Publicacion Ocasional 62 2012-Piuquenes
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CAVERNA PIUQUENES:
APROXIMACIONES A LAS ADAPTACIONES HUMANAS
AL MEDIO CORDILLERANO DEL ACONCAGUA.
PLEISTOCENO TARDÍO AL HOLOCENO MEDIO (11.500-7.000 AP).
CAVERNA PIUQUENES:
APROXIMACIONES A LAS ADAPTACIONES HUMANAS
AL MEDIO CORDILLERANO DEL ACONCAGUA.
PLEISTOCENO TARDÍO AL HOLOCENO MEDIO (11.500-7.000 AP).
Referencia Bibliográfica
Stehberg, R., J.F. Blanco, R. Labarca, G. Rojas, E. Aspillaga y C. Belmar. 2012. Caverna
Piuquenes: aproximaciones a las adaptaciones humanas al medio cordillerano del
Aconcagua Pleistoceno Tardío al Holoceno Medio (11.500-7.000). Publicación Ocasional
del Museo Nacional de Historia Natural, Chile, 62: 7-217.
Este volumen está disponible para su distribución en formato pdf en disco compacto.
Director
Claudio Gómez Papic
Director del Museo Nacional de Historia Natural
Editor
Herman Núñez
Comité Editor
Pedro Báez R.
Mario Elgueta D.
CAVERNA PIUQUENES:
APROXIMACIONES A LAS ADAPTACIONES HUMANAS
AL MEDIO CORDILLERANO DEL ACONCAGUA.
PLEISTOCENO TARDÍO AL HOLOCENO MEDIO (11.500-7.000 AP)
RESUMEN
Palabras claves: Piuquenes, cazadores-recolectores, adaptación humana, cordillera, Aconcagua, Chile Cen-
tral, Período Arcaico, Pleistoceno Tardío, Holoceno Temprano.
ABSTRACT
Detailed results of the excavations and laboratory tests obtained from the cave suggest the presence of
four cultural components. The most ancient, Component 1, was composed by mountain explorers
hunting viscachas and guanacos between 11,670 BP and 10,240 BP probably using traps and spear-
thrower hooks, respectively. Component 2, represented populations settling and colonizing seasonally
and periodically –as required by the harsh mountain conditions- the Aconcagua area of the Andes, 9,440
BP and 9,530 BP. The fauna captured was characterized primarily by camelids, hunted by spears with
peduncled arrow projectile tips made out of lutita, rocky material extracted from a quarry located several
kilometers from the site. Component 3, consisted of hunter-gatherer groups around 7,890 BP, who
entered the valley in search for camelids, hunting with flat or convex base triangular tips and smooth
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borders, made out of rocks found at the cave’s surroundings. The Component 4, belonged to groups that
visited the cave between 7,170 BP. (strata 8) til 6,730 BP. (Strata 2) with an average dating of 6.870 BP.
(strata 5). They used the cave as a hunting camp in order to hunt vizcachas and guanacos using triangular
flat or convex based projectile tips with denticulate borders, elaborated from rocks gathered from the
surroundings. Finally, a large avalanche around 7,200 BP ended the 6,000 years of settlement and
occupation of the cave, burying remains until 1995, when they were casually found by road workers from
División Andina of CODELCO Chile.
Key Words. Piuquenes, hunter-gatherers, human adaptation, high mountain, Aconcagua, Central Chile,
Archaic period, Late Pleistocene, Early Holocene.
INTRODUCCION
A fines del año 1995, durante faenas de ampliación del camino industrial de la empresa minera División
Andina de CODELCO Chile, en un sector montañoso del río Blanco en el área del río Juncal (tributario mayor
del Aconcagua), quedaron al descubierto osamentas humanas al interior de una caverna, hasta entonces
sepultada por un derrumbe (Figuras 1 y 2). Inicialmente se pensó que podría tratarse de restos sub-actuales
por lo que se dio aviso a la Policía de Investigaciones para que analizara el caso. Considerando la posibilidad
de una antigüedad mayor la empresa solicitó, además, la presencia de un arqueólogo.
El lugar presentaba un corte vertical de cinco metros de altura que se elevaba por sobre el piso abierto
por la máquina retroexcavadora. Este depósito se caracterizaba por presentar una marcada estratigrafía
horizontal con una sucesión de restos de ocupaciones humanas (carbón, material lítico y óseo) prácticamen-
te a lo largo de toda su extensión, separadas por estratos limosos estériles. Ello lo convertía en un sitio con
elevado potencial estratigráfico y con una gran capacidad de proporcionar información sobre la historia de
la ocupación humana y el medio ambiente en la montaña durante un período de tiempo aun por precisar.
Con el fin de resguardar el sitio, División Andina cerró el lugar, comunicó de este hallazgo al
Consejo de Monumentos Nacionales y solicitó al Museo Nacional de Historia Natural, que designara un
especialista para efectuar un estudio preliminar que diera cuenta de la antigüedad e importancia científica del
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Caverna Piuquenes
FIGURA 2. Vista del valle del río Blanco y camino industrial de División Andina. A la izquierda el lugar del
hallazgo.
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personas que lo habitaron se mantuvieron como sociedades con una economía basada -con distintos mati-
ces- en la caza y la recolección. La primera aproximación sistemática a la lógica de los circuitos de movilidad
precerámicos en el área andina fue, precisamente, la misma que introdujo el concepto de patrones de asenta-
miento en arqueología, la investigación de Willey (1953, 1968) en el Valle del Virú, en la costa norte de Perú,
durante la década de los cincuenta. Desde entonces, gran parte de la investigación a nivel macro espacial,
se ha focalizado en la descripción y explicación de dichos patrones
Las primeras investigaciones empezaron en la década de los setenta, a partir de la presencia de
sitios de montaña tales como Caletón Los Queltehues, un alero situado en un bloque errático en el curso alto
del río Maipo, con evidencias de ocupación desde el período arcaico al agroalfarero. A partir de las observa-
ciones realizadas en este sitio, Madrid (1974-1975, 1977 y 1983), propuso la existencia de una modalidad de
utilización del espacio interior cordillerano que no dependía de una movilidad amplia, suponiendo la conti-
nuidad de esta práctica hasta tiempos tardíos, posición teórica que ha sido descrita como “panandina” por
Cornejo y Simonetti (1997-98). Este yacimiento fue fechado por Cornejo y Sanhueza (2003) entre 6.200 y 1.300
AP (citado por Galarce 2004a). Ver también Saavedra y Vera (1998).
En los inicios de la década de los ochenta, Stehberg (1980), en una propuesta calificada por los
autores anteriores como “ecológico-cultural”, sostuvo la existencia de una población cordillerana que
aprovecharía recursos presentes en distintos pisos altitudinales, con un modo de vida y movilidad depen-
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Caverna Piuquenes
diente de ellos y de la estacionalidad de los recursos disponibles en cada uno de estos pisos, visión en la
cual sería posible la subsistencia de poblaciones en el medio cordillerano durante todo el año.
Más tarde, Cornejo y Simonetti (1991, 1992 y 1997-98), en una explicación caracterizada como
sustantiva es decir, fundada sobre el reconocimiento de que no es apropiado aplicar lógicas económicas
formales occidentales a la caracterización de sociedades que no lo son (Las bases de esta objeción pueden
encontrarse en Polanyi 1974 y Rendueles 2004) propusieron que las distintas poblaciones que ocuparon el
espacio cordillerano de Chile central, tomaron sus decisiones de asentamiento, de acuerdo a criterios solo
objetivables a nivel local, en una aproximación calificada por sus proponentes como “localista”. Este marco
teórico, asociado fuertemente al materialismo histórico –y con cierto grado de paradoja, considerando su
constitución occidental-, ha sido el que mayores resultados ha aportado a la descripción y comprensión de
las ocupaciones cordilleranas del área (Cornejo et al. 1998).
Otra propuesta conceptual relativa la espacialidad de las ocupaciones arcaicas de Chile central,
aunque sólo para los momentos previos a la aparición de economías agroalfareras en valles bajos, fue la de
Hermosilla et al. (1997-1998) quienes, sobre la base de los trabajos de Jochim (1976) y Thomas (1985 y 1989),
introdujeron la noción de “ocupación de áreas marginales”, concepto que opone estos espacios a lo que
podríamos denominar áreas nucleares o centrales, aproximación que puede ser clasificada como cercana a la
propuesta analítica de sistemas de “centro-periferia”, aunque por su énfasis en la explicación de registros a
través del concepto “marginal”, la denominaremos del mismo modo.
Stehberg y Dillehay (1988), por su parte, en una síntesis no explícita de los esquemas conceptuales
“ecológico-cultural”, “localista” y “marginal” y derivando a una propuesta ecológica más restrictiva,
propusieron para el uso del espacio de valles intermedios y rinconadas, que las sociedades humanas tendie-
ron al asentamiento en aquellas locaciones con acceso a la mayor cantidad de recursos de nichos ecológicos
distintos, particularmente, en los espacios definidos como “ecotonales”. Esta idea ha sido empleada como
modelo explicativo en distintas ocasiones, particularmente en la arqueología del ecotono bosque-pampa en
Chile austral (ver p.e. Reyes et al. 2006, Méndez y Reyes 2006, por citar sólo los casos más recientes).
Definiremos operacionalmente a esta alternativa como “ecotonal”. Respecto de esta última, cabe notar que
el uso arqueológico de este concepto en particular había sido criticado ya en la década de los setenta, a
nuestro entender con argumentos atendibles, por Rhoades (1978).
Para la vertiente oriental de la cordillera de los Andes es posible discriminar enfoques teóricos más
homogéneos y con una orientación fuerte a la ecología evolutiva para explicar y describir la actividad
humana en espacios comparables, particularmente para los registros más tempranos. Si bien este grupo de
investigadores comparte muchos de los conceptos empleados en los desarrollos biogeográficos patagónicos,
denominaremos a este enfoque, tomando en cuenta la diversidad de interpretaciones presentes y agrupando
a varios autores, enfoque “adaptativo”. Para una discusión más extensa y detallada de los enfoques
teóricos de esta región recomendamos a Neme (2002) y García (2003).
El presente estudio adhiere a otra perspectiva interpretativa del uso humano del espacio cordillerano
y sus recursos a través del tiempo, de una escala menor a la “panandina” y mayor que la “localista”, y que
puede subsumir los marcos interpretativos “ecológico-cultural”, “marginal”, “ecotonal” y “adaptativo”.
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Esta perspectiva se inscribe dentro de una escala regional y corresponde a la opción “biogeográfica”,
aproximación que ha sido empleada con resultados positivos en Patagonia por Borrero (1989-90), Franco
(2002) y por Barberena (2008). Creemos que esta lógica analítico-conceptual, es la más apropiada para
establecer los marcos de referencia mayores para la comprensión de la diversidad en las soluciones locales
dadas en el proceso de poblamiento de este espacio. El registro de caverna Piuquenes, dada su extensión y
detalle, es el ideal para la evaluación desde una perspectiva diacrónica de algunos aspectos planteados por
este marco teórico
La primera proposición que conocemos del marco biogeográfico aplicado a la arqueología, aunque
referido al estudio de adaptaciones humanas a medio ambientes desérticos es la de Yellen (1977), quien
emplea la hipótesis de estabilidad temporal en la evaluación de su caso arqueológico, implicando que mien-
tras más estable y mas inalterado se mantenga un ambiente, mayor cantidad de especies éste contendrá. Un
concepto clave en esta propuesta es el de stress, el que se encuentra relacionado con las fluctuaciones y
predictibilidad de un sistema, respecto a lo cual se propone que: “De igual y probablemente mayor significancia
es la regularidad y predictibilidad de las fluctuaciones ambientales: cuando tales cambios son regulares y
predecibles, un organismo puede desarrollar formas genéticas, fisiológicas o conductuales para manejar
dichos cambios.” (Yellen 1977: 263; la traducción es nuestra).
En este sentido, sería “posible hablar de tasas de cambio a largo plazo en diferentes regiones
geográficas, para obtener una idea acerca de la amplitud, frecuencia y regularidad del cambio y para comparar
regiones sobre esa base. A la luz de esto, la mayor significancia de la hipótesis de estabilidad temporal
descansa en el hecho de que focaliza su atención en las formas en que los organismos reaccionan a las
fluctuaciones y periodicidades. La hipótesis les permite a los arqueólogos emplear variables independientes
en sus modelos tanto como los tipos de datos más disponibles para ellos.” (Yellen 1977: 272; la traducción es
nuestra). Cabe aquí comentar que esta noción es sólo aplicable a ambientes que poseen productividad
primaria. Excepciones notables lo constituyen algunos tipos de ambientes estables, de los cuales son
ejemplos señeros ciertos espacios de desierto de arreísmo absoluto del norte de Chile.
La noción de que la frecuencia e intensidad del cambio ambiental (puede tomarse como predictibilidad
y estabilidad) tienen relevancia para la adaptación de especies a los espacios, tiene consecuencias que
serán empleadas para la comprensión del cambio cultural en gran escala en numerosos trabajos posteriores,
de los cuales se analizarán algunos en los párrafos siguientes. Por supuesto también tiene implicaciones
para nuestro caso de estudio, como se verá a continuación.
Respecto de los procesos de ocupación humana de espacios sudamericanos, Borrero (1989-90) gene-
rará expectativas generales para el proceso de poblamiento de la Patagonia Austral, en el que se plantean a
los conjuntos ergológicos de cazadores recolectores del finipleistoceno como “trayectorias culturales”
cuyo desarrollo evolutivo será diferencial ante la presencia de barreras biogeográficas que motiven la esci-
sión forzosa de un población hasta entonces homogénea en sus características. Esta noción, implica que
dichos aspectos culturales se encuentran imbricados profundamente con las características de los espacios
que se ocupan, en las propias palabras de Borrero, el proceso de poblamiento “no debe ser visto como un
constante movimiento hacia el sur, sino como un flujo multidireccional, dependiendo de la jerarquía de
espacios disponibles en cada nueva expansión. El mecanismo debió combinar procesos de fisión de bandas
con los de ampliación de los radios de caza” (Borrero 1990: 133).
Según este autor, para el proceso de ocupación de un espacio cualquiera es posible formular tres
fases, a saber: a) de exploración, b) de colonización y c) de ocupación efectiva. Estas tres fases difieren en
sus características mostrando algunas diferencias de distribución espacial y de visibilidad y resolución de
los registros, relacionadas –fundamentalmente-con la anticipación de los usuarios de dicho espacio de las
condiciones en que deberá desenvolverse.
Es precisamente esta idea la que ha sido extendida y reformulada por Franco (2002), utilizando
como indicadores de este proceso de cambio el diseño de los artefactos líticos y la selección de materias
primas empleadas en este proceso de ocupación de un espacio. Este planteamiento tiene como conceptos
centrales los enunciados por Nelson (1991), generando un diseño teórico de “kits tecnológicos” que consi-
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Caverna Piuquenes
dera las dos expectativas generales derivadas del modelo de Borrero: versatilidad y confección expeditiva
del material. Esta idea ha sido puesta a prueba en un artículo anterior (Blanco, Labarca, Stehberg 2012), que
incluye data para los otros contextos arcaicos cordilleranos conocidos (v.g. El Manzano I y Agua de la
Cueva).
En concordancia con la perspectiva biogeográfica mencionada, nuestra hipótesis de trabajo postu-
la que las ocupaciones humanas de caverna Piuquenes deben mostrar cambios adaptativos –al menos en lo
que a instrumental se refiere- en la medida que el espacio cordillerano va siendo mejor conocido por las
poblaciones de cazadores recolectores que lo ocupan sucesivamente. Estos cambios deberían manifestarse
al menos en la optimización del diseño de su instrumental, en el acceso a nuevas y mejores fuentes de
material lítico y en la intensificación en el uso de los recursos faunísticos y vegetales.
En consecuencia, nuestros objetivos serán describir las unidades crono-estratigráficas discretas de
ocupación humana; los conjuntos artefactuales por componente cultural; los recursos empleados en las
distintas unidades temporales y los restos óseos humanos, así como el análisis comparativo de los artefac-
tos tanto a nivel intrasitio como a escala regional. Por tanto, el principal resultado esperado de esta investi-
gación consistirá en la elaboración de una secuencia cultural para el período arcaico de Chile central, que
será confrontada y discutida con las secuencias disponibles de esta región.
Asimismo, como la perspectiva biogeográfica exige salir del sitio y adquirir conocimiento de las
distintas escalas espaciales en la que se desenvolvió la actividad humana, es necesario complementar la rica
información del sitio, con la existente en el área circundante tanto local (río Blanco), areal (cuenca alta del
Aconcagua) como regional (e.g. cuencas del Aconcagua, del Maipo y vertiente oriental de la cordillera de los
Andes). Por este motivo, un segundo objetivo consistió en la prospección inicial de los distintos ambientes
locales y sus ocupaciones humanas, cuyos primeros resultados se presentan en este volumen.
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Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
FIGURA 5. Izquierda. Vista del farellón rocoso y la falla geológica que originó la caverna. Al pie aparece el sitio y el
camino industrial. Derecha. Vista del sector exterior de la caverna, en donde se aprecia parte del talud que selló las
ocupaciones.
FIGURA 6. Levantamiento topográfico de caverna Piuquenes y alrededores, realizado por Hans Niemeyer F.
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Caverna Piuquenes
Aconcagua, a una altitud de 2.100 msnm (Figura 4). Se emplaza a 30 m de la margen oeste del río Blanco, en
la base de una ladera rocosa vertical constituida por lavas andesíticas (Figura 5). Está abierta al poniente y
su frente es atravesado actualmente por el camino industrial de la División Andina de CODELCO Chile
(Figura 6).
Los estudios geológicos realizados por Vargas (1997), indican que el valle del río Blanco se caracte-
riza por una morfología típicamente glacial, con desarrollo de laderas abruptas y escarpadas, una base con
pendiente de bastante inclinación (mayor a 5º) y por la presencia recurrente de depósitos sedimentarios de
origen glacial. Ejemplo de esto, es una morrena lateral (de orientación sur-norte) formada por un avance
glaciar desde el sector del estero Los Leones que ocluye parcialmente el lecho del río Blanco en el sector de
su confluencia. Las paredes de este valle están compuestas por lavas andesíticas, cuya característica de
baja competencia geotécnica, permite el desarrollo de rasgos de erosión.
El sector del hallazgo corresponde a una pequeña planicie limitada por las paredes del valle, de
aproximadamente 500 m de largo por 250 m de ancho. Presenta un relleno sedimentario compuesto en su
mayor parte de sedimentitas finas (limos y arcillas varvadas) de origen lacustre, cubiertas por depósitos de
piedemonte procedentes de las laderas del valle y cuyo origen es posterior. La interpretación fotogeológica
y estratigráfica del sector, muestra una gran avalancha proveniente de la pared noroeste del valle que, en
conjunto con la morrena lateral antes mencionada, ocluyó completamente el drenaje de los flujos glaciares
del valle del río Blanco, desencadenando la formación de una laguna periglaciar que favoreció la posterior
ocupación humana. Según un fechado radiocarbónico de los estratos basales de este cuerpo de agua, este
evento habría ocurrido cerca del 20.000 cal AP.
Otra laguna de características glaciares, desarrollada hacia las cabeceras del valle río Blanco, gene-
ró sedimentos similares a los descritos, los cuales fueron sometidos a una determinación de su edad median-
te el método isotópico C14, realizada por A. Skewes de la Universidad de Colorado, USA, resultando en una
data de aproximadamente 12.000 años (Vargas 1997).
La caverna se formó a partir de una falla de orientación ortogonal al valle (de rumbo 66º noreste y
manteo de 64º norte), que fue erosionada tanto por el cuerpo lagunar antes mencionado, como por agua
meteórica canalizada por ella. Vista en planta, el área de acceso y la caverna misma semejó un gran embudo
invertido, donde la boca tenía un ancho máximo de 20 m. La caverna propiamente tal ocupó la parte interior,
en este caso la porción que correspondería al cuello del embudo. Su dimensión real era desconocida puesto
que su costado norte y este estaba ocupado por el depósito cultural y su costado sur por escombros de
falda (Figura 5, derecha). En este sentido, un corte vertical a la altura de la línea de goteo de la caverna, indicó
que una parte importante de ésta se encontraba sepultada por el cono de deyección, alrededor de 30% o más.
El área despejada al momento de iniciar los trabajos arqueológicos mostró un ancho máximo de 10 m y 8 m de
profundidad, medidos desde la línea de goteo.
La composición de la columna estratigráfica del depósito consistió, principalmente, en arena fina a
gruesa de color pardo a gris claro, con buena selección, clasificación y baja compactación. Se encontraron
fragmentos angulares de tamaño variable hasta 3 cm y localizadamente bloques angulares de hasta 25 cm.
Los niveles arenosos se hallaron separados o delimitados por capas de material limo-arcilloso de color
blanquizco a pardo claro, algunos de estos con contenido orgánico. Este material habría sido depositado en
un régimen de aguas tranquilas en un ambiente lagunar.
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Flora actual
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Caverna Piuquenes
Naturalizado 6%
Nativo 51%
Endémico 43%
Leñosas 20%
Herbáceas 80%
Alimenticias
44%
No alimenticias
56%
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Fauna actual
Con relación a la fauna actual, la cuenca del río Blanco presenta una interesante variedad y diversidad
de taxa, muchos de los cuales se encuentran actualmente en peligro de extinción o amenaza (Pavez y Tala
1995). Debido a que los sectores altos (sobre los 3.000 msnm) aún se encuentran relativamente inexplorados,
muchos animales han encontrado en este sector un refugio natural donde desarrollarse.
Para el caso de los mamíferos, la mayor cantidad de taxones corresponde al orden Rodentia, ya que
se encuentran representados cuatro familias: Chinchillidae, Abrocomidae, Muridae y Octodontidae, con a lo
menos seis especies (Cuadro 1). De acuerdo a Contreras (2000), en el sector cordillerano y precordillerano de
Santiago, se han determinado otras tres especies no documentadas por Pavez y Tala (1995), correspondien-
tes a la familia Muridae, las que por su distribución geográfica, deberían registrarse en la zona. En el registro
zooarqueológico, además, fue determinado el cururo (Spalacopus cyanus) (Labarca 2005c), cuyo límite
distribucional en la actualidad alcanza hasta los 3.400 msnm (Muñoz-Pedreros 2000).
CUADRO 1. Roedores que habitan la cuenca del río Blanco. Se agregan aquellos taxa determinados en el sector
cordillerano y precordillerano de Santiago (*) y aquellos analizados en el registro arqueológico (**).
De todos los roedores listados, la vizcacha es, sin duda, el de mayor tamaño y peso (longitud
corporal 438,5 mm, aproximadamente, sin contar la cola (Jaksic y Yánez 1979); peso de hasta 2.000 g (Mann
1978). Es un animal herbívoro de hábitos diurnos, con actividad preferentemente al amanecer y atardecer.
Vive en grupos desde dos hasta varios cientos de individuos (Pearson 1948; Mann 1978; Muñoz-Pedreros
2000). El consumo de este roedor en tiempos prehistóricos ha quedado demostrado en sitios arqueológicos
afines a Piuquenes como El Manzano 1, en la cordillera de Chile central (Simonetti y Cornejo 1991).
El degú, por su parte, pesa alrededor de 183 g (Muñoz-Pedreros 2000) y presenta una longitud
corporal de 182,6 mm (Jaksic y Yánez 1979). Al igual que la vizcacha, este roedor habría sido consumido
desde ca. 4.400 AP en la cordillera de Chile central hasta tiempos históricos (Simonetti y Cornejo 1991).
El cururo es un roedor colonial de tamaño medio (80 – 120 g). Simonetti y Cornejo (1991), indican
que este roedor habría sido consumido durante el período Arcaico en aleros localizados en la cordillera de
Chile central.
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Caverna Piuquenes
El ratón chinchilla presenta un tamaño similar a una rata doméstica: longitud corporal 218,2 mm
(Jaksic y Yánez 1979) y 231 g (Iriarte et al. 1989). Excava galerías superficiales donde viven de dos a diez
individuos. Es un roedor eminentemente herbívoro. Existe evidencia arqueológica del consumo de este
roedor en aleros de Chile central (Simonetti y Cornejo 1991).
El lauchón orejudo de Darwin, es un roedor de tamaño medio (longitud total 180 – 220 mm; Muñoz-
Pedreros 2000). Por su parte, Phyllotis xanthophygus, posee un tamaño mayor (longitud total 226 – 256 mm),
presenta costumbres similares a P. darwini. Habita diversos ambientes, llegando incluso a alturas cercanas
a los 5.000 msnm en el altiplano (Muñoz-Pedreros 2000).
La laucha olivácea presenta una dimensión total entre 144 y 179 mm. La laucha andina, por su parte,
es más pequeña que A. olivaceus (longitud total 133-156 mm, Muñoz-Pedreros 2000). Finalmente, el ratón
sedoso chinchilloide presenta dimensiones totales de entre 166 y 268 mm.
La yaca (Thylamys elegans) es el único marsupial presente en la zona. Posee un tamaño reducido (26
cm), correspondiendo la cola a casi la mitad de su longitud total.
Los mamíferos mayores son comparativamente más escasos. Aún cuando en la actualidad sólo se
ha advertido la presencia del zorro culpeo (Pseudalopex culpaeus), en el pasado se documentó (Pavez y Tala
1995) la presencia del guanaco (Lama guanicoe) y el puma (Puma concolor). De acuerdo a Contreras (2000),
en los sectores altos de Santiago, es posible advertir dos félidos más: la huiña (Oncifelis guigna) y el gato
andino (Oreailurus jacobitus).
En cuanto a las aves, el registro es abundante. De acuerdo a Pavez y Tala (1995), un total de 12
órdenes han sido documentados en la cuenca de río Blanco. La gran mayoría corresponde a taxa de hábitos
precordilleranos, cuyo límite distribucional se sitúa en torno a los 2.000 msnm, aún cuando se ha determinado
un buen número de especies que habitan hasta los 4.000 msnm (Jaramillo 2005; Aguirre y Egli 2004 y Pavez
y Tala 1995) (Cuadro 2).
CUADRO 2. Aves de la precordillera y cordillera de Chile central (sobre 1.500 msnm). Se indican aquellas especies
que habitan por sobre los 2.000 msnm (*). Datos de Araya et al. (1998), Jaramillo (2005) y Aguirre y Egli (2004).
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Cuadro 2. Cont.
Orden Especie Nombre Común
Passeriformes Geositta rufipenis Minero cordillerano
Upucerthia dumetaria Bandurria
Chilia melanura* Chiricoca
Cinclodes spp. Churrete
Leptasthenura aegithaloides Tijeral
Anairetes parulus Cachudito
Asthenes spp. Canastero
Elaenia albiceps Fiofio
Phrygilus spp.* Cometocino
Tachycineta meyeni Golondrina chilena
Pygochelidon cyanoleuca.* Golondrina de dorso negro
Pteroptochos megapodius* Turca
Scelorchilus albicollis Tapaculo
Scytalopus magellanicus Churrín
Agriornis spp. Mero
Pyrope pyrope Diucón
Muscisaxicola spp. Dormilona
Diuca diuca Diuca
Bubo magellanicus* Tucúquere
Athene cunicularia Pequén
Carduelis barbata.* Jilguero
Sturnella loyca Loica
Troglodytes musculus* Chercán
Zonotrichia capenisis* Chincol
Nothoprocta perdicaria Perdiz
Glaucidium nanum Chuncho
Molothrus bonariensis Loica
Phytotoma rara Rara
Zenaida auriculata Tórtola
Mimus thenca Tenca
Según antecedentes proporcionados por los geólogos de División Andina, Ricardo Vargas, Michel
Galeb y Sergio Pichot (Comunicación personal, 21.02.1997) hacia el 8.000 AP comenzó un evento glaciar en
la Mina Sur Sur (4.000 msnm) que se habría extendido hasta el 5.000 AP. El geólogo Elso Aguilar obtuvo la
fecha a partir de un sedimento orgánico extraído de este sector. El glaciar habría avanzado hasta cerca de
caverna Piuquenes. Durante este período frío habrían ocurrido avalanchas importantes, tales como la que
puede observarse actualmente frente a la caverna y como la que sepultó a ésta caverna hace casi 7.000 años
atrás.
Antes y después de esta etapa fría (10.000 – 8.000 AP y 5.000 AP en adelante) el clima fue más
benigno. Galeb sostiene que entre el 10.000 y el 8.000 AP, las ocupaciones humanas pudieron ser más
permanentes que entre el 8.000 y el 5.000 AP por las condiciones más rigurosas del clima.
Este esquema se ajusta a las grandes tendencias paleoclimáticas del hemisferio sur que muestran
condiciones prevalecientes de temperadas a frías y húmedas entre 15.000 y 11.000 cal. AP, seguidas por una
fase muy seca y calurosa entre el 11.000 y 7.600 cal. AP, seguida de un evento frío con incrementos en las
precipitaciones hasta alcanzar su cúlmine alrededor de 5.000 ca. AP. Las condiciones modernas se estable-
cen alrededor de 4.800 cal. AP, luego de una fase cálida y seca entre 2.900 y 1.800 cal. AP (Moreno 2004).
De acuerdo a la síntesis paleoambiental proporcionada por García et al. (1999) y Zárate et al. (1977),
en el valle del río Mendoza, en el flanco este de la Cordillera Principal y la Cordillera Frontal, se reconocieron
18
Caverna Piuquenes
cinco avances glaciales durante el Pleistoceno y uno en el Holoceno. Los avances Horcones y Almacenes
fueron interpretados como los últimos estadios de la glaciación del Pleistoceno Tardío, entre el 14.000 y
10.000 AP. Para el flanco poniente de los Andes, a lo largo del río Aconcagua, Caviedes y Paskoff (1975)
identificaron tres avances glaciales principales. Estos avances fueron correlacionados por Espizúa (1993)
con las secuencias del río Mendoza, especificando que el sistema morrénico Portillo, con sus dos fases que
alcanzaron los 2.650 msnm, guardaban correspondencia con los avances glaciales de Horcones y Almace-
nes. La humedad de los glaciares del río Mendoza y los del río Aconcagua dependieron principalmente de
los vientos de dirección oeste. Otros autores plantearon que las oscilaciones glaciares de la región fueron
el reflejo de los cambios en la humedad provocadas por traslados de las direcciones del viento que soplaban
al oeste y que explicarían la oscilación de las condiciones climáticas de frío a más cálido durante los avances
y retrocesos glaciales Pleistocénicos.
Teniendo en cuenta esta secuencia global y su cronología, los autores recién mencionados deduje-
ron la correspondencia del avance Horcones con la máxima glaciación Llanquihue Reciente, mientras que el
avance Almacenes, representaría un reavance glaciar durante el episodio más frío posterior al 12.000 AP. Si
la glaciación Portillo alcanzó una altura de 2.650 msnm y su equivalente de Horcones y Almacenes avanzó
por el valle del río Mendoza, entonces la masa de hielo se pudo extender 40 km a través de Los Andes entre
el Máximo Glaciar Tardío y el 14.000 AP. Esta extensión de hielo a ambos lados de la cordillera debió ser
asimétrica: una masa continua habría cubierto el abrupto flanco chileno desde las altas cumbres hasta la cota
2.650 msnm, mientras que los extendidos valles del flanco oriental se habría caracterizado por una serie de
lenguas glaciares de extensión variable. Asimismo, la regresión glacial posiblemente no fue uniforme ni
sincrónica. Bajo estas condiciones, la apertura de corredores para migraciones humanas a través de los
Andes, pueden no haber sido simultáneas pero sí diacrónicas. Los primeros corredores pudieron abrirse
hacia el 13.000 AP. Posteriormente, las condiciones más frías del 12.000 al 10.000 AP cerraron o dificultaron
el paso.
Zárate (2002), supuso dos avances glaciales durante el Tardiglacial (14.000 AP hasta 10.000AP).
Uno de ellos se produjo entre el 11.000 AP y 10.000 AP, cuando las condiciones climáticas y ambientales del
río Mendoza, retornaron a las condiciones de glaciación con condiciones frías y más rigurosas. A partir de
ese momento y hasta los 9.000 y 8.000 AP, se habría producido un incremento de las temperaturas y el fin de
ciclos de congelamiento y derretimiento de períodos previos. Eso habría provocado un aumento estacional
en los caudalesfluviales, los cuales pudieron incrementarse por las precipitaciones de invierno en los Andes
centrales provocados por la influencia creciente de los vientos del oeste. Durante el Holoceno temprano
(10.000 AP a 8.000 AP), el área de Mendoza pasó a condiciones áridas y de mayor temperatura relacionada,
posiblemente, por una menor influencia del anticiclón del Pacífico que habría ocasionado una notoria dismi-
nución de las precipitaciones en los Andes centrales. En la fase siguiente, Holoceno medio (8.000 AP a 4.000
AP) se intensifican las condiciones climáticas áridas con un cúlmine entre los 7.300 AP y los 5.100 AP. A
partir de los 5.000 AP comenzarían a producirse condiciones de tipo El Ñiño, con condiciones climáticas más
cambiantes y diferentes en los distintos ambientes.
De acuerdo a los antecedentes expuestos, existió un clima frío representado por la glaciación Porti-
llo en Aconcagua y Horcones en río Mendoza, que impidieron el ingreso de grupos humanos y posiblemente
de fauna al río Blanco. En algún momento se habría producido una pequeña regresión que señalaría la
interfase con el siguiente avance glaciar Almacenes y con la segunda fase de la glaciación Portillo. Es
precisamente en este lapso que se produjo la primera ocupación humana de la caverna. Mas tarde, las
condiciones frías deben haber restringido el ingreso hasta la regresión de la glaciación Almacenes alrededor
del 10.000 AP donde se reconocieron las primeras evidencias humanas. A partir del 10.000 AP mejoraron
sustancialmente las condiciones climáticas por los próximos 2.000 años, lapso en que se produjo la ocupa-
ción más continua e intensa de la caverna.
Las ocupaciones humanas de caverna Piuquenes del 7.890 AP coincidieron con el comienzo de un
evento glacial local (reconocido por los geólogos en la mina Sur Sur de División Andina con una fecha de
8.000 AP aproximadamente a partir de material orgánico). Cabe notar que este avance glacial local de río
19
20
CUADRO 3. Condiciones ambientales y ocupaciones en Mendoza y Andes Centrales. Adaptado de Zárate (2002).
14
Años CAP. Cordillera Precordillera Piedemonte y llanura
0 Registro glacial Registro polínico Registro Registro Registro aluvial Registro eólico Registro
polínico + polínico Arroyo La Médanos lacustre
sedimentos Gruta del Estacada San Rafael/Alvear Salina del
Agua de la Indio Bebedero
Cueva
Holocen o Glaciar del Plomo Rio Salado: Vegetación Excavació n d e Pequeña Edad del
tardío Máximo avan ce Gramíneas de Monte cauces actuales Hielo: disburbios
Blanco no tuvo correlato en los cursos superiores de los ríos Aconcagua y Mendoza. Las últimas ocupacio-
nes de la caverna ocurrieron en pleno avance glaciar y coincidieron con la aparición de algunas caracterís-
ticas tecnológicas interesantes del material lítico.
Los análisis de polen realizados por Gloria Rojas al sedimento arcilloso procedente del depósito
paleolacustre que enfrenta la caverna (columna de 30 m de profundidad), mostraron los mismos taxa herbá-
ceos y arbustivos a lo largo de todo el perfil. Los taxa presentes sugirieron que la flora existente a lo largo
de estos miles de años fue de tipo precordillerano (Discaria trinervis, Escallonia y Kageneckia angustifolia),
con algunos netamente cordilleranos o de temperaturas muy bajas como Ephedra sp.
La cobertura vegetal no fue nunca muy abundante en este sector, y cuando apareció polen en mayor
cantidad pudo corresponder al período entre los 20.000 AP y los 16.000 AP., fecha coincidente con el proba-
ble derretimiento del glaciar. Asimismo, la ausencia de polen entre los 4 m y 10 m de profundidad de la
columna evidenciaron una época de avance glacial o de mucho frío. Finalmente, los taxas presentes en los
dos últimos metros de la columna fueron típicos de lugares fríos y áridos, sugiriendo que las malas condicio-
nes ambientales se mantuvieron por un tiempo. Se concluyó que el paisaje de este sector, a lo largo de los
últimos 16.000 años, ha sido cordillerano correspondiente a la vegetación que hoy se observa en alturas
superiores a los 2.000 msnm.
MATERIAL Y MÉTODOS
A continuación se proporcionan por separado las metodologías empleadas en cada una de las especialida-
des que confluyeron en el estudio, empezando por la arqueología que sirvió de base para las otras discipli-
nas.
ACTIVIDADES DE TERRENO
Excavaciones
Con el objeto de determinar la importancia científica del depósito y su antigüedad, se decidió excavar
un corte que atravesara verticalmente toda la extensión del depósito. La idea era extraer muestras de cada
uno de los distintos estratos que conformaban la pared y trasladarlos a laboratorio para su correspondiente
análisis. Este trabajo se inició en enero de 1996 con la apertura de un corte vertical en la pared oriente del
depósito estratigráfico, denominado Corte 1 (Figura 10). Hacia los 3,5 m de profundidad apareció un gran
bloque rocoso que al ir aumentando en tamaño hacia el fondo del depósito, impidió continuar el trabajo cerca
de los 5,7 m.
A fin de completar la secuencia, se abrió en el mes de marzo siguiente un nuevo corte vertical (Corte
2) en la pared norte del mismo depósito, que permitió llegar al lecho rocoso del río Blanco (Figura 11). Como
resultado de lo anterior, los cortes quedaron perpendiculares entre sí, el primero mirando hacia el oeste
mientras que segundo enfrentaba el sur (Figura 12).
Gracias a la nítida separación de los estratos, producto de la presencia de capas limosas de origen
lacustre, fue posible excavar siguiendo la estratigrafía natural del depósito (Figura 13). No obstante, en
aquellos casos en que los estratos superaban los 10 cm de potencia, y para tener un mejor control sobre la
muestra, se excavó por niveles artificiales, individualizándolos con una letra a continuación del número de
estrato (por ejemplo, Estrato 10 a, 10 b). La separación por letras también se utilizó para diferenciar estratos
similares separados por lentes o bolsones.
Todo el material excavado fue tamizado en mallas de 4 y 5 mm y se tomaron muestras de carbón para
fechamiento absoluto y determinación de maderas. Asimismo, se extrajeron muestras para flotación
arqueobotánica.
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Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
FIGURA 10. Detalle de la estratigrafía del Corte 1. FIGURA 11. Detalle de la estratigrafía del Corte 2.
FIGURA 12 (izq.). Perfil estratigráfico de los Cortes 1 y 2 de caverna Piuquenes. La parte más profunda corres-
ponde al contacto con el lecho antiguo del río Blanco.
FIGURA 13 (der). Proceso de extracción del material y traslado del mismo hacia el sector de harneado.
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Caverna Piuquenes
FIGURA 14. Trabajos de excavación en el Corte 2 y vista al Corte 1. En la foto el arqueólogo Donald Jackson, el
bio-antropólogo Eugenio Aspillaga y dos estudiantes.
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Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
paralelamente un cuarto escalón (Figura 16). Como el problema del ensanchamiento volvía a ocurrir, se
debieron trazar nuevos escalones de 1 x 2 m aproximadamente, los que descendieron paulatinamente hacia
el oeste, a excepción del décimo escalón, el que por problemas de espacio se decidió orientar hacia el sur. El
aspecto final de este sistema de excavación semejó una gran escalera, con siete peldaños visibles de altura
variable, que descendieron hacia el noroeste (Figura 17), hasta alcanzar el lecho rocoso del río, a los 7,45 m
de profundidad con relación a la superficie actual del depósito (Figura 18). Con este sistema se lograron
varios objetivos: uno, disponer de un registro estratigráfico completo del depósito, sin que las paredes de la
cuadrícula aumentasen demasiado; dos, conservar pisos y/o evidencias culturales in situ, como testigos
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Caverna Piuquenes
FIGURA 17. Diagrama de la cuadrícula escalonada de caverna Piuquenes vista desde el W. La barra mide un metro
aproximadamente.
arqueológicos y, tres, disminuir progresivamente el peso del depósito de manera de evitar su colapso.
Paralelamente a estos trabajos, se realizaron nuevos sondajes, menos profundos, en distintos sec-
tores exteriores del área, con el fin de obtener una visión de la vegetación de los últimos 5.000 años.
Posteriormente, se realizaron reuniones con geólogos de División Andina a fin de obtener información
relativa a las materias primas constituyentes del material lítico obtenido en las excavaciones. Asimismo, se
concretaron dos experiencias distintas con relación al estudio de medidas tendientes a la conservación del
depósito arqueológico. En la primera, concurrieron al sitio un grupo de especialistas encabezados por la
conservadora Roxana Seguel, junto a dos conservadores japoneses y el ingeniero hidráulico Carlos Arratia.
En la segunda, un grupo de estudiantes del Postítulo de Conservación y Restauración de Bienes Muebles de
la Universidad de Chile, realizaron observaciones y mediciones de las distintas variables ambientales que
afectan la caverna y el depósito: humedad, temperatura, vegetación, filtraciones, exfoliación, luz, vientos,
aluviones, avalanchas, caída de rocas, fauna, vibraciones y factores antrópicos. Los resultados obtenidos
se presentan en el Anexo II.
Finalmente, el año 2003 se extrajo una columna palinológica de 30 x 30 cm, la que para efectos de
excavación fue dividida en cuatro segmentos (A, B, C y D). Se excavó siguiendo la propuesta estratigráfica
decidida a partir de los cortes 1 y 2, dividiendo en niveles artificiales aquellas capas que presentaron una
potencia de más de 15 cm (Belmar et al. 2005).
Además de estos trabajos, se visitaron otros sitios arqueológicos existentes en la cuenca. Entre
éstos, destacó un abrigo rocoso con restos de ocupación humana situado a escasos 300 m al sur de caverna
Piuquenes, localizado en la misma margen del río Blanco y a una cota algo superior.
