Costumbres y Tradiciones

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Costumbres y tradiciones

en torno al embarazo y al parto


en el Mxico virreinal
Martha Eugenia Rodrguez
Departamento de Historia y Filosofa de la Medicina
Facultad de Medicina
Universidad Nacional Autnoma de Mxico
Se analizan los cuidados y prcticas que se llevaban a cabo durante el embarazo y el
parto en la Nueva Espaa. Prcticas que podan ser de carcter supersticioso, religioso o
profano y que era importante valerse de ellas debido a que el embarazo se vea como un
proceso natural y fisiolgico y, a su vez, el momento del parto era temido porque se corra
el riesgo de perder la vida.
Otros apartados que se comentan son el de la operacin cesrea, cuya prctica se
introdujo en la Nueva Espaa en el siglo XVIII en medio de mucha resistencia por parte de
los profesionales de la salud; el aborto, que fue fuertemente sancionado no slo por parte
de la Iglesia, sino tambin del Real Tribunal del Protomedicato y, finalmente, la profesin
de la partera, quien no obstante que no contaba con una formacin acadmica, resolva un
problema de salud a todas las clases sociales.
Introduccin
Cuando una mujer est embarazada participa de una serie de creencias
populares y lleva a cabo una diversidad de cuidados y prcticas con el
propsito de tener un periodo de gestacin saludable y lograr un parto fcil,
puesto que el acto de parir suele estar rodeado de temor debido a que se le
ve como un momento en el que se puede perder la vida. Las creencias y
costumbres que se asocian con el embarazo y el parto se han acumulado a
travs del tiempo debido, entre muchas otras razones, como asienta Foster,
1
a que la dilacin del embarazo en la mujer recin casada puede crearle una
incmoda posicin dentro de la familia y su crculo social, segn la cultu-
ra de que se trate. Podra llegar a parecer que no est cumpliendo con una
de sus responsabilidades dentro del matrimonio. Otro hecho muy comn es
que si en un tiempo razonable la mujer casada no queda embarazada, es
vctima de crticas y lstimas, de aqu la necesidad de no pasar por alto las
creencias populares. Una vez que se ha dado a luz, la mujer adquiere un
nuevo estatus en la sociedad, donde pasa de mujer a madre.
1 Foster, George: Folklore y costumbres del embarazo, nacimiento e infancia, La antropo-
loga mdica en Espaa, Michael Kenny y Jess M. de Miguel (Editores), Barcelona, 1980, pg. 250.
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Estas creencias y prcticas pueden ser de carcter supersticioso, religio-
so o profano, libre de fuerzas del orden sagrado. De manera particular anali-
zar las costumbres y tradiciones sobre el embarazo y el parto en la Nueva
Espaa, en las cuales se da una interrelacin de ideas europeas e indgenas;
cabe sealar que muchas de ellas tienen una larga tradicin, llegando hasta
nuestros das. Asimismo estudiar otros puntos enmarcados dentro de la obs-
tetricia, como son la operacin cesrea, el aborto y la formacin de la partera.
La informacin aqu presentada est basada fundamentalmente en fuentes
primarias, escritas en su mayora en los siglos XVIII y XIX, provenientes de
diversos archivos: el Archivo Histrico de la Facultad de Medicina de la Uni-
versidad Nacional Autnoma de Mxico, el Archivo General de la Nacin de
Mxico y el Wellcome Institute for the History of Medicine de Londres.
En el periodo virreinal, el embarazo y el parto se vean por parte de la
poblacin espaola y mestiza como un proceso absolutamente natural y
fisiolgico, a diferencia de las creencias prehispnicas donde los dioses
tenan una fuerte intervencin debido a que los indgenas no tenan una idea
precisa de los mecanismos de la concepcin. Sin embargo, entre la pobla-
cin novohispana se observan ideas y actividades de naturaleza mstica, que
son necesario llevar a cabo en virtud de que existe el riesgo de que la madre
o la criatura pierdan la vida.
La presencia de ideas de naturaleza mstica se explica tomando en
cuenta que la medicina no se puede estudiar como una entidad aislada de
otras formas de cultura de una sociedad, sino que existe una interaccin
entre ellas. As pues, para comprender la historia de la medicina es necesa-
rio tomar en consideracin otros factores de orden social, educativo, religio-
so, etctera, y en la poca de estudio, la religin ctolica fue un importante
factor cultural que influy en la evolucin de la medicina. Por ejemplo, des-
de el siglo XVI la fundacin de hospitales se debi a la Corona espaola, a
donaciones particulares y a las rdenes religiosas; asimismo, la funcin del
hospital no slo consista en dar asistencia a los enfermos, sino tambin en
brindar hospedera y practicar la caridad cristiana, adems de que su cons-
truccin deba hacerse prxima a una iglesia. Por otra parte, aparecieron, al
lado de los libros de temtica mdica propiamente dicha, una serie de publi-
caciones mdico-religiosas, entre ellas las oraciones y las novenas, que
tenan como fin la prevencin y curacin de las enfermedades; es decir, fue
comn la influencia religiosa en el mbito mdico.
En el periodo novohispano, el ejercicio de la obstetricia estuvo en
manos de las parteras o comadronas, aunque no de manera oficial; los
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mdicos no se ocupaban de tan denigrante profesin. Fue hasta el siglo
XVIII cuando las parteras fueron reconocidas por parte de las autoridades
encargadas de vigilar el ejercicio de la medicina; antes de este siglo sola-
mente eran toleradas. De ellas, Ignacio Segura, mdico de la Corte, se
expresaba diciendo: El oficio de la partera es utilsimo para la salud de las
almas y de los cuerpos, y an para la conservacin del gnero humano, por
ello son llamadas mujeres sabias y comadres, como si fueran segundas
madres de los infantes.
2
Eran mujeres prcticas que a s mismas se deno-
minaban parteras y, por lo regular, de edad avanzada. La idea que entonces
prevaleca era que las parteras deban ser buenas cristianas y confiadas ms
en los auxilios de Dios que en los de su arte, ...pues devotamente implo-
rados, los concede su Divina Providencia suficientes para salir del mayor
aprieto.
3
La partera tena la tarea de cuidar durante todo el embarazo a su
paciente. Para el ejercicio de su profesin contaba con una ayudante cono-
cida como tenedora, quien preparaba todo lo necesario para que se pudie-
ra llevar a efecto el parto.
El embarazo
En todas las pocas, las creencias y prcticas que giran alrededor del
embarazo y del parto estn influidas por factores culturales, con un arraiga-
miento tal, que se ha demostrado por la antropologa mdica que es ms fcil
lograr cambios en la prctica sanitaria que en las creencias y actitudes no
slo sobre la gestacin y el momento del parto, sino tambin sobre la etio-
loga y el control de la enfermedad.
4
Las costumbres y prcticas aqu presen-
tadas tienen un carcter preventivo, cuya finalidad consiste en que el embara-
zo se desarrolle sin contratiempos y que el alumbramiento sea exitoso.
Entre las costumbres llevadas a cabo para lograr un buen embarazo
cabe citar la recomendacin, de origen europeo, consistente en que ni por
temor ni por vergenza las mujeres embarazadas dejaran de pedir aquellas
2 Segura, Ignacio: Avisos saludables a las parteras para el cumplimiento de su obligacin.
Sacados de la Embriologa Sacra del Sr. Dr. Francisco Manuel Cangiamila y puestos al castellano por
el Dr. D. I. Segura, mdico de la Corte, Mxico, 1775, pg. 1.
