la accin como acto motor deliberado (por oposicin a movimiento muscular "no voluntario") se estructura sobre una serie lgica de sub-programas que dependen del contexto interno y externo y para 10 que el SNC debe considerar continuamente el estado del espacio lleno o vaclo (de un objeto o de un miembro propio), esttico o en movimiento. Conceptualmente, ste seria el lmite entre la accin y la percepcin. Se trata de un terreno mal delimitado, en el cual no se separan la accin de la percepcin y el movimiento de la sensacin y, en patologia, no se distinguen las apraxias de las agnosias. De hecho, el tratamiento del espacio implica un doble aspecto: a) pri('tko (ordenacin de acciones); b) perceptual o agnsico, (percepcin del espacio). A nivel reflejo, el movimiento es independiente del espacio que lo rodea (la mano se re- tira del fuego aunque tropiece con la pared o con la cara del sujeto) pero a nivel prctico, la percepcin del espacio es parte integrante de la organizacin de la ac- cin. Tal vez la vaguedad conceptual y comportamental de ciertos cuadros "aprac- tognsicos" provenga de que la perturbacin de sistemas integradores sensorio- motores no se presta a clasificaciones sencillas con base en pruebas sensoriales o mo toras nicamente. La programacin baUstica y a priori de los movimientos intencio- nales se relacionara con estos complejos programas supra-modales, cognitivos y deli berados. Adems de los lbulos frontales y parietales, el cerebelo y la formacin reticulada serian estructuras criticas en la organizacin del gesto. Las clulas de Purkinje y algunas de FR muestran una altsima actividad milisegundos antes del inicio de una 241 excursin ocular O de un movimiento conjugado cueUo-tronco. A traves de complejos sistemas inh.ibitorios, el cerebelo anticiparfa los errores y corregira la orden que va a salir de corteza. Citando a Uins (1974): "ya no queda duda de que el cerebelo es un punto central de control de la (lrganizacin del movimiento. No lo inicia y, de hecho, el movimiento puede generarse en ausencia del cerebelo. Pero sre modula y re-organiza rdenes motoras, y, al co-ordinar las diversas senales ()btiene la mxima eficiencia de ellas. As, es un rgano de regulacin en el sentido ms amplio de la palabra". Al respecto, recientemente Kelso y ca!., (1981) proponen un anlisis kinemlico Que intenta una hiptesis sobre el problema de las apraxias (y de paso de cienas afasias) y sobre el problema de la inexplicable disociacin de ejecu- ciones en contexto y fuera de contexto (gestos 'automticos" o espontneos que son "fciles", y gestos deliberados o "irrelevantes". ordenados por el examinador, que son "difciles"). A partir de varios anlisis neurofisiolgicos sobre la coordinacin muscular, los aulores proponen que en fodo movimiento volicionaJ se activan: a) aparatos pre.sincronizadores (pre-alimentantes) que, durante el perodo de latencia entre la orden del movimiento y la contraccin muscular, facilitan los umbrales de las motoneuronas que van a contrar ciertos grupos musculares. Servirian tambin como ajustadores posturales globales del cuerpo ante determinada accin futura y no se presentan cuando el movimiento es desencadenado exgenamente; b) apantos sincronhadores que aumentan la ex-citabilidad a nivel enceflico y medular de los controles de los agonistas y comienzan a actuar unos 50-60 msg antes de la contraccin; e) ap1ll'1ltos' 'gatUlo" o desencadenado res que disparan el movimiento a la vez Que inhiben los antagonistas. Segn estos mismos autores, la especificacin de los tiempos de activacin de dichos aparatos depende estrechamente del contexto funcional que asigna valores bien diferentes a un mismo acto motor (para el SNC es muy diferente levantar la mano con los dedos extendidos ante las preguntas: "Quin viene conmigo?" o "Cuntas naranjas tiene Ud?".o para indicar que desea salir del saln). Ante estos diversos contextos, el SNC activa ciertas estructuras (no necesariamente las mismas) con tempos diferenciales de activacin y pausas (ver el estudio de Bechtereva, en el captulo VI), puesto Que el valor significativo del acto es diferencial. En sujetos normales, estas relaciones se mantienen. incluso si las demandas en precisin y amplitud del movimiento varan en dificultad relativa para cada miembro. Pero de hecho, an ante la disparidad de dificultades. ambos miembros llegan a la meta al mismo tiempo lo que indica que, al actuar simultneamente, ambos brazos forman una unidad fu ncional que depende del significado especifico del contexto. De aqul la idea de que la organizacin del movimiento es ms heterrquica que jerrquica (Cap. 1I) y Que se realiza segn la coalicin momentnea entre las demandas del me- dio externo y del medio interno ("idea" del sujeto). En la apraxia, las etapas de pre-sincronizacin y sincronizacin serian defa:tuosas ya que, normalmente, diferentes sel\ales supraespinales tienen diferentes secuencias o diferentes significados segun el contexto de fondo de la actividad momentnea de la medula espinal y/o del tallo. A su vez, la organizacin dinmica de actividad de medula espinal y tallo depende de las se\ales supra-espinales (determinadas por el contexo). El contexto define las condiciones limites que especifican exactamente las condiciones de emisin de un movimiento complejo (gesto) en una situacin significativa. En el aprctico, no siempre se darla esta diferem.1.adn contex.tua! y coalicional medio externo-oTlI:anismo. Ciertos, pero no todos los defectos en la organizacin espadal (dibujar, vestirse, etc.,) provienen de deficiencias perceptuales o de asimetras patolgicas en el filtro atencional hemisfrico que resultan en heID-inatencin (omitir perceptual O gestualmente la reladn cuerpo-hemi-espacio contralatera! a la lesin). No es que la hemi-inalencin en si origine defectos prcticos o gnsicos (no todos los pacientes hemi-inatentos son agnsicos o aprcticos y vice-versa), pero las asimetrias hemisfricas atendana!es indudablemente juegan un papel importante en algunos de estos cuadros (Pillan, 1981; Bowers y col .. 1980). Al respecto, Bowers encueo tra que los sujetos controles operan mejor sobre el espacio contralateral a la mano con la que trabajan y suponen que el eje corporal medial divide el campo espacial extracorporal en dos hemi-espacios. Cada uno de ellos constituye un plano perceptual diferente al que se atiende de modo particular (principal pero no Unicamente, por el hemisferio contraJateral). Cuando los lesionados derechos deben dividir por la mitad una recta, tienden a marcar la biseccin hacia la derecha, dejando ms espacio a la izquierda. O sea, atienden ms aJ campo espacial correspondiente al hemisferio sano que es el ms significativo. Asimismo, en cuanto ms dificil la tarea por ejecutar, se observa Que los lesionados derechos tienden a cometer mas errores de omisin en el lado izquierdo del dibujo que en lado derecho (pillon, 1981). En cambio, los lesionados izquierdos cometen ms errores con ambas manos en tareas de baJanceamiento de mviles, mientras que los derechos slo decaen con la mano izquierda, lo cual corrobora la pre-eminencia del control motor sobre actos deliberados por parte del hemisferio izquierdo (Wyke, 1967). El hemisferio izquierdo adems, parece dominante para organizar secuencias motoras complejas (posiblemente fonolgica o digitalmente) en particular si stas son dinmicas, e independientemente de que tengan o no significado (ver Tabla VIII-I) como lo proponen Kimura y col., (1977). Sin embargo, cuando se trata de tareas motoras s\!{;uenciales muy complejas cognitiva y semnticamente, lo anterior no parece enteramente vlido. Los ciegos normales que leen Braille mantienen su ejecucin en un mismo nivel de criterio, independientemente de que trabajen (lean) en el hemi-espacio psi o contralateral (Bradshaw y cols., 1982), lo que indica que no siempre el hemisferio izquierdo dontina para tareas secuenciales complejas; ya se mencion que los ciegos tienden a leer Braille con la izquierda, aunque parecen darse variaciones individuales muy marcadas a! respecto, segun Bradshaw y col., (1982), y que no siempre la ejecucin es mejor en el hemi-espacio contralateral al campo sen- sorial estimulado. Obviamente, en la observacin con ciegos, resulta dificil determi- nar cul es el campo sensorial estimulado, puesto que se trata de una tarea multisensorial, muy compleja 'i con imbricados aspectos cognitivos que estn por aclararse. 243 TABLA VIII -1. POH.idones d.i&cre!.a!'l de dedos que el sujeto debe realiur observando directamente al us.minedor. Despuu de haber rea1ir:ado e8l8 tarea. el sujeto debe imitar los aiguiente! movimientQ!l : 11 puilo cetTado, pulgar hori:tOnt.laobre la mesa. 2) puOo CIItT1Ido. pulgar horizont:alsobre 111 IDesll. abrir la mano. colocar palms de la mano aobre la ID!!!!a. 9) mano abiert.a, palma mirando hac:ia el ruerpo, la mano 1M! mueve horiwntalmente frente. al cuerpo de un lado al otro mie.ntn! loa dedo!, extead.idos, ae abren y se den'8..D . ) dedO!! utendidoa en c:onUlC:to. pul ger el tendido y hada arriba, mano paralela al cuerpo 1M! mueve horizontalmente por delante de la frente. 244 TOllladode KimllTa O., y Archibald Y. 11974) AsI pues. los movinuenlOS complejos dependen parcial pero estrechamente de un mismo grupo de sistemas ordenadores, por lo que, bajo ciertas circunstancias, las afasias se acompaftan de desrdenes gestuales manuales o fonatoros (independientemente de su Sin embargo, tanto las lesiones derechas como las izquierdas pueden mermar ciertas ejecuciones prccas, pero la causa subyaceme es diferencial en cada caso. En las lesiones izquierdas, el defecto seria eminentemente ejecutorio-prctico, y en las derechas. sena percepto-'tIisual (Bruyer y cols. , 1982; Hecaen, 1978; Piercy y cols., 1960), yen este caso, seacercaria mas a1 concepto de agnosia Que de verdadera apraxia. Ya se vi Que existe una estrecha relacin enlre las estructuras que ordenan los articuladores fonatorios y los digitales. Esta relacin parece mediada por el hemisferio izquierdo ya que la actividad digital interfiere de modo decisivo con la actividad rooatoria (o vice-versa, segn la atencin y el criterio de respuesta adoptado para una u otra latea) (ThotOton y col ., 1982 Lomas. 1980, Kimura, 1976). Los estudios de Kimura, adems, indican Que la activacin generada por el hemisferio izquierdo mientras se anicula o se habla irradia cierta actividad motora, demostrada por un incremento en los movimientos direccionales y expresivos tanto de la mano como del brazo derecho (Kimura y col. , 1981; Kimura, 1973). No es de extraftar, pues, que en un sustancial porcentaje de trastornos del lenguaje, se den asimismo trastornos del gesto, puesto que uno y otro tendrlan generadores comunes. Ello se demuestra ademas en ciruglas estereotbicas las. cuales se"alan que los "mapas corticales" para deletreo de dedos y para deletreo verbal se superponen en gran medida (Mateer y cols . 1982). Por ot.ro lado, obviamente, los sistemas musculares son diferentes, como lo son 105 sistemas cognitivos que median la organlzacin del gesto y de la palabra, taJ como lo atestiguan los casos cllnicos de disociacin entre praxis y lenguaje con preservacin de ciertos aspectos prcticos y merma en la capacidad de escritura (Gersch y col.. 1981). Al respecto. la escuela tradicional de neurologfa (ver Kimura y col., 1977; Mendilaharsu y cols., 1971) opinan Que las lesiones criticas para estos desrdenes se encontrarian en lbulos parietales o en fibras de "asociacin" entre y partes motoras pre-rol.ndicas. Pero tambin se han demostrado cuadros de hemi-inaten cin aprclicos con lesiones en ganglIOS basales o en partes mediales de lbulos temporales, tales como la Insula (Tognola y coL, 1980; Damasio y cols. , 1980). Desgraciadamente. no se dispone de momento de una buena clasificacin de las aprax.ias en parte porque carecemos de un sistema fuerte que explique la coordinacin de movimientos, asr como su valor dentro de ciertos contextos situacionales. Por tanto, hoy por hoy, los intentos de localizacin son parciaks e incompletos. 1. DEFINICION Praxis se considera como sinnimo de obrar o ejecutar (JIebster, 1948). lmpca un nivel de control motor junto con unA meta por alcanzar " voluntaria.mente". 24l Apraxia se define como una dificultad para ejecutar movimientos intencionales, deliberados, independientemente del contexto externo y cognitivo, por orden de otra persona y/o por "voluntad propia", en ausencia de defectos motores o de estados confusionales que justifiquen por si solos el dficit. Las deficiencias afectan el movimiento complejo con falla en la secuencia y ordenacin pero con integridad en la realizacin de los componentes elementaies de la scx:uencia. La apraxia DO es un COncepto unitario. Los movimientos "voluntarios" son tan variados y sujetos a tntas coaliciones externo-internas como las 'ideas" o el "pensamiento". A, TlPOLOGIA A contmuadn se expone una rudimentaria tipologl.a fenomenolgica de los diversos tipos de gestos humanos: l. Gestos trsnsld1'os Mediante eUos, se manipula un objeto presente o se representa la accin sobre un objeto imaginario. 2. Gestos tntranslthos Implican la manipulacin del cuerpo sobre el espacio inmediato, Pueden ser: a) codificados Ilogistlcos que remplazan el lenguaje hablado; b) codIficados no UOliilstlcos que remplaz.an rdenes o slmbolos (pufl.o levantado en alto, seft.ales de trfico o de cortes la, sefial de la cruz, etc,); e) lcnlcos que calcan lo que se desea representar (cmo Jaime le peg a su sef\.ora). Los contex.tos que defmen la organizacin gestual pueden agruparse en: a) es pon tneamen te dentro de contexto (seria el nivel de verbalizacin espontnea y "automtica" del afsico); b) dentro de contexto, ante orden externa verbal o gestual (en la mesa, se le dice o indica al sujeto que coma); e) fuera de contexto espontneamente para describir, de motu-propio una situacin pasada (o sea, dentro de contexto subjetivo); d) fuera de contexto por orden verbal y/o gestual (vgr: "haga como si apagara una esperma"). En lesiones cerebrales, los diversos desrdenes en movimientos prcticos delatarn las condiciones externa'! (tipo de demanda, espacio en el que se efecta el movimiento, presencia o ausencia del objeto, etc,) e internas (lateralizacin o tipo de lesin, nivel voliciona! del gesto, memorias contextua1es, etc,). B. DESCRIPCION DE LAS A PRAXIA S Se resumen brevemente algunas de las revisiones histricas de la evolucin del concepto de apraxias (Buckingham, 1979; H<:aen y col" 1972). En 1870, Finkelnburg describi la asimboUa o disminucin generalizada para expresar o comprender slmbolos en cualquier modalidad (incluyendo la expresin mimtica) en 246 ausencia de defectos sensoriales o mOlores Que el cuadro. En 1905, Liepmann describi por primera vez una aprala. simptica de la mano izquierda ante rdenes verbales con lesin del hemisferio izquierdo y parte anterior del cuerpo calloso. Era el tpico modelo de desconexin alemn (en este caso. entre la "idea del movimiento" en lbul os parietales posteriores y la "imagen del movimiento' en circunvolucio supramargjnal). Este sindrome se descobe detaJJadamcnte en el capitulo IV. secci6n de comisurotomias. Liepmann tambin describi la apnOOB Ideadonal (dificultad para manipular objetos pOr su uso) por una desconexjn entre los "centros de las imgenes motoras" (zonas supramarginalesl y los "centros" malares rrontales; tambin se le debe la dt!Sctipci6n de la aptll.B Ideomo1ora en la que se dificultan los gestos simblicos por supuesta desconexi6n entre los "centros de recepcin" (audi tivos o visuaJes) y las 'Zonas mOl oras. En 1934, Kleist describi la apralda melokioUCil (por supuesta lesin frontal) en la que se pierde la " memoria de las imgenes "kinticas" fooatorias. manuales, etc. (y que, fenomenoJ6gicamen te. parece coincidir con los sndromes ya discutidos de oclusin de la arteria cerebral anterior que impiden la ini ciacin espontnea de una acci6n como sucede en la "afasia transcorticaJ motora"). Todos estos trastorno,s SI." asociaron en un principio con lesiones izquierdas o con estados confusi onales o demenciales. l. Aprufas relatioDaducoo lesiones Izquierdas Estos cuadros no siempre derivan de afaSIas. ya Que son fenmenos disociables (pero frecuentemente concomitantes) . La caracteristica de los aprcticos no es la afasia sino la dificultad para emitir movimientos secuenciales. Sin embargo. los af sicos anteriores son ms parcos en gestos y los posteriores acompal\an sus emisiones de gestos amplios. Que corresponden ms al contorno de entOnacin de la emisin que al contenido scmntico de la misma (Hcaeo y col.. 1978). a. ApToxla del hablQ: se-caractenza por un desorden que pare(e corresponde.r a la hiptesis de I<elso y col., (1981) de una desorganizacin en los lempos de si ncronizacin de actividades de grupos musculares. Los intervalos entre la pulsacin glotal y el inicio de. la apertura labial se alargan (Sa nds y cols., 1978; Trast y col ., 1974) asl como la duracin de algunos fonemas. lo que resulta en suslitucio nes (Iv por I d/.11! por I dl etc.) y mal control de volumen y tono de voz. Adems se observan francos dficits en la ordenacin y secuenciaci6n de las posiciones musculares referenciales entre velo palatal , glotis y lengua (lloh y cols:, 1980. Sha,nkweiler y col. . 1966). Fonmicamente la apraxia del habla no se diferencia de la produccin arsica . la diferencia radica en que en la primera, los sistemas lingUlsticos no fonatorios estn intaclOS (Icelo-escri tura, comprensin, etc.). La apraxia del habla se diferencia de la disartria (dficits emisivos por paresis muscular perifrica) en que en esta llima. los errores ocurren jndependientemente del contexto '1 siempre se afectan los mismos segmentos articulatori os, lo cual es obvio si el defecto proviene de una incapacidad de ciert os grupos musculares (Darley y cots. , 1975) . 247 b. Apraxio oral (040) o buco-lingo-facial: se define como "una dificultad para ejecutar movimientos voluntarios con los msculos de la laringe, faringe, lengua, labios y mejillas, con preservaci6n de los movimientos automticos de estos mismos grupos musculares" (De Renzi y cols., 1966). Obviamente, la produccin depende del contexto y es ms fcil si ste es espontneo y relevante. Durante aos, la AO se tom como signo integrante de la afasia expresiva porque, con frecuencia, en su comienzo, ambos fenmenos se presentan concomitantemente (De Renzi y cels., 1966; Alajouanine, 1960) y porque la severidad afsica tiende a correlacionar con la AO. Sin embargo, la AO no correlaciona con ningn tipo en especial de afasia, pero en cambio se asocia estrechamente con la presencia en s de afasia y con la dificultad en emisin fanmica (De Renzi y cols., 1966). La mayora de los lesionados izquierdos, afsicos o no, pero rungn lesionado derecho, fall la prueba de AO de la Tabla VIII-2 (De Renzi y cols., 1966). A algunos lesionados izquierdos se les djficuha ms eSTa prueba que la produccin fonmica en s, pero en cambio se encontraron pacientes afsicos severos sin AO. Esto indica que la AO no es un mero remanente afsico o fonatario. Adems, salvo casos evaluados en pwfuodidad, siempre surge [a duda del estado intelectual del paciente. La autora vio una demente quien, al no poder sacar la lengua bajo demanda, declar que "eso es mala educacin" . 1. Saque la lengua 1. Silbe J. Boslece 4. Sonr(a TABLA YIlI-2 CUESTIONARIO DE APRAXIA ORAL 6. Tirite con los dientes 7. Haga como si besara 8. Haga como si estuviera bravo B, Haga como si se "relamiera" 5. Haga como si apagara una esperma 9. Guie un ojo Como se dijo, la AO puede encontrarse en cualquier afasia severa o sin afasia (Cceres. 1970; De Renzi y co1s., 1966) Y en estos casos debe descartarse una demencia o confusin. En cuanto a su localizacin, se han invocado hiptesis de desconexin y de lesin a rea de Broca, pero con escanografia. Tognola y col.. (l980) encuentran que la mayora de los pacientes con AO presentan dai\o en la nsula ya veces en el oprculo fromal y central. c. Apraxia ideac;onaJ (Al) y aprax;a ideomotora (AIM): se trala de una "dificultad en la ejecucin de actos motores referentes a la sucesin lgica y armoniosa de los diversos gestos elementales que lo componen, cada uno de los cuales, si se considera aisladamente, se ejecuta de modo correcto" (Hcaen, 1972). En la apraxllldeacioDll1 (Al), se dificuha la manipulacin o imitacin del empleo de objetos reales o imaginarios (en este caso, son gestos icnicos, calcados de la realidad de un contexto no presente, como en el epgrafe de este capitulo). La apraxia ideomotora implica un dficit para realizar movimientos intencionales que requieren de una secuencia motora y que pueden Ser intransivos nosimblicos (Tabla VIIIl) o intransitivos simblicos (silbar, decir adis con la mano). Por lo general, pero no siempre, la Al y AIM se preseman con afasia (ver Tablas VIlI-3 y VIIl-4 para su evaluacin). Los pacientes con AIM (pero sin Al), pueden reconocer en una secuencia de escenas fotografadas. si stas se hallan organizadas lgica y temporalmente (Lehmkul y col., 1981), lo cual apoya la hiptesis de que en la AIM. no se encuentra un dficit perceptual grave. T A 8LA VIIIJ CUESTIONARIO DE APRAXIA lDEOMOTORA l. Haga la seal de la cruz 2. Haga el saludo mililar 1. Diga adis con la mano 4. Amenace a alguien con la mano 5. Muestre como si quisiera que alguien se QCerCiUQ 6. Muestre que tiene hambre 7. Muestre como cuando alguien esl loco 8. Indique como si no hubiera oldo lo que dije TABLA fllJI-4 CUESTIONARIO DE APRAXlA mEA CIONAL (PUEDEN EMPLEARSE OBJETOS) l. Ajilarlph, ,. Encender c.iglJrr/lo 3. Tomar una taa 4. Atomi/Itlr 5. A brir una puerta 6. Peinarse 7. Pintar con brocha gorda S. Telfono. MlVCar un nmero 9. Aserrar 10. Echar sal /J. Tomar de una botella J 2. Echar agua de una jarra lJ. Coser 14. Jugar yo-yo 249 A pesar Que en la Al, el objeto se y la orden se comprende, la manipul acin es ncorrCCla, con parapruJlS como: omisiones (vgr. , al hacer como si cosiera, olvida sostener la lela); desviaciones (movimiemo en en lugar de ovoide-vertical); adiciones osusLitucioncs (aguja de ejer en lugar de aguja de coser). Ssto se ('\Oalua en siuaciones reales y no reales. Asi, etl el consultorio, un pacier.te fue incapaz de mosltar cmo usaba los cubiertos, pero poco despus se le observ comiendo perfeclamente bien ell la cafetera. Estos aprbicos pueden imitar geslOS. pero la mcmoria de ellos es rnoy transitoria (Heilman, 197.3) y, en afasias severas, ni imitan ni comprenden la mimka de los dems (De Renzi y cols., 1980; Schwanz. 1978). Las eje1:uciones de)a Al y de la AIM son sImilares. Pareciera a pmera vista que la AIM fuera un grado de menor severid:ld de la Al pero, dada la funcional del ('oO(el(IO, dan la impresin de ser cuadros disociables. De 200 lesionados cerebrales, ningn derecho mostr Al o AJM, pero de Jos izquierdos presentaban alguna de estas formas (De Renzi y cols. , 1968). De 280 lesionados, el 907, 105 pero 460'/0 de los fallaron en pruebas secuencias no simblicas dinmicas, como las propuestas por Kimura -y col.. (976), y el 140/0 pre.<;ent Al sin AIM (De Renzi y cols., 1980). Al contrario de los pacientes coa AIM, Jos Al presentan un dficit prominente para ordenor secuencias lgicas de escenas en fotografas, dficit que es superior al demostrado por los afsicos sin Al . Esto parece indicar que la Al no consiste slo en una dificultad de: programacin y ejecucin, sino que conlleva tambin un severo dtficil en la organizacin conceptual de las (Lehmkubl y col 1981). Se demuestra pues, una vez. ms, la disociacin de las apraxias ya sei'laJada clnicamenle por Veciana (1969). La Al Y A1M correlacionan con la severidad del menlatlftnlO en aU,sicos globales severos como comprensivos severos o con C. L inferiores a 80 (Basso y cols., 19&1: Gainolli y col., 1976; Mendi laharsu y cob . 1971; Arrigoni y col .. 1964; de Ajunaguerra y cols., 1960). Pero la Al '/ AIM no se explican s610 can base en deterioro o afasia ya Que un 400"10 aproximadamente de los affsicos en general y un alto pDrceoraje dede{eriorados nO muestran este tipo de apraxias (De Renzi y cols., 1980). O sea, la asociacin entre Al , AIM Y AO y afasia es alta pero no es perfecta y no son condiciones mutuas (an en ausencia de demencia). "a se han discutido las teorlas anatmicas de desconexin (escucla de Bastan) y las localizacionist'as corticales (escuela de LUl'ia), que, sin ser errneas, son pardales incompletas. Recurdese el anlisis de Kelso y coL, (J981) acerca de la equivalencia funcional de un mismo complejo de gestos ame un comcxto que depende de la coaliei6n entre las especificaciones de estmulo del medio y las del organismo (las por si solas. incompletas para explicar la organizacio del movi miento. y mucho mas aun, las hiptesis Jocali1.aciorustas o 3sociacionistas). Sin formas aprcticas se asocian con la funcin hemisfrica iZQUierda y, por escanografia, se dan forma indiscriminada tras lesiones superficiales extensas izquierdas (Luz.zatti y cols 1980). 250 Brown (1977) sugiere que la accin dirigida y deliberada que se proyecta fuera del cuerpo implica el espacio al alcance de la mano y se relaciona ms con niveles de integracin cortico-subcorticales que con el substrato semntico subyacente a la accin. De mayor a menor severidad, se observan los siguientes dficits: a) incorreccin de movimiemos con sustituciones del objetivo (cepillo de dientes por peine, gesto de adis al dar la mano), pero en la mayora de los casos se relacionan vagamente con la meta final. O sea, tienen un campo cognitivo espacia! comn y no son al azar; esto incluso en la demente que trataba de cortar la hierba con la aspiradora! (Schwartz y cols., 1979). En este nivel, las parapraxias recuerdan las parafasias semnticas; b) inadecuada imitacin (como en la afasia de conduccin) con bloqueo de la evocacin de la accin requerida externamente pero con capaci- dad de mantener un programa central de accin y realizarlo despus de auto--correcciones (como en la anomia); e) lentitud y torpeza en las respuestas, con transposiciones de elementos motores pero conservacin de la meta final sin ayuda externa. Aunque no directamente equiparable la evolucin de la Al. AIM Y AO recuerda, a la inversa, los estadios de desarrollo de Piaget, segn el cuidadoso anlisis de Acevedo de Mendilaharsu y cols., (1971) y Barraquer-Bords, (1975)_ Normalmente, antes de efectuar un gesto transitivo, el sujeto analiza mentalmente el objeto, su espacio propio y el nter-espacio que los separa, inhibiendo a voluntad la manipulacin directa del objeto para conocerlo. O sea, el adolescente opera mentalmente sobre el espacio. En el nio pre-escolar o en los aprcticos moderados no hay des-centracin y deben actuar directamente sobre el objeto. Segn Kaplan (1968), el verdadero inter-espacio no se establece sino hacia los 8 aos, ya que hasta entonces, el niilo utUza partes de su propio cuerpo para representar objetos (al imi- tar cmo se peina, usa sus dedos a manera de dientes del peine). Sin embargo, la au- tOTa ha observado este mismo fenmeno en poblaciones de baja escolaridad. En gra- dos ms severos, s610 se utiliza el objeto de modo inmediato. y, al reproducirlo. superpone el gesto al modelo (como en el niilo de 3 alias), yen el ltimo estadio, no ocupa sino el espacio circundante. independientemente de la meta y del objeto (garabatea, ioca al azar). Aunque estos anlisis evolutivos son interesantes, la autora no conoce de estudios sistemticos que verifiquen estas hiptesis y permitan levantar una buena tipologa coalicional de las apraxias. 2. Apraxiayafasia En pginas anteriores ya se ha discutido la relacin entre la emisin articulatoria vocal y la digital, las cuales pueden tener estructuras subyacentes comunes y sobreponerse, hasta cierto punto, en su actividad (Thornton y coL, 1982; Mateer y cols., 1982; Lomas, 1976). O sea, aunque ambos hemisferios coordinan y sincronizan bilateralmente la musculatura de modo que ambos hemi-cuerpos lleguen a la accin en forma congruente, el hemisferio izquierdo parece tener una mayor Ulf;'. el' :' ':ie secuencias de musculatura distal. Adems del papel pr"du., ,1 - ; motl. .. 7 r..4,,;;'erio izq uierdo, es evidente que tan to el gesto como la pa1avra de.o:. ,;:;':-' ... f! O menor grado de sistemas semntico-cognitivos. El grado de esta asOC:3:"; parece depender en parte del grado de abstraccin del 2S1 gesto. Si ste conJleva una programacin semntica o sustitutiva (como en los lenguajes de $ordoS). la relacin con los sistemas linglsticos es muy alla, Si el gesto solamente conlleva un significado connotativo {como la expresin facial), sus lazos lingsticos sen! n ms dbiles. Ahora bien, la mayoria de los afsicos producen algn tipo de gesticul acin cuyo verdadero significado 00 se ha esclarecido bien (Feyereiscn y col., 1982). Este autor sugiere Que, en el afsico babria un disociacin entre el lenguaje (o el gesto) y la e:-.presin emocional automtica (connotati va). En otro semido, ya desde Liepmann se haba invocado una 'Idesconexin" entre los "centros ideatori os" y los ejecutivos en ciertas apraxias, idea vigeme hoY en la explicacin de los sindromes de desconexin por lesiones en cuerpo calloso (Geshwind, 1965) o por ciertas lesiones en regiones anteriores mediales de lbulos frontales. En el eaplulo IV se mencion el si ndrome de la "mano ajena" en el cual la mano derecha ejecuta movimientos programados sin que el sujeto los haya ordenado "concientemente" (Ooldberg 'i col5. , 1981) y Que seria algo como el sndrome del Dr. Strangelove. Este desorden se asocia con afasias transcorticales, que. como se recuerda. se hallan lo[jmamenle relacionadas con los aspectos "volicionales" de la iniciacin del discurso. Tales programas "volicionales" ri an mediados. en parte, por el rea motora suplementaria '1 por la circunvolucin cingulada. Al lesionarse algilO aspeCl o de. este ordenador, podrIan desinhibirse I.' iertas ejecuciones por lo cual se emiten movimientos que el sujeto no ha ordenado. Sin embargo, las aprctic3S, adems de relacionarse con los aspectos motores y voticionales del lenguaje, se relacionan con la generacin ideativa de ste. Un extenso estudio con 230 pacientes cerebrales demues tra que las dificultades para organi zar los movi mientos correlacionan, en primer lugar. con la severidad del dfici t comprensivo del afsico y, en segundo lugar, con la severidad de la afasia (Kettesz 'J col., 1982: Benton 1969). Sistemalizando empiricamente los dficits. estos aUlores encue.ntran en orden de menor a mayor dificultad, que los gestos ms rcil es son los gestos convencionales intransitivos (saludar), seguidos par Jos gestos transitivos y finalmente por los gestos complejos (hacer como quien maneja un auto) que son Jos ms diriciles. Esto, en cuanto a la emisi6n del gesto. En cuanto a la comprensin de su significado, se ha hallado que, as! como los pacientes con Al expresan dificultades para ordenar secuencias lgicas de escenas, los pacientes afsicos con dificultades en la comprensin de lectura muestran serios dficits para reconocer el significado de la pantomima realizada por el experimenlador (Varney, .1982). As pues, el problema del alxico no afecta s610 la aprehensin del significado del grafismo. si no que ta mbin afecta la aprehensin del significado de secuencias motoras con un mensaje. Segn la hiptesis evolutiva de Teodorsson ( 1980) de que primero fue el ges to y (uego la palabra, es posible especular que Jos ordenadores cerebrales se hayan desarrollado de modo pri ncipal para desci frar (y emitir) secuencias rpidas de movimientos representativos. A panir de este lenguaje manual (que inicialmente deba leerse en tres dimensiones a medida que el otro -sujeto lo emita), se desarroll Y se plasm dicho significado en el grafismo dibujado y posteriormente escrito. 252 Ahora bien, la asociacin entre dversos tipos de apraxia y afasia parece subyacer a una transfondo de deterioro intelectual ya que, repetidamente se ha encontrado que la presencia de afasia y de apraxia juntas es crucial en el deterioro intelectual (Basso y cols,. 1981; Arrigon! y col . 1964). 3. Apraxias rehu:ionadas con Inlones unjhemlsfricllS Las ejecuciones a continuacin pueden presentars.e por lesin eu uno u otro hemisferio y, aunque a primera vista parezcan dficits semejantes, tienen causas y correlatos bien diferentes. a. Apraxia constructiva: Kleist (1934) la defini como una dificuhad ejecutiva en presencia de percepcin espacial ntegra y buen movimiento manual, y la asoci a lesiones parietales. La apraxia constructiva es un rtulo artificial que agrupa respuestas muy dispares ante condiciones de examen muy diversas y no es un fenmeno unitario ni en cuanto a terminologia, ni en cuanto a dficit comportamental en s. Puede evaluarse mediante copia de dibujos con y sin significado (praxis grafomotora) o mediante reproduccin en dos o tres dimensiones de modelos reales O dibujos con cubos o barras, Estadisticamcnte, los puntajes de lesionados cerebrales en construcciones tri-dimensionales no correlacionan con los de construcciones bi-dimensionales o los de dibujos (Bentoo, 1969), aunque algunas autoridades consideran estos defec{Os como diferentes grados de severidad del dficit (Barraquer-Bords, 1976), Sin embargo, vuelve a presentarse la hiptesis de la equivalencia de las demandas externas para el SNC que concuerda ms con los hallazgos estadsticos de Benton y con la hiptesis de que, bajo condiciones patolgicas, la misma secuencia motora no se computa de modo equivalente, La copia de dibujos y las construcciones tri-dimensionales parecen ser ms sensibles a lesiones derechas excepto si, por lesin izquierda, hay afasia de comprensin (Benton, 1969), Parece que las ejecuciones defectuosas son diferentes segn la lateralizacin de la lesin. Gazzaniga y cols., (1967) Y H caen y cols., (1961) trabajand o con comisuro- tamizados y lesionados derechos respectivamente, mostraron que los dibujos tri -di mensi anales realizados sin m ediaci6n del hemisferio derech o carecen de perspectiva, lo que indica la importancia del HD en la transformacin de relaciones topolgicas, Los lesionados izquierdos efectan ms movimientos ms lentos y de menor amplitud para reproducir modelos bidimensionales; en cambio, los derechos realizan menos movimientos pero ms amplios, y "simplifican" el modelo (Mack y col., t 981; Consoli, 1979). Desgraciadamente no existen muchos estudios bien sistematizados al respecto, excepto el de Mendilaharsu y cols., (1971) quienes encuentran en los pacientes izquierdos tendencia a no dibujar ngulos rectos y a distorsionar la perspectiva, yen los pacientes derechos, tendencia a microdibujos en el extremo inferior derecho de la pgina. Lo anterior es parte del signo de negligencia del hemi-espacio izquierdo que se detallar en el ltimo capitulo y que se evidencia gradualmente en cuanto ms difcil la tarea (Pillon, 1981). Parece Que las 2.53" grafomotoras y constructi vas por lesin izquierda se deben a trastornos ejecutivos porque, con indicadores espaciales sobre el papel, los lesionados izquierdos, pero no los derechos, mejoran nmablemente sus ejecuciones (Druyer y cols., 1982; Hcaen y col. , 1970: Picrcy 1960). El que los lesionados derechos no mejoren su ejec.ucin con indicaciones topolgicas o angulares indica Que se trata de un dficit en (a organizacin perceptiva del grafismo y no slo de una dificultad para ordenar el programa motor del dibujo o construccin, como si sucede con los pacientes izquierdos. La hiptesis anterior recibe sustancial apoyo de un estudio de Mack y col ., ( 1981) en el cual los pacientes debian reunir trozos recortados de: papel para formar una figura. Al minimizar de este modo las demandas ejecutorias sobre la tarea, se observ que los Icsionados izquierdos efectivamente. eran superi ores a los derechos. Adems, la ejecucin en dicha tarea correladonaba con los puntajes obtenidos en dos pruebas visoespaciales, cuales eran falladas con mucho mayor frecuencia por los pacientes derechos. De todo lo anterior se concluye Que las ejecuciones difieren segn la lateralizacin de la lesin, pero Que de momento, lampoco se dispone de un buen -sistema Que permita diferenciar a priori los puntos claves de error. El defecto eJeculivo del lesionado izquierdo Que no establece un plan de accin paso a paso 'i guiado por lo Que la figura le impone, se observa en las vacilaciones para colocar los cubos en orden (primero los de abajo, luego los de arriba, etc.), asi como en las perseveradones de elementos de la configuracin tola! geslo-construccin. Al levantar una torre de cualro cubos, un paciente se Qued "anclado" en el segundo cubo y durante cinco minutos 10 quitaba y voMa a poner con movimjenlos miHmtricos 'i se extrai'laba de que la torre no " creciera" l. Los lesionados der:bos utilizarlan una sucesin lgica de sub-programas, sin aprehensin totaJ de la figura a la que deben Uegar. La proposicin es fielmente calcada de las hiptesis de Levy (1974) pero desgraciadamente, como se dijo, la instrumentacin y anlisis de estas ejecuciones 110 es muy fuene de momento. Como causa del deficiente tralamienlo del espacio por parte de los lesionados derechos, se han propuesto hiptesis perceptuales Que invocan como factor critico un mal control de movintieOlos oculares, pero la "apraxla ocwar" no es causa necesaria de apra.x.ia espacial constructiva, a pesar de que los movimientos oculares juegan un papel importante en estos desrdenes. Bn los primeros mitisegundos de exploracin visual, se rastrean rApidamente unas pocas Areas infor mat ivas '1 despues. el barrido es ms delallado, con menas movimienlos oculares 'i mayore.'i tiempos de fijad60 en los elementos distinlivos de la figura, Pero cJ[iste un sindrome de apraxia de la mIrada en la Que los ojos se Quedan "agarrados" a un sitio y no pueden desprenderse voluntariamente, a menos que el sujeto pestanee o mueva la cabeza; di.cho trastorno puede o no, asociarse a perturbaciones prcticas y/o gosicas (Monaeo y cols. , 1980). Este signo puede aparecer por lesiones fronlo-mesenceflicas y no parece localizado ni laleralizado. 214 Las lesiones parietales derechas merman, mas que otras, fa capacidad de orientarse en una maqueta tri-dimensional de un paisaje segn diversos ngulos de perspectiva (la del examinador o fa de un observador imagjnario dentro de la maqueta) pero la orientacin segn la propia perspectiva no se altera (Butters y col. . 1970). O sea, no se des-centran, Como el nino de 3 anos. Ratcliff (1919) observ que lesiones derechas interfieren con las rotaciones mentales necesarias para eneontIar la derecha y la izquierda de una figura humana rotada hacia arriba y hada abajo. Una pademe de la autora, con una lesin expansiva parietal derecha. padecia de severa apra;da constructiva y leve dficit intelectual, del cual era plenamente conciente. Esta dama confeccionaba prtesis dentales y en sus ratos libres era hbil escultora. Tuvo que cerrar el taller porque no sabia que piezas dentales iban arriba y abajo ni en que posiciones. y abandon la escultura. Dej de regalo a la autora las siguientes muestras (Fig. Vlll-t) . fIGURA VUIl. Fturill.u de barro. A La d.-ech& ae obaervan las realizadaa p,.m6rbidamente y. bI izquierda las realiuducon plaacilina cuando La paoenbl y. habla sido diagno,t.ieada. Los trastornos constructivos parecen ser bien diferentes pues, segun la lateralizacin de la lesin Y. en la mayorla de los casos, se las ha asociado a lesiones retro-rolndicas (Ratcliff, J919; Mendilaharsu y cols. , 1971; FernAndez Marfn, 1%9; Whitty y co1., 1965; observacin personal) pero no dejan de ser intrigantes los haUazgos de Damasio )' cols., (1980), Tognola (J980) )' Bowers )' ca!., (1980) en cuanto a que defectos pre-frontales o en ganglios basales pueden perturbar el tratamiento del espacio. b. Trastornos de la y c4kulo porlesi6n derecha: tambin conocidos como "agrafias" y "acalculias" espaciales o apraxia grafomotora. Estos trminos se prestan a confusiones porque no distinguen entre los desrdenes lingsticos inherentes a trastornos afsicos y las perturbaciones en la disposicin espacial del grafismo. En lesiones derechas. y en presencia de cierta integridad intelectual, estas ope.raciones se realizan, conceptualmente al menos, de modo correcto. Pero, por desorganizacin espacial (y/ o perceptual), y por deficiente prediccin de cmO se comportar determinado espacio (el papel) con o sin determinado contenido (el graCismo), estos pacientcs confunden figura y fondo y hemi-espacios derecho e izquierdo. Con frecuencia se observa hemi-inatencin, ya que utilizan slo el 2', hemiespacio derecho. La organizacin de conjunto es a veces indescifrable por el en trecruzarnent o constante de lineas. Al pedirles que escriban cantidades alineadas para sumarlas, confunden las columnas de unidades. decenas y centenas, por lo que adicionan correctamente cantidades incorrectas (decenas con unidades). Ver figura VIII-2.
