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«Una metafísica crítica podría nacer como ciencia Al inicio, habría una visión, en uno de los pisos de aquellas siniestras colmenas de vidrio
ubicadas en el sector terciario; la visión interminable, a través del espacio panoptizado, de
de los dispositivos» decenas de cuerpos sentados, en la, distribuidos de acuerdo con una lógica modular; decenas de
cuerpos sin vida aparente, separados por delgadas paredes de vidrio, tecleando en sus
computadoras. En esta visión, a su vez, habría una revelación del carácter brutalmente político
de semejante inmovilización forzada de los cuerpos. Y la evidencia paradójica de cuerpos que
están tanto más inmóviles cuanto sus funciones mentales resultan activadas, cautivadas,
movilizadas; funciones que borbotean y responden en tiempo real a las uctuaciones del ujo
informacional que atraviesa la pantalla. Tomemos esta visión, o más bien lo que en ella
encontramos, y démosle un paseo ahora a través de una exposición del MoMa en Nueva York,
donde unos cibernéticos entusiastas, conversos recientemente a la coartada artística, han
decidido presentar al público todos los dispositivos de neutralización, de normalización a través
del trabajo, que tienen en mente para el futuro. La exposición se titularía Workspheres: se
expondría en ella el modo en que un iMac transforma el trabajo —que ha devenido en sí mismo
super uo e insoportable— en ocio, y cómo un ambiente “de fácil manejo” prepara al Bloom
promedio para que soporte la existencia más desolada y maximice de esta manera su rendimiento
social, o cómo le desaparecerá toda disposición a la angustia, a este Bloom, cuando SE hayan
integrado en su espacio de trabajo personalizado todos los parámetros de su psicología, sus
hábitos y su carácter. De la conjunción de estas “visiones” nacería la sensación de que,
nalmente, SE ha logrado producir el espíritu; y a su vez, producir el cuerpo como desperdicio,
masa inerte y voluminosa, condición —pero sobre todo obstáculo— del desenvolvimiento de
procesos puramente cerebrales. La silla, la mesa, la computadora: un dispositivo. Un
apresamiento productivo. Una empresa metódica de atenuación de todas las formas-de-vida.
Las losofías primeras suministran al poder
sus estructuras formales. Más precisamente,
Jünger bien hablaba de una “espiritualización del mundo”, pero en un sentido que no era
“la metafísica” designa ese dispositivo en el necesariamente elogioso.
que el actuar requiere de un principio al que Podríamos imaginar una génesis distinta. Al inicio, habría en esta ocasión una molestia, una
puedan relacionarse las palabras, las cosas y las molestia unida a la generalización de artefactos de vigilancia en los almacenes; arcos antirrobo
acciones. En la época del Giro, cuando la especialmente. Habría una ligera angustia, al momento de traspasarlos, por saber si sonarán o no,
presencia como identidad última vira hacia la por saber si uno será extraído del ujo anónimo de los consumidores como “el cliente
presencia como diferencia irreductible, el
indeseable”, como “el ladrón”. Habría pues, en esta ocasión, la molestia —¿o quién sabe? el
actuar aparece sin principio.
resentimiento— por haberse hecho atrapar en algunas ocasiones, y la clara presciencia de que los
dispositivos comenzaron últimamente a funcionar. O de que esta tarea de vigilancia, por desde afuera, a partir del presupuesto moderno de una presencia adquirida, de un ser-en-el-
ejemplo, es cada vez más con ada exclusivamente a una masa de vigilantes que tienen buen ojo, mundo asegurado, apoyado en una clara distinción entre el yo y el mundo. En el universo
al haber sido ellos mismos los antiguos ladrones. Ellos que son, bajo cualquiera de sus gestos, tradicional-mágico, la frontera que constituye al sujeto moderno como un sustrato sólido,
dispositivos a pie. estable, seguro de su ser-ahí, ante el cual se extiende un mundo atestado de objetividad,
Imaginemos ahora una génesis, del todo improbable ésta, para los más incrédulos. El punto conforma todavía un problema. Dicha frontera existe en este universo para conquistarlo, para
de partida no podría ser otro que la cuestión de la determinidad, del hecho de que hay, jarlo; la presencia humana es así constantemente amenazada, sintiéndose en un peligro
inexorablemente, determinación; pero se trata de una fatalidad que puede a la vez tomar el perpetuo. Así, esta labilidad coloca a la presencia humana a merced de cualquier percepción
sentido de una temible libertad de juego con las determinaciones. De una subversión violenta, de cualquier situación saturada de afectos, de cualquier acontecimiento inasimilable.
in acionista del control cibernético. En casos extremos, conocidos bajo diversos nombres en las civilizaciones primitivas, el ser-ahí es
totalmente devorado por el mundo, una emoción o una percepción. A esto los malayos lo
Al inicio, no habría nada, nalmente. Nada que no sea el llaman latah, los tunguses olon, algunos melanesios atai, y entre los mismos malayos está
rechazo a jugar inocentemente cualquiera de los juegos relacionado con el amok. En tales estados, la presencia singular se desploma completamente,
que SE hayan previsto para engatusarnos. entra en una indistinción con los fenómenos y se deshace con un simple eco, mecánico, del
¿Y quién sabe? el deseo mundo que le rodea. De este modo un latah, un cuerpo afectado de latah, coloca la mano sobre
FEROZ
la llama apenas esbozado el gesto para hacerlo o, encontrándose de golpe cara a cara con un tigre
de crear algunos de ellos en la cima de un sendero, comienza a imitarlo furiosamente, poseído como está por semejante
vertiginosos. percepción inesperada. También se relatan casos de olon colectivo: durante la formación de un
I
regimiento cosaco por parte de un o cial ruso, los hombres del regimiento, en lugar de ejecutar
las órdenes del coronel, comienzan repentinamente a repetirlas en coro; y cuanto más los
colmaba de insultos el o cial y éste se irritaba por su rechazo a obedecer, más le regresaban ellos
sus insultos e imitaban su cólera. De Martino caracteriza de este modo el latah, haciendo uso de
¿En qué consiste, exactamente, la Teoría del Bloom? Consiste en un intento de historizar la sus categorías aproximativas: “La presencia tiende a permanecer polarizada sobre un contenido
presencia, de tomar nota, para comenzar, del estado actual de nuestro ser-en-el-mundo. Otros particular, no alcanza a ir más allá de ello y, por consiguiente, desaparece y abdica en tanto que
intentos de la misma naturaleza han precedido a la Teoría del Bloom, entre los cuales el más presencia. Colapsa así la distinción entre presencia y mundo que se hace presente.”
notable, después de Los conceptos fundamentales de la metafísica de Heidegger, resulta Así pues, para De Martino existe un “drama existencial”, un “drama histórico del mundo
de nitivamente El mundo mágico de De Martino. Sesenta años antes de la Teoría del Bloom, la mágico”, que es un drama de la presencia; y el conjunto de las creencias, técnicas e instituciones
antropología italiana ofrecía una contribución, hasta el día de hoy inigualada, en torno a la mágicas están ahí para responder a tal situación: para salvar, proteger o restaurar la presencia
historia de la presencia. Pero mientras que lósofos y antropólogos desembocaban en este mermada. Por tanto, ese conjunto está dotado de una e cacia propia, de una objetividad
resultado, en la constatación del sitio donde somos con el mundo, en la constatación de nuestro inaccesible al sujeto clásico. Una de las maneras que tienen los indígenas de Mota para vencer la
propio colapso, fue de allí que nosotros partimos, así que aquí consentiremos. crisis de la presencia provocada por alguna reacción emocional intensa, consistirá así en asociar a
Hombre de su época en esto, De Martino pretendía creer en toda la fábula moderna del aquel que ha sido su víctima con la cosa que la ha ocasionado, o algo que la represente. En el
sujeto clásico, del mundo objetivo, etc. Luego distinguió entre dos épocas de la presencia, la que curso de una ceremonia, dicha cosa será declarada atai. El Chamán instituirá una comunidad de
tiene curso en el “mundo mágico”, primitivo, y la del “hombre moderno”. Todo el destino entre esos dos cuerpos que estarán, a partir de ahora, indisoluble y ritualmente unidos, a
malentendido occidental con respecto de la magia y, más generalmente, de las sociedades tal punto que en el idioma indígena atai signi ca simplemente alma. “La presencia que se
tradicionales, dice en resumen De Martino, se debe al hecho de que pretendemos comprenderlas arriesga a perder todo horizonte se reconquista incorporando su unidad problemática a la
unidad problemática de la cosa”, concluye De Martino. Esta práctica banal (la de inventarse un En realidad, la presencia es tan poco un atributo del sujeto humano que ella es aquello que
alter ego objetal) es aquello que los occidentales recubrirán con el apodo de “fetichismo”, se da. “El fenómeno a retener, aquí, no es ni el simple ente ni su modo de estar presente, sino la
rechazando comprender que el hombre “primitivo” se recompone, al reconquistar una entrada en presencia; una entrada que es siempre nueva, cualquiera que sea el dispositivo
presencia, mediante la magia. Reproduciéndose el drama de su presencia en disolución, pero esta histórico en que aparezca lo dado” (Reiner Schürmann, El principio de anarquía). Así se de ne
vez acompañado y apoyado por el Chamán —en el trance, por ejemplo—, pone en escena dicha el ek-stasis ontológico del ser-ahí humano, su co-pertenencia a cada situación vivida. La presencia
disolución de tal manera que vuelve a ser su amo. Lo que el hombre moderno reprocha tan en sí misma es INHUMANA. Inhumanidad que triunfa en la crisis de la presencia, cuando lo ente se
amargamente al “primitivo”, después de todo, no es tanto su práctica de la magia, sino la audacia impone en toda su aplastante insistencia. La donación de la presencia, entonces, ya no puede
que tiene para otorgarse un derecho que es juzgado obsceno: el de evocar la labilidad de la seguir siendo acogida; toda forma-de-vida, es decir, toda manera de acoger esta donación, se
presencia y, con ello, volverla participable. Y es que los “primitivos” se han dado los medios para disipa. Lo que hay que historizar no es entonces el progreso de la presencia hacia la estabilidad
vencer ese tipo de desamparo, cuyas imágenes más familiares para nosotros son el moderno nal, sino las diferentes maneras en que ésta se da, las diferentes economías de la presencia. Y si
despojado de su portátil, la familia pequeñoburguesa privada de tele, el automovilista con el bien existe hoy en día, en la era del Bloom, una crisis generalizada de la presencia, esto es así
coche rallado, el ejecutivo sin o cina, el intelectual sin la palabra o la Jovencita sin su bolso. solamente en virtud de la generalidad de la economía en crisis: LA ECONOMÍA OCCIDENTAL,
Pero De Martino comete un error inmenso, un error de fondo sin duda inherente a toda MODERNA Y HEGEMÓNICA, DE LA PRESENCIA CONSTANTE. Economía que tiene como característica
antropología. De Martino ignora la amplitud del concepto de presencia, ya que la concibe propia la denegación de la posibilidad misma de su crisis por medio del chantaje del sujeto
todavía como un atributo del sujeto humano, lo cual le lleva inevitablemente a oponer la clásico, regente y medida de todas las cosas. El Bloom resalta históricamente el n de la
presencia al “mundo que se hace presente”. La diferencia entre el hombre moderno y el efectividad social-mágica de ese chantaje o fábula. La crisis de la presencia entra nuevamente en el
primitivo no consiste, como De Martino dice, en el hecho de que el segundo se encontraría en horizonte de la existencia humana, pero no SE responde a ella de la misma manera que en el
defecto con respecto del primero, al no haber adquirido aún la seguridad de éste. La diferencia mundo tradicional; no SE la reconoce como tal.