3 Medina, Antonio: Cartilla nueva til y necesaria para instruirse las matronas que vulgar-
mente se llaman Comadres, en el oficio de partear, mandada a hacer por el Real Tribunal del Proto-
Medicato, Mxico, 1806, pg. 4.
4 Miguel, Jess de: Introduccin al campo de la antropologa mdica, La antropologa
mdica en Espaa, Barcelona, 1980, pg. 33.
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cosas que se les antojaran, pues de no cumplir estos deseos, las conse-
cuencias podran ser graves, como provocar el aborto y, por tanto, la muer-
te de la criatura. Asimismo, sobre el antojo de la mujer embarazada se
crea, como en la poca prehispnica, que era una manifestacin de las
necesidades del nio a travs de su madre y, de no cumplirlo, el producto
sufrira.
Existieron creencias que no poseen ningn fundamento teraputico, es
decir, de carcter supersticioso, como fue el hacer uso de objetos dotados
de un contenido simblico. Por ejemplo, para ayudar a la continuidad del
embarazo se recurra a la piedra imn, llevndola consigo la embarazada.
En la Metrpoli se deca que haba que llevarla debajo de la axila.
Respecto al sexo del feto, los conquistadores tambin introdujeron la
idea de que era seal de que se haba concebido un varn los siguientes sig-
nos: color del rostro manchado y apagado, movimientos del feto, cuando
mas tarde, pasados los tres primeros meses: sumo aborrecimiento al con-
greso y calor grande que suele sentirle en el lado del bazo. Cuando se
haba concebido una nia, los signos eran diferentes: ...suavidad de los
efectos del preado, por las pocas manchas de la cara y porque los meteo-
ritos del vientre no cesan hasta los cuatro meses.
5
Un remedio para combatir los sustos y miedos de las mujeres gestan-
tes, que puede tener un cierto fundamento, era el consumir una bebida cali-
ficada como antiepilptica compuesta, entre otros productos, de ludano,
preparacin que contiene vino blanco, azafrn y otras sustancias, as como
canela y jarabe de rosa. De ello la embarazada deba tomar una cucharadi-
ta de tiempo en tiempo.
6
Creencia popular de origen europeo fue que los sietemesinos podan
vivir tan bien como los nios nacidos a los nueve meses de gestacin. Sobre
ello los pitagricos pensaban que el nmero 7 era perfecto, por ser impar,
de aqu que los nios nacidos en ese mes tuvieran altas probabilidades de
vivir. Durante la Edad Media, el nmero 7 tambin se consider de buena
suerte, dado que representaba el da de Dios. Como el nmero ocho es par,
se le consideraba imperfecto, por lo que el nio tendra pocas posibilidades
de vivir, menos que los sietemesinos, y en caso de que viviera, sera de
5 Venegas, Juan Manuel: Compendio de la medicina medicina prctica en que se declara
laconicamente lo mas util de ella, que el Autor tiene observado en estas Regiones de Nueva Espaa,
para casi todas las enfermedades que acometen al cuerpo humano: dispuesto en forma alfabtica,
Mxico, 1788, pg. 4.
6 Ibdem, pg. 5.
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manera enfermiza.
7
Esta creencia carece de fundamento en virtud de que el
feto de ocho meses est en mejores condiciones que el de siete.
Tanto durante el embarazo como en el momento del parto, la mujer
embarazada se vali de diversos rituales. stos constituyen un elemento
relevante en la manera de cmo determinados grupos sociales enfrentan los
momentos en que existen peligros o amenazas. Los rituales tienen impor-
tantes dimensiones simblicas tanto sociales como psicolgicas, cuyo len-
guaje, expresado a travs de diversas maneras, movimientos, palabras, can-
ciones, msica, etctera, se entiende bien en un contexto cultural especfico
y slo por aquellos que conocen su significado.
8
Cada ritual es un cmulo
de smbolos y actos que revelan algo acerca de los valores de la sociedad:
el alumbramiento es un momento nico, de una importancia innegable.
En la sociedad novohispana fueron abundantes las estampas, las pin-
turas, esculturas, reliquias y oraciones. Por su parte, la partera tambin
tena sus recursos, que colocaba en el abdomen o en el cuello de la partu-
rienta, como escapularios, rosarios y medallas. Entre dichas prcticas cabe
citar las Palabras de la Virgen, jaculatoria impresa en una oblea o papel que
coman las embarazadas, an a la hora del parto. Dicha jaculatoria tambin
se encontraba impresa en una faja con listones de colores que se colocaba
sobre el vientre de la parturienta, y cuyo texto deca: En tu Concepcin
Virgen Mara fuiste inmaculada: Ruega por nosotros al Padre cuyo hijo dis-
te luz.
9
El fajamiento se practicaba para evitar que suba la criatura o
para que no se agarre en las entraas del pecho.
Respecto a los santos se argumentaba en una novena de 1818 que
todos ...son abogados nuestros en el cielo; todos ruegan all y piden por
nosotros: de todos debemos o podemos esperar el remedio de nuestras
necesidades, pero de ninguno con ms confianza que de aquellos que
sobresalieron en este mundo en la caridad y misericordia con sus prgi-
mos.
10
As, los santos protectores de las embarazadas y del parto ms
venerados fueron San Vicente Ferrer, San Flix de Cantalicio, San Carlos
7 Castillo Ojugas, A: Obstetricia popular (notas sobre folklore obsttrico), Archivos
Iberoamericanos de Historia de la Medicina, t. III, Madrid, 1951, pg. 595.
8 Helman, C.: Culture, Health and Illness. An Introduction for Health Professionals, London,
1990, pgs. 192-193.
9 Len, Nicols: La obstetricia en Mxico. Notas bibliogrficas, Etnicas, Histricas,
Documentarias y Crticas de los orgenes histricos hasta el ao 1910, Mxico, 1910, pg. 145.
10 Valds, Juan F.: Novena consagrada al culto del Glorioso San Antonio del Aguila del
Sagrado Orden del Padre y Doctor San Agustn: conocido con el epteto por mdico de los pobres,
Mxico, 1818, pgs. 1-2.
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Borromeo, San Ignacio de Loyola, San Taraco Mrtir, Santo Domingo de
Silos y San Ramn Nonato. De igual manera, fue comn encontrar en el
periodo estudiado imgenes de la Virgen en sus diferentes advocaciones, a
quienes invocaban las parturientas en el momento de dar a luz, como
Nuestra Seora de la Salud en Ptzcuaro y Nuestra Seora de la Caridad en
San Cristbal de las Casas. En la Nueva Espaa sucedi, lgicamente,
como en la metrpoli, que los rezos de las mujeres embarazadas se dirigie-
ron fundamentalmente a los santos, en menor proporcin a la Virgen y
mucho menos a Dios.
11
Entre los santos abogados de las mujeres embarazadas est San
Ramn Nonato, de la Orden de Nuestra Seora de la Merced. Debe su
sobrenombre a la circunstancia de haber sido extrado vivo del seno de su
madre, despus de haber muerto sta. Naci en Catalua el ao de 1220 y
muri 40 aos despus. En 1657 el Papa Alejandro VII le incluy en el
martirologio. Desde entonces ha sido muy grande la devocin que se le ha
profesado en Catalua, la cual ha sido acrecentada por la Iglesia, funda-
mentalmente a partir de 1681, cuando fue extendida a todo el mundo la
celebracin de su fiesta en la fecha que hoy en da conocemos, el 31 de
agosto. Tanto en vida como despus de su muerte, se le han atribuido a San
Ramn Nonato numerosos milagros en diversas epidemias, pero su ms
singular proteccin se ha experimentado en los partos, en memoria de la
forma como lleg a este mundo.