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Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
FIGURA 18. Planta de caverna Piuquenes con la ubicación de las distintas intervenciones estratigráficas practicadas.
Prospecciones
Se diseñó una serie de prospecciones exploratorias para comenzar a cubrir los vacíos de conocimien-
to respecto a las relaciones del sitio con su entorno. Una de ellas, consistió en el reconocimiento de un
sector de un kilómetro cuadrado del río Blanco, coincidente con la vega de Piuquenes, cubierto por medio de
transectas equidistantes en 100 m. El propósito de esta actividad fue muestrear materias primas líticas aptas
para la talla de disponibilidad local y se seleccionaron algunas muestras para la replicación de patrones
experimentales de uso.
Se realizaron inspecciones visuales de patrimonio dirigidas específicamente a visitar los sitios ar-
queológicos conocidos por personal de la empresa División Andina CODELCO Chile y ubicados dentro de
su propiedad. Estas visitas eran muy necesarias para nuestro proyecto, porque permitieron conocer otros
ambientes que, eventualmente, estuvieron disponibles para los ocupantes de caverna Piuquenes y, también
informarnos acerca de otros grupos posteriores que frecuentaron el área. Los resultados de las prospeccio-
nes botánicas realizadas en el valle de río Blanco, se detallan en el anexo II.
ACTIVIDADES DE LABORATORIO
Debe tomarse en cuenta que los análisis realizados al resto de los materiales confirman esta secuencia
y que sus resultados han sido orientados a la descripción de los cuatro bloques temporales que la confor-
man. A continuación, se proporciona la metodología y la descripción de los materiales utilizados por los
distintos especialistas en el análisis de los restos obtenidos en caverna Piuquenes, cuando el tipo de análisis
realizado así lo exige.
26
Caverna Piuquenes
Análisis lítico
Los análisis realizados a los materiales líticos de caverna Piuquenes corresponden a lo que se ha
denominado en la literatura especializada como un “análisis exploratorio de datos” (Clarke 1982, Shennan
1992). Esta clase de operación analítica consiste en el relevamiento y descripción de las características
objetivas de los individuos en una muestra, con el propósito de representar, distintas clases de objetos
asimilables a categorías descriptivas mayores y, a la vez, con el potencial futuro de reflejar incluso diferen-
cias conductuales. Para nuestro caso, se incorporó en el grupo de variables a relevar algunas de carácter
más específico que permitieran discutir categorías de problemas de escala menos general. Este tipo de
análisis puede inscribirse también dentro de una macroescala analítica que según Torrence (2001: 73) produ-
ce una “…panorámica de cómo la variabilidad en la tecnología se encuentra estructurada”.
En concordancia con lo anterior, las problemáticas generales a las que se apuntó con estos análisis
fueron: en primer lugar, la descripción de características tecnológicas y formales de los materiales; en
segundo término, la discriminación de conjuntos ergológicos distintos en la estratigrafía si los había y,
finalmente, la elaboración de una secuencia preliminar de ocupaciones de todo el depósito.
Para la resolución de estos tres temas fundamentales, fue necesaria la construcción de una base de
datos que permitiera el análisis cuantitativo y cualitativo del material. Así, se diseñó una recolección de
datos que considerara variables suficientes como para dar cuenta de los problemas generales ya enuncia-
dos y, al mismo tiempo, permitirnos un acercamiento a problemáticas de carácter específico, que fueron
definidas, en principio, como: la descripción de las preferencias de selección de materias primas para distin-
tas categorías artefactuales por bloque temporal, la evaluación del aprovechamiento de ellas y la evaluación
del grado de estandarización de los materiales. Para el caso particular de los instrumentos formales recupe-
rados (sensu Andrefsky 1994; 1998), debe notarse que fueron analizados desde una perspectiva más cuali-
tativa que la empleada para los desechos y derivados de núcleo (en adelante, DDN), aunque las caracterís-
ticas cuantificables como variables válidas para la resolución de las temáticas más generales fueron emplea-
das igualmente. De acuerdo a este autor, las herramientas informales son aquellas que tienen escaso o
ningún esfuerzo en su producción, mientras que las herramientas formales pasan a través de una secuencia
de producción preestablecida. La definición inicial de esta categoría tecnológica fue planteada por Bate
(1971), sobre la base de los trabajos previos de Oakley (1972), Bordes (1961), Semenov (1957), Binford y
Binford (1969), Leroi-Gourhan (1988). Para nuestros propósitos expositivos, ha sido condensada y simplifi-
cada –conservando la expresión- según se explica en el cuerpo del texto bajo el acápite de conceptos y
variables.
El sondeo del aprovechamiento de materias primas fue realizado tomando como punto de partida
algunas de las ideas elaboradas por Andrefsky (1994), que se refieren a cómo la relación de la calidad del
material lítico disponible y la abundancia de éste tienen relevancia en la incidencia de herramientas formales
en un registro. Para los propósitos de este trabajo, la metodología empleada ha sido modificada para
propósitos exploratorios tomando como base a Méndez et al. (2004). En este trabajo se consideran como
descriptivas del grado de aprovechamiento: la frecuencia relativa de instrumentos considerados como
formales sobre materiales de calidad petrográfica alta (evaluada empleando un índice compuesto por la
presencia de fallas, burbujas y/o clivajes; la observación independiente del tipo de materia prima de la pieza
analizada), que asume formalidad como correlacionada con aprovechamiento y la relación existente entre la
superficie del anverso de los DDN y su cantidad de extracciones.
La base de datos elaborada para los desechos y derivados de núcleo consideró un total de 15
variables de distintos tipos, que corresponden a tres grupos generales de características tecnológicas,
métricas y petrográficas. Para el análisis de los instrumentos formales, se empleó una base de datos de 20
variables, siendo -por supuesto- la cantidad de individuos menor que en la muestra de desechos y DDN.
Cabe notar que no todas las variables relevadas fueron empleadas en este análisis, por distintas razones: la
principal es el tamaño de la muestra, y la secundaria, no todas las variables respecto de las cuales tuvimos
alguna expectativa previa (como fue el caso de “presencia de aristas en el anverso” para los DDN o gran
parte de las agrupadas como “características generales de la matriz original”), fueron finalmente útiles para
resolución de las problemáticas generales y la exploración de las problemáticas más particulares. En suma,
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Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
para la categoría Instrumentos fueron empleadas 14 de las 20 originales, para la categoría analítica Desechos
y Derivados de Núcleo fueron consideradas un total de 9. En el apartado siguiente se realiza una pequeña
relación de las que fueron empleadas en este trabajo.
Conceptos y variables.
Se presentan los indicadores relevados en términos de la clase de variable que representan, con un
pequeño comentario acerca de su utilidad analítica. Por supuesto, esto es un resumen ejecutivo de métodos
analíticos y tipológicos que han sido formulados y comentados in extenso por diversos autores desde las
primeras investigaciones en el tema, cuya exposición excede con mucho los propósitos de este trabajo (e.g.
Bordes 1961, Bate 1971, Crabtree 1972, Koslowsky y Ginter 1975, Orquera y Piana 1986, Inizan et al. 1995,
Andrefsky 2000, Aschero y Hocsman 2004, Soressi y Geneste 2006 y Crivelli-Montero y Fernández 2004).
Por otra parte, cabe notar que dentro de la categoría “instrumentos” el lector encontrará una variedad de
denominaciones que hacen referencia a la función inferida de la pieza, asignación que se realiza de acuerdo
a comparaciones con material de contextos afines, observaciones de huellas macroscópicas de uso y obser-
vaciones etnográficas. No pretendemos extendernos en estos términos pues se trataría de una empresa ajena
a los intereses de este trabajo.
Artefacto: es un objeto reconociblemente generado por la actividad humana para la realización de
una actividad cualquiera o como sub-producto del proceso de producción de dicho objeto.
Instrumento Formal: es aquella pieza lítica que muestra modificaciones en su forma original gene-
radas por astillamiento que son relacionables con un diseño estandarizado para un uso y/o situación espe-
cífica.
Instrumento Informal: por defecto, se trata de una pieza que no ha sido modificada intencionalmente.
Puede presentar evidencias de formatización (reducción a la forma) por el uso mismo o, sencillamente,
evidencias claras de éste.
Lasca: término que designa todo fragmento de roca desprendido por impacto o compresión de un
material homogéneo y de fractura concoidal, es decir, que presenta punto de impacto o presión reconocible
y ondas y/o rayas en la cara de fractura.
Derivado de Núcleo: es aquella lasca desprendida de un núcleo con el propósito de obtener matri-
ces, ya sea para la confección de instrumental de filo vivo o la de instrumentos más formales. Esto supone
que son artefactos cuyo volumen permite su ulterior reducción para la confección de instrumentos más
formales a partir de ellos.
Desecho: es toda aquella pieza lítica generada de manera incidental por y durante el proceso de
producción de una herramienta y que, consecuentemente, no muestra huellas de uso o posterior formatización.
Fragmento angular: es aquella pieza resultante del proceso de talla que no muestra formatización
intencional ninguna y que se ha producido por una fractura no controlada relacionada con la falta de
homogeneidad, intemperización del material y/o con la pericia del tallador. La generación de esta clase de
pieza es, en general, simultánea a la extracción de lascas o a la regularización de bordes de núcleo, aunque no
muestra características anatómicas como las que se describen para las lascas. Estos han sido llamados con
anterioridad en la literatura “fragmentos aberrantes”.
Microdesechos: son aquellas lascas de tamaño muy reducido que resultan del proceso de
formatización de instrumentos o de regularización de bordes de uso o enmangue, de las cuales se excluye, en
consecuencia, a los instrumentos de filos vivos, las matrices identificables con el concepto “derivado de
núcleo” y los fragmentos angulares o aberrantes. El prefijo “micro” en este término denota solamente su
relativo menor tamaño respecto de los otros componentes (lo cual es válido para cualquier conjunto lítico) y
se emplea el termino solo por su familiaridad para el lector, aunque debe conceptualizárselo en rigor como
“desecho de formatización o reavivado”.
Revisaremos a continuación algunas de las variables que se mostraron como relevantes y que fueron
finalmente empleadas, en la parte dedicada a los resultados, para la descripción y el análisis del conjunto de
instrumentos. Estas son, según su tipo, las siguientes:
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Caverna Piuquenes
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Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
3) Tipo de Talón
a) Natural: talón que presenta en superficie restos de la corteza original del nódulo del que se la extrajo.
Implica necesariamente que no hay preparación de la superficie de impacto o plataforma.
b) Plano: talón que acusa una superficie de contacto con el percutor que es un negativo de una extracción
anterior. Consecuentemente, éste no puede presentar corteza en su superficie.
c) Fascetado: talón que muestra preparación de la superficie de contacto del percutor con la plataforma de
percusión, por la vía de desprendimientos paralelos a la superficie de impacto y perpendiculares a la direc-
ción de la fuerza aplicada para desprender la lasca.
d) Pseudofacetado: talón que muestra la superficie de impacto del percutor inclinada en un ángulo agudo
con respecto al cuerpo de la lasca y además muestra negativos de extracciones previas. En lo general, es una
lasca característica de la talla bifacial.
e) Puntiforme: talón que acusa una superficie de contacto muy reducida. Generalmente se trata de desechos
de formatización por presión o retoque.
4) Materia prima: tipo de roca de la pieza. Determinada de acuerdo a criterios granulométricos, físico-
químicos y, en general, petrológicos.
30
Caverna Piuquenes
exploratorio. El análisis de nuevos materiales contribuirá a la precisión de las tendencias aquí descritas.
Observaciones microscópicas
Estas observaciones fueron realizadas empleando una lupa binocular Motic de 40 aumentos, en
todos los casos en que la observación macroscópica, durante la etapa de compilación de los datos analíti-
cos, sugería la presencia de una pieza informal de filo vivo. De este modo, se caracterizaron todos los
instrumentos de esta clase que se comentan en este trabajo. Para uso comparativo se reprodujeron experi-
mentalmente distintas actividades sobre distintos sustratos (corte y raspado sobre cuero seco, mojado y
madera fresca y seca), realizadas con materias primas extraídas del lecho del río, aunque solamente las más
gruesas y de más dificultoso reconocimiento fueron empleadas en el sitio con este propósito. En general, las
huellas de uso fueron observadas en materiales distintos a los de la muestra de control del experimento.
Considerando esto, en conjunción con la limitación a 40 X de las observaciones, debe decirse que el nivel de
resolución de las adscripciones funcionales en instrumentos de filos vivos empleados sobre sustratos
blandos es limitado. A pesar de la intencionalidad del experimento, seguimos ignorando como se comportan
las huellas de corte en la mayor parte de los instrumentos y a qué sustrato específico remiten.
Análisis bioantropológicos
Los restos óseos humanos incluidos en este trabajo corresponden, principalmente, a dos esquele-
tos incompletos que fueron rescatados de tumbas parcialmente conservadas, aunque alteradas por la remo-
ción con maquinaria pesada de los depósitos aluviales y que permitió el hallazgo del sitio, en septiembre de
1998. Los enterratorios fueron alterados también por el colapso parcial de perfiles, ocurrido con posteriori-
dad al inicio del estudio del sitio, producto de la vibración asociada al tránsito de vehículos pesados en el
camino contiguo y a la infiltración de agua en los sedimentos durante el invierno y deshielos de primavera,
que contribuyó al fuerte deterioro de los restos encontrados. Se incluyeron, igualmente, los restos parciales
de al menos tres individuos más, cuyos fragmentos fueron rescatados de entre el material previamente
removido, por lo que carecen de contexto. De estos últimos restos se pudo restaurar gran parte de una
bóveda craneana y es posible que varios fragmentos más de cráneo, mandíbula y otros correspondan al
esqueleto designado como Individuo 3. Sin embargo, los cambios inducidos por la exposición al sol y por la
remoción y desplazamiento de los sedimentos, han hecho difícil la asignación de muchos fragmentos de los
huesos a alguno de los individuos de las tumbas parcialmente conservadas.
Los restos parciales del Individuo 1, que presentó el mismo sexo y rango de edad que el Individuo
2, fueron rescatados en la campaña de terreno de Noviembre de 2000, estudiados parcialmente y sometidos
a labores de conservación. De este último esqueleto se extrajo una muestra para estudios de DNAmt (este
31
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
análisis no se presenta por estar en ejecución) y otra para fechado radiocarbónico. Durante el año 2001 se
trabajó en la conservación de los restos óseos humanos rescatados previamente al inicio del proyecto
FONDECYT No. 1000073 (Individuo 2). Entre estos destacó un esqueleto incompleto, procedente de una
tumba con ajuar parcialmente conservado. Estas osamentas correspondieron a un individuo de sexo feme-
nino de entre 25 y 30 años. Destacó su contexto funerario, que incluyó una concha de Concholepas
concholepas, lo que planteó interesantes interrogantes respecto a la movilidad y/o relaciones del grupo al
que pertenecía dicho individuo.
Durante el año 2002 se trabajó en la restauración e identificación de los restos humanos rescatados
de entre los sedimentos desprendidos del perfil este de la excavación, durante la limpieza de perfiles para la
elaboración de la estratigrafía básica, así como los desprendidos por el colapso parcial de perfiles luego del
despeje realizado por División Andina.
Ambos restos, pese a su mal estado de conservación, revistieron especial importancia por conser-
varse in situ aproximadamente la mitad de sus sepulturas, con su estructura vertical completa, lo que
permitió -con una estrategia combinada de estratigrafía vertical y verificación de la estratigrafía natural-
conocer en detalle la modalidad de construcción de esos enterratorios. Por otra parte, los resultados de los
fechados radiocarbónicos, arrojaron una fecha (calibrada) cercana al 10.400 AP, lo que convirtió a estos
restos en uno de los más tempranos de América, poniendo en relieve la importancia del sitio Piuquenes, y
la necesidad de realizar estudios más detallados y su adecuada conservación.
Se tomaron algunas medidas preventivas de conservación, considerando el deterioro de algunas
partes, aplicando “Paraloid b-72”. Cuando las condiciones de conservación lo permitieron, los fragmentos
fueron limpiados con agua y en caso contrario se limpiaron en seco con pinceles. Para las restauraciones se
usó un pegamento vinílico soluble en acetona.
Los huesos fueron inspeccionados morfoscópicamente, utilizándose criterios estándares para la
determinación de sexo y edad. Se buscó identificar patologías y también indicadores de patrones de
actividad inducidos culturalmente.
Con fines exploratorios, se estimó conveniente comparar el cráneo del Individuo 3 (pese a estar
restaurado) con otras poblaciones de referencia utilizando el enfoque metodológico de la Morfometría
Geométrica (Manríquez et al. 2002), análisis preliminar solicitado a Germán Manríquez (Programa de Genética
Humana, Instituto de Ciencias Biomédicas, Facultad de Medicina, Universidad de Chile), quien gentilmente
accedió a realizar la prueba (Cuadro 4). A pesar de las limitaciones obvias de la muestra, producto de la
intervención de maquinaria pesada, sus resultados contribuyeron a enriquecer la discusión sobre la impor-
tancia de Piuquenes. Las muestras utilizadas para la comparación correspondieron a datos relevados en el
marco del proyecto FONDECYT No 102375 e incluyeron cráneos de los sitios Cuchipuy (Kaltwasser et al.
1980, 1984), Laguna El Peral y Punta Teatinos (Quevedo 1998).
32
Caverna Piuquenes
Análisis zooarqueológico
El análisis de los materiales arqueofaunísticos de Piuquenes fue realizado por tres especialistas,
cada uno con orientaciones y materiales distintos, aún cuando el objetivo básico de éstos fue el mismo:
aportar información respecto de la interacción de la fauna del pasado con los grupos que habitaron caverna
Piuquenes. De esta manera, Cartajena (In litt. 1999), examinó la totalidad de los restos óseos provenientes
de los Cortes 1 y 2 (NISP total = 1.314). Por su parte, Prieto (In litt. 2003) revisó de manera general los restos
provenientes de la Cuadrícula 1 (NISP identificados = 938), los que integró con la información generada por
Cartajena. Asimismo, realizó un análisis comparativo detallado del Estrato 10, Nivel b con el Estrato 12,
ambos de la Cuadrícula 1, con el fin de entregar datos respecto de la anatomía económica en el sitio. Este
último análisis se centró, entonces, entre los 7.000 y los 8.500 AP. Por último, Rafael Labarca, analizó los
roedores de la Cuadrícula 1 (NISP total = 2.301), así como los restos de cánidos recuperados de esta misma
unidad (NISP total = 13; Labarca, 2005 a y b).
La metodología utilizada en los análisis arqueofaunísticos, se centró en la identificación anatómica
y determinación taxonómica de la muestra estudiada, así como en la detección de las distintas modificacio-
nes observables en la superficie de los restos óseos, ya fueran naturales o culturales. Particularmente para
el caso de los camélidos, se utilizaron herramientas para estudiar la anatomía económica de los animales (con
el objeto de determinar patrones de trozamiento) y la estructura etaria de éstos, cuando fue posible. A
continuación se detalla la metodología empleada por los tres especialistas.
En un primer momento del análisis, los restos de fauna menor (todos aquellos animales que pesan
entre 2 g y 5 kg (Brothwell y Jones 1978) fueron separados de los restos de mamíferos mayores. En este nivel,
los principales elementos diagnósticos fueron el tamaño de las unidades, su espesor y densidad. Posterior-
mente, un trabajo más fino permitió segregar en categorías menos generales, apartando así de la muestra
restos de aves, lagartijas, anuros y pequeños carnívoros, presentes en la colección aunque en bajo número.
Para la determinación taxonómica y asignación anatómica de la fauna mayor, se tomaron como referencia
guías osteológicas de camélidos (Benavente et al. 1993; Pacheco et al. 1986; Prieto et al. In litt. 2000; Smuts
et al. 1987), y roedores (Reise 1973), así como esqueletos de referencia depositados en el Museo Nacional de
Historia Natural.
Con relación a los taxones mayores, se determinó sólo la presencia de guanaco (Lama guanicoe).
Sin embargo, atendiendo a la antigüedad del depósito, existía la posibilidad de detectar en el registro mamí-
feros extinguidos (e.g. caballo americano), por lo que ciertos casos dudosos fueron remitidos a España para
su revisión por María Teresa Alberdi, del Departamento de Paleobiología del Museo Nacional de Ciencias
Naturales, CSIC, quien descartó la presencia de taxones actualmente desaparecidos en la muestra de Piuquenes.
De igual manera, no fueron advertidos otros artiodáctilos, como vicuña (Vicugna vicugna) o cérvidos (p.e.
Hippocamelus sp.), por lo que se asimilaron los huesos con ciertas características no diagnósticas (como
astillas de cierto grosor y forma asignables a una porción anatómica específica) a Lama guanicoe.
En los casos en que se pudo contar con piezas mensurables, se las midió siguiendo las propuestas
de Von den Driesch (1976). Este método permitió complementar la asignación taxonómica, siendo particular-
mente útil para el caso de los roedores, debido a que la información bibliográfica sólo menciona caracteres
diagnósticos a nivel craneal y mandibular (p.e Reise 1973). Así, para segregar entre Lagidium y Chinchilla
se utilizaron las medidas propuestas por Hesse (1984) para el largo de la corrida alveolar en las mandíbulas
(límite: 17,5 mm); Mengoni (1986), para el largo del diastema mandibular; y Labarca (2005c) para el ancho del
húmero (límite: 8,0-8,4 mm) y ancho-profundidad distal de la tibia (límite: 7,1-7,7 mm y 6,5-7,2 mm, respectiva-
mente).
Paralelamente, y cuando fue posible, se realizó la determinación de la estructura etaria sólo para los
conjuntos de camélidos, para lo cual se utilizaron los siguientes criterios.
a) Grado de fusión de las epifisis/diafisis, utilizando las tablas de secuencia etaria de Herrera (1991).
b) Brote, reemplazo y desgaste de piezas dentarias, utilizando las tablas de Puig (1988). En los casos
que fue posible se presentó la distribución etaria en términos de porcentaje acumulado.
Siguiendo a Brothwell y Jones (1978), no se realizaron estimaciones detalladas de edad ni sexo en la
33
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
muestra de roedores. Esto debido principalmente al corto rango de vida de los roedores en general (Pearson
1948; Mann 1978; Brotwell y Jones; 1978; Muñoz-Pedreros 2000) y la escasa información sobre fusión de
epífisis y rasgos óseos particulares entre sexos. En el presente trabajo, sólo se menciona si se trata de
individuos jóvenes cuando las piezas presentan ambas epífisis sin fusionar (para el caso de los huesos
largos) o cuando su tamaño y densidad son menores que las unidades de un individuo adulto.
Para la cuantificación de las unidades óseas, se utilizaron distintas herramientas metodológicas
utilizadas corrientemente en zooarqueología (Grayson 1984; Andrews 1990; Lyman 1994 y Mengoni
1988a,1999), las que se explican a continuación:
34
Caverna Piuquenes
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Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
con un percutor o de su rebote en un yunque. Normalmente posee una forma circular u ovalada y
se encuentran asociados a negativos de percusión (Blumenschine y Selvaggio 1988; Blumenschine
et al. 1996). Generalmente generan lascas óseas y desechos de percusión.
f) Fracturas: si bien las fracturas corresponderían a una “categoría intermedia” ya que el agente que
las realiza puede ser tanto cultural como natural (Johnson 1983; Lyman 1994), se han definido
atributos para diferenciar el origen cultural de las fracturas, tales como presencia de marcas de
percusión (punto anterior) y estado del hueso al momento de la fractura, entre otros. Un análisis
contextual que considere la mayor cantidad de atributos presentes en la muestra (incluyendo las
modificaciones naturales), permite realizar interpretaciones con un mayor sustento. En el presente
trabajo se ocupa la categoría “fractura fresca” para aquellas que presentan bordes redondeados
que atraviesan transversalmente las fibras de colágeno del hueso; “fractura no fresca” para las que
presentan agrietamientos y bordes rectos o escalonados (Haynes, 1983b; Johnson 1983; Lyman
1994; Morlan 1983). Para el caso de los roedores se ha agregado el concepto de “fractura actual”,
cuando se observa que la fractura, pese a no ser fresca, presenta una coloración distinta que denota
su condición de reciente.
Para los roedores, y con el objeto de ponderar la fragmentación en la muestra, se calculó el cociente
de fragmentación, es decir la división entre el NISP y MNE (sin contar los elementos completos,
siguiendo a Shick et al. 1989).
Se incorporaron los índices de utilidad de carne y de carne y médula estandarizados para guanaco,
propuestos por Borrero (1990) para definir estrategias de consumo. Por último, para ponderar la
posibilidad de preservaciones diferenciales al interior del conjunto de L. viscacia, se utilizaron los
trabajos de Pavao y Stahl (1999) con datos del conejo europeo (Oryctolagus cuniculus), debido a
que este lagomorfo presenta ciertas afinidades osteológicas con la vizcacha.
36
Caverna Piuquenes
del instrumento. Si el artefacto en ambos extremos presenta convergencia de sus caras, el extremo
distal será el más alejado del punto de máximo espesor.
b) Sector medio de la pieza: es el que se encuentra entre los dos extremos y se delimita por diferencias
en el tratamiento técnico, puntos de inflexión, restos anatómicos o cambios en el contorno de la
pieza.
c) Extremo proximal (fuste): es el que no ha sido trabajado, que presenta restos de percusión, restos
anatómicos o preparación para el enmangue.
Atendiendo al borde activo de la pieza, se definieron las siguientes categorías morfológicas:
a) Artefactos de borde activo agudo, es decir los bordes convergen en el extremo distal en forma de
punta.
b) Artefactos de borde activo espatulado es decir, con borde activo amplio y de sección relativamente
plana.
c) Artefacto de borde activo romo no convergente, con bordes paralelos terminados en un frente
romo.
d) Artefacto de borde activo romo desplazado. Se utilizó esta categoría para sólo un instrumento que
presenta un borde activo romo no convergente, aunque no se ubica en el eje axial de la pieza.
e) Artefacto de extremidad en bisel, es decir instrumentos cuyo extremo presenta dos caras. Más
exactamente es una forma básica de intersección de planos que se constituye por la intersección de
uno normal y otro inclinado.
f) Artefacto tubular.
g) Artefacto de borde activo redondeado.
h) No determinado.
Dentro de las categorías de clasificación utilizadas, resulta apropiado definir tres clases, las que no
dicen relación con la morfología del borde activo sino más bien con la etapa de manufactura/descarte. Estas
son:
a) Preforma: corresponde a aquella pieza ósea modificada intencionalmente pero que no ha concluido
el proceso de modificación que lo habilite para cumplir la función.
b) Matriz: se refiere a aquella astilla ósea que no ha sido modificada pero que fue separada
intencionalmente del hueso.
c) Instrumento fracturado: es aquel cuyo borde activo se encuentra ausente y por tanto no puede ser
adscrito a una categoría particular. Se reconoce por la presencia de lascados laterales, cortes con
marcado perimetral o huellas de abrasión para la regularización de aristas, junto a otros atributos
técnicos presentes (Adán 1997).
La observación de huellas, tanto de uso como de manufactura, se realiza utilizando una lupa binoc-
ular con un aumento de hasta 60x, reconociendo así agrupamientos de las estrías, dirección y forma del
astillamiento en el borde de uso. Una peculiaridad de los instrumentos óseos fue la extensión de las
huellas sobre su superficie que, a diferencia de lo que ocurre usualmente con la lítica, se reconocieron sobre
zonas amplias de los artefactos. Aún cuando la observación de huellas no se realizó con un objetivo
netamente funcional, sirvió para delimitar la extensión del borde activo y para identificar las técnicas de
manufactura utilizadas. Las figuras insertas en el libro presentan al instrumento por su cara anterior, a
menos que se indique lo contrario.
37
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
al. 1993; Jackson et al. 1997, entre otros). Sin embargo, son escasos los trabajos en que se hace mención
a la fauna malacológica de aguas continentales o terrestres (Falabella y Planella 1991a; Gálvez 1994; Letelier
y Cardemil In litt.1997). En este sentido el material recuperado en caverna Piuquenes, permitió avanzar no
sólo en el conocimiento del uso cultural de estos moluscos sino también vincularlos a los cambios climáticos
de paleoambientes cordilleranos (Sandweiss 1991).
El material analizado provino de estratos pertenecientes a los Cortes 1 y 2 de caverna Piuquenes. La
identificación de muestras - previa flotación y cuenta de ejemplares por litro - se realizó en el Laboratorio de
Malacología del Museo Nacional de Historia Natural. Dado el carácter de las muestras y la ausencia de
elementos diagnósticos de clara referencia, se utilizó para este caso material malacológico fragmentado y
ejemplares pertenecientes a la colección de moluscos de Chile, con apoyo de bibliografía especializada
(Adam 1960; Depiereux et al. 1983; Gaillard 1976; Jerardino et al. 1991; Miranda, et al. 1982).
El material fue ordenado de acuerdo a números correlativos que correspondieron a los diferentes
niveles de las cuadrículas del sitio. Los ejemplares pequeños fueron identificados con lupa microcóspica
Leitz.
Carporrestos.
En términos generales la evidencia botánica ayuda a completar el entendimiento y comprensión
global de la interacción entre el hombre y el medio ambiente. Los vegetales constituyen un tipo de recurso
con gran potencial de explotación por grupos cazadores recolectores, pues habitan una gran amplitud de
ambientes y poseen variados usos. Sin embargo, su visibilidad arqueológica es baja y usualmente muestran
escasa representación en el registro arqueológico debido a los evidentes problemas de conservación y a los
mismos procesos culturales de uso de los vegetales (procesamiento, combustión, cocción o uso tecnológi-
co).
Aprovechando la larga secuencia ocupacional arcaica de caverna Piuquenes, se extrajo una columna
de flotación para recuperar las evidencias vegetales específicamente los carporrestos (frutos y semillas). Se
propuso identificar las especies vegetales que fueron utilizadas durante los cuatro momentos ocupacionales
detectados.
La columna de flotación, de 516x30x30 cm, se extrajo respetando la estratigrafía natural presente. Los
estratos que superaron los 15 cm de potencia fueron subdivididos en niveles artificiales de 5 y 10 cm (Figura
19). La columna maestra se subdividió en cuatro subcolumnas (A, B, C y D) para evitar el derrumbe de los
perfiles. Debido a que los estudios estratigráficos indicaron perturbaciones en los niveles inferiores, el
análisis final se concentró en los niveles superiores entre 0 y 356 cm de profundidad.
Se aplicó la técnica de flotación para procesar las muestras de tierra basado en el principio de diferen-
cias de peso y porosidad de los materiales. De esta manera, se separaron los materiales livianos (restos
vegetales, carbones, restos óseos y malacológicos pequeños) de los pesados (lítico, cerámica, restos óseos
38
Caverna Piuquenes
FIGURA 19. Se muestra la estratificación (estratos 1 a 9) de la que se extrajeron los sedimentos que fueron utiliza-
dos para el estudio arqueobotánico (flotación). El estrato 10 contiene huesos de camélidos.
y malacológicos mayores). Este modo de separar los materiales de su matriz, redujo el grado de deterioro de
los materiales más frágiles que pudieran ser destruidos a través de los métodos más convencionales de
obtención de restos arqueológicos como el harneo en seco (Greig 1989; Renfrew et al. 1976; Watson 1976).
Para el procesamiento de las muestras de sedimentos se utilizó una máquina de flotación que mantu-
vo un flujo constante de agua en un recipiente, precipitándose el flujo de esta agua y la fracción liviana, en
un filtro menor de 1 mm de calibre. La fracción pesada, en cambio, se posó en una malla de 2 mm de calibre
y los sedimentos menores a este tamaño decantaron en el fondo del recipiente (Watson 1976).
Antes de realizar los análisis arqueobotánicos, fue necesario separar los restos vegetales de lo que
restaba de la matriz recuperada en la fracción liviana. Este paso se realizó bajo una lupa binocular con
aumento de 20x de potencia, separando las semillas y frutos. Se detalló si los ejemplares estaban carboniza-
dos o no carbonizados, enteros o fragmentados. Posteriormente, se identificaron estos restos en función de
determinados parámetros y su éxito dependió de las posibilidades de identificar los rasgos distintivos que
diferencian un taxón o especie de otro (tamaño, características de la superficie, forma) (Buxó 1997).
En la etapa de identificación, se utilizaron referencias bibliográficas especializadas (Matthei 1995,
Martin 1973, Muñoz et al. 1980, Hoffmann 1978 y Barkley 1989, Mösbach 1999), colecciones de referencia de
semillas y frutos recolectadas del entorno del sitio y colecciones arqueológicas de semillas y frutos. Aque-
llos que fueron reiterativos en los estratos se denominaron con letras, por ejemplo Semilla A, para indicar su
presencia en cada estrato.
Finalmente, discernir entre aquellos restos vegetales incorporados culturalmente al sitio de los que
entran por agentes naturales, es fundamental en las interpretaciones del registro arqueobotánico (Miksicek
1987), por tanto se tomó en cuenta el criterio de carbonización para segregar los restos vegetales arqueoló-
gicos de los naturales, basándose en la premisa que el estado de carbonización indica que fue utilizado por
las personas. Sin embargo, se debe tener precaución con este supuesto, puesto que no todos los restos
carbonizados son producto de conductas humanas, y no necesariamente todos los vegetales usados por el
hombre pasan por procesos de carbonización. De ahí la importancia de cruzar el criterio de carbonización,
con el origen de los taxa determinados.
39
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
Los resultados obtenidos del análisis de carporrestos de la columna de flotación fueron agrupados a
base de los componentes ocupacionales definidos por análisis lítico (Stehberg y Blanco In litt. 2003).
Además se separaron los resultados obtenidos por estrato de los rasgos (fogones y lentes) dado que
“entregan dos imágenes diferentes y no acumulables de uso de especies y reconstrucción del medio de
origen. Mientras los carbones concentrados darán una información anecdótica sobre el (los) último (s)
fuego (s) encendidos, en la medida que la cubeta del fogón es limpiada, los carbones dispersos son el
resultado, en la duración del sitio, de múltiples colectas de especies leñosas en el medio, por tanto
necesariamente de una cantidad significativa de especies” (Solari 2000).
Se recuperó un total de 1.086 carporrestos. Todos se encontraron en estado carbonizado, lo cual
reflejó la nula contaminación del registro arqueobotánico, ya que no hubo restos vegetales no carbonizados
provenientes del entorno vegetal actual, ni tampoco hubo taxones alóctonos introducidos en estado carbo-
nizado.
Análisis de carbones.
La totalidad de las muestras analizadas provinieron del Corte 1 realizado en el perfil vertical del
depósito. Se implementó una máquina de flotación en terreno donde fueron separadas las semillas y leños
carbonizados. Estos últimos fueron secados al sol y depositados en papel aluminio para su transporte a
laboratorio. Una vez allí, fueron observados bajo lupa estereoscópica a 12 y 60X y se cotejaron con informa-
ción y muestras xilológicas existentes en el Laboratorio de Botánica de la Escuela de Química y Farmacia de
la Universidad de Chile (Santiago). Además, se efectuó una carbonización controlada de especies vegetales
actuales recuperadas en la misma área a fin de disponer de una colección de referencia. Las muestras se
carbonizaron hasta la aparición de humos blancos en mufla (hornillo semicilíndrico o en forma de copa, que
se coloca dentro de un horno para reconcentrar el calor y conseguir la fusión de diversos cuerpos) a 350° C
durante tiempos variables dependiendo de las características de los leños.
Se seleccionaron cinco muestras que fueron enviadas a microscopía de barrido electrónico. Esta
técnica se constituyó en una herramienta valiosa para la descripción e identificación de muestras de morfo-
logía complicada, permitiendo cotejar identificaciones preliminares, (e.g., Peumus boldus), sobre todo en
grupos taxonómicos muy relacionados o con características xilológicas afines. Con esta técnica se pudo
observar niveles micromorfológicos tales como la ornamentación de la pared secundaria de los vasos del
xilema.
Los resultados de la carbonización controlada se muestran en el siguiente cuadro:
Especie Leño seco (g) Diámetro (cm) Peso carbón (g) % pérdida
Maitén 2,6019 1,13 1,5281 41
Baccharis 3,6161 1,53 2,13 41
Lun 2,6877 1,27 1,2009 55
Quilo 3,1643 1,77 2,22 30
Quillay 1,49 1,05 0,5909 60,3
Maqui 2,6306 1,5 1,1575 60,3
Molle 1,6788 1,09 0,5909 27
Colliguay 1,6847 1,06 0,7376 27
Litre 1,7768 0,9 0,5959 66
Acacia 2,7697 1,07 1,2820 54
40
Caverna Piuquenes
Del Cuadro 5 se desprende que las maderas de litre, quillay y maqui podrían presentar baja represen-
tación en los depósitos, puesto que en condiciones naturales es pobre su preservación. Por lo tanto, su
escasa presencia en contextos arqueológicos no indica, necesariamente, que no fuera utilizado en la época.
Análisis de polen.
Gracias al apoyo de División Andina, se extrajo un columna de 30 m de profundidad de sedimentos
lacustres procedentes de la laguna extinta ubicada enfrente de caverna Piuquenes. La columna extraída se
sometió a los análisis químicos necesarios para la extracción de polen que incluyó: eliminación de los
carbonatos con ácido clorhídrico; eliminación de la sílice mediante ácido fluorhídrico y, la disolución de la
materia orgánica mediante ácido acético más ácido sulfúrico. Este plan básico se empleó con tres modifica-
ciones distintas para aumentar la eficacia de la extracción de polen. También se usó licor de Thoulet para
concentrar el material. Sin embargo, el resultado obtenido fue pobre, pese al esfuerzo desplegado. El
análisis se realizó cada dos metros debido a que el contenido polínico no varió entre las muestras. Cada
preparación microscópica se analizó en su totalidad y se efectuaron tres por cada nivel. Se seleccionó para
datación absoluta con C14 porciones de sedimentos arcillosos correspondientes a los 16 m y 26 m de
profundidad, los cuales demostraron ser anteriores a la ocupación humana de la caverna. Se extrajeron dos
columnas de 2 y 3 m de potencia en otros sistemas lacustres de las inmediaciones de la caverna, supuesta-
mente contemporáneos al depósito cultural de Piuquenes, para fines comparativos. Sin embargo, la datación
de su nivel más profundo (3 m) arrojó una edad de 1.480±40 AP, muy posterior a la fecha de desocupación de
la caverna.
RESULTADOS
A la escala local se reconocieron diversos sitios arqueológicos que dan cuenta de la ocupación humana de
los distintos pisos observables en el valle de río Blanco. Aunque no disponemos de fechados de ninguno
de ellos, corresponden a ocupaciones humanas alfareras, posteriores a las de caverna Piuquenes. Dichos
sitios demuestran la importancia que tuvo el área de estudio durante gran parte de la prehistoria regional.
A continuación se proporcionan los resultados obtenidos en los trabajos de terreno y laboratorio
relacionados con caverna Piuquenes y sus alrededores.
FIGURA 20. Vistas del abrigo rocoso Piuquenes 2, a 300 m aproximadamente hacia el sur de la caverna
Piuquenes 1 (izq). En la foto Consuelo Valdés, Gerardo Von Borries y un estudiante (der.).
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Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
en la misma margen del río Blanco y a una cota algo superior, que denominamos Piuquenes 2 (Figura 20).
Presentó la forma de un largo corredor, poco profundo y con un amplio y pronunciado talud. Tenía un
depósito muy delgado y que descansaba a pocos centímetros del piso rocoso natural, lo cual haría poco
productiva una excavación arqueológica en el sitio. En la superficie del alero y del talud se encontraron
algunos fragmentos de cerámica del tipo pardo alisado sin decorar y una bola lítica con pigmento rojo, los
cuales fueron remitidos al Museo Nacional de Historia Natural. El sitio no fue excavado.
FIGURA 21. Expedición a Potrero Escondido. Vistas del salto de agua y sendero peatonal que, tras 4-5 horas de
ascensión, conduce hacia los petroglifos de Potrero Escondido.
Un segundo abrigo rocoso se localizó en el margen oeste de río Blanco (1.682 msnm) en las coordena-
das Este 379.692 N 6.355.410. De 15 m de largo por 4 m de fondo, su piso no presentó sedimentos potencial-
mente excavables. Otro alero, esta vez bajo un bloque errático, registró concentraciones aparentemente
intencionales de bloques sobre un piso potencialmente excavable. Se emplazó sobre el margen sur del río
Juncal a una altitud de 1.685 msnm, siendo sus dimensiones de 12 m por 3 m de fondo y sus coordenadas de
E 384.150 N 6.359.418. Frente al anterior, con coordenadas E 384.350 N 6.359.325, se reconoció otro alero con
potencial de excavación. Presentó restos de pircas y evidencias de hollín en el techo.
Asimismo se realizaron dos expediciones separadas a Potrero Escondido, extensa área con petroglifos
que se encuentra ubicado unos 5 km al sur de la caverna Piuquenes y a una cota mucho mayor, de 4.000
msnm, lo que exigió una fuerte ascensión que se inició en un salto de agua y prosiguió por un antiguo camino
para traslado de ganado mayor (Figura 21).
En el punto de ingreso a Potrero Escondido, aprovechando las suaves superficies rocosas labradas
por los antiguos glaciares, se encontraron grabados mediante finas líneas, centenares de pequeños motivos
de figuras antropomorfas, zoomorfas y geométricas (Figuras 22 y 23).
La presencia de un posible “signo escudo” (nombre dado a una figura formada por un rectángulo al
cual se le agregan apéndices externos o diagonales interiores), sugirió que parte de los motivos presentarían
vinculación con grupos tardíos portadores de cerámica, relacionados con la Cultura Aconcagua que floreció
en los valles del Maipo-Mapocho y Aconcagua, entre los siglos IX y XV. Además se registraron diseños
zoomorfos de camélidos y ñandúes, así como una representación de un personaje humano y un animal
aparentemente unidos por una soga. Se observaron diferencias formales en la representación de los camélidos,
que podrían atribuirse a distintos períodos de ocupación y quizá a diferentes grupos humanos. En superficie
no se reconocieron restos culturales y tampoco en el área circundante El estudio de los sitios prospectados,
42
Caverna Piuquenes
FIGURA 22. Figuras de avestruces y guanacos y el signo escudo (el rectángulo relleno). Potrero Escondido.