consiste, por el contrario, en que el “primitivo” demuestra una mayor apertura, una mayor En la era del Bloom la crisis de la presencia se croni ca y se objetiva en una inmensa
atención, al VENIR A LA PRESENCIA DE LOS ENTES, y por tanto, como consecuencia, una mayor acumulación de dispositivos. Cada dispositivo funciona como una prótesis ek-sistencial que SE
vulnerabilidad a las uctuaciones de éste. El hombre moderno, el sujeto clásico, no es un salto administra al Bloom para permitirle sobrevivir en la crisis de la presencia sin que la perciba, y
fuera de lo primitivo, sino que, más bien, es tan sólo un primitivo que se ha vuelto indiferente al para permitirle permanecer en ella día tras día sin sucumbir — un celular, un psicólogo, un
acontecimiento de los seres, que ya no sabe acompañar al venir a la presencia de las cosas, que es amante, un sedante o un cine conforman una especie de muletas bastante adecuadas, siempre y
pobre de mundo. De hecho, toda la obra de De Martino está atravesada por un amor infeliz cuando uno pueda cambiarlas a menudo. Considerados singularmente, los dispositivos son otras
hacia el sujeto clásico. Infeliz, debido a que De Martino tiene, como Janet, una comprensión tantas fortalezas erigidas contra el acontecimiento de las cosas; tomados en masa, son el hielo
demasiado íntima del mundo mágico, una sensibilidad demasiado rara hacia el Bloom, como seco que SE esparce sobre el hecho de que cada cosa, en su venir a la presencia, lleva consigo un
para no sentir, secretamente, todos sus efectos. Lo que ocurre es que, cuando se es un hombre, mundo. Lo objetivo: mantener a toda costa la economía dominante mediante la gestión
en la Italia de los años 40, ciertamente se tiene más que nada el interés de callar dicha sensibilidad autoritaria, en todo lugar, de la crisis de la presencia; instalar planetariamente un presente contra
y de confesar una pasión desenfrenada por la plasticidad majestuosa y, a partir de ahora, el libre juego de todo venir a la presencia. En pocas palabras: EL MUNDO SE ENDURECE.
admirablemente kitsch del sujeto clásico. De este modo, De Martino se acorraló en la postura Desde que el Bloom se ha insinuado en el corazón de la civilización, SE ha hecho todo lo
cómica que es denunciar el error metodológico de querer aprehender el mundo mágico desde el posible para aislarlo, para neutralizarlo. Muy a menudo, y ya muy biopolíticamente, se le ha
punto de vista de una presencia asegurada, al mismo tiempo que la conserva como horizonte de tratado como una enfermedad: primero se llamó psicastenia, con Janet, y luego esquizofrenia.
referencia. En última instancia, hace suya la utopía moderna de una objetividad pura de toda Hoy en día SE pre ere hablar de depresión. Las cali caciones cambian, ciertamente, pero la
subjetividad y de una subjetividad exenta de toda objetividad. maniobra es siempre la misma: reducir las manifestaciones del Bloom que son demasiado
extremas a puros “problemas subjetivos”. Circunscribiéndolo como enfermedad, SE lo
individualiza, SE lo localiza y SE lo reprime, de tal manera que ya no pueda ser asumible dotado de sus propios puntos de abastecimiento, de su propia policía, de espacios autónomos
colectivamente, comúnmente. Si lo vemos bien, la biopolítica nunca ha tenido otro propósito: neutros, vacíos y abstractos, el sistema de autopistas representa directamente el territorio, como
garantizar que nunca se constituyan mundos, técnicas, dramatizaciones compartidas, magias, en descargado por bandas a través del paisaje; una heterotopía, la heterotopía cibernética. En él,
el seno de las cuales la crisis de la presencia pueda ser vencida, asumida, pueda devenir un centro todo ha sido cuidadosamente parametrizado para que no suceda nada, nunca. El ujo
de energía, una máquina de guerra. La ruptura de toda transmisión de la experiencia, la ruptura indiferenciado de lo cotidiano sólo es evaluado por la serie estadística, prevista y previsible, de los
de la tradición histórica está ahí, salvajemente mantenida, para asegurar que el Bloom se accidentes que SE nos tiene tan informados porque nunca somos testigos de ellos, y que no son,
mantenga siempre entregado, remitido a “sí mismo”, a su propia y solitaria burla, a su aplastante por tanto, vividos como acontecimientos, como muertes, sino como una perturbación pasajera
y mítica “libertad”. Existe ante todo un monopolio biopolítico de los remedios para la presencia de la que todo rastro será borrado en poco tiempo. Por otra parte, nos recuerda la Seguridad
en crisis, que siempre está dispuesto a defenderse con la violencia más lejana. Vial, SE muere mucho menos en las autopistas que en las carreteras nacionales; y son apenas los
La política que desafía este monopolio toma como punto de partida, y como centro de cadáveres de los animales aplastados, que se advierten por la ligera dislocación que inducen en la
energía, la crisis de la presencia: el Bloom. A esta política la cali caremos como extática. Su dirección de los coches, los que nos recuerdan qué es lo que signi ca PRETENDER VIVIR ALLÍ
propósito no es rescatar abstractamente, a fuerza de re/presentaciones, la presencia humana en DONDE LOS DEMÁS PASAN. Cada átomo del ujo molecularizado, cada una de las mónadas
disolución, sino en la elaboración de magias participables, de técnicas de habitación, no tanto de impermeables del dispositivo, no tiene, de cualquier modo, ninguna necesidad de que se le
un territorio, sino de un mundo. Y es esta elaboración, la del juego entre las diferentes economías recuerde que el uir está dentro de sus intereses. La autopista está hecha completamente, con sus
de la presencia, entre las diferentes formas-de-vida, lo que exige la subversión y la liquidación de largas curvas y su uniformidad calculada y señalizada, para reducir todas las conductas a una sola:
todos los dispositivos. la cero-sorpresa, prudente y alisada, orientada hacia un lugar de llegada y recorrida
Aquellos que aún reclaman una teoría del sujeto, como un último aplazamiento ofrecido a completamente a una velocidad media y regular. A pesar de todo, existe un ligero sentimiento de
su pasividad, harían mejor en comprender que, en la era del Bloom, una teoría del sujeto ya sólo ausencia, de un extremo a otro del trayecto, como si la única forma de permanecer en un
es posible como teoría de los dispositivos. dispositivo fuera atrapado bajo la perspectiva de salirse de él, sin nunca haber estado
II
verdaderamente ahí. Al nal, el puro espacio de la autopista expresa la abstracción de todo lugar
más que la de toda distancia. En ninguna parte SE ha realizado tan perfectamente la sustitución
de los lugares a partir de su nombre, a partir de su reducción nominalista. En ninguna parte la
separación habrá sido tan móvil y convincente, e incluso armada de un lenguaje (la señalización
Durante mucho tiempo he creído que lo que distinguía a la teoría de, supongamos, la vial) menos susceptible de subversión. La autopista, por tanto, como utopía concreta del
literatura, era su impaciencia para transmitir contenidos, su vocación para hacerse comprender. Imperio cibernético. ¡Y pensar que existe gente que ha podido oír hablar de “autopistas de la
Efectivamente, esto especi ca a la teoría, a la teoría como la única forma de escritura que no es información” sin presentir la promesa de un vigilancia policíaca total!
una práctica. De ahí el in nito impulso de la teoría, que puede decir lo que sea sin que esto arroje El metro, la red metropolitana, es otra clase de megadispositivo, subterráneo en esta ocasión.
nunca, nalmente, alguna consecuencia; para los cuerpos, evidentemente. Veremos muy bien No cabe duda, vista la pasión policíaca que la RATP nunca ha abandonado desde Vichy, de que
que nuestros textos no son teoría ni su negación, sino simplemente otra cosa. una cierta consciencia de este hecho se ha insinuado en todos sus pisos, e incluso en sus
¿Cuál es el dispositivo perfecto, el dispositivo-modelo a partir del cual ningún malentendido entresuelos. Es así como se podía leer hace algunos años, en los pasillos del metro parisino, un
podría subsistir sobre la noción misma de dispositivo? El dispositivo perfecto, me parece, es LA extenso aviso público de la RATP, adornado con un león que ostentaba una pose real. El título
AUTOPISTA. En ella, el máximum de la circulación coincide con el máximum del control. Nada se
de la noticia, escrito en caracteres gruesos y extraordinarios, estipulaba que: “AMO DE LOS LUGARES
ES AQUEL QUE LOS ORGANIZA”. Quien se dignaba a detenerse a leer, se veía así informado por la
mueve en ella que no sea incontestablemente “libre” y, a la vez, estrictamente registrado,
identi cado e individuado en un registro exhaustivo de matriculaciones. Organizado en red, intransigencia empleada por esta compañía pública dispuesta a defender el monopolio de la
gestión de su dispositivo. Desde ese momento, parece ser que el Weltgeist ha conseguido aún
progresos entre los émulos del servicio de Comunicación de la RATP, ya que todas sus campañas PARTIR DE AHORA, EL MOMENTO POLÍTICO DOMINA EL MOMENTO ECONÓMICO. La cuestión suprema
han sido, a partir de ese momento, rmadas como “RATP, el espíritu libre”. El “espíritu libre” ya no es la extracción de plusvalía, sino el Control. El nivel de extracción de la propia plusvalía ya
—singular fortuna para una fórmula que ha pasado desde Voltaire hasta los anuncios de los no indica sino el nivel de Control que es localmente su condición. El Capital ya no es sino un
nuevos servicios bancarios, pasando por Nietzsche—, tener el espíritu libre más que ser un medio al servicio del Control generalizado. Y si aún existe un imperialismo de la mercancía, se
espíritu libre: he aquí lo que exige el Bloom, ávido de bloomi cación. Tener el espíritu libre, es hace sentir ante todo como imperialismo de los dispositivos; imperialismo que responde a una
decir: el dispositivo se hace cargo de los que se le someten. Sin duda, existe una comodidad que se necesidad: la de la NORMALIZACIÓN TRANSITIVA DE TODAS LAS SITUACIONES. Se trata de extender la
vincula con esto, que consiste en poder olvidar, hasta nuevo aviso, que uno está en el mundo. circulación entre los dispositivos, porque es ella quien forma el mejor vector de la trazabilidad
En cada dispositivo existe una decisión que se esconde. Los Amables Cibernéticos del universal y del orden de los ujos. En este punto también, nuestros Amables Cibernéticos
CNRS le dan la vuelta a esto de la siguiente manera: “El dispositivo puede ser de nido como la poseen el arte de la fórmula: “En general, el individuo autónomo, concebido como portador de
concretización de una intención mediante la constitución de ambientes acondicionados” una intencionalidad propia, aparece como la gura central del dispositivo. […] Ya no se orienta el
(Hermès, nº 25). El ujo es necesario para el mantenimiento del dispositivo, porque es detrás de individuo, sino que es el individuo quien se orienta en el dispositivo”.