La devocin a San Ramn Nonato pas a nuestro territorio con los
conquistadores. La Iglesia recomendaba que en todos los partos y funda-
mentalmente en los ms dificultosos se le rezara y se pidiera a Dios por el
buen suceso de ellos y que no se usaran oraciones prohibidas y sospecho-
sas, siendo lo ms acertado abstenerse de todas las que no estuvieran apro-
badas por dicha institucin. Su novenario, especial para las embarazadas,
se public en la Nueva Espaa en 1780 y se reimprimi en 1848. En l se
deca que para tener un feliz parto se deba seguir la siguiente recomenda-
cin: durante los nueve meses de embarazo, una vez por mes, deban ir a
visitar su capilla en el convento de la Virgen de la Merced, haciendo las
siguientes diligencias: empezar a ejecutar la novena desde el primer mes,
empezando un domingo, da en que muri el Santo Cardenal. Las mujeres
que visitaran la capilla deberan ir confesadas y comulgadas, y all rezar 10
11 Limn, A. y Castellote, E.: La medicina popular en torno al embarazo y el parto a princi-
pios de siglo, La antropologa mdica en Espaa, Barcelona, 1980, pg. 234.
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padres nuestros, 10 aves maras y 10 veces Gloria Patri, para en seguida
decir la siguiente oracin:
O San Ramn No Nacido, prodigioso! a ti vengo, movida de la grande benignidad
con que tratas tus devotos. Acepta, Santo mio, estos pasos, que de muy buena gana
he dado, desde mi casa esta capilla, en memoria de los que t diste, tan meritorios,
que alcanzaron de Dios el que te haya constituido patron especial de las preadas.
Aqu est, Sto. mo, una de ellas, que se pone humilde debajo de tu proteccin y
amparo: suplicndote, que as como se conserv siempre invicta tu paciente en todos
aquellos ocho meses, en que fuiste singularsimamente martirizado con el candado, y
otras penas que padeciste dentro de la tenebrosa mazmorra, y al noveno mes saliste
libre de todas aquellas prisiones; as Santo y abogado mio, te pido humildemente me
alcances de mi Dios y Seor el que esta criatura que est encerrada en la obscura cr-
cel de mis entraas, se conserve en vida y salud por ocho meses, y en el noveno sal-
ga libre la luz de este mundo: haciendo t, Santo mio, que asi como el da que sali
tu alma de tu santo cuerpo, fu da Domingo, que es da de gozo; as lo sea el que yo
la d luz, con todas aquellas circunstancias que t sabes que mas convienen mayor
gloria de Dios, y tuya, y salvacin de mi alma. Amn.
12
La oracin anterior serva durante los ocho meses del embarazo; sin
embargo, para el noveno mes, en lugar de rezar una sola vez al mes, como
se haba estado haciendo, era necesario hacer la novena entera por espacio
de nueve das. Asimismo, para la Virgen de las Mercedes se rezaba la
siguiente oracin:
O piadossima Virgen de las Mercedes! Suplcote por las entraas dulcsimas de tu
piedad, oigas la afligida que te llama; y por el que sin dolor pariste, y por los meri-
tos de tu siervo San Ramn, cuyo nacimiento fu milagroso, me favorezcas en este
parto: yo te ofrezco ser humilde esclava tuya para mejor servir tu unignito Hijo
Cristo redentor nuestro. Amn.
13
La tradicin de acudir a San Ramn Nonato no correspondi nica-
mente a siglos pasados, an hoy en da se le reza. En la ciudad de Mxico
su imagen se encuentra a un costado del altar del templo de Belem de los
Mercedarios o ms comnmente conocido como Capilla de las Merceditas.
Entre las oraciones eficaces para ayudar a tener un buen embarazo y
un parto fcil, ahora de carcter supersticioso, a pesar de la represin que
exista por parte del Tribunal de la Inquisicin, estaba la oracin a la Santa
Piedra Imn, pero trayendo consigo un fragmento del mineral.
12 Novena del Glorioso S. Ramn No Nacido. Cardenal de la Santa Iglesia Romana, del
Nacional orden de nuestra Seora de la Merced redencin de cautivos, abogado de las mujeres prea-
das y protector de los dolores de cabeza, Mxico, 1848, pgs. 27-28.
13 Ibdem, pg. 30.
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El parto
El trabajo de parto se llevaba a cabo en el domicilio de la parturienta.
Con anticipacin se llamaba a la partera, en quien desde el inicio de la ges-
tacin se haba depositado una total confianza; sin embargo, no era sufi-
ciente con saber que se trataba de una persona experimentada; adems de
esto, los familiares de la parturienta, y ella misma, hacan su lucha para que
el momento del alumbramiento fuera exitoso, valindose tanto de medios
fsicos como de preceptos mgicos y religiosos, puesto que el miedo de la
madre surge mucho antes de las primeras contracciones previas al parto. El
Tribunal del Protomedicato afirmaba que era difcil encontrar una partera
que no tuviera nexos con la magia.
Costumbre popular para el momento del parto fue emplear una posi-
cin arrodillada, como en la poca prehispnica, colocndose la comadro-
na delante de la parturienta y la tenedora a su espalda, siendo tarea de
ambas sacar a la paciente del incmodo momento en que se encontraba. Sin
embargo, conforme transcurre el periodo virreinal la mujer adopt otras
posiciones para el acto de parir: una fue sentada en una silla especial, que
con anticipacin se mandaba al domicilio de la parturiente, como se usaba
en Europa, y ya entrado el siglo XIX tambin se puso en prctica la posi-
cin de litotoma, siendo esta ltima la de menor uso.
En el trabajo de parto, la partera y la tenedora iniciaban su labor des-
pojando a la parturienta de la ropa innecesaria; sta se colocaba en la posi-
cin adecuada, ya fuera en una silla o de rodillas, y entre la partera y la
tenedora presionaban el abdomen de la paciente, de manera que a cada con-
traccin uterina le segua una fuerte presin por parte de la comadrona.
Helman
14
asevera que en casi todas las culturas se excluye al hombre
de la escena del parto, donde su posicin se limita a la de un espectador
ansioso por el nacimiento de su hijo. En las fuentes consultadas no hemos
encontrado referencia alguna al papel que juega el esposo a la hora del
alumbramiento en el territorio novohispano. Parecera que se trata de un
asunto femenino y a nivel casero, donde la atencin mdica quedaba en
manos de las madres, abuelas y, por supuesto, de las comadronas; hecho
explicable, en parte, porque en la Nueva Espaa no existi esa tendencia de
que habla Helman, que consiste en medicalizar un fenmeno biolgico nor-
14 Helman, C.: Culture, Health pg. 155.
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mal, como es el embarazo, para volverlo un problema mdico y convertir a
la mujer embarazada en una paciente pasiva y dependiente.
15
En la literatura de la poca se dieron ciertas recomendaciones para el
trabajo de parto que reflejan bien el pensar de aquel entonces, donde dicho
trabajo tena que llevarse a cabo con mucha discrecin, como se muestra en
la siguiente cita. A la hora del parto,
la enferma estar cubierta segn la estacin, estando desnuda lo menos posible; los
ojos del operador deben estar en la punta de sus dedos, l debe sentir sin ver nada,
sentir como si todo lo viese; asi debe estar dotado de un tacto fino y delicado, tratan-
do de resguardar su epidermis tocando frotandolos los menos posible contra cuer-
pos duros, ponindola cubierto del contacto del aire fro, lo que debe conducirle
usar guantes en todo tiempo para tener la piel de las manos suave y sensible.
