Rol de Las Mujeres en El Estado
Rol de Las Mujeres en El Estado
Rol de Las Mujeres en El Estado
RELAC
IÓN 1. PARTICIPACIÓN A TRÁVES DE LA HISTORIA
DEL BOLIVIA
CUIDADO
DE PODER
3. PROYECCIONES A FUTURO
4. CONCLUSIONES
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RELAC 1. PARTICIPACIÓN A TRÁVES DE LA HISTORIA
ESTAD Con las limitaciones que la historia oficial nos impone ,la
constante principal es que sean mujeres las protagonistas,
O CON
debemos empezar refiriéndonos a las mujeres guerrilleras que
lucharon en la independencia boliviana, enarbolando banderas
libertarias, ofrendando sus vidas y las de sus hijos por la
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En la misma época las mujeres populares con influencias socialistas y en especial anarquistas
conforman organizaciones de lucha junto con sus compañeros en busca de beneficios
laborales.
Fueron gremialistas, culinarias, floristas, recoberas, quienes con una ideología anarquista
fuertemente asumida que impregnó inclusive sus vidas cotidianas y sus relaciones de pareja,
protagonizaron marchas y manifestaciones exigiendo sus derechos al Estado. Existe por las
diferencias étnico-culturales propias de la sociedad boliviana donde conviven múltiples
nacionalidades y culturas, una clara diferenciación y hasta antagonismo con las mujeres de las
clases alta y media que son reconocidas como pertenecientes a otra realidad y donde los
problemas no tienen nada en común. Aunque es interesante ver las coincidencias en el
discurso referido a la patria, los deberes ciudadanos y la necesidad de educación para las
mujeres.
“Mujer: estudia, redímete, rebélate” (Medinaceli, 1989)
En 1946, se promulga el voto calificado que favorece a las mujeres aunque en cantidad
minoritaria porque el requisito era el alfabetismo. Sólo hasta 1952, con la revolución del MNR
(Movimiento Nacionalista Revolucionario) en que intervienen amplios sectores populares
criollos, mestizos y campesinos, se promulga el voto universal que beneficia a mujeres,
jóvenes e indígenas.
2. SITUACIÓN ACTUAL DE LAS MUJERES EN BOLIVIA
No cabe duda que se ha producido un progresivo reconocimiento del rol que las mujeres
juegan en la generación de riqueza en nuestro país. No sólo por su incorporación al mercado
laboral y asegurando ingresos familiares, sino principalmente por el trabajo que realizan
dentro del hogar, las tareas de cuidado no remunerado y asegurando la sostenibilidad de la
vida.
La creciente participación de las mujeres ha generado importantes cambios en el ámbito del
trabajo; pero todavía muy pocos cuando se habla de compartir las tareas de cuidado, que
todavía recaen como tarea exclusiva, sobre las espaldas de las mujeres. Lograr autonomía
económica, para las mujeres no pasa sólo por conseguir trabajo o una fuente de ingreso, sino
de hacerlo en las mejores condiciones.
La población económicamente activa es el 5.202.708 (2018 OIT) de los bolivianos, de tal
cifra, las mujeres en edad de trabajar que buscan una fuente de empleo representan el 49% de
la población económicamente activa. En el país, para el 2017, las mujeres constituyeron el
46% de la población ocupada, el 43% de la asalariada y el 53% de la de trabajadores
independientes, Observatorio de Empleo y Seguridad Social. (CEDLA, 2017).