FIGURA 23. Imagen antropomorfa aparentemente tirando con una soga a un camélido o mula. Potrero Escondido
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Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
permitirá enriquecer la secuencia cultural de la cordillera del río Blanco ya que demuestra la continuidad de
la ocupación humana en el sector en tiempos posteriores al colapso de caverna Piuquenes.
Los estratos reconocidos en los Cortes 1 y 2 sirvieron para definir la secuencia estratigráfica del
depósito. En la excavación de la Cuadrícula 1 y sus escalones se utilizó la misma definición de estratos como
una manera de facilitar la comparación. Las profundidades, por su parte, fueron medidas siempre a partir del
mismo nivel cero de referencia, ubicado en la superficie del depósito.
Corte 1
Sus medidas fueron 2,5 m de ancho, 0,30 m de fondo y 5,7 m de profundidad. Se emplazó en el sector
central del perfil principal despejado por la maquinaria pesada. A los 3,5 m de profundidad comenzó a
aparecer un bloque rocoso grande y una matriz pedregosa, ambos procedentes del derrumbe del cerro, que
fueron angostando la excavación hasta hacer inoficiosa su continuación. Esta situación motivó la apertura
del Corte 2. En esta unidad se reconoció un total de 13 estratos, diez lentes y tres bolsones. La Figura 24
muestra la sucesión estratigráfica de los Cortes 1 y 2 y el Cuadro 6 describe los estratos del Corte 1.
FIGURA 24. A la izquierda se muestra la estratigrafía del Corte 1 (orientación N-S); a la derecha se representa el
Corte 2 (orientación E-W. La escala está indicada en forma vertical, al costado del croquis.
44
Caverna Piuquenes
CUADRO 6. (Cont.)
Unidad estratigráfica Profundidad (cm) Descripción
Estrato 12 a – b 258-278 Limoso, ocre. Ocupaba la mitad sur del corte, con una prolongación
delgada hacia el norte. Se asentó sobre un lente arenoso horizontal que
lo separaba de E-13.
Estrato 13, Niveles a – i 279-411 Arcilloso, compacto, homogéneo, sin lentes o bolsones que la dividan.
Exhibía algunos clastos angulares pequeños. A los 3,50 m de profundi-
dad, apareció en el tercio sur del corte, un bloque rocoso grande, el cual
hacia los 4,50 m de profundidad, abarcaba la mitad sur del Corte 1.
Correspondería a un evento ocupacional continuo, con abundante mate-
rial cultural.
Estrato 14, Niveles a – d 411-450 Tenía forma triangular y superficie superior inclinada hacia el norte.
Matriz a arcilloso, rojizo, compacto. Descansaba sobre un estrato de
clastos angulosos procedentes del acarreo de falda. Presentó carbón y
escaso material lítico.
Estrato 15 450-570 Escombro de falda, compuesto por clastos angulosos. Culturalmente
estéril.
Los resultados proporcionados por este corte, pese a su escaso volumen y cantidad de material
cultural, fueron muy importantes ya que proporcionaron conocimiento de un amplio rango temporal de
ocupación comprendido entre el séptimo y décimo primer milenio antes del presente, en un contexto
estratigráfico horizontal sellado, con relativamente poca alteración. Además, los estratos ocupacionales
aparecieron separados por lentes limosos culturalmente estériles. En forma preliminar, este corte dio cuenta
de al menos cinco ocupaciones humanas distintas, con cronología absoluta coherente. Si bien las primeras
cuatro pudieron ser cortas, estacionales, quizás de no más de unas pocas temporadas, la más antigua (E13),
era más prolongada en el tiempo y continua en su ocupación. El estrato que la contenía presentaba más de
150 cm de potencia y estaba formado por una matriz arcillosa, compacta y de mucho aporte cultural (huesos,
madera, carbón), sin interrupción, la cual tomó más de 1.000 años en formarse.
Corte 2
Sus dimensiones fueron 1 m de ancho, 0,3-0,4 m de fondo y 4 m de profundidad. Se ubicó en el talud
noroeste de la caverna. Fue ampliado en su base mediante una cuadrícula de 1 x 1,5 m y luego una segunda
ampliación de 1 x 1 m, para abarcar un espacio mayor y disponer de una muestra significativa de lo que en
aquel momento se consideró el nivel más antiguo del sitio. Su descripción se proporciona en el Cuadro 7.
CUADRO 7. Excavación estratigráfica del Corte 2.
Unidad Estratigráfica Profundidad (cm) Descripción
Estrato 13, Niveles a – i 0-105 Matriz areno-arcillosa, compacta, de coloración gris, con abundante
material cultural.
Estrato 14, Niveles a – h 105-185 Arenoso, grueso, clastos angulares pequeños.
Lente s/n 185-186 Lente de clastos angulosos pequeños que descansaban sobre un lente
limoso, ocre. Se aprovechó este lente para cambiar de estrato.
Estrato 15 a – b 186-209 Inmediatamente sobre el lente de carbón. Correspondía a arena gruesa,
suelta, estratificada.
Estrato 16 a – c 209-238 Arcilloso, compacto, pardo, húmedo, carbón. Restos líticos, óseos.
Estrato 17 238-250 Arenoso, suelto, fino, gris.
Estrato 18 a – b 250-275 Arenoso, pardo, húmedo, compacto. Hacia los 162 cm, en la mitad
oeste se detectó un lente de arena fina.
Estrato 19 275-289 Clastos semiangulosos de 5-10 cm y piedrecillas.
Estrato 20 a – c 289-320 Arcilloso, café, suelto. Su base era inclinada profundizándose hacia el
este. Restos líticos, óseos y carbón.
Estrato 21 a – b 320-340 Pedregoso, clastos semiredondeados pequeños (3 cm), matriz arcillosa.
Estrato 22 340-390 Arcilloso, semicompacto, con piedrecillas escasas, húmedo.
46
Caverna Piuquenes
En los niveles inferiores del Corte 2 (estrato 19 al 21) se constató una estratigrafía alterada, con
presencia de materiales culturales asimilables, por sus características petrográficas, a estratos superiores, lo
que puede explicarse por un derrumbe interno de la caverna y/o por la configuración propia del talud.
Este problema estratigráfico y la escasez de materiales obtenidos en los cortes llevaron a que las
principales reconstrucciones e interpretaciones realizadas en esta investigación fueran realizadas con los
materiales recuperados en la Cuadrícula 1.
Cuadrícula 1
Constituyó la excavación principal de la caverna, comprendió la mitad norte del depósito y, tal como
se ha dicho, se desarrolló en forma escalonada. La descripción de cada estrato se proporciona en el Cuadro
8.
La superficie superior del depósito se localizó a la cota 5,15 m medida desde el piso artificial de
acceso al sitio (elaborado por la máquina retroexcavadora), el que correspondió al Escalón 1. Allí se dio
inicio a la excavación de la Cuadrícula 1, la que inicialmente tuvo 3 x 1 m. A los 64 cm de profundidad se
detuvo su excavación, y se optó por abrir el Escalón 2 hacia el norte, que quedó delimitado por la pared
rocosa de la caverna. Su excavación se detuvo a 106 cm de profundidad, tras lo cual se abrió el Escalón 3 que
se continuó hasta que apareció un piso ocupacional con restos de un bloque rocoso, sobadores y numero-
sos huesos de camélidos (140 cm), correspondiendo al Estrato 8. Se continuó con esta metodología de
excavación hasta alcanzar el comienzo del Estrato 11 (2,45 m), donde se decidió registrar el piso de ocupa-
ción y denominar la excavación subsecuente como Escalón 6, pese a que no se abrió un nuevo peldaño. Se
utilizó un nuevo número ya que se trataba formalmente de un piso de ocupación, criterio empleado para la
separación de los peldaños. Debido al ensanchamiento de la Cuadrícula 1, al inicio del escalón 7 se trazó una
nueva unidad de 1 x 1,5 m, la que descendió hasta el escalón 9. Al igual que lo expresado para el escalón 6,
el escalón 8 no significó la apertura de un nuevo peldaño. En el escalón 9 se trazó una nueva unidad de 1 x
1,5 m orientada hacia al sur, cuya base correspondió al lecho del río y conformó el escalón 10. De esta forma,
la excavación de esta cuadrícula comenzó con dos escalones orientados de sur-norte, hasta topar la pared
rocosa norte; continuó descendiendo escalonadamente en dirección oeste hasta el escalón 9, para finalizar
girando hacia el sur con el escalón 10.
47
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
CUADRO 8 (Cont.)
Unidad Estratigráfica Profundidad (cm) Descripción
Lente 3 55 Lente arcilloso y compacto. Se amplió la cuadrícula 35 cm hacia el
noreste a fin de llegar a la pared de la caverna. Culturalmente estéril.
Estrato 4 56-64 Hacia el sector norte, cerca de la pared rocosa, apareció un piso con
varios sobadores in situ, puntas de proyectil base recta y un retocador
de hueso. No se siguió profundizando y sirvió de límite inferior de este
primer escalón.
Estrato 5, Nivel a 64-71 El nuevo escalón correspondió a una cuadrícula de 2x1,30 m ubicada
Escalón 2 inmediatamente al norte del escalón 1, extendiéndose hasta las paredes
este y norte de la caverna. Estrato pardo, arcillo-limoso, poco compac-
to con espículas de carbón. Fogón en el extremo sureste. Bloque rectan-
gular transportado intencionalmente de 27 x 23 x 12 cm.
Estrato 5, Nivel b 72-90 Arenoso, pardo oscuro, suelto, sin piedras, húmedo. Continuó el fogón
detectado anteriormente. Se rescataron dos sobadores líticos, una punta
de base recta, una punta base escotada, un raspador y material lítico
diverso. Abundantes restos óseos de camélidos en el sector noreste.
Estrato 6, Nivel a 91-95 Matriz arenosa, poco compacta, de color gris. Presentó un lente limoso
intercalado de color rojizo de 3-4 cm de potencia. Escaso material lítico,
destacando una punta triangular semi-aserrada de base recta bajo un
bloque rectangular de 20 x 17 x 7 cm.
Lente 4 95-98 Lente limoso rojizo.
Estrato 6, Nivel b 95-105 Bajo el lente descrito, se inició un estrato limoso, café, con arena. Un
lente de arena se introdujo en el nivel de limo (extremo suroeste).
Estrato 6, Nivel c 106-115 Conformó la base del escalón 2. Matriz pardo oscuro, húmedo, arcillo-
Escalón 3 arenoso, fino. Descansaba sobre un lente limoso, fino, amarillo, que fue
utilizado para cambiar de nivel. Se observaron dos bloques rocosos
angulares en el extremo noroeste.
Estrato 7, Nivel a 116-130 Correspondió a un estrato arenoso, fino, pardo oscuro, húmedo. En la
base de este estrato apareció un piso con bloques rocosos con pigmento
rojo, colocados intencionalmente.
Estrato 7, Nivel b 130-140 Arenoso, pardo, húmedo, suelto. Terminaba en un lente limoso, amari-
llento.
Lente 5 140-142 Lente limoso, amarillento.
Estrato 8, Nivel a 140-150 Estrato limoso, que coincidió con Lente 5, entre 140-142 cm. Luego
Escalón 4 continuó un estrato arenoso, suelto, fino, gris de 2 cm y luego, otro de
arena-limo y arcilla, pardo, poco compacto. Hacia el extremo suroeste,
donde la pared del techo hacía una inflexión, se encontró un bolsón
compacto, pardo. Escaso material cultural.
Lente s/n 151-153 Lente de limo.
Estrato 8, Nivel b 151-165 Se retiró un débil lente de limo de 2 cm de espesor e inmediatamente
apareció un estrato de arena suelta. Culturalmente estéril. Sólo en el
extremo noreste, donde continuó el bolsón, aparecieron huesos y una
punta pequeña de base recta con pigmento rojo.
Estrato 9, Nivel a 165-179 Comenzaba bajo el estrato de limo. Se iniciaba con un nivel ocupacional
representado por un fogón estructurado en el extremo sureste de la
cuadrícula.
Lente s/n 179-181 Lente de limo. Se detectaron dos bloques rectangulares de 40 x 20 x20
cm aproximadamente, en posición horizontal.
Estrato 9, Nivel b 182-190 Continuaron las rocas rectangulares dispuestas en forma horizontal re-
conocidas en el nivel anterior. Aparecieron lascas con modificación. Se
dejó in situ las estructuras y dos sobadores. En la mitad de las piedras
que conformaban la estructura se reconoció un lente limoso que implica-
ba inundación.
(Continúa en la siguiente página)
48
Caverna Piuquenes
CUADRO 8 (Cont.)
Unidad Estratigráfica Profundidad (cm) Descripción
Estrato 10, Nivel a 190-200 Areno-arcilloso, pardo, suelto. Bolsón pardo, muy compacto en el
extremo noroeste. A los 2 m de profundidad se redujo la cuadrícula
para dejar in situ un fogón estructurado. Por este motivo se dio inicio
aun nuevo escalón. Destacó la presencia de una punta pequeña de base
semirecta.
Estrato 10, Nivel b y c 200-220 La matriz continúa similar al nivel anterior, compuesta por arena y
Escalón 5 arcilla color parda.
Estrato 10, Nivel d 220-233 Matriz similar: areno-arcillosa, poco compacta. A 230 cm de profun-
didad se llegó a un lente limoso, en el sector norte. En el extremo oeste,
a 230 cm, se detectaron retocadores de hueso y un adorno lítico ovala-
do perforado.
Estrato 10, Nivel e 235-245 Areno-arcilloso, suelto, sin piedras, pardo. Descansaba sobre un len-
te delgado horizontal. Disminuyó el material cultural.
Estrato 11 Nivel a 245-260 Capa horizontal limo-arcillosa, compacta, parda clara Culturalmente
Escalón 6 estéril.
Estrato 11 Nivel b 260-270 Culturalmente estéril.
Estrato 12 Nivel a 270-285 Estrato compacto, arcillo-limoso, abundantes huesos de camélido.
Sobador a 20 cm de la pared sur y un fogón de 30x20 cm en la mitad
sur.
Estrato 12 Nivel b 285-297 Arcillo-arenoso, pedregoso, clastos rodados de río.
Estrato 12 Nivel c 297-230 Nivel arcilloso, pardo, compacto. Presentó un bolsón arenoso en su
parte superior izquierda. Aparecieron dos bloques rocosos horizonta-
Escalón 7 les. El bloque más grande descansaba sobre un fogón y arena.
Estrato 13 Nivel a 331-340 Se abrió una nueva cuadrícula de 100x150 cm. Capa areno-arcillosa,
poco compacta. Presencia de un piso de ocupación en cuya parte sur
destacaron dos bloques rocosos, asociados a huesos de camélidos y
tres sobadores/percutores con restos de pigmento rojo.
Estrato 13 Nivel b 341-350 Matriz similar al nivel anterior. En la base apareció algo de arena.
Estrato 13 Nivel c 351-360 Nivel arenoso, suelto, pardo. Había un lente limoso en su base que
abarca la mitad de la cuadrícula.Hacia el centro un bloque rocoso de
cara plana asociado a dos sobadores/percutores.
Estrato 13 Nivel d 361-370 Este estrato presentó un lente delgado horizontal en su parte superior.
Resto del nivel era arenoso, pardo.
Estrato 13 Nivel e 371-380 Nivel arenoso, suelto, pardo.
Estrato 13 Nivel f 381-390 Matriz arcillosa, parda, compacta. En el centro había 2 bloques roco-
sos de forma paralelepípeda y un bloque con huellas de alisado
(mortero).
Estrato 13 Nivel g 391-400 Matriz similar al nivel anterior.
Estrato 13 Nivel h 400-415 Matriz similar al nivel anterior. Tenía intercalado un lente arenoso
Escalón 8 delgado.
Estrato 13 Nivel i 416-430 Matriz similar al nivel anterior.
Estrato 13 Nivel j 431-445 Matriz similar al nivel anterior. Roca de superficie plana de 30x23 x7
cm. Presencia de un sobador lítico.
Estrato 14 Nivel a 446-460 Arcilloso, clastos pequeños, carbón, compacto, pardo. Hacia los 225
cm la matriz era suelta. Punta de proyectil. Apareció un sobador con
pigmento rojo.
Estrato 14 Nivel b 461-475 Arcillo-arenoso, clastos medianos. Bolsones grandes de arena.
Estrato 15 Nivel a 476-485 Arenoso, clastos pequeños, suelto, húmedo, pardo. Presencia de
material lítico y carbón
Estrato 15 Nivel b 486-500 Arenoso, clastos pequeños, suelto, húmedo, pardo.
Estrato 16 Nivel a 501-515 Arcilloso, húmedo, compacto, pardo. Límite superior de estructura de
piedra (muro?). Sobador entre las piedras.
(Continúa en la siguiente página)
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Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
CUADRO 8 (Cont.)
Unidad Estratigráfica Profundidad (cm) Descripción
Estrato 16 Nivel b 516-532 Arcilloso, húmedo, compacto, pardo. Hilada superior del muro.
Estrato 16 Nivel c 533-545 Arcilloso, húmedo, compacto, pardo. Hilada intermedia.
Escalón 9
Estrato 1d Nivel d 546-555 Arcilloso, húmedo, compacto, pardo. Base del muro. Escaso material cultural
Estrato 17 556-568 Arenoso, gris, suelto. Estéril culturalmente.
Estrato 18 569-593 Arcilloso, compacto, pardo, húmedo. Sin material cultural.
Estrato 19 594-602 Clastos angulosos, 5-10 cm. Estéril culturalmente.
Estrato 20 603-630 Areno-arcilloso, semicompacto, pardo. Bloque rocoso grande en su mitad norte.
Estrato 21 631-650 Clastos angulosos de 2-4 cm.
Estrato 22 650-740 Clastos angulosos (lecho antiguo del río Blanco).
Escalón 10
En total se identificaron 22 capas de origen natural y cultural (Figura 25). Entre el primer y sexto
estrato hubo una ocupación continua del sitio, con disminuciones en los lentes arcillo-limosos, pero sin
desaparecer totalmente el área de fogón que ocupó el centro de la cuadrícula.
FIGURA 25. Estratigrafía de la pared este (izquierda) y pared sur (derecha) de la Cuadrícula 1.
En los estratos 8 y 9 (entre los 141 y 180 cm de profundidad), fueron detectadas capas estériles,
aparentemente alteradas por bolsones de origen antrópico y fogones.
El estrato 10 fue otro piso de ocupación encontrado a 180 cm de profundidad. Exhibió dos fogones
estructurados, sobadores y tres bloques rocosos rectangulares de forma paralelepípeda (aproximadamente
30x20x15 cm) cuyo material no correspondió al de la matriz rocosa que daba sustento a la caverna (ni al de las
50
Caverna Piuquenes
rocas erosionadas del lecho del río). Fueron traídos al lugar y dispuestos en forma horizontal, para cumplir la
posible función de asiento.
El estrato 11, por su parte constituyó un momento de abandono de la caverna. El estrato 12 corres-
pondió a un nuevo piso ocupacional encontrado a 272 cm de profundidad. Se caracterizó por la presencia de
un fogón muy extenso y estar cubierto por una gruesa capa de huesos de camélidos, el cual fue sellado por
una potente inundación.
Al igual que lo observado en el Corte 1, el Estrato 13 se comportó como una ocupación continua,
reflejada en innumerables lentes cenicientos y espículas de carbón, asociado a abundante material cultural.
Posterior a este componente, la densidad artefactual comenzó disminuir, reflejando los momentos iniciales
de la ocupación de la caverna. Destacó, en el estrato 16, la presencia de dos hiladas de bloques de tamaño
medio (ca. 20 cm de diámetro) dispuestos de manera alineada adosados a la pared norte de caverna y
paralelas entre sí. Se trataría de una de las estructuras más antiguas registradas en Chile central (Figura 26).
FIGURA 26. Restos de muros paralelos en piedra del estrato 16, perteneciente a la ocupación más antigua de la
caverna.
51
CUADRO 9. Fechados radiocarbónicos de caverna Piuquenes y paleolaguna.
52
DATACIONES ABSOLUTAS
Se presentan los fechados radiocarbónicos sin calibrar y calibrados obtenidos para distintos estra-
tos de la caverna a partir de los Cortes 1 y 2, de la columna palinológica y del sondaje de la paleolaguna que
enfrenta la caverna (Cuadro 9).
53
54
50
40
30
20
Caverna Piuquenes
10
0
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13A 13B 13C 13D 13E 13F 13G 13H 13I 14 15
OTRAS GRUESAS
OTRAS MEDIAS
OTRAS FINAS
CUARZO TRASLUCIDO
ANDESITA SILICIFICADA
ANDESITA GRANO FINO
CUARZO LECHOSO
CUARZO ROJO
ANDESITA GRANO GRUESO
VIDRIO VOLCÁNICO
LUTITA
FIGURA 28. Frecuencias acumulativas de materia prima por estrato para DDN y Des. Cuadrícula 1, caverna Piuquenes.
55
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
amplificadas por el factor 3 para ser más fácilmente visualizadas y comparadas entre sí y en particular con los
DDNs y Des cuyo número es mucho mayor.
Se advierte en la figura el comportamiento del material lítico al interior del sitio. Hay siete cimas o
picos con más de 60 restos, correspondientes a los estratos E-14, E-13h, E-13d, E-13b, E-12, E-10 y E-7 4 (de
izquierda a derecha) y 8 valles de menos 40 piezas, correspondientes a los estratos E-15, E-13i, E-13 f, E13c,
E-13a, E-11, E-8 y E- 1, siguiendo el mismo orden.
A primera vista pareciera que existen siete fases o momentos de ocupación en la caverna, represen-
tados por cada uno de los picos y valles. Pero un análisis más fino demuestra que son sólo cuatro. Así, entre
los estratos E-15 y E-13c se observa una gran similitud en las frecuencias de las categorías con baja cantidad
de DDNs y Des, similares proporciones de instrumentos retocados, presencia de núcleos, ausencia casi total
de puntas y bastantes sobadores, lo cual asigna una gran homogeneidad, compatible con una misma tradi-
ción cultural. Pese a la existencia del valle representado por el estrato E-13f, que indica una temporada de
desocupación en la caverna, los estratos comprendidos entre E-15 y E-13c son considerados como pertene-
cientes a una misma fase cultural (Componente 1).
El siguiente pico está representado por los estratos comprendidos entre E-13b y E-12. Se caracteri-
zan por tener la mayor cantidad de piezas, con una frecuencia muy elevada de las categorías DDNs y Des e
instrumentos y una frecuencia muy baja de núcleos, sobadores y puntas. Sin dudas, representa una fase
cultural muy distinta a la anterior (Componente 2).
El estrato E-10 presenta características propias representadas por una alta frecuencia acumulativa,
con ausencia casi total de núcleos y sobadores, una representación baja de DDNs y Des y una alta presencia
de instrumentos retocados y puntas. Si a estas características se agrega que esta ocupación es precedida y
seguida por lapsos de total desocupación de la caverna (E-11 y E-9), se está frente a otro momento o fase
cultural de la caverna (Componente 3).
El siguiente pico está representado por los estratos E-7 y E-6 y presenta características muy pareci-
das al conjunto anterior. Sin embargo, a juzgar por los fechados RC-14 hay un largo período de desocupa-
ción de la caverna de varios centenares de años, que podría corresponder a otros grupos humanos que
ingresan al área, seguramente portando otra tradición tecnológica. Por esta causa, es señalado como una
cuarta fase o componente ocupacional (Componente 4).
En la Figura 28, Frecuencias de materias primas por estrato para DDNs y Des se muestran las
frecuencias absolutas de materias primas y su aporte acumulativo por estratos. Al igual que en la figura
anterior y en las siguientes, la coordenada vertical muestra la cantidad de piezas versus la coordenada
horizontal que muestra los estratos, comenzando con el más reciente, a la izquierda, hasta llegar al más
profundo, a la derecha. El recuadro enumera las materias primas (rocas) más utilizadas. Las tres primeras
corresponden al tamaño del grano de la roca clasificadas en: otras gruesas, otras medias, otras finas e
intrusivo grano fino. Le siguen: cuarzo translucido, andesita silicificada, andesita grano fino, cuarzo lecho-
so, cuarzo rojo, andesita grano grueso, vidrio volcánico y lutita.
Del mismo modo que en la figura anterior, se aprecian los hiatos que delimitan los cuatro componen-
tes definidos. Entre los estratos E-15 y E-13c se aprecia la utilización indiscriminada de distintos tipos de
roca (varios colores) mientras que en los estratos E-13b a E-11 se constata el predominio absoluto de la lutita
(color azul).
Este gráfico ayuda a clarificar al anterior, puesto que muestra las variaciones en el uso de la materia
prima a lo largo del tiempo, diferenciando con precisión los Componentes 1 y 2, puesto que en el gráfico
anterior, pareciera que el Componente 1 está comprendido entre los estratos E-15 a E-13 f y el Componente 2,
entre los estratos E-13 f y E-11, cuando en realidad y gracias a este gráfico se puede establecer que el
Componente 1 se extiende hasta el estrato E-13c y, consecuentemente, el Componente 2, entre este último y
el E-11. De igual modo, esta figura permite distinguir claramente entre el Componente 3, caracterizado por la
abundancia del cuarzo rojo, respecto del Componente 4 caracterizado por el uso de diversas rocas con cierto
predominio del cuarzo lechoso (blanco). La discusión sobre las modalidades del uso de materias primas se
efectuará más adelante cuando se caractericen los distintos componentes de modo más específico.
56
Caverna Piuquenes
La Figura 29, Frecuencias generales por tipo de talón por estrato, muestra las diferencias en canti-
dad por tipo de talón de los DDNs y Des para cada estrato. El recuadro resume los tipos de talón seleccio-
nados: natural, plano, puntiforme, pseudofascetado, fascetado, diedro y ausente.
La Figura 29 muestra para el Componente 1 (E-15 a E-13c), predominio de talones planos y naturales;
para el Componente 2 (E-13b a E-13 a), talones planos y pseudofascetados; para el Componente 3 (E-10),
talones planos y fascetados y, para el Componente 4 (E-8-E-2), talones planos, fascetados y puntiformes, en
FIGURA 29. Frecuencias generales para tipo de talón por estrato, para DDN y Des. Cuadrícula 1, caverna Piuquenes.
57
58
FIGURA 31. Frecuencias absolutas para puntas de proyectil e instrumentos bifaciales por nivel. Cuadrícula 1,
caverna Piuquenes.
cantidades similares. Por lo tanto, este gráfico muestra algunas diferencias importantes en el comportamien-
to de los tipos de talones específicos que apoyan la división por componentes en referencia. El detalle de
éstos se desglosará por componentes más adelante.
La Figura 30, Frecuencia acumulativa por tipo de instrumental en estratigrafía, muestra el aporte de
cada categoría instrumental siguiendo los estratos naturales. Se consideran las categorías raspado, raído,
corte, sobado, puntas y otras. Se observa la escasez de puntas de proyectil en los componentes más
antiguos junto a un predominio de las actividades de raspado.
Asimismo, la actividad de sobado (raspado) de cuero es alta, lo que indica que los grupos están
procesando las pieles de las presas al interior de la caverna. Una situación distinta se advierte en los
Componentes 3 y 4, es decir, una baja tasa de raspado acompañada de una casi inexistente muestra de
sobadores, mientras que se presenta un aumento importante de las puntas de proyectil, lo que indicaría
cambios en la funcionalidad del sitio. Este cambio sugiere que se está privilegiando la actividad de adqui-
59
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
sición faunística por sobre el procesado de los subproductos de este recurso e incluso de que éste último
trabajo se esté realizando en otro lugar fuera de la caverna.
La figura 31, Frecuencia absoluta de puntas de proyectil e instrumentos bifaciales por nivel, comple-
menta lo señalado en la figura anterior, mostrando las diferencias estratigráficas entre los últimos dos com-
ponentes y los dos primeros. Es notable la gran cantidad de puntas de proyectil presentes en el estrato 10,
que como se verá más adelante, constituye en sí, el Componente temporal 3.
Puntas de proyectil
Uno de los materiales más diagnósticos a la hora de establecer diferencias tecnológicas o estilísticas
entre dos conjuntos líticos son las puntas de proyectil. Esto ocurre tanto por su complejidad en términos de
su alta tasa de modificaciones por unidad, como por su diseño considerando que se trata de una tecnología
FIGURA 32. Frecuencias absolutas por tipo de base para puntas de proyectil por componente temporal.
60
Caverna Piuquenes
orientada a la minimización del riesgo en el evento de su uso. Es por esto que comenzaremos nuestro análisis
con ellas.
La Figura 32 muestra las diferencias existentes en los cuatro componentes donde se advierte inme-
diatamente cambios importantes en la forma de este atributo. En el Componente 1, no existen casi elementos
de juicio que puedan determinar una característica distintiva ya que se trata únicamente de una pieza, por lo
demás bastante atípica.
En el Componente 2, aparece como elemento diagnóstico el pedúnculo como base de estas puntas.
En el componente siguiente, se produce un reemplazo de este pedúnculo por una forma más simple, consis-
tente en una base de tipo convexa. Se advierte también la presencia de algunas bases de tipo recta que
podrían estar sirviendo de puente estilístico hacia el componente posterior, en que comienza a notarse una
transición hacia un tipo de base escotada o cóncava, acompañadas de puntas de base recta.
La Figura 33 viene a confirmar que existe un cambio cultural, que es especialmente importante en el
caso de los Componentes 3 y 4, que los diferencia en forma absoluta al disponer estos últimos de un borde
característicamente aserrado. Esta situación de cambio tecnológico es detectada también a través del análi-
sis de los instrumentos óseos (retocadores) en los que se advierte una superficie de contacto en la punta del
retocador mucho menor a la de componentes anteriores.
61
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
Instrumentos
Comprende las categorías de raspado, raído, corte, sobado y otras que engloban distintas funcio-
nes (poco representadas en el registro tales como perforadores y corte por percusión). Se considera aquí a
los DDNs y Des como fuente de datos acerca de las modas y frecuencias de materias primas, por su mayor
cantidad, aunque lo ideal sería que este análisis fuera realizado únicamente sobre los instrumentos termina-
dos. Así, en casi todos los casos, las materias primas de los DDNs coinciden con la de los instrumentos, pero
se da el caso, en el Componente 2, donde ello no ocurre. En éste, la materia prima preferente es la lutita que
está relacionada con la confección de instrumentos bifaciales, que como se ha mencionado ha sido descar-
tada de este análisis. De este modo, es casi imposible evaluar la calidad de las materias primas en instrumen-
tos no bifaciales.
En cuanto a las frecuencias absolutas por nivel, se advierten escasas diferencias en lo que se refiere
FIGURA 34. Medias y desviaciones estándares para ángulo de descarte de raspadores por componente temporal.
62
Caverna Piuquenes
a las distribuciones por distinto tipo de instrumental salvo en el caso de los Componentes 1 y 2 en que se
advierte una propensión a las actividades de raspado por sobre las de corte y raído. Es llamativo que en estos
niveles (los más tempranos), no se adviertan mayores evidencias de corte por percusión a nivel de instru-
mental lítico. En los componentes más tardíos la distribución de materiales se muestra relativamente similar
para ambos lo que implicaría que existen diferencias en el tipo de ocupación de la caverna, lo que ha sido
comentado con anterioridad.
La tipología de piezas ha sido un elemento ampliamente utilizado para intentar determinar diferen-
cias en cuanto a preferencias culturales, aunque este concepto es ampliamente discutido en la actualidad
(Nami 1994). Es más probable que dichas variaciones formales (las que dan lugar a distinciones tipológicas
excesivamente específicas) sean más bien producto de procesos relacionados tanto con la intensidad de
utilización y reavivado del instrumento, con el sustrato de trabajo o las exigencias específicas del trabajo
contemplado (Barton 1991). En el caso de la caverna lo que ocurre es que existe una gran variedad en lo que
a morfología se refiere, aunque casi ninguna de las piezas se atiene a conceptos tipológicos enunciados en
la literatura (salvo en el caso de las tipologías de Orquera y Piana (1986) y de Kozlowski y Ginter (1975)
La excepción a la situación descrita es la presencia de raspadores frontales con alto índice de
formatización en los Componentes 1 y especialmente 4. El caso de este último componente será discutido
cuando se trate en detalle.
La Figura 34, no pretende dar definición al tema del estrés de recursos líticos por si solo, sino más
bien, mostrar hasta qué punto la utilización del instrumental exhibe variaciones en su tasa de uso. Es difícil
FIGURA 35. Frecuencia absoluta para sobadores de cuero y huellas de percusión por componente temporal.
63
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
reconocer que una medida como el ángulo de descarte pueda entregarnos una idea acabada acerca de la
intensidad de uso de los instrumentos, máxime si no es acompañada por un análisis de ángulo espinal. En
nuestro caso optaremos por complementar la primera aproximación con otro tipo de análisis orientado al
reconocimiento de la intensidad de trabajo sobre derivados de núcleo (Mendez et al. 2004), cuyos resulta-
dos se muestran en la discusión final.
Se aprecia en la Figura 34 que las medias de los ángulos de los raspadores formales del Componente
1, que son exclusivamente raspadores frontales es de 65° lo cual es bastante bajo considerando la tasa de
descarte establecida en la literatura es 80°. Para el caso del resto de los raspadores estos fluctúan entre dicha
medida y aproximadamente 52°, tasa aún más baja. Una excepción es el caso del Componente 4 en que los
raspadores son utilizados hasta una etapa muy posterior de su vida útil que acabaría en una media de 71°.
FIGURA 36. Frecuencias relativas para tipos de talón por componente temporal.
64
Caverna Piuquenes
Sobadores
Se ha optado por analizar los sobadores de cuero en un inciso aparte por dos motivos. El primero se
refiere a la naturaleza de estos instrumentos que no han sido tallados sino que solamente seleccionados a
partir de su tamaño, forma y granulometría. En segundo término, porque su función de sobadores está en
casi todos los casos relacionada con la de percutor duro, como se observa en la Figura 35.
Se advierte en la Figura 35 una tendencia a la disminución de las actividades de sobado a través del
tiempo, lo cual posiblemente indica, como ya se ha mencionado, un cambio de funcionalidad del sitio. Por
otra parte, se ve también una disminución progresiva en las huellas de percusión a través del tiempo que es
muy consistente con la disminución de los sobadores y que no muestra reemplazo en los componentes más
tardíos por percutores propiamente tales. Esto podría indicar una baja en la tasa de percusión dura al interior
del sitio al transcurrir el tiempo.
Al parecer, durante los dos últimos componentes de la ocupación del sitio, se está optando por la
talla de matrices menos voluminosas y, al aumentar la producción de instrumentos retocados (en especial
puntas de proyectil), se está prefiriendo la percusión blanda y mayor cantidad de talla por presión.
65
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
La Figura 37, muestra la incidencia de corteza considerando todas las piezas. A primera vista se nota
que en el componente más temprano la cantidad de corteza alcanza un promedio de 11%, cifra que en sí no es
indicativa de una situación de aprovisionamiento o tecnológica especial, sino que se vuelve relevante
cuando es comparada con los otros Componentes. Por ejemplo, en el componente inmediatamente posterior,
se ve una baja en la incidencia de corteza que estaría mostrando que las primeras etapas de reducción del
material o específicamente su descortezado se están realizando con una intensidad menor al interior de la
Caverna, lo cual se explica en el capítulo siguiente. El Componente 3 exhibe una pequeña alza en la cantidad
de piezas corticales, situación que también se encuentra relacionada con cuestiones referentes al tipo de
materia prima empleada. Por último, el Componente 4 muestra la tasa más alta que probablemente se
encuentra relacionada con la variabilidad de materias primas presentes en el registro que, además, han sido
relacionadas con materias primas existentes y disponibles en el lecho del río adyacente.
FIGURA 38. Frecuencia general acumulativa por tipo de artefactos. Corte 1, caverna Piuquenes.
66
Caverna Piuquenes
FIGURA 39. Frecuencia general acumulativa por tipo de materia prima. Corte 1, caverna Piuquenes.
67
68
hacia abajo.
En general se constata una disminución en la cantidad de piezas lo que evidentemente es producto
de la diferencia de los volúmenes excavados entre la cuadrícula y el corte. Por otra parte, se nota una
diferencia bastante importante en la cantidad de materiales del estrato 10, lo cual es difícilmente explicable.
La Figura 39, Frecuencia general acumulativa por materia prima, muestra una gran coincidencia con
los Componentes 1 y 2 de la Cuadrícula 1, sobre todo lo que se refiere a la presencia mayoritaria de lutita en
el Componente 2, representado por los estratos 13 al 13 e del Corte 1. Por el contrario, el Componente 1
(estratos 13 e a 13 h), no muestra ninguna preferencia en la selección de las materias primas. Respecto a las
ocupaciones posteriores es poco lo que se puede decir debido a la escasa cantidad de piezas encontradas.
La Figura 40, Frecuencias absolutas para talones por estrato, muestra la coincidencia en los aportes
de los distintos tipos de talón para el Componente 2 entre la cuadrícula y el corte, con mayoría de talones
planos seguida por los pseudofascetados. A diferencia de la Cuadrícula 1, el siguiente tipo en importancia en
el Corte 1 es el puntiforme, mientras que en la Cuadrícula 1 era el fascetado. Esta pequeña inversión no
parece significativa considerando que los tipos de talón sintomáticos de talla bifacial siguen siendo cerca del
50% de la muestra. En el Componente 1, lo que más llama la atención es la desaparición de los talones
pseudofascetados al igual que lo constatado en la Cuadrícula 1.
La Figura 41, Frecuencias absolutas para puntas de proyectil por estratos, indica la distribución de
puntas en el Corte 1. Si bien no es muy decidora en términos de frecuencias si lo es en términos de tipología
de puntas, aunque esto se tratará en un capítulo aparte. Se constata que la presencia de estas puntas
coincide con la posición estratigráfica de los distintos componentes definidos para la Cuadrícula 1.
Cronología y estratigrafía
El Componente 1 comprendió los estratos 16 a 13c del Corte 1 y de la Cuadrícula 1 y, los estratos 16
a 13b del Corte 2. Fueron excluidos del análisis los estratos 17 al 20 del Corte 1 y los estratos 17 al 22 de la
Cuadrícula 1 debido a que sus fechados radiocarbónicos (obtenidos en el estrato 20), indicaron una inver-
sión estratigráfica asociada a su posición exterior al talud de la caverna. Asimismo, la mayoría de los estratos
no presentaron materiales diagnósticos o resultaron culturalmente estériles.
Las fechas oscilaron desde el 12.310(11.670)11.260 AP hasta el 10.470(10.240)10.220 AP. La fecha
más temprana provino del Estrato 16 del Corte 2, donde sólo apareció carbón y restos de fauna, sin evidencia
de materiales líticos. Este componente poseía dos fechas medias, la primera de 11.170(10.740)10.430 AP,
proveniente de la excavación de la columna palinológica, en tanto que la segunda, se obtuvo a partir de
carbones del Corte 2, Estrato 13 i con un resultado de 11.062(10.520)10.220 AP. La fecha más tardía fue
obtenida a partir de un esqueleto humano.
Se dispuso también, de un fechado de 11.090(10.690)10.510 AP que se encontraba dentro del rango
cronológico, aún cuando su posición estratigráfica (Estrato 20) indicó una alteración de los sedimentos del
Componente 1, cuya causa no fue evidente en el examen de los mismos. Por último, de este mismo estrato se
obtuvo un fechado de 10.220(10.040)9.710, cuya divergencia con la otra fecha, no podemos explicar por el
momento.
Bioantropología
Los enterratorios humanos recuperados en caverna Piuquenes fueron descubiertos casualmente
durante la ampliación del camino industrial de la empresa minera División Andina de CODELCO Chile. Esto
se tradujo en la destrucción de un importante número de unidades óseas, aún cuando se pudo advertir en los
perfiles expuestos la existencia de porciones de dos esqueletos, los que aún conservaban unidades articu-
ladas anatómicamente in situ, por lo que pudieron ser excavados de manera sistemática. Se trataba básica-
mente de dos individuos enterrados separadamente, los que de acuerdo al orden de su descubrimiento
fueron denominados Individuo 1 e Individuo 2, ubicados en el Corte 1, sector medio (ca. 415 cm de profun-
70
Caverna Piuquenes
didad, Estrato 13, Niveles h-i) y Corte 2, sector superior (ca. 550 cm de profundidad, Estratos 13, Niveles e-
f, respectivamente). El Individuo 2 fue excavado primeramente durante 1998, mientras que el Individuo 1 fue
exhumado durante los años 2000 y 2001, posterior a la excavación de la Cuadrícula 1 (Figura 42). De este
último se extrajo una porción de la diáfisis de un fémur, sin lesiones u otro rasgo destacable, optándose por
fecharlo para conocer con precisión la antigüedad del enterratorio. Paralelamente, durante la campaña de
2001, se rescataron restos óseos caídos de los perfiles y procedentes del material removido con la maquinaria
pesada, con el objeto de encontrar restos asignables al Individuo 1, o bien, a otros posibles individuos.
FIGURA 43. Sepultura del Individuo 1. Se observa la excavación de un fogón pre-existente y el posterior relleno
mediante el material removido, agregándose un bloque rocoso sobre el tórax del individuo.
71
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
Individuos 1 y 2
Las sepulturas excavadas contienen restos de dos esqueletos parciales, de sexo femenino y entre
30 y 35 años. Los dos individuos se encuentran originalmente depositados en tumbas individuales, como
entierros primarios, en niveles diferentes y a unos 4 m uno de otro. Ambos esqueletos están en posición
flectada, decúbito lateral, uno derecho (Individuo 1) y otro izquierdo (Individuo 2).