16
Habamos comentado que la parturienta daba a luz en su domicilio; sin
embargo, para las mujeres espaolas y criollas que no podan realizar el tra-
bajo de parto en sus casas debido a que ocultaban su embarazo, o bien, por-
que no deseaban al recin nacido, se cre el 4 de noviembre de 1774 un
Departamento de Partos Reservados, ubicado en el Hospicio de Pobres de la
ciudad de Mxico, quedando a cargo de un eclesistico, aunque los partos
los atenda la comadrona. Si el recin nacido no era deseado por la madre,
poda pasar a la Casa Real de Expsitos.
17
Era mucha la discrecin que se
guardaba en dicho establecimiento. El ingreso de la mujer se haca varios
das antes del parto; llegaba con la cara cubierta y, si as lo deseaba, poda
permanecer con el rostro cubierto durante toda su estancia, o bien, nica-
mente en el momento del parto. El Departamento de Partos Ocultos tena
como objetivo, en la medida de lo posible, evitar el infanticidio. Sin embar-
go, su creacin obedeci tambin a otros fines, siendo stos de orden moral,
social y religioso: amparaba a las madres solteras o abandonadas, cuidaba el
decoro de las familias, el honor de muchos matrimonios y la tranquilidad de
la sociedad, de acuerdo a la mentalidad que entonces imperaba.
Sobre los embarazos ocultos e ilcitos las parteras estaban obligadas,
bajo pena de pecado mortal, a guardar un total silencio. No era lcito matar a
la criatura, aunque fuera demasiado fea o monstruosa, y si contaban con
tiempo suficiente, deban llamar al cura para que determinara si se haba de
15 Ibdem, pg. 146.
16 Maygrier, Jacques Pierre: Nuevo mtodo para operar los partos, Mjico, 1821, pg. 18.
17 Ordenanzas para el Gobierno del Hospicio de Pobres de la Ciudad de Mxico en sus cua-
tro Departamentos, Mxico, 1806, pg. 33.
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bautizar al monstruo. En los partos ilegtimos tocaba a la partera amones-
tar a las madres y a sus allegados, sin hacer dao a las criaturas. Las parteras
tambin estaban obligadas a asistir gratuitamente a las pobres y ayudarlas
con todo el esmero, por lo que Dios les pagara la caridad, pero de lo contra-
rio, vengara este agravio.
Tarea de la partera era salvar la vida fsica y espiritual de la criatura; es
decir, si la partera vea en peligro la vida del recin nacido, an dentro del
vientre materno, o bien, si tema que sus padres lo mataran, sta tena la obli-
gacin de bautizarlo, actuando de diferente manera segn el caso: si la criatu-
ra sacaba la cabeza, la partera deba bautizarla en ella, con la condicin de que
no deba ser nuevamente bautizada cuando naciera. Si la partera descubra
alguna otra parte y no la cabeza, tena que bautizarla all bajo advertencia si
eres capaz y cuando la criatura naciera completamente, deba bautizarla en
la cabeza diciendo: si no ests bautizado y si eres capaz, yo te bautizo en el
nombre del Padre, del Hijo y del Espritu Santo. De igual forma, si exista el
riesgo de que la criatura muriera antes de llevarla a la iglesia, tambin era la
partera quien tena que bautizarla.
18
Las seales para conocer dicho riesgo
eran, entre otras, que la criatura naciera sin llorar, si daba muestras de sofoca-
miento, si estaba dbil, moreteada o si naca antes de los siete meses.
Como medida preventiva para evitar la mortalidad infantil, en 1797 el
marqus de Branciforte, virrey de Nueva Espaa, daba a conocer una real
orden donde encargaba al Tribunal del Protomedicato que vigilara a las
comadres y cirujanos que atendieran los partos, a fin de que aplicaran a los
recin nacidos en el corte del cordn umbilical el Blsamo de Copayba,
conocido tambin como aceite de palo o aceite canimar, en vez de otros
ingredientes intiles daosos como eran el sebo y la sal. El Blsamo de
Copayba se utilizaba para prevenir el mal de siete das, una de las princi-
pales enfermedades que causaba la despoblacin, en ese entonces muy
comn en Cuba.
19
Algunas de las creencias populares respecto al parto eran, por una par-
te, que las mujeres que dan a luz con frecuencia se llegan a esterilizar en
algn momento. Asimismo fue comn el uso de la llamada Rosa de Jeric.
Al empezar el parto, la rosa se colocaba dentro de un recipiente con agua,
de manera que cuando la planta hubiera extendido sus ramas, el parto se
llevara a cabo.
18 Segura: Avisos saludables, pg. 8.
19 Branciforte, marqus de: Real orden sobre el descubrimiento de un especfico preservativo
del mal de siete das, Orizaba, 1797, pg. 1.
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En el periodo que estudiamos eran varias las causas a las que se atri-
buan las dificultades en el parto: a movimientos graves del cuerpo, contu-
siones o compresiones fuertes del vientre; pasiones violentas, antojos y
pesadumbres; a fiebres, pujos, diarreas, flujos de sangre; estrechez en la
vulva; criatura atravesada, dbil o muerta y debilidad de la parturienta o
temor. De aqu que los recursos empleados para facilitar el mal parto fue-
ran diversos. Comprendan remedios que pueden tener un cierto funda-
mento, ritos, prcticas tradicionales y supersticiones.
Entre las supersticiones que dominaban en la Nueva Espaa estaba el
uso de la piedra cuadrada. De ella se deca: La piedra cndar, o piedra qua-
drada o quebrada tiene la hechura de un dado, y el color del azero, es pesa-
da...traenla de los confines de la Tartaria los Bonzos, los cuales dicen que
tiene muchas virtudes, y por esta razn la agujeran, y la traen el pescue-
zo colgada. Y entre las virtudes de la piedra estaba el remediar los dolo-
res de cabeza, las punzadas, los clicos, aliviar el asma, contra la melan-
cola y para facilitar el parto. Segn deca el doctor Marcos Salgado:
Sirve esta piedra, atada al muslo izquierdo, para facilitar el parto, estando la muger en
trminos de parir, porque la experiencia tiene mostrado, que aplicada en este estado,
obra lo que se desea: en caso que esta diligencia no baste, refregarn la dicha piedra
medio quarto de hora con una onza de azeyte de ajonjol caliente, y lo darn beber
la Muger, y luego parir, y echar las pares, y la criatura, sin riesgo ni peligro de la
madre, advirtiendo, que luego que la muger para, echare la criatura, y las pares, se
quita luego la dicha piedra, porque si la dexaren atada mucho tiempo, saldr la madre
fuera de su lugar y las entraas todas; como yo vi y observ en una muger....
20
Otro remedio para solucionar los partos dificultosos, tambin sin fun-
damento alguno, era el uso del Palo de Fresno, puesto sobre el vientre que
parir si n, excremento de caballo desleido en vino, y bien colado, y
beber medio quartillo, que aunque la criatura est muerta, la arrojar con
facilidad.
21
Para lograr un parto exitoso fueron comunes las velas llamadas de
Nuestra Seora de la Consolacin, de Nuestra Seora de la Luz y las
velas llamadas de San Ramn Nonato, as como la medalla de este lti-
mo santo. A la hora del parto la vela deba encenderse y la parturienta tena
que colocarse la medalla al cuello. De igual manera se ponan al cuello
escapularios y amuletos.
20 Salgado, Marcos Jos: Virtudes de la piedra cuadrada, Mxico, 1730, pg. 1.
21 Michael, M.D.: Botica general de remedios experimentados que a beneficio del pblico se
reimprime por su original en Cdiz, Puebla, 1797, pg. 15.