El 48,8 % de las mujeres tiene un empleo en comparación al 69,9% de los hombres (ine 2015
Encuesta laboral y de empleo) EL desempleo afecta más a las mujeres; en promedio, entre
2015 y 2017, la tasa de desempleo es de 4,9% en relación al 4,2% de los hombres
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2.1.- CONDICIONES LABORALES DE LAS MUJERES
La participación de las mujeres en el ámbito del trabajo se caracteriza por la precariedad, por
encontrarse en el ámbito de la informalidad y en consecuencia sin derechos laborales, ni
aportaciones a los sistemas previsionales, no cuentan con sistema de seguridad social de corto
plazo (seguros de salud) y largo plazo (sistemas de pensiones), perciben salarios menores que
los hombres, tienen jornadas laborales extendidas, son frecuentemente eventuales, no se les
permite sindicalizarse. Adicionalmente enfrentan situaciones de acoso sexual en el ámbito del
trabajo y acoso laboral, además de otras formas de violencia basada en género en el espacio de
trabajo. En 2015, sólo el 22% de la población trabajadora tenía jubilación (AFP). De este
porcentaje, sólo 19,6% de las trabajadoras asalariadas contaba con un fondo para jubilación,
mientras que el 23,6% de los trabajadores asalariados acceden al fondo de pensiones. En 2015,
de acuerdo al FMI, 6 de cada 10 mujeres trabajan en la informalidad.
2.2.- USO DEL TIEMPO Y VALOR SOCIAL DEL CUIDADO
En promedio las mujeres dedican 4 veces más tiempo que los hombres en labores domésticas
y de cuidado, además de 38 horas semanales de trabajo remunerado; mientras que los hombres
dedican muchas menos horas al trabajo doméstico y 47 horas al trabajo remunerado. 4 Fuente:
Elaboración propia en base a datos de ONU Mujeres (2017) e INE (2017) Vida Libre De
Violencia (Contra Las Mujeres)* La demanda de cuidado sigue creciendo, según datos de INE
(2017), las personas menores de 15 años son un tercio de la población total. La proyección
indica que para el 2030 la población de niños y adolescente crecerá a 2.924.000. Cada vez más
se evidencia la necesidad de encarar políticas públicas de cuidado que respondan a promover
la corresponsabilidad del cuidado entre mujeres y hombres y plantear la responsabilidad del
Estado en la provisión de servicios de cuidado
2.3.- VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES
En un panorama global, en Bolivia siete de cada 10 mujeres sufrió violencia física en algún
momento de su vida. En un rastreo de los datos de ONU Mujeres y de la Encuesta de
Prevalencia y Características de la Violencia Contra las Mujeres del 2016, la mayor cantidad
de las víctimas que denuncian violencia contra la mujer tiene entre 29 y 59 años de edad. De
las denunciantes, el 67,6% hace una demanda formal, de aquel porcentaje el 56,4% no obtiene
sanción y solo se da una sentencia penal al 35% de los casos.
De acuerdo a Ley 348 para Garantizar a las Mujeres una Vida Libre de Violencia, la violencia
a las mujeres se identifican 17 tipos de violencia contra las mujeres, entre las que destacan la
violencia física, feminicida, psicológica, mediática, simbólica, sexual, patrimonial y
económica, laboral, entre otras. La violencia política se trata de manera específica en la ley
243 Contra el Acoso y la Violencia Política hacia las Mujeres.
No obstante, en la realidad, estas formas de violencia no se presentan solas. El 39% de las
mujeres afirma haber sufrido violencia psicológica, el 20,7% violencia física, el 15,3%
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violencia sexual y el 15,1 violencia económica, según datos extraídos del Ministerio de
Justicia y el Instituto Nacional de Estadística (2017). Las mujeres sufren violencia sexual en
gran medida por agresiones de sus parejas. El 44% de las mujeres casadas o en unión libre, en
2016 declaraba sufrir violencia en su relación de pareja. De las mujeres solteras el 51,9% fue
agredida alguna vez, en datos del mismo año, el 21,2% de las solteras afirmaba haber sufrido
de violencia sexual.
En 2016, Bolivia ocupó el séptimo lugar en feminicidios entre 23 países de la región, con 104
casos, - conforme a los datos del Observatorio de Igualdad de Género para América Latina y
el Caribe, de la CEPAL. Cabe señalar que ese año el Ministerio Público registró 111 muertes
en nuestro país, la cifra más alta desde la aprobación de la Ley Integral 348 para Garantizar a
las Mujeres una Vida Libre de Violencia.