El Individuo 1, sufrió una importante desmineralización de los huesos, debido a su mayor satura-
ción de agua de deshielo, a la vibración producida por los vehículos pesados que transitan por el camino
contiguo a la caverna y a la fractura por compresión causada por el peso de los sedimentos, de mayor
potencia en esa parte de la cueva. Lo anterior redundó en una mayor destrucción de los restos, que sólo
pudieron ser rescatados parcialmente, a pesar de las labores de consolidación y otras precauciones de
conservación adoptadas .
La posición de los fragmentos de hueso conservados in situ, en su mayoría en posición anatómica
y la excavación del remanente de la tumba, permitió establecer la posición del individuo y la manera en que
esta fue construida (Figura 43).
Para enterrar al Individuo 1, se excavó un fogón pre-existente, utilizándose el material removido
para tapar la tumba, incluyendo un gran bloque de piedra puesto sobre el tórax del individuo. La datación
directa de este individuo arrojó una fecha calibrada de 10.240 cal AP. Los restos de carbón del material
removido de la tumba arrojaron una fecha calibrada cercana a los 11.000 años AP.
El individuo fue depositado en una fosa elíptica de unos 30 a 40 cm de profundidad, en posición
decúbito lateral derecho, con el antebrazo derecho entre los muslos y su mano de ese lado en la región
genital (Figuras 44 y 45). Las piernas estaban hiperflectadas, con ambos talones adosados a la región
isquiática, lo que debió requerir que el cuerpo fuera amarrado o enfardado. Como se puede apreciar en las
fotografías, dos grandes bloques rocosos angulares y otro de menor tamaño se preservaron in situ, sobre la
región pélvica el mayor y sobre los pies y algo más al borde distal de la tumba, los otros. Quizá pueda
reconocerse en esta práctica un antecedente de los entierros tipo “cheuque”, populares entre cazadores-
recolectores patagónicos para tiempos más tardíos.
72
Caverna Piuquenes
Resulta de particular interés el pequeño fogón existente sobre la región toráxica y la existencia de
fogones sucesivos sobre el emplazamiento del enterratorio. Para minimizar el riesgo de contaminación, la
muestra de carbón utilizada para el fechado de la tumba se extrajo de su material de relleno, por debajo del
gran bloque sobre la pelvis. Otro fogón se emplazaba sobre la región de los pies, por sobre el sedimento de
la sepultura.
La matriz de la tumba estaba formada principalmente por ceniza, carbón, arena, limo y algunos
cantos angulares pequeños. Además, contenía algunos fragmentos de huesos de mamíferos menores y
guanaco, así como algunos desechos de talla. No se encontraron ofrendas asociadas, presumiblemente
porque todo el sector de los brazos, parte del tórax y cabeza, se encontraba en el área destruida.
El Individuo 2 fue depositado en una depresión oval contigua a la pared NW de la caverna. Sólo se
encontraron in situ su fémur y tibia derechos incompletos y, bajo ellos, el fémur izquierdo completo pero
fracturado (426 mm: 1153.082 ± 3.816 mm; según Genovés 1967:76). Además, se encontró la tibia izquierda
casi completa, su respectiva patella y algunos huesos del pie. Asimismo se rescató parte del coxal derecho
(consolidado), vértebras lumbares y sacras fragmentadas, trozos de costillas, esternón y la ulna izquierda
casi completa. Del material removido accidentalmente en la limpieza de perfiles y del depositado en la base
del perfil bajo la tumba, se rescataron fragmentos de cráneo y cara y un tercer molar superior izquierdo
(Cuadro 10).
Los huesos que se conservaron in situ, la mayor parte de ellos en posición anatómica, indicaron
que el individuo fue depositado flectado, decúbito lateral izquierdo en posición supina, con el antebrazo
izquierdo flectado orientado hacia la cara. El eje de la columna se prolongó de cefálico a caudal en una
dirección aproximada de W a E, debiendo quedar la cara del individuo orientada hacia la pared de la caverna.
En el interior de la tumba, a la altura del esternón y próxima a la pared rocosa, se encontró una
concha de Concholepas concholepas y, cercano a la pelvis, se halló un punzón de hueso. Entre ambos
elementos se registró una concentración de fragmentos de cráneo de guanaco. En el sedimento de relleno
73
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
de la tumba, se localizaron (in situ) fragmentos de huesos de ave y de guanaco, algunos evidentemente
expuestos al fuego directo. También se encontraron algunos desechos de talla.
FIGURA 46. Vista lateral del cráneo restaurado del Individuo 3. Caverna Piuquenes.
La bóveda craneana del Individuo 3 presentó gran afinidad morfológica con poblaciones arcaicas,
como las de Cuchipuy (Kaltwasser et al. 1980), con un abombamiento discreto del occipital, dolicocefalia y
mastoides reducidas, considerando su sexo masculino. Es poco robusto, cuestión que es común en los
demás restos de ambos sexos y en todos los restos esqueletales encontrados.
74
Caverna Piuquenes
Otro individuo (número 4), juvenil de sexo no determinable, fue identificado por huesos de la
bóveda craneana y sólo fueron restaurados parcialmente.
Otros dos individuos (números 5 y 6) se encontraron representados por temporales derechos (uno
de ellos erosionado en la región mastoidea), que no correspondieron a ninguno de los individuos anteriores.
El temporal más completo correspondería a un individuo de sexo masculino, adulto joven.
Existen otros segmentos esqueletales que podrían ser atribuidos a nuevos individuos o, eventual-
mente, a parte de los individuos 1 y 2, cuestión que falta determinar con precisión. Entre los restos aislados,
destacó un tercer molar superior derecho completo, de un individuo joven (menos de 25 años) con una gran
carie en el cuello de la cara mesial de la pieza y otra carie menor en la superficie oclusal, presentando la raíz
del diente una hipercementosis.
75
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
CUADRO 10. Resumen de unidades óseas identificadas del individuo 2 y restos fragmentados recuperados sin
procedencia clara.
76
Caverna Piuquenes
Se presenta aquí el Análisis de Morfometría Geométrica por Relative Warps (análogo del análisis de
componentes principales) de cráneos del período arcaico (Punta de Teatinos, Cuchipuy y Piuquenes) y agro-
alfarero (Laguna El Peral). Las grillas de los valores extremos del eje I de relative warp (x= RW1) muestran la
deformación de los grupos analizados respecto del valor promedio, de deformación cero (grilla en el centro de
la Figura 48). Los hitos utilizados en este trabajo se muestran en el recuadro con la fotografía del cráneo de
Piuquenes (RW1= 40.14%, RW2= 28.80% de la varianza total).
El análisis de variación de la forma (relative warp) por deformación de placa delgada (TPS) discrimi-
na bastante bien a los grupos estudiados (los primeros dos ejes explican el 70% de la varianza total). Según
este análisis, Piuquenes -además de la cercanía evidente con Cuchipuy- se agrupa en el segundo eje con los
agroalfareros. Sin embargo, el análisis de regresión de los componentes de la forma total (afín y no afín)
contra las muestras clasificadas según origen (Piuquenes y Cuchipuy versus arcaicos) arroja diferencias
significativas entre los primeros y el grupo de Punta de Teatinos (Generalized Goodall F-test: F = 4.1361, df
= 12, 108: P = 0.0000). Cabe destacar que se trata de un análisis exploratorio, y las diferencias encontradas
pueden también explicarse por los hitos anatómicos disponibles. El uso de cráneos no fragmentados podría
dar otras configuraciones. Respecto de los grupos «control», Piuquenes y Cuchipuy muestran un cráneo
con una elongación frontal-occipital. La regresión de los componentes de la forma total (afín o uniforme y
no afín) contra el tamaño del centroide resultó no significativa (Generalized Goodall F-test: F = 0.6263, df =
12, 144: P = 0.8172). El peso del componente uniforme (variación en los grandes ejes) tampoco fue significa-
tivo (menor al 1%). En otras palabras, la variación observada se explica por la deformación de los hitos
localizados en las regiones frontal y occipital, sin influencia del tamaño.
FIGURA 48. Gráfico del análisis de Morfometría Geométrica por Relative Warps.
77
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
Material lítico
Para las primeras ocupaciones de la caverna se analizó una muestra total de 359 piezas líticas, consis-
tentes en 29 instrumentos (una punta de proyectil, 23 raspadores, dos cepillos, una pieza multifunción y dos
fragmentos clasificados como “otros” que parecen proceder de una pieza bifacial, pero que por termo
alteración no pueden ser adscritos a una categoría u otra), 303 desechos de talla (de los cuales 65 son
microdesechos), 11 piezas sobre guijarro (9 sobadores de cuero, 1 machacador y un percutor) y 16 núcleos.
De los desechos se remontó otro núcleo. Cabe notar que se trata de una muestra relativamente pequeña,
considerando el volumen de sedimentos recuperados para estos niveles, de modo que las interpretaciones
que aquí se ofrecen de los datos analizados deben tenerse por generalizaciones de carácter exploratorio. El
análisis de nuevos materiales contribuirá a la precisión de las tendencias aquí descritas.
Instrumentos
Los instrumentos recuperados fueron divididos a partir de su grado de formatización, en dos
grandes grupos con proporciones indiferenciadas en su frecuencia relativa, los formales (n=19, 65,5%) y los
informales (n=10, 34,5%) (Cuadro 11). Estos instrumentos fueron confeccionados sobre materias primas de
distinto tipo, algunas de las cuales –generalmente las de grano más grueso y mayor dureza, como los
basaltos y las andesitas se hallan presentes en el material de arrastre del río Blanco, es decir, en las inmedia-
ciones del sitio (ver Cuadro 12). Como veremos mas adelante, este aprovisionamiento de materiales dispo-
nibles en el entorno inmediato fue empleado con preferencia para el material informal.
Tipo instrumental
Cantidad %
Componente 1
Puntas 1 3,45
Raspadores 23 79,3
Raederas 0 0
Cuchillos 0 0
Cepillos 2 6,9
Instrumento multifunción 1 3,45
Otros 2 7,1
Total 29 100
La única punta de proyectil recuperada para este bloque temporal fue sumamente inusual. Se trató de
una pieza con un amplio denticulado continuo por ambos bordes. Su módulo era alto (4,23) correspondien-
do a un tipo foliáceo y fue confeccionada sobre un basalto grueso bastante ubicuo en el lecho del río. Su
calidad formal de punta no fue objetable aunque su eficiencia funcional es dudosa, dada su sección longitudinal
asimétrica y su ápice romo. La presencia de ocre rojo en toda su superficie sugirió un uso ornamental.
El grupo de los raspadores era el mejor representado (23), y tanto los raspadores formales (12) como
los informales (11) presentaron frentes de uso de tamaño similar (54,7 mm vs. 53,6 mm, en promedio respec-
tivamente), de modo que pudieron ser empleados con propósitos parecidos, siendo –por supuesto- menos
variable el conjunto de los raspadores formales (Cuadro 13). Por otra parte, ambas categorías instrumentales
presentaron ángulos de descarte distintos (69o vs. 58o), lo cual implicó que los raspadores informales fueron
descartados con menos reavivado que los formales, cuestión esperable en una situación de confección
situacional de parte del instrumental que se estaba empleando. Aún en otro aspecto de esta cuestión, casi
la mitad de los raspadores formales (7) fueron confeccionados en materias primas silíceas finas correspon-
dientes a la categoría “otras finas” y al tipo de materia prima “intrusivo grano fino”, mientras que los
restantes fueron confeccionados en materias primas de mas dureza como el cuarzo rojo (3), rocas de la
78
Caverna Piuquenes
CUADRO 12. Distribución por materia prima para instrumental del Componente 1. Caverna Piuquenes.
categoría “otras medias” (4) y el basalto y la andesita de grano grueso (5). Destacaron en este grupo tres
raspadores frontales de gran tamaño, con escotaduras para enmangue y ocre rojo en su interior. Las tres
piezas eran masivas, con frentes de uso amplio de 123, 67 y 65 cm, respectivamente (Figura 50 d, e y f).
De los dos cepillos presentes en este bloque temporal, solo uno estaba completo. En el caso de
ambos, su función fue inferida a partir de observaciones comparativas con huellas de uso experimentales
para un sustrato similar. Las huellas observadas revelaron micro astillamiento perpendicular al borde de uso
sobre la cara de deslizamiento de ambos, obliterado parcialmente por un redondeamiento del borde provoca-
do por su mismo uso posterior. Ambas clases de huellas coincidieron con lo observado experimentalmente
sobre madera fresca.
En este componente solo se observó un instrumento multifuncional. Se trató de una combinación de
raedera y raspador, el ángulo espinal del primer frente fue de 37o, mientras que el que correspondió a la
función de raspado mostró un ángulo de borde de 60 o.
Finalmente, se recuperaron dos fragmentos (de la misma materia prima) con evidencias de rebaje
bifacial (Figura 50). En ambos casos solo fue posible discriminar esta situación en una de sus caras,
presentando las otras evidencias de exposición al fuego con el consiguiente desprendimiento de conos de
termofractura.
Desechos
Para el caso de los desechos, es relevante la presencia en ellos de una cantidad importante de
talones planos (n=110, 46,2 % del total de piezas), lo que configura un panorama tecnológico de talla lítica al
interior del sitio bastante simple, del tipo “debitage” (Cuadro 14). Debitage se refiere a una técnica de
reducción lítica que supone la fabricación de instrumentos desde matrices regulares obtenidas de un núcleo
(lascas o derivados de núcleo), por contraposición a la reducción de un nódulo directamente a la forma
deseada.
Sin embargo, el nivel de precisión de esta observación general de frecuencias puede verse obliterada
por el hecho de que no se recuperaron materiales líticos bajo la magnitud 10 mm, como se explica en el
capítulo introductorio. Hecha esta salvedad, lo que si puede decirse con precisión es que en este compo-
nente no se realizó -al interior del sitio al menos- reducción de grandes bifaces ya sea para la fabricación de
preformas o de núcleos bifaciales. El hecho de que las categorías de talones que podrían acusar esta clase
de situación (talones puntiformes y pseudofascetados) representen sumadas alrededor de un 4,2% del total
es decidor al respecto. Se dispone, pues, de una muestra dentro de la cual deberían encontrarse algunos
indicios acerca de los procesos de descortezado iniciales y algunos aspectos de la selección de matrices,
79
80
Detalle borde
Forma borde
Descripción
% Cortez a
Angulo de
Largo de
descarte
Materia
Espesor
Estrato
Ancho
Prima
Largo
borde
aunque no de las fases finales de la formatización de los instrumentos. Paralelamente, se cuenta con una
muestra de desechos procedentes de la excavación de una columna arqueobotánica que contiene materiales
que podrían contribuir a la descripción de estos aspectos, aunque dicho estudio no ha sido emprendido aún.
En términos métricos, la distribución de los desechos va de 14 a 72 mm de largo, de 12 a 64 mm de
ancho y 1,7 a 24,3 mm de espesor, con medias respectivas de 32,73, 29,21 y 15,6 mm. En cuanto a una
descripción por modulo, es posible decir que las láminas representaron solo siete casos de un total de 105
piezas completas (6%), mientras que la tendencia general fue a la de producción de lascas no laminares con
un modulo promedio de 1,17. Ninguna de las láminas detectadas exhibió preparación de plataforma o más de
una arista paralela al eje tecnológico en su anverso.
En términos de la corteza en los desechos, este componente presenta un porcentaje relativamente
alto de piezas que la poseen (19,5%), con una media de superficie cortical de 44%, lo que es esperable en una
situación de aprovisionamiento no selectivo de materias primas. Considerando este indicador en combina-
ción con la métrica de los desechos, puede decirse que la mayor parte de los nódulos seleccionados para la
talla fueron también pequeños.
Se indagó también en la calidad de los materiales empleados para la talla sobre la base de sus
cualidades petrográficas, análisis que sugiere también un aprovisionamiento incidental de las materias
primas (Cuadro 15). Considerando que el 69% de las piezas analizadas presenta alguna clase de falla (ya sea
clivajes, burbujas o inclusiones) se desprende, tentativamente, que en este componente no existe una
fuente de aprovisionamiento localizada en uso regular. Esto, sumado a la variedad de las materias primas
documentada, la presencia fuerte de corteza en las piezas y la distribución de tamaños pequeños en la
métrica de los desechos, implica que en este componente al interior del sitio sólo se realizó talla lítica de
forma muy marginal y supeditada, probablemente, a la obtención de filos cortantes sin preparación. Esta
situación encuentra un referente en el examen de los núcleos recuperados. Por su parte, el instrumental
formal y más especializado se confeccionó en otro lugar, a juzgar por la ausencia de matrices completas o
fracturadas del volumen necesario para la ejecución de las piezas que se recuperaron.
Se realizó además un análisis orientado a evaluar el aprovechamiento general de materias primas. En
este sentido, como se observa en la Figura 49, este componente exhibe una distribución de materiales con
características de aprovechamiento alto y medio/alto. Aunque esto se condice con las observaciones ya
realizadas en cuanto al tamaño de los nódulos originales, consideramos a esta herramienta analítica inapropiada
para evaluar este registro en particular, dadas las condiciones de su formación comentadas en los párrafos
anteriores. En otras palabras, los desechos analizados desde esta perspectiva no tendrían relación con el
instrumental recuperado, de modo que es imposible caracterizar una conducta general a este respecto. El
Cuadro 16 presenta las materias primas registradas en los desechos (preferentemente de gran dureza y grano
medio a grueso) en comparación con las materias primas empleadas en la confección de los instrumentos,
advirtiéndose en estas últimas preferencias por materiales de granulometría más fina. Esta situación podría
subsanarse de disponer de datos arqueológicos de todos los loci de producción del conjunto. La calidad
del retoque en el instrumental formal y su propia formatización señalan una tasa de trabajo alta que es muy
propia de poblaciones de gran movilidad que requieren de herramientas muy confiables para el desempeño
de sus actividades de apropiación y procesamiento.
Si bien la comparación entre materias primas por categoría entre instrumentos y desechos no es muy
decidora, es notorio que en los desechos aparezcan representados con mayor énfasis los materiales de
mayor dureza, granulometría mas gruesa y menor calidad, mientras que en los instrumentos –particularmente
los formales- la tendencia señala preferencias variadas aunque hacia rocas de grano fino y fractura concoidal
homogénea.
Núcleos
Finalmente, cabe destacar que existen pocos núcleos encontrados en este componente (n=15). El
más interesante proviene del estrato 13 c (Cuadrícula 1) y consta de varios trozos que fue posible remontar
en laboratorio. Se trata de una materia prima andesítica de calidad media. Aquí la secuencia de extracción es
similar a la del núcleo del estrato 7b, aunque al parecer este nódulo era de mayor tamaño originalmente y
81
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
C UADRO 14. Distribución de desechos por tipo de talón para el Componente 1. Caverna Piquenes
82
Caverna Piuquenes
CUADRO 15. Frecuencia rela tiva para piezas con fallas en el Componente 1 (Cuadrícula 1).
FIGURA 49. Aprovechamiento de materiales líticos en el Componente 1 (Cuadrícula 1). Caverna Piuquenes
83
84
10
30
50
70
80
20
40
60
0
Lutita
CUADRO 16. Gráfico de distribución de materia prima en desechos e instrumentos. Componente 1, caverna Piuquenes
Vidrio volcánico
Andesita grano
grueso
Cuarzo rojo
Cuarzo lechoso
Andesita silicificada
Cuarzo traslúcido
Otras finas
Otras Medias
Desechos
Instrumentos
Otras gruesas
D es cripció n
incompletas
pla ta forma
Extra cción
Fractura s
Perímetro
Negativ os
Di rección
Angulo
Estrato
Largo
Tipo
Peso
MP
Otras
13c Núcleo Agotado 9 Múltiple lascas 21 103 15
finas
Núcleo proveniente de
Andesita
gran bifaz fracturada
13d3 Grano 8 Múltiple lascas 43,4 118 46
durante el proceso de
Fino
extracción
lascas-
13d1 Núcleo Agotado Lutita 17 Múltiple 1 70,2 165 154
láminas
Cuarzo
13d1 Núcleo Agotado 15 Múltiple lascas 4 25,7 89 20
Rojo
Núcleo de prueba, Cuarzo
13d1 2 Múltiple lascas 45,6 92 37
abandonado por fallas. Rojo
Otras
13e Núcleo Agotado 9 Única lascas 21,7 97 19 68
finas
Núcleo
multidireccional con
plataforma principal
sobre cara cortical,
presenta restos de ocre
13h Lutita 11 Múltiple lascas 40,9 155 85
rojo. El borde
presenta
desportilladuras por
presión asociadas a uso
como cepillo.
Núcleo bifacial
fracturado durante la Andesita
13h extracción de lascas. Grano 22 Múltiple lascas 7 20,3 195 84
Presenta abundantes Fino
fracturas incompletas.
Andesita
13h Fragmento de núcleo Grano 7 Múltiple lascas 27,7 190 33
Fino
Núcleo unidireccional Andesita
13h reutilizado como grano 24 Única lascas 2 30,6 181 120 71
cepillo. grueso
Cuarzo lascas-
13h Núcleo Agotado 12 Múltiple 1 16,4 107 18
Rojo láminas
Cuarzo
13h Fragmento de núcleo 14 Múltiple lascas 1 14,1 94 13
Rojo
Cuarzo
15a Núcleo Agotado 10 Única lascas 17,4 94 17 62
Rojo
Cuarzo
15a Núcleo Agotado 7 Múltiple lascas 3 32,8 113 50
Rojo
Núcleo posiblemente
Otras
15a empleado para 8 Múltiple lascas 36,4 112 34
finas
funciones de raspado
85
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
86
CUADRO 18. Sobadores de cuero completos del Componente 1. Caverna Piuquenes
Observación
Forma de la
Posición de
Situación de
Microscópic
Perímetro 1
Perímetro 2
la abrasión
la abrasión
Huellas de
abrasión
Materia
impacto
Ancho
Largo
prima
Nivel
Peso
a
13g 108,5 52,7 305 217 700 bifacial ce ntral elipsoidal bipolar granito bla nco Rayas dia gonales al eje mayo
13h 83,4 52,9 235 194 378 facial ce ntral circular bipolar volcánica
13i 115,3 49,5 337 227 7754 bifacial eje menor alargada Bifacial bipolar sedimentaria Rayas paralelas al eje menor
13i 79 58,4 232 206 477 facial ce ntral circular bipolar andesita Rayas multidire ccionales
facial Rayas paralelas al eje menor y
13i 69,9 50,2 209 179 326 ce ntral alargada bipolar granito bla nco
pulimento
bifacial Rayas paralelas al eje menor,
14a1 70,9 48,5 225 191 339 eje menor alargada granito bla nco
escaso uso
14a2 123,1 67 332 242 1103 bifacial Central lateral circular alargada polares n/d Rayas paralelas al eje menor
Caverna Piuquenes
bifacial Fragmento de sobador y percu
13c 91,8 243 556 Central lateral Elipsoidal circular polares riolita
empleado c omo yunque
13d2 479 facial lateral irregular exte ndida granito bla nco Percutor y sobador
13e 73,1 54,1 198 124 perimetral sedimentaria Fragmento de percutor semidu
13e 39,5 25,5 121 96 50 andesita Canto rodado de uso desconoc
87
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
FIGURA 50. Descripción de los instrumentos líticos del Componente 1; a y b: fragmentos de pieza bifacial
fracturada (aparentemente la misma), alterada por temperatura; c: objeto de tipo ornamental; d y e: raspadores
frontales masivos con escotaduras para enmangue (presentan ocre rojo y grasa en estos puntos); f: raspador frontal
informal; g: bola esferoidal con huellas de uso; h e i: sobadores de cuero.
MATRICES
1. Procedencia: Cuadrícula 1, Estrato 14, Nivel a2.
Descripción: corresponde a un estadio del proceso de manufactura, en el cual se descarta una porción de la
matriz (soporte), mientras el extremo distal (no recuperado) continúa avanzando en su proceso de formatización.
88
Caverna Piuquenes
Hipotéticamente, este extremo debe poseer una sección transversal y elíptica o circular de espesor reducido,
como proyección longitudinal de la extremidad estudiada (Figura 51a).
Largo : 76,9 mm.
Ancho máximo : 15,2 mm.
89
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90
Caverna Piuquenes
FIGURA 51. Matrices recuperadas del Componente 1 de Piuquenes (ver descripción en el texto para detalles).
91
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FIGURA 52. Preformas e instrumentos fracturados recuperados del Componente 1 de Piuquenes (ver descripción
en el texto para detalles).
92
Caverna Piuquenes
FIGURA 53. Artefactos de borde agudo recuperados del Componente 1 de Piuquenes (ver descripción en el texto
para detalles).
Largo : 39 mm.
Ancho máximo : 9,2 mm.
Espesor máximo : 4 mm.
93
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
Artefacto de borde romo (no simétrico desplazado). Se incluyó dentro de esta categoría sólo una pieza, que
de acuerdo a sus características morfológicas, podría corresponder a una porción de un instrumento mayor
(compuesto).
94
Caverna Piuquenes
Se trabaja con una muestra total de 493 especímenes, de los cuales 215 (43,6%) son asignados a
Lama guanicoe (guanaco). El resto de las unidades, de acuerdo a su grado de fragmentación, son incluidas
en las categorías: astillas (NISP=40, 8,1% del total), fragmentos de huesos largos no identificados (NISP=157,
31,8% del total) y porciones de huesos planos (NISP=79, 16% del total). La descripción general por estratos
y niveles es la que sigue:
CORTE 1
FIGURA 54. Instrumentos recuperados del Componente 1: a. Gancho de estólica; b. instrumento de borde activo
espatulado.Análisis de los restos óseos de camélidos recuperados en el Corte 1 y 2. Caverna Piuquenes.
95
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
CORTE 2
96
Caverna Piuquenes
Estrato 14
Sólo se recupera una unidad anatómica en muy buen estado de conservación, correspondiente a una
vértebra cervical no fusionada perteneciente a un individuo joven.
Estrato 16
El conjunto total es de cuatro fragmentos, tres restos de diáfisis y una posible epífisis proximal de
radio no fusionada (menor de siete meses), la cual presenta marcas de carnívoro.
Consideraciones generales
Se aprecia que los restos, tanto al interior de cada nivel como entre cada uno de ellos, presentan
buenas condiciones de conservación y estados de meteorización homogéneos. No obstante, en práctica-
mente todos los niveles se advierte la acción de roedores y carnívoros, los que no solamente producen
modificaciones en los restos sino también en la distribución y representación de éstos. Las marcas se
presentan como surcos puntiformes e incluso remoción de bordes y trituramiento del material. En algunos
casos, se advierten marcas de arrastre o pisoteo, producidas por la constante ocupación humana de la
caverna. De acuerdo al MNI estimado y tomando en consideración los distintos estados de fusión de los
restos de juveniles, se estima un número mínimo de individuos de cinco. El conjunto corresponde
mayoritariamente a individuos adultos, algunos de ellos bordeando los 6 y 8 años. Alrededor de un 15%
corresponde a especímenes jóvenes, los cuales componen todas las categorías etarias, vale decir crías,
juveniles y subadultos. La presencia de una porción de pelvis sin fusionar correspondiente a un neonato,
permite inferir estacionalidad, correspondiendo la ocupación del sitio, en el evento 13 f, a los meses de
verano. La matanza, si bien se concentra en individuos adultos, dada la amplia representación de segmentos
etarios podría señalar la presencia de grupos familiares o de machos sexualmente maduros (individuos entre
36 y 24 meses).
La correlación entre la densidad mineral ósea y el %MAU obtenido para el estrato 13 (Niveles b-j),
arroja resultados negativos pero no significativos (rs=-0,246 p=0,161, n=34), lo que indica que la muestra no
se encuentra mediada por la densidad mineral de los restos; más aún, se aprecia una leve tendencia a que
unidades menos densas (por ejemplo vértebras y costillas) se encuentren más representadas, que por
ejemplo fémures y húmeros (Cuadro 19; Figura 55).
La presencia de elementos craneales, así como de huesos cortos (tarsos y carpos), falanges y en
menor medida metapodios, en conjunto con costillas, vértebras y radioulnas, indicaría que los animales
ingresan completos al yacimiento. A pesar de esto, ciertas unidades se encuentran mucho más representa-
das que otras, situación que podría dar cuenta de modos de faenamiento, consumo, transporte y/o descarte.
En este sentido, la correlación entre el índice de carne y médula estandarizado (MMUI) y el % MAU, indica
correlaciones negativas pero no significativas (rs=-0,336 p=0,52, n=34). Este resultado sugiere que, aunque
de manera no significativa, se encontrarían preferentemente ausentes aquellas unidades con más rendimien-
to cárneo y de médula. A manera de hipótesis, se postula que tras un faenamiento primario ocurrido al
interior del sitio, unidades de alto rendimiento como el fémur en sus dos tercios distales, el húmero en su
97
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
segmento proximal, abandonarían el campamento, quizás hacia otros asentamientos a modo de pertrechos.
La parrilla costal completa, así como el resto de las vértebras, cráneo y mandíbula, serían procesados,
consumidos y descartados en el lugar. El caso de la tibia, por su parte, podría indicar una tendencia hacia el
procesamiento de médula, ya que sólo fueron identificados fragmentos proximales y distales, en desmedro
de las porciones diafisiarias.
De acuerdo a los valores de % MAU (Cuadro 19, Figura 55), se observaron las siguientes unidades
de trozamiento:
(1) Cráneo-mandíbula-atlas-axis-vértebras cervicales. Probablemente a través de actividades de
faenamiento secundario se separó el cráneo del segmento cervical a nivel del axis, lo que podría
explicar su menor representación.
(2) Vértebras Toráxicas-costillas. La presencia de costillas es una constante en todos los subestratos,
sugiriendo el consumo de unidades de alto rendimiento, aún cuando algunas porciones de este
segmento podrían haber sido trasladadas hacia otros sectores.
(3) Vértebras Lumbares.
(4) Húmero distal-Radioulna proximal. A juzgar por la ausencia de las porciones proximales del
húmero y distales de la radioulna, el proceso de faenamiento del miembro anterior se habría
realizado fracturando ambas unidades, las que sin embargo habrían permanecido articuladas, por
lo menos inicialmente.
Roedores
Para el Componente 1, se trabajó con un NISP total de 1.578 especímenes provenientes de la Cuadrí-
cula 1. La aplicación de una aproximación taxonómica osteométrica permitió constatar para los roedores
chinchíllidos sólo la presencia de vizcacha (Lagidium viscacia). En este sentido, el abundante registro de
este taxón en el Componente 1, permitió la obtención de rangos métricos para el calcáneo, definiéndose
nuevos límites para diferenciar entre Lagidium y Chinchilla (Gl: 24 mm; Gb: 8,5 mm). La descripción por
estratos y niveles se detalla a continuación (Cuadro 20, Figura 56).
Nivel 13c
Sólo se registran restos asignables a L.viscacia (NISP=29). No se detectan huellas culturales,
mientras que las huellas naturales sólo dicen relación con dos unidades roídas. El conjunto corresponde a
por lo menos dos individuos (Cuadro 21).
Nivel 13d
Los restos de vizcacha aumentan en este nivel (NISP=241, Cuadro 20). Se observa una presencia
diferencial de las partes esqueletarias. En relación a esto, la abundancia relativa (Ri) y el % MNE indican un
importante número de mandíbulas, ulnas, húmeros y tibias en desmedro de otras unidades como falanges,
costillas, vértebras y metapodios (Cuadro 21).
Si bien no se detectan huesos quemados, aparecen por primera vez huellas de corte claras en seis
mandíbulas (35,2 % del total de MNE de mandíbulas, una de ellas juvenil). En general, estas marcas se
disponen en forma oblicua o paralela el eje del cuerpo (cara exterior); muy cercanas a la corrida alveolar.
Normalmente se destaca una marca principal, mas ancha y larga que el resto (hasta 10,3 mm), la que general-
mente comienza a la altura del segundo molar y termina en el borde de la rama. Se asocian a ésta vástagos y
marcas más pequeñas, dispuestas paralelamente a la marca principal (hasta cinco de ellas). Las huellas no
siguen el contorno del hueso, ya que desaparecen en las depresiones del hueso o se marcan más en las
protuberancias de ésta. Poseen bordes rectos y sección tanto en V como cuadrangular (Figura 57 a, b y c).
Con respecto a las modificaciones naturales, se advierte un fragmento de coxal con huellas de raíces
de pequeño tamaño; un fragmento distal de húmero con huellas de acción de carnívoros y 11 unidades con
marcas de roído. Si bien la mayor cantidad de fragmentos identificados corresponden a extremidades y
98
Caverna Piuquenes
mandíbulas, el cociente de fragmentación indica que húmeros, radios y ulnas se encuentran más completos
que fémures y tibias (ver más adelante).
Con relación a las fracturas, predominan aquellas en estado fresco y actuales, ambas con un 36,9%,
siendo el fémur y húmero las unidades que presentaron más fracturas del primer tipo. Se calculó un MNI de
nueve individuos en este nivel sobre las base de húmeros y mandíbulas. Sólo se identifican dos restos de
Sigmodontinos.
Nivel 13e
Nuevamente se observa una ostensible baja en el número de restos recuperados (NISP=40), situa-
ción posiblemente relacionada con episodios ocupacionales intensivos, seguidos por momentos de menor
actividad. Llama la atención el aumento en el número de molares (Ri: 21,8 %) y de unidades quemadas (17,6%
de los restos identificados), lo que indica la cercanía de un fogón. No se documentan marcas de corte en este
nivel y sólo de observa una marca de roído. La fragmentación en este nivel es baja.
Sobre la base de mandíbulas, coxales y fémures de calculan dos individuos para este nivel.
Nivel 13f
No se recuperan restos de roedores en este nivel.
Nivel 13g
En general, se observa una buena conservación. Presenta un bajo número de restos (NISP=64)
asignables casi en su totalidad a L. viscacia (Cuadro 21). Destaca el alto número de costillas (NISP=18). Se
detectan cinco marcas de roído, correspondiendo a un 7,8% de los restos recuperados. No se identifican
marcas culturales. Se estima un MNI de sólo un individuo en este nivel, lo que se traduce en abundancias
relativas altas para la gran mayoría de las unidades (a excepción de metapodios y costillas). Se identifica un
cuerpo mandibular de Abrocoma bennetti.
Nivel 13h
Nivel con abundante material óseo, asignable en su totalidad a Lagidium viscacia (NISP=216). Al
igual que en el nivel 13b y d, la abundancia relativa indica una predominancia de huesos largos (especial-
mente húmero) y mandíbulas, en comparación a huesos cortos, cráneo, fíbula y radio.
Se detectan 15 marcas de origen antrópico (6,9%), seis de las cuales corresponden a huesos quema-
dos (huesos largos y coxal). El resto son marcas de corte principalmente ubicadas en la mandíbula, similares
a las descritas anteriormente. Sin embargo se observan marcas de corte en otras unidades anatómicas:
Escápula: Corresponden a un grupo de siete marcas perpendiculares al eje del hueso. Las huellas
surgen tras un solo proceso de corte semicircular, que sigue la forma del cuello de la escápula, como se
deduce de la disposición de las marcas en la cara anterior y medial, que pese a seguir el contorno del hueso,
desaparecen en las distintas depresiones de la unidad. Una marca principal mas profunda, es secundada por
huellas más finas y menos anchas, todas paralelas entre sí.
Húmero: Tres marcas de corte en la diáfisis distal, en su cara medial. Son paralelas entre sí, pero
oblicuas al eje del hueso. Son profundas y de bordes rectos. La marca más extensa mide 2,9 mm.
Isquion: Posible marca de corte en el borde interno, perpendicular al eje. Es corta y ancha.
Tibia: Dos marcas de corte en el sector distal, cara anterior, paralelas entre sí y perpendiculares al eje
del hueso. Son cortas, finas y de sección en U.
Las huellas naturales también aumentan en este nivel, destacándose cinco marcas dejadas por carní-
voros. Las marcas de roído son también considerables (12,9 % del total), observándose una inclinación por
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Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
CUADRO 19. Resumen de partes de camélidos identificados de los Cortes 1 y 2, Estrato 13, niveles c al j, del
Componente 1 de Piuquenes.
Adulto Juvenil
Unid. Anat. NISP MNE MNI MAU %MAU NISP MNE MNI MAU %MAU
Cráneo 15 2 2 2 66,67
Mandíbula 8 5 3 2,5 83,33 1 1 1 0,5 83,3
Atlas 5 3 3 3 100
Axis 1 1 1 1 33,33
Vert. Cervicale s 16 6 2 1,2 40 6 3 1 0,6 100
Vert. Toráxicas 10 7 1 0,58 19,33 6 2 1 0,16 26,6
Vert. Lumbares 5 3 1 0,42 14
Sacro 1 1 1 1 33,33
Vert. Caudales 1 1 1
Verteb. Ind. 7 3
Pelvis 6 3 2 1,5 50
Costillas 67 16 1 0,66 22
Esternebras 1 1 1 0,16 5,33
Escápula 3 2 1 1 33,33
Húmero px. 1 1 1 0,5 83,3
Húmero ds. 1 1 1 0,5 16,67
Radioulna px. 5 3 2 1,5 50 2 1 1 0,5 83,3
Carpianos 6 6 2 0,38 12,67
Fémur px. 1 1 1 0,5 16,67
Patella 2 2 2 1 33,33
Tibia px. 1 1 1 0,5 16,67 1 1 1 0,5 83,3
Tibia ds. 1 1 1 0,5 16,67 2 1 1 0,5 83,3
Tarsianos 2 2 1 0,2 6,67
Calcáneo 5 2 1 1 33,33
Metatarso px. 1 1 1 0,5 16,67
Metapodio ds. 4 3 1 3 2 1 0,25 41,6
Falange 1 8 6 1 0,75 25 1 1 1 0,12 20
Falange 2 2 1 1 0,12 4 2 2 1 0,25 41,6
Falange 3 1 1 1 0,12 4
Total 186 82 28 16
100
101
% MAU
100
60
20
40
80
0
FIGURA 55. %MAU de guanaco del Estrato 13, niveles c al j, de los Cortes 1 y 2 del Componente 1 de Piuquenes.
Cráneo
Mandíbula
Atlas
Axis
Cervicales
Toráxicas
Lumbares
Sacro
Pelvis
Costillas
Esternón
Estembras
Escápula
Húmero px
Húmero df
Húmero ds
Radioulna px
Radioulna df
Radioulna ds
Carpianos
Metacarpo px
Fémur px
Fémur df
Fémur ds
Patella
Tibia px
Tibia df
Tibia ds
Tarsianos
Astrágalo
Calcáneo
Metatarso px
Metatarso df
Metapodio ds
Falange 1
Falange 2
Falange 3
Caverna Piuquenes
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
N13c N13d N13e N13e- N13f N13g N13h N13h- N13i N13i-
amp C2 amp C2 amp C2
L. viscacia 29 241 40 22 0 63 216 325 52 326
Sigm. Ind. 0 2 0 0 0 0 0 3 0 1
A. bennetti 0 0 0 0 0 1 0 2 0 1
Total 29 243 40 22 0 64 216 330 52 328
huesos largos y coxal. Se destaca igualmente tres bulas auditivas roídas. Sólo se observa una marca de
raíces.
Con respecto a las fracturas, la mayoría de ellas corresponden a actuales (39,3%). Las frescas se
concentran principalmente en fémur (44,8%) (una de ellas con negativo de lascado) y húmero (31%). El
cociente de fragmentación más alto ocurre en fémur y tibia, mientras que una situación opuesta ocurre con
FIGURA 56. Izquierda. Largo corrida alveolar v/s largo diastema en mandíbulas de Lagidium viscacia (se excluyen
individuos juveniles). Derecha. Profundidad distal (Dd) v/s Ancho distal (Bd) en tibias de Lagidium viscacia.
Medidas en mm. Componente 1, caverna Piuquenes.
102
Caverna Piuquenes
FIGURA 57. Marcas de corte en mandíbulas de vizcacha: a, b. y c. Cuadrícula 1, Estrato 13, Nivel d; d. Estrato
15, Nivel e. Componente 1, Caverna Piuquenes.
103
104
CUADRO 21. NISP, MNE, MNI y Ri de Lagidium viscacia del Componente 1 de la Cuadrícula 1 de Piuquenes. (Cont. en p. sig.)
Caverna Piuquenes
Vértebra 4 4 0,73 1 1 0,1 7 6 1,6 0 0 0 1 1 0,625
Incisivos 9 2 3,1 10 3 6,2 15 3 6,8 12 3 5,3 8 3 18,75
Molares 3 3 1,17 16 16 8,3 29 29 16,4 18 16 7,1 6 6 12,5
Metapod. 1 1 0,3 5 4 1,6 3 2 5,4 0 0 0
Falange 0 0 0 1 1 0,4 0 0 0 1 1 0,3
Costilla 0 0 0 17 5 1,3 1 1 1,1 28 10 3 25 10 2,3 3 2 1,66
Cráneo 15 10 33 11 8 1 28 11 13 9 9 2
Fibula 2 1 3,1 3 3 12,5 1 1 4,5 4 2 7,1
Astrágalo 5 5 15,6 3 3 12,5 14 14 63,3 5 5 17,8 2 2 25
Calcáneo 6 6 18,7 8 8 33,3 8 8 36,3 9 9 32,1
Total 200 145 249 157 39 28 277 185 282 189 76 52
MNI 16 12 6 11 14 4
105
106
húmero y ulna.
Se calcula un MNI de 16 individuos sobre la base de húmeros, uno de ellos juvenil (epífisis proximal
de radio sin fusionar).
CUADRO 22. Correlación (r) entre las abundancias relativas de los niveles con un NISP > 70 de Piuquenes. p<
0,01 a excepción de los casos indicados. N = 17. Componente 1, caverna Piuquenes.
107
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
Nivel 13i
El material óseo disminuye sensiblemente en comparación al nivel anterior, identificándose 52 res-
tos asignables en un 100% a Lagidium viscacia. El registro se encuentra ostensiblemente dominado por
tibias, fémures y mandíbulas (Cuadro 21). Las huellas culturales se ubican sólo en tres mandíbulas, similares
a las recuperadas en todos los niveles anteriores. Sólo se registran 4 huellas de roído, todas en huesos
largos. Se registraron en el nivel seis individuos como mínimo.