EL EMBARAZO Y EL PARTO EN EL MXICO VIRREINAL
Tomo LVII, 2, 2000
511
Como seala Foster,
22
las creencias y costumbres en torno al embara-
zo y al parto parecen caer en la categora de los elementos transmitidos
informalmente, donde sorprende que las formas espaolas predominen
entre los crculos mestizos y los grupos indios aculturados, debido a que,
por tratarse de un sector de cultura femenina, podra esperarse que las
mujeres nativas, como esposas o concubinas de los conquistadores, conti-
nuaran la prctica de sus propias costumbres y las perpetuaran dentro de
esa poblacin mestiza.
La operacin cesrea
La operacin cesrea, consistente en extraer el feto a travs de una
incisin uterina por va abdominal, se empez a llevar a cabo en la Nueva
Espaa hasta el siglo XVIII, aunque siempre realizada en mujeres falleci-
das. Este intento desesperado de salvar al feto en caso de la muerte de la
madre tiene sus races en las culturas de la antigedad (egipcios, hebreos,
etctera
23
). Su prctica obedeca a que era el nico medio para evitar que se
sepultaran con las madres difuntas las criaturas vivas, y fueran socorridas
para lograr la vida eterna. Es decir, las cesreas tenan por objeto asegurar la
vida espiritual de los nios por medio del bautismo. El Ritual Romano, ela-
borado bajo la direccin de Pablo V, de 1605 a 1621, puntualizaba que si se
extraa el feto muerto, es decir, si no haba posibilidad de administrarle el
sacramento del bautismo, no deba inhumarse en lugar santo. Demerson
24
comenta que es lgico pensar que esos mandamientos se siguieran en todos
los pases catlicos, aunque resulta difcil precisar en qu medida. Para sal-
var la vida espiritual del feto, el virrey de Nueva Espaa, don Antonio Mara
de Bucareli y Ursa, expidi una circular el 21 de noviembre de 1772 donde
apoyaba la prctica de dicha operacin. En el documento se adverta que
cualquier persona que rehusara la prctica de la operacin cesrea o diera a
conocer la noticia demasiado tarde, se le sancionara con una multa de 500
pesos, ya fuera el facultativo, el padre, el marido o parientes de la difunta.
25
22 Foster: Folklore y costumbres, pgs. 261-262.
23 Demerson, Paula de: La cesrea post mortem en la Espaa de la Ilustracin, Asclepio,
Archivo Iberoamericano de historia de la medicina y antropologa mdica, t. XXVIII, Madrid, 1976,
pg. 185.
24 Ibdem, pg. 186.
25 Bucareli: Circular para la pronta aplicacin de la operacin cesrea, Mxico, 1772, pg. 1.
MARTHA EUGENIA RODRGUEZ
Anuario de Estudios Americanos
512
La operacin cesrea, practicada en mujeres vivas, se realiz bajo mltiples
controversias desde el siglo XVI en algunos pases europeos; sin embargo,
en Espaa no tuvo buena acogida, de aqu que en la Nueva Espaa no se
pensara siquiera en ello,
26
slo en la cesrea post mortem, considerada como
un deber de conciencia por parte de los que rodean a la mujer embarazada,
debido al fin que se alcanzaba: la salvacin espiritual del producto.
A su vez, el Arzobispo de Mxico, Alonso Nez de Haro y Peralta,
al hablar de que una de sus obligaciones era conseguir la salvacin eterna,
orden que, cuando se hiciera la operacin cesrea en mujeres fallecidas,
se bautizara al recin nacido. Y con base en una Real Pragmtica publica-
da en Espaa el ao de 1749 por el rey Carlos III, mandaba tambin en
1772 que se castigase a la persona que se opusiera a ejecutar la citada ope-
racin, pues condenaban al feto, segn se crea, a ser enterrado vivo.
Asimismo estableca que en virtud de que no siempre haba cirujano o per-
sona que pudiera ejecutar dicha operacin, ...es nuestra voluntad, que
todos los curas y vicarios compren y tengan en su casa un librito pequeo
que ha dado a la prensa el R.P. Joseph Manuel Rodrguez...en el cual expli-
ca el modo con que comoda y fcilmente se hace la operacin, fin de que
los curas y vicarios lo hagan por s mismos quando no haya persona secu-
lar que pueda hacerla....
27
Con la filosofa ilustrada el intercambio de ideas y publicaciones se
increment de manera notable, lo que hizo posible que en la Nueva Espaa
se conocieran los avances europeos. De aqu el entusiasmo que se mani-
fest por la prctica de la operacin cesrea post mortem, operacin que
contaba con el apoyo del Real Tribunal del Protomedicato. Testimonio de
ello son las publicaciones que aparecieron en la Nueva Espaa, como la
mencionada obra de Joseph Manuel Rodrguez La caridad del sacerdote
para con los nios encerrados en el vientre de sus madres difuntas y docu-
mentos de la utilidad y necesidad de su prctica, impresa en 1773 y tradu-
cida del italiano al espaol de acuerdo al libro Embriologa Sacra, del ofi-
cio de los Sacerdotes, Mdicos y Superiores acerca de la salud eterna de
los Nios encerrados en el tero del cannigo italiano Francisco Manuel
Cangiamila, que haba sido publicado en Miln en 1745 y donde habla
sobre la prctica de la operacin cesrea. En la Nueva Espaa la impresin
del libro de Rodrguez se autoriz el 16 de septiembre de 1772, pues cons-
26 Demerson: La cesrea pg. 189.
27 Nez, Alonso: Operacin llamada parto cesreo, Mxico, 1772, pg. 1.
EL EMBARAZO Y EL PARTO EN EL MXICO VIRREINAL
Tomo LVII, 2, 2000
513
ta no tener cosa que se oponga nuestra Santa F, buenas costumbres....
28
El libro ...tiene un objeto tan pidoso, qual es la salud eterna de los pr-
vulos, que ciertamente l mismo (Rodrguez) es el mas justo aprobante, y
eloquente Panegyrista, haciendola digna no solo de la mayor recomenda-
cin, sino de que sea promovida su prctica.
29
De igual manera, sobre el tema se imprimi en la Nueva Espaa el ao
de 1775 la obra del Dr. Ignacio Segura, mdico de la Corte, Avisos saluda-
bles a las parteras para el cumplimiento de su obligacin, extrados tam-
bin de la obra del Dr. Cangiamila.
Dado el acuerdo referente de que cuando no hubiera partera ni mdi-
co, la operacin cesrea la hara el sacerdote, Joseph Manuel Rodrguez
daba a conocer que era algo fcil de ejecutar: ...siendo cosa incompara-
blemente mayor el hacer el oficio de partera con una viva, que el solo abrir
el costado de la muerta... mas para no verse los prrocos reducidos a estos
peligros requiere la razn que procuren con tiempo tener muchos en sus
parroquias, que sepan practicar la operacin cesrea parteras, sangradores
barberos, y en especial algn cirujano verdaderamente caritativo, y que
est siempre pronto la caza de aquellos parvulitos.
30
En caso de que el
cirujano se negara a efectuar la cesrea por no poderse cubrir sus honora-
rios, el cura deba pagar los gastos de las mujeres de escasos recursos, pues
ante todo estaba la salvacin eterna de los nios. El libro de Cangiamila,
que Rodrguez tradujo al espaol, insiste en practicar la cesrea post mor-
tem sin hacer caso de las opiniones de mdicos y parteras cuando aseguran
que el feto ya ha fallecido; sin embargo, el Ritual Romano otorgaba auto-
ridad a los mdicos para decidir si el feto tena vida o si ya estaba muerto.