100 O PIGURA VIlI2, Djsca1cu1Ja es- pHcial por lesin en el derecho, Los errores son debidos 11 la incorrecta alineacin espacial de Ips cifras. Las opentd<>nes matem ticas Be han preservado. A veces, confrontados ante nmeros ade..:uadamente alineados, persisten en confundir (per.:eptualmente) las columnas, lo que sugiere un componente gn6sico de inadecuada asimilacin y disposicin espacial interna de elementos espaciales externos. c. Apraxia del vesrir: caracterizada por una dificultad marcada para utilizar las prendas de vestir como tales (Braio, 19541 Marie, 1926), con frecuencia asociada con lesiones derechas (Hcaen, 1978. 1972) o con etapas intermedias y avanzadas de demencias_ Las dificultades son mayores para vestirse que para desvertirse que es lo ltimo que se desintegra (Rego, 1969; Ajuriaguerra y cols., 1960). Estos desrdenes rara vez se dan aisladamente, y se acompaan frecuentemente de defectos somatosensorios, constructivos, de movimientos, vestibulares y de oriemacin, as como de dficits cognitivo-espaciales, visuales y de hemi-negligencia espacial (Ratdiff, 1979; Butters y cols., 1970). Para vestirse, la prenda (o la accin) debe rotarse mentalmente 90 0 respecto del cuerpo por lo que la apraxia del vestir, en este sentido, se relacionara con los errores sealados en la orientacin derecha-izquierda de la figura humana. Pero las dificultades para invertir la prenda no explican este desorden. lnduso al presentar la prenda en orientacin adecuada (por detrs), muchos de estos sujetos emiten cantidad de maniobras laboriosas, tentativas y a veces perseverativas, sin meta final, como si hubieran olvidado la relacin espacial y las secuencias por seguir. Es posible que exista un importante elemento de integracin somest"ica (sentido de posicin), que no ordena bien los programas de alcance de un blanco visual, somestsico o motor. Valdra la pena comenzar un anlisis de la desiolegracin de movimientos en la apraxia del vestir tras lesiones derechas y difusas con objeto de investigar si siguen el mismo patrn de defectos o si son diferentes, 3. Apruils por lellones difusls En lesiones extensas, con dficit intelectual y/o lingfstico notorio. es frecuente la presencia de diversas formas de apraxia. A menos de tratarse de cuadros meOlales severos, la apraxia constructiva y del vislir con desorientacin espacial es ms frecuente que la Al, AIM, o AO. Podra pensarse que la encefalopata de Pick (con compromiso preferencial anterior) y la de Alzheimer (con compromiso preferencial posterior), diesen signos diferenciales en cuanto a la organizacin del gesto, pero difcilmente estos pacientes acuden desde el inicio de la ehfermedad. La autora ha seguido a un profesional con supuesta demencia de Alzheimer, quien comenz por prdida de memoria, y desorientacin espacial, con progresivo deterioro de la concepcin espacial. Cuatro afias despus, se halla bastante confuso (pero no totalmente demente), sin dficit verbal notorio, pero con incapacidad para vestirse, para copiar figuras elementales, escribir y leer (por aparente parlisis de la mirada). El defecto ms notorio es una severa Al y AIM sin AO, con incapacidad para imitar gestos o guiar la mano hacia un blam:o. Es espectacular su perple.iidad al no distinguir visualmente su mano de la experimentadora o de la de un dibUJO. La escanografa muestra atrofia generalizada cortical y el EEG seftala discreta lentificacin en regiones posteriores bilaterales. Otra paciente de la autora, con demencia senil, ms deteriorada que el anterior, babia perdido la capacidad de evolucionar a voluntad en el espacio y no poda sentarse ante demanda del exterior. pero lo bada espontneamente. Entre los signos ms comunes en demencias se encuentra la apraxia de la marcha y el renejo de preosin. Aunque se han asociado con signos pre-frontales. no necesariamente son caracterfslicas frontales. En la apraxia de la marcha en general se observa una "marcha magntica" (el paciente se queda "pegado" al suelo y es incapaz de iniciar el paso. Una ve:z. que Jo hace, puede seguir durante unos metros antes de volver a agarrarse, y esto, en general con pasos inseguros y muy pequeftos). En general se da con apraxia trunco-pedal, dificultades para darse la vuelta en la cama, sentarse y mover el tronco a voluntad. Las reacciones de prensJn se dividen en dos categorfas generales: a) reaccin de contacto y de prensin, en las que la contraccin de la mano parece exaltada y las reacciones de inhibicin ausentes y b) reaccin repulsiva en las que la extensin parece exaltada, por lo que se evita el toque (Denny-Brown. 1963). COMENTARlO El problema de clasificar las apraxias de un modo real, considerando el :oalor especfico de un acto en relacin con el valor del estmulo para desencadenarlo, es tanto ms dificil cuanto que lesiones difusas o en cualquier hemisferio pueden manifestarse de modo similar (pero no igual). Algunos cuadros aprcticos (marcha magntica, ciertas Al) se daran por lesiones lmbicas Que interesan sjstemas motores que pre-programan las secuencias y determinan los umbrales de disparo de la 257 formacin relkulada y de medula espinal. 8rown (1977) propone que. a nivel enceflico. el sistema ms uprhnilivo" de accin es centrado en el cuerpo, rs involuntario '1 es ms o menos independiente del contexto. Los trastornOs se manifiestan tll movimi ento:;: " involllnlarios" (como en el Pa rkinson), o "semi-involuntarios" (como en la Corea, en la cual UD gesto nvolulario se convierte en un gesto significativo: al lanzar el brazo por encima de la cabeza, el enfermCl puede pretender que se alisa el pelo). Lesiones Umbicas cinguladas particularmente, ocasionaran trastornos en la iniciacin de la accin (que podrlan equlpararse con las etapas de "sincronizacin" y "disparo" de Kelso y col., 1981). Como ejemplos, se dispone del signo de la "mano ajena", de la apraxia de la marcha y de los blo- queos para iniciar la accin en un espacio concreto (Al), Que recuerdan el mutismo akintico pre-frontal y la afasia transconical motora, as! como los automatismos invohmtarios de ciertas lesiones irritativas temporales. EldesarroUo culminado de la accin implica deliberacin antes de la emisin del acto, en la cual se asignan valores especlJi cos a los movimientos segn la meta final impuesta por la demanda (contexto). A este nivel , se darfan las apraxias por lesin hemisfrica (AIM, AO, apraxia constructiva). Lo anterior confirma que el sis tema lmbico y los sistemas motores piramidales y no-pi ramidales son ndisociables. Parte de los programas determinantes se emitiran en lbulos parietales que, como se dij o, suministran las " imgenes constantemente renovadas" del cuerpo-en-el-espacio (Cap. 11 y 1II). Al no disponer de dichos datos, eJ SNC no le asigna valores especificas a los estimulas desencadenantes para ae,rtos gestos y es cuando la accin se dcsiOlcgTa. Pero los lbulos parictale.5 no son los (micos determinantes: de las apraxias. Siguiendo el modelo heterarquico, probablemente el gesto, como el lenguaje. se genera simult.neamente a lo largo del eje antero-posteri or hemisfrico y con estrecho monitoreo reticular y palidal , Su generacin es obviamente bilateraf y en ella intervienen los diversos niveles enceflicos. 258 LAS AGNOSIAS "The world does nOl come lO US as a given. fully formed and waiting lo be perceived; rarher ir is an achievement (hat must be constructed by active processes". Brown (/977) "El mundo no nos llega como algo dado, bien conformado y que est alfi, esperando a que se le perciba: es. 'ms bien. una realizacin que debe cOl/strnirse mediante procesos activos". INTRODUCCION Por agnosia se entiende una "deficiencia en el reconOCImIento de objetos presentados sensorialmente, la cual no puede reducirse a defectos sensoriales. deterioro mental, desrdenes de la conciencia, inatencin o falla de familiaridad con el objeto" (Friedericks, 1969) y Que es desproporcionada respecto del cuadro mental (afsico u otro) que pueda presentar el paciente. Se excluye como causa (aunque no como concomitante) un defecto sensorial primario, (defectos de campo visual, etc.), pero, como no todos los pacientes con defectos sensoriales son agnsicos, y no IOdos los agnsicos lo son para una sola modalidad, se infiere que estos trastornos primarios no son ni necesarios ni suficientes para originar el mal reconocimiento. La agnosia puede acompaar estados confusionales y demenciales comO perturbacin secundaria a un deficit neuro16gico ms general. El diagnstico diferencial entre la agnosia y otras entidades se establece por la prevalencia del defecto y no porque se presente de modo aislado. 259 l. HISTORIA Segn las revisiones de Hecaen (1972) y Senton (1978) en 1871 Munk estirp bilateralmente la corteza occipital de un perro el cual rodeaba obstculos posteriormente, pero no reconoda al dueo o la comida, como si sufriera de una "prdida de las memorias de las imgenes" de estlmulos conocidos, por lo cual el perro no comprenda el significado de las percepciones. Lissauer, por 1890, present un paciente con psimo reconocimiento de objetos vistos y de colores, con alexia sin agrafia, prdida de la memoria topogrfica pero con excelente reconocimiento de caras y capacidad de describir atributos parciales de los objetos. Estas dos ltimas caractersticas sugerian que no se trataba de una mera "prdida de la memoria de las imgenes" sino de un defecto cognitivo de orden superior. Ussauer supuso dos procesos bsicos subyacentes en toda percepcin: a) aperteptivo consistente en integrar datos sensoriales y, a partir de enos, establecer diferencias y semejanzas en cuanto a forma, tamao, etc., y relaciones espaciales complejas. A este nivel el objeto puede no reconocerse como tal, pero se configura mentalmente su constitucin espacial; los defectos correspondientes seran de tipo agnsico- aperceptivo; b) asociativo consistente en relacionar las percepciones con experien- cias pasadas (adjudicarles significado). Defectos a este nivel de tipo agn()sico-asociativo. Freud (891) remplaz la "ceguera psquica" de Lissauer por el trmino de agnosia y subray la distincin entre la anomia y la agnosia, en la que no se extrae significado a lo visto. Siguieron varias hiptesis cognitivas que excluan la presencia de signos sensorales, o mentales. La primera supona amplitud de campos visuales, sufici en te agudeza visual, conservacin de visi n central y preservacin relativa de la inteligencia (Van Stauffenberg y Potzl, cita, Faust, 1957). La segunda hiptesis explica la agnosia visual como una incapacidad de orden superior para organizar las percepciones en uni.dades o "todos" significativos (Gelb y Goldstein, 1924). Dentro de la misma lnea. Denny-Brown y col., (1954) proponan una deficiente integracin de las diversas seales sensoriales sobre las cuales el SNC "origina" los conceptos. Seria una fase de amorfo-sntesis (integracin sin anlisis, o sea, configuracin imema global pero superficial, sincrtica o irrelevante que resulta en una percepcin incoherente del exterior). La tercera hiptesis intentaba explicar el fenmeno con base en anatoma localizaciorusta. Basndose en una observacin de caso, Dejerine (1892) explic la agnosia de objetos y colores como consecuencia de una desconexin entre las afereocias visuales que llegaban al lbulo occipital derecho (pero no al izquierdo por la lesin en dicho lado), y que no podlan pasar a las reas (circunvolucin angular) por una lesin del cuerpo calloso. Posteriormente. Geshwind y col. I (1966) describieron un paciente con lesin idntica a la del caso de Dejerine. El modelo de desconexin parece inclinarse ms por una anomia especfica para la modalidad visual Que por un desorden percepto-cognitivo como el propuesto por Lissauer, 260 En 1939, Klver y Jucy prepararon macacos con lesiones extensas bitemporales. Estos animales paredan agnsicos ya que no reconocian la comida como tal, ni lo agradable o desagradable, con la consiguiente prdida de comportamientos de miedo, rabia o agresin: mostraban aumento de la conducta manipuladora con manos y boca y de la actividad sexual, con inatencin e hiper-reactividad. La corteza temporal es bien diferente en el humano pero ms adelante se ver que muchos signos agn6sicos se relaconan con los procesos hemisfricos de atencin y de atribucin de significado reforzante o aversivo. Finalmente, se ha negado la existencia de la agnosia, bajo la suposicin de que los defectos se deban a deterioro mental general (Bay, 1965: Critchley, 1953; Potzl, 1928) o a un d eficit sensorial primario (Betlder, 1972: Dej erine, 1892) o bien a ambos. Se aduce que la sintomatologa agnsica se relaciona invariablemente con una serie de defectos asociados que formaran un continuo desde trastornos sensoriales (de leves a severos) acompailados de defectos mentales (de leves a severos). Sin embargo, es un hecho que se presentan muchos casos de pacientes con graves perturbaciones para reconocer uno o mas aspectos del mundo externo en presencia de una inteligencia adCC1:l3da as como de un estado sensorial que no explica, por s solo, los trastornos en el reconocimiento. JI. PLANTEAMIENTOS CONCEPTUALES A. EL PROBLEMA DE LAS JERARQUIAS PERCEPTUALES No puede hablarse de "sndromes agnsicos" propiamente dichos puesto que no existen conglomerados invariables de signos que conformen determinada "agnosia". Desgraciadamente la investigacin en percepcin no puede equipararse ni en nivel de exactitud ni de control metodolgico a la investigacin bsica de fisiologa sensorial. De existir un cuerpo experimental y terico fuerte acerca de la percepcin, podran definirse los constituyentes de la agnosia. En el capi tulo 1 I se vio sumariamente la disposicin en serie y en paralelo desde el tlamo hasta la:. reas de integracin que, a traves de nter-acciones mutuas re-crean constantemente el mundo externo en un mundo interno coherente. Tambin se vio rpidamente el funcionamiento de algunas clulas o unidades 'especificas" simples, complejas e hiper-complejas. Pero ms all de las clulas hipercomplejas, el estudio directo en el SNC se escapa a la investigacin. Por ello, se ha recurrido a hiptesis ms o menos congruentes (como la de la amorfosntesis de Denny-Brown) o ms o menos infundadas. como la supuesta "anatomia psicolgica" (escuela puramente asociacionista) que explica estos desrdenes como trastornos de "inter-conexiones" entre uno y otro "centro" cortical. Falta, en estos modelos, el concepto de 261 inter-accin medio interno-medio externo Q. sea, el concepto de las heterarquas, basado en los sistemas corlko-subcorticales. La construccin del objeto invariante, cuya apariencia y existencia es independiente del contexto, requiere de una inter-accin heterrquka que, en el mono, por ejemplo, parece abarcar desde corteza es! riada a cOlteza pre-estriada e infero-temporal y hasta pa,rtes ventro-med!ales y froflto-temporales (Mishkin, 1979, 1978). Las lesiones mfero-temporales producen cuadros "agnsicos", pero en cambio lesiones en sistemas talmicos de asociacin (pulvinar), conllevan claros defectos sensoriales primarios, pero no agnsicos. La corteza IT sera pues un poderoso modulador de variables atencionales y mnsicas intra-modales y un filtro muy especfico de las caractersticas contextuales relevantes, y seria critica para reconocer y clasificar el objeto independientemente de su localizacin dentro del campo visual. Lo anterior es congruente con lo visto en el capitulo IV, en el cual se indic el papel del sistema Umbico, particularmente del fronto-basal que seria crtico para ciertos procesos percepto-cognitivos que, hasta hace poco tiempo, se consideraban eminentemente corticales. Ultimamente se estudia una organizacin heterrquica anloga para el procesamiento y memoria somestsica en macacos y que parece ir de S 1 a S II y a cngulum (Mishkin, 1979), pero no se conocen bien los sistemas que modulan y reconstruyen el mundo en forma constante e identificable con las trazas de memoria en el humano, Es muy probable que ciertas reas de paleo-corteza (sistemas lmbkos) intervengan en la completacin de los datos perceptuales, y por ello se han descrito supuestos circuitos cortico-lImbicos y cortico-Ilmbico-reticulares (Watson y cols., 1981; Heilman y col., 1977). De todos modos, parece necesario incluir los sistemas atendonales ya que en la percepcin interviene un filtro atencional y motivacional que- contribuye a adscribirle' 'significado" a Jos estimulos, B. EL PROBLEMA DE LASASIMETRIAS HEMISFERICAS PERCEPTUALES Por la presencia de asimetnas hemisfricas, el estudio de la percepcin y sus en el humano plantea un doble problema: necesidad de determinar los gradientes de especializacin hemisfrica y de determinar las operaciones que distinguen un hemisferio del otro. Los umbrales sensoriales elementales parecen ser iguales en ambos hemisferios. Las diferencias surgen ante discriminaciones de patrones complejos (con y sin "significado") en reas integrativas que reciben proyecciones de ncleos de asociacin. Las asimetras perceptuales dependen adems, del tipo de tarea y de la experiencia previa del sujeto con ella. Ya se vi que la activacin hemisfrica puede variar segn el proceso cognitivo implcito en la tarea. Adems, en tareas psicofsicas, si la respuesta es inmediata, intervienen predominantemente procesos perceptuales pero si es diferida interviene ms la memoria. Y de momento se desconoce si ambos sistemas son igualmente asimtricos. Segn lo anterior qu valor localizan te tiene determinado signo agnsico? Algunos de ellos se dan ms frecuentemente (pero no nicamente) por 262 lesiones uni-hemisfricas. Sin embargo, cualquiera de estos signos puede presenlaJ'st por lesiones bilaterales o difusas o junto con estados confusionales por lo Que se impone una cuidadosa exploracin del estado mental global antes de concluir que se trata de una "a800sia". Para efeclos mMicos, muy diferente una demencia con trastornos perceptuales asociados y se<:undarios al empobrecimiento general, de un deterioro mental leve con signos prominentes agn6sicos. La confusi6n entre estos dos cuadros puede acarrear un error en el reconocimiento (por parle del de un proceso activo, tal vez tralable, de uno degenerativo irreversible. c. EL PROBLEMA DE LA DELlMITACION ENTRE DESORDENES DE LA PERCEPCJON. DE LA ACCION y DEL LENGUAJE La percepci6n del mundo es un proceso dinA.mico de reconslruccin. con mltiples transfonnaciones de los datos primarios que garantiza la invarianza y estabilidad de los objetos y que se basa primariamente en la "sensacin" y en el "movimiento". Surge de nuevo el limite indefinido entre sensacin y movimiento, percepci6n y accin, y no es de extranar que muchos desrdenes de la perupcin se acampanen de trastornos ms o menos conspicuos del movimiento y vico-vt"tsa. Tampoco es fcil definir la "integridad" de la sensacin. Con frecuencia. los exmenes rut inarios de sensibilidad son negativos, pero con cierta instrumentacin (como la campimctrla por taquistoscopio) se revelan defectos parciales ("sub-cUnicos" ) que no aparecen en observaciones codianas. Debe contarse adems, con la variabilidad de funciones de los lesionados cerebrales. Tampoco se delimita claramente la frontera entre percepcin y lenguaje. Se vio (Cap. IV) que el lenguaje es un sistema tao dominante, que incluso cuando ambos hemisferios se descone<:tan, el lenguaje tiende a prevalecer sobre ejecuciones no verbales del hemisferio derecho (confabulaciones por intrusin de una respuesta verbal irrelevante en la respuesta correcta del HD). Las dificultades gn6sicas de 105 afsicos radicarian en que, cuando la .informacin perceptual (verbal o no) debe almacenarse durante cierto tiempo, se requieren estrategias de codificaci6n encientes (particularmente si los datos son complejos), por lo cuaJ surge la prevalencia del HI, aunque la tarea ptrceptual haya sido mediada preferencial mente por el HD (ORinotti y COI5., 1978). La afasia implicarla una deficiente transformacin de datos sin significado en datos con significado (o sea, pobre transcodificacin de Mep a MLP. segn Boller y col., 1977). Este defecto mnsico perceptual explicarla las psimas ejecuciones de ciertos afsicos en tareas de memoria vis o-espacial. Ciertos errores agnsicos hacen pensar en una desintegracin en las transrormaciones entre estructura superficial de las percepciones en estructura profunda, la cual se relacionaria con el significado de dichas percepciones. Es posible que en estO se diferenciara parcialmem e la agnosia de la afasia, ya que en la afasia, las sei\ales perceptuaJes o ContextuaJes indicadas por el examinador en general , no mejoran la ejecucin, de dnde se infiere que no es en la integridad perceptoal donde se encuentra la delkiencia en el ret:onoclmiento del afsico. Por otro lado las deficiencias agnsicas no se reducen a dificultades 263 percepmales, y se encuentran en ellas, componentes de desintegracin semntica y/o viso-espaciales que trascienden la percepcin propiamente dicha. En humanos, percepcin y cognicin, sin equipararse. no se diferencian siempre a nivel de productos finales (componamientos), y probablemente implican un buen nmero de operaciones comunes lo cual ha hecho dudar en parte de la existencia propia de estos cuadros. Como ya se anot, seria muy raro hallar un sindrome agnsico "puro". ya que, como cualquier otro signo mental, en general se acampaBa de cierta inestabilidad perceptual (an en ausencia de defectos sensoriales) y de orientacin. Adems, los signos agnsicos varan segn la edad, la localizacin y la extensin y evolucin de la lesin. Otras de las dificultades para clasificar las agnosias como tales es la variabilidad de la funcin perceptual (desde umbrales sensoriales elementales hasta discriminaciones complejas) de la mayora de los pacientes cerebrales y particularmente de los agnsicos (Caplan, 1978; Faust, 1957). las respuestas a los primeros estimulas son adecuadas, pero se deterioran con sucesivas presentaciones, efecto descrito desde comienzos de siglo como "desvanecimiento de la funcin" (Funktionszwandel). Por otro lado, las agnosias no son fenmenos unitarios y lo ms rrecuente es que se presenten junto con concomitantes de otras modalidades, lo que lleva a Teuher (1%5) y a Fredericks (1969) a concluir que las agnosias, por lo general, son multimodales, con lo que se apanan as; de la definicin de comienzos de siglo que suponla una funcin sensorial intacta, particularmente en otras modalidades ajenas a la afectada. 111. LAS AGNOSIAS VISUALES ... e fa ragion che sia la vista in le smarra e non de/un/a ... ... y persudete de que tu vista slo esl6 ofuscada pero no destruida. Dante, Poroiso, XXVI Se trata de una serie de dificultades en las funciones viso-perceptuales relacionadas con la identificacin y reconocimiento de objetos, caras o sus representaciones dibujadas. de fonnas con o sin significado, colores y datos viso-espaciales (Hcaen, 1972). La severidad de los trastornos sensoriales, afsicos u otros que la acompafien no debe ser suficiente como para justificar y explicar el deficit desproporcionado en reconocimiento visual. A continuacin se enumeran los cuadros clinicos de agnosia visual ms definidos e identificables cHnica y concep- tualmente. A. AGNOSIA DE OBJETOS 1. de objetos-td-dimensionales y de dibujos 2. de colores 3_ simultagnosia 264 B. AGNOSIA DE CARAS (PROSOPOAGNOSIA) C. AGNOSIAS VISOESPACIALES J. Perturbaciones en la localizacin visual de objetos 8. [(astemos en la \lisin de profundidad b. trastornos en la apreciacin de la localizaci6n)' direccin 2, Agnosia de sei"lales topogrficas 3. Agnosia espacial unilateral En lineas generales, los signos agrupados bajo A se dan por lesiones predominan- temente izquierdas (con posibles componentes bilaterales) y se relacionarian con perturbaciones cogn.itivo-semnticas (pero no necesariamente afsicas). Los signos agrupados bajo B y e son ms frecuentes por dalla hemisfrico predominante (pero no exclusivo) del hemisferio derecho. Existe un cuadro, bastante infrecuente, que se da por lesin bilateral a lbulos occipitales denominado ceguera cortical. No es propiamente una agnosia, )1a que el sujeto, en estos casos, informa no ver absolutamente nada. en el humano. la condicin puede equipararse a una ceguera perifrica. Sin embargo l por la integridad de los sistemas retinocoliculares y mesenceflicos. parecen subsisti r ciertos remanentes d visin lOna subjetiva". Es asl como ocasionalmente se han descrito casos en los que el individuo " no ve" una luz. pero la sigue durante unos instantes con los ojos. Asimismo. la campimelria muesfra reflejos oculares y respuestas de localizacin que se a la lul. de las funciones especificas de "foveacin" de los sistemas visuales caliculares (Teuber, 1971). En primates no humanos, la lobotomla occipital no conlleva prdida total de visin " cORciente" puesto que estos animales pueden localizar objetos, rodearlos y tener reacciones de posicin ante cambios en el nivel del suelo, lo que parece indicar remanentes de visin cortical. A. AGNOSIA VISUAL DE OBJETOS. DIBUJOS YCOLORES Se define como una extremada dificultad para reconocer objetos. dibujos y colores en presencia de suficiente agudeza visual, amplitud de- campos y en ausencia de deterioro marcada o de afasia. Puede asociarse a alexia con relati va preservacin de la escritura y, a veces, a desorientacin topogrfica y/ o prosopoagnosia (dificultad para reconocer c'aras famBiares). 1, Examen Antes de considerar un diagnstico de agnosia visual, debe descartarse Que se trate de: a) un cuadro afsico con anomia y mal reconocimiento visual. o una 265 demencia o confusin; b) un defecto vfsual concomitante con pobre agudeza visual acoplado con cierta confusin; e) un trastorno congnito de la visin de colores medido con placas optomtricas para tal fin y corroborado por la historia previa. A continuacin se describen sumariamente los pasos del examen, no. todos los cuales se siguen, ya que slo se escogen unos items segn el paciente: Identificacin visual de objetos, dibujos y colores: esta es una de las partes Que distnguen el afsico del agnsico. La afasia anmica es la ms dificil de diferenciar. puesto que en ambos casos, el nombre del objeto no se retribuye y pueden presentarse circumlocuciones y rodeos. Debe aclararse con preguntas si el paciente reconoce el objeto (sabe "acerca" de l) o no. En este ltimo caso, se concluye que se trata de una agnosia. Pueden suministrarse claves extras en otra modalidad (hacer sonar unas llaves que no reconoce al verlas), teniendo en cuenta que dicha tcnica ayuda tanto a afsicos como a agnsicos y que no es netamente diferencial. Reconocimiento de objetos. dibujos o colores entre varios esrlmulos a su vista: esta tarea es ms fcil que la anterior ya que, de hecho, restringe las alternativas de respuesta. DenominaciII de. jigu.ra..{ simbdlicas: (letras. palabras, emblemas, etc.): en ausencia de afasia marcada, si hay alexia, se le dictan al sujeto letras o palabras sencillas con objeto de evaluar una posible disociacin (alexia sin agrafia). Reconocimiento de figuras, retrQ$ o emblemas: se presenta con varios estimulas a la vista del.'lujeto (vgr., "sei'lale enlre todos stos, el escudo nacional' 'l. Discriminaci6n y apareamiento de objetos. dibujos o colores: el sujeto debe decir si dos estimulas son iguales o, en un muestrario, debe encontrar el que es igual al seftalado por el examinador, Copia de dibu.jos sencillos (con o sin significado): en la agnosia visual, la copia tiende a ser rela tivaroente adecuada, an si el objeto no se reconoce. De una bicicleta puede no reconocer sino las ruedas. Colorear un paisaje: disponiendo de un surtido amplio de lpices de cotores. Dibujo sencillo: se realiza por orden del examinador. Cuando hay defectuosa "revisualizacin " interna, generalmente asociada a lesiones occipitales extensas, esta prueba y la anterior tienden a ser nulas. En cambio, la copia puede ser adecuada. Descripe/dn de escDlas o fOlOgraflas dI! Qccln: con frecuencia en las smultagnosias, el paciente detalla los elementos del dibujo pero no llega a la conclusin de lo que sucede. 266 2. Canl.clerisUcu de la anosla de obJelos y dibujos La agnosia "pura" de tipo asociativo para objetos y dibujos es muy rara (De Renzi y cots. , 1969: 2/138 pacientes: Hcaen y colo, 1963: 4/ 415 paciemes Faust, 1957: 2/138 pacientes). De S14 pacientes cerebrales, la autora ha encontrado dicho cuadro aislado y prominente sobre otros defectos slo en un paciente recuperado de afasia por lesiones parietooccipitales. CUnicamente se caracteriza incapacidad para ideotjfjcar un objeto visto (sin excluir la posibilidad de Que, a la larga, se Uegue a la respuesta). Pero si, en ausencia de afasia o confusin, la dificultad visual es sobresaliente, y el paelenle nece<ita ayudarse de otras sensoriales, cabe considerar un componente agnsico, Las claves extras de otras modalidades pueden consistir en cambios en la apariencia visual del objeto. en su posicin o en senales auditivas. somestsicas o cognilivas mediante las cuales, por deduccin lgica, se Uega al concepto del objeto. Por ejemplo, 'un paciente agnsico, ante una lmpara no supo qu era, pero cuando se encendi, la reconoci al instante, Otro paciente identific un billete slo cuando vio la secuencia de abrir la billetera y extraer el billete, Ante un gancho de nodriza dijo: "hay un lapicero o un lpiz, o algo as!". Al abrirlo. dijo: "eS un estiI6grafo" , AJ tocarlo: " entonces es un gancho de nodriza" (citas de Hcaen y col.. 1972). La paciente de Lhermitte y coL, (1973) al ver un cuchillo dice: "es un plato, un objeto corriente, .. un objeto de mesa, es un plato ... un cenicero o a 10 mejor una paja de tartas ... no s .. parece como una carta de naipes, .. " Ante un vaso: " ". si es una lupa, un-anteojo, pieoso Que sea un par de anteojos o un cenicero .. , algo plano de hierro, .. o si no, es un instrumento de ptica y en ese caso es de vidrio"_ la identificacin resultaba imposible a menos que encontrara el nombre del objeto. En cuanto a las deducciones se trata de la adicin secuencial de varias impresiones verbalizadas: a medida que el objeto se percibe, se emiten hiptesis cognitivas (no perceptuales) en detalles aislados , Ocasionalmente, la suma de estas deducciones bace llegar al concepto del objeto, Estos errores en el reconocimiento perceptual (paragnosias) no se dan al azar y no se deben a anomia. Ocasionales paeemes agnsicos no reconocen el objeto aun si el examinador les insina lo que puede ser. Los errores adems obedecen a ciertas leyes de pre--categorizacin elemental. Como mero ejercicio especulativo. podria pensarse que, en la agnosia de objetos, perceptualmeme se diera una estructuracin de superficie basada en los primeros dalas visuales. pero que no se ll egara a la configuracin lgica "profunda" (con significado). En cuanto a la agnosia de dibujos. se tiene la impresin personal que se trata de un estadio ms leve que la agnosia de objetos (reconocer dibujos es ms dificil que reconocer objetos) y con alta frecuencia, en tales casos, hay alexia con o sin agrafia y/ o agnosia de colores, Sin embargo, algunas autoridades consideran la agnosia de dibujos como un C'Uadro aparte (Hcaen, 1972). 267 ) . Agnosf. de objetos y "lsln Con objelo de confirmar el diagnstico de agnosia de obj etos, deben explorarse cuidadosameme las funciones sensoriales. Faust (1957) enconlr que las lesiones retrOprolndicas se asocian a pCrflJrbadones en el Ilempo de reaccin visual, de habituacin y de faliga a estimulos presentados laquistosc6picamente. Las latencias para reconocer la proyeccin son muy altas, pero paradjicameme, una vez reconocido el objeto, si se mantiene la fijacin, el objeto "se aclara}' se desvanece" como si la funcin perceptual no fuera constante. Si la proyeccin se interrumpla inmediatamente despus de que el paciente hubiera reconocido el objeto. la imagen se estabilizaba. Pero esta osci lacin de la funcin viso perceptuaJ no es caracterstica comon a todas las agnosias visuales, Tambin se ha propuesto un defect uoso monilOreo oculomotor por perturbaciones en los "campos Otulomotores occipitales" (Luda, 1973). La oculografla fOlo-ptka ha mostrado en ciertos casos, que las perturbaciones en el reconocimiento visual se acampanan de latendas elevadas para cambiar de punto de fijacin, menor tiempo de racin en los blancos estacionarios, anomaUas en la estabilizacin de la fvea y en los movimientos oculares saltatorios durante el seguimiento de un mvil, asl como un barrido irregular de los campos visuales, con preferencia por el campo correspondiente al hemisferi o sano (Girotti y cols' J 1982; Karpov y col.. 1979; Chedru y cols., 1973). Se recordar que la hiptesis de anormalidades en los movImientos oculares lambin se propuso como concomitante o causa parcial de los desrdenes aprcticos en los que fntervienen procesos viso-perceptivos. Sin embargo, en dicho caso, se suponla una lesin predominante- mente derecha, miemras que en la agnosla de objetos se supone una lesin predominamemente izquierda. Si tal hi ptesis tiene algn valor, ste no es sino parcial ya que se ha propuesto como explicacin de dos traslornos Con un substrato diferente, Adems en demencias y deterioros avanz.ados tambin se observan anomalas en movimientos ocul ares deliberados. Probablemente, actuada como pOlencializador de ciertos trastornos hemisfricos (perceptuales o motores) especificas. Jeannerod y cols., (1972) sugieren que durante los primeros milisegundos, se lanza una hiptesis interna acerca de lo Que se ve y de sus relaciones intnnsecas. Una vez detectadas las reas "salientes" o informativas de la figura. los tiempos de fijacin se alargan, la figura se detalla y se e}(fIaeel "plano" o representacin de la realidad. Para ello, intervienen procesos' cognitivos y semnticos (bsqueda congruente de una traza en memoria) que integran y clasifican los perceptos en relaciones y ell grupos lgicos, L ~ dificultades agnsicas visuales podran originarse por penurbaciones en cualquier nivel de esta jerarqula que estructura la Stnal sensorial inicial en " hi ptesis perceptual" y posteriormente, a partir de eUa, configura la propia realidad interna. 268 4. AIDom de objetos y.ful. El status ling[stico de los casos "puros" descritos y de:! paciente de la autora no dejan lugar a duda: la afasia, si la habla, era nnima y no justificaba el defecto en reconocimiento. Sin embargo. una cosa es no presentar afasia 'i otra es tener el sistema lingistico fntegro , Normalmente, la mediacin verbal facilita el reconocimiento de objetos. Mani y col., (1977) sugieren que la mediacin verbal puede ser un distractor crucial en el proceso de reconocintiento de algunos agnsicos. Una vez que emiten un nombre, se orientan hacia hiptesis basadas en el campo semntico del nombre y no en las caracterfsticas de. lo .