Museos, Memorias y Movimientos Sociales (Chagas)
Museos, Memorias y Movimientos Sociales (Chagas)
Museos, Memorias y Movimientos Sociales (Chagas)
Mario Chagas 1
I
De la modernidad al mundo contemporneo los museos son reconocidos por su
poder de producir metamorfosis de significados y funciones, por su aptitud para la
adaptacin a los condicionamientos histricos, sociales y su vocacin para la mediacin
cultural. Ellos resultan de gestos criadores que unen lo simblico con lo material, que unen
lo sensible con lo ininteligible. Por eso mismo les cabe bien la metfora del puente lanzada
entre tiempos, espacios, individuos, grupos sociales y culturas diferentes; puente que se
construye con imgenes y que tiene en el imaginario un lugar destacado.
Durante largo tiempo los museos sirvieron apenas para preservar los registros de
memoria y la visin de mundo de las clases ms aristocrticas; de igual modo funcionaron
como dispositivos ideolgicos del estado y tambin para disciplinar y controlar el pasado,
el presente y el futuro de las sociedades en movimiento. En la actualidad, al lado de esas
prcticas clsicas un fenmeno nuevo ya se puede observar. El museo est pasando por un
proceso de democratizacin, de resignificacin y de apropiacin cultural. Ya no se trata
apenas de democratizar el acceso a los museos instituidos, sino que democratizar el propio
museo comprendido como tecnologa, como herramienta de trabajo, como dispositivo
estratgico para una relacin nueva, creativa y participativa con el pasado, el presente y el
futuro. Se trata de una denotada lucha para democratizar la democracia 2 ; se trata de
comprender el museo como un lpiz 3 , como una simple herramienta que exige ciertas
habilidades para ser utilizada.
La metfora del lpiz sugiere la necesidad del aprendizaje de la tcnica de
manipularlo, aliada a un proceso de aprender a leer y a escribir. Aunque el individuo sea
alfabetizado, que sepa leer y escribir el mundo, no se tiene ninguna garanta sobre la
orientacin ideolgica de las historias y narrativas que podr escribir y leer. En otras
palabras: los museos son herramientas que para ser utilizadas exigen habilidades y tcnicas
1
Poeta, muselogo, maestro en Memoria Social (Unirio) y doctor en Ciencias Sociales (Uerj), profesor
adjunto de la Unirio y coordinador tcnico del Departamento de Museos y Centros Culturales de Iphan.
2
Vea SANTOS, Boaventura de Souza (org.). Democratizar la democracia: los caminos de la democracia
participativa. Rio de Janeiro: Civilizacin Brasilea, 2002.
3
Comprendiendo que los muses tanto sirven para encender como para apagar memorias, la profesora Regina
Abreu sugiri que ellos tambin sean considerados como gomas. Reuniendo esas dos imgenes podemos
pensar en los museos como lpiz que llevan en s una goma.
Capacidad del individuo de leer y escribir el mundo por medio de las imgenes y de las cosas, de sus
valores, significados y funciones. Acerca del concepto de literacia visual ver el texto Museos son buenos
para pensar: el patrimonio en escena en la India, de Arjun Appadurai y Carol Breckenridge (2007).
5
Manifieste L Altermuseologie, lanzado por Pirre Mayrand, en Setbal (Portugal), el 27 de octubre del
2007. En ese manifiesto, el autor propone una altermuseologa, un gesto de cooperacin, de resistencia, de
liberacin y solidariedad con el Foro Social Mundial.
Accionados por los movimientos sociales como mediadores entre tiempos distintos,
grupos sociales distintos y experiencias distintas, los museos se presentan como prcticas
comprometidas con la vida, con el presente, con lo cotidiano, con la transformacin social y
son ellos mismos entes y antros en movimiento (museos bifilos).
No obstante, delante de un ente devorador como el museo, tantas veces llamado de
dinosaurio o esfinge, no se puede tener ingenuidad. Es prudente mantener por cerca la
lmina de la crtica y de la desconfianza. Este es herramienta y artefacto, puede servir para
la generosidad y para la libertad, pero tambin puede servir para tiranizar la vida, la
historia, la cultura; para aprisionar el pasado, aprisionar los seres y las cosas en el pasado y
en la muerte (museos necrfilos). Para entrar en el reino narrativo de los museos es
necesario confiar desconfiando.