31
El arzobispo de Mxico sugera varios pasos a quien hiciera la opera-
cin cesrea. Verificar primero que la embarazada estuviera muerta y, de
ser as, extraer la criatura del vientre materno para posteriormente admi-
nistrarle el sacramento del bautismo, por lo que exhortaba a los sacerdotes
seculares y regulares a que contribuyeran con sus particulares persuasiones
a desterrar el horror con que comnmente era vista dicha operacin, tan
necesaria para salvar la vida corporal y espiritual de los nios que perdan
28 Rodrguez, Juan Mara: La caridad del sacerdote para con los nios encerrados en el vientre
de sus madres difuntas y documentos de la utilidad y necesidad de su prctica, Mxico, 1773, pg. 45.
29 Parecer del P. Dr. y Mtro. D. Juan Gregorio de Campos. Presbytero de la Real
Congregacin del Oratorio de N.P.S. Felipe Neri de Mxico, Real Congregacin de S. Felipe Neri,
Mxico, pg. 2, en Rodrguez, J.M. La caridad...
30 Rodrguez: La caridad pg. 18.
31 Demerson: La cesrea pg. 201.
MARTHA EUGENIA RODRGUEZ
Anuario de Estudios Americanos
514
a sus madres antes de nacer. De igual manera, los sacerdotes tenan que
estar prevenidos con una navaja para poder ejecutar la operacin.
Al principiar el siglo XIX la Corona espaola continuaba insistiendo
en la prctica de la operacin cesrea. En abril de 1804 el rey de Espaa
daba la orden de que en el Real Colegio de Ciruga se practicara dicha ope-
racin en mujeres muertas, y en caso de que no hubiera facultativo, tocara
al prroco decidir quin la practicara. Estos ltimos no deban consentir
que se diera sepultura a mujer alguna que hubiera fallecido embarazada, sin
que les constara que se hubiera efectuado la operacin. En la Nueva Espaa
la noticia anterior se dio a conocer cuatro meses ms tarde. En el documento
se explicaba cmo hacer la operacin, empezando por verificar que la
madre estuviera muerta, y aunque ya hubieran pasado muchas horas de su
fallecimiento, se deba practicar la cesrea, y aunque el embarazo fuera de
muy poco tiempo, se tena que hacer lo mismo, a fin de bautizar al recin
nacido.
32
La Real Orden de 1804 nos hace pensar que fue a partir de esta
fecha cuando los profesionales de sexo masculino, es decir, los cirujanos o
mdicos, se empezaron a ocupar de la ejecucin de la operacin cesrea, y
por ende, del ejercicio de la obstetricia, pues los asistentes al Real Colegio
de Ciruga eran los cirujanos y mdicos y no las parteras que, como ya se
mencion, se formaban de manera emprica. A partir de la publicacin de la
obra de Cangiamila, la cesrea post mortem se generaliz en pases como
Francia y Espaa, y por tanto, en la Nueva Espaa, donde fue fomentada por
la Iglesia y el Gobierno, aunque no sabemos con qu frecuencia se practic.
Segn las fuentes consultadas, la primera operacin cesrea en mujer
viva hecha en Mxico se realiz en julio de 1850 por el doctor Miguel
Jimnez en el Hospital de San Pablo.
33
El aborto
El aborto es la prdida espontnea o provocada del producto de la con-
cepcin antes de que sea viable. En el periodo estudiado muchos abortos y
partos dificultosos eran causados, segn las creencias de entonces, por las
constituciones astrales, por el aire o por encontrarse en lugares muy frescos.
32 Real Orden sobre la prctica de la operacin cesrea en mujeres que han fallecido, Copia
del original expedido en Aranjuez el 13 de abril de 1804, Mxico, 1804, pg. 2.
33 Icaza, A. y Luna, C.: Historia de la cesrea en Mxico, Revista de la Facultad de
Medicina, t. VIII, Mxico, 1996, pg. 503.
EL EMBARAZO Y EL PARTO EN EL MXICO VIRREINAL
Tomo LVII, 2, 2000
515
En la sociedad novohispana el aborto intencionado era fuertemente
sancionado. La partera o cualquier otra persona que aconsejara o coopera-
ra de algn modo al aborto, pecaba mortalmente, aunque la criatura ya
hubiera fallecido. La muerte de la criatura se poda pronosticar tomando en
cuenta diversos sntomas: ...las molas carnosas que en la preez se hubie-
ran arrojado, el color del rostro roxo, mudado repentinamente en aploma-
do, la inflamacin de las partes naturales, y convulsin, que sobrevienen
el excito; y las enfermedades agudas que son causas del mal parto, y traen
alguna erupcin de sangre, como la disentera, pulmona, dolor de costa-
do, etc..
34
Obligacin de la partera era alejar a la mujer embarazada de tan per-
versa intencin, hacindole saber las penas que ello traera; si por s misma
no poda hacer algo, deba avisar secretamente al cura para que intervinie-
ra y lo evitara. Entre las lecturas que se recomendaban a las parteras, esta-
ba el libro ya citado de Cangiamila, a travs del cual se combata la prcti-
ca del aborto, que no se justificaba en ningn caso, ni por vengenza, temor
o miseria. Creencia generalizada fue la de que si despus del aborto vena
una epilepsia, indicaba que el aborto haba sido provocado intencional-
mente. Asimismo las parteras tenan la obligacin de advertir a las mujeres
embarazadas que el abuso de las relaciones sexuales durante el embarazo
podra provocar un aborto. Entre los signos que antecedan a ste, cabe citar
los dolores en el vientre, acompaados de algn fro u horripilacin, repen-
tino flujo de sangre o de agua y debilitamiento del cuerpo.
Se recomendaba a las parteras que si la criatura abortada estaba viva
y bien formada, se deba bautizar sin condicin alguna; si estaba viva pero
mal formada, el bautizo se hara, como ya se ha mencionado, bajo la con-
dicin si eres capaz, en virtud de que exista la duda en cuanto a saber si
tena alma racional, pues no se poda establecer el momento en que sta se
adquira, aunque se lleg a afirmar por parte de algunos mdicos que la ani-
macin se daba en el momento de la concepcin.
Los mtodos para evitar el aborto han sido de diversa ndole; en el
orden de lo supersticioso cabe mencionar el uso de las piedras preciosas,
como se haca en la antigedad; en lo religioso, la costumbre de llevar esca-
pularios o cordones de hbito alrededor del vientre y, de carcter profano,
ahora s con algn fundamento teraputico, el uso de la herbolaria, como se
haca en la Nueva Espaa.
34 Venegas: Compendio de pgs. 3-4.
MARTHA EUGENIA RODRGUEZ
Anuario de Estudios Americanos
516
La profesin de partera
Tanto en la poca prehispnica como en el periodo virreinal el ejerci-
cio de la obstetricia estuvo prcticamente en manos de especialistas de sexo
femenino, es decir, de las parteras, no obstante que quienes estaban legal-
mente autorizados para el ejercicio de la profesin eran los cirujanos
romancistas, denominados as porque no haban cursado estudio alguno.
