Carta Al Hermano.
Carta Al Hermano.
Carta Al Hermano.
Carta al hermano:
Ya sabés Beto, a uno lo principian en la carrera hablándole del arkhé, del
paso del mitos al logos, y se queda uno en ascuas, imberbe y apenas lector de El
mundo de Sofía, porque ciertamente con la juventud se llega más mítico que
logotípico a las aulas, y acaso esto no admita más que una falsa progresión a lo
largo de la vida. Y después, ¡qué sufrir dichosamente! Aristóteles y Platón como
cúspides del pensamiento y ahí varios semestres de sortilegio, y que luego de
Alejandro vienen los epicúreos ingratamente tenidos como “carnales”, los
escépticos, los estoicos primeros, que porque la filosofía abandona el esplendor de
lo sistemático y se vuelca sobre la “vida buena”. En fin, todos esos meollos a los de
la academia, entre nosotros, lo confesional. La última vez que nos reunimos yo
estaba altivo y lozano…, y no había leído a Séneca. ¿Por qué me privé de su
compañía por tanto tiempo, aun cuando sabía que era el autor de cabecera de
papá? Me pregunto ahora con cierto disgusto.
Yo sigo reposando, tomando sol por las mañanas y huyendo de las ventiscas
de la tarde, comiendo "ligero" por frugalidad, siguiendo quisquillosamente todo lo
prescrito por Bianchon. En medio de todas las curas me he dedicado a leer a
Séneca. Y te digo que se trata de leer, no de estudiar. Porque mirá de cuánto
disfrute se priva uno “estudiando” y no solamente leyendo, con el alma puerilmente
dispuesta a los influjos más variados. Pero te decía, leo a Séneca quizá en el
momento más oportuno de mi vida: infectados los pulmones y obstruidas las vías,
apoltronado en el sillón, frecuentado sólo por un médico escéptico, alejado de mis
amigos y familiares, es decir, hermano, en brazos de las peores escaseces. Y ahora
me pregunto: ¿son realmente mis males los peores? ¿No los centuplica mi
imaginación, mi creencia en ellos? ¿No somos desgraciados meramente por
creerlo? “No sé qué sucede, pero los males quiméricos alarman más, tal vez porque
los verdaderos tienen medida; todo cuanto proviene de lo incierto queda a merced
de conjeturas y fantasías del alma atemorizada” (Libro II, XIII). Debemos
trabajosamente aplacar estas imaginaciones aflictivas, aprender a separar aquellas
que tienen término, hermano, pues según nuestro estimable Séneca, lo falso no
tiene jamás cese, y se multiplica ad infinitum sin que seamos capaces de ponerles
fin.
Pero, ¿qué he leído? Te preguntarás… Casi todo con una ferocidad
indomable, al punto que yo mismo me sorprendo de esta avidez íntima; es un tender
Adrián Duarte Díaz B82634
Por una docilidad que sólo la enfermedad otorga, seguí leyendo. Ahora estas
lecturas no hacen más que solazarme, aliviarme, como quien cae en cuenta de sus
errores y desandando sus pasos va para que le den un par de palmadas en los
omóplatos.
Haz memoria de cuándo te has mostrado firme contigo mismo en tus
propósitos, de cuántos de tus días han terminado como tú habías previsto, de
cuándo has tenido provecho de ti mismo, cuándo una expresión natural,
cuándo un espíritu intrépido, qué obras tuyas quedan hechas en tan largo
tiempo, cuántos te han robado la vida sin que tú te percataras de lo que
perdías, cuánto se han llevado el dolor inútil, la alegría necia, la codicia
ansiosa, la conversación huera, qué poco te han dejado de lo tuyo:
comprenderás que mueres prematuramente. (Séneca, 2008, p.374)
Decíme, Beto, ¿no es para palidecer? Sea acaso todo lo que dice, resultado
de una vida demasiado condescendiente y dejada a la soltura de lo fortuito y
externo. ¿No te parece que las más de las veces es ese nuestro modo de vida?
Creo que en el fondo sólo se trata de ese llamado de asumirnos como seres que
deben trabajar con arduo encono por sí, sin más ni menos, sólo eso, que lo de uno
sea tarea de gallardía y sudor. Hermano, no se trata de regurgitar nada, ¡qué
deshonestidad! La cuestión es la coherencia, siempre palabra-acto,
pensamiento-acto. “Es deshonroso decir una cosa y decir otra, ¡y mucho más aún
escribir una cosa y sentir otra” (Libro III, XXIV). ¿No estás conmigo cuando digo que
hemos tirado por la borda eso de la integridad, de lo unitivo, de la identidad y la
reputación? Sin embargo, como maestro también da muestras de benevolencia y
nos insta a volver a empezar, nos aconseja como a un adolescente tornadizo, pero
nos quiere ya como hombres sabios. Porque nos dice que: “a fuerza de golpes
crece en gran manera la virtud” (Libro II, XIII) y con ello nos extiende la invitación a
la resistencia, y nos presenta la idea de que la vida es esencialmente inseguridad.
Mirá, nos hemos acostumbrado de buena gana al bienestar y al goce inmediato, a
que todo tenga una fácil y rápida resolución. Y no puede ser que la vida sea el
bienestar de todos, así en su gráfica estadística; tampoco puede ser meramente la
satisfacción ordinaria, pues esta vía es epidérmica, no, tiene que contemplar más de
lo que es uno, y solo se goza de lo que se renuncia. Mirá: “lo que significa esto es
que la vida, si nos apegamos a ella, nos aleja de nuestra propia humanidad”
(Nussbaum, 2003, p.59). Y creo que es correcto, cuánto nos desviven los
Adrián Duarte Díaz B82634
derredores, cuán poco vivimos por ese desasosiego de asir las cosas y las gentes,
de acumular copiosamente libros, bienes y afectos, y cuánto nos quitan…
empieces cuanto antes con ellas y me escribás una larga carta después de leerlas.
Pero hacélo con tiento, porque recordá que vivir no es existir, ni leer es estudiar.
Referencias