-isto, Si el nombre no corresponde al objeto, las premisas subsiguientes son incorrectas. S. goosla vbual y ptDsamIeoto abstracto Ya se mencion que la "estructura de superficie" de una configuracin perceptult! se rereria a los primeros estadios e hip6tesis acerca del objeto. Las transformaciones profundas intervendrtan al relacionar en grupos lgicos los particulares de la percepcin, Sin esto, no se "abstrae" y no se Uega al significada (verbal o no) de la percepcin . . Por eilo, la agnosia de objetos se acampana con frecuencia dealexia de profundidad (con buen de letras aisladas) . A nivel de modelo terico. el sistema de Piaset parece consistente '1 slido como hiptesis de las configuraciones lgico-perceptuales que se re-crean en el cerebro. Estos modelos implicarian que, cognitivamente, en el SNC se establecen jerarqulas de operaciones consistentes en relacionar elementos y que serian del tipo: A) inclusi6n y eltclusi6n (negacin) , por 10 que permi ten reversibilidad (si b pertene- ce a 8. b no pc'ttenece a A); b) los conjuntos elementales se combinan, permutan o intervienen segn las mismas operaciones anteriores (si X es hija de y, Y es madre de X pero a la vez, Y es hija de Z); c) Operaciones complejas de interseccin de conjuntos y de combinacin. no ya de elementos o de conjuntos sino de relaciones propiamente dichas. En los experimentos de categorizacin de objetos o rlSufas segn una o varias caracteristicas (si es allo y con oreja es jarra, si es bajo y con oreja es taza). se vio que los afsicos no pueden combinar varias caracterlsticas perceptuales para conformar una perspectiva significativa. Este defecto no se asocia con viso-perceptuales (Waylaod y col., 1982) ni con simuJtagnosia. Parece mas bien que la entrada de tos estimulas visuales no se organice adecuadamente en t ales pacientes. Al no estar agrupadas las percepciones lgica y significativamente. la verbalizacin y rememoracin posterior no se hace por caracteristicas congruentes relacionales, por lo cual las memorias quedarlan mal " archivadas", sin anclajes lgicos Y. de ahi, las dificultades viso-perceptuales de los afsicos (Cararnazza y col., j 982). Sin intentar homologar el sistema lgico con el cdigo neuroflSlolgico. el llciro SUponer que el reconocimiento de una beterarquJa perceptual se basarla en unas pocas leyes relativamente sencillas efectuadas por grupos de clulas en sincrorua. 269 Segn el modelo lgico. en el caso del vaso, la paciente reconoci6 " UII objeto de mesa, probablemente de vidrio" , Las sucesivas verbaIi7..3C/ones contradicen la percepcin misma y se emj ten falsas identidades: "objeto de ptica, porque es de vidrio" (recordar que "veree" en francs es vaso y vidri o) , Es posible Que deficiencias en la lgica j unt o con defectos percepruales originen estos cuadros. En la agnosia, el mundo interno no se estructurada segun relaciones c()herentes por lo que los esquemas perceptuales result ari an inestables. En tales casos , detalles elementales pueden sobresalir pero no se integran en una percepcin significatjva. Parece como si los dalaS "iso-perceptuales al macenados en memoria no se retri buyeran o 110 se relacionaran internamente como para permitir una "re-visualizaci6n" mnsica. Una paciente de la aut ora, can moderada afasia y severo componente agnsico vi sual (con alcxia y agrafia) , contaba la vida de su hijo con minucia pero no lo poda describir fisicamenle. Al ver a un mdico, declar que le recordaba a su hijo: "igualmente joven, rubi o, no tan buen mozo". Una vez ido el mdico, se le pidi Que describiera a su hijo. pero no pudo decir si no que .!l e pareela al doctor. Fall incluso preguntas cerradas ("es fubio o moreno?" ). Basso y cals., (1980) describen en detalle un pacient e con lesin occi pital izquierda, con perdida de la capacidad de tevisual izar internamente im,genes. con desorientacin topogrfica y con un sistema IingUistico aparentemente intacto. Por ai ro lado, los pacieOles con lesiones derechas muestran mayor tendencia que los izquierdos a no recordar partes de escenas visuales conocidas y estas partes olvidada.!. ti enden a corresponder al lado izquie rdo de la escena con referencia al punto de vista desde el cual el paciente la "recuerda" , o sea, la revisualiza internamente (Bisiach y cols .. 1981 , J978). Asimismo, un paciente descrito por Kerr y col., (1981) podl a relatar los suenas (memoria semntica) pero no podla describir las imgenes y escenas en las que estos se sucedlan ya que no recordaba nada de la "escenografia" visual del sueno. Este paciente padecfa de una lesin posteri'or derecha. De acuerdo con estos informes, Whilehouse (1981) sugiere que ex.istiran dos modos de acui'lamienlo de dalas en memoria. El semntico verbal, servido por el hemisferio izquierdo y el imaginati"o-visual, servi do por el hemisferio duecho. Normalmente, ambos tipos de sc!:f\ales se llaman a memoria en el momento de la retribucin de un dal a , pero en lesiones uni-hemis fricas, particularmente en las que se encuentran elementos de hemi -negligencia, predomina un tipo de sei'tales sobre. otro, Como en la percepcin es crucial la revisualizacin interna para comparar los dalaS de enlrada con los ya existentes , es obvio Que este Lipa de defectos puede mermar las capaci dades mnsicas y relacionales visual es tras lesiones derechas, Sea cual sea la razn oltima de los defectos agnsicos. el paciente tra ta de suplir su deficiencia con eslrategias a veces "erbales. pero ms frecuentemente perctpluales. A diferencia del ciego que tambin se ayuda de otras modal idades, el agnsico recurre a claves nter-modales. pero no usa estrategias sislemticas y deliberadas de exploracin, sino que son un tant o al azar y segun el contexto inmediato presente, lo que expli carla la vaabilidad en el nivel de respueStas. En lal caso, la integracin percepruaJ depende del modo de presentacin del objeto, el cual, 210 a s.u vez, depende de las circunstancias variables y al azar del contexto. As! pues, la agnosia de objetos parece suponer un dficit imer+hemisfrico viso-verbal y un dficit para cau:gorizar lgicamente objetos conocidos. Ya se vio que el hemisferio derecho lee ideogrficameme palabras sencillas, pero esto sucede en condiciones especiales (Zajdel y coL, 1981). En condiciones naturales, es difcil predecir cul ser la atencin selectiva hemisfrica, el criterio de respuesta y la importancia volidana! que determinarn el predominio de un hemisferio sobre el otro, B_ AGNOSIA DE COLORES Se define como una dificultad prominente para aparear el nombre de un color con el estmulo cromtico correspondiente, en ausencia de perturbaciones primarias en visin de colores, de afasia o de confusin. Generalmente se acompafl.a de dificultades en el empleo de colores (en dibujos), o en reconocer objetos absurdamente coloreados. Con frecuencia se asocia con alexia "pura" sin agrafia. La identificacin clinica de la agnosia de colores es menos clara que la de la agnosia de objetos. En este ultimo caso, la descripcin aislada de alguna caracterstica del objew (fonmi, brillo, sonido) indica que ste se ha percibido bien. Pero la nica prueba verbal de la percepcin de un color es Que el sujelo diga su nombre. pues el color no tiene ms caracterjslicas formales Que lo deftnan. Por tanto no hay estrategias alternas para identificarlo. Es menos infrecuente que la agnosia de objetos pero covaria con la anomia "pura". Desde 1890 se conoce la agnosia de colores. descrita por WilIbrand. A comienzos de siglo, Lewandowski descubri que !os errores en denominacin de colores se asociaban a otras deficiencias ms generales en la. cognicin de colores (aparear objetos con los colores correspondientes). Como la visin cromtica estaba intacta, Sittig (1921, cita, Hcaen, 1972) pens en una desorganizacin de orden superior en el reconocimiento perceptuaL Por la dcada de los aftas 60, resurgi el inters por e s ~ te signo y se corrobor su frecuente asociacin con alexia sin agrafia y la persistencia de la agoosia de colores sobre los dems defectos (Geschwind y col., 1966; Kinsbourne y col., 1964). Refirindose a la antigua lesis de Dejerine, se explic la lesin con base en un compromiso de lbulo occipital izquierdo y de cuerpo calloso Jo que impedira que las percepciones visuales llegaran intactas al lbulo occipital izquierdo, o que pasaran del lbulo occipital derecho (intacto) a reas Verbales (circunvolucin angular) izquierdas, lo cual explicara tambin la alexia sin agrafia. Clinkamente la agnosia de colores, en sus fonnas leves, se manifiesta en una Jemitud generaJ para reconocer y aparear colores. En las formas severas, el paciente no denomina ni indica los colores sei\aIados por el examinador. ni colorea dibujos en blanco, pero en cambio, puede decir el color natural de un objeto. Estas son ejecuciones comunes en afasias, pero la agnosia de colores se refiere a dichas dificultades en ausencia de afasia que explique los dficits. Aunque algunos autores han puesto en duda la existencia de tal signo (Critchley, 19M). al menos, en algn 271 mOIlU:IUO de la evolucin de la lestn , la agnosia de colores tiene existencia real 'i puede considerarse como una etapa de re-organizacin (o de desorganizacin) terebral. Se trataria de saber porque se presenta este tipo de disociaciones sin negar I de entrada, su existencia. Estas contiendas han generado dos problemas: la relacin entre cognicin de colores y visin cromatica y eatre la cognicin de colores y el lenguaje. l. Agnost. de colores y visin ( rom'tka En lesiones cerebrales. las pruebas de visin cromtica no necesariamente indi- can discromatopsias con.snitas. En muchos casos, por ser pruebas de clasi fi cacin de tonos, miden categorizacin y, por ende, 'pensamiento abstracto". En tales casos, se habla de pseudo-discromatOpsias y pueden obedecer a un desorden general en discriminaci6n perceptual (Sconi y col., 1970) Q a un dftcit en la estructura semnlica y cognitiva. Por ejemplo, lesiones derechas con defecto de campo visual y lesiones izquierdas con afasia impiden el buen desempefto en las Placas de lshihara (De Renzi y col ., 1967) y en las pastillas de Farnsworth Muensell1OO (De Renzi y col.,1972) . En cuanto a discrimi naciones cromticas, los lesionados unilaterales pueden fallarlas por razones diferentes. los diestros nonnales tienen menores latenejas con presentaciones de estimulas cromticos en el campo visual izquierdo (HD) (Davidofr, 1975). Esto sugiere Que el hemisferio derecho tiene cierta prevalencia en el procesamiento y discriminacin de la tonalidad y saturacin del color. Asimismo, los comisurotomizados muestran cierta tendencia de ventaja del hemisferi o derecho para rememorar los colores de dibujos presentados taquisloscpicamente. En tal caso. tienden a informar preferencialmente. los estimulos del campo visual izquierdo. Pennal (1977) y Hannay ( 1979) presentaron dos estimulas simultaneas dentro de un mismo campo visual para que el sujeto determinara si eran iguales o no. las latencias eran ms corUl s para los pares presentados en el campo visual izquierdo (HD) \ Pero si el segundo estimulo se diferia por unos milisegundos en su aparicin, la ventaja del CV( se desvanecla ,. surgla una clara ventaja del hemisferio izquierdo (probablemente pOI el incremento en la carga de memoria que conlleva la tendencia a Que el sujeto "vc:rbalice" lo Que debe recordar). Por otro lado, la ejecucin en prul"bas de visio cromtica decrece por lesiones derechas. particularmente en zona parietal y rrontal (Capitani y cols. , 1978) probablemente por la sensibilidad de los lbulos parietaJes al factor de discrimi nacin de tonalidad 'j por la sensibilidad de los lbulos rrontales al fai.10r de categorizacin irnplicito en estas pruebas. 2. "'Dosta de colOrts y afaaJa En tos casos ya mencionados, las perturbaciones en cognicin de colores se asocian a lesiones izquierdas (con o sin afasia). El anm.ico busc:a el nombre del color. lo reconoce y lo indica cua.ndo el examinador lo nombra; en cambio el 172 agn6slco de colores no le denomina, no lo reconoce y no 10 identifica. A diferencia del el agnsico de col ores conserva el empleo meramente denominativo del color (vgr. , completar: "el cielo es ... "). No asilos an6micos, quienes fallan en la retribucin del nombre del colar '1 en establecer reladones pertinentes con el campo semmico. Los an6micos (pero no los agn6sicos) pueden mostrar campos semnticos anmalos en pruebas de asociacin li bre de colores (\lgr. , "asociar IOdo lo que vaya con roj o"). Los lesionados izquierdos afsicos fallan estas pruebas ms que los no afsicos asl como pruebas de colorear o aparear di bujos (Guzmn, 1975: De Renzi y col., 1967). Lhennine y cols., (1969) sugi eren que una verdadera Uagnosia de colores" implicara una prdida de los " patrones" internos de relaciones Imagen-color, independiente de las habiljdades verbales. Ms que una anomia visual (i ncapacidad para denominar a travs de lU\a sola modalidad), en la agnosia. las "imagenes internas" o conceptos dc los objetos y colores no se configurarlan eficientemente. De ahl los concomitantes alx.icos de la agnosia de colores. Porque la segunda puede darse sin la primera ... es cuestin mal dilucidada lodavia. Ademas. en favor de un dtficit mnsico se tiene el Que algunos trastornos percepto-cognitivos relacionados con colores se acompai\an ocasionalmente de prdida de la capacidad de revisualizar colores (De Renzi y cols., 1972). 3. Agoasl. de colores y pensamiento abstracto La deficiente estructuracin de imgenes mentales MI lesionado izquierdo bien podria deberse a desarticulacin en las operaciones lgicas subyacentes a las relado nes transi tivas e intransitivas impUcitas en el " conocimiento" de un objeto ("dado un objeto X, entonces son posibles los colores _,b ... o (interseccin de grupos de colores y de objetos) y no son posibles los colores p. q ... z (disyunci6n de grupos 16gicos"). Los pacientes con deterioro verbal (no necesariamente afasicos) podrian realizar anlisis abstractos basados en otras "gramticas" pre codificadas e intac- tas. Pero el agnsico de colores tendrla una alteracin prevalenle en esta categoriza- cin pre-semntica. y en las operaciones entre rehacones (icnicas e isomorfas con el exterior) que les impide llegar a un concepto imegral y lgico a partir de una matrizperceptual compleja. C. S1MULTAGNOS1A Se trata de la dificultad para reconocer el significado de varios estimulas presentados simultneamente, jUntO con capacidad de percibirlos y describirlos adecuadamente uno por uno, en ausencia de parlisis oculomotora o defectos visuales y/ o menlales (ue justifiquen la dificultad . Puede asociarse a 'afasia pero. en la simul!agnosia, se excluye la presencia de desrdenes lingl sti cos severos o de estados confusionales. Se acompai\a por lo general de dificultades en lectura de palabras, con buen reconocimiento de letras aisladas. Cl nicamente se detecta por la dificultad para interpretar escenas complejas. La descripcin particular de elementos uno tras aIro es acertada, pero no se llega al signi ficado de la escena. La alexia concomitante es prevalente para palabras. Ni en los dibujos, ni en la lectura se logra un procesamiento integral de los elementos que configuran un todo. Las 273 relaciones que se establecen son de o b j e t o ~ o b j e t o , pero no de agente-accin-objeto afectado. A pesar de la integridad de los umbrales de discriminacin para estimulas simples, cuando la estimulacin es simultnea e incide en ambos campos visuales, los umbrales de reconocimiento aumentan en forma desproporcionada. particularmen- te en el campo visual derecho. Al centellear simuhaneamenle una letra a cada campo visual tiende a ignorarse la de la derecha (a pesar de la dominancia del hemisferio izquierdo para estos estmulos). Kinsbourne y coL, (1963) aceptan la simultagnosia incluso en asociacin de defectos visuales "sub-clnicos" que incluyen perturbaciones en movimientos oculares y en umbrales de respuesta y discriminacin ante estmulos presentados por taquistoscopio. Esta suposicin parece sustentada a la luz de un informe de caso con un sindrome de Balint y una clara simultagnosia (Girotti y cols. 1982). Sin embargo. la perturbacin oculomotora no explica por si sola la simultagnosia (ni las demas agnosias). Como ya se ha visto, se trata de un signo asociado a diversos cuadros apracticos y/o agnsicos. La conducta de estos pacientes es muy peculiar: ante escenas complejas, el agnsico sabe que el dibujo representa algo, pero no puede extraerle sigrtificado (al contrario del confuso o del retardado mental que se contema con respuestas parciales y elementales). El agnsico permanecera a nivel de un lego (no analfabeto) en matematicas, confrontado ante una ecuacin compleja. Conoce los trminos y los signos, pero mal puede plantearse el problema porque no conoce las relaciones entre trminos y signos. Los simultagnsicos dan la impresin de reconocer el problema de modo muy vago, plantendose hiptesis incompletas y centradas s6lo en un trmino o relacin. Por ello, la estructuracin visual mental seria laxa e inestable y los "grupos lgicos", muy elementales y desarticulados en cuanto a percepcin compleja se refiere. D. AGNOSIAS VISUALES DE OBJETOS. DIBUJOS Y COLORES Y CORRELACION ANA TOM04PATOLOGICA Las perturbaciones agnsicas citadas y las alexias sin agrafia se ban asociado a lesiones hemisfricas izquierdas o retro-rolndicas. Clsicamente se sostiene que la circunvolucin angular procesarla a nivel cognitivo-semntico los datos visuales (Luria, 1973; Geshwind, 1965). Si stos no llegaran a la circunvolucin angular, el objeto se "vera" pero no se le "asociarla" ningn significado. Se han postulado diversos sindromes de desconexin (ya discutidos) que explican este modelo, pero ste no parece corresponder bien a la plastIcidad operativa del encfalo ni a la gran mayoria de lesiones. De momento se ignotan las causas y concomitantes externos de la tarea que determinan constelaciones de signos agnsicos en presencia de lesiones aparentemente similares: agnosia de objetos y colores con y sin afasia; agnosia de colores sin agnosia de objetos; agnosia de colores con alexia y/o agrafia; simullagnosia sin agnosia de objetos, etc. Una cosa parece clara de los mltiples casos revisados en la literatura: se requiere de una lesin occipital y parietal extensa 274 que interese partes basales de lbulos occipitales y de sistema limbico (Bowers y coL, 1980; Albert y cols., 1979; Kertesz, 1979). Citando a Hcaen y coL, (1978): ..... (Ia agnosia visual) requerirla de una lesin posterior izquierda lo importante como para interesar estructuras visuales (circunvolucin angular), pero lo suficientemente pequena como para no alcanzar regiones de lenguaje; lo suficientemente profunda como para interesar la sustancia blanca subyacente y, posiblemente, al menos de modo parcial, el cuerpo calloso; en cuanto al grado de c;ompromiso del hemisferio derecho (necesario para producir estos signos), la lesin derecha deberla ser lo suficientemente pequefta como para respetar aquellas regiones responsables para la percepcin de formas, caras e informacin espacial". Un enfoque no explorado an es el del papel de la edad y sexo del paciente as! como la evolucin en el tiempo de la lesin. Si estos son faclores determinantes en la afasia, no habria razn para que no lo fueran en Olras manifestaciones mentales de orden complejo. No puede negarse tampoco el papel de la estructura cognitiva idiosjncrlica (mejores ".1 suali.z..lid ores" , mejores "oidores", etc.) que, en el extremo de la poblacin se manifiesta en diversas habilidades artsticas. Este factor y el de aprendizaje posterior se combinarfan para conformar ciertos cuadros mentales en presencia de una lesin. E. AGNOSJA DE CARAS O PROSOPOAGNOSIA Se trata de una incapacidad total o parcial para identificar personas conocidas con base en la percepcin visual de la cara, Para identificar personas conocidas, el paciente recurre a otras senales perceptuales como la vestimenta, peinado, voz, gafas, modo de andar, etc. A menudo se encuentran dificuJtades para reconocer figuras pblicas en fotograflas (Benton y Van Allen, 1972). En las formas severas, el sujeto mismo no se reconoce en el espejo y, en las leves, tarda mucho o no llega a reconocer conocidos. En estos casos, manifiestan que las caras les son "nuevas" o que tienen "algo raro". Es un signo interesante, pero muy infrecuente en enfermos neurol6gicos no dementes. En heridos retro-rolndicos, la percepcin global de la cara no se configurarla por incapacidad para considerar simultneamente las diversas sei'lales clave que conforman la cara como un todo o Gestallt, Seria pues, una forma especial de simultagnosia (Faust. 1957). Siendo el reconocimiento de caras un proceso muy complejo, las causas de los trastornos a este nivel pueden ser muy variadas y abarcar aspectos viso-perceptivos, percepto-cognitivos y mnsicos. l. Prosopoagoosla, percepdo)' memorla mulll La mayo na de los casos de prosopoagnosia se asocian a trastornos viso-perceptuales complejos. desorientacin espacial (Tzavaras y coL, 1970), pobre reconocimiento de colores (Whiteley y co1.. 1977, Hcacn y col., 1962) y defectos en memoria espaciaJ y visual, 851 como deficiencias para leer, escribir 27$ apraxia del vestir, defectos direccionales y vestibulares y trastornos en el seguimiento de rutas en mapas (Hcaen y col., 1962). Se ha supuestO que este seria otro aspecto ms ntegrame del deficit general viso-perceptivo por lesiones derec,has, ya que la identificacin de caras implica un anBsis perceptuaJ muy especifico y complejo (De Renzi y col. , 1966). Los lesionados hemisfricos derechos tienen dificultades notorias para discriminar. entre varias fotografas de desconocidos , la cara del estimulo visea por aparte (Beoton y coL, 1972; Oe.Renzi y col ., 1966)_ Sin embargo, la prosopoagnosia no .se explica con base en un trastorno en apareamiento visual de caras (lo que OtrOS lIamarlan defectos aperceptivos), ya que algunos pr.osopoagnsicos pueden tener ejecuciones normales en dichas pruebas (CulmAn. 1981; Benton y col., 1972, 1968: Tzavaras y col . 1970; De Renz.i y cob., 1969; AssaJ. 1969). Por otro lado. Whi(c:!ey y col., (1977) y Yin (970) suponen un defecto muy especffico que no puede equipararse con 19S defectos generales para identificar material visual . Se basan. para decir esto, en la especulacin lgica de que c:! rostro humano seria un "esLlmuJo biolgicamente significativo" por ser una de las primeras configuraciones que se le presentan al nconato. Por tanto, no deberla e.urafar la existencia de clulas o circuitos que extrajeran caracterlsticas relevantes al rostro humano. Considerando los datos experimentales y patolgicos, estos " extractores" se activanan perferendal (pero no ni camente) en el hemisferio derecho, el cual analizara las caracteristicas que configuran la identidad de una cara. A su vez, el hemisferio izquierdo activarla las memorias (nombre, identidad personal , elc.) . El HD es dominante para discriminar semejanzas y diferencias entre dos caras centelleadas simuJtneamente al campo visual izquierdo. Pero si se introducen intervalos entre los estmulos, decrece esta ventaja del hemisferio derecho y surge la del hemisferio izquierdo, fenmeno que recuerda los estudios con discriminacin de colores (Marzi y coL. 1977). Como en toda percepcin significativa, intervienen factores de expectativa y atencin selectiva uni-hemisfricos. Los lesionados hemisfricos derechos tienen dificultades para reconocer caras en posicin normal, pero son superiores a los izquierdos para reconocer caras invertidas probablemente porque l el rosuo, al haber perdido parte de su " significado" . no crea tanta disonancia cognitiva si se ve invertido (Ellis y col., Yin, 1970). Los lesionados izquierdos y los controles dispondrian de un "set" atendonal que anticipa la configuracin espaciaJ de la cara, por Jo cual, s sta se presenta en posicin invertida, resulta en una percepcin extralla que debe descifrarse antes de reconocerse, y este "set" de eJl:pectativa serta el q\le activarla preferencialmente el hemisferio dertcho (Voung y col., 1981). Se podra especular que los lesionados deroehos se limitan a anaJ.i.z.ar las semejanzas y diferencias superficialmente, sin un anlisis "profundo" del significativo del rostro. La mayo- ra de los casns de prosopoagnosia presentan compromiso prevalente posterior derecho (WhiteJey y col., 1977; Lhermitte y cnL, 19'1.5; y col., 197.5; Benton y col. , 1968; Hcaen y col., 1962), pero no es muy claro si se &eQuiere de una lesin bilaleraJ (Guzmn, 1982; Meadows, 1974; Hecaen y col., 1972). AJ menos en sujetos normales. los tiempos de reaccin y la precisin en pruebas de
reconocimiento y denominacin de caras en taguislosCopio indican que las etapas iniciales del proceso de reconocimiento de rostros es bilateral y que el hemisferio derecho muestra su dominancia particularmente cuando el sujeto sabe qu tipo de cara esperar (Young y cots., 1980). Ya se vio, adems, en el capitulo IV, que ambos hemisferios contribuyen diferencialmeOle en el procesamiento de ciertas emociones faciales. As. el hemisferio derecho reconocerla mejor el tono afectivo negativo (tristeza, rabia) y el hemisferio derecho reconocerla mejor el tono afectivo positivo (ReuterLorenz y coL, 1981). Se recordar ademru., que parecen existir diferencias idiosincrticas en la preferencia para responder asimtricamente ante Jostras con emociones. las cuales han sido atribuidas a erectos de sexo (McKeever real. , 1981) o a la asimetra malora facial (Borod ycoL, 1982). La autora examin a un ingeniero con un C,I. general de 130, quien 8 anos ant:s (despues de una cirugla para evacuar un hematoma temporo-parietal bilateral, con compUcaciones mdicas posteriores) no presentaba como remanente cllnico sino una severa prosopoagnosia, sin alexia. agrafia ni otro signo acompartante del cual el fuera candente (Guzmn, 1982). Presenta una seria disminucin en la capacidad de aprendizaje de senes verbales 'i una capacidad casi nula de aprender series no-verbales asf como de recordar o reproducir figuras geomtricas, previament: copiadas con exactitud. La identificacin de rormas geomtricas y de direcciones de lineas tambien es claramente anormal, as como su sentido de la orientacin tanto en mapas arbitrarios en el suelo del consultorio. como en situaciones reales de puntos claves de la ciudad donde ha vivido toda su vida. Esto le sucede en fotos y ~ n situaciones reales, ya que no reconoce las calles por donde anda. Esta "amnesia topogrfica" se manifiesta, adems .. con fotos recientes y de hace 40 alias, en las que. adems, no se percata de que los autos y trajes son antiguos, lo que sugiere un "desvanecimiento" de imgenes complejas tri-dimensionales, como la descrita ocasionalmente para colores. Adems, no reconoce fotos de familiares (hijos '1 esposa) excepto por peculiaridades del papel o del marco rOlogrfl.fico 'i no logra reconocer sus p r o p i a ~ rotOs. Su memoria para caras aprendidas 90 segundos ante_s es al azar. Pero en cambio, su ejecucin en la prueba de Benton de discri minacin de caras fotografiadas fu normal. Este paciente. con su buena inteligencia )' preservacin perceptual, ilustra ulla vez ms, la disociacin entre reconocimiento de caras y Jugares y discriminaci6n de rostros reales. En cuanto a la localizaci6n de la lesiOn (bilateral en este casO), es prObable que el daJI.o temporal derecbo fuera el principal responsable del prominenre defecto de memoria espacial y que las lesiones occipitales basales originaran el pobre reconocimiento inmediato de caras y sitios (ver la escanograna cerebral, Fig. IX- l) . Sin embargo, no queda dato porqu no presentaba otros signos deagnosia simultnea oalexia. Se ilustra aSi, cmo las agnosias pueden ser mult y supramodales e involucrar aspectos perceptuaJes, cognitivos y mnsicos. En este' caso, babia un desorden visual topogrfico y fisonmico. con dificultades para di scriminaciones visuales complejas, para segUir rutas en mapas a su vista, para encontrar sitios en un mapa en blanco y para recordar posiciones y sitios de la ciudad. En auseocia de apraxia '1 217 FIGURA IX-}. EllCUlogtafl.. CE!J'8braJ del paciente COII pro/lOpoagnoaia. Obetrveee la teein bilatNal que afecta 16bul08 occipitalee y lbulo t.emporal d6I'eCno. de desorientacin derecha-izquierda que le impidieran realizar las rotaciones internas requeridas, este paciente no pocHa efectuar giros sobre su propia persona, cosa muy frecuente en agnsicos somestsicos y que se discutir a cominuacin. F. AGNOSIAS VISOESPACIALES " ,,, y si la intuicin no contiene m4s que relaciones, eSlo es la forma de la ilfluicin, puestO que no representa nada, sino la medida que la cosa est6 colocada en el esplriru, no puede ser aira cosa sino lo monera en que el propio esplritu se hallo afectado por su propia actividad, es decir, por eSla posicin de represento- ci6n". Crftica de la Raz6n Pura. E. Kant. Se trata de desrdenes de la percepcin y manejo de los datos espaciales no verbales. agrupados bajo el trmino de "desorientacin espacial", consistentes en una defectuosa aprehensin de las relaciones viso-espaciales que conforman las vttindades y analogias visuales en relacin mutua y en relacin con el sujeto. Estos desrdenes no deben justificarse por la mera presencia de deterioro mental, confusin, inatencin o defectos visuales primarios. Por lo general, estas dificultades no se informan espontneamente, o sea, el sujeto no las percibe. Se trata, en la gran mayoria de casos, de perturbaciones detectadas mediante tcnicas y pruebas neuropsicolgicas de cierto refinamiento y por tanto, renejan la interacci6n coalicional entrt el SNC y el exterior. Los desrdenes viso-espaciales ocasionados por lesin derecha agrupados bajo el rtulo bastante ndelimitado de "agnosias espaciales" conforman cuadros aun ms disociados que los originados por lesiones izquierdas. y por tanto, con frttuencia, 278 afeclao varias modalidades. Se reliene vagamente el conceplo de "agnosia" en el sentido de que, en presencia de adecuada sensacin elemental, na se discriminan patrones complejos percepluales y se presenlan Olras anomaltas percepwales (alucinosis, metamorfopsias, elc.). Vi gnolo (1972) propone que esta deficiencia en la eslrucluracin formal del exterior conesponderla ms a[ tipo de "agnosia aperceptiva", -por cont raposicin a los ("asodalvos") por lesiones izquierdas. Tan vago es el conceplo de " agoosia" en estos casos que, como se vio en el Capitulo VIII, las dificultades prclicas del derecho se han atribudo ms a un defeclo visoperceplual que a un defecto prctico en si (Bruyer 'i cols., [982; Mack y col., 1981: Hcaen ycol .. 1970). Fenomenolgicamente, pueden clasificarse en: l. perturbaciones en la localizacin visual de objetos a . perturbaciones en la est ructuracin de relaciones espaciales b, trastornos en la apreciacin de la local izacin y direccin c, perturbaciones en la orientacin y memoria topogrfica 2. Parlisis de Bali", l . Agnosia visual para la mitad del espacio (agnosia espadal unilateral). a. negligencia unilat eral visual l . Perturbaciones en la localllllcln YlsuaS de obJeios Este complejo conjunto de signos consiste en una dificultad para apreciar la _posicin de un estimula basndose slo en visin y en ausencia de ddectos notari as de agudeza visual. Holmes (1918) es'ludilas deficiencias en localizacin y observ errores en evaluar la direccin y distancia de un objc.to con dificultades para alcanzarlo con la mano, asociadas a defectos de las cuadrantes inferiores (lesin parietal .s uperior). Raldiff y col., (1972) encuentran una correlacin entre es te tipo de desrdenes 'Y lesiones retro-rolndicas. a, trQStornos en f4 visl6n de profundidad: aunque la prdida de visin lri-dimensional se ha discutida par ser incompatible: con un es tada oormal de concienda ya que afectara sistemas visuales meseneefl icos (Teubcr, 1962), se ha prestado considerable alencin a alfaS trastornos en la apreciacin relativa de la profundidad. Carmon y coL, (1 969) utilizaron el paradigma de fusin de la perspectiva de ambos ojos dlsenado por Julesz (1964), y que consiste en dos muest rarios de letras al azar generadas por computador que, al enfocarlas binocularmente, se "fusionan" y se ven como una sala. Esto, excepto un arca en la cual se introduce una disparidad sistemtica entre las letras de una y OtrO muestrario. Normal mente. dicha rea no se fusiona y se percibe como si estuviera en relieve sobre las otras letras del fondo, cama si el SNC procesara la disparidad binocul ar como un efecto de profundidad. Los lesionadas derechos no configuran el 279 efecto normal de estereopsis (o percepcin de profundidad) bajo estos paradigreas (Semon y col., 1970; Carmen y col., 1%9), Asimismo. los lesionados derechos tienen dificultades en percibir conlDrnos "anmalos" (otro lipa de ilusin ptica como la de la figura IX-2). Parece ser pues, que la percepcin relativa del espacio tri-dimensional requiere de procesos monoculares y binoculares combi nados. y bajo control del hemisferio derecho. .--- --t r }.;i%: I " I . J.' " .::' , '- -----.. FIGURA IX..2. Efecto de visin ef!'LereoscpiCII de JuJesz. Medi8.0t.e los pri,mAl.icotl, J09 d09 mueatrarios de punLOa al azar se " funden" en uno 8010, en el punto de visin l;Iinocular. Eal.a " fusin" se ve en relieve sobre el fondn cOlTUpondien- te ti las 'ffil.9 d6 vi sin perifricas roonoculares, b. mutornos en loa aprecflld6n de " l ocal/tacl6n y dirf!ccl6n: en el capitulo IV se mencion la superi oridad del HD en normales para evaluar el lugar y la direccin de eStmulos taquistosc6picos. Las lesiones derechas perj udican ms que las izquierdas la ejecucin en apreciar diferencias en la pOSicin de un estImulo en dos lminas, en evaluar la direccin de lineas (Fig. IX ]) Y de patrones complejos (Dentan y cols .. 1975). Sin embargo, rara vez estos defectos se resfnngen a la modalidad visual ya que loS' lesionados derechos fallan la misma clase de pruebas presentadas visual o someSlsicamente. Adems , se asocian defectos en el reconocimiento somesresico de 5 6 2 280 7 9 10 =-- - 11 FIG URA 1X..J. Tarea de discrimi- nacin d0 la direccin de 11n_t. El aujelO debe sealar. en el muestra rio inreriOl", a C1J!1811 de lnBas c0ITe9ponden la! dO!! lneas de la plU'te !uperior del dibuj9, rulas o en la orlentadOn personal de recorridos. Por esto, Friedericks (1969) v Teuber (1965) habla n de un factor " espacial supra-modal" que trasciende la configuracin topolgica vi sual y que parece desorganizarse leas lesiones derechas. C. perturlxlclonu e" la orlmlacl6n )' memoria lopogr6/lcQ: se dertJ1en como una incapacidad para orientarse en el espacio exterior (o para recordar mentalmente rulas '1 lugares) por un supuesto derecto en la integracin de seftale." viso-espaciales pertinentes (exgenas o mnsicas), en ausencia de confusin. deterioro o signos aprcticos asociados. Rara vez se presenta en forma aislada. '1 son concomitantes frecuentes la prosopoagnosia (que es aun mas Infrecuente que la desorientacin topogrfica), la negligencia visual unilateral (ver ms adelante) y otros desrdenes en el reconocimiento espacial no visual (tctil u otro). Estos defectos se han descrito como informes de caso, pero DO se les ha prestado la misma minucia de estudio que a los trastornos en el reconocimiento de caras. Clinicamente se manifiestan como un mal reconocimienlo de lugares conocidos O de la memoria de las rutas para ir de un lugar a Olro o de la orienlacio propiamente dicha en la toma de decisiones en cuanto a los giros que deben hacerse. Pueden asociarse a dificultades para "revisualizar internamente" los sitios, por lo cual, con rrecuencia, estos pacienles recurren a tc,nicas mnemnicas verbales pata orienlarse (vge: "en la casa de la grieta, torcer a la izquierda"). Ello, porque no reconocen el lugar si no por el rtulo verbal, como alguien que buscara una di reccin desconocida por indicaciones verbales. No son raros los defectos en orientacin de pequel\os mapas visuales , de mapas visosomeSlsicQs y en localizar ciudades en un mapa en blanco. Este ltimo signo conocido como plalonolopok..lntsJa se caracteriza por errores .sistemticos al localizar puntos en mapas conocidos, que no se justifican por raltli de escolaridad, deterioro intelectual o confusin (Benton 'i cols., 1973). La desorientacin geo8rfi ca puede asociarse a desorientacin topografica pero es un sigilO mucho ms frecuente que esta ltima; asi como la prosopoagnosia no oecesariamente se asocia a defectuosa discriminacin de caras en rotagrarlas. los defectos en reconocimlemo topogrfico real no necesariamente se asocian a defectos en orientacin geogr.fica. Estos trastornos se asodan COIl lesiones derechas , frecuentemente retra. roJndicas, pero Sil presencia no tiene, en s{. valor lateralizante (Fisher, 1982). Ocasionalmente, la desori entacin para lugares se presenta de modo relativamente ajslado, si n desorientaci6n personat o temporal '1, en tales. casos, se asemeja ms a fenmenos de paramnesias reduplicativas que a desorientacin real para lugares ya que estos pacientes, en general, presenlan confusiones con lugares donde y8 han estado (Fisher, 1982). 