A nivel nacional, un reporte del Ministerio Público para la Coordinadora de la Mujer revela
que los delitos de orden sexual suman la mayor cantidad de denuncias vinculadas a la Ley
348. Sólo en 2017 se registraron 4708 denuncias de ese tipo (15% de las 30351 denuncias
presentadas ese año en el marco de esta norma), lo que significa que cada día 13 mujeres son
víctimas de estos delitos en el país.
La Coordinadora de la Mujer observa con preocupación estas cifras, pues dan cuenta de que la
violencia sexual es una de las principales formas de violencia contra las mujeres y,
probablemente, la menos abordada, porque implica una cantidad de prejuicios que se debe
romper.
De acuerdo con el estudio “Valores y actitudes ante la violencia en razón de género y
consumos culturales en jóvenes”, 9 de cada 10 jóvenes conocen al menos una amiga que sufre
violencia de parte de su pareja (Cuadro 4) pero 8 de cada 10 jóvenes consideran que la
violencia es un problema cuya resolución corresponde a las autoridades; es decir que no se
sienten interpelados ante ello de manera personal y 3 de cada 10 prefieren no intervenir en ello
(Cuadro 5). Estos datos corresponden a una encuesta que la Coordinadora de la Mujer y
Oxfam realizaron en 2016 entre jóvenes de La Paz, El Alto y Santa Cruz.
Cada caso tiene motivaciones particulares, pero la inmensa mayoría de los hechos de violencia
contras las mujeres se sustenta en una mirada estructural y cultural machista, que se
relacionada con ciertas creencias falsas sobre la familia y la pareja. Éstas se asientan en una
mentalidad “patriarcal”, según la cual están “permitidos” ciertos grados de violencia en la
pareja, como los celos o el control, por ejemplo, que se han naturalizado como
comportamientos socialmente aceptados a pesar de ser violentos.
2.4.- PARTICIPACIÓN POLÍTICA
La Coordinadora de la Mujer continúa celebrando los éxitos alcanzados (mayor presencia
paritaria en diferentes órganos del Estado), pero ahora pone el foco de atención al escenario
preelectoral al cualse acerca Bolivia, rumbo a las Elecciones Generales 2019-2020. El objetivo
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es asegurar que todos los partidos políticos incorporen no sólo la paridad numérica, sino la
democracia paritaria que incluye una visión de transformación de las relaciones desiguales
entre hombres y mujeres. En esta línea, la Coordinadora de la Mujer realizará incidencia
política para que los partidos políticos incorporen ciertas reformas en sus estatutos y
programas. En este contexto, el proyecto de Ley de Organizaciones Políticas es una
oportunidad para lograr cambios significativos, como el establecimiento de sanciones para las
organizaciones políticas que no cumplan un régimen interno de género y que en las mismas se
sancione, efectivamente, el acoso y la violencia política
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específicas de disputa política, en procesos electorales, en el cumplimiento de su
función fiscalizadora y, en ocasiones, de riesgo de pérdida del poder masculino”,
concluye la mencionada investigación sobre la discriminación, acoso y violencia
política en la ALP. Desde la sociedad civil se han hecho grandes esfuerzos para que las
mujeres ganen terreno en el ámbito de la partición política, pero una vez que están ahí,
ahora la mayor preocupación es cómo asegurar que ellas puedan ejercer sus derechos
civiles y políticos en condiciones de seguridad.
2.5.- PARTICIPACIÓN DE LAS MUJERES EN ORGANOS DE PODER
La otra cara de esta realidad implica el reconocimiento de avances en términos de
participación política de las mujeres en algunos niveles del Estado y de estancamiento en
otros. Proponemos un repaso, con datos del Observatorio de Género de la Coordinadora de la
Mujer. En el Órgano Ejecutivo, nivel nacional, la representación de las mujeres es de 20%, lo
cual representa “un estancamiento” con relación a gestiones pasadas.
Como resultado de las Elecciones Subnacionales de 2015, no existe una sola mujer al mando
de un gobierno departamental y a nivel de gobiernos municipales, las mujeres ocupan el 8% de
las alcaldías.