Nivel 14a
Se recuperan 305 restos, atribuidos en su totalidad a L. viscacia, en buen estado de conservación. El
índice de abundancia relativa indica un alto porcentaje de las extremidades anteriores (sin contar la escápu-
la), posteriores (contando el coxal) y mandíbulas. Otros restos aparecen en menor medida (esqueleto axial,
metapodios, falanges). Los niveles 13h, 13i y 14a corresponderían a similares eventos ocupacionales a
juzgar por la cantidad de restos recuperados, el MNE, MNI y Ri (Cuadros 20 y 21).
Una gran cantidad y variedad de marcas culturales fueron identificadas en este nivel (6,5% del total,
38,4 % del total de modificaciones). Se reconocieron cuatro unidades quemadas (húmero y fémures), siete
piezas presentan rastros de pigmento rojo (35% del total de modificaciones culturales) y nueve fragmentos
se observan con marcas de corte (45% del total de modificaciones culturales). Entre éstas últimas se
encuentran dos mandíbulas con huellas de corte descritas anteriormente, pero además se detectan marcas
en:
Tibia: dos unidades presentan marcas en su cara posterior, sector proximal. En un caso se observan
dos marcas oblicuas al eje del hueso y paralelas entre sí, de largo aproximado de 2,7 mm. La segunda unidad
presenta sólo una marca oblicua al eje del hueso, corta y profunda de largo 1,8 mm.
Diáfisis de Fémur: se presentan dos unidades con marcas de corte. La primera exhibe una marca de
corte oblicua al eje del hueso, de bordes rectos. En la otra unidad se detecta un grupo de aproximadamente
ocho marcas de corte oblicuas al eje del hueso pero paralelas entre sí, ubicadas en la rugosidad de inserción
muscular (cara posterior). Las huellas presentan distintas profundidades y largos y poseen los bordes
108
Caverna Piuquenes
Nivel 14b
El número de unidades analizadas disminuye sensiblemente (NISP = 80), todas identificadas como L.
viscacia. La abundancia relativa cambia levemente, quizás producto del bajo número de unidades identifi-
cadas, aunque el MNE continua indicando predominancia de húmeros, ulnas, coxal y fémur. Sólo se observa
un ilion con huellas de corte similares a las descritas para el nivel 13h, ampliación C2. Esta vez se trata de un
grupo de cuatro marcas teniendo -la más extensa- 3,7 mm de largo. Seis unidades presentan huellas de roído.
Se calculó un MNI de cuatro individuos para este nivel.
Nivel 15a
Se recuperan un total de 26 restos de L. Viscacia concentrados en húmeros, ulnas y mandíbulas.
Sólo se detectan huellas de roído en tres unidades. No hay marcas culturales se encuentran ausentes. Sobre
la base de los coxales, se establece un MNI de 3 individuos.
Nivel 15b
Se identifican 16 unidades asignables a L. viscacia. No se detectan huellas naturales o culturales.
Solo se registra un húmero con crecimiento anormal del hueso en el sector distal.
Nivel 15c
Sólo se recuperan cuatro unidades en este nivel. Una mandíbula izquierda de L. viscacia presenta
marcas de corte similares a las registradas anteriormente. De igual manera se observan dos unidades roídas.
Nivel 15d
No se recuperan restos asignables al orden Rodentia en este nivel.
Nivel 15e
Se recuperan 18 unidades en este nivel, todas pertenecientes a L. viscacia. Se detecta la última
unidad con marcas de corte: se trata de un fragmento mandibular que presenta las típicas marcas registradas
en la secuencia, confirmando así el patrón en la forma de faenar a estos animales a partir del nivel 13d (Figura
57d). Se advierten marcas de roído (en huesos largos) y la acción de carnívoros en la porción distal de una
diáfisis de fémur.
109
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
Consideraciones generales
El conjunto presenta un buen estado de conservación, aún cuando se identifican de manera cons-
tante huellas de roído y en menor medida, de cánidos. La buena preservación de la muestra se traduce en que
el % Ri de las capas 13 y 14 no presenta correlaciones estadísticamente significativas con la densidad mineral
ósea del conejo europeo (Oryctolagus cuniculus) (r = 0,530 p= 0,51 n= 14).
s
3,5
Húmero
3 Radio
Ulna
Fémur
2,5 Tibia
NISP / MNEE
1,5
0,5
0
13d 13h 13hampC2 13iampC2 14a 14b
FIGURA 58. Cociente de fragmentación en huesos largos de vizcacha. Se incluyen sólo los niveles con un
NISP>70. Componente1, caverna Piuquenes.
110
Caverna Piuquenes
utilizada (y probablemente su piel), sino que el consumo de la médula ósea habría sido una práctica sistemá-
tica. El resto de las unidades esqueletarias identificadas en la muestra presentan una representación mucho
FIGURA 59. Diáfisis y porciones proximales de fémur recuperadas del Componente 1. Caverna Piuquenes.
menor, particularmente vértebras, falanges, metapodios, incisivos, molares y costillas (Cuadro 21 y 22).
Cánidos
Aunque escasos, se encuentran restos de cánidos en este componente (Labarca 2005b). Los frag-
mentos analizados provienen de la Cuadrícula 1.
Estrato 13, nivel d: Se recupera una porción de coxal y una primera falange, las que por su baja diagnosis son
asignadas a Pseudalopex sp.
Estrato 13, nivel h: Son identificadas una porción proximal de fémur, cuya cabeza no se encuentra fusionada
y un fragmento distal, que aún se encuentra en proceso de fusión (Labarca 2005,b, Figura 1). El ancho distal
de esta última pieza es de 19 mm, mientras que el ancho distal del fémur de P. griseus adulto depositado en
el Museo Nacional de Historia Natural es de 19,5 mm. Esta situación indica que el espécimen recuperado de
la capa 13, nivel h, correspondería a un individuo juvenil de zorro culpeo (P. culpaeus).
Capa 14, nivel a: De este nivel proviene un fragmento de carilla articular proximal de ulna de cánido. Es
adscrita a Pseudalopex sp.
111
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
Capa 14, nivel b: Se identifica una porción proximal de metapodio de Pseudalopex sp.
Consideraciones generales
Los restos recuperados son escasos y no exhiben ningún tipo de modificación cultural, por lo que
se postula que su presencia en las capas asignables al Componente 1 se deba a causas naturales, quizás
producto de muertes acontecidas dentro de la caverna como resultado de su utilización como refugio o lugar
de alimentación
Moluscos
Los restos malacológicos obtenidos en las excavaciones de esta caverna se muestran en la Figura 60.
La información proviene de los Cortes 1 y 2. Se encuentra un total de once ejemplares de Radiodiscus sp
(Cuadro 23). Además se halla un ostión (Argopecten purpuratus) en el Corte 2, estrato E-21, el que por
similitudes tecnológicas se asimila al Componente 1.
Cuadro 23. Descripción del material malacológicos del Componente 1. Caverna Piuquenes.
La presencia de Radiodiscus sp. al interior del alero, se debería al arrastre de las conchas de estos
moluscos producto de las variaciones de las aguas de la laguna, en sus periódicas fluctuaciones. En esta
dinámica espacio-temporal, el borde de la laguna evolucionó creando condiciones palustres en la orilla
(presencia de vegetales acuáticos y abundancia de sedimento de origen orgánico), formando un ambiente
más bien léntico, que habría facilitado la colonización del litoral laguna, en el caso de Radiodiscus sp. y
por algún tipo de planta acuática superior. Stuardo y Vega (1985), mencionan la distribución de este género,
perteneciente a la Familia Endodontidae, Subfamilia Helicodiscinae, desde Fresia (VIII Región) hasta Tierra
del Fuego (XII Región), encontrándose, además otro género reciente, Austrodiscus (Zilchogyra) solemi, en
el bosque de Talinay, Parque Nacional Fray Jorge. La importancia de la presencia de A. (Z.) solemi, especie
humícola, está vinculada a las características del bosque relictual de tipo valdiviano de Fray Jorge (sector
Talinay) (30°40'S - 71° 42'W).
En el caso del ostión, se trata de una especie frecuente en los conchales que se forman en la zona
supramareal del litoral central y norte de Chile. La pieza recuperada en el Componente 1 de Piuquenes, no
obstante, corresponde a un instrumento de función no determinada, a juzgar por la presencia de modificacio-
nes intencionales en todos sus bordes, con pérdida del periostraco transformado en un artefacto de borde
romo de forma rectangular de 3,0 x 3,0 cm.
112
Caverna Piuquenes
113
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
Restos vegetales
CUADRO 24. Frecuencia general de carporrestos recuperados del Componente ocupacional 1. Caverna Piuquenes.
Componente 1
Columna B
13b 13c 13d 13e
116- 126- 136- 151- TOTAL TOTAL TOTAL
TAXÓN 126 136 151 158 ESTRAT RASG COLUM
cm cm cm cm
Fo
Len Len Len
gó Fogón Fogón Fogón
te 1 te 2 te 2
n
Cyperaceae sp. 2 2 0 2
Eulychnia sp. 2 2 12 2 1 2 17 19
Muehlenbeckia
1 1 1 1 1 1 4 5
hastulata
Papilionaceae sp. 6 1 0 7 7
Poaceae sp. 1 0 1 1
Chenopodiaceae sp. 3 2 9 93 6 3 110 113
Chenopodiaceae sp. ó
4 0 4 4
Portulacaceae sp.
cf. Chenopodiaceae
1 0 1 1
sp.
Trichocereus sp 4 1 8 94 2 13 4 4 122 126
Semilla A 1 1 0 1
Semilla J 1 1 0 1
Semilla K 1 0 1 1
Fruto No Identificado 1 0 1 1
No Identificado 7 20 1 2 7 23 30
No Identificable 14 0 14 14
Total 21 4 21 246 1 2 25 6 21 305 326
El taxón más numeroso es el Trichocereus sp. (cactus), le siguen las semillas no determinadas y
Eulychnia sp. (cactus). Además se recuperan semillas de Cyperaceae sp., Muehlenbeckia hastulata (qui-
lo), Poaceae sp. (gramínea), diferentes taxones de la familia de las Chenopodiaceas. En términos generales,
el conjunto de taxa identificados es bastantes reducido -nueve taxones- todos las cuales son endémicos y
habitan actualmente los alrededores de la caverna.
114
Caverna Piuquenes
Este capítulo está dedicado a caracterizar desde el punto de vista cultural, arqueofaunístico y
arqueobotánico lo que hemos denominado Componente 2, es decir, a aquellas poblaciones de cazadores y
recolectores que, tras la etapa previa de exploración realizada durante finales del Pleistoceno, colonizan el
ambiente andino del Aconcagua. A partir de esta fase, el ambiente cordillerano será ocupado definitivamen-
te, aunque en forma estacional y periódica, tal como lo exigen las rigurosas condiciones ambientales de la
montaña.
Cronología y Estratigrafía
Este componente corresponde a los Estratos 13 Nivel b y a, Estrato 12 y Estrato 11, tanto del Corte 1
y 2, como de la Cuadrícula 1. Se dispone de dos fechados radiocarbónicos sobre carbón para este compo-
nente, ambos del Estrato 13, Nivel a: 9520 (9440) 9300 AP y 9820 (9530) 9160 AP, obtenidos de la columna
palinológica y del Corte 1, respectivamente.
Material lítico
Frecuencias generales
Para el Componente 2 se analiza una muestra total de 587 piezas líticas, que se desglosa en 37
instrumentos (siete puntas de proyectil, 19 raspadores, cuatro raederas, cuatro cuchillos, un cepillo, una
pieza multifunción y una pieza de función desconocida. (Cuadro 25), 541 desechos de talla, dos piezas sobre
guijarro (sobadores de cuero) y siete núcleos.
Instrumentos
Los instrumentos recuperados son separados (Cuadro 26), considerando su formatización, en dos
grupos que resultaron fuertemente diferenciados en sus frecuencias relativas, los formales (n=13, 35,14%) y
los informales (n=24, 64,86%). Son confeccionados sobre materias primas de distinto tipo, algunas de las
cuales –generalmente las de grano más grueso y mayor dureza, como los basaltos y las andesitas-se hallan
presentes en el material de arrastre del río Blanco, es decir, en las inmediaciones del sitio (Cuadro 29). Como
veremos más adelante, este aprovisionamiento de materiales disponibles en el entorno inmediato es emplea-
do con preferencia para el material informal.
Las puntas de proyectil recuperadas para este bloque temporal son puntas masivas del tipo triangu-
lar con pedúnculo convergente (Figura 61) descrito en la literatura como propias del arcaico temprano de
tierras interiores de Chile central (por ejemplo, Kaltwasser et al. 1980; Cornejo et al. 1998; Biskupovic 1979-
1981; Hermosilla In litt. 1994), siendo en algunos aspectos similares también a las descritas para contextos
tempranos del periodo en la costa desde el Norte Chico hasta la región del Maule. A pesar de que sólo se
recupera una punta completa de estas características, la presencia de una pieza fracturada que muestra
también pedúnculo y la recuperación en el harneo de material removido de un tercer pedúnculo, sumado a la
similitud técnica en cuanto a su adelgazamiento bifacial y preferencia por la materia prima “Lutita” permiten,
con razonable precisión, adscribir estas piezas al tipo en cuestión. Todas las piezas en esta categoría fueron
sometidas a un examen microscópico (con aumentos hasta de 40x) con el propósito de determinar si existían
en sus bordes huellas de uso que pudiesen adscribir los fragmentos a una categoría funcional distinta (como
la de corte), con resultados negativos. Examinando más de cerca los atributos de las fracturas transversales
que estas piezas presentan, puede concluirse que son fracturadas durante su proceso de confección y que
no son retomadas o reutilizadas con posterioridad. Solamente uno de los fragmentos evidencia esta clase de
actividad, aunque el retomado es realizado presumiblemente con un percutor duro y pequeño cuyo uso
aumenta el ángulo de borde hasta impedir su adelgazamiento. Considerando la calidad técnica del resto de
las piezas, ésta en particular, podría reflejar el trabajo de un aprendiz. Finalmente, los tres pedúnculos exhiben
ocre rojo en ambas caras y restos de material orgánico que evidencian su enmangue. En uno de los casos,
115
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
Desechos
En el Componente 2, se aprecia un importante cambio en la distribución por tipo de talón en los
desechos (Cuadro 27) que es interpretable –sobre todo considerando las diferencias con el componente
anterior en el conjunto de los instrumentos- como un fuerte cambio tecnológico. Notablemente, disminuyen
las frecuencias de talones planos casi a la mitad, y en su reemplazo aparecen mayor proporción de talones
pseudofacetados y puntiformes, más sintomáticos de componentes finales de la cadena operatoria y de la
talla bifacial. Particularmente, la presencia de gran cantidad de pseudofacetados revela el uso de una técnica
de percusión blanda orientada, con toda seguridad, a la confección de grandes bifaces de las cuales son
buenos ejemplos las puntas de proyectil recuperadas. La ausencia de talones naturales y la baja represen-
tación de corteza en el anverso (95,55% de 540, mostraron absoluta ausencia de esta), implicaría que la
materia prima en uso es descortezada fuera del sitio o se obtiene de una veta o deposito primario. Creemos
que es posible considerar la presencia de cuatro piezas corticales como un efecto de la recolección selectiva
de materias primas de manera muy marginal en el lecho del río, cuyo referente sería la materia prima “Lutita”.
Se indagó también en la calidad de los materiales empleados para la talla sobre la base de sus
cualidades petrográficas, análisis que sugiere también un aprovisionamiento específico de las materias
primas (Cuadro 28; Figura 64). Considerando que el 69% de las piezas analizadas no presenta fallas (ya sea
clivajes, burbujas o inclusiones) (Cuadro 29) se desprende -tentativamente- que en este componente existe
una fuente de aprovisionamiento localizada en uso regular. Creemos que, con seguridad, esta fuente es la de
la materia prima Lutita.
116
Caverna Piuquenes
FIGURA 61. Descripción de los instrumentos líticos del Componente 2. a: punta lanceolada pedunculada en lutita
(falta el fragmento medial, b: punta pedunculada con retomado de filo, de lutita); c: ápice de punta de proyectil de
lutita; d: fragmento de pedúnculo; e: matriz bifacial; f: instrumento informal de raspado con huellas lineales de
pigmento.
Como en el componente anterior, se llevó a cabo también un análisis exploratorio del aprovecha-
miento general de materias primas. La Figura 63 muestra para este componente una distribución de aprove-
chamiento de materiales con una fuerte representación de los estratos medio/bajo y bajo. Esto implicaría la
presencia de una fuente conocida y disponible de materia prima, observación que es consistente con la
preeminencia de la materia prima Lutita que, además de presentarse en abundancia en el registro para este
componente, posee excelente calidad de fractura (la gran frecuencia de piezas sin fallas lo atestigua). Esta
situación es coherente con lo esperable en el modelo de Andrefsky (1994).
Núcleos
Respecto de los núcleos de este componente (Cuadro 30), es notoria su asistematicidad en términos
de la dirección de sus extracciones. Salvo en dos casos, la mayor parte de ellos son fragmentos corticales o
bien núcleos de prueba. Es posible que de los núcleos unidireccionales se obtuvieran pequeñas lascas para
corte situacional.
117
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
ocre rojo y tamaños similares (perímetros mayores de 265 mm y peso de 452 y 461 g, respectivamente).
Tratándose de los estratos de contacto con el Componente 1, es posible que se trate de piezas relacionables
con ese bloque.
118
Caverna Piuquenes
FIGURA 62. Medias y desviaciones en métrica para raspadores informales del Componente 2. El eje Y corresponde
a milímetros. Caverna Piuquenes.
Alto
13%
Bajo
33% Medio-Alto
7%
Medio-Bajo
47%
CUADRO 25. Distribución por materia prima para instrumental del Componente 2. Caverna Piuquenes.
120
Caverna Piuquenes
CUADRO 27. Distribución de desechos por tipo de talón en el Componente 2. Caverna Piuquenes.
CUADRO 28. Distribución de desechos por materia prima en el Componente 2. Caverna Piuquenes.
CUADRO 29. Frecuencia relativa para piezas con fallas en el Componente 2 (Cuadrícula 1) . Cave rna Piuquenes.
121
122
Extracciones
Preparación
Cantidad de
plataforma
incompletas
Descripción
Extracción
% Corteza
Fracturas
Perímetro
Dirección
l d
Estrato
Largo
Peso
MP
de
A
13b1 Núcleo agotado empleado para Cuarzo rojo 21 Unidirección Lascas- Si 0 0 20 92 20 8
obtener pequeñas lascas láminas
delgadas probablemente para
corte.
13b2 Núcleo unidireccional agotado Cuarzo rojo 19 Unidirección Lascas No 0 1 29,1 130 57 7
empleado como cepillo.
13b2 Núcleo multidireccional en Andesita grano 13 Multidirección Lascas No 30 3 28,4 180 94 n
materia prima de mala calidad, fino
posiblemente descartado debido
a gran cantidad de fallas,
clivajes y burbujas.
13b2 Fragmento de núcleo Lutita 7 Multidirección Lascas No 40 0 19,3 155 34 n
termoalterado.
13b2 Fragmento angular de núcleo, Cuarzo rojo 5 Multidirección Lascas No 40 3 18,3 86 10 n
probablemente parte del
descortezado inicial.
13b3 Núcleo en MP de muy baja Otras gruesas 1 Multidirección Lascas No 6 1 66,3 106 100 n
calidad que puede ser entendido
como de prueba.
13b3 Núcleo sobre nódulo pequeño, Otras finas 6 Multidirección Lascas No 70 0 26,1 116 27 n
presenta líquenes sobre las
extracciones y podría tratarse
de un instrumento tipo cepillo.
CUADRO 31. Resumen de partes identificadas del Componente 2, Lama guanicoe. Caverna Piuquenes.
Adulto Juvenil
Unidades Anatómicas NISP MNE MNI MAU %MAU NISP MNE MNI MAU %MAU
Cráneo 1 1 1 1 66,6 1 1 1 1 0,5
Mandíbula 4 1 1 0,5 33,3 1 1 1 0,5 33,3
Atlas - 2 1 1 1 0,5
V. Cervical 4 2 1 0,4 26,6
V. Toráxica 3 3 1 0,25 16,6
V. Lumbar 8 7 1 1 66,6
V. Coxígena 1 1 1 -
Costillas 38 4 1 0,16 10,6 1 1 1 0,04
Escápula 1 1 1 0,5 33,3
Caverna Piuquenes
Radiouln px 3 1 1 0,5 33,3 2 2 1 1 0,5
Radiouln ds 1 1 1 0,5 33,3
Húmero px 1 1 1 0,5 33,3
Fémur px 1 1 1 0,5 33,3
Tibia ds 4 3 2 1,5 100
Metacarpo 4 3 2 1,5 100
Metatarso 1 1 1 0,5 33,3
Metapodio 3 2 1
Astrágalo 1 1 1 0,5 33,3
Calcáneo 3 2 1 1 66,6
Tarsianos 2 2 1 0,2 -
Patella 2 2 1 1 66,6 -
1ª Falange 5 3 1 0,37 24,6 3 2 1 0,25 16,6
2ª Falange 3 3 1 0,37 24,6 -
3ª Falange 1 1 1 0,12 8 -
Total 85 39 2 21 16 2
123
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
CUADRO 32. Resultados por unidad anatómica para el Estrato 12. Campamento 2, caverna Piuquenes.
Estrato 12
Unidad Cant Dens* GMUI** SMMI*** NISP MNI MNE NISP MAU %MAU
anatómica MNE
Cráneo 1 10 8,29 3 1 2 1,5 2 66,6
Mandíbula 2 5,7 8,62 4 1 2 2 1 33,3
Atlas 1 0,82 8,8 7,39 1 1 1 1 1 33,3
Axis 1 0,67 8,8 7,39 2 2 2 1 2 66,6
Vert. Cervicales 5 0,56 51,3 39,43 8 1 2 4 0,4 13,3
Vert. Toráxicas 12 0,64 22,1 17,41 10 1 3 3,3 0,25 8,3
Vert. Lumbares 7 0,42 44,9 34,61 9 1 3 3 0,3 10
Sacro 1 0,35 1 1 1 1 1 33,3
Pelvis 2 1,29 40,2 36,23 7 2 4 1,8 2 66,6
Costillas 24 0,71 100 76,16 29 2 10 2,9 0,4 13,3
Escápula 2 0,6 38,4 33,78 3 1 2 1,5 1 33,3
Húmero px 2 0,42 23,8 40,33 2 2 2 1 1 33,3
Húmero df 2 1,24 10 2 4 2,5 2,5 83,3
Húmero ds 2 0,79 23,8 39,31 7 4 6 1,2 3 100
Radioulna px 2 0,42 7,8 38,79 6 3 4 1,5 2 66,6
Radioulna df 2 1,3 3 1 2 1,5 1 33,3
Radioulna ds 2 0,72 7,8 55,73 8 3 5 1,6 2,5 83,3
Carpales 14 0,71 1,3 1,73 3 2 3 1 0,7 23,3
Metaca px 2 0,98 1,3 47,49 4 2 2 2 1 33,3
Fémur px 2 0,62 83,2 88 3 2 2 1,5 1 33,3
Fémur df 2 1,15 4 1 1 4 0,5 16,6
Fémur ds 2 0,48 83,2 100 7 4 4 1,8 2 66,6
Tibia px 2 0,55 21,3 49,07 6 2 4 1,5 2 66,6
Tibia df 2 1,3 13 1 4 3,3 2 66,6
Tibia ds 2 0,82 21,3 86,11 8 3 6 1,3 3 100
Tarsales 10 1,7 2,03 4 2 4 1 0,4 16,6
Astrágalo 2 0,79 1,7 2,03 4 4 4 1 2 13,3
Calcáneo 2 0,85 1,7 17,26 5 3 3 1,7 1,5 50
Metata px 2 0,93 1,7 62,92 6 4 3 2 1,5 50
Metap df 4 7 1 3 2,3 0,8 26,6
Metap ds 4 11 2 2 5,5 0,5 16,6
Falange 1 8 0,95 2,1 24,2 7 2 5 1,4 0,6 20
Falange 2 8 0,56 2,1 18,28 5 2 4 1,3 0,5 16,6
Falange 3 8 2,1 2,3 2 1 2 1 0,3 10
162 212 4 111
*Elkin, 1995:Tabla 2
** Guanaco Meat Utility Index (según Borrero 1 990)
*** Stand artized Meat and Marrow Index (Borrero 1990)
124
Caverna Piuquenes
Estrato 11
Se recuperaron cinco fragmentos correspondientes a grandes fragmentos de huesos largos y huesos
planos, sin que ninguno presentara evidencias de modificaciones antrópicas.
Estrato 12
El conjunto se encontró en condiciones buenas y homogéneas. Algunos especímenes exhibieron
marcas de roedores y remoción de los bordes. Estaba compuesto por 11 especímenes. El 33% de los restos
correspondió a un individuo menor de 24 meses. Las modificaciones de origen humano se manifestaron en
una huella de impacto en un hueso largo. No se advirtieron huesos quemados. Se encontró representada
posiblemente una unidad de trozamiento perteneciente a un juvenil (fémur-tibia no fusionados).
Nivel 13a
El conjunto se halló en buenas condiciones de conservación, sin embargo, se apreció la acción de
roedores y carnívoros. De estos últimos, se observaron las marcas dejadas por los caninos y trituramiento
del hueso. El total de huesos recuperados fue de 85 fragmentos, los que representan gran parte del esque-
leto. El conjunto dio cuenta mayoritariamente de adultos, de los cuales uno correspondió a un individuo de
unos ocho años. El 10% fue asignable a jóvenes, los cuales en términos de porcentaje acumulado se
distribuyeron en los siguientes segmentos: Menor de 36 meses: 100%; Menor de 24 meses: 50%; Menor de
09 meses: 25%. A pesar de existir crías, los rangos de edad fueron amplios y no permitieron inferir
estacionalidad. Un 6% del conjunto se encontró quemado, en su mayoría con golpes de fuego lo que denota
que los restos no estaban siendo descartados en fogones, los cuales se encontrarían cerca. No se advirtie-
ron otras modificaciones de origen antrópico, salvo un fragmento de hueso largo que exhibió una huella de
impacto, producto de una fractura intencional
Se encontraban presentes gran parte de las unidades esqueletarias, lo que evidenciaría la entrada de
diferentes unidades de trozamiento: 1: Cráneo-vértebras cervicales; 2:V. Lumbares; 3: Costillas; 4: Miembro
anterior (escápula-humero-radiocúbito-metacarpo); 5: Miembro posterior (pelvis-fémur-tibia-metatarso).
Nivel 13b
El conjunto se encontró en buenas condiciones de conservación, observándose en menor escala la
intervención de roedores y carnívoros. El total de huesos recuperados fue de 270 fragmentos, sin embargo,
en su mayoría (62%) correspondieron a restos de diáfisis, astillas, huesos planos y fragmentos de epífisis no
identificadas. El conjunto representó mayoritariamente a adultos, de los cuales uno correspondió a un
individuo entre 4 y 6 años. El 28% fue asignable a jóvenes, los cuales en términos de porcentaje acumulado
se distribuyeron en los siguientes segmentos: Menor de 36 meses: 100%; Menor de 24 meses: 47%; Menor
de 19 meses: 33%; Menor de 15 meses: 13%. A pesar de existir una cría menor de 15 meses pero mayor de 9
meses y que el rango de edad es amplio, podría sugerir una ocupación entre el final de la primavera y
comienzo del otoño. Un 10% del conjunto se encontró quemado, la mayoría de los fragmentos corresponde
a astillas, las que también se pudieron desprender producto de la acción térmica. La parte inferior de un
calcáneo presentó huellas de corte muy profundas, relacionadas posiblemente con el proceso de desarticu-
lación. Se observan diferencias en la frecuencia de partes de este Nivel en comparación a lo observado en la
Capa 12 de la cuadrícula 1, situación que podría deberse a que la muestra de esta unidad (Corte 1), es
comparativamente menor a la registrada en la Cuadrícula 1.
125
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
Generalidades
El conjunto presenta una buena conservación, con meteorizaciones homogéneas (principalmente
dentro de los Estadios 0 y 1 sensu Behrensmeyer 1978), lo que denota que los restos no estuvieron expuestos
a condiciones subáreas por un tiempo prolongado. Pese a esto, en todos los estratos y niveles, se observó
la acción de carnívoros y roedores, por lo que estos animales habrían accedido a la caverna en los compo-
nentes en que ésta era abandonada por los indígenas.
Aún cuando el conjunto se encuentra formado mayoritariamente por adultos, es importante destacar
la presencia de un individuo menor de 15 meses pero mayor de 9, lo que confirmaría, en parte, el carácter
estacional de la ocupación, situación ya advertida en el componente anterior. A diferencia de lo observado
en la Cuadrícula 1 (ver más delante), el Estrato 12 no arrojó material significativo, ya que los restos
arqueofaunísticos se concentran en los niveles a y b del Estrato 13. Aún cuando las muestras no son
similares estadísticamente (p< 0,05), la comparación del Componente 2 (Corte 1), con el Componente 1 (Corte
1 y 2), indica ciertas recurrencias que podrían indicar una transición entre ambos episodios. Se aprecia la
ausencia de los cuartos traseros, particularmente fémur y tibia, aún cuando fueron identificadas patellas
(MNE=1) y metacarpos (MNE=1). Una situación similar ocurre con los cuartos delanteros, donde fue iden-
tificada una escápula y dos metacarpos y sólo fueron identificados tres fragmentos de un radioulna proximal.
Por último, se aprecia la presencia de prácticamente todo el segmento axial, indicando el consumo de unida-
des de alto rendimiento, aún cuando en este componente las vértebras lumbares poseen la representación
más alta dentro del segmento (Cuadro 31).
Como las frecuencias de partes del esqueleto representadas pudieron deberse tanto a agentes natu-
rales como culturales presentes en el sitio, se hizo necesario correlacionar el % MAU con la densidad ósea,
para determinar si las frecuencias de partes fueron sólo producto de la dureza de los huesos respectivos;
con el Índice de Utilidad de Carne, si lo que se buscaba era ésta; o el Índice de Carne y Médula, por si estas
últimas en conjunto representaron un aporte importante en el sitio. Esto se realizó aplicando un índice de
correlación que entregó una suerte de status a los conjuntos que los hicieran pertenecer o no a varias
estrategias de explotación animal tal como han sido planteadas por Binford (en Lyman 1994). Sólo la
correlación entre el %MAU y SMMI arrojó resultados positivos y significativos (r=0,390 p=0,045 n=27),
indicando que las unidades mayormente representadas eran aquellas que presentaron el mayor rendimiento
cárneo y de médula.
La presencia de porciones de todo el esqueleto, indicó que los animales ingresaron completos al
yacimiento, siendo procesados y consumidos al interior del sitio. A diferencia del componente anterior, en
donde se postuló la salida de ciertas unidades anatómicas de alto rendimiento, en este componente, los
animales aparentemente eran consumidos completos en el lugar, siendo descartadas aquellas unidades de
menor rendimiento, lo que indicaría un cambio en la funcionalidad del yacimiento, quizás tendiente a una
mayor estabilidad. La casi total ausencia de unidades quemadas indica que los restos óseos no eran
descartados en los fogones. La relativa baja frecuencia de huellas de corte, podría indicar que el proceso de
descarne para el consumo habría ocurrido posterior a su preparación (¿exposición directa al fuego?), ya que
se ha determinado experimentalmente que las huellas de procesamiento en general disminuyen cuando las
126
Caverna Piuquenes
450
400 Instrumentos
Desechos
350
300
250
200
150
100
50
Otras gruesas
Cuarzo rojo
Vidrio volcánico
Lutita
Otras Medias
Otras finas
Andesita silicificada
Cuarzo lechoso
Andesita grano fino
FIGURA 64. Distribución de la materia prima en desechos e Instrumentos. Componente 2, caverna Piuquenes.
unidades anatómicas se encuentran cocidas (De Nigris 2001). Las unidades de trozamiento parecieron ser
los cuartos traseros y delanteros hasta sus respectivos metapodios proximales (Figura 67). El esqueleto
axial se encontraba menos representado, aunque el cráneo con el atlas y el axis pudieron ser una unidad
también. Las huellas de corte se asociaron también al esqueleto apendicular más que al axial. Debe tenerse
que estas unidades de trozamiento se encontraban promediadas en torno a cuatro individuos.
Roedores
La muestra se compuso de 130 especímenes provenientes de la Cuadrícula 1, encontrándose domina-
da por restos de vizcacha (Cuadro 33 y 34).
Estrato 11
Sólo 14 restos de roedores fueron determinados en este estrato, repartidos en tres géneros distintos,
todos en buen estado de conservación.
Estrato 12
Se determinó un total de 16 restos, la mitad de ellos asignados a L. viscacia. Se detectó una astilla
quemada perteneciente a esta especie. El resto de la muestra estaba compuesto por escasos fragmentos de
Sigmodontinos y A. bennetti.
127
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
CUADRO 34. NISP, MNE y MNI de Lagidium viscacia del Componente 2. Caverna Piuquenes.
Nivel 13b
Lagidium Nivel 11a Nivel 12 Nivel 13a
viscacia NISP MNE NISP MNE NISP MNE NISP MNE
Mandíbula 1 1 8 4
Maxilar 1 1
Escápula 1 1
Húmero 7 6
Radio 2 2
Ulna 2 2
Coxal 2 1 1 1 1 1 11 5
Fémur 1 1 1 1 10 4
Tibia 8 4
Incisivo 1 1
Molar 3 2 4 3 3 3
Metapodio 1 1 1 1
Falange 1 1
Costilla 1 1 4 1 3 3
Cráneo 2 1 1 1
TOTAL 5 4 5 4 14 9 62 37
MNI 1 1 1 4
Nivel 13a
En general este nivel presentó un buen estado de conservación. Predominaron los restos de L.
viscacia, en particular fragmentos craneales. Se identificó una astilla con huellas de exposición al fuego. El
resto de las unidades correspondieron a escasos restos de sigmodontinos y dos fragmentos de Abrocoma
bennetti (una mandíbula completa y un fragmento de coxal).
Nivel 13b
Se identificó un total de 92 fragmentos, asignados en su mayoría a L. viscacia. En este sentido,
predominaron unidades del esqueleto apendicular (húmero, fémur, tibia) por sobre restos craneales o denta-
les (Cuadro 34). Vértebras, falanges y metapodios se encontraron prácticamente ausentes, indicando una
cierta selección de partes. No se detectaron huellas culturales y sólo se observaron dos casos de fragmen-
tos roídos (cabezas de fémur). Es interesante mencionar la aparición de dos elementos con patologías en
este roedor. Se trató de una tibia con crecimiento anormal de su carilla distal y un fragmento de ilion que
presentó una curvatura inusual de su cuerpo. Sobre la base de los huesos coxales (ilion), se identificaron
por lo menos cuatro individuos. Los restos de roedores menores fueron escasos. En términos de fauna
menor, la importante presencia de vizcacha podría indicar que se trató de un nivel transicional entre los
Componentes 1 y 2.
128
Caverna Piuquenes
FIGURA 65. Artefactos óseos recuperados del Componente 2 de caverna Piuquenes (ver texto para explicación).
Cánidos
Se identificaron solo tres especímenes. Dos de ellos provinieron del Estrato 12: un fragmento de
vértebra torácica (cuerpo) y una tercera falange, las que fueron asignadas como Pseudalopex sp. Del Nivel
13b, fue recuperado un fragmento proximal de radio derecho, identificado como Pseudalopex cf P. culpaeus.
Moluscos
La única especie presente fue Radiodiscus sp, molusco terrestre de 2-4 mm. La muestra se compuso
de cuatro individuos procedentes del Estrato 13, nivel b.
129
130
FIGURA 67. % MAU en Estrato 12. En círculos se muestran los porcentajes mayores a 50%. Cuadrícula 1,
Componente 2, caverna Piuquenes.
Restos vegetales
Carporrestos
Se recuperó un total de 66 carporrestos (n=52), provenientes de los estratos y 12 especímenes en el
único fogón excavado. Un total de 36 especímenes fueron identificados (45,45%), aún cuando 27 carporrestos
(40,9%) pueden ser identificables (Cuadro 35).
Las evidencias más numerosas correspondieron al conjunto de los no identificados, le siguió
Trichocereus sp. (cactus), luego las semillas de la familia de las Chenopodiaceas, Muehlenbeckia hastulata
(quilo). También se recuperaron, en menor cantidad, semillas de Cyperaceae sp., Eulychnia sp. (cactus).
En términos generales, se observó el mismo conjunto de carporrestos identificado en el componente anterior,
con presencia de taxones que actualmente habitan la zona.
Carbones
Las especies recuperadas en los diversos estratos del Corte 1 fueron representativas del bosque
esclerófilo actual presente en la localidad: Maitén (Maytenus boaria), Boldo (Peumus boldus), Arrayán
(Myrceugenia apiculata), Olivillo (Kageneckia oblonga), Litre (Lithrea caustica), Peumo (Cryptocaria
alba), Quilo (Muehlenbeckia hastulata), Maqui (Aristotelia chilensis) y Culén (Otholobium glandulosum)
(Cuadro 36).
La cantidad de muestras analizadas era pequeña como para intentar una aproximación a la composi-
ción del bosque original y al clima asociado. Sin embargo, apareció como posible un bosque más mésico en
el estrato E-13b, con presencia de Cryptocaria, Otholobium o Aristotelia, situación que habría que
contextualizar con cambios climáticos del Holoceno, de magnitud superior y que pueden corresponder a los
señalados por Graf (1992) para esa latitud y para épocas que van de los 5.000 a 8.000 años, donde se
observaban niveles pluviométricos superiores.
Si bien en el contorno inmediato a la caverna se desarrolló un ambiente lacustre frío con escaso
desarrollo de bosque, en cotas más bajas y cercanas al sitio arqueológico, como podría ser la confluencia de
los esteros Los Leones y río Blanco, debió existir un bosque de olivillo y en partes más húmedas uno de
peumo. Es muy probable que las maderas fueran recogidas en estos lugares y transportados por el hombre
hacia la caverna para su utilización como combustible.
131
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
CUADRO 35. Frecuencia general de carporrestos recuperados del Componente 2. Caverna Piuquenes.
C ompone nte 2
TOTAL COLUMNA
COLUMNA B
TOTAL ESTRATO
TOTAL RASGO
12 12a 12b
102-116 m
94-102 m
Taxón
Fogón
Cyperaceae sp. 1 1 0 1
Eulychnia sp. 1 1 3 5 0 5
Muehlenbeckia
1 4 1 5 1 6
hastulata
Chenopodiaceae sp. 3 4 3 4 7
cf. Chenopodiacea
2 2 0 2
sp.
Chenopodiaceae sp.
o 2 0 2 2
Portulacaceae sp.
Trichocereus sp 4 2 3 2 9 2 11
Semilla A 1 1 0 1
Semilla J 1 1 0 1
No Identificado 5 12 5 5 22 5 27
No Identificable 3 3 0 3
Total 11 21 20 14 52 14 66
CUADRO 36. Especies arbóreas representadas en los estratos excavados del Componente 2 (Corte 1). Caverna
Piuquenes.
132
Caverna Piuquenes
Este capítulo tiene por objetivo describir los hallazgos culturales que caracterizan el tercer compo-
nente de ocupación humana de la caverna. Se constata la introducción de nuevas tecnologías, las que tienen
su correlato en el instrumental lítico y óseo. ¿Estos cambios anuncian la llegada de nuevos grupos portado-
res de innovaciones culturales o corresponden a desarrollos tecnológicos de los mismos grupos humanos
anteriores?
Estratigrafía y cronología
Se identifica con el Estrato 10 exclusivamente, tanto del Corte 1 como de la Cuadrícula 1. Se dispone
de un fechado radiocarbónico de 8.160 (7.890) 7.680 AP.
Material lítico
Frecuencias generales
Para los estratos 10 a, b y c, que representan al Componente 3, se analizó una muestra total de 133
piezas líticas, que se compone de 44 instrumentos (27 puntas de proyectil, 10 raspadores, una raedera, dos
cuchillos, un perforador, una pieza multifunción corte-raspado, una pieza de función desconocida y una hoja
bifacial de gran tamaño), 86 desechos de talla, dos piezas sobre guijarro (sobadores de cuero) y un núcleo.
Cabe notar que la muestra de desechos es extraordinariamente pequeña debido a que los materiales del Corte
1 no fueron analizados por encontrarse extraviados.
Instrumentos
Del mismo modo que para las unidades estratigráficas anteriores, los instrumentos (Cuadro 37)
fueron categorizados teniendo en cuenta su grado de formatización, en dos grupos, los formales (n=32, 80%)
y los informales (n=8, 20%) Conviene notar que el grueso de los instrumentos formales está constituido por
puntas de proyectil. En general, el instrumental recuperado fue confeccionado sobre materias primas muy
variadas, englobando la categoría “otras finas” a la mayor parte de los instrumentos (Cuadro 38). De hecho,
sólo se recuperó uno en materia prima de grano grueso. El gran volumen comparativo de puntas de proyectil
y bifaces presentes en el componente, combinado por una fuerte presencia de materias primas criptocristalinas
no disponibles en los alrededores del sitio, y la casi total ausencia de otras categorías funcionales sugiere el
ingreso del instrumental terminado al sitio, aunque varias de las bifaces califican en la categoría “preformas”.
Volveremos sobre el tema cuando comentemos las características técnicas de los desechos.
Las puntas de proyectil recuperadas en este componente, responden a un tipo distinto del represen-
tativo del bloque temporal anterior, tratándose preferentemente de puntas considerablemente menos masi-
vas, de borde liso y de base convexa (n=19) o recta (n=3), elaboradas en materias primas variadas como el
resto de los instrumentos (la categoría “otras finas”, con un 47,5%, n=19 de las preferencias es decidora al
respecto). De estas 27 piezas, 14 corresponden a puntas de proyectil terminadas, ocho a preformas de estas
y cuatro a fragmentos de punta.