2. Sindrome de Ballnt o p.riUsb de l. mirada Se trate de una perturbacin predominantemente ocuJomotora que impide l o ~ movimientos de guia de los ojos hacia un punto localizado, tambin conocida como ataxl. ptl(a, con incapacidad de realizar movimientos conj ugados de ojos y con atencin visual disminuida. Se caracteriza por fijaciones muy prolongadas de la mi rada (de tipo espasmdico) seguidas por movimientos al azar de los ojos. El 28\ sindrome de Baljnt, Que implica los tres tipos de desrdenes mencionados (defectos en movimientos conjugados, en movimienros de persecucin y defectos viso-espaciales), se acompa\a en general de tiempos. de reaccin oculomotores muy largos, defectos. en movimientos oculares de barrido y se ha asociado a lesiones bilaterales que afectan los sistemas ocl'ipito-parietales (Giroui y cols., 1982; Hcaen y col., 1978) y posiblemente de 105 frontales (Heilman y coL, 1972). Un paciente de la autora escribia sobre la mesa por incapacidad de fijar la mirada en la hoja. 'l: Deft!ctos viso-espaciales unilaterales negUlencia visual uoOateraJ) En ella, se niega la estimulaci6n incidente en el hemicampo sensorial contralale- ral a la lesin, en presencia de relativa preservacin de visin en ambos hemicampos, Se define porque, en presencia de visin adecuada (incluso si hay defecto de campo visual, stos. se compensan rpidamente con excursiones ms amplias de ojos), el pa- ciente no presta atencin. ni busca o explora fa que se halla en el campo contralate- Tal a la lesin. En estos severos, dicho hemicampo parece no existir para el paciente. En cuadros mas leves pueden manifestarse como "confusiones" y "olvidos (buscar el cuchillo en el fado del tenedor, no ver la copa en la mesa y buscarla s6lo de un la- do, tropezar con objetos situados a la izquierda, etc.) o en tareas puramente visuales (leer solamente la mitad de la pgina comenzando en la parte media, omitiendo el comienzo de cada linea y sin conciencia del error). En los casos leves, puede presentarse nicamente en la modalidad visual, pero lo ms frecuente es la negligencia en dos o tres modalidades sensoriales. Los signos asociados ms comunes son decremento en tareas de cancelacin visual (tachar todas las "a" de una pgina COD lerras o tachar todas las rayas horizontales de una pgina con trazos en diversas direcciones). En estos casos pueden omitir la mitad de la pgina; o en tareas de biseccin de lineas, pueden, o bien omitir las del lado izquierdo, o bien calcular el punto medio de cada lnea consistentemente desviado hacia un lado del punto medio (generalmente hada la derecha de ste, puesto que el signo se asocia ms frecuentemente con lesiones hemisfricas derechas), De hecho, se ha disenado una prueba til para detectar hemi-negligencia en lesionados derechos basada en Que stos tienden a bisectar las rectas hacia la derecha del punto medio (Schenkenberg y cols., 1980). Brruo fue el primero en sel\aJar la frecuencia de este signo tras lesiones derechas. De hecho es muy raro en pacientes izquierdos y los porcentajes en tales casos no superan un 2010, mientras que en trastornos derechos, pueden llegar a un 35070 (Hcaen y coL, 1972; McFie y cols., 1950). Suele acompaarse de deterioro intelectual (pero no se explica por ste), indiferencia al fracaso, hemianopsia izquierda, dficits oculomowres y sensoriales y apraxia constructiva y de I ves tir (Hcaen y col" 1978). Son ms frecuentes las dificultades viso-espaciales y/o viso-constructivas por lesiones derechas que la negligencia unilateral. Podra pensarse que este signo fuera un indicador general de dficit neurolgico y un indicio de severidad general. Campbell y col., (1975) encuentran, en seguimientos de 6 meses, que la presencia 282 inici'al de negligencia es un indicio de pobre recuperacin subsiguiente, inclusos; la negligencia cede, cosa que es comn. Los trastornos de memoria visual asociados a negligenda unilateral y extincin podran explicarse como un defecto atencional. Bisiach y coL, (1978) describen dos casos con buena capacidad para describir lugares conocidos (la Piazza del Duomo en Miln), as como para efc:ctuar giros mentales y describir la Plaza desde diferentes ngulos de perspectiva. Sin embargo, sistemticamente omitan la perspeciva que hubiera quedado a su izquierda. O sea, si "miraban" (mentalmente) desde la acera de frente al Duomo, omitian describir el costado Oeste. Parece como si las seftales visuales mnsicas configuradas sobre coordenadas espaciales Que se hallaban a la izquierda del sujeto no se juzgaran importantes cuando se generaban concomitantemente con otras seflales mnsicas simtricas. Posteriormente Bisiach y cols., (1981) encuentran que la mayora de los pacientes con lesin derecha y con algn signo de heminegligencia eran incapaces de efectuar la prueba del "Duomo" ya descrita puesco Que presentaban heminegligencia mnsica para un lado de la plaza (segn el punto de vista desde donde estuviesen evocando la p!a7a). En/re otros factores determinan/es de este signo parecen inter .... enir la edad del paciente. la evolucin y extensin de la lesin y el dficit neurolgico sensorial y alencional. De hecho, slo excepcionalmente se encuentra negligencia en los jvenes; yen los nil\os es prcticamente inexistente. Lo amerior recuerda el papel de la edad en la presencia de la jerga afsica. Si bien ambos signos tienden a correlacionar con la edad y tienden a desaparecer con la mejora, su presencia en un momento dado tendra implicaciones pronsticas negativas y se ~ s o c i a r i a con un defecto en el alertamiento (Lempert y col., 1982), cuya manifestacin clnica, en ambos casos, es casi invariablemente, la anosognosia. Al respecto, se recuerda la hiptesis atenci o nal de Weinstein y col., (1977), Heilman y col., (1977) Y Kins bourne y col., (1973), segn la cual la asimetra inicial subyacente a una respuesta hemisfrica radicarla en la activacin diferencial y especifica de dicho hemisferio. Experimentos con sujetos normales en los que se mide la precisin o el tiempo de reaccin en un hemkampo sensorial o motor demuestran de modo bastante consistente que las mejores respueslas se dan c.uando la activacin sensorial y motora va al hemisferio dominante para la tarea (Lempert y col., 1982; Casey, 1981). Adems, la coalicin de posicin del estmulo en el espacio y hemi-espacio corporal en el que se da la respuesta parece crucial (VgT., si se responde con la mano derecha. se espera una mejor coalicin cuando la mano derecha se halla en el hemi-espacia derecho y el estmulo a la izquierda del sujeto, o sea, en su campo visual derecho) (Bowers y cols., 1980). En los pacientes con he mi-negligencia, por tanto, se dara una profunda alteracin del filtro atendanal mediado por estructuras de linea media, de lo cual cabe concluir especulativamente que padecerlan de lesiones profundas o que, por degeneracin retrgrada, se hubiera afectado la parte medial del tlamo. Un fenmeno relacionado pero no eqllivalente al de hemi-negligencia es el de I!xtJndn. Se trata de un " ... proceso en el Que una sensacin desaparece o un 283 estmulo se vuelve imperceptible cuando se evoca una segunda sensacin por estimuladn simulrnea en Ol ra parle cootraJalcral del campo sensorial" (Sender, 1952). En 1884, Loeb (cil. BenlOO, 1978) describi las consecuencias de hemideconicar perros: una vez recuperados, los animales se orientaban vjsualmente y giraban la cabeza para buscar carne colocada en la periferia de uno u otro campo visual. Pero si se le mostraban dos trozos de catt\e simultneamente a cada lado, el animal s610 giraba la cabeza hacia el lado contralateral a la lesin. O sea, "extillgula" el estmulo que incidia en el campo "isual del hemisferio lesionado, siempre y cuando hubiera un esUmulo equivalente en citado no afectado. En los humanos', este signo se observa casi siempre en el campo sensorial correspondiente al hemisferio afectado '1 slo un 10070 de los casos lo presentan en el lado ipsilateral. A veces, la sensacin no se e;ttingue totalmente y puede percibirse coma ms dbil. diSTorsionada en su calidad o desplazada en cuanto al lugar dnde se percibe. Prcticamente cualquier lesin cerebral puede originar eXTincin (visual o en otra modalidad). Cuando las respuestas se desviaD consistentemente hacia un lado (vgT., informar siempre y nicamente ei' estimulo de la derecha), es un indicio de disfuncin "isual uni laleral. Birch y cols., (1967) explicaron la asirnetrla pecceptual en presencia de estmulos flsicamente equivalentes con base en un retardo temporal en eJ procesamiento de seftales por parle del bemisfedo lesionado respecto del sano. De hecho, al estimular el lado afectado unos milisegundos antes del sano, los estimulas se informan como si fueran simultneos y equivalentes. Igual cosa sucede si se aumenta la intensidad de la estimulacin al iado afectado. Esto concuerda con la hiptesis de un defectuoso alertamiento hemisfrico mediado por sistemas reticuJo-lImbico-corticales (Heilrnao y cols., 1972). El papel del cuerpo calloso en este fenmeno merece ms estudio del que ha recibido hasta el momento. Si un hemisferio se halla lesionado, buena parte de los 'aferentes y eferentes comisuraJes al OtrO hemisferio estn bloqueados, por lo cual el inter-juego de excitaciones e inhibiciones (y contrastes) es defectuoso. Al recibir la estimulacin aisladamente, sta se informa de modo normal, ya que el hemisferio opuesto no ha sido actlvado adecuadamente. Pero al acti"ar simultAneameme ambos herrusferios, no se establece un equilibrio normaJ interhemisfrico mediado par eJ cuerpo calloso. En este caso, el hemisferio sano podrla sobre-aclivarse (por faha de inhibicin del hemisferio opuesto) y a su vez, podrfa inhibir el hemisferio af(Ctado. La extincin no necesariamente ,se restringe a la modalidad visual y no correlaciona siempre con lesin retro-rolandica. Puede presentarse por lesiones basa1es extensas (Alben '1 col., 1979) o por lesiones frontales (Damasio y cols., 1980). Probablemeote diversas lesiones cerebrales ocasionan extincin visual por diferentes razones. La hiptesis ms congruente es la de una perturbacin atencional mediada por sistemas fronto-basales y reticulares que involucran en buena parte de los casos, ganglios basaJes y lbulos (rontales (Bowers y col .. J 980; Damasio y cols., 1980; l:Ieilman y cols. , 1978, 1974). Es posible que la alta prevalencia de estos 284 defectos por lesiones derechas se deba, en parte, a los distintos aspectos de alertamiento modal controlados diferencialmente por ambos hemisferios y a la organizacin peculiar del hemisferio derecho que controlara de un modo ms "difuso" y menos "localizado" ciertos procesos de alertamienlo modaL Heilman y cols., (1974) encuentran que la capacidad de aprendizaje est mermada en paciente5 con extincin, lo cual se explicara como una deficiencia en el alertamiento mnsico (impresin y/o retribucin de trazas). COMENTARIO Las agnosias visuales "asociativas" por lesiones izquierdas parecen tener como substrato comiln un trastorno en la extraccin del significado de 10 visto. En cambio, las perturbaciones visuales por lesiones derechas, SI es que pueden rotularse como agllosias, participan ms del concepto de agnosi a "aperceptiv a" cuyo substrato comn est mal dilucidado de momento. En estos casos, se observa una defectuosa configuracin de los datos de lo que se infiere que, si bien las agnosias se dan pOI dalla retro-rolndico que interesa el ejc cortico-Iimbko basal, las dificultades en la configuraci6n espacial (perceprual o mnska) parecen darse por lesiones prcticamente en cualquier lugar del hemisferio derecho. Es muy significativo que se hayan propuesto diversos modelos de desconexin" para pert urbaciones por lesin izq uierda pero no por lesin derecha. Congruentes o no, estos modelos indican Que tanlO las respuestas como la nter-accin contexto externo-SNC en el hemisferio izquierdo son ms COnlrolables y delimitables focalmente que las del hemisferio derecho. Al mismo tiempo, bien podra suceder que se trate simplemente de falta de tecnologa para desentraar los lenguajes del hemisferio derecho. Se vio que las agnosias "asociativas" pueden presentarse en ausencia de signos afsicos. Los errores de los agn6sicos en reconod m lento de obj et os, ca lores y di buj os sugieren u na pro fun da desorganizacin viso-cognitiva y categrica. Cul sera el factor subyacente a la deficiente configuracin viso-espacial de las lesiones derechas? Ni siquiera en trmi nos vagos como el de "estructuraci n de Gestalll en" o .. procesamiento analgico" o "topolgico" pueden sugerirse los denominadores comunes (si es que los hay). Adems, como se ver a continuacin, estas agnosjas con frecuencia se acompai'lan de deficiente reconocimienO somestsico, lo que sugiere un factor supra-modal (como el semntico para las agnosias visuales). IV. PERTURBACIONES EN EL RECONOCIMIENTO SOMESTESICO La somestesis implica diversos sistemas y funciones con estructuras anatmicas subyacentes neo-corticales, Iimbicas y sub-corticales intrincadas y complejas. Los trastornos en el conocimiento y manejo del cuerpo, incluidos por otros autores como parte de las agnosias somestsicas, se considerarn en el captulo de cuadros "apractogn6sicos" o trastornos del esquema corporal. Rara vez, por otro lado, las agnosias somestsicas se dan en ausencia de signos yisuales. auditivos o de desorientacin espacial. Por elJo se dice que estas perturbadones son 285 supra-modales: afectan la configuracin del espacio conocido a tra ... ~ de varias modalidades y nO se resl ringen al cOllocimiemo mediante la supernci e corporal. A. EXAMEN Los cuadros de agnosia somestsica son aun ms difciles de diferenciar que los ya descritos . Como rara vez se informan espontneamente signos somestsicos, la evaluaci6n (y subsiguiente clasincaci6n) dependen, en parte, de la ingeniosijad del experimentador. La determinacin de la integridad somestesica es uno de los aspectos ms dif\ciles del examen neurol6gjco rutinario y de la exploraci6n experimental . Los desrdenes en el reconoclrnlemo elemental tctil se evalan mediante: examen de se nsi bilidad a la presin; sentido de la vibracin; discriminaci6n de dos puntos; localizacin de un punto; sentido de la posicin de las arliculaciones. Los defectos en el reconocimiento de patrones complejos somestsicos se evalan colocando el estimulo en la palma de la mano, detrs de una pantall a para rvitar claves visuales y presentado posteriormente un muestrario del patrn de esmulos. FIGURA I X-f. Tarea de disc::riminllcin IIOllIeetsfc.. Elllujeto debe PII.lPIlr ead. UDI de lu figurn e idenlificar 111 primerll que lItIle present. ~ S o g n TeubeT, 1967l. El sujeto debe palpar sucesivamente las formas hasl3 encontrar la que corresponde al estmulo inicial. La barognosia (estimacin del peSO) se: evala comparando pesos entre sI. Si la hemiparesis no es severa, se repite la Larea con ambas manos para evaluar defectos psi y contralate:rales a la lesi6n. 8 . IMPLICACIONES HEMISFERICAS Las modalidades elementales somestsicas parecen ser simtricas en ambos hemisferios. En neurolOga se acostumbra a lomar como referencia el lado cOnlralaleral del mismo sujeto para medi r dficits somestsicos. Pero comparando los datos de pacientes con los de valores normativos de poblaciones sanas, se encontr una alta frecuencia de deficiencias ipsilaterales tras lesiones retro-rolndicas unilaterales (Corkin y cols., 1970; Teuber, 1965; Semmes y cols., 1963). El Que se presente prdida elemental ipsilaleral a la lesi6n depende ms del tipo de estimulacin (Iemniscal o eJttralemniscal) que del hemisferio lesionado o del status inrclectual del paciente (Carmon, 1971). Por ejemplo, la locaJi:r.aci6n tcti l. 286 discriminacin de presin y de dos puntos se deterioran en ambas manos por lesiones unilaterales. En cambio, los umbrales diferenciales de peso, temperatura y dolor slo se deterioran en la mano contralateral a la lesin (Corkin y cols .. 1970). Las asimetrfas surgen cuando se exigen jui cios de "orden superior" y se acampanan entonces de defectos elc-mentales psi y) o contralaterales. El prottsamiento de patrones complejos seria pues asimtrico y diferencial en ambos hemisferios segn la larca por realizar. La doctrina de la "inervacin conlralateral" regirla para ciertas descriminadones temniscales (agudeza, presin); otras discriminaciones se realizarlan con la intervencin diferencial de ambos hemisferios (de modo "difuso" en el derecho, y focalizado en el izquierda) . En el diagrama propuesta por Carmon, (1971) se ilustran estas posibilidades. Tanto las lesiones dl!rechas como las izquierdas alleran de modo aparentemente simtrico la discriminacin del numero de puntos aplicados en la palma de la mano contralale tal. La frecuencia de defectos en la mano ipsilateral a la lesin es ms baja que la de la mano contralalcral. En cambio, los dficits en la apreciacin de la direccin de una barra aplicada en la palma de la mano son mAs frecuentes tras lesiones derechas, ell la mano cQntralateral e ipsil ateral a la lesin, mientras que las lesiones izquierdas practicamente no afectan las ejecuciones en esta tarea con la mano ipsil aleral (izquierda), pero si la deterioran sustancialmente con la mano contralateral (derecha). ./ /
J ' r , , ; i
Il!"flOt . ... -, .... .... ,- """' ...... ,."" _"'Ier'" -..tal_ " '" nGURA IX-J. Modelos de uime\T'in somatOsensotiales. En 1, ti HD solamente procesa los tSdmll lo) deJ tlcmi-<:lIerpo izquic-rdo. En 11, ambos hemisferios pero el dc-rccho es miL!; importa:tte. En 111 . el H D proccu tSdmuJos psi y contralalefa/ci y 5010 procesa C5!lmuloscOnlralateralcs. 287 C. CONCOMITANTES SOMESTESICOS ESPACIALES YIO PROPIOCEPTlVOS Los dficits citados se asocian muy frecuentemente a desorientacin espacial y somestsica por lo cual se dice que existira un factor de re-eslrucluraci6n espacial supramodal comn a varias vas de sensacin (Corkin, 1971; Teuber, 1965). Los pacientes con deficiente discriminacin iiomeslsica de dos puntos en la mano izquierda con o sin astereognosia, son incapaces de seguir rUlas de orientacin e.1O lrapersonal marc-ddas en una habitacin, laberintos con gulas tctiles y olras tareas de orientacin . El dficit de los lesionados derechos retro- rolndicos en eslas tareas se explicarla por la perturbacin para configurar relaciones es paciales a partir de sei'lales posicionales somestsicas. Estos trastornos se han asociado clsicamente con lesiones retro-rolandicas (Critchley, 1965), pero se ha vis to que ni el lugar de la lesin. ni su lateralizacin, inciden de modo determi nante y uruco cn los dficits para aparear configuraciones espaciales multimodales (MeNan)' ycols .. 1982). Con implementacin refinada. surgen Olros dficits especificas tras lesiones derechas. En el capitulo V se vio que la impersistencia motora consisre en una dificuJlad para mantener durante cierto tiempo. en una posicin dada. las partes distales (mantener la lengua afuera. los ojos cerrados, etc.). Cualquier lesionado cerebral puede manifestarla, probablemente por una lentificacin general para beneficiarse de la retroalimentacin propioceptiva (Levln, 1973; Carmon, 1970), Si sta se incrementa artificialmeme con un aparato con el cual el sujero ejerce presin con un dedo sobre un botn, conectado a un resone, la presin sobre el bot6n ser proporcional a la fuerza graduable del resorte. Al ajustarse. ste ejerce opo- sicin cOnlra la fuerza del sujeto; esta presin se transduce a una pantalla elctri- ca en la cual una aguja indica la fuerza que el sujeto est ejerciendo sobre el botn. Se trata de que ste logre mantener una presin conslanle de modo que la aguja no transpase los limites fijados en los controles. En general, los lesionados cerebrales oscilan en la constancia de la fuerza por lo cual la aguja liende a salirse de los limites. Si el resorte se ajUMa, la tarea se facilita 'J logran manlener un nivel constante de presin (porque asl, se aumenta la informacin propiocepliva exgena). Pero Jos lesionados cerebrales derechos con impersistencia motora no slo no se benefician del aumelllO en la retroalimentacin propioceptiva sino Que su ejecucin empeora en condi ciones. Bentan y cols., (1978) relac.ianaron las lesiones derechas con deficiente discriminacin de direcdont"S palpadas. Encontraron ejecuciones muy pobres con ambas manos tras lesiones derechas. pero defectos slo en la mano derecha tras lesiones izquierdas. Es factible pensar que as como el hemisreri o izquierdo ejerce control bi lateral sobre operaciones ejecutivas de ordenacin de; secuencias complejas de movi mientos, el hemisferio controle a su Vez ambos hemisferios en lo referente al procesamiento de datos complejos viso-espaciales y 288 50mestesicos, Schwartz y cols " (1979), en un aniJisis estadlstlco corrdativo entre escanografa cerebral y de extincin ante la doble estimulacin tctil, encontraron que sta era altamente frecuente en lesiones parietales derechas, '1 en estos casos, se extingue consistentememe el lado contralaleral (o sea, la estimulad6n en el hemi-cuerpo izquierdo), En cambio, las lesiones izquierdas conllevan diferentes patrones de defectos: si 'Son frontales, la eJCtincin tiende a ocurrir en el lado lpsilateral y si son retro-rolandicas, se presenta en el lado contralaleraJ. Estos defectos, por su parte, no correlacionan con la presencia o ausencia de dficits somestricos primarios, Ocasionalmente se presentan distorsiones en la calidad o la localizacin del estimulo, As!, al tocarle simultneamente la mano y la cara a un paciente, puede decir haber sentido en la cara y en el brazo, o inclusO en la cara y en la mano no estimuladl1.. fenmeno de desplazamjemo de la percepcin de un estimulo hacia otrO lado del cuerpo (cor respondiente al hemisferio sano) se conoce como aloestesh . D. PERDIDA COR TlCAL SENSOR lA L fsindrome de VerSefDejeriflt) Se trata de una incapacidad para reconocer. por tacto, atributos de un objeto como dureza, textura, etc., con prdida del sentido de la posicin de los miembros en e' espacio, de la capacidad de discriminar formas, distancia entre dos puntOS aplicados sobre la piel y con astereognosis, En tales casos- St' preservan las sensacione.'i elementales para presin, dolor y temperatura, caracterstica sta que los diferencia netamente del sndrome lalmico, en el cual se encuentra una hemianestesia lotal, con frecuentes parestesias y distorsiones de la cualidad de la estimulacin (un roce se convierle en una sensacin muy dolorosa), E. ASTEREOGNOSIA Se trata de .una deficiencia para reconocer, slo por lacto, objetos que se reconocen adecuadamente a t.ravs de aI ras modalidades, la cual no se debe a defeco tOS sensotlales o motores primarios que expliquen la dificultad para explorar y perci bir somestsicamente un estimulo, Esto, en presencia de adecuado reconocimiento de 135 cualidades tctiles elementales del objeto (vgr., ante un cuchillo responde: "es liso, fro, largo"; ante la pregunta de si tiene punta: "si tiene punta. filo"), Este si ndrome fu descrito desde final de siglo (Puchelt, 1884, cit., Cotkin. 1977) '1 se suponla que podla suceder en rorma "pura" . Pronto se vi que en general se acampana de defectos ms o menos leves en umbrales someslsicos ipsi o contralaterales que no e;c.plican por solos el defecto. Cuando la deficiente percepcin ocurre con la mano derecha (por lesin izquierda), se supone que existira una desconeJCin como las que se observan en comisurotomas. Sin emb3rgo, no todas las perturbaciones obedecen al mismo patrn y con cierta frecuencia se encuentran defectos en el reconocimiento tctil con ambas manos por lesin unilateral izquierda. En tales casos debe abandonarse la hiptesis de dcsconeJCin (que supone una aooml. tcllI, o sea, principalmente, un defeclo en retribuir el nombre de un objeto palpado con la mano contralaleral a la lesin) y SI" 289 recurre a modelos funcionales de asimetrlas merhemisfricas, referentes a la capacidad para calegorizar estimulas (Hcaen y col . 1978), En sntesis, las agnosias somestes(;as conforman una variedad de signos mult y supra-modales mal delimitados y mal definidos por el momento. Parece como si cada tarea midiera algn fae lar com un de "integracin somestesica" sensible al hemisferio derecho, adems de factores verbales, sensibles al hemisferio jzquierdo, y de otros faclores especificas que determinan la presencia o ausencia de dificultades en ciertos problemas. La taxonoma de los trastornos somestsicos est lejos de haberse desentrei'lado y su anatoma es materia de especulacin. No se ha superado la etapa de suponer que un hemisferio es dominante para ciertas tareas y que las controla bilateralmente mientras que el menos dominante liende a ejercer control unilateral. Tampoco se ha determinado el comn denominador de los defectos hallados en los diversos problemas de orientacin extrapersonal y de reconocimiento tctil, ni los componentes especificas atencionales que contribuyen a los desplaza- mientos, distorsiones, negligencia y extincin someslsicas. V. LASAGNOSIASAUOITIVAS Se definen como un deficiente reconocimiento de ruidos no verbales que no se justifica solamente por elevacin de umbrales auditivos, afasia, confusin, deterioro o inatencin. TericamenLe se han clasificado del siguiente modo: a) agnosia verbal o sordera para palabras (discutida en le captulo VI); b) agnosia auditiva en la que no se reconocen ruidos no verbales familiares (bocina de automvil, mugido de la vaca); c) amusia sensorial en la Que no se reconocen las melodlas y no se diferencian de sonidos no-armnicos; d) desrdenes unilaterales de la atencin auditiva, consislemes en extinguir los estimulas de un odo y en deficiente localizacin de la fuente del sonido. A. AGNOSIA AUDITIVA Como los dems cuadros agnsicos, el diagnstico de esta entidad se establece con base en deficiencias para reconocer la fuente de sonidos no verbales, desproporcionada respecto de otras perturbaciones ms leves. Seria excepcional una agnosia auditiva "pura" en ausencia de otras concomitantes neurolgicos. Existe un factor de prevalencia del hemisferio izquierdo en el procesamiento auditivo de :'ieales acsticas verbales y no-verbales. Se recordar que Lackner y col.. (1973) encontraron que los lesionados izquierdos, pero no los derechos, tienen umbrales de fusin de c1kks emitidos ante frecuencias ms bajos de lo que normalmente se req u iere para "fusi ooar" el sonido. S pinnler y col., (1966) grabaron di versos ruidos (disparo, sirena de ambulancia, trompeta, etc.,) y posteriormente, en una lmina con cuatro dibujos el paciente debla indicar a cul dibujo correspondla el ruido que acababa de oir (vgr., nio llorando), Los discriminantes incluian el dibujo de un beb llorando, de un sonido de la misma naturaleza pero de fuente diferente (hombre silbando), de una fuente semnticamente comn, pero fsicamente dtfete nl c- (c:t nto del gallo) y de una (uellte de sonido si n rlUl fisca o sl!m!ntica con el estmulo (l ocomotora) . Se supuso que los errores acsticos renejadan una difi cultad perceptu31 y que los errores semnticos reflejarian un trastorno lo que se confirm ya que los les ionados izquierdos (con o sin afasia) cometian mas errores de lipa semnlico. Los lesionados derechos mostraban una leve tendencia a cometer etrores (confu ndir el canto de! gallo con el grito del njM). Asl, el significado biolgico o aprendido que un sonido pueda tener e. .. lmportanfe en el modo cmo el .:erebro lo procesa, Si se recuerda que ciert os afsicos tienen dificultades para comprender el significado de la pantomima (Varney, 1982) y de ciertas secuencias VIsuales no verbales (Wayland y col. , 1982), no sera de exlrai\ar que tambin presenten dificultades en la inlerpretacin de aspeCTOS no verbales de los sonidos. Estos trastornos se relacionarlan con una merma general para descodificar sei'lales, (\'erbales o no verbales). Como lo sel'l ala feyereisen y col .. (1982), la afasia interferirla con la recepcin e loterprelacin de estmulos 00 v( rbales debido a una merma en su competencia lioglstica. A partir de informes de caso (Miceli. 1982; Van Slockert. 1982), se ha sugerido que la " jmperccpcin para sonidos del lenguaje" se acampana de trastornos en la descodificacin fonolgica de consonantes oclusivas y del lugar de la articulacin, lo que podra exacerbarse por moderada prdida auditi va. Da la impresin de que los pacientes con agnosia auditiva difieren entre si notablemente ya que sus dificultades a veces se inclinan ms hada el aspecto pcrceplivo-fonolgicQ (Miceli', 1982; Van Stockert. 1982) y :'1 veces se indinan mas hacia el aspecto de descodificadn se mnt ica. Albert y eols., ( 1977) describen una agnosia de sonidos en un pollg.lota un ACV parieto-temporo-occipital derecho y posteri or izquierdo. Una vez acla- rado el cuadro afsico inici al. se observ una Jificullad para comprender palabras aisladas (el contexto de la frase ayuda a la comprensin), leve disprosodia y una severa dificultad para reconocer l a fueme de diversos sonidos. Consistentemente extinguia las sei'lal es dict jcas que llegaban a su oido izquierdo (independientemente de su calidad verbal). Tambin haba una leve prdida audiomlrica para frecuen cias altas, 10 que, en s, no explicaba el dHicit. El problema parecia radi car en una deficiente relacin entre los sonidos percibidos y sus correlatos cognitivos. Como en la mayoria de estas agnosias. se presentaba una lesin bilateral. Los escasos eStudios sobre agnosia auditiva son poco detallados. posiblemente por la sobreposicin funci onal y anatmica con los sistemas ling!stieos y por la Ya riedad de lesiones que ocasionan "imperctpcin" auditiya. Estos pacientes parecen padecer de ciertas deficiencias discriminativas complejas (Miceli , 1982; Van $tockert, 1982). Cuando el es tado de conciencia y la anosognosia que suele acampa fiar estos trastornos lo permite, los sujecos informan percibir los sonidos como "opacos" o con un ruido de fondo Que les impide percibir el sonido importante (o sea. son incapaces de realzar la figura perceptual sobre el fond o). la percepcin de sonidos complej os es un proceso no unitario que requiere de una integracin muy elaborada de patrones temporales transi torios, adems de fact.ores de categorizacin cogniti va que permitan relacionar el sonido con su fuente. Aunque la agnosia auditi- 291 \la puede darse por lesiones unilaterales en cualquier hemsferio, parece ser ms rrecuente tras lesiones izquierdas (VignoJo, J969) . B. AMUSIAS InCormes ocasionales de prdida del sentido musical en sujetos entrenados musicalmente indican en muchos (pero no en todos) los casos, cuadros de afasia en resoluc.in. Una extensa revisin histrica de la literalUra al respeelO de SruSI (1980) indica que se han descrito 12S casos de aCasia sin amusia, 07 de afasia con amusia y 13 de amusia sin afasia (la mayoria de los cuales su frian de lesiones derechas o talmic:as). La naturaleza de estos desrdenes es compleja ya que intervienen factores lingsticos netamente lateralizados hacia d hemisferio izquierdo (nolacin musical , memoria de partituras y de nombres de piezas musicales, diccin al cantar, etc.) y olros Cactores de tipo armnico, no verbales. Las habilidades necesarias para una ejecucin musical son muy variadas y pueden deteriorarse aisladamente tras lesiones cerebrales. AsI, Brust (1980) informa de un caso de afasia de comprensin con jerga recuperada, durante la cual se: conserv plenamente el sentido de la apreciacin musical , aunque no asIla diccin o la capacidad de transcribir msica, En cambio, otro caso presentaba afasia de conduccin recuperada, con prdida del sentido musical y experiencia subjeti va "desagradable" al oir musica. Aqui tambien Intervienen factores de aprendizaje; los limi tes entre lo Que para cierta persona es o no msica, son indefinidos. Incluso para occidentales relativamente sofisticados, no siempre es fci l determinar si un conci erto de msica electrnica o de nautas amazni cas es ruido, maquinaria o msica. Con cierta experiencia y exposicin a dichos estimulas , resalta la cal idad rtmica o armnica y la secuencia se aprehende entoncr s como msica. Adems. cua ndo se trata de evaluar las habilidades musicales (o su prdida) surge el problema de la validez de las prurbas "psicolgicas" de habilidades Asl, en numerosos estudios de laleralldad hemisfr ica para la msica, se toman algunas de las pruebas de la balera de habilidades musicales de Seashore. Henson y cot., (1982) admi ni scraron esta baterla a 21 msicos prominentes de una orquesta internacional con el resultado de que los percentiles obtenidos por estos artistas en dichas sub-pruebas oscilaban entre el pertentil 99 y el 37! . AsI pues, no necesariamente, cuando en psicologja se habla de msica, se est hablando en realidad de la capacidad artlSlica para ejecutArla, Los experimentos mencionados en los capitulas IV y VI sobre audicin revelan la preferencia del hemsfrrio izquierdo o derecho por ciertos COmponentes auditivos , Mlner (1962) administr a pacientes con excisiones temporales derechas e izquierdas parle de la mencionada baleria Seashore. Las pruebas consisten en discriminar entre dos tonos presentados en estrecha sucesin cul es el ms agudo (IODO). el ms inten- so (volumen), el ms largo (lempo), asi como si difieren en rtlmo y timbre (estructura armnica). Tambin evalu memoria tonal (discriminar si. de dos patrones meldicos senci llos compuestos por tres o cuatro notas, alguno direrfa en 292 alguna nota). Las lesiones temporales derechas afectaban particularmente la discriminacin de volumen; timbre y memoria tonal, pero, como se vio ms arriba, esto no n:esariamente indica perdida de la 'musicalidad" idiosincrtica y artistica. Kimura (1964) hall que las melodlas dicticas se ret:onocen mejor en el oldo izquierdo que en el derecho. Los operados temporales derechos son inferiores a los operados izquierdos en las pruebas con melodas dic6ticas, lo que pone de manifiesto que buena parte de los aspeclos fisicos de una melodla se procesan en el hemisferio derech (Shan k weiler, 1966). Asimismo, los lesionados derechos con lesiones anteriores manifiestan trastornos para discriminar el tono de una frase musical y, en general, todos los lesionados derechos tienen dificultades para discriminar elementos auditivos de series musicales. particularmente el ritmo y la es truclUra musical (Shapiro y cols., 1981). Pero se sabe que el procesamiento audltivo complej(\ (musical o verbal) es funcin de ambos hemisferios. La interaccin se revela con particular prominencia en los efectos diferenciales obtenidos para analizar diversos aspectos de elementos auditivos: prevalencia del hemisferio derecho para procesar contornos armnicos y probablemente ciertos componentes acsticos propios de la msica (acordes, fundameniales y armnicos levemente diferentes de los del habla, as como transiciones de larga duracin); y prevalencia del hemisferio izquierdo para extraer la estructura armnica de la meloda, marcar los compases y reconocer el "lenguaje musical". As, tanto los lesionados hemisfricos derechos como los izquierdos (particularmente los afsicos expresivos) encuentran severas dificultades para decidir si una frase musical difiere o no de una segunda serie. Los lesionados derechos se basan ms en el "tono afectivo" para reconocer la meloda y los lesionados izquierdos se basan ms en la secuencia lineal de la frase. pew obviameme estos procesos aislados no son efectivos y el resultado global es una merma similar en estas tareas en ambos tipos de lesionados (Grossman y cols., 1981). Posiblemente por ello, las "amusias". en general, se han asociado a lesiones izquierdas o bilaterales pero tambin, en ocasiones. a lesiones derechas. C. DESORDENES UN/LA TERALES DE LA A UD/CION Shankweiler (1966) sugiri que el hemisferio derecho sera dominante para localizar sonidos. Posteriormente. Klingon y cols.. (I969) encontraron Que la localizacin del sonido dependla del hemisferio contralateraJ a la fuente del sonido y que no era una funci6n lateralizante. Se ha sugerido que los defectos para localizar sonidos en el hemisferio contralateral y la oclusin del oido contralateral en paradigmas dic6ticos serian formas de negligencia unilateral por defectos atencionales (Heilman y col.. 1977; t 974). Pero los dficits para localizar la fuente del sortido no guardan relacin con la presencia o ausencia de fenmenos de extincin o de negligencia (Ruff y cols., 1981). De ser cierta la hiptesis de Heilman, se debera invocar una forma subclnica de hemi-negligencia. Se ha encontrado, al respecto, que los fenmenos de defecluosa localizacin en el hemisferio contralateral en la modalidad auditiva son ms frecuentes tras lesion'es derechas (Altman y cols., 1979). La localizacin del sonido tras choques elctricos unilaterales se afecta ms cuando stos son derechos Que cuando son izquierdos. Los choques derechos merman la capacidad de determinar la direccin aparente del movimiento de una fuente de sonido (con dos sei'lales auditivas cuya intensidad se variaba, lo que creaba el efecto de Que el sonido se desplazaba dentro de la cabeza, como sucede con audffonos estereofnicos) . Parece pues que las lesiones derechas a1teran ms Que las izquierdas la configuracin de la imagen merna del campo real acust ico. O sea, Que la representacin subjetiva del campo acustico no correspondera al campo fsico. El hemisferio derecho sera el responsable de relacionar el campO flsico con su representacin interna. Esta perspectiva es interesante por cuanto equipara la agnosia espacial unilate.raJ con las agnosias "apcrceptivas" , El comuo denominador seria pues, una deficiente configuracin interna de relacione!i espacio-temporales a partir de dalos perceptuales. 