La configuracin del museo moderno remonta al siglo XVIII, est asociada al
advenimiento de los estados nacionales, y tiene en el Museo Britnico y en el Museo de
Louvre dos ejemplos clsicos. Desde el siglo XVIII hasta la actualidad ellos constituyen
campos privilegiados tanto para el ejercicio de una imaginacin creadora que toma en
cuenta el poder de las imgenes, como para la dramaturgia del pasado artstico, filosfico,
religioso, cientfico - en una palabra: cultural. Es en el marco de la modernidad que el
museo se encuadra como escenario, tecnologa y nave del tiempo y de la memoria. Como
escenario, el es espacio de teatralizacin y narracin de dramas, romances, comedias y
tragedias colectivas e individuales; como tecnologa se constituye en dispositivo y
herramienta de intervencin social; como nave promueve desplazamientos imaginarios y
memorables en el ro de la memoria y del tiempo. Todo eso implica la produccin de
nuevos sentidos y conocimientos, a partir de sentidos, sentimientos y conocimientos
anteriores. Es por poder ser escenario, tecnologa y nave que los museos pueden ser
comprendidos como lpiz (y goma), con los cuales es posible producir una escritura capaz
de narrar historias hbridas, historias con mltiples entradas, enredos y salidas.
II
Aunque el ejercicio de la imaginacin museal en Brasil haya tenido en el siglo XIX
algunos buenos ejemplos, fue, sobretodo, en el siglo XX que esa imaginacin se desarroll
de manera notable.
El investigador Guy de Hollanda, en su libro Recursos Educativos de los Museos
Brasileos, publicado en 1958, identific 145 museos en Brasil. Para analizar ese repertorio
de museos produce un cuadro que organiza esos 145 museos de acuerdo con el siglo y las
dcadas en que fueron creados. Algunos museos aparecen en el libro de Guy de Hollanda
sin indicacin de fecha de creacin, busqu con los datos hoy disponibles complementar
esas informaciones. El resultado est indicado en el recuadro a continuacin:
REPERTORIO DE LOS MUSEOS BRASILEOS (segn Guy de Hollanda, 1958)
Siglo/dcada
Siglo XIX
1811 a 1820
1841 a 1850
1861 a 1870
1871 a 1880
1881 a 1890
1891 a 1900
Obs. Dos museos del grupo de los museos sin indicacin de fecha de creacin podran
haber sido creados en el siglo XIX
10
Siglo XX
1901 a 1910
1911 a 1920
1921 a 1930
1931 a 1940
25
1941 a 1950
29
1951 a 1958
31
9
22
Subtotal
135
145
Eso explica, por lo menos en parte, la expresiva multiplicacin de museos a partir del inicio
de los aos treinta. En ese momento, el dispositivo de la imaginacin museal ser
accionado como herramienta renovada y de gran utilidad poltica y social. Su uso, an as,
no tendr un nico sentido y no atender a un nico inters. Reducir los museos y las
prcticas de preservacin de fragmentos del pasado a meros aparatos ideolgicos del Estado
es desistir de comprender sus complejidades, sus dinmicas internas y sus complejos
campos de posibilidades, tanto de coercin, como de emancipacin.
La notable proliferacin de museos iniciada en los aos treinta se prolonga y se
ampla en los aos cuarenta y cincuenta, atraviesa la Segunda Guerra Mundial y la
denominada Era Vargas y alcanza con vigor los llamados aos dorados. En la actualidad,
existen en Brasil, segn datos recientes del Catastro Nacional de Museos, 2470 museos 6 .
Queda claro, por lo tanto, que se trata de un universo en expansin y que el siglo XX, ms
que el XIX, puede en Brasil ser llamado de el siglo de los museos. Es importante registrar
tambin que esa proliferacin no se traduce solo en trminos de cantidad, ella implica una
nueva forma de comprensin de los museos y un mayor esfuerzo para la profesionalizacin
del rubro. Hay claramente una valorizacin de la dimensin educacional de los museos,
aliada a la ampliacin del museo diversidad y al desarrollo de experiencias regionales y
locales para ms all del antiguo Distrito Federal.
III
La ciruga conceptual operada por el museo moderno fue tan radical que, despus de
su realizacin, todo pasara a poder ser visto a partir del propio marco del museo. Palacios y
palafitos, casas-grandes y aldeas, castillos y bungaloes, fbricas y escuelas, escuelas de
samba y cementerios, bosques y puertos, plaza de candombl y centros espiritistas, casas
masnicas e iglesias catlicas, personas, animales, plantas y piedras, trenes, aviones y
automviles, pedazos de la luna y fragmentos del alma, paisajes urbanos y rurales, campo y
ciudad, todo, en fin, pas a poder ser comprendido como parte de una museologa aplicada
o de una museografa especial.
Donald Preziosi, en texto publicado en el catlogo de la XXIV Bienal de So Paulo,
identifica el poder canbal del museo y busca estrategias para "evitar ser comido". An as,
6
segn Preziosi (1998, p.50): "No se puede escapar a los museos, puesto que el propio
mundo de nuestra modernidad es, en los aspectos ms profundos, un supremo 'artefacto'
museolgico".