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A nivel departamental, las cifras muestran, en general, relaciones de paridad o cercanas a la
paridad en el caso de las Asambleas Departamentales (45%) y los Concejos Municipales
(51%).
En el caso de los Concejos Municipales, las mujeres ocupan el 51% de las concejalías titulares
(Cuadro 19). Este porcentaje supone un relativo aumento respecto de la gestión municipal
anterior (43% concejalías).
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A pesar de estos importantes avances en cargos electos, la Coordinadora de la Mujer observa
que todavía persisten brechas de desigualdad cuando se trata de cargos de designación y
responsabilidad. Por ejemplo, todavía no se ha logrado que muchas mujeres profesionales
puedan contar con un reconocimiento claro en la gestión y eso tiene que ver con ideas y
prejuicios instalados respecto a una supuesta debilidad de las mujeres. Como se observa en el
siguiente cuadro, en los gobiernos departamentales, la mayor parte de las secretarías (brazos
operativos y de confianza de los gobernadores) están en manos de hombres.
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Para la Coordinadora de la Mujer, uno de los mayores desafíos para transformar la cultura
patriarcal que pesa sobre las mujeres es cambiar la comunicación sexista que difunde la prensa
nacional, particularmente a través de “realities”, publicidad comercial y espacios informativos.
Y es que los medios de comunicación tienen la virtud y defecto, a la vez, de contribuir a la
transformación de los valores patriarcales que están tan arraigados en la sociedad boliviana,
pero también a reforzarlos. En los hechos, se observa cómo ellos reproducen los valores que
sostienen los patrones de conducta violentos contra las mujeres. En 2016, a través del estudio
“Narrativas mediáticas sexistas y violencia mediática”, la Coordinadora de la Mujer indagó en
10 medios de comunicación (4 periódicos, 3 radios y 3 canales de televisión) sobre la
representación de mujeres y hombres en la cobertura noticiosa. Los resultados son los
siguientes.
Como se puede observar, la representación de las mujeres en las noticias es todavía muy baja
en campos como el de la política y la economía, a pesar de su presencia en distintas instancias
estatales o en la dinámica económica del país. La destacan en el deporte, el arte o ámbito
social, principalmente en la prensa escrita. A pesar de que están presentes en todos los campos
de la actividad social, sólo representan 26% en el conjunto de la cobertura informativa.
2.7.- GENERO Y FUNDAMENTALISMOS ( RELIGIOSOS E IDEOLÓGICO)
Según los datos de la Encuesta Mundial de Valores (2017) se destacan actitudes
potencialmente intolerantes entre los creyentes religiosos respecto a otros cultos. En Bolivia el
54% no admite otra creencia religiosa aceptable que no sea la suya, en relación al promedio
mundial del 51,7%, la sociedad Bolivia puede considerarse intolerante. Sumado a esto, se
rescata la cifra antes citada del 66,6% considera que cuando una madre trabaja sus hijos sufren
en comparación al 51,5% del promedio global. Estos pocos datos delinean un perfil
conservador para la sociedad boliviana. En Bolivia, en el 2014, el 69% de las mujeres son
católicas y el 22% se vincula a iglesias evangélicas. El 2007, en una encuesta hecha a
activistas de derechos humanos y de derechos de las mujeres el 77% respondió que las
agresiones de fundamentalistas están dirigidas principalmente contra mujeres. La violencia del
fundamentalismo se enmascara y es transversal a otras violencias, en el entendido de que el
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patriarcado y el machismo tienen una inscripción profunda en la sociedad y los actos de los
agresores que se potencias por la incidencia de los fundamentalismos.
2.8.- AUTODETERMINACIÓN DE LAS MUJERES SOBRE SU CUERPO
Recuperar la autodeterminación del cuerpo para las mujeres es un hecho fundamental y es
probablemente el ámbito del reconocimiento de los derechos sexuales y los derechos
reproductivos donde quedan la mayor cantidad de desafíos. Las sociedades patriarcales han
desarrollado sofisticados sistemas para ejercer control sobre los cuerpos de las mujeres y sobre
las decisiones del ejercicio de su sexualidad y reproducción. La autodeterminación sobre el
cuerpo enfrenta varias barreras que provienen desde las leyes y la moral conservadora y una
serie de prejuicios que rodean las temáticas vinculadas a la sexualidad. El abordaje dominante
entiende el cuerpo de las mujeres como objeto para el placer masculino y la reproducción. En
ese entendido, que las mujeres tomen decisiones sobre su cuerpo, que se le reconozca la
dimensión del placer, está fuera del esquema patriarcal hegemónico.