él que se esconde dicha decisión. “No hay nada más fundamental para la supervivencia del No hay nada misterioso en las razones por las cuales los Bloom se someten tan masivamente
shopping que un ujo constante de clientes y productos”, observan los cabrones del Harvard a los dispositivos. Por qué, ciertos días, en el supermercado, no robo nada…; tanto si me siento
Project on the City. Pero asegurar la permanencia y la dirección del ujo molecularizado, demasiado débil como si soy perezoso: no robar resulta una comodidad. No robar supone
interconectar los diferentes dispositivos, exige un principio de equivalencia, un principio disolverse absolutamente en el dispositivo, conformarse en él para no tener que sostener la
dinámico, distinto de la norma en curso en cada dispositivo. Este principio de equivalencia es la relación de fuerza que conlleva: la relación de fuerza entre un cuerpo y el agregado compuesto
mercancía. La mercancía, es decir, el dinero como lo que individúa y separa todos los átomos por los empleados, el vigilante y, eventualmente, la policía. Robar me fuerza a una presencia, a
sociales, colocándolos a solas frente a su cuenta bancaria como el cristiano lo estaba ante su Dios; una atención, a un nivel de exposición de mi super cie corporal, a la cual, ciertos días, no puedo
el dinero, que nos permite al mismo tiempo entrar continuamente en todos los dispositivos y, en recurrir. Robar me fuerza a pensar mi situación. Y en ciertas ocasiones, no tengo la energía para
cada entrada, registrar un rastro de nuestra posición, de nuestro paso. La mercancía, es decir, el ello. Así que pago, pago para ser dispensado de la experiencia misma del dispositivo en su
trabajo que permite contener el mayor número de cuerpos en un número particular de realidad hostil. Pero lo que en realidad adquiero es un derecho a la ausencia.
III
dispositivos estandarizados, forzarlos a pasar a través de ellos y quedarse, organizando cada uno
su propia trazabilidad a través del currículum vitae (¿no es cierto, por otra parte, que trabajar hoy
en día ya no consiste tanto en hacer alguna cosa como en ser alguna cosa y, desde luego, en estar
disponible?). La mercancía, es decir, el reconocimiento gracias al cual cada uno autogestiona su
Lo que puede ser
sumisión a la policía de las cualidades y mantiene con otros cuerpos una distancia mostrado no puede ser
prestidigitadora, su cientemente grande para neutralizarse, pero no tanto para excluirse de la dicho.
valorización social. Guiado de este modo por la mercancía, el ujo de los Bloom impone Wittgenstein
dulcemente la necesidad del dispositivo que lo contiene. Todo un mundo fosilizado sobrevive en El decir no es lo
dicho.
esta arquitectura, la cual ya no necesita celebrar el poder soberano porque ella misma es, a partir
Heidegger
de ahora, el poder soberano: le basta con con gurar el espacio — la crisis de la presencia hace el
resto. Existe un enfoque materialista del lenguaje que parte de que aquello que percibimos nunca
Bajo el Imperio, las formas clásicas del capitalismo sobreviven, pero como formas vacías, es separable de aquello que sabemos. La Gestalt ha mostrado desde hace mucho tiempo cómo,
como puros vehículos al servicio del mantenimiento de los dispositivos. Su persistencia no debe frente a una imagen confusa, el hecho de que se nos diga que tal imagen representa a un hombre
engañarnos: ya no reposan sobre sí mismos, puesto que han devenido función de otra cosa. A
sentado en una silla, o una lata de conservas semiabierta, es su ciente para hacer aparecer una u no quiere decir gran cosa. Ya que mi fatiga no es mía, no soy yo quien está fatigado. ‘Hay lo
otra cosa. Las reacciones nerviosas de un cuerpo y, ciertamente por ello mismo, su metabolismo, fatigante’. Mi fatiga se inscribe en el mundo bajo la forma de una consistencia objetiva, de un
están estrechamente unidas —si acaso no dependen ya directamente— al conjunto de sus suave espesor de las cosas mismas, del sol y la carretera que sube, del polvo y las piedras.”
representaciones. Hay que admitir esto para establecer, no tanto el valor, sino la signi cación (Deleuze, ‘Decires y per les’, 1947) En lugar del acontecimiento —“hay lo fatigante”— la
vital de cada metafísica, su incidencia en términos de forma-de-vida. gramática metafísica nos forzará a pronunciar un sujeto para después referirle su predicado: “yo
Imaginemos, después de esto, una civilización cuya gramática llevaría en su núcleo, estoy fatigado” — esto es: el acondicionamiento de una posición de retirada, de elipsis del ser-en-
especialmente en el empleo del verbo más corriente de su vocabulario, una clase de vicio, defecto situación, de borrado de la forma-de-vida que se enuncia tras su enunciado, tras la
tal que conlleve a que todo sería percibido de acuerdo a una perspectiva, no solamente falseada, pseudosimetría autárquica de la relación sujeto-predicado. Y es, naturalmente, con la
sino en la mayoría de los casos mórbida. Imaginemos qué ocurriría entonces con la siología justi cación de este escamoteo que se abre la Fenomenología del espíritu, piedra angular de la
común de sus usuarios, con las patologías mentales y relacionales, con la disminución vital a la represión occidental de la determinidad y las formas-de-vida, verdadera propedéutica para toda
que éstos estarían expuestos. Tal civilización sería ciertamente inhabitable y produciría ausencia futura. “A la pregunta: ¿qué es el ahora? —escribe nuestro Bloom jefe— respondemos,
solamente, en cualquier sitio que se extienda, desastre y desolación. Esa civilización es la pues, por ejemplo, el ahora es la noche. Y para examinar la verdad de esta certeza sensible, basta
civilización occidental, y ese verbo es sencillamente el verbo ser. Y el verbo ser no en sus empleos con un sencillo experimento. Escribamos esta verdad; la verdad no es algo que se puede perder
de auxiliar o de existencia —esto es—, los cuales son relativamente inofensivos, sino en sus por escribirla, ni mucho menos por tratar de guardarla y conservarla. Pero si volvemos a ver
empleos de atribución —esta rosa es roja— y de identidad —la rosa es una or—, que autorizan ahora, es decir, este mediodía, la verdad que escribimos anoche, resulta que tendremos que decir
las más simples falsi caciones. En el enunciado “esta rosa es roja”, por ejemplo, presto al sujeto que se nos ha echado a perder”. El grosero juego de manos consiste aquí en reducir como si nada
“rosa” un predicado que no es el suyo, que es más bien un predicado de mi percepción: soy yo, la enunciación al enunciado, en postular la equivalencia del enunciado hecho por un cuerpo en
que no soy daltónico, que soy “normal”, quien percibe esta longitud de onda como “rojo”. Decir situación, del enunciado como acontecimiento, y del enunciado objetivado o escrito, que
“yo percibo la rosa como rojo” resultaría ya menos capcioso. En cuanto al enunciado “la rosa es perdura como rastro en la indiferencia a toda situación. De uno a otro, es el tiempo, es la
una or”, me permite borrarme oportunamente tras la operación de clasi cación que yo hago. presencia, lo que cae en la trampa. En su último escrito, cuyo título suena como una especie de
Por tanto, convendría más bien decir: “yo clasi co la rosa entre las ores” (que es la formulación respuesta al primer capítulo de la Fenomenología del espíritu, Sobre la certeza, Wittgenstein
común en las lenguas eslavas). Sin duda es evidente, a continuación, que los efectos del es de profundiza la cuestión. Se trata del parágrafo 588: “Sin embargo, ¿no es cierto que con las
identidad tienen un alcance emocional muy distinto cuando permiten decir de un hombre que palabras ‘Sé que esto es…’ a rmo encontrarme en un estado particular, mientras que la mera
tiene la piel blanca, “es un Blanco”, de alguien que tiene dinero, “es un rico”, o de una mujer que aseveración: ‘Esto es…’ no dice lo mismo? A pesar de ello, nuestra réplica a una aseveración
se comporta algo libremente, “es una puta”. Y esta cuestión de ninguna manera consiste en semejante suele ser ‘¿Cómo lo sabes?’ — ‘Sencillamente, porque el hecho de que lo a rme
denunciar la supuesta “violencia” de tales enunciados, preparando así el advenimiento de una permite reconocer que lo creo.’ — Podría expresarse así: en un zoológico podríamos encontrar la
nueva policía de la lengua, de una political correctness ampliada, que esperaría que cada frase inscripción ‘Esto es una cebra’, pero nunca ‘Sé que esto es una cebra.’ ‘Sé’ sólo tiene sentido
lleve consigo su propia garantía de cienti cidad. De lo que se trata es de saber lo que se hace, lo cuando sale de la boca de una persona.”
que SE nos hace, cuando hablamos; y de saberlo juntos. El poder que se ha hecho heredero de toda la metafísica occidental, el Imperio, extrae de ella
La lógica subyacente a estos empleos del verbo ser es cali cada por Korzybski como toda su fuerza así como la inmensidad de sus debilidades. La abundancia de artefactos de control
aristotélica; nosotros la llamaremos simplemente “la metafísica” — y de hecho no estamos lejos y de equipos de vigilancia continua que han cubierto el mundo, por su exceso mismo, delata el
de pensar, como Schürmann, que “la cultura metafísica en su conjunto revela ser una exceso de su ceguera. La movilización de todas esas “inteligencias” que se vanagloria de tener
universalización de la operación sintáctica que es la atribución predicativa”. Lo que se juega en la entre sus las, sólo con rma la evidencia de su estupidez. Resulta impresionante ver, año tras
metafísica, y especialmente en la hegemonía social del es de identidad, es tanto la negación del año, cómo los seres se escurren cada vez más entre sus predicados, entre todas las identidades que
devenir, como del acontecimiento de las cosas y los seres — “¿Estoy fatigado? Esto, desde luego, SE les hacen. Con total seguridad, el Bloom progresa. Todas las cosas se indistinguen. SE tiene
cada vez mayor di cultad para hacer del que piensa “un intelectual”, del que trabaja “un Nuestra razón es la diferencia de
los discursos, nuestra historia la
asalariado”, del que mata “un asesino”, del que milita “un militante”. El lenguaje formalizado, diferencia de los tiempos, nuestro yo
aritmética de la norma, no se conexiona sobre ninguna distinción sustancial. Los cuerpos ya no la diferencia de las máscaras.