294 TRASTORNOS DEL ESQUEMA CORPORAL lNTROO1JCC' ON " 10 vidi cerIO. ed ancor parch ';0 '/ vesgio, un busto san1.O copo andor sI come andollQflli o/tri de la triste greggia; e" ca po tronco tenea per le chiome. psol con mono Q guiso di lanterno; e que! mirovo noi. e aiceo; "Oh. me!" Di si locto o s ~ s/esso lucerna, ed eron due in uno e uno In due " . Vi, en e/telO. y me parece que an estoy viendo. un cuerpo sin c Q b ~ a . andando como los dems Que formaban aquella Irisle grey; asida por los cabellos y pendieme a guiso de linterna llevaba en una !nono Su cobelo carIado. la cual nor miraba, exclamando: "Ay de mI" Servlase de ella como de una 16mpara y eran dos en uno y uno en dos ". Danle, Infierno. C. XXVIII. Fredericks (1969) define el esquema corporal como "la percepcin espadal, perifrica, esquemticamente conciente, estructurada y plsticamente delimitada del propio cuerpo, ~ a cual se conSlru)'e con base eo informacin sensotlal (especialmente somestsica) previa y actual". El conodmienlo del propio ctlerpo y de sus miembros ha recibido considerable atencin en psicologa evolutiva, pscopatologja y neurolog'ia. Siendo uno de Jos pilares de la conciencia y de la identidad del ser, es uno de los aspectos ms desconocidos experimentalmenre y es un trmino que se presta a muhirud de conrusiones. Como sinnimos ms o menos equivalentes a "es quema corporal", se utilizan tambien los vocablos de: imagen corporal, concepto corporal, somatog'nosia, modelo poslural , somatopsique, imagen corporal del ' ego' . etc. Con mayor o menos connotacin cognitiva y/ o neurolgica, todos se rerieren al conocimiento del propio cuerpo desde el punto de vista sensorial, motor y cognitivo. En 1926, Pick Y Head (cita H c a e n ~ 1978) usaron por primera vez el trmino de esqUema corporal, para indicar los mecanismos cerebrales subyacentes al modo Cmo la experiencia sensorial se conrigura en una estructura espacial que corresponde a los limites del propio cuerpo. Posteriormente Piaget (1955) se refiri a los "esquemas" como a un conjunto de operaciones menrales que culminan en la lgica. Se trata de un concepto mucho ms amplio que el de "esquema corporal" 'i abarca el concepto moderno de coalicin ya que se refiere a la accin de los miembros en un momento dado ante un contexto dado (ver Cap. VIII). Se sabe que algunas parles del cuerpo ' resallan" ms que Otras, lo que depende, en primera nstancia, de la inervacin somestsica y de la relaC"in entre clulas corticales y talmicas y rea inervada. Uno de los aspectos menos mencionados al respecto es el de los sistemas talmico-corticales difusos. En el Cap. 11 se vio que la corteza puede modular su propia entrada sensorial inhibiendo la rormacin reticulada del tallo y tlamo. El cerebelo tambin seria crucial para enviar a los hemisrerios la infonnacin pertinente acerca de la programacin motora y de las decisiones por tomarse en medula espinal (Llins, 1974). El manejo y conocimiento del propio cuerpo dependen estrechamente del estado postural yatencional general que activarlan. entfe otras, las zonas paleocorLicales lmbkas. Junto con Jos sistemas patieto-rrontales que inlegran la accin por efectuarse. estos 5istemas conreririan significado a los miembros como instrumentos independientes de accin sobre el medio y ,sobre el propio cuerpo. A nivel humano el esquema corporal adquiere la dimensin semntica. A travs del lenguaje las diversas partes del cuerpo se individualizan, adquieren carcter propIo y pueden tratarse como objeto y como sujet o. Como en las dems actividades humanas. la estructuracin del esquema corporal es un proceso y no una memoria esttica, basado parcialmente en el lxico semntico. Tambin. se basara en la alta direrenciacin de las operaciones de retribucin de memori a de estos complejos esquemas di nmicos sensorio-motores. A este nivel surgen diferencias hemisrricas en cuanto al procesamiento de los datos relativos al esquema corporal El hemisferio izquierdo parece establecer relaciones lgkas y semnticas (nombres, campos semn ti cos de los miembros, coordenadas cartesianas de "arriba-abajo" 296 "derecha-izquierda", etc.). No es de extrai\ar que el afsico no reconozca o denomine partes de su cuerpo o no realice los giros menlales para determinar las coordenadas respecto de di versos puntos de vista. En este caso, se trata de un traStorno cognitivo-semntico que afecta las relaciones anal1ticas y geomtricas del cuerpo como proceso dinmico yen cominua nter-accin con el medio (a di versos niveles enceflicos y medulares). Al observar los tanteos y vacilaciones de pacienlts con traSl ornos en el esquema corporal, podria especularse que los terminas de orienlacin relativa respecto de ellos mismos han perdido parte de su especificidad. Seria un ni vel de disolucin en el cual el cuerpo se amalgamada parcialmente con el exterior (tal como sucede con el njliO pequeilo). las lesiones derechas. por su parte. conllevan un desconocimiento de las relaciones enlre el cuerpo 'i el espacio inmediatamente ci rcundan,te; es como si estos pacientes no supieran " dnde" caben o dnde termina un miembro y comienza el espacio ext erior. Las especulaciones de Piaget, sin ser demostraciones experimentales, permiten conceptuaHzar , a ni vel heuristico, el esquema corporal COmO una integracin de patrones elementales sensorio-motores, enlazados entre s. que permiten una percepcin coherente del espacio afectado por la accin del sujeto. Tal como se emplea en neuropsicologa, el termino implica, hasta cierto punto, conocimiento del \!uerpo como objeto y sujeto si multneo. En esto ultimo se diferenciara del nivel de representacin del animal. en el que probablemente fa diferenciacin del cuerpo en objeto y sujeto no es clara. El esquema corporal se refiere, pues, al conj unto de operaciones menta les dinmicas medi ant e las cuales el indi viduo conoce exactameme los limites de su cuerpo en el espacio inmediato, se visualiza como un " cominente de si mismo" y reconoce los alcances y efectos de sus acciones sobre el espacio y sobre su propio cuerpo. Con el lenguaje y ias transformaciones que ste conlleva, los "esquemas operativos" adquieren [anla flexibilidad y estabilidad que Piaget los denomina "estructuras" . Estas permiten operaciones lgicas y transformaciones de grupos con posibilidad de inversiones,! negaciones mentales, bsicas para una imagen plstica y equilibrada del cuerpo en el espacio. 1. DESORDENES DEL ESQUEMA CORPORAL Tambien conoci dos como signos "apraclognsicos" , termi no que impJica una perturbacin en la configuracin cognitiva del mundo externo en relacin directa con la accin deliberada . Serian tras tornos en las relaciones del cuerpo en accin, y ~ e agrupan signos multimodales y supramodales asi como trastornOS de la perccp'ci6n Y de la accin, La enumeracin y rotuJaci6n de estas perturbaciones no es constante entre autores , pero como no se trata de verdaderas clasificaciones lgicas, estas diferencias no son substanciales siempre y cuando se sepan detectar los signos y conocer su significado y relativa prominencia respecto de los dems signos. 297 A. EXAMEN La evaluacin del esquema corporal implica aspectos verbales y aspectos prcticos, viso-espaciales, gnsticos y atencionales. A continuacin se ilustra parte de la batera tomada del estudio de Sauguet y cals., (1971) para este examen. l. Conocimiento verbal y conceptual de las diversas partes del cuerpo. Se examina la orientacin del paciente respecto de su propio cuerpo, del exami- nador y del de un dibujo, as como su orientacin en el eje horizontal (derecha- izquierda), la cual comprende: a. Orientacin derecha izquierda personal: se evala el reconocimienlO de la derecha-izquierda sobre el propio cuerpo, sin cruzar la lnea media ("con su mano derecha seftale su ojo derecho"), cruzando la lnea media ("con su mano derecha seale su ojo izquierdo") y haciendo inversiones mentales para hallar la derecha- izquierda del examinador situado frente al sujeto. b. Orientacin derecha-izquierda extra-personal: con unos seis u ocho objetos familiares, se evala la capacidad de "des-centrarse" de su propio eje y de asumir puntos de vista extra-personajes ("coloque el plato a la izquierda del espejo"). l'. Denominacin de dedos sealados por el examinador. d. Reconocimiento de dedos denominado$ por el examinador: se efecta ante rdenes como: "mustreme el ndice de su mano derecha". e. Reconocimiento de dedos por nmeros: con un diagrama de dos manos extendidas y con los respectivos dedos numerados, el paciente debe indicar sobre la lamina qu dedo le estimul el examinador detrs de una pantalla. 2. Aulololloagnosia Para tal efecto, se evalan deficiencias en el reconocimiento e identificacin de las diversas partes del cuerpo (pelo, boca, brazos, elc.) tantO sobre el sujeto como sobre el examinador o sobre un dibujo. Tambin se evala el reconocimiento de partes del cuerpo de un animal. La Tabla X - I ilustra un cuestionario utiJ en eliD ica neu ropsicol gica para valorar estos trastornos. N o se j U5 ti fica ap licar lodo el eues lionario atados los pacientes. Se aplicarla. por ejemplo, a un paciente no confuso y sin afasia severa quien manifestara severos trastornos en ei reconocimiento derecha-izquierda o en el manejo de su propio cuerpo. 298
CUESTIONA R/O DE A UTO TOPOA GNOSIA Dtbe reconocer prlmoo en $" propio cuerpo y luelO m el del uamlnodor. ku partes nombradas por el examinador, FinaJnrente debe tocarse por Imitacin. "' parte det cuerpo Indic"da por el uam'TUldor. l. Nariz. 2, Mano doeclul ), RodUIa3 4, Pelo 5. Dientes OrejflS Frente Ojos Hombr(JJ 6. 1. 8. 9. 10, Tobillo 11, MejiUa J 2. Quijada 13, Boca 14. Codo 15. /ndice de su mano derecha 16. Pulgar de su mano iz.quierda 17. Meique de mi mano derecha 18. Indice de mi mano ORIENTA CION DERECHA /ZQUIERDA Debe obedecer rdenes como: A. l. Con su mmJo derecha setlale su ojo deTtcho 2. Con su mano Izquierda smal su hombro izquierdo Con su mano deucha uak su ojo izquierdo 4. Con su mano derecha selJ mi mtufQ l1.qulerda 5. Con su mano /zqulerdll selak mi mano derecho 3. Aspectos vlso-espacl&les y prctJcos DO verbllles Se trata de aspectos bastante complejos y dificiles de examinar directa y objeti. vamente. A continuacin se ilustra el tipo de evaluacin que detecta deficiencias en el reconocimiento visual y propioceptivo de las posiciones relativas de los dedos. To das las pruebas mencionadas se realizan tras una pantalla (Kinsbourne y col., 1962). Las pruebas consisten en: 1) lOcar simultneamente dos dedos. El paciente debe de- cir cuntos dedos haba interpuestos entre los que se le estimularon; 2) tocar dos dedos en dos sitios. El paciente dice si percibi la estimulacin en uno o en dos de dos; 3) tocar dos dedos introduciendo una barra o caja de cerillas entre dos dedos. El paciente debe decir si lo estimularon con una o con dos cajas (o sea, si sinti entre dos o entre cuatro dedos). Tambin puede tomar en su mano un bloque con pro montoros como el de la figura X-I y seflaJar, entre otros cuatro bloques, cul fue el que toc. Respecto de otros defectos relativos a la orientacin del cuerpo, en muchos casos, con preguntas adecuadas, se obtiene la informacin necesaria de los familiares o del servicio de enfermera. Es importante averiguar, por ejemplo, si hay dificultades para vestirse, peinarse, lavarse los djentes. etc., as! como si estas actividades se realimn simtricamente, ClInicamente es importante examinar la FIGURA X- l . Tarea de ftICOnod miento de la e8timuJaci60 digi tal. El 9ujeto debe declT ai tilm. uno o (\08 cubos Mue los d!:!d08 y sealar enu-e qu dedos los tenia_ AllimilI mo debe recollOC& el patrn de estim\l- lacin que corresponda al que tuvo entro su mano. conciencia que el enfermo tenga de su defecto motor o sensorial as! como la atendn y pronto reconocimiento de su cuerpo y del del exami nador , En estados de "des-difere nciacin", el pacienle puede utilizar sus propios miembros como si fueran objelos. As, un joven pintor con un hematoma en circunvol ucin angular izquierda, al dibujar un cuadrado. desech ellpiz, tom su {ndice entre el pulgar y el dedo medio y 1rat de esbozar un dibujo, extranado porque el lpiz " no escribla" , 8. DESCRIPC/ON DE LOS TRASTORNOS A PRACTOGNOSICOS Estos cuadros pueden agruparse bajo los sigui entes rtulos: 1. Sindrome de negligencia contralalcral o hemi-asomalognosia (con o sin anosognosia). 2. AlJ lotopoagnosia, desorientacin derecha-izquierda y agnosia digital . 3. Sndrome de Gerstmano. 2. Sindrome de contnlateral Se trala de un complej o de signos y sin tomas que se agrupan en diversas combi- natione!; de defectos tan variados como la extincin (que no es un fenmeno propia- mente de negligencia), inatencin unilateral, agnosia hemi-espacial, apra"lia hemi- e.!o pacial y amorfo- ,intesis. Se presenta en esta !;eccin como \.ln fenmeno separado, no porque en realidad conforme un sindrome en si sino pcr claridad de exposicin_ De hecho. lo mas frecuente es encontrar de 5ignos coo mayor o me- nor prominencia. los cuales no se presentan necesanamente junIos. no afectan por igual [Odas las modalidades y pueden oscilar de dla a dia (Friedland y col . , 1977). En los capitulas de agnosias y apraxias se comentaron ya los fenmenos de extincin, aloestesia y negligencia espacial unilateral Que pueden acompallar dichos trastornos. 300 a, unilateral de{cuerpo: ciertos paC'ieOles olvidan o no reconocen como propios sus miembros. En la mayorla de estos casos, se trata miembros part icos o con dficits sensoriales, pero ocasionalmente se presentan en pacientes sin estos dficits, Al pedirles Que muevan el brazo afectado, mueven el miembro sano y declaran haber cumplido la orden, Puede haber perplejidad, con sensaciones de extrai\eza a la vista del miembro "omitido" . Una andana con demencia senil sbitamente se sobresalt y se agit6. Momentos despus, disculpndose, manifest: .. . .. tan boba, vi una cosa rara; como que me colgaba algo raro y no me haba dado cuenta de que era mi brazo" , Otra paciente con un ACV derecho hacia tres alias y excelente recuperacin presemaba Jo que pareelan ser fenmenos parox.sticos y deca que, durame segundos: , ... el brazo izquierdo se me si vaya coger algo y ya tengo la mano derecha ocupada, no s cmo hacerlo, no encuentro con qu mano coger el objeto" . Otro paciente con demencia pre-senil vacilaba ante rdenes de reconocimiento dc su cuerpo y se Quedaba perplejo ante sus manos y las, de la e.uminadora cuando se le ordenaba tocarse sus manos. Ocasionalmente, al ver las manos de la exami nadora, preguntaba: .. sta si es mi mano? es como muy chiquita ... " , S610 ocasionalmeOle hay conciencia del defecto. El joven pinlor ya mencionado, perfectamente lucido respecto de sus defec tos. permaneci tres dlas en pnico (has ta que evacuaron el hematoma) porque: " ... no siento mios ni el brazo ni la pierna derechos ... es absurdo". La hemi paresis derecha no le importaba lamo como la " prdida" del hemicuerpo derecho. Como lodos estos defectos, la hemi -negJigencia de un lado del cuerpo es ms frecuente por Ie: siones derechas que izquierdas, por lo cual con frecuencia se alude a negli geneia de.! lado izquierdo, petO en contados casos, como el del artista, puede presen!arse por lesin izquierda, Tambin es fr ecuente en estados intermedios de demencia. b. negligencia espacial unilateral : los signos sensoriales mencionados se asocian a negli gencia para el hemi-espacio contralateral a la lesin. El paciente actua como si ni la mitad " olvidada" de su cuerpo, ni la mitad correspondiente del espacio existieran. Ya se han descrito (Cap. VII ) las ejecuciones espaciales de estos pacientes quienes exploran menos el hemi espacio contralateral. tropiezan contra obstculos situados en dicho campo, no prestan atencin a estos estimulas y en general, centran la accin y la atencin sobre el lado no afectado (como en la tarea de biseccin de lineas en que, consisteotemente, se desvan hacia la derecha al sei'l.a lar el punl O medio). Un profesor universitario fue a la crcel porque iRl em pasar con su auto por en medio de un aUlobus si tuado a su izquierda, y, en la aglomeracin posterior al accidente:, declar, muy' nervioso que habla visto las luces pero que no "se le hicieron importantes". Este fue el primer signo de una corta y fatal evolucin por glioblastoma en hemisferio derecho. La negligencia espacial unilateral se presenta con mayor frecuencia por lesiones derechas que izquierdas. 301 c. Ano_wgnosis: "Conoces (a bufona de mi esposa; ha permanecido en mi llagar, como carga deril'ada de una herenC;{l" , Ahora. esta pobre de esp{ritu sbitamente qued ciega. La historia parece ncrelble, pero fe aseguro que es verdadera. No sabe que est ciega, Se pasa el dio pidindole a la criada que la cambie de habitaciones; dice que todos los apartamentos le parecen oscuros", Sneca. Ad Lucifium Epislulae Morales. Esta estu-penda cita encontrada por Critchley (1953) ilustra los desrdenes atencionales y de negacin de un defecto sensorial O motor. Adems de omitir sensorial o matorameme un hemi-cuerpo. el paciente puede negar la prdida de la funcin. Pueden relacionarse con estados confusionales, pero no son consecuencia directa ni necesaria de stos. Es probable que la extensin, malignidad y edad del paciente sean variables de importancia en este signo. Cuando es concomitante con cegueras corticales, los pacientes se tamponan como si vieran, sin hacer alusin a su prdida y responden con irritadn a comentarios al respecro; los familiares con frecuencia interpretan esta actitud como "entereza" por parte del paciente y no se percatan del grado de confusin que este &igno conlleva, con lo cual todos entran en el delirio! En grados muy severos, puede manifestarse como confusin de la persona a quin pertenece un miembro. Ya se aludi al paciente que confunda su mano con la de la autora y se extrai'laba de lo pequena de sta. Hcaen (1972) cita una observacin de de Ajuriaguerra y col&" de una paciente de 66 anos con anosognosia total para la hemiplegia, quien insistia que el brazo afectado perteneca a la enfermera, e incluso dict una carta: ", .. estimada sei'lora, sera usted tan amable de venir al hospital de ViIlejuif para ver al respecto del brazo que us[ed sabe, que estaba cOnlra mi y cuya pre&encia no me explico, para que nos entendamos acerca de el. Usted se acordar que cuando yo estaba en el servicio, le deda a usted que su brazo estaba all, puesto que incluso habia una escara en el codo; hasta se cuid la escara y se le pusieron inyecciones intravenosas. Mejor venga 'i nos enlendemos". No todos los casos son tan espectaculares. A veces la anosognosia se revela en un tiempo de reaccin desmedido para reconocer partes del cuerpo o recordar el defecto. Ante preguntas del tipo de: "cmo va su brazo?" con frecuencia no saben a que brazo se refiere el examinador. Cale y cols., (1968) inyectaron anestsico local en el brazo contralateral a la lesin y encontraron que los anosognsicos negaban con mayor frecuencia que los no anosognsicos los efectos de la anestesia. 302 COMENTAllJO El sndrome de negligencia unilaleral con o si n anosognosia es ms frecuente (pero no exclusivo) por lesiones del hemisferio derecho (Luzzatti y cols., 1979: Heilman, 1979; Weinstein y col., 1963). Sin embargo, puede presentarse por lesIOnes izquierdas, casos en los que se asocia a jerga (la cual tambin implica aoosognosia). En pacientes j .... enes es muy poco fr('cuente y puede no asociarse a jerga aunque si se relaciona con lesiones retro-rolndicas (observaciones personales). Lo anterior sugiere Que las lesiones parieto-oc,cipitales ocasionan un desorden comn alcocianal en lo rderente a la evaluacin y comparacin de l o ~ programas cenlrales y ptriJericos (morfo-sntesis, en terminos de Denny-Brown) , La inatenci6n seria especifica para cada hemisferio y para cada hemi-c:ampo; inalencin y negacin de traSlornos emisivos 'j compresivos en el afsico con jerga (por lesin izquierda) e inalencin viso-espacial y somestesica por lesin derecha. Adems , los pacientes con negligencia izquierda (lesin derecha) muestran un decremento en la respuesta galvnica de piel en ambos l!idos del cuerpO, mientras que los anosogosic:os por lesin izquierda no muestran decrementos en di cha respuesta si no en el lado derecho (Heilman 1979). Asmismo, los tiempos de reaccin son mayores en anosognsicos izquierdos que en los derechos lo que corrobora la asi metria en el alertamiento hemisfrico que sirve la entrada de estimulas de un hemi-cuerpo y de un hemi-espacio (HeBmao y col., 1980). El modelo de lentificacin un-hemisfrica se complementa con el concepto de inhibicin exagerada por parte del hemisferio sano hacia el afectado, lo que contribuira a ocasionar los fenmenos de eXlincin ante la doble est imulacin y de aloestesias. En eStos casos, el hemisferio sano tiende a responder (Hconfabular". como se vio en los experimentos con comisurolomizados) cuando el que recibi la estimulaci6n mas promjnente fue el hemisferio lesionado. Adems tiende a presentarse una "hiper-alencin" hacia d lado correspondiente al hemisferio no afectado. lo que exagera an mas la nc=gligencia conlralaleral. O sea, la negligencia de un lado conlleva sobre-exploracin del ottO lado por probable ausencia de la inhibicin mutua nler-hemisfrica ejercida por ambos hemisferios respectivamente (Kinsbourne.1977) . Por QUa lado, debe considerarse la relacin entre el hemisferio activado ante una tarea dada y su mediacin en el procesamieOlo de estimulas en el campo espacial contralateral. Bowers y colo. (1980) aducen que el campo espacial cOnlralateral tendra una serie de estructuras subyacentes (enue otras, los sistemas ;mer relacionados con las reas parielales S )' 7, ya discutidas en el captnlo 11). l a ~ cuales "dividirian" el espacio externo con relacin al eje corporal verticaL en dos campos, derecho e izquierdo. Para esto se basaran en un sistema complejo de coordenadas especificas para cada hemIsferio y que contribuidan a levantar mapas topolgicos del campo contraleteral. Que la inter-accin hemicampo-hemicuerpo es evidente se demuestra porque, en general tanto en sujetos normales c.omo en lesionados, las mejores ejecuciones en cuanto a precisn de hallar el punto medio de JOJ una lnea (a la vista o simplemente palpada) se hallan cuando la mano izquierda trabaja en el campo espacial izquierdo. Cuando se e;l:igen ejecuciones cruzadas (mano izquierda en campo derecho o mano derecha en campo izquierdo), la precisin y los tiempos de reacn aumentan significalivamenle. A partir de lo anterior, Bowers y Heilman concluyen que la negligencia espacial podra interpretarse como un defecto en la iniciacin y ejecucin de un acto (percepwa! o prctico) en el campo con tralateral. N o se conoce de momento la raz de la asimetra derecha ni la razn por la cual las lesiones derechas ocasionan con mayor frecuencia que las izquierdas estos signos. Ciertos experimentos con animales pueden aclarar al respecto que la "hemi-negligencia" no es fenmeno puramente humano: mediante lesiones bioqumicas en el sislema ngro-estriado (por inyeccin de 6-hidroxi-do- pamina, agente que degenera los terminales dopaminrgicosl es factible obrener animales que solamente giran y dirigen su atencin hada el lado de la lesin (tal como los pacientes hemi-inatentos) (Ungerstedt, 1974). Se han descrito sindromes de hemj-inatendn en humanos por lesiones en circuitos lmbicos centro-enceflicos (Damasio y cols., 1980; Weinstein y cols., 1955) as como por lesiones lalmicas intralaminares (Watson y cols., 1981). En animales, es posible producir sindromes de hemi-inatencin por lesiones en tallo que afecten los lemniscos (Sprague y cals., 1961). Este hallazgo es congruente con el modelo de Watson, Heilman y su escuela en el sentido de que el sistema activante talmico seria el que mediaria el sistema para prepararse para la accin, mientras que el sistema mesenceflico-taJmico mediaria la atencin tnica o sostenida. As pues, tanto lesiones en hemisferios como en tallo (quirrgicas o bioqumicas) pueden ocasionar defectos severos en la orientacin hacia determinado hemi-espacio y hemkuerpo y en la atencin prestada a ciertos estmulos lateralizados. El eje estara mediado por varios sistemas motores y sensoriales (por lo cual pueden verse cuadros disociados con hemi-negiigencia predominantemente motora y otros con heminegligencia predominantemente sensorial). Bsicamente, el sistema de atencin selectiva fsica (preparacin pata la accin) estara servido por las conexiones entre el nueleo reticular del tlamo (cuya estimulacin inhibe las respuestas evocadas en corteza) y el sistema fronto-cortical. Por otro lado, el sistema de alertamiento tnico estara mediado por la formacin reticulada de mesencfalo y el ncleo centromediano y reticular del tlamo a travs de sus conexiones con los ncleos motores talmicos y el sistema estriado as como con la corteza cingulada, que como ya se vio en capitulas pasados, juega un papel predominante en las implicaciones motivacionales para iniciar la accin (Watson y cols., 1981). Se ha sealado repetidamente que la indiferencia de los lesionados derechos ante sus defectos es un signo diferencial comparado con [a depresin de las lesiones izquierdas, lo que se ha interpretado como una asimetra en la integracin emocional. Sin embargo, la reaccin catastrfica no es exclusiva de las lesiones izquierdas y, por otro lado, los afsicos con jerga parecen indiferentes a su afasia. e incluso dan muestras de maria, agitacin o placidez. En vista de lo anterior urgen estudios que controlen el tipo y localizacin de la lesin, la edad del paciente y los 304 signos alendonales asociados a los traslornos sensoriomotores o cognitivos de un hemicuerpo en relaci6n con su correspondiente hemie-spacio. 2. U(otopoagnosia, desori entacin derh" izquierda)' agnosla de dedos Autotopoagnosia es la dificultad para denominar y/o reconocer partes del pro- pio cuerpo o del cuerpo del examinador en aUsencia de afasia y otros signos mentales que expliquen por si solos el defectoJ. La_ presencia de signos autotopoagn6sicos depende del modo de formular las preguntas y del tipo de respuesta exigida (verbal, motora, elc.). Por tanto puede impUcar defectos semnticos. gnsicos y/ o prcticos e-implicar funciones especificas de uno u aLTO hemisferio . El examen al respecto se- describe en la pgina 290. La desorientacin dereeha izquierda se asocia a confu sin apraxia const ructiva y agnosia de dedos cuando se evala coo preguntas verba les (Senton, 1961. 1959; Critchley. 1953). En ausencia de confusi6n tiende a asociar se a afasias de predominio comprensivo. Desgraciadamente las tareas disenadas pa ra evaluarl a son tan variadas que cualquier lesionado cerebral puede falJarlas o mos- trar lel1titud )' vacilaciones anormales por diversas motivos . Por agnosia digital se enti ende el conocimiento de las posiciones. identidades y nombres de los dedos como instrumentos de acci6n que pueden activarse independientemente pero que se hallan en inextricable relacin unos respecto de los Otros. Se ha propuesto que los dedos serian las parles del cuerpO mas diferenciadas somatosensoria 'J cognitivamente (Kinsbourne y col.. 1962). a. _lkterminantes somatosmsorios: ~ g n Benton (1968) la discriminaci6n dercchaMizQui erda se basa en complejos procesos somatosensorios y lingislicos. El aspecto somalosensorio se referiria a un supueslo patrn asimtrico de sei\ales somes'tsicas y propioceplivas que llegan a cada hemisferio. el cual probablemente tiene su origen en las asimelrias primitivas Que parecen existir en el oeonato (Meleki an, 198 1; Turckewiu. 1977). Estas asimetras en el reflejo de orientacin conformaran posteriormente el gradiente derecha-izquierda, parte integranle del "esquema corpora' " y de la preferencia manual. Es uno de los aspectos ms lentos en desarrollarse (hasta tos 89 aflOs de edad) mient ras que los gradientes arriba-abajo y adelante-alrs emergen antes (hacia los 4 ai'tos de edad), y no parecen implicar sino un mnimo procesam;emo cognitivo. 5610 los retardados menlales severos faJlan discriminaciones del eje "arribaabajo" . En eambio el adecuado re<:onocimiento derecha-izquierda (con inversiones respecto del sujeto), correlaciona estrechamente con el coeficient e intelectual en los ninos. b. Deluminllntt!s cognWI'o-sem4nticos: la discriminaci6n derecha M i2quierda implica lambin factores cognitivbs y simblicos que correlacionan con el nivel intelectual, particularment e cuando se: exigen Inversiones mentales (vgr: " con su mano dereeha. sel'lale mi ojo izquierdo"). En cambi o los retardados mentales hemiplgicos (de nacimiento) discriminan normalmente el eje derecha-izquierda, posiblememe porque la diferencia en la esrimulaci6n sornestsica aferente es tan marcada en las hemiplegias que ambos miembros e$h'l n ruertemente diferenciados (Benton, 1968). 305 c. A uttJtopoognosia, ognosl digital, desorientacin derecha Izquierda y lateral1.a- ci6n d, lo 'esin: como se dijo, estos no son signos unitarios y su aparidn depende en parte del modo de evaluarlos, lo que puede poner de relieve compo- nentes funcionales muy diversos. La agnosia digital implica que la mano ha perdido parte de su alta diferenciacin conceptual y/o sensorial y que se emplea slo como instrumento de preusin global y masiva, pero no diferenciada e independiente. Tal como la autotopoagnosia, la agnosia digital se asocia a afasia comprensiva cuando se evala verbalmente o en tareas que implican rotaciones sobre el eje horizontal. La denominacin e idemifkacin de dedos correlaciona con la capacidad lingstica, medida segn bateras de afasia. En cambio, las pruebas no verbales (imitar posiciones digitales) tienden a asociarse a lesiones derechas. Sin embargo, para Kinsbourne y col., (1962) las ejecuciones deficientes en tareas no verbales de gnosis digital indican signos asociados a lesiones reuo-rolndicas izquierdas. En dicho estudio. los lesionados sin afasia fallaban los tests no verbales del cuestionario, mientras que los afasicos fallaban el test verbal. Estos autores piensan pues, que la agnosia de dedos es un signo aislado que detecta una serie de funciones unitarias dependientes del lbulo pariera! izquierdo. Sin embargo. ltimamente se ha encontrado que estos tests no indican lateralizacin de la lesin por ser extremadamente complejos en cuanto a las demandas de respuesta. Lefford y cols., (1974) encuentran que la identificacin de dedos sobre un modelo dibujado correlaciona con afasia o con demencia y que, en general mide pensamiento abstracto. Con una batera de 80 tems de toda suerte y con sujetos normales, Sentan (1961) encontr deficiencias en un 25010 de los lesionados cerebrales, sin ninguna lendencia a la lateralizacin (o sea, no se observaban patrones de respuestas segn la lateralizacin del darla). As! pues, una bateria tan extensa como sta no era sino medianamente sensible a la presencia de lesin cerebral. Gainotti y cols., (1972) observaron que los lesionados derechos con agnmia digital mostraban deterioro intelectual y los izquierdos tenan afasia, lo cual concuerda con el estudio de Sauguet y cols., (1971). Parece ser pues Que el hallazgo de agnosia digital correlaciona con un decremento en el potencial intelectual general, sin ms implicaciones de localizacin. 