Un indicador claro sobre la autodeterminación es la posibilidad de ejercer los derechos
sexuales y derechos reproductivos y de manera concreta, el acceso al aborto seguro en los
casos que ese permiten por ley y las posibilidades para su despenalización.
- Aborto: Bolivia posee una legislación que tipifica al aborto como un delito, es impune
en casos de violación y cuando la vida y la salud de la mujer está en peligro. De
acuerdo con el Instituto Guttmacher, en países con leyes sobre el aborto como Bolivia,
los abortos son menos seguros y hay mayor tendencia a la autoadministración de
medicamentos (misoprostol) fuera de los sistemas oficiales de provisión de salud.
Como resultado uno de cada cuatro abortos puede considerarse seguro. Los abortos
inseguros, entre 2010 y 2016, crecieron en un 14.6% al igual que los embarazos
esperados que culminaron en aborto. Se estima que durante el año 2016 se realizaron
59.646 abortos en Bolivia. Si se divide esa cifra por los 365 días del año, se calcula un
promedio de 163 abortos por día. En 2000, del total de muertes maternas, el 9,4% se
registraron como causadas por abortos y para el 2011 los abortos eran el 7,7% de la
mortalidad materna. Estos datos pueden contrastarse con información del Ministerio de
Salud en 2017, que registró que el 13% de las muertes de mujeres bolivianas es
causado por abortos clandestinos mal practicados, ocupando la tercera causa directa de
muerte materna. Las niñas y mujeres adolescentes son los sectores poblacionales más
vulnerables, en el estudio el “Estado de la población mundial”, del Fondo de las
Naciones Unidas para la Población (UNFPA), indica que las mujeres entre 15 y 19
años en Bolivia tienen una tasa de natalidad de 116 por cada 1.000 en Bolivia en
comparación al promedio regional de partos adolescentes 77 por cada 1.000. Los
Derechos sexuales y derechos reproductivo han sido reconocidos en la Constitución,
sin embargo desde su promulgación no se han dado avances para asegurar su ejercicio,
a través de servicios de salud sexual y reproductiva, asegurar educación integral en
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sexualidad, acceso a información y consejería para jóvenes y adolescentes y acceso a
anticoncepción.
3. PROYECCIONES A FUTURO
Según el Informe Global de Brecha de Género 2020, se necesitarán otros 100 años para lograr
la igualdad de género con base en la tasa actual de progreso en el crecimiento de mujeres
emprendedoras en el ecosistema.
Esta predicción ha sido significativa para impulsar a los que toman las decisiones, las partes
interesadas de todas las industrias y los puntos de acceso a trabajar para cerrar esta brecha y
resolver la representación femenina en las salas de juntas. Frente a la pandemia de COVID-19,
el año 2020 fue histórico para las mujeres en puestos de liderazgo. El progreso para las
mujeres ha demostrado ser sustancial. Más mujeres han asumido el liderazgo de empresas
enormes e influyentes. También se han elegido a más mujeres para altos cargos en todo el
mundo, ya sea Kamala Harris o Ngozi Okonjo-Iweala.
En esta época, las mujeres son conscientes de lo que aportan y de cómo su inteligencia
emocional y su actitud empática contribuyen al aumento de cada empresa con la que se
asocian. Esta conciencia ha llevado a un rápido aumento de la paridad de género y ha sido
testigo de cómo las startups lideradas por mujeres prosperan y se disparan. Está comprobado
que la diversidad en el liderazgo impacta positivamente en el crecimiento. Las inversionistas
han tenido la suerte de colaborar e invertir en algunas fundadoras fenomenales, y esta es su
opinión sobre por qué invertir en mujeres vale la pena.