Francisco Flores
35
sostiene que la educacin obsttrica empez en la Nueva
Espaa con la fundacin del Real Colegio de Ciruga en 1768, dirigindo-
se a los cirujanos romancistas. En opinin de Nicols Len, no se imparta
dicha enseanza. Por nuestra parte, nos inclinamos a decir que se comenz
a ensear en el Real Colegio de Ciruga a partir de 1804, de acuerdo con la
real ordenanza que hemos citado. Pero no obstante que el cirujano roman-
cista era la persona autorizada por el Real Tribunal del Protomedicato para
ejercer la obstetricia, en la prctica eran las parteras quienes ejercan dicha
profesin. Creemos que fue hasta principios del siglo XIX cuando el ciru-
jano empez a intervenir en esta tarea. De acuerdo a Nicols Len no hay
noticia de que alguno de los clebres mdicos que ejercieron la medicina
en los siglos XVI y XVII se hubiera dedicado al ejercicio de la obstetricia,
afirmando que los cirujanos mismos parece que desdearon el ocuparse de
ello. Respecto al siglo XIX habla de dos cirujanos hbiles en el arte de la
obstetricia: Francisco Montes de Oca y Jos Miguel Muoz.
Al igual que los barberos, boticarios, algebistas, hernistas y otros pro-
fesionales, las parteras tampoco estaban obligadas a hacer estudios. Su pre-
paracin era de manera emprica, al lado de una comadrona bien habilitada.
Asimismo, muchos de los conocimientos de las parteras venan de su propia
experiencia, de los embarazos que hubieran tenido. Slo la prctica de la
especialidad era necesaria para que las parteras fuesen reconocidas por la
sociedad en general, y de alguna manera tambin por el Real Tribunal del
Protomedicato, organismo encargado de vigilar el ejercicio de la medicina.
Esta institucin autorizaba la actividad de la partera, pero con ciertas restric-
ciones. En los dos primeros siglos del periodo virreinal no hubo disposicin
alguna que mejorara la enseanza de la obstetricia o que estableciera ex-
menes especiales, a fin de dar garanta a las pacientes de la aptitud de los
que ejercan la profesin. Las parteras no tenan establecimiento en donde
35 Flores, Francisco: Historia de la medicina en Mxico desde la poca de los indios hasta la
presente, (edicin facsimilar), t. 2, Mxico, 1982, pg. 470.
EL EMBARAZO Y EL PARTO EN EL MXICO VIRREINAL
Tomo LVII, 2, 2000
517
aprender: su oficio era hereditario; el ejercicio de la obstetricia lo practica-
ban las mujeres que se consideraban experimentadas en el arte de los partos.
A partir de la segunda mitad del siglo XVIII la alta mortalidad
materno-infantil es denunciada por mucha gente e inquieta a los pases
europeos, de aqu que sus gobernantes fijaran como objetivo prioritario la
formacin de la partera. En Francia se generaliz la preocupacin de que
la mortalidad, debida a la ignorancia de las comadronas, podra causar el
despoblamiento de la nacin.
36
Estas ideas ocasionaron que se multiplicara
la literatura obsttrica, inclusive en Espaa, y por ende, en Nueva Espaa,
de aqu que para mediados de la centuria ilustrada la fuente de adiestra-
miento de las parteras no fuera slo el ejercicio diario, sino tambin los
libros que llegaban de la Pennsula.
Para 1750, cuando la Corona espaola se preocup por el ejercicio de
las comadronas, el Rey Fernando VI mand que el Tribunal del Protomedi-
cato de la Nueva Espaa aplicara exmenes tericos y prcticos a las parte-
ras y les expidiera ttulos, y en caso de que no fueran aprobadas, quedaran
privadas con graves penas de ejercer su oficio. Para poder aspirar a un ttulo,
era necesario reunir varios requisitos: probar su limpieza de sangre y que
haban tenido un ejercicio de tres aos hecho con cirujano y partera aproba-
da, lo que demuestra que de alguna manera las parteras s eran reconocidas
por las autoridades, debido a que cumplan una funcin importante y
resolvan un problema social y de atencin mdica; por tanto, tenan que ser
toleradas, pues su prctica perme a todas las clases sociales.
Los mdicos estaban en desacuerdo con dejar el ejercicio de la obste-
tricia en manos de las parteras, dados los abusos que cometan y la supers-
ticin que envolva su prctica, pero tampoco lo retomaban, puesto que el
oficio de los partos es, como seala Glis
37
para la Francia del siglo XVIII,
y que bien se puede aplicar a otras regiones, el ms disgustoso, vil y degra-
dante de la ciruga. Agrega que la sangre vertida en el parto genera repul-
sin, pues no es la misma sangre que ven los cirujanos en una operacin.
La sangre del parto se consider impura, como la de la menstruacin, oca-
sionando entonces que el desprecio recayera sobre la persona que aceptaba
dar su ayuda en el momento del alumbramiento; sin embargo y pese a todo,
la partera cumpla con importantes funciones, salvar no slo la vida corpo-
ral de sus pacientes, sino tambin la espiritual.
36 Glis, J.: Sages-femmes et accoucheurs: lobsttrique populaire aux XVII et XVIII sie-
cles, Annales Economies, Socits, Civilisations, n. 5, Pars, 1977, pg. 938.
37 Ibdem, pg. 932.
MARTHA EUGENIA RODRGUEZ
Anuario de Estudios Americanos
518
Sobre la ignorancia y desprecio de las parteras, el mdico Jos
Ignacio Bartolache expresaba en 1772 por medio del peridico el Mercurio
Volante que:
A las Damas seglares quisiera ponderar cuan mal hacen en abandonarse en sus
preados y partos a la indiscrecin de las Parteras, sus Comadres, cuya maniobra no
tiene nada que ver con las licencias y facultades que esa gente se toma de ordinario
no sin grave dao de las pacientes. He notado en esto infinitos abusos de mucha con-
secuencia. Las personas que repugnaran un medicamento prescrito por un mdico
docto toman los brevajes ms absurdos y desatinados como sea de orden y mano de
las comadres. Qu diremos de los sacudimientos para poner la criatura en su lugar?
Porque no hablo ahora del misterioso bao que toman las paridas, maestreando las
ceremonias una viejecilla ignorante, y ridculamente supersticiosa. Esto es cosa de
risa. Hablemos claro, seoras: mientras no aprendieren estas mujeres la arte de par-
tear, escrita y perfeccionada hoy por hombres muy hbiles, es disparate fiarse de las
Comadres para otra cosa, que para recibir y baar la criatura y mudar ropa limpia a
la parida.
38
Cabe hacer notar que cuando Bartolache publicaba su peridico, a
pesar de que las parteras ya se examinaban, lo hacan sin tener estudio algu-
no. Respecto al misterioso bao a que se refiere Bartolache, es el temazcal
o bao de vapor, utilizado fundamentalmente en el postparto. Data de la
poca prehispnica y an hoy en da sigue utilizndose en ciertos grupos
indgenas. A travs de las fuentes se ha destacado su calidad teraputica,
higinica y ritual; purificaba por medio del fuego y del agua, curaba diver-
sas enfermedades y serva para que sanaren las recin paridas. A pesar de
que Bartolache se expresaba con desdn sobre el bao, fue ampliamente
reconocido por las autoridades gubernamentales. Para abrir un temazcal era
necesario contar con la autorizacin de la Junta de Polica y con una licen-
cia expedida por el virrey.
39
Durante muchos siglos los mdicos y cirujanos no se interesaron por
la obstetricia, pues se consider una actividad femenina; sin embargo, la
partera asume un papel sumiso ante el cirujano, mientras que ste se mues-
tra soberbio frente a la comadrona. Por su parte, la mujer embarazada fre-
cuentemente vea al cirujano con repugnancia y lo consideraba como un
verdugo, depositando toda su confianza en la comadrona, sin importar la
38 Bartolache, Jos Ignacio: Avisos acerca del mal histrico que llaman latido del mircoles
25 de noviembre de 1772, Mercurio Volante (1772-1773), Mxico, 1979, pg. 55.