3. El slndrome de Gerstmann Consiste en la combinacin de agrafia, acalculia, desorientacin derecha- izquierda y agnosia digital, y segn Gerstmann, indicara la presencia de una lesin parietal posterior izquierda (zona angular). Posteriores autores adhirieron a la concepcin original de Gerstmann (1924) referente al valor localizante de estos signos que indicaban un trastorno en el esquema corporal cuya "representacin" se localizaba en las zonas angulares izquierdas. Kinsbourne y co\., (1962) corroboran esta impresin y separan definitivamente el concepto de signos afsicos de signos parietales sin afa"ia. Oiferen<:an la agrafia y la agnosia digital ocasionada por afasia y por lesin parietal. En este ltimo caso, la agrafia se caracteriza por dificuJtades prominentes en ordenar y asignar las secuencias 306 adecuadas de las letras. y la agnosia digital por las dificultades "no verbaJes" para reconocer las respectivas posiciones de los dedos y la estimulacin somestsica y propioceptiva sobre estos. Esta premisa suponl.a que la agnosia digital propiamente dicha era independiente de los sistemas llnglsticos y que se relacionarla con perturbaciones en el orden y secuencia espacial al mover los dedos, y por tanto con trastornos en el "esq uerna corporal" . Repetidamente se ha seftalado que el esquema corporal no es un concepto urutario ni una memoria esttica almacenada en algn lugar focalizado. Se le concibe como una serie de operaciones complejas y en constante ioter-relacin interna y externa que permite diferenciar las diversas partes del cuerpo entre si y a su vez, el cuerpo del espacio circundante. Por tanto mal pueden "localizarse" en alguna zona particular. Otro punto que dificulta unificar el concepto de esquema corporal es el de que la mayora de las tareas para evaluar este conocimiento son tan variadas e implican tantas operaciones cognitivas verbales y no verbales que difldlmente pueden medir un concepto unitario. Por esto, pacientes con lesiones enceflicas muy diferentes pueden fallar estas pruebas por motivos muy diversos. Simplemente las tareas son tan dispares que detectan defectos muy generales como "enlentecimiento" o "deterioro" (Heimburger y cols., 1964), Ya se vi, por ejemplo, que ciertos lesionados derechos pueden presentar agrafia y acalculia por incapacidad de organizar el trazado grfico en el espacio del papel, pero no por defectos cognitivos propiamente dichos. El primero en poner en duda el valor diagnstico y la existencia misma del sindrome de Gerstmann en si fue Benton (1961). Basndose en que los signos que definen este sindrome son vagos y dispares, Benton esrudi 100 pacientes con lesiones uni-hemisfricas y correlacion entre si los puntajes en las siguientes pruebas: l) orientacin derecha-izquierda 2) reconocimiento digital 3) clculo 4) escritura 5) praxis constructiva 6) lectura 7) memoria visual verbal y no verbal. Estas siete tareas correlacionaban entre s de igual modo, sin tendencia a mostrar el conglomerado de Gerslmann (que, estadsticamente, consistira en que los pacientes con bajos puntajes en tres o cuatro de los primeros tests tuvieran puntajes normales en los ltimos tres y vice-versa). En el estudio de Benton, si un paciente mostraba tres de los signos de Gerstmann tambin lenfa puntajes deficitarios en los ultimas lres test. Los casos con los cuatro signos de Gerstmann en general eran afsicos severos o pacientes confusos. Heimburger y cols., (1964) estudiaron 456 pacientes cerebrales, de los cuales 11 t tenian al menos un signo, y 24 presentaban la constelacin completa de Gerstmann. Veintitrs de estos ltimos eran afsicos severos y sufrian de lesiones expansivas y malignas. El valor localizante de la presencia de 3 4 signos de Gerstmann era el mismo que el de la afasia o la hemiparesis derecha y el hecho de presentar el conglomerado completo correlacionaba en grado altisimo con la extensin y malignidad de la lesin. J unto con Benton se concluy que este sindrome carecfa de existencia real en si y que no indicaba sino severa afasia o deterioro y que por lo tanto era secundario a 307 perturbaciones cognitivas y gnstieas ms generales. Admitir que un conglomerado tal existiera en forma aislada equivaldrla a reconocer la existencia de funciones especificas y superpuestas, relacionadas con el conocimiento digital, la discriminacin derecha-izquierda, el clculo y la escritura, procesos stos tan dispares que no se concibe muy bien cmo pudieran disponer de "mecanismos" subyacentes comunes, con una representacin cortical muy definida (zona angular). Uhimamente, la contienda se ha reavivado a la luz de un informe de caso de Stru b y col., (1974) Y Geschwind y col., (1975) de una paciente con los cuatro signos de Gerstmann no afsica y no confusa en la primera evaluacin. Sin embargo, stos no eran los unicos signos de esta anciana con un diagnstico presuntivo de demencia senil. Tambin mostraba apraxia del vestir, desorientacin geogrfica y severas di ficultades en praxis constructi \'a, lo que recuerda el hallazgo de Benton (1961) Y de Kinsbourne y col., (1962) de que la agnosia digital correlaciona con praxis constructiva en un grado equivalente a la correlacin con los otros tres signos de Gerstmann. Semon (1977) aduce que este caso tampoco se ci!\e a la definicin del sndrome de Gerstmann, por presentar signos adicionales de desorientacin espacial, apraxia y agnosia visual, todos los cuales adems, parecan secundarios a un empobrecimiento general conceptual. Benton parece cerrar por el momento la discusin con la premisa muy clara de que, efectivamente, los cuatro signos de Gerstmann pueden no asociarse a afasia o confusin, pero que entonces se asocian a otros dficits de orientacin personal y extra-personal. En estos casos habrla una desorganizacin cognitiva de base que determinarla la presencia de los signos (de Gerstmann y otros). El valor localizante de tres o cuatro de dichos signos es ms o menos el mismo que el de la agrafia o acalculia espacial e indican una lesin retro-rolndica izquierda. Al respecta vale la pena resumir la experiencia de la autora al respecto. Hasta el cierre del presente texto, siempre haba encontrado estos signos junto con afasia severa o confusin. Justo antes de terminar el texto, observ un estudiante de artes de 22 afias de edad (al cual ya se aludi), con un hernalOma por malformacin en la arteria angular izquierda, sin signos de confusin y muy leve afasia en lenguaje referencial (en lenguaje espontneo, emita ocasionales parafasias semnticas Que trataba de eorregir). Presentaba en grado muy notorio los cuatro signos de Gerstmann y pareela conformar un caso tipico con una lesin coincidencial muy precisa. Una evaluacin ms cuidadosa revel que, adems de los defectos ya mencionados haba hemi-inatencin para el brazo y la pierna derechas, severa apractognosia con des-diferenciacin del cuerpo respecto del espacio circunvecino (tomaba su ndice por un lpiz y se ex.traaba de QUe. no marcara). Presentaba autotopoagnosia muy severa (cosa raca en estados. de conciencia adecuados y en ausencia de afasia). Su agrafia era casi total y escasamente podJa delinear en el aire algunas. vocales. Sus intentos por dibujar UD cuadrado (en el aire) fueron infructuosos. Presentaba alexia muy severa de "profundidad": confundia "revista" por "peridico", "cantante" por " artista" , etc., y lela palabras aisladas en cada rengln sin seguic la Unea. Intent colorear un rbol de rojo y terua 308 elementos de si multagnosia: al ver una estampa de un puestO ambulante de caramelos como los que abundan en Bogot, declar que se trataba de un puesto ambulante de zapatero, basado en las batineras sobre las cuales reposan estos puestos. Una vez evacuado el hematoma, los signos gruesos desaparecieron casi por completo, quedando sin embargo. elementos de agnosia visual, alex.ia y desorientacin derecha izquierda. junto con marcada apraxia constructiva y grafomOlora. Este paciente ilustra, una vez ms, la concepcin ms reciente de Bent on en cuanto a Que el valor localizame de los signos de Gerstmann es ms o menos el mis mo que puede tener la alexia o la agnosia visual , Corrobora que no se presenta aisla damente. aunque puede no ser secundario a afasia o confusin, Este paciente es ext raordinario por la baja frecuencia de estos signos en personas jvenes , por la hemiinatencin derecha, por la autotopoagnosia no secundaria a defecto de conciencia o afasia severa. Pero en ltimo anlisis el caso se ajusta a la nocin de Scnlon: la alexia si n afasia promineme, y la agrafia y apraxia severas se\alaban una lesin retro-rolndica posterior izquierda. La localizacin precisa de la lesin (zona angular) mal hubiera podido realizarse sin la evidencia radiolgica (Fig. X2). FIOURA X2. Art.eriogn.b del pacielt. con ano.ia visual y I w n i o ~ ODotralSWIIJ dereeh . Se obeervt. la ruptura d.1a vtaia anular bquida. 309 BIBLIOGRAFIA Aaron P.O., BU!eT C.F" Luc(nti J. Otvelopmental dyslexia and acquired altua: two ,ides of the sarnt coin? Brllin and LUflguage. 198U, 11, 1-1 J. Accvedo de Mendilaharsu S., Mendilaharsu c., Bena M. Algunas coDsiderac:ione!l50bre la afasia Ac/., Neurol., Lal. Am . 1958, !J, 4. Adametz J.H. Rale oi recovery offunctionning in cats wilh rostral reti .. 'Ular Ill5ioas, J, Neuro.rurg_. 19.s9, 16,8j98. Adrian E. D. Afferent areas in the cerebellum connecled Wilb the limb,. Bl'flin, 1943,66, 28929S. Aitkin H.O. The medial genicu1ate body of the cat: responses to tonal stirnoli of neurcos in the m!:dial division. J. Nnlrophysiol., 1973,36, 275-283. Ajmone-Marsao e., Morillo A. CaUmaJ and respomes in the cal 's Visual conexo Ext:epl. Med. In/. Congo Series n. 48, pp. 991, 1962. Ajuriaguerra J. de., Muller M., TiS!r<lI R. A propos de quelques problemes posb par I'apraxic dans (es dmences. L 1960, 49, 375-401. Akelaitis A.J. A study of gnosis, prallis and. Janguagc following section of the corpus callosum and anterior cOrIlmlssure. J. Neurosurg., l'J44, J, 94-101. A1ajouanineo Th., Lhermitteo F, Les troubles des acti"it! expreuives du language daos I'aphasieo. Leur relation a"ee les Revue NeuroJog., 1960,102,604-629. Albert M,L., Bear D. Time 10 uoderstand. A case study of word deafness wim rcference to the role of time in auditor)' comprehension. Brain, 1977, 97.373384. Albert M., Buuers N .. Brandl J . Paut' rQS of remote memory in amnC;\1c and demente<! patienlS. Arrh. Neurol .. 1981 J8, 495-500. Albert M. L. , sorrer D., Silvelbcrg R., Rcclles A. The 1I0310mic basis of visual anosia. Nrurol .. 1979, 29, 876-879. A1exander M.P., Schmilt M ...... . The l-pl'llsi syndromc of slroke in tne let' anterior cett'bn.t lrtet)' tcrritory. Areh. "'eurol .. 1980. J7, 97-100. Atforo R., finnegao A.K.. SeJC differences ia asymmetry In lile facial cxpression of emotloll. Neuropsy- chologio" 1981, /9. 605608. AlIman J.A., Balonov L. J ., Deglin V. L. of unilateral disotder of tllt braill hemispllere in miUl DO dirtttional hearing. Neuropsychologio, 1979, 17. 295301. Amt'f'iclln Auociation 00 Mental DefieienC)' . Adoprlw! 8rhovior Seo!,lor Chi!drtfl ofld Adults. Washington. 1974. Annell M. Genetic and nongenctic. infl uences on handcdMss. 8 rh. Grn .. 1978, 8, 221-2.49. Allnett M.A. Cbnifiealion of hand prderence by associAtioo iUlalysis. Br. J. Psyr:h" 1970, 6/, 3Q3-321. Annen M.A OckweU A. Binll arder, birlh mess and handcdacss. Cortex. 1980, 15. 181- 188. ApelJ J., "t'f'ttu A. o Fisman M. A stud)' or lan.uaae functionina in A.lzheimer patie.ntJ. 8fO;fI ond l.Dfl guOgt, 1982, / 1, 7).91. Arden F., Reyno[ds, Turner p.r ., H.rris A.8. , Ojemann G.A, Davis L.A. Ldt thalamie bemorrha,e wilh dysplll..li.; 11 repQfl of fivec.ases. 8rai" lI"d Lan'l-Iogt, 1919, 1.62-13. Amgoni O., de Renzi E. CORSltUt liollaJ Ipraxia and hemispheric locus of lesion. COfUX, 1964, 1, 110-197. Artjo!a L , Forluny f., Briggs M., Ne ..... eombe F .. RatcJirr G .. Thomas C. Mell5udng Ihe duradon of pDst-lraum.ic anlllesl . J. Neurosw,.,. . 1980, 4J. ]71-379. Asanuma H., Okuda O. Efrccll of ttanscallosal volleys on pyramidaJ cell activity of cal. J. Neurophyslof., 1962,1J, 199208. Assal G. des Iroublef de [a reroMaissance des physionomies el de l. tOpDlfllplliquc chez un m.lade d'un ho!:ml lome pario!: lo-tempor.1 droi . Re"'. Neuro/., 1969, 121. [UI8S. Ausubd O.P. Meoni ngfllf Verbol Larning. Grune andStrallon. N. Y., 1%) . Balley P. lnlratfOn;ol Tumors. Oxfotd, 1947. Bak.n P. lefhandedncsslnd birth order rcvisiled. NturoJlfYc!eofor!o. ]971. I J. 1]7 840, Bara! M., Consllnt PII ., Ml.Llux J.M., Cailh!: J.M., AInt l. Corri!.tions ana!omrH:llnlquC;\ I' aptuuie. Re"' . NCl-lro/f)I.1, 1978, 18, 14S2S6. 312 Baralz R .. Henol A.O. 1e cornmunication in dia])'sis dCfllentla: a CJL!,e report . Br"i" ""d Longuap, I!lRa, 10,178311. BarraQuer Boldls L. Fu"dtJmcnlaf, Toray, Barcclol\ll. 1976. BaJ;hore T, R. , N)'dc8ger R. V., MiUer H. Len rkld s upcriorily In a Jell el naming las1l: for both eft and riahl handcu. Cor/u, 1912, 18, BIlSKI A .. Bisiach E., Lunalti C. ton of mental imacry: a talle stud)'. Neuropsych%,i4, 1980, 18, 435442. Bano A., eapitani E., Luuani C .. Splnnler H. InleLllgcllcc and lerl hemisphcre 8ro;n, 1961. /04,721134. IJaum S. R., Kel,ch J., Daniloff R .. Lewis J . Smlence COlnlJfthenslon by Bloca', aphasics: effecl s of ;()fIIC- $lIpl'1l.\oClfllental variablC'S. lir"i" afld Lallgua,t, 1982. 17, 2040-260. Ba)' E, PrintiplC$ of classUicalion aod Ibcr innuence 011 our conccpts 01 aphasia. En A . V. Oc RUe<:k )' M. O'Connor ffids) . DordcnoJ Languo,e. Lilde., Brown. Boslon, 1964. Bl)' E. Die cort icale D)'SlIrt hrie Ulld ihre Bwchungen ZUI S08 mOlorlschen I\phasie. Dt!I:h. Zlch,. NCrlenk. 1957, /76, H3594. Bar les K. A. Langualc func\ion in scniledementia. BrainlJnd Lrmguagl', 1982. 16, 265 280, 8C'ar J., David M. Tcmporal tobe epiJcp.oy. A syndrome 01 sensol)' limbic hypereonnt't'l ion. Corta, 1919, JJ. 351)81. 8eaumonl J .0 . , McCllrlhy R. Dichol ie ear asymmctr)' .nd I'\'ridns posture. 198/, ffi. 4(,9. 472. Beaumon\ O., Olmond S. I Iran5fer or naUta! inforroation n riahl and nonriah' handcd subjecu. ACIO I91S.19. 911 04. N. P., Bundlen P.V., Yu L., Oo,oli t in V.N. , MaJ)'Shcv., Perepdkin P.D. Neurophys.iOloai. cal codo or words in 5ubconical Slruel urcs of t he human bndn. 8,a;n afld Lafl/uagt, 1979,7, 145163, Bender M.9 . [)efecls in reversal of $erial orde.- of Ncurop$)'chologio, 1979, 17, 125IJ8. Bcoder M. B, Dlsordcf1 in Ptf('tpt/on. Thomas, Sprinlllield, 19S2. Bcndcr 1'.1 .8 ., "ctdman M, Theso-callcd "visual aIlIl O$a5" . 8fa". 1972. 9J, 173 186. Iknson D.F., Oeschwind D. Thc aphasiasand relared du-Iurbances. En A.B. (Ed). Cllfl icol Neurofogy, (Ja. Ed.). Vol. J Harpcf and Row. N. Y., 1'i11. Sentin S., Si/verbera R" Gordon H.W. A.symt1rical coanJtivc dc!crioflltion in demmtcd and Parkinson's palienu. Cortu:. 1981, 17, 533544. &nloll A.L. BehavioraJ COllJequtnCU ol closed huI:! njur)'. Ccn/rul NcrvoUJ Syslem Rcscurrh Status Report, W.,hin\oll, 1979, 22(l..23 1. 31l Benlon A.L. Inlerpl;y of upcrimnl la.! and cllnica.l appl04chcs. En: S. Fine, lEd.): /rom Stoi" Damase. Plenl.m, N. Y. , 1978. Benron A.l. Rdlections 00 Ihe Gerstmlll10 syndrome. Bra/tI rmd 1977. 4, 45-62. Bcntoo A.L. Cooii tructional apruia: 50rnc unans""tTed Queslions. En: A.L. !knlOll (Ed).: Corrtribl./tlcmS 10 CIi,,ro/ NeuropycholoV. Aldine, Chkago, 1969. Senton A.L. Righl-I efl discrimination . Pm. CU" . NOflh Am .. 1968. /5, H77S8. Denton A.L. Thc fiction of the "GerslrnanJI syndrome". / . NnroJ. , NClI.rosurg . Psychla/., 1961 ,14, 175. 181. Benton A. L. di sct lmination and fioe r locaJiutlon: devel opment and pllhololY. Hoclxl-Harper, N.Y .. 1959. Benton A.L., H&:aen H. Sleleoscopic vision in pIllieolS wirn unilalen.1 cerebral di sCllse. 1970. 10,1084-1088. Senlon A. .l., van Altco M-.W. Prosopoagnosia and hcial discrimin;tion. J. Se. 1972, 15. 167-172. Benton A.L. , Van AlJen M. W. Jmpairmenl in facial raanillon in palienlS wilh cerebral distase. Corto:, 1968. 4, 344-358. Benlon A.L. , Levn H.5., Van A1len M.W. Geographic orientaton in palienls wlth cerebral diseast. TroflS. Amb". Nf'Urofog. AsI .. 1973,98.2124. Benton A.L., Van AUeo M.W . Fogcl M.L. Temporal oricntalion in cerebral disease. J. .. Metl' , 01$ . 1964,1)9. 110-119. &enton A.L. , Van AJlen M. W., Hamshcr K. de., Ltvin H.S. Test o/FaciD/ Recdl"ltloll . of Neuro1ogy. Un. de lowa, 1913, Benton A.L .. Vamey N. R .. HaOlsher K, de S. Latcral diffcrences in taetilc directonal Neurop$ychofOlia. 19711, /6. 109-114. Benton A.L . varnC')' N. R . HllITUhel' K. de. Jwdll'mefll 01 lillt orie"fufio". Oepartment or Ncurology, UnivtTsitY HQI;pitals, lowa Cit)'. Jowa. 1975. Berelll S. funttional as)'mOlC'lry of tbt human brain in Ihe re<:ognition of faces. 1977, 15, 8l9832. O., Colthearl M. Ide-ographlc and alphabetk plocessing in skilled of English . 1979, /7. 467-412. T.O. , Chiarello R. J. Cerebral domifUlncc in mu.\icians and non musicians . $cienc4 1974, 185, 537-539. Blrch H.G . 8elmont l.. Darp E. Delayed ln(ormatlon processin, nd exfim;tion followinS cerebral dAmage . BroII. , 1967, 90, lB-nI. J14 mrchmder A.K. Featureana1ysjsand the'token TeS!. 8rof" o"d LanglJagt., 1980, 10.98 \10. BirkeH P . Familial handtdnes5 lIId difrerenccs in Strc.tljUl of hand preferenrc, Corter;, /\lIJ! , 17, 141-1&6. Brhu P. Relationships among lIandednM5, familialllandedncSi, nd ocular sihtina dominante. Nt'uQp$)'CholfJf(ia. 1979, 17, 313518. Birketl P. Measurcs of lateralily and Ihcorics of pr0ta5cs. Newrops)'ChololJ, 11177. lJ, 693-696. Birkeu P. l eC! and rahl lattralizalion for letter mltc:h1na: 5tl'fl1Cgy and dlfrcreoct!O, Nruropsychologla, 197 1, / 7, jlJ-518. Birkett P. , Terr)' H. Lateralit)', order of repon lid auenjon in a dichotic CV 5"lIable lask . COrt&, 1982, 1(J,227 244. 8 isi ac:h E . l uuaui C. Unilateral nea1ect of rqncsentational !pace. Corfex, \918. U , 129- IH. Bisi .ch E .. Capltani E., L.vuaui C Perani D. Brain and corucious representalion of ouuido: reality, Nrul'OpsychOlo&ia, 1981. /9, 541-H2. BlZZi E., PoUt A, Procencs ,;Qnlrollin visua.lly evoked nlovcmenLJ. NrufO,nycholo8ia, 1979. 17, 21$ 230. Bizzi E., $(:hlller P . H. SinaLe unir activity in lile frontal eye felds o r dUlog head aOO eye movemenlS. Exp. Sro{n Res., 1910, 10, Ij .ISS. Blakemoro: e., Fioreminj A., Marrei L A $C'Cond neural meo:hanism ofbino.:ular depth di5CTimination. J. Physjo1., 1912,116,725-74\1. Blcssed G .. ThomUnson B., Rot n M. The wociation betwl:en quantitative measufQ or dementia and of 5CIlile chanle in Ihe terebral,rey IIllulcrof ddcrly subjCC1s. 8,. J, hyclllotr" 196/1, J /4, 791 81 l . Blurnsteln S., CoopC'r W.ti. Hcmispheric processina of Imonadon conlouu. Cortex, 1914, 10, 146- LSII . S.E. , Bakel E .. GoodIIUS H. P,honoloical flClors in auditor)' comprehen5ion in aphasia . 1!n7, lJ, 19-30. BOJcn J .E. Thcsllon-term Iinguiil;c performance incommissurotomy. En H. Whilaker y H. A. Wllit aker (E1b). SfuditI in NrurolinguiSllt's, Vol ., 2, Ac:ademic PrQS, N.Y. , 1917. Boller F., Mack J . lo ssociat ive visual anosi a and ilS related deficil 5. NeuropsychoJog;ll. 1977, 11, )45-350. BoIler F. , Marde P. Possiblc role of abnormaL auditory feedback In conduclion apllasla. Neur opsychoJogio, 197/1, 16, $21-314. Borod J.c., ClUon H.S .. Kafr E. ASJlfimetl)' in positive and IIC'Jll tive facial C'II:prCSSion5: Neuropsycholo81a., 1981, /9, 81\1814. 31 S BOlln A.l., Sch.,..arlZ. W., Lam.b O.H. "Overl oadng" he left hemisphcrc in righlhandtd subjcels with verbal and motor tub. Neuropsychologo, 1977, 15, 591596. 80wcrs D., Hcilm.an K.M. Pscudoncglect: cffts of hem.i$pliee on a taeliJe bi st:Ction uuk. 1980, 18, 491498. D., Heilman K.M. Materi'; spcciflc hcrrtisphcric IIctivalion. !*urOp5ychologw, 1979, llJ, 3{)9 319. 80wers O., Reliman K.M. , Van Dcu., Abell T. Hcmispace-VHF compatibilily. NtllropsyC'fwfolJ1, 1981, 19,751166. Bnu::kenridge C.J. , Secular vanallon in handedncSJ over nlnet y ycars. Nf!UrOp3'jeho/olo, 1981. 19, 459-462. Dradsha.,.. J .l. Rihl hemisphere lan&uage; a review ofinlerTcJaled issue!. Brtt;n ofJd Longuogt', 1\180, JO,I72+188. Bradshaw 1. 1.. ., Gil tu A.E. fleJd differentc.5 in verbal tll5ks; dfecls of laslo: fa miliarilY and sex of subjecl . Sro;n IInd Longuogt, 1978. j , 166--1 87. Bradshaw J .L., Gales A.E . . NCtth:IOII .C. , 8i htmispheric: involvement in lexicaJ decisi ons: handedne!5 and a possible sex dirfcrcJlc:c. Neuropsychologio, 1971, lj, 277 286. BrtldshllW 1.1.." NCltletoll N., Spehr K, BraiUe reading and left and righl Ntu.ropsychologio, 1\182, 20,493..500. BT"lUier M.A. (Ed). Growlh and of Ihe brain. Nutritional, aenctic and environmentll fac- ton. Vol. 1. (Ill . BrulnRes, Orgonir,Atlon Mon. &ries, Ravcn, N, y" 197$, 8rinkman J" Kuypert H.G. CerebriU coru1Ol of contra/alerat Ind ipsillteral um. h.II.nd and finaer movcrnCIlIJ in the brain rhesus monkcy. Broi,., 1973,96. 653--674. Broadbenl D.E. The role or audioryloc.Jizalion in attenlion and memory pao. J. Exp., P!;rchol., 1954, 47, 191. 196. Bradal A. Neurolog/ca/ Amllom)' in Re/ofion lO Cflnkal Mtdt!dne. JI. c:d. , <nford Univenity PreS5. , N.Y ., 19H1. OradaJ A. Selfobservationi and considerations afler a suoke. Broin. 1973, 96, 61'694. Brod)' B.A" Pribram K .H. The role of rronlal and. parietal conex in cognitive ptoccs.sing. Brain, 197H, /0/ , 607 613 . Orod)' 8 .A. , L.O., Pribram K.H. The effeets o{ irutabilil)' of tbe vi sulll display OQ paUem discrimH\ation leamlos by monlteys. Neuropsyr.hQlogio, 1977, JJ. 439448. 8roolo:$, D.N,. Wechslcr memory scale pcrforntllm:e and jls rclatjonsrup 10 brain dama&c .rtcr scvcrc dosc:d head injur)' , J , Neurof. NeurONrg. Pl)'dIWI. , 1976,39,593601 . Brown J, W. Lateralization: a brain model. Brain ond Longuogt, 1978, J, 238261. 316 Bro .... 1l J. W., Mil1d. Sral" and AClldcmic, N. Y. , 1!n7. Brown J. W. The ncural orglnillllion of lanluale: Iptlluia and En Ricber R. (Ed). TItt Neuropsyt:lloloV 01 Essoys In Honor o/ Er it: LMfltberg. Ptenum, N, Y., 1976. Bro .... " J.VoI. Thc probkm or JI study 01 "conduction" Iphas, IlId Ulc ";50Ialioll " !yndromc. Corrv:, 1915. 11, 31-52 . Bro ... n J . W., Hacn H. l.aleuliutiollBnd Languale represenlltion. Niurol . 1976, 26, 18)119. Brown J .W .. Ja rre J. Hypolhesis on cerebral dominahcc. Neuropsycho/o,lo, 197" IJ, 107 11 0. BrownJ.W., Wilron F. Croued 3phlSJII. in a dCJltral. NcuroloBY, 1973,1J, 907911 , Bmnner R,l.. Kotnhubcr H.H., Seemullcr E" SU8;CI O" Wallech C.W. Basal ganglia partidp' lion in language palhology. Sra;n a/ld Languasr, 1982, / 6, 281 299. BnlSl J .C. Musn::.nd languIge. 8raifl , 198O,/OJ, Bruyer R. , Seron X" VankC-t:rbc:rgen F. Lt5ion drorte CI daM une: f.che vbuooolUlructive. Nnuopsy.:holog;a. 1982,lD, 287296. Bryden M.P .. Le ... y R.O. , Sugarman J .H."" Idrear ad ... antar: ror dcnlirylng Ihe cmot;onal qualil y of lonal scqutnccs. NarOPl'J'chologio, 1982, l D, 8388. Brydcn M.P. Me;a$urinl handc:d ness wlth queslonnllires. 1977, IJ . 61 762S. Buckingham H. W, E>.planation In apnur.a with oon.;equences for Ihe concepl of apra.xia of lpoech. 8rafn Qnd Langllagt, 1979,8,202-226. Buckngham H.W. A. crtique of A.R. ncuroclynamic cJlplanalon of parllphuiB. 8rarn a"d LongUQKt. 1977, 4, 580--517. BuriCr R.A . Muma J . R. COlniti ... e dll18nce in Ihe mcdi,ued !:atcgoriz.ation in aphasia . J. PJychol. Re ..... 1980,9. 1H ]65. Butns M.S .. Cantor G.J . Phonemic beha ... ior of .phasic palienl! wilh postcrior cerebral Itsions. Brain 1977, 4, 492 501 . Bunels N., Banon M. Errec. 01 parietal Jobe damllle un lile pe:rfonnance of rc"'ctSible operalionS in spa(e, Nl'UrapsychologiQ. 1970, 8. 2OS214 Cuere$" A. Aprala buco-Ilngual . ReY. Neuropsiqll ia/ ., ' 970, JJ, 5)62. Campbell D.C., Ol bur}' J .M. Rccovcry flOm unilateral visuospaliaJ negltel? Cor/tx, 19U. 11, 303) 12. Cannon W.F .. Roscnbluelh A. Tlle SlIpersrflSi/ivi,y o/ DenCfVQ/td Slruclll re.J. Mal" Milla", N. Y" 1949. Capitani E., SCotti a., Spinnlcr H. Colour impert:ePlion in palienl!i wLh focal e,xcisions of Ihe (tr.roral hemispheres. 1978, 16, 491-496. JJ7 CIPpa s .. e,vallo!ti O., VinoIo L.A. Phonem!.::: analuieal erron in Ouent Iphl1ill! conehu!on with lesion sitr. 1981 , 19, 171-178. Cllramaua A., SIOlln &:r/ldt R" Brownell H.H. The semantic delicit hypolhesis: IX'rceptual pars!n, and obje<:1 clusiflcation by aphasic plllients. Bro,,, und Longuoge, 1982. H, 161 -1119. Caramaaa A., Basili A.O., Kolh:T J .J., Sloan Bemdl R. An invesuS:llioo of (epttldon and lanU&Se procev.;ing in a caJie of conduetion Oro;n o"d Longuoli'. 1981, /4, 215-271 . Carmon A. Obtllrbances of tacti h: Jensil ivity in patien" wilh unilateral cerebral lesion$. Cortex, 1911. 7, 8)97. Gar-mon A. ImpairEd 1I1i1intion of kine1ttlC'!ie feedback in righl tlemisphere lesions. Neurol., 1970. lO, 1033-1018. Callnon A . Bechl oldl H. P . Domi nance of the risol cerebral hemhphne fol' uereopsis . 1967, " 2939. can M.S. , Jacobron T., Boller F. analysisof fourcases. 8roinofld rAflluaSl. 1981, /4, 190-202. Casey S. M. The nn uence of1alera orientation on processin. Cortex. 1981 , 11. Caslaignc p" Lhctmitte P., Signoret 1.L., Abelanet R. et ttude scanollraptl ique du c:erveau de Leborgne. NCllrol .. 1980, /36. j63-583. Cavani M., De Renzi E., Faglioni P .. Vital e A. Impairment of right braindamaed Jllllienu on a linguistic cognit ive !lul:. COrrlJ;, 1981 , /7, jH-Sj6. Cennal: L Imagcry as 1111 aid lo retrleval for Konakoff patients. Cono;, 1975, JI , 163-169. Cermak L. , Good,lasr H. The clllem ofmemory loss in Kanakon patients. Neurof1$YChologia. 197 1, 9, 301-3 15. Q rmalo: 1. .5. , Uhl y B., Realc L. Encoding specificity in thc alcoholie KOBU:ofr patient . BflJin oruJ LonguOI(. 1980, 11, 119 121. Ci cmins V. Lo.:.aIited thalamic hemonhae . A of IIphasia. Nell f ol. , 1970.20, TI6-182. Clark e .. Crockett OJ., Klonof H. Factor analysis ot the Porc:h Indtx of Comunicadon Abilily. 8/'flln rmdLonguogl, 1919, 7.11. e ohen R., kel ter S" WolI O. AnaJytical compctcncc and lan.suIse impairment in aptuui a. Srai" Imd l.OngIlO'l, 1980, lO. 331347. Cole M" Sae.tjnger H.G .. Hard A. Anosognosill. SludJes uJin, reaional inLravcnour anesthesia. NnJropsythologio, 1968, 6, 365 )11 . Consoli S. ElUde des strattgles constructives $C'COndaices auxl6loru Neurops)'Chologlo. 1979, 17,303 31l. 318 Co/t,,, s. lole of differeru cenbral $IJUctUres in En E.C. M, " .. (Eds). HOfldlxxJk o/ Put'tp/ion. Va.L 6. Academi" N. Y., 1977. Corkin S., B. , r. Somatoscn$()ry thruholds: conulUting erret'll of po!il-cent ral g)'TUS and poilerior parietal10be cxci1ions. Art"h, Neurol., 1970,}J, 41 -S&, Corkill S. Acqulsnlon of mOlor skills after bilateral ml:diallemporaJ lobf uclsions. 1968,6. 2H-16S. Corsi P. M. Human memOf)/ 8nd the medial temporal reion of Ihe bnin. Tesu de doctorado no publicada, Un"ersldadde MctJlII. Monlrea], 1972. Cremollini W., De Rerll; E . Faglioni P. COntrasl; ng performance or right and lerl hcmisphcrc patients on l hort lerm alld long lerm sc:quential visual memory. Nruroprychologia, 1980, /8, 1- 10, Crilcllle)' M, Acquked _bll ormalilla of colour pc:rctption of oOll jo. Broill. /96$,88, 7 I 1-724. Cnlchley M. LotJts. Arnold. londre.\, j95J . Crockett D., Clard C .. Sprccn O. , KJ onorf H. !kvent y of ;mpairment or spcdfic typc-s of aptwia; an empiricaJ investlgatia n. Corlt."(, 191U , /7, 8).1)6. Crosby e. Afla/om)' of //Je NtfYfJlIS S)'sltm. MacMiIlan, N. Y., 1962. Crou B.A., Orcen J . O. AC( i-'ily o, sJIljIC' in lile 1l)"lJOlhalamus: cfrct1 or osmouc and olller sl imul ;. J. Physiol., 19'9. /48, "4-'69. Crovitz H.F., QuinaHallan K. Praportlon of tpisodic from carJy by yean of Bul1. Plycholl . Soc .. 1976, 7, 6 1-62. Clo ... il z H. F., Harvey M. r ., Horn R. W. Problents in Ihe acquis lioo of imaser)' mnemon1cs: Ihree brain cases. Corlex, 1979, / $, Crovill H.F., Harvey T.M. , McClllnl!lam S. HJdden memory: a tapld melhod for the slUdy or amnesia usingpercepluallearning. Corla. 1911 1.17,273218. CI/uinll J. Response bli15 in Korsakorr '5)'ndrome. Corra, 1981, /7, 107 112 . Chavis O.A. , pandya D.N. Funhet oruervations an corlko{rontal in Ihe rllcsu5 monkc)'. Brairr Res., 1976, 1/7, l9-)86. Chtru F., Leblanc M., Lhcrmitte F. Visll/1] seatr hing in normal InO brain damagcd subjeCIs (crrntribution 10 Ihe sludy of uniJileraJ inauenlion). Cort!:.", 1913,9, 9>&-1 11. Chlarello C_ A house divided1 Cognitive Cuncurroin, with caUosal agcne5-$. Sroin and Larrguallt, 1980, JI, 128-158. Chom, ky N. Language and Mlnd. Harcoun-Bracc-Jovanovitch loc., N.V ... I968. Chriscensen A. L . El diOKrr6.flU:o Nel.tropsit:ol(,g;ro de Luria. Pablo del Rlo, Madrid, 1919, 319 Daruncn W ., Hartje W " Bussing A., Sturm W. Disordcrs. in calculation in aphasic paticnts-spatial and verbal componentg. Neuropsychologia, 1982, lO, 14S-IS4. Damasio A.R., Damasio H., RiZ20 M .. Varney N., Gersch F. with non-hemorrhagic lesions iD Ihe basal gangla an nlema! capsule. Arch. Neurol . 1982,39, 1520. Damaso H., Damasio A.R. The analornical hasis of conduclion apbasia. Brain, 1980,103,337-350. Damasio A., Dama,io H., Chang Chui H. Neglect following damage 10 frontallobe Of basal ganglia. Neuropsyr:hologia, 1980.18, 123-132. H" Damasio A.R., Hamsher K. de., Varney V. CTscan correlates uf aphasia and allied disorders, Neurol" 1979,29, 512-n3. DanJy M., Shapro B. Speech prosody in Broca's apbasia. Broln and Language. 19&2,16, 171-190, Darle)' F.L., AroMon A.E., Brown J.B. Motor Speech Disorders. Saunders, PhJladelphia, 1975. Davidoff J.B. Hemispheric differtnccs in Ihe pcrceplion of lightness. NeufOps)'chologia. 1975, 13, 121]24. Davis A.E., Wada J.A, Lalcralizatioo of speech dominance by speetral analysis of cvoked potentials. J. Neurol. Neurosurg. Psydlllfr., 1977,40, \ 4, De Renri E., Spinnler H. Impaired performance on color tasks in patients wilh hemispberic damage. Corlex, 1967,3, ]94-217. De Renzi E .. Spinnler H. Facial recognition io brain-damaged patients. Nf!uro/ .. 1966, 16, 145-1'2, De Renzi E., Faglioni P., Previdi P. lncreased susceptibility of aphasic5 to a distra.:or task in lbe re<:all of commallds. Brai" alld Language, 1978, 6, 14-ZI. De Renzi E., Malta F., Michel1i P. Imitating gestures: a quantilalivc approach to deomotor apruia. Arch. Neurof., 1980,37,610. De Renzi E., Picczuro A., Vignolo L.A. Ideational apraxia: a quantitative slUdy. NeuropsychologiQ, ]968,6,4]52. De Renri E" Pie.:zuro A., Vigoolo LA. Oral apraxia and aphasia. CorteJo'. 1%6,2, SQ.. 73. De E., Scott i G., S po nler H. Pe rcept ual and as sociative disorders Qf visuaJ reoognl tion. Their reJation 10 the side of cerebrallesion. Neurol., 1969, 19, 634-642. De RelUi E" Faglioni p .. Scotti G .. Spinnlcr H. Imparmeot in associatiog coJour 10 form, concomitanl Wilh avha5ia. Brain, 1972,95,293304. De ReIllL. Faglioni P., Previdi P., Sorgato P., Vescovini E. The differcntial conlribution of Ihe verbal code in lhe course of visual learning: evidence from hemisphere-damaged patiellls. Corto:. 198\, J 7. 447-4.52. Dejenne J. Contributioo a ]ttudc anatomo-vhatologiQue et diniQue diffrenles varits de cdtt verbale, Comp. Rend, SoCo BioJ., 1892,4. 320 R.C., ROlen A.J., Maluan "R .H. , NoveU R.A. Memory fUDClion In focal epi!tpsy: a tOmparbon of IIOINu(ical uniJaleTallemllorallobe aOO rrontallobe samples. Ddancy R.e . R05en A.J., Mattson R.H., Novelly RA. Memory funclion In focal epiltpsy: 11 compason of non-surkal unilaterallemporal lobe and frOntal Jobe mnples. Conex, 1980, J6, 103-1 18. Ddoche O., Seron X. Sentenein, undentalldlnl, and knowledt of he .... ord: evldence from I sentencc-pltture mltchin tl.!ik performed by apMsic 8roltl olld 1981, 1" . j7-69. Deloche GI, Aodreewsky E., Desi M. I case repon and some theoretical impllc.alions lO reading models. OfO;" ond J 0"8140,e, 1982,1$, 12-31. DenniJi M. LanlulIe in a conenitally IICI.llosaJ braln, Brol" o"d Languo,e, 1981, 12, B -j3. Dennls M. Impa.ired 5eDSory and mOl or dirrerenliatlon with c.orpus c.al 105um agcnei: a lack of tallo5:ll inhibi tion during onlongeny1 1976, 14, 4SS-470. Denny-Bro""n D. The frontlll "mI tlldr rllnctions. En A. FdJung (Ed.): Modern Trt"ds in NeurolcJl)l. Hocbt1', N.Y., 19j1. Denny- Brown D. , Bankcr B.Q. AmorphOlYnlhesii from left pari elal lt5ion , PJyrhlDlr . 1954,71,302-313. Desmedt J .E, NturollhJsiologjcal mec;hanistn$ controlUng lcoustit input. En G.L. Rasmuuen y W.F. Windle (Eas). NeufOI MNlllismr Auditor)' Vestibular SYJlcnu. ThomlU. Sprineld, 111. , 1960, DimondS.J . Buuerworths, Londres, 1980. Dimond S. J ., Bea.umont C.J . Experimental studies ofhemisllhere funaion in the human blllin. En S.J . Dimond y C. J . Bcaumom (Eds.) Funclio" alld Human Sra;", Elek r Londres, 1974. Doulu E. , Richardson J.C. Aphasia in a COl\ieoital deaf mule. 8rvin, 1959, 81, 68-80. Orcwe E.A. Co noso learnn arler rrontallobe esions In humans. Corfrx, 1975, 11, 8 16. Oricker J. , Bulle" N., Berman C ., Samuels l., Carc)' S. Thc reconition and encodina of faces by alcoholic KOfsakofr and righl hemi5)here pajenu. Neufopsychol ogia, 1978, 16,683-697. Oubois J., Hcaen H., Angelcrues E. , de Chatcller A . Marde P. Elude neutolinuutique de 'aphuie de oondllCtion. NeuroPJ,cho/()gia. 1964,2, 9-4<1. Efron R. Temporal petception .nd dtja vu. 8ro;0, 1963, 86, Eldrcd E. , Granil R .. Merton P.A. Suprasplnal conlTol of Ihe muscle 5pindle and ti significante. J. Physio/. , 19B. /12, 498 523. EUenbt1's L., Sptrty R. W. Laleralited division of attention in the commisSufotomiud and intsC! brain, Neurop5ychologla, 1980,18,411-418. Ellis H.D. , Shepherd J.W. Reeollnition of Ilpright and in'leru:d races prcsenlcd in Iht lert and rlghl visual ficld!. Cortex, 1915, JI , 3-6. 321 Elman J .L., Takahashi K. , Tohsaku Y.H. Lateral asymrnctries fOI t)e idc: ntiricaLion or concrete and abstraCl ""anii" , NeuropsyclrQIQ&fa, 1911 1, lJ1. 4(17.4 12. Emst P. , Beran 6 ., Baclash D., Kosou,ky k ., J(teinhauz M. Trtlllment oflhc agt'd mcmaUy itI. J. Am, Guiot. Soc., 1917, lJ, 466-469. E5couroLle R. , Poiricr J . Ma"ue/ Elime"toirt de NeuropD)tOIO/Ite. Mason, Puis. J 911. E1I1inSCT O . Blakemore C.O. The belt.avioull cffcdS of commiuura! section. En A.L Benton (Ed): COfltribttllons 10 Aldine, C)icago, 1969. Ey H., BClnard P _, Orinc! Ch. Trotado de Psfq4ialria. Toril)"-MII.!.50n, Barcelona, 1969. Fa.rwcathet H., Briuobve O" Tabossi. P., Umilt' C. Functional cerebral Jateralzation: dkhotomy 01 pholral ity1 Cr)r(el. 1982. 18, $6-66. Fau5t C. S/ndrolfles Nel'folgicos Collftnt/ivos 11 TrtJ4malismos Occipilales. Alhambra. Madrid, 1957. Fernndez-Manlne F. Aprula constructiva. Re",. Prfll"io'f. !>slr%g. Mtd. E4rop. Am. Lot . 1969, 9, 2H-264. Ferriss G.S. , Darsen M.H. I\gencsis of lhe torpll1 caUosum. Corre.x, 1975, 11, 95 1 Z2. Furo J .M . Silvcira Botdho M.A. A.1C"1t.iI fO! arichmecical igns. COrlex, 1980. 16, 17S 180. P., $eron X. Non-ver bal cornmunication in aphasia: a re",cw. 1. Comprcheruion. Brol" ond l.o'!illlllge, 1982, / 6, 191-212. Fc:yereiseo P., Seton X. Non,"'crbaJ commuruc.cion in aphasia: a .... . 