se dejan reducir a las cualidades que SE les quiso atribuir. Rechazan incorporárselas. Fluyen, Michel Foucault, Arqueología del saber
silenciosamente. El reconocimiento, que al principio nombra una cierta distancia entre los
Corresponde a un pensamiento abruptamente mayor conocer aquello que obra, conocer en
cuerpos, se encuentra desbordado en todos sus puntos. Ya no puede dar cuenta de lo que pasa,
qué operaciones se libra. Y no con vistas a conseguir alguna Razón nal, prudente y mesurada,
precisamente, entre los cuerpos. Hacen falta, por tanto, dispositivos, más y más dispositivos: para
sino, por el contrario, con el n de intensi car el goce dramático que se une al juego de la
estabilizar la relación entre los predicados y los “sujetos” que escapan de ellos obstinadamente,
existencia, en sus propias fatalidades. La cosa resulta evidentemente obscena. Y debo decir que, a
para frustrar la creación difusa de relaciones asimétricas, perversas y complejas entre dichos
dondequiera que uno vaya, a cualquier medio que uno se dirija, todo pensamiento de la
predicados, para producir la información, para producir lo real como información. Es evidente
situación resulta inmediatamente interpretado y conjurado como perversión. Para prevenir este
que los intervalos que mide la norma y a partir de los cuales SE individualizan-distribuyen los
desafortunado re ejo siempre hay, es verdad, una salida presentable, que consiste en proveer este
cuerpos, ya no son su cientes para el mantenimiento del orden; es necesario, por otra parte,
pensamiento para una crítica. En Francia, esto es por cierto algo en lo que SE es muy ávido. Al
hacer reinar el terror, el terror de alejarse demasiado de la norma. Para garantizar la estabilidad
develarme como hostil a aquello cuyo funcionamiento y determinismos he penetrado, coloco
arti cial de un mundo en implosión, han devenido necesarias toda una policía inédita de las
eso mismo que quisiera aniquilar a salvo de mí mismo, a salvo de mi práctica. Y es precisamente
cualidades y toda una ruinosa red de microvigilancia, de microvigilancia de todos los instantes y
esa inocuidad lo que SE espera de mí al exhortarme a que me declare como crítico.
espacios. Obtener el autocontrol de cada uno exige una densi cación inédita, una difusión
En todas partes, la libertad de juego que acarrea la adquisición de un saber-poder es algo que
masiva de dispositivos de control cada vez más integrados, cada vez más hipócritas. “El
colma de terror. Ese terror, el terror del crimen, es destilado inde nidamente por el Imperio
dispositivo: una ayuda para las identidades en crisis”, escriben los cerdos del CNRS. Pero
entre los cuerpos, asegurándose así de conservar el monopolio de los saberes-poderes, esto es, a la
cualquier cosa que SE haga para asegurar la plana linealidad de la relación sujeto-predicado, para
larga, el monopolio de todos los poderes. Dominación y Crítica conforman desde siempre un
someter todo ser a su representación, a pesar de su desprendimiento histórico, a pesar del Bloom,
dispositivo inconfesablemente dirigido contra un hostis común: el conspirador, aquel que obra
no sirve de nada. Sin duda, los dispositivos pueden jar, conservar las economías de la presencia
encubierto, que hace uso de todo lo que SE le da y le reconoce como una máscara. El conspirador
caducas, hacerlas persistir más allá de su acontecimiento, pero son impotentes al intentar que
es odiado en todas partes, pero nunca SE le odiará tanto como el placer que él obtiene de su juego.
cese el asedio de los fenómenos, que tarde o temprano acabarán por sumergirlos. Por el
Con toda seguridad, una cierta dosis de aquello que llamamos comúnmente “perversión” entra
momento, el hecho de que no es lo ente lo que, la mayor parte del tiempo, es portador de las
en el placer del conspirador, porque aquello de lo que goza es, entre otras cosas, de su opacidad.
cualidades que le prestamos, sino más bien nuestra percepción, que se muestra siempre más
Mas ésta no es la razón por la cual no SE deja de impulsar al conspirador a volverse crítico, a
claramente en el hecho de que nuestra pobreza metafísica, la pobreza de nuestro arte de percibir,
subjetivarse como crítico, ni tampoco la razón del odio que SE mantiene tan corrientemente hacia
nos hace experimentar todo como sin cualidades, nos hace producir el mundo como desprovisto
él. Esa razón consiste sencillamente en el peligro que él encarna. El peligro, para el Imperio, son
de cualidades. En este derrumbamiento histórico, las cosas mismas, libres de todo apego, vienen
las máquinas de guerra: que uno o varios hombres se transformen en máquinas de guerra,
cada vez más insistentemente a la presencia.
ENLAZANDO ORGÁNICAMENTE SU GUSTO POR VIVIR Y SU GUSTO POR DESTRUIR.
En realidad, es como dispositivo que nos aparece cada detalle de un mundo que nos ha
El moralismo de toda crítica no es, a su vez, algo a criticar: para nosotros resulta su ciente
devenido extranjero, precisamente, en cada uno de sus detalles.
IV
conocer la poca inclinación que tenemos por lo que se trama verdaderamente en él: amor
exclusivo de los afectos tristes, de la impotencia, de la contrición, deseo de pagar, de expiar, de ser
castigado, pasión por el proceso, odio del mundo, de la vida, pulsión gregaria, espera del martirio.
Todo ese asunto de la “consciencia” nunca ha sido realmente comprendido. Existe efectivamente
una necesidad de la consciencia que no consiste de ninguna manera en una necesidad de nebulosa. Quería que SE conociera su hostilidad hacia el mundo, su trascendencia innata. Quería
“elevarse”, sino en una necesidad de elevar, re nar y estimular nuestro goce, de multiplicar que SE la creyera, que SE la suponga, en otra parte, en algún Gran Hotel del Abismo o en la
nuestro placer. Una ciencia de los dispositivos, una metafísica crítica, es por tanto absolutamente República de las Letras. Lo que nos importa, a nosotros, es exactamente lo contrario.
necesaria, pero no para plantar alguna bella certeza tras la cual poder borrarse, ni siquiera para Imponemos una distancia entre el mundo y nosotros, no para dar a entender que estaríamos en
agregar a la vida su pensamiento, como también se ha dicho. Necesitamos pensar nuestra vida otra parte, sino para estar de manera diferente ahí. La distancia que introducimos es el espacio de
para intensi carla de manera dramática. ¿Qué me importa un rechazo que no sea al mismo juego que necesitan nuestros gestos; nuestros gestos que son compromisos y descompromisos,
tiempo un saber milimetrado de la destrucción? ¿Qué me importa un saber que no venga a amor y exterminio, sabotajes y deserciones. El pensamiento de los dispositivos, la metafísica
incrementar mi potencia, como eso que SE llama pér damente “lucidez”, por ejemplo? crítica, llega por tanto como aquello que prolonga el gesto crítico desde hace tiempo paralizado,
Con respecto a los dispositivos, la burda propensión del cuerpo que ignora la alegría, y que al prolongarlo lo anula. Particularmente, anula aquello que, desde hace más de setenta
consistirá en reducir la presente perspectiva revolucionaria a la de la destrucción inmediata de años, constituye el centro de energía de todo lo que el marxismo puede contener aún con vida,
ellos. Los dispositivos proporcionarían entonces una especie de chivo expiatorio objetal sobre el quiero decir, el famoso capítulo de El capital sobre “el carácter fetichista de la mercancía y su
cual todo el mundo se pondría de acuerdo de manera unívoca. Y se restablecería así el más viejo secreto”. Cuánto Marx fracasó en pensar más allá de la Ilustración y cuánto su Crítica de la
de los fantasmas modernos, el fantasma romántico que cierra El lobo estepario: el de una guerra economía política solamente fue en efecto una crítica, no aparece en ninguna otra parte de un
de los hombres contra las máquinas. Reducida a esto, la perspectiva revolucionaria ya sólo sería, modo tan lamentable como en estos pocos parágrafos.
nuevamente, una frígida abstracción. Ahora bien, el proceso revolucionario es un proceso de Marx tropieza con la noción de fetichismo desde 1842, luego de su lectura de ese clásico de
crecimiento general de la potencia, o no es nada. Su In erno es la experiencia y la ciencia de los la Ilustración que es Sobre el culto de los dioses fetiches, del Presidente de Brosses. Desde su
dispositivos, su Purgatorio el compartir dicha ciencia y el éxodo fuera de los dispositivos, su famoso artículo sobre los “robos de madera”, Marx compara el oro con un fetiche, apoyando esta
Paraíso la insurrección y la destrucción de ellos. Y corresponde a cada uno recorrer esta divina comparación en una anécdota extraída del libro de De Brosses. Este último es el inventor
comedia, como una experimentación sin retorno. histórico del concepto de fetichismo, el que extendió la interpretación iluminista de ciertos
Pero por el momento reina aún uniformemente el terror pequeñoburgués del lenguaje. Por cultos africanos a la totalidad de las civilizaciones. Para él, el fetichismo es el culto propio a los
un lado, en la esfera “de lo cotidiano”, SE tiende a tomar las cosas por palabras, es decir, “primitivos” en general. “Tantos hechos similares, o del mismo género, establecen con la máxima
supuestamente, por lo que son —“un gato es un gato”, “un centavo es un centavo”, “yo soy claridad que tal como es hoy en día la Religión de los Negros africanos y otros Bárbaros, tal era
yo”— y por el otro, desde que el SE es subvertido y el lenguaje se desarticula para convertirse en en otro tiempo la de los pueblos antiguos; y que en todos los tiempos, así como por toda la
agente de desorden potencial en la regularidad clínica de lo ya-conocido, SE proyecta al lenguaje tierra, se ha visto reinar ese culto directo, rendido sin forma, a las producciones animales y
hacia las regiones nebulosas de la “ideología”, de la “metafísica”, de la “literatura” o, más vegetales.” Lo que más escandaliza al hombre de la Ilustración, y especialmente a Kant, en el
corrientemente, de los “sinsentidos”. No obstante, hubo y habrá momentos insurreccionales en fetichismo, es el modo de ver de un africano, el cual relata Bosman, en su Viaje de Guinea
los que, bajo el efecto de un rechazo agrante de lo cotidiano, el sentido común vence ese terror. (1704): “Hacemos y deshacemos Dioses, y […] somos los inventores y los amos de aquello a lo
Y SE advierte entonces que lo que hay de real en las palabras no es lo que designan — un gato no cual hacemos ofrendas.” Los fetiches son esos objetos o esos seres, esas cosas en todo caso, a los
es “un gato”; un centavo nunca es “un centavo”; yo ya no soy “yo mismo”. Lo que hay de real en cuales el “primitivo” se relaciona mágicamente para restaurar una presencia que tal o cual
el lenguaje son las operaciones que efectúa. Describir un ente como un dispositivo, o como ente fenómeno extraño, violento o tan sólo inesperado, hizo vacilar. Y efectivamente, esa cosa puede
producido por un dispositivo, es una práctica de desnaturación del mundo dado, una operación ser cualquiera que el Salvaje “divinice directamente”, como lo explica el Aufklärer
de puesta a distancia de lo que nos es familiar, o que se quiere como tal. Y usted lo sabe bien. conmocionado, que tan sólo ve allí cosas y no la operación mágica de restauración de la
Poner a distancia el mundo dado, hasta ahora, ha sido lo propio de la crítica. Sólo la crítica presencia. Y si no puede verla, esa operación, se debe a que para él, así como para el “primitivo”
creía que, una vez hecho esto, ya estaba todo dicho. Porque en el fondo le importaba menos —fuera del brujo, por supuesto—, la vacilación de la presencia, la disolución del yo, no son
poner el mundo a distancia que ponerse fuera de su alcance, precisamente en alguna región asumibles; la diferencia entre el moderno y el primitivo consiste solamente en que el primero se
prohibió la vacilación de la presencia, se ha jado en la denegación existencial de su fragilidad, uno no puede evocar su propia relación con la presencia —la modalidad singular de su ser-en-el-
mientras que el segundo la admite a condición de remediarla por todos los medios. De ahí la mundo—, ni aquello en lo que uno está comprometido hic et nunc, uno apela inevitablemente a
relación polémica, todo menos tranquila, del Aufklärer con el “mundo mágico”, cuya única los mismos trucos usados por sus ancestros: uno confía a una teleología tan implacable como
posibilidad le llena de pavor. De ahí, también, la invención de la “locura” para aquellos que no abocada ejecutar la sentencia que en ese momento uno pronuncia. El fracaso del marxismo, así
pueden someterse a tan ruda disciplina. como su éxito histórico, están absolutamente ligados a la postura clásica de retirada que autoriza;
a posición de Marx, en ese primer capítulo del El capital, no es diferente a la del Presidente al hecho, nalmente, de haber permanecido en el regazo de la metafísica moderna de la
de Brosses, pues se trata del gesto típico del Aufklärer, del crítico. “Las mercancías tienen un subjetividad. La primera discusión ocurrida con un marxista basta para comprender la verdadera
secreto, y yo lo desenmascaro. ¡Ya lo verán, no lo mantendrán por mucho tiempo!” Ni Marx ni el razón de su creencia: el marxismo sirve de muleta existencial a muchas personas que temen tanto
marxismo han salido nunca de la metafísica de la subjetividad: es por ello que el feminismo, o la que su mundo deje de estar dado por sentado. Con el pretexto del materialismo, cubierto con los
cibernética, han tenido tan poca di cultad para deshacerlos. Puesto que ha historizado todo, hábitos del más ero dogmatismo, el marxismo permite pasar de contrabando la más vulgar de
salvo la presencia humana, o puesto que ha estudiado todas las economías, salvo las de la las metafísicas. Lo cierto es que sin la aportación práctica, vital, del blanquismo, el marxismo no
presencia, Marx concibe el valor de cambio del mismo modo en que Charles de Brosses, en el hubiera podido llevar a cabo solo la “revolución” de Octubre.
