TP Revolución Francesa

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Alumnos: ______________________________ Curso: 3°3ª

Trabajo Práctico: Revolución Francesa

1. Completen en la hoja el siguiente esquema sintetizando las causas de la Revolución Francesa:

Causas

Políticas Económicas Sociales Ideológicas

2. Expliquen que representa la siguiente imagen:

3. Lean el texto “Un día en la vida de Odette” , que se encuentra al final del trabajo, y respondan:
a) ¿Quiénes son los personajes, principales y secundarios, de la narración? Identifiquen a cuál de los tres
estamentos pertenece cada uno de ellos.
b) ¿Cuál es la situación de cada estamento según el relato de Odette? ¿Cómo es la relación entre ellos?
c) Según Odette, ¿por qué se produce la Revolución?
d) ¿Qué era la Bastilla? ¿Por qué el pueblo la asalta? Mencionen las consecuencias de este asalto.
e) ¿Por qué Odette se preocupa por su abuela?

4. Observen la siguiente imagen. Luego indiquen:


a) ¿Qué se muestra en ella?
b) ¿Durante que gobierno revolucionario se produce?
c) ¿Qué características tuvo esa etapa de la revolución?
5. Fundamenten las siguientes afirmaciones:
a) El Código Napoleónico no estableció libertades para todos.
b) El Bloqueo continental perjudico a Gran Bretaña.
c) La invasión de Napoleón a España tuvo consecuencias para las colonias Americanas.

6. Completen el siguiente cuadro sobre las Etapas de la Revolución:

Etapa Forma de gobierno Acontecimientos Relevantes


1787-1789

1789-1791

1792-1794

1795-1799

1799-1815

Un día en la vida de Odette, hija de la Revolución Francesa

“Abuela, te contaré todo desde el día en que se reunieron los Estados Generales. La noche anterior, papá nos
reunió a Pierre, a Nicole y a mí y nos contó que el rey los había convocado para hacer frente a la crisis de hambre,
pobreza y descontento que hay en Francia. Yo no sé si tú en el campo has tenido problemas para alimentarte; pero
lo que es aquí en París es casi imposible encontrar harina. Mamá tiene que hacer colas durante horas para conseguir
apenas unos gramos y pagar carísimo.

El día de los Estados Generales salimos a la calle a ver a los diputados que se dirigían hacia Versalles. Nunca me
voy a poder olvidar de esos doscientos diputados vestidos enteros de negro que representaban al Tercer Estado, a
nosotros; ¡al pueblo! [...] Tras los diputados venían los nobles, tan elegantes, vestidos con encajes, sombreros con
plumas y trajes orillados en oro. A su paso, las voces que habían vivado a los diputados del pueblo
se silenciaron abruptamente. Tampoco hubo aclamaciones para los hombres de la Iglesia que los seguían.

Después, mis hermanos y yo acompañamos a mamá a la casa de la marquesa de Chambord a entregarle un


vestido. Cuando llegamos [...] nos abrió un lacayo con librea de terciopelo verde y nos hizo pasar hasta el salón, [...]
las paredes estaban cubiertas de un género carmesí y sobre ellas colgaban tapices con escenas de caza. Los espejos
sobre las tres chimeneas multiplicaban la estancia y, aunque eran las tres de la tarde, los candelabros estaban
encendidos. ¿Te das cuenta el despilfarro? [...] La marquesa vestía un traje de raso azulino orlado de encajes de color
crema. Su peinado era alto, con un voluminoso moño hecho de cientos de bucles. Mamá le entregó el vestido y la
mujer, en lugar de pagar, se quejó por el atraso.

–Perdone, señora marquesa –dijo mi mamá turbada– pero en estos días es tan difícil conseguir los hilos... Además no
sabe usted el tiempo que pierdo en hacer colas para conseguir alimentos.

La marquesa hizo como que no escuchaba y nos ofreció unos pancitos de anís [...]; por lo demás, ni siguiera
pagó por el vestido y le dijo que volviera después.

¿Te acuerdas cuando los curas y los nobles no quisieron juntarse con el pueblo en los Estados Generales y el
Tercer Estado se constituyó en Asamblea Nacional? Bueno, sucedió que los representantes del Tercer Estado juraron
solemnemente “no separarse más hasta que la Constitución sea establecida y fundamentada”. Mi papá
me dijo que desde ese momento el rey tendría que gobernar con la Asamblea Nacional.
El domingo 12 de julio, cuando se supo que el rey había echado a Necker2, su ministro de Finanzas. Mi papá
y sus amigos comentaban que Necker nos defendía y que sin él los pobres iban a tener aún menos pan y aún
más impuestos. Desde ese momento, la gente comenzó a salir a la calle al grito de: ‘¡A las armas, patriotas!’.

Esa noche, cuando papá volvió de su trabajo en el taller estaba magullado y corría un hilo de sangre por su frente.
Nos contó que venía por las Tullerías cuando vio que una multitud se agolpaba en torno a un diputado del Tercer
Estado que arengaba al pueblo diciendo: ‘Necker ha sido despedido, no podemos esperar más: ¡tenemos que
recurrir a las armas!’. Estaba en medio del discurso cuando una tropa de soldados a caballo irrumpió en el lugar y se
abalanzó sobre la multitud, hiriendo a muchos. Mi papá se despertó tirado en el suelo.

Esa noche varias personas llegaron a nuestra casa a prevenirnos: se decía que el rey y los nobles se aliarían para
masacrar al pueblo. Y nos contaron que los parisinos, para defenderse, estaban saqueando todos los depósitos de
armas de la ciudad.
Esa noche Marie vino a buscarme y me dijo que su padre y hermanos mayores habían partido a Los Inválidos, al igual
que mi padre, y me propuso que los siguiéramos. Y cuando las campanas de la iglesia dieron las seis de la mañana,
Marie y yo nos encontramos en medio de una enorme muchedumbre. El pueblo se agolpaba frente a Los Inválidos.
Algunos ciudadanos distribuían fusiles; otros tenían cañones. Se empezaron a oír voces que gritaban ‘A La Bastilla, a
buscar pólvora para nuestros cañones’. El sol estaba en lo alto cuando el tumulto llegó frente a los torreones de La
Bastilla, que contenía los arsenales de pólvora. Un viejo de barba anunció a voz en cuello: ‘–El gobernador se niega a
bajar el puente’.

Entonces se escuchó un terrible estruendo: el primer piquete de hombres había cortado a golpes de hacha las
cadenas del puente. Una oleada de hombres se abalanzó a cruzarlo. Y en ese momento los primeros disparos
salieron desde la fortaleza. ¡Ay, abuela: los heridos y los muertos comenzaron a caer! Un estallido de cañones
terminó por abatir las últimas puertas de La Bastilla y la fortaleza fue invadida. Parecía que todo París hubiera
entrado en La Bastilla. En ese momento corrimos hasta llegar a casa. Papá volvió muy tarde, estaba pálido y sucio y
nos dijo: ‘–Cayó La Bastilla. He visto la cabeza del gobernador en la punta de una bayoneta’.
Los días que siguieron nos asustamos mucho por ti. Llegaron noticias de que bandas de malhechores robaban en los
campos; quemaban y saqueaban todo a su paso. También supimos de campesinos que incendiaron los castillos y de
muchos muertos. Días después mi padre dijo que íbamos a celebrar porque ahora todos éramos libres e iguales. Así
lo decían las primeras palabras de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano que proclamó
solemnemente la Asamblea Nacional.

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