11 . Exprcssion. Bro;" ofld LO"I/(oge, 1982, 16, 213-n6. f'in&Cf S. l.esion momentum and behavior. En S. Finger (Ed. ) RtcoYer"f Irom 8roin Dumage. Plcnum, N.Y., 19111, Fisher M.e. Disorientation for place. Arel!. Ncurol., 1982, J9, lJ;}6. Fogel M.l. . The intcl ligence quotienl an index of brain damallc. Am. J . Orthop.rychiOI., 1964, J4, 555562, Franeo L , Spe ft )' R.W. Hcmi s.hcrc lal er aliz8 ci on rol' co&nilivc proccssi nl of gcomcu)' . Neuropsyd,o(OI(O, 1971. IJ, 107-1 14. Franun B.A . R.E. Neural cont rol of social Itcha"'or: vrerronlal and anterior temp.;)ral conclII". NCUfOpsydtOl ogio, 197), /J, 141.158. Freedman A.M., Kaplan H, I. Comprtht" siw Te\"fbQok 01 Psychio/f)'. WiI!iams Wilkiru , 8.1timore, 1972. frccmon F ,R. Ey. lul li on of pali enll wilh prog.reuiye intcUectual dctcrioration. Arell. />Ic4rol., 1976, JJ, 658-659. Frccderick$ J.A.M. The A.nasias. En P.J. Vi nkcn y O. W. Bl\Jyn (Edsl . Hondbook Qj CI/n/col "'eu.r%gy. Vol. 4. Elscvlcr. A. mslcrdam, 1969. 322 :rcdericks l ,A.M. Disorders of the bod)' S('hcma. En P.l . Vinken, G.W. Bruyn (Eds). HondbQOk of f'Jt.wr%v. Vol , 4. EIsc:vier. Amsterdam, 1969. Frlederlcl A.D. , P.W. ComII.Jlalional dissoci.allon of \"" 0 vocabulary t YIIeS. 1980.18.1120. Friailand R.P., Weinueln E,A. Hemiinallenlion and hcmisllhere Weci:lJiuuion: inIH,)(luclion antl hi$loriall revie ..... . En AdYQnC'eS in Vol, 18. E.A. Welnitein)' It.P, Friedland. (Eds). Raven Ptes5, N.V., 1977. fril54:h G., Hittig E. On Ihe electtical eJlcitabilily oi Ihe etrebrum, 1810. Trld en: K.H. Pri bram (Ed). Sroi" ond 8elrovior, Penguin. Harmondswurth. 1969. Fry O. B. Spcech receptlon and ptrce)tion. En L. Lyoos (Ed,): Ntw Hori:ons in UI1gllistiC$. Pclican Harmoudsworth , 1970. Fullon J.>f., Jacobsen C.F. The functlons of the frontal lobes: a conll1aralivc sludy in monkcys, ctumvauesan<l man. llbslfC'. 1nd Inl, Neuro/" Oonl'., LOlldon. 19)5. FUlter J.M. The prefrontal corte.\. AnolOJ'f!Y. PlrYl;o/0U ond Nefl,oplyr:lr o/ogy 01 the Frontal Lobe. Raycn Prtss. N.Y" 1980, Gaede S.E., PmOfl5 O. A" 8erterl J .H. Hemispheric dirferCllees in musir: perception: V$. eJllledenre. Nturop.t)'rhologiJI, 1975, 16, 369-374, Gainonl G .. Lemmo M.A. Comprehell3ion of symbolic sestures in al/hua. 8ro;n alld l,allllflQge. 1976, J. 451-460. Gaillolli G., Cahagirollc G. , Mitel1 G. Immediate visualspalial memory in hemw"ere damaged patiellls: imparmenl 01 verbal codi ng alld or perreplual processi ll g. NC'rIrop1)'i'lrDlo,iQ, 1978, }6, 501506, Galnoul O. , Cianeheni C. , Tiad C. The infiuellce of hemispherie side of lr:sion on non-verbal luks or rillger locali,uuion. Cortel", J 912, 8, 164-382. Oalin D., Orlls!eiti M . Herron J" Johll5/one J . Sell Illd handedness t1i"erences in fEO measures af hemisllhnic speelalization. Bro/n nnd [.<l1IgIIOgt. 1982, 16. 1955. Calver ItE . CO:Sta L. Hemisphcrlc for rteollruzlng faces delentls Ul101l 110"'" Ihey are learned Carlel>. 1980,16.21 38 _ Gandour J .. Buckingham H .. Dardarananda R., Sta ..... alhumron P. , Howuil S. Case slu<l y in. Thal conduet ion allhaslc, Brain llnd l.angwaRt. 1982. J 7. 327. )58. Gardner H. The naming ,nd re\:ognilion af wriuen symbols in allhuic ud aleAje IllHicnu. J. Comm. Dls., 1974. 7. 141 153. Gardncr H., Zurir E.. &f bUI nOI tN: oral rcadln of single word$ in aphasia and atcxi 1975,11.18 1-190. Gazzania M.S. Cerebral <lomnance In(! lateral spcdaliution. A.P.A. Muri",. San Feo. , 1968. 323 Gauaniga M. S. lnter hemisphctic communication of visual lcarnlng. Neuropsychologltl, 1966, 4, 183 189. Oauaniga M.S. , Bos.en U i. , Sperry R.W. Oispruia following dlvision ofthecerebralcommissuru. Arch. Ntul'Q/ . 1967, J1. 6Q6.611. Oauaniga M.S., Bogen J .B .. Spcrry effeclS in &omesthesis foJ!owing cerebral commissurtomy in mano 209-21 5. Gauaniga M.S., Rlsse G.L., Springet S.P" C1at k A.B., Wilson O.H. Psychological and neurologi c con5tqUCllctS o( !>atllal and romllclC commissurotomy. Nturolo8)'_ 1975, 15, IQ..lS. GUlaniga M.S., Volpe e .T., Smylie CS. , WII50n O. H., Le DoUA, L Pluticity in sl'eeeh ofgani13tion foll owing commissurotomy. Bro;fI , 1979, / 01, g058 1S. GV...taniga. M.S . Ris5e G.L .. SI,nnger S.P., Clark A.B., Wilson O.H. Psychologcal and neurologic Coruequcnces of pan;a! and com!J1elecerebral commissurotomy. Odren G., Caudrey D. RC'li abili ty and validity of the dichotic monitorin test fOr lanUIliC laterality. 198\,19, 413-424. Gelb A., Qoldi!cin K. Psychologild'lc Analysc hirnpalhologischcr Falle. Ueber Frabenhllmenamnesic. Psych. Forsch .. 1924. 6, 127 186. Gcrsch F., DamuioA. Praxl' and writi ng of lile left hand mOl)' be S<'rved by dirrerent callosa! path .... ays, Arch. Nt'IIrol. , 1981, J8, 63-4-636. Geschwnd N. 'The anatomita! basls of henlisl lheric drrerentiation. En S. J . Oimnnd Y J .C. Beaumont (Eds), Hemisph,ric Func:tion in the HumQn BrIJ;n. E!ek, Londres, 1974. Oeschwind N. Wernickt's conuibution t 01\!)lIuia. COrJt:c. 1967,3, 449-46). Gcschwind N. O!sconnect ion 5yndfOmes in animal and mano Bra/N. I96S, 88, 2S758S. Geschwi nd N. The anatomy of acquired rcading disorders. En J . MOlle)' (Ed). Reading Dlroblf/t,. JolulI HOIJkhu, Baltimore, 1962. Gt5c. h""ind N., FllSill o M. Colornamlng ddecls in assodation wilh ala; . Neurof., 1966, JJ, 137146. Geschwind N., Leviuk y W, lefl.rilht L'lyrnmetrics in temporal spcecb reaion. 1968. /61, 186-181. N. , S{rub R. Gentmann syndromc without aphasia. Cortex, 1915, I J, 296-298. Girani F., .lilaneS<' C" Casazu. M. , AUClnlllZl A., Cotridori F . Avanrini G. Oculomolor disturbances in Balint' s S)'l1drome: anatomo-clinicaJ rindings .nd electrooculographic analysis in a !:ase. Cenex, 1982, (8,60)614. 324 Glosser O., Kaplan E. , LoVerrnc S. Longitudinal nCllfopsychological rel)Or! or aSlhas]a foUowing Icll hcmonhage. Bra;" ond Luttguuge, 19112, I j , 9j . 116. GoJdber, O., N., Topa J .V. Medial frontal conu infarruon and Ihe aUen hand si gno A,,,II , Nl'.r,rol. , 1981, J8. 683686. Goldman P.S. Thl" rolc of io terover)' of fUllo;1.ion followin orbital Slfe-fronlal Icslonr io ofanl monkeys . Nl.'Uropsycho/og;u, 1976, 14, Gordsteio K. Lt1lfgllaM Disrurba/fN!S. Gruoc Strauon, N. Y., 1948. Goldstein K. Q/ Brai" in WQr. GnlHc-SuatlOn, N. Y., 1942. Joodglass H. S!udies on thc Irammaf of aphl5h:s. En S. Rosenberg )' J . Koplin (Eds). In Applied Psyr:-holingul$tit:s Rt:$tflrrh. Mar=. Milllln N. Y., 1968, Goodglass, H., Baker E. Semanlk ficld, namins and audllOl y comprchension in aphasia. Bra;" ond Lungru:ge, 1976, J, 359-374. Goodglass H., Kaplan E. Tire Asst$S7'llt'n' 01 Aphasio arrd Rrloltd Dl$ar(/efS. LeaFabiler, Filadelfia, 1972. Goodglass H., Kaplan E, Evaluacin dI'. la AJo.da y de TraslOrnos Similares. Panamericana, Mxko, 1974, Ooodglau H., Klel n 8 " Carey P., Jone$ K. Se:manlic word cat egorie$ in Iphasia. Corta, 1966,1, 74--81, Goociglass H . Blum.Slein S. E .. Jerko J., H)'de M. R., Orun E" SI.tlender S. The effecl of ent'Oding on sentl'.tlcecomprehcmioD in apllasil . B;ain r/lld LOflgUQ6e, 1919, 7, 201 209. (jrafman J ., Pauafiumc D., Faglionl P .. Boller F. calcull llon dlslurbances in adults with (/XII bemispherkd.mage. Corta, 1982./8, )7SO. Gnmit R., Kaada B.R. Innuence of nimllJation of central nervous SItUC1UfCS on 'ipllldle in cal Ad. Pllys;ol. Smnd., 19n, 27, 130- 160. GrauVccan. J .Ma. Las Ipraxias Psiquia/. P.slro/. Med. EUfOpD y Am. Lal" 1969, 9, 189220. Grayb[el A.M, Thc Ihalamocoftical ptojection af Ihe so-<aIled pomrior nuclear raup, Sra;n Res., 1973, .,9, 229244. Green E., Bollet' F. fea/ufes of lumlor)' cornprel1cQsion in sc\'erely impairell aphasks, Corlu, 1914, 10,
Green E. , Howe$ D.H. The nllure orconduC!ion apha:sia. En H, Wbilaker )' H.A. Whil akcr (E,ds). SIIo/dlts /" Nturofingllistlcs. Academic, N. Y., 1977. Oroo C.O" Bender O.B. AClivil)' 01 infcrionemporal ncurons in behav] nl monkeys. Neuropsychologia, 1979,17, 215230. 32S M. , A centr al ploces.!.Of for h1erard'Lically-structured material: t vidence fr om Bloc"s aphasia. Neuropsyehologia. 1980, 18,299-J08. Grossman M,. Shapiro a.E., Gardner H. Obsociable rnusical prOCwin& mateies after loc.aliled brall dam.lie. Nl!llropsyehofogia. 1981, 19, 425-4)4. Guiot 0 " HCnIQ8 E,. Roudol P., Molin .. p , Arresl or or,S peh evokcd by rhaJamic f llmuli iD lhe CUUrlC ofuerCO!lLIlie pmadure fOI Parkillso;nim. ara", 1961 . Si 369379, Guunn E. Adaptadn )' esfandarizacin de un .. baler!a de ara$i. y de f uncin derecha. _Memoriru fu. Co"gmo r"rer"aclo"a/ de Nl!Iirof)Sicolo,fa., 1981, Neurologla en Colombia, 1982, 1)" 161- 166. Guunn E. Plosopollgnosia: de Cll50, Memorias leT. Internacional de Nculopsico.lo ,ia, 1982.6", 219-2)). Guzmn E. Color cognition in palienlS wi lh brain damage. Te'l"is de masler no publicada. Un. de 10""11, lowa Ci f)', 1975. Quunl:n E., Escanor"n. cerebral '! IraJlornosartsicos. Neruo/. el! Col., 1979, J, 371)78. Gu:ananFIrez c. . Bucndla N .. Andenon C .. 1..indsley O. B. Cortical and reticular (nnUfnees upon evoked in dorsal columll Iludei. &p, Nl!Iirol . 1962, J, 3146. Hsgberg B, Oefcc lS of irnmediate me.mory reJalee! 10 he cerebral blood n o"" distributi on. 8roin und Lorrgutl/;e, 1978, J, 366-371. Halsey J.f-I" Blavenslcin U. W., Wibon E.M., Wills E.L. Braio aClivation in resence or brain damage . 8rain ,md 1980, 9. 4760. Hammond G.R .. !<.aplln R.J . LanglJagc lateraliution and handedncu: C:'iiro' tes 00 clioieal dall. Brain ond La"RUDRt, 1982. 16. 34835 L Ilanfl;iy JTH. ASl'mmel r)' in receptioo and retent ibn of colors, Bral" o"d LUIIguoge, 1979,8, 191 -l().1. HanIJs,! H.1. Real or imagine" incomplete lateralintion oC funclion in man o 'lna P$ychop1lysia, 1976, 19, J49-H2. Hannay H.J.. Dee H. L , BUIII$ 0 ,1. , Masec 8. 5. Experimental reversal or a lefl visual field SU(K'rlorlly forforms. Broil! a"d Lo"guagc, 1981. /J, 54-66. Harasymiw S, l .. Halper A. , SUlhet land B. Su, agl!, aphuia 1)'\lC. Bral" luid mguu,c, 1981. / 1. 196.198. Hanline H.K. Thc fidds of oplie nerve fiben. A m. J, Physiol" 1940, 110, 696.699. Hltficld F,M" Howard D., Bl rber J, . C., MorfOD J. Objrcl-naming in ahules. Thc lack of efftet o( COlJlc.t or rea lism. Ncurowcho(ogia, 1917, /J, 1 17 728. Haymaku W" Schlllcr F. TlttFaundtrsofNelUolol )'. Thomlli l lll. , 1970. 326 Htad H, Apluz,s"!Uoruf KindredD(rordersofSperh. M.e- MiUal1, N, y ,. 1926. Heathl tld I"W., Crofl P.B., S""l\.Sh M. of .lol1al Ora"l. 1297J6. H, Imrotfur:tion IJ /0 Neuropsycholog(p. LiUouw>, Paris j 1972. Hetal'n H., AjuriagueITIII i . de. Les Gauchers; prevalenee mlUllu:Ue et domillllnc-c: P,U. JT, Puh, 1963. HtCllen H., Albert M.L. Human Nnuopsyr:hology. N.Y. , 1918. H. , AlIl!elergUe5 R, La etc/ti Psyr:hique. Pam, 1963. Hb!al'n H. , Angelergues R. Agnosia rOl Arel! . 1962. 7. 92100. H&:aen H.., ArlJIe1erues R. Elude anatomo-tll nique de 21K) cas de !bions rttrorolandiquu des htmlSpheres . L' IQ61, 6, ))J562 HtcaeTl H., Asu.l G. A comparison of cons\l1Jcti\'e ddicits rollowin ,; ght and kJL hemispheri.: Ne,oropsycholorio, 1970,8, 289)04. likllen H. , Consoli. S. Analyse des troublCl'i du Janguage- U\J cours des ttsions del ' aire a; Bra.:-a . NeurOfll)'CholoRio, 1973, /l, 317 388. Hcoen H. ., Knmin H. . Rcading resulting rrom len he-mispherc l.-sions. EII H.. V H.A. (Ed$), SrJdips;n M'urolingl,i$f/cs, Atademit, N y " 197', Hkacn H . Krcmill H. Neurolingubtit rest,lIch on readil18 froro left hcmiSl'here SllIdies In Nf!Urolinlu/$tks. H.A. Whitak.cr V H. Whitake-r (Eds). Acadtmic Prcss N, y " 1916, Hkacn H .. SaU&uet J, in Ie-ft .handed subjtcts. Cor lt.X, 1971, " 1948. HI."3en H .. De A&05Lini M. , MonronMomcs A, Cerebral organiulion In [et)handcrs. 8 n:n'n aflU L<1f1gll/JIP, 1981, /1,261 184. H., GoldblulIl M.C., Masurt M.C., Ramicr A.M. Une nouvtUe observation d'a8I1osit . l'objt-c:l. Dlicil de- ou de taLi8oriSlllon sptcilique !le la nlodlllili NtllropsjC"hologl, 1974, /1, 44i-464. k.M. Nt&lC'Ct and lel8\ed disorders. En C/" ft'tll NeuropS-)'e-ltology. r..M, Heil moln )' E, VaJellslein Edd. Oxrord Un. Pren., N,Y., 1979. Htilman K.M. Idell\ionaJ apraJ(jB. A riefinition. Bro/ll. 1973,96,861864. Heilman ICM., Sypert O.w. KOfSak.orrs syndromt /oul hng hom blla\e-ta! fomiJr. JOIOM. {llruroflJ}'Ch%gia, 1!f77. IJ, 490-493 . He-i!man ICM., Valeostein E, Fromallolx ncglc:cl in man, Nrurol., 1912,11, 6(().6(,4. Hcllman K.M., R. T., Mc:chanisms underlyinl Ihe unllalerl neglect syndrome. En Ad)'an('l!'S 1" Nellfotogy. E,A. We-;nstein y Jl .P. Friedland (Eds). Rlven p ress, N. Y. , 1977. Hti lman k,J\I .. WatsOn R.T. The nCl lc-ct s)'ndrome. En S. HaTnad, R, W. DOIV, J. 1B)'nes, L, Ooldsldn, G. (Eds), Loura/IUlrion in the Syslem. Acoade-mit, N.Y. , 1977. 321 Heilman K.M., Sehwaru H.D., Walson R.T. H)'po&lOusal in I]atiems with rhe ncgleel J)'ndrornc anO cmotionalindirrcrenct' . Neurol ogy. 1978,18, 229-232. Heilman K.M" W;l!son R.T" Schulman M. A unilalrral memo!)' dtr,l . J, Nrurol. Neurosu'1l. Ps,w:h;a!r., 15l74 .. J7, 790-193. Heimburger R. F., OtMyer W.C. , Reilan R.M, Impl icalions o( GCl1lmann' s Iyndromc. J. Neurol. NellfQl'u'i _ Psyrhiul., 1964,27. 5257. He!d R., Sosom J . Neollalal depnvation and adull rearrangement : a complemcntary rec:hniquc (or analyUng plaSlic .sensory mot or coordinalion. J. Comp. Physiol. Psych. , 1% 1, J 4, .33 37, Hcl d R" Hei n A. Movcmenl produced stimuli in lhe Ik"'eloprnent of visually guidcd behavior. J. Comp. PlIflio/. Psythol., 196.3,56,812-815. Heller W" Le"'Y J, PerCt'ption and of emorion in righl -handen and Icfl-handen. Neuu}fM)'d%gia, 1981, 19, 26] -272, Hellige J , B. LonSIO:lh L.E, Efrecu of concurren! hemilphere specnc 8el i ... il)' on unimanual tappi n file. Nturops)v:hologio, 1981 , /9, 395-406. HC1lS0n R.A., Wylte M. Thc performance of profesional musicians on Ihe Seashore mtasUre!i of nlusical laJenl ; an unexpeaed (mii"g. COf/eJ., 1982, /8, Ij] n. Hermann B.P., Riel P. Imerieta.! personaJiry aOO behavioraJ Ir'; ts in lemporal lobe and epilepsy. COFl e,\', 1981,17,123" 128. Hurklt c' J. TIIe: funClions of Ihe olfactory paru of the cerebral curtex. Pr()('. Nal . Amd. Sei. Wt1fh., 19]3, /9, 7-14. P. A/lribulesof Mtmory. Melhven yeo. LId. Londres, 1974. Hiclts R.A., Elliol O .. Barbesi L" Martin S. Multiple birth tisk faclon and lile: dbtributjon Qf handedlJU,S. Corla , 1979, j, fiier N. P., Mogil S" Rubi n N.P. Komr05 O.T. Semanric aphasia: a nelecled enlity. ergfn ond Ll1flguoge, 1980, 10, 12G- 1l1 . Hilliard R. O. liemilipherie lal eralil)' effa:u en a fatial rccognlron lask In norma.l 5ubject.l. . COflex, 1973, 9,246-258. Hines D. Visual inromal ion proccssinS in Ihe ter! and rgh! bemispher es. NturopSJch%,ia, 1978, 16. 593600. Hines D., Fenncl E. B. , Bowers O., Salz P. Lerl-handus show srealef lest-Telest va,abil;l)' in audiloT')' and visual asymmelry. Broi fl ofld LanguDgf', 1980, lO, 208-211 . M. , Aerlc J <, Paley B. EfG a1ph. lUyrnmeuy in musicians and non-musiciaf15: a 51 udy of hemispheric \pecialiJ;alion. 1978,16, 113-128. Hobson J .A. . rke relicular formation. Re, . Prog. 8u/l., Vol . 8, 1977. 328 Hodos W_ Vidon and he visual syslem:. a biTd'$ eye view. En J.M. Sprlgue y A.N, Epilein Progrr.J In P3yrhobiololJl, PsychophySfotOIJ!. N. Y. Acadanic Preu, 1916. Ho/Jand A.L. Abflitla in Doily L/vi" g: manulll , Un. Park, Press, BaHimore, 1980, Holmes G. Oi.o;lurbllnces of visual orienlal ion. /Jr. J. Ophto{mo{., 1918,1, 449506. Holtzman J. O .. Sidi5 J .1. , Volpe B.T .. Wilson O. H., Ga.uaniga M.S. Oissocilollion of ! palia! Informllion for stimulus localiution nd Ibe cont rol ohtlenlion. BrIl;n, 1981, 104. 861872. Uorel J. A. The neuroanalomy of amnesia, A critique of !he memory hypothesis. Brom. 1918,101, 403445. Hosokawa T., Nakamula R .. N. Manoric alld dicholic fusion threlholds in pauents Wlth unilateral !u!x:ortiea.llcsions. N,"ropsyc:hologia. 1981. 19, 241 -148. Hubel D . H WicseIT.N. An 811atomlcal demonmalion of colurnn! in mill e COUCII , Notuft, 1969,121, 747-150. Hubel D.H., "'esel r .N. fieldJ; 01 runctlonaJ all:hileC1ure or monkey slriale eortex. J. Physiol., 1968, f9j, 2IS20. Huber W. , Gleber J, Linguislk and nonlingublic processing or mlIlalivC$ in aphasia. Bron Ilnd Lungutlft, 1982,16, 1-1 8. Huppcrt F.A. Memof)' in $plit brain pati erm: a comparison wilh organic amneslc syndromes. Cortex,. 1981,17,101 312. [nglis J ., Ruckman M" Law$on J.S .. MacLean A.W., Monga T .N. Se. drrercnccs in Lhe cognitvt effKts of unilatera[ brain damaat. Cortee, 1982 . 8, 257-276. Ingram r .T.S., A. W. , Blackburn r. lletrOSpe<:t1ve study of'tl2 children wh Tudil\3 lh,'. Med. Chilo f'/turol., 1970, 11,2112!1. It oh M., Sasanuma S., Ushijima T. Velar movement s durina !peech in 11 palient with aprui a of spch. arai" and Lanfluage. 1979. l. 227-219. Iloh M" S8satlUl1l8 S . H. , Yoshioka H .. Ushi.ilma T. AbnormaJ artic.lluorand dynamlcs in a palient with apruia or Xray microbtam oh$ervlllion. Bra;n and Languofle, 1980, 11, 66-75 . ves J .. Keller E .. Roch Leoouu A. Scqucnc('S of phoMmic aproximations in apha.sia. BrIlf" o"d Longuagt, 1980, fI , 1Q....44. Jackson H.J . ( 1871). Writings 01 John HughlinRs Vols., I 2. J. (Ed). Hodder y St oughton. Londrts. 1932. Jarobsen C. F, function of lhe frontal 8.\Sociatlon in primat es. Arrh. Neurof. PS)'f'hiolr., 193.5, )J, 558-569. Jeanncroc1 M. Espacc et Icg8ld. En H. (Ed). de la Visuelle Masson, Parls. 1972. 329 Jealllltrod M., Ktnnedy H" Maglll M. Corollar )' DI s.charlle; possible imptications in I'isual alld oclI[ omolor illl cncUons_Nnu7Jpsyc,hofogio. 19"/9. 17. 241-1 3S. Johnson D . Almlr k.C, Asc, brain damast and performance. En S, Fincr IEd) . Rtrol'tr)' f rom 8roi" Domogt. Ptenum, N. Y.,I9?S. JonaGolman M., MUner B. Ri,hl temporal lobc conlribution to Imaacmediated verbal lcarnina, Ncwropsydl olofJio. I97S, /ti. 6 112. J OllesGolman M. , Milllel 8. Otsiln nlleney: IN: imcnlion of nonscrue dra""ng aftu loc.al cortical lt5ions. NCIlTOpsyd!ologIo. 1977,15, 633-6;4. JQyll t R.J . Vaul Pierre Broca: hu contribullon 10 Ihe kno ..... ledgc of aphMiJl. . CorftX, 1964. 1, 1()6..21 3. JoyOl R.J , . Belll on A.L. Thc memoi, of Mare Duan aphasia. Ncurol., 1964, "',!l3 18S"' . JOYII I R J. , Shou[don 1. lkmelllia. En Cl"icol NCllropryeholou K,M, Hcilman y E, VlI.lefUltin (Eds). Oxrold Un. Pre$, N. Y., 1\17\1. Jlllen Il. Blnotular depth flC"rct'plon ..... llhou\ ramiliatily CUe5. Sdt'llct, 1964, US, U., Von CtlllT\OIl D. 011 tlle role.' of Ihe anlerior cl naulate oonu in phOllalion: a cue repon, 8roln fltid U"fJUUSc. 10S2, IS, 234-248. Jurto M,F., Andy O. J. P-,:,chological BSfl".'!.! o f diencephalol omy. J. NCllfOI. NeufOnir,. P1yehiOlr" 1%4,17. SI6--S2\ . Kap!an f .F. GcsturaJ rtplt!.entat,On of lmp!emcnt unge. Diss. Ab$trrls. , 1%8, 19, 219)119"' . Kari5 R , HOl"tIlSlein S. l.ot.Ili l.ation or peceh parametcr by brai n !Can. NttJrol. , 1976, 26, 226--230. Katpov , B. A. Ya A" C. , TOll kono.i1 C,M. On peculiaritin of lile m ua-molor sys!cm in Y;SUlb IIll)osia. NCUfOPl..w:holo,io, 1979, 17, 28 1- 294. Kawam\11"a W" Spra8ue J .M., Nhmi K. Conirofugal projet.1:10ru from lile visual COrlK:cS 10 t lle Ih[amus, preUClum ilnd superior ooUiculu$ in Lhe cat , J. Comp, Nnlfol . 1974, 1'8, 339-362. Kcll..u 1.. A., T.G. Hemisphcric nymmclfcs in Ihe pc:rcept ion of musical ;nlcrlal$ u a !"\lnction of musical experieucelnd family handedlltsJi backround. 8(oi1l o"d LO/lfJuo, C, 1980, 10, 24-38. KeUcr E. Compo!lcncc and in aphasia wilhin I perfotmanct moocl or 1ansuIge. CortiX, 19SI, 17. J4\1356. KcUy A. H., Beat on L. E" ""Isoun H,W. A midbr.il1 mhlni5m for facio\Mal Ict ivily. J. N curophysiol., 194\1,9, ta l IS9. Kelso J,A., Tuller 6 . Toward a Ihcory of apra .. 1: ic $}'lIdromC3. 8roi" o"d LOt/'IUIIC, 1981 , 11, 2;l.4-.2"S, KCnll llrd M.A. Reorgllniuliol1 or mOlor funcdon il1 Ihe cerebral corte"" or mOl1kl')'s Ikptivcd of mOlor and premolor areu in infancy. J, NCllfOpIrYSiol . , 1\l3S, " 447-496. 330 Kllnt R.D., Rosenbek J.C. Prosodic disturbances and Ileurologic BlI'lin and Language, /5182, IJ. 259.-291. Kerr V.M., Foulkes D. Rlght hemisphcre mediation of dream visualization 11. case study. Cortex, 1981. 17.603610. KemSl A. Vi,ual agoosia: the dual ddici of perceplion and rccognition. Cortet, 1919, 15, 401..419. Ker[el;Z A . Hooper P. Praxis snd language: the extent and of apraxia jn aphasia, Neuropsychologia, /982,20.271286. Kertesz A., Sheppard A. Tbe epidemiology 01" a:phasia and cognltive impairmllnt in stroke. 8tajn, 1981, 104, 117128. Kertesz A., Harlock W., Coatc5 R. Computer tomographk 1000alization, lesitm size and prognosis in II.pllasia and non-verbal impalrment. 8rain and Lallguage, 1979, 8, 34-50. Kim "., Royer .'., 80nsteUe c.. Boller F. Temporal sequenciog of verbal alld non-verbal materials the effccr of laterali!y of lesioll. Conex, 1980, /6, 1.35-144. Kimura D. Neuromo!or mechanisms in be evolution of human communications. En H. D. Stekl b y M. J. Ralcigb (Eds). NeurobJology 01 Social Communicatlon in Prima/es. Press, N.Y., 1979. Kimw-a D. The neural basii of langu>:lge qua SC$lure. En f-{, Whilakcr )' H.p.. Whitakcr (Eds). Studie$ If N.Y" 1m. Kimura D. Manual activity during speaking. Right handers. Neuropsychologia, !971, 1 1, Kimura D. SpatiallocaJiLation in Idl and rigbt visual fields. Ca"ad. J. Psychol., 1969,23,4454511. Kimura D. Left-right diffe.rences in Ihe pef(:eptiop of rnelodies. Qua/. l. Expl. P!ycho/., 1964, IS,
Kirnura D. Right temporallobe damage. Perccption of unfamiliar stimuli afler damagc, Arc:h. Neurol . 1963,8,264;!71. Kirnura D. Cerebral dominance and the perception of verbal stirnuli. Callad. J. P$ychol., :%1, Ij, 166-177. Kimura D., Archibald Y. Motor (unctian! of the left hemisphere. Bran, 1974. 97, 337350, Kimura D., FeJb S. Neural prCK:cssing of bac:kward speech Science, 1968, 16/,395396. Kimura D., Humphrys C.A. A comparison of lefl and right arm movemenls durmg Neuropychologitl, 1981, 19, 30781 Z. Kimura D .. Barnett H.J .M., Burkhart G. The psyc:hological lest panem in supranucleal palsy. NeufQf'Sychologia, 1981,19, 301306. 131 Kimura O" Bauilon R .. Lubcn S, Impai rmen\ uf non1insuistic hand moycmenli in a deaf aplwic. Bra;n ond J.Qnguuge. 1916, J. 566-S1 1. Kinsbourne M. and hcmisphere rivalry. En in Neur%l,j. Vol . 18. E,A. WrlnSldn y R.P, Friendland (Eds). Raven Pras, N. Y., 1911, Kinsbournc M, Thc cerebral basili nf lateral asynlmctrics in altenlioD. En S. Kornblum (Ed), Alfln/ion ami PerformafICe. Acadenuc, N, y " 1973. Kinsbourne M., Warrington E. K. Di sordcrs of $pcllinl, J. Neurol. Psychialr" 1964,. 27, 224-228. Kill5bournt M., Warrint on E.K. Thc localizin $,nilicantc of limited $imultaneOUi vhual form pcn::eption. 8ro/n, 1963,86,691-101. M' I Warringlan E.K. A nudy o, finger agnosia . Bro;n, 1962, 8J, 41-66. Kinsbournc M., Winocur G. Response compctition and lnttl"fcrencc dfu in paIrcd wo<:iate [wnin,s by KaruJoff amQesics. J980, //J, 541 -548. KinlJch W. Lcoffling, MemoryarldCol1ctplU!1/ Wik!y, N.Y., 1910. Klrin K. GthirtI/H#holo,it. Barlb. Leiplig, 1934. Klima E.S., BeUug; U. Syntactic reularies jn tbe spcech of En 1. Lyons y R.J. Wales (Eds). Psycholinguistirs Papcr5. Edinburgh Un. Edi nburgh, 1966. Klingon a. H., Bontecov D.C. tocalizat ioll In auditory spacc. Ncuro/ . 1969,19. !79-881. KJuyer H., P.C. Prcliminary anaJysis of function of the tcmporallobcs in monkeys. Areh. fVtw.rol. Psychorr., 1939,41,919-1000. Koff E., Borad J.c. , White B. ;\symmctries for hemifacc s;zc IlIld mobiJity. Neuropsycholo,iD, 1981. 19. 825830. Konouki J., r.a .... icka W. Analysis of erron by pte-rrontal anima.ll on me dclaycd response tes:t. En 1.M_ Warren, K, Aktl"t (Eds). TIJIFro,,-rolGrorlulor COrle;f and Bchll"ior. N.Y. , McQraw HiU. 1964. Kouner R., Maui s S . Gatdncr J., aoldmcier e. A verbal scmantic ddicit in me alcaholit Karsakofr s)'Tldrome. COrlex, 1991 , 17, 419426. Krafl R.H. Thc relalioru;hip bctwcen right-handed twe!lcd and (amiUaJ handedneu aOO laleral spccializ.a,ion. Nfl"Opsych%glo, 198\, 19, 691-706. Kurflcr S. W. , Hur.t C.C. The mammaUan smaUnerve fibres: a syuem for cfrerenr ncrvoIU tculation af musc\e spindJc dLschar,e. En Pluems of OrganUaion in the Central Nervous Syslem. Res. Pub/. Au. Ne,.". Men/. Dis .. 30, 1952. J.R. Tcubcr H.L. AltcrltiollJ in auditor)' rusjon thrcsholds afler cCfebra injury in man. Neuropsyclr%gla, 1913, JI. 409--416. 332 Lada ... ;u E . Umilta e., Rlcd Bittj P.E. E ... idence ror sex difrerences In ght hemisphere dominante rOl emotioru; . 1980, 18, 361366. Lake D.A., 8ryden M.P. Handedness nd !.eX Il iffcrences in hemisphcre asymmelry_ Bron Qnd LQl1guQgt, 1976, J, 266-282. undis T., RC8ard M .. Serrat A. Iconie- rnding in a casc of alCli .... ith"ut allr.'lphia by a braln tumor. A slUdy. BrQ;" Q"d LQngua,t, 1980, /1, 4' -'3. Lashley K.S. The problcm of serial order in bchavior. En L.P, JeffrCS$ (Ed). CtrtbO/ Met:ho"i5ms i" Beho ... ;or. Thc HixonSymposium, Wile)', N. Y. 1951. Lashlcy K .S. Broin Mtchonisnu and fllellig,nrY, Chicao Un. Pren, ChiCllIIO, 1929. Lasscn N. A .. [nsvar D.H., Skinhjj E. 8tain funclinn nd blood now. Se. Am., 1978, 1J9, 50-59. Lchmkuhl G .. Poeck K, A dislurbance in thc conceptual or8ani zation of aelionl in pat ienu with ideational apraJtia. Cortel:, 1981. 17, 1'3-158. L..eiber L., Axclrad S, NOI all sinistu,Uty 1$ pathologieaJ. C"r/tx, 1981 , 17. 259-272. Lcmperl H., Ki nsboUTnt M, Erfeet o r latcraJity of orieTltation on verbal memory. NturOM)'fhologIQ, 1982,20,211-1 14. Lenneber E. H. 8iological FoundQt;on.soj Longu.ogt. Wiley. N. Y., 1967. Levln H.S_ Aphasia in closW head injul"}' . En ACQui"d Aphaslo M.T. Sarno (Ea). Academic Press, N. Y,, 1981. H.S. Motor impcrsistcnc(! and pl opioccpti ... c feedbaek in palicms with unilateral cerebral disea.'iC, Neurol., 197). 21, 2iJ-2,45_ l.e ... in H.S .. Grossman R.G" KeUy P.1. Impai rmcnt in racial rttognition tloscd hcad inJury of Cor/tx, 1977, 13, 119-130. ... ine D.N. ProJOpoagncni and visual object anosia: behavioral study. 8rol" and Lan,J/08t. 1978, J, 341-365. Le ... D.N., Cal ... anis R .. Popo ... ics A. Languag.: iD ..the or inner Spf'CCh... Nturops)'fhol ogla, 1982,10,391-410. Le ... y J, Psychobiological ;mpllcaliOlUi of bilateral a5)'mmctry. En J. S, Oimond y G. J . (Eds.) Hf!m$phtrt FlmClion ond lhe Humon8ra;n, Elek, Londres, 1974. 1.evy J., Red M. Variatioru in writin posture and cenbral orllaniution. Seitnee, 1976, /94. ) )1-339. Levy_Agre;,;l i_J ., Svcrr y R. W. perceItual caJ,lilcitic in major and minar P'oc. U.S. No/. Acod. Sci .. /96!1. 6/, 1151. Levy J., Trevarthen C. Color malchins. color naming and color memor)' in svlil-bl"8io pal ienl . Nf!lIropsychologio, 1981 ,19, S21-'4l . 333 Lelly J. , Nebe.<l R.P., Spcrry ElIpressille lanluagc ln he lurgically scparaLcd mloor henusphcre. 1910, 7, 49-58. LClly l .. TrClllrlhcn C., SlCrr)' R.W. PerCl:"ption of bilateral chimeric figura following hemislJhcrlc deconne<;\ion. /J,aln, L972, 95. 61 -78. G. , Ckrldcn C.J., J., Osmon D .. Puri!oCh A., Hammeke T.A. LI.'L'aliza.th.HI tlf ;en:bral dy!runttion WILh a sLandarized version of Lurill' ro neutops)'chological baILe!)' . J. CIJflJul, . Cli". PS'Ich., 1979,47,10031019. LClak M .O. Neurops)'chological A.nwmerrl. Oxford Un. P:ss. N, Y . , 1976. Lcuk M. O. Re<;over)' ofmemor)' and learnlng funcllons following tr aumarie hrain injur)' . Corte,-, 1975 , {j,63-72. LhcnniUe F. Anll.tomoclinic1 tudy or a case or Chromaulloagnosiu . Rel'. NnJfO/ . 1973. /76. D 9346. Lhermine r ., PiILon B. La IJrosopougnosie: rate de l' htmisph!re drol, daos la "etl'cpt ion visuellc. Rel'. Nrllm/. , 1915, lJl, 791 -gll. Lhcnnltc F., Chedru F . Chain F. A d'un cas d'agnosk visuclle. Rel' Neufol., 1973, /lB, 301-J 22. Lhermite F., Chain F., Aron D., Leblilnc M., Souly Q. Les de la viSlon des eouJtun: dan le! lesJons du cencau, R,v. Nturol., 1969, /1/, Uberman A.M, The of the IBnguagc nemisphete. En F.O, Schmilt y G.D. Worden (Eds), Thr Neu.rosdl!f!("u Third Sru.dyPr O/trom. 8oSlon, MIT. Preu, 1973. Ubcrman A.M., Cooper F .5 .. Shank"wciler O.P. , Studdert- Kcrlnt<Ly, M. Pel ceprion of rhe sl1eh codeo Ps)"Chn/. Rt\'., 1%7, 74, 431 461. Ushman \V.A. Cerebral disordel '" alcoholism. Synurome; ofimpairmcnt, B,oin, 1981, UH, 1-20, locj"e J. L" J . W. RetricYlI1 faUute, rehcarsal defieJcncy and shon-term memory Jou l n rhe aphule adult. ond Longuoge, 1978, J, Z27-2J!i. Loma.s J . Competi ron .... irhin Ihe lef! hcmisJlherc belween spe.akinll1nd unimanual t;uu performed Wlt)loul YIsual guidanet. NeurCiPs)'t:hoJof!,/o. 1980, lB, 14J 1!iO. Lomas 1., Kerlc5l A, Palterns of spontllncous recoye,)' in IJlhade group5. Brofn and Lanf!,,,aB.l!, 19711, .', 388401. Lomas J., J<imura D. Jnltahcmisphcrlc nrcraer ion bct wcct1 sl-ltll1:ill & .. ud se>.l\lcUl iBl manual NntfOf1SJI(/UH0B.'I#, 1976, 14, 2334. lundbctg A., Nonel1 V., Voorhrx.vc P.E. PyramidaJ Qn lumbosaeral inll' rneurons ac:tivated b)' somatic aUnents. AN. Physiol. Scund., 1962, 220-22:9. Lurill A.R. On qU.llsiaphas1c SIJotech in o( Ihe deep truClUres orthe braln. 8raill I1 nd LUlIguoge, 1977. 4, 432 .... !i9. 334 Luda. A.IL WQrkillg 8roin. Penuin. Harrnollds"'onh, !971. Luria A.R. TroumofU: Aphiwa. Acad. Med. Sei. MMCU, 1941. Luna A.R. , E.O, Dislurbanc .. in Ihe regulative rol .. of \lflh fronlallobe Itsions. En J .M. Warren y K. Aken (Eus). FranJol GraflularCorlex ond McGraw Hill, N. Y. , 1964. Llinb R. La roml! el la fonClion des nCl veules. Lo Rffherrlte, 19;4, J, 2l2rlAO. LUn$ R., Iberall A. A global madel of neurona:! commandconltol .. ms. Bios)'Slems, 19TI, ti. lJ).:m. LuUaHi C., ScOlIi G., Gallani A. funher JuggestlOM fOI cerebral CT IflC3lilalion. Correx, 1979, 15. 48)-490. Lynch G" Cotman C. Thc h.ippocampws as a made for 5tud)'ing analomkaJ plastjcit)' of Ihe adult brain. En R. baacson)' K. Prlbram (Eds). TII .. Hippocompus, Vol. 1 . l'lcnum Press, N. Y. , 1915. L)'ons j . Nf!'W }forilOn$ in LlfIgu/Srir:s, Pclrcan. Harmonds .... o<,lh, 1970. Mac Ltan p , CenDral evolllri on and emollonal pnX:es$CI: ne-w find ings on lhe- Slralal compte.'\' . Annalr N. Y. Al"<1d. Sr., 1972, J9J. IJ1 154. Mtu:I.; J . l ., Levine R.N, The b35Ls of visual conmuctional disability in p.:ttJenl$ \Oi il h unilat eral cerebral lesion. Carle!o:. 1981./7. Mai r G. P., Warringlon E.K" Wciskl1lntl L Memory disorder in Korsako(f's psychosis. 8ruifl . 1979, IQ1 ,749783 . Mareel T., L " Smith M. Laleraht)' and rcading Ilrofidency. 1914, J 1, IJI I 40. Marie P. Trul'uu)C el mmQireJ (vol!) Pars, 1926. MarshaU J.C .. pmbl!!ms and with recen! of hemirpherk spttiaHzatioll. Nturops)'clto(ogia. 1913, JI, 463470. MarshaU J.c. , Ncwcombe F. Variability and cOll5tnunt in acquired d)'llcxill . En H. Wllllakcr 'i H.a , Wltitakcr (Eds). S/ud{e.r in NnJrolill;ldstics, Vol. 2. AcademJ c, N, Y .. 1911. MllfShl1l J. C., TOlllpkl n, C.A. Verbal sclf-corrcetlon bchllviofS of fluenllnd nonflllcnl aphaslc sllbjIS. Bruin afld Lungllug/!, 1982, lS, 292306. Mats1cn-Wilson W.D .. Teubet H.L. Mcmory rOl remote c!{e!lU in antcrograde amnesia: rceognitio n of vubHe figures [rom newsphOlograllhs . Neuropsyt'holo8ia, 1915, n , lS)364, Mani C. A. , Bcrluechi O. Right ficld SUpcrioril)' ror'llccutacy of reco8nition of ramous faces in Neuropsyrhalo,w, 1917. IS, 1-756. Maleer C. A" Polen S. B .. Ojcmann O.A., Wyler AJI.. Cortical loealltJllion or finge. spelling and oral languasc: a case sllld)' . Broin und Laflguogt, 1982, /7, 46-57. J3S MaximilJan V.A. Cortkal blood now lI$ymmrtri(5 dunl mMBural verbal slimulBtion 8rom ofld l.arrguage, ]982,15,1 1 ] , Mayes A . Meud(1I P. How similar ls (he errect of CUt] hg in amnesic and in normal 5ubject5 foHowing forget linll Corfe.'C 198\, 17, 11)126. Mayes M., Meudell P. , Near)' D. Do amnuics adopl ncnielen! cncoding with fa ces and random shax:s1 Nf!uropsychologia, 1980, /8, S27,340. Mayeul( R. , Brandt J. , Rosen J .. Bernon F. In(rietal memor)' and lallguage impairment in tcmporallobe cpilepsy. Neur%v, 1980, JO, 12().. ]2S. Mauuechi A., Parma M., Callel"ni R. Hemispbere dominance. i n Ihe pcrcep\ ion of tonal 5tquences in relalion musical compelcnce and bandedncss. Corra, 198], / 7, 291 302. MaUUC1:hi A. , Moreui G. , Cl1ffarra P., Panna M, Ncuropsycbolo8ical fum: tions i n Ihe followUIl or 1r;!.llsienl globall\lTInesia. BNIlfI , 19W. /03,1611711. McClw!()' J .D. Thc role or semantics in a araromar. En H. Boch y F.G. Harrns (Eds). UrrfW!qa/s in Lirrg"in ics Theof),. HolI, Rlnehan Winslon . N. Y., 1968. McEnlee W.J ., aibtt M. P., Perle O. P., Benson D.F, Dicntephalic amnesia: o reapplll.isa1. J. Neuro/. NeurIMur8. Ps)'Chialr., 1976, 39, 436--441 . McFie J ., Pien:y M.F" ZangwiH O.L. Visual spatinl agnost. associalcd wllh Ioh.! of t lu: righlC(rcbra1 hemispbcre.8rai'l, 1930, 73, 167190. MtGlone J . Sex dirrerentes in Ihe cereblal Ofganiu tioo of verbal funclion in j)ll.lienls wh unilat eral brain lesiOIlli . 8ra(n, 1977, 100, 77S,793. McKay S.E., Golden C. J ., Moses 1.. Fishburnc F" Wisniewski 1\ . Conelalioo of lhe LuriaNebraska Neur opsycllological Ballery whh tht' WAIS. J. COfl.wl/. Clin. PSjCJr ., 198 1, 49, 94(}.946. McKeever W.F., Hoff A. Familial rustrall!y, su, and lat eralil y differenccs lo narolni! and declsioll areecies or righthanden. Bra;fI Ilrrd l.ungullge, 1982, /7, 22S-2J9. McKecver W,F. , Dixon M.S. Right hemispherc 5uperiority fOI diseriminaling mcmoriled from oonmemotiztd faces: arrectiYe imallCTY, sex 3nd perceived emotionality (Hects. Brain una Language, 19111, /1, McKet'ver W. F., Van Devent(r A.D. nverted hand wrlun.g pasillon, languale IlI.leralil)' and IlIc L(vyNagyla.1ti lellctie modcl of handedncss and cerebral organizadon Neurops)'Ch%gi u, 1980, Itt. 99102. McKtt: vcr W.F .. Larrabce a .J .. SuUivan K.F., Jollnson H.J ., Ferguson S., Raypon M. Unimanual taclilc onomi a consequem 10 corpus callOSOlomy: reduttion of anomie deCidt under J'tIeuropsyelrologia. 198I, 179 190. McMa nus I.e. Handedn(ss illl\\' ins: a critical ,e"iew. NeurOps)'l'hologla, 19110, 18. McNaUy e., Ettll nger G" S,nith A.M.R. O ossmodal performance in pllierus wilh cerebral lesions. Cortex, 1982, /ll , 91-104. 336 MeRae D.L., Braneh B. Tbe QCciptlll bornr; and cerebral dominance. Neur%gy, 1968, 18, 95-98. Meadows J.C'. DislUrbed perception of colours associaed with IOCIIllzed cerebrallesions. Brain, 1974, 97, 615-632. Melekan B. LaleralZlltion in tbe human ncwborn at birth: asimmetry of the neppin reflex. Neur(lps)'(.hologia, 1981, /9,107-712. Mendilaharsu c., Acevedo de Mendilaharsu S. Constructional aprwa. A clinico-physiological study. Act. Neurol. LflI. Am., 1971,17,172-193. Mendilaharsu c., Delfino L, Sapriza. de Correa S. Distribucin de las copias de los diblljos: estudios sobre la integracin en 1;'1 nino y la desintegracin en la:; lesiones focales de los hemisferios dert'Cho e izquierdo en el adulto. Act. NeuroJ. l.at. Am., 1971,17,97-108. Miceli G. The processing o speech sounds in a pauen! witb cortical auditory disorder. Neurop:ychologili, 1982,20,520. Miceli G .. Gainotti G., Caltagironec.. Masullo C. Some asPI!