siglo XVIII, observaba los cultos fetichistas entre los “primitivos”. Y esto es así porque no quiere Para una ciencia de los dispositivos el asunto no consistirá por tanto en denunciar el hecho
comprender aquello que se juega en el fetichismo. No ve mediante qué dispositivos SE hace de que éstos nos posean, de que habría en ellos algo mágico. Sabemos muy bien que al volante de
existir la mercancía en tanto que mercancía, no ve cómo, materialmente —con acumulación de un automóvil es muy raro que no nos comportemos como un automovilista, y no necesitamos
stocks en la fábrica; con la puesta en escena individuante de los best-sellers en un almacén, tras para nada que se nos explique cómo la televisión, un playstation o un “ambiente acondicionado”
una vitrina o sobre un anuncio; con la devastación de toda posibilidad de uso inmediato así nos condicionan. Una ciencia de los dispositivos, una metafísica crítica, toma más bien nota de
como de toda intimidad con los lugares—, se producen los objetos como objetos, las mercancías la crisis de la presencia, y se prepara para rivalizar con el capitalismo sobre el terreno de la magia.
como mercancías. Hace como si todo ello, todo aquello que concierne a la experiencia sensible,
NOSOTROS NO QUEREMOS NI UN MATERIALISMO VULGAR NI UN
no tuviera importancia alguna en ese famoso “carácter fetichista”, como si el plano de
fenomenalidad que hace existir a las mercancías en tanto que mercancías no fuera él mismo “MATERIALISMO ENCANTADO”, LO QUE NOSOTROS ELABORAMOS
ES UN MATERIALISMO DEL ENCANTAMIENTO.
materialmente producido. Marx opone su incomprensión de sujeto-clásico-con-la-presencia-
V
asegurada, que ve “las mercancías en tanto que materias, es decir, en tanto que valores de uso”, a
la obcecación general, efectivamente misteriosa, de los explotados. Aun si él nota la necesidad de
que éstos sean de una u otra manera inmovilizados como espectadores de la circulación de las
cosas para que las relaciones entre ellos aparezcan como relaciones entre cosas, no ve el carácter
de dispositivo del modo de producción capitalista. No quiere ver lo que ocurre, desde el punto Una ciencia de los dispositivos sólo puede ser local. Sólo puede consistir en la lectura
de vista de ser-en-el-mundo, entre esos “hombres” y esas “cosas”; él, que quiere explicar la regional, circunstancial y circunstanciada, del funcionamiento de uno o varios dispositivos.
necesidad de todo, no comprende la necesidad de esa “ilusión mística”, su anclaje en la vacilación Ninguna totalización puede sobrevenir a espaldas de sus cartógrafos, porque su unidad no reside
de la presencia, y en la represión de ésta. Sólo puede despedir ese hecho remitiéndolo al en una sistematicidad arrebatada, sino en la pregunta que determina cada uno de sus adelantos,
oscurantismo, al retraso teológico y religioso, a la “metafísica”. “En general, el re ejo religioso del la pregunta “¿cómo funciona?”.
mundo real únicamente podrá desvanecerse cuando las circunstancias de la vida práctica, La ciencia de los dispositivos se ubica en una relación de rivalidad directa con el monopolio
cotidiana, representen para los hombres, día a día, relaciones diáfanamente racionales, entre ellos imperial de los saberes-poderes. Es por ello que su compartir y su comunicación, la circulación
y con la naturaleza.” Nos encontramos aquí en el ABC del catecismo de la Ilustración, con todo de sus descubrimientos, resultan esencialmente ilegales. En esto se distingue, antes que nada, del
lo que tiene de programático para el mundo tal como se ha construido desde entonces. Como bricolaje, el bricolador siendo aquel que sólo acumula saber sobre los dispositivos para
acondicionarlos mejor, para fabricar su perrera en ellos, que acumula, pues, todos los saberes Nuestro aliado, en este mundo entregado al apresamiento más feroz, entregado a los
sobre los dispositivos que no son poderes. Desde el punto de vista dominante, lo que llamamos dispositivos, en este mundo que gira de manera fanática alrededor de una gestión de lo visible
ciencia de los dispositivos o metafísica crítica no es nalmente sino la ciencia del crimen. Y aquí que se anhela como gestión del Ser, no es otro que el Tiempo. Puesto que poseemos para
como en otras partes, no hay iniciación que no sea inmediatamente experimentación, práctica. nosotros — el Tiempo. El tiempo de nuestra existencia, el tiempo que conduce y desgarra
NUNCA SE ESTÁ INICIADO EN UN DISPOSITIVO, SINO SOLAMENTE EN SU FUNCIONAMIENTO. Los tres nuestras intensidades, el tiempo que desbarata, pudre, destruye, deteriora y deforma, el tiempo
estadios sobre el camino de esta singular ciencia son sucesivamente: el crimen, la opacidad y la que es un abandono, que es el elemento mismo del abandono, el tiempo que se condensa y se
insurrección. El crimen corresponde al momento del estudio, necesariamente dividual, del espesa en un haz de momentos donde toda uni cación se encuentra desa ada, arruinada,
funcionamiento de un dispositivo. La opacidad es la condición del compartir, de la cercenada y rayada en su super cie por los cuerpos mismos. NOSOTROS POSEEMOS EL TIEMPO. Y
comunización, de la circulación de los saberes-poderes adquiridos en el estudio. Bajo el Imperio, cuando no lo tengamos, podemos aún dárnoslo. Darse el tiempo, tal es la condición de todo
las zonas de opacidad donde esta comunicación sobreviene son por naturaleza algo a arrancar y a estudio comunizable de los dispositivos. Señalar las regularidades, los encadenamientos, las
defender. Este segundo estadio contiene, por tanto, la exigencia de una coordinación ampliada. disonancias; cada dispositivo posee su pequeña música propia que se necesita ligeramente
Toda la actividad de la S.A.S.C. participa de esta fase opaca. El tercer nivel es la insurrección, el desa nar, retorcer incidentalmente, hacer entrar en decadencia, en perdición, hacer salir de sus
momento en que la circulación de los saberes-poderes y la cooperación de las formas-de-vida en casillas. Los que uyen en el dispositivo no tienen en cuenta esa música, ya que su paso obedece
vista de la destrucción-goce de los dispositivos imperiales puede hacerse libremente, a cielo demasiado cerca al compás como para escucharlo claramente. Para escucharlo hace falta partir de
abierto. En vista de esta perspectiva, este texto sólo puede tener un carácter de pura una temporalidad distinta, de una criticidad propia para, mientras se pasa a través del dispositivo,
propedéutica, cruzando alguna parte entre silencio y tautología. volverse atento a la norma ambiente. Es el aprendizaje del ladrón, del criminal: desa nar la
La necesidad de una ciencia de los dispositivos surge en el momento en que los hombres, los marcha interior y la marcha exterior, desdoblar y hojear su consciencia, estar al mismo tiempo
cuerpos humanos, acaban de instalarse en un mundo completamente producido. Pocos de los móvil y parado, al acecho y engañosamente distraído. Desviar la esquizofrenia impuesta del
que encuentran algo que repetir entre la miseria exorbitante que SE querría imponernos, han autocontrol [convirtiéndola] en un instrumento ofensivo de conspiración. DEVENIR BRUJO. “Para
comprendido ya, verdaderamente, lo que quiere decir vivir en un mundo completamente detener la disolución, existe una vía: ir deliberadamente hasta el límite de su propia presencia,
producido. En primer lugar, esto quiere decir que incluso aquello que, a primera vista, nos había asumir ese límite como el objeto por venir de una praxis de nida; colocarse en el corazón de la
parecido “auténtico”, se revela al contacto como producido, es decir, como gozando de su no- limitación y hacerse su amo; identi car, representar, evocar los ‘espíritus’, adquirir el poder para
producción como una modalidad valorizable en la producción general. Lo que realiza el convocarlos a voluntad y para aprovechar su labor en bene cio de una práctica profesional. El
Imperio, tanto del lado del Biopoder como del lado del Espectáculo —recuerdo un altercado brujo sigue precisamente esta vía: transforma los momentos críticos del ser-en-el-mundo en una
con una negrista de Chimères, una vieja bruja con un estilo gótico bastante simpático, que decisión valiente y dramática, la de situarse en el mundo. Considerado en tanto que dato, su ser-
sostenía como una logro indiscutible del feminismo y de su radicalidad materialista, el hecho de en-el-mundo corre el riesgo de disolverse: no ha sido todavía dado. Con la institución de la
que no había educado a sus dos hijos, sino que los había producido—, consiste sin duda en la vocación y de la iniciación, el mago deshace a continuación ese dato para rehacerlo en un
interpretación metafísica de lo ente como ente producido o nada en absoluto; producido, es segundo nacimiento; vuelve a descender hasta el límite de su presencia para restituirse a sí mismo
decir, llevado al ser de manera tal que su creación y su ostensión serían una sola y misma cosa. Ser bajo una forma nueva y bien delimitada: las técnicas exactas para favorecer la labilidad de la
producido quiere decir siempre, al mismo tiempo, ser creado y ser vuelto visible. Entrar en la presencia, el trance mismo y los estados parecidos, expresan precisamente ese ser-ahí que se
presencia, en la metafísica occidental, nunca ha sido distinto a entrar en la visibilidad. Es por deshace para rehacerse, que vuelve a descender a su ahí para reencontrarse en una presencia
tanto inevitable que el Imperio que reposa sobre la histeria productiva repose también sobre la dramáticamente sostenida y garantizada. Por otra parte, el dominio al cual ha llegado permite al
histeria transparencial. El método más seguro para prevenir el libre venir a la presencia de las mago sumergise no solamente en su propia labilidad, sino también en la de otro. El mago es
cosas consiste todavía en provocar éste en todo momento, tiránicamente. aquel que sabe ir más allá de sí mismo, pero no en el sentido ideal, sino verdaderamente en el
sentido existencial. Aquel para quien el ser-en-el-mundo se constituye en tanto que problema y
que tiene el poder para procurarse su propia presencia, no es ya una presencia más entre otras, El poder habla de dispositivos: dispositivo Vigipirate, dispositivo RMI, dispositivo educativo,
sino un ser-en-el-mundo que puede volverse presente entre todos los demás, descifrar su drama dispositivo de vigilancia… Esto le permite dar a sus incursiones un aire de precariedad
existencial e in uenciar el curso del mismo”. Tal es el punto de partida del programa comunista. tranquilizadora. Luego, cuando el tiempo recubre la novedad de su introducción, el dispositivo
El crimen, contrariamente a lo que insinúa la Justicia, nunca es un acto, un hecho, sino una entra en el “orden de las cosas”, y es más bien la precariedad de aquellos cuya vida transcurre en
condición de existencia, una modalidad de la presencia, común a todos los agentes del Partido su interior lo que deviene notable. Los vendidos que se expresan en la revista Hermès,
Imaginario. Para convencerse de ello basta pensar en la experiencia del robo o el fraude, que son particularmente en su número 25, no han esperado a que SE les pida hacerlo, para comenzar el
las formas elementales, y de las más corrientes —HOY EN DÍA, TODO EL MUNDO ROBA—, del crimen. trabajo de legitimación de esta dominación discreta y a la vez masiva, capaz de contener y
La experiencia del robo es fenomenológicamente algo distinto a los supuestos motivos que son distribuir la implosión general de lo social. “Lo social —dicen— busca nuevos modos
considerados como lo que nos “empuja” a cometer un robo, y que nosotros mismos nos reguladores capaces de afrontar estas di cultades. El dispositivo aparece como una tentativa de
alegamos. El robo no es una transgresión, sólo lo es desde el punto de vista de la representación: respuesta. Permite adaptarse a esta uctuación mientras la baliza. […] Es el producto de una
es una operación sobre la presencia, una reapropiación, una reconquista individual de ésta, una nueva propuesta de articulación entre individuo y colectivo, al asegurar una interdependencia
reconquista de sí como cuerpo en el espacio. El cómo del “robo” no tiene nada que ver con su mínima sobre el fondo de fragmentación generalizada”.