Una pieza notable por sus dimensiones y excelencia técnica es una gran bifaz foliácea de 130 mm de
largo, 39 mm de ancho y 7 mm de espesor, que no presenta ninguna huella de uso (Figura 68 f). Desconoce-
mos referentes para este tipo de pieza en un contexto con esta data. Se han documentado piezas similares
para la costa norte de Chile, llamadas “taltaloides” o “hojas-cuchillo”, aunque la fecha más temprana es
solamente 4.550+80 (Castalleti et al. 2006).
Por su parte, para la categoría raspadores se recuperaron ocho piezas que no muestran similitud
alguna entre sí. La única pieza de carácter formal en esta unidad temporal es un raspador frontal enmangado
de gran formatización y otra que es un raspador de prensión manual (en particular del tipo llamado “de uña”).
El resto de las piezas consisten en tres raspadores de filo vivo y otros tantos fragmentos de raspador.
A la categoría funcional “corte” se asignó una pequeña lasca de talón pseudofascetado que fue
empleada como cuchillo de filos vivos. Se recuperó también un fragmento de raedera que fue reconocido a
133
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
Desechos
El Componente 3 muestra una notable baja en la cantidad de desechos recuperados, que es consis-
tente con el menor tamaño del depósito excavado para estos niveles. La tendencia respecto de los talones
en los desechos muestra cierta preferencia por plataformas de percusión planas (Cuadro 39), lo cual implica
la extracción de lascas desde núcleos solamente descortezados, sin ninguna otra preparación particular.
Sólo 13 del total de 86 desechos presentan corteza, siendo solo uno de ellos completamente cortical.
El promedio de los restantes casos es de 22,5%. La mayor parte de estas piezas corresponden a la materia
prima cuarzo rojo, situación esperable dada la distribución de materia prima en la muestra (Cuadro 40). En
general, es posible suponer que este material fue descortezado principalmente en su fuente de origen, el
estero Los Leones, dos kilómetros al NW del sitio. Es interesante notar que los nódulos en que se presenta
este material en el lugar son de tamaño bastante reducido, lo cual es coherente con el tamaño de los
desechos en estos niveles (x=19,3 mm) y con los tamaños de los núcleos de pequeñas lascas en cuarzo rojo
documentados para componentes anteriores.
En términos generales, puede decirse que en este componente no existe una especial preocupación
por la selección de materiales especialmente homogéneos y de calidad para la talla (Cuadro 41, Figura 71). La
notoria presencia de la categoría “otras finas” en el instrumental y su baja representación en los desechos,
implican que dichos instrumentos ingresaron al sitio ya terminados. En este componente, sus ocupantes
optaron por utilizar materias primas locales sólo para tareas de menor importancia relativa. Esta situación se
ve reforzada por los resultados que arroja el examen de aprovechamiento en desechos, que señala una
tendencia a bajo y medio-bajo bastante notoria. A diferencia del caso anterior, en que dicha situación se
asociaba a una gran disponibilidad de material de calidad, aquí creemos que se asocia a la escasa necesidad
de material para la confección de instrumentos formales. Toda esta transformación en la estructura interna
de la selección de materiales respecto de la que se había visto previamente, podría deberse a un cambio
funcional o estratégico en el uso del sitio. Discutiremos estas implicancias en las conclusiones.
La Figura 70 muestra para este componente una distribución del aprovechamiento de materiales con
una fuerte representación de los estratos bajo y medio/bajo, situación consistente con el ingreso de instru-
mental terminado al sitio. La recuperación de un solo núcleo y la ausencia de matrices apropiadas en los
derivados de núcleo del mismo modo que la ausencia de desechos de talla bifacial, indicarían en el mismo
sentido.
Núcleos
Para el Componente 3 sólo se recuperó una pieza de esta clase, procedente del estrato 10a. Se trata
de un núcleo unidireccional con 11 extracciones del tipo lasca. Su perímetro es de 237 mm y su peso de 231
g. Al parecer, este núcleo fue empleado como herramienta de corte por percusión, apreciándose algunas
rayas y desportilladuras sobre uno de los bordes.
134
Caverna Piuquenes
Al igual que en los componentes anteriores, el análisis faunístico se divide en cuatro partes. En
primer lugar, se entregan características generales del conjunto artefactual óseo, así como una descripción
principalmente morfológica de cada instrumento. Posteriormente se presentan los resultados de los análisis
faunísticos efectuados a los restos óseos de camélidos del Corte 1. Se prosigue con los roedores de la
Cuadrícula 1, para terminar con los cánidos recuperados de esta última unidad.
Para este componente se registra un total de siete instrumentos sobre hueso. En términos genera-
les, se aprecia una mayor diversidad y variedad que en el componente anterior, apareciendo soportes y
morfologías de bordes activos no observadas previamente. Esta situación, está reflejando una mayor diver-
sidad de actividades, tales como talla de artefactos líticos, penetración de objetos blandos y funciones de
carácter ornamental. Esto contrasta con la escasa presencia de datos que indiquen procesos de manufactura
de artefactos óseos durante este componente, lo que sugiere que éstos fueron confeccionados en otro lugar
y transportados hasta el sitio para su utilización.
Es novedad en el registro la presencia de una preforma de cuenta confeccionada en una diáfisis de
ave, ya que permite incorporar la ornamentación como parte del registro óseo artefactual, a la vez que inserta
un nuevo taxón como soporte. Igualmente importante, es la presencia de un retocador descartado, lo que
indica la realización de actividades terminales del proceso de manufactura de instrumentos líticos y/o el
reavivado de éstos. Por último, dentro del conjunto sobresale un instrumento confeccionado en ilion de
camélido, cuya funcionalidad no pudo ser definida con claridad. Esta pieza presenta dimensiones que se
alejan de las observadas en la muestra, ya que no se habían identificado artefactos tan macizos y que, a
juzgar por la huellas en el fuste, eventualmente podrían haber estado enmangados. A juzgar por las huellas
observadas en la cresta ilíaca, al parecer el instrumento se habría deslizado por un sustrato blando; sin
embargo también se apreciaron huellas en la espina anterior, lo que indicaría que esta pieza habría tenido más
de una cinemática de uso.
Otras categorías advertidas en componentes anteriores, como los artefactos de borde activo con-
vergente, continúan presentes. Dentro de ésta categoría, la pieza recuperada del Estrato 10, nivel b, presenta
ciertas similitudes con aquella recuperada en la Cuadrícula 1, Estrato 13b (Figura 51), particularmente el
punto de fractura localizado en el ápice, lo que puede sugerir un modo similar de utilización.
Preformas y Fracturados
1. Cuadrícula 1, Estrato 10, nivel b.
Descripción: si bien no posee huellas de uso, la forma de esta astilla proximal de metapodio de camélido es
comparable con otros instrumentos recuperados en niveles anteriores. La pieza presenta negativos de
impacto en su cara anterior, los que probablemente sean producto de un primer proceso de formatización,
tendiente a la eliminación de aristas.
Función: no existe certeza con respecto al status de instrumento esta pieza, debido a la escasa acción
cultural sobre ella, aún cuando podría corresponder a un retocador en un estado inicial del proceso de
manufactura (Figura 72a).
Largo : 158,4 mm.
Ancho máximo : 10 mm.
Espesor máximo : 16,6 mm.
135
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
rado. Se advierten huellas de raspado, que comienzan a aparecer en el sector medial de la pieza, preferente-
mente ubicadas en los bordes. Son poco profundas y paralelas al eje funcional del instrumento; presenta
también pulido leve, posiblemente por uso.
Función: ya que la pieza no posee su borde activo es difícil adscribirlo a una categoría particular (Figura 72b).
Largo : 76,8 mm.
Ancho máximo : 9,3 mm.
Espesor máximo : 4,5 mm.
136
Caverna Piuquenes
ría al sector de enmangue o donde se asía el instrumento. El sector de la espina anterior y de la cresta ilíaca
presenta huellas de pulido por uso, particularmente en este último se observa un embotamiento del borde
quedando expuesto el tejido esponjoso con un ángulo aproximado de 60°, lo que sugeriría una cara de
deslizamiento.
Función: su función es desconocida, aunque podría estar asociado a actividades de deslizamiento quizás
sobre sustratos blandos (Figura 72f, cara posterior).
Largo : 101 mm.
Ancho máximo : 99,6 mm.
Espesor máximo : 14,3 mm.
FIGURA 68. Descripción de las puntas de proyectil del Componente 3 de Piuquenes; a: punta lanceolada sobre
basalto; b-e: puntas de proyectil de base convexa; f: gran bifaz tipo hoja-cuchillo; g-n: puntas y cuchillos bifaciales.
137
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
FIGURA 69. Descripción de otros artefactos líticos del Componente 3 de Piuquenes. a-d: cuchillos bifaciales; e-f:
preformas bifaciales; g-i: ornamentos.
Se trabajó con un NISP de 22 elementos, de los cuales siete fueron identificados como Lama guanicoe.
Estrato 10
El conjunto se halló en buenas y homogéneas condiciones de conservación, sólo cuatro especímenes
exhibieron marcas dejadas por roedores. Se recuperó un total de 22 fragmentos. Una epífisis no fusionada
de metapodio indicó la presencia de un individuo menor de 36 meses. Se encontraron representadas unida-
des tanto del esqueleto axial como perpendicular, las que podrían corresponder a desechos de faenamiento
(huesos cortos delanteros y traseros) y a unidades de trozamiento como ser el miembro delantero (porción
proximal de radioulna) y costillas, aún cuando la muestra es muy pequeña.
Generalidades
138
Caverna Piuquenes
CUADRO 37. Distribución por tipo de instrumental en el Componente 3. Cuadricula 1. Caverna Piuquenes.
CUADRO 38. Distribución por materia prima pa ra instrumental del Componente 3. Cuadrícula 1. Caverna Piuquenes.
Se trabajó con un NISP total de 236 especímenes óseos de los cuales 106 (45%) fueron adscritos a
Lama guanicoe (Cuadro 42 y 43, Figura 74).
Los restos recuperados se encontraron en muy buen estado de conservación en general, ubicándo-
se la mayoría de ellos en los estadios de 0 a 1, sin especímenes sobre estos estadios (Behrensmeyer 1978).
En cuanto al número mínimo de individuos (MNI), éste se estableció sobre la base de la tibia
proximal correspondiendo esta medida a la presencia de al menos tres individuos. Interesó destacar aquí que
las tres tibias proximales derechas que dieron cuenta de este MNI se unieron a una izquierda más, en la que
se empleó una técnica de extracción por golpe de la cresta tibial (Smuts, et al. 1987).
Se registró un total de 61 marcas, lo que representó un 57,5% de marcas con respecto al NISP de Lama
guanicoe. Con relación a las huellas naturales, se registraron 22 marcas atribuibles a carnívoros en la
muestra, que representaron el 36% del total de marcas. De igual manera, fueron advertidas 21 marcas de
roído, correspondientes a un roedor pequeño (34,4% de las marcas).
Las huellas culturales se concentran en nueve especímenes, lo que representó un 14,8% del total de
huellas. Estas se encontraron asociadas a varios elementos, superponiéndose sólo dos huellas en la radioulna.
Hubo asociaciones entre corte y pozos de carnívoros (n=3) y corte y roído (n=2). Ello significó, nuevamente,
que hubo cánidos en el sitio, sea durante la ocupación (perros domésticos) o después de ella (zorros). Las
huellas de percusión y machacado, son menos abundantes, ya que fueron registradas un total de cinco de
139
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
CUADRO 39. Distribución de desechos por tipo de talón en el Componente 3. Caverna Piuquenes.
CUADRO 40. Distribuc ión de desechos por materia prima en el Componente 3. Caverna Piuquenes.
Alto
18%
Medio-Bajo
36% Medio-Alto
6%
Bajo
40%
140
Caverna Piuquenes
CUADRO 41. Frecuencia relativa para piezas con fallas en el Componente 3 (Cuadrícula 1).
CUADRO 42. Resultados por unidad anatómica para el Estrato 10. Cuadrícula 1. Componente 3, caverna
Piuquenes.
NISP
Unidad Cant Dens* GMUI** SMMI*** NISP MNI MNE MNE MAU %MAU
Cráneo 1 10 8,29 1 1 1 1 1 66,6
Mandíbula 2 5,7 8,62 4 1 2 2 1 66,6
Atlas 1 0,82 8,8 7,39 2 1 1 2 1 66,6
Axis 1 0,67 8,8 7,39 1 1 1 1 1 66,6
Vert.
Cervicales 5 0,56 51,3 39,43 3 1 1 3 0,2 13,3
Vert.
Toraxicas 12 0,64 22,1 17,41 0
Vert.
Lumbares 7 0,42 44,9 34,61 0
Sacro 1 0,35 0
Pelvis 2 1,29 40,2 36,23 1 1 1 1 0,5 66,6
Costillas 24 0,71 100 76,16 34 2 12 2,8 0,5 33,3
Esternón 6 0,2 8,5 7,16 0
Escápula 2 0,6 38,4 33,78 1 1 1 1 0,5 33,3
Húmero px 2 0,42 23,8 40,33 1 1 1 1 0,5 33,3
Húmero df 2 1,24 1 1 1 1 0,5 33,3
Húmero dt 2 0,79 23,8 39,31 0
Radiouln
px 2 0,42 7,8 38,79 2 1 1 2 0,5 33,3
*Elkin, 1995:tabla 2
** guanaco meat utility index (según Borrero 1990)
*** standarized meat and marrow index (según Borrero 1990)
141
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
CUADRO 43. Continuación de resultados por unidad anatómica para el Estrato 10, Cuadrícula 1. Componente 3,
caverna Piuquenes.
Radioulna
df 2 1,3 6 1 2 3 1 66,6
Radioulna
dt 2 0,72 7,8 55,73 1 1 1 1 0,5 33,3
Carpales 14 0,71 1,3 1,73 1 1 1 1 0,7 4,6
Metacar px 2 0,98 1,3 47,49 3 2 2 1,5 1 66,6
Metacar df 2 1,29 0
Metacar dt 2 0,87 1,3 51,56 0
Fémur px 2 0,62 83,2 88 2 2 2 1 1 66,6
Fémur df 2 1,15 2 1 1 2 0,5 33,3
Fémur dt 2 0,48 83,2 100 0
Patella 2 0,58 0
Tibia px 2 0,55 21,3 49,07 6 3 3 2 1,5 100
Tibia df 2 1,3 8 1 3 2,7 1,5 100
Tibia dt 2 0,82 21,3 86,11 2 2 2 1 1 66,6
Tarsales 10 1,7 2,03 2 1 2 1 0,2 13,3
Astrágalo 2 0,79 1,7 2,03 0
Calcáneo 2 0,85 1,7 17,26 2 1 1 2 0,5 33,3
Metatar px 2 0,93 1,7 62,92 2 1 1 2 0,5 33,3
Metatar df 2 1,26 0
Metatar dt 2 0,73 1,7 76,69 0
Metapod df 4 4 1 2 2 0,5 33,3
Metapod ds 4 7 2 3 2,3 0,75 5
Falange 1 8 0,95 2,1 24,2 6 1 4 1,5 0,5 33,3
Falange 2 8 0,56 2,1 18,28 1 1 1 1 0,12 8
Falange 3 8 2,1 2,3 0
Totales 162 106 54
*Elkin, 1995:tabla 2
** guanaco meat utility index (según Borrero 1990)
*** standarized meat and marrow index (según Borrero 1990)
estas huellas, ya sea por negativos de lascado o por esquirlas grandes de algún elemento óseo. Represen-
taron el 8,2% del total. Los restos quemados son escasos (cuatro casos), lo que corresponde al 6,6% del
total. Se trató de fragmentos de vértebras y uno de pelvis. Hubo varios huesos quemados entre los
fragmentos no adscritos a camélidos.
142
Caverna Piuquenes
(8,4% en relación al NISP de guanaco), lo que podría indicar faenamientos terciarios posteriores a la expo-
sición de las unidades a los agentes térmicos.
Roedores
N1 0a N10b N10 c
Lagidium viscacia 14 8 0
Phyllotis sp. 0 1 0
Abrothrix sp. 0 2 0
Sigm. Ind. 0 1 0
Abrocoma bennetti 1
R odenti a 0 1 2
T otal 14 14 2
CUADRO 45. NISP, MNE y MNI de L. viscacia del Componente 3 de la cuadrícula 1 de Piuquenes.
Nivel 10b
Nuevamente, se observa una diversidad mayor en los taxones identificados, todos en buen estado de
conservación. Se recuperaron un total de 14 restos (en su mayoría vizcacha), pertenecientes al esqueleto
apendicular más un molar. Los restos corresponden a sólo un individuo (Cuadro 45). No se detectan marcas
culturales ni naturales en este nivel. Con respecto a los roedores de menor tamaño, destaca la presencia de
un fémur completo de A. bennetti.
Nivel 10c
En este nivel sólo se recuperaron dos pequeñas astillas asignables sólo a nivel de orden.
143
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
Moluscos
Pese a la escasa cantidad de la muestra, se encontraron cinco ejemplares de Radiodiscus sp, molusco
terrestre de 2-4 mm en el estrato Estrato 10 y Lente 6 (Cuadro 46), todos provenientes del Corte 1.
La presencia de estos animales al interior del alero, se debe a causas naturales, relacionadas con
variaciones en el nivel de la paleolaguna que existió en el lugar. No se halló ningún molusco marino.
CUADRO 46. Descripción del material malacológico del Componente 3. Corte 1, caverna piuquenes.
90
80
70
60
50
40
30
20
10
0
Vidrio volcánico
Andesita grano grueso
Cuarzo rojo
Cuarzo translúcido
Cuarzo lechoso
Total
Lutita
Otras Medias
Otras finas
Intrusiva grano fino
FIGURA 71. Distribución de materia prima en Desechos e Instrumentos. Componente 3, caverna Piuquenes.
144
Caverna Piuquenes
FIGURA 72. Instrumentos sobre hueso recuperados del Componente 3. Caverna Piuquenes.
FIGURA 73. %MAU en Estrato 10b. En círculos se muestran los porcentajes mayores a 50%. Cuadricula 1.
Componente 3, caverna Piuquenes.
145
146
% MAU
100
60
20
40
80
0
Cráneo
FIGURA 74. % MAU de guanaco procedente del Estrato 10 del Corte 1 del Componente 3 de Piuquenes.
Mandíbula
Atlas
Axis
Cervicales
Toráxicas
Lumbares
Sacro
Pelvis
Costillas
Esternón
Escápula
Húmero px
Húmero df
Húmero ds
Radiouln px
Radiouln df
Radioulna ds
Carpales
Metacar px
Metacar df
Metacar ds
Fémur px
Fémur df
Fémur ds
Patella
Tibia px
Tibia df
Tibia ds
Tarsales
Astrágalo
Calcáneo
Metatar px
Metapod df
Metapod ds
Falange 1
Falange 2
Falange 3
FIGURA 75. Profundidad distal (Dd) v/s Ancho distal (Bd) en tibias de Abrothrix sp. (izquierda) y Phyllotis sp. (derecha). Medidas en mm. Cuadrícula 1,
% MAU
100
60
20
40
80
0
Cráneo
Mandíbula
Atlas
Axis
Cervicales
Toráxicas
Lumbares
Sacro
Pelvis
Costillas
Esternón
Escápula
Componente 3, caverna Piuquenes.
Húmero px
Húmero df
Húmero ds
Radiouln px
Radiouln df
Radioulna ds
Carpales
Metacar px
Metacar df
Metacar ds
Fémur px
Fémur df
Fémur ds
Patella
Tibia px
Tibia df
Tibia ds
Tarsales
Astrágalo
Calcáneo
Metatar px
Metapod df
Metapod ds
Falange 1
Falange 2
Falange 3
Caverna Piuquenes
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Restos vegetales
Carporrestos
En este tercer componente se rescata un total de 218 carporrestos (Cuadro 47), que se desglosan en
166 carporrestos identificados (76,1%), 30 no identificados por el componente (13,8%) y 22 imposibles de
identificar (10,1%) por su mal estado de conservación. La mayoría (n=172) proviene de fogones registrados
en este componente.
CUADRO 47. Frecuencia general de carporrestos recuperados del Componente 3. Caverna Piuquenes.
Los taxones presentes no varían mayormente en relación a los componentes anteriores. Los taxones
más abundantes pertenecen a la familia de las cactáceas y corresponden a Eulychnia sp. y Trichocereus
sp., seguido por las semillas de la familia de las Chenopodiaceas. También se identifican semillas de Cyperaceae
sp., Muehlenbeckia hastulata (quilo) y Papilionaceae. En total se identificaron 7 taxa, similares a los
encontrados en los componentes anteriores, a excepción de Papilionaceae que aparece por primera vez en el
registro.
En los análisis carpológicos y antracológicos previos del sitio (Rojas et al. 2004) se logra identificar
otros taxones. Esto se debe a que se muestrean otros sectores del alero y se incluye el análisis de los
carbones, que entrega información sobre los especies leñosas. En estos trabajos se constata la presencia de
Maytenus boaria (maitén), Lithrea caustica (litre), Kageneckia oblonga (bollén) y Aristotelia chilensis
(maqui).
La baja representación de este tipo de evidencia se debe a procesos azarosos o aleatorios, que
ocurren en el componente de uso ya que se consume gran parte de las plantas (hojas, semillas, bulbos, tallos)
siendo probable que no se desperdicien los recursos recolectados. Además, actúan sobre el registro agen-
tes naturales y culturales de dispersión de los restos vegetales, además de la influencia de los agentes de
conservación (Anexo I).
148
Caverna Piuquenes
Este capítulo está dedicado a los últimos habitantes de la caverna. Una avalancha de grandes propor-
ciones pone fin a 6.000 años de ocupación de la caverna, sepultando sus restos hasta el año 1995, donde en
forma casual son encontrados. La materialidad muestra que los cambios tecnológicos siguen, lo cual queda
reflejado, entre otros, en las innovaciones del material lítico.
Estratigrafía y cronología
El Componente 4 comprende los estratos 9 al 2, tanto del Corte 1 como de la Cuadrícula 1. Se dispone
de tres dataciones absolutas, las que indican un rango temporal máximo de 1.240 años. En efecto, este
bloque se extiende desde un componente levemente anterior al 7.550(7.170)6.670 AP (Estrato 8) hasta el
7.250(6.730)6.310 AP (Estrato 2) con una fecha media de 7.160(6.870)6.690 AP(Estrato 5).
Material lítico
Frecuencias generales.
Las piezas analizadas para el Componente 4 consisten en un total de 297 piezas líticas, representa-
das por 92 instrumentos (53 puntas de proyectil, 18 raspadores, una raedera, seis cuchillos, seis sobadores,
dos instrumentos multifuncionales y seis instrumentos en la categoría “otros”: principalmente machacadores
de pigmento) y 205 desechos de talla. No se recuperan núcleos de este componente.
CUADRO 49. Distribuc ión por materia prima para instrumental tallado del Componente 4. Caverna Piuquenes.
149
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Instrumentos
En términos de su formatización, los instrumentos recuperados corresponden mayoritariamente al
grupo formal con un total de 62 piezas (67,4%), en tanto que los informales suman 29 (32,6%) (Cuadro 48).
Puede decirse que las materias primas seleccionadas durante este componente muestran gran variabilidad,
cuestión refrendada por la frecuencia relativa total registrada para la categoría analítica “otras finas” (Cua-
dro 49). Esta situación es patente tanto para las puntas como para los instrumentos tallados de otras
categorías. El único uso consistente de materias primas de tipo local es del “cuarzo rojo”. Este material fue
empleado preferentemente para puntas de proyectil y es notable que de las nueve puntas confeccionadas en
esta materia prima, ocho de ellas sean preformas descartadas durante el proceso de talla. Esto podría
implicar, dada la baja calidad de la materia prima, la gran cantidad de fallas técnicas y la escasa estandarización
del conjunto, que dichas puntas pudieron ser confeccionadas por aprendices en un material abundante en
las cercanías del asentamiento (el estero Los Leones).
Las puntas de proyectil en este componente vuelven a indicar una diferencia formal importante
respecto de las del bloque anterior (Figura 76): se populariza el diseño de punta con borde aserrado (n=17,
32,1%) y aparece por primera vez en la secuencia un tipo de base cóncavo: de las 42 puntas con base, el 47%
de ellas son de este tipo. De los tipos restantes, solo las de base recta tienen importancia (40%, n=17). Las
puntas son de tamaño general pequeño (en promedio para las piezas completas de 34,3 mm de largo y 19,7
mm de ancho, sobre un total de 12 piezas en esta condición) y es notoria en el conjunto la presencia de
distintas etapas en la vida útil de las puntas, hallándose entre las piezas tanto puntas completas y sin uso
como fragmentos generados durante el proceso de confección, además de cuatro puntas reavivadas inten-
samente. Desconocemos cuales son los lugares en que se produce el aprovisionamiento del cuarzo lechoso
y translúcido tanto como de los materiales englobados en el Cuadro 53 en la categoría “Otras finas”, del
mismo modo que sabemos que dichos materiales no pueden ser hallados en el cauce del río frente al sitio en
una extensión de dos kilómetros cuadrados.
Los raspadores del Componente 4 muestran diferencias notables con respecto al componente ante-
rior. Por una parte, aparece un tipo altamente estandarizado de raspador frontal (siete piezas; Figura 77 d,
Cuadro 50) y, por primera vez en la secuencia, se presenta consistentemente la práctica de instrumentos
dobles y multifunción (siete piezas en total). Ambas situaciones sugieren cortas estadías en el sitio, pues
implica -en el primer caso- la preocupación por la maximización de la vida útil del instrumento combinado con
el aprovechamiento intensivo de mayor cantidad de borde de uso en las piezas, si es que no se trata de
reutilizaciones de desechos anteriores. En suma sugieren, otra vez, que el aprovisionamiento de materiales
no se realiza en el área adyacente al sitio.
En particular, los raspadores frontales muestran un alto grado de estandarización en lo que se refiere
a su ancho y espesor, del mismo modo que en su largo de borde. En los cuadros siguientes se muestra esta
situación (Cuadro 50 y 51).
El instrumental de corte también aparece en este componente, representado por seis piezas (tres
cuchillos de filos vivos, una raedera un cuchillo circular de astillamiento facial y un cuchillo bimarginal). Son
confeccionados en materias primas de origen desconocido, principalmente “Otras finas”, con solo dos
piezas identificadas, una en “Cuarzo lechoso” y otra en un material denominado “Intrusivo de grano fino”.
Se recuperan en este componente tres instrumentos multifuncionales, combinaciones de raspador y
cuchillo. Uno de ellos es de filo vivo en tanto que los dos restantes son cuchillos faciales con frente de
raspado de similares proporciones.
Desechos
La mayor cantidad de talones de este componente es de tipo plano, aunque cabe llamar la atención a
los tipos de talón asociados a talla bifacial (Cuadro 52). Por otra parte, aparece por primera vez en la
secuencia una cantidad relativamente importante de talones del tipo facetado, lo que implicaría una prepara-
ción mas cuidada de la plataforma de percusión de los núcleos de los que se extrajeron estas lascas, aunque
150
Caverna Piuquenes
ninguno de estos núcleos fue recuperado. Creemos que la tendencia general señala tareas de manutención
de instrumentos salvo por los talones de tipo facetado.
El Cuadro 53 muestra la distribución de desechos por tipo de materia prima. El material más represen-
tado es el cuarzo lechoso que había tenido menor importancia en el registro en componentes anteriores. Su
presencia (tanto en instrumentos como en desechos) sugiere la presencia de una fuente localizada que no es
explotada intensivamente.
El Cuadro 54 presenta una evaluación general de la presencia de fallas en los materiales empleados
para la talla lítica en este componente e indica una calidad general buena (con más del 50% de piezas con
fallas), sólo superada por lo observado en el Componente 2, en que dicho efecto se debía a la presencia de
una fuente localizada de materia prima. El caso del Componente 4 parece ser diferente con respecto a que la
selección de materias primas refleja gran diversidad y grano fino, lo que podría implicar un aprovisionamien-
to no localizado y muy selectivo en términos de granulometría y homogeneidad de los materiales, orientado
a la confección de puntas de proyectil.
En cuanto al aprovechamiento general del conjunto, es posible decir que los materiales empleados
presentan una tasa cuya tendencia es medio-bajo y bajo (Figura 78), lo que podría tener que ver con la
preparación del instrumental formal en otros lugares y la escasa presencia de las partes iniciales de la cadena
operatoria, debido con toda probabilidad, a la escasez de materiales de calidad para la talla en las cercanías
del sitio.
151
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
confeccionados ambos a partir de sólo un metapodio de camélido subadulto, lo que se traduce en que su
forma, tamaño y función sean similares. Debido a que se trata de piezas muy largas y delgadas no se
encuentran preparadas para resistir una tensión mecánica importante. Aún cuando las huellas de pulido
registradas en el borde activo indican que fueron empleadas sobre un sustrato blando, no se descarta una
utilización de tipo ornamental.
Resulta interesante destacar la profusión de retocadores (n=4), situación que podría explicarse
debido a la aparición de microdenticulados en las puntas de proyectil recuperadas. En términos generales,
presentan morfología y dimensiones bastante estandarizadas, con variaciones del ancho del borde activo de
sólo 3,4 mm (Figura 79). Las piezas fueron elaboradas generalmente sobre la porción mesoproximal de
metapodios de camélido, conservando dos de ellos una porción de la carilla articular.
Es importante señalar la presencia de dos instrumentos cuya determinación funcional aparece como
altamente compleja. Uno de ellos es un fragmento de diáfisis de hueso largo, que presenta en su cara anterior
una gran cantidad de incisiones paralelas, que se encuentran tiznadas internamente (Cuadrícula 1, Estrato 9a,
Figura 82b). La pieza, además, presenta un pulido muy intenso en toda su superficie, particularmente en su
cara anterior. Esta modificación no se explica por la acción de agentes naturales (p. e. arrastre sedimento),
ya que las huellas de corte se ubican sobre el pulimento. El segundo instrumento (Corte 1, Estrato 3), debido
a la forma de su borde activo, sección y atributos tecnológicos, plantea varias dificultades a la hora de
proponer una hipótesis que explique su funcionalidad, ya que resulta difícil establecer la distinción entre las
huellas causadas por el uso y las huellas derivadas del proceso de manufactura, con la excepción del ápice
y una de sus caras, el que presenta marcas de abrasión en un área muy limitada. De manera tentativa, se
plantea la posibilidad de que se trate de un gancho de estólica, aún cuando esta apreciación debe ser
contrastada con estudios experimentales y análisis de microhuellas.
Con respecto a las tecnologías utilizadas para la manufactura, algunas se mantienen de componen-
tes anteriores (p. e. el corte con marcado perimetral), mientras que otras varían levemente (p. e. exposición
térmica y raspado).
Descripción de los artefactos en hueso
Artefactos de borde romo no convergentes
1. Procedencia: Corte 1, Estrato 7, Nivel a
Descripción: Instrumento confeccionado sobre metatarso proximal de camélido adulto. Posee un borde
activo en forma de bisel, con una cara de apoyo. Presenta diversas huellas: pulido por uso en toda la pieza,
siendo más evidente en el sector posterior; algunas trazas de raspado tendiente a regularizar algunas aristas
y bordes; microlascado a ambos costados del borde activo, las que surgen tras el contacto del instrumento
contra la pieza lítica, e indican el modo de uso de ésta, quizás utilizando los lados del borde activo, impactando
diagonalmente y, microtriturado por uso.
Función: confección de instrumentos de piedra en su fase terminal (Figura 80a).
Largo : 99,3 mm.
Ancho máximo : 8,2 mm.
Espesor máximo : 7 mm.
152
Caverna Piuquenes
FIGURA 76. Descripción de las puntas de proyectil del Componente 4 de caverna Piuquenes. a-k: puntas de tipo
microdenticulado de base cóncava y recta; i-ñ: puntas reavidadas intencionalmente; o: cuchillo/punta de obsidiana (
única muestra de este material en toda la secuencia).
153
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
4. Procedencia: Estrato 2.
Descripción: metapodio (probablemente metatarso) de camélido adulto. Fragmento próximo lateral derecho.
El alto grado de modificación de la superficie de la pieza no permite identificar la fase inicial de formatización.
El artefacto está completamente pulido por el uso. Presenta un bisel en borde activo que posee una cara de
deslizamiento, mientras que la otra cara actúa frontalmente sobre el sustrato.
Función: confección de instrumentos de piedra en su fase terminal.
Largo : 130 mm.
Ancho máximo : 18,5 mm.
Espesor máximo : 9,1 mm.
154
Caverna Piuquenes
FIGURA 77. Instrumentos con frente de raspado del Componente 4. Caverna Piuquenes.
155
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desapareciendo las marcas de raspado. La sección de la punta es mas bien rectangular, siguiendo la forma de
la matriz original.
Función: de acuerdo a su morfología se sugiere que haya sido utilizado para perforar (Figura 81c).
Largo : 140,3 mm.
Ancho máximo : 30,6 mm.
Espesor máximo : 18,4 mm.
4. Procedencia: remoción. Se presenta aquí por su morfología similar a algunas piezas del Componente 4.
Descripción: confeccionado en metapodio de camélido, el extremo activo se rebaja a través de raspado, como
lo atestiguan marcas paralelas al eje del instrumento Toda su superficie se encuentra pulida, intensificándose
este proceso en la punta, producto de su utilización. El extremo proximal se encuentra fracturado.
Función: de acuerdo a su morfología se sugiere que haya sido utilizado para perforar (Figura 81d).
Largo : 124,5
Ancho máximo : 19,1 mm.
Espesor máximo : 8,6 mm.
ALTO
7% MEDIO - ALTO
1%
BAJO
33%
MEDIO - BAJO
59%
156
Caverna Piuquenes
Fracturados
Angulo de
Estrato
Largo de
Corteza
descarte
Materia
Espesor
Detalle
Forma
Ancho
Prima
Largo
Borde
borde
borde
%
n
5 Cuchillo facial con 15,6 26,1 5,6 65 37 0 Convexo Regular Otras Finas
raspador en el frente
opuesto
5 Raspador de filos 37,1 19,6 2,4 46 20 Recto Regular Otras Finas
vivos
5a Raspador doble 33,8 21,6 5,4 20 52 0 Recto Regular Otras Medias
5a Cuchillo facial con 15,6 26,1 5,6 65 37 0 Convexo Regular Otras Finas
raspador en el frente
opuesto
5a Raspador de filos 37,1 19,6 2,4 46 20 Recto Regular Cuarzo
vivos lechoso
5b Raspador frontal con 18,2 26,3 4,8 30 63 0 Convexo Regular Otras Finas
escotaduras para
enmangue
5b Raspador de uña de 24,1 22,6 6,9 73 51 0 Convexo Regular Cuarzo rojo
astillamie nto facial
6a Raspador doble de 29 15,4 1,5 27 21 20 Cóncavo Irregular Otras Medias
filos vivos
7a Fragmento de 11,1 25,2 5,7 39 77 0 Convexo Regular Otras Finas
raspador
7a Fragmento de 8,8 18,5 4,2 23 79 0 Convexo Regular Otras Medias
raspador
7a Herramienta 38,3 25,2 8,7 8 68 0 Recto Regular Otras Finas
multifunc ión de
corte y raspa do
7b Raspador informal 20,4 21,4 17,9 12 53 50 Convexo Irregular Cuarzo
translúcido
7b Raspador informal 11,7 20,9 4,5 12 70 0 Convexo Regular Otras Finas
157
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CUADRO 52. Distribución de desechos por tipo de talón. Componente 4, caverna Piuquenes.
CUADRO 53. Distribución de desechos por tipo de materia prima. Componente 4, caverna Piuquenes.
158
Caverna Piuquenes
CUADRO 54. Frecuencia relativa para piezas con fallas en el Componente 4 (Cuadrícula 1).
Forma de la abrasión
Materia prima
Situación de la
Posición de la
Observación
Microscópica
Perímetro 1
Perímetro 2
abrasión
abrasión
Largo
Ancho
Nivel
Peso
3 97,4 52,5 281 207 581 fa cial c entra l circular andesita rayas multidireccionales
líneas perpendicular al eje
4 64 55,8 210 160 272 bifacial c entra l circular granito mayor
líneas multidireccionales
4 184 158 193 bifacial c entra l circular sedimentaria ligeras
paralela al eje
4 116 65,3 297 197 633 fa cial c entra l menor granito rayas multidireccionales
ovalada según rayas unidireccionales
5a 121 78,4 323 36 967 fa cial c entra l eje mayor granito perpendiculares al eje mayor
cuarzo rayas de orientación
6d 104,5 84,7 290 220 70 bifacial c entra l ovoidal cementado perpendicular al eje mayor
perimetral a lo largo del
7a 73,8 71,2 250 216 568 fa cial menor eje menor andesita
Perímetro 2
Perímetro 1
Huellas de
impacto
Ancho
Largo
Nivel
Peso
2 percutor sobre canto rodado 57,8 46 183 162 192 bipolares andesita
piedra de fogón con percusión, ocasional
6a percutor 108 3,8 34,3 245 988 bipolares granito
roca e mpleada como mac hacador y percutor
7b ocasional 29,6 106,6 390 283 996 polares sedimentaria
percutor con huellas de abrasión para
7b preparación de filos 47 54,4 172 141 109 polares granito
roca dacita
7b machacador 112,3 68,4 307 182 493 polares andesitica
159
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
Análisis arqueofaunístico
Se trabajó con un NISP total de 128, de los cuales 34 especímenes (26,5%) fueron asignados a
guanaco (Lama guanicoe)(Cuadro 57). La muestra se encontró muy fragmentada lo que impidió mayores
asignaciones taxonómicas. En este sentido, un 68,7% corresponde a la categoría astillas y fragmentos de
huesos largos no identificados. La descripción por estratos es la que sigue:
Estrato 1
El conjunto se encuentra en buenas condiciones de conservación, con escasa y homogénea
meteorización. Sin embargo, se pueden apreciar huellas dejadas por roedores. El total de restos recupera-
dos es de 18. La estructura ósea, permite determinar dos individuos, uno mayor y otro menor de 24 meses.
Se halla un fragmento de diáfisis con una huella de impacto, cuya intencionalidad podría estar relacionada,
por una parte, con la obtención de materias primas como con la extracción de médula. Sólo un espécimen se
encontró quemado.
FIGURA 79. Relación entre largo y ancho del borde activo en retocadores del Componente 4. Caverna Piuquenes.
160
Caverna Piuquenes
Lente 1
El conjunto se encuentra en buenas condiciones de conservación, con escasa incidencia de roído,
ya que sólo algunos fragmentos de huesos largos presentan marcas en superficie. El total de restos
recuperados es de 24. A partir del examen del brote dentario, es posible reconocer un individuo de unos 18
meses. Se encuentra un fragmento de diáfisis con una huella de impacto y sólo dos especímenes quemados.
La frecuencia de unidades anatómicas es baja y no fue posible correlacionarla con actividades en particular,
sugiriendo el descarte de unidades de alto rendimiento (costilla y escápula) y de extremidad trasera y cráneo
(bajo rendimiento).
Bolsón 1
Sólo se encuentran dos fragmentos de hueso plano. Sin embargo, la acción antrópica queda de
manifiesto mediante golpes de fuego en uno de los especímenes, en tanto el otro muestra restos de pintura
roja (ocre?).
Lente 4
Solamente se encuentra un fragmento de cuerpo de vértebra cervical.
Estrato 5
El conjunto se encuentra en condiciones buenas y homogéneas de conservación. Se advierte en
algunos fragmentos de diáfisis, marcas superficiales dejadas por carnívoros y roedores. El total de restos es
de 20. Todos son adscritos a tres grandes categorías: huesos largos, huesos planos y astillas. La única
evidencia de modificación antrópica se traduce en un especimen quemado.
Estrato 6
El conjunto se encuentra en buenas condiciones. Se halla compuesto por seis fragmentos, de los
cuales se distingue una porción de costilla y una vértebra toráxica. La vértebra corresponde a un individuo
menor de 36 meses. Cuatro unidades se encuentran quemadas. Uno de ellas corresponde a una costilla que
equivale a una unidad de alto rendimiento consumida y descartada al fuego.
Estrato 7
Algunos especímenes muestran marcas dejadas por roedores, e incluso uno de ellos presenta la
remoción del borde. Además, se advierte en un fragmento de escápula, huellas de arrastre o pisoteo. Se
recuperan 22 fragmentos. Se identifica un individuo menor de 36 meses, el que podría correlacionarse con
los restos del estrato superior. Sólo el 9% presenta golpes de fuego. Se encuentran representadas unidades
del esqueleto axial y apendicular, restos de vértebra y escápula, y desechos de faenamiento.
Estrato 8
Algunas piezas muestran marcas de roído, arrastre o pisoteo y, escasamente representadas, huellas
atribuibles a carnívoros. Se recupera un total de 42 fragmentos. El brote dentario sugiere la presencia de un
individuo mayor de dos años y, por otra parte, se identifica un individuo menor de 24 meses, es decir se
encontrarían representados dos segmentos de edad: juvenil y subadulto. Sólo se recupera un fragmento
quemado. Se encuentran representadas unidades del esqueleto axial y apendicular, incluyendo unidades de
alto rendimiento (costillas y vértebras cervicales).
161
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
Consideraciones generales
Se aprecia en general una buena conservación de los restos, a juzgar por la baja meteorización
registrada. Pese a esto, la incidencia de roedores es constante en prácticamente todos los niveles revisados.
El conjunto corresponde mayoritariamente a individuos adultos (MNI=2), aún cuando pueden identificarse
juveniles, pero con rangos etarios, muy amplios como para estimar estacionalidad. Dentro de la escasa
muestra analizada, se aprecian principalmente unidades de bajo rendimiento (p.e. falanges, metatarso,
astrágalo, tarsianos), lo que indicaría la presencia de desechos de faenamiento. Las huellas de fuego son
escasas y las huellas de corte se encuentran ausentes. Sólo se identifican huellas de impacto, tendientes a
la extracción de médula y/o preparación de matrices para artefactos.