\:(S of phonologicaJ impainnem in aphasia. BrainandLanguage, 1980, Jl, \59-169. Miller C.A. Degree of lau:ralizauon as a hierarchy of manual and cognitive Neufopsychologia, 1982,20, 155162. Milner B. Clues lO (he cerebral organization of memory. En Cetebraf Corre/ates 01 COMCiouss Experience. INSERM Symp, n. 6, r978, 119-153, Elsevier, Amsterdaffi, 1978. Milner B. Psychological of focal epilcps)' and h, neutosurglcal managernenU. En D.P. Purpura.. J.K. Penry, R.O. Walter (Edi). Advances in Neurofogy, Vo!. 8, Raven Press.. N.Y 1975. Mitoee B. Hemispberic spC(.'"ializ.ation: scope and limits. E!I F.O. Schmitt y F.O. W"rden (Eds). T1tf Neurosciences Thro Study Programo M.I.T. Press, Cambridge, 1973. Milner B. Di,orders of learmng and memory after temporal abe lesions in mano CUno Ne.urosurg., 9n, 19,421-446. Mlner B. lnterhemispheric and psychological in mano Srf. Med. BIJ/{" 1971.27,272-271. Milner B. Residual inteJlectua.J and memory deficits alTer head njury. En A.E. WaJker, F. CaV$ll:$s.y M. Crilduey (Ed5). The. La/e E/fects 01 Heod lfljury. Thomas, Spri!lgfield, 1%9. Milner B. Visulllly lIuded mlUe Icaemog in mano En J.M. Wllrren y K. Akcrt (Ed5). The Frontal Gra1l1l1a!' CorteJ<. McOraw HiII. N.Y., 1965. Milner B. Sorne effect5 of frontal iobectomy in mano En 1.M. Wllrren y K. Akert (Eds). The Frontal Granu/arCorlex;. McGraw Hm, N.Y., 1964. Miloer B. Effects of different braio lesions on card sorting. Arch. NeurCJI . 1963,9.90-]00. Milner B. Laterality efrects in audition. En V.B. Mountcastle (Ed). RelalolIS arrd Cerebral Dominance. JQnns Hopk.ins Press, BaltimorC', 1962. Milner B" Taylo( L. RlII-hemilphere slIpenonly in lactite pallCIII tllCtl@,muon a(ler cerebral commiUutolomy: eyideo!:, fOT IlOIl yrrb.1 rnemol')'. ""europsyc:holollio, 1972, IQ, 1 ll. Milnel B., Br.nch C. , R'smu5sen T. Sludy ofSTM afie! inj('dloQ of sodium amytal. Trons. Am. ""eu,oI. A$S:, 1962.81, 214--226. Miloer 8., COlk.i1l S" Trubfi H.L Furthc:r allal)'llil or the bippoCluopaJ iullneslC: syndmme: 14 )'1'$ foJlow, u.p stud)' or H.M. NeuropSJc1w/0ll io, 1968,6, 213 .234. M. AnaJo@,ous ntuta] models for II.CIUaJ ami visual lenlllll@,. Neurops!ChQlog(o, ]979, 17, 139 IlJ , MLShkin M. Memor)' in monkcys ImpaHed by combined bul no! ('parale rcmova/ of amydal a and hUlllocampus. 1978, 27J, 297298. Motlr J_P. BrOCil ' s area and Broca's aphuia. En H. y H.A. Whllaker S/udiu /" Neurolinluis/ lcs, Vol . 2. Academic, N. Y., 1977. Moltr J .P, A, I Ilfl usual CIISC of <J)'sleJ\ia wih 4y5SfQphia, Bro;n rmd Loltlwag,. 1976. J, 324--334. Mohr J .P., Wal\er W., Dunean G.W. hem011'hqe and aphasia. Bra;" rmd Longuogr, 1975, J, 3 17. MOMeo P. , A., Sec.hl G.P., COUIl O. ALuired ocularmOlor apnu.:ia ri&!ll-sided cortical anr,ioma. CorteJ:o 1980, 16, H9,'68, Moscoyileh M. On Interpretins l1IuI rcprdins , he linuistic competenct and perromlancc of r/JI bemhpncn: a reply 10 Selnes. Bro;" and Longuo,e, 1976. J, 590-599, N!nscoyitch M., Olds .. J. in facial upressions and hdr por.sible relalon 10 hemi!ptlerk sJlC'Cialitation. NCl'roPlchol/Jgio, 9Il, 20, 1 ,82. Mounu:.utle V.p. The world around us: ncural oommand fUllct iolls for selt'cli\'e amntian. En F'.O. Schll1itt (ed.J: Lrctures ti Nturosci, nce.. M.I.T. Pren. 1971. MOUnlCe.tlle V.B. Medkal PhJsOfogy. Vol. 2. Mosby, SI.. Loub, 1968. MOllntcastle V.8. Duality of functian in Ihe somatic .rrercnl system. En M.A. B. Bruicr (Ed). 8roill olld 8 ,hoy/n,. Am, (IISI . Bjol" Se. , 1%' , 6193 , Mountc:lUtlc V.B. , Powel1 T.P.S. NCllral mcehanlsms sUD$(' vi ng cutaneous wi l h rcrcunce 10 Ihe roJe of IUerenl inhi bilion in sensor )' perccption and discriminat ion. Bu/f, Johns Hopkirrs HOlip .. J959, 101, 201.B2. Myer & R.E. Corpus caUosum aOO yisual nosil. En J . F. Delafresna)'e (Ed). 8ra;n Mha" isms ond l.f!Qr"'fI/l. B!ad.:weh. Olford, 1961. M}'crs R.E., SjlCrr)' R. W. Inlerocular tranfer of a visoa] form discrimillatiOIl habit il\ cal.$ arter sdoll or l he Olltkchiaslll aud corlJu$ callosum, AMI/, Rt'C., 1953. /75, JS 1 352. l. , Cannon A. Hand preference in sequenll.l Bnd spaliB] discfminalion a.sks. COrfv:, 1975. I J, 113-1)1. 338 M.A" Hayward R. W., Llulhlin S. A., Zalt L.M. Qllantitative CTscan sludies in aphuia. J. nlarel size and cr lIumbers. Sro;n Qnd Llmguage. 19AI, 12, 14().,.164. Nautr M.A., Alcunde, M.P., Helm Estabtooks N., Levlnt R. l..aulhling S., N. Allhas.ia wil h predomil)anl lysub<onical lesion,si tn.An:lr. Ncuro/., 1982,39, 2 14. Naucr M.A. , Ha)'Ward R.W. , Laugblln S.A. ., kker J .M" Jerni gan T.L ., bu; L.M. Quanti tltive crsQn slIIdlcs In IphILSia. 11. Compariwn 01 Ihe lit and left hemispheres. Orai" IJfld ulfIgllage, 1981, 12, Nauta W.J oH. The problem of Ihe fronlallobe: a rcilllerpretalion. J. Psychio(r, Ra., 1971,8, 161-\87 . Nauta WJ . H. UmbiclYlilem and hYPOlhalamus. Anllamical aspect! o Phy,slol. Rev . , 1.960, 40, Suppl. 4, 102-104. Nebes. R. The nallue of ihlemal spccch in a palienr wilh Ilhtmla . rojn ond Longuase, 1975, 1, 489-497. Ncbes R.O, Superiority of !.he minor hemisphere in in mln for !he pcretplion or pan.whole reJll tionships. Conex, 197/ , 7, ))).)49. F .. Rlldjff G. Handedlle$s, spee;h laferalizaliOIl and abili ty. /973, 11. ,.....,.. Newcombc F. , Oldficld e., Wingfield O. ObjeCf lIamilli dysphuic paLiclILs. Nl//uf'l' , 207. 1217. 1218. Nil55011 J .. D, Tbe errects o familia! l inUtrality I.nd prefeneO hand on dichaplic and dehotic rub. Bra;" l/nd LOflgul/ p, 1980, 10, NoJan K.A., Caramaua A. Modali lyilldcpendcnt impair menu in word proct$sin in a decp dysle.'(i(' 1>Bliell!. Sra/" ond Languag\". 1982, Uf,237-264. Nombohm F. Cerebrallatcraliutiol'l ill birds. NturO$C. Rn. Progr. 8ul/., 1\174 , 11, 4-14. Oblt t L. , Albert M.L unguage ill Ihe tldtfly a!)hule .lId in he dementn patiUlt . En A ttll.< nd Ap !lQSja. M. TaytnrSarno (Ed). Acade.mie Pren. N.Y . 1981. Obler L. K., Zatotfe R.J., GaJ!oway L., Vaid J. Cerebral lateralization in bUfngul)s; met hodolog!cal issuas. Bro;" l/flrJ LOflil/ole, 1982, J, Ojernalln G.A. Oraniution or verbal memor)' in langual\" af"as of human conell: evidente from tlectric.al stimuladoll . Bra;" ond Lo"SNOgt, 1918, J, J)I-J4(). Ojernann O.A. Sub-cortical langllll.8e mechanisms. En H. Whillktt y H.A. Whitaker (Ed.J). Srudics 1" Ncuro/inRui.rtles. Vol. 1. Aat4nnic. N. Y., 1976. Qjemalll.lO.A .. BlickK . WardA.A. . lm.Irovemellt and din urbance of short- Ienn mcmory with human VfllUolarcralthalamc Trans. Am. Nrurol. A.u" 1969.94.1'2-15. Orgass 8 POtck K. (I r 3 nc.w test for aphasia: 311 uperimtQtal sllldy or the Token Test . 1966,2,222-243. 339 05ear-Berman ZolaMorgan S. Comparative neurOPSY<holOy and KouakoH's syndrome. l. Spllial nd .. isua! reversal feaminl . NnJr opsyc"oIogJa, 1980, 18, 499512. Oscar-fkrman M. , Zola-Morgan S. Comparative neulopsycllololl)'. 11 . Two-choice visual discrimlnllion learning. NnJrofJSyc:halogia, 1980, /8 .513-.526. Osear-Belmln M .. ZolaMorgan S.M" Obera: R,G.E., BonnCI R.T . Comparluive neu ropsycl"lolo)' II.lld Konakoff 5)'J1drome. 111. (xla)'ed response, dclayed a!ternalion and DRl pcrfonnanCl'.. NnJropsy - clt %gia, 1982, 2U, 181202. Qgood C.E. On undef'>landing and crealins enlences. A.m. Psycltologut, 1963, 18, 735-751. G., Klluhm S. , Terbec:k O" Rcminton R., Harsbman R. Tbe lerl hemisphcre is spccialiud rOl speu/l , langu8ic .nd sO!l1etbing el$(' . UCLA Worlcing POper$ in PlonelClr, 1972, 11, 118-119. Papcz J .A. A VfOposed mcchanllT\$ or emolion. Areh. Neuro/. Plyclrwrr. , 1937, J8, 72j.743. Paradis M, Bilinlualism and apbuia. En H. Whita.kcr )" H,A, Whilakcr (Eds). SUld/es ifl NeuroJiflguistics, Vol. 2. AClldemK: N. Y., 1977. Panidis M. , Goldblum M.C., Abidi R. AJIerm.le anUlgonism wilh parado:ca! u arulation bchavlor in IWO biliniualaphule paticnU. Bra!" arrd Lotlgllagt, 1982, 11, 5569. Pllfker D. , DeJbler S., Feldshuh B., Frosch W., Laureano E. , SilIen J . Findin mediu.l rcasons for psychiattic behavor. Gtfwtricr, 1916, 8791 , Parlow S.E., Kinsbourllf: M. Hltldwrhin: posluT\' .nd manual mOlor ll5)'mmctry in sinisllab. (l/curopsychologla, 1981 , /9,687696. Pasik P. , Pasik T. Funhcr sludies or cxllagetlkulale vision in Ihe monke)'. TrflllS. Am. Neurof. A.ss., 1968,93, 261-264. Penrield W . Boldre)' E. Somalic motOf and SCl\1Ory represcntallon in Ihe cerebral cottCX ol man 1.1 sludied b)' eh:clfc stimulaliol). Brai", 19)7, 60, 389-443. Penfidd W., RoberU: L, Spt1r atld 8rar" Mtt:hQflum. Prineelon. Universil)' PU1'i . PrincClon, 1959. Penna18.E. Human cere"oralasymmetry in colordisc:rimioation. NeuropjJll;holo,ia, 1977, lj, Petenon l.N .. Kirshner H.S. Ocslural impairmenl and ICStuTalabilit)' in .phasia: rcview_ 8raltl atld Ltmguagt. 1981, 14, 333]48. Pftif(tr E. ,.. !hOR poR.ble mental qut!tionnaire ror Ihe lS$C"menl of ofpnie brain dcfkiU in tlder l)' patienls. Am. G'f/aff. Soc., 1975,11.433")9, Pbillips c.G., Poner R, The p)'fllmidal projeclion m()(oneurOru of .sorne musclc :rcups o( me haboon's rorcarm. En Progrmitl Sro;" Ruturdl , Vol . 12. J.C. Eecles y J .P. (Eds). Ebcvicr, AmslcrdlUl\, ' .... Pia8C1 J . les SIIdes du intclleclucl de I' mfatl' el de I'adolescent . P ,U. F. Pars. 19H. Piana D. M. The influence of SCl .nd handedness In he l pcc:ializ.ation or vha! a.nd non\'trbal t8.SkJ. NcuroJ)SJ'l;hologia, 1980, 18, 163-176. l4ll Pkrcy M., H,un H., ,4Juriaguerra de J. Conunll'tional apra:<ia associated with unilateral Inions, lert and nghr tases comvared. Broin, 1960, BJ, 125242. Plon B. de auche dans de visu..comtnw:tlve- (innuence de la_ tomplclI.irt spatiale et de la mtthodede tompensation). Neuropsycholo,la, 1981 , /9. J 17-320. Pirouolo F,J .. R<lyner K. organization lnd rcading diubjlity. Neuropschologla, 1979, 17, 4gs-.492. Piuam.ilio L., Zoccolo H.P. Su and tognlt ive innuenee on visual hcrnifield supcriority {or rIce. and lcttetrecognition. Cona, 1981,11, 2U226. Plum F., Posner J. B. Lo EserKioldelEslupor y Como. El Manual Moderno, Ml..,ico. 1973. P"UI O. Die Optlsch a,nostieschen Slorunke11. Deutidte, Leipzi: . 1928. PoweU T.P .S. The organizalioD of the majot runctional arcas of the cerebral corteJO: . Smp. lool. Soc. LoM, 235252, PoweU T.P.S., Mounlca.ide V.B. Sorne II1lJCCtS or (he (uneliooal organizadon uf rile conell. of j)O$t-;ntralllyru$ orthe mon\o::ey. Bull, JohltS HopkfltS Hosp., 1959, IOJ. 13314$. Pribram K .H., Pl Olkin H.C., Anderson R.H. , Leong D. Informat ion sources in Ihe deJa)'td altemation tasJo:: for lIonnal aod "front.l" monkeys . 1977. 1$.l2.9]4O. Qua.dfWieJ F.A. Discussion 01 cllnicaJ diagnosis and UClItl11Cnl or aphasics. Ea e.E. Osgood y M.S. Miron (eds). Approochr:s ro Iht Sludyof AphQSio. Un. lUioois Pren. Chicao, 1974. Raman V., Gumnit R.J. monitorin: 01 tpilepllc pillicnls with a history of tpi$odk aggrmion. Areh. Nturol. , 1981 , J(J, 510-511. Rrumussen T. , MiloCl B. Cllnkal and slIrgkaJ SludjCS of the ccrebral spCh Ilteas in maD. En Cerebro' Loroliwlion. K.J , Zuleh, Q. Creut:rJddt. G.C. Gailblaith Springcr-Verlq, N.Y" 1975. Rasrnmsen T., Penfidd W. FUflher sludics of the sensor)' and motor cerebn.\ ca"e. in mano Fed. Proc . 1947,6,4S2460. RatcJiff G. Spatiel t.hought , mt'nlalloletloo and the right cerebral hcmisphere. Neuropscholo,ia, 1919, 17.49-54. Ratcllff O., DavicsJoDes O.A. Defc<:live visual loca!iulion io focal brain wounds. Broit!. 1972, 9J, 4960. RalclifrO., Dilo C. , Taylor L , Miloer 8. The morphologicaJ asymmctry of the hemisllhcres and cI:Tebru1 dominanee for sJ)Ch: a ponible rcJationship. Braill ond Lansuage, 1981, 11, 81-98 . Raush R. Lltlcr.::alon of Icmporal1obc dydunClic:in and vnbal cocadio,. Brai11 ond LOflgUllgt. 1981 , 11,92-100. Read D.E. SolViog deduClIc reasoning problems aftcr unilateral temporal lobcctomy. BrO[11 o11d LO",uoge, 1981, 11. 11 5127. 341 Rego A. La apraXII del vestirse en las seniles. Rell. Psiq14i/Jlr. y PsiL'Ol. Med. Europa Am. lr. 1969, 9, Rekh S. Significante of for spee1;h perception. J, Psyelw{. Res., 1980,9,379-388, Reuter-Lorenl P., Davidson R,J, Differential contributions of !.he two cerebral hcmispheres 10 !he perception of happy and >lid races. NeurofM')'ch%giu. Na 1, /9,609614. ReYllolds A.F., Turner P.T .. Hllrris B.A., Ojemann a.A., Davis L.A. Lef! thalamic hcmorrhage with a report of filie cases. Bra;,.. Q!ld l,anguQge, 1979, 7, 62-73, Riese W. Aphasia in brain turnan. Col1/. Neurol .. 1948,9,64-79. Riley T.L Massey W. The of aphasia, hea.daches and Idl emparal spikes, Heador:he, 1980, lO. 90092, Rinnert e, Whilaker H,A. by apha.slc palients. Cortex, 1973,9, 56-81. Risberg 1, Regional cerebral blood flow, Measuremcnts by Xe-inhalation-metbodology and applicationi in ncufopsyeholog) and psyehialry. Brain tmd Lunguage, 1980,9,5134. J., MaxirniHan V,A., Prohovnik 1. Changes of conical activity pattcrns during habilUation 10 reason!ng test. A sludy wilh the Xc nhatalion techllique for measuremenl of regional cerebral blood flow. Neuropsycho/ogia, 1977,}J, 793798, Rabinsoo R ,G., Seoson D.F. Depression in aphasic frequene)', sev erity , and clinical-palhologkal Brain and Ltmguage, 1981,14,282-291. Rabinson G.M., Sulomon DJ. Rythm is proceued in speecb hemisphere. J. Exp, . 1974, 102,
Roch LecClurs A., [ves J. Linguisjc and other psychoiogicaJ aspects of paroxsmal aphasia" Broin and Lo,..guage, 1980, 10, 1-2J. Rosenbeck l., Werlz R.T., Darley F,L. Oral sensation and perception in apraxia af spee<.:h and apbasia. J, Speech ond Heur. Res., J 973, J 6, 2236. Rosensweig M.R. Represem.atioD of the two tars at !he auditOr) cortex. Am. l. Physlol., 167, J 47-158. Ross E, Left medial parietallobe and re<:eptive fanguage functions; mixed transcortical aphasia afler lert anterior cerebral aner) iofaretion. Neurof .. 1980,30, J44-147. Ross E.D., Harney J.R, de Lacosre c., Purdy P. Ha ..... Ihe brain integrates and propositional Language ioto a uomed behavioral f\lnelion, An::h. Neurol.. 1981, 38,745-148" Rosvold H.E., Del8ado 1.M, The effect of delaye<! altemation performance of stimulating and demoying electrically structures withln lbe frontal lobcs of Ihe monk:ey's braln, " Cmnp. Physio/. PSydlO/" 19S6, 49, Rolhl L,]., Heitman K.M. Alexiaalld agraphia with spared speUing and letler reoognitioo abilities. Br/Jln and Languagl!, 1981, 12, 113. 342 Rllbws A.B. Analomical asymmetries of human cerebral conexo En S. Harnllrd, R.W. DOll", J . Jaynes, L. Goldsl dll, 0 , Kn.illhamcr (Edsl , LQ('rr(iz,ot(Off. n ",,,('IIOIa Sysfe.", . Acadcmk, N, Y., 1977, RlIrr R.M .. N. A .. Pribram K.H. AlIdilory dericiu in Ihe personal and extran:rsonal rramell or rc(erence: dile: 10 con icalle:srons, Newropsycholo,io. \Y8 !. 19. 435-445, RlI5.5cll W.IC, ESl'ir M.l..e, TrIJ llmot ic Aph(U(Q. Oxford, l ondlC5. 1%1. RusxU W. R., Nathan P.W. Traumark Amllesia. Broi", 1946, 69, 28().JOO. Ryalls J.H.. Motor aphasie: acoustk corrclales o r phOnetic desinleraUOn in vowcl!.. Nel.lropsycholog/a. 1981, /9. 3/J374. SeFfran E . . S<:hwartt M" MMI1 O. The "'old order ,>Toblem il1 agrammlll ism. 11 . Productiol1. Brujn rmd LU(lJ14age, 1980, 10. 263 280. Sarfran E .. SchwaruM . Maril1 O. Scmantic rnc.:hanisms in paralcxia. Bruin and bltgwlJge. 1976, J, 25"Ui, . Saklta H .. Shibul8nl B ., Ka"'lno K. S patia Ilr O)(ftle:S 01 fiJl; atlon in posterIor p.rietal assodation uf Ihe monkcy. J. Nrlir ophysiol. , 1980, 4.1, 16$4- 1672. Sand, E.S., Frccmar: F.J .. Hanu K.S. changes '" artkulalOry pa!lerllS in aptu,ia: a longit ud inal Mudy. Bro;" (Jfld Jflguugt , 1978. 6, 9'IOS. Slarno M_T. Tlle FUIIt./lof/D1 Commwnicoto,* Profitt. Munufll oj directO{IJ. N. Y. Un. Medi cal ("tOler. N. V. , 1969. Sarno M.T. , Le:vita E. Somt on the nature ol tcrovery in global aphlSlcs afler flrokc. Sra/ti a(/(I Larr.uage, 1981,13, 1 12. Sannumll S. Kalls alld K11i proccssing in japancse Brun ol'ld LallguIJge. 1975.1, Sau P., 8aymal L., \Vender T. W., Lust H. Pathologieal lCI-hamkdncss: cf05S-cullurallest or a mude\. Neurops)tChoJogia, 1919, 17, 7J82. Saulluel J. , BelllDn A. L , H. Disturbances or!hc body schema in rcllltion 10 tllngUllJe imp,irment , nd hemisptmk locus tlf lesiono J. Neufol . Nel.lf'OSlug. Psyc:hia/f .. 1971, 34 .. 496-XlJ . Savcrwe{n H.C., Lassonde M.e .. Cardu B., Geoffrey G. /nler-hemu pheric interaion of sensor)' and motor functions in aseflCsis (l f the corpus call0$1Im. Nruro1S)'chologi lJ , 1981. /9. "'-4'4. Schacblcr D.L. , Crovir! H, Mcmory fun.cLlon Ifter tloUd head n)UI)': a revic ... of me quantitative
Schachle:r O.L" Wlng P. L., Tulvin, E. .. Frcedman M. Functional remarade amnesia: a qUOlfltitativc case sludy. NewfQpsych%gio, '2)Bl. Schallcrnbrand G, The efrccu on speh and language on stcrcoLacticaJ n imulation oi IhalamUl Ind corpu.s caUosum. 8roin Qnd 1915, 2, 7().17. Sclltnkenbera T . 8 radford D. e .. Aju E.T. Li.ne bisectioD and IInilaler.1 Mlecl in Pltienu wilh neur olol ic impairment. Nel.lfOI., 1980. J O. 509' / 7. 343 SchlaTtjj:cr 8 .. Schlanger P., GerSlmlfl L.J . The of cmotionally tQn.cd senlCIlW by ri.llh hemispnere-damaEed and Ilphasic patieflti. Bral" ond Lllnguoge. 1976, J.396-4Ql. Schllelder G.E. I. 1I realty bclltr 10 have)'OUT brain leilOfl early1 A f1:vision of lhe: "Kerlllard principIe" . Neuropsychologio, 1979, 17, 5n-'84. Schl1cider O.E. Two /lSllal systtms: brain medllUlisms for localizalon afl discriminalion are di$5cdated by leclal alld conicalleslOfls. SClCnc-e, 1969, 161. 89S-902. Schnitze:r M.l. Role or phOflOl ogy in Linguist ic t.Qmmllllicatiofl . En H. Wllilaker}' Ii.A. Wbitaker (Eds). Srudies 1/1 Neurolinguisrlcs, 1101. 1. Academic, N.Y. , 1976. SchucJl H. Oi/errnliol Diog"os(s of Aphasill wllh lit MinntSOlo Tol (21: . ed) Un . Minnesota Pres5, Minncapol i,,1973. Sehwaru L. S\n comprehensiOfl in globalapha.sia. Cort,.'t, 1978. 14. ] 1:2 118. SchWrl:z. M., Marill 0 " Saffrall E.M. Dis:oci., ioll orlanguagc rUllclioll ill dtmen'ia: a cue 8ludy, Bro;" ond LDnguagc, '919.7,277-106. Sehwarl1; M., Saffran E., Marin O. The word a rder problcm in arammalism. J. Comprehen.siofl . Bra;" ulld Longuart, 1980, lO, 249162. ,Schwanz S., Marchok P.l. .. Matchok P., Kreinid: J,C .. FlYM R.E. The lUymmetric lalerllliution of tacti!e c.xtinction in pl licnt.l wilh unilateral cerebral dysfunclion. Bra;n, 1979. J01, 669-684. Seoni C . Spinnler H. Color impclC'Cption In unilateral hemisphcre dam1lled patimt.l. J. Ncurol. NtwrosurJ. PsychiQ/r., 1970, JJ, 22-28. Sco ... ilIe W.8., Milnel B. Loss of recent memory afler bilateral hippo;ampe.1 laions. N. Neurol. Nrul05urg. Psychialr .. 1957, 20, 1121. Sc-chur J .A. SUCl:cssful Ifl ler-oallar tflmsfer ol pilllem discrimination in splil-brain cal5 w; l h shock .... oidance motivaliofl . .J. Comp. Ph)'Sfol . 1964. J8, 16-83. Stmma J. , Mishkin M .. lXnel R..K. Somesthetic discrimination learninll afler pani.1 noo- sen.sorimoc.or laions in mOflkeys. CorlV:, 1969, J. JJI-150. Semmes, J . Wcinslein S., Cben! L., Tellber H.L. Correllta or impai red orienl'lion in personal and e.!llrapersonal spaet:. Broin, 1963,86, 7017 771, SemmeJ J .. Weistein S., Ghent L., TCllbcT H.L. Somol05tflSOr)' Chonges riflcr PtnelfTl/i/lg BrfJin Woullds n Moti . H.rvard Ufl . Prcss., C&/tIbridge, J960, Shallice T., WarTnalon E.K. Sinale .nd multiple tomponcnt tcntral dyslu.ic syndTomts. En M. CoJlhear!, K.E. PalCef$on, J .C., MusllalJ (Ed5). DftpDysftxio,RoulJedlle, Londres, 1980. Shal lk:e. T., Warrinton E.K. Auditoryvtfba.l 5hon lerm memory impairment and conduclion aphas;l . Bra'" orrd LO/lgullgc, J971, 4, 479 .... 91. Shankwci Jer D. errecu or lemporal Jabe d&ma.le 011 po::rcepdon of dicholically presente<! melodic:s, J. Comp, PhJ$iol. Psych .. 1966,62, 115-119. ShlIl kwciler D., Hanis K. An eAperimenla! Ipproach 10 Ihe problem or anicuJ.ation ifl .plwia. Corta, 1966, 2, 277-292. 344 Shll.piro B.E., Grossman M., Gardncf H. musical proccMm, deficits lo braio dlUllaied populations. NeurOpJychQ/ogia, 1981, /9, 161110. Shcrwin L, Efron R. Tempor&.l ordering deficits following anterior temporal lobectomy, BNli" fHld Language, 1980, IJ, 195-203. Shcwan C.M. Phooo1ogca.l processin8 in Broca's IIphascs, Srai" rl1fd Lo"suagt, 1980, 10,71-88. Shimizu A" Endo M. reoognition of Kllna and HaDguJ words, handedncss and shift af latcrality differencc. Nturopsychologia, 1981, 19, 665-674, Sidlis J.J. Predicting brain organizadon from dlchotic listemng performance: corticaJ and subcortical functiona1 asyrnmetriescontribute to perceptua1 asymmetries. Broi/! 4nd L4"guage, 1982, 17, 287-301. Sidtis J. J. 00 the natUIe of me cortical function underlying right hemisphere audilory perception. Neuropsychologia, 1980, 18, 321-330. Sis/u G., Penner H. followul8 head njUIy. CII/!. Psychilllr. A$f. J., 1975, lO. 333336. Sloan Bemdt R., Caramaua A. Syntactic of aphllSia. En Aphasia. M.T. Sarno (Ed). Academic Press, N.Y., 1981. S/obin 0.1. &:otl. Forcsman& Cpny, Wnois, 1971. Smitb E. Innuencc and sile of impact con cognitive impairment penbtin long after severe c\osed head njury. J. Neurol. Nellrowrg. Psychiatr., 1974,37,719726. Smitb M.L, MUner B. The role of the right hippocampus in the retaD of spalial location. Neuropsyclro/ogia, 1981, /9,781794. Speedie l., HeHman K. Amneslic disturban ce folJowinll infarction of !he en dorsomedial nucleus ofthe thalamus. Neurops)'chologio, 1982, lO, :597-604. SperryR.W. Same in brain lesion studies of lcarnlog. Fed. Proc., 1961. 20, 609616. Sperry R.W. Neural basis of Ihe optokinetic re5ponse produced by visual inversion, J. Comp. Physjol. Psyche/., 1950,43,482-489. Spinnler H . Vignolo L. Impaired recognifion of meaningflll in aphasia. Corlex, 1966,1, 337-348. Sprague J.M., Chambr:rs W. W., SleUar E. Attcntive, affective and adaptive behavior in the ca!. Scienct. 1961, /31, 165173. Spreen O., BentoD A.L. Nellrosensory Center Examination lor ApMsia. Victoria Un. Brilish Columbia, 1969. Spreen O . Benton A.lo Comparative sludies of sOlfle psychologcaltests for cerebral damage. J. Nem Ment. Dis., 140,323333. Spreen O., Risser A, Asscssment of apbasia. En Acquired AphDsia. M.T. Sarno (Ed), Acadcmic Pren, N.Y . 1981. 345 Sroka H., Elizan T.S., Yahr M.O., Burgec A., Mendoza M. OrBnic menlal syndrome and contusional states-in Parkinson's disease. Areh. Neurol" 1981,38. 319-342. 5tamm J.S. Electricalslimulation of prefrontal conex during dclaycd response performance. J, Comp. Physiol. Psychol .. 1969,67. 535-546. Slarom J .S. Rosen S.e. Electrical and steady porenta! shifts in prefromal during delllyed by monko:ys . . 4el. Neurabioi, Exp., U.n.32. 19]-209, 512ton R.O., Brumbaek R.A., Wilson H. Reduplicative paramnesia: a disconnection syndrome of mcmory. Cortex, 1982. 18.2336, Stevens A. L. Exploradores del Cerebro. Barral, Barcelona, 1974. Strilik P.L., Kim e.c. input to primate motor comx from posterior parietal cortele (atCB S). Sron Res., 1978, 157. 325-3)0, Strub R.L., Gardner H. The r,petillon defecl in conduetian aphasia; mnesic ar linguislic? Bran tJnd Language, 1974, 1, 141-2:;5. Slrub R" Geschwind N, GeTSltnann syndrome wltbout apbasia, Cortex, 1914, JO, 318-381. Studdert-Kennedy M., Shllnkweiler D . Pisoni D. Audirory and phonetic proccsscs in speech perreplion: evidcncc frolO a dkhotk sllldy. CaEn. Psych . 1972, 3, Suberi M.o McKeever W.F. Diffeccntilli right hemispbcre memo!'}' storage of emotional and non-emotional faces. Neuropsychologia, 1977, 1.5,757-168. Subiranll A. La preferencia de una mano y la dominancia hemisfl!rica en la funcin del lenguaje. Med, Canieo, 15, J60-3n. Sugishitll M. Mental assodalioll in Ihe minar hemisphere of a commlisurOlomized palieJlt. Neurops)'ch%giQ, 1978, /6,229-232. Szenu\gothai J. The ncuron networlc. of thc cerebral cortn: a functional interpretation. Proc. R Soc London, 1918,101,219-243. TaIlal P., Newcombe f. Impairment af aumlory perception and langualle comprehension in dysphasia. Brain "lid Languuge, J978, 5, 13-24. TaUaJ P., Srark R.E., Kallman C., MeUitis D. Developmental dyspha:;ia: relation between acoustic processing defidls and verbal processing. Neurops)'ch%gia, 1980, 18,273284. TalIand Q,DerangedMemory. Academic, N.Y., 1963. Ten L.E. Dicholc car difference is a poor iode" for tbe functional asymmetlj' between Ihe oerebral bmtispberes. 1981, 19, Ten E.l., Spury R.W. Inter"hemispheric rivalry during simultancous bilateral laS" presenta1loo in commissurotornized palients. Conex, 1974, 10, 111-120, 346 Teng E.L" Spcrry R,W. Interllcmispherie interaction durina simultaneous bilateral presenlalion of leners ar disiu in cammissurolomited plllenlS. Neuropt)'t."holu,ID, 1973, J J, 1) \\40. Ten, E.l " Lec P . H., Yana K.S., Chana P. e. Laleral preferences corhand, rool and eye nd Ibe!r llek o luodation wilh scholastic.aehieo-emenl in 410 Chinese. 1979. 17,41-48. Tcodonson S. T. A\lIOnomy and linauistic 5latU$ of nOrlSp<:b la.nsuaSe forms. PS)'chol. Ro., 1980, 9,
Tcszner D., Tr.avaras a., Crunet J., H, L'a5ymmelrie droite.gauche du planum lemporale: li' pt'opos de I'ludc anatomiquc de JOOceI'Ve3ux. ... Neurol ., 1972, /26, 444449. Ttuller H. L. f.ffecls oC focal brllin iojor)' on buman beha .. ior. En D.B. Towcl (Ed). Thl.' Nl.'rvous S.v$/tm. Vol. 2. Raven , N. Y., 1975. 1'cuber H.L. Recovery of function aflel brain ittiUl)' in mano Outcome of severe damage 10 the CNS. e/BA ,"oulld. S)'mp" J4, El$eYicI. AfTl!lerdam. 1915. Tcubcr H.L. Unil)' Ind divcuilY o fronlal lob<: function. Act. Neurobiol. :qJ .. 1972. J2. 6IS-6j6. Teubtt H.lo Subcortical vuon: a prologue, En W. Riu (Ed). Bru;n, &ha",orand Evo/lltion. Klrgel, BasUea, 1911 , Teuber H .L, Lacunae and rescarch : approacheslo heme J. En Braill Ml.'t'hallistrl$ Underl)'mg.Spud u"d LUflgllagl'. P. Darley (Ed), CrUne&SU3Hon. N.Y" 1961. Teubcr H.L. A1ler.tions o perception afler brain lnjur)'. En J ,C. Ecc!es (Ed). Bra" atld COfttc/Oll$ Sj.lringer, N,Y" 1966. Teubrr H. L. Postseript: sorne needed or Ihe dassicaJ of !losia. 196j, J, 37 1-378. Teubcr H. L. 'rhe riddJe of frontal lobe function in mano En J.M. WalTCn y K. I\ken (ElIsI. 1?rr Frontal Grolllllor COrlP.X aM McGraw. N. Y .. 1964. Teubtr H.L, Space perception and iu disturbam:es brain injury in mano NeurO/1Jy:holol/;a. 1961, /,47 j1. Tcubcr H,L. Sorne allcrations in behavor afler cercbrallesioos in mano En Ev()lulion o, NeNoul Control from Primhive Organism$ 10 Man. Am. A.n. Adv. Sdenct .. Washington, 19'9. Teuber H .L., Muhl:in M. Judgemcnl of visual and postural venical afler brain injury. J, Plychol., 19H, JS,161-115 . Teuber H. L. , MUfler B" Viluaban H.G, Pcui$ICnlanlcrogradc amnesia arter Slab wound of Ihe bua garljUa. Neufopsycholo,ia, 1968, 6. 26'282. Thornj)$on R.F. Fllndamentos de PSlrologlo Fu;oI6gic:o. Trillas, 1974. Thornt on e.D" PClers M, Intcrrertncc belwcm concurrenl spcaking nd sequcmial finger tapping: bolh hands show a performance decrcrnml 11IIder bOlh and non.visual guldance. Neurop$ychologiQ, 1982, 20, 163J70. 347 Tognola G., Villnol0 L.A. Braio lt510n$ usociated wiln onl aplUia in $tro!:e patitnu. A clnico radiological investigation witll tht CTscan. Nnlfopsyd%gio, "1980, 18, 251-272. Trevartheo e. of cerebra l aClivhies thllt gcnttale aod regula le consciousocss in comnili:surotomiled palient!. En J.S. Pimond 'J 1.0. Buumont (Eds). Hemisplterie Fulleroll olld 1M Humofl Broin. Elek, Londres, 1974. Trojano .... ski J.Q. , Grttn R. e., Levine: D.N. Crossed aphas!. in a dUlra1: a clinico-palhological s!tld'J. Neuro/. , 1990, JO, 1()47 13. Trosl J .E. , Canlel G. J. AJ)raxia of speech in patlenu with Broca' ! allllasia: 1 Sludy of phoneme Ilfoduction accuracy and error pallCTns.arOlt o"d lAnguoge, 1974, J, 63-79, 1"sunoda T., Ok.a M. LateraJillllioo rOl" emot(on in Ihe human braio and auditory cerebral dominace. Proc. Jop. A fild. , 1976, J2, 528-532. Tun!tlri A.R. A s!tldy on die pathway from Ihe mediaJ gcoleulate bndy 10 Ihc acoustie cortex in the dogo Am. J Ph)'$iol., 1946,147.311-319. Turkcwtt H.t. The developmcnt of lat cral differcm,:cs in Ihe hwn.lln iofanl . Ee S. Harnad, R. W. 001'1, J . Jaynes, L. Goldstein, G. Krauthamer (&b). Lottrali:otion in (he Nervous Sy$tem. Academic, N.Y. , 1977. Tzavaras A . H., LeBras H. Le problemc de la du dHicil de La rttonnaissnce du vi!;agt' huma.in Ion des hions Mmispneriquu Neuropsych%gUs, lInO,8. 403-417. A" Kaprus G" Gatl.oyas A, Lileracy and hem.iJpheric tpct;iaJ.iulion fOI language: di,; dichotic linening in iUiterales. 1981, 19, 56S-570. Tlortzis e., Albert M.L. Impa;rmenl ol memo!")' io condllction aphasia. 1\114, 12, lS5-J66. Umih e., Oriuolara D., Tabossi P., Fai rwealher H. Faclol"! aHectjng recogrulion ;n the cerebral hemispheres : famili.,.ily and naming. En AUentiQfl ond Puformrlflcc. Vo\. VII. J . Requill, L. Etlballm (Eds). HUlsdale, 1978. Ungentedl U. Brain DA neuroDli and behaviol . En Third S(d)' Programo P.O. Schmitt, F.G. Worden (Eds). M.I.T. Ptess, Cambridge, 1973. Urbain E., Seton X., Renits A. , Cobbcn A., Van der Linden M., Moucheue R. Aphasic crois c.hez une droitire. Re\!. Neurol., ]978, 1J4. 7S1-759. Varne'J N.R, Pantomime tC'Coglll ion c\erect in apha.sia: implicalions for tllt: ooncePI of lSymbolia. Bral" ond LQ"glloge. 1982, IS, 3239. Varney N.R. , Belllon A.L. Tactile pe!"t'tJIlion o dirf'Ction in relation 10 handednen aOO fam.iUaJ handedne1$, 1\115, /3, 449-454. Victor M" Adanu R.O., eollinsG.H. rile Wernkke-KonakoffSYl1drome. Filadelfia, 1911 . Vignolo L.A. les deu:t niveaU:t de I'qnosie. En H. Hkaen (Ed). Nellrops)'d%gif' de fa Perception Visuelle, Muson, Parls, 1972. 348 Vinolo L.A, Auditor)' ano!ia. En A.L. Benlon (Ed). ConlribUfrons 10 Nrurop$YCltoloJ)'. Aldine. Chtaio; 1969. Volpe. B.T" Sidt1s J. J .. Oazunia M.S. Can left-handed writina posture prediC1 lanil.llt latcrality? Aft"It. Neufol., 1981,18,631-638. VOn Sonin O. Analomica! a.symmetries of tbe ccrtbral lIemisplK'res. En V.B. Mountcastle (EA). Inflff-ltemispMric Relalian:JandCetdJrol DomiIUJI/. Jobm Hoplcins, Baltimore, 1962. Von Cramon O. TraumaUt mutism and Ihe subscquenl reoranwujon of speech rl.lllclions, 1981, 19, 801 -806. Von Monuow C, Die Lolr.aliutlon in rossbirn un<! der Abban dtt Funktion dl.lrch Konicalc Hade. Ikrgmann, Wiesbll den, 1914. Von Slockert T.R. On Ihe Sttucture of word deafneu and mechaojms underlyin Ihe of hiher cortical runctions . 8ra!n and Lanruage, 1982, 16, 133- 146. Voncida T.J. Pt1formancc of a vi!lIa conditioned response ill spli t-bu,in ell5. Exp. Neurol_, 1963. 8, 493-504. Wada J .A., Clark R., Hamm A. Cerebral hemispheric asymmelr)' in humana. Al'C'h. 19'7S. 11. 239-2A6. Walbet! F., Btodal A. PyramidaJ 1r'3C1 fibtts from temporal and oct'ipital lobes. 8'0;11, 1953. 76. 491-508. Walc J Geffen G. Dichotic monitorin.g as a test of hemi.!pbcre domina.nce in cases of epilepsy_ COrTU, 1981,17,135-/40. \Vall P.D. system. En: Handbook ofPsychobiology. M.S. Gaua.niga. C. Blakemore (Eds.) AcademlcPrcss, N.Y, I91S. Wan P.D. sensory and motor role of impulses uavelUn in the dorsal columns towards cerebral conexo Broin, 1970. 91, !I05S2A. WarTinglon E.K. NcuropsychoJoS;cal evidente (or muit iplememory simms. En: ClBA Found. n. 1i9, 8,0;n ond M;nd, 1979, Elsevier. Amsterdam. WarTinSlon E.t( .. Pran R.T.C. JalCl'aJity in lell handers asscssed by unilateral ECT. 1913, /1. 423-428. Warringlon E.K., Shalllcc T. Scmanl;c access dyslcx;a , Braln, 1919, 101, 4363. Wanington EJe, Weisktanu L. Amnesia: a disconnection ,yndlome1 /Yew,opsych%gia, 1982. 20, 233-249_ Walson R.T" Valcnswn E., Hcihnan K.M. Thalamic ncgle'Ct. Are" NnJlO/. , 191t!, J8, SOI-506. 349 Wsylsnd S., TSlllin J ,E. NODverbll1 calegor1ution in fluelu and nonflutnt anomie apha.do. Broi" ond Longuagt, 1982 , ' 6, 17108. Webster W. R., Ailltin loM. Cmltal audilOty' ptocessing. En: M.S. Ga.uaniga y C. Blakemore (Eds) f/ondbook 01 P$yt:hob,oIogy. N. Y., Aeademic Pte1S, Weehsler D. A nandariud memory scale ror clinical J. Psych., 194' , /9, 8795. WeddeU a . , Palmer E., Paillie W. NerveendinJ!,s in mammallanskin. 8iol. Rt..", 19H. JO, WeinSlein E.A., Cele M. of anasoloosa. En L, Halpern (Ed). Problems 01 Dynamic Ntufo/ogy. Grune& Slrallon, N.Y. , 1961, Weinstein E.A. H. L. IUr11 orpeneuaunl brain injury on intel!iaence lest K'OfU, ScieflCt', 19Si , 116, 1036-l037. Wcinstcin E.A .. {ahn R. L., Slole W,H. Withdrawal, inauenuon and pain asymbolla. Areh. Nrurol. Psychitltr .. ]9H, 74, 2352..&8 P.J. Imaery and verbal enc:oding in lerl aOO righr hemis]lhere dam3ed patienli . Bra;n ond Lo"glloge, 1981, U, 315332. WlIitcley A.M" Waninton E.K. Prosopollinosia: a clnical, psycholoSical aOO anatomiclll study or Ihrec patient s. J, "'eurol. Nturorur,. Psyclrlofr., 1977, 40. J95-403 . Whitfield I.C., Eyan5 E.F. Responso of auditory conieal neuron$ 10 stimuli o changing fraqucnt)'. J . Ntllrophy!iol" 1965, 18, Whiu )' C.W.M" F. R.e. Oldndd' uudy of and diuurbances in a righl ocdvito-varielal leJion of 30 ytlJ'S durlllon, Nt"ronychoIOlio, 1973, JI . 47 1-476. Willmes 1< . A new look tU (he Token Tesl usins probabiii,ut lest models. Nftlropsyclrolog;o. 198 1, 19, 63(646. \Volrf H.G., HUlwiu; l . Sex dirrcrences in finser.tllI1lling: 11 dcvclopmentll Jludy. Neuropsy,:hololia, 1916, U, 35-42. Wood F. Theorelieal , methodologicaJ and staustical implicltions or me inhalllllon rCBF lechniquc fOf Ihe st udy orbrainbthav;ol relatforuhips. Bro!" artd Laf!glloge, 1980,9, 18. Wood F., POsel L.M. , Rom;1nCampos; G. Regional cerebral blood now response" In a palien! wi th global lmnesia. BrQ/n afld LOllluagt, 1980, 9, ID I 31. Woods a. T., Tc-uDeI H.L. MitrO/' movemenl5 afler childhood hemi]Jare:sis. Neurol. , 1978, 18, 11'2-1 U8, YahrM, D, Tht BoJ'al Gortglia, Ra\en. N.Y., 1976. Yamadori /l ., Albert M, L. Word catel or)' UlIhasia. Corrtx, 191), 9, 112-11$. Yamadorj /l . , Ikumul1I G. Central (ar conducHon) aphasta In ajapanese patitnt. CQt'rex, 1915, 11. 7J82. 350 Yamadori A .. Oum\ V. , Ikeda H. , Kanazawa Y. Ld'1. unllqterq] qgraphia and tacule ATC"h. Neurol., 1980, J7, 111191 . YM1ltll P.R. Cro}scd dCJlml1 apha.sia: I el iniClll r;,wololl cal [ondalion, Bn;n und [ang/luge. 1981 , 11. 88 139, vio R.K. Fact recognit ioo in braip inJ un:d pa tienu: a diS50ciqbk (IIeu'fJp$ycholo&lu, 1970, 8. J95-402. Yntemq D. B., Tr u k F.P. Recall as. l>toccU. J. Verbo Ltum. Hell . 1963.1. 6S.74. Young A.W., Bi on P.J . Accuraey of oamioa laterall)' ple5enltd known faces by chddren ud aduhs. Cor/u, 1981, 17, 97 106. Youoa A.W., Bioo P.J ., Ell il A. W. Stuwes- loward a model 01" lllel alizlu;on dfe<.:lS fOI picl ure and wOld namiog. Sra;n 11fI.d LO/lglloge. 1980. 1/. 54-6S. Zaidcl E .. Pelen A.M. Phooological encodina and ideograVhic rcadmg by he d.iscoonected righl hemisphere: two case sludies. 8rain and lAngllage. 1981. 14, 105234. Zaidel D., Rau5Ch R. Efftcl5 of stmaoUt organization on Ihc re<:ognit;on of pict ures fol1o\Ol;oll 1981. 19. 813-8111. Zaidel D., R. W. SOfT\C long' (C1"rn crfecu of commiuurotumy io man, Neuropsychologia, 1977, /J, 191 2()4. Zaidtl D., SperTy R.N. Memo!")' impairmmt after n man. 8ru;n, 1974,97, 26}261. Zaidd E., z.aldcl D., Sptrry R.W. Lert and rillhl tntelliltncc; 3lUdie$ or Ra yen', Prorns;yr Mauices followin br a;n bistiOtl and hemiderorticalion. Corro:, 1981, 17, 167 186. Zang .... ill O. Speec.h and Ihf minol hcmispnfre. A Cla, Nrurol. 8elg., 1967, 67, 101}I020. Zangwill u . Cerebral Dominonct alld i ts Refurioll ro Function . Ol iver &: Bo)'d, Edinburo. '''''. Zanki P., St rick P .l. ., Ar.anuma H. h,pu\ 10 primate motor tffi"ltx rrom podll.netal conu (lft.Il 5) 11 . Identi, itation by anlldromic acti yation . Sra;" Nu., 1918. }57. 311JlS. ZatOfre R.J . Rognflion of dicnotit melodes musicians and nonmusiciaos. NtIJfup5,chulogio, 1979. 17, 607-618. lolaMolllan S., Oberg O.E. or tire cxperiences in lO a1coholic k orsakoff pal ienl: I TliHuraJistic 1'lPl"Oach, 198Q. /8,549-SSII. Zl.Irif E. , Caramaua 1\ . Psycholingu$t ic Slructura io llPhal!l: srudies lo synax and lemantics. En H, Whltaker H.A. Wltaker (Eds). SI14dies jll NrurolinBuistja. Vol.!. Academic. N. Y., 1.916. 351 EN LA EMPRESA EDITORIAL UNI VERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA SE TERMINO LA IMPRESION DE ESTAOaRA EN l OUO DE 1 ~ 8 3 r