hecho aparente, legal. Ese cómo es la consciencia física del espacio y del entorno, del dispositivo, Frente a cualquier dispositivo, por ejemplo un torniquete de entrada del metro parisino, la
hacia el cual me conduce el robo. Es la extrema atención del cuerpo fraudulento en el metro, pregunta incorrecta es: “¿para qué sirve?”, y la respuesta incorrecta, en este caso concreto, es:
alertado por el menor signo que podría señalar la presencia de una patrulla de controladores. Es “para impedir el fraude”. La pregunta exacta, materialista, la pregunta metafísico-crítica, es por
el conocimiento casi cientí co de las condiciones en las cuales opero que exige la preparación de el contrario: “¿pero qué hace, qué operación realiza ese dispositivo?” La respuesta será entonces:
algún crimen de gran amplitud. Existe toda una incandescencia del cuerpo, una transformación “el dispositivo singulariza, extrae al cuerpo fraudulento de la masa indistinta de los ‘usuarios’, al
de éste en una super cie de impacto ultrasensible que yace en el crimen y que es su experiencia forzarlos a hacer algún movimiento fácilmente perceptible (saltar por encima del torniquete, o
verdadera. Cuando robo, me desdoblo en una presencia aparente, evanescente y sin espesor, colarse detrás de un ‘usuario reglamentado’). Así, el dispositivo hace existir el predicado
absolutamente cualquiera, y una segunda, entera, intensiva e interior en esta ocasión, en la que se ‘defraudador’, es decir, hace existir un cuerpo determinado en tanto que defraudador”. Lo
anima cada detalle del dispositivo que me rodea, con sus cámaras, su vigilante, la mirada de su esencial, aquí, es el en tanto que. O más exactamente, la manera en que el dispositivo naturaliza,
vigilante, las líneas de visión, los demás clientes, el andar de los demás clientes. El robo, el crimen escamotea, el en tanto que. Ya que el dispositivo tiene una manera de hacerse olvidar, de borrarse
y el fraude son las condiciones de la existencia solitaria en guerra contra la bloomi cación, contra detrás del ujo de los cuerpos que pasan en su seno, tiene una permanencia que se apoya sobre la
la bloomi cación mediante los dispositivos. Es la insumisión propia del cuerpo aislado, la actualización continua de la sumisión de los cuerpos a su funcionamiento, a su existencia
resolución de salir, incluso a solas, incluso de manera precaria, mediante una puesta en juego relajada, cotidiana y de nitiva. El dispositivo instalado con gura así el espacio, de tal manera que
voluntarista, de un estado particular de sideración, de semisueño, de ausencia de sí que conforma esa con guración misma permanezca en retirada, como un puro dato. De su manera de darse
el fondo de la “vida” en los dispositivos. La cuestión, a partir de ahí, a partir de esa experiencia por evidente, se sigue el hecho de que lo que hace existir no aparece como habiendo sido
necesaria, es la del paso al complot, a la organización de una circulación verdadera del materializado por él. Es así como el dispositivo “torniquete antifraude” realiza el predicado
conocimiento ilegal, de la ciencia criminal. Es este paso a la dimensión colectiva lo que debe “fraudulento” antes de que impida el fraude. EL DISPOSITIVO PRODUCE, MUY-MATERIALMENTE, UN
facilitar la S.A.S.C. CUERPO DADO COMO SUJETO DEL PREDICADO DESEADO.
VI
El hecho de que cada ente, en tanto que ente determinado, sea a partir de ahora producido
por dispositivos, de ne un nuevo paradigma del poder. En Los anormales, Foucault
proporciona la ciudad en estado de peste como modelo histórico de este nuevo poder, del poder
productivo de los dispositivos. Es por tanto, en el propio seno de las monarquías administrativas,
donde habría sido experimentada la forma de poder que debía sustituirlas; forma de poder que
ya no procede por exclusión, sino por inclusión, ni por ejecución pública, sino por castigo bien y el mal, el adentro y el afuera, la vida y la muerte, el ser y la nada, etc. etc. Planteadas las
terapéutico, ni por extracción arbitraria de bienes, sino por maximización vital, ni por soberanía cosas de esta manera, la civilización se construía como la lucha de uno contra otro. Esto traía
personal, sino por aplicación impersonal de normas sin rostro. El emblema de esta mutación del consigo una lógica excesivamente costosa. El Imperio, claramente, procede de otro modo. Se
poder, de acuerdo a Foucault, es la gestión de los apestados en oposición al destierro de los mueve aún en esas dualidades, pero ya no cree en ellas. En realidad, se contenta con utilizar cada
leprosos. En efecto, los apestados no son excluidos de la ciudad, relegados en un afuera, como lo pareja de la metafísica clásica con el n de mantener el orden, esto es: como máquina binaria. Por
eran los leprosos. Por el contrario, la peste permite desplegar todo un equipamiento imbricado, dispositivo entenderemos, desde este momento, un espacio polarizado por una falsa antinomia,
todo un escalonamiento, toda una gigantesca arquitectura de dispositivos de vigilancia, de de tal manera que todo lo que ocurra o pase en él resulte reductible a uno u otro de sus términos.
identi cación y selección. La ciudad, cuenta Foucault, “se dividía en distritos, los distritos en El más gigantesco dispositivo que se haya realizado, como tal, fue evidentemente el
barrios, y luego en ellos se aislaban las calles, y en cada calle había vigilantes, en cada barrio macrodispositivo geoestratégico Este-Oeste, en el cual se oponían término a término el “bloque
inspectores, en cada distrito responsables de distrito, y en la ciudad misma, o bien un gobernador socialista” y el “bloque capitalista”. Toda rebelión, toda alteridad que venía a manifestarse sin
nombrado a esos efectos o bien los regidores que, en el momento de la peste, habían recibido un importar dónde, o bien tenía que rendir lealtad a una de las identidades propuestas, o bien tenía
poder complementario. Análisis del territorio, por tanto, en sus elementos más nos; que ser agrupado contra su voluntad en el polo o cialmente enemigo del poder que afrontaba.
organización, a través de ese territorio así analizado, de un poder continuo […], poder que era En la potencia residual de la retórica estalinista del “le haces el juego a…” —Le Pen, la derecha o
también continuo en su ejercicio, y no simplemente en su pirámide jerárquica, porque la la mundialización, qué importa—, que no es más que una transposición re ejo del viejo “clase
vigilancia debía ejercerse sin interrupción alguna. Los centinelas tenían que estar siempre contra clase”, medimos la violencia de las corrientes que pasan por todo dispositivo, y la increíble
presentes en los extremos de las calles, los inspectores de los barrios y los distritos debían hacer su nocividad de la metafísica occidental en putrefacción. Un lugar común entre los geopolíticos
inspección dos veces al día, de tan manera que nada de lo que pasaba en la ciudad podía escapar a consiste en burlarse de esas exguerrillas marxistas-leninistas del “Tercer Mundo” que, tras el
su mirada. Y todo lo que se observaba de este modo debía registrarse, de manera permanente, colapso del macrodispositivo Este-Oeste, se habrían reconvertido en simples ma as o habrían
mediante esa especie de examen visual e, igualmente, con la retranscripcíón de todas las adoptado una ideología considerada una locura bajo el pretexto de que los señores de la calle
informaciones en grandes registros. Al comienzo de la cuarentena, en efecto, todos los Saint-Guillaume no comprenden su lenguaje. De hecho, lo que aparece en este momento es más
ciudadanos que se encontraban en la ciudad tenían que dar su nombre. Sus nombres se bien el efecto insostenible de reducción, obstrucción, formateo y disciplinarización que todo
inscribían en una serie de registros. […] Y los inspectores tenían que pasar todos los días delante dispositivo ejerce sobre la anomalía salvaje de los fenómenos. A posteriori, las luchas de
de cada casa, detenerse y llamar. Cada individuo tenía asignada una ventana en la que debía liberación nacional aparecen menos como astucias que la URSS habría tramado, que como la
aparecer y, cuando lo llamaban por su nombre, debía presentarse en ella; se entendía que, si no lo astucia de otra cosa que desafía al sistema de representación y rechaza tener lugar en él.