Ms adelante, el citado autor argumenta: "Evitar ser comido por un museo es
reconocidamente un problema universal, debido a que vivimos en un mundo en que
virtualmente cualquier cosa puede ser exhibida o expuesta en un museo y que virtualmente
cualquier cosa puede servir o ser clasificada como museo". (Preziosi, 1998, p.50).
Aunque yo concuerde con el diagnstico de Preziosi, no concuerdo con su curso y
menos an con su sugerencia de se evitar la antropofagia museal. En la perspectiva de los
Timbiras, por ejemplo, para no ser comido basta con solo acobardarse frente al riesgo de la
muerte, basta con no tener dignidad para morir. Posiblemente, esta no es la propuesta de
Preziosi. Pero, an as, me gustara sentenciar: solo aquel que est valientemente listo para
ser devorado, est tambin en condiciones de saborear el banquete.
Reconocer el poder antropofgico del museo, su agresividad y su gesto de violencia
con relacin al pasado es, lo que me parece, un paso importante; pero, talvez el mayor
desafo sea reconocer que esas instituciones crean y acogen lo humano, y, por eso mismo,
pueden ser devoradas. Devorar y resignificar los museos, he aqu un desafo para las nuevas
generaciones; he aqu el desafo que ha sido enfrentado, por ejemplo, por el Centro de
Estudios y Acciones Solidarias de la Mar, cuando crea el Museo de la Mar, una favela
con ms de 15 comunidades y ms de 132.000 mil habitantes.
En la actualidad, la afirmacin de que los museos constituyen lugares de memoria
pas a ser un lugar comn. Si en los aos 80 y 90 las investigaciones de Pierre Nora sobre
los lugares de memoria fueron capaces de producir impactos creativos, hoy sus impactos
tienden a ser absorbidos, neutralizados y naturalizados.
Pas a ser costumbre de elogio institucional la afirmacin de que el museo x o y
es un lugar (o casa) de memoria; como si la memoria tuviese valor en si misma y fuese la
expresin de la verdad pura y del supremo bien; como si el olvido fuese el mal o un virus
criminal que debiera ser combatido, borrado, destruido. De cualquier modo, comprendidos
como casas de memoria, los museos entraron en el siglo XXI en franco movimiento de
expansin y continan ejerciendo, en nombre de sujetos ms o menos ocultos, su poder que
tanto sirve para libertar, como para tiranizar el pasado y la historia, el arte y la ciencia.
necesario que nos apropiemos de ellos. Uno de nuestros desafos es aceptarlos como
campos de tensin. Tensin entre el cambio y la permanencia, entre la movilidad y la
inamovilidad, entre lo fijo y lo voltil, entre la diferencia y la identidad, entre el pasado y el
futuro, entre la memoria y el olvido, entre el poder y la resistencia.
Y es por eso, por ser tensin y proceso, por estar en movimiento que los museos
casas de sueo, de creacin, de educacin y de cultura - interesan a los movimientos
sociales: a los movimientos tnico-raciales (indgenas y negros); a los movimientos que
lidian con las cuestiones de gnero (mujeres y homosexuales); a los movimientos rurales
por la tierra, reforma agraria y acceso al crdito para asentamientos rurales; a los
movimientos de solidariedad y apoyo a los nios y nias de la calle; a los movimientos que
luchan por condiciones de habitabilidad en la ciudad; a los movimientos que defienden una
mayor participacin en las estructuras poltico-administrativas de las ciudades (presupuesto
participativo, consejos gestores, consejos de cultura etc.), a los movimientos que luchan en
contra de las polticas neoliberales y los efectos de la globalizacin; a los movimientos de
defensa del medio ambiente y de democratizacin de los equipos urbanos; a los
movimientos que luchan en favor del acceso universal; a los movimientos que no son
contra y tambin no son a favor... y tantos otros movimientos.
Supongo que se engaa quien piensa que existe una nica posibilidad de memoria y
que esa posibilidad nica implicara la repeticin del pasado y de lo ya producido; supongo
que se engaa quien piensa que hay humanidad posible fuera de la tensin entre el olvido y
la memoria. Es esa tensin, al contrario de lo que podra parecer, que garantiza la eclosin
del nuevo y de la creacin. El futuro tambin nos mira y guia desde adentro del pasado (si
es que el pasado tiene un adentro). El olvido total es estril, la memoria total es estril.
El territorio frtil y propicio para la imaginacin creadora y generosa tiene estras
producidas por la memoria; la posibilidad de creacin humana habita y vive en la
aceptacin de la tensin entre recordar y olvidar, entre lo mismo y la negacin de la
mismsima, entre la permanencia y el cambio, entre el estancamiento y el movimiento.
Referencias bibliogrficas
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SANTOS, Boaventura de Souza (org.). Democratizar la democracia: los caminos de la
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