De Las Cartas de San Maximiliano María Kolbe
De Las Cartas de San Maximiliano María Kolbe
De Las Cartas de San Maximiliano María Kolbe
(Gli scritti di Massimiliano Kolbe eroe di Oswiecim e beato della Chiesa, vol 1, Citt di Vita, Firenze 1975, pp 44-46. 113-114)
EL IDEAL DE LA VIDA APOSTLICA ES LA SALVACIN Y SANTIFICACIN DE LAS ALMAS.
Me llena de gozo, querido hermano, el celo que te anima en la propagacin de la gloria de Dios. En la actualidad se da una gravsima epidemia de indiferencia, que afecta, aunque de modo diverso, no slo a los laicos, sino tambin a los religiosos. Con todo, Dios es digno de una gloria infinita. Siendo nosotros pobres criaturas limitadas y, por tanto, incapaces de rendirle la gloria que l merece, esforcmonos, al menos, por contribuir, en cuanto podamos, a rendirle la mayor gloria posible. La gloria de Dios consiste en la salvacin de las almas, que Cristo ha redimido con el alto precio de su muerte en la cruz. La salvacin y la santificacin ms perfecta del mayor nmero de almas debe ser el ideal ms sublime de nuestra vida apostlica. Cul sea el mejor camino para rendir a Dios la mayor gloria posible y llevar a la santidad ms perfecta el mayor nmero de almas, Dios mismo lo conoce mejor que nosotros, porque l es omnisciente e infinitamente sabio. l, y slo l, Dios omnisciente, sabe lo que debemos hacer en cada momento para rendirle la mayor gloria posible. Y cmo nos manifiesta Dios su propia voluntad? Por medio de sus representantes en la tierra. La obediencia, y slo la santa obediencia, nos manifiesta con certeza la voluntad de Dios. Los superiores pueden equivocarse, pero nosotros obedeciendo no nos equivocamos nunca. Se da una excepcin: cuando el superior manda algo que con toda claridad y sin ninguna duda es pecado, aunque ste sea insignificante; porque en este caso el superior no sera el representante de Dios. Dios, y solamente Dios infinito, infalible, santsimo y clemente, es nuestro Seor, nuestro creador y Padre, principio y fin, sabidura, poder y amor: todo. Todo lo que no sea l vale en tanto en cuanto se refiere a l, creador de todo, redentor de todos los hombres y fin ltimo de toda la creacin. Es l quien, por medio de sus representantes aqu en la tierra, nos revela su admirable voluntad, nos atrae hacia s, y quiere por medio nuestro atraer al mayor nmero posible de almas y unirlas a s del modo ms intimo y personal. Querido hermano, piensa qu grande es la dignidad de nuestra condicin por la misericordia de Dios. Por medio de la obediencia nosotros nos alzamos por encima de nuestra pequeez y podemos obrar conforme a la voluntad de Dios. Ms an: adhirindonos as a la divina voluntad, a la que no puede resistir ninguna criatura, nos hacemos ms fuertes que todas ellas. sta es nuestra grandeza; y no es todo: por medio de la obediencia nos convertimos en infinitamente poderosos. ste y slo ste es el camino de la sabidura y de la prudencia, y el modo de rendir a Dios la mayor gloria posible. Si existiese un camino distinto y mejor, Jess nos lo hubiera indicado con sus palabras y su ejemplo. Los treinta aos de su vida escondida son descritos as por la sagrada Escritura: Y les estaba sujeto. Igualmente, por lo que se refiere al resto de la vida toda de Jess,
leemos con frecuencia en la misma sagrada Escritura que l haba venido a la tierra para cumplir la voluntad del Padre. Amemos sin lmites a nuestro buen Padre: amor que se demuestra a travs de la obediencia y se ejercita sobre todo cuando nos pide el sacrificio de la propia voluntad. El libro ms bello y autntico donde se puede aprender y profundizar este amor es el Crucifijo. Y esto lo obtendremos mucho ms fcilmente de Dios por medio de la Inmaculada, porque a ella ha confiado Dios toda la economa de la misericordia. La voluntad de Mara, no hay duda alguna, es la voluntad del mismo Dios. Nosotros, por tanto, consagrndonos a ella, somos tambin como ella, en las manos de Dios, instrumentos de su divina misericordia. Dejmonos guiar por Mara; dejmonos llevar por ella, y estaremos bajo su direccin tranquilos y seguros: ella se ocupar de todo y proveer a todas nuestras necesidades, tanto del alma como del cuerpo; ella misma remover las dificultades y angustias nuestras.