hacía, era porque estaba en cama; y si estaba en cama, era porque estaba enfermo; y si estaba Lo que es preciso comprender, de hecho, es que todo dispositivo funciona a partir de una
enfermo, era peligroso. Y, por consiguiente, había que intervenir.” Lo que con esto describe pareja — e inversamente, la experiencia muestra que una pareja que funciona es una pareja que
Foucault es el funcionamiento de un paleodispositivo, el dispositivo antipeste, cuya naturaleza forma un dispositivo. Una pareja, y no un par o un doblete, puesto que toda pareja es asimétrica;
consiste, mucho más que en luchar contra la peste, en producir tal o cual cuerpo como apestado. consta de un [término] mayor y otro menor. El mayor y el menor no son sólo nominalmente
Con los dispositivos, pasamos así “de una tecnología del poder que expulsa, excluye, destierra, distintos —dos términos “contrarios” pueden perfectamente designar la misma propiedad, y en
margina y reprime, a un poder que es por n un poder positivo, un poder que fabrica, que cierto sentido es así la mayor parte del tiempo—, nombran dos modalidades diferentes de
observa, un poder que sabe y se multiplica a partir de sus propios efectos. […] Un poder que no agregación de los fenómenos. El mayor, en el dispositivo, es la norma. El dispositivo asocia lo que
actúa por la separación en grandes masas confusas, sino por distribución según individualidades es compatible con la norma por el simple hecho de no distinguirlo, de dejarlo inmerso en la masa
diferenciales.” anónima, como soporte de lo que es “normal”. Así, en una sala de cine, el que no grite, ni
Durante mucho tiempo, el dualismo occidental ha consistido en plantear dos entidades canturree, ni se destape, ni etc., permanecerá como algo indistinto, agregado a la muchedumbre
adversas: lo divino y lo mundano, el sujeto y el objeto, la razón y la locura, el alma y la carne, el hospitalaria de los espectadores, signi cante en tanto que insigni cante, por debajo de todo
reconocimiento. El término menor del dispositivo será, por tanto, lo anormal. Esto es lo que el placer, etc. etc. Aquí, no son cuerpos los que hablan, sino que es un dispositivo que funciona.
dispositivo hace existir, lo que singulariza, aísla, reconoce, distingue y luego vuelve a agregar, Cada uno de los protagonistas activa en serie las pequeñas máquinas signi cantes listas para usar,
pero en tanto que desagregado, separado, diferente del resto de los fenómenos. Aquí tenemos al y que están siempre-ya inscritas en el lenguaje corriente, en la gramática, en la metafísica, en el SE.
término menor, compuesto por el conjunto de lo que el dispositivo individúa y predica, y que La única satisfacción que podemos extraer de esta clase de ejercicio es haber actuado
por ello desintegra, espectraliza y suspende; conjunto del que SE asegura que nunca se condense, brillantemente en el dispositivo. La virtuosidad es la única libertad irrisoria que ofrece la
que nunca se encuentre, y eventualmente conspire. Es en este punto que la mecánica elemental sumisión a los determinismos signi cantes.
del Biopoder se conecta directamente con la lógica de la representación tal como ésta domina al Quienquiera que hable, obre o “viva” en un dispositivo está de alguna manera autorizado
interior de la metafísica occidental. por él. El dispositivo se vuelve autor de sus actos, sus palabras y sus conductas. Asegura la
La lógica de la representación consiste en reducir toda alteridad, en hacer desaparecer lo que integración, la conversión a la identidad, de un conjunto heterogéneo de discursos, gestos y
está ahí, que viene a la presencia, en su pura haecceidad, y da que pensar. Toda alteridad, toda actitudes: de haecceidades. La reversión de todo acontecimiento a la identidad es aquello por lo
diferencia radical, en la lógica de la representación, es aprehendida como negación de lo Mismo cual los dispositivos imponen un orden local tiránico sobre el caos global del Imperio. La
que esta última ha comenzado por plantear. Lo que di ere abruptamente, y que no posee así producción de diferencias, de subjetividades, también obedece al imperativo binario: la
nada en común con lo Mismo, es de este modo conducido, proyectado, hacia un plano común paci cación imperial descansa completamente sobre la puesta en escena de tantas falsas
que no existe, y en el cual gura, a partir de ahora, una contradicción que sería uno de los antinomias, de tantos con ictos simulatorios: “A favor o en contra de Milošević, “A favor o en
términos. En el dispositivo, aquello que no es la norma es de este modo determinado como su contra de Saddam”, “A favor o en contra de la violencia”… Su activación tiene el efecto
negación, como anormal. Aquello que es simplemente otro, es integrado como otro de la norma, bloomi cante que conocemos y que obtiene nalmente de nosotros la indiferencia omnilateral
como lo que se opone a ella. El dispositivo médico hará entonces existir al “enfermo” como lo sobre la cual se apoya a toda marcha la injerencia de la policía imperial. Es la misma sensación
que no es sano. El dispositivo escolar al “tonto” como lo que no es obediente. El dispositivo que sufrimos ante cualquier debate televisado, a pesar de que los actores tengan poco talento: la
judicial al “crimen” como lo que no es legal. En la biopolítica lo que no es normal será así pura sideración ante el juego impecable, la vida autónoma, la mecánica artista de los dispositivos
arrojado a lo patológico, cuando sabemos por experiencia que la patología es ella misma, para el y las signi caciones. De este modo, los “antimundialización” opondrán sus argumentos
organismo enfermo, una norma de vida, y que la salud no está asociada a una norma de vida previsibles a los “neoliberales”. Los “sindicatos” reproducirán interminablemente 1936 frente a
particular sino a un estado de fuerte normatividad, a una capacidad de afrontar y de crear otras un eterno Comité des Forges. La policía combatirá a la escoria social. Los “fanáticos”
normas de vida. La esencia de todo dispositivo consiste así en imponer un reparto autoritario de confrontarán a los “demócratas”. El culto de la enfermedad creerá desa ar al de la salud. Y toda
lo sensible donde todo lo que viene a la presencia se enfrenta con el chantaje de su binariedad. esta agitación binaria será el mejor garante del sueño mundial. Es así como día tras día SE nos
El aspecto temible de todo dispositivo consiste en que se basa sobre la estructura originaria ahorra cuidadosamente el penoso deber de existir.
de la presencia humana: en que somos llamados o requeridos por el mundo. Todas nuestras Janet, que hace un siglo estudió todos los casos precursores del Bloom, consagró un
“cualidades”, nuestro “ser propio”, se establecen en un interpretación con los entes tal que volumen a lo que él llama “automatismo psicológico”. En él se concentra en todas las formas
nuestra disposición hacia ellos no es primera. Sin embargo, nos sobreviene corrientemente, en el positivas de crisis de la presencia: sugestión, sonambulismo, ideas jas, hipnosis, mediumnismo,
seno de los dispositivos más banales —como un sábado por la tarde tomando entre parejas escritura automática, desagregación mental, alucinaciones, posesiones, etc. La causa, o más bien
pequeñoburguesas en un quiosco de las afueras—, que experimentamos el carácter, no tanto de la condición, de todas estas manifestaciones heterogéneas la encuentra en lo que denomina
petición, sino de posesión, e incluso de extrema posesividad, que se une a todo dispositivo. Y es “miseria psicológica”. Por “miseria psicológica” entiende una debilidad general del ser,
en las discusiones super uas, que marcarán esa velada lamentable, que eso se experimentará. inseparablemente física y metafísica, que se asemeja por todos lados a lo que nosotros llamamos
Uno de los Bloom “presentes” comenzará su perorata contra los funcionarios-que-están-todo-el- Bloom. Ese estado de debilidad, como hace notar, es también el terreno de la curación, y
tiempo-en-huelga; hecho esto, y el papel siendo conocido, una contrapolarización de tipo especialmente de la curación por hipnosis. Cuanto más bloomi cado está el sujeto, más accesible
socialdemócrata aparece entre otro de los Bloom, que desempeñará su parte con mayor o menor es a la sugestión, y más curable de esta manera. Y cuanto más recobra la salud, menos e caz es esa
medicina, y menos sugestionable es. El Bloom es, por tanto, la condición de funcionamiento de REGLA Nº 3: Cuando UNO te predica, te subjetiva y te asigna
los dispositivos, nuestra propia vulnerabilidad a ellos. Pero al contrario de la sugestión, el nunca reaccionar, y sobre todo nunca negar. La
dispositivo nunca aspira a obtener algún retorno a la salud, sino más bien a integrarse en contrasubjetivación que UNO te arrancaría entonces, es la
nosotros como prótesis indispensable de nuestra presencia, como muleta natural. Existe una prisión de la cual tendrás siempre la mayor di cultad para
necesidad del dispositivo que éste retiene solamente para acrecentarla. Para decirlo como los fugarte.
sepultadores del CNRS, los dispositivos “alientan la expresión de las diferencias individuales”. REGLA Nº 4: La libertad superior no reside en la ausencia de
Debemos aprender a borrarnos, a pasar desapercibidos en la banda gris de cada dispositivo, a predicado, en el anonimato por defecto. La libertad superior
camu arnos tras su [término] mayor. Aunque nuestro impulso espontáneo consistiría en es el resultado, por el contrario, de la saturación de
oponer el gusto de lo anormal al deseo de conformidad, debemos adquirir el arte de devenir predicados, de su acumulamiento anárquico. La
perfectamente anónimos, de ofrecer la apariencia de la pura conformidad. Debemos adquirir sobrepredicación se anula automáticamente en una
este puro arte de la super cie, para dirigir nuestras operaciones. Esto equivale, por ejemplo, a impredicabilidad de nitiva. “Llegados a este punto ya no
despedir la pseudotransgresión de las no menos pseudoconvenciones sociales, a revocar el tenemos secreto, ya no tenemos nada que ocultar, somos
partido de la “sinceridad”, la “verdad” y el “escándalo” revolucionarios en provecho de una nosotros los que hemos devenido un secreto, los que nos
tiránica cortesía, con la cual mantener a distancia tanto al dispositivo como a sus poseídos. La hemos ocultado.” (Deleuze-Parnet, Diálogos)
transgresión, la monstruosidad y la anormalidad reivindicadas forman la trampa más retorcida REGLA Nº 5: El contraataque nunca es una respuesta, sino la
que los dispositivos nos brindan. Querer ser, es decir, ser singular, en un dispositivo, resulta instauración de un nuevo reparto de cartas.
VII
nuestra principal debilidad, con la cual él nos contiene y nos engrana. Inversamente, el deseo de
ser controlado, tan frecuente entre nuestros contemporáneos, expresa ante todo el deseo de ser.
Para nosotros, ese deseo consiste más bien en el deseo de estar loco, de ser monstruoso o criminal.