Roedores
Para el Componente 4 se trabaja con una muestra de 349 especímenes provenientes de la Cuadrícula
1, concentrados principalmente en el Estrato 1 (67,6% del total del Componente 4). La muestra es más variada
que en los componentes anteriores, recuperándose cururo, degú, ratón chinchilla y un considerable número
de restos de Phyllotis sp. (NISP=60, 17,1% del total) (Cuadro 58 y 59). La descripción por estratos y niveles,
es la siguiente:
Estrato 2
Nivel con una buena conservación y un número importante de roedores. El hecho, sin embargo, que
se encuentre cercano a la superficie, cuestiona el carácter cultural de los restos depositados. Es probable,
por tanto, que la gran cantidad de sigmodontinos recuperados en este nivel, sean productos de muertes
naturales en el sitio. Sólo una unidad se recupera quemada y corresponde a una escápula de vizcacha, lo que
no indica necesariamente un aprovechamiento por parte del hombre.
Estrato 3
Se recupera un total de 20 restos, agrupados en cuatro géneros (Cuadro 58). Este estrato presenta un
número más bajo de restos en comparación al anterior, particularmente de L. viscacia (Cuadro 59). No se
detectan modificaciones naturales ni culturales en las piezas estudiadas.
Estrato 4
Se recuperan 44 restos, divididos en cinco géneros. Este estrato mantiene buenas condiciones de
conservación y en general escasa fragmentación. Se registran dos huesos quemados de L. viscacia, lo que
indicaría la presencia de un fogón. Las huellas de roído son escasas (n=1). Los roedores de menor tamaño
continúan apareciendo aunque en menor número que en el estrato superficial. La novedad del registro es la
presencia de un fragmento de cráneo de Spalacopus cyanus, roedor que construye intricadas galerías
subterráneas y que vive en grandes colonias (Mann 1978) (Cuadro 58). Su presencia es una llamada de alerta
acerca de la integridad de la estratigrafía en la capa, ya que su capacidad horadadora puede mezclar los
materiales arqueológicos. Sin embargo, Andrews (1990) menciona que las muertes naturales en madrigueras
generan un registro compuesto por individuos relativamente completos, situación que no se observa en el
registro óseo de caverna Piuquenes. Se suma a esto el hecho que S. cyanus sea un animal que vive en
colonias (Mann 1978) y por tanto se encuentran en alto número al interior de sus refugios. Por otro lado, este
animal ha sido identificado en regurgitados de aves rapaces (Jaksic y Yánez 1980) y en contextos arcaicos de
Chile central (Simonetti y Cornejo 1991), por lo que la presencia de restos en la caverna Piuquenes no puede
ser aún explicada con satisfacción.
Nivel 5b
No es mucha la información que este nivel puede aportar ya que sólo se recuperan tres fragmentos,
correspondiendo a un radio derecho proximal quemado y dos astillas de L. viscacia (Cuadro 59).
162
Caverna Piuquenes
CUADRO 57. Resumen de partes identificadas de Lama guanicoe del Componente 4. Caverna Piuquenes.
Adulto Joven
Unid. Anat. NISP MNE MNI MAU %MAU NISP MNE MNI
Cráneo 5 1 1 1 100,00 1 1 1
Molar 1 1 1
Cervicales 5 3 1 0,6 60,00
Toráxicas 1 1 1 0,08 8,00 1 1 1
Costillas 11 3 1 0,13 13,00
Escápula 2 2 2 1 100,00
Tibia Ds. 1 1 1
Tarsianos 1 1 1 0,1 10,00
Astrág alo 1 1 1 0,5 50,00
Metatarso px. 2 2 1 1 100,00
Falange 1 1 1 1 0,13 13,00 1 1 1
Total final 30 16 2 4 4 1
CUADRO 58. Resumen de restos de roedores identificados en la Cuadrícula 1. Componente 4, caverna Piuquenes.
Nivel 6b
En este nivel, por primera vez no se documenta la presencia de L. viscacia. Sólo se recuperan cuatro
fragmentos, tres de ellos atribuibles a Phyllotis sp (Cuadro 58).
Nivel 6d
Escaso material atribuible al orden Rodentia. Sólo se identifica una mandíbula y un fragmento de
coxal de L. viscacia. Sin huellas de actividad natural o cultural
Nivel 7a
En este nivel aumentan los restos en cantidad y variedad, todos con una excelente conservación. Se
detecta una astilla de L. viscacia con signos de exposición al fuego. Aparecen nuevamente restos de A.
bennetti y Abrothrix sp. Es novedad en el registro la presencia de un molar de Octodon degus, otro roedor
fosorial típico de la zona central. Su presencia en el yacimiento no puede ser explicada con facilidad debido
a la escasez de material. Existe evidencia de restos quemados de O. degus en aleros arcaicos de Chile central
(Simonetti y Cornejo 1991) y se ha documentado como parte importante de la dieta del zorro culpeo (Pseudalopex
culpaeus) y de distintas aves rapaces (Durán et al. 1987; Iriarte et al. 1989; Jaksic 1997).
163
164
CUADRO 59. NISP, MNE y MNI de L. viscacia del Componente 4. Cave rna Piuquenes.
CUADRO 60. Medidas de mandíbulas de Pseudalopex. Componente 4. E2: Estrato 2 de caverna Piuquenes. PDO:
Palmas de Ocoa; LL: Lo Lisboa; Si: P. griseus sin lugar de procedencia. 1: Largo total; 3: Largo desde la escotadura entre
el proceso condilar y el procesos angular hasta borde proximal del alvéolo de los incisivos; 4: Largo desde el proceso
condilar al; 5: Largo desde la escotadura entre el proceso condilar y el proceso angular hasta el borde posterior del
alvéolo del canino; 11: Largo de la corrida premolar; 12: Largo desde P2 hasta P4; 13: Largo del molar carnicero; 14:
Largo del alvéolo del molar carnicero; 18: Alto de la rama; 19: Alto de la mandíbula bajo M1; 20: Alto de la mandíbula
entre P2 y P3. Medidas en mm.
Medidas E2 PDO LL SI
1 129,1 123,9 116 91,6
3 122,7 120,5 114 88,7
4 116,3 111,4 101,1 81,7
5 111,4 107,1 97,8 80,4
11 40,1 38,9 37 27,1
12 36,1 32,9 31,5 23,6
13 17 15,6 16,4 13,1
14 6,8 6,5 6,3 5,6
18 44,7 41 38,7 34,3
19 19,4 16 15,4
20 15 13,3 13,4
CUADRO 61. Distribución de los restos malacológicos del Componente 4. Caverna Piuquenes.
Estrato Radiodiscus sp. Radiodiscus sp. Succinea sp. Litoridina sp. Concholepas Oliva peruviana
concholepas
Corte 1 Cantidad Ejem/lt Cantidad Cantidad Cantidad Cantidad
Estrato 2 3 0.6 1 Objeto C y D
Estrato 5 2 0.3 1 1
Nivel 7b
Nivel bastante similar al anterior, aunque sin evidencias de actividad cultural de ningún tipo. Los
roedores de menor tamaño dominan los restos identificados, recuperándose entre ellos un coxal completo de
Abrocoma bennetti.
Nivel 8b
Escaso material óseo identificado. Sólo se recuperan dos unidades anatómicas de Phyllotis sp
(Cuadro 58).
Consideraciones generales
Al igual que lo observado en los dos componente previos, el consumo de roedores es una actividad
marginal al interior del alero. El registro es escaso, con ausencia casi total de modificaciones culturales. Se
detecta la presencia de dos roedores fosoriales (cururo y degú), pero la muestra es muy pequeña como para
discutir la causa de su introducción al sitio. Con relación a la vizcacha, la frecuencia de partes observada
destaca por una elevada cantidad de radios, molares e incisivos. La correlación (r) de este estrato con
aquellos del Componente 1 (13 y 14, NISP > 70), indica que los conjuntos no son estadísticamente significa-
tivos (p>0,005), lo que sumado a su cercanía a la superficie y ausencia de huellas culturales, indica una
depositación natural para los restos de este chinchíllido.
165
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
FIGURA 80. Instrumentos sobre hueso de borde romo no convergente del Componente 4. Caverna Piuquenes.
Cánidos
La muestra de cánidos para este componente se conforma de dos especímenes, ambos en un estado
de meteorización 2 (Behrensmeyer 1978), lo que indica exposición en superficie. Se trata de una cavidad
glenoídea con una pequeña porción de cuello y una rama mandibular derecha completa. Las medidas
obtenidas para ambas piezas fueron comparadas con individuos de referencia depositados en la sección de
Zoología del Museo Nacional de Historia Natural. El especimen recuperado en caverna Piuquenes presenta
un tamaño mayor que los individuos actuales (tanto P. griseus como P. culpaeus) (Cuadro 60), aún cuando
el desgaste dental observado en los esqueletos de referencia indica que se trata de individuos más jóvenes
que los recuperados en la muestra arqueológica.
Con relación a la porción de escápula, se observa una longitud mayor para la pieza arqueológica
(GLP: 11,8 mm BG: 19,3 mm). Sobre la base de esta evidencia y sumado all tamaño observado en el canino y
molar carnicero (elementos diagnósticos según Wayne et al. 1989, en Jaksic 1997), ambas piezas han sido
determinadas como Pseudalopex culpaeus
166
Caverna Piuquenes
FIGURA 81. Artefactos sobre hueso de borde activo agudo del Componente 4. Caverna Piuquenes.
Moluscos
Entre los moluscos dulceacuícolas el más representado corresponde a Radiodiscus sp. y más atrás
se ubican Succinea sp. y Litoridina sp. (Cuadro 61). Estos tres taxones poseen un origen natural y se
relacionan con los actuales vestigios del paleoecosistema acuático del sector (laguna de origen glacial).
La presencia del género Succinea se asocia a un hábitat cercano al agua o ciénagas (Adam 1960);
Littodirina sp. por su parte, se encuentra asociada a arroyos de bajo caudal, con una escorrentía moderada.
Este grupo sería un excelente indicador de ambientes acuáticos, cuyos taxones específicos estarían en
concordancia con las condiciones ecológicas del hábitat (aguas limpias, transparentes y bien oxigenadas).
Este grupo habita actualmente el río Clarillo (Letelier y Rojas com. pers. 1997), donde se han registrado
temperaturas en invierno entre 8 y 11 °C ; en verano entre 16 y 19,5 °C, con una velocidad del agua en el área
de arroyos entre 0,26 y 0,k3 m/s. Finalmente, Radiodiscus sp. se relaciona con condiciones palustres
(vegetales acuáticos y abundancia de sedimento de origen orgánico).
Este momento de ocupación presenta el 83,3% del total de ejemplares marinos encontrados en el
sitio. De éstos, el 80% se encuentra en el Estrato 2, indicando un incremento en la utilización de la concha
como material para la elaboración de instrumentos hacia el final de la ocupación (Figura 61).
De esta manera, del Estrato 2 del Corte 1 provienen los objetos C y D, y del mismo estrato de la
Cuadrícula 1 son recuperados los objetos E y F. Un quinto ejemplar se halla en el Lente 5, entre 125 y 140 cm
de profundidad del Corte 1 (Objeto A). Todos corresponden a fragmentos culturalmente modificados de
especies frecuentes en los conchales que se forman en la zona supramareal del litoral central y norte de
Chile.
167
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
FIGURA 82. Artefactos recuperados del Componente 4 de Piuquenes. a. artefacto de extremo en bisel; b y c.
artefactos fracturados; y d. instrumento no determinado.
168
Caverna Piuquenes
Restos vegetales
Carporrestos
Este componente ocupacional arroja un total de 309 carporrestos, 208 provienen de los estratos, y
101 de los rasgos, que consisten en lentes detectados en los estratos. De este conjunto, se logró identifi-
car un 55,6% (n=172); un 33,9% (n=105) queda aún sin identificar y el restante 10,3% (n=32) no es
identificable (Cuadro 62).
En términos generales se observa que se repite el mismo conjunto de carporrestos que en los compo-
nentes ocupacionales anteriores, compuesto por semillas de la familia Cyperaceae, Cactaceae (Eulychnia sp.
y Trichocereus sp.) y Poaceae, además de frutos de Muehlenbeckia hastulata (quilo). Para este componen-
te se incorpora a las Papilionaceae (Belmar 2002). Se observa, asimismo una mayor variedad de taxones
CUADRO 62. Frecuencia general de carporestos recuperados del Componente 4. Caverna Piuquenes.
Componente 4
COLUMNA A, A', A''
Estrato 2 Estrato 3 E.4 E.5 E.6 E.7 Estrato 8 Estrato 9
105-114 cm
114-134 cm
Lente 9 134-137 cm
137-139 cm
137-149 cm
156-169 cm
149-156 cm
Total Estratos
45-56 ccm
Lente 8 98-105 cm
Total Rasgo
22-31 cm
Lente 4 34-37 cm
Lente 5 37-45 cm
76-82 cm
85-93 cm
93-96 cm
63-66 cm
Lente 3 31-34 cm
66-69 cm
Lente 6 56-63 cm
69-71 cm
71-76 cm
76-85 cm
Lente 7 96-98 cm
Taxón
Total
Bolsón
Lente
Lente
10
11
1
Cyperaceae sp. 1 1 2 0 4 4
Eulychnia sp. 4 1 2 8 13 8 2 3 1 25 17 42
M.hastulata 7 3 6 1 1 1 23 0 42 42
Papilionaceae 1 0 1 1
Poaceae sp. 3 1 1 3 4
Chenopodiaceae 1 1 1 2 7 2 10 12
Scirpus sp. 16 23 16 23 39
Trichocereus sp 4 1 1 3 2 3 10 3 1 5 23 28
Semilla A 1 1 1 0 3 3
Semilla E 1 1 0 1
Semilla F 1 1 1 1 2
Semilla G 2 2 0 2
Fruto NI 8 2 0 10 10
N Identificad 9 6 6 1 19 21 2 1 1 3 10 2 3 1 2 37 50 87
N Identificab 2 2 7 2 1 1 1 15 1 11 21 32
Total 27 10 4 26 15 52 57 8 0 2 1 0 17 72 0 1 0 7 6 0 1 0 3 101 208309
CUADRO 63. Especies arbóreas representada s en los estratos excavados del Corte 1. Componente 4, caverna Piuquenes.
169
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
debido a la presencia de las semillas A, C, E, F, G, H y J. Esta situación podría ligarse con la importancia de los
implementos de molienda detectados para el Arcaico III planteado por Cornejo et al. (1998) para la zona
central de Chile.
Carbones
Las especies recuperadas en los diversos estratos son representativas del bosque esclerófilo actual
presente en la localidad. Aparece en primera aproximación Kageneckia oblonga, como la especie más
recuperada. Las especies que tienen mala preservación, como Quillaja saponaria, Aristotelia chilensis y
Lithrea caustica son sólo parcialmente recuperables, esperándose que estén subrepresentadas en el análi-
sis. El caso mas significativo es de Quillaja saponaria que no pudo ser identificado entre las muestras de
leña disponible, pese a que seguramente formó parte del bosque original y debió ser utilizada por el hombre
(Donoso, 1982) (Cuadro 63).
170
Caverna Piuquenes
DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES
Generalidades
El estudio de la prehistoria, para cualquier lugar o período, comporta una serie de dificultades sobre
las que mucho se ha reflexionado en arqueología. La mayor parte de ellas tiene que ver con la resolución que
se le atribuye a determinado contexto arqueológico, cuestión que tiene que ver con las trayectorias históri-
cas de los elementos de un contexto, con los métodos y materiales que empleamos para realizar nuestras
observaciones y, con nuestra propia capacidad de plantear preguntas a ese registro. Los capítulos anterio-
res corresponden a la presentación de los elementos de que disponemos en los dos primeros sentidos con
respecto a caverna Piuquenes, sus ocupantes, y su relación con su entorno en distintos componentes
temporales. De la relación de este riquísimo registro con lo que se conoce de la prehistoria cultural de la
región es, en buena parte, de lo que trata este capítulo.
Por otra parte, el proceso de síntesis y edición de los distintos informes, análisis e interpretaciones
realizadas por distintos especialistas, permite evaluar cuáles son las carencias que se mantienen en cuanto
a nuestro conocimiento del sitio y de las potencialidades de los espacios temáticos explorados por nosotros,
en tanto que el registro presentado nos muestra también una gran variedad de clases de evidencia -en
muchos casos únicas en el concierto de la prehistoria regional- tanto a nivel de materialidades como de tipos
artefactuales. Esta situación ha permitido una mirada multidisciplinaria y la génesis de una serie de proble-
máticas nuevas que, junto con los espacios vacíos en nuestro conocimiento, son parte constituyente de las
palabras finales de este libro, en la forma de problemáticas y perspectivas para la investigación futura.
171
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
En Quereo, sitio arqueológico ubicado en el norte semiárido de Chile, Núñez et al. (1994) han
documentado para el período entre ca. 11.000 y 9.400 AP severos ajustes climáticos que se habrían manifes-
tado en el desecamiento de los ambientes fluviales en el área, causando la homogenización de la vegetación
de matorral, al mismo tiempo que una importante reducción en la presencia de taxones propios de ambientes
lacustres y de pantano. Por otra parte, en la laguna de Tagua-Tagua, Heusser (1983) advierte una radicalización
de este proceso de cambio hacia el 11.400 AP, advirtiendo el reemplazo en el registro de los taxa propios de
ambiente húmedo por otros, sintomáticos de ambientes cálidos y secos. La desecación del ambiente y los
retrocesos glaciares que encuentran su punto culmine en la interfase Pleistoceno-Holoceno, tienen como
efecto principal la definitiva desaparición y/o retracción de la fauna adaptada a estas condiciones, como ha
sido documentado en Quereo, Tagua-Tagua y otras localidades de Chile Central. En total, durante la transi-
ción Pleistoceno – Holoceno, desaparecen representantes de al menos ocho familias de grandes mamíferos
(Gomphotheriidae, Camelidae, Cervidae, Mylodontidae, Megatheriidae, Felidae, Macraucheniidae y Equidae),
contabilizándose al menos once especies: Stegomastodon cf. S. platenisis (mastodonte), Equus (Amerhippus)
andinum, Hippidion principale, H. saldiasi (caballos), Antifer sp. (ciervo), Megatherhium
(Pseudomegatherium) mediane, Glossotherium robustum, Mylodontidae indet. (perezosos gigantes),
Macrauchenia patachonica (macrauquenia), Camelidae indet. y cf. Pantera onca (jaguar) (Labarca y López
2006). Otros taxones (p.e. el huemul, Hippocamelus bisulcus) restringen sus rangos de distribución hacia
sectores más meridionales.
El momento de máxima aridez del Holoceno es, probablemente, el Holoceno Medio (Lamy et al.
1999; Villa-Martínez et al. 2003, 2004), que ha mostrado sorprendente escasez de registro arqueológico en
tierras interiores entre el 7.000 y el 5.000 AP. Para el caso del norte de Chile se ha propuesto incluso la
expresión “silencio arqueológico” para este período. En nuestro sitio se registran ocupaciones del Holoceno
Medio sólo hasta el 6.730 AP, momento en que un aluvión de proporciones catastróficas cerró el acceso a la
caverna. Este evento podría describirse como de inestabilidad morfológica asociada a fuertes variaciones
climáticas. Un caso similar ha sido documentado por Núñez et al. (2005) para quebrada Puripica, en las tierras
del Norte de Chile.
Tomando en cuenta estos conceptos, es posible señalar que para el rango temporal en discusión, es
evidente la baja estabilidad ambiental para los valles centrales de Chile, lo cual es también válido para un
escala subcontinental e incluso global. El mismo hecho de que exista esa fluctuación impredecible del
ambiente es la que motiva la desaparición de numerosas especies –en particular la genéricamente llamada
“megafauna”-y nos permite hablar de eras geológicas distintas en principio. Así, es claro e indiscutible que
un proceso de cambio de esta intensidad e impredictibilidad es un motor fundamental de la constitución del
paisaje ecológico al que los individuos tuvieron que adaptarse con inmediata posterioridad a su primer
establecimiento como especie en estos espacios. Algunos autores, como Núñez et al. (1994), describen a
esta situación como de “ecocatástrofe”.
Durante mucho tiempo en la arqueología americana se ha sostenido que los momentos iniciales de
la ocupación humana del continente muestran una adaptación específica a la caza de estas grandes presas
extinguidas, lo que ha dado en llamarse “modo de vida paleoindio”, concepto con algunas críticas hoy por
hoy, y particularmente en Sudamérica, discusión que se ve refrendada por el reconocimiento de la extinción
diferencial de los recursos pleistocénicos en áreas a veces vecinas (e.g., Messineo y Politis 2006) y por la
adaptación sincrónica de los cazadores-recolectores a ambientes que no presentan esta configuración de
recursos sino, más bien uno similar a la actual.
Creemos que esta inestabilidad temporal –stress- de los paisajes y recursos finipleistocénicos-
holocénicos tempranos, para el caso particular de los valles bajos de Chile central, por aquella época un
“distrito lagunar”, es precisamente el motor de la ocupación de los espacios cordilleranos, a manera de buffer
de dicha situación y con distintos énfasis de acuerdo a la agudeza de la inestabilidad. Esto explicaría
coherentemente el hecho de que durante cerca de dos mil años los espacios ocupados por grupos humanos
hayan sido casi exclusivamente aquellos de valles bajos asociados al consumo de fauna de ambiente lagunar
(por ejemplo Stegomastodon), como es el caso de la laguna de Tagua-Tagua, de Quebrada Quereo e incluso
172
Caverna Piuquenes
de Monte Verde, mucho más al sur. Explicaría también por qué el registro cordillerano al que nos referimos,
caverna Piuquenes, muestra el inicio de su ocupación hacia el 10.500 AP y no antes, en circunstancias que
la laguna formada por una morrena lateral al valle, que posibilita la ocupación de este ambiente, se encuentra
formada y disponible para su ocupación desde el 20.000 AP. Además de esta fecha, se dispone en Piuquenes
de otra de 14.500 AP para sedimentos lagunares sin asociación a ocupación humana y con registro de
Littodirina sp. y Radiodiscus sp., indicadores de aguas estancas y cauces de baja escorrentía.
En suma, creemos que la hipótesis de estabilidad temporal, base de la explicación biogeográfica, es –
para esta escala de fenómeno- explicativa de este proceso de ocupación humana de un espacio hasta
entonces no utilizado. Es posible, entonces, que la alta movilidad transversal costa-valle-cordillera que se
evidencia a partir de las primeras ocupaciones humanas de caverna Piuquenes, fundamentalmente eviden-
ciada en la presencia de conchas del Océano Pacífico tales como Concholepas concholepas y Argopecten
purpuratus. sea un desarrollo conductual para el manejo del cambio, parafraseando a Yellen (1977).
Más allá de la historia climática que conocemos, se han realizado intentos por organizar coherente-
mente la variación que muestran los registros de cazadores recolectores del Pleistoceno Final, cuya expre-
sión más acabada es la propuesta de periodificación para el arcaico de Chile central, Cornejo et al. 1998), que
nos servirá como punto de partida para comprender las ocupaciones de cazadores recolectores del área.
La discusión que se presenta en los párrafos siguientes compara y discute esta secuencia y la de
nuestro sitio, desde la perspectiva del registro de Piuquenes, su marco ambiental, y contempla además la
información disponible en torno a los asentamientos de cazadores recolectores de la región. En términos
generales, puede dividirse la información a discutir, como procedente de cuatro áreas de estudio fundamen-
tales:
1) Sitios cordilleranos de Chile Central: que comprende los sitios descritos y estudiados por Luis
Cornejo y su grupo de investigadores en el cursos superior del río Maipo (Cornejo et al. 1991, 1992,1997,
1998, 2000; Cornejo y Simonetti 1991, 1992; Galarce 2004 a; Peralta y Salas 2000; Saavedra 1993; Saavedra et
al. 1991, 1995, 1998; Vilches y Saavedra 1994). Comprende también las excavaciones y análisis correspon-
dientes al material de caverna Piuquenes (Belmar 2002, Belmar et al. 2003; Labarca 2005 a y b, Labarca y
Salinas In litt. 2004; Stehberg 1997; Stehberg et al. In litt. 2002, In litt. 2003, 2004, 2005). Finalmente,
consideramos en este apartado a otros sitios excavados por distintos investigadores (Madrid 1977; Stehberg
y Fox 1979.)
2) Sitios cordilleranos de la vertiente oriental de la cordillera: Agua de la Cueva (García 1995, García
et al. 1999, Gil et al. 1997) y Gruta del Indio (Lagiglia 1994, 2002),
3) Contextos de Chile Central en valles bajos: (Biskupovic 1979-1981; Durán 1980; Hermosilla In litt.
1994; Hermosilla et al. 1997-98; Jackson et al. In litt. 1994; Kaltwasser et al. 1980, 1983, 1984; Montané
1967a, 1967b, 1968; Núñez et al. 1994; Rees 1985; Stehberg et al. 1995).
4) Contextos costeros de Chile central (Falabella y Planella, 1991a; Ramírez et al. 1993).
173
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
de materias primas explotadas principalmente del estero cercano, dentro de un área local, con confección de
instrumentos monofaciales sobre andesitas y con evidencia de retoque y de las partes finales de la cadena
operatoria para el caso de los sílices.
Agua de la Cueva, en la precordillera mendocina, presenta un conjunto de instrumentos líticos con
gran cantidad de piezas (761) que ha sido descrito por García (2003) como “realizados fundamentalmente en
rocas que se encuentran en los alrededores del sitio, hasta una distancia de 5 km, sobre todo, cuarzos,
riolitas y calcedonias.”. En general, se presentan todas las clases instrumentales, salvo puntas de proyectil
y destacan, por lo inusual, los perforadores. En el sector norte de este sitio), el componente lítico temprano
(Conjunto I) es definido como “una explotación muy intensiva de materias primas del Rango I…” Lucero et
al. (2006: 211), es decir de 0 a 5 kilómetros de distancia del sitio, o sea, locales. Este sector presenta también
material formal, aunque escaso, conformado por cuatro piezas de entre las cuales destaca una raedera. El
conjunto de instrumentos es descrito por estos autores como “…instrumentos grandes y enteros…” (Luce-
ro et al.2006: 212)
En Piuquenes, el Arcaico I está representado por el Componente 1 con un rango temporal de 11.670
cal AP. a 10.220 cal AP. y cuenta con dos fechas centrales de 10.690 y 11.115 cal AP. La muestra más temprana
fecha un evento de combustión por AMS sobre carbón y la segunda proviene del límite inferior de un fogón
ubicado sobre los sedimentos basales del depósito y su muestra fue tratada con cuenta extendida en su
fechado (de ahí su desviación mayor). Este rango temporal correspondería a la parte final del Arcaico I. Sus
contenidos culturales difieren significativamente de los del Manzano y se ajustan más a los conjuntos de
Agua de la Cueva sector norte, por presentar una proporción de instrumental formal equivalente al informal
y por la similitud de algunas de sus clases instrumentales. Cabe aquí destacar la presencia en Piuquenes de
la punta de proyectil denticulada ya comentada. Del mismo modo que en los otros sitios, la cantidad de
materia prima local es una parte importante del conjunto lítico, aunque la frecuencia relativa de material
exótico es mucho mayor en Piuquenes que en los otros sitios, y se encuentra muy bien representada en los
instrumentos formales. Puede que las condiciones geográficas de la cordillera interior de Piuquenes hayan
presentado mayor riesgo e impredictibilidad para las poblaciones que exploraron este ambiente, lo que quizá
haya requerido de un diseño de instrumental más exigente y formal que en los casos más “precordilleranos”.
Por otra parte, sólo en Piuquenes se han descrito punzones óseos, desechos y, notablemente, un
gancho de estólica confeccionado en metapodio de guanaco, el más antiguo recuperado en Chile central
(Labarca et al. In litt. 2004). Se trata de cazadores de fauna moderna diversificada, entre los que se incluye
como parte fundamental de su actividad de caza la vizcacha (Lagidium viscacia), además de guanaco (Lama
guanicoe) (Labarca 2005a).
Otro aspecto que otorga gran relevancia al registro de Piuquenes para este rango temporal, es la
presencia de enterratorios de por lo menos cuatro individuos, pese a que gran cantidad de los restos óseos
fueron recuperados del material removido por maquinaria pesada al descubrirse el sitio, por lo cual sólo hay
información estratigráfica y contextual de dos de ellos. El primero corresponde a una mujer de entre 30 y 35
años y puede ser adscrito con seguridad al Componente 1, mientras que el segundo individuo, del mismo
sexo y rango etario, se encuentra en una posición estratigráfica intermedia entre el Componente 1 y 2.
Ambos presentan características osteológicas relacionables con los restos descritos para Cuchipuy
(Kaltwasser et al. 1983), aunque los especímenes de caverna Piuquenes serían como mínimo 1000 años más
tempranos, con fechados absolutos de 11.330(1.1165)10.690 y 10.470(1.0240)16,220 AP, ubicándose entre los
restos óseos humanos más tempranos de América (Aspillaga In litt. 2003; Stehberg et al. 2005). Los
distintos individuos determinados presentaron diferentes rasgos afines a los que se encuentran en otras
poblaciones amerindias tales como: suturas craneales principales complejas, meato acústico externo,
zigomáticos salientes, tubérculo zigomático, sutura zigomaxilar en ángulo e incisivos en forma de pala.
Con respecto a la evidencia vegetal, destaca la presencia de restos carbonizados de cactáceas
Echinopsis sp. y Copao (Eulychnia sp.), recuperándose también semillas de Quilo (Muehlenbeckia hastulata),
Ciperáceas, gramíneas (Poa sp.) y diferentes semillas de la familia de las Chenopodiaciae. Todos los taxones
identificados son endémicos y actualmente se encuentran en los alrededores del alero (Belmar et al. 2003,
174
Caverna Piuquenes
Componente 2: la cordillera y los valles bajos en el circuito de cazadores-recolectores del Holoceo Tem-
prano o Arcaico II
La siguiente fase propuesta por Cornejo y sus colaboradores, el Arcaico II, se extiende desde 11.000
a 9.000 cal AP y corresponde a lo que tradicionalmente se ha denominado período Arcaico Temprano. Se
caracteriza por la «caza orientada a la fauna moderna y la recolección de vegetales, practicada por grupos que
utilizan reiterativamente determinados espacios (p. e. cementerio de Cuchipuy). Para estos contextos son
muy diagnósticas las puntas de proyectil pedunculadas que, si bien ocasionalmente aparecen en contextos
más tardíos, aunque presentando claras diferencias tecnológicas, son recurrentes en los sitios de este
período (El Manzano 1 y 3, Cuchipuy y Punta Curaumilla). Aparecen aquí también con cierta frecuencia las
manos de moler pequeñas y de planta subcircular (Cornejo et al. 1998: 37).
Los sitios arqueológicos que disponen de información relevante para la discusión de este bloque
temporal son escasos y consisten solamente en los restos detectados en El Manzano 1, cuya presentación
de contexto aún no ha sido desarrollada en extensión, de modo tal que es difícil establecer comparaciones
con nuestro registro. El caso de Punta Curaumilla es muy distinto, tanto por su ubicación costera como por
la clase de recursos procesados, aunque se encuentra muy relacionado por las similitudes tipológicas en el
instrumental de apropiación, como las puntas pedunculadas masivas, comunes para el Holoceno Temprano
y Medio en ambientes costeros. Dicha relación se refuerza a la vista de los materiales malacológicos
presentes en Piuquenes. Cuchipuy, por su parte, es un contexto funerario extenso cuyos resultados detalla-
dos no han sido publicados, que difícilmente podemos comparar con el nuestro.
En Piuquenes, el Arcaico II está representado por el Componente 2, con dos fechas absolutas
centrales de 9.530 y 9.440 cal AP. Asimismo, se tiene dos dataciones intermedias de este componente,
representadas por los fechados sobre carbón y, una posible fecha de inicios de esta fase, constituido por el
fechado directo sobre hueso de un esqueleto. El hecho de que este último fechado proceda del estrato 13 h
(Corte 1), que estratigráficamente corresponde al Componente 1, tiene que ver con el proceso de sepultación
que removió sedimentos para depositar el cuerpo y sus ofrendas. Esta observación tiene su sustento en el
hecho de que el material lítico asociado a éste y otros entierros corresponde al descrito para el Componente
2.
Si bien este componente no posee más fechas, esta ocupación terminaría en un momento anterior al
8.000 cal AP, fuera del rango de desviación de la única fecha disponible para el Componente 3 de Piuquenes.
Este aspecto de la cronología de la caverna requiere mayor estudio para su aclaración. En términos genera-
les, el Componente 2 se encuentra corrido al menos 400 años respecto al inicio del Arcaico II, fechado en
Cuchipuy en 8.070 AP. En este sentido, esta ocupación de Piuquenes muestra un registro que pertenece a los
componentes terminales del Arcaico Temprano “clásico”. Se confirma que el rasgo diagnóstico principal lo
constituyen las puntas pedunculadas las que, por lo demás, no aparecen ni antes ni después de este
componente en la estratigrafía. Presentan gran tamaño y una alta tasa de reavivado. En cuanto a las materias
primas utilizadas, se constata un uso muy elevado de lutita, que proviene posiblemente de una fuente
localizada a varios kilómetros de distancia. Se observó una alta frecuencia de talones pseudofascetados
propios de la talla bifacial con percusión blanda, con representación mucho más alta que las de otros
componentes. Esto podría indicar una técnica de talla distinta a la empleada para bifaces posteriormente. Es
evidente una tendencia al uso de instrumentos de filos vivos que a veces son empleados como herramientas
multipropósito.
175
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
Aparecen también instrumentos sobre canto rodado que se identifican como sobadores de cuero.
En este particular, los materiales de Piuquenes permiten discutir la concepción tradicional de estos artefactos
sobre guijarro como manos de moler, por tres razones fundamentales: en el sitio no se recuperan morteros u
otras superficies de abrasión apropiadas para la actividad de molienda; en la superficie de los artefactos no
se constatan estrías sino más bien pulimento y, porque en todos los casos se detecta la presencia de ocre
rojo sobre las piezas (incluso en algunas se descubrió una ligera pátina que posiblemente es grasa). Cabe
preguntarse si las manos de moler pequeñas mencionadas por Cornejo et al. (1998) y Ramírez et al. (1993),
no son realmente sobadores de cuero. Si bien existe una asociación conocida entre instrumentos de molien-
da y recolección de vegetales, ésta última actividad pudo haberse realizado sobre vegetales que no requieren
un tratamiento mecánico tan acabado de ellos. Otra alternativa posible es la presencia de molienda relacio-
nada con la preparación de pigmentos, pero tampoco se ha encontrado evidencia de las superficies de
abrasión o de huellas de uso necesarias para demostrarlo. En este componente, la diversidad y cantidad del
instrumental óseo recuperado baja notablemente, recuperándose sólo dos artefactos de borde activo espatulado
de funcionalidad aún por definir. Con respecto a la fauna, destaca la predominancia casi absoluta de
camélidos, en desmedro de la vizcacha (Prieto In litt. 2003). Las evidencias vegetales en este componente
dicen relación con la presencia de Chenopodias, quilo (M. hastulata) y Echinopsis sp.y, en menor cantidad,
Cyperaceas sp. y Eulychnia sp. En este componente, además, se recuperó un fragmento de loco (C.
concholepas) y un fragmento de ostión (Argopecten purpuratus). Este último, posiblemente utilizado como
artefacto prueba, nuevamente, la alta movilidad transversal de estos grupos (Letelier 2003).
La utilización de materias primas no locales orientadas a la confección exclusiva de puntas de
proyectil, la abundante presencia de instrumentos de corte por sobre raspado y la disminución de la cantidad
y variedad de los instrumentos, así como la aparición de un tipo exclusivo, sugiere un cambio en la utilización
de la caverna, el que se ve corroborado por los análisis líticos desarrollados. En este sentido, la evidencia de
trabajo bifacial, así como la presencia de piezas altamente reavivadas, el empleo de materias primas alóctonas
y un abundante registro de camélidos por sobre cualquier otra especie, indica una ocupación tipo campa-
mento de tareas específicas, quizás tendiente a la caza y faenamiento, donde la confección y uso de artefac-
tos óseos, no representa una actividad importante. Al mismo tiempo, la ausencia de retocadores en un
contexto de alto trabajo bifacial con evidencia de reactivado de filos, confirma el carácter de la ocupación, ya
que los retocadores forman parte de un kit artefactual de tipo portátil (Nelson 1991), en conjunto con las
piezas líticas más formatizadas (puntas de proyectil, cuchillos, entre otros), los que generalmente no son
desechados en campamentos de tareas a menos que su vida útil haya concluido.
Un aspecto muy interesante en la secuencia de la caverna, es la capa de limo estéril que separa el
Componente 2 del Componente 3 (E11), el que asociado a la falta de fechas para ese tramo temporal produce
un vacío de aproximadamente 1.600 años. Esto, en cierta medida, tiene correspondencia con los 1.000 años
de vacío de información que presenta la periodificación entre el Arcaico II y III (Cornejo et al. 1998). En este
sentido, la precisión de la secuencia del río Juncal a través del estudio de yacimientos contemporáneos, así
como la posibilidad de nuevas fechaciones permitirán la aclaración de este componente transicional.
176
Caverna Piuquenes
177
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
hastulata) y Scirpus sp. (familia Cyperaceae). En menor cantidad, se identificó Papilionaceae y Poa sp.
(gramínea) (Belmar et al. 2003, 2005). Se documentaron también restos del gastrópodo Oliva peruviana, de
Loco (C. concholepas) y ostión (A. purpuratus) (Letelier 2000). La presencia de un conjunto ergológico de
alta formatización (y, consecuentemente, de mayor vida útil y confiabilidad), plantea la posibilidad de que se
tratase de ocupaciones de cazadores recolectores de movilidad más alta –en términos de frecuencia- que en
los componentes precedentes, los que podrían ocupar la caverna por períodos más cortos de tiempo y
espaciados entre sí, lo cual parece apoyado por la gran cantidad de lentes y estratos de baja potencia para
este componente.
Cronología y dataciones
Aunque disponemos de una de las secuencias crono-estratigráficas más extensas y mejor fechadas
de Chile, existen todavía muchos puntos que resolver en este sentido. Por una parte, se requiere un estudio
micro-estratigráfico que de cuenta de las ocupaciones del sitio más allá de los eventos sedimentológicos
mayores tipológica y materialmente adscritos a momentos culturales y relacionados grosso modo con la
propuesta de periodificación de Chile central explicada en la primera parte de estas conclusiones. La excava-
ción del sitio en el marco de un rescate arqueológico motivado por la construcción de un camino minero
impuso algunas restricciones al registro de asociaciones contextuales espaciales (v.g., elementos en asocia-
ción orgánica en planta), que esperamos encontrar –más adelante- con nuevas excavaciones.
Pese a disponer de 11 fechados radiocarbónicos para el perfil estratigráfico completo, estos son
insuficientes para la documentación de ocupaciones de nuestros bloques temporales Componente 3 y 4,
pertenecientes al Holoceno Medio, Arcaico Medio o Arcaico III, o como quiera que se denomine al período
de acuerdo a las distintas posiciones teóricas actualmente en uso. En un primer examen, estos componentes
podrían contener un mínimo de tres y siete o más ocupaciones, respectivamente.
En cuanto al estudio sedimentológico, queda pendiente la explicación de las condiciones de forma-
ción de los cuerpos estratigráficos excavados y su relación con las condiciones presentes en la laguna que
formó la vega de Piuquenes y qué hizo a este espacio tan atractivo para las poblaciones prehistóricas.
Materiales líticos
Se ha explorado el conjunto de los materiales líticos desde una perspectiva tipológica generalista
cuyo propósito fue detectar diferencias ergológicas capaces de mostrar coherencias generales con los
miembros estratigráficos y las dataciones, aunque no se ha emprendido estudios de detalle acerca de la
178
Caverna Piuquenes
Bio-Antropología
Uno de los registros más interesantes del sitio corresponde a los restos humanos recuperados,
sobre todo considerando que se dispone de una fecha de 10.114 AP, una de las fechas sobre hueso humano
más antiguas del continente. Se han documentado cinco individuos en el sitio, aunque la mayor parte de
ellos lo fueron sin contexto, es decir, dispersos entre los sedimentos removidos por la excavadora que
descubrió el sitio al ampliar un camino, como se ha consignado en las partes precedentes. Solamente cono-
cemos un contexto parcial de enterratorio para uno de los individuos identificados, cuyos pies quedaron
expuestos en el perfil del Corte 1. Aunque es posible que todos los esqueletos hayan sido enterrados en la
parte exterior de la caverna, todavía cabe la posibilidad de que existan más de estos restos en una situación
interior a la línea de goteo.
Respecto de los atributos particulares de los restos óseos recuperados, debe decirse que se ha
determinado su sexo, edad aproximada y su correspondencia, en términos craneométricos, con los de las
179
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
poblaciones arcaicas de Chile Central, faltando análisis dietarios y de ADN, cuestión que esperamos subsa-
nar con más investigación.
Arqueofauna
Si bien tenemos un conocimiento general del comportamiento de consumo y descarte de partes
animales en el sitio, construido a partir del análisis de los materiales del Corte 1, gran parte del material
osteoarqueológico se encuentra sin analizar. Se han explorado, por su excepcionalidad y la novedad de este
registro en el área, el tema de los roedores en las ocupaciones iniciales y el de la presencia de carnívoros al
interior del registro, del mismo modo que las características del registro de Camelidae de los estratos 10 y 12,
que corresponde a una comparación entre el Componente 3 y una de las ocupaciones del Componente 2. De
la diversidad de ocupaciones en el tramo superior de la estratigrafía, es poco lo que sabemos en estos
términos, salvo por los análisis de artefactos óseos, practicados para la estratigrafía completa. Por lo anterior
urgen nuevos estudios detallados tanto taxonómico-anatómicos como tafonómicos a los restos de fauna
mayor del yacimiento y su comparación minuciosa entre los distintos componentes. Nuevas excavaciones
con registros en planta tridimensionales podrán aportar más luces en relación a los modos de descarte de los
restos, mientras que el harneo con mallas finas permitirán, seguramente, la recuperación de fauna menor que
hasta ahora se encuentra ausente en el registro, como pequeños reptiles, aves y roedores cricétidos.