39 Archivo Histrico del ExAyuntamiento de la Ciudad de Mxico (AHCM). Polica. Baos y
lavaderos, v. 3621, t. 1, exp. 2, 1792, fs. 8-9.
EL EMBARAZO Y EL PARTO EN EL MXICO VIRREINAL
Tomo LVII, 2, 2000
519
formacin que tuviera. En el siglo XVIII fue tema de discusin la ignoran-
cia de las parteras; hubo una acusacin unnime contra ellas,
40
no slo en
pases europeos como Francia y Espaa, sino tambin en la Nueva Espaa.
El lamentable estado de la obstetricia, la inexistencia de una formacin
slida para las comadronas, los nacimientos secretos y la supersticin que
prevaleca en el trabajo que realizaban, condujo a que los profesores de
medicina de la Real y Pontificia Universidad de Mxico pusieran de mani-
fiesto la necesidad de reformar la regulacin de las parteras. Por su parte,
el Tribunal del Protomedicato asentaba que entre los rudos artesanos no
haba tanta idiotez como entre las parteras.
41
A partir de la disposicin dada por Fernando VI, se empezaron a dar
instrucciones a las parteras. El 26 de mayo de 1793 el virrey Revillagigedo
mand al Real Tribunal del Protomedicato que previniese a los cirujanos,
mdicos y parteras que era su obligacin asistir al enfermo oportunamente
a la hora que se les llamara, de lo contrario se les aplicaran severas san-
ciones. Por otra parte, tambin a partir de la orden dada por Fernando VI,
el Tribunal del Protomedicato de la Metrpoli encarg al doctor Antonio
Medina que escribiera una Cartilla, a manera de preguntas y respuestas,
para instruir a las parteras, la cual fue publicada en Madrid el ao de 1750.
Su impresin en la Nueva Espaa se realiz en 1806. Dicha obra const de
cuatro secciones: 1) definiciones y cualidades fsicas y morales de una
comadre, 2) de la anatoma, 3) del estado de la preez y 4) del parto. La
enseanza del arte de parir deba fundarse en el conocimiento anatmico de
las partes de la generacin de la mujer. Se haca nfasis en que la matrona
deba saber
la constitucin de la pelvis huesosa, y de las partes situadas en el nfimo vientre. La
verdadera idea y conocimiento de estos huesos, de su figura, tamao y articulacin,
no la pueden conseguir las matrones por la sola explicacin y noticia que se les d en
los libros, y as es necesario que presencia de esqueleto, y de un Maestro Anatmico
lo pretendan, por ser el medio mas breve y eficaz para conseguirlo suficientemente.
42
Para el ejercicio de la obstetricia, el Real Tribunal del Protomedicato
orden ciertas limitantes a las parteras: no deban recetar medicamentos, no
podan hacer operacin de ninguna clase y en casos laboriosos tena que
40 Glis: Sages-femmes pg. 928.
41 Lanning, John Tate: The Royal Protomedicato. The Regulation of the Medical Professions
in the Spanish Empire, Durham, 1985, pg. 323.
42 Medina: Cartilla nueva pgs. 10-11.
MARTHA EUGENIA RODRGUEZ
Anuario de Estudios Americanos
520
acudir al mdico o al cirujano. Por su parte, Medina tambin insista en su
Cartilla que en los partos difciles las parteras deban acudir al cirujano.
Para la instruccin de las comadronas fueron varios los libros publi-
cados en el periodo estudiado. No obstante que ya han sido citados a lo lar-
go de este trabajo, cabe reunir aqu nuevamente los ttulos: el Padre Joseph
Manuel Rodrguez tradujo del italiano al espaol la obra de Francisco
Cangiamila bajo el ttulo de La caridad del sacerdote para con los nios
encerrados en el vientre de sus madres difuntas, el ao de 1773. Por su par-
te, Ignacio Segura, mdico de la Corte, public el libro Avisos saludables
a las parteras para el cumplimiento de su obligacin en 1775; igualmente,
con base en la obra de Francisco Cangiamila, en 1806 Antonio Medina,
tambin mdico de la Corte y examinador del Real Tribunal del
Protomedicato, public la obra Cartilla nueva til y necesaria para ins-
trurse las matronas que vulgarmente se llaman comadres, en el oficio de
partear. La publicacin de estas obras en la Nueva Espaa fue de gran tras-
cendencia dado que son evidencias de los primeros intentos para dar una
educacin a las parteras, que si bien debieron haber sido muy hbiles en
ciertos aspectos empricos como en el clculo del mes de la preez o en el
de la posicin del feto, les era necesario adquirir muchos conocimientos
ms, referentes, por ejemplo, a los principios fundamentales de la higiene
o al reconocimiento de los casos difciles, donde deban llamar al mdico.
Comentarios finales
Hemos sealado que en la sociedad novohispana el embarazo fue vis-
to como un proceso natural, de aqu que existiera el riesgo de que ste se
interrumpiera o de perder la vida durante el parto o de que ste se dificul-
tara, por lo que fue necesario valerse de ciertos recursos para evitar riesgos.
Las costumbres que existieron en torno al embarazo y al parto fueron muy
particulares a la ideologa de entonces, resultando del sincretismo de las
culturas indgena y europea. Muchas de las prcticas llevadas a cabo tanto
en el mbito de lo supersticioso, religioso o profano sobreviven hoy en da,
lo que refleja su continuidad histrica; indudablemente en todo ello la
sugestin juega un papel muy importante.
Fue hasta finales del Siglo de las Luces cuando en la Nueva Espaa la
prctica de la obstetricia pas por una serie de reformas, con base en las
innovaciones que en aquel entonces se estaban dando en la Metrpoli,
EL EMBARAZO Y EL PARTO EN EL MXICO VIRREINAL
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521
como la prctica de la operacin cesrea, la publicacin de libros especia-
lizados en el tema que se comenta, la instruccin de la obstetricia en el Real
Colegio de Ciruga y el reconocimiento oficial de las parteras por parte del
Real Tribunal del Protomedicato, hechos que sin duda alguna contribuye-
ron a enriquecer la especialidad.
Por otra parte, es necesario destacar la figura de la partera, cuyo ejerci-
cio de la profesin oscilaba entre lo legal y lo ilegal, dependiendo de los
recursos que utilizara. No contaba con una formacin acadmica, puesto
que no haba donde hacerla, pero se le toler por parte del Tribunal del Pro-
tomedicato debido a que en trminos prcticos resolva un problema de
salud, que hasta muy avanzado el virreinato fue desdeado por los mdicos
y cirujanos; durante muchos aos stos se limitaron a teorizar en manuales y
centraron su atencin en otras especialidades de la medicina. En aquel
entonces la partera ocup un lugar trascendente en el ejercicio de la obstetri-
cia. Sin embargo, conforme avanz el tiempo, la implantacin de los estu-
dios sistemticos, los avances de la ciruga y de la ciencia iran despojando a
la partera de la obstetricia, en favor de los cirujanos, con quienes se empeza-
ron a hacer innovaciones y a poner en prctica el uso de tcnicas nuevas. En
las grandes ciudades, el equipo moderno de las clnicas despoj totalmente
a las parteras de su trabajo, aunque hoy en da siguen aplicando su saber,
pero restringido a niveles socioeconmicos bajos y a zonas rurales.
MARTHA EUGENIA RODRGUEZ
Anuario de Estudios Americanos
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