Mas ese deseo es justo aquello por lo cual SE toma control de nosotros y nos neutraliza. Devereux
Lo posible implica la realidad
ha mostrado que cada cultura dispone para aquellos que quieren escapar de ella una negación correspondiente con, además, algo
modelo, una salida balizada, mediante la cual esa cultura capta la energía motriz de todas las que se le añade, ya que lo posible es
el efecto combinado de la realidad
transgresiones en una estabilización superior. Se trata del amok entre los malayos, y en Occidente una vez aparecida, y de un
de la esquizofrenia. El malayo está “precondicionado por su cultura —tal vez sin su dispositivo que la proyecta hacia
atrás.
conocimiento, aunque seguramente de una manera casi automática— a reaccionar a casi
Bergson, El pensamiento y lo moviente
cualquier tensión violenta, interna o externa, con una crisis de amok. En el mismo sentido, el
hombre moderno occidental está condicionado por su cultura a reaccionar ante todo estado de Los dispositivos y el Bloom se coimplican como dos polos solidarios de la suspensión epocal.
estrés con un comportamiento en apariencia esquizofrénico. […] Ser esquizofrénico representa la Nunca sucede nada en un dispositivo. Nunca sucede nada, es decir que TODO LO QUE EXISTE EN
manera ‘conveniente’ de estar loco en nuestra sociedad.” (La esquizofrenia, psicosis étnica; o la UN DISPOSITIVO EXISTE EN ÉL BAJO EL MODO DE LA POSIBILIDAD. Los dispositivos cuentan incluso con
esquizofrenia sin lágrimas) el poder de disolver en su posibilidad un acontecimiento que ha efectivamente sobrevenido;
aquello que SE llama una “catástrofe”, por ejemplo. Un avión comercial defectuoso explota en
REGLA Nº 1: Todo dispositivo produce la singularidad como
pleno vuelo e inmediatamente SE desplegará una gran cantidad de dispositivos que SE pondrán a
monstruosidad. De este modo es como se refuerza.
funcionar a base de hechos, historiales, declaraciones y estadísticas que reducirán el
REGLA Nº 2: Nadie se libera nunca de un dispositivo
acontecimiento de la muerte de centenares de personas al rango de accidente. Al instante, SE
alistándose en su término menor.
habrá disipado la evidencia de que la invención de los ferrocarriles fue también, necesariamente, una cosa lo que plantea su posibilidad en el pasado. Desde luego, es necesario que un
la invención de las catástrofes ferroviarias; y la invención del Concorde, la invención de su acontecimiento haya advenido en la totalidad de sus determinaciones para aislarle algunas, para
explosión en pleno vuelo. SE separará de esta manera, en cada “progreso” aquello que resulta de extraerle la representación que le hará gurar como habiendo sido posible. “Lo posible —dice
su esencia y aquello que resulta, precisamente, de su accidente. Y todo esto, contra toda Bergson— no es sino lo real con, además, un acto del espíritu que proyecta su imagen en el
evidencia, SE lo expulsará. Al cabo de unas semanas, SE habrá absorbido el acontecimiento de la pasado una vez que se ha producido.” “En la medida —añade Deleuze— en que lo posible se
colisión en su posibilidad, en su eventualidad estadística. Ya no es, en lo sucesivo, la colisión lo propone a la ‘realización’, es él mismo concebido como la imagen de lo real, y lo real, como la
que ha sucedido, ES SU POSIBILIDAD, NATURALMENTE ÍNFIMA, LO QUE SE HA ACTUALIZADO. En pocas semejanza de lo posible. Por ello, se comprende tan mal qué es lo que la existencia agrega al
palabras, nada ha pasado: la esencia del progreso tecnológico está a salvo. El monumento concepto al duplicar lo semejante por lo semejante. Ésa es la tara de lo posible, tara que lo
signi cante, colosal y compuesto, que SE habrá trazado para la ocasión, cumple aquí la vocación denuncia como producto posterior, él mismo fabricado retroactivamente a imagen de lo que se
de todo dispositivo: el mantenimiento del orden fenoménico. Porque tal es el destino, en el seno le asemeja.”
del Imperio, de todo dispositivo: gestionar y regir un plano particular de fenomenalidad, Todo lo que es, en un dispositivo, se ve reconducido o hacia la norma o hacia el accidente.
asegurar la persistencia de una cierta economía de la presencia, mantener la suspensión epocal en Mientras el dispositivo contenga, nada puede sobrevenir. El acontecimiento, ese acto que
el espacio que le es asignado. De ahí el carácter de ausencia, de somnolencia, tan impresionante custodia junto a sí su propia potencia, sólo puede venir de fuera, como lo que pulveriza aquello
en la existencia en el seno de los dispositivos, ese sentimiento bloomesco de dejarse llevar por el mismo que tenía que conjurarlo. Cuando la música noise estalla, SE dice: “eso no es música”.
ujo acogedor de los fenómenos. Cuando el 68 hace irrupción, SE dice: “eso no es política”. Cuando el 77 deja acorralada a Italia,
Nosotros decimos que el modo de ser de cualquier cosa, en el seno del dispositivo, es la SE dice: “eso no es comunismo”. Frente al viejo Artaud, SE dice: “eso no es literatura”. Luego,
posibilidad. La posibilidad se distingue por un lado del acto, y por otro de la potencia. La cuando el acontecimiento ha perdido su objetivo, SE dice: “lo reconozco, esto era posible, es una
potencia, en la actividad que supone escribir este texto, es el lenguaje, el lenguaje como facultad posibilidad más de la música, de la política, del comunismo, de la literatura”. Y nalmente, tras el
genérica de signi car, de comunicar. La posibilidad es la lengua, es decir, el conjunto de los primer momento de agitación causado por el inexorable trabajo de la potencia, el dispositivo se
enunciados juzgados correctos según la sintaxis, la gramática y el vocabulario francés, en su reforma: SE incluye, desactiva y reterritorializa el acontecimiento, SE le asigna a una posibilidad, a
estado actual. El acto es el habla, la enunciación, la producción hic et nunc de un enunciado una posibilidad local, por ejemplo la del dispositivo literario. Los imbéciles del CNRS, que
determinado. A diferencia de la potencia, la posibilidad es siempre posibilidad de algo. En el seno manejan el verbo con una tan jesuítica prudencia, concluyen dulcemente: “Si el dispositivo
del dispositivo, todo cosa existe en el modo de la posibilidad signi ca que todo lo que sobreviene organiza y hace posible algo, no garantiza sin embargo su actualización. Simplemente hace existir
en el dispositivo sobreviene como actualización de una posibilidad que le era previa, y que por un espacio particular en el cual ese ‘algo’ pueda producirse.” No SE podría ser más claro.
ello es MÁS REAL que él. Todo acto, todo acontecimiento, es así reabsorbido en su posibilidad, y Si la perspectiva imperial tuviera una consigna ésa sería “¡TODO EL PODER A LOS DISPOSITIVOS!”.
aparece aquí como consecuencia previsible, como pura contingencia de ésta. Aquello que ocurre Y bien es cierto que en la insurrección que viene, a menudo bastará con liquidar los dispositivos
no es más real por el hecho de haber ocurrido. Es así que el dispositivo excluye el acontecimiento, que les sostienen para vencer a los enemigos que en otro tiempo hubiera hecho falta abatir. Esa
y lo excluye bajo la forma de su inclusión: por ejemplo, al declararlo posible posteriormente. consigna, en el fondo, deriva menos del utopismo cibernético que del pragmatismo imperial: las
Lo que los dispositivos materializan es solamente la más notoria de las imposturas de la cciones de la metafísica, esas grandes construcciones desérticas que ya no inspiran ni la fe ni la
metafísica occidental, que se condensa en el adagio “la esencia precede a la existencia”. Para la admiración, ya no consiguen uni car los restos de la desagregación universal. Bajo el Imperio, las
metafísica, la existencia es tan sólo un predicado de la esencia; incluso, de acuerdo a ella, toda antiguas instituciones se degradan una a una en cascadas de dispositivos. Lo que se opera, y que
cosa existente no llevaría a cabo otra actividad que la de actualizar una esencia, esencia que le es propiamente la tarea imperial, es un desmantelamiento concertado de cada Institución en una
sería primera. De acuerdo a esta doctrina aberrante, la posibilidad —es decir, la idea— de las multiplicidad de dispositivos, en una arborescencia de normas relativas y cambiantes. La Escuela,
cosas les precedería; cada realidad sería un posible que por añadidura ha adquirido la existencia. por ejemplo, ya no se toma la molestia de presentarse como un orden coherente. Ya no es más
Cuando se pone de pie al pensamiento, obtenemos que es la realidad plenamente desarrollada de que un agregado de clases, horarios, materias, edi cios, trámites, programas y proyectos que son
otros tantos dispositivos que apuntan a inmovilizar los cuerpos. Lo que corresponde a la escansión que garanticen un auténtico efecto pogo? ¿Sabremos concordar nuestros actos en la
extinción imperial de todo acontecimiento es así la diseminación planetaria y gestionante de los pulsación de la potencia y en la uidez de los fenómenos?
dispositivos. Y entonces vemos elevarse bastantes voces que deploran esta época tan detestable. En cierto sentido, la cuestión revolucionaria es a partir de ahora una cuestión musical.
Algunos denuncian una “pérdida de sentido”, devenida por todas partes constatable, mientras
que otros, los optimistas, juran todas las mañanas que van a “dar sentido” a tal o cual miseria,
para, invariablemente, fracasar. Pero todos, de hecho, concuerdan en querer el sentido sin querer Este texto constituye el acto fundacional de la S.A.S.C., la Sociedad por el Desarrollo [Avancement] de la Ciencia
Criminal. La S.A.S.C. es una asociación sin ánimo de lucro cuya vocación consiste en reunir anónimamente,
el acontecimiento. Fingen no ver que los dispositivos son por naturaleza hostiles al sentido, y que
clasi car y difundir todos los saberes-poderes útiles a las máquinas de guerra antiimperiales.
tienen, más bien, vocación para administrar la ausencia. Todos aquellos que hablan de “sentido”
sin darse los medios para hacer estallar los dispositivos son nuestros enemigos directos. Darse los
medios consiste solamente a veces en renunciar a la comodidad del aislamiento bloomesco. La
mayor parte de los dispositivos son en efecto vulnerables a cualquier insumisión colectiva, al no
haber sido preparados para resistir tales situaciones. Hace algunos años, bastaba con ser una
decena de personas decididas, en una Caja de Acción Social o en una O cina de Ayuda Social
para arrebatarles sin demora una ayuda de un millar de francos para cada persona inscrita. E
incluso hoy en día, no hace falta ser muchos más para llevar a cabo una autorrebaja en un
bloom0101.org / et sic in in nitum…
supermercado. La separación de los cuerpos, la atomización de las formas-de-vida, son la
condición de subsistencia de la mayor parte de los dispositivos imperiales. “Querer el sentido”,
hoy en día, implica inmediatamente los tres estadios de los que hemos hablado, y conduce
necesariamente a la insurrección. Ante las zonas de opacidad y de la insurrección, se extiende el
reino único de los dispositivos, el imperio desolado de las máquinas productoras de signi cación,
de las máquinas que hacen signi car todo lo que pasa en ellas de acuerdo al sistema de
representaciones localmente en vigor.
Algunos, que se consideran muy astutos —los mismos que tenían que preguntar, hace un
siglo y medio, qué cosa sería el comunismo—, nos preguntan hoy en día a qué se pueden parecer
nuestros famosos “encuentros más allá de las signi caciones”. ¿Hace falta que tantos cuerpos, de
este tiempo, nunca hayan conocido el abandono, la ebriedad del compartir, el contacto familiar
con los otros cuerpos ni el perfecto reposo en sí, para poder plantear tales preguntas con ese aire
omnisciente? Y en efecto, ¿qué interés puede haber en el acontecimiento, en prescribir las
signi caciones y romper las correlaciones sistemáticas, para aquellos que nunca han operado la
conversión ek-stática de la atención? ¿Qué puede signi car el dejar-ser, la destrucción de aquello
que hace de cortina entre nosotros y las cosas, para aquellos que nunca han percibido el
requerimiento del mundo? ¿Qué pueden comprender de la existencia sin porqué del mundo,
aquellos que son incapaces de vivir sin porqué? ¿Seremos bastante fuertes y numerosos, en la
insurrección, para elaborar la rítmica que impida a los dispositivos reformarse y reabsorber lo
advenido? ¿Estaremos bastante llenos de silencio para encontrar el punto de aplicación y la