En el ámbito empresarial cada vez son más las mujeres que se animan a incursionar, innovar y
apostar por el emprendimiento, que es una llave para generar ganancias económicas, poder
lograr sus sueños, además de poder generar fuentes de empleos.
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3.1.- CARACTERÍSTICAS DE UNA MUJER EMPRENDEDORA
Entre las características de las mujeres se podrá conocer sus fortalezas, habilidades, progreso,
uso de la tecnología, entre otros:
Estado civil e hijos: 4 de cada 10 mujeres emprendedoras están casada y tienen hijos. El
estado civil define que el 42,2% está casada y un 39,4% es soltera. Un 8,9% es divorciada y un
7,4% separada. El 68,5% son madres, de las cuales el 48,5% tiene entre uno y dos hijos.
Solas o con socios: 7 de cada 10 mujeres emprenden solas. El 69,4% está emprendiendo
sola. Un 27,5% tiene entre 1 y 2 socios, solo un 3,1% tiene más de dos socios.
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préstamos de sus familiares, solo un 9,9% accedió a un crédito de una entidad financiera, y el
resto con aportes de socios. El 82,1% son representantes legales de su emprendimiento.
4. CONCLUSIONES
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bajísimos porcentajes de mujeres que llegan a posiciones de decisión dentro de los partidos y
el gobierno. Estas mujeres, además, no garantizan su compromiso con el género, asumiendo
en muchos casos de lleno la ideología dominante para llegar a los lugares que ocupan.
Los logros educativos se devalúan cada vez más como medio para asegurar el acceso
a un empleo, por la fuerte desconexión que existe entre el tipo de trabajadores que demanda
el mercado laboral y el sistema educativo, una cuestión que afecta sobre todo a las mujeres
que buscan un trabajo acorde a sus calificaciones y experiencia, las se ven sometidas a
episodios de desempleo con mayor duración
Las mujeres que trabajan como independientes o por su cuenta, son las mayores
impulsoras de la dinámica de las actividades del comercio en el país, favoreciendo la
distribución a bajo precio de la producción nacional e importada y cumpliendo un rol
subordinado al proceso de realización de la ganancia empresarial; también se dedican a una
amplia gama de servicios personales y a la manufactura, casi siempre con escasos recursos
complementarios al trabajo, lo que repercute en su baja productividad laboral y en los magros
ingresos que la mayoría obtiene con su actividad. En un marco de amplia competencia entre
sí en los mismos espacios del mercado, el 70% tenía un ingreso inferior al costo de la canasta
alimentaria en 2014, revelando el carácter de subsistencia que adquiere esta forma social de
trabajo, en particular para las mujeres que se ven obligadas a transitar con frecuencia entre el
desempleo y su inserción en temporal en ocupaciones de refugio. En torno a su actividad, las
mujeres incorporan habitualmente a otros miembros de su núcleo familiar, principalmente a
los jóvenes, lo que alivia la presión de la oferta laboral en el mercado de trabajo y por tanto
contribuye a reducir el nivel del desempleo.
El trabajo que las mujeres hacen al desarrollo del país desde el mundo del trabajo
remunerado, ya sea como asalariadas o independientes, no les garantiza el acceso al sistema
de previsión social (salud y seguridad social); apenas una de cada tres aporta para su
jubilación y esta proporción es todavía menor cuando su vínculo laboral es con empresas del
sector privado. Este grado extremo de desprotección social en el trabajo, crecientemente
compartido con los hombres, agrava la precariedad en la que transcurre la vida laboral de la
mayoría de las mujeres. Considerando aspectos referidos a la estabilidad en el empleo, los
salarios por debajo o por encima del 50% del costo de la canasta básica familiar (asumiendo
que existen dos perceptores en promedio por hogar) y la cobertura del sistema previsional, se
cuenta con un indicador que permite distinguir tres categorías en la calidad de los empleos:
no precario, precario (déficit en alguna condición) y precario extremo (déficit en las tres
condiciones).
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