Pese a la generalidad de los estudios realizados y la ausencia de análisis detallados en una impor-
tante cantidad de capas, es posible advertir ciertas diferencias respecto del manejo de los recursos faunísticos
durante la extensa ocupación registrada en Piuquenes. Por el momento, se tratan sólo de tendencias, las que
deberán ser corroboradas o refutadas con nuevos estudios y trabajos de terreno. El Componente 1 se
caracteriza, sin duda, por la importante cantidad de vizcachas, las que alcanzan un total de 84 individuos sólo
en la cuadrícula 1 y sus respectivas ampliaciones. Su introducción al contexto de Piuquenes se debió a
causas culturales, puesto que una importante cantidad de mandíbulas presentan huellas de corte. La presen-
cia de taxones de elevada predictibilidad y abundancia, pero de menor rendimiento comparativo que otras
entidades (e.g. guanacos) ha sido interpretada en otros contextos, como una estrategia de grupos que se
asientan por primera vez en un territorio relativamente desconocido, en el que aún no conocen cabalmente la
disponibilidad y distribución de los recursos de mayor retorno. Respecto de los restos de guanaco, sólo se
tiene una estimación del número de individuos de los Cortes 1 y 2 (tres adultos y un juvenil). A juzgar por la
fusión de algunos huesos, se estimó que el yacimiento habría sido utilizado en temporada estival. La
frecuencia de partes anatómicas, sugiere que los guanacos eran ingresados completos al yacimiento para su
procesamiento. Sin embargo, se observó que ciertas unidades (p.e parrilla costal) se encontraban mucho
más representadas que otras (p.e extremidad posterior), lo que permite sugerir, tentativamente, que algunas
partes fueron trasladadas fuera de la caverna Piquenes posterior a su faenamiento primario. Esta situación
sugiere que el sitio fue utilizado como un campamento base o central. Lo anterior coincide muy bien con la
tecnología ósea recuperada, ya que se recuperaron preformas, desechos e instrumentos de hueso, lo que
indica que, por lo menos, se habrían manufacturado y descartado instrumentos óseos en el lugar. Aún
cuando no se ha recuperado fauna extinta en las capas más tempranas de Piuquenes, tenemos evidencia
cierta de que ésta habitó en el valle central durante este componente. Por otra parte, recientemente García et
al. (2008), ha documentado la presencia de Hippidion en altitudes cercanas a los 3.000 msnm, en el yacimien-
to de Morrillos, lo que abre la posibilidad de encontrar restos óseos de fauna extinta en Piuquenes, cuestión
que hasta el momento no ha podido ser confirmada.
En el Componente 2, es significativa la desaparición casi completa de restos de vizcacha, pasando
a ser el guanaco el principal taxón identificado. De acuerdo a la información generada por el análisis de los
restos del Estrato 12 de la Cuadrícula 1, se advierte una mayor frecuencia y diversidad de unidades anatómi-
cas, particularmente aquellas de mayor rendimiento carneo, las que dan cuenta de por lo menos cuatro
individuos. Esta condición se aleja de lo mencionado para el componente anterior, lo que indica un cambio
en la utilización de la carcasa y quizás en la funcionalidad del yacimiento. Los instrumentos óseos decaen
sensiblemente, desapareciendo por completo las preformas y desechos. Sólo se recuperaron dos instrumen-
tos de similar morfología y, consecuentemente, funcionalidad. Tentativamente la evidencia ósea sugiere que
180
Caverna Piuquenes
se trata de un campamento más especializado, interpretación que deberá ser confirmada con nuevos análisis.
Para el Componente 3 sólo se cuenta con el análisis específico del Estrato 10 de la Cuadrícula 1,
donde se identificaron casi exclusivamente guanacos (por lo menos tres individuos). Nuevamente se en-
cuentran ausentes ciertas unidades, pero esta vez son aquellas pertenecientes al esqueleto axial. Respecto
de los instrumentos, aparecen por primera vez con claridad retocadores de hueso. Debido a la ausencia de
otros análisis, por el momento no es posible obtener mayores interpretaciones respecto de las estrategias de
procesamiento y consumo del guanaco en este componente.
Finalmente, el Componente 4 presenta una notable escasez de restos óseos (por lo menos en los
Cortes 1 y 2, lo que contrasta con la presencia de una interesante cantidad de instrumentos de hueso,
incluyendo grandes piezas de borde aguzado.
Arqueobotánica
La arqueobotánica es una de las áreas que creemos más promisoria en términos de perspectivas
futuras para la investigación, siendo el registro de esta clase de evidencia muy escaso en los sitios conoci-
dos para los grupos humanos de este periodo y muy abundante en Piuquenes. Hasta el momento, tenemos
una noción general de la composición de los restos carpológicos con huellas de combustión en el sitio,
aunque subsiste la duda de cuales son los agentes que los introducen al sitio, dado nuestro nulo conoci-
miento de los aspectos tafonómicos y de formación de sitio relevantes al área. A partir de los estudios
carpológicos y antracológicos conocemos algunos de los combustibles que se emplearon en el sitio y
creemos que es posible sostener el uso de frutos de cactácea como alimento. Es este sentido –y junto con
los estudios tafonómicos- creemos que el próximo paso es la construcción de índices de utilidad para estos
recursos.
El estudio polínico de la vega de Piuquenes ha resultado infructuoso hasta el momento, pero
confiamos que nuevos sondeos proveerán la data necesaria para complementar las secuencias polínicas de
valles bajos y ofrecernos un panorama más completo de estos aspectos y una primera guía para el caso
cordillerano.
Conservación
El estudio de las principales variables ambientales que afectan al depósito permite proponer varias
acciones, fáciles de implementar, reversibles y de bajo costo, que permitirían reproducir –de manera contro-
lada- las condiciones naturales de avalancha que cubrieron el sitio durante milenios y posibilitó su buena
conservación. Entre estas medidas destaca el recubrimiento del depósito con sacos apilables de malla
geotextil rellenos con material del derrumbe exterior. Estos sacos permitirían disminuir la erosión, la filtración
de luz, la acción del viento, el crecimiento de vegetación, impedirían el acceso de aves y roedores, la caída de
rocas, la filtración de las aguas y la actividad no autorizada de visitantes. Su fácil retiro permitiría, a su vez,
la ejecución de futuros trabajos científicos en el lugar. La instalación de un cierre con malla en la boca de la
caverna y el recubrimiento con planchas plásticas de las áreas de goteo, complementarían la acción (Anexo
II).
Lamentablemente, ninguna de estas medidas llegó a materializarse; quedaron en el papel y, como
consecuencia de esto, el depósito arqueológico arcaico más importante de Chile central inició el proceso
natural de desmoronamiento y gradual desaparición. Consultada la Unidad Ambiental de División Andina
señaló, con bastante razón, que no era su función financiar la conservación de sitios arqueológicos, pero
con gustó colaboraría con un porcentaje en caso de que otra institución aportara con recursos para conser-
var la caverna Piuquenes. Gestiones realizadas con Fundación Andes no arrojaron resultados positivos. El
Fondo Nacional de Investigación Científica y Tecnológica, por su parte, no incluía en su financiamiento los
costos de conservación. El Consejo de Monumentos Nacionales, se limitaba a autorizar permisos de conser-
vación en caso de que éstos trabajos les fueran presentados. De esta manera, los investigadores responsa-
bles del proyecto no consiguieron apoyo para concretar estas medidas y, tampoco hubo institución que
quisiera asumir esta tarea.
181
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
Palabras finales
Caverna Piuquenes representa el repositorio de un registro patrimonial de la mayor importancia
para nuestro conocimiento del pasado, en términos de país e incluso a nivel continental. Su estudio, preser-
vación y puesta en valor, permitirá el desarrollo de nuevas áreas de investigación en la arqueología de
cazadores recolectores de cordillera, tanto por el carácter único del sitio como testigo secuencial de este
proceso de poblamiento y ocupación, como por su conservación excepcional, que permite la recuperación de
ítems artefactuales y ecofactuales difíciles de encontrar incluso en contextos mucho más tardíos. No nos
cabe ninguna duda de que el registro arqueológico de caverna Piuquenes seguirá sorprendiéndonos duran-
te mucho tiempo aún.
Como se ha visto, la prehistoria temprana de Chile central recién está comenzando a ser compilada por
grupos diversos de investigadores abocados a distintas temáticas, áreas, localidades y temporalidades en
un concierto abierto en el cual no faltan concurrencias y disidencias interpretativas, pero en el que florece la
discusión y el diálogo teórico, metodológico y temático. Esperamos que esta obra sea un pequeño pero
importante aporte a esa dialógica tan fundamental a toda verdadera investigación científica.
En términos teóricos, hemos propuesto una explicación de las ocupaciones presentes en la secuen-
cia en términos de procesos adaptativos, en una posición cercana al ámbito del pensamiento biogeográfico,
opción que parece la apropiada para prestar un marco general a la investigación de procesos más específi-
cos, y que hasta ahora no se había empleado en nuestro país. Dicha explicación dista mucho de ser absoluta
y sólo el desarrollo de nuevas investigaciones dirá con el tiempo si este enfoque interpretativo es el más
adecuado. En realidad, creemos que es urgente mirar el registro desde todas las perspectivas teóricas
posibles, con el propósito de restituir a la memoria de estos cazadores tan remotos en el tiempo, el cromatis-
mo necesario y constituyente de cualquier manifestación de la cultura humana.
La investigación de los procesos de ocupación humana de los espacios es un campo apasionante
en el que la multivocalidad, es decir, la participación de distintas voces en la conformación de una explica-
ción, es una cuestión no sólo necesaria sino que fundamental, toda vez que las sociedades humanas prehis-
tóricas constituyen su registro del mismo modo. Es por esto que en estas palabras finales quisiéramos
agradecer a todos aquellos que nos prestaron sus voces, conocimiento y tiempo -desinteresadamente la
mayor parte- para dar los primeros pasos en esta maravillosa aventura del conocimiento.
182
Caverna Piuquenes
AGRADECIMIENTOS
Los autores desean manifestar su gratitud a las siguientes instituciones que colaboraron en el desarrollo del proyecto y
sin las cuales difícilmente se hubiera podido arribar a los resultados que se proporcionan en este libro.
Museo Nacional de Historia Natural (Chile); División Andina de CODELCO Chile; Consejo de Monumentos Naciona-
les (Chile); Fondo Nacional de Ciencia y Tecnología FONDECYT (Chile) y Postítulo de Conservación de Bienes
Muebles, Universidad de Chile.
Asimismo, queremos destacar el análisis especializado e informes realizados por los siguientes profesionales a los
cuales, si hubiésemos podido, hubiéramos incluido como co-autores de esta monografía.
Isabel Cartajena, Alfredo Prieto y Hernán Salinas, análisis zoo-arqueológico; Sergio Letelier, análisis malacológico y
Raúl Peña, análisis antracológico.
Igualmente, agradecemos a los siguientes alumnos del curso de Arqueología Aplicada del Postítulo de Conservación de
Bienes Muebles de la Universidad de Chile (año 2000), por su contribución al estudio de la conservación del depósito
cultural de Piuquenes.
Orieta Acosta; Carolina González; Vianka Hortuvia; Nélida Muñoz; Mónica Novoa; José Luis Rebolledo; Victoria
Saporta; Iris Villa y Marcela Wong.
Del mismo modo, dejamos constancia del enorme apoyo brindado por numerosas autoridades, colegas y amigos, quienes
no dudaron en ayudarnos cuando se lo solicitamos. Por su gran número, prescindimos de mencionar específicamente el
aporte de cada uno y nos limitamos a enumerarlos en orden alfabético. A cada uno de ellos, vaya nuestro caluroso
agradecimiento.
María Teresa Alberdi, Paleobióloga; Viviana Ambos, Arqueóloga; Camila Arango, Estudiante en Conservación; Carlos
Arratia, Ingeniero Hidráulico; Manuel Arroyo, Arqueólogo; Jorge Bahamonde, Ingeniero; Jorge Basáez, Administración
Proyecto Embalse Huechún; Andrés Benítez, Geógrafo; Ricardo Bensan, Ingeniero; Alberto Carvacho, Director del
Museo Nacional de Historia Natural; Suzanne Claire, Arqueóloga; Angélica Cardemil, Arqueóloga; José Blanco Lorenzo,
Ingeniero y Psicólogo; Julio Carvallo, Ingeniero; Julio Echeverría, Superintendente de Ingeniería y Medio Ambiente de
División Andina; Andrés Ellena, Ingeniero; Daniel Frassinetti, Paleontólogo; Alejandro García, Arqueólogo; Michel
Galeb, Geólogo; Gonzalo Gamarra, Estudiante de Arqueología; Carla Giovanetti, Estudiante de Historia; Claudio
Gómez P., Director del Museo Nacional de Historia Natural; Enrique González, Geólogo; Juan Pablo Guerra, Antropólogo;
Donald Jackson, Arqueólogo; René León, Prevencionista de Avalanchas de División Andina: Angélica Muñoz, Ingeniero
Químico; Carolina Mara González, Conservadora; Hans Niemeyer F., Arqueólogo (Topografía); Herman Núñez, Zoó-
logo; Alvaro Pinto, Químico Farmacéutico IDIEF; Sergio Pichot, Geólogo; Andrés Ponce, Ingeniero; Claudia Quemada,
Arqueóloga; Alvaro Reyes, Arqueólogo; Carlos Rubilar, Gerente General de División Andina CODELCO Chile; Selva
Rubilar, Asistente de Topografía; Alfredo Sáez, SRK; Katherine Stehberg, Estudiante de Periodismo; Bárbara Saavedra,
Arqueóloga; Roxana Seguel, Conservadora Arqueología; Bárbara Timmermann, Laboratorio de Botánica, Universidad
Católica de Chile; Consuelo Valdés, Arqueóloga; Antonio Varas, Comunicador Corporativo de División Andina; Gerardo
Von Borries, Ingeniero Civil División Andina; Daniel J. Wofford, Empresario Norteamericano; Ramón Yáñez S., Arqui-
tecto; José Yánez, Zoólogo.
183
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
ANEXO 1
FORMACIONES VEGETALES ACTUALES
En el área colindante a caverna Piuquenes se reconocen las siguientes cuatro formaciones vegetacionales,
de acuerdo a las especies presentes y a la altura en que se encuentran (Cuadros 64, 65, 66 y 67):
CUADRO 64. Descripción del estrato arbóreo a los 2.200 msnm y 2.000 msnm.
Porcentaje de
cobertura de 10
Arbóreo (2.200 msnm) x 10 m
Guindilia trinervis Gill. ex H. et A. 33,0
Kageneckia angustifolia D. Don 13,5
Lathyrus subandinus Phil. 12,3
Alstroemeria pallida Graham 12,0
Ro ca 5 ,5
Ephedra chilensis C.Presl. 3,0
A st eraceae 2 ,6
Po aceae 2 ,5
Lithraea caustica (Mol.) H. et A. 1,5
Adesmia sp. 1,1
Porcentaje de
cobertura de 10
Arbóreo (2.000 msnm) x 10 m
Kageneckia angustifolia D. Don 55,3
Po aceae 24 ,7
Guindilia trinervis Gill. ex H. et A. 11,7
Alstroemeria pallida Graham 4,1
Haplopappus multifolius Phil. ex Reiche 3,0
Eriosyce aurata (Pfeiffer)Backeberg 1,3
184
Caverna Piuquenes
Porcentaje de
cobertura de
Matorral espinoso 10 x 10 m
Colliguaja integerrima Gill. et Hook. 40
Discaria trinervis (Gill. ex H. et A.) Reiche 20
Roca 20
Proustia cuneifolia D. Don 7
Lithrea caustica (Mol.) H. et A. 6
Eccremocarpus scaber R. et P. 5
Mulinum spinosum (Cav.) Pers. 2
Porcentaje de
cobertura de
Matorral Bajo 10 x 10 m
Ephedra chilensis C.Presl. 45,3
Roca 1 6, 7
Poaceae 1 0, 0
Muehlenbeckia hastulata (J.E. Sm.) Johnst. 9,3
Cestrum parqui L'Hérit. 6,7
Schinus polygamus (Cav.) Cabr. 5,0
Lathyrus subandinus Phil. 3,3
Haplopappus multifolius Phil. ex Reiche 2,7
Plantago lanceolata L. 0,7
Irid aceae 0, 3
Porcentaje de
Cobertura de
Vega de 10 x 10 m
Poaceae-Cyperaceae 93,5
Baccharis linearis (R. et P.) Pers. 4,3
Senecio fistulosus Poepp. ex Less. 1,7
Chloraea disoides Lindl, 0,4
Plantago lanceolata L. 0,2
185
CUADRO 67. Listado de plantas encontradas frente a caverna Piuquenes, Saladillo, Andes centrales.
186
Caverna Piuquenes
54 Rosaceae Kageneckia oblonga Ruiz & Pav. bollen semillas y leña Endémico
55 Rosaceae Quillaja saponaria Molina quillay semillas y leña Endémico
56 Rosaceae Tetraglochin alatum (Gillies ex Hook.& Arn.) Kuntze horizonte Nativa
57 Santalaceae Quinchamalium chilense Molina quinchamali Nativa
58 Sapindaceae Guindilia trinervis Gillies ex Hook.& Arn. guindilla frutos y leña Nativa
59 Scrophulariáceae Calceolaria arachnoidea Graham capachito Endémico
60 Scrophulariáceae Calceolaria hypericina Poepp. ex Benth. capachito Endémico
61 Scrophulariáceae Calceolaria purpurea Graham capachito Endémico
62 Scrophulariáceae Calceolaria segethii Phil. capachito Endémico
63 Scrophulariáceae Calceolaria biflora Lam. capachito Nativa
64 Scrophulariáceae Mimulus luteus L. placa Nativa
65 Solanaceae Cestrum parqui L`Her. palqui Nativa
66 Solanaceae Salpiglossis sinuata Ruiz & Pav. panza de burro Nativa
67 Solanaceae Schizanthus hookeri Gillies ex Graham mariposita Nativa
68 Solanaceae Solanum furcatum Dunal yerba mora Nativa
69 Solanaceae Solanum ligustrinum Lodd. tomatillo semillas Nativa
70 Tropaeolaceae Tropaeolum polyphyllum Cav. soldadito tubérculos Nativa
71 Tropaeolaceae Tropaeolum tricolor Sweet soldadito rojo tubérculos Endémico
72 Verbenaceae Glandularia laciniata (L.) Schnack & Covas verbena rosada Endémico
187
CUADRO 67. Cont.
188
ANEXO 2
Durante los meses de septiembre, octubre y noviembre del 2000, estudiantes del curso de Arqueología
Aplicada del Post Título de Conservación de Bienes Muebles de la Universidad de Chile, a cargo del
profesor Dr. Rubén Stehberg, realizan observaciones y mediciones de las variables ambientales al interior de
la caverna Piuquenes, con el fin de detectar los principales problemas que afectan su conservación. En esta
actividad se tiene en especial consideración la propuesta efectuada por el Ingeniero Hidráulico Carlos
Arratia (com. pers. 1997) de proteger el depósito arqueológico de la caverna, mediante su recubrimiento con
sacos rellenos livianos y apilables, que de cierta forma restituirían la avalancha que por miles de años sepultó
y protegió el depósito. Las fechas son elegidas para determinar como estas variables afectan el depósito en
distintos meses del año. Se finaliza con la propuesta de algunas medidas de fácil implementación, bajo costo
y reversibilidad que, de implementarse, aminorarían significativamente los factores que están actuando
negativamente en la conservación del depósito. A continuación se proporcionan los resultados obtenidos
para cada uno de los aspectos comprometidos.
Durante las tres visitas realizadas a terreno, se instala un termohidrógrafo (Figura 83), se efectúan
observaciones y se toman muestras vegetales y animales. Los resultados son los siguientes:
Las mediciones de temperatura y humedad registradas entre el vienes 06 de octubre y el domingo 05
de noviembre indican que la temperatura máxima se registra el miércoles 11 de octubre siendo de 20ºC y la
temperatura mínima se alcanza el miércoles 18 del mismo mes, con 9ºC. La variación máxima es de 11ºC,
bastante alta si se tiene en consideración que una variación de temperatura ideal no debe exceder los 5-7ºC
(Cuadro 68).
En cuanto a la humedad relativa (HR), el máximo es alcanzado el martes 17 de octubre con un 52% y
el mínimo el jueves 19 y viernes 20 de octubre con 19%, con una variación de 33%. Esta última variación se
189
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
estima como excesiva, si se tiene en cuenta que una variación aceptable en términos de conservación es de
11%.
190
Caverna Piuquenes
FIGURA 84. El depósito se encuentra saturado de agua, con oscilaciones diarias de más de 30% de humedad, lo cual
afecta negativamente la conservación de los materiales culturales de origen orgánico (huesos, semillas, carbones,
conchas).
Durante la segunda visita, la cantidad de agua aumenta en forma notoria, tanto en el número de
goteras como en la cantidad de agua líquida de cada una. En la tercera visita, las condiciones ambientales
cambian drásticamente. El agua que fluía se ha detenido completamente; los musgos observados en la vez
anterior no se aprecian. Sólo se mantienen musgos hacia los sectores más profundos de la caverna y en los
rincones más alejados de la entrada.
En cuanto a las especies obtenidas en el exterior, son identificadas las siguientes malezas: Crepis
capillaris, Brassicacea sp., Anthemis catula y Camomilla suavealens, siendo la primera la especie domi-
nante.
Para el control del crecimiento de musgo, es preciso detener la caída de agua en los períodos en que
abunda. Para ello debe crearse un sistema de techo falso, o canaletas de algún material liviano, que permita
el desvío de las aguas hacia el exterior de la caverna, fuera del depósito arqueológico. Así, la humedad
relativa se mantendría más baja, limitando el desarrollo del musgo y de otras plantas que germinen en el lugar,
para de esta manera, disminuir la acción destructiva que ejerce sobre el material orgánico de origen cultural
conservado en la caverna.
Es poco probable que las especies de plantas superiores ingresen a la caverna, y de hacerlo es poco
factible que lleguen a germinar ya que las condiciones para su desarrollo se encuentran en el exterior, donde
les llega el sol.
191
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
FIGURA 85. Vista del techo de la caverna Piuquenes. El color blanco corresponde a eflorescencias salinas (24 de
noviembre 2000). Derecha, detalle de las eflorescencias salinas
Filtraciones
Durante la época de deshielo (septiembre-noviembre), el agua baja con abundancia por las grietas
de las paredes de la caverna causando eflorescencia de sales, saturación del depósito, erosión y prolifera-
ción de musgo. Esta variable se relaciona estrechamente con la presencia de humedad en su interior.
En este sentido, debido a que la caverna tiene forma de triángulo rectángulo cuya hipotenusa
corresponde a la pared norte; en el vértice superior de la abertura desemboca una grieta que viene desde la
parte alta de la falla geológica que da origen al sitio.
Las observaciones efectuadas en el sitio el 6 de octubre muestran:
- Acumulación de nieve en la parte alta del muro rocoso.
- Gran cantidad de goteras en el interior de la caverna a razón de 10 ml por minuto en las horas de mayor
intensidad.
- Presencia de sales y musgos en las paredes y techo de la caverna (Figura 85).
- Escurrimiento de agua por diversas zonas que rodean a la caverna.
- Saturación del depósito arqueológico.
- Peligro de colapso inminente.
Las goteras se concentran en el techo y pared norte de la caverna, afectando principalmente el sector
norte de las excavaciones. Crecen y decrecen, dependiendo de la hora del día y de la temperatura ambiente.
A medida que avanza la tarde y se eleva la temperatura, éstas son cada vez más numerosas.
Las observaciones realizadas el 24 de noviembre señalan:
- Ausencia de nieve en la zona superior de la caverna.
- Ausencia de goteras y de los escurrimientos observados la vez anterior.
- Aumento de la cantidad de sales y musgo en los muros.
- Meteorización de la roca.
- El depósito cultural se presenta seco y disminuye el peligro de colapso por acción de esta variable.
Se constata que el problema de las filtraciones y humedad alcanza su nivel máximo durante un corto
período del año. Sin embargo, su potencial de deterioro es muy alto en dicho lapso, pudiendo provocar el
colapso parcial o total del depósito. El hecho de que las goteras tiendan a concentrarse en un mismo sector
192
Caverna Piuquenes
193
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
-Consolidación de la piedra a través de medios químicos. Existen productos en el comercio que sirven
a este propósito. Su mezcla con cemento no es recomendable por ser un producto irreversible. Puede
utilizarse sustancias que tengan como base silicro, que es usado como consolidante.
-Bajar la hidroscopicidad, plastificando la superficie por medio de películas de polysiloxan o con resinas
epóxicas.
-Resina acrílica, que se usa cuando la piedra está pulverizada o presenta desprendimientos.
-Cobertizo que proteja de la erosión directa de la lluvia o nieve.
-Aislante térmico para evitar la condensación, de preferencia permeable.
-Sustitución de la piedra dañada por piedra artificial.
Debido a que las medidas anteriores son muy caras de implementar, introducen la posibilidad de una
mala restauración, una consolidación incompleta o daños irreversibles a la piedra, se recomienda no
implementarlas por el momento, hasta contar con un estudio más acabado del problema. Tampoco se reco-
mienda la limpieza de la piedra, porque en este caso puede contribuir al desprendimiento de trozos.
No obstante lo anterior, se sugiere la adopción de las siguientes medidas alternativas:
-Posibilidad de efectuar un re-entierro del depósito. Una solución que aparece como conveniente está
representada por la acumulación en los espacios dejados por las excavaciones y en las bases del depósito,
de sacos rellenos del mismo material que se encuentra diseminado en la caverna.
-Diseño y construcción de un drenaje que evite el acceso de las aguas y humedad al interior de la
caverna.
Luz
Esta variable ambiental esta íntimamente asociada a la humedad y temperatura, puesto que está
compuesta de dos tipos de rayos principales: ultravioleta (UV) e infrarrojos (IR). Estos rayos causan
deterioros irreversibles en materiales arqueológicos, pudiendo activar procesos de oxidación (fotoquímicos),
sobre todo en objetos de origen metálico tanto como en aquellos de origen orgánico, tales como textiles,
huesos y restos humanos y faunísticos.
Entre los daños que pueden ocasionar los rayos UV e IR destacan: la variación de color, la variación
194
Caverna Piuquenes
de composición química y la variación en el aspecto físico (peso, tamaño). Las diferentes fuentes de luz
emiten radiaciones visibles e invisibles en diferentes proporciones. El sol emite radiaciones visibles, tales
como una gran cantidad de rayos UV e IR, las cuales causan daños en los objetos en directa relación a la
intensidad de iluminación y al tiempo de duración de la exposición. La intensidad de iluminación (Iluminancia)
se mide en “lux”, mediante la utilización de un instrumento llamado luxímetro (Figura 86). Para una óptima
conservación de los objetos extraídos de una excavación los objetos sensibles no deben superar los 150 lux
y los objetos en extremo sensibles no deben superar los 50 lux.
En el caso del depósito arqueológico de caverna Piuquenes, por el hecho de haber estado sepultado
durante 6 mil años, sus materiales habían llegado a un equilibrio con su medio circundante, situación que
drásticamente fue alterada en el momento en que fue abierta por una máquina retroexcavadora. A partir de
aquel momento, comienza un nuevo proceso de descomposición y corrosión, donde empieza a actuar la luz
(rayos UV, rayos IR y temperatura).
Las siguientes son las mediciones efectuadas con luxímetro en el alero piuquenes (Cuadro 69):
De acuerdo al Cuadro 70, el depósito está recibiendo una intensidad de luz varias veces superior a
los niveles recomendados para la óptima conservación de materiales orgánicos arqueológicos. En la caverna
los niveles más altos están marcados a las 16:00 y las 17:00 h, período en el que los haces de luz dan de lleno
en el depósito cultural.
Entre las medidas que se proponen para disminuir los efectos negativos de la temperatura y luz, se
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Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
sugiere el cierre de la boca de la caverna mediante malla “Raschel” al 80% de la trama, de manera tal que los
rayos luminosos no pasen directamente y, además, la composición de esta trama permita el paso suave del
viento, calor y la humedad. De esta manera se disminuirían los siguientes cuatro factores que afectan a los
objetos orgánicos de los daños provocados por la luz:
-Radiaciones infrarrojas
-Radiaciones ultravioletas
-Tiempo de exposición
-Intensidad de iluminación
Vientos
Se realizan observaciones y algunas mediciones de velocidad del viento al interior de la Caverna. Con
el objeto de determinar el grado de incidencia que presenta esta variable se efectúan averiguaciones en el
centro nivometereológico Lagunitas de División Andina, emplazado 10 km aguas arriba de la caverna.
En la visita del 6 de octubre del 2000 se constata que la planicie de aproximadamente 500 m de largo
por 250 m de ancho que enfrenta la caverna, delimitada por laderas abruptas y profundas, actúa como un
pasadizo natural para el desplazamiento de masas de aire. De acuerdo a esto, dichas masas corren en forma
paralela a la caverna y, sólo en determinados momentos, penetra el viento a las zonas más expuestas de élla.
Datos recogidos en un sector del mismo valle (10 km aguas arriba), con características geomorfológicas
parecidas, muestran las variaciones eólicas y ambientales para un día de Octubre del 2000 (Cuadro 71).
Hora local Veloc. viento Dirección viento Temp (ºc) Humed % Presión estación Radiación solar Veloc viento/
media rafagas
(m/s)
02:00 08 151 3,4 31 734,5 0.957 13
05:00 09 145 3,5 30 731,7 0,957 14
08:00 09 155 3,8 29 732,7 0,957 15
11:00 06 148 7,0 30 733,1 0,957 15
14:00 03 119 10,1 29 732,7 0,957 7
17:00 02 146 11,1 29 731,8 0.957 6
20:00 03 131 7,4 37 732,1 0.957 7
23:00 04 130 6,2 43 733,7 0.957 8
De acuerdo al Cuadro 71, en un día normal, sin temporal, las velocidades medias más elevadas del
viento se producen durante la noche y al llegar la madrugada, cuando se producen las menores temperaturas
(temperatura mínima es de 2.6ºC a las 00:41 horas), disminuyendo durante el día hasta alcanzar la velocidad
mínima en la tarde, concordante con el aumento de las temperaturas diarias (temperatura máxima es de 15,0ºC
a las 15:27 hrs). Cabe destacar que la velocidad máxima de ráfaga es de15,0 m/seg y se produjo a las 08:06 hrs
y a las 11 hrs. Junto con la velocidad de las masas de aire, tiene importancia la dirección del viento que en
todo momento se presenta longitudinal a la dirección del valle.
Las mediciones tomadas al interior de la caverna son efectuadas con un instrumento simple espe-
196
Caverna Piuquenes
cialmente preparado para la ocasión, de 300 grs de peso, el cual realiza una operación semejante a un
anemómetro. Por ello, los datos obtenidos son sólo aproximados, pero permiten formarse una idea de la
situación (Cuadro 72). Las mediciones se efectúan a partir de la línea de goteo, estando la medición Nº 1 a
2.08 m de ésta, la Nº 2 a 2.70 m y la Nº 3 a 4.78 m, colindante con el depósito cultural (Cuadro 72).
Los datos son interpretados con la ayuda de la Sra. Zaida Salinas, Metereóloga y el Ingeniero Iván
González. De los antecedentes obtenidos se desprende que hacia el interior de la Caverna la velocidad del
viento disminuye hasta prácticamente no mover el instrumento. Al no existir una salida natural del aire, las
corrientes captadas por el instrumento se pueden deber a una baja o alza de presión en la caverna producto
de una de las siguientes situaciones: alza de la temperatura al interior de la cueva, con lo cual el aire se hace
más liviano, existiendo mayores probabilidades que penetre masa de aire frío (vientos), ya que es más
pesado, o viceversa, es decir un alza de temperatura al exterior de la cueva que evitaría que entraran masas de
aire frío (vientos). Por la conformación de la cueva el viento penetra, choca con las paredes y cortes y se
devuelve por los extremos, con muy poca fuerza, por lo que a medida que se avanza al interior el viento se
hace más débil. Teniendo en cuenta que esta situación puede variar drásticamente durante un temporal, las
medidas de prevención que se recomiendan son las siguientes:
-Instalación de sacos de geotextil rellenos con material desprendido del depósito, en los lugares más
expuestos a derrumbes.
-Cerrar con malla plástica (“Raschel” 60%) la boca de la caverna, en la línea de goteo, para prevenir el
ingreso de ráfagas, sin aislar completamente el depósito de las condiciones ambientales exteriores.
Aluviones, avalanchas y caída de rocas
Las avalanchas son grandes masas de nieve que corren por la ladera a gran velocidad y que pueden
ser de diferentes características como nieve compacta, nieve polvo y nieve húmeda. Estas se producen
generalmente en invierno, bajo determinadas características ambientales. En verano es más común encon-
trarse con caída de rocas, provocada generalmente por movimientos telúricos.
Los aluviones son sedimentos de rocas, barro y otros depósitos de descomposición rocosa que
son arrastrados por las laderas de las montañas por acción de las aguas lluvias y otros agentes. La posibili-
dad de una avalancha o de un aluvión sería desastrosa para el sitio y casi imposible de controlar, mientras
que las caídas de rocas pueden ser constantes, destructivas pero más controlables.
Las condiciones para que ocurra una avalancha están determinadas tanto por la situación climática
como por las características geomorfológicas del terreno. La inclinación de la ladera de la montaña para que
ocurra un aluvión debe ser de entre 25º y 45º, situación que se presenta en los acantilados adyacentes a la
caverna.
De acuerdo a la entrevista sostenida con René León, meteorólogo de División Andina, la posibili-
dad de que ocurra una avalancha en el lugar es casi nula. Esto se debe a que a la altura en que se encuentra
la caverna no ocurren actualmente este tipo de fenómenos, ya que las masas de nieve que se forman en las
laderas de las montañas no alcanzan la magnitud suficiente para que se produzca. Sin embargo, existe la
posibilidad de que ocurra en el lugar un aluvión y por sobre todo, caída de rocas.
Según las observaciones realizadas en terreno, la disposición espacial de la caverna la protege en
forma natural de alguno de estos accidentes. Por un lado, su profundidad de varios metros, le proporciona
un techo natural que la resguarda de la caída de grandes rocas. La inclinación de la montaña en que se
encuentra, que alcanza los 90º, expulsa fuera de ésta los materiales que caen. Sin embargo, la caverna esta
situada en una grieta o “canaleta” natural que se constituye en un verdadero camino para el agua, el barro y
las rocas. La estrechez de esta grieta, impide el paso de rocas de gran magnitud, por lo cual pueden caer
piedras de menor tamaño, más fáciles de controlar. Estas variables, que afectan negativamente a la caverna,
están íntimamente relacionadas con los terremotos y temblores y con la composición de la roca en que se
encuentra.
Para desviar el agua que cae por la grieta, División Andina construyó en cemento y a unos 10 m
aguas arriba de la caverna, una canaleta para evitar que el agua y barro cayeran dentro de sitio arqueológico.
Diez metros más abajo construyó una plataforma para desviar la caída de las piedras.
197
Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
Fauna
Los objetivos son la determinación del tipo de fauna que pueda deteriorar el depósito arqueológico
y la proposición de medidas de protección.
En las tres visitas realizadas se reconocen huellas y fecas de animales (tanto de roedores como
canidos (Figura 87), plumas y osamentas de animales, entre ellas una mandíbula. En el pináculo central norte
se contemplan, entre las grietas de la roca, anidamiento de aves. Además se constata la presencia de
lagartijas. Se recolectan muestras para su posterior identificación en laboratorio. Existen noticias de la
presencia de vizcacha (Lagidium viscacia) en la parte superior del depósito arqueológico. Es posible que la
caverna esté en proceso de colonización por parte de diferentes especies de aves y roedores, luego de que
ésta fuera abierta por maquinaria pesada y luego excavada por arqueólogos. Su actividad dentro de la
caverna es inconveniente para la conservación de los estratos y de su contenido cultural.
El Zoólogo José Yánez, del Museo Nacional de Historia Natural, identifica las muestras en laboratorio
señalando que:
-Las fecas de animal corresponden a roedores
-Las plumas presumiblemente corresponden a Mero gaucho (Agriornis montana)
-La mandíbula pertenece a un roedor no identificado.
En general, el interior de la caverna se presenta inhóspito para la fauna, puesto que hay baja radiación
solar que restringe el crecimiento vegetal. Para efectos de conservación y protección del sitio arqueológico
se sugiere colocar una malla sintética resistente cubriendo la totalidad de la boca de la caverna, que evitaría
el ingreso al depósito arqueológico de aves y animales.
Vibraciones
Las principales posibilidades de vibración en la caverna pueden provenir de la actividad sísmica y
198
Caverna Piuquenes
la vibración ocasionada por el paso de los camiones, buses y maquinaria pesada de División Andina.
Solamente la última de estas será comentada aquí, dada la inevitabilidad de los eventos sísmicos. De acuerdo
a informaciones proporcionadas por el ingeniero Rubén Rocheleck y la geóloga Sofía Rebolledo, ambos de
la compañía mencionada, no representa un grave problema estructural para la caverna, dada las dimensiones
y la solidez de la roca. El problema radicaría en la resistencia de ella, que está dada por el estado de
conservación en que se encuentra. La vibración posibilita también que se produzcan arrastres o desliza-
miento de material por acción de la gravedad (tierra, agua o piedras). Este proceso exógeno que se conoce
como meteorización, que puede ser químico, físico o biológico, es un prerrequisito para la erosión.
En la visita a terreno, se detecta una gran inestabilidad en la roca del interior de la caverna, con
presencia de resquebrajamiento y trizaduras. Asimismo, la existencia de agua de deshielo en forma de
goteras en el techo de la caverna durante todo el invierno y hasta finales de primavera produce una roca
saturada de humedad que, a fines de la primavera, se seca posibilitando su desprendimiento. Este movimien-
to de materiales, puede adquirir un valor alto durante un sismo. Hay que recordar que la caverna estuvo
sellada por miles de años con tierra de aluvión que mantuvo la roca protegida, sin contacto directo con la
erosión del viento, agua y los cambios extremos de humedad y temperatura.
Las medidas propuestas contemplan tratamientos directos sobre la roca. Se propone su consolida-
ción mediante un material elástico (por ejemplo silicona transparente) que ceda al movimiento y que amorti-
güe las vibraciones.
Las vibraciones afectan del mismo modo a los sedimentos que conforman el depósito cultural, y de
no ser controladas apropiadamente, pueden contribuir a su colapso. Las medidas de conservación a tomar
para este caso consisten en el apilamiento contra la pared del depósito, de sacos de geotextil rellenos de
material estéril que contribuya a disminuir el efecto de estas vibraciones.
Destrucción antrópica
Se evalúan los daños en la caverna que produce la presencia humana y se proponen medidas para evitar
su acción destructora. Las principales alteraciones reconocidas son las siguientes:
-Los trabajos arqueológicos que se realizan en el lugar. Estos consisten en intervenciones negativas
para el depósito arqueológico que implican construcción de andamios (Figura 88), excavación con retiro de
estratos y retiro del contenido cultural y bio-antropológico existente.
-Medidas de preservación implementadas en el sitio. Consisten en construcción de cierres exteriores
(Figura 89), refuerzos metálicos, tabiques, y otras protecciones que en aras de la conservación, producen
deterioros controlados del sitio arqueológico.
-Ingreso de personas ajenas al sitio. Se refiere al ingreso espontáneo de visitantes al lugar, que deambulan
sin control, pisoteando el depósito y trepando para lograr ver el interior.
-Basuras. Se constata la presencia de bolsas plásticas, colillas de cigarrillos y envoltorios de caramelo
llegados al lugar al caer de buses y camiones que transitan por el camino industrial que enfrenta la caverna.
-Vibraciones producidas por tránsito de vehículos. Una alteración importante, aunque difícil de determi-
nar, es la producida por las microvibraciones de la maquinaria pesada, buses y camiones que circulan por el
lugar, ya comentadas.
Entre las proposiciones de medidas para el control de esta variable se sugieren:
-Control periódico de la reja que protege el lugar y refuerzo apropiado de la entrada, mejorando el
candado, las bisagras, etc.
-Instalación de barreras para la disminución de la velocidad en el camino, minimizando el daño producido
por vibraciones violentas del terreno.
-Disposición de receptáculos para la basura que impidan la contaminación con desechos.
- Implementación de un sistema de circulación y control de las personas que ocasionalmente visitan el
sitio (Figura 89 y 90). Al respecto se recomienda que las visitas al terreno sean guiadas por personal
calificado.
-Evitar el ingreso de grupos numerosos. Para propósitos educativos es recomendable disponer de
carteles explicativos.
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Caverna Piuquenes
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Publicación Ocasional del Museo Nacional de Historia Natural Chile
-Mantención de un registro escrito de las acciones efectuadas, piezas recuperadas, visitas realizadas y
de todo otro dato útil que permita un óptimo control del sitio arqueológico
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Caverna Piuquenes
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Nº 56 (2000). Colección Max Uhle: Expedición a Calama 1912. 49 p. Eliana Durán, María F. Kangiser y Nieves Acevedo.
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Nº 58 (2003). Distribución estacional de Cladóceros y Copépodos en el lago Rapel, Chile central. 58 pp. Rosario Ruiz L.
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Nº 61 (2009). Museo Nacional de Historia Natural Biobibliografía 1980-2008. 130 pp. Herman